Manual de lo prohibido - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

A pesar de todo tipo de intento, la llave no entraba enla cerradura, haciéndome formular en la mente una buena lista de maldiciones.Resoplé frustrada y le metí un buen puntapié a la puerta provocando solamenteque los dedos debajo del converse negro me dolieran. Empezaba a extrañarCalifornia.

-No creo que se abra así-musitó divertida una voz tansuave como el terciopelo, detrás de mí.

Me giré avergonzada y me encaré con la perfección en persona. Notécómo la boca se me abrió lentamente y cómo los ojos me destellaron de encanto.

Un joven delgado pero fornido revestido de una piel suavey blanca y de cabello rubio, corto pero un poco alborotado se situaba detrásde mí y de mi desordenado par de maletas azules que había dejado tiradas en elpiso junto a mis pies.

 

-Emm
ah
-genial, no pude articular nada inteligible oque tuviese significado alguno.

-Déjame adivinar, eres Hermione ¿cierto?-me sonriómostrándome la perfecta hilera de dientes blancos, deslumbrándome.

Vaya, una perfecta sonrisa era enmarcada por unos labiosaparentemente suaves y rosados; aquello era lo más bello que había visto en loque había llegado a Venecia.

-¿La amiga de Ginny?-preguntó, ahora dudoso.

¡Maldición! ¿Era necesario pegarme una bofetada parareaccionar? Sí, quizá sí; pero sólo me limité a sacudir ligeramente mi cabeza.

-Sí, sí-me aclaré disimuladamente la garganta-A las dospreguntas, sí.

Me sonrió con más ganas, como si me conociera de haceaños y me desarmó por completo. Algo nuevo para mí.

-¿La puerta no abre?-quiso saber.

-¿Ah? No, no
-bajé la cabeza para ocultar el traicionerorubor de mis mejillas-La llave no entra-expliqué.

-¿No entra? Hum
¿Me permites?-estiró la mano con la palmaextendida hacía arriba. ¿Qué me creía? ¿Una tonta?

Me atreví a levantar la vista para mirarle, era dueño deunos bellos ojos donde parecía que el mismísimo Picasso había creado una obrade arte en diferentes tonos de Gris. Le di la llave confiando completamente enaquel hermoso extraño.

Se acercó a la puerta de aquel departamento e intentósólo una vez meter la llave a la cerradura, cosa que no funcionó.

-Hum
-la miró-Creo que te dieron la llave equivocada.

-¿Tú crees?-dije, sarcástica.

El rió y el soplo de su risa me acarició el rostro. Meobligué a aterrizar de nuevo en la Tierra puesto que había volado más allá dela última nube del cielo. Qué emociones tan extrañas estaba experimentando.

-¿Eres
vecino?-pregunté esperanzada, anhelando realmenteque dijera que sí, que era dueño de alguno de los otros departamentos que habíaen ese edificio.

-No.

-¿Entonces
cómo sabes mi nombre y que soy amiga de lachica que vive aquí?-hice una pausa frunciendo el ceño-Ginny Weasley vive aquí,¿cierto?-pregunté, recelosa.

El rió aun más, cómo si mi ingenuidad resultara graciosa.Bueno, quizá para el sí.

-Si, Ginny vive aquí-señaló el departamento marcado conel 312 en el que antes había intentado meter la llave-. Es raro que no seencuentre-dijo sorprendido-. Y bueno, ella me habló de ti, me dijo que estanoche llegarías y estaba muy emocionada con la noticia-me sonrió.

-¿Y tú eres
?-entrecerré los ojos.

-¡Oh! Perdóname, qué descortés. Me llamo Draco Malfoy -meextendió la mano para saludar.

 

Miré su palma esperando que yo la tomase y así lo hice.

-Bueno, Draco. Sabes mi nombre-uní mi mano a la suya y estásse fusionaron como dos engranes hechos a la medida.

El calor corporal de su mano y la varonil suavidad de supiel hicieron que el rumor corriera travieso de nuevo por mis mejillas.

-Muy bonito,

-por cierto-sonrió haciendo referencia al nombre. El rojose intensificó más-¿Qué tal el viaje?-preguntó.

-Cansado-suspiré-, así que si no te molesta, me sentaré aesperar a Ginny-dije y dejé resbalar mi cuerpo por la pared beige hasta llegaral gris piso alfombrado. Vaya que era un lugar triste para vivir.

-¿Te molesta que la espere contigo?-musitó.

-Por supuesto que no-traté de sonar casual.

Me sonrió y se sentó a mi lado recargando su espalda enaquella pared y cruzando sus piernas en el suelo. Los jeans que traía se leajustaron más. Desvié mi mirada ignorando el puño de pensamientos pococoherentes que mi mente había producido.

Sentí hambre y busqué en mi bolso alguna comida chatarraque no me haya terminado en el vuelo. Afortunadamente encontré un paquetito degalletas de chocolate con un par.

-¿Gustas?-le ofrecí.

-No, gracias. Provecho-me sonrió. Me miraba como si fuesealgo
poco común, pero divertido.

-Tengo hambre-me encogí de hombros, un tanto cohibida.

-Adelante-me animó a morder la galleta.

Me comí una de forma rápida y me sacudí las migas quehabían caído de ella. Noté que Draco me miraba.

-¿Extrañas California?-me preguntó.

-Un poco-admití-. Pero siempre es bueno un cambio-dijemientras comenzaba a morder la otra galleta-. Espera, ¿cómo sabes que vengo deCalifornia?-exigí saber. Este chico si que conocía mucho de mí cuando para míera un desconocido total. Sin embargo no me asustó en lo absoluto.

-Ginny me lo dijo, me habló tanto de ti-respondió.

-Oh-reí-, espero que hayan sido cosas buenas.

-No te preocupes-sonrió-. Eres su mejor amiga, ¿qué cosasmalas podría decir de ti?

-No sé, quizá que
me gusta desayunar en pijama-me encogíde hombros-, o que me encantan las galletas de chocolate con mantequilla demaní.

-Desayunar en pijama es cómodo-admitió-. Y cada quientiene sus gustos raros, a mi me encantan los chocolates con menta.

-Eso no es tan raro.

Ambos reímos entre tanto que yo aplacaba mi hambremordiendo de nuevo la galleta
el sonido de nuestras risas ya no tuvo cabida alser opacado por el grito de júbilo de una voz familiar.



Holaaa Lectoricillos! :3, se que me extrañaron, y si no háganlo antes de que me arrepienta -.-... creo que ya los tengo acostumbrados a traerles fics que no se parezcan entre si, este no es la excepción, saben que no me gusta que todos los fics comiencen con un bello Draco odiando a una tierna Hermione,asi que, este no empieza asi! pero buehh... ya saben, nos vemos en los comentarios ;)

-¡¡Hermione!!-gritó efusiva esa voz femenina que tantohabía extrañado.

Corrió hacia mí y se agachó para abrazarme. Apretó losbrazos alrededor de mi cuerpo y yo le respondí, era tanto el tiempo que habíaestado separada de mi mejor amiga y aquellas conversaciones telefónicas nollenaban totalmente el vacío.

-¡Pero cómo has cambiado!

-¿Cuál cambio? Si sigo igual desde la última vez que nosvimos-dije y me separé.

 

-Por favor, tu cabello es diferente-observó.

-¿La maraña de pelos que cargo en la cabeza? ¿Qué dediferente tiene? Sigue igual de despeinada que hace años-bromeé-. Pero tútampoco has cambiado mucho.

Efectivamente, Ginny no había cambiado en lo absoluto,excepto por unos cuántos centímetros más agregados a su cabello Rojo ylacio. El fleco caía en su frente hasta llegar a sus ojos, y el demás cabelloalcanzaba una medida sólo un poco por debajo de sus frágiles hombros que unsuéter verde cubría.

-Ejem
-el joven que estaba a nuestro lado, Draco, seaclaró la garganta haciéndose notar.

Ambas lo miramos.

-Ay, lo siento-dijo Ginny dándole un rápido abrazo conuno de sus brazos-. Es que estoy emocionada-dijo y la flamante sonrisa en surostro se expandió aun más cuando me miró-. ¡Hay tantas cosas que quierocontarte!-me avisó.

-¡Yo también!-musité emocionada.

-Supongo que ya se conocieron-volvió su atención a Draco.

-Sí-dijimos los dos al unísono y luego reímos de nuestrasincronización.

-¡Ah! ¡Esto será genial!-exclamó Ginny.

Se levantó del piso junto con Draco, mientras yo me quedéallí sentada.

-¿Pero qué haces allí? Levántate, ¿por qué no entraste?

Él me extendió la mano para ayudarme a levantarme. Eldeseo de tocar su excitante piel de nuevo me invadió al ver la palma de su manoextendida hacía mí. La tomé y me ayudó a separarme del piso.

-Gracias-murmuré.

El sólo me sonrió, separando los dos engranes que sehabían unido de nuevo.

-Lo cierto, Ginn, es que me dejaste la llaveequivocada-me quejé, intentando mirar a mi amiga y no a la perfección que teníaa mi lado.

-¿La llave equivocada?-se sorprendió.

-Sí-le dí la llave que guardaba en el bolsillo de michaqueta.

-Oh, perdón-me sonrió-sí, me confundí-esculcó entre subolsa y encontró un juego con tres llaves-. Este era-se quedó en silencio unmomento-. Eso me recuerda que le debo de dar las gracias a la señora Montórfanopor hacerme el favor de entregarte la llave.

-¿La vieja gruñona del 308?-pregunté, apuntando con midedo pulgar hacía dicha habitación.

-Oye, no es tan gruñona; es linda cuando quiere-seencogió de hombros.

-Y digamos que casi nunca quiere, ¿verdad?-hice un ademánde susto. La vieja no se había comportado del todo amable conmigo-. ¿No pudistehaberme dejado la llave correcta con alguna otra persona menos
amargada?

El rubio rió.

-Exageras
-Ginny meneó la cabeza y rió-. Me imagino queestás cansada así que agradéceme que ya tenga lista tu habitación-me regaló unasonrisa de autosuficiencia mostrándome todos esos dientes blancos de tamañomediano.

-Te agradecería más si abrieras esa puerta ya-bromeé.

Ginny rió e introdujo la llave a la cerradura haciendoque la puerta se abriera por fin. Me tragué una exclamación de victoria.

-Pasa y acomódate, en unos minutos estoy contigo-anuncióy me indicó que me introdujera al departamento.

Intenté levantar del suelo mi par de maletas, pero Draco se me adelantó.

-Permíteme-las tomó, una con cada mano y fue detrás de mí,acomodándolas en la orilla de la sala.

-Gracias-musité y le regalé una sonrisa tímida.

Él me la devolvió y aquel afecto me produjo una oleada deinspiración; como la que necesita un poeta para su poesía, o un escritor parauna nueva historia.

 

Salió por la puerta y fue con Ginny de nuevo, no pudeevitar mirarle mientras caminaba hacia la salida.

El estómago me rugió y me di cuenta de que aun traía lagalleta mordisqueada en la mano. Me senté en una de las sillas cerca de lacocina. Mordí el pequeño pedazo que me quedaba y mastiqué perezosamente.

-Vine a buscarte para entregarte el CD que le prestaste ami hermano-dijo Draco con su voz de terciopelo en la puerta del apartamento.

-Draco, amor. No tenías porqué preocuparte, le dije a Harry que me lo devolviera cuando quisiera-contestó Ginny.

Me atragante con la galleta. ¿Amor? ¿Cómo que amor? Oíperfectamente el chasquido de los labios de Ginny contra alguna parte de lacara del rubio mientras yo intentaba tragar el pedazo de oblea que se me habíaatorado en la garganta, sintiendo cómo me raspaba.

Intenté tragarla y luego tosí cuando lo logré, medioasfixiada aún. Ginny apareció de pronto a mi lado, mientras la puerta de laentrada estaba ya cerrada.

-Hermione, ¿estás bien?-me preguntó, pero la tos seca quesalía de mi garganta me impedía hablar-. Te daré un poco de agua, espera-corrióhacía la llave y tomó un vaso, llenándolo rápidamente con el líquido que salíadel grifo.

Se acercó a mí y me extendió el vaso, yo tomé del agua,esperando que aquel ardor en la garganta desapareciera y la tos se fueratambién.

-¿Mejor?-inquirió.

-Sí-dejé el vaso sobre pretil de la cocina-, gracias.

-Eso te pasa por atragantarte de comida, bestia-bromeó.

Reí ante el apodo que desde hace años llevábamosdiciéndonos.

-Bueno, eso me pasa porque me hiciste venir desde el otrocontinente sin comer-refuté, riendo.

Ginny se sentó a mi lado y me arrebató la galleta paraterminarla de comer ella.

-¡Oye!

-Hay pizza en el refrigerador, creo que eso podríallenarte más que una galleta-dijo.

-Tengo más sueño que hambre, así que mejor mañana mellevas a desayunar-sonreí-Oye, Ginny
-vacilé y me dediqué a juguetear con losdedos de mi mano-Draco es
¿tu novio?

-Y lo que más amo-afirmó.

-¿Y por qué no me lo había contado, señorita?-me hice laindignada.

-Porque
llevo un mes saliendo con él.

-¿Un mes? ¡Nuestra última llamada fue ayer!-le recalqué.

Ella se encogió de hombros en su lugar.

-Bueno, bueno, quería darte la sorpresa.

-Pues, lo lograste. Pensé que después de lo de Nev túya no
-me quedé a la mitad de la frase, pero ella me entendió.

-Sí, yo también lo pensé. Si no, no hubiera huido delpaís como cobardemente lo hice-sonrió-. Pero conocí a Draco y
lo amo.

-¿De verdad? Hace un mes que salen, qué tanto lo puedesconocer-musité.

-Lo suficiente. ______-me miró seria-, pensé que estaríascontenta por mí.

-¡Lo estoy!-y lo estaba de verdad, pero algo se removíadentro de mí, algo que me hacía estar confundida. Ese tipo de confusión cuandono te explicas, el porqué las cosas avanzan tan rápido y cambian de un día paraotro-. Estoy feliz de que hayas seguido adelante con tu vida, me pones elejemplo-admití.

-¿Qué quieres decir con que te pongo el ejemplo? ¿Sigues enamoradade Dennis?-saltó hacía atrás mirándome con los ojos como platos.

 

-¡Para nada! Eso ya pasó, a lo que me refiero es que, note quedas estancada en un pasado; como yo con el accidente de mis padres.

-Oh, Hermione, eso fue hace ya tres años, ahora eres unafotógrafa profesional de veintidós y tienes mucho que sacar de esa vida quellevas-me pasó el brazo por los hombros-. Pero ahora no hablemos de temastristes, mejor dime, ¿has conocido a alguien especial?

Sonreí ante su curiosidad y su enorme sonrisa indagante.Pero a la mente se me vino el nombre de Draco Malfoy, como una oleada delviento, rápida y fugaz.

-Qué cosa más extraña

-¿Qué? ¿A quién conociste?-me di cuenta entonces de quelo había pronunciado en voz alta, o suficientemente fuerte como para que Ginny me oyera.

-¿Eh? Ah
-tartamudeé.


*Ave Atque Vale* lectores :*

-Vamos, Hermione, sé que conociste a alguien, tus ojos me lo dicen-insistió, con lasonrisa aún más amplia y los ojos chispeantes de curiosidad.
-Pues, amm
sí y no-farfullé.
-¿Sí y no? ¿Cómo es eso?
-Bueno, conocí a alguien que a decir verdad, me deslumbró; pero

-¿Pero qué?
-Pero, no puedo decir que sea ese "alguien especial"-hice las comillas con misdedos.
-¿Por qué no?
-No creo en el amor a primera vista, lo sabes-sacudí la mano, como restándole importancia al asunto.
-Sí; ¿pero sabes? Con Draco fue amor a primera vista-sonrió, como si de prontose hubiera perdido en el recuerdo-. ¿Tú dónde conociste al chico?-preguntó derepente.
-Emm
en
-vacilé, mientras buscaba algún lugar ideal-en el avión.
-¿Se sentó junto a ti?-la curiosidad de Ginny parecía nunca terminar.
-Mmm
-recordé entonces cuando Draco se sentó a mi lado en el piso del pasillo,reí-algo así.
-¿Quieres contarme?
-No en realidad, no tiene demasiada importancia, Ginny. Era sólo un chicoatractivo, cuántos más no hay aquí.
Y era cierto, porque para empezar, Draco sólo era una cara bonita entre muchosotros rostros en toda Venecia y además, no podía inventarme una historia acercade otro chico sólo por no tener el valor de decirle a Ginny que su novio meparecía lo más atractivo desde que había llegado a Venecia.
Pero eso en mí no era normal.
-Estoy realmente cansada, Ginn. Dime ¿dónde está mi cama?
-Habitación-corrigió ella y luego sonrió-. Justo allá-señaló hacía la derecha,apuntando una puerta de madera, blanca.
-Gracias. Mañana será un día fenomenal, mañana que no esté tan cansada.
-Que duermas bien, Herms. ¡Wow! No puedo creer que estés aquí-lo últimopareció que se lo dijo a ella misma-. ¡Te quiero!
-Y yo a ti. Buenas noches.
Arrastré las maletas hasta el pequeño cuarto que sería mi habitación y luego meinterné en el. Era de tamaño medio, ni tan grande ni tan pequeño. Ideal paramí. La cama estaba al otro extremo de la puerta, contra esquina; cerca de laventana, y había un pequeño escritorio a lado derecho y un armario enfrente dela cama y del escritorio pequeño. Saqué de la maleta más pequeña el estuchedonde traía mi cámara, y tomé una foto de la habitación. Aventé luego lasmaletas en alguna parte de la habitación y puse con cuidado la cámara en suestuche y lo coloqué sobre el escritorio, estaba demasiado cansada como paraponerme a acomodar la ropa justo ahora.
Me acosté sobre la cama y coloqué las manos bajo la cabeza, entonces me puse apensar en todo lo ocurrido durante el día, y el rostro que había traído a mimemoria, era tan bello como el de un ángel, pero, un rostro que no mepertenecía. Pero, ¿porqué había pensado en él? En la idea de que Ginny y Draco no se conocían lo suficiente como para decirse 'Te amo'; me reí por lo bajo aldescubrir que lo que yo tenía ahora era envidia, desde Dennis sólo idiotashabían figurado en la lista de mi corazón, y ahora Ginny había encontrado aalguien que no lo parecía, y yo le tenía envidia. Volví a reír. Qué patético.Pero lo cierto era que detrás de aquella risa burlona había una palpablepreocupación, el corazón de Ginn no podía volver a romperse por segunda vezen una forma tan desastrosa como la primera. Allí figuraba mi miedo.
O eso creía yo.

 

El sueñoabrumador me despertó, una pesadilla que me perló la mayor parte de la cara deun sudor frío y que me obligó a abrir los ojos casi tan precipitadamente comome paré. El horrible accidente que mis padres habían tenido se había proyectadoesa noche en mis sueños. Miré el reloj, aun con los nervios de punta. Eran lassiete con cuarenta y dos minutos. Suspiré y me levanté de la cama, habíadormido con la misma ropa con la que había llegado, así que me di una rápidaducha y luego me cambié.

Salí a la cocina, Ginny aun no se despertaba, así que me dio tiempo deprepararle el desayuno. Cociné un par de huevos fritos y unas salchichas con unpedazo de tocino, luego preparé un jugo de naranja. ella vivirá en Veneciapero sigue siendo americana.
-¡Mmm! ¿Qué es eso que huele tan delicioso?-salió de su habitación directohacía la cocina y luego me sonrió.
-Quise prepararte el desayuno-le puse el plato en el pretil.
-Aaww-exclamó-. Es maravilloso tenerte aquí.
Ambas reímos y luego nos pusimos a ingerir todo lo que había salido del sartén.
-¿Qué planes tienes para hoy?-me preguntó.
-Creí que tú ibas a hacer mi agenda de este día-dije, confundida.
La grande sonrisa de la que ella era dueña se expandió por su rostro.
-Sólo quise asegurarme de que no la hayas olvidado-rió de nuevo-. Te llevarépor las mejores tiendas de ropa que jamás hayas visto-la emoción saltó a susojos.
-Genial-musité.
Ropa. No era una adicta de la moda o algo por el estilo, por lo tanto nunca meemocionaba tanto ir de tienda en tienda hasta encontrar el atuendo perfecto;pero a Ginny siempre le había gustado y tenía un excelente gusto en ropa. Cadavez que íbamos a alguna tienda, era ella la que terminaba con más de cincobolsas en la mano.
Hacía frío, un gélido aire vagabundeaba por la atmósfera de Venecia mientrasque mi mejor amiga y yo caminábamos por sus calles.
-¿Cómo pasó lo de Dennis? Eso jamás lo supe-me dijo y le miré extrañada-.Quiero decir, que nunca supe cómo lo olvidaste.
-Oh, bueno, simplemente decidí superarlo y ya-me encogí de hombros y me quedémirando a través de una vitrina un hermoso saco café.
El reflejo de Ginny se dibujó a mi lado en el vidrio y una repentinacuriosidad vino a mí como una ola del mar.
-Dime,¿cómo conociste a Draco?-musité sin mirar el rostro de ella yfingiendo que observaba detenidamente el bello saco del aparador, nerviosa.
Algo definitivamente raro.
-En un café, un día lluvioso-suspiró como si de pronto volviera a ver elrecuerdo nítido en su mente y se perdiera en él, entonces la miré-. Se acercó yhablamos un poco, ¡él es tan gracioso!-suspiró- Me contó que era de Arizona,que allí había nacido y que había venido a Venecia por lo mismo que yo: olvidaramores del pasado, sin embargo hasta la fecha no me ha dicho qué fue lo que lepasó
-se perdió pero luego volvió a retomar el curso animoso- Luego de reírnosun rato, me pidió mi número de teléfono y en la noche del mismo día mellamó-sonrió-. Sólo quería desearme buenas noches-suspiró, teatralmente.
-Suena
como a un cuento-sonreí.
-Me siento como en uno-sonrió también- ¡Dios! ¡Estoy tan feliz!-me abrazó,completamente llena de emoción; cosa que siempre hacía cuando estaba así.
-¿Cuántos años tiene?-pregunté, retirándome de su abrazo.
-Veintitrés.
-No hay mucha diferencia, tú tienes veintiuno-dije, aliviada.
-¿Sabes qué nos dicen?-inquirió, animada.
-¿Qué?
-Que somos la pareja perfecta. Que los dos estamos hechos a la medida. Quenacimos para estar juntos-suspiró.
Estaba feliz, pero algo dentro, muy dentro de mí, se removía incómodo ydesesperado. Como una pequeña fierecilla enjaulada en lo más oscuro de unahabitación, muy lejos de la salida; pero sin embargo, deseosa de salir.
-Me alegro mucho por ti.
-¡Ya sé! Podríamos salir todos alguna vez, así te presento-comentó.

 

-¿Todos?......



Holaaaaaaa, espero que les guste, en serio :3

-Sí, Draco, tú, Harry y yo.

-¿Quién es Harry?-inquirí, medio confundida.

-Su hermano.

De pronto recordé la conversación que ella había tenido conDraco y que había mencionado a un Harrycomo su hermano.

-Oh-musité-. Me encantaría-sonreí, amable.

-¡Le diré a Draco para que organicemos todo!-me abrazó denuevo, dando brinquitos como una niña pequeña.

Así era Ginny; dulce, tierna, cariñosa, frágil y entusiasta,era una niña pequeña encerrada en el cuerpo de una persona adulta de veintiúnaños.

-Oye-musité, cambiando repentinamente de tema-, quiero ir altan famoso puente de los suspiros, quizá pueda tomar algunas fotografías.

-Il ponte dei suspiri. ¿Y para qué quieres ir allí? No es lagran cosa-dijo-. Más bien deberías ir a la plaza de San Marcos, muchos tomansus fotografías allí.

-Lo sé, pero no quiero algo común. Ya me conoces-me encogíde hombros.

-Bueno, también podrías ir al Palazzo Ducale, le podríastomar bellas fotos.

-¿Al qué? ¿Ginny, te molestaría hablarme en español?

Ella rió.

-Al Palacio del Duque.

-Gracias. ¿Me llevarás al Puente de los suspiros?

Puso los ojos en blanco ante mi insistencia.

-Está bien. Te llevaré mañana.

-Gracias, Ginn. Eres la mejor-y fui yo quien empezó elabrazo ahora.

Seguimos caminando por las calles de Venecia, mirando casi todaslas tiendas de ropa que allí había. Comimos en un pequeño restaurante y luegollegamos cansadísimas al departamento.

Eran las siete de la tarde con treinta minutos cuandollamaron a la puerta.

-¡Es Draco!-anunció jovialmente y se levantó como rayo dando grandes zancadashacía la puerta.

Dirigí mi vista hasta allá, desviándola del televisor,anhelante de ver el rostro perfecto.

-¡Amor!-Ginny se lanzó a sus brazos en cuanto la figura desu novio fue palpable, y él la recibió cálidamente.

La fierecilla se removió incómoda.

-Ven, pasa.

Desvié mi mirada de nuevo al televisor queriendo aparentarque no la había despegado de allí.

-Hermione, hola-mi nombre en su voz era tan melodioso ydiferente al resto de voces que habían puesto en su sonido mi nombre; lo hacíaparecer bello, único.

Me giré para mirarle.

-Hola-le sonreí.

-¿Cómo va tu primer día en Venecia?-preguntó.

-Cansado-reí al recordar que había usado el mismo adjetivocuando él me había preguntado acerca del vuelo.

Creo que él también se acordó, porque rió de la misma maneraque yo.

-Ojala los demás no sean siempre así-comentó y sonrió, luegomiró a Ginny para entablar conversación con ella.

Entonces yo me giré de nuevo, pero a decir verdad, estabamás pendiente de su conversación que del programa italiano que se proyectaba enla televisión.

-¿Estás nerviosa, cielo?-le preguntó a Ginny.

-¿Sobre qué?-inquirió ella, confundida.

-Sobre tu entrevista de trabajo, mañana.

-¿Mañana es siete?-la voz de ella sonó alarmada- ¡Dios, loolvidé!

Entonces me giré de nuevo para mirar.

-¿Tienes una entrevista de trabajo?-pregunté, realmenteemocionada.

-Sí y
¡oh!-se quedó en silencio durante unos segundos- ¡Losiento! ¡Lo siento, lo siento, lo siento!-se acercó a mí- Es que no recordabalo de la entrevista, perdóname.

Tardé un segundo en comprender por qué me pedía disculpas.

-O, no. No te preocupes, nena-le sonreí-. Iremos otro día avisitar el puente.

-¿No estás enojada?

-¿Yo? Para nada, al contrario. ¿De qué es el trabajo quesolicitas?

-Enfermería en el hospital de la Isla de Torcello. ¡Tengouna idea!-dijo de pronto, como si la primer parte no importara demasiado, segiró a mirar a su novio- Amor, ¿podrías tú llevar a Herms a Il ponte deisuspiri?

Los ojos se me abrieron de par en par ante la sorpresa yluego miré el rostro de Draco, tan bello como el de un ángel. Él también memiraba con sus ojos grises.

-Chiaro. Per me non c'è nessun problema-respondió él y luegosonrió.

-Gracias, D-dijo Ginny y luego me miró.

-Español, por favor-dije y los dos rieron.

-Que sí, que no hay problema-dijo mi amiga.

Miré a Draco.

-¿Seguro que no tienes cosas que hacer y te estoy quitandoel tiempo sólo por mi capricho? Porque puedo esperar a que la bestia tengatiempo, no hay prisa, de verdad.

-No-me respondió-. Por mí está bien, a menos de que noquieras ir conmigo-rió.

-No, digo, sí-sacudí la cabeza-. Quiero decir, gracias porllevarme.

-A D le gusta ese lugar, seguro que está más que encantado.Él te puede dar el Tour-bromeó Ginny.

-Y para mí sería todo un placer-se rió el interpelado, ymostró todas las perlas blancas que formaban su sonrisa, en la que por unlacónico segundo, me perdí.

-Gracias-musité y me giré de nuevo a mirar la televisión.

Me había asustado un poco un inusual hecho, desviécompletamente mi atención de mi mejor amiga y su novio a propósito, debido alpensamiento que la reacción había producido y me puse a pensar en eso. ¿Por quéencontraba a Draco muy atractivo? Sí lo era, pero lo que realmente mepreguntaba era ¿por qué todo en él causaba una sensación extraña en mí? Miré dereojo a la feliz pareja a mis espaldas, y pude ver la sonrisa de Draco volarhacía Ginny. Entonces llegué a una conclusión fácil. Estaba deslumbrada por él.Por supuesto, era el joven más apuesto con el que me había topado en toda mivida. Me reí discretamente, qué suerte la de Ginn.

 

-¿Te quedas a cenar?-preguntó ella, luego de un rato-¿Sabes? Con Hermione se me ocurrió una idea hoy, ¿por qué no salimos un día loscuatro? Nosotros tres y Harry-explicó ella sin esperar la respuesta de su novioa la primer pregunta.

-No, cielo, no puedo quedarme. Hoy hay cena familiar-torcióel gesto-. Y lo de la salida los cuatro suena estupendo, le comentaré a Harryhoy.

¿Debería preocuparme? Sabía que Ginny ocultaba muy dentro de ella la idea deemparejarme con alguien, pero al pensar en el hecho
¿qué tan malo podría llegara ser si se trataba del hermano de Draco? Seguro también era apuesto.

-Hasta mañana, vendré a desearte buena suerte antes de quete vayas-dijo Draco a su novia y luego besó su frente.

-Gracias, amor.

-Hermione-me giré a mirar a Draco de nuevo al escuchar mi nombre-.Mañana tenemos muchas cosas por hacer, espero no te canses-sonrió.

De pronto sentí una emoción que no pude explicar, una ligeroentusiasmo allí, cerca de donde se encontraba la fierecilla enjaulada.

-Hasta mañana-musité y le devolví la sonrisa.

Ginny y Draco salieron hasta la puerta en donde tardaron másde cinco minutos en despedirse; traté de no pensar en ello, por que a fin decuentas, su manera de decirse adiós era algo que a mí no me incumbía.

Luego de que oí la puerta cerrarse, ella se sentó a mi ladoen el sofá y luego suspiró.

-¿No es perfecto?-preguntó.

-¿Qué cosa?-inquirí, confundida.

-Mi novio-musitó, con aire de orgullo.

Yo reí, pero no dije nada. Aun cuando Ginny me lo habíapreguntado no podía decirle lo que pensaba. Sí, sí era perfecto, pero poralguna extraña razón, mi boca no podía soltar esas palabras enfrente de miamiga.

-¿A qué hora te irás mañana?-pregunté.

-A las seis.

-¿De la tarde?

-De la mañana.

Abrí los ojos como platos y la miré.

-¿Seis de la mañana? Y ¿a qué hora vendrás?

-No lo sé-musitó y luego torció el gesto-. La Isla deTorcello está un poco lejos, quizá venga como a las cinco de la tarde.

-Pero si sólo te harán una entrevista, ¿por qué tardarástanto?

-Por que si me aceptan, me quedaré para que me capaciten oalgo así-se encogió de hombros.

-Voy a extrañarte-hice un puchero.

Ella rió.

-Me extrañarás más si consigo el trabajo, por que saldréhasta las ocho de la noche-volvió a reír y esta vez yo me uní a su risa.

-Ginn, estoy cansada, me acostaré ya-dije.

-¿Tan pronto? Pero si son las ocho de la noche.

-Ocho cuarenta-corregí-, y sí, estoy muy cansada y quierodormir.

Bueno, de lo que había dicho, sólo la primer parte eracierta por que tenía miedo de volver a soñar la misma pesadilla de la nocheanterior.

-Está bien. Buenas noches.

-Buenas noches-me levanté del sofá y caminé hasta mihabitación.

 

-¡Ah! Mañana te tienes que levantar temprano-me avisó-.Draco vendrá antes de que yo me vaya y luegote llevará al Puente de los suspiros.

Me detuve antes de entrar a la habitación.

-Genial-mascullé, y sonreí.

Me introduje a mi habitación y me arropé para dormir, luegome acosté en la suave cama y me cubrí con las sábanas. Me quedé mirando eltecho en total oscuridad, y alcanzaba a percibir el sonido del televisorproveniente de la sala.

Sentía el entusiasmo crecer con cada minuto que pasaba,mañana iría al famoso Puente de los suspiros, un lugar que he querido visitardesde que Ginny se vino a vivir aquí; pero había otra razón para alimentar eseentusiasmo, y era que pasaría un buen rato con Draco. Pero aun no sabía por quéesa idea me entusiasmaba tanto.

Los golpes en la puerta me despertaron y entonces me percatéde la voz de Ginny del otro lado.

-¡Hermione, levántate ya!-gritó.

Me removí entre las sábanas y no hice intento alguno por abrirlos ojos.

-¡Bestia!-volvió a golpear la puerta-Draco vendrá encualquier momento.

¿Draco? Abrí los ojos, completamente despierta y aventé lasábanas hacía un lado. Salí de la cama en un santiamén y abrí la puerta. Ginnycorría de un lugar a otro en busca de algo.

-Yo creí que no te levantarías nunca-farfulló.

-¿Qué buscas?-pregunté.

-Mi bolsa, puedo jurar que la dejé aquí-apuntó al sofá.

Miré el reloj, faltaban veinte minutos para las seis de la mañana.¿Cuánto se tardaría Draco en llegar?...


¿Por qué me pregunto eso?

-Busca en tu cuarto, Ginny-musité.

Ella me miró y salió corriendo a su habitación. Dos segundosdespués llamaron a la puerta.

-Hermione, por favor abre-me gritó Ginny desde su cuarto.

Caminé perezosamente hasta la puerta y la abrí. Lo que vi medeslumbró por completo.

-Buenos días-me sonrió y aquella fierecilla enjaulada saltóde un lado a otro en su pequeña cárcel.

-Buenos días, Draco-le devolví la sonrisa-. Pasa.

Le abrí camino y me le quedé mirando mientras pasaba a milado, llevaba puesta una chaqueta negra al igual que los apretados pantalonesque traía, por dentro de la chaqueta se alcanzaba a ver una camisa en tonorojo. Usaba unas gafas de sol que le daba un aspecto más comercial a su rostro,parecía de esos modelos que sólo ves en televisión.

-Bonita pijama-musitó mirando mi atuendo.

Enrojecí hasta los huesos y me mordí el labio inferior,completamente apenada. Nadie, exceptuando a Ginny, me había visto en pijama.

-Gracias-murmuré.

-¿Dónde está Ginny?

-En

-¡Aquí!-la interpelada salió de su habitación con la bolsaen la mano y me interrumpió.

-Hola, preciosa-dijo él y luego se acercó para besarla.

Desvié mi mirada, dándoles privacidad y me escabullí hastami cuarto. Privacidad, ¿eso quería darles? O sólo quería calmar a la fierecillaque de pronto se sintió incómoda.

Me vestí rápidamente y me hice una coleta de lado

-¡Bestiaaaa! Debo irme-gritó Ginny, desde algún lugarcercano a la puerta.

Salí del cuarto no sin antes tomar mi cámara fotográfica.

-Te veo más tarde, espero se diviertan-dijo-. Los amo, a losdos.

-¡Suerte!-dije, pero ella ya había cerrado la puerta.

Miré entonces a Draco, quien se encontraba parado mirándomea mí.

 

-Creí que íbamos a desayunar en pijama-musitó, divertido alnotar mi cambio de ropa.

El rubor corrió de nuevo por mis mejillas y bajé la cabeza.

-Es muy temprano para desayunar-musité.

El rió.

-¿Entonces
quieres que nos vayamos ya? El camino no es muycorto.

-Claro-sonreí y él me hizo seña de que saliera deldepartamento.

Tomé mi bolso y me lo crucé por el cuerpo, echando allí mícámara; luego él me abrió la puerta y me dejó pasar primero. Se deslizó despuéshacía mi lado y caminó junto a mí, su perfume, mezcla de miel y frutastropicales se introdujo en mi nariz.

-¿Escaleras o ascensor?-preguntó.

-Escaleras, es el tercer piso-decidí.

Sonrió como si le hubiera gustado mi elección. Esperó a queyo me adelantara y luego me siguió muy cerca.

Cuando salimos del edificio, caminé hacia la derecha, muydecidida.

-¿A dónde vas?-preguntó Draco y me giré a mirarle, entoncesme di cuenta de que ya no me seguía sino que estaba parado y reía.

-Pues, a tomar un taxi o un autobús-me encogí de hombros,confundida.

El rió con ganas y sus carcajadas atronaron en mis oídoscomo la entonación de una cascada al caer al lago.

No comprendí qué le resultaba tan gracioso y fruncí el ceño.

-No pensarás que tomaremos un taxi hasta allá,¿verdad?-dijo, medio serenado-. Porque si es así, no creo que tengas el dinerosuficiente como para pagar el viaje, recuerda que no está muy cerca ellugar-río de nuevo-. Y no hay autobuses hasta ese lugar, a menos de que tomestres o cuatro.

Me quedé en silencio y relacioné sus palabras con susacciones.

-¿Te estás burlando?- volví a fruncir el ceño.

La carcajada melodiosa que aun salía de su gargantaenmudeció, y su rostro se volvió serio y cauteloso.

-No-dijo.

-¿Entonces por qué te ríes?-enarqué una ceja.

-Porque me pareció un poco
gracioso-aun bajo las gafas desol, su expresión era como la de un niño que es regañado por su madre.

-Para mí no es gracioso-dije, severa pareciendo enojada.

-Lo siento yo

Estallé en fuertes risotadas interrumpiendo su disculpa y seme quedó mirando extrañado.

-¡Caíste! Creíste que me había disgustado-alcancé a soltarentre risas.

Su rostro dejó la seriedad y precaución y se dibujó en éluna bella sonrisa.

-Eres mala-musitó y luego río.

-Sólo a veces-reí-. Pero bueno, ya hablando en serio, ¿enqué nos vamos a ir?-inquirí.

-En mi auto-dijo, como si fuera obvio y luego apuntó hacíael vehículo que tenía a un lado.

Era un Chevrolet Tahoe Hybrid en color negro.

-En tu auto
-musité- claro, debí imaginarlo-reí, sintiéndometonta.

El me sonrió y luego abrió la puerta del copiloto.

-Sube-me indicó.

Me acerqué y me ayudó a subir, tomando mi mano para servircomo un apoyo. Algo en mi estómago se movió y estaba segura de que no era lafierecilla; porque ahora permanecía muy quieta.

-Gracias-musité, ruborizada.

-De nada-me sonrió de nuevo, haciendo que el color seprofundizara más.

Ya hasta estaba pensando que lo hacía a propósito.Puse elestuche de la cámara sobre mis piernas.El subió a su asiento, y encendió elmotor de la camioneta para ponerla en marcha.

-Bonito vehículo-dije.

-Gracias, pero me gusta más el de mi hermano-rió confranqueza-. ¡Oh! Ahora que recuerdo, dice que le encantaría salir paraconocerte.

 

-¿Qué?

-La idea de Ginny-aclaró.

-Oh, claro, pues
en ese caso, genial-musité.

-Te va a agradar, es muy buena persona-me dijo, mientrasmanobriaba con el volante del auto para dar vuelta en una calle.

-¿Tratas de hacer lo mismo que Ginny?-inquirí, entrecerrandolos ojos y mirándole.

-¿Qué?-la nota de confusión en su voz no me pareció falsa.

-Buscarme pareja-dije.

El rió y se quitó las gafas de sol, dándole paso libre a lavista de sus bellos ojos.

-¿Ginny hace eso?

-Lo está haciendo, estoy segura-musité y luego me crucé debrazos, acomodándome en el asiento.

El volvió a reír.

-Pues juro que no lo hago con esa intención-sonrió y sedetuvo en una luz roja.

-¿Y cómo puedo creerte?-inquirí, enarcando una ceja.

Rió de nuevo, divertido por mi juicio.

-¿No basta con que lo haya jurado?-preguntó, escandalizado ydivertido.

-No tanto-negué con la cabeza.

Seguimos avanzando cuando la luz se puso en verde.

-Bueno, creí que a lo mejor tenías pareja ya-dijo.

-¿Y qué te hizo pensar eso?

-Pues, eres muy linda-se encogió de hombros-; no veo porquéno.

Me quedé helada y me fue imposible formular algúnpensamiento en ese instante. Yo le parecía linda a él.

El rubor corrió de nuevo por mis mejillas, pintándolas derojo.

-Gracias
-musité.

-¿Ya me crees?-sonrió.

-Quizá.

Su risa estalló de nuevo y puso los ojos en blanco.

-Si que eres terca ¿no?

-No, sólo un poquito dura de convencer.

-Está bien, está bien. Esa es una cosa por la que no se meocurrió emparejarte con mi hermano, otra es que Harry está enamorado de unachica misteriosa.

-¿Una chica misteriosa?

Se encogió de hombros.

-Lo conozco muy bien como para saber que está enamorado, elproblema es que no me quiere decir de quién.

-Bueno, todos tenemos derecho a la privacidad-me encogí dehombros y el me miró-. Una amiga me lo dijo una vez.

-Bueno, creo que tienes razón-sonrió resignado-. Aunque me gustaríasaber.

-Eres curioso-adiviné.

-Mucho-admitió.

Dio la vuelta a una calle y siguió derecho. Miré por laventana polarizada, maravillándome con el encanto de Venecia, sus edificios,sus calles, todo me parecía fantástico.

-Qué bonito-susurré.

-¿Qué es bonito?-preguntó y mi atención volvió a él.

-La ciudad, la gente, todo

Él volvió a reír.

-Sí, la primera vez que visitas Venecia sueles enamorartedel lugar.

-¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí?-pregunté.

-Casi dos años.

-¿Dos años?-abrí los ojos como platos.

-Casi. Bueno, a decir verdad
año y medio.

-Wow, ¿por qué
?-me quedé a la mitad de mi interrogante, recordandolas palabras de Ginny: "Me contó que era de Arizona, que allí había nacido yque había venido a Venecia por lo mismo que yo: olvidar amores del pasado, sinembargo hasta la fecha no me ha dicho qué fue lo que le pasó
"

-Por qué, ¿qué?

-¿Así que vienes de Arizona?-dije, tratando de evadir mipregunta anterior, borrarla de la conversación o algo por el estilo.

-Sí, Casa Grande, allí nací-respondió-. Pero, por qué¿qué?-volvió a insistir.

 

-Nada, sólo me equivoqué de palabras, es todo-reí, nerviosa.

Me miró con los ojos entrecerrados, no del todo convencido yluego posó su atención en el objeto que tenía sobre mis piernas.

-¿Qué es eso?-preguntó.

-Oh, mi cámara.

-¿Eres fotógrafa?-se asombró.

-Sí, y adoro serlo.

-Te gusta el arte entonces-concluyó.

-Por supuesto.

-¿Sabes? A mi gusta la música.

-¿Tocas algún instrumento?

-Sí, la guitarra, el pandero, el teclado y la batería, unpoco.

-¡Wow! Eres talentoso entonces.

El sonrió, halagado por mi comentario.

-Gracias.

Siguió conduciendo y cada movimiento que él hacía meprovocaba una sensación rara de encanto, en ese momento la respuesta de lapregunta que Ginny me había hecho se escuchó en mi cabeza: sí, él era perfecto.

Luego de unos minutos más, su voz interrumpió el silencio.

-Llegamos-avisó, entusiasmado.

Miré hacía el frente, a la izquierda y me maravillé con loque vi.

Bajé del auto al igual que él y sentí cuando el frío me rozólos brazos. Los cabellos que se salían de la boina se movieron.

-Ven, vamos. Tenemos que ir a una de las góndolas-hizo unmovimiento de cabeza indicándome que le siguiera.

Nos acercamos más y pude ver el agua del canal y otras trespersonas que querían subir al negro trasporte de madera. Me paré justo antes desubir. Draco me miró.

-¿Qué pasa?-preguntó.

-He oído que las aguas de los canales de Venecia sonprofundas-dije, con temor.

El río.

-¿Tienes miedo?...


Hola lectores, disculpen los errores, pero ya los arregle, el capitulo 3 esta completamente bien ahora, y de regalo les he subido dos capitulos nuevos, este y el anterior, disfrutenlo y no olviden comentar

-N-no-mentía, pero tampoco quería que él pensara que soy unacobarde, aunque lo era.

El volvió a reír.

-Ven, no tengas miedo, estas cosas son muy seguras-meextendió la mano para que yo la tomara y su cálido tacto era algo que no podíarechazar jamás.

Me tomó de la mano, sujetándome fuertemente y haciéndomesentir completamente segura, era como si el infantil miedo de antes se hubieraevaporado como el aliento frío que sale de la boca y no tarda más de tressegundos en desaparecer.

Subí a la góndola y él se sentó a mi lado, mientras que lasotras tres personas se situaban delante de nosotros. El gondolero comenzó aremar y el bote a moverse, me estremecí un poco. Draco me miró, y en su miradahabía una ternura que brillaba, ese par de ojos almendrados me brindaban unaauténtica protección con el resplandor que soltaban.

-¿Estás bien?-preguntó y su voz se llenó de dulzura.

-Perfectamente-musité, atontada.

Me sonrió, y aquella sonrisa hizo que miles de burbujas seinflaran en mi estómago y flotaran en él.

Miré hacia arriba, sintiéndome más segura que hace unossegundos y me topé con cielo grisáceo. Luego miré hacía mis lados, losladrillos se elevaban formando un edificio barroco y arcaico de color beige.Oía el murmullo de las personas delante de nosotros, un murmullo ininteligiblepara mí, puesto que su idioma era diferente al mío; mientras que el gondoleropasaba el remo por el agua y hacía mover la góndola provocando que la brisa meacariciara el rostro bajo la boina.

 

-¿Sabes por qué se llama El puente de los suspiros?-preguntóDraco, interrumpiendo mi análisis del paisaje.

-¿Por qué?

-Bueno, este puente une al Palacio del Duque con la antiguaprisión de la Inquisición. Da acceso a los calabozos del palacio y losprisioneros veían desde aquí el cielo y el mar por última vez, y suspiraban.

-Nada romántico-me reí.

-No, pero la gente le ha dado tanta fama que el nombre lessirvió a unos poetas para inspirarse en ese género literario.

Me reí, encantada por su brillante explicación.

-¿Por qué te ríes?-preguntó, divertido.

-Porque pareces de esos maestros de colegio y me hacessentir como alumna.

-Perché in questo caso sono felice di essere il vostroinsegnante-rió.

No sabía qué había dicho, pero sea lo que sea me hizoruborizar, el acento italiano adornaba su melodiosa voz de terciopelo y hacíaque las burbujas en mi estómago se agrandaran más.

-Tendré que aprender italiano-mascullé.

El soplo cálido de su risa me acarició el rostro, apartandola brisa de la gélida mañana.

-Lo que dije fue: Que en ese caso, yo estoy encantado de sertu profesor-dijo-. Y si quieres, puedo enseñarte italiano también.

-Me gustaría-mi sonrisa se volvió tímida y oculté el rubordebajo de la sombra de la boina.

Draco no sólo era un adonis en persona, sino que ¿tenía queresultar tan terriblemente encantador también?

Tomé la cámara fotográfica y saqué un par de fotografías ala construcción barroca que admiraba, por accidente o casualidad, mi lentecapturó también el bello rostro de oro que tenía a mi lado.

Cuando el viaje terminó y pisamos tierra firme, el estómagome rugió de hambre, recordé entonces que no había desayunado ni tomado nada.Até mis brazos alrededor de mi barriga y rogué porque mi estómago se callara.

-¿Tienes hambre?-adivinó Draco.

Hice un mohín por haber sido descubierta y luego asentí sindecir nada, completamente apenada.

-Conozco un buen restaurante aquí cerca, ven-me sonrió,emocionado. O al menos eso era lo que parecía y me hizo seguirlo.

Dirigí una mirada al Chevrolet negro y Harry volvió aadivinar mis expresiones.

-No está tan lejos, podemos ir caminando, ven-me sonrió denuevo, y esa sonrisa ató una cuerda a mi cuerpo, obligándome a seguirlehipnotizada.

Apresuré mi paso y llegué hasta su lado, me sentía
tonta;él parecía un modelo de revista y yo
una adolescente común y corriente; peroaquello no me impidió caminar junto a él. Yo lo consideraba un privilegio y nosabía por qué.

-¿Qué te gusta?Además de tomar fotografías, claro-preguntó.

-Mmm
bueno, la lluvia, oír cómo cae y golpea eltecho-musité.

-Eso es relajante
y realmente bello.

-¿Y a ti? Además de la música.

-Bueno, soy un poco intrépido, me encanta ir de aquí paraallá, ya sabes, por eso me gusta viajar; ir por todo el mundo seríafantástico-la emoción brillaba en sus ojos haciéndolos lucir realmenteencantadores.

-Egipto-dije.

-¿Disculpa?

Me reí.

-Egipto es el lugar al que me gustaría ir, suena algo locopero
no sé, está tan alejado de todo esto que sería ese el lugar perfecto paraescapar de mis problemas.

-Wow
eso, suena bien.

-Hubiera deseado tener las posibilidades de haberlo hechocuando mis padres
-me quedé a la mitad de la frase, sintiendo de pronto algoque me raspó el pecho.

 

-¿Cuándo tus padres
?-inquirió.

-Murieron
-musité.

Su expresión cambió, aquella bella y deslumbrante expresiónde galán de pantalla fue sustituida por una cara de total ternura.

-Oh
lo siento mucho-su consuelo me hizo sentirinexplicablemente mejor- ¿Quieres contarme o prefieres no hablar del tema?

Me quedé en silencio un rato, y luego de mi boca comenzarona salir las palabras sombrías.

-Murieron en un accidente automovilístico. Un idiotaconducía ebrio y se pasó la luz roja
mis padres fueron los que rindieroncuentas a la muerte-la voz se me quebró, hablar de aquello no me era tanfácil-. Tres años de eso y aun me duele bastante-admití, con un hilo de voz-.Hubiera deseado ir yo con ellos para morir también-mascullé.

-Oye-se paró delante de mí e interrumpió mi caminar, me hizotambién alzar la vista para mirarle, su rostro estaba serio-, no digas eso-medijo-. Las cosas suceden por alguna razón, si tú estás aquí ahora con vida esporque Dios quiere que lo estés.

En sus ojos había una dulzura que no me había topado desdeque mis padres me daban mis presentes de cumpleaños o navidad, y queinexplicablemente me invadía todo el fuero interno y me daba una paz eficaz.Ese par de ojos plata en los que ahora me reflejaba me sacudieron el corazón yla tristeza que había en él, se alejó.

-Gracias-murmuré.

-¿Estás mejor?-preguntó- Lamento haberte hecho hablar deeso.

Cada que él me preguntaba aquello, no podía siquiera pensaren algún adjetivo negativo, no mientras tenía sus ojos grises reflejándome amí.

-Estoy
bien-sonreí.

-Bueno, démonos prisa, supongo que mueres de hambre; peroantes prométeme algo-levantó una de sus cejas y la expresión divertida volvió asu bello rostro.

-Dime.

-No estarás triste hoy, yo no lo permitiré-me dijo yenterneció cada célula dentro de mi cuerpo.

Sonreí.

-Prometido-musité.

Su sonrisa apareció en aquel rostro angelical y mi corazónse aproximó a mi pecho.

-Genial, entonces vamos-se colocó a mi lado de nuevo y mehizo caminar junto con él.

Ginny era muy, pero muy afortunada. Ahora sí que le teníaenvidia.

Seguimos caminando y tras unos minutos, me mostró un pequeñorestaurante propio de un hotel, y con mis torpes ojos y mi casi nulo aprendizajedel idioma italiano pude entender un letrero en la parte superior de la verdelona que decía Bonvecchiati. La primera reacción de mi cuerpo fue la sorpresa,aquel establecimiento era muy bello y parecía de verdad costoso.

-Te encantará la comida, ya verás-me dijo, con el entusiasmopalpable en su voz.

-Mmm
no es un poco ¿caro?-pregunté, terriblementeavergonzada ya que no contaba con mucho dinero italiano en mi bolsillo.

-No encontrarás mejor restaurante que este, anda, ven. No tepreocupes por el dinero-me sonrió y me tomó del brazo, algo que me erizó lapiel allí en donde él la estaba tocando, haciendo que una vibra recorriera miespalda.

Me jaló hasta allí y habló en italiano al mozo quien luegode unos segundos nos acomodó en una mesa cerca de la orilla de la terraza, endonde debajo corría un canal de agua.

Me senté en la silla que el mozo recorrió para mí y luegoDraco tomó su asiento enfrente de mí. El mozo, un sujeto calvo y refinado nosdio un par de menús y se retiró; inmediatamente hice un mohín al no entendernada en aquella carta color tinto.

 

-¿Qué quieres?-me preguntó Draco, amablemente.

Mi mirada revoloteó una vez más por la carta ininteligible yla expresión de confusión saltó a mi rostro. La entonada carcajada de Dracorebotó en mis oídos con ese encanto inspirador propio.

-¿Qué tal si pedimos lasaña? ¿Te gusta?-inquirió.

-Sí-me sentí tonta y avergonzada y puse la carta del menúsobre la mesa, junto a la que Draco también había dejado.

Ordenó en italiano al mozo que de nuevo se había acercado ydesvié mi atención hacía las aguas del canal que se abría paso debajo denosotros por todo el largo de la calle.

-Grazie mille-la inconfundible voz de Draco me hizo volteara mirarle y mientras le agradecía al mozo, escruté su bello rostro.

Sus ojos poseían un brillo especial, un brillo que opacabaferozmente al fulgor de las estrellas y seguramente las hacía ponerse celosas;ya que este resplandor que sus ojos soltaban era tan bello y delicado y porsupuesto, capaz de iluminar a toda una ciudad en tinieblas, también. Sus labiosrosados parecían el cojín de plumas bordado en seda de alguna realeza y alestirarse, formaban una bellísima sonrisa de ensueño, como la de un niñotatuada en la cara de un galán de revista. Su rostro era perfecto con ese tapizde piel clara como las perlas, todo perfectamente proporcionado.

-¿Tengo algo?-preguntó y me hizo aterrizar.



-¿Tengo algo?-preguntó y me hizo aterrizar.

-Ehhhh
¿por qué tu cabello es tan claro?-pregunte, peroluego pensé lo que mi boca dijo y en verdad quería matarme, ¿cabello? Toda lacomunidad femenina debería odiarme, en serio.

Se me quedo mirando, o no me creyó la pregunta o cree queestoy jugando. Pero luego sonrió a más no poder y miro a la ventana, creí veruna pequeña manchita roja en susmejillas, ¿Lo ruborice?

-Es de familia, casi todos tenemos el cabello albino, menosmi hermano-respondió el, muy seguro.

-¿Cómo es tu hermano?

Se puso un poco serio con la pregunta, ¿lo habrá incomodado?

-Lo conocerás

El mesero llego y nos sirvió la comida, hablamos de muchastrivialidades sin importancia, pero lo iba conociendo poco a poco, guapo einteligente, que mezcla dios mío.

-Tenemos que irnos-dijo dejando dinero sobre la mesa-tengoque pasar buscando unas cosas a la empresa de mi papa, y créeme cuando digo quea él no le gusta que llegue tarde.

-No hay problema, me podrías dejar a una cuadra delapartamento, quiero caminar y tomar fotos-dije parándome, pero igual quedabaenana al lado de él, creo que si estuviese sentada no habría diferencia alguna.

-Ginny me dejo órdenes estrictas de dejarte en elapartamento-dijo el con voz grave, pero sin dejar de ser divertida

-Por favor, anda di que si, necesito ir a una tienda de fotografías,Ginn me dio el nombre-dije haciendo un puchero, muy digno de mi edad ¿No?

-okok nunca me negaría a tus encantos de niña.

Eso hizo que el color me subiera a las mejillas rápidamente.Nos fuimos del restaurant y emprendimos camino de vuelta a casa. Me dejo en unaesquina cerca, no sin antes decirme que me cuidara y que cualquier cosa lollamara.

 

Camine hasta llegar cerca del apartamento, iba muy metida enmis pensamientos hasta que tropecé con algo, o con alguien.

Levanté la mirada y me topé con un bello rostro meramenteinmaculado. Su piel llana y pálida hacía lucir oscuros sus ojos, sin embargoposeían un hermoso color Siena con motas de luz y las pestañas se expandían confirmeza hacía arriba. Sus labios rellenos y rosados se estiraron y formaron unabonita sonrisa curiosa.

-Hola-pronunció.

-Hola-dije, medio atontada por el bello rostro juvenil quetenía justo enfrente.

-Perdóname. Es que soy un poco distraído-musitó, ligeramenteruborizado.

-No, no; la distraída soy yo-dije y luego me reí.

-Soy Theodore, pero soy mundialmente conocido como Theo-meestrechó la mano.

-Hermione -me presenté.

-Eres americana-adivinó.

-Sí, California, de allí vengo.

-¿En serio? Yo nací en Texas. Soy americano también; perocon raíces europeas-explicó.

Ahora había entendido entonces, por qué me había habladodesde un principio en español; pero luego dirigí la mirada hacía la puerta deldepartamento en el que él iba a introducir la llave antes de que yo le chocara.

-¿Vives aquí?-balbuceé, al captar el trío de números queformaban el trecientos ocho.

-Sí, con mi tía; te dije que tenía raíces europeas.

La vieja gruñona con la que Ginny me había dejado la llavede su apartamento era tía del lindo muchacho que me sonreía en este instante.Abrí los ojos ante la sorpresa.

-¿Eres sobrino de la señora Montórfano?-inquirí.

-Sí, ¿la conoces?

-Sí, bueno no-dije y su expresión pasó a ser una mueca deconfusión-. Mi amiga me dejó la llave de su departamento aquí y sólo pasé arecogerla, de allí conozco a tu tía-expliqué.

-¡Oh! ¿Eres tú la linda chica que se mudó con Ginny?-preguntó,como si hubiese completado un rompecabezas en su memoria.

-Sí y
gracias por lo de 'linda'.

-Oh, bueno, eres linda-musitó y se encogió de hombros-. ¿Vasa algún lado?

-Sí, a un laboratorio de fotografía. ¿Sabes dónde queda lacalle Squero de San Trovaso?-pregunté, mirando el papelito arrugado en mi manoy tartamudeando al leer el nombre de la calle.

-Sí, es cerca de uno de las canales hacía el norte.

-¿Está muy lejos?

-No, puedes ir caminando; son como cinco cuadras de aquí.

-Oh, gracias.

-Puedo llevarte si quieres, tengo auto-ofreció.

-No, gracias, hoy caminaré, tengo tiempo de sobra-musité conaplomo.

-Oh, está bien, ¿puedo invitarte luego un café? Paraconocernos, digo, vamos a ser vecinos-se encogió de hombros un tantoavergonzado y ligeramente ruborizado.

-Claro, me encantaría.

-Hasta luego, entonces.

-Hasta luego-dije-. Oh, y grazie mille-murmuré lo que habíaaprendido de Draco, cuando agradeció al mozo.

Theo me sonrió.

-Di niente, bella ragazza-pronunció.

Me ruboricé un poco y le dije adiós con la mano; luego bajélas escaleras y me encaminé por las calles de Venecia esperando encontrar loque buscaba.

Luego de unos minutos y de contabilizar mentalmente lascinco cuadras que Theo me había mencionado, miré hacía el pequeño recuadroblanco ubicado en el muro externo del último edificio de la cuarta calle:Squero de San Trovaso. Sonreí satisfecha al haber acertado en mi búsqueda.Tenía la calle, pero aun me faltaba el laboratorio, decidí caminar hacía laizquierda, en donde los números ascendían, tenía que encontrar el doscientostreinta y siete.

 

Afortunadamente lo encontré, además de que pude visualizarfuera del lugar el letrero en letras grandes y negras que decía "Photo Lab".Eso hasta un torpe puede entenderlo.

Crucé la acera y me adentré en el lugar solitario yoscurecido, solamente iluminado por las luces del exterior que traspasaban porel ventanal, pero aquello no redujo ni un poco los escalofríos.

-¿Hola?-musité, esperando a que alguien en el oscuro lugarme respondiera.

-¡Tonta máquina!-gruñó una voz fina y delicada que salió dedetrás de los almacenes. Una voz de mujer.

Me quedé pasmada, y mis pies se quedaron congelados en elmismo lugar en donde se habían parado.

-¿Hola?-volví a repetir, ahora un poco temerosa.



Hooola lectoreees, espero que esten bien,disculpen el retraso,estaba un poco ocupada, pero no mas :D comenten como va la historia hasta ahora, quiero opiniones por favor :3

Luego, una bella chica se asomó de detrás de aquellosgrandes almacenes y me miró con sus grandes ojos azules.

Su piel pálida, albina, mostraba las pecas esparcidas por sujoven rostro y el color mar de sus ojos artísticamente coloreados resplandeciócon la luz del exterior. Su cabello, alisado y con un color rubio platinado,estaba acomodado en capas y caía juguetón sobre sus hombros. Me sonrió, con suslabios rosados coloreados con brillo.

-Hola-me dijo, amable.

-Amm
hola.

-¿Hablas español verdad?-preguntó.

Asentí con la cabeza sólo una vez.

-Genial, entonces, ¿en qué puedo ayudarte?-me regaló unasonrisa bastante extensa, llena de amabilidad en donde pude distinguir losfrenillos en sus dientes; y a pesar de eso, era bastante fina y delicada.

-Bueno yo
-tartamudeé- quería, quiero-corregí- revelaralgunas fotos-dije.

-Oh, claro, sólo, ¿podrías esperarme un poquito? Tengoproblemas allá atrás con esa tonta máquina de fotocopiado-hizo un mohín.

-Claro-reí.

Se perdió de mi vista en aquella densa oscuridad detrás delos almacenes de los que antes había salido pero aun podía escuchar conclaridad sus refunfuños hacía la máquina.

-Eres americana, ¿verdad?-dijo.

-Emm
sí-intenté adivinar el lugar exacto del que proveníasu voz, elevando mi cabeza sólo un poco para poder ver algo-. ¿También tu?

-No, pero me encanta el continente. ¿De dónde vienes?

-California.

-¿En serio?-saltó de pronto del lado contrario al que sehabía metido y me hizo pegar un brinco.

-Sí-balbuceé.

-¡Qué emoción! Siempre he querido ir a América, pero aun mefalta mucho por vivir aquí así que-se encogió de hombros-. Me llamo Luna,nombre americano,inventado , ya lo sé-parloteó poniendo los ojos en blanco-,pero a mis padres también les gusta todo lo relacionado con America-me extendióla mano.

-Un gusto enorme, Hermione.

-¡Qué bonito nombre,Hermione! Me encanta-dijo e hizo que meriera, halagada.

-Gracias,Luna.

Aquella linda chica hizo que el tiempo que esperaba para quemis fotografías fuesen reveladas, se me pasara en un santiamén; platicabaconmigo y me hacía sentir como si me conociera desde hace años, además de queel entusiasmo que aplicaba en cada palabra me hacía sentir cómoda y familiarizada,Luna era casi igual.

 

-¿Quién es el chico lindo de las fotografías?-me preguntó,mientras sacaba tales papeles del ácido cianhídrico y los colgaba en el lazocon cuidado- ¿Un modelo?

-No-reí-. Es el novio de mi mejor amiga.

-¿Y lo tomaste como modelo?

-No exactamente-musité.

-Pues, sale en la mayoría de las fotografías-alzó susdelineadas cejas con gesto de acusación-. Y es muy guapo, déjame decirte.

-¿Insinúas algo?-entrecerré mis ojos en ella.

-No. Para nada-negó con su cabeza rápidamente e hizo que meriera.

-Fue accidental que mi lente captara su rostro, nadamás-expliqué.

-Está bien, está bien. Yo no dije nada. Pero ¿por qué nosale tu amiga?-acusó, indirectamente.

-Porque ese día sólo íbamos él y yo-murmuré y sus ojosgrandes y acusadores se posaron sobre mí, con cierta expresión de emoción.

-No es lo que piensas-manoteé torpemente como diciéndole queparara a sus especulaciones-. Ginny no pudo llevarme y ofreció a Draco, estodo.

-¿Ginny? ¿Draco?

-Oh, mi amiga y su novio.

Me dio una sonrisa cómplice que de momento no entendí.

-Pero es bastante guapo, ¿no?-insistió.

-Pues, sí. La verdad, lo es.

Sus ojos se posaron discretos sobre mí y pude notar susonrisa en aquel cuarto oscuro en el que estábamos revelando las fotos. Pero nodijo nada.

Había sido increíble haber socializado con Luna, era elprimer día que la conocía y me trataba como si fuéramos amigas de toda la vida,algo que por supuesto, me agradó completamente.

Decidí comer fuera, algún restaurante pequeño y no tanextravagante como al que Draco me había llevado el día anterior, además de queno tenía el capital monetario para pagarme algo así.

Cuando llegué al departamento, vi algo que me resultóextrañamente perturbador; abrí la puerta justo en el momento equivocado, quizási me hubiera apurado o tardado dos segundos hubiera sido mejor que llegar enel instante justo en que los labios de Ginny se aferraban a los de Draco comosi fuera una cuerda atada a otra. Algo golpeó cerca de mi corazón y lafierecilla enloqueció en su pequeña jaula.

-¡Perdón!-musité, terriblemente incómoda cuando sus miradasse posaron sobre mí. Algo que jamás me había pasado cuando veía a Ginny besar así a Nev, su ex novio.

-No te preocupes, Herms-dijo Ginny, amable y luego seacercó. Draco sólo me sonrió-. ¿Dónde has estado todo el día, bestia?

Me reí.

-Matando el tiempo-dije-. Sin ti aquí es muy aburrido-hiceun mohín.

-¿Te fuiste a vagar sola por las calles de Venecia?-abriósus grandes ojos cafés.

-No tuve más opciones, tampoco me iba a quedar sentada aquímirando televisión todo el día.

-¿Qué hay en el sobre?-observó el grueso sobre amarillo quesujetaba en mi mano izquierda, en donde Luna me había entregado las fotos quehabía revelado.

No tenía problema alguno en hacerle saber que eran las fotosque había tomado un día antes, el problema era que no sabía cómo explicarle porqué el rostro de su novio aparecía en la mayoría; tampoco sabía por qué teníamiedo de eso.

-Bue
bueno. Nada importante, fotografías-me encogí dehombros, nerviosa.

-¿De las que tomaste en el puente?

-Ajá.

-¡Quiero verlas!-exclamó, entusiasmada.

 

Por instinto sujeté el sobre con más fuerza en mi mano,produciendo arruguitas en el papel y haciéndolo crujir; mientras que mis ojosse abrían como platos.

-Emm
no son muy buenas, Ginn-tartamudeé.

-Cómo no van a ser buenas si eres una excelente fotógrafa.Anda, muéstramelas-insistió y quiso arrebatarme el sobre.

Lo llevé inmediatamente a mi espalda, resguardándolo. ¿Quéme costaba darle el maldito sobre y explicarle que el rostro perfecto de sunovio se había fugado en unas cuantas fotos? ¿Qué de malo había en eso?

-Emm
mañana, mañana te las muestro, estoy muy cansada hoy,además, aun tengo que eliminar bastantes, hay muchas que no me gustan-dije,torpemente.

-Hay algo ahí que no quieres que vea, ¿cierto?-me miró congesto acusativo.

Las manos comenzaron a sudarme y el corazón a latir másacelerado de lo normal. No sabía por qué me sentía como el culpable de undelito en el momento que es interrogado y a punto de ser descubierto en sufechoría.

-Sí, claro que lo hay. Fotos horrendas que no quieres ver.Dame un minuto, las ordeno y te las muestro, ¿está bien?-musité, torpe.

-Yo también quiero verlas-anunció Draco, que en todo el ratosólo había estado pendiente de la plática entre Ginny y yo.

-Emm
sí, denme un segundo, ya vengo-me escabullí hasta mihabitación y cerré la puerta tras de mí, sin esperar alguna palabra de algunode ellos.

Me senté sobre la cama con las piernas cruzadas y tomé elsobre amarillo entre mis manos; saqué de él las fotografías y lo primero en lo quemis ojos se enfocaron fue en el bello rostro que adornaba aquel papel impreso.Draco era tan hermoso, a su manera. Su despampanante sonrisa, deslumbrabaperfecta.

Revisé todas las fotografías, una y otra vez.

-Maldición-farfullé.

De las trece fotos que tenía en la mano, sólo tres eranantiestéticas. Tres eran las que no tenían el rostro perfecto de Dracoadornando la imagen. El problema era que Ginny había notado el grosor del sobrey llevarle sólo tres fotos resultaba ilógico cuando juntas no hacían ni mediocentímetro.

Suspiré y tomé las otras diez fotografías para guardarlas enel cajón de mi escritorio, debajo de todo el montón de papeles que ya teníaallí. Salí de mi habitación con el trío de fotos en la mano, esperando noencontrar alguna otra escena que me hiciera sentir incómoda y deseosa decubrirme los ojos.

Draco y Ginny hablaban tomados de la mano, él jugaba con susdedos. Traté de ignorar la irritante punzadita junto a los latidos aplomados demi corazón.

-Aquí están-las coloqué sobre el pretil de la cocina, endonde ambos estaban.

-¿Sólo tres?-rezongó Sharon.

-Te dije que no eran muy buenas-me encogí de hombros-. Lasotras están horribles-mentí, porque a decir verdad, eran las más hermosas-.Además no tomé muchas.

Allí, Draco pudo haberme desmentido, él sabía cuántas veceshabía disparado el lente de mi cámara capturando las escenas; pero no dijonada, sólo observó tranquilo cada una de las fotos sobre el azulejo del pretil.

Decidí cambiar de tema, antes de que alguna objeción porparte de Ginny insistiera.

-¿Sabías que la señora Montórfano tiene un sobrino?-preguntéa mi amiga, mientras que iba al refrigerador por un vaso de leche.

-Sí, Theo. ¿Por qué?-inquirió, y me sentí satisfecha dehaber logrado el cambio de ruta en la conversación.

 

-Hoy lo conocí-dije, sirviéndome la leche en el vaso quehabía tomado de la alacena.

-¿En serio?

-Sí, me lo topé esta mañana; es lindo-tomé de mi vaso y pudecaptar que la mirada de Draco se apartó de las fotografías y se posó curiosa ennosotras, en mí.

*********************************************************

Era sábado por la mañana, y yo buscaba de todo para matar eltiempo libre sin Ginny; así que le acepté el café a Theo, supuse que era unbuen pretexto para burlar las horas.

Theo me llevó a un café cerca del departamento en donde meacordé inmediatamente del día en que pasé con Draco, sin embargo, la emoción noera la misma.

-¿Puedo preguntar por qué viniste a Venecia?-me dijo, cuandola chica nos estaba acomodando nuestras tazas sobre la mesa.

-Bueno, vine primeramente para visitar a Ginny. Y para tomarun descanso de mi vida cotidiana-expliqué, dándole un sorbo a mi café.

El sabor a capuccino vagó por mi boca hasta mi garganta.

-Oh, ¿entonces vives con tus padres?-inquirió.

-No-dije, y salió mucho más seco de lo que esperaba-. Mispadres murieron en un accidente.

-Oh, perdóname, no debí preguntar-su bello rostro de ángelse tornó comprensivo.

-No, no te preocupes-musité.

-¿Sabes? Mis padres también murieron-comenzó a jugar con lataza mientras su mirada se fue profundizando en el líquido oscuro que contenía.

Esperé hasta que él decidiera continuar, pendiente de lasiguiente palabra que dijera.

-Bueno, en realidad, sólo mi madre murió cuando me dio a luza mí. Mi padre, bueno, el hombre que embarazó a mamá; se fue-explicó, su voztomó un tono agrio.

-Oh-musité.

No sabía qué más decir, pero lo entendía muy bien, al menosambos teníamos algo en común ahora. No teníamos padres.

-¿Desde entonces has vivido con tu tía?-pregunté.

-Sí. Mi tía me ha cuidado bastante bien, ha hecho unexcelente trabajo por diecinueve años y no podía estarle más agradecido.

Ahí caí en la cuenta de que Theo estaba en la gloriosa etapade las diecinueve primaveras.

-Qué linda tu tía-dije, y recordé cuando dije, o más bienpensé, que era todo una vieja amargada.

El me sonrió y me recordó a la sonrisa de Draco. Si tuvieraque comparar, sería bastante difícil darle el puesto número uno a alguien. Perohabía una vocecilla en mi cabeza que susurró fugaz el nombre del rubio.

La tarde con Theo fue excelente, su forma de ser tan maduroy natural fue lo que resulté admirando, además de su bello rostro delicado, porsupuesto. Cuando me di cuenta de la hora, fue cuando llegamos al departamentode nuevo. Eran las siete pasadas con quince minutos.

-La pasé muy bien, Theo, muchísimas gracias-dije apenas puseun pie fuera del ascensor, cuando me di cuenta entonces de que la puerta deldepartamento de Ginny era adornada por un bello ángel de oro. Que mantuvo sumirada sobre nosotros y sus brazos cruzados con indiferencia; siempre tanelegante.

Me sorprendí de ver allí al dueño de la mayor parte de mispensamientos. Aunque enseguida me retracté de esa idea; Draco no tenía por quéconvertirse en dueño de mi materia gris.

-Cuando quieras repetirlo, estoy más que dispuesto-me dijo,con esa sonrisa bonita sobre su rostro, haciendo que mi mirada se posara denuevo en Theo.

 

Dirigió luego la mirada a Draco y con un movimiento decabeza lo saludó. Éste respondió de la misma manera.

-Hasta pronto- Theo se acercó y me besó la mejilla.

Pude sentir el cálido y suave contacto de sus labios contraella, pero mi cabeza seguía funcionando tan perfectamente como antes. Ningúnpensamiento interrumpido, ningún atontamiento interno, simplemente nada.

Sin embargo, sí la mirada de Draco sobre el acto.

-Hasta pronto, Theo-dije.

Cuando lo vi introducirse a su departamento, me giré a mirara Draco, quien seguía parado allí, de brazos cruzados y mirándome.

-¿Decidiste hacerle caso a Ginny?-bromeó.

-¿Qué?-inquirí, confundida.

Se separó de la puerta cuando yo me dirigí para abrirla.

-Sí, eso de buscarte pareja-musitó, pero la broma ya no lesalió como tal.

Exploté en estruendosas carcajadas.

-Sólo salí a tomar un café con mi vecino para conocerlomejor-expliqué-. Eso no tiene nada que ver con los planes macabros de Ginny.

Él río.

-¿Con que son macabros? Se lo voy a decir, teacusaré-bromeó, divertido.

-No hace falta, ella lo sabe-abrí la puerta y Draco seintrodujo detrás de mí-. ¿Si sabes que Ginny llega hasta las ocho verdad?-dije,sarcástica.

-Lo sé, pero es que no tengo mucho que hacer y es mejorpasar el rato aquí mientras que la espero.

-Bueno, es agradable tenerte aquí mientras que llega-pensé
esperen, esperen, no lo pensé, ¿lo dije?

-Gracias, qué linda-musitó y en ese momento di gracias deencontrarme de espaldas puesto que todo el color se me subió al rostro-. Mañanasaldremos todos, así podrás conocer a mi hermano, Harry, ¿lo recuerdas?-dijo,totalmente ajeno al caos que estaba habitando en mi interior debido a sus palabras.

-Emm
sí, estoy emocionada-farfullé.

-Harry también.

Así, planeamos lo que sería el día de mañana y estar a sulado lo encontraba cada vez más cómodo y magnífico. El tenía ese raro poderpara maravillarme, dejarme sin el habla o adivinarme los pensamientos a veces;era simplemente sensacional y la fierecilla se regocijaba llena de felicidad;pero sólo hasta que llegaba Ginny, porque luego, al verlos reírse el uno con elotro y llamarse "amor" ésta empezaba a incomodarse y me hacía salir de laescena cursi que no queríamos ver ni ella ni yo. Porque empezaba a resultarmedrásticamente incómoda.

*******************************************

-¡Bestia, arriba!-Ginny tenía la costumbre de despertarme con golpesen la puerta, por eso era lindo que se fuera a trabajar.

Balbuceé entre la almohada y luego comprendí que losmolestos golpes en la puerta no pararían hasta que Ginny me viera con los ojos abiertos. Me llevé lospuños a los ojos y comencé a tañarlos para desemperezarme, luego abrí paso a unbostezo grande.

Me paré con pereza y abrí la puerta, ella estaba en lacocina buscando algo en el refrigerador. Me miró.

-Ponte algo lindo, algo verde, a Harry le gusta elverde-dijo.

-Estás loca-musité y me di la me di vuelta para vestirme.

-Si quieres gustarle a Harry, escucha mis consejos-gritódesde la cocina.

-No quiero gustarle a Harry, ¡ni siquiera lo conozco!-mequejé, saliendo de nuevo de mi habitación; increíblemente asombrada del esfuerzode Ginny por emparejarme.

 

-Sólo vístete, ¿quieres? Ellos llegarán en cualquiermomento.

-Eres perversa-la fulminé con la mirada.

-Pero así me quieres-me sacó la lengua y me vi obligada areír.

-Tonta-dije.

Me vestí con una blusa azul turquesa y con unos jeansentubados, sólo por llevarle la contraria a Ginny. A los pocos minutos, oí eltimbre sonar, y la fierecilla empezó a saltar de un lado a otro cantando elnombre de Draco.

Salí de mi habitación al oír el murmullo de las voces, yallí junto al ángel de oro, reposaba otro.No se parecía a Draco, tal vez fueraadoptado, o el producto del encuentro de su madre con el vecino, o tal vez,Draco salio a su mama y Harry a su papa, o viceversa, sin embargo, su cabello eraliso, casi como el de Draco; pero totalmente negro; su piel, casi del color dela de su hermano, hacía lucir sus ojos verdes, y cuando me sonrió, se leformaron unos lindo hoyitos en sus mejillas.

-Hola-musité.

-Hermione, mira, él es Harry-me dijo Ginny, empujándome porel codo hacía el par de ángeles.

Extendí la mano para saludarle y él respondió mi saludo.

-Hola-me dijo.

No estaba muy segura, pero sentía dentro de mí como dospartes; una, atenta a Harry; pero la otra, atenta a Draco. Seguro la fierecillaestaba dentro de la segunda.

-Bueno, ya que se conocieron, ¿a dónde vamos a ir?-preguntóGinny.

-¿Quieren desayunar en
?-la voz de Draco habló por fin, yyo, completa, me perdí en ella.

Dejé de oír entonces la conversación que tenían los tres, dehecho, mis ojos estaban tercos y habían dejado a mis otros sentidos inactivos,ya que ellos se aferraban a mantener la vista en Draco.

Los labios de los demás dejaron de moverse, luego memiraron. ¡Reacciona! Me ordenó una voz en mi cabeza. Entonces mis sentidoscomenzaron a activarse de nuevo.

-¡Bestia!-me sacudió Sharon.

-¿Eh?-musité, terriblemente desconcertada.

-¿Que si quieres desayunar pizza?-me preguntó.

-Amm
sí-dije.

¿Cuánto tiempo me habían estado hablando?

-Vamos, entonces-concluyó Draco.

Nos dejaron pasar primero y luego, en la Hybrid de Draco nosdirigimos a un pequeño local de pizza, que desprendía el aroma a salsaabarcando alrededor de unos tres metros y medio.

Nos sentamos en una mesa, Draco y Ginny en un lado y Harry y yo en el otro. Ambosenfrente de ambos.

-Pidamos la pizza típica, para que Hermione pueda probarla.Apuesto a que jamás has probado una hecha en Italia.

-Eso es obvio, Ginny, ya sabes que no-dije, riendo.

Luego de unos minutos, la pizza estaba servida enfrente denosotros; y el olor a queso y salsa se desprendía en cada movimiento mínimo dela pizza. Me sirvieron dos rebanadas, que inmediatamente me comí, ya que sabíadelicioso; mientras que intercambiábamos la típica información de los que reciénse conocen.

Yo miraba a Draco sólo cuando nadie me observaba a mí,evitando ser descubierta mientras lo apreciaba en cada paso que daba, cadagesto que hacía y cada palabra proveniente de sus labios. Él era hermoso a supropia manera y ni siquiera se daba cuenta de eso.

Al terminar, fuimos a caminar a uno de los tantos canales. Ala fierecilla no le gustó para nada que Draco y Ginny se adelantaran, dejándonos atrás. Miré launión de sus manos y la compatibilidad entre ambos, era como si estuvieranhechos el uno para el otro, las sonrisas entre ambos, las miradas, sus gestos,su aspecto; todo era como si al juntarlos formaran un equilibrio, el ying y elyang. Algo golpeó en mi estómago, se sintió como si dentro hubieran tirado unapiedrita a alguna de sus paredes. Como cuando un bebé patea, pero no en esaforma tierna.

 

-Hermione-Harry musitó mi nombre y me giré a mirarlo-. Eresmuy distraída, ¿no?-rió.

-¿Disculpa?

-Te llamé como tres veces y parecía como si fueras en tupropio mundo-explicó.

-Oh, sí, perdóname-gesticulé con la mano.

-¿Piensas en algo acerca de ellos?-adivinó, increíblementerápido, haciendo un asentimiento de cabeza en dirección a su hermano y miamiga.

-¿Eh? ¿Por qué dices eso?-pregunté, nerviosa.

-No sé, quizá porque te les quedaste mirando conprofundidad-se encogió de hombros.

Reí, aun más nerviosa.

-La verdad, sí-admití-. Pienso que de verdad están hechos eluno para el otro-dije y la fierecilla no estuvo para nada de acuerdo conmigo yme rasguñó allí dentro.

El ceño de Harry se frunció y su mirada se posó en el suelo,mirando sus pies al caminar.

-Sí-farfulló.

-No te oyes muy convencido-acusé, repentinamente curiosa.

-No, sí lo estoy-balbuceó, pero se le escondía entre su vozalgún cierto matiz de resignación-. Ginny es muy buena-la miró y sonrió-, tieneuna sonrisa muy bonita, como muy sincera; sus ojos grandes y azules son como side verdad fueran la ventana de su alma; sus lindos gestos cuando te habla tehacen reír
¿has notado que cuando se encuentra con alguien se emocionamuchísimo? Y luego ese abrazo que te da, emocionada-musitó, completamenteperdido.

-Espera, espera
¿tú
?-no pude terminar la pregunta, mellevé las manos a la boca cuando Harry me miró con sus ojos verdes como platos,como si haya soltado un secreto que no quería decir.

-¿Qué?-preguntó, con la voz temblorosa.

-¡Tú estás enamorado de Ginny!-adiviné.

Ahora comprendía lo que Draco me había dicho el otro día, lode que su hermano estaba enamorado de una chica misteriosa. Por supuesto, no lequería decir, porque la "chica misteriosa" era su mismísima novia.

-¡¿Qué?!-bramó, y pude jurar que vi el sudor perlar sufrente.

-Por favor, ¡soy mujer, a mi no me engañas!-no sabía por quépero una sonrisa empezó a expandirse por mi rostro.

-¡Ssshh!-gesticuló, nervioso hasta más no poder.

-¡Entonces es cierto!-la sonrisa se expandió hastaconvertirse en un agujero extenso en mi rostro.

-No digas nada, por favor-me suplicó.

Me llevé ambas manos a la boca, tratando de aplacar miemoción.

-Hermione, nadie lo sabe-dijo, angustiado.

-Tranquiló, descuida yo no
se lo contaré a nadie-prometí,aun medio emocionada.

-¡Soy un pésimo hermano!-exclamo, gesticulando desesperado-¿Quién se enamora de la novia de su propio hermano?

-Oye, tranquilo-a juzgar por su expresión, parecía como siestuviera a punto de llorar. La fierecilla cantaba de placer y esta vez yodesconocía el por qué-. No eres el único, he oído bastantes casos-enrosqué mibrazo al suyo, como si ya le tuviera la suficiente confianza para hacerlo; peroél no se quejó.

-Sí, pero no es bueno que me pase precisamente a mí, ¿sabeslo que es tener que soportar cada beso, o caricia entre ellos; cuando pordentro duele?

 

-Sí-dije, inmediatamente; sin saber por qué, era como si laotra parte fuera la que hubiera hablado.

-¿Ah sí? ¿Te has enamorado del novio de tu hermana?

-Pues no, soy hija única-reí, pero volví a la seriedad denuevo-. Pero te entiendo, extrañamente. Sé cómo se siente. Es como si quisierasescapar de la escena cuando ellos se besan, salir corriendo y borrar elrecuerdo en tu mente; pero mientras más lo intentas, se vuelve más nítido.

-¡Exacto! Vaya, nunca pensé que hubiera una persona que meentendiera en ese aspecto.

-¿En qué aspecto?-de pronto la voz de Draco apareció en laconversación, materializándose con Ginny junto a nosotros.

Ambos los miramos con los ojos abiertos de par en par.

- Draco, ¿recuerdas lo que te dije acerca de la privacidadde las personas?-inquirí.

-¿Es el primer día que se conocen y ya tiene secretos entreambos?-preguntó, queriendo sonar divertido, pero pude identificar en su vozalgún tono amargo muy bien escondido.

-¡¡Uuuyy!!-bromeó Ginny, atada de la cintura de Draco.

La fierecilla refunfuñó palabras ininteligibles.

Miré a Harry, quién mantenía su mirada fugaz, primeromirando el piso, luego a mí, después a Ginny y por último a Draco, para después volver al piso. Imaginé que estabaideando alguna forma de salir del embrollo.

-¿Sabes Ginny?-dije, como si nada- Creo que invitaré a salira Theo-solté, no muy segura de lo que estaba haciendo; pero si algo había quedistrajera a Ginny de emparejarme con Harry, era emparejarme con alguien más.

Funcionó, la mirada de todos se posó sobre mí. La de de Harry,agradecida por haber cambiado de tema; la de Ginny, resplandeciendo de emoción;y la de Harry, sería, rara.

-¿En serio?-gritó de emoción.

-Sí, la verdad es que es un chico muy agradable y muy lindoademás-dije, al fin y al cabo eso sí era verdad.

-¿Y cuándo?-se soltó de la cintura de Draco y ató su brazoal mío, haciéndome caminar y separándome de Harry.

Ellos nos siguieron muy de cerca.

-No lo sé, mañana quizá-me encogí de hombros, indiferente.

-¿Entonces te gusta Theo?-preguntó y miré por la colilla delojo a Draco, quien iba un paso atrás de nosotras junto con Harry;repentinamente atento, de nuevo.

¿Qué iba a decir? si decía que sí, Ginny especularíabastante hasta llegar a los planes de boda, era capaz; si decía que no,entonces no concordaría en nada con lo que yo había dicho antes, y quedaríacomo
una tonta.

-Pues
emm
-tartamudeé.

-¡Chicos miren eso!-interrumpió Harry, señalando hacía unagóndola- ¡Quiero subir!

-¡Yo también!-dijo Ginny.

-¿Qué dicen, chicos?-preguntó Harry.

-Emm
bueno, yo
paso-musité, no tenía muchos ánimos desubir y andar sobre las aguas.

-Yo también-dijo Draco, con las manos en los bolsillos-.Vayan ustedes, nosotros los esperamos.

Capté la situación entonces, Draco y yo, solos de nuevo. Lafierecilla brincó de alegría, y su grito era completamente entendible: ¡Sí, sí,sí, sí!

-¿Quieres ir, Ginny?-preguntó Harry.

-Sí, hace mucho que no me subo a una, pero quiero que Dracoy Herms vengan también.

-Perdóname, Ginn; de verás, yo paso. Puedes ir tú, Draco-dijeal interpelado-. No se preocupen por mí, yo los espero.

-No, vayan ustedes-dijo él-. Esperaremos aquí-sonrió y besóla frente de Ginny.

 

-Aguafiestas-se quejó Ginny, pero igual se alejó junto conHarry hacía la góndola.

Pero antes, Harry me miró y me guiñó un ojo disimuladamente,entonces caí en la cuenta de que había hecho lo mismo que yo había hecho antescon él; sacarme de una situación incómoda.

Cuando se perdieron entre la multitud, me giré a mirar aDraco.



Holaaaaaaaaaaa lectores, como estan? se preparan para las fiestas verdad? regaaaaaaaalosssss ajajjaajajajaja

-¿Por qué no fuiste?-pregunté. 

Se encogió de hombros.

-Ya me subí la vez pasada, me gusta más estar entierra-dijo.

-Ya somos dos.

Nos sentamos en una de las bancas, sintiendo cómo el airemovía mis cabellos.

-¿De qué hablaban Harry y tú?-preguntó, como quien no quierela cosa.

Me solté a reír.

-Ya recordé que eres curioso-musité.

-Qué bueno que lo sabes, así que dime ahora-quiso sonreír.

-No, no te voy a decir. Eso es entre tu hermano y yo-nosabía por qué, pero la fierecilla se sentía demasiado bien provocando celos enDraco, o al menos, creyendo que lo hacía.

-Me voy a enterar, ya verás-amenazó y luego sonrió.

-Ya veremos-reí.

-¿Quieres un helado?-preguntó.

-¿Intentas sobornarme con helado?

El rió.

-¿Puedo?

-Lo siento, no-negué con la cabeza, divertida.

-Bueno, entonces te lo invito, ¿quieres?

Le miré, entrecerrando mis ojos en él.

-Sin mañas-alzó las manos.

-Está bien.

Nos paramos y nos dirigimos a la pequeña heladería queestaba enfrente.

-¿De qué lo quieres?-me preguntó.

-Chocolate.

Me sonrió y luego se dirigió hacía el chico rizado detrásdel mostrador.

-Due gelato al cioccolato, per favore-musitó, con ese acentoitaliano ferozmente irresistible.

-Subito-dijo el chico y se dio la vuelta, tomando dos copasy depositando en ellas dos bolas grandes de helado de chocolate en cada una.

Le colocó chispas de chocolate arriba y luego nos loentregó. Yo le agradecí con una sonrisa. Draco le pagó al chico y éste se diola vuelta de nuevo para tomar el cambio.

-Che bella coppia che fate-dijo él, cuando le devolvió elcambio a Draco y luego me sonrió.

Draco rió y guardó su cambio en el bolsillo trasero de supantalón.

-Grazie-musitó.

Me sentí tonta, definitivamente tenía que aprender italiano.Cuando salimos del establecimiento me mordí el labio inferior, indecisa depreguntarle a Draco, qué era lo que había dicho el chico.

-¿Está rico?-me preguntó él, con esa sonrisa burlona en surostro.

-¿Eh? Sí-dije.

-Ni siquiera lo has probado-observó y luego comenzó a reír.

Qué torpe.

-Ah, sí, cierto-reí, sintiéndome de verás tonta-. Oye, ¿quédijo el chico cuando te devolvió el cambio?-pregunté, tratando de no vermecuriosa.

El rió.

-¿Por qué quieres saber?

-Es bueno recopilar palabras en italiano para aprenderlo-quéexcusa tan tonta.

Rió por lo bajo.

-Bueno, te digo si me dices lo de Harry-negoció.

-Olvídalo-me negué.

-Eres dura-rió.

-Sí, y tú muy curioso. Así que olvídalo.

-Está bien. Ya veremos quién sede primero-especuló,divertido.

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No llevaba la cuenta de los días en un calendario, pero yaeran más de dos semana las que habían pasado desde que yo había llegado aVenecia, y con ello; la amistad crecía por varios caminos.

 

Theo, se había vuelto una persona muy comprensible y amableconmigo, incluso, cuando lo invité a salir yo, se mostró emocionado ydispuesto; ahora nos veíamos para tomar un café cada vez que queríamos, o sino, simplemente nos poníamos a platicar en el pasillo antes de entrar anuestros respectivos departamentos. Había descubierto además, que teníaespíritu de poeta.

Con Harry era distinto, había muchísima confianza, debido aque yo era la única persona que había descubierto su secreto y ahora, contarnoscosas era parte de una plática casual entre ambos. Era bastante atento y siempreme preguntaba por Ginny. Cuando salíamos a pasear, nunca nos faltaba de quéhablar y al final del día, terminábamos contándonos secretos pequeños.

Luna era otra de las personas con las que había logrado unabellísima amistad en menos de una semana; su simplicidad y simpatía habían sidofundamentales para ello. Era muy animada y siempre, me contara lo que mecontara, me sacaba una sonrisa. Además de que yo tomé por costumbre ir alnegocio de su familia a revelar mis fotografías. Tenía apenas dieciocho años,pero su mente era tan madura que parecía incluso mayor que yo.

Draco, ese era un caso muy distinto a todos. Él se habíavuelto un gran amigo, el tiempo que compartíamos juntos era mucho más grandeque el de cualquier otro, debido a que cada noche a las siete tocaba el timbrey pasábamos una hora riendo, hablando y a veces jugábamos con la baraja decartas que Ginny conservaba de su padre. Sí, la amistad entre él y yo crecíacada vez más; pero junto a ello, crecía también una extraña emoción cuando leveía, una extraña sensación cálida en mi estómago y un entusiasmo palpable aloír el timbre sonar cada noche. Pero sólo hasta que llegaba Ginny, porque luego,la fierecilla se apoderaba de mí y podía sentirla en mi fuero internoperfectamente disgustada, ella quería más tiempo con Draco. Todo aquellocomenzó a darme cierto temor, estaba experimentando sensaciones bastanteextrañas, al menos las denominaba así porque no tenían que pertenecerle alnovio de mi mejor amiga.

Miré el reloj en forma de gato que pendía de la paredcercana a la cocina, eran las cuatro y media de la tarde. Tomé mi morral y medirigí al estudio de fotografía de los Agnelli, para que Luna me ayudara conlas fotos, como siempre. Al salir me encontré con Theo quien al instante meregaló una bonita sonrisa.

-¿Vas a algún lado?-me preguntó.

-Sí, al laboratorio de fotografía de los Agnelli.

-Oh, ¿quieres que te acompañe?-se ofreció.

-Sí quieres, a mi me encantaría.

Así, salimos hasta allá. Theo era muy inteligente y laverdad es que bastante apuesto también. Ginny me había mencionado varias vecesque era muy obvio que yo le atraía a Theo; sin embargo, era como si mis ojoshayan quedado cegados por un meteoro, y ya no pudieran ver las estrellas. Eneste caso; Draco sería el meteoro y Theo la estrella.

Cuando llegamos, Luna tardó en salir, estaba peleando con lamáquina de impresión, de nuevo.

-¡Espera sólo un momento, Herms!-gritaba desde atrás,mientras que yo no dejaba de reír. Pobre de ella, esa máquina siempre le sacabacanas verdes.

 

Theo permaneció tranquilo, observando las cosas en el local,hasta que Luna apareció por fin detrás del mostrador.

-¡Listo!-me sonrió con esa sonrisa que se expandía tiernasobre su rostro.

Cuando Luna desvió la vista de mí, la posó en la única otrapersona que estaba conmigo. Theo la miraba embobado.

-Oh-musité-, Luna, te presento a un amigo. Theo, ella esLuna-dije al interpelado-, de la que tanto te he hablado; Luna, el es Theo, mivecino.

La cara de Theo era de sorpresa, asombro y fascinación y ensus ojos existía un brillo que hace unos minutos no se encontraba allí.

-Hola-balbuceó.

-Hola-respondió ella.

Ambos se sonrieron y luego Luna me dedicó su atención a mí.

-¿Fotos nuevas?-me preguntó, entusiasmada.

-Ya lo sabes-reí e hicimos lo de siempre.

Luego de unas horas y de que Theo y Luna se conocieran más.Decidimos él y yo que era hora de regresar. El sol ya se había puesto cuandoTheo y yo caminábamos hacía el edificio.

-Tú amiga es muy bonita-musitó, ruborizado ligeramente-. Muysimpática, además.

Me solté a reír.

-Creo que lo pude haber adivinado-admití y él enrojeció más,la pálida piel de sus mejillas se pintó de color rojo.

-¿Por qué dices eso?-preguntó, avergonzado.

-Por tu cara y cómo la mirabas.

-¿Tan obvio era?-hizo un mohín.

-Algo.

Ambos reímos.

-¡Theoooo!-dije, de pronto, quizá hasta sacándole un sustopor la forma en que me miró- ¡Tú sabes italiano!

-Emm
sí-musitó sin comprender; y es que había cambiado detema repentinamente.

-Dime qué significa
-hice memoria para acomodar las palabrasen orden y tratar de pronunciarlas correctamente- "Che bella coppia che fate"

A lo mejor Draco creía que ya se me había olvidado lo que elmuchacho de la heladería nos dijo y que no me quiso traducir, pero para malasuerte de él, yo tenía muy buena memoria.

-Qué bella pareja hacen-dijo, Theo.

-¿Disculpa?

Theo rió.

-Eso significa.

Abrí los ojos ante lo poco evidente y ante la ilógica de queme emparejaran a mí con Draco. Luego me solté a reír de nuevo; no sabía siavergonzada o de verás divertida.

-¿Por qué?-inquirió, Theo.

-Porque
lo vi en la televisión, en una película. Quería saberqué significaba-inventé.

-Claro-musitó.

____________________________________________

-Buenas noches, Theo-dije, fingiendo un bostezo.

Lo cierto era que después de mí tarde con Theo y Luna, noestaba cansada; pero sí quería escapar de las escenas que Draco y Ginnyprotagonizaban en la sala. El chasquido de sus labios al juntarse, lossuspiros, las caricias que se daban, todo me resultaba ahora insoportable.

-¿Tan pronto te irás a dormir?-me preguntó.

-Sí, estoy muy cansada- me pregunté si fingir otro bostezosería muy exagerado.

-Está bien, hasta mañana. Descansa, que tengas una lindanoche-me dijo y tuve que hacer hasta lo imposible por reprimir un suspiro.

-Gracias. Le dices a Ginny que me fui a dormir. No sé porqué esa mujer se tarda tanto en el baño-bromeé-. Hasta mañana.

Me dedicó una última sonrisa y al instante me vi obligada aresponderla. No hacerlo sería prácticamente irrealizable.

_____________________________________________

A la mañana siguiente, el día había amanecido perfecto paraver una película, o al menos, a mí se me había antojado hacerlo. Fui a un videoclub cercano, y renté una de terror cuyo título no entendí pero la portada síque era macabra.

 

Desayuné afuera y en la tarde me cociné un par de huevosfritos. Cuando el reloj marcó las seis de la tarde y sin más planes en milista, decidí ver la película que había rentado. La coloqué en el DVD de Ginny ypuse los subtítulos en español. Apagué las luces y me acurruqué en el sofápequeño tapándome con una manta violeta que estaba allí, dejando que eldepartamento fuese iluminado sólo por la luz exterior. Le puse play a lapelícula y comencé a ver cada una de las escenas que el televisor proyectaba.

Había pasado casi la hora y yo me aferraba a la mantaretorciéndola entre mis manos, terriblemente aterrada y con el corazón a milpor hora; jamás me había espantado tanto viendo una película como ahora. Eltelevisor reflejaba sobre mí aquellas imágenes del perro protagonista quedejaba salir de su hocico la rabia que infectaba como un virus al desafortunadoque se cruzaba con los filosos y ensangrentados dientes del can,convirtiéndolos en reflejos del horroroso animal que los mordía. Estabacompletamente aterrada.

Unos golpes en la puerta me hicieron dar un tremendo brincoen el sofá y un alarido de espanto de mis labios. Comprendí luego que sólo eraalguien que llamaba a la puerta.

Le puse pausa a la película y salté del sofá casi adivinandoquién estaría del otro lado.

-¡¡Draco!!-grité, noventa y nueve por ciento aliviada.

-¿Te ocurre algo?-preguntó, preocupado.

-¡Estoy viendo una película de terror horrible!-expliqué ylo introduje tomándolo de la mano.

-¿Qué película?

-No sé, una de un perro rabioso que infecta un virus-dijeatropellando las palabras, y señalé el televisor.

-Estás viendo Infectados. No da tanto miedo-rió.

Fruncí el ceño.

-¿Estás loco o no eres humano?-farfullé- ¡Claro que damiedo!

Sonrió.

-¿Entonces por qué la ves?-inquirió, divertido.

-Pues
porque
porque
no sé, es horrible.

-Sí, pero aun quieres terminar de verla, ¿cierto?

-¡Claro! No voy a quedarme a la mitad de la trama, ¿quieresver lo que queda conmigo?

-Por supuesto, y luego quién va a protegerte-sonrió conautosuficiencia.

-Gracioso-lo fulminé con la mirada.

Me acomodé de nuevo en el sofá y después Draco se sentó enuno de los brazos de éste, pasando su brazo sobre el respaldo; ambos estábamosmuy juntos y mi corazón comenzó a acelerarse. Di 'play' a la película de nuevo,y la escena que había quedado pausada continuó moviéndose; ahora ya estaba todomás oscuro y sólo podía ver tenuemente el reflejo de la luz del televisor sobrenuestra piel.

Una escena me obligó a cerrar los ojos con fuerza y adesviar mi rostro hacía el respaldo del sofá; pero con lo que mi rostro se topóno fue con el terciopelo del mueble, sino con un abdomen duro revestido de unafranela blanca y un suave y varonil perfume tan cerca de mi nariz. 

Caí en la cuenta entonces de que estaba ocultando el rostroen el abdomen de Draco; me iba a retirar, completamente sonrojada y porsupuesto iba a pedirle disculpas; pero entonces, unos fuertes y viriles brazosse ataron a mí alrededor haciendo que el corazón se me cayera hasta el piso.Aquello era una cárcel meramente hermosa y yo su indigna prisionera.

 

De repente, todo el miedo se evaporó.

Mi nariz aspiraba su delicioso perfume mientras que sentísus manos acariciando mi cabello, inmediatamente la piel se me erizó. Podía oírperfectamente el latido de su corazón estallar en mis oídos; un latido raro:rítmico pero acelerado, tranquilo y rápido a la vez
"Pum, pum, pum" estallandoen mis oídos, y yo allí, entre sus brazos, protegida.

Me atreví a levantar el rostro y miré más de cerca el suyo;su mandíbula y cuello, donde los hermosos lunares eran muchos más de los que yome había percatado y su piel, resplandeciendo con la tenue luz del televisor.Entonces bajó la cabeza y me pilló mirándole. Enrojecí en plena oscuridadcuando me vi reflejada en el color gris de sus ojos, tan cerca. Parpadeó un parde veces y su cálido aliento me golpeaba el rostro. A esa distancia tan mínima,su rostro era aun más hermoso.

Hubiera querido tener telepatía para saber qué es lo que élestaba pensando ó si estaba en el mismo caso que yo, por que yo no podíapensar.

-¡Chicos ya vine!


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hoooliiiiissss Lectores les tengooo una notiiiciaaaaaaa!!!! mas adelante se las digo :D

-¡Chicos ya vine!

Ambos pegamos un brinco al oír la voz de Ginny y ver el rayode luz que la puerta abierta introducía a la habitación. Nos separamos tanrápido que no pude ni procesar la información del todo bien. ¿Ginny? ¿Ella quehacía aquí? ¿Eran ya las ocho de la noche?

-¿Por qué está tan oscuro?-preguntó y luego las luces mecegaron.

Parpadeé repetidas veces, atolondrada y desconcertada.

-Estábamos viendo una película-explicó Draco, quien derepente se encontraba muy lejos, a diferencia de cómo lo había tenido antes.

¿Cuándo se alejó tan rápido?

-¿En serio? ¿Cuál?-preguntó Ginny, tratando de ver hacía eltelevisor y de descifrar a qué filme pertenecían esas escenas.

-Infectados-dijo, Draco.

-Herms, yo no sabía que eras masoquista-bromeó Ginny y sóloentonces, cuando oí mi nombre, aterricé-. Esa película es aterradora-musitóhaciendo un mohín-. ¿Por qué la rentaste?

-Porque no sé italiano, ¿te parece una buena excusa?-musité,medio atontada. Aun no sabía qué había ocurrido y por qué Ginny estaba allísiendo las siete con treinta.

Ella soltó una risotada.

-Ginn, amor. ¿Por qué llegaste temprano hoy?-preguntó Draco.

-Ah, hoy salí temprano-se encogió de hombros. Se puso enpuntitas para besar los labios de su novio y me giré instantáneamente, depronto mas aterrorizada por esa escena que por el filme.

Oí el chasquido de sus labios al unirse y quise taparme losoídos o subirle todo el volumen a la TV con tal de que me fuera imposiblecaptar ese tipo de sonidos.

La fierecilla apareció de pronto, atenta, molesta y enfurruñada.Se movía inquieta dentro de mí estómago y me rogaba que me levantara del sofá yme largara.

Miré por la colilla del ojo y pude verlos aun besándose. Lafierecilla se removió y comenzó a rasguñar lastimosamente. Ahora era unsentimiento casi palpable, podía sentirlo con claridad dentro de mí, algunaespecie de punzada cerca del corazón que hacía los latidos pesados, moribundos.Esto no debía de hacerme daño
pero me lo hacía.

 

Me levanté del sofá y quité la película del televisor. Hiceruido cuando el control del DVD se me cayó de la mano al presionar su botón confuerza excesiva. Pero al menos sirvió para que Draco y Ginny se dejaran depasar microbios y me miraran.

-Perdón-farfullé.

-¿No vas a terminar de verla?-preguntó Ginny.

-No, recordé que tengo que arreglar mis cosas-dije, mientrasponía con movimientos torpes el DVD de nuevo en su lugar.

-Ay Hermione, pero tú nunca arreglas tu habitación-me acusó.

-No me refiero a eso Ginny-la miré-; lo que quiero decir esque mañana saldré con Theo y me llevaré la cámara-no sabía de dónde habíasalido la mentira, por que eso era, una mentira; Theo y yo no teníamos planesde nada-. Y por cierto, yo sí arreglo mi habitación, aunque no muy seguido.

Ginny ignoró mi último comentario.

-¿Saldrás con Theo de nuevo? Vaya, ¿cuántas veces ya son?-seemocionó y comenzó a especular.

-No las cuento, Ginny-dije y me reí.

-¿Y a dónde irán? ¿De nuevo a tomar café?

Miré el rostro de Draco, aun lado del de su noviaconjeturante y pude ver en él ese tipo de gesto que le producía cada vez que yohablaba de Theo. Aquello me alentó a seguir con la mentira.

-No, a la plaza de San Marcos-dije-. Así que si medisculpas, tengo que ir a ver que me pongo-sonreí, pero de esa manera en la quesonríen las brujas malvadas de las películas.

-¿No vas a cenar?-inquirió Ginny.

-No, no tengo hambre; pero si acaso me da, creo que tengouna barra de granola en mi escritorio-me encogí de hombros.

-Está bien.

-Hasta mañana, Draco-dije, cordialmente y le sonreí. Deverás que me sentía mala y a la fierecilla le gustaba eso.

-Hasta mañana, Hermione-musitó, serio y sin sonrisa.

Me di la media vuelta y me dirigí a mi habitación. Habíacalmado a la fierecilla e incluso le había dado una dosis de satisfacción, peroahora tenía otro problema. ¿De dónde demonios había salido mi mentira? No mequedaba más que sólo cruzar los dedos para que Theo pudiera ser mi cómplice yaceptara la invitación que le iba a hacer.

Marqué rápidamente el número de Theo y me aparté de lapuerta para que no pudieran oírme. Timbró un par de veces y a la tercera su vozde ángel contestó del otro lado de la bocina.

-¿Herms?-me dijo, sorprendido por mi repentina llamada.

Él siempre era el que me llamaba a mí.

-Hola, Theo, ¿cómo estás?-susurré casi.

-Bien. ¿Por qué hablas tan bajito?-me preguntó, cambiando sutono de voz al mío.

-Porque no quiero que me oigan.

-¿Quién?

-Mañana te explico, ¿sí? Sólo quería preguntarte si queríassalir a pasear conmigo a la plaza-arrugué el suéter negro que llevaba puesto,nerviosa.

-¡Por supuesto! ¿Mañana?

Suspiré de alivio.

-Sí, gracias.

-No, gracias a ti por invitarme-dijo.

-Entonces, hasta mañana, buenas noches y gracias-musité.

-Hasta mañana.

Trunqué la llamada e hice una exclamación de victoria. Sabíaque podía contar con Theo cuando fuera.

Me senté sobre la cama y me incliné para abrir el cajóninferior de mí buró. Rebusqué entre papeles y debajo de todos encontré lo quehabía guardado como un tesoro a capa y espada hasta hoy. Levanté las diez fotosy miré cada una hasta encontrar alguna que dibujara el rostro mejor.

 

Cuando lo hice, la tomé entre mis manos y estudié el belloresplandor que por sí sólo reflejaba el rostro de Draco. Sentí en mi estómagocomo si un montón de burbujas se inflaran y fueran flotando en el espaciolibre. ¿Por qué él me provocaba todo esto? Ahora empezaba a tener un miedoracional y tangible. Draco no debería de provocarme ese tipo de sensaciones,por que yo sabía que significaban. Recordé lo que había ocurrido hace rato, yno pude ni imaginarme lo que hubiera pasado si Ginny no hubiese llegado. Surostro estaba demasiado cerca. Demasiado. Sentí cómo las burbujas se inflaronmás y revolotearon por todo mi estómago. Sacudí la cabeza, queriendo deshacermedel recuerdo y por consecuente de la reacción.

Guardé de nuevo todas las fotografías en mi cajón, debajo detodo el montón de papeles, en donde deberían de estar. Me arropé para dormir yescruté el techo en total oscuridad; luché contra los pensamientos que en esemomento estaba teniendo, a mi no me podía gustar el novio de mi mejor amiga, nodebía.

********************************

-¿Quién eres?-pregunté, ya que su rostro me era conocido,sin embargo, también me parecía una persona extraña.

-Tu otra yo-me dijo.

Me solté a reír.

-Sí, claro. No puedes ser mi 'otra yo'; ¡yo no me pondríajamás esos tacones tan altos!-señalé sus pies.

-Sí, bueno; pero resulta que yo hago cosas que tunormalmente no harías. Como por ejemplo, aceptar que me gusta Draco.

-¿Draco Malfoy?-vociferé, echándome hacía atrás.

-¿Lo ves?-dijo de lo más tranquila- Tú no lo aceptas, yo sí.

-Draco no me gusta, ¿estás loca? ¡Es el novio de Ginny!

-Deja la histeria que sabes que tengo razón.

-Demente-farfullé.

-Bueno, ¿y qué si no fuera novio de Ginny? ¿Aceptarías quete gusta?

-No.

Ella rió y su risa burlona me incomodó.

-Claro, por que si no fuera novio de Ginny, quizá no lohubieras conocido-pensó.

-No me gusta Draco-dije, tajante.

-Repítelo hasta que te lo creas, por que a mí no meengañas-me sonrió-.

-¡Guarda silencio!

-¿Por qué? Nadie puede oírnos, sólo estamos tú y yo. Siaceptas que Draco te gusta, dejaré de molestarte.

-No-me crucé de brazos.

-Como quieras-se encogió de hombros-. A fin de cuentas para esoestoy yo.

-No sé de quién seas la otra parte, porque de mí no.

-Como digas-manoteó restándole importancia a mi comentario-.Pero ten en cuenta que yo, sí acepto que Draco me gusta y no olvides que sí soyparte de ti.

El sudor me perlaba el rostro cuando me desperté jadeanteentre las sábanas. Eso sí que había sido una pesadilla. Un extraño y locosueño, nada más. Miré el reloj, eran las ocho de la mañana. Recordé los planesque tenía con Theo y salí disparada de la cama para bañarme y vestirme.

Salí entonces a buscar a Theo pasadas de las nueve treinta,y como siempre, esa bonita sonrisa en su rostro de ángel me alegró la mañana.

-Hola-me saludó.

-Hola.

-¿Lista para irnos?

-Claro.

Enredé mi brazo al suyo y nos encaminamos a su mustangantiguo, color negro. Me abrió la puerta y luego puso el auto en marcha. Elmotor rugió bajó nosotros y las llantas comenzaron a rodar.

-¿Por qué ayer hablabas tan bajito? ¿Quién no querías que teoyera?-me preguntó.

Solté una delicada risita tonta, y sentí que enrojecí un poco.

 

-Ginny y dra
Draco.

-¿Por qué? Déjame adivinar, las especulaciones de Ginny-rió.

-Eemm
sí, eso.

Me miró, aunque no parecía muy convencido debido a mívacilar a la hora de responder.

Llegamos a la plaza de San Marcos y bajamos a caminar. Saquéun par de fotografías de cada monumento mientras que la gente andaba de aquípara allá bajo el tenue y apenas visible sol de la ciudad de Venecia.

-Theo-musité, como quien no quiere la cosa.

-Dime.

-¿Te ha gustado alguna vez alguien
prohibido?-me miré lospies al caminar, entre tanto que esperaba la respuesta de Theo.

-¿Prohibido?

-Sí, alguien que no te debe de gustar-vacilé.

-Mmm
-pensó-. A los cuatro años me enamoré de mi tía-rió.

Me reí también.

-Es enserio, Theo.

-¿De quién pudiste haberte enamorado, Hermione? ¿De unpadre?

-Enamoramiento no, Theo. Y de un padre tampoco-lo fulminécon la mirada.

-Bueno, está bien. ¿En quién te pudiste haber fijado?

-Pues

-¿Draco?

-¿Qué?-se me bajó la sangre de la cabeza hasta los pies ysentí como si fuera a tocar el piso.

¿Cómo sabía? ¿Cómo pudo haber adivinado tan fácil? ¿Era yotan obvia?

Miré a Theo, temerosa y con labios trémulos; pero entoncesme percaté de que Theo no me miraba a mí, sino que su mirada se posaba lejos,observando un punto fijo.

-¿Es ese Draco?-preguntó, aun mirando a lo lejos.

Seguí el trascurso de su mirada y pude visualizar a unostantos metros, entre la gente que pasaba de un lado para otro, un cuerpo que mequitaba el aliento. Caí en la cuenta de que mis pensamientos habían funcionadomal y que Theo no se refería a lo que yo había creído; sino que musitó el nombrede Draco porque a lo lejos lo vio.

-Creo que sí-musité- ¿Qué hace acá?-pregunté.

-A lo mejor salió a pasear, como nosotros.Hablémosle-sugirió.

Me tomó de la mano y me arrastró varios metros entre lagente hasta llegar a las espaldas de Draco, la perfecta y bien trabajadaespalda de Draco, que no dejaba de lucir aun con la camisa que traía encima.Draco parecía como si buscase a alguien, ya que asomaba su cabeza sobre la delos demás.

-Malfoy-musitó Theo, haciendo que el interpelado pegara unbrinco.

Se giró a mirarnos y abrió los ojos como platos.

-Perdón, no quería asustarte-dijo el bello ángel.

-No
no hay problema-tartamudeó y luego colocó su mirada enel entrelazado de dedos entre Theo y yo; su rostro dejó la expresión denerviosismo y pasó a una con un ceño fruncido.

-¿Estás con alguien? Porque se nos ocurrió que sería buenaidea que anduvieras con nosotros, digo, si quieres-dijo Theo.

-¿Eh?-subió la mirada-. Ah, sí, claro.

-Bien-sonrió Theo-. Vayamos para allá-señaló hacia laizquierda-. Hay lugares que seguro te gustarán-me dijo.

Seguí a Theo, aun atada a su mano y Draco a mi lado. Elcorazón cantaba emocionado y palpitaba extraño, con alguna clase de latidos queyo desconocía, pero que sin embargo me llenaban de placer.

-Qué casualidad haberte encontrado, Draco-musitó Theo.

-Ah, sí, vine porque
-se quedó en silencio de nuevo,repentinamente nervioso-porque
quería
salir un rato-dijo.

-Nosotros igual, además de que Hermione aprovecha para sacarestupendas fotografías, ¿verdad?-me sonrió.

 

Le devolví la sonrisa, por que la voz se me había ido y sólopodía escuchar los escandalosos latidos de mi corazón producidos por el perfumetan varonil que Draco desprendía en cada paso que daba.

-Por cierto, Herms, no entiendo aun qué quieres decirme-medijo Theo-. No contestaste mi pregunta.

-¿Qué pregunta?-dije, con voz medio baja.

-¿En quién te fijaste y por qué dices que esprohibido?-inquirió.

Abrí los ojos de par en par, casi se me salían de lasórbitas. Y Draco, quien estaba a mi lado, encaminando su paso con el mío, nosmiró rápidamente. Íntegramente atento.

-Eemm
en
el
amm
-tartamudeé. Las miradas de ambos seposaban en mí y la de Draco ni siquieraparpadeaba.

-¿En quién?-volvió a preguntar Theo

Lo fulminé con la mirada queriendo taparle la boca en eseinstante, las manos comenzaron a sudarme ante la posibilidad de quedar enevidencia.

-¿En quién?-volvió a preguntar Theo.

Lo fulminé con la mirada queriendo taparle la boca en eseinstante, las manos comenzaron a sudarme ante la posibilidad de quedar enevidencia.

-En
mi
amigo
que dejé en California-inventé.

-¿Qué clase de amigo? Cualquiera podría enamorarse de unamigo-inquirió.

-Enamoramiento no, Theo-especifiqué de nuevo, Draco sólo semantenía en silencio pero atento-. Y es
un amigo, amm
cercano y
-me estrujabalos sesos para poder seguir poniéndole palabras a mi mentira-y
a una amigatambién le gusta, entonces

-Tienes miedo de perder la amistad de tu amiga por habertefijado en el mismo chico que ella-completó Theo.

-¡Exacto!

-Bueno y, ¿quién se fijó primero en el chico?

-Ella-musité, con pesar.

-Pero tú ya te fuiste de California, ya no importa o¿sí?-dijo Draco, quien había estado como una estatua hasta ahora.

-Eemm
-murmuré.

-Igual yo creo que lo hubieras hablado con tu amiga, en vezde especular tú sola las cosas y castigarte a ti misma-interrumpió Theo-. Digo,no era su novio y ella no era tu mejor amiga-se encogió de hombros.

Me solté a reír y ambos me miraron. Si Theo supiera a quiénme refería ni siquiera haya dicho lo último.

-¿Qué es gracioso?-preguntó Draco.

-Nada, sólo que
nada-manoteé con la mano restándoleimportancia.

-¡Mira, Herms!-me dijo Theo- ¿Ese lugar no te parece idealpara una fotografía?-apuntó hacía un edificio a lado de un canal que seextendía magnífico por el este.

-Qué buen gusto tienes Theo-concordé-. Creo que le tomaréuna.

Saqué con la mano libre la cámara de mi bolso y luego mequedé en silencio y sin actuar, tímida porque Theo aun mantenía su mano atada ala mía.

-Theo, creo que Hermione necesita sus dos manos-farfullóDraco.

-Oh, cierto. Discúlpame-enrojeció un poco y soltó mi mano ala que inmediatamente le pegó el aire gélido del medio día.

Le sonreí y apunté el lente de la cámara hacía el monumentoy saqué la fotografía.

-Un fiore per la ragazza?-musitó alguien detrás de mí.

Me giré y obtuve la imagen de una señora con un canasto derosas rojas que le hablaba a Draco, mientras que Theo estaba distraído mirandolas palomas.

Draco me miró y luego me sonrió. Entonces miró de nuevo a laseñora.

 

-Quanto costa una?-preguntó.

-Un euro-dijo la señora.

-Dammi uno.

Ella le acercó la canasta y Draco escogió una rosa entre elpuño y luego, sacó del bolsillo de su pantalón una pequeña moneda.

-Ecco-le dio la moneda y le sonrió.

-Grazie bel giovane-dijo la señora y luego me sonrió a mípara después alejarse e ir a ofrecerle sus flores a la demás gente.

No había aprendido aun italiano, pero al menos, ya estaba unpoco más familiarizada con las palabras y pude entender la conversación entreDraco y la señora. Ella le había ofrecido una rosa, él le había comprado una.Simple. Seguro se la llevaría a Ginny.

-Ten-pero me la ofreció a mí y me dejó en blanco.

-¿Qué?-musité, torpe.

-Es para ti-dijo, como si hubiera adivinado mi pensamientoanterior.

-Gracias-tomé la flor entre mis manos y sentí que el ruborcorrió por mis mejillas pintándolas, así que desvié mi rostro y miré a Theo,quien aún seguía entretenido observando el centenar de palomas que volaban enel cielo y otras que caminaban por el suelo de la plaza.

Alcé mi cámara y tomé una fotografía de su perfil justo enel momento exacto en que las palomas volaron. Una fotografía maravillosa. Theome miró.

-Hey, pudiste haberme avisado-me dijo y yo reí.

-No, creo que saliste más lindo así.

El se sonrojó de nuevo, y luego bajó la mirada percibiendoasí la flor en mi mano.

-¿Y esa flor?-preguntó.

-Se la dí yo-dijo Draco, con más orgullo del necesario.

-Rayos, entonces yo tengo que comprarte un ramocompleto-bromeó.

-Lo haces parecer una competencia, Theo-dije, queriendoseguirle la broma, pero lo cierto era que dos hermosos ángeles estabancortejándome y el tono casual en mi voz no era muy espléndido.

-Claro que no es una competencia-dijo él-, yo no estoycompitiendo con nadie; Draco no es un jugador, él ya tiene dueña-bromeó Theo,palmeándole la espalda a Draco.

Draco sólo sonrió, pero a esa sonrisa le hacía falta
¿alegría?

-Me haces sentir como un trofeo-dije, haciendo un mohín.

-Non un trofeo. Tu sei una principessa bella e mi piaceessere il vostro principe-musitó.

El rostro de Draco se endureció y su ceño se frunció antelas palabras que Theo había pronunciado. ¿Pero qué había dicho?

-Tell inspagnolo-le farfulló Draco.

-No, mi vergogno-musitó Theo.

-Qual è il tempo a flirtare con lei? Non capisce-el rostrode Draco se volvía serio y su voz no tenía ese tono amable.

-Perché so che gli piace l'accento italiano- Theo se encogióde hombros.

-Non vedo il punto-Draco se cruzó de brazos y luego me miró.

No sabía cuál era mi expresión, pero hasta sentía un signode interrogación dibujado por encima de mi cabeza. Odiaba no entender nada.

-Theo dice que eres una bella princesa y que a él legustaría ser tu príncipe-me dijo, pero parecía molesto.

-Stai zitto!-protestó Theo a Draco, enrojeciendo por completo.

Miré a Theo, enternecida.

-Qué lindo eres, Theo. Gracias-dije, y él enrojeció más. Sinembargo, Draco permanecía de brazos cruzados y con rostro duro.

La fierecilla apareció de pronto, bailando de alegría porque creía que lo que Draco tenía eran celos y aunque no quisiera aceptarlo, amí también me gustaba la idea.

 

La tarde había llegado y el sol se había ocultado ya enalgún punto del cielo cuando volvimos al departamento. Había sido increíble haberpasado todo un día con Draco cuando no estaba en mis planes. Me sentía mal aveces de haber utilizado a Theo en varias ocasiones para sacarle ese rostro adustoy un ceño fruncido a Draco. Pero más allá de la remota culpa, se sentía bien.

-¡Uff! Fue un día magnífico el de hoy-dijo Theo, riendocomplacido.

-Lo fue-concordé-. Gracias, Theo.

Besé su mejilla ligeramente coloreada por una bellapincelada rosa y crucé los dedos por que el ceño fruncido de Draco aparecierade nuevo en su bello rostro. Le miré por la colilla del ojo cuando me alejé deTheo y lo vi con las manos en sus bolsillos y la mirada baja, como si quisieraevitar ver. La fierecilla se decepcionó.

-Hasta luego, Theo-le dije.

-Hasta luego, principessa-rió, tímido, luego dio la vuelta yse introdujo al departamento de su tía.

Miré a Draco quienahora esbozaba una linda sonrisa, ¿no le había afectado en nada mi patéticointento por ponerlo celoso?

-Qué grosero es Theo, no se despidió de mí-dijo, peromantenía aun esa sonrisa.

-Es un poco despistado, no te lo tomes a mal-sonreí.

Abrí la puerta y él me siguió.

-Son las seis treinta de la tarde, ¿qué quieres hacer?-mepreguntó.

-Estuve caminando casi todo el día por la plaza, no creo queme queden ánimos de hacer algo más-musité, aventándome al sofá y dejando larosa roja sobre la mesa de centro.

-¿Quieres jugar cartas?-sugirió, sentándose a mi lado.

-No, siempre me ganas-hice mohín y el rió por lo bajo.

-Bueno, que tal
¿ver una película?

-Ya vi todas las que Ginny tiene, y me da pereza ir hasta elvideo club a rentar una. Lo siento-musité, negando.

-Está bien, ¿por qué no jugamos a las diezpreguntas?-insistió.

-Bueno creo que eso puedo hacerlo sentada aquí-reí y mecrucé las piernas sobre el sillón, acomodándome para quedar cara a cara conDraco.

-Está bien, comienza tú-me dijo.

-Me dijiste que te gustaba la música. ¿Alguna vez hasescrito una canción?

-Sí, tengo algunas letras, pero no son tan buenas-sonrió ybajó la mirada.

-Estoy segura de que son geniales-animé.

-Siguiente pregunta-rió.

-¿Algún día me ensañarás una?

Me miró y rió de nuevo por mi insistencia.

-Está bien, algún día-prometió.

-Bien. Veamos
-pensé- ¿tu punto más cosquilloso?

-Emm
el cuello-dijo, como quien no quiere la cosa.

-¿Qué hay de tu futuro?-pregunté, meramente curiosa.

Se encogió de hombros, elegante.

-Pues sólo estoy seguro de una cosa. No seré administradorcomo Harry- rió-. A lo mejor, quizá, compositor.

-¿Compositor? ¡Dios, eso sería fenomenal!

-Gracias.

¿De qué hablan las canciones que escribes?

-De la vida, de mí, del amor
-se encogió de hombros denuevo.

La fierecilla se removió y me animó a preguntar:

-¿Alguna vez le escribiste alguna a Ginny?-inquirí, temerosapor la respuesta, porque la fierecilla no sólo era terca, también era sensible.

Se quedó serio por un segundo, con un semblante duro einexpresivo. La fierecilla se removió curiosa inquieta e impaciente.

-Me da pena admitirlo-bajó la mirada-. Pero no-musitó.

 

-¿Por qué no?-mi ceño se frunció pero la fierecilla sonreíaalegremente.

-Es que
-elevó una de sus manos hasta su cabeza y la rascódespeinando su corto cabello- lo intenté, de verás, pero las palabras quesalían y las frases que se formaban
simplemente no me gustaban. No eranbuenas.

-Pero al menos lo intentaste, y ya sabes lo que dicen 'Laintención es lo que cuenta'-le sonreí, aliviada y feliz.

-Supongo-asintió riendo-. Siguiente pregunta.

-Está bien, veamos
¿Qué pensaste de mí la primera vez queme viste?

Sonrió, dejándome ver todos esos hermosos y perladosdientes.

-Que eras Hermione, la amiga de Ginny-dijo.

-No eso, eso ya lo sabías. Me refiero a la primeraimpresión.

-Oh, bueno. Recuerdo que me reí porque peleabas con lapuerta-sonrió- y pensé que eras divertida; luego me seguiste la plática,entonces supe que eras sociable; para después deducir que eras agradable porqueera fácil reír contigo.

-Oh, vaya. Gracias-musité, ligeramente ruborizada.

-Siguiente pregunta.

-¿Qué extrañas más de Arizona?

-Diría que mi familia, pero ellos viven aquí así que
-pensó-tal vez mi antigua universidad: me gustaban las fiestas-rió-. Siguiente yúltima pregunta.

-¿Me las estás contando?

-¡Claro! El juego se llama 'diez' preguntas, ¿no?

-Está bien, está bien-manoteé.

Pensé muy bien mi última pregunta, y sólo se me vino a lamente la que había estado pensando desde el inicio del juego, incluso muchoantes. Pero no sabía si hacerla era buena idea, sin embargo la fierecillainsistió hasta que las palabras salieron de mi boca con sumo cuidado.

-¿Por qué te fuiste de Arizona?-musité, tímida y con la vozapenas audible.

Él se quedó en silencio de nuevo y luego bajó la mira.¡Tonta, tonta, tonta! Me decía una voz interna; si no se lo contó a Ginny, nosé por qué tenía la esperanza de que me lo contara a mí.

-¿Por qué te fuiste de Arizona?-musité, tímida y con la vozapenas audible.

Él se quedó en silencio de nuevo y luego bajó la mira.¡Tonta, tonta, tonta! Me decía una voz interna; si no se lo contó a Ginny, nosé por qué tenía la esperanza de que me lo contara a mí.

-Es que no quería estar más en ese lugar-comenzó, con untono de voz que se fue haciendo agrio conforme hablaba.

Iba a conformarme con aquella respuesta, creyendo que él yano seguiría hablando; pero su boca se abrió de nuevo
¿estaba dispuesto acontarme a mí
todo?

-La razón fue una chica, Astoria-su mirada estaba gacha,puesta atenta en el verde cojín del sillón-. Ella fue mi novia durante un año;estábamos bien, ó eso creía yo, hasta que un día llegué a casa y mamá me dijoque Astoria había ido y me había dejado una nota, una especia de carta o algoasí
-se quedó en silencio y respiró de forma notable varias veces, mientras queyo sólo observaba cómo su perfecto abdomen se inflaba y desinflaba bajo lacamisa azul que vestía; luego continuó-. Subí a mi habitación y me senté a leerla nota; decía que se iba, que no la buscara y que era el fin de nuestrarelación. Que lamentaba que eso tomara tanto tiempo y que se iba simplementeporque se merecía algo mejor que
yo-su semblante de ángel ahora parecía comosi estuviese tallado en piedra, con una expresión hostil y entristecida a lavez-. Terminé el año que me faltaba para graduarme y salí corriendo de eselugar tan pronto pude; lo primero que se me ocurrió fue ir hasta Japón, perollegué primero a Italia, aquí, me gustó y descubrí que era lo suficientementelejos de ese lugar, así que decidí quedarme. Mi familia se mudó al añosiguiente, cerca de mi apartamento. Mientras me iba esforzando en no recordaraquello ni nada de ese lugar. No te voy a negar, que sí me dolió. Yo la queríabastante y para ella simplemente no fue suficiente
-su voz se perdió y luego elsilencio apareció de nuevo, y supe que ya no hablaría.

 

-Qué estúpida-farfullé, incrédula y él me miró.

-¿Disculpa?

-Astoria, es una estúpida-dije-. Me disculparás, pero, ¿queno eras suficiente? ¿Que se merecía algo más? ¿Acaso existe algo mejor quetú?-¡cállate! Me gritó la voz y capté la última pregunta que había salido de miboca, el rubor corrió traicionero y sentí vergüenza; pero Draco me mirabaenternecido, y mi corazón se conmovió dentro de mí, así que seguí hablando peroahora consciente de lo que decía-. Qué tonta fue-musité-, porque no vio queeres un chico increíble, talentoso, atento, divertido, además de muy apuesto.

Él esbozó una sonrisa de medio lado.

-Estoy segura que jamás encontró ese "algo mejor" porquesimplemente no lo hay-continué-. Qué lástima que te haya dejado ir, porque nosupo que lo que dejó escapar fue como un tesoro, que ya no recuperará; por esodigo que Ginny es muy afortunada-en lo último de mi frase, la voz se meentristeció, pero él sonrió y aquella sonrisa le dio motivo a mi corazón parapalpitar fuertemente.

-Qué linda eres-musitó y el corazón comenzó a latirme más ymás rápido, expandiéndose por todo mi pecho-. Gracias.

Sonreí apenas pude, porque aun estaba un poco atolondradaintentando calmar a mi bombeador de sangre.

-¿Sabes?-me dijo- Eres a la primera persona a la que se lodigo.

Cuando creí que el corazón había vuelto a su tamaño normal,volvió a inflarse completamente conmovido.

-Gracias por tenerme la confianza-murmuré.

-Gracias por escucharme.

Le sonreí de nuevo, aun sin comprender cómo es que aquellachica lo había dejado ir.

-Pero basta de mí, te toca-la sonrisa alegre apareció denuevo en su rostro y esperé a que dijera la primer pregunta-. ¿Qué te inspiró aser fotógrafa?

-Mi papá-dije-. Le gustaba mucho tomarnos fotos, a mí y a mimamá y me gustaba cuando me sentaba en sus piernas y me las mostraba una poruna, decía "Mis chicas" y luego me daba un abrazo. Me hacía sentir protegida-elrecuerdo llegó hasta mi garganta, quebrándome la voz.

-Seguro tu padre está muy orgulloso de ti, donde sea que élesté-me acarició la rodilla con cariño y me sonrió.

-Gracias.

-Dime, ¿Qué hay con el chico de California?-inquirió y mereí por el cambio de tema tan repentino.

-¿Cuál chico?-dije, un poco confundida.

-Del que le hablaste a Theo hoy, sobre tu amiga

-¡Oh! Eso, amm
-recordé mi pequeña mentira y rebusquéalgunas palabras para formar la respuesta que él me pedía-. Bueno, como túdijiste, ya no importa, ya se quedó allá-me preguntaba si había notado minerviosismo.

-¿Te has enamorado alguna vez?-su mirada miel se clavaba enmi rostro con intensidad, haciendo que mi corazón se trabara en sus latidos.

 

-Existió un chico, Dennis-expliqué-. Pero, no funcionó-meencogí de hombros.

-¿Por qué no funcionó?

-Bueno, éramos muy distintos. Yo amaba la fotografía y elarte y él
no era muy trabajador que digamos-reí-. Pero era un buen chico.

-¿Entonces buscas a alguien con quien puedas congeniar?

-No lo busco, Draco. Tengo algo así como una creencia de queél sólo llegará.

-El destino.

-Quizá-me encogí de hombros.

-Dime, Theo es
-parecía como si luchara con las palabraspara encontrar las adecuadas-, amm
bueno, se nota que te llevas muy
bien, conél. ¿Te gusta?-sin embargo, parecía también apenado por su pregunta.

La fierecilla se emocionó al oír la pregunta que esperaba."Dile que sí, dile que sí" me decía, pero la ignoré mandándola al rincón dedonde había salido.

-Theo es
un gran chico. Pero

-Tú le gustas-me interrumpió.

-No creo gustarle más que Luna. Y la respuesta es
que quizáme agrade un poco, pero, me quedo como su amiga.

-Eres sincera-esbozó una delicada sonrisita-. Y, quieroconocer a esa chica, Luna. Me hablas de ella y no sé siquiera quien es.

Me reí.

-Es la chica del laboratorio de fotografía de los Agnelli.Un día te llevaré.

-¿Prometido?

-Prometido-reí-. Siguiente pregunta.

-¿Qué te contó Harry el otro día?

-¡Tramposo!-negué con la cabeza riendo- No te voy a decir,no seas curioso, Malfoy.

Me miró y enarcó una ceja.

-Perdón, Draco.

Sonrió

-Y no te diré.

-¿Tiene algo que ver conmigo?

-Eemm
contigo, conmigo, con Theo, con todos-divagué,saliéndome por la tangente-. Última pregunta.

-¿Ya es la última?

-Así es, curioso-asentí.

-Está bien. Bueno, tú conoces a Ginny mejor que nadie, y meconoces bastante también a mí, ¿cierto?-asentí- Bien, ¿crees realmente queGinny y yo
? No, ya sé, ¿crees que Ginny es lo mejor para mí y yo para ella?

Abrí los ojos de par en par, ¿qué? ¿Ahora dudaba? ¿Y mepreguntaba a mí?

-Bueno, mira-balbuceé y me humedecí los labios,repentinamente secos-, no se trata de lo que opine o lo que la gente diga;aunque tú los has oído, dicen que ustedes son la pareja perfecta; pero terepito, los comentarios de la gente no importan, lo que verdaderamente importaes lo que tú y ella sienten. Si la amas, y ella a ti, ¿qué importa lo demás?

Tenía la mirada baja al igual que la cabeza que ligeramentese inclinaba hacia abajo.

-Gracias-musitó.

-Cuando quieras, Draco.

Levantó la mirada de pronto e hizo que me corriera hacíaatrás por el repentino movimiento.

-Tengo que irme, discúlpame con Ginny, ¿sí?-se levantó delsofá y caminó hasta la puerta.

-¿Por qué te vas?-inquirí, desorientada, aun sentada sobreel sillón.

-Las preguntas se acabaron-sonrió-. Hasta mañana, Hermione-ysalió por la puerta.

Dejó la habitación vacía y a mí en ella. Cuando lo capté,pude distinguir también un fiero deseo de mantener su presencia aun allí,conmigo.

Giré sobre mi asiento y miré la rosa sobre la mesa, suspiré.Salí disparada a mi habitación y rebusqué en el cajón inferior de mi buróaquellas fotos con el rostro de ángel. Me quedé sentada en el suelo de lahabitación, recargada en uno de los lados de mi cama, mirando lo que tenía enlas manos. ¿Qué era eso que sentía en mi estómago? ¿Por qué el corazón se meaceleraba cuando no debía? ¿Por qué
sentía que Draco me gustaba? Era sumamenteatractivo, sin duda y sensacional, también.

 

Estar a su lado era como no querer que el tiempo avanzara,querer detener las manecillas del reloj y mandarlas en sentido contrario. Sumirada angelical de miel era como la fábrica de luces para Navidad. Me hacesentir bonita con el beso en la mejilla, la sonrisa que miraba en su rostro mellena de algo que me es inexplicable. Él de alguna forma me hace recordar loque es sentir, saber que una existe.

Malfoy, Draco, como sea; el nombre es lo de menos, porqueahora me invadía una angustia palpable que me comenzó a cortar la respiración yhacía que las manos desprendieran sudor frío.

No. Yo podía fijarme en cualquier chico, cualquiera. Exceptoen uno. Arrojé las fotografías dejándolas desparpajadas por todo el interiordel cajón y lo cerré abruptamente. Yo no podía fijarme en Draco.

-¡Hermione!-la voz de Ginny apareció lejos, junto a lapuerta de entrada que apenas había cerrado para introducirse al departamento ycomo impulsada me levanté del piso y salí de mi habitación. Miré a Ginny.

-Hola-musité.

-¿Dónde está Draco?-preguntó, dejando su bolso Louis Vuittonsobre el sofá.

-Se fue,

-¿Cómo? ¿Vino y se fue?

-Sí-me encogí de hombros-. Me dijo que lo disculpara contigopero que tenía que irse-tragué saliva escandalosamente.

-¿Estás bien?

-¿Yo? Claro, ¿por qué no he de estarlo?-farfullé, queriendosonreír.

-Pues, te conozco y pareces nerviosa.

-¿Nerviosa? ¿Yo?-reí- No, para nada.

-Hermione-me miró, con esos grandes ojos color azul que meacusaban conjeturantes- ay, ¿sabes qué? Olvídalo-manoteó restándole importanciaal asunto-, vengo muy cansada hoy-bostezó y luego miró hacía la mesita decentro-. ¿Y esa rosa?

Abrí los ojos como platos.

-Eh
emm
-tartamudeé.

-¿Te la dio Theo?-especuló con el rostro ansioso.

-Draco-solté.

-¿Te la dio Draco?-su ceño se frunció, y la voz se le bañóradicalmente de un matiz de confusión.

-¿Te la dio Draco?-su ceño se frunció, y la voz se le bañóradicalmente de un matiz de confusión.

-Emm
¡No! Quiero decir que Draco te la dejó a ti, es parati-dije, mientras sentía que la fierecilla pataleaba y gritaba ¡Mía, mía, mía!

-¿Hizo eso?-su semblante cambió de nuevo y se volvió tiernoy dulce, como era- Aww, qué lindo es-se acercó a la rosa y la tomó para luegopercibir su aroma-. Tengo que ponerla en agua-sonrió y yo suspiré, aliviada ycon pesar.

Aliviada porque había salido del lío que por poco y se iba aarmar, y con pesar porque la rosa ahora estaba en las manos equivocadas, queirónicamente eran en las que deberían de estar.

Me senté en una de las sillas del pretil mientras veía cómoGinny sumergía el tallo de la rosa en el agua de un florero pequeño.

-¿Y qué tal tu día con Theo?-preguntó mi amiga.

-Genial-musité con aplomo.

-Ay pero lo dices como si no te hubiera gustado-su aguda vozse acercó cuando ella se sentó a mi lado.

-No, es que estoy cansada, ya me conoces-sonreí.

-No es justo, ¿sabes?-dijo.

-¿Qué cosa?-la miré.

 

-Que no pueda pasar tiempo contigo. Dios, ¡eres mi mejoramiga y casi ni hablamos! Yo con mi trabajo y con
Draco.

-Pero Ginn, vivimos en el mismo departamento, como queríamosdesde pequeñas, ¿recuerdas?

-Sí-sonrió-, y aun así casi ni te veo. No es justo.

-Está bien. Tenemos los domingos-dije.

-Un día de siete-hizo un mohín.

-Me gustaría pasar más tiempo contigo, Ginn; como cuandoéramos niñas, pero ya no lo somos. Tú tienes trabajo y yo muchas cosas quehacer. Pero al menos lo compartimos y eso es lo que cuenta.

-Me siento muy afortunada, ¿sabes?-suspiró- Tengo la mejoramiga del mundo y el novio más apuesto del planeta-rió-. Además del trabajo quequería-agregó.

No sabía por qué me sentí culpable cuando ella dijo "lamejor amiga del mundo" y celosa cuando dijo "el novio más apuesto del planeta".

Sonreí y la abracé. Si había una amiga excelente, esa eraGinny. No yo.

-Tengo que dormir-dije.

-¡Ay, no!-exclamó, como niña pequeña- ¿No vas a cenar?

-Estoy cansada.

-¡Vamos! Cena conmigo, ya van varias veces que me dejascenando sola-hizo un puchero y me reí.

-Está bien. ¿Qué cenamos?

La sonrisa de Ginny se expandió alegre por su rostro.

Miré a través de la ventana el cielo completamenteoscurecido y conté las escasas estrellas que había esa noche. Miré luego elreloj, iba a ser la una treinta de la mañana y yo aun no podía dormir. Meacurruqué entre la cobija y suspiré.

No podía seguir ignorando a la fierecilla dentro de mí,porque sus pensamientos ya no iban en total desacuerdo con los míos. Pero aunconservaba un poco de cordura en alguna parte de mi cabeza que me decía que nopodía enamorarme de Draco. Era tan intocable como el fuego bajo la sartén, tanprohibido como romper alguna ley de la constitución; era el novio de mi mejoramiga, y yo debía de brincar hacía atrás los pasos que no debí de caminar.

Apabullada y con la cabeza llena de pensamientos ilógicoslogré dormir esa noche.

_______________________________________

Su sonrisa llegaba hasta mí a través de la poca distanciaentre ambos. Una sonrisa demasiado bonita como para desgastarla, pero él queríadármela a mí y sólo a mí; haciendo que miles de mariposas revolotearan en miestómago. Luego tomó mi mano, y sentí que pude tocar el mismísimo cielo. Elcorazón se me aceleró cuando él puso mi nombre en sus labios y la sonrisa seexpandía ahora por mi rostro.

-¿Quién más puede hacerte sentir esto?-me preguntó, con suvoz de terciopelo.

Era la primera noche que soñaba con él, con Draco. Suspirécon la cabeza enterrada en la almohada y mi suspiró se convirtió en un vaporcálido que me pegó en todo el rostro. Alcé la cabeza y pude sentir algunos queotros cabellos despeinados a cada costado de mi cara. Hoy era sábado. Recordéangustiada el sueño y llegué a la conclusión de que tenía que contarle esto aalguien porque si no, explotaría tarde o temprano.

Me levanté y arreglé en media hora y tecleé sobre las teclasde mi celular el número de Harry, ¿quién mejor que él para entender toda estalocura?

-¿Hola?-me contestó, del otro lado de la bocina.

-Harry, ¿podemos vernos hoy?-pregunté.

-Claro, dime en dónde y a qué hora-accedió.

-En la plaza, en una hora y media, ¿está bien?

 

-Perfecto, ¿puedo preguntar para qué?-curioseó.

-Te digo cuando te vea.

-Está bien.

Trunqué la llamada y me apresuré a salir del departamento,seguro tardaría más de una hora y media si no me daba prisa. Aunque llegar pormis propios medios me costaría trabajo.

Tomé un taxi que tardó casi los sesenta minutos en llegar ypagué con los euros que habían salido de mi bolso o que, mejor dicho, Ginnyhabía colocado allí para mi uso, debido a que mis billetes y monedas aun eranamericanos.

Bajé y me adentré en el motín de gente que circulaba bajo elcielo grisáceo como el día de ayer, y me senté en una banquita gris que estabavacía por puro milagro, como si aguardara por mí.

Le regalé un suspiro al aire y luego miré hacia arriba, a lomejor llovería hoy. Los nubarrones grises que surcaban el cielo se veíanconsiderablemente amenazadores.

Empecé a divagar entre mis pensamientos, mientras esperabapor Harry; quien hasta el día de hoy se había vuelto casi mi mejor amigo, noscontábamos todo y esta vez, no sería la excepción. Estaba dispuesta a decirlecon punto y coma todo, y eso incluía aceptar que Draco me atraía y bastante.

A la media hora Harry apareció entre el tumulto de gente, susuéter color vino y su cabello rizado fue lo que alcancé a distinguir primero.

-¡Harry, acá!-manoteé para que me viera y no sólo logréllamar la atención de él sino de algunos otros que me miraron extrañados porhablar en otro idioma.

Cómo si no hubieran oído jamás el español. Me encogí un pococohibida y aun así Harry me alcanzó a mirar y se acercó.

-¡Hola!-me sonrió, haciendo notar sus pómulos rojizos.

-Qué bueno que llegaste-dije y lo jalé de la mano parasentarlo conmigo.

-Dime, ¿qué pasa?

-Bueno, tengo un muy, muy, grave problema-farfullé.

Sus cejas se elevaron al mismo tiempo en un gesto desorpresa pero luego pasó a ser un ceño fruncido bañado de un matiz depreocupación.

-¿Qué tipo de problema? ¿Qué es?-inquirió, visiblementeatento.

-Bueno, ¿prefieres que te lo diga sin tantosrodeos?-pregunté, a lo mejor así era más fácil para mí.

Asintió.

-Creo que me gusta tu hermano-dije, casi hablando entredientes, consumida por la vergüenza.

-¡¿Qué te gusta quién?!-sus verdes ojos se abrieron al igualque su boca.

-No me hagas repetirlo-lo fulminé con la mirada.

-¿Estás enamorada de Draco?-preguntó y su voz se mezcló conalguna chispa de arrebato repentino.

-No, no, no-gesticulé-. Enamorada, no-negué rotundamente,meneando la cabeza-. Sólo, me gusta
mucho-admití, ruborizándome.

-Vaya-se recargó con aplomo sobre el respaldo metálico de labanca-. Ahora somos compañeros del mismo dolor-bromeó.

-Harry, no estoy enamorada de tu hermano-volví aespecificar.

-No por ahora.

Le fruncí el ceño y el rió.

-Vamos, cuéntame cómo ocurrió-me palmeó la piernacariñosamente.

-Bueno-suspiré-, creo que fue desde que lo vi. Mira, yo nocreo en el amor a primera vista, pero cuando vi a Draco, me atrajo al instante.Tu hermano es muy apuesto.

-Ya he oído eso-musitó Harry.

-Bueno, tú no te quedas atrás-admití.

-Gracias. Continua.

-Él no me dijo que era novio de Ginny, y ella tampoco memencionó que tenía uno; así que mis pensamientos volaron libremente y entonceschocaron contra una dura pared cuando me enteré de que ellos eran pareja.

 

-¿Cómo te enteraste?

-Oí a Ginn decirle 'amor' y luego besarlo.

-Oh-musitó y quiso fingir indeferencia, pero fue notable quele dolió. Capté entonces que debía guardarme comentarios como ese.

Continué.

-Luego Ginny me explicó que lo eran y
yo comencé a convivircon Draco, ya sabes, mientras espera a que Ginny llegue del trabajo y eso;luego

-Espera, espera-me interrumpió-. ¿Cómo que convives con Dracomientras espera a que Ginny llegue?

-Sí, bueno, ella llega a las ocho de la noche y el va a lassiete al departamento.

-¿Por qué hace eso?-preguntó, confundido.

-Dice que es agradable estar allí-me encogí de hombros.

La cabeza de Harry se meneó y luego soltó una risita juntocon un resuello.

-Continúa, continúa-me instó.

-Bueno, empecé a convivir con él, llevarnos bien es fácil,es agradable y divertido, pero mientras más convivíamos, empecé a sentir cosaspor él.

-¿Cosas?

-Sí, ya sabes, ese tipo de cosas-me encogí de hombros.

-¿El cosquilleo en el estómago, la sonrisa idiota en elrostro, el latir inoportuno del corazón, el enrojecimiento de mejillas y lasridículas ganas de verle el rostro a cada instante de cada día?

-Eso
mismo.

-¿Ó esas ganas abrasadoras de ser tú quien en vez de ella,esos molestos pinchazos en el interior que te fruncen el ceño cuando los vestomados de la mano, riendo y platicando, y esas oleadas repentinas de tristezacuando por accidente los descubres besándose?

-Sí-musité.

-Querida mía-se acomodó para mirarme de frente y me miró conun gesto divertido y a la vez compasivo-. Lamento confirmarte que estásenamorada-me hizo un cariño en la barbilla.

-¡¿Qué?!-chillé, atónita.

-¿Por qué no?-preguntó, sumamente tranquilo.

-¡Porque es novio de mi mejor amiga!-vociferé como si fueseobvio-. No debo, no puedo-negué con la cabeza, frenéticamente.

-Uno no decide de quien enamorarse-suspiró-. Y si no, míramea mí: no debo ni puedo estar enamorado de Ginny, y lo estoy-se encogió dehombros.

-¿Por qué lo tomas con tanta tranquilidad?-vociferé, casiqueriéndole sacudir de los hombros.

-Porque no voy a ponerme a llorar ni a atormentarme. ¿Quémás puedo hacer si no es aceptar y vivir con eso? Aunque me duela.

-Y bastante-admití, ahora caía en la cuenta del porqué esque lo entendía desde un principio.

-Ahora sé por qué nunca me juzgaste-dijo, adivinando mipensamiento.

-¿Y qué vamos a hacer ahora?-pregunté, derrotada ante elsentimiento.

-Tratar de separarlos y hacer que Draco te ame a ti y queGinny me ame a mí-dijo.

-¿Qué?-le miré, con desdén, crédula.

-Sabes que eso fue sarcasmo, ¿verdad? No vamos a hacer nada,no podemos hacer nada-musitó, lleno de aplomo.

-Por un segundo lo creí-susurré, recargando mi espalda en elrespaldo de la silla y cruzándome de brazos.

"Y me gustó" completó una vocecilla en mi cabeza.

-¿Te digo algo?-dije, ignorándola.

-Dime-me miró.

-Creo que Draco se
-me daba vergüenza decir eso, porqueseguro Harry pensaría que estaba loca o demasiado enamorada y ya comenzaba aalucinar.

-Se
¿qué?-me instó.

-Se pone un poco celoso cuando me ve con Theo-terminédiciendo como quien no quiere la cosa.

 

-¿Theo? ¿El vecino de Ginny?

-Ajá.

-¿Por qué se pondría celoso?-preguntó, con los ojosinquisidores.

-No sé-dije, aunque sí sabía, o al menos, quería creerme loque pensaba. Que yo de alguna forma le atraía-. Pero he notado que cada vez quetomo a Theo de la mano y que le doy un beso en la mejilla o que Theo me corteja,Draco no parece muy contento-admití.

-¿Te gusta Theo?-preguntó y me hizo recordar cuando Draco lohizo también.

-Es agradable, pero lo profiero como amigo.

-Entonces, déjame adivinar, ¿utilizas a Theo para darlecelos a Draco?-me reprochó.

Lo primero que pensé en decir fue 'No', pero luego, cuandolo pensé más, decir 'No' sería completamente falso; porque consiente o inconsciente,yo hacía aquello para ver el ceño fruncido de Draco en su rostro y luegosentirme bien al saber, o mejor dicho, creer, que yo le robaba algún tipo desentimiento de inquietud.

Harry interpretó mi silencio.

-Hermione, eso no se hace-me regañó, como un padre a unahija, o como un hermano mayor.

-La mayoría del tiempo no lo hago a propósito-susurré.

-Y Draco no tiene porqué ponerse celoso-reflexionó-. Estoestá muy, pero muy raro-se rascó la barbilla, como pensando y yo sólo me dejécaer de nuevo sobre el respaldo, suspirando. No quería hacerme ilusiones, nodebía.



Hola lectoricillos!!! espero que hayan pasado unas buenas fiestas, quiero decir que ya vengo con todo y que esta historia va bien encaminada tambien... espero que el niño Jesus y Santa les hayan traido amor,paz y... regaaaaloooossss jajajajaja saludos ;)

No quería que Harry se fuera, porque sabía que luego teníaque enfrentarme yo sola a un montón de sentimientos que no deben de estardentro del corazón que ahora latía dentro de mí cuando lo veía a él.

Me mordí las uñas con nerviosismo, ideando quién sabe cuántosplanes para evitar a Draco, porque sí, eso es lo que haría, después de haberlopensado y repensado, la decisión más sabia era evitarlo, así, a lo mejor, losabsurdos sentimientos desaparecían. Miré el reloj con nerviosismo, como alguienque teme que el tiempo de un examen se acabe cuando no vas siquiera a la mitad.Faltaban doce minutos para las siete de la tarde.

Contárselo a Harry y que este me hiciera ver las cosas conclaridad, había servido sólo para atormentarme; porque ahora ese eraexactamente mi problema, todo estaba ya claro y yo estaba enamorada de alguiende quien no debía. Tanto tiempo compartido había traído consecuencias fatalespara mí.

¿Y si no le abro? Pensé. Cuando llegara podría ignorarle yno salir a abrirle, así, el se iría y yo no tendría que atormentar a micorazón, haciéndolo latir para luego ordenarle que se callara. Corrí a mihabitación, dispuesta a embarcarme en mi mundo e ignorar los ruidos externos, yeso incluía el llamado a la puerta que en cualquier momento se oiría.

Conecté mi reproductor de música al par de bocinitas quepapá me había regalado en el cumpleaños número diecisiete y dejé que la músicasonara queda por toda la habitación. Mientras sonaba la primer canción de lalista, aquellos golpeteos en la puerta tan reconocibles ya, se escucharon,haciéndome latir el corazón con un palpitar que resultaba ridículo. Traté deignorarlos y sobre todo, ignorar el pensamiento de saber quién era el queestaba detrás de la puerta. Pero los golpecitos se aferraron a seguir llamandoy era como si su sonido me incitara a correr y ver el rostro que ahora seproyectaba en mis sueños. Arranqué de un jalón el reproductor y conecté losauriculares blancos para luego llevarme cada uno a los oídos, haciendo girar elcírculo para que el volumen subiera y me atronara en los oídos indefensos. Metumbé sobre la cama y cerré los ojos con fuerza, produciendo una que otraarruguita en el parpado. Enterré la cabeza en la almohada y luego canturriéalgunas estrofas de All the small things de Blink 182, que sonaba con potenciaen mis oídos, haciendo de mi voz sólo un farfullar ahogado que nada más yoentendía.

 

Así pasaron casi cuarenta y cinco minutos hasta que decidíque no quería quedarme sorda antes de los treinta y bajé el volumen hastadesvanecerlo completamente y luego apagarlo. Suspiré, ¿con qué cara vería ahoraa Ginny? ¿Podía acaso ser tan hipócrita como para mantenerle la misma sonrisa"sincera"? Ella no merecía que nadie le hiciera daño, nadie y mucho menos yo,ella ya había sufrido tanto y ahora, no podía permitirme hacerle daño.Contemplé el techo blanco por un rato, sintiéndome la persona más pérfida comoamiga. Entonces oí cómo la puerta se abrió y luego la voz de Ginny y la deDraco mezcladas. El corazón me latió por dos cosas, de nerviosismo y ansiedad.

-¡Herms! ¿Estás?-preguntó Ginny en un sonoro grito.

¿Y ahora qué se suponía que debía hacer? ¿Salir y portarmecomo si nada, siendo hipócrita hacía con Ginny y ordenando callar a mi corazóncuando Draco se acercara ó quedarme encerrada en mi habitación y hasta quizáocultarme en el armario para siempre?

-¡Allí estás!-dijo Ginny, con alivio, abriendo la puerta demi habitación y haciéndome sentir descubierta bajo la mirada gris de Draco quese mostraba en segundo plano.

Le sonreí, totalmente nerviosa y atontada debido a que notuve la oportunidad de salir corriendo por la ventana, aunque hubiera sido malaidea por los tres pisos que había antes del suelo. No pude mirar a Draco, omejor dicho mantener mi mirada en él, mientras él me veía; pero tampoco pudehacerlo con Ginny, porque ella quizá podría ver en mis ojos alguna aflicción. Yno estaría del todo equivocada.

-¿Por qué no le abriste a Draco?-preguntó, entre tanto queyo bajaba de la cama y me acercaba para salir de mi habitación, aunque noquisiera.

-Oh, perdóname-intenté mirar al interpelado pero su miradame derritió el corazón incluso antes que éste pudiera latir, así que meapresuré a hablar para quitarla rápido-. Es que me quedé dormida con la músicaa todo volumen-me excusé y luego me dirigí hasta la cocina para tomar unamanzana, pero más para huir de ambos. Porque por el lado que sea, yo me sentíaculpable.

-No, no te preocupes-me dijo Draco y su voz hizo que las piernas me temblaran.

-Lo encontré sentado afuera, quién sabe por cuánto tiempoestuvo allí-musitó Ginny y por la colilla del ojo miré cómo se giró hacía Dracopara darle un abrazo cariñoso.

El hecho de que no quería admitir que me daban celos, noevitaba que los sintiera. Entonces el timbre sonó interrumpiendo el beso queestaban a punto de darse y corrí alegre a abrir la puerta, dándole gracias aquién sea que estaba del otro lado.

Cuando abrí, un ramo de rosas rojas le tapaba la cara aalguien y sólo divisé las viriles manos que lo sostenían. Todos nos quedamosobservando, confundidos y curiosos, hasta que el ramo de rosas bajó y pude verel bello rostro juvenil de Theo, sonriéndome.

 

-Hola-me dijo.

-Hola-musité, aun confundida.

-¿Puedo pasar?-preguntó.

-Adelante-animó Ginny, esperando ver la escena que yaimaginaba.

Recordé las palabras de Harry de esta mañana, y me esforcéde verás por no sacarle provecho al asunto. Al menos no a propósito.

Theo condujo sus pies hasta quedar atrás de mí, y luego yocerré la puerta, temiendo por lo que pudiera pasar a continuación.

-Ten. Es para ti-me dijo cuando le miré y me extendió elramo.

No quería, pero no pude evitarlo y miré por la colilla del ojoa Draco, quien tenía un ceño ligeramente fruncido. Luego a Ginny, quien conojos como platos contemplaba la escena, ajena a la expresión de su novio ycompletamente emocionada; como de esas niñas que ven un espectáculo de navidaden primera fila y apenas pueden esperar para saludar al sujeto gordo vestido deSanta Claus.

-Gracias, Theo-tartamudeé, tomando el ramo.

-Te dije que lo haría y bueno, yo siempre cumplo-musitó.

Antes de que pudiera yo decirle algo, Ginny habló, pero paraDraco.

-Oh, amor, eso me hizo recordar-dijo-. Gracias por larosa-besó su mejilla.

Draco, desconcertado, frunció el ceño.

-¿Cuál rosa?-preguntó.

Oh, oh. Pensé.

El corazón se me aceleró en un intento de explotar denerviosismo y las manos desprendieron un poco de sudor frío.

-¡Eh, Draco!-dije, adelantándome a la situación-. La rosaque le dejaste a Ginny ayer, como disculpa porque no pudiste venir, ¿recuerdas?-rogabapor que Draco me siguiera la corriente y también porque no se molestaraconmigo.

Miré de reojo a Theo, quien sabiamente guardaba silencio ysu rostro me decía que trataba de comprender lo que estaba sucediendo.

Los ojos de Draco me miraron, extraños. Fue una mirada queno supe describir, sus ojos algo me dijeron pero yo no entendí, estabademasiado nerviosa como para ponerme a descifrar el mensaje que me gritaban.Luego de un silencio, Draco retiró su mirada de mí y le sonrió a Ginny.

-Sí, ya recuerdo-musitó-. De nada-dijo.

Suspiré de alivio.

Después de eso, Ginny volvió al ataque.

-Y Theo, ¿a que se debe tan gran detalle conHermione?-preguntó Ginn, preparada quizá para la bulla.

-Emm
-tartamudeó.

-Porque somos excelentes amigos, ¿verdad, Theo?-interrumpí.

-Claro-dijo el interpelado.

-Chicos, les daremos privacidad. Theo y yo iremos a mihabitación-tomé la mano de Theo mientras que con la otra aun sostenía el ramo-.Vamos, Theo-lo llevé hasta mi cuarto, mientras que éste trataba de comprendermucho más todo lo que había ocurrido antes.

La mirada inquisidora de Ginny estaba a mis espaldas y la deDraco, desconcertado, también nos seguía, hasta que nos deshicimos de ambas alcerrar la puerta.

Cerré los ojos y suspiré.

-Dios
-murmuré, aliviada.

-¿Qué acaba de ocurrir allá afuera?-preguntó, Theo.

Le miré y suspiré de nuevo, era hora de contarle todo.

-Tenemos que hablar, Theodore-dije y le hice seña de que sesentara sobre la cama entre tanto que yo me sentaba a su lado y ponía el ramosobre la almohada.

 

-¿Qué pasa?-preguntó, inquieto.

-¿Recuerdas ayer cuando te dije que si alguna vez te habíagustado alguien prohibido?-inquirí, en voz baja.

Él asintió.

-Bueno
-guardé silencio por un minuto, mientras que los ojoschocolate de Theo esperaban que siguiera hablando- creo que estoy enamorada deDraco-admití, casi con un hilo de voz.

-¡¿Qué tú qué?!-farfulló.

-¡Shhh!-exclamé, para que bajara su tono de voz-. Harry mehizo darme cuenta de ello.

-Pero es el novio de Ginny, y ella es tu mejor amiga-musitó,con un leve tono de desesperación.

-¿Y crees que no lo sé?-dije, triste- Pero uno no decide dequién enamorarse-cité, lo que hace unas horas había aprendido de Harry.

-¿Y lo de la rosa?

-Bueno, Ginny llegóayer y la vio tendida sobre la mesa de centro, me preguntó que si fuiste túquien me la había dado y dije que no, ya sabes, no quería que empezara aespecular más de lo que ya lo hace; entonces le dije que era Draco quien se lahabía dejado a ella, porque no podía decirle que su novio me la había dado amí-expliqué.

-Eres una gran amiga, Herms-me acarició el hombro.

-Claro que no, ¿qué clase de amiga se enamora del novio desu mejor amiga?-dije, en un chillido ahogado.

-Bueno, exceptuando eso. Entonces, ¿te molesta que yo
? Yasabes.

-Theo, no quiero usarte para darle celos a Draco-bajé lacabeza.

-No siento que me uses. Aunque Draco sí se pone celoso, cosaque no debería.

-Eres un gran amigo para mí, Theo. Es así como yo te veo.Discúlpame.

-No tienes que pedir perdón por eso, Herms-sonrió-. Eres muylinda, claro, pero también eres una amiga para mí.

-Gracias, Theo.

-¿Y ahora qué piensas hacer?-me preguntó.

-Trato de ignorar a Draco.

-¿Por eso no le abriste la puerta?-rió.

-¿Cómo sabes eso?

-Mi tía me dijo que lo vio sentado allá afuera, como siesperara.

Suspiré.

-No siempre podrás evitarlo, Hermione-me dijo.

-Ya lo sé.

-¿Sabes? A lo mejor no es enamoramiento, simplemente es
deslumbramiento muy profundo-trató de animarme.

-¿Qué diferencia hay?

-Que en uno estás enamorada, en el otro no-rió, pero subroma no provocó nada en mí e inmediatamente volvió a la seriedad-. Cuando meocupes, sabes que voy a estar allí-me acarició la rodilla.

-Gracias, Theo. En serio, gracias.

Una vez aclaradas las cosas, Theo y yo pasamos el ratoriéndonos, aunque mi risa no fuera con mucho sentido.

-Creo que ya es hora de irme. No quiero perderme lacena-dijo Theo, sobándose la panza.

-Está bien. Ojala podamos vernos mañana-sonreí.

-Claro.

Me paré para abrir la puerta de mi habitación y Theo mesiguió. En cuanto la madera me dejó ver la escena exterior, deseé cerrarla denuevo de un solo portazo. ¿Cuántas veces se necesitaba ver la escena amorosaentre Draco y Ginny para que mi corazón se rompiera por completo? Me paré enseco y Theo detrás de mí. Draco y Ginny se separaron y sus bocas volvieron aser dos. Algo dentro tironeó mi corazón.

-Perdón-dijo Theo, ya que yo me había quedado sin voz.

-Oh, no te preocupes, Theo-se levantó Ginny del sofá y seacercó-. ¿Ya te vas?-preguntó, medio consternada.

-Sí-dijo él.

Me empujó discretamente por la cintura, mientras que yo meesforzaba por borrar mi rostro afligido. Medio reaccioné. Seguí a Theo hasta lapuerta y él notó mi reacción.

 

-Nos vemos luego, chicos-dijo Theo y dijo adiós con la manoa Draco y a Ginny. Entonces se acercó a mí y me plantó un beso tierno cerca,muy cerca de los labios, rozando sólo la orilla y antes de que se despegarademasiado de mi rostro me guiñó el ojo.

Me quedé parada allí, analizando lo que Theo acababa dehacer, o mejor dicho, el porqué lo había hecho.

-Adiós-musité por fin y luego cerré la puerta tras ver la sonrisade Theo.

Me giré y los ojos inquisidores de Ginny me acusaron mientrasque los de Draco me miraban como si estuviesen furiosos. Pero eso eraimposible, ¿no? No puede enojarse tanto por una estúpida rosa. Porque
esa erala razón, ¿no?

Se limitó a intimidarme y cuando lo notó dejó de hacerlo ybajó la mirada.

-¿De qué tanto hablaron tú y Theo?-preguntó Ginny, lacuriosidad que siempre había existido en ella ahora me resultaba extrañamentefastidiosa.

-De nada importante, ya sabes-me encogí de hombros-, su tía,la cena-dije, divagando un poco- ¿Sabes? Voy a ver si tenemoscorrespondencia-inventé, para poder escapar un rato de aquel incómodo momento.

-Pero

No dejé que Ginny terminara e interrumpí el sonido de suaguda voz cuando la puerta me colocó del otro lado, suspiré y bajé con lentitudlas escaleras, necesitaba un poco de aire fresco. Llegué hasta el último piso yrevisé en el cajón marcado con el 312 para ver si teníamos correspondencia, nohabía nada más que unos cuantos folletos de publicidad sobre cuentas de banco,a lo poco que pude entender. Arrugué los papeles y los hice una bolita malhecha, luego salí del edificio y me senté en las escaleras de la entrada endonde deposité las bolitas de papel a un lado, me llevé ambas manos a mis antebrazos, esta noche había decidido teñirse de un azul oscuro y gélido aire.Suspiré, haciendo que el vapor saliera de mi nariz y chocara con el frío.

La puerta se abrió a mis espaldas y antes de que pudieraarticular algún pensamiento, su voz me distrajo.

-Necesitamos hablar-me dijo Draco haciéndome pegar unbrinco, su tono era un poco áspero y cuando me giré a mirarlo, se esforzaba enocultar un rostro medio colérico, pero la máscara no resistía muy bien.

De pronto me asusté. ¿Tan mal se había tomado que yo le hayadado la rosa a Ginny? Le miré con ojos angustiados.

Se sentó a mi lado, allí en el frío cemento de las escalerasdesgastadas de la entrada y el contacto con su piel me produjo un tierno calorcuando pegó su brazo y hombro al mío.

-¿Qué sucede?-pregunté.

-¿Qué fue eso?-me dijo, con el mismo tono de voz.

-¿Que fue qué?-esto parecía un juego de palabras.

-Eso, con Theodore, ¿por qué te besó?

Me solté a reír de puro nerviosismo, yo pensando que él medaría una buena amonestación por lo de la rosa y, ¿me sale con eso?

-No me besó-dije.

-¿Entonces cómo le llamas al hecho de que él haya pegado suslabios a los tuyos?

-¿Qué?-reí aun más y al parecer a Draco no le hacía muchagracia- Theo no me besó, no en los labios, al menos. Fue sólo un beso deamigos.

-Pues no parecían amigos-farfulló.

-Malfoy, pareces mi padre-dije, medio molesta por tener quedarle explicaciones y la risa se volvió una línea tensa en mis labios.

Draco suspiró y decidió mejor cambiar de tema, aunque no detono de voz.

 

-¿Por qué le diste la rosa a Ginny?-preguntó.

-Porque ella es tu novia, Draco-dije, aunque me haya dolidorectificar aquello-. A ella es a quien debes de darle rosas, osos de peluche olo que sea.

-Pero yo te la quise dar a ti-insistió.

-Y yo no iba a decirle a Ginn eso, ¿o sí?-suspiré-. Draco,¿por qué te molestas tanto con las cosas que hago? ¿Por qué te importa que lehaya dado la rosa a Ginny e inventado una excusa para salvarnos el pellejo?¿Por qué te molesta si Theo me besa o me lleva un ramo de flores?

Se quedó en silencio un rato, mirando hacia delante con elceño fruncido y sus labios formando una línea.

-No lo sé-musitó-. Tengo que irme-se levantó rápidamente ycaminó hasta su Hybrid negra y subiendo a ella condujo hasta desaparecer calleabajo.

Me quedé sentada allí, sin saber bien qué había ocurridohace unos minutos; era la clase de desconcierto que hace que te duela la cabezay sentir cómo si tus pies volaran lejos del planeta Tierra. ¿Por qué Dracohabía actuado así? A no ser que
no, claro que no. Eso sería imposible.

Suspiré agobiada, si Draco había malinterpretado todo,seguro Ginny también y ahora, aunque no tenía ganas de mantener una conversaciónpara mentirle más a Ginny y sonreírle condescendientemente, tenía que pararmeenfrente de ella y darle el mismo sermón que le dí a Draco, el de "Theo y yosólo somos amigos".

Me levanté desganada y abrí la puerta del edificio,conduciendo mis pies escaleras arriba hasta llegar al tercer piso y aldepartamento 312. Suspiré de nuevo antes de entrar, rogándole a Dios tan sóloun poco de ayuda, Ginny podía llegar a ser realmente persistente.

Abrí la puerta girando la dorada perilla y visualicé a Ginnmirando TV desde la cocina; mientras intentaba recalentar en el horno un pedazode pizza del día jueves. Cuando me vio entrar se giró hacia mí y me sonrió degran manera haciéndome ver sus dientes medianos y blancos, tan fuertes como unroble.

Traté de sonreír.

-¿Por qué la gran sonrisa? ¿La pizza no se te quemóhoy?-bromeé.

-Aay-se quejó como niña pequeña-. Eso sólo fue una vez yhace ya varios años-dijo y rió, dejando escapar el sonido levemente gutural desu risa.

Me tuve que reír también, recordando aquella escena de lapizza quemada en casa de su abuela, cuando teníamos diecisiete años.

-Bueno, pero no es por eso porque sonrío-me dijo-. Tú tienesalgo que contarme-levantó las cejas una y otra vez.

-¿Cómo qué?-me hice la que no sabía.

-No sé, tú dime, algo que tenga que ver con un chico rizado,llamado
¿Theo?-tanteó.

Puse los ojos en blanco.

-Ginny, ¿cuándo vas a entender que entre Theo y yo sólo hayuna bonita amistad? Ya aclaramos el punto y ambos estamos bien siendo amigos.

-Pero yo vi

-Un beso, ya sé-la interrumpí, de nuevo poniendo los ojos enblanco-. Ginn, pero ese no fue un beso en la boca, fue en la mejilla, cerca,pero fue de amigos, nada más-dije.

Se quedó en silencio como por tres segundos y luego exhaló.

-Eres aburrida-dijo y se giró para ver su pedazo de pizzagirar en el plato de vidrio, dentro del horno.

-El hecho de que no me guste Theo no quiere decir que seaaburrida-me defendí.

-No, pero desde que llegaste a Venecia, no has salido conningún chico-me dijo-. A menos que
-se giró de nuevo y me miró, la sonrisavolvió a expandirse por su rostro- ¿Te gusta Harry?-preguntó.

 

-¿Qué?

-Pues, no sales con más chicos, vas de aquí para allá pero nosin las mismas personas: Theo, Harry, tu amiga la de los Agnelli e inclusoDraco.

Algo me estrujó el estómago cuando dijo su nombre.

-Bueno, ¿y qué quieres que haga? Harry se ha vuelto un amigoexcelente y Theo es una persona grandiosa. A Luna la conozco por que trabaja enel laboratorio de fotografía y es una chica sensacional. Así estoy bien, noocupo tener tantas personas en una vida que pronto dejaré. No voy a quedarme avivir en Venecia por siempre-dije.

-Ya lo sé, Hermione. Lo que trato de decir es que disfrutael tiempo que estés aquí.

-Eso lo hago, créeme.

-Pero

-¡Tu pizza está lista!-canté al oír el pitido del horno-. Mevoy a dormir, te quiero, buenas noches-le lancé un beso y me fui a pasoapresurado a mi habitación.

Me sentía culpable, porque la verdad era que no meentusiasmaba tanto la idea de pasar el día con Ginny, al menos no si lo veía dela perspectiva de que no vería a Draco, o mejor dicho, de que no estaría yosola con él. Me revolqué entre las sábanas de mi cama hasta que la apenascálida luz del sol me llegó a los ojos.

-Bestia-los golpes en la puerta no fueron tan intensos, perosí molestos.

-Ya estoy despierta-farfullé.

Salí de mi habitación y miré a Ginny sonreírme. Me sentí malde nuevo.

-¿Cuáles son los planes de hoy?-pregunté, totalmentedesganada.

-Conseguir un vestido elegante-me dijo.

-¿Elegante? ¿Qué celebramos?-inquirí, confundida.

-El próximo domingo es el cumpleaños del señor Vittore y, yasabes cómo son todas esas personas-puso los ojos en blanco-. Gastan hasta elúltimo centavo para darle lujo al ambiente.

-¿El señor Vittore?-traté de pronunciar el apellido con elacento que Ginny había utilizado.

-Sí, el dueño del Hospital, Roberto Vittore-explicó.

-Oh
¿y
?

-Estamos invitados-sonrió ampliamente.

-¿Invitados?-quería saber a quiénes se refería.

-Sí, tú, yo y Draco. Quien por cierto ya debería estaraquí-divagó, mirando el reloj de su muñeca.

-¿Draco? ¿Nos acompañará?-hice un mohín.

-Claro, ¿y luego quién nos dirá que nos vemos lindas con losvestidos?-bromeó.

-Pero Draco es
hombre. Sabes que no les gusta eso-intentéencontrar una excusa creíble para que Draco no fuera, yo no debía siquieraestar cerca de él.

-Pero es mi Draco-dijo y me dolió-, él está dispuesto aacompañarnos.

Entonces el timbre sonó. El corazón me latió ansioso,presuroso y
angustiado.

Ginny corrió animosa hasta la puerta, mientras que yo mequedé parada allí, con ganas de correr en dirección opuesta. Después de lapequeña discusión que tuvimos ayer no sabía qué sentir. Pero entonces Ginnyabrió la puerta y la luz apareció en mis ojos, allí estaba él, tan deslumbrantecomo siempre, usando una camisa en color azul a cuadros, desabotonada, y unjeans del mismo tono, ajustado a sus despampanantes piernas. Hizo que el mundose me volteara en un segundo cuando me miró.

-¡Amor!-dijo Ginny, sin duda feliz. Pero esta vez en darleun beso en los labios, se lo dio en la mejilla.

 

Agradecí aquello, aunque la fierecilla igual se sintiócelosa.

-Hola-musitó Draco.

La saludé con la mano.

-Ve a cambiarte, Herms-me instó Ginny y sólo entonces caí enla cuenta de que estaba en pijama, de nuevo-. Nos espera un largo día.

Sonreí y sin decir nada me fui a mi habitación, haciendo unmohín mental por el adjetivo que Ginny acababa de usar para calificar al día
largo.

Me puse un blusón negro combinándolo con un jeans en tonogris y até mi cabello en alto, luego salí al encuentro con ambos.

-¿Lista?-preguntó Ginny.

Asentí. Era raro, como si me hubieran quitado la voz, perolo cierto es que me sentía realmente incómoda al recordar la discusión de ayer.Y al parecer no era la única, Draco tampoco hablaba mucho.

Nos fuimos en su Hybrid negra, Ginny en el asiento delcopiloto, claro, y yo acurrucada atrás, mirando a través de la ventanapolarizada. Recordé cuando íbamos solos los dos, yo en lugar de Ginny, y deseé fervientementeque ahora, Ginn se borrara de la escena y al instante me sentí mal,traicionera. Suspiré, empañando el cristal negro.

-Herms, ¿tienes alguna idea para el vestido?-me preguntóella.

-¿Ah?-musité, encerrando mis pensamientos en algún cajón demi mente.

-Sí, algún color que tengas ya en mente-me miró.

-Oh, bueno
no, en realidad-me encogí de hombros.

-¡Yo sí!-anunció- Creo que escogeré uno en tono tinto-medijo, pero luego miró a Draco- ¿Te gustaría?-le preguntó.

-Te verías hermosa con ese color-respondió.

Algo me picó cerca del pecho, como si una aguja se meenterrara en el corazón: me giré de nuevo a mirar hacía la ventana, tratando deignorar la situación.

Draco condujo hasta una calle que estaba repleta de tiendasde vestidos de gala, como si fuera alguna calle de Nueva York, así me pareció.

Al bajar, Ginny me tomó de la mano y me hizo apresurar elpaso, emocionada; mientras que Draco nos seguía detrás.

Entramos a una tienda que en sus vitrinas exhibía trespreciosos vestidos en maniquís blancos y sin cabeza. Al instante, lacalefacción del lugar me abrigó el cuerpo, ya que afuera estaba frío.

-¡Mira esos vestidos, Hermione!-Ginny señaló hacía suderecha, mostrándome tres vestidos en tono negro.

-¿Puedo ayudarle?-preguntó una señora amable, que tenía elcabello color caoba acomodado en un peinado de estética, con un acento italianoapenas reconocible.

-Sí, estamos buscando vestidos para una fiesta elegante-dijoGinny y luego le sonrió.

-¿De noche?

-Sí.

-Síganme-dijo ella y caminó más al fondo de la tienda.

Ginny me hizo seña deque la siguiera y luego volvió a girarse para seguir a la señora. Apenas iba adar el primer paso, su mano me ató del antebrazo, con fuerza pero sin causarmedaño alguno, no hizo falta que me girara para comprobar que era Draco, conocíasus manos muy bien.

Peroel sólo contacto de su mano con mi brazo, hizo arder mi piel. Me giré amirarle, esperando algo parecido al extraño comportamiento de ayer, pero sumirada era distinta, era como siempre había sido, tierna, inspiradora,brillante.

-¿Podemoshablar un minuto?-pidió y su voz de terciopelo acarició mis oídos.

Asentíy me soltó.

-Creoque
-comenzó y al instante bajó la mirada- que te debo una disculpa-musitó,pero yo me quedé en silencio, porque en realidad no sabía qué decir. Entoncesél levantó su mirada gris y capturó mi rostro, como no dije nada, continuó hablando-.Por lo de ayer, la
extraña discusión que tuvimos, yo
eh
debí agradecerte,aunque no le veo nada de malo darle una simple flor a una amiga; pero tienesrazón.

 

-¿Enqué tengo razón?-pregunté, hablando por primera vez desde que inició el día.

-Enque a quien debo de darle ese tipo de cosas es a Ginny, ella es mi novia-esbozóuna tenue sonrisita-, ¿no?

Mequise morder la lengua. Retractarme de las palabras que había dicho ayer, peroya no podía, además de que era verdad, yo tenía razón, y me dolía tenerla.

-Claro,sí-sonreí también. Aunque fingidamente.

-Entonces
-vaciló-¿estamos bien? Digo, somos amigos, ¿verdad?

Amigos.La palabra rebotó en mi mente como pelota de ping pong. Me dolió.

-Claro,amigos-esbocé una tenue, apenas visible sonrisa.

-Genial-susonrisa se volvió amplia.

-¡Herms,Draco! ¿Por qué se quedaron allí?-Ginny salió de nuevo a la vista y nos tomó dela mano a cada uno, llevándonos con ella- Herms, vi unos vestidos preciosos, teencantarán-me dijo, animada.

Lesonreí, fingiendo entusiasmo.

Nosllevó hasta el fondo de la tienda, en donde ella ya había hecho selección detres vestidos; uno en verde, otro en morado y el último en tono tinto.

-Ve yescoge alguno que te guste anda-me instó y me señaló un apartado con variosvestidos.

Megiré a ellos y comencé a pasar la mano sobre cada uno, distraídamente. Rosa,rojo, negro, amarillo. Los colores pasaban por mi mente, pero nada más; porqueen realidad no le estaba prestando atención alguna al diseño del satín.

Amigos.Aquella conclusión de él me decía que ese era nuestro destino, nada más. Si yotenía sueños, esperanzas o cualquier tipo de especulación acerca de una posiblerelación futura, tenía que echarlas a la basura. Nada iba a pasar, nunca,sencillamente porque él era el novio de mi mejor amiga.

-Creoque el azul se te vería estupendo-dijo el a mi lado, haciéndome volver a larealidad, pero aun manteniéndome perdida en las capas de terciopelo de su voz.

-¿Cómo?-pregunté,atolondrada.

-Elazul-señaló un maniquí portando un precioso vestido largo, en tono azul violetatornasol, o un azul Copenhague, no supe bien. Con diseños en dorado.

Meacerqué a el, sumamente atraída y el me siguió.

-Muyespacioso, ¿no crees?-dije, admirando el amplio del faldón.

-Notanto. Perfecto, diría yo-me dijo-. Se te vería estupendo, como la blusa quetenías el día que salimos con mi hermano, ¿recuerdas? Además, es mi colorfavorito-añadió.

¿Quési lo recordaba? Lo que me sorprendí era que él lo hiciera.

Elvestido era realmente precioso, así que me lo probé, justo como Ginn lo hacíacon los que había elegido. Mientras que Draco esperaba sentado afuera.

-Sete ve hermoso-dijo DRaco, cuando Ginny le preguntó qué tal, entre tanto que yome esforzaba por meterme en el vestido, torpemente.

Mepregunté qué color era ahora el que Ginny vestía, ya que se había probadoprimero el vestido en tono tinto. Corrí la cortina y salí del vestidor cuandopor fin logré acomodarme el elegante atavío.

Ginnyy Draco me miraron, asombrados.

-¿Meveo tan mal?-pregunté, un poco cohibida ante ambas miradas de alucinación.

 

-¿Mal?Dios, Hermione, el vestido es hermoso, te ves genial-me dijo Ginn acercándose amí.

-Teves preciosa-musitó Draco, como un escultor admirado de su propia obra.

-¿Dóndeencontraste el vestido?-me preguntó, maravillada.

-Pues,Draco
me ayudó a encontrarlo-admití, aunque debería de haber dicho, "Draco loeligió"

-¿Enserio?-se sorprendió Ginny- No tienes malos gustos, Draco-dijo y rió.

-Gracias.

Mesentí muy observada así que decidí hacerle fiesta al vestido que Ginny usaba.

-Tuvestido es
precioso-dije-. Morado, claro. Tu color favorito.

Eraun vestido sencillo pero lindo, en tono morado, en corte princesa y unostirantes que lo ataban al cuello.

-¿Tegusta?-preguntó Ginny.

-Claro,se te ve estupendo-reconocí.

Adecir verdad, el vestido era bastante sencillo, sí, pero Ginny tenía ese no séqué que hacía lucir cualquier cosa que se pusiera, aun así fuera la prenda máshorrible del mundo.

-Entonces,creo que tenemos los vestidos-dijo, satisfecha.

Lesonreí, tímida.

-Ginny,no tengo con qué pagarlo-dije, el precio del vestido no era para nada barato.

Ellaexplotó en risitas tiernas.

-Noseas tonta, Herms, yo los voy a pagar-me dijo.

-¿Qué?No, no, no-negué con la cabeza.

-Claroque sí, y no quiero protestas. Anda, cámbiate para ir a pagarlos-me empujóhacía el vestidor y ella cerró la cortina, corriéndola de un tirón.

Memiré al espejo, ahora me sentía peor; Ginny era una excelente amiga, ¿y cómo lepagaba yo? Enamorándome de su novio. Suspiré y decidí no pensar en ello, ¿paraqué me hacía más daño? Me despojé del vestido y lo doblé sobre mi brazo, parasalir cuando ya estaba vestida con mi ropa.

Ginnypagó ambos vestidos y aproveché para agradecerle a Draco la ayuda.

-Gracias,por elegirme el vestido-dije y le sonreí de una forma desconocida para mí.

-Pornada, me alegra haberte ayudado.

Me lequedé mirando, justo como él a mí. Su mirada plata era como una canciónromántica en mi alma, de esas canciones que te hacen desear bailar bajo la luzde la luna.

-Draco,Herms-nos llamó Ginny y nos hizo apartar la mirada del otro-. Vámonos-sonrió.

Me diola caja del vestido y Draco tomó la suya para llevarla él, luego se giró a mí.

-¿Teayudo?-se ofreció.

-Claro-dijey le di la caja.

Salimosde la tienda, y Ginny tomó la mano de Draco para caminar hasta su Hybrid. Lafierecilla se enfureció por ver el entrelazado de dedos entre ambos. De pronto,deseaba al menos confundirlo, que alguna parte de su cerebro formulara minombre junto a una remota posibilidad
al menos. Pero al instante de que mepercaté de aquello, me retracté velozmente. Esto no debería de estarme pasando.

Sacudíla cabeza como queriendo deshacer esos pensamientos y decidí ignorar a todoaquello que la fierecilla me gritaba, aun así yo estuviera de acuerdo.

Elchillido del tocino sobre la casuela caliente tronaba en mis oídos y el aromaque éste desprendía hacía que mis tripas se quejaran de hambre. Apenas habíaconseguido sobrevivir ayer, tenía que admitir que me dolía bastante el corazónverlos reír y abrazarse, y ni hablar de cómo se me partía el corazón cuando sebesaban.

Servíel tocino sobre el plato amarillo en donde ya estaban un par de huevosrevueltos, me senté a comerlos, tratando de no traer a mi mente los recuerdosde ayer, porque dolía, de verdad dolía.

 

Cuandoterminé de comer, lavé mi plato y salí del departamento; hoy tenía que ir conLuna a contarle todo, porque aunque yo le llevara algunos años de diferencia,ella era increíblemente madura, su manera de pensar me fascinaba y me dejabasorprendida, y yo le tenía la confianza suficiente como para ir y contarle misecreto inconfesable.

Lasaludé en cuanto la vi, su blusa amarilla fue lo primero que capté en laoscuridad del laboratorio antiguo, pero luego su cara de ángel atrajo miatención.

-Metienes abandonada-me dijo, bromeando.

-Losé, lo siento.

-¿Trajistematerial nuevo?-me sonrió, entusiasmada.

-No,en realidad no traigo fotos ahora-vacilé-. La verdad tengo algo que contarte.

-¿Theopreguntó por mí?-sus ojos destellaron encanto.

Reí.

-No,la última vez, pero sí lo hace.

-Oh
-musitó.

-Vayamosa tomar un café, ¿quieres?

-Claro-aceptó.

Salimosy recorrimos algunas calles, hasta que nos sentamos en un café cercano.

-Bueno,dime, que me estoy muriendo de la curiosidad-me instó, palpándome el brazo.

Sonreínerviosa y la expresión me cambió al instante.

-¿Porqué esa cara?-me preguntó, preocupada.

Penséqué decirlo así, sin tantos rodeos, era la mejor opción, así que hablé rápido ysin tropiezos.

-Estoyenamorada del novio de mi mejor amiga-dije, atropellando las palabras.

-¡Q-q-quédices! ¡Oh! Cuéntamelo todo, ¿eh?-su bello semblante de ángel gracilmentemaquillado se puso atento, inclinándose hacía adelante un poco- Tengo bastantetiempo.

Me lequedé mirando, sorprendida y divertida por su reacción. Ella interpretóperfectamente mi silencio.

-Oh,lo siento-dijo, tranquilizándose-. Cuéntame-y volvió a recargarse en elrespaldo de la silla.

Leconté la historia desde el principio, el tiempo nos sobraba a ambas y,desahogarme con Luna me resultó más sencillo de lo que esperaba. Ella eramujer, me entendía y comprendía más de lo que lo hubiera podido hacer Harry oTheo. En el transcurso de la charla, la veía hacer expresiones de sorpresa yotras de que estaba sumamente atenta; todo eso me recordó a Theo, ambos teníanun rostro expresivo pero de ángel.

Cuandoterminé de contarle, el silencio que guardó me hizo sentir nerviosa y comencé aenrollar mis dedos entre el blanco mantel de la pequeña mesa redonda.

-Esel chico de las fotos, ¿no?-preguntó.

-Sí.

-Losabía-dijo y sonrió con autosuficiencia.

-¿Quésabías?-pregunté, confundida.

-Hermione,los ojos se te veían brillar cuando hablabas de él, y vaya que es apuesto elmuchacho, ¿eh?-soltó una risotada.

-¿Enserio?-dije, afligida. Si ella lo había notado, ¿Draco se habrá dado cuenta decómo es que late mi corazón cuando está cerca?

-Loamas-puntualizó.

-¿Amarlo?¿Estás loca? ¡Claro que no!-chillé, escandalizada. No había llegado hasta esepunto, aun.

-Claroque sí, Herms, se te nota. Amar y enamorarse no es lo mismo; enamorarse esdisfrutar de todas aquellas sensaciones que se sienten al ver a la persona
"especial"-hizo las comillas con los dedos-. Pero cuando amas, ya empiezan adoler.

Mequedé en silencio, sopesando sus palabras y al comprender, se me cayó el mundoencima. Ella tenía razón. Yo
lo amaba. Dejé salir un leve gemido.

 

No quiero empezar este capitulo sin antes agradecer a esas personitas incondicionales que llamo "Lector@s" No quise actualizar la historia sin que la otra no fuese borrada, gracias a las chicas que me avisaron, y que ademas, tambien le avisaron a la otra, el problemas que presentaba. con ustedes puedo hacer mi ejercito de mortifagos y todo :3 Looos quiero un mundo y gracias por su fidelidad, ahora, sin mas cursilerias, les dejare uno de los capítulos esenciales para toooodo el drama que le viene encima a la pobre Herms... DISFRUTENLO...

-No te preocupes, Herms-me dijo-. Demuestra que eres madura,que sabes cómo sobrellevar esto, a lo mejor yo me equivoco y no es más que unaamor pasajero, ya sabes, esos de "verano"-volvió a hacer las comillas-, aunqueen vez de verano sería invierno-dijo y rió por lo bajo, festejándose su pequeñabroma.

-Pues, ojala te equivoques-musité.

Ella rió.

-Hrmione, yo no voy a decirte qué es lo que tú sientes, ¿loamas? Eso sólo puedes contestártelo tú misma-me aconsejó.

-Gracias.

La tarde se había pasado volando, y desde que había vueltoal departamento después de tomar el café con Luna, me quedé tirada sobre elsofá mirando el techo de la sala. ¿Yo lo amaba? ¿Cómo puede ser posible queames a una persona en
un mes? Había un pasado un mes, o apenas iba a pasar, lacuenta exacta de los días no la llevaba, pero, yo no era de las personas queamaban en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo debía admitir que Draco sehabía ganado mi confianza, cariño y ternura en menos de una semana. Él era tan
especial. Como un diamante en bruto dentro de una mina, que aunque no le dierala luz del sol, brillaba con un resplandor abrumador. ¿Ginny se daría cuenta deello? ¿Se percataría acaso de lo que tiene realmente a su lado? Me dolió elcorazón cuando palpitó, no debería estar pensando aquello.

Contemplé el techo por un rato más, especulando yhundiéndome en mis pensamientos, que iban de los más coherentes y razonables,hasta los más oscuros e ilógicos. Hasta que el timbre sonó, y todas lasreflexiones se vinieron abajo cuando el corazón comenzó a latirme de una maneratan descompasada al saber quién esperaba del otro lado. Y el placer de aquellatido era tan intenso que
resultaba doloroso. Entonces comprendí que loamaba. Y si no, terminaría haciéndolo tarde o temprano; pero estaba casiconvencida de que lo que yo sentía iba más allá del simple querer, esto melastimaba bastante pero
me gustaba.

Fue cuando el timbre sonó de nuevo, insistente junto a unosgolpes en la puerta, cuando recordé que Draco estaba detrás de la puerta. Yenseguida me levanté para abrirle.

Pasar el tiempo con él era como no tener conciencia de lahora, no pensar ni preocuparse de nada, sentirte segura y estar siempre riendo,aunque sabía que estaba mal. Pero cuando lo miré a mi lado, en el sofá,moviendo sus rosados labios al hablar con ese entusiasmo y encanto en él yluego reír con una melodía distinta en cada risa, mostrándome sus perlasblancas y gemelas, todas iguales de bellas; me hacía volar y tocar el cielo sinsiquiera despegar los pies del suelo.

Pero entonces mi tiempo se reducía a nada cuando Ginnyllegaba y no me quedaba más que sonreír y caminaba hasta mi habitación y dabalas buenas noches antes de desaparecer por la puerta y suspirar luego detrás deella.

 

Me aventé sobre la cama, como siempre lo hacía, mirando eltecho que ya conocía bastante bien y especulando como lo hacía en la sala. Meresultaba irónico que los demás eran quienes hacían que me diera cuenta de mispropios sentimientos, que si estaba enamorada de él, que si estaba celosa, quesi lo amaba. ¿Es que yo en verdad era tan torpe y terca? Pero más que misproblemas emocionales de los que no lograba percatarme, había otro grandísimoproblema que tomar en cuenta. Ginny. Yo podría herirla más de lo que me estabahiriendo yo sola ahora, ella era tan frágil y yo me había convertido en labruja de su cuento de hadas; al menos así me sentía.

El día siguiente fue bastante raro, porque tenía una extrañanecesidad de estar con él. Deseaba que la noche llegara sólo para poder verle,mi alma lo ansiaba. Decidí distraerme con cualquier otra cosa, ya que esto noayudaba mucho a mi plan de "ignorar a Draco" cuando ayer mismo no me atrevísiquiera a sostenerle la mirada por más de diez segundos. Esto no estabafuncionando.

Me asomé a la ventana y observé los carros pasar por laangosta calle, en el camino de faroles que esperaban encenderse en cualquiermomento. Fui hasta mi habitación por mi cámara y volví a la ventana paracapturar la escena que me había gustado, saqué sólo un par de fotografías paracuando el timbre sonó.

Miré extrañada el reloj, que marcaba las seis con quince dela tarde, ¿quién podría ser a esta hora? Fui a abrir sin dejar la cámara y mesorprendió lo que vi. Era Draco quien me sonreía con lucidez y provocando quelos latidos de mi corazón golpearan con ímpetu contra mí pecho. Su presencia mehizo mirar de nuevo el reloj, ¿no era muy temprano para que él estuviera allí?A lo mejor era una ilusión de mi mente y me lo estaba imaginando parado allí,lucía tan radiante pero
siempre lucía así.

-¿Qué haces tan temprano aquí?-pregunté, dejándole pasar.

-Bueno, vine a invitarte a un lugar-dijo, sin quitar aquellasonrisa encantadora.

-¿A mí? ¿A qué lugar?-mi corazón se emocionó y no pudoevitar brincar contra mi pecho.

-Es una sorpresa. Vamos-me tomó de la mano y al instante lapiel ardió de un fuego que sólo su tacto ocasionaba.

-Pero

-Es como una forma de decir 'lo siento' por lo del otrodía-musitó. Me vio la cámara en la otra mano y se apresuró a decir: - Sería unlindo lugar para tomar fotos-me ánimo, sabiendo que no me negaría jamás a unaoportunidad para capturar lugares maravillosos con mi cámara; pero más quenada, aceptaría porque sencillamente era él quien me invitaba.

-Está bien, aunque te dije que lo de nuestra pequeñadiscusión ya estaba perdonado a pesar de que no tenías por quédisculparte-admití.

-Ya no digas eso, vamos.

Soltó mi mano para darme oportunidad de tomar una chaqueta yun bolso donde guardar mi cámara y junto a él, salí del departamento hasta suya conocida camioneta Hybrid.

-Te va a encantar-me dijo, mientras conducía por las callesde Venecia, maniobrando con el volante.

Le miré y me sonrió, suspiré.

-¿Qué?-me preguntó, visiblemente sonrojado.

No dije nada, saqué mi cámara y le tomé una foto a superfil, una perfecta pose de modelo de revista, aunque no se esforzara en lomás mínimo para hacerla.

 

-¡Oye!-rió, cohibido- Si vas a hacer eso, avísame-bromeó.

-No hace falta, te des o no cuenta, sales muy bien-admití,con una extraña necesidad de pelear por el contra
mi mejor amiga.

-Gracias-bajó la cabeza levemente, y lo conocía losuficiente como para saber que lo hacía porque se sonrojaba.

Aquello me encantaba y me fascinaba. Él sonrojándose por mí.

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Estaba más nerviosa y asustada de lo que llega a estar lagente cuando enfrenta su peor pesadilla y empezaba a formular en mi mente mitestamento, qué le hubiera dejado a quién. Pero al menos moriría feliz, en losbrazos de la persona a la que amaba.

Mis cabellos comenzaron a moverse con velocidad por elviento producido y luego se apaciguaron cuando el carrito empezó a transitar endirección hacía lo alto. Hasta el momento, no había sido la gran cosa, sólovueltas tenues y velocidad media, pero ahora sabía que iba empezar lo malo, alo que más le temía: la adrenalina de caer en picada hacía abajo. El corazón seme comenzó a acelerar y parecía eterno el camino; eso era bueno y era malo,porque aunque no quería que cayéramos ya, sabía que entre más se tardara enllegar hasta arriba, más era la altura.

El pánico me invadió por completo cuando me percaté de quefaltaban sólo unos pocos metros para la gran curva de la montaña. Larespiración se me aceleraba y el pulso me atronaba en los oídos. Entonces, alborde de caer por la estrafalaria bajada, tuve la necesidad de decirle a Dracoque lo amaba. Como si fuera a morirme y jamás le viera de nuevo.

-Draco, tengo que decirte algo-farfullé, con la voz temblorosa.

Me miró, sus ojos me abrazaron también.

-Yo

Los estruendosos gritos me interrumpieron y el movimientodesagradable de mi estómago provocó que cerrara la boca y los ojos con fuerza.El tiempo se me había acabado.

Até mis brazos al cuerpo perfecto de Draco y escondí micabeza en su duro pecho, llenándome de ese perfume tan exquisito que metransportaba al paraíso al que deseaba volver y luego él apretó sus brazos más,protegiéndome.

Oía el paso de las llantas del carro sobre el metal queformaba el riel que a toda velocidad iba cayendo, los gritos combinados entrela euforia y el horror de las personas a mi alrededor y
el corazón palpitanteen el pecho de Draco, al que mi oído estaba pegado. Sentía que los cabellos seme movían con la velocidad y que tenía el estómago en los pies.

Una y otra y otra vez.

Cuando abrí los ojos es porque dejé de sentir el movimientoexterior, sin embargo, todo se seguía moviendo dentro de mí, la cabeza me dabavueltas y el estómago estaba apretujado en alguna parte de mi abdomen.

-¿Verdad que fue divertido?-la voz de Draco me devolvió unpoco la calma.

Le miré, incrédula.

-¿Bromeas? Casi muero estando arriba-farfullé.

El soltó una carcajada y ese sonido hizo de mi caos internouna quietud. Me ayudó a salir del juego sin soltarme la mano por si acaso caía.Debía admitir que estaba un tanto mareada.

-¿Y ahora? te toca a ti-me dijo.

-Claro, elijo esa banca de allá-divisé a unos cuantos metrosuna pequeña banca negra y la apunté. Necesitaba sentarme o si no muchos allíverían la merienda de la tarde.

El rió y me llevó hasta la banca.

 

-No fue para tanto-me dijo, sentándose conmigo y entoncessoltó mi mano.

-No para ti, pero yo quise morirme allá arriba-llevé ambasmanos a mi cabeza, apretándola con las yemas de los dedos.

Volvió a reír y su risa era algo de verdad reconfortante.

-Y, ¿qué ibas a decirme?-preguntó.

-¿Eh?-lo miré al instante, recordando la confesión queestuve a punto de hacerle.

-Sí, antes de que cayéramos en la primera curva de lamontaña dijiste que tenías algo que decirme-insistió.

-Oh, bueno
-me estrujé los sesos en busca de alguna excusa-Que no vuelvas a subirme a una cosa de esas en lo que te resta de vida-farfullémi mentira esperando que él la creyera.

Su entonada risa me hizo darme cuenta de que mi tontamentirilla había funcionado.

-Está bien, está bien. No volveré a hacerlo-prometió, aunriendo.

-Gracias.

Mientras intentaba aplacar las ganas que tenía de vomitar,miré a Draco, que mostraba su perfil izquierdo, como en el auto, ya que mirabahacía uno de los juegos de su lado. Me pareció tan bello, cómo su ojo conseguíaese brillo con el reflejo de las luces de colores, cómo su piel suave se volvíade oro y su sonrisa como perlas de mar. Saqué mi cámara y tomé una fotografíade él.

Me miró.

-¿Sigues haciéndolo?-dijo, divertido.

-Ya te dije que no es necesario que poses-reí.

-Ya te ríes-me observó con detenimiento y
encanto-. Tu risaes linda.

No pude evitar ruborizarme, aun en la oscuridad que yapintaba el cielo, creo que él notó que mis mejillas adquirieron un tono rosado,ya que sonrió, fascinado.

-Gracias-musité, escondiendo el rubor.

-¿Ya estás mejor?-preguntó.

Asentí.

-Genial. Hay muchos juegos que nos están esperando-me sonrióde gran manera.

-¿Estás loco?-casi se me salían los ojos de las órbitas-.Prometiste que no volverías a subirme a otro de esos-dije, casi sin aire.

-Exacto, a otro de esos, lo que yo entiendo como alguna otramontaña rusa. Estos juegos son menores, si te subiste a esa grandísima cosa nocreo que los demás te provoquen algún efecto-argumentó-. Diviérteteconmigo-casi me rogó con los ojos.

No pude resistirme.

-Está bien-suspiré, resignada. A fin de cuentas, ¿cuál erael daño?

Me llevó de la mano a todos los juegos, en donde cada vezterminaba más despeinada. Él tenía razón, estar a su lado era divertido.Reíamos juntos sin ninguna razón, excepto por el puro placer de reír. Corríamosde un lado a otro, tomados de la mano para hacer fila en los juegos y mientrasesperábamos nuestro turno, aprovechaba para sacar fotografías de él, sin que sediera cuenta antes, por supuesto.

Me sentí libre, feliz, especial; me sentí
como jamás mehabía sentido. Era como olvidarte del mundo exterior y como si sólo hayaexistido Draco a mi lado, para reír conmigo, mirarme con sus ojos miel yhacerme la persona más feliz en toda la faz de la tierra. Él era único,encantador, todo él podría ser una canción, un poema ó la rosa de un jardín.

Me reía como no lo había hecho desde que mis padresmurieron, simplemente el mundo desapareció para mí, me encontraba flotandoentre nubes, resbalándome por un arco iris y cayendo en los brazos de Draco. Ycada vez que sonreía y reía, su belleza era tan extrema que resultaba absurda.Su sonrisa era como un tesoro prohibido, de esos que no debes buscar, de esosque no debes encontrar; pero sin embargo, sumamente hermoso y atractivo.

 

Luego de que subimos a la mayoría de los juegos, decidimostomar un descanso. Compró un par de algodones de azúcar y nos sentamos en otrade las bancas.

-Es divertido estar contigo-me dijo, mientras comía de sualgodón color azul celeste-. No eres como Ginny, ya sabes
-musitó.

¡Ginny! Maldición, ¿por qué sólo me acordaba de ella cuandoél hacía la mencionaba?

-Ella es atrevida con esto de los juegos mecánicos-siguió.Pero la comparación me había dolido en lo profundo de mí ser-. Mientras quecontigo, la diversión está cuando me ruegas que no te suba y luego de que teconvenzo, bajas farfullando en contra mía-rió-. Qué divertido.

Me vi obligada a reír, su risa no sólo era un bello sonido,sino también era de esas risas que te animan a reír también.

-Se nos hace tarde, tenemos que irnos-dije, con el pesar queno pude ocultar.

-Cierto, el tiempo se pasa rápido, ¿no?-me ayudó alevantarme de la banca y arrastré los pies a su lado, para encaminarnos a suHybrid y volver a la realidad.

-Tan rápido que no te das cuenta cuándo suceden lascosas-musité, viéndome los pies al caminar; dándole el doble sentido a mifrase.

-Eso es cierto-concordó.

Subimos de nuevo a su vehículo negro que ya empezaba ahablarme de recuerdos, como si al sentarme en el asiento grisáceo, la suavidadde éste, me contara sobre las veces que yo he estado allí, con él.

Le regalé una sonrisa secreta a todos los recuerdos, peroDraco alcanzó a percibir mi mueca de labios.

-¿Por qué sonríes?-me preguntó, encendiendo el motor delvehículo.

El suave ronroneo me hizo salir de mi ensoñación.

-Porque
recordé
-me obligué a rebuscar palabras en mimente- que hace mucho tiempo que no me divertía tanto-dije, al fin.

Las comisuras de sus labios hermosos se elevaron hastaformar una bonita sonrisa complacida.

-Pues me alegra que te hayas divertido-dijo.

Volví a sonreír, como diciéndole "gracias"; luego me giré amirar por la ventanilla polarizada, escuchando los latidos de mi corazón alpensar que estaba cerca de él. La piel se me erizó un poco, no sé si por culpao de preocupación; quizá de ambos.

¿Pero qué estaba haciendo yo de malo? Mi único delito erahaberme enamorado de Draco, porque era la persona menos indicada paraaprisionar mi corazón. Su nombre debería de estar en algún manual de lo prohibido,en la primera página, con un aviso "Peligro". Volví a mi pregunta, malo seríaquerer quedarme con él. Aunque la verdad es que sí lo deseaba, pero aunque notuviera intensiones de hacerlo, desearlo como yo ya lo hacía, erasuficientemente malo. Bastante.

-¿Te molesta si hago una última parada?-me dijo, y su vozllegó hasta mi corazón en aquel silencio que inconscientemente se habíaproducido.

Le miré.

-No, por supuesto que no-musité. A fin de cuentas, si se mepermitía estar más tiempo con él, no iba a rehusarme a tal regalo.

-Genial. Quiero saludar a un viejo amigo. Hoy es sucumpleaños. Prometo que no tardaré-estacionó la camioneta en una calle mediovacía y en un instante, él ya se encontraba fuera del auto, abriéndome lapuerta para que bajara.

-Acompáñame- me sonrió y me ayudó a bajar. Luego de cerrarla puerta, como hipnotizada le seguí, acatando su orden con el mayor placer.

 

Caminamos sólo unos pocos metros; ya que, a la mitad de lacalle, se situaba un bar-café, a lo que pude entender por los dibujos con luzneón que sobresalían de la pared, a lado de la entrada de madera reciénbarnizada. Me detuve confundida, cuando Draco paró también su andar.

-Oh, tranquila. Aquí son muy amables-musitó, como siadivinara mis pensamientos.

-¿Tú
alguna vez has
?

-¡Oh, no!- se rió, como si hubiese sido una buena broma- Site refieres a que si he tomado, jamás-aclaró.

El alivió corrió por mis venas. Yo odiaba todo tipo dealcohol que dañaba los sentidos de las personas, aquello les había quitado lavida a mis padres, indirectamente.

-Ven-me tomó de la mano y no dudé en seguirlo, aunqueadentrarme a ese horrible lugar era casi igual de espantoso que subir a lamontaña rusa.

El montón de lucecitas de colores me encandiló los ojos y elsonido de la música electrónica retumbó en mis oídos. Gente bailando de aquípara allá, con movimientos bruscos de brazos y piernas. Me acordé de América,sólo con la diferencia de que aquí, los lugares parecían más decentes. O almenos los que había visitado.

Draco no me soltó la mano, mucho menos para conducirme porentre la gente danzante, hasta que me llevó hacía el otro extremo y se recargóen la barra con una elegancia extraordinaria.

-Zabini, un amico. Piacere di vederti!-dijo Draco, elevandoun poco la voz para que se alcanzara a oír sobre le ruido.

El mozo que limpiaba algunos tarros con un trapo, detrás dela barra, se giró a la voz de Draco.

-Draeco! Che gioia di vederti qui!-era un sujeto alto, con elcabello color oscuro y un tantodespeinado, su rostro era de aspecto viril, sin duda. Dejó lo que estabahaciendo y se reclinó sobre la barra para darle un abrazo cariñoso a Draco.

-Non poteva mancare il tou compleanno-su abrazo se prolongópor las palabras de Draco.

-Oh, quanti dettagli da parte tua-dijo el joven, sonriendoagradecido.

La bella sonrisa de Draco apareció en su rostro, y entoncesel joven por fin prestó su atención en mí. Su mirada curiosa se paseó por mirostro, haciéndome sentir cohibida.

-Chi è questa bella ragazza?-pronunció.

La sonrisa de Draco se hizo más ancha. ¡Cómo odiaba noentender italiano!

-E 'il migliore amico di Ginevra, è venuto a vivire con luiper un po`. Ti farò conoceré, ma non parla italiano-dijo Draco y me miró con
¿ternura?-Blaise, ella es Hermione. Hermione el es Blaise.

El sujeto me sonrió, estirando sus delgados labios y alzó lamano para saludarme.

-Hola-musitó, bañando al español con un matiz inimitable deitaliano.

Sujeté su mano, respondiendo el saludo y le devolví lasonrisa a sabiendas de que la mía parecería turbia.

Como no hablé para nada, Blaise, volvió a la plática conDraco.

-Neanche parla spagnolo?-le preguntó, confundido.

Draco soltó una carcajada que al instante supo contraer.

-Penso che odia questi luoghi, man no te la prenderepersonale-le dijo él, con amabilidad-. Beh, è meglio andare-el pesar en elrostro de Harry apareció de repente.

Al menos podía estudiar sus expresiones sino entendía nadade lo que hablaban.

-Ma se siete appena arrivati!-parloteó el sujeto tras labarra.

 

-Sì, ma fretta-una mueca se dibujó en el rostro de Draco.

-Okay, okay. Saluto Ginny.

-Chiaro-Draco sonrió, fugaz.

-Hasta pronto, Hermione. Me dio mucho gusto conocerte-medijo con su acento italiano, distorsionando un poco el español.

-Adiós, Blaise-musité, tímida.

-Arriverdeci-dijo, Draco, despidiéndose con el movimiento demano también.

-Arriverdeci, Draeco-dijo él.

Draco me tomó de la cintura y el tacto cálido de su manosobre mi cuerpo, llegaba incluso a través de la ropa. La piel se me erizó, comosi una lombriz de electricidad me recorriera el cuerpo.

Me sacó de aquel lugar y pude respirar el aire fresco unavez que estaba afuera. Aquel respiro me hizo pensar en Ginny. Me sobresalté.

-¿Qué hora es?-le pregunté a Draco.

Sacó su celular y miró la pantalla del mismo.

-Las ocho con cuatro-contestó, como si nada.

-¡Ginny ya está en casa!

-Conduciré rápido-dijo.

¿Esa era su respuesta? ¿Acaso me sentía más culpable yo queél? ¿Él se sentiría culpable al menos? Las preguntas revolotearon en mi cabezacon voz propia, mientras me esforzaba a mandarlas todas al rincón de mi mente.Callándolas.

Subí a la Hybrid de Draco cuando este me abrió la puerta. Eltiempo se me acababa; había pasado un buen rato con él, sin embargo para mípareció sólo la prolongación de lo que dura un suspiro y ahora iba a ponerlefinal al día, a mi tarde con él.

Condujo hasta el departamento de Ginny, y en el camino casino hablamos debido a que mi cabeza se encontraba hundida en pensamientos,buscando alguna manera de explicar la situación. Situación que a Draco parecíano preocuparle.

Cuando llegamos y él estacionó frente al edificio, mecongelé en el asiento por que aun no tenía el pretexto ideal para decirle aGinny. Hoy era una de esas noches en las que la cabeza no me daba para más, másque para sostener el cabello.

El rugido del motor se detuvo y el silencio se produjo lainstante.

-Listo, subamos rápido-dijo, Draco, satisfecho del tiempoque había tardado en llegar. ¿Veinte minutos se le hacía poco?

-Espera-le sujeté del brazo antes de que bajara.

Me miró, intrigado.

-¿Qué vamos a decirle?-pregunté.

-¿A quién?-inquirió, confundido.

-A Ginny-dije, obvia.

-¿Por qué?-su ceño levemente fruncido me decía que no estabafingiendo confusión.

-Por la hora a la que llegamos, porque estamos juntos, querráexplicaciones-intenté explicarle, desesperada, la culpa me estaba comiendo pordentro.

Draco rió por lo bajo.

-Pues le diremos la verdad, ¿no?-dijo- Que salimos a la feriay que pasé a saludar a Blaise.

-Pero

-No hicimos nada malo, Mione-me interrumpió, pero aun en laoscuridad de la noche pude ver el brillo ladino que sus ojos desprendían conpersuasión. Y el tono de voz cínico que salía de sus labios carnosos.

Tuve que hacer un esfuerzo sobrenatural por no aproximarme aellos, para acallar los ridículos latidos de mi corazón que podrían dejarme enevidencia. Tuve que obligarme a retener a la cordura para no contradecir a loque él acababa de decir.

La oscuridad sólo me hacía desearlo más. Me hacía quereracercarme de una manera casi incontrolable. Pero la voz en mi cabezamascullando el nombre de mi mejor amiga impidió todo tipo de incoherencia quemi mente pudo haber producido.

 

-Hermione-me llamó, haciendo que regresará al momento-.¿Estás bien?-preguntó.

-Sí, yo
sí-tartamudeé.

-Bien-se bajó del auto y quise quitarle la oportunidad deser caballeroso, porque todo aquello no ayudaba mucho en el asunto delenamoramiento absurdo en el que ahora estaba metida. Pero la puerta no abrió.Él rápidamente se encontró de mi lado y él mismo la abrió para ayudarme abajar.

Subimos por las escaleras hasta el tercer piso y llegamospor fin al departamento. Draco parecía relajado mas sin embargo yo seguíasintiéndome culpable.

Abrí la puerta con el corazón palpitante de desazón yvisualicé por un momento cómo debía ser el mundo.

Harry se encontraba con Ginny y ambos miraron al instantehacía donde Draco y yo, la expresión de cada uno era distinta, la de Ginny eraun rostro inquieto, preocupado, sin duda; la de Harry estaba tranquila, serena.Me pregunté cuál sería la mía.

-¡Oh allí están!-exclamó Ginny y corrió a abrazarnos a Dracoy a mí.

Me quedé quieta, confundida.

-Bestia, ¿por qué no te llevaste tu celular?-me dijo- Draco,¿por qué no respondías el tuyo?-inquirió al interpelado.

Más que una amiga que se sintiera engañada o especulandoalguna artimaña parecía madre preocupada como cuando sus hijos no llegan a casay pasa de la media noche. Me sentí más culpable que antes.

-Lo siento, amor-dijo Draco, y en la última palabra elcorazón se me encogió adolorido-. Llevé a Hermione a la feria, ¿recuerdas que me contaste quejamás había ido a una? Bueno, quise hacer algo realmente lindo por ella-me miróy me sonrió, pero con una de esas sonrisas que te dan los amigos: expansiva ysin rastro alguno que me hiciera confundir-. Y además, pasé a saludar a Blaise,recuerda que hoy es su cumpleaños. Por cierto, te mandó saludos-se acercó aGinny y besó su frente.

Capté la escena desde muy cerca y el corazón aun encogido enalguna parte de mi pecho, se sacudió violenta y dolorosamente. Ginny setranquilizó.

-Pero debiste al menos avisarme, amor-musitó y se alzó enpuntillas para besar a Draco en los labios.

Ya no pude mirar más, bajé la cabeza y me retiré con rapidezhasta llegar a donde Harry estaba quien se encontraba también con la miradagacha. Esa escena le lastimaba tanto como a mí.

-Pero, ¿te divertiste, Herms?-me preguntó Ginny, con unasonrisa sincera cuando se hubo desocupado de los labios de su novio.

-Seguro, aunque casi muero arriba de una montaña rusa-dije,aparentando que todo estaba bien.

Ginny estalló en estruendosas risotadas y luego miró a Draco.

-¿La hiciste subir a una montaña rusa? ¿Cómo lo lograste? Yolo he intentado tantas veces y siempre me dice no-dijo, sorprendida ydivertida.

Draco se encogió de hombros.

-Supongo que tengo don de convencimiento-bromeó.

No estuve en desacuerdo con Draco, aunque su definición de"don de convencimiento". sería algo así como "retenerme en sus brazos para nodejarme escapar".

Miré los mimos que Draco y Ginny se hacían y me sentí mal,sin hablar del ya tan lastimado bombeador de sangre bajo mi pecho.

Harry me codeó y me hizo seña de que nos fuéramos de eselugar. A ambos nos lastimaba. Le tomé de la muñeca y le dirigí hasta mihabitación. Cuando cerré la puerta entonces supe que la atención de ambosestaba en nosotros. Lo último que quería era que Ginny y Draco pensaran malacerca de mí y de Harry, pero tenía el corazón demasiado adolorido como paradetenerme a pensar en otra cosa.

 

Harry se sentó en mi cama y yo me quedé recargada a lapuerta. Ambos nos miramos por un largo instante, como si nos comunicáramos conlos ojos. Hasta que él rompió el silencio.

-Me imagino que te divertiste mucho-dijo.

-Como nunca-admití y me retiré de la puerta para sentarme asu lado-. ¿Y qué hay de ti? ¿Por qué estabas con Ginny?

Sonrió.

-Bueno, al no encontrarlos a ustedes aquí, me llamó a mí, ytú sabes que no desaprovecharía alguna oportunidad para estar con ella ytampoco iba a dejarla sola-confesó.

Me tumbé sobre la cama, suspirando.

-¿Te confieso algo?-musité.

Harry se giró sobre su asiento y me miró desde arriba.

-Dime.

-Amo a tu hermano-susurré, como si ellos pudieran oírme.

Harry rió.

-Cuánto lo siento-me palmeó la pierna, cerca de la rodilla.

Conforme pasaban los días, la culpa no desparecía sino que,por el contrario, iba aumentando.

Caminé por las calles que ya conocía para llegar hasta ellaboratorio de fotografía de los Agnelli, donde se encontraba una de las pocaspersonas que sabían comprenderme y apoyarme. Aunque esta vez hablar con Luna nosería tan sencillo ya que Theo me acompañaba. Se ofreció en seguida de que meencontró en el pasillo del edificio y supo que me dirigía para acá.

Le miré.

-¿La invitarás a salir?-pregunté.

-¿Crees que diga que sí?-dijo, nervioso.

-Por supuesto que sí-reí. Recetas faciles y rápidas

-¿Crees que le guste?-preguntó.

-Eso
averígualo hoy-dije.

Cuando llegamos Theo se plantó detrás de mí, como un niñototalmente tímido pero los ojos azules de Luna chispearon al verle. Me hice aun lado para no obstruir su vista y la sonrisa entre ambos decía más que milpalabras.

Me aclaré la garganta, haciéndome notar. Luna me miró alinstante.

-Oh, Herms, hola. ¿Nuevas fotos?

Le sonreí, dándolo por hecho.

Les dí la oportunidad a Luna y a Theo de hablar y esperaba aque Theo realmente la invitara a salir, mientras que yo me encontraba revelandolas fotografías. Cuando hube terminado, las puse en una pila y las miré una poruna.

Eran como veinte fotografías, y la mayoría tenía una cosa encomún. El rostro hermoso de Draco. Se me había vuelto como una obsesiónretratarle, era como para guardar el recuerdo o al menos tener una prueba deque los momentos a su lado habían sido reales.

Miré la hora en la pantalla de mi móvil, eran las seis contreinta y cinco minutos. Tenía dos opciones a elegir, una era quedarme aquí conLuna y Theo y así, no alimentar a este sentimiento con la compañía de Draco; laotra era apresurar el paso para alcanzar a llegar al departamento yencontrarle, porque ese sentimiento quería ser alimentado.

La figura delicada de Luna entró al pequeño cuarto derevelado y me hizo pegar un brinco.

-¡Theo me invitó a salir!-me dijo, entusiasmada.

-¿en serio? Genial, ¿para cuando?-pregunté.

-Para hoy-sonrió-. En cuando cierre nos iremos.

-Oh-entonces ahora ya no tenía opción que escoger-. Genial.

-¿Hablaremos otro día?-preguntó, lamentándose por no poderhacerlo hoy.

-Seguro. Hay mucho que tienes que saber, pero sirve que asíme cuentas tú también-insinué.

 

-Gracias-la bonita sonrisa de niña se expandió por surostro.

Recogí mis cosas y guardé las fotografías en un sobreamarillo como el que había utilizado la primera vez; me despedí de Luna y Theoy salí apresurando el paso para llegar al departamento.

Cuando por fin logré visualizar el edificio, me percaté dela Hybrid negra que se estacionaba delante de él. El corazón me latió pesado.

Aun no eran las siete, ¿por qué Draco había llegado ya? Mimóvil sonó en el bolsillo de mi chaqueta y con la mano libre lo tomé y contestéa la llamada sin siquiera ver quién era.

-¿Hola?

-Hermione, ¿dónde estás?-la voz del otro lado me dejó elcorazón pasmado para luego hacerlo latir tan fuerte, de una manera errática.

-Voy llegando al departamento, ¿por qué? ¿Ya estásallí?-logré articular.

-Sí, date prisa, tengo algo que mostrarte-me dijo y luegocolgó.

¿Algo que mostrarme? ¿A mí? Hice que mis pies casicorrieran, aun cuando me faltaran menos de quince metros para llegar a lapuerta del edificio. Entonces pude darme cuenta del poder que tenía Draco sobremí. Si me decía ven, yo iba.

Me adentré al edificio y subí los escalones alfombrados dedos en dos para llegar más rápido, el ascensor estaba vacío pero las escalerasme parecían un camino más dinámico.

Cuando logré llegar hasta el tercer piso y las pisadas demis pies en la alfombra resonaron en el pasillo, vi a Draco recargado en lapared. Las manos las tenía en el bolsillo de su pantalón y una sonrisa flamanteadornaba su rostro.

-Hola-dije, medio agotada por el ejercicio.

-Hola-musitó, alegre.

Me acerqué para abrir la puerta y luego él me siguió cuando lahube abierto por completo.

Estaba curiosa, y no sólo yo, sino la fierecilla también.Dejé el sobre amarillo encima del pretil y las llaves sobre éste. Luego me giréa Draco, tratando de parecer lo más relajada posible.

-¿Y
qué querías mostrarme?-pregunté.

-Esto-sacó de su bolsillo trasero un papel doblado en cuatropartes y me lo pasó.

Me senté en una de las sillas y desdoblé el papel,haciéndolo crujir entre mis dedos. Cuando la hoja se encontraba completamenteextendida en mis manos, comencé a leer aquella caligrafía alargada que seplasmaba en el papel.

Hay algo en la formaen que ella se mueve

Que me atrae comoninguna otra amante.

Hay algo en la formaen la que ella me coquetea

No quiero dejarlaahora,

¿Sabes? Lo creoahora.

En algún lugar de susonrisa, ella sabe

Que no necesito otraamante

Algo en su estilo queme muestra

No quiero dejarlaahora

¿Sabes? Lo creoahora.

Me preguntas si miamor crecerá

Pero no lo sé, no losé

Permanece cerca

Y posiblemente loveas

Pero no lo sé, no losé.

En algún lugar de susonrisa, ella sabe

Que todo lo que tengoque hacer es pensar en ella

Algo en la forma queella me muestra

No quiero dejarlaahora,

¿Sabes? Lo creo ahora

 

Me quedé mirando las palabras sin leer de nuevo. Yo no eraestúpida. ¿Qué clase de canción era ésta? Él había escrito una canción conacordes y estribillos y era difícil escuchar a mi razón, sintiendo cómo la duralucha contra el impulso la hacía flaquear. Pero yo no era estúpida.

Algo en esas frases de caligrafía alargada susurraba minombre; lo sabía lo sentía. Y entonces pude escuchar un poco la voz de mirazón, de mi cordura, que me hacía pensar en Ginny más de lo que ya lo habíaestado haciendo.

Yo amaba a su novio, no entendía cómo en tan poco tiempo,pero lo amaba, podía incluso jurarlo; pero eso no me daba el derecho dearrebatárselo. Era su joya, no la mía, y yo se la estaba robando.

Miré a Draco, que esperaba impaciente a que le dijera algo ylo único que pude deducir en aquel momento fue parte de la verdad, llegó a mícomo una estrella fugaz que pasa y deja la luz en los ojos, como un soplo delviento que aclara la mente.

Draco se estaba comportando como un cretino, ¿acaso estabajugando con ambas? Iba, me regalaba, me llevaba y hasta me escribía unacanción, porque podía asegurar que esa canción era para mí; y luego llegaba yabrazaba, besaba y le entregaba su cariño a Ginny. Me sentí un títere en susmanos. ¿Pero cómo poder reclamarle? Ni siquiera tenía los argumentos biencimentados. Mi mente era todo un caos de pensamientos, conjeturas e hipótesisabsurdas.

-¿Y?-preguntó, ansioso.

-¿En quién te inspiraste?-inquirí, tratando de que mi vozsonara casual. Él no debía de tener ni la más mínima sospecha de lo que pasabapor mi cabeza.

-Sólo
me llegó la inspiración. Pero, ¿te gusta?-insistió,ladeando el tema.

-Es
linda-dije, en realidad lo era, pero sólo si lo veía deuna perspectiva muy, pero muy superficial.

-Parece como si no te hubiera gustado-musitó, y a su rostroasomó una máscara de pesadumbre.

Le ordené severamente a mi corazón que se callara; anhelababesarlo y al mismo tiempo abofetearlo; deseaba salir corriendo tan lejos comome fuera posible. ¿Cómo podía él estarle haciendo esto a Ginny? Pero aun, ¿cómopodía yo estarle haciendo esto a Sharon?

-Está preciosa, Draco, pero
-murmuré.

-¿Pero?-buscó mi mirada, que repentinamente se encontrabagacha.

Me atreví a levantarla, sólo para poder verle el rostro ydecidirme si lo que quería era abofetearlo o
besarlo. Eliminé ambas ideas demi cabeza al instante y miré el reloj, ¿sólo habían pasado quince minutos?

-Pero
olvidé algunas fotos con Luna y debo ir porellas-farfullé, nerviosa. Optando por la opción que menos parecía una locura.Escapar. Y esperando a que se creyera mi mentira.

-¿Luna? ¡Oh, claro!-sonrió- Te acompaño, y así me lapresentas por fin-dijo.

-No-la corta palabra salió veloz, tajante.

Draco se hizo para atrás, confundido.

-Es que
-tartamudeé- Voy a tardarme, mucho-hice un énfasisinnecesario para la última palabra-. Llegaré tarde y no es apropiado que hagasesperar a Ginny otra vez, así que tú quédate aquí-sonreí-, espérala. Estás entu casa.

Tomé precipitadamente el sobre del pretil y lo apreté bajomi brazo, las llaves las tomé con la otra mano.

-Pero

-¡Oh! Por cierto-lo interrumpí-, felicidades por escribiruna canción tan
bonita-dije y salí por la puerta, huyendo como una niñaasustada.

 

Bajé las escaleras a toda prisa, mis zapatos golpeteabanrítmicamente en los escalones que pasaban debajo de ellos y salí al aireexterior llenado mis pulmones de éste. Estaba asustada, no sabía qué pensar oqué pensamiento en mi cabeza obedecer.

Necesitaba huir al menos por un rato, sacar a Draco de micabeza al menos por una fracción de segundo. Saqué mi móvil y tecleé el númerode Harry.

-¿Aló?

-Harry, soy yo, Herms. ¿Podrías hacerme un favor?-pregunté,con la voz que me salía temblorosa de mi garganta.

-Claro, dime.

-¿Podrías ir por Ginn a su trabajo?

-Pero
ya salió, ¿no?

-Sí, pero encuéntrala en el camino, antes de que tome untaxi o algo parecido. Y ofrécete a traerla a casa todos los días, porfavor-farfullé, mientras caminaba calle abajo.

-Puedo preguntar ¿por qué?

-Sólo tráela a casa, ¿quieres? Luego te explico.

-Está bien.

-Date prisa, adiós.

-Hasta pronto.

-Gracias-musité.

-No, gracias a ti.

Trunqué la llamada y devolví el celular a mi bolsillo. Meabrace debido al frío y seguí caminando sin dirección. Mi plan era que Ginnyestuviera más pronto en casa de lo que suele llegar. Todos y cada uno de losdías que me restaran aquí. Así, no ignoraría a Draco de forma tan obvia, perosería menos tiempo estando con él y eso ayudaría bastante a que de una vez portodas controlara mis sentimientos.

Decidí parar a mitad de una calle, no sabía a dónde medirigía y si seguía sin rumbo, seguro me perdería. No podía ir donde Lunadebido a que allí no había nadie, ella seguro estaría en su cita con Theo. Lagente me esquivaba y pasaba a mi lado, totalmente indiferente, mientras yo mequedé inmóvil allí. Había caminado apenas dos calles lejos del edificio, ysabía que si caminaba más terminaría perdiéndome.

Recordé un pequeño parque a unas cuantas cuadras más, unfácil camino para seguir, así que fui hasta allá, a desperdiciar el tiempo yque se hiciera tarde solamente para no verle el rostro a él.

Cuando llegué, me apoderé de una de las bancas de metalnegro que adornaban los caminos del parque y me senté a observar cómo el cielooscurecía totalmente.

No pude evitar pensar en Draco, lo amaba, ni siquiera sabíacómo y con tanta rapidez. Me era absurdo, ilógico. Era casi ridículo cómoquería escapar de esos sentimientos que no debían de estar en mi corazón.Ridículo, sí. Porque en realidad estar a su lado era lo único que en estemomento quería hacer.

Apreté el sobre en mis manos, haciéndolo crujir. El vientome movió los cabellos y me despejó un poco la mente, haciéndome pensar en algoque hasta el momento le faltaba atención de mi parte.

Algún día tendría que irme.

¿Y qué pasaría? ¿Qué me llevaría? La agobiante presión en elpecho apareció apretujando mi corazón y sacudiéndolo de forma violenta. El solohecho de pensar en eso, me dolía. Me iría y tendría que dejar aquí mi corazón,pero sabía que era la mejor opción que podía hacer. Me burlé de mi misma, yo noera tan distinta a Ginny, huir también era mi opción fácil.

Pero al pensar en ella, el corazón se me encogió aun más,adolorido. La historia podría repetirse de nuevo y ella ¿a dónde huiría estavez? Su antiguo novio, Jairo, la había lastimado tanto con aquella actitud quehabía tomado. La había cambiado de un día a otro y el frágil corazón de Ginnyno pudo resistir aquello, la dejó destruida por que ella lo amaba; al punto deque decidió mejor mudarse de país, de continente.

 

Ahora, yo no quería ser la bruja malvada que le arrebataríade nuevo algo que ella ama, preferiría morir atropellada por un autobús, esosería más digno.

Suspiré y me llevé las manos a la cabeza, dejando el sobreamarillo sobre mis piernas. Cerré los ojos por un minuto, anhelando que elviento susurrara la respuesta a mi oído de mi gran dilema.

Por allí oí decir que el amor ensuciaba, yo parecía estarmanchada de todos lados. Pero huir era mi mejor opción hasta el momento, sóloque no sabía cuándo.

• • •

Mi plan había funcionado.

Ginny había llegado a las siete treinta jueves y viernes,gracias a Harry; por lo tanto, los minutos se me reducían a la mitad para estarcon Draco. Algo que aunque no me gustaba mucho hacía menos difícil laresistencia. Sin embargo no dejaba de ser dura.

Miré la hora cuando el timbre sonó, sólo dos minutos tardehabía llegado Luna. Apagué el televisor y me encaminé hasta la puerta.

-Lindo departamento-musitó paseando su mirada por todoalrededor-. Aunque el edificio es
un poco melancólico.

Sonreí.

-Gracias por venir-le dije.

-Para mi es un honor que me hayas invitado a tu casa
bueno,departamento-rió.

-Gracias, eres la única con la que puedo hablar de esto-fuihasta mi habitación e hice que me siguiera.

-Sabes que siempre podrás contar conmigo, Herms-me sonrió,demostrándome confianza.

-Soy un caso perdido-me puse en cuclillas y rebusqué entrelos cajones de mi buró, del inferior saqué mi gran tesoro. Un sobre amarillo entamaño carta y de un grosor considerable que aventé luego sobre la cama,haciéndolo rebotar sólo un par de veces.

Le hice una seña a Luna para que abriera aquel sobre y alinstante que comprendió, se acercó y lo tomó entre sus manos.

-Vaya, sí que pesa-bromeó, alzando las delicadas cejas.

Deshizo el pequeño hilo rojo y abrió el sobre. Sacó elmontón de fotografías que estuvieron apunto de caérsele.

-¡Wow!-dijo, sorprendida cuando notó cuántas fotos eran ysobre todo, de quién eran-. Este tipo podría trabajar de modelo-musitó y aunqueaquello era para hacerme reír, no pude hacerlo-. Esto es como un libro-hizoreferencia al grosor-, o como una exposición de algún museo.

-O un manual de lo prohibido-musité.

-Eso suena interesante-rió.

El timbre apagó la risa de las dos, eran las seis con quinceminutos apenas, ¿quién sería? Ambas nos miramos extrañadas.

-¿Esperas a alguien?-me preguntó Luna.

-No que yo sepa-negué con la cabeza y luego salí de mihabitación para abrir la puerta.

Luna fue detrás de mí y cuando abrí la armazón de madera mellevé una gran sorpresa al ver a Draco allí. Los ojos casi se me salían de lasórbitas.

-¿Malfoy?-articulé, claramente sorprendida.

-Ay, yo pensé que ya habíamos dejado las formalidades-bromeóy luego miró por encima de mi hombro a Luna, quien lo miraba embobada.

Se pasó sin que le dijera que lo hiciera y le sonrió a Luna.

-Hola-le dijo-. Soy Draco-le extendió la mano.

-El novio de Ginny-dije, cerrando la puerta de mala gana.¿Por qué nunca dejaba bien claro quién era?

 

-Hola-musitó Luna, tendiéndole la mano también-,Luna.

-No, yo soy Draco-dijo éste.

Ella rió.

-No, no, digo que yo soy Luna

-¡Oh! ¡Luna, claro! He oído hablar tanto de ti-dijo-. Me damucho gusto conocerte al fin.

Me aclaré la garganta, haciéndome notar.

-Luna, amm
el manual en mi habitación, amm
podríasguardarlo, ¿por favor?-farfullé, recordando que habíamos dejado las fotografíasal descubierto y regadas en la cama.

-Claro-captó rápidamente el hilo de mis palabras y saliódisparada a mi habitación.

Miré a Draco, aunque no quería admitir que estaba encantadade que estuviera allí traté de permanecer seria.

-¿No es muy temprano para que vengas?-traté de sonar lo másnormal posible, pero el pánico no se podía ocultar muy bien detrás de mi voz.

-Sí, pero ya que mañana será la fiesta del señor Vittore,quiero saber qué vamos a hacer mañana o a qué hora nos iremos-su mirada gachabailó fugaz.

-Pero

-¡Listo!-Luna me interrumpió, saliendo de mi habitación consu sonrisa brillante en el bello rostro.

En ese momento agradecí al cielo de que ella se encontraraallí; así al menos no me vería tan obvia, no sería tan torpe al hablar con él.Y mi razón mantendría calmado a mi corazón.

Luna y Draco se conectaron enseguida, ambos eran muysociables y la plática entre ellos fluyó de manera rápida, aquello me alegró.

Cuando Ginny llegó junto con Harry sonreí de manerasignificativa, aunque me doliera en lo más profundo de mi alma ver juntos aDraco y Ginny sabía que aquello me servía para ponerle un freno a mis absurdossentimientos.

Luego de que Harry y Luna se fueran, me encerré en mihabitación como de costumbre, pero no pasó mucho tiempo cuando oí que llamabana mi puerta, el murmullo de voces había desparecido del exterior y sólo losgolpeteos en la puerta, algo apagados, se oían en aquel silencio sepulcral.

Salté de la cama y abrí la puerta, la cara de Ginny no erala misma, estaba bastante triste, podía notarlo.

-Ginn, ¿qué pasa?-pregunté, preocupada.

-Necesito hablar contigo-me dijo y se sentó en mi cama.

No sólo su rostro estaba triste, su voz parecía haber dejadola alegría también.

-¿Sobre qué?-inquirí, ahora nerviosa, ¿sospecharía acaso queyo estaba enamorada de su novio?

Me quedé de pie, mordiéndome el labio inferior y esperé aque hablara.

-Es Draco-musitó.

El corazón se me paró por un segundo.

-¿Qué
qué pasa
con el?-farfullé, torpe.

-Ya no es el mismo de antes-bajó su cabeza y las hebras decabello se amoldaron a la posición, cayendo finas en dirección al suelo.

-¿Qué quieres decir?-me senté a su lado.

-Casi no está conmigo, ya no me llama todos los días ycuando vengo del trabajo, se va rápidamente. Lo notó distraído cada vez quehablamos, como si su mente estuviera en otro lugar-confesó.

Abrí los ojos de par en par, aquello sí que no lo esperaba.Es decir, desde que conocí a Draco como la pareja de Ginny, se veía claro quela quería muchísimo, estaba siempre al pendiente de ella y yo era a vecestestigo de sus demostraciones de amor. Pero junto al desconcierto, la culpacomenzó a aflorar.

-Hablé con Harry sobre esto-continuó, ahora mirándome, susgrandes y oscuros ojos no tenían mucha luz.

 

-¿Con Harry?-casi no podía creerlo.

-Sí, es su hermano, digo, ¿quién podría conocerlo mejor?Pero sólo me dijo que Draco es así de raro, que me quería y que dejara depreocuparme.

-Eso es cierto, Ginn. Mira, Draco y tú son la parejaperfecta-dije, aunque me costara aceptarlo-, Draco te quiere, créeme. Eso senota-pasé mi brazo por su hombro.

-No tanto-resopló.

¿Qué podía decirle? Yo me sentía culpable, no es que tuvierael ego muy grande ni nada de eso, pero sabía a lo mejor el porqué delcomportamiento de Draco.

-Mira, tranquila, ¿sí?-la animé- Mañana iremos a la fiestaesa de tu jefe, relájate, trata de no pensar en eso. Verás que tarde o temprano,Draco volverá a ser el mismo-dije, mientras en mi cabeza ya pensaba en la fechaen la que partiría.

Esa noche, traté de dormir, pero lo cierto es que no pudepegar los párpados durante un par de horas. Ginny ya había comenzado a notarque Draco estaba extraño, por supuesto, ella no era para nada tonta y tarde otemprano se daría cuenta de la razón de su comportamiento. Tenía que irme,tenía que irme pronto. Antes de que esto se complicara más, me iría y dejaríaque Draco y Ginny volvieran a sus vidas antes de que yo llegara a Venecia. Pormi parte, yo intentaría olvidarme de él, seguiría mi vida como había sidoantes, llamaría a Ginny todos los días y si acaso, sólo pediría que saludara aDraco de parte mía.

Huir era lo mejor. Lo mejor hasta ahora.

*************************

No sé porqué me encontraba nerviosa desde que desperté,Ginny estaba muy entusiasmada con la fiesta, pero detrás de su entusiasmoseguía habiendo aquella preocupación que me había dejado ver anoche.

-¡Te espero abajo junto con Draco!-me gritó Ginny desde elexterior de mi habitación y luego se paró en mi puerta-. No tardes-me sonrió.

Lucía hermosa con ese vestido púrpura que había compradopara esta ocasión especial. Aquel hermoso satín se le entallaba a su esbeltocuerpo con precisión en el pecho, y caía hermoso tapando sus largas piernas.Llevaba su cabello liso, más de lo que ya lo tenía y suelto cayendo librementepor sus hombros desnudos.

-Ya voy-musité-. Sólo me pongo el vestido.

Me sonrió y oí cuando salió del apartamento.

Suspiré, combinando mi dióxido de carbono con el oxígeno demí alrededor. Tomé el vestido que Draco me había elegido y me lo puse,intentando no despeinar mi cabello, que lucía rizos anchos que caían comocaireles hasta mi espalda.

Traté de subir el cierre del vestido que se ataba atrás demí, pero me costaba un poco de trabajo poder alcanzarlo.

-Demonios-farfullé.

Salí de mi habitación, Ginny había apagado las luces deldepartamento y sólo era iluminado por el atardecer del exterior que se filtrabapor la ventana y la luz amarillenta que salía de mi cuarto entre abierto.Intenté subir el cierre de nuevo, pero fracasé en la maniobra.

De pronto, la puerta se abrió, Ginny podría llegar a ser muydesesperada.

-¿Tienes problemas?-pero esa no era la voz de Ginny.

Me quedé inmóvil al reconocer a Draco, luego me giréavergonzada. Aun en la oscuridad, podía verle. Llevaba puesto un esmoquinnegro, ajustado a su perfecto cuerpo; su camisa blanca era del mismo color queel moño. Su figura me quitó el aliento.

-Emm
no puedo subirlo-musité, atolondrada-.¿Podrías
?-manoteé en la oscuridad, señalando el cierre de mi espalda.

 

-Claro-se acercó hasta mí, su perfume bailoteó por mi nariz.

Me giré y le di la espalda para que pudiera subir el cierrey recogí con una mano mi cabello, haciéndolo a un lado.

Sentí sus manos en mi espalda, tratando de subir el cierre;el tacto hizo que la piel de todo el cuerpo se me erizara. El sonido de lacremallera encajando lentamente quebrantó el silencio, no se oía nada, exceptonuestras respiraciones y los sonidos apenas audibles provenientes del exterior.El cierre encajó por completo, pero no me moví. Él aun sujetaba con sus manosmi espalda.

Y de pronto, sentí cómo acurrucó su nariz entre misdesatados cabello y cómo su respiración los traspasaba golpeando con delicadezami cuello. El corazón se me aceleró, tanto que me pregunté si él podía oírlo.

-Draco
-murmuré, ¿qué estaba haciendo?

Pero el silencio persistió y su respiración acariciaba lapiel de mi cuello con más intensidad, haciendo que el estómago se me encogiera,que la piel se me erizara y que toda cordura huyera.

-¿Chicos por qué tardan tanto?-la voz de Ginny me hizo pegarun brinco.




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Se que es largo,mucho contenido,mucho que asimilar... y ademas quiero una opinion... ¿Que les parece si hago una adaptacion d eun buen libro? Comeeeenteeeeeenn toooooooodo. tanto del cap como de mi idea.

-¿Chicos por qué tardan tanto?-la voz de Ginny me hizo pegarun brinco. 

Sentí cómo la respiración de Draco se alejó de mi cuello ycómo el alma se me desplomaba al piso. ¿Ginny habrá visto
? El silencio me hizopensar infinidad de cosas.

-Esto sí que está oscuro-dijo y luego las luces seencendieron de nuevo.

Estaba de espaldas a la escena, pero Ginny no parecía paranada sorprendida, molesta o daba alguna señal típica de una persona que sesintiera engañada. Me giré, la vi en la entrada con la mirada puesta en mí ysus ojos grandes maravillada por mi vestido. Luego divisé a Draco, quientambién me miraba absorto, como si estuviese fascinado y
a un metro dedistancia de mí.

Me preguntaba cómo podía alejarse tan rápido sin que alguienlo notara cerca siquiera.

-Te ves hermosa, Herms-me dijo Ginny.

-Gracias-musité, con la voz temblorosa que salió de mí.

-Démonos prisa-me instó, haciendo también un gesto con lamano para que saliera por la puerta-. Vamos, amor-le dijo a Draco.

Tomé mi abrigo y no le dirigí siquiera una mirada a Draco enel camino, o mejor dicho, una mirada que él notara. ¿Qué demonios habíaocurrido hace unos instantes? Hubo un acercamiento demasiado
demasiado
lo quesea. A fin de cuentas, había sido demasiado para mí.

¿Es que él no se daba cuenta de lo que me hacía? Y cuando lohacía, ¿no pensaba en Ginny? Esto estaba sobrepasando los límites, Draco no eraun patán, no sé porqué se comportaba como uno.

Especulé durante los cuarenta y tantos minutos que se habíatomado el viaje hasta la dirección que Ginny tenía anotada en letra manuscritaen un papel doblado en cuatro.

-Aquí es-dijo, Draco.

Dirigí mi vista a través de la ventana de la Hybrid, endonde un hermoso jardín se expandía glorioso en el exterior de aquel salón de eventos.Del cual vislumbraban sus luces, reflejándose en los cristales de losgrandísimos vitrales de la casa.

 

Bajamos de la camioneta después de que Draco la estacionaraen el aparcamiento del jardín. Miré maravillada todo a mí alrededor, vayacelebración para un cumpleaños.

El pavoroso vestido y los tacos altos en color plata medificultaron un poco el andar, no estaba muy acostumbrada a esto.

Ginny tomó del brazo a Draco y por el otro lado, me tomótambién a mí; y juntos nos encaminó hacía el interior de la casa.

Me quedé sorprendida cuando divisé la decoración, si afueraera hermoso, cuánto más adentro.

Del techo colgaban candiles enormes, hechos de cristal ypedrería, que reflejaban poderosamente la luz y la proyectaban en miles decolores danzantes. Las paredes, adornadas con pinturas de algún artistaitaliano, lucían acogedoras con ese color perla que las coloreaba. El suelo erablanco, de piso que jamás había visto. El lugar era grandísimo y gente vestidade lo más elegante parloteaba en pequeños grupos formados por tres o cuatropersonas, con copas de cristal conteniendo vino; mientras que la música defondo eran hermosas melodías a piano.

-Wow-musité, sorprendida.

-Es
grande-concordó Draco, viendo también los enormescandiles del lugar.

-Ginny, il mio diamante!* -la voz ronca de un señor nos hizovoltear a verle.

Era un sujeto de aspecto opulento, alto y su cabello peinadolucía algunas cuantas canas esparcidas entre el gris.

-Signor Vittore, buon compleanno! ** -dijo Ginny,expandiendo su sonrisa al hombre. El hombre la tomó de la espalda y la llevóentre la multitud, hablando con ella.

Draco y yo nos quedamos parados allí, solos. Al comprenderesto, mi corazón comenzó a latir frenéticamente.

-¿A dónde va?-le pregunté, perdiendo de vista a Ginny.

Se encogió de hombros.

-Con su jefe, no sé-dijo, como si nada- ¿Quieres algo debeber?-me miró.

-Me gustaría, gracias-le sonreí, tímida.

No sabía si quedarme con él a solas era buena idea; despuésde lo que acababa de pasar, no, sin duda no lo era.

-Está bien, siéntate allá-me señaló una mesa con sillasdisponibles-. Yo te la llevo.

-Gracias-me di la media vuelta, pero luego me giré denuevo-. ¡Draco!-pronuncié y él se giró a mirarme- Sin

-Alcohol, ya sé-sonrió y luego continuó caminando entre lamultitud con tremenda elegancia.

Suspiré y me fui a donde él me había dicho, me senté, unpoco cohibida y luego me quité el abrigo, ya que la temperatura del interiorera mucho más cálida que la de afuera. Miré a Draco en la barra y al instantedesvié la vista. Podía sentir el amor que le tenía, creciendo dentro de mí,como si fuese la luz de la aurora, que va de aumento en aumento hasta que eldía es perfecto. Volví a mirarle, aunque no quisiera. Él era tan bello, tanelegante, tan perfecto. Frustrada aparté la mirada de nuevo, recordando lo quehabía sucedido hace unos minutos. Aquello debía de tener una explicaciónlógica, él no podía sentir lo mismo que yo, ¿verdad? Volví a posar mis ojos ensu figura, dándome cuenta de que cada esfuerzo por no mirarlo, se convertía enun fracaso inmediato; era como si me tapara los ojos con las manos peroalcanzara a ver a través del espacio entre los dedos. Suspiré y obligué a mivista a posarse en otra cosa.

 

Divisé a mi lado izquierdo cómo las parejas danzaban un valscon la música a piano y me perdí por un momento en su baile.

-Aquí tienes-la voz de Draco me hizo volver y mirarle, unavez más; me ofrecía una copa con algún líquido verdoso y trasparente.

Lo tomé y lo revisé, vacilante.

-Es agua de limón-rió-. Sin alcohol.

-Gracias-dije, aliviada y luego le di un sorbo.

-¿Quieres bailar?-su voz de terciopelo chispeaba de entusiasmo.

-Eem
pero, ¿y Ginny?-balbucé.

-Nos dejó aquí-se encogió de hombros-. Vamos a divertirnos,ven-me tendió la mano y aquella piel blanca de su palma era como si me invitaraa que la acariciara.

La tomé, aun sabiendo perfectamente que no debería dehaberlo hecho. Me levantó de mi asiento y sin soltar mi mano me condujo hastadonde estaban las parejas bailando, me sentí como cenicienta cuando el príncipela divisa entre la multitud, la toma de la mano y luego la lleva a la pista debaile, mientras todos miraban absortos. Me reí de tal comparación, porque nadienos prestaba la más mínima atención.

Paró a la mitad de la pista, y colocó su otra mano en micintura, mientras yo ponía la mía en su espalda; apretó más la mano que mesujetaba y comenzó a moverse con delicadeza en la pista y yo le seguí.

Podía ver mi reflejo en sus bellos ojos grises junto a esebrillo tan propio en ellos. Me sonrió, haciendo que en mi interior mi corazóngolpeteara contra mi pecho de una forma tan estruendosa. Jamás había bailadouna música a piano, pero ahora era como estar en mi propio cuento de hadas.

Me hizo recostar la cabeza en su hombro y mi mejilla rozó latela de su traje mientras que mi nariz se deleitaba con su fragancia tan únicay viril. Sentí su cabeza apegarse a la mía y su respiración movía por encimamis cabellos, entre tanto que seguíamos bailando. Este momento era perfecto,aunque no debiera ser mío; sino de Ginny.

El pensamiento me estrujó el corazón y me hizo gemir condisimulo. Levanté mi cara y miré a Draco, quien también me miraba, con unasonrisa fugaz que parecía divertida. Su brazo me atrajo más hacía él, mientrasseguíamos girando bajo el brillo de las luces, dejándonos llevar por la suavemelodía a piano.

No pude evitar perderme en sus ojos debido a la distancia ala que ahora se encontraban, quise ignorar el molesto latir ruidoso de micorazón y concentrarme sólo en lo que estaba haciendo. Un simple baile, nadamás, eso tenía que significar para mí.

Su respiración rozaba parte de mi mejilla y el cálido tactode su mano en mi cintura parecía una caricia; aquello me hizo recordar lo dehace unas horas. Aun si quisiera alejarme, no podría; sencillamente porque notendría las fuerzas suficientes para hacerlo. Volví a poner mi cabeza sobre suhombro, ya que mirarle tan cerca desataba los pensamientos más ilógicos en mimente. Me envolví de nuevo en esa fragancia tan propia de el y cerré los ojosdeseando trasportarme a otro lugar. Los mantuve cerrados por unos minutos,mientras mis pies seguían moviéndose junto con los suyos bajo el dosel deluces.

Mis labios se convirtieron en una sonrisa cuando sentí unavez más que su cabeza se apegó a la mía y luego abrí los ojos lentamente; a lolejos, el rostro de Ginny apareció entre la multitud y su vista absorta posadaen nosotros dos.

 

Ella notó que la miré y sus labios se tensaron en unasonrisa, pero la conocía tanto que sabía que detrás de aquella mueca de labioshabía algo más. Me quedé quieta, como si hubiera visto un fantasma. Y luegoGinny caminó entre el tumulto de gente hasta perderse.

Draco se percató de la tensión de mi cuerpo y detuvo elvals.

-¿Ocurre algo?-me preguntó.

-No-musité-. Ya vengo-me deshice de sus brazos y corrí abuscar a mi amiga.

Qué tonta había sido, ¿cómo se me ocurre a mí estar con sunovio enfrente de ella? Estaba abusando de mi suerte. Me abrí paso entre lagente, desesperada por encontrarla, hasta que la divisé afuera, mirando hacíael cielo. Maldición, la había lastimado, y ahora mi corazón latía angustiado.

Salí al exterior con paso vacilante e instantáneamente elaire gélido me rozó la piel descubierta. Me acerqué a ella.

-Ginn, yo
-¿qué clase de disculpa le debía?, sabía que letenía que dar alguna pero, ¿cómo?

Se giró al sonido de mi voz y me miró con ojos extraños. Noera una mirada de rencor, enojo ó algún sentimiento parecido; simplemente eraextraña. Me sonrió.

-¿Crees que sea buena idea irme?-soltó y mis ojos seabrieron como platos.

Oh, no. Volvería a huir de nuevo y todo por culpa mía.

-¡¿Irte?! Ginny, ¿por qué? Escucha, ¡no es lo que túpiensas!-mascullé, atropellando las palabras.

-¿De qué hablas?-rió, pero esa aparente diversión no llegabaa los ojos.

-Sé que se veía mal pero, juro que no hay nada entre Draco yyo-supliqué.

-¿Qué?-volvió a reír- Hermione, ¿dé que hablas?

-Nos viste bailando y
-murmuré, ahora confundida.

-Fue sólo un baile, Herms -dijo-. Eso no tiene nada de malo.

-Ah
entonces, ¿de qué hablas tú?-pregunté, sintiéndome deveras tonta.

-El señor Vittore quiere que lo acompañe a la inauguraciónde un nuevo hospital en Verona. Soy la mejor enfermera que él tiene-explicó.

-Oh-exclamé al entender-. Pero, ¿te irás?-inquirí, ahoracaptando su anterior comentario.

-Sólo sería por dos días, pero no sé aún-se encogió dehombros.

-¿Por qué no? digo, es una buena idea. ¿Te pagarán?

-Sí, sería como si trabajara.

-Entonces es genial-dije-. ¿Cuándo te irías?

-Mañana en la noche.

-¿Qué? ¿Tan pronto?

Se encogió de hombros una vez más.

-Es por eso que no he decidido aún. Además, me cuestadejarlos; a ti, a Draco, a Harry.

Sonreí en mi mente cuando consideró a Harry.

-Sólo serán dos días, Ginn. Pero, ¿tú quieres ir?

-Me gustaría-asintió.

-Entonces ve.

-Tengo que comentarlo también con

La puerta se abrió y de ella salió aquel joven danzante queme tenía en sus brazos hace unos instantes.

-
Draco-terminó Ginny.

-Ginny, aquí estás-dijo, y luego me miró; como si a la quebuscase hubiese sido a mí ya que sus palabras habían sonado huecas.

-Qué bueno que apareces, Draco-dijo ella-. Tengo algo quedecirte.

-¿Sobre qué?-inquirió el interpelado.

-Haré un viaje de dos días a Verona con el señor Vittore porla inauguración de un nuevo hospital-anunció.

-¿Cuándo te vas?-aquella pregunta que salió de los rosados yrellenos labios de Draco no pareció del todo tierna.

-Mañana por la noche.

 

-Oh. Bien.

Guardé silencio, no sabía si era mi imaginación o laconversación entre ellos carecía de calor, era una plática fría, como si ambosestuvieran molestos con el otro y nadie se pusiera a considerar los hechos. Mepercaté también de que ginny no lo discutió con Draco, sino que ya había tomadola decisión y sólo se la hizo saber.

-Chicos, vamos adentro; aquí hace frío-musité, dándole undoble sentido a mis palabras.

-Claro-dijo Ginny.

Entramos de nuevo y al instante ella tomó la mano de Draco,cosa que hizo que la fierecilla, hasta ahora desparecida, diera señales devida. Pero esta vez ya no parecía celosa, aunque sí lo estaba, pero seencontraba más triste que enojada. Yo tenía que entender que él le pertenecía aDraco y nada iba a cambiar aquello.

-¿Bailamos?-le preguntó Draco y mi corazón se contrajo en mipecho, dolido.

-Claro-aceptó ella.

-Iré a sentarme por allá-dije, mientras señalaba el lugarque antes había ocupado.

Ginny me sonrió con una sonrisa muy carente de alegría;mientras que Draco, ni siquiera me miró.

Me estaba confundiendo horriblemente; estaba entre el sí yel no acerca de descifrar sus sentimientos hacía mí. Juro que no lo entendía.

Cuando me hube sentado, los miré acomodados en la pista,bailando una canción y no una melodía, aunque era igual de lenta.

Tenía que deshacerme de inmediato de todas misespeculaciones, de todo tipo de pensamiento en el que cavilara a Draco. El nodebía de estar rondando en mi cabeza, vagando junto a las fantasías implacablesque se desataban con cada mirada o tacto suyo.

Volví a prestar atención a ellos. Eran la pareja perfecta,sin duda. Y aunque estaba terriblemente confundida por el actuar de Draco; sí teníauna cosa en claro
no permitiría que jugara conmigo, ni mucho menos con Ginny,y por supuesto, tampoco que le rompiera el corazón.

-Vuoi ballare con me? *-la voz de un joven de cabellocastaño, algo alborotado me hizo mirarle.

Me tendía la mano, como Draco lo había hecho antes. Pudeadivinar entonces que me pedía un baile. Pero no tenía muchas ganas de bailar.

-Lo siento, no hablo italiano-dije, sonriéndole.

-Oh, si parla spagnolo. Si prega di ballare con me-no sabíaqué había dicho, pero no quitaba la mano extendida hacía mí.

Miré hacía la pista de baile,Ginny y Draco seguían allí,moviéndose al sonido de la música. Yo no tenía que quedarme aquí sentada,abandonada; además el muchacho que me pedía un baile era apuesto. Sus ojoscafés y sus labios rosados y rellenos me recordaron en cierta parte a Draco.

-Qué más da-farfullé y me levanté de la silla, aceptando lainvitación de baile.

Él me sonrió y me condujo hasta la pista, en donde alinstante atrajimos la atención de la pareja a mi lado. Ginny y Draco.

Ella me sonrió, mientras que él frunció el ceño. ¿Y ahoraqué pretendía? ¿Quería tenernos a nosotras dos para él nada más? Pues estabamuy equivocado, aun así me doliera en lo más profundo de mi alma, él sólo seríade Ginny, nada más.

Les di una sonrisa de autosuficiencia, sintiéndome orgullosano sé de qué. Y volví mi mirada al chico que bailaba conmigo, mientras que lade Draco no se despegaba de mí.

No podía conseguir pegar los párpados después de esa noche,daba vueltas y vueltas en mi cama, siendo la una de la madrugada; apenas habíapasado una hora y media desde que habíamos llegado al departamento.

 

Exhalé agobiada y me levanté por un vaso de leche, para versi así conseguía que el sueño se compadeciera de mí. Serví el líquido blanco enun vaso y luego de darle un sorbo, escuché un murmullo en la habitación deGinny. Curiosa me acerqué a su puerta, con paso sigiloso, seguro estaríahablando dormida. Cuando estuve detrás de la puerta, alcancé a percibir su vosperfectamente sobria, sin atisbo alguno de somnolencia, hablaba con alguien,pero, ¿a estas horas? ¿Con quién?

Agudicé el oído, queriendo encontrarle sonido entendible asu murmullo.

-Es que no sé que pasa, Harry. Siento que no va muy bien

¿Harry? ¿Estaba hablando con Harry? ¿Qué era lo que no ibabien? ¿No sabía qué cosa? Las preguntas comenzaron a formularse en mi cabezapor sí solas. Pero decidí mejor darle privacidad, a fin de cuentas esperaba aque me lo contara mañana.

Los delicados rayos de sol que apenas se colaban por miventana iluminaron lo suficiente mi habitación como para hacer que medespertara. Me revolví entre las sábanas y miré la hora cuando abrí porcompleto los ojos, iban a ser las once de la mañana. Me estiré haciendo que unmontón de huesos me tronaran, luego le abrí el paso a un bostezo.

Me levanté perezosamente y salí de mi habitación. Me llevéuna sorpresa al ver a Ginny allí, sentada en la cocina, desayunando.

-¿No trabajas hoy?-le pregunté, confundida.

-No, el señor Vittore me dio el día para prepararme para elviaje-contestó, levantando su plato del pretil.

-Claro, lo olvidé-musité, un tanto confundida porque estavez, Ginny no había decidido despertarme con esos molestos golpes en la puerta,como era su costumbre-. ¿Qué desayunamos?-le pregunté, para no pensar en loanterior.

-Lo siento, yo ya desayuné-me miró-. Tenía mucha hambre,además tú estabas dormida y no quise despertarte.

Eso sí que era raro pero traté de ocultar mi expresión dedesconcierto.

-Oh, bueno, no te preocupes-musité.

-Saldré por un rato, iré a comprar algunas cosas que mefaltan para el viaje-me avisó, retirándose de la cocina.

-¿Irás sola?-quise saber.

-Sí, es que tengo que hacer miles de paradas, ya sabes-seencogió de hombros y luego entró al baño para lavarse los dientes.

-Claro-murmuré, distraída. Sabía muy bien cuando Ginnyquería estar sola.

Recordé la conversación que tuvo anoche con Harry, pero ellaparecía como si no fuera a decirme nada, así que traté de ser sutil para lograrque ella hablara aunque sea un poco. Oí cómo le cerró a la llave del agua yluego la vi salir del baño.

-Anoche no pude dormir-empecé a decir-, me costaba pegar losojos-bromeé, esperando a que ella hiciera un comentario parecido.

-Oh, yo creí que serías la primera en caer como piedra a lacama, siempre te cansas mucho-dijo, buscando ahora su bolso.

-Sí, pero no logré conciliar el sueño sino hasta las dos dela mañana-insistí.

-Qué mal-fue todo lo que dijo, porque el silencio hizopresencia debido a que yo ya me había dado por vencida. Ella no me contaríanada.

-¿A qué hora vendrás?-inquirí, sintiéndome pésima por lafría conversación.

Se encogió de hombros, indiferente.

-Vendré a comer, no te preocupes-me sonrió, débilmente-. Teveo al rato-se dirigió a la puerta y salió por ella sin decir nada más.

 

Me quedé allí traspuesta mirando la puerta de madera que seencontraba cerrada, preguntándome qué era lo que ocurría con Ginny. Qué habíahablado con Harry para que estuviera actuando de esta forma. O qué había vistoella anoche.

En definitiva, irme sería la mejor opción.

Fui a vestirme y decidí salir, necesitaba que alguien meescuchara y qué mejor que Luna para ello. Garabateé en un papel una disculpapara Ginny, no estaría para la comida, y luego lo pegué en el refrigerador ysalí por la misma puerta por la que ella había salido hace media hora.

Caminé hasta el laboratorio de fotografía de los Agnelli,viéndome los pies mientras lo hacía. Sabía que estaba hiriendo a Ginny, aunqueella no me dijera ni una palabra al respecto, la conocía bastante para saberque lo hacía; y eso no me lo podía permitir.

A los pocos minutos, divisé el laboratorio al otro lado dela calle, y corrí hacía él como si fuera alguna roca que me refugiara de lamarea. Cuando entré y la oscuridad propia del lugar me acogió, visualicé dosfiguras al fondo.

-¿Luna?-pregunté.

Las figuras se movieron y cuando la escasa luz del exteriorles dio en la cara reconocí a Theo a lado de Luna.

-¿Theo?-inquirí, confundida.

-Hola, Herms-me dijeron los dos al unisón.

-Con razón ya no te he visto-bromeé con el joven de cabellosrizados e inmediatamente sus mejillas tomaron un color rosado claramentevisible.

Había estado la mayor parte del tiempo con ellos dos, y mehabía dado gusto la noticia de que ahora eran casi inseparables; sólo lefaltaba a Theo decidir qué día le pediría que fuera su novia.

Salté de mi asiento al percatarme de la hora.

-Demonios, es tardísimo-dije, levantándome de la sillamientras que Theo y Luna me miraron confundidos.

-¿Tarde para qué?-preguntó Theo.

-El viaje de Ginny, ¿recuerdan?-les había contado la historiaa la hora de la comida, Luna me llenaba de consejos y Theo resultó ser unosexcelentes oídos.

-Oh, verdad.

-Habla con ella, Hermione. Una amistad se vuelve más sólidasi ambas partes hablan de lo que les preocupa-me aconsejó Luna, como toda latarde lo había estado haciendo.

Era increíble cómo podía ella expresarse así, con tantanaturalidad, con tanta sabiduría; a pesar de que era menor que yo, sin duda eramás madura, siempre lo he dicho.

-Gracias, Luna. Espero tener el tiempo-miré el reloj-. Y sino me doy prisa, no podré despedirme.

-¡Suerte!-agitó la mano cuando me dirigí a grandes zancadasa la puerta de salida.

-Hasta pronto, Herms-dijo Theo.

Salí dándoles una sonrisa y apresuré el paso hasta eledificio. Faltaban doce minutos para que las ocho y media se dieran, Ginnytenía que partir antes de las nueve.

Mientras corría hacía mi destino, recordé a Draco; él yadebería de estar allí, seguro. Eso hizo que mis pies disminuyeran su velocidadun poco. No quería llegar y toparme con la despedida amorosa entre ambos porquesabía muy bien que me iba a doler, incluso pensarlo ya causaba una agudasensación de malestar en el corazón.

Por primera vez utilicé el ascensor y llegué hasta el tercerpiso en tres cuartos de minuto, dí grandes zancadas hasta el departamento 312 yabrí torpemente la puerta, esperando a que Ginny no se hubiese ido ya.

 

-¡Ginn, lamento
!-mi frase se quedó inconclusa porque justoal abrir la puerta me encontré con la escena romántica que quería a toda costaevitar. La despedida amorosa entre Ginny y Draco.

-¡Bestia! Qué bueno que llegaste antes de que partiera.Pensé que no vendrías-la broma no le salió como tal. Se deshizo del abrazo deDraco y se dirigió a mí para abrazarme. Algo del perfume de él aun habíaquedado impregnado en sus ropas y llegó hasta mi nariz de forma tenue.

Intenté sonreír y poner buena cara, aun sintiendo loshorripilantes deseos de estallar en berridos y dejar salir a borbotones laspesadas lágrimas que sentía que me empañaban ya la vista.

Una gota de agua salada cayó al hombro de Ginny, una lágrimaque no pude reprimir.

-Oh, Herms pero no llores, ó me harás llorar a mí-su tono devoz se tornó cálido y tierno, como siempre había sido.

Ella creía que yo lloraba por su viaje. Era un buenpretexto, pero me sentía mal porque no era cierto. La verdad era que sí sentíadolor, pero era uno propio del corazón, causado por la demostración de afectoentre ellos dos.

Sonreí, esperando que no fuera muy evidente lo falso enella.

-Cuídate mucho, Ginn-murmuré-. Te voy a extrañar-aquellohabía sonado honesto, porque era verdad.

-Yo también-me dijo.

Luego, la mano de Draco me acarició la espalda en busca dedarme consuelo. Hasta ese momento recordé su presencia y un inexplicable rencorme invadió. Lo odiaba bastante, pero de igual manera, lo amaba más de lo quepodría llegar a odiarlo. No entendía cómo es que había ilusionado tanto a micorazón y luego lo había dejado caer en un agujero sin fondo y muy oscuro.

-Te acompaño abajo-dijo él y luego tomó la pequeña maleta deGinny, dejando mi espalda desprotegida de su calor-. ¿Vienes?-me preguntó a mí.

Asentí y entrelacé mi brazo al de Ginny, luego bajé lacabeza. Lo que menos necesitaba era que Ginny se fuera, aunque solo sea por dosdías; sin duda serían los dos días más difíciles de mi vida, teniendo queabstenerme de todo tipo de encuentro con su novio.

Bajamos por el ascensor, mientras que nadie pronunciabapalabra alguna y mi vista seguía fija sólo en el piso del elevador. Cuando llegamosal primer piso y salimos del pequeño apartado, la camioneta de la gente delseñor Vittore ya esperaba por Ginny.

Ella dio un suspiro y luego se giró para ver a Draco. Lomiró por un par de segundos, como queriéndole decir algo con sus ojos, parecíaque
suplicaban. Pero Draco bajó la mirada y exhaló despacio, luego besó lafrente de su novia.

-Cuídate mucho, amor-le pidió.

El corazón, ya roto en miles de pedazos, se contrajo dedolor al escuchar la última palabra.

Ginny sonrió débilmente.

-Te amo, Draco-susurró en su oído y yo deseé con un fervordescomunal estar en alguna otra parte en ese momento.

Pero él no dijo nada, esbozó una pequeña sonrisa y volvió abesar la frente de Ginny. En serio, lo odiaba.

Luego ella se giró hacía mí y me sonrió, con esas sonrisasque me había estado dando últimamente.

-Te voy a extrañar-le repetí, porque era lo único honestoque había en mí-. Cuídate mucho.

-También tú. Dos días se pasan rápido-me dijo.

Le sonreí y luego, Draco y yo la vimos subir a la camioneta.

-Nos vemos en dos días-nos dijo y se despidió con un gestode mano.

 

Draco y yo miramos la camioneta hasta que se perdió entrelas calles oscuras.

Cerré los ojos por un instante hasta que la voz de Draco mehizo abrirlos de nuevo.

-¿Volvemos al departamento?-preguntó, cínico.

Pero yo no debía de estar con Draco, ni siquiera verledurante estos dos días. Ginny se merecía respeto y era lo que al menos ledaría.

-Draco, estoy muy cansada. Quiero subir y tirarme adormir-dije-. Disculpa.

-No, no hay problema. Descansa. Nos vemos mañana-me sonrió yalgo en su confianza de que nos veríamos el siguiente día me hizo creerlo.

-Adiós-musité y sin mirarle más subí hasta el departamento.

Al instante en el que entré, el lugar ya no era el mismo. Sesupone que ya debería de haberme acostumbrado a pasar las horas sola, peroahora por alguna razón era distinto.

Y ahora allí, la imagen de ellos dos besándose, no seborraba de mi mente y la estaca tampoco de mi corazón; tenía que luchar contraese recuerdo, ahogarlo en algún agujero de mi mente y así llevarlo al olvido;pero entre más luchaba más perdía y éstos se volvían más nítidos en mi cabeza.

Me dolía bastante y no entendía cómo es que tanto dolorpodía caber en mi corazón; aun cuando éste ya no lo soportara, era algo queseguía acumulándose más y más cada vez hasta volver el corazón un órgano pesadoy luego lo desplomaba hasta mis pies, dejando así sólo un espacio vacío en lacavidad de mi pecho. Y dolía, dolía bastante.

Había amanecido rogándole a Dios no toparme con Draco, hastaahora, casi medio día, él no había dado señal alguna de vida.

Decidí salir, así, si Draco me buscaba no me encontraría enel departamento. Apagué también mi celular, sólo por si acaso.

El aire fresco me pegó en la cara, mientras intentabaresguardar mis manos en los bolsillos de mi abrigo. Había empezado el mes deDiciembre y con él, el frío austral. Caminé por calles que ya conocía y lleguéa lugares familiares en los que ya había estado antes degustando su comida. Latarde se pasó así, pero el dolor del día anterior aun estaba allí, en algunaparte de mi interior, esperando cualquier descuido mío para vencerme. La curiosidadme invadió de pronto al recordar a Ginny, y en un intento de descifrar esedilema, prendí mi móvil y marqué el número de Harry

-¿Aló?

-Harry,hola-musité.

-Hola,Herms.

-¿Tienes tiempo para hablar?

-Claro, ¿qué pasa?

-Es lo que yo quiero saber,. Pasa algo con Ginny, yo lo sé.La escuché el otro día hablando contigo en la madrugada-confesé.

-Oh
-hubo un silencio después de su exclamación. Lossilencios así nunca son buenos.

-¿Harry? Sí sabes algo, dímelo, por favor-supliqué.

-Está preocupada-dijo, con voz ronca.

-¿Preocupada de qué?

-Herms, ella no es tonta. Los cambios en la actitud de Dracola lastiman.

-¿Qué quieres decir?-pregunté, estaba al borde de caer en laconfusión.

-Que ella se da cuenta de que Draco ya no es el mismo. Deque su cariño parece acabarse y pertenecerle a alguien más.

Abrí los ojos como platos.

-¿Alguien más?-tragué saliva.

-Draco te presta más atención que a su misma novia, Hermione.Eso es muy obvio-dijo, con voz severa.

-Pero
-no daba crédito a lo que mis oídos escuchaban, auncuando ya me lo imaginaba-. Yo no
-balbuceé

 

-Escucha, Herms. Sé que eres una buena persona, sé queserías incapaz de dañar a tu mejor amiga, y conozco también a Draco, el jamásdañaría intencionalmente a una persona. Pero juntos, parece que se les olvidaeso-me reprendió.

-Pero yo no

-Sólo te pido que no la dañes-me interrumpió-. Ella se fueporque le aseguré que no era nada malo, que Draco tenía momentos así y laconvencí de que ese viaje le relajaría, le dije que no pensara en eso.

-¿No le dijiste que
?

-Por supuesto que no. Pero te suplico, que lo hagan daño, laúltima vez fueron muy obvios.

-¿La última vez?

-El domingo, Ginny me dijo que los vio bailando y esoderramó las especulaciones que ella misma se estaba negando en formar. Ellaasegura que Draco parecía más feliz bailando contigo que
con ella.

-¿Qué
qué le dijiste?-pregunté, con el corazón en pedazos.

-Que estaba loca. Pero ten en cuenta lo que te dije a ti,Herms. ¿Qué vale más? ¿Una amistad de casi toda la vida ó un amor prohibido?

Guardé silencio, la respuesta era muy obvia. Ginny era comomi hermana.

-Tengo que colgar-me avisó-. Espero que no hagas nada malo odejes que suceda algo así.

-Gracias. Harry.

-No sé supone que debía de habértelo dicho, pero ella me
-sequedó en silencio.

-Lo entiendo, gracias-repetí, con el hilo de voz que apenasy me salía.

Trunqué la llamada y al instante, me percaté de que teníauna perdida. Era de Draco. El corazón me rogó adolorido que lo ayudara. Sufría,sufría bastante. Apagué el móvil antes de que una llamada volviera a entrar ylo escondí al final de mi bolsa.

Esto estaba muy mal y era una carga que no podía soportar.Caminé queriendo perderme, deseaba tontamente que mis pies se despegaran delcemento y me llevaran volando hasta otro planeta, desaparecer.

La tarde pintó su crepúsculo y antes de que el sol seocultara, su luz anaranjada iluminaba un lugar en el que había parado mis pies.Reconocí aquel sitio y el recuerdo me trajo a Draco a la cabeza. Era elbar-café al que él me había llevado el día del cumpleaños de su amigo Blaise.

Yo odiaba esos lugares, pero ahora, lo único que me pasabapor la cabeza, además de Draco y el dolor que todo esto me producía, eraconseguir una manera de terminar con él. Me armé de un valor que no me conocíay arrastré mis pies hasta el interior.

Cuando me hube adentrado, caminé esquivando a todos losdemás que bailaban al ritmo de la escandalosa música y llegué hasta la barra.El joven detrás de ella, al mirarme mereconoció.

-¡Hermione, la amiga de Draco!-elevó la voz para que pudieseoírlo y lo único en lo que encontré significado en esa frase fue en el nombrede él.

-Hola, Blaise-farfullé, sentándome en una de las sillas alborde de la barra.

-¿Te sirvo algo?

-¿Qué tienes para perder la conciencia?-pregunté y el río.

-Creí que no tomabas alcohol.

-Sólo dame algo que me sirva para olvidar-ordené, frustrada.

-Subito-dijo, alzando las cejas y luego me dio la espaldapara recopilar varias botellas del estante.

La música me atronaba en los oídos y el dolor cada vez másme inundaba el pecho. Había estado por tanto tiempo esforzándome por proteger aGinny de patanes, engaños y ese tipo de cosas desde lo que pasó con Jairo; yahora, yo era la causante de su dolor, de su desconfianza y eso me dolía mucho másde lo que podía llegar a imaginar.

 

Irme, insistía con eso porque era la mejor opción, pero
dejar de ver a Draco me costaría mucho.

Blaise puso delante mí un pequeño vasito y luego me sonrió.

-Salud-dijo, con ese acento italiano inconfundible.

Sin contar los chocolates envinados, jamás había pasado pormi boca el sabor a licor, y aquel líquido transparente que reposaba en elpequeño vaso de vidrio me seguía pareciendo igual de repugnante que la primeravez que supe de su existencia. Pero en esta ocasión necesitaba de aquelembriagante líquido para que borrara parte de mi memoria, o al menos, para queel insoportable dolor disminuyera.

Tomé el vaso pequeño entre mis dedos y al alzarlo lo mirécon repugnancia y asco, pero cerré los ojos y lo dirigí a mi boca dejando queel olor me hiciera cosquillas en la nariz y que el líquido bajara por migarganta, raspándola enseguida de que hizo contacto. Derramé todo el licordentro de mi boca y la garganta me ardió como si tuviera una flama viva dentro.Abrí la boca e inhalé profundo, tratando de que el aire fresco entrara yaplacara el fuego. Una fuerte punzada de dolor acribilló el lado izquierdo demi cráneo y una que otra neurona explotó. Entonces sentí el licor tocar miestómago y cómo éste se revolvió dos segundos después; una presión allí dentrohizo que casi devolviera lo que había tomado. Cerré los ojos con fuerza y mellevé las manos a la boca, sólo por si acaso.

-¿Estás bien?-preguntó Blaise detrás de la barra.

Hice que el fuego en mi garganta se calmara un poco cuandovolví a abrir la boca para inhalar aire y luego abrí los ojos y lo miré.

Me observaba preocupado mientras limpiaba un tarro decerveza con un trapo.

Draco aun seguíapresente en mi mente y el dolor era aun perceptible.

-Sí-contesté, con la voz repentinamente ronca-. Sírvemeotro-ordené.

-¿Segura?-preguntó, un poco receloso.

-Sírvemelo-dije, tajante.

Él se arremangó una de sus mangas blancas que se habíabajado traviesa antes y alzó las cejas con expresión escandalizada, pero tomóel pequeño vasito y vacío en él el licor amarillento del cual yo desconocía elnombre. Con el vaso lleno me acercó su mano y lo deposito delante de mí sobrela barra. Miré de nuevo el cristal y lo que contenía; me preguntaba cuántos másvasos de estos necesitaba para perder la conciencia o si era preferible pedirque me llenaran el tarro.

Lo tomé de nuevo y lo acerqué a mi boca, cerré los ojos ydejé caer parte del licor en mi garganta, que de nuevo estalló en llamasdespiadadamente consumidoras; pero sin dejar que éstas se aplacaran me echéotro trago a la boca, sólo que este lo mantuve allí, repentinamente temerosa dehacerlo pasar. El nombre de Draco golpeteó junto a la punzada de mi cabeza y meobligué a abrirle camino entre el fuego a aquel líquido. Las llamas tomaron unanueva fuerza pero ahora el ardor a pesar de ser doloroso, se volvió algoplacentero. Y la última parte del trago pasó por mi garganta con menosdificultad. La punzada se expandió hacía el otro extremo de mi cabeza y seconvirtió en un dolor agudo.

Cuando abrí los ojos, el joven detrás de la barra me mirabaintrigado.

-Otro-ordené, con aquella voz ronca que salía de entre lasllamas de mi garganta.

 

Vaso tras vaso, y el licor seguía pasando por el incendio enmi garganta; hasta que comencé a marearme al ver a las personas a mí alrededor.Sentía menos neuronas en mi cabeza que hace unos minutos, pero el dolor habíadesparecido o al menos, era tan grande que ya no lo sentía.

-¿Estás tú bien?-inquirió de nuevo Blaise.

-¿Yo? ¡Estoy bien
!-mi voz se arrastraba como si mi lenguase hubiese quedado pegada en el inferior de mi boca.

-Claro. Eemm
permíteme-se alejó hasta el otro extremo de labarra y tomó el teléfono.

Dejé de tomarle importancia y desvié la mirada; en realidadhabía dejado de tomarle importancia a todo. El alcohol había hecho que laspocas neuronas que me quedaban en la cabeza estallaran al unisón ydesaparecieran.

Me llevé ambas manos a la cabeza, con los codos apoyadossobre la barra; sentía la música meterse en mis oídos y vagabundear por elvacío en mi cabeza; allí no había cerebro, neuronas o mente para formularpensamiento alguno; no había nada, excepto una cosa. El nombre de Dracorebotaba de un lado a otro como pelota de ping-pong en un juego de tétris.

Estaba sudando, de repente el calor se agolpó en mi cuerpo ylas gotas de sudor perlaban mi frente. Me sentí asfixiada de pronto. Me quiselevantar para ir al baño y al poner los pies sobre el suelo me desequilibrétotalmente, el suelo bailó bajo mis pies y me tambaleé antes de sostenerme dela barra. No sólo el piso se movía, sino también las paredes bailaban y luegose volvían borrosas. Trastabillé hasta llegar al baño, y luego, cuando con pasotorpe pude acercarme al lavamanos me miré al espejo. Mi rostro estaba perladopor el sudor, tenía la nariz con un matiz rojizo y unos tantos cabellosdespeinados. Abrí la llave del agua, estaba fría e hice una cuna con mis manospara sostenerla allí; luego, cuando logré acunar suficiente, me la eché en lacara. Cerré la llave con el rostro goteando sobre el blanco mármol dellavamanos, me miré de nuevo al espejo y después tomé una toallita desechablepara secarme la cara. El rostro me parecía desconocido pero era mío.

Deseaba que algo de la capacidad de mover mis pies aunestuviese en funcionamiento; pero me tambaleé igual que la primera vez; mismúsculos seguían igual de torpes.

Apoyándome en la pared, logré salir de nuevo hacía elexterior donde la gente aun me mareaba. Pero luego, entre todas esas siluetasborrosas, había una que reconocería así estuviera debajo del agua o en unaatmósfera llena de niebla. ¿Qué hacía Draco allí?

Lo fulminé con la mirada, frunciéndole el ceño; pero alparecer, él buscaba a alguien, sus ojos iban de aquí para allá examinando cadarostro y su cabeza se levantaba por encima de los demás queriendo encontrar aese alguien. ¿A quién estaría buscando? ¿Justo aquí? ¿En el mismo lugar en elque yo estaba?

Me tambaleé de nuevo hasta la barra, en donde había dejadomi morral y traté de ignorar todos los perturbantes sentimientos que meembargaron al ver a Draco allí.

-¡Hey! ¡Tú!-llamé a Blaise y rebusqué entre mi bolsa micartera para pagar la cuenta; el joven se acercó-. ¿Cuánto es?-la voz que salíade mi boca me era desconocida.

-Eemm
-murmuró.

-¿Me los vas a regalar?-pregunté y luego me reí.

-¡Hermione! ¡¿Qué demonios
?!-la melodiosa voz de Dracollegó hasta mis oídos por encima de todo el ruido. Se acercó y me miró con losojos abiertos de par en par.

 

-¿Tú?-le miré- ¿Tú qué haces aquí?-hice ademán de levantarmede la silla con un solo movimiento sobrio, pero fracasé de inmediato y tuve quesostenerme de la barra.

Draco me sujetó de la espalda, temeroso de que me cayera.

-Usted señor, no tiene por qué tocarme-retiré su mano de miespalda y le fruncí el ceño en un gesto mal hecho.

-Será mejor que nos vayamos, Mione. Blaise-sacó su billeteray luego de ella, un par de billetes que aventó sobre la barra-, quédate con elcambio. Gracias por llamarme.

-¿Por qué pagas mi cuenta? ¿Quién te dio el permiso?-lemiré, aun ceñuda y con voz torpe.

-Vámonos, Hermione.

-Pues yo no me quiero ir-rezongué y luego me crucé debrazos.

-No seas ridícula, Hermione. Vámonos-me instó a seguircaminando pero me detuve y luego me tambaleé por el esfuerzo-. Si es necesariosacarte de aquí en brazos, lo haré-me advirtió y me miró serio.

Nos quedamos mirándonos por un buen rato, retándonos el unoal otro; pero fracasé por completo luego de perderme en esos bellos ojos colorplata, protagonista de mis sueños.

-De acuerdo-farfullé-. Tú ganas. Siempre ganas-hice un mohíny luego me dí la media vuelta para dirigirme a la salida; algo que hizo que memareara.

Pude sentir una firme y fuerte mano sujetándome por lacintura, y al reconocer aquella dulzura en el tacto, la piel se me erizó y unmontón de mariposas se desataron en mi estómago. Maravilloso, incluso ebria ytorpe, Draco provocaba esas reacciones en mí. Fruncí el ceño mentalmente.

Cuando llegamos afuera, después de esquivar a toda la gentey que, el aire me movió los cabellos, quité de un tirón su mano en mi cintura yle miré ceñuda.

-¿Qué pretendes, Malfoy?-mi voz me parecía incluso mástorpe.

-Sacarte de aquí sana y salva, vámonos-me apuntó el autonegro del que era dueño, animándome a que subiera.

-No-me crucé de brazos-. Ya me sacaste de allá adentro, yadéjame aquí-le hice un gesto con la mano para que se fuera.

-Hermione, por favor, sube-me rogó, serio.

Me giré y comencé a caminar con pasos torpes, sintiendo auncómo el suelo bailaba bajo mis pies.

-¡Hermione!-exclamó, ordenando que parara, pero lo ignoré-No seas terca.

Seguí caminando, o al menos lo intentaba. Y de pronto sentíque mis pies se despegaron del cemento y unos fuertes y dulces brazos meelevaron.

-¿Qué haces? ¡Suéltame!-intenté luchar- ¡Malfoy,déjame!-pero mis intentos fueron sólo fracasos.

Draco caminó los pocos metros hasta su auto y con cada unode sus movimientos, su perfume varonil que me llevaba a flotar en un paraíso,se metía por mi nariz. Me depositó con cuidado media parte de mi cuerpo en elsuelo, mis pies volvieron a tocar el piso; pero mi cintura aun estabafuertemente ceñida por su mano. Me tenía aprisionada. Abrió la puerta delcopiloto del auto y luego volvió a cargarme como un bebé y me depositó condulzura sobre el asiento. Se inclinó sobre mí y abrochó el cinturón deseguridad sobre mi cuerpo. Oí el chasquido del seguro al cerrar.

-No soy un bebé-mascullé.

Entonces me miró, su bello rostro estaba a sólo centímetrosdel mío y su respiración me golpeaba el rostro. Sus ojos brillaban con la tenueluz de las lámparas que entraba por las ventanillas del auto. El puñado demariposas de mi estómago enloqueció.

 

-No seas tan terca, Hermione, por favor-musitó y su alientocálido se metió por nariz, mandando al demonio todas las barreas que quiseconstruir contra él.

Miró mis labios, pude notarlo y luego pasó salivaescandalosamente; se retiró rápidamente y su perfume se revolvió entre laspartículas de aire.

Cerró la puerta con cuidado y luego caminó hasta el otroasiento del auto y subió. Aquella noche había luna nueva, por lo tanto, sólo laluz amarillenta de las lámparas alumbraban la solitaria calle de Venecia.

Encendió el motor del auto, y el suave ronroneo interrumpióla tranquilidad y el silencio.

-Puedo acusarte de rapto-farfullé, aun con esa voz torpe yronca que salía de mí dentro.

Él rió por lo bajo, pero siguió conduciendo sin hablar.

Crucé los brazos sobre el pecho y fruncí el ceño.

-Puedo cuidarme sola, no necesito una niñera-volví a soltar.

-¿Vas a decirme todo el camino lo que puedes hacer y nohaces?-inquirió, con voz serena.

Lo fulminé con la mirada mientras la luz de las lámparascaminaba sobre nuestros rostros y luego se iba. Su vista aun estaba puestahacía el frente.

-Normalmente no eres así conmigo-me dijo-, no cabe duda deque estás ebria.

-Pues vete dando cuentas, Malfoy-mascullé-; no todo debe deser como tú deseas.

-¿Eso qué quiere decir?

-Que te odio-dije, mi labio inferior sobresalía un poco.

Pensé que se iba a reír, tomándolo como un chiste debido ami estado etílico; pero no. me miró con el ceño fruncido, intrigado.

-¿Qué? ¿Por qué me odias?-preguntó.

-Ahora te haces el inocente-la voz ronca se me quebró y élme miró aun más intrigado, preocupado también.

Estacionó el auto con un movimiento rápido del volante quehizo que se me revolviera el estómago. Luego me miró.

-¿Qué? ¿Por qué dices eso?-inquirió, escrutándome con lamirada, evidentemente sorprendido y preocupado.

-Por favor, Draco; no me digas que eres tan estúpido que note das cuenta-la temblorosa voz se hizo un hilo y las lágrimas salieron finas ydelicadas de mis ojos.

-¿Cuenta de qué?

Lo miré con los ojos empañados de lágrimas y la respuesta enlos labios; pero no dije nada. Me crucé de brazos de nuevo y giré mi carabruscamente.

-De nada, no importa-mascullé.

-Hermione, dime qué te hice-esa no era una pregunta, sinouna orden.

No contesté y seguí mirando hacía el frente, a través delparabrisas del auto, contemplando la inmensidad de la oscuridad y con los ojosempañados aun.

-¿No vas a decirme?-insistió y lo ignoré.

¿Qué sentido tenía decirle que lo amaba si su corazón estabaatado junto al de alguien más? Era estúpido, justo como esta misma situación.

Después de esperar algunos segundos y ver que mi silenciopersistía, se recargó de nuevo en su asiento y luego suspiró. Encendió el autode nuevo y lo puso en marcha.

Seguro me veía estúpida, porque así me sentía. Dejé que laslágrimas cayeran en silencio, porque ninguno de los dos dijo nada. Miré por laventanilla del auto y a pesar de que estaba ebria, podía recordar el camino deregreso al departamento de Ginny; y este no era. Pero no le tomé importancia,porque a pesar de todo, me sentía segura con Draco a mi lado.

 

Recargué la cabeza en el asiento y luego cerré los ojos,repentinamente cansada; quizá la rabieta de niña pequeña que había hechominutos antes me había robado la suficiente energía como para hacerme caer enla inconciencia.

• • •

El golpe de la puerta al cerrar me despertó y aquel dulceperfume que me traía tanta inspiración volvió a juguetear por mi nariz. Micabeza descansaba sobre el duro pecho de él y mi cuerpo era cargado por susfuertes brazos.

Luego sentí mi cuerpo descansar sobre algo blando y cálido,entonces mis ojos pudieron captar algo; aquella blanquecina luz no era algunaque me pareciera familiar y el aroma de su varonil perfume seguía jugueteandoen mi nariz a pesar de que ya no sentía su cuerpo cerca. Dos segundos despuésde haberme percatado de ello me pregunté dónde estaba.

-Draco-musité y enseguida mis ojos se encontraron con surostro.

Yacía parado, mirándome allí acostada donde sea que yoestuviera.

-Descansa-susurró y se acercó para besarme la frente y sentísus cálidos labios a través de mi flequillo desparpajado.

Pero entonces sujeté fuertemente su rostro con mis manos yconduje sus labios hasta los míos, guiada por el impulso de tenerlo así decerca. Su cálido hálito recorrió desde mi frente hasta mis labios y luegonuestras bocas se unieron; ambas deseosas una de la otra. Un remolino deemociones junto a un huracán de sensaciones explotó dentro de todo mi interior;y una carga eléctrica se envió desde mi corazón hasta cada extremidad de micuerpo, y até mis dedos a su cabello. Su boca se movió junto con la mía y sualiento se metía por mi garganta en donde ardía un nuevo fuego, esta vez creadode pasión. Sus manos se apoyaron a cada lado de mi cuerpo, puesto que sentí unahendidura al mismo tiempo. Me llevó un minuto darme cuenta de que yo descansabaen una cama. Mi cuerpo ardió entre la pasión y le amor, mientras que nuestroslabios aun permanecían unidos, bailando en una sincronización sin igual.

Pero de pronto, una voz en mi cabeza me preguntóescandalizada que qué estaba ocurriendo y me ordenó severa que parara.

-¡No!-jadeé, apartando su rostro del mío.

La respiración estaba acelerada y el puñado de mariposasvolaba desquiciadamente en mi estómago. Miré con el pánico pintado en los ojosel rostro prohibido que acababa de besar y la culpa me revolvió el estómago;aventé su cuerpo lejos del mío y me llevé las sábanas hasta la cabeza,cubriéndome completamente.

-Lo siento-susurró.

-vete-alcancé a decir, con un hilo de voz.

Oí después el sonido de la puerta al cerrar y el silencio mehizo derramar algunas lágrimas. Eso había estado mal, muy mal. La que tuvo quehaberse disculpado tenía que haber sido yo. Yo fui quien aferró su rostro almío, quien anheló ese beso, yo, yo, yo
traidora era mi segundo nombre.

La culpa que sentía en ese momento era inexplicable; parecíacomo si los órganos dentro de mi cuerpo se hubiesen vuelto pesados y luegodesaparecieran dejando un vacío completamente abrumador. Había tocado fondo.

Estaba ebria, pero por supuesto, aun me quedaba una pizca decordura. El corazón hecho pedazos debajo de mi pecho, me dolía de la inmensaculpa que estaba sintiendo y era como si trajera un espina clavada en mibombeador de sangre. Cada latido era una oleada más fuerte de dolor y el mar alque pertenecían aquellas olas llevaba nombre propio: Ginny.

 

Harry lo había advertido, "nada estúpido" me había dicho y yo,iba con un letrero de 'Estúpida' pintado en la frente. Seguro Harry me mataría,pero aquello era lo mejor, yo merecía morir como mínimo ó con menos dramatismo,irme de la vida de Ginny.

La hora de partida había llegado, yo tenía que irme encuanto tuviera la oportunidad, tomar el primer avión a California o cualquierotro medio que me ofreciera alejarme de aquí.

La cabeza comenzó a punzar de dolor y con el estómagorevuelto aun, me levanté de la cama y visualicé rápidamente el baño, a dondecorrí y en el que devolví lo último que había tocado mi estómago.

Luego de que quedé vacía, lavé mi cara y me dejé caer sobreel azulejo blanco del piso, sintiendo su frío contacto con mi piel y allí, hechaun ovillo de hilo en el suelo, perdí la conciencia de nuevo.

Al abrir los ojos, el dolor de cabeza taladró con intensidadrnmi cráneo, haciéndome cerrarlos de nuevo. Traté de abrirlos otra vez, poco arnpoco, y la luz clara del día me los encandiló a tal grado que el dolor agudizó.

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Tenía un recuerdo vano del día anterior y entre más mernesforzaba en ordenar el desorden en mi cabeza, más me dolía.

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El bar, el espejo, Draco, su Hybrid, el beso
¡Ginny! Tanrnpronto como le encontré sentido a esas palabras, el recuerdo llegó a mi mente.rnMe levanté sobresaltada y visualicé después de unos segundos una habitación. Nornera mía, de eso estaba segura; había una guitarra negra y el decorado delrncuarto era en color azul de diferentes tonos. Esta era la habitación de unrnhombre y el único que me venía a la mente era Draco.

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La cama estaba desecha pero yo estaba segura de que anochernme había derrumbado sobre el piso del baño y no sobre la cama. Lamentablemente,rnnada había sido una pesadilla nada más, como yo lo hubiese deseado, todo erarnreal, y aquellos labios rosados, rellenos, suaves y ahora con sabor a menta yrnchocolate, habían sido míos anoche, por un minuto.

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Traté de buscar un reloj y encontré uno pequeño sobre elrnescritorio, eran las doce treinta y cinco del medio día y la cabeza no merndejaba de doler.

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Fui al baño, medio mareada aun, y lavé mi cara. Traté dernacomodarme los cabellos soltando mi pelo completamente. Luego de que me vi conrnun aspecto mejor, decidí que tenía que salir corriendo de esta casa.

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Esperaba y cruzaba los dedos porque Draco no estuviera, así,rnsaldría sin que él se diera cuenta y
me iría.

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Tomé mi morral que se encontraba en una silla cercana y mernlo crucé sobre el pecho. Me armé de valor y giré la perilla de la puerta,rnabriéndola. Salí con la mirada baja y al instante de que me encontré fuera dernla habitación, la levanté, encandilada horrorosamente por la clara luz delrnmedio día.

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Draco me miraba, sentado en una de las sillas que teníarncerca de la mesa. Allí otra espina a mi corazón. Ambos nos miramos por un largornrato, como si nos comunicáramos con los ojos. Aquello pudo haberse interpretadorncomo un 'Te odio' doloroso y afrentoso ó como el 'Te amo' más honesto de larnhistoria.

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Tan sólo respirar me dolía, así que bajé la mirada y merndirigí a la que parecía la puerta de salida. Apresuré mis pasos pero parecíarncomo si mis pies no se abrieran tanto en cada paso.

 

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-Espera, Hermione-su voz tan hermosa me hizo detenermernaunque la razón me gritaba despavorida que saliera corriendo ya y asi lo hice.

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-Volveré a California, Theo-sollocé.

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-¿Por qué? ¿Por qué tan pronto?-inquirió, más confundido quernantes.

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La voz se me atoró en el nudo de la garganta, impidiéndomernhablar. Me sentía fatal de confesar mi pecado.

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-Hice algo muy malo, Theodore-admití y halé la puerta pararnabrirla, luego me subí al auto. Todo lo hice tan rápido que no le dirnoportunidad para hablar.

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Corrió hacía el otro lado del auto y subió de la mismarnmanera que yo.

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-¿Qué tan malo pudo haber sido como para que te obligué arnirte? -quiso saber.

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-Muy, muy malo -las lágrimas eran el vivo recuerdo de larnnoche anterior e incluso de esta misma mañana.

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-Por favor, Herms, no me asustes. ¿Qué hiciste?

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Lo miré, con los ojos empañados aun y mis labios temblabanrncon las palabras a punto de salir.

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-Anoche me embriagué

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-Oh, vamos Herms, eso no es tan malo
-el alivio huyó de surnrostro cuando continué hablando.

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-
y besé a Draco -confesé, tratando de ahogar el nudo en mirngarganta.

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Entonces se le desplomaron las cejas de sorpresa yrndesconcierto.

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-¿Qué? -preguntó, incrédulo.

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Me llevé las manos a la cara, intentando al menos ocultar mirnrostro avergonzado y las lágrimas que lo bañaban, ya que no podía pararlas.

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-¿Besaste a Draco? ¿Pero cómo? ¿Por qué? -sus preguntas sólornsirvieron para que el dolor me sucumbiera más, sin contar que la cabeza estabarnpor explotarme.

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-¡Por estúpida, Theo! -solté, retirando las manos de mirnrostro para elevarlas en modo de desesperación- Ginny se dio cuenta de quernDraco no era el mismo y el domingo pasado a la muy idiota de mí, se le ocurriórnbailar con él en plenas narices de su novia. Debí imaginarlo, ¿sabes? Hasta larnpersona más estúpida lo hubiera reflexionado, pero se trata de mí, ¡claro! larnidiota de mí-farfullé, atropellando las palabras.

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-Herms, tranquila -me tomó del brazo y sentí su tacto cálidornsobre mi piel-. Cuéntame con más calma y sin insultarte -me pidió.

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Suspiré, yo no sabía cómo es que esperaba que no merninsultara a mi misma. Me merecía toda clase de insultos habidos y por haber.rnPero traté de tranquilizarme.

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-Harry me lo dijo -continué-, y me pidió que fuera
sensatarny lo primero que hago es ir a embriagarme para olvidar el dolor por romperle elrncorazón a mi mejor amiga, dime ¿qué tan sensato es eso?

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"Draco fue a buscarme al lugar cuando estaba borrachas, me sacórnde allí y me hizo subir a su Hybrid
Casi le confieso que lo amo -la voz volviórna quebrárseme- y luego de una ridícula discusión me quedé dormida. Cuandorndesperté me di cuenta de que no estaba en el departamento de Ginny sino en larncasa de Draco, acostada en su cama -el recuerdo apareció nítido en mi mente,rncomo si fuese una película que se estuviese proyectando con bastante claridad-,rnmusité su nombre y él se acercó a besarme en la frente para desearme buenasrnnoches -ya no estaba tan segura de que mi voz tuviera sonido, pero Theo seguíarnmirándome atento-. Sujeté su rostro entre mis manos y lo besé, simplemente lornbesé -me perdí por un momento en el recuerdo.

 

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-¿Y Draco qué hizo? -inquirió.

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-No se apartó
¡No se apartó! Yo tuve que detener aquellornporque si no
-entonces mi voz se perdió entre las lágrimas que me ahogaban larngarganta.

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-Tengo varias cosas qué decir, pero primero
-abrió susrnbrazos y me abrigó en ellos y yo, derramé allí todo mi dolor.

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Lloré inconteniblemente sobre su hombro, por que me sentíarnsola; sentía que tarde o temprano así me quedaría. Sola.

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Tardé unos minutos en recuperarme y vi cómo había empapadornsu camisa, produciendo en ella un manchón sobre su hombro.

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-Perdón -murmuré mirando lo que había producido mi llorar.

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-No te preocupes -me limpió con su pulgar una lágrima querncaía por mi mejilla y me recordó a Draco esta mañana.

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Gemí.

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-No puedo creer que haya sucedido -musitó.

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-Fue mi culpa.

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-No -me contradijo firmemente-. No sólo ha sido culparntuya,Draco también es culpable, y yo diría que más de la mitad de la culpa caernen él. ¿Por qué no lo evitó? Digo, tú
estabas borracha, pero, ¿el? Él estabarnen sus cinco sentidos -meneó la cabeza en forma de reproche. Se quedó enrnsilencio un momento y luego pareció darse cuenta de otra cosa. Me miró -. Pensérnque odiabas el alcohol -musitó.

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-Lo sigo odiando, Theo. Ahora más que nunca -siseé y luegorngemí con dolor-. Pero es que la mente se me nubló y
fue la única estupidez quernse me ocurrió para olvidar -admití.

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-Prométeme que nunca más volverás a hacerlo -me pidió.

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-En lo que me resta de vida -levanté la mano, jurándolo.

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Theo volvió a abrazarme, pero esta vez fue un abrazo corto.

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-¿Ya no hay vuelta atrás? -me miró, congojado.

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Negué con la cabeza baja.

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-Me voy, mañana en la mañana -murmuré.

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-Malfoy es un idiota -resopló-. No puedo creer que tengasrnque irte, es decir, no tan pronto.

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-Es lo mejor, de todas maneras ya lo había pensado. Me tardérndemasiado analizándolo, ese fue el problema.

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-¿Le dirás a Ginny? -me preguntó, como no queriendo la cosa.

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Me tembló la boca y la quijada al contestar.

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-Tiene que saberlo -tomé aire-. Pero no estoy muy segura derncómo -bajé la mirada.

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-Todo va a salir bien, Herms-me tranquilizó, pero yo sabíarnque más allá de sus palabras, la verdad era otra-. ¿Te despedirás?

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-¿De quién?

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-De Luna.

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Otro pinchazo de dolor a mi corazón. Otra persona quernextrañaría bastante, Luna.

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-No me gustan las despedidas -musité, con el dolor en mirnvoz.

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-Oh, vamos. No puedes irte sin decirle adiós. Sabes que ellarnte aprecia mucho.

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-Pero me va a doler -dije.

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-Y le va doler más a ella si no lo haces.

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Suspiré.

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-De acuerdo -acepté-. Ahora llévame al departamento, porrnfavor -dije, sobándome la cabeza, que sentía explotar.

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-Gracias -me hizo un cariño en el mentón y luego abrió elrncajón de delante de mí-. Toma, te ayudarán un poco -me ofreció unos lentes dernsol y cuando me los puse y mi vista se oscureció, el dolor disminuyórnquedamente.

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Arrancó el auto y condujo hasta el departamento, tenía querncomenzar a hacer mis maletas.

 

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Cuando llegamos y subimos, Theo me preparó una extrañarnmalteada blanca.

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-Tómatela -me dijo, dándome el vaso y me hizo recordar larnnoche anterior, cómo Blaise ponía frente a mí los vasitos con alcohol.

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Lo miré, recelosa.

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-Si algo he aprendido de mi tía, es a hacer remedios caserosrnpara todo, anda -me instó-. Se te quitará ese horrible dolor de cabeza.

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Le di un sorbo pequeño al vaso y luego, le abrí paso a unornmás grande; hasta que divisé el fondo de cristal de aquel vaso.

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Aquello no sabía tan mal.

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-Perfecto -sonrió, Theo-. ¿Qué vas a hacer ahora?

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-Mis maletas -musité-. Entre más pronto termine todo, mejor.

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Él suspiró con pesar, enterrando sus ojos chocolate en mí;rnluego, soltó una risita y meneó la cabeza.

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-Tú te atreviste a hacer lo que nunca pude hacer yo -merndijo-. ¿Qué hubiera pasado si hubiese sido yo el que hubiera robado un beso arnde ti? -me preguntó.

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-Supongo que no me estaría yendo ahora -admití-. Pero dicenrnque las cosas suceden por alguna razón.

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-Sí, ahora yo tengo a Luna y

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-Y yo regreso a California -traté de sonreír.

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Ambos nos quedamos en silencio.

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-Tengo que ir, Theo -musité-. Gracias
por todo -dije, desdernlo más profundo de mi corazón.

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-No agradezcas, para mí ha sido todo un placer conocerte, mirnprincipessa -sonrió.

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-No nos despidamos aun -dije-. Te veo más tarde -sonreí yrnsalí de su apartamento hacía el mío.

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Cuando me hube adentrado en él me dejé caer sobre el suelo yrnparecía como si las ganas de llorar no acabaran jamás.

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Me levanté cansada, pero al menos evitando a toda costarnderramar una gota de agua más. Me dirigí a mi habitación y saqué mi par dernmaletas azules que había traído conmigo, luego, comencé a llenarlas de ropa,rnobjetos y todo lo que me pertenecía.



ok, Actualice bajo amenaza xD jajajjaja los quierooo

El dolor de cabeza se había esfumado por completo, pero eldolor en mi corazón seguía estancado y se movía como la hoja de un cuchilloafilado.

Mis maletas estaban hechas sobre la cama, la habitaciónhabía quedado tal y cual la había encontrado cuando llegué. Iban a ser las seisde la tarde, pero el tiempo ya no importaba, a mí se me había acabado laestancia allí y cada movimiento de la manecilla del reloj me lo recordaba. Tomémi morral y fui con Luna, al menos ella tendría qué saber que me iba.

Caminé con paso apesadumbrado, era como si los pies mepesaran toneladas; las manos se me congelaban, sin siquiera haber tanto frío.

Llegué hasta el laboratorio de los Agnelli pero esta vez, nohabía fotografías que imprimir, sino, una triste noticia que dar. Crucé lacalle, tratando de respirar, no sabía que tan difícil podría ser decirle adiósa las personas que aprecias y más, si sabes que para volver a verlas pasarámucho tiempo, si es que sucede.

El rechinido de la puerta de entrada se escuchó cuando la abríy la delicada figura de Luna se posó en mis ojos. Me dieron ganas de llorar encuanto la vi sonreírme.

-¡Herms, hola! -me saludó, con esa alegría tan angelical enella.

Quise sonreír pero una traicionera lágrima fue lo único quesalió. Me dolía bastante decirle adiós a una persona fantástica.

 

-Oh, Herms, ¿qué sucede? -llegó hasta mí en un rápido andary me abrazó.

-Vengo a despedirme -musité.

-¡¿Qué?! ¿A dónde vas?

-Vuelvo a California -confesé.

-¡¿Qué?! -la expresión se le contrajo de desconcierto.

-Tengo que irme, Luna. Ya no tengo nada más qué hacer aquí.

-Pero
¿por qué?

Respiré hondo, allí iba otra vez la historia, la dolorosa ytriste historia del por qué me iba.

-Anoche me embriagué y besé a Draco -dije, no quería darlemucho detalle al asunto.

-¡¿Hiciste qué?! -sus ojos se abrieron desmesuradamente yllevó sus manos a su boca para contener el grito de sorpresa.

-No me hagas recordarlo, soy la pero mejor amiga del planeta-sollocé.

-Vaya -murmuró-. No puedo creerlo -se quedó en silencio-. Y
¿cómo estuvo?

-¿Qué cosa? -inquirí, confundida.

-El beso.

-¡Luna! -farfullé, escandalizada.

-Lo siento, pero es que
en serio no puedo creerlo. Quierodecir, me sorprende que haya sucedido algo así, Draco tiene novia, ¿no? y tú
bueno tú jamás hubieras querido herir a tu mejor amiga, ¿verdad?

-Es lo único que me duele, Luna. Que la traicioné.

-Sí pero
¿segura que es eso lo único?

-¿Qué quieres decir? -pregunté.

-No lo sé -se encogió de hombros-. ¿No te duele dejar a
? Túsabes.

-Draco -me tembló la voz y Luna asintió.

-Si te digo que no, te mentiría. Lo amo Luna -confesé.

-¿Y qué vas a hacer? ¿Tú crees que irte arreglará las cosas?

Me reí.

-Sabía que intentarías hacerme cambiar de opinión, pero yano hay vuelta atrás, Luna. Me voy.

-No puedes escapar siempre -me reprochó.

-No, pero ahora sí. De todos modos volvería, no me iba aquedar para siempre aquí.

Ella suspiró, sabiendo que por supuesto, no iba a cambiar deopinión.

-Te extrañaré tanto -murmuró.

-Yo también. Escucha, podemos escribirnos por Internet-dije, tratando de evitar el melodrama, pensar en despedirme de una personacomo Luna me dolía en serio en lo más profundo de mi alma.

-No será lo mismo -dijo, triste.

-Ya lo sé, pero agradezcamos a Dios que nos permitióconocernos -musité, a punto de dejar salir las lágrimas.

-No es justo -murmuró y luego volvió a abrazarme. Ella nopudo contener las lágrimas y verla llorar me terminó a mí por derrumbar.

-Nunca voy a olvidarte, ¿de acuerdo? -musité.

-¿Y prometes que te cuidarás?

-Lo prometo.

-¿Cuándo sale tu avión? -me preguntó.

-Mañana a las once de la mañana.

-Le pediré permiso a mis papás y cerraré para

-No -la interrumpí-. Escucha, no te lo tomes a mal, peromañana no quiero que nadie me acompañe al aeropuerto. No me gustan lasdespedidas, Luna. Y si puedo huir de ellas, mejor.

-¡Pero ya no voy a volver a verte!

-Claro que nos volveremos a ver, algún día
Dios nos volveráa juntar. Pero no me hagas dura la partida, ¿sí?

-Te voy a extrañar demasiado.

-Ya somos dos -traté de deshacer el nudo en mi garganta-. Tequiero, Luna. Gracias por todo.

-También te quiero, Herms.

Le di un último abrazo y me retiré del lugar antes de que yomisma me amarrara a él, sabía desde un principio que no debía de encariñarmecon las personas por qué dejarlas me costaría mucho, y no estaba equivocada.Dolía bastante.

 

Caminé hasta el edificio, mientras me limpiaba las lágrimasque resbalaban por mi mejilla. El cielo estaba oscureciendo, este había sido miúltimo día en Venecia.

Subí por las escaleras, desganada totalmente. La despedidade Luna no había sido para nada sencilla. No cabía más dolor en mi corazón.

O eso pensaba yo

-Sólo quiero hablar con ella -era su voz, sin duda, la quese oía a través del pasillo con eco propio.

Me quedé helada, mis pies no se movieron más y mi cuerpoquedó escondido tras la pared continua.

-Pero ella no quiere hablar contigo, pervertido -esa otravoz era la de Theo, aireada.

¿Qué estaba sucediendo?-pensé yo-

-¿Pervertido? -repitió Draco, escandalizado.

-¿La llevas a tu casa sabiendo que no está en sus cincosentidos? No te hagas el santo -alegó Theo.

-La llevé a mi casa por eso mismo -explicó-. No iba adejarla aquí sola en ese estado, además, yo no tenía llave de estedepartamento, ¿qué querías? ¿Qué la dejara en el pasillo? -replicó.

-Como sea, ella no quiere verte.

-Tú no decidas, no tienes derecho -decía Draco.

-No decido, sólo te estoy repitiendo lo que ella me dijoesta tarde -refutó Theo.

-Necesito hablar con ella, y tú no me lo vas a impedir-advirtió Draco.

-Pues, ojala la encuentres -la voz de Theo parecía ocultaruna sonrisa malévola.

Hubo un silencio y me eché a correr al captar que laconversación entre ellos había terminado y que Draco pasaría por donde yoestaba escuchando todo.

Corrí hacía el ascensor, Draco no lo tomaría, de eso estabasegura. Las puertas se abrieron a tiempo y me escondí antes de que sus ojos mevieran. Apreté el botón para el cuarto piso, sólo por si acaso y el estómago seme encogió, evidentemente más sensible, cuando el ascensor subió un pisoarriba.

Cuando las puertas se abrieron de nuevo y me dejaron salir,bajé rápidamente las escaleras hasta mi piso y llamé a la puerta deldepartamento trecientos ocho. Alguien dentro refunfuñó palabras ininteligiblesy luego la tía de Theo me abrió la puerta y me puso mala cara, deformando surostro con más arrugas de las que ya tenía. Su cabello blanco estaba atado enuna desecha coleta y algunos cuántos pelos se salían de su lugar.

-Disculpe que la moleste, ¿está Theo? -pregunté.

-¡Theodore! -lo llamó, luego sin decir nada más, se diomedia vuelta y volvió al sofá en el que seguro estaba antes.

Theo salió de una de las habitaciones y después de que miróa su tía me captó en la puerta de entrada, esperando.

-Oh -musitó y se acercó a toda velocidad-. ¿Qué pasa, Herms?-dijo, saliendo un poco y cerrando la puerta tras de sí.

-Escuché la discusión que tuviste con Draco, ¿por qué? ¿Aqué vino? -inquirí, desesperada.

Él exhaló.

-Venía a hablar contigo, pero le dije que tú no queríashablar con él -musitó.

-Eso lo escuché, pero ¿por qué le dijiste que yo no queríahablar con él?

-Pues, ¿no es obvio? Hermione, yo sé que te lastimaría másde lo que ya lo ha hecho. No quiero que te sientas culpable de nada, Draco esel que tiene la culpa aquí y quiero que lo acepte. Además ya has lloradobastante.

-Pero

-A menos de que quieras despedirte de él, yo no puedoimpedirlo -se encogió de hombros.

 

-No -negué rotundamente-. Ni siquiera le diré que me voy.

-No digas que te vas, se siente horrible -musitó, bajando lamirada.

-Gracias por todo,Theo. Por esto y por
todo -reí sintiendode nuevo esas ganas de llorar.

-No te preocupes por mañana, yo te llevaré al aeropuerto y

-No -me negué, amablemente -. Lo mismo que le dije a Luna tedigo a ti, no me gustan las despedidas y mucho menos si son largas. Gracias porofrecerte pero
no.

Se me quedó mirando por unos segundos.

-Mañana imaginaré que sigues viviendo justo enfrente de mí-sonrió y el corazón se me oprimió, entristecido. Extrañaría a Theo mucho másde lo que había imaginado. Me dio un último abrazo y luego me besó la mejilla-.Ya sé que van como tres veces que hacemos esto pero, no cuenta como unadespedida, nos volveremos a ver algún día -aseguró y algo en su voz me hizocreerlo.

Sonreí.

-Entonces hasta pronto -dije, separándome de él.

-Hasta pronto -sonrió.

Entré al departamento y me esforcé por no dormir alprincipio. Tenía que volver a mi ritmo de vida de un día a otro; en Californiaera de día cuando aquí era de noche. Antes de que viniera a Venecia, me habíapreparado con la diferencia de horas, hasta que logré controlar muy bien misueño y ajustarlo perfectamente al horario en Venecia. Pero para eso habíatomado semanas, y ahora, tenía que hacerlo de un día a otro, aunque ese era elmenor de mis problemas.

Logré quedarme despierta hasta las tres de la mañana, porquea pesar de que los ojos me ardían de sueño y de haber llorado tanto, estardespierta provocaba que los recuerdos nítidos vagaran en mi mente; así quemejor decidí cerrarle el paso a todo eso y cerrar los ojos para intentar dormirmi última noche.

Los ruidos sonoros del exterior me despertaron. Me revolvíentre las sábanas y me estiré antes de bostezar. Hoy era un nuevo día. ¡Hoy erael día!

Me levanté como zombie de una tumba, incluso tenía elaspecto de uno. Miré el reloj, eran siete con treinta y cinco minutos. Losruidos siguieron escuchándose fuera y lo único que mi mente produjo fue unpensamiento con nombre propio: Ginny.

La respiración se me entrecortó y el corazón me latíaoprimido. No tenía cara siquiera para verla, sostenerle la mirada y tratar desonreírle, sabía que no podría hacerlo. Respiré hondo varías veces, tratando decalmarme, llevaba puesta la misma ropa del día anterior, arrugada por haberdormido con ella; había dejado sólo un cambio para el viaje.

El viaje. Si Ginny entrara a mi habitación a despertarmevería las maletas y
esa no era una buena forma de enterarla de que me iría, yotenía que sacar valor y hablar con ella, aun cuando no quisiera.

Me levanté rápido de la cama y me cambié de ropa, guardandoen una de las maletas la que antes me había quitado. Me sorprendí de lo rápidoque lo hice y salí de mi habitación, con el corazón latiendo a mil por hora.

-¡Ey, hola! -la sonrisa de Ginny se expandió al verme,mientras luchaba con su pequeña maleta por que la cremallera no abría.

Corrió hasta mí y me abrazó, ella siempre hacía eso y merecordó al primer día que llegué a Venecia. Le correspondí tímidamente.

-¿Puedes creerlo? El señor Vittore quiere que trabaje hoy,aunque sea medio día. Tendré que irme a las dos -hizo un mohín.

 

Traté de hacer algo, un gesto o lo que sea, por que hablarno podía; repentinamente la voz se me había ido.

-¿Te pasa algo? -me miró.

-No, no
-tartamudeé- sí.

-¿Qué ocurre? -me preguntó.

Este era el momento, en poco más de tres horas me iría, y sino le decía ahora, quizá ya no encontraría el valor después.

-Regreso a California, Ginn-dije, con el nudo en migarganta.

Los ojos de Ginny se abrieron más grandes de lo que ya eran.

-¡¿Qué?! Es broma, ¿no? -farfulló. Cuando me vio ensilencio, sería y entristecida a la vez, entonces supo que no lo era- Pero,¡¿por qué?! Pensé que te irías después de año nuevo, ¡apenas comenzó diciembre!-parloteó y los ojos se le pusieron rojos.

-Tengo que irme, Ginny -el temblor de mi voz dieron paso alas lágrimas, podía ver llorar a todo mundo, pero nadie movía tanto mi fuerointerno como lo hacía Ginny, verla llorar a ella era distinto, desgarrador.

-¡¿Por qué?! -volvió a repetir.

Estaba consiente de que Ginny tenía que saberlo, pero depronto, me volví cobarde y las piernas debajo de mi pantalón deportivotemblaron.

-Sólo
ya
Es que ya no tengo nada que hacer aquí, tengo quevolver a América -murmuré.

-¿Cómo que no tienes nada que hacer aquí? ¿Yo estoy pintada?¡Claro que tienes mucho qué hacer aquí! Se supone que viniste a pasar navidadconmigo, a estar juntas en año nuevo, ¿y dices que no tienes nada qué haceraquí? -explotó, con todas esas lágrimas corriendo por su rostro.

-Ginn, discúlpame -supliqué-, pero entiéndeme, tengo queirme.

-¡Es que no te entiendo! No logro comprenderte, ¿por qué?

Verla así, derramando lágrimas por mí era devastador, peroaun cuando estuviera enojada y no encontrara explicación a mi huida, erapreferible que verla con el corazón roto, sin novio ni mejor amiga.

Pero ella tenía derecho a saber. Las lágrimas se me atoraronen la garganta y la voz no salió del nudo de ella, sólo abrí la boca, pero nohubo sonido alguno.

Llamaron a la puerta y ninguna de las dos nos movimos, sólomis ojos se dirigieron a la armazón de madera. Los golpes insistieron, Ginny segiró y fue a abrir dejándome colapsada por la persona que estaba del otro lado.

-Ginny, ¿por qué lloras? -Draco la miró preocupado, elrostro de Ginny estaba enrojecido y sus ojos no paraban de llorar.

Ella se dio la vuelta sin contestarle y caminó de nuevohasta mí, cuando Draco me vio, llorando también, abrió sus ojos como platos ypensó lo peor.

-Ginny

-¡Dime por qué maldita sea te vas! -el grito de ella lointerrumpió y allí Draco pareció caer en la cuenta.

-¿Te vas? -me preguntó y a su rostro asomó una expresión dedolor que lo desencajó por completo.

Ya no podía más, no lo soportaba. Sentía que me derrumbaríaallí mismo tras la mirada de dolor de ambos, de dos personas que amababastante.

-Sí -obligué a mi garganta a abrirse de nuevo, sólo paracontestarle a Draco.

-¿Por qué? -inquirió, desconcertado y cínico.

Gemí, incrédula, ¿él me preguntaba por qué? Moví la cabezanegativamente, lo odiaba.

-Mi vuelo sale a las once. Perdóname, Ginny -tomé mi bolso ysalí corriendo de allí, simplemente ya no podía soportarlo.

Corrí escaleras abajo y salí al exterior, no tenía dinero yla gente me regalaba miradas raras porque mi rostro estaba bañado en lágrimas.Había una persona que aun no había visto, una persona que debía enterarse deque me iba y las razones de por qué me iba. Faltaba despedirme de mi mejoramigo, Harry.

 

Lo llamé y le pedí que me recogiera, ya que yo no sabíadónde vivía y a los pocos minutos apareció en el parque en el que yo estabasentada.

Me llevó hasta su casa, porque le pedí que lo hiciera, noquería hablar en plena calle sabiendo que me soltaría a llorar más de lo que yalo hacía.

Ni siquiera me molesté en apreciar la casa o lo que había enella, todo lo que hice fue seguir a Harry hasta su cuarto, luego de saludar asu madre.

-Ahora dime, ¿qué pasa? -me hizo sentar en su cama y él sesentó en la silla de un escritorio que tenía a lado.

-¡Soy una completa estúpida, Harry! -farfullé.

-¿Por qué?

-Porque no acaté las reglas, porque le rompí el corazón a mimejor amiga y porque como una completa cobarde, regreso a California.

-¿Cómo? Espera, cuéntamelo por partes, no te entiendo-gesticuló con las manos, haciendo señal de que parara.

Suspiré, tratando de limpiarme las lágrimas que no secansaban de salir.

-Regreso a mi país -no sabía por qué siempre empezabadiciendo eso.

-¿Por qué?

-Esa
esa es la parte difícil -dije, entre sollozos. Unosruidos se escucharon afuera de su habitación-. ¿No deberíamos cerrar la puerta?-dije, temiendo que alguien pudiera oírnos.

-Mi madre no se mete en lo que no le incumbe, no tepreocupes -me tranquilizó-. Dime, por qué te vas.

-Porque soy mala, Harry -sollocé más fuerte-. Si supieras,cuánto me duele
en serio.

-Pero dime ¿por qué? -su tono de voz no sólo era preocupadosino también desesperado.

-Porque
no te hice caso, Harry. Después de que hablamos porteléfono el otro día yo
me sentí tan mal que cometí una estupidez.

-¿Qué hiciste? -sus ojos verdes se mostraron cautelosos yseguían preocupados.

-Me embriagué y besé a Draco.

-¡¿BESASTE A MI NOVIO?! -Ginny apareció de pronto por lapuerta, con los ojos abiertos de incredulidad y la cara desencajada de dolor.

-¡Ginny! -Me levanté, desconcertada- Yo no
-intentéexplicar.

-¿Tú no qué? Te acabo de escuchar, Hermione -las lágrimassalían de sus ojos como si fueran caballos de carrera, desatrampados porganar-. Oí cuando se lo dijiste a Harry, ¡eres una traidora! -gritó y alinstante, sentí el sonoro golpe de la palma de su mano contra mi mejilla,produciendo un ardor instantáneo y el seguro enrojecimiento de mi piel.

Tan duro fue el golpe que, la cara se me desvió hacía unlado y Harry tuvo que retener a Ginny.

-¡Ginn, tranquila! -le ordenó, asustado.

-¿Cómo quieres que esté tranquila? Si mi supuesta mejoramiga me traicionó, claro, ahora entiendo todo -no dejaba de llorar y el corajeera leíble en su rostro.

Los nudos se habían quedado atascados en mi garganta, y elcorazón, hecho pedazos en mi pecho, latía angustiado. Mis lágrimas eran deamargura, deseaba fervientemente que todo esto fuera una pesadilla.

-¿Cómo no me di cuenta antes? ¡¿Y tú no pensabas decírmelo?!-me empujó y Harry volvió a sujetarla.

-Ginevra

-¡Te abrí la puerta de mi casa! ¿Y me pagas robándote a minovio? -Seguía farfullando llena de furia e hizo caso omiso a la voz de Harry-¡Qué estúpida! No puedo creer que tú
-se quedó a la mitad de la frase, ledolía bastante. La conocía y sabía que estaba hecha pedazos, cosa que sólosirvió para hundirme más en la miseria. Seguía sin poder hablar, sólo lloraba ymiraba a Ginny-. Hace algunos minutos estaba llorando porque te ibas-farfulló-, ahora entiendo la razón, qué cobarde -siseó-. Pero ¿sabes? Me dagusto que te largues, hipócrita -me dio una última mirada despectiva, dolida, yse dio media vuelta para salir de la habitación.

 

Me quedé inmóvil, dejando que mis lágrimas se suicidaran sinpiedad; respirar me era difícil y sentía que me faltaba el aire.

Harry me miró, decepcionado.

-Ve -alcancé a susurrar, con el hilo de voz que salió de migarganta-. No la dejes sola.

Se me quedó mirando, era una mirada extraña, estaba entre lafrustración y la angustia. Pero enseguida salió detrás de Ginny. Entonces mequedé sola.

Las lágrimas no se cansaban de salir y parecía como si nuncase acabaran, esto no debió de haber terminado así, ni siquiera debió tenercomienzo.

Me quedé en inmóvil durante un par de minutos y luego, miréa mi alrededor, ya no volvería a ver a Harry y no había tenido la oportunidadde decirle adiós. Busqué con la mirada algún cuadernillo y divisé una hojaencima de su escritorio; tomé un bolígrafo y garabateé sobre el papel en trazoslargos:

Me lo dijiste, lo sé.

Disculpa todo el dañoque hice, que le hice a ella. Era lo que menos hubiera querido que pasara.Agradezco todo lo que hiciste por mí, gracias por entenderme.

Fuiste mi mejor amigoy nunca voy a olvidarte.

Perdóname.

Te quiero.

__________

Lo dejé sobre su cama y luego, con un nuevo dolor en elpecho, salí de aquella habitación. Me deslicé como ánima en pena escalerasabajo y cuando bajé a la sala para cruzarla y llegar hasta la puerta, la miradade la madre de Harry me detuvo.

-¿Estás bien? -me preguntó.

Mantuve mi mirada baja, avergonzada y negué con la cabeza.

-¿Quieres una taza de té? -me ofreció, afable.

-Tengo que irme, se me hace tarde. Gracias de todos modos-musité e intenté dar el primer paso hacia la puerta.

-Antes de que te vayas -dijo-, quisiera decirte algo -medetuve y giré sobre mis talones, despacio, la miré.

Su rostro, dulce como el de toda madre, tenía un tono rosadoen las mejillas, como un durazno. Su cabello era igual de rizado que el deHarry y del mismo color rubio que el de Draco. Me sonrió.

-La traición es algo muy fuerte -musitó, acercándose y lamiré con ojos asustados. Ella rió-. Aquí las paredes no son muy sólidas-explicó-. Además uno intuye cosas cuando las ve salir por la puerta, llorando.

Me sentí más avergonzada que antes y bajé la mirada.

-Lo que quiero decirte -me levantó el mentón, condelicadeza-, es que la traición puede llegar a ser muy dura, muy profunda,viniendo de una persona a la que se quiere. Pero, más allá, el amor es másprofundo y fuerte.

Me le quedé mirando, confundida, ¿qué era lo que me estabadiciendo? Sollocé.

-Cariño -ella vio la confusión en mi rostro, tan palpablecomo mis lágrimas-. ¿Tú amas a mi hijo, Draco? -Se me paró el corazón, peroantes de que pudiera contestarle, ella siguió hablando- Ginny es una muy buenachica, trabajadora, educada, bonita; me gusta que Draco salga con ella. Pero nose trata de lo que me guste a mi o al resto de la sociedad, se trata de lafelicidad de mi hijo. Todos cometemos errores, cariño. Pero siempre recuerdaque el amor tiene mucho más fuerza que cualquier otro poder en el mundo y alfinal de cuentas, aquellos errores, son los peldaños de una escalera que noslleva a nuestro destino.

 

El silencio me rozó con el aire, quise asimilar ycomprender, una por una sus palabras. Ella me sonrió.

-Buen viaje -me acarició la mejilla.

-Gracias -musité, más confundida que antes.

Salí por la puerta y el corazón se me encogió de angustia, unavez más. ¿Cómo iría de nuevo hasta el departamento? Harry se había ido conGinny y yo, difícilmente recordaba el camino. A pie haría más de treintaminutos, si es que llegaba.

Era el colmo de mis desgracias.

Comencé a caminar, dejando atrás la bonita casa blanca en laque antes había estado. Esperaba que Ginny se encontrara bien, en el sentido deque estuviera segura con Harry. Sabía que yo la había destrozado y eso era algoque jamás me perdonaría.

Mientras caminaba, las palabras de Narcissa, la madre de Harry,vinieron a mi mente, entre tanto que mis mejillas seguían húmedas y mis ojostercos a seguir derramando su dolor.

¿Ella creía acaso que Ginny no hacía del todo feliz a Draco?Era su madre, y una madre -queramos o no- siempre, tiene la razón. Ella meestaba dando una esperanza, debajo de sus palabras, había una. Pero justo ahoratodo mi cielo se había vuelto gris, casi negro, y toda esperanza parecíacarecer de sentido y significado.

Caminé por un buen rato, indecisa de ir o no por algunascalles, pero al final, divisé el edificio y por primera vez en todo el día,sentí alivio. Cuando me hube adentrado hasta llegar al departamento, lo primeroque hice fue ver la hora, faltaban quince minutos para las diez de la mañana.Tenía el tiempo suficiente para hacer una última cosa.

Arranqué una hoja del cuadernillo que Ginny tenía sobre lamesa de centro y me senté a la mesa a escribir. A lo mejor era estúpido dejarleuna nota, pero tampoco podía irme así nada más.

Comencé a arrastrar la pluma por el papel con ansiedad ycada línea en la hoja, era un latido cada vez más doloroso de mi corazón.Cuando hube terminado de escribir, leí la
carta que había pintado en aquellahoja.

Lamento mucho todo esto.

Me merecía más que una buena bofetada y todas esas palabras que medijiste. Pero el que las mereciera, no significa que no me hayan dolido.

Pedirte perdón a lo mejor es estúpido. Tomando en cuenta de que no melo perdonaré ni yo misma. Jamás quise hacerte daño, intenté protegerte siemprey
ahora te resulté fallando.

Siempre fuiste como mi hermana y siempre quise lo mejor para ti. Sé loque sientes ahora, pude verlo en tus ojos, te conozco mejor que nadie. Notienes idea de cómo me dolió verte así por mi culpa.

Pero no te mentiré. Me enamoré de Draco, te juro que lo amo y por esotenía que irme. Quería dejarlos ser felices, en serio. Vivir todos los díasviendo sus demostraciones de amor era algo que me dolía más que los golpes enla mejilla. Pero yo quería que tú fueras feliz e irme resultaba la mejor ideapara olvidar todo, y aunque no pudiera olvidarlo, ya no importaría; yo estaríaa miles de millas lejos de él, lejos
para evitar hacerte daño. Todo me hasalido al revés.

 

No quería que esto pasara, pero regresar el tiempo es imposible. A lomejor, irme ahorita, después de esto, no va a servir de mucho. Sé que soy unacobarde por irme y dejarte este dolor, ¡te juro que desearía poder quitártelo!Pero, no deja de ser lo mejor para todos

No quiero perderte, Ginny. Mi elección siempre fuiste tú. Pero ayer, enun desorden estúpido en mi cabeza, cometí el error más grande de mi vida.Traicioné a la única familia que me quedaba
ahora estoy sola. Me lo merezco.

Draco no tuvo la culpa, fui yo quien lo besó. No eches por la bordaalgo tan hermoso como lo es tu relación sólo por un error mío.

Ódiame a mí si quieres, pero no culpes a Draco. Fue mi culpa, porcompleto.

Lamento haberte causado este daño, no sabes cómo me arrepiento. Porsupuesto que te lo iba a decir, pero no de la forma en la que te enteraste.Discúlpame.

Hay algo de esto que jamás voy a olvidar, de los errores, hay leccionesque se aprenden. La comunicación es importante y a veces, aquello que vemos asimple vista, no es lo que parece. Tenlo en mente, Ginny. Seguro habrá más deuna persona tratando de apoyarte.

De nuevo, discúlpame.

Todo lo que me diste te lo devolveré, el dinero, los vestidos
tepagaré todo. Gracias.

Cuando leas esto, seguro estaré arriba de un avión rumbo a California,sintiéndome la persona más pérfida en todo el mundo. Extrañándote.

Espero algún día me perdones.

Te quiero mucho.

Era la carta más sincera que jamás en la vida había escrito,sin embargo, la sentía insuficiente. Pero ya no me quedaba tiempo. Doblé elpapel por la mitad y garabateé rápidamente el nombre de Ginny al frente, luegola coloqué sobre la mesa.

Fui por mis maletas y guardé el par de euros que aun mequedaban. Di una última mirada nostálgica al departamento y una lágrima seestrelló contra la alfombra del suelo. Dejé las llaves en la misma mesa endonde estaba la carta y luego salí por la puerta, arrastrando mis maletas juntoconmigo. Utilicé el ascensor y salí del edificio. Paré un taxi y le pedí que mellevara al aeropuerto.

Aun en la agonía misma de estarme yendo, sabiendo que laúnica familia que me quedaba tenía el corazón roto por culpa mía, no podíaevitar pensar en él. Miré a través de la ventana del taxi y vi pasar las casasy calles, jamás volvería a verlas de nuevo, ni a él.

Me iba hasta el otro lado del mundo, pero dejaría mi corazóncerca de él. Seguro. Mientras más lo pensaba, más me dolía. Dejaría al amor demi vida y renunciaría a él totalmente, porque era lo mejor.

Nunca pude dejar de quererlo, sencillamente porque lo amabamás de lo que me convenía. Era como redactar mi carta de despedida; como si alhacerlo, cada palabra que plasmaba me doliera cada vez más al acercarme alpunto final.

No quería irme, partir de su lado era como tirarme de unprecipicio o interponerme en el camino de un autobús en movimiento, ó con menosdramatismo, era como quitarle el sentido al paso del tiempo.

 

Me dolía partir, por supuesto; pero era lo mejor que podíahacer después de todo. Me llevé la mano a mi mejilla izquierda, y me ardió conel recuerdo. La cara desencajada de dolor de Ginny se plasmó en mispensamientos, sus lágrimas volvieron a verse en mi mente. Mi corazón ya nopalpitaba, podría hasta jurar que ya no estaba allí; pero podía sentir el dolorindescriptible y sabía que, aunque hecho pedazos, mi bombeador de sangre seguíaallí. Pude ver el aeropuerto a través del vidrio empañado por mis suspiros ysupe que el tiempo se me iba acabando más rápido. Pagué el taxi y le pedí quese quedara con el cambio, a fin de cuentas, a mi ya no me serviría.

Me ayudó a bajar mis maletas de la cajuela del auto y luegolas hice rodar sobre el pavimento hasta adentrarme al aeropuerto. Había llegadoa la hora justa.

Me senté en una de las bancas a esperar que los diez minutosque faltaban se pasaran rápido. Mientras veía a la gente ir y venir, Dracovolvió a mi pensamiento. ¿Vendría a buscarme y me pediría que no me fuera? ¿Mediría que me amaba con la misma intensidad con la que yo lo hacía? Me reí,burlándome de mi misma. Esto no era una película con final feliz, Draco novendría; porque su lugar era a lado de Ginny.

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Ultimos capitulos Sras y Sres, que pasara? Hermione Vuelve a California, que hara Draco, Ginny la perdonara?

La voz femenina anunció mi vuelo, la hora había llegado. Meparé y caminé para dejar las maletas, luego guardé el boletito en mi bolso.Caminé hasta la fila de personas que aguardaban para subir al avión y me formédetrás de la última. Miré hacía atrás, hacía todos lados mientras mordía milabio inferior; vi a toda la gente, todos los rostros
¿qué estaba pensando? Élno vendría. Me volví a girar y caminé lentamente hasta que llegó mi turno, laazafata me revisó el boleto.

-Bon voyage -me sonrió, devolviéndome el boleto.

Di una última mirada alrededor y suspiré. Cerré los ojos ydeseé fervientemente que él apareciera, tan sólo para decirme adiós. La genteseguía pasando a mi lado cuando los abrí. Me faltaba magia, por que los rostrosque veía, seguían siendo desconocidos.

Resultaba inútil desearlo, esperar que él
por supuesto queno, ¿en qué cabeza cabe? Volví a reírme de mi misma, sin atisbo alguno dealegría y caminé hasta el avión.

Me senté en el asiento correspondiente, forrado de azul reyy luego miré por la ventanilla circular. Ningún moviendo fuera del avión mepareció inusual.

Decidí relajarme, ya era demasiado tarde para cualquiercosa, para todo. Ya nada tenía sentido. Las tripas me rugieron dentro de miabdomen y hasta ese momento caí en la cuenta de que no había desayunado nada.Esperaría la merienda del avión y me esforzaría en dormir, eran dieciocho horaslas que me esperaban de camino y tenía que adaptarme al horario americano.

Una voz femenina se escuchó por todo el avión, primero enitaliano, luego en inglés, y por fin en español, para después seguir hablandoen otros idiomas.

El avión despegaría en dos minutos. Las ruedas comenzaron amoverse y a rodar por el pavimento, el rugido del motor era claramente perceptible.El tiempo se había acabado.

 

Cerré los ojos, no quería ver cómo mi corazón se quedaba enese lugar; pero detrás de mis párpados su rostro apareció y gemí de dolor. Losrecuerdos se proyectaron como una película en mi mente mientras el avión seelevaba en el aire. El primer día que llegué, su sonrisa, esos jeans ajustadosque usaba esa noche
una lágrima corrió por mi mejilla.

Me removí en el asiento y abrí los ojos para estirarme,había dormido por un buen rato y un relámpago me había despertado. Miré por laventanilla del avión, surcada por gotas de lluvia, las nubes pasaban escuetasen un cielo completamente oscuro; bajé mi vista, la ciudad se vislumbraba conun montón de motas de luz amarilla.

Sentí alivio y a la vez dolor. Por fin había llegado aCalifornia, estaba en casa de nuevo; y al comprenderlo, me sentí bastante lejosde mi corazón.

Las luces en la ciudad brillaban con intensidad y desdearriba era bastante hermoso. Por supuesto, era de noche.

Dos horas después, el piloto anunció que aterrizaríamos porfin. Las luces se fueron haciendo más grandes conforme nos acercábamos aTierra.

Cuando el avión aterrizó, y bajé de éste, supe que ya nohabía vuelta atrás, todo había acabado; aunque hubiera acabado mal. Fui por mismaletas y vi la hora en el reloj del aeropuerto de California. Eran las once dela noche con cuarenta minutos. El vuelo había durado un poco menos de lasdieciocho horas.

Salí al exterior, en donde el frío invernal arrasaba de unamanera abrasadora y la lluvia caía furiosa sobre la ciudad, obligándome aabotonarme la chaqueta. Tomé el primer taxi a mi alcance, chorreando porcompleto cuando la lluvia me alcanzó.

-¿A dónde vamos? -preguntó el taxista, habiendo subido mismaletas azules a su cajuela.

-Broderick -dije, subiendo a la parte trasera del autoamarillo.

El taxi arrancó bajó la lluvia torrencial y me encogí defrío en el asiento. En este diciembre la temperatura estaba mucho más baja queen cualquier otro diciembre que yo haya recordado. El aliento salió de mi bocaconvirtiéndose en un vapor instantáneo. Mis labios fríos anhelaron algunosotros cálidos, su recuerdo vino a mi mente y ni siquiera me esforcé enbloquearlo, ya no tenía caso, ya no importaba, no tenía sentido.

Luego de media hora y ya pasada de la media noche, por findivisé mi calle y la casa en donde la segunda planta me pertenecía. Por fin,allí estaba mi hogar.

-Aquí es -le avisé al señor para que aparcara.

Se estacionó cerca de la vereda y me ayudó con las maletas,de nuevo. Subí rápidamente para tomar algo de dinero para pagarle y cuando mehube quedado sola por fin en mi casa, comprendí que así estaba, sola.

No tenía sueño, pero sí estaba cansada. Me cambié de ropa ydeseché la mojada en una canasta para lavarla al día siguiente, luego me arriméa la ventana, con mi cabello aun mojado y una taza de chocolate caliente que mehabía preparado. Miraba cómo las gotas resbalaban por el vidrio y cómo lalluvia se hacía visible al atravesar la luz de la lámpara de la calle. Me sentívacía y entonces comprendí, aquí no era donde pertenecía; porque mi corazón sehabía quedado en Venecia, y el hogar está, donde está el corazón. Pero, ya noimportaba; estaba dispuesta a vivir sin corazón lo que me quedara de vida.

Tenía que hacer de todo para mantenerme despierta durante eldía, el dolor era bastante y eso ayudaba a que no tuviera descanso. Decidídesempacar, así gastaría tiempo hasta que fueran las diez de la mañana; aunqueseguro me tardaría más de dos horas en acomodar mis cosas.

 

Saqué primero toda mi ropa y la colgué de nuevo en elarmario, eso me llevó un poco menos de una hora. Sentía sueño, pero no debíadormirme si quería adaptarme a este horario, así que opté por llamar a Ron. Erami amigo desde que empecé a trabajar en fotografía, lo había conocido y desdeentonces, cuando alguna oportunidad se nos presentaba a alguno de los dos allíestaba el otro apoyando.

Tecleé su número en mi móvil y esperé que sonara.

-¿Herms? -preguntó, meramente sorprendido.

-Hola, Ronald -dije.

-¿No sale costosa la llamada?

-Emm
no, no si llamas de la misma ciudad -dije.

-¿De la misma ciudad? -inquirió, confundido sin duda.

-Estoy aquí, Ron -musité.

-¿Estás aquí? ¿Tan pronto? ¿En serio?

Me reí por cómo sonaron todas sus preguntas juntas.

-Ven y te cuento -dije.

-¿Estás en tu casa? -preguntó y yo suspiré.

-Sí.

-Está bien, ya voy, espérame.

-No tengo a dónde ir -me reí.

-Cierto, ya voy -truncó la llamada y yo me dejé caer en lacama.

Ron era el único con quien podía contar para algo, teniendoen cuenta ahora que, ya no me quedaba nadie más.

A los pocos minutos, Ron llamó a mi puerta y cuando lo vi,no pude evitar abrazarle. Seguía igual de delgado y tan alto que me dejaba a laaltura de su hombro. Tenía ese tono de piel morena que se asemejaba al oscurode la Siena pero era mucho más claro.

-¡Herms, qué gusto me da verte! -me dijo, correspondiendo elabrazo- Pensé que te ibas a quedar a pasar Navidad y Año Nuevo con Ginny-musitó, confundido.

-Sí, yo también lo pensé -bajé la mirada.

-¿Pasó algo? ¿Tuvieron problemas?

-Pasa, te cuento -lo tomé de la mano y lo introduje hasta micasa.

Estando a la mesa, mientras tomábamos un poco de chocolatecaliente comencé por algo simple.

-¿Tú sabías que Ginny tenía novio? -pregunté.

-¿Que Ginny tenía novio? ¿Cómo? -preguntó, abriendo sus ojos tan grandes comopudo.

Ron era amigo de las dos, mucho antes de que Ginny se fueraa Venecia.

-Sí, se llama Draco.

-Vaya, pues, no lo sabía.

-Ni yo -admití-. Hasta que llegué a Venecia y me topé conél.

Entonces le conté toda la historia a Ron, no tenía ni la másmínima preocupación por que el tiempo se fuera, porque el tiempo para mí, ya nosignificaba nada. Además, Ron era la única persona que me quedaba cerca, ya notenía un mejor amigo, ni mejor amiga, tampoco había alguien que me dieraflores, ni una chica que me entendiera y me aconsejara
todo se había quedadoen Venecia, tan lejos de mí.

-Vaya
jamás lo imaginé -musitó Ron, habiendo acabado deescuchar mi relato-. Parece historia de novela.

-Sí, ¿y adivina qué? La mala soy yo -musité.

-No eres la mala, Herms. Te enamoraste de alguien de quienno debiste de haberlo hecho pero, nadie tiene control sobre el corazón. Hicistealgo que no deberías de haber hecho pero, fue porque lo quiso tu corazón, ¿ono?

Ron me recordaba mucho a Luna, siempre sabían qué decir, conuna experiencia que yo no conocía.

 

-Pero me costó mucho, Ron, perdí a mi mejor amiga -dije, aunme dolía, la herida estaba fresca todavía.

-Sí, pero Ginny no es una mala persona, algún te perdonará.

-Eso espero -musité.

-Cambiemos de tema -sugirió-. ¿Tomaste muchas fotos? -susonrisa extensa apareció en su rostro.

-Algunas

-Quiero verlas, muéstramelas -dijo.

Hice un mohín, claro que tenía un buen número de fotos, perola mayoría
me dolió el corazón, Draco estaba en la mayoría.

Me acerqué a la maleta y saqué de ella un sobre amarillo, deun grosor de dos centímetros y medio y se lo di, como no queriendo la cosa.

Emocionado, lo abrió y sacó de él las fotografías. Lasprimeras eran aburridas, pero luego, todas tomaron belleza. Ron las observó unapor una.

-¿Contrataste a un modelo? -quiso saber, al identificar unmismo rostro en aquellas imágenes a blanco y negro.

-No.

-¿Entonces, quién es él?

-El novio de Ginny -musité.

-¿Él es el novio de Ginny? Pues vaya que no tiene malosgustos -se sorprendió-. ¿Por qué le tomaste fotos a él?

-¿No es obvio? Él iba conmigo siempre, mi lente terminócapturándolo más de una vez.

-Además de que estabas enamorada de él.

-Quieres dejar de decir eso, ¿por favor? Eliminaré esasfotos -manoteé, como si le restara importancia, pero aun en el rostro hermosode las fotos hacía que mi corazón latiera. Entonces confirmé que mi órgano seguíaallí.

-Pero son muy buenas fotografías, Herms.

-¿Y qué? No las voy a exhibir en una exposición ¿o sí? -bajéla mirada-. Esas fotografías no tienen sentido.

Ron ignoró mi último comentario y siguió observando lasfotos. Por la mirada que tenía, sabía que estaba pensando algo, pero no queríasaber. Esas fotos habían sido un error, como los que he estado cometiendoúltimamente.

**************************

Era irónico, porque a pesar de que estaba consciente de queel tiempo pasaba, aun cuando aquí corriera seis horas atrás y que ya llevabaconsigo más de un mes; para mí, el tiempo trascurría demasiado lento, los díasse habían vuelto perezosos que de cierta manera le habían quitado el sentido alcalendario y a cada hoja que se desprendía de éste.

El dolor no había disminuido para nada; lo que sí, es que yoya me había acostumbrado a él. Para mí ya se había vuelto común tenerloenterrado en mi corazón, sintiéndolo removerse como la hoja afilada de unadaga. Ya me daba igual.

En noche buena estaba sola, tomándole fotos a los copos denieve que caían del cielo oscuro, me sentía patética. En año nuevo no fuedistinto, la misma sensación de patetismo y fotografías tristes. Me comunicabapor Internet con Luna, nada más con ella, porque no quería relacionarme conalguna persona que haya cruzado más de una remota conversación con
bueno, conél. Según Luna, las cosas con Theo iban viento en popa, por fin Theodore habíasalido del cascarón de la timidez y le había pedido de la manera más hermosaque fuera su pareja. No fueron celos los que sentí, sino, algo más parecido aldolor, a la envidia de saber que ellos podrían ser felices con el otro a quienquieren mientras yo había perdido todo lo que amaba.

Pero aquí seguía, tratando de ser fuerte y no caer. Tratandoquizá inútilmente, porque todas las sonrisas que yo daba, no eran alegres ypodía sentirlo, pero allí estaba, sonriéndole al mundo; ignorando a lospensamientos que me traían su imagen a mi mente convirtiéndose en recuerdos queme asfixiaban pero que a la vez me hacían respirar.

 

-¿Qué crees que conseguí? -me dijo Ron, animado y sonriendo,con esa expresión de adolescente que se asomaba a su rostro cuando algo loemocionaba.

Mi mente volvió al presente y lo miré esperando a quesiguiera hablando.

-¡Vamos a tomar fotografías en la presentación que va a darJames Blunt para la obra de caridad del instituto Vidas! -me sujetó por loshombros pero no me sacudió, como era su costumbre.

-¿Y eso cuándo es? -inquirí, tratando de entusiasmarme.

-¡Para el martes! -y fue allí que me sacudió.

-¿Este martes? -abrí los ojos de par en par, captando en mivisión todo el rostro de Ron. Hoy era domingo.

-¡Sí! ¿No es genial? -me dijo y me volvió a sacudir.

-Supongo -traté de regalarle una sonrisa.

-Será genial -sonrió-. Mañana voy a tu casa para ponernos deacuerdo. Ten una linda noche -me abrazó-. Adiós.

-Hasta mañana.

Me giré para caminar hasta mi casa y dormir, intentar tenerla "linda noche" que Ron había dicho, pero lo cierto es que todas mis nocheseran aburridas y monótonas y a veces en sueños, me escuchaba nombrarle.

No era que la oportunidad de un trabajo bien pagado no meentusiasmara, pero ya pocas cosas lo hacían. Era una oportunidad que cualquierotro fotógrafo hubiera deseado, pero Ron siempre estaba al pendiente deconseguir las mejores oportunidades para los dos. Buena paga y una experienciamaravillosa. Esta vez no era la excepción, se trataba de fotografiar a unartista en plena presentación, al menos así, quizá olvidaría un poco toda mipasada historia.

El día seis del primer mes hizo su aparición en elcalendario, martes. Ron había quedado de pasar por mí para ir a la presentaciónde James. Entre miles de suspiros, mis cosas quedaron guardadas para eltrabajo. Me asomé por la ventana, el cielo estaba nublado y no tardaría enllover, volví a suspirar; luego miré hacía abajo, la camioneta gris de Ronestaba estacionándose. Bajé con mi mochila al hombro y salí a su encuentro,subí y aquello me trajo un recuerdo de una tarde en Venecia; pero esta vez, noera a una feria a donde me dirigía, ni tampoco a mi lado, estaba el amor de mivida.

No tardamos mucho en llegar, la camioneta moderna de Ron erarápida. Bajamos y al entrar al instituto, nos dieron unos gafetes deidentificación. Traté de entusiasmarme, pero mi trabajo ahora me parecía
triste.

Vi entrar a la gente y acomodarse emocionada en los lugaresque se iban llenando rápidamente de caras felices y rostros sonrientes,distintos al mío. Tomé una foto de aquello, tratando de ponerle un poco dealegría a mí trabajo.

Ron se perdió entre la gente, seguro fue a tomar fotografíasde las afueras del edificio. Vi también cuando iba a dar inicio lapresentación, después de las palabras de agradecimiento por asistencia de lapersona que había organizado todo esto a causa de beneficencia.

Visualicé a Ron del otro lado del salón, a la derecha delescenario y me sonrió, le devolví la sonrisa y traté de parecer sincera, perosabiendo que me era imposible, desvié mi vista de nuevo al escenario, esperandoque el artista, diera su presentación.

Cuando salió a la vista de todos, los aplausos y gritos deescucharon provenir de todos lados, haciendo un estruendo ensordecedor. Toméuna foto al público.

 

Luego giré mi lente hasta James, que con guitarra en mano sesentó en un pequeño banco de madera para comenzar con lo que mejor sabía hacer,cantar. No estaba muy segura de querer escuchar canciones románticas, habiendotenido la peor historia de amor de la vida.

Tomé algunas fotografías de él, su cabello largo y quebradoque caía sobre su rostro se movía cada que él hacía un movimiento para echarlohacía atrás.

Una, dos, tres, cuatro, cinco canciones tocó y cantó. Todascon una guitarra y algunas otras con piano. El primer instrumento me removía elfuero interno. Deseaba que pronto acabara, aquello sólo me hacía traerrecuerdos a mi mente y cada recuerdo dolía más que el otro.

-Esta es una nueva canción -dijo, pegando su ya cansada vozal micrófono-. Espero que, les guste también -se acomodó en el piano y luego demirar las teclas, comenzó a tocarlas.

Apunté con mi cámara hacía el, y conseguí una bonitafotografía. Retiré la cámara de mi rostro y luego dirigí la vista a la pantallaque pendía arriba del escenario. Lo que leí hizo que el corazón me dejara delatir por un segundo, fue como si el mundo hubiese parado de rotar, y lagravedad no haya existido por un corto momento.

Aquella pantalla pintaba la escena que yo estabapresenciando en vivo a sólo unos metros de distancia. Pero debajo de las letrasque publicaban el nombre de la canción, había un nombre que se destinaba comoel autor de aquella letra musical. Un nombre que había estado pronunciando ensueños por varias noches y que mi corazón susurraba en silenciosos latidos.

Draco Malfoy.

Entonces me dediqué a escuchar la canción, había algo que mellamaba, como la primera vez. Algo en aquellas palabras que salían de la bocade James que, decían mi nombre.

Me quedé quieta, muda. Todos mis sentidos se centraban ahoraen aquella melodía, en la letra, en pensar que
él la había escrito pensandoen
mí.

Las piernas se me tambalearon y me sentí débil. Eran laspalabras del hombre que yo amaba, eran los sentimientos que yo jamás habíareconocido. Pero
¿y si no era cómo yo creía? ¿Si aquella canción no hablaba demí si no
de Ginny?

Los pensamientos comenzaron a chocar entre sí en mi cabeza,provocando un completo caos en ella. La palabra amante era bastante clara,había utilizado la misma aquella vez que había escrito esa canción y estabasegura que esa hablaba de mí; pero ahora, las dudas comenzaron a atormentarmecruelmente, ¿estaría él pensando en mí? ¿Me extrañaría? ¿Me amaba? Deseéllevarme las manos a la cabeza para intentar acallar las voces en mi mente,pero sólo me limité a quedarme inmóvil.

Había algo en esa canción que gritaba mi nombre, estabasegura. Pero no quería parecer tonta y hacerme burdas ilusiones aun teniendo elcorazón roto y el dolor abismal en mi pecho. Sentí mis ojos humedecerse, almenos esa canción me describía también. Deseaba tener la respuesta, teneralguna especie de poder o magia que me mostrara lo que yo quería saber. Mesentí
como si aun viviera en Venecia y él
estuviera a lado mío.

La cabeza comenzó a darme vueltas, pidiéndome la razón que,ya no la hiciera escuchar; pero el corazón, batiendo adolorido contra mi pecho,me rogaba que lo dejara seguir allí, que aun sintiendo dolor, le gustaban losrecuerdos.

 

Yo no sabía a quién obedecer, ambos eran tan fuertes y yotan débil, pero entonces, algo se removió dentro de mí. La fierecilla quellegué a pensar que ya no existía, se movía con cautela en mi interior,escuchando atenta cada palabra en esa canción y ya no pude luchar contra ella,se había vuelto igual de vulnerable como yo, pero esa era la cuestión, ambas loéramos y ninguna de las dos teníamos la fuerza suficiente para ganarle a laotra.

Simplemente me quedé allí, escuchando, inmóvil, hasta quesentí que una lágrima cayó por mi ojo y resbaló por mi mejilla.

Al menos me alegraba una cosa, su sueño se había cumplido;sus canciones habían sido tocadas por un artista; al menos él era feliz, ¿no?Aun cuando la canción sonara triste, pero
es sólo una canción., escrita yahace tiempo, estaba segura. De pronto me embargó la curiosidad, ¿dónde estaráél? ¿Y Ginny? ¿Seguirán juntos? Entonces dejé escapar otro par de lágrimas.

Aquella canción era lo único que me hablaba de Draco y noestaba segura de qué me decía.

No supe a qué hora llegó Ron y se situó a mi lado. Me miró.

-¿Cuántas fotos has tomado? -me preguntó pero no respondí.Entonces me miró de verdad y notó el rastro húmedo que habían dejado laslágrimas- ¿Qué tienes? -inquirió, visiblemente preocupado.

-Es su canción -musité, sin apartar la vista del artistasobre el escenario.

-¿Su canción? -repitió, sin comprender.

Desde el día en que llegué y le conté a Ron todo, no habíamencionado nada relativo a la historia de Draco y Ginny, aunque la llevaraconmigo día y noche, impregnada en mi piel y no se lograra salir de mi cabeza.

-Él escribe canciones -farfullé-. Es compositor -lo dí porhecho-, y esa es su canción.

-¿Se la escuchaste tocar alguna vez? - ¿Ron creía que no eraverdad?

-Mira la pantalla -dije-, el nombre del autor -especifiqué.

Ron lo hizo, justo se estaba terminando la canción.

-¿Draco Malfoy? -Preguntó, sin entender, luego de un cortosilencio, abrió los ojos y me miró- ¡Draco Malfoy! -soltó, acordándose.

-Quiero irme -dije, dándome la vuelta.

-Claro, entiendo -por eso Ron me caía tan bien, no hacía máspreguntas después de que veía que ya no obtendría respuestas-. Llévate micamioneta -sacó las llaves de su bolsillo y me las ofreció.

-Pero tu

-Yo mañana paso por ella -me aseguró-. Mañana nos tenemosque reunir para seleccionar las fotos que presentaremos a la revista. Anda,llévatela -insistió.

-Debo de conseguir un auto, ¿no? -suspiré y tome las llaves.

-No estaría mal, pero ya. Mañana nos vemos.

-Hasta mañana.

Salí de ese lugar apenas pude, trataba de contener laslágrimas después de la charla poco casual que había tenido con Ron. Subí a suintimidante camioneta plateada y luego encendí el motor, haciéndolo rugir bajode mí. Conduje hasta casa, ignorando las ganas de llorar que me embargaban peroera casi imposible.

Se trataba de Draco. Bueno, todo en mi mundo se trataba deDraco, pero esta vez había sido directo, en la realidad, fuera del mundo en micabeza. Quise bloquear los pensamientos en ella, que si era para Ginny, que siera para mí; porque todo eso sólo me provocaba un dolor infinito, porque, ¿quéposibilidades habría si fuera mi canción? Draco me extrañaría, pero ya habíapasado un mes desde que me fui de Venecia y ya me habría venido a buscar si esque
me amaba. Entonces todas las ideas que giraban entorno a esa, sedesbarataron en mi cabeza. No era mi canción. Era para Ginny, pero si setrataba de ella, ¿por qué mencionaba la palabra "amante"?

 

Giré el volante hacía la derecha, haciendo rodar las llantasde la camioneta en esa dirección.

A menos que, la canción la haya escrito pensando en mí, perono habría venido a América por aquello que le pasó con Astoria. ¡Por Dios! Noera un bebé, tiene veintitrés años, ¿por qué no lo supera y ya? Resoplé,frustrada. Aquellas conjeturaciones no me llevaban a ningún lado, excepto almismo laberinto de mi mente.

Pero había alguien que sí podía hacerme saber lo que quería.

Estacioné la camioneta de Ron en la acera y bajé de ellarápidamente para subir las escaleras hasta mi casa. Miré el reloj, eran lasnueve de la noche, allá sería a lo mejor la una o las dos de la mañana. Teníaque hablar con Luna, así que esperaría hasta que amaneciera.

No sabía si quería saber, peronecesitaba hacerlo. Estas especulaciones en mi cabeza causaban más dolor que laverdad, fuera cual fuera.

Nueve de la mañana. Era como si contara con un relojdespertador en la cabeza que me anunciaba la hora en la que tenía que tomar lacomputadora e intentar comunicarme con Luna.

Me desperecé rápidamente y puse la lap-top sobre mis piernas;la luz que desprendió al prender me encandiló un poco los ojos.

Me conecté a Internet y sentí un gran alivio cuando vi queLuna también lo estaba. No dudé ni dos segundos en iniciarle conversación.

-¡Hola!-

Tecleé sobre las negras teclas, haciendo aparecer la letraazul sobre la ventana de conversación.

-¡Hey, hola!-

Me contestó al instante.

-¿Cómo está todo allá?-

Deseaba que Luna entendiera a la primera lo implícito en mipregunta.

-Bien, supongo. Theo me llevó ayer a un parque, desayunamosjuntos y anduvimos por casi toda la ciudad.-

Podía apostar que su rostro dibujaba una sonrisa mientrastecleaba la respuesta.

-Me alegro mucho, de veras.-

-¿Y tú? ¿Qué tal? ¿Cuándo fue la última vez que hablamos?-

-No lo sé. El sábado creo. Yo estoy bien
mejor.-

Me quedé con dedos indecisos sobre el teclado y luegosuspiré. Tenía que preguntarlo.

-Dime, Luna. ¿Cómo está Ginny? ¿Cómo está
él? ¿Sabes algode ellos?-

El segundo que tardó en responder me pareció eterno.

-Herms... dijiste que no los mencionarías.-

-Por favor, Luna. Necesito saber algo. Mis especulaciones mehacen más daño. Por favor.-

Esta vez se tardó más en contestar.

-Según Theo, Ginny y Draco ya no están juntos. Ginny entra ysale de su departamento sola y de vez en cuando Harry la visita.-

-¿Y Draco?-

-Herms...-

-Dime, por favor.-

Casi un minuto. ¡¿Por qué esta mujer se tarda tanto enresponder?!

-Se fue.-

Al momento de leerlo, los ojos se me abrieron como platos.¿Se había ido? ¿A dónde? ¿Desde cuándo?

-¿Hermione?-

Me pregunté cuánto me tardé en contestar. O reaccionar.

-¿A dónde fue?-

Tecleé despacio, letra por letra.

-No lo sé, nadie sabe.-

 

-¿Cuándo se fue?-

Volví a insistir.

-Herms... realmente no lo sé. Cambiemos de tema, por favor.-

Acepté, pero luego de ese momento mi mente se desconectó deaquella conversación y empezó a divagar, buscando posibles lugares a los queDraco se iría.

Él no vendría a California, eso estaba descartado. ¿Algúnlugar en América? No precisamente los Estados Unidos, quizá
México, o más paraallá
Chile, Paraguay
O a lo mejor no se fue del todo, quizá seguía en Italia;en alguna otra parte del país. ¡Ya sé! quizá se fue a Japón, allí quería irse desdeun principio, ¿no?

Un agujero se me expandió en el pecho, acrecentando eldolor
el estaba tan lejos

-¡¡Hermione!!-

Casi puede oír la voz de Luna a través de la pantalla de lacomputadora. Había dejado de escribir y ella esperaba respuesta a la preguntatrivial que me había hecho.

-Perdóname. Llegó un amigo, Ron, ¿recuerdas que te hablé deél? Bueno, tengo que ir a
-

Mis dedos vacilaron.

-
revelar algunas fotos, hablamos después.-

No me gustaba mentirle a nadie, ni siquiera a distancia;pero tenía que ordenar el desorden en mi cabeza y encontrar alguna forma paraignorar el hueco en mi pecho, que se iba haciendo más grande conforme seproducían los pensamientos en mi cabeza.

-Oh
bueno, está bien. Extraño verte por aquí y ser yo quienrevele tus fotografías. Te extraño mucho.-

El hueco se hizo más grande, casi como si fuera un agujeronegro que se tragara todo. Excepto el dolor.

-Yo también te extraño. Te quiero. Hasta pronto.-

Me desconecté enseguida. Ni siquiera las despedidascibernéticas me gustaban.

Dejé la lap-top a un lado y me puse a reflexionar más afondo, aunque me doliera pensar en la posibilidad de que él estuviera lejos;más allá del otro lado del mundo.

Japón
irse a Japón para alejarse del problema en que yo lometí, para alejarse de Ginny
De pronto, otra chispa de reflexión me hizopercatarme de algo que Luna me había escrito y que me había pasado desapercibido:Ginny y Draco ya no estaban juntos
Ginny y Harry

Allí había dos cosas por comprender. Por supuesto, si Dracose había ido es porque ya no estaba con Ginny, lógico. Pero, ¿Harry visitando aGinny? Bueno, era normal que el visitara la visitara; yo sabía que la amaba yque estaba enamorado de ella, pero
¿ya le habrá dicho? Probablemente no, Harryes prudente y a lo mejor no sería adecuado declarársele a alguien después deuna tragedia como la que sucedió, aunque ya haya pasado un mes.

Aquello me hizo pensar de nuevo en Ginny. La extrañaba, laextrañaba demasiado; y cada una de sus risas que se proyectaban en mi mentecomo un recuerdo, dolían, porque sabía que ahora quizá ya no aparecerían, o yano serían causadas por mí.

No podía vivir fingiendo que no pasaba nada, ni tampocopodía ignorar el hueco en mi pecho que a cada minuto se hacía más grande. Ya noestaba segura si todo lo que yo tenía adentro seguía allí ó si aquel hoyo negroya los había consumido.

El tiempo no cura nada.

La luz del contestador parpadeaba cuando llegué a casa.Había estado casi toda la mañana vagabundeando por mi ciudad en busca de buenasfotografías para tomar. Había tomado sólo tres en casi seis horas. Me acerqué yapreté el botón para oír el mensaje, mientras iba por un vaso de agua.

 

Oh, buenos días señorita Granger, o buenas tardes segúnescuche mi mensaje.

Su fotografía nos ha fascinado y queremos que nos muestretoda la colección. Hay algo especial en esa imagen y, estaríamos muy honradosen ver su trabajo para si usted quiere, hacer la exposición.

Comuníquese en cuanto oiga el mensaje. Ya sabe el teléfono dela compañía, pregunte por el señor Blade.

Que pase buen día, hasta luego.

El pitido que anunciaba el final del mensaje me hizoaterrizar. ¿Cuál fotografía? ¿De qué exposición está hablando? ¿Qué señorBlade? Corrí hasta el teléfono y garabateé el número de esa llamada en unpapel, luego lo marqué.

Una voz femenina me contestó al segundo timbre.

-Olmos estudio, ¿en qué puedo servirle?

-Amm
¿hay allí un señor Blade con quien pueda comunicarme?-pregunté, terriblemente confundida.

-Claro, enseguida.

-Gracias -tamborileé los dedos en la mesita mientrasescuchaba la fastidiosa melodía a través de la bocina del teléfono.

-Oficina del señor Blade, ¿en qué puedo ayudarte? -mecontestó otra voz más aguda que la primera.

Fruncí el ceño. ¿Qué allí todo mundo contestaba de la mismamanera?

-Hola, ¿podrías comunicarme con el señor Blade, por favor?

-¿Quién lo busca?

-Hermione Granger.

-Oh, claro. Enseguida -dijo y transfirió la llamada por unlapso de tiempo más corto que el anterior.

-Señorita Granger, es usted -dijo la voz de hombre, ronca yamable.

-Eh
sí, pero aun no entiendo quién es usted -musité, confranqueza.

-Bueno, soy el presidente de las exposiciones fotográficasde esta empresa. Thomas Blade.

Los ojos se me abrieron como platos. Thomas Blade, habíaleído de él hace bastante tiempo; era el "productor" de las exposicionesfotográficas que tuvieron más fama en el país y no sólo allí.

-¿Señorita Granger? -preguntó, ya que me había quedado muda.

-Estoy aquí -farfullé-. Pero aun no entiendo por qué mellamó.

-Pues vimos su fotografía. Nos ha encantado y

-¿Qué fotografía? -lo interrumpí.

-Un joven vino el día de ayer mostrándonos una fotografíaque usted tomó en su viaje a Venecia, Italia, según nos contó él muchacho.

El corazón comenzó a latir debajo de mi pecho. Todo estabacobrando sentido de pronto.

-A decir verdad, la fotografía es muy buena y pensamos queuna exposición con ese tipo de fotografías sería magnífico, pero antes queremosver todas.

-Ah

-Si se pregunta cómo conseguimos su teléfono y su nombre,pues déjeme decirle que tiene un amigo muy
insistente -soltó una risitagutural.

Me quedé en silencio por un momento, sintiendo cómoencajaban todas las piezas del asunto de Ron. Él había tomado una de mis fotosayer, y ese mismo día la había llevado con Thomas Blade -una persona que jamásme había visto pero que tenía que ver conmigo- para que me diera la oportunidadde una exposición de arte, de fotografías. Por eso no quería decirme, por esoesa mirada misteriosa cuando vio el sobre
mataría a Ron.

-Es usted muy callada, señorita Granger -bromeó Bladesoltando otra risita.

-Lo siento. Disculpe, esa foto no debió de salir de mi casa,es un error -farfullé, ¿cómo iba a hacer una exposición de todas lasfotografías que tenía de Draco? Ni que estuviera loca.

 

-¿Por qué no viene y lo hablamos? Y traiga las demásfotografías. Es una oportunidad excelente, ¿la va a dejar pasar? -me tentó.

Me mordí el labio inferior, vacilante.

-¿Señorita Granger? -insistió.

-Llego en una hora, ¿le parece? -dije, dándome por vencida.

-Perfecto. Hasta pronto, entonces.

Trunqué la llamada de manera brusca y me llevé las manos ala cara. Ahora además de "roba novios" me volvería una asesina. Ronald me laspagaría, pero antes tenía que recuperar mi foto.

Me dirigí al estante de libros y tomé el sobre de fotos, lointroduje en mi morral y salí directo a aquel edificio en el que había estadoayer.

Mientras iba, pensaba en la posibilidad de aceptar la ofertade Blade. Exponer mis fotografías en un salón inmenso, mientras ofrecíanaperitivos elegantes a la gente que admiraba mi trabajo era el deseo que teníadesde que empecé a dedicarme a la fotografía; el deseo de todo fotógrafoprofesional que dispara su lente para encontrar la belleza en este mundo. Peroexistía otro lado de la moneda. La parte oscura del sueño.

No podía exhibirle a medio mundo mi
mi
¡ni siquiera sabía quéera! Simplemente no podía exponer esas fotos. ¿Qué pensaría Ginny si seenterara? Si hubiese una remota posibilidad de perdón, seguro desaparecería. ODraco, a lo mejor creería que lo había utilizado. Ya no podía ser más mala delo que ya me sentía, ya no soportaría que me catalogaran así.

Caminando, hice un poco más de una hora y cuando llegué,inmediatamente recordé la ubicación de su oficina, a donde Ron había ido el díaanterior.

Me dirigí hasta allá y le sonreí a la señorita tras elescritorio. Una muchacha menuda como de unos dieciocho años.

-Hola, soy Hermione Granger, vengo a ver a Blade -anuncié.

-Granger, claro. Permíteme tantito -me sonrió y descolgó labocina del teléfono y en un susurro parloteó algo que no pude entender; luegocolgó y me sonrió-. Pasa, te está esperando.

-Gracias -le devolví la sonrisa de manera fugaz y luegoentré a la oficina.

Al instante, el olor a pino fresco me rozó la nariz,haciéndome arrugarla levemente.

Había visto su fotografía en Internet, pero sin duda de esoya había pasado algún tiempo. Era un sujeto con escaso pelo, ahora ya gris; surostro robusto estaba cubierto de una piel expuesta bastante al sol. Me sonrió.

-Hermione Granger -se levantó-. Qué placer me da conocerte-me extendió la mano y la tomé, recelosa, con mi ceño ligeramente fruncido-.Siéntate, por favor.

La silla rechinó en el suelo cuando así lo hice.

-Señor Blade
-empecé.

-Thomas, por favor -me interrumpió, afable.

-Bien, Thomas. Esa fotografía no debió llegar a usted, esque

-¿Cómo que no? -se echó para atrás, como sorprendido.

-Es que esa foto era
-luché con mi fuero interno para nodecir "prohibida" y buscar la palabra adecuada- era

-¿Fenomenal? ¿Excelente? ¿Maravillosa? ¿Cautivadora? -meinterrumpió, de nuevo.

Y a pesar de todo lo que dijo, aquello no se acercaba ni unpoco al significado que yo le daba.

Me reí.

-No, es que
-resoplé, frustrándome- Esa foto es personal.

 

-Piénsalo, sería una bellísima exposición fotográfica-gesticuló, como imaginándose la escena, ignorando mi comentario. Luego de unsegundo, me miró-. Y sin duda sería una gran oportunidad para ti. No me digasque no es lo que quieres. Todo fotógrafo lo quiere -presionó, y tenía razón.

-¿Qué fotografía le dio Ron? -inquirí, quería saber cuál erala imagen que le había fascinado tanto.

Suspiró al verme renuente, luego se levantó de su silla decuero y fue por una carpeta azul de su archivero. Volvió a sentarse y me dio elfolder. Lo tomé y luego lo abrí. El corazón se me expandió por todo el pecho yel estómago se me encogió. Entre mis manos tenía una de mis fotografías, una detantas imágenes que no había visto hace tiempo. El hermoso rostro de Dracoexponía su perfil izquierdo, y las luces de fondo de aquella feria proyectabanun centelleo en sus ojos. Era hermoso.

-No sé si vea lo mismo que yo veo en esa foto -me dijoBlade-. Yo veo una frase de alguna canción romántica, un cuento corto paracontarles a mis hijas en las noches. No sé si me doy a entender -juntó susmanos sobre el escritorio y se inclinó un poco sobre él-. Me gustaría vertodas, por favor.

Entonces lo miré. Luego saqué de mi morral el sobre quecontenía las demás, y aun medio vacilante, lo deslicé sobre la madera delescritorio hasta las manos de Blade.

Él me sonrió y luego abrió el sobre, sacando todas lasfotografías. Cerré los ojos por un momento, bajando la cabeza. No sabía quéestaba haciendo, o mejor dicho, sí sabía pero no estaba segura de hacerlo. Ginnyy Draco vinieron a mi cabeza. Si de alguna manera se dieran cuenta, ¿cuál seríasu reacción? ¿lo creerían un abuso o quizá una burla? Sobre todo Draco, él esquien aparece en las fotos y
¡Draco! Por un momento pude ver una cara de lamoneda que no había visto.

Si el llegase a saber, ¿vendría a buscarme? Al menos parareclamarme, enfadarse o cualquier cosa, y yo
lo volvería a ver. No que esocambiara las cosas, quizá me odiaba por destruir su relación con Ginny y másaun por publicarlo sin derecho alguno pero
era tanto el anhelo de saber de élque de cierta manera se había convertido en una necesidad. ¿Llegaría la noticiahasta Japón o donde sea que Draco se encontrara? Miré a Blade y de pronto lo vicomo una esperanza.

Él había terminado de ver todas mis fotografías y la sonrisaen su rostro me decía que le habían gustado. Repentinamente la idea deexponerlas no me resultaba tan descabellada. No si eso, de alguna forma, meacercaba a Draco.

-Vaya -dijo Blade, admirando la última imagen-. Sonfantásticas -confesó-. Es como si te contaran una historia.

Me reí.

-Tienen una historia, no hay fotografía que no la tenga-admití.

-Me gusta, estoy encantado con su trabajo, señorita Granger.Sería un honor para nosotros exponer estas fotografías -me dijo, con los ojosrebosando de excitación-. ¿Qué dice usted?

Y entonces mi mente había cambiado por completo, miperspectiva ya no era la misma que hace unas horas.

-Hagámoslo -acepté, llenando mi cabeza de la imagen de Draco,ignorando si estaba bien o mal.

La sonrisa de Blade se volvió aun más intensa, acentuándoseen su moreno y arrugado rostro, luego me extendió la mano.

-Hagámoslo -repitió.

Estaba loca, severamente loca. Había aceptado la propuestade Blade y ahora no podía echarme para atrás. Y es que alguna parte de micabeza, quizá la más destornillada, tenía la ridícula esperanza de que aquellaexposición, de alguna manera me acercara a Draco.

 

Tenía que llamar a Blade para darle el nombre de laexposición, me había dado sólo un día para pensarlo, ya que todo se llevaríaacabo en un mes, a finales de enero.

Me había pasado casi toda la noche en vela, ideando algúnbuen nombre para mi trabajo, algo que fuera como el título de una historia,pero nada era lo suficientemente bueno. Luego recordé una de las conversacionesque había tenido con Luna, aquella en donde le mostré la cantidad de fotografíasque había tomado de Draco. Había usado un término para referirme a ellas:Manual de lo prohibido, porque para mi eso eran. Entonces tuve la idea y elnombre para mi exposición, Manuale del proibito, en italiano, porque habíasucedido en Venecia.

Luego de que llamé a Blade y que encantado aceptó el título,tecleé el número de Ron, él aun me debía ciertas explicaciones. Le pedí queviniera a mi casa y a los pocos minutos apareció tocando mi puerta. Lo hiceentrar y lo senté frente a mí en la sala.

-¿Recibiste la noticia, no? -me sonrió, no sabiendo quéesperar.

-Justo ayer. ¿Por qué no me dijiste?

-Porque pensé que ibas a decir que no y no estoy equivocado,¿verdad? -enarcó una ceja.

-Pues no, pero
acepté -exhalé.

-¿Aceptaste? ¿En serio? -la expresión de viva alegría levolvió al rostro.

-En contra de mi misma, incluso -admití.

-¿Por qué dices eso? -preguntó, confundido.

-Porque al exponer esas fotografías, terminarán por odiarme,Ron. Fui y destruí su perfecta relación, le mentí a Draco al decirle que no loamaba y ahora, vengo aquí a exponerle mi vida a medio mundo.

-No estás exponiendo tu vida -me contradijo-. Cada personainterpretará las fotografías a su manera, allí no dice "le robé el novio a mimejor amiga" ¿o sí? -volvió a levantar la ceja.

-Ya lo sé, pero soy tan egoísta que no importa tanto queDraco se enoje y me odie por completo, me duele muchísimo pero
sólo quieroverlo de nuevo. Por eso acepté, Ron, esto me da la esperanza de volver acontemplar su rostro.

-¿Egoísta? Herms, eres la persona menos egoísta que conozco,pero te diré lo que sí eres: masoquista -fruncí el ceño pero el continuóhablando-. Por una vez en tu vida, Hermione, date gusto a ti misma. Vivespreocupándote de la vida de los demás, de sus opiniones y te dejas de lado -mesacudió ligeramente de los hombros-; piensa por una vez en ti. Si esto puedeque te acerque a ese tal Draco, pues no te detengas. Por una vez en la vida,lucha por lo que quieres.

No me había detenido a pensar, que aunque Ron fuese un brutode sentimientos, podría llegar a ser también el amo y señor de la razón. Yjusto ahora la tenía, no me iba a echar para atrás pensando en la gente a mialrededor, o la que alguna vez estuvo allí; aun por más ridícula que fuera la ideay burda la esperanza, debía seguir adelante.

-Supongo que tienes razón, Ron-le sonreí y él también.

-No supongas, la tengo -rió y luego me abrazó-. Sé que va aser la exposición fotográfica más popular en California -me animó.

-O más allá.

Después de aquella tarde y de muchas más, mientras el tiemposeguía su trascurso y con el se llevaba mis suspiros; la fecha de la exposiciónfotográfica se acercaba. Blade había hecho su reconocido trabajo al darle lasuficiente publicidad al mío; mandando a imprimir folletos, volantes e inclusoun espectacular en la ciudad. Blade era un viejo chiflado, pero me dabaesperanza. Inclusive se utilizó el diseño de una página web en la Internet,anunciando la exposición fotográfica "Manuale del proibito" por HermioneGranger y a lado, una fotografía de Draco, la que Ron había llevado a Blade.Ver mi nombre bajo el título y a lado de la fotografía era para mí como una llamadade auxilio para que Draco la pudiera ver. Algo que esperaba lo trajera hasta míal reconocer aquel nombre, del cual anhelaba no se hubiera olvidado tan pronto.

 

No esperaba que me tendiera los brazos y me abrigara enellos; sólo quería verlo de nuevo, tenerlo frente a mí era el deseo másferviente de mi corazón, y aunque me odiara con toda su alma, le explicaría quelo amaba y porqué le había mentido; pero sólo si él atendía ami llamado.

-Es espectacular, ¿no crees? -el eco de la voz de Ron resonóen el salón vacío, trayéndome al presente.

-¿Cómo dices? -pregunté, haciendo demasiado evidente mifalta de atención.

-El lugar, es grandioso -dijo, fingiendo no darse cuenta-.Ya me imagino todo, ¡no puedo esperar a que llegue el martes!

Miré a mi alrededor curiosa por las palabras de Ron, aunquela mayoría de las veces resultaba ser un exagerado, esta vez tenía razón. Eraun salón grande, con piso de mármol en color negro, las paredes blancas seexpandían extensas dándole un espacio realmente grande y una ventilación yluminosidad al lugar. Aquello era el sitio perfecto que Blade había conseguidopara que se llevara a cabo mi exposición y aunque quedaba casi fuera de la ciudad,al norte de Broderick, Ron se había ofrecido en llevarme y traerme las vecesque fuera necesario.

Él siguió andando por las habitaciones del lugar, mientrasque otras de las palabras que él había dicho, captaron mi atención. Faltabacasi menos de una semana para que se llevara a cabo la exposición y el mes sehabía pasado lento a pesar de todo, o mejor dicho, lento para mí, ya que cadadía la agonía de desconocer el resultado de mi atrevimiento, me arrastraba enuna incertidumbre desconocida que me obligaba a ignorar el paso de las horas enel reloj.

Cuando hubimos terminado de ver el lugar, Ron me llevó acasa y me hizo prometer que no pensaría en otra cosa más que en la exposiciónfotográfica. Y aunque traté de hacerlo, me resultó completamente imposible,Draco se había convertido en mi pensamiento constante y además, la razón de miexposición, ¿cómo no iba a pensar en él? Eso, ni aunque me borraran la memoria.

Por la tarde charlé con Luna y le conté las buenas nuevas,evitando por supuesto, el plan debajo de ellas. Además ella me lo poníabastante fácil, ya que procuraba no hablar de Draco tampoco. Me contó sobre lobien que iba su relación con Theo y que él me mandaba saludos, luego algunascosas triviales que ocuparon el lugar de la conversación.

Yo debía de mantener la farsa, hacerle creer a las personasa mi alrededor que esto no era para mí más que el placer del trabajo bienrecompensado y no una esperanza a mi locura.

El martes llegó con prontitud, a pesar de mi desvarío por eltiempo. Veía cómo acomodaban las fotografías en la pared, tratando de encontrarla manera de que se vieran elegantes y perfectas. Pero para mí ya lo eran. Memordí el labio inferior con nerviosismo y luego divisé a Ron hablando con Bladeen la otra esquina, mientras le mostraba unos papeles y el viejo asentía.

 

Faltaba menos de un par de horas para que las puertas seabrieran y la gente pasara. Puse mi atención hacía el lado izquierdo de dondeme encontraba parada y miré a los meseros acomodar los aperitivos en distintasbandejas para poder servirlos. A pesar de que todo era una situación distinta aotra, mi mente no dejaba de volar en torno a una sola cosa con nombre propio.

No es que tuviera precisamente la esperanza de que élapareciera, justo aquí. Pero al menos que me buscara luego, que supiera queestaba cerca de aquí, que supiera que lo necesitaba. Vi a Ron acercarse a mí yle sonreí nerviosa.

-En un momento empezará todo, ¿estás lista? -Me preguntó ysin dejarme contestar añadió-: Hay mucha gente que desea entrar.

-Estoy nerviosa, es la cosa que más quería cuando comencé atrabajar en esto y ahora ya está aquí.

-Los sueños se cumplen -me sonrió-. ¿O lo dudas?

-Te lo contesto luego. ¿Qué te dijo Blade? -pregunté, cuandolo vi salir por la puerta giratoria, además de querer cambiar de tema.

-Oh, tiene que irse, pero me dijo que le pasara un reportede cómo había resultado todo. Él también está emocionado y ansioso. Oh, yquiere que pruebes los bocadillos.

-¿Blade quiere eso? -dije, extrañada.

-No, en realidad el que quiere eso soy yo, relájate,Hermione. Vamos -me tomó del brazo y me llevó hasta donde los mozos acomodabanlas charolas.

Mordisqueé con ansiedad un par de aperitivos que rápidohicieron aparición en mi garganta al pasar por ella. Pronto se llegó la hora,el reloj marcó las diez de la mañana del martes treinta y uno de Enero, laspuertas se abrieron y gente comenzó a entrar, girando sus cabezas hacía cuantafoto veían y dirigiéndose a ellas. Me di la media vuelta y cerré los ojos,yéndome a sentar a otro lugar porque no quería ver la cara de las personas almirar las fotografías, no deseaba saber qué pensaban, qué se les ocurría. Enese momento me arrepentí de haber dicho sí.

Así pasaron cuarenta minutos de las dos horas que se habíanpredestinado para la exposición. Cuarenta largos y tormentosos minutos de ver-aunque no haya querido y haya hecho casi todo por evitarlo- el rostro de laspersonas que sonreían y movían sus cabezas en forma de asentimiento yfascinación al contemplar las fotografías que habían sido tomadas por mí."Manuale del proibito" estaba siendo un éxito que a la gente le gustaba porencontrar inspiración en aquellas imágenes a blanco y negro.

Alguien me tocó el hombro y el corazón se me paró por unsegundo. Me giré sobre mis talones y una chica de ojos grises me sonrió. Elcorazón volvió a su ritmo, decepcionado.

-Disculpa, ¿eres la autora? -me preguntó, mientras en sumano izquierda sostenía una libretita.

-Sí así podría llamársele, sí -le devolví la sonrisa queantes me había dado.

-Hola, soy Natalie Robertson y trabajo para el periódicolocal -me ofreció la mano en saludo de presentación y yo la tomé-. Debes desentirte orgullosa de que tus fotografías estén fascinando a todo el que entrapor esa puerta y las ve, ¿no es así?

-Vaya, gracias -dije, tímida.

 

-En lo personal a mi me han encantado, pero ¿podríasdecirme, por qué el título? ¿Qué significa? Si no me equivoco es italiano,¿verdad?

-Así, es. Significa, manual de lo prohibido -dije,sintiéndome repentinamente incómoda, al no haber visualizado esto en el plan.

-Y, ¿por qué? -insistió.

-Bueno
-tartamudeé, no iba a darle una explicación extensani platicarle mi vida, sólo dije lo primero que vino a la mente al pensar enDraco-. ¿Alguna vez has deseado algo prohibido? Como si esa cosa estuviera enla lista del "No toques, ni codicies" pero que cada momento te incita más y mása
tenerlo.

Ella miró a su alrededor después de lo que yo le había dichoy miró todas la fotografías de forma rápida. Después me sonrió.

-Ya entiendo -dijo-. Todo tu conjunto de fotografías formaun manual de una sola cosa prohibida, ¿verdad?

Abrí los ojos ante la sorpresa de que ella haya realmentecomprendido.

-Así es -dije.

-Gracias por responderme -me sonrió y volvió a darme lamano-. Ha sido un placer conocerte.

-Igualmente -respondí y luego la vi alejarse haciendoanotaciones en su libreta.

Me quedé parada en el mismo lugar por un par de minutos,viendo hacía donde la muchacha se había ido y luego le regalé un suspiro alaire.

-Credo di essere quello che ha vietato l'manuale.-¨* Traduccion:Creo yo soy el Manual de lo Prohibido*¨

Mi corazón latió con una fuerza devastadora y luego colapsóde repente de forma teatral. Giré desorientada a fin de encontrar al dueño deaquella voz, sin saber si era sólo una fantasía en mi cabeza o una alucinaciónde mi mente.

Pero allí estaba, incluso más hermoso que una proyección demi cabeza, sonriéndome nervioso. ¡Era él! Las piernas perdieron su equilibrio yme temblaron, me quedé estática. Me llevé la mano al pecho, sólo para confirmarque mi corazón latía, porque yo sentía que había explotado dentro. No mepercaté del momento exacto en que mis lágrimas se desbordaron, ya que la vistase me nubló y todo se volvió sólo siluetas borrosas. ¿Estaba respirando? Meobligué a recordar cómo se hacía, porque verdaderamente el aire había dejado deentrar a mis pulmones; y me limpié las lágrimas, esperando que mi vista seaclarara. Entonces volví a verlo, su hermoso y bello rostro lucía preocupado yel desasosiego pintó cada una de sus facciones.

-¿Draco Malfoy? -la voz femenina de una chica partió laescena pero no retiré la vista empañada de Draco, por temor a que desaparecieracomo si hubiese sido sólo una alucinación.

Draco miró a la chica y los ojos se le abrieron de par enpar, desprendiendo un fulgor desconocido.

-Astoria -musitó, sorprendido.

Y eso fue todo, perdí la conciencia porque ya no resistítener pies de gelatina y no podía ya obligar a mis pulmones a respirar. ¿Caí alsuelo? O ¿alguien me sujetó? Qué más daba, ya no contaba con la percepción denada.

El olor a alcohol me invadió las fosas nasales y casi llegóhasta mi garganta, haciéndome arrugar la nariz y carraspear. Comencé a abrirlos ojos poco a divisé una silueta junto a mí.

-Draco -susurré. Pero la voz que respondió a mi llamado nofue la misma que había escuchado antes.

-¿Ya estás bien, Herms?

Me tañé los ojos y luego parpadeé repetidas veces paraaclarar mi vista. Ron tenía un algodón en su mano izquierda y la mirada bienpuesta en cualquier cambio en mi expresión.

 

-¿Dónde estoy? -pregunté, mirando a mi alrededor, pero alinstante hubo otra pregunta más importante y volví a pasar la mirada por ellugar, pero esta vez con desesperación-. ¿Dónde está Draco?

-Tranquilízate, dime que estás mejor -insistió Ron-. Estásen la parte trasera del salón.

-¡Estoy bien! ¿Dónde está Draco? -el lugar estaba más oscuroque alumbrado, pero lo suficientemente claro como para examinar cada rincón.

La boca comenzó a temblarme con un "No" inquieto en loslabios por temor a que todo hubiese sido sólo una alucinación en mi cabeza.

Tomé a Ron del cuello de su camisa, inclinándome hacía él ypercatándome de que estaba recostada sobre un sofá viejo con olor a humedad.

-¿Dónde está Draco? -casi grité, desesperada, creyendo queme estaba volviendo loca, si es que aun no lo estaba.

El silencio de Ron me hizo pensar lo peor y sentí que elcorazón se me encogía acongojado en el pecho.

-El está
está hablando con una chica, justo afuera de lahabitación -dijo y los ojos se me abrieron como platos. Mi corazón le ganó alpensamiento en mi cabeza y revivió con estruendosos latidos golpeando contramis costillas.

Me levanté del sofá, como impulsada de éste e ignoré ellacónico mareo que me sucumbió la cabeza. Caminé hasta la puerta del lugar y estando entreabierta logré ver lo que mi corazón pedía a gritos volver a sentir. Reconoceríaaquella espalda ancha entre millones y no dudé en salir a su encuentro, pero elnombre que pronunció me congeló los pies en el mismo sitio sin músculo moviblealguno; trayéndome a la memoria el segundo antes de desmayarme.

-Astoria yo
-tartamudeó un poco, pero volver a oír elsonido de su voz fue como para un ciego volver a ver la luz del sol-. Es que note entiendo.

-¿Qué es lo que no comprendes, Draco? -la voz de la chica meincitó a fijarme en ella; tenía el cabello rubio y ondulado, era más baja deestatura que Draco y muchos allí, ya que le llegaba un poco por arriba de loshombros. Su boca ancha al igual que su frente y su nariz chata la hacían lucircomo una muñeca Barbie, pero de alguna marca que ocupara el segundo lugar enventas, lo suficientemente opacada por el primer lugar para no subir nunca aél-. Te lo estoy diciendo de la manera más sencilla que puedo -continuó-.Terminar fue un error, ¡me afectó tanto cuando me enteré que te habías ido!-dijo, con fingida melancolía, hasta yo pude notarlo.

Así que ella era Astoria. Cuando recordé lo que Draco mehabía contado, casi quise salir a arrancarle los pelos con mis propias manos.

-Herms -Ron me llamó pero no me moví, seguí allí, tras lapuerta, escuchando y viendo todo.

-Tory -Draco tardó un momento en continuar y luego hablódespacio-, cuando estábamos juntos, todo lo que yo te dije era sincero y real.Fuiste la novia que más
quise -volvió a silenciar y junto a aquella falta desonido, mi corazón se desplomó.

¿Él aun la quería? Miré el rostro de Astoria, extasiado dealegría, mientras la sonrisa le crecía cada segundo un poco más.

¿Qué sentido tenía ahora la alegría de que mi locura hayafuncionado? ¿Qué había de esperanza en tenerlo justo allí si en realidad seguíalejos su corazón? No había nada si él aun quisiera a Astoria. Nada.

 

Fue entonces que me moví, deslicé poco a poco mis pies hacíaatrás y me fui sumergiendo en la humedad y oscuridad de aquel cuarto. Ron se mequedó mirando, con una leíble expresión de confusión en el rostro.

-¿Pasa algo malo? -preguntó.

Me dí cuenta de lo vulnerable que era hasta entonces.

-¿Cuánto falta para que acabe la exposición? -le pregunté,con un hilo de voz.

-No lo sé -miró su reloj-, como cuarenta y cinco minutos -seencogió de hombros.

-¿Podrías encargarte del resto? Tengo, tengo que salir deaquí -miré a mi alrededor-. ¿Hay otra puerta?

-Herms no entiendo -Ron se acercó-. El sujeto que tantobuscabas está allí -señaló hacía afuera-, ¿no morías por verlo?

-Sólo sácame de aquí -rogué.

-¿Qué te hizo? ¿Por qué el cambio? -insistió.

-¡Ronald! -le grité- sácame de aquí. ¿Qué es esa puerta?-pregunté viendo una armazón de madera a un costado de la habitación.

-Creo que conduce a un pasillo lateral del edificio -seencogió de hombros.

-¿Podría dirigirme a la salida?

-Tendrías que salir por la puerta principal, pero al menosnadie notaria que has salido de este lugar.

-Genial. Me voy -decidí-. Encárgate de lo que sea necesario.Si
si Draco pregunta por mí, dile que no me has visto, que me salí de estecuarto y no supiste a dónde fui.

-Pues
no sé a dónde vas. Así que no será tan difícil. Peroexijo que pronto me des una explicación.

-Luego. Gracias, Ron.

Él me sonrió y salí despavorida por la otra puerta, huyendode nuevo, huyendo de todo. No quería oír el "Lo siento por no quererte" deDraco, ni algo como "Es que me di cuenta que amo a Astoria". Ahora que lopensaba, todo esto me había parecido un error. He allí lo que me había costadovolver a verlo, un dolor aun más profundo en el alma. Como la hoja afilada deun cuchillo atravesándome el pecho.

Cuando logré salir al exterior, divisé la ciudad transitaday el alma me rogó seguir en cualquier dirección lejos y perderme. Caminé unaspocas calles y luego decidí tomar un taxi y pedir que me llevara a casa. Eraimposible perderme en una ciudad que conocía demasiado bien. Así como imposibletambién no pensar en Draco, en dónde podría estar ahora, qué estaría haciendo opensando
con quién. Todo me torturaba, todo me causaba ganas de romper enllanto, ¿cómo podía ser tan estúpida? Mi plan había funcionado, Draco habíaatendido a mi llamado y yo había logrado verle. Pero jamás me pasó por la menterelacionarlo con las demás personas, me concentré tanto sólo en Draco y yo queolvidé por completo a terceros. Las muchas otras posibilidades de que Draco nome quisiera o no pudiéramos estar juntos. No solamente existía Ginny en suvida, sino también alguien más. Alguien que ya había formado parte de supasado, alguien que había dejado marcado su presente y que, si él quería,alguien que cambiaría su futuro.

Una lágrima rodó por mi mejilla, una lágrima que no pudecontener; tan pesada como mi dolor, tan profunda como mi agonía. El taxi sedetuvo frente a mi casa, o al menos, la fachada azul ya desgastada que reconocícomo tal. Le pagué y bajé para adentrarme a casa. Subí y me tumbé en mi cama, aplena luz del día a llorar. Estaba enloqueciendo, me estaba volviendo unapatética desquiciada. Llorar resultaba perfecto estando sola, sin preguntas,sin miradas; incluso la voz en mi cabeza guardaba silencio mientras laslágrimas seguían bajando por mis mejillas y mis sollozos se ahogaban contra laalmohada. Y pensar que había perdido a la única familia que me quedaba, Ginny,por una estupidez mía, por un maldito error. En ese momento deseé fervientementeinventar una máquina que volviera el tiempo atrás, así, no iría jamás aVenecia, no hubiera conocido nunca a Draco, no estuviera amándolo con todas lasridículas fuerzas de mi corazón y no estuviera sola en todo el mundo.

 

Pero era suficiente, ya había llorado mucho y a causa suya.Ya no podía ser tan vulnerable a él, no debía. No cabía duda que todo en estemundo se paga, y a lo mejor era el pago a mi maldad. Lo que yo le había hecho aSharon, ahora lo estaba sufriendo. Pero no más, no iba a dejar que aquello metumbara, tenía que vivir con ello de ser posible, pero iba a seguir adelante.Adelante, sin nada más que mi frente en alto. Era una promesa.

Habían pasado tres días, y aunque me negara a aceptarlo yllevara puesta una armadura de fortaleza, mi corazón preguntaba por Draco. Tresdías y ¿nada? Ron me había contado que, por supuesto, él le había preguntado adónde había ido y cuando los hombros de Ron se encogieron ante lainterrogativa, Draco salió disparado por la puerta, sin señal alguna de Astoria.

Pero ya no iba a pensar en ello, o al menos intentaría nohacerlo y no darle más concesión al asunto. Miré a través de la ventana deldepartamento y visualicé las grandes formas arquitectónicas de los edificios deNueva York. Tenía pensado jamás volver, quedarme en algún lugar seguro hastaque el corazón sintiera de nuevo. Me preguntaba, ¿hasta cuándo sería libre?,¿hasta qué punto resistiría él? Mi corazón palpitaba deseoso por sentir, porvivir, por amar; tenía miedo de no encontrar todo eso en alguien más. Andaríalejos, esperando no volver a atrás, no mirar profundamente su fotografía,negándome a todo aquello que aun sentía por él.

Si él apareciera, seguro mi corazón cantaría; pero mientrasno lo haga y el tiempo pase; yo me haría más fuerte y evitaría derrumbarme ensentimientos vanos. Lo dejaría libre, para poder ser libre yo.

Los golpes en la puerta interrumpieron mi divagación.

-¿Estás lista? -la voz de Ron era un poco reconfortable atodo mi dolor.

Desvié la vista de la vitrina para mirarle y sonriéndole,asentí.

-Vamos.

Tomé mi abrigo y bajé junto con Ron hasta la recepción delhotel, para dirigirnos a la Avenida Madison, en donde volvía a darle vida a"Manuale del proibito". Había sido un éxito en Broderick, y ahora, Blade lohabía trasladado a Nueva York, en donde pidieron que la presentara. Estabafeliz, por supuesto, era el mundo reconociendo mi trabajo.

Cuando llegamos, Blade ya estaba allí y nos regaló unaextensa sonrisa al vernos.

-Suban, suban, es en el cuarto piso -nos dijo, dándonos lamano.

Sin duda era un edificio algo grande, tenía cinco o seispiso, no estaba muy segura; pero en Nueva York todos los edificios eran así.

-Vamos, faltan menos de treinta minutos -me instó Ron,empujándome por la espalda.

Al entrar al edificio el aire acondicionado me golpeó elrostro. Afuera ya era frío, ¿por qué no mantenerse cálido adentro? Últimamenteasí eran mis pensamientos, triviales y sin importancia. Ron y yo subimos por elascensor hasta el piso cuatro.

 

-Ey, ¿cómo estás? -me preguntó, poco antes de que laspuertas se abrieran.

-Perfectamente -contesté.

No es que fuera mentira, pero tampoco era completa realidad.Por supuesto, físicamente estaba de maravilla, emocionalmente
bueno, erapreferible no hablar de ello. Me sentía estúpida, tonta, como si fuera la niñanerd de la que todos en el colegio se burlan.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, lo primero quevi, más allá de la gente, fue la vista a través de las grandes ventanas; losedificios y rascacielos se expandían gloriosos hacía el cielo por todo NuevaYork.

-Vaya -exclamé y escuché la tenue sonrisita de Ron.

Luego otra cosa captó mi atención, era un espacio un pocomás pequeño que el de la primera exposición, por lo tanto, las fotografíasestaban más juntas, observándome. Quise borrar con una sacudida de cabeza elrecuerdo que me vino a la mente al verlas, a fin de cuentas, volver a ver aDraco no había resultado tan bueno.

Los minutos trascurrieron rápidos y mientras veía gente ir yvenir observando mis fotografías se hizo tedioso. No es que no me gustara laexpresión de fascinación de la gente al verlas, pero quería exponer otra cosa,otras fotografías, algunas más recientes, algunas que no me dolieran y nohablaran en mi imaginación. Comencé a contar los segundos, no encontrando otracosa qué hacer, y cuando le sonreía a la gente, empezaba otra vez desde cero.Así se me fue un buen rato.

De pronto, entre el murmullo de la gente, escuché algo¿Música? Mi mente preguntó y giré completamente desorientada, ¿de dóndeprovenía? ¿Por qué se me hacía conocida? No era la única que lo oía, todos girabansus cabezas y comenzaron a amontonarse en las ventanas.

El corazón se me paró al escuchar la voz.

Ron, que estaba también en el tumulto de gente me miró deprisa.

-Ven a ver -lo oí apenas decir y obligué a mis pies, depronto, agarrotados músculos a moverse.

Como pude, me abrí paso torpemente entre la gente, porque apesar de que mi razón iba siempre en desacuerdo con la cosa latente bajo mipecho, esta vez sabía que era algo real, algo de lo que mi corazón no saldríalastimado después, y entonces obedecía perpleja. Cuando por fin logré llegarhasta la grande ventana, media atontada aun, apoyé las palmas de mis manoscontra el cristal, haciendo que se humedeciera por el repentino sudor quedesprendieron; posé mi vista en la azotea del edificio continúo y entonces lovi.

En ese instante fue como si el corazón hubiera revivido odespertado de un letargo doloroso, haciéndome sentir más viva que nunca. Porquemás allá de sus estruendosos latidos con nombre propio, sabía muy en el fondoque esta vez, como ya lo había aceptado mi razón, esta vez no iba a verdecepción alguna.

¿Pero qué estaba haciendo Draco? ¿Cantaba? Me cantaba ¿a mí?Al menos me miraba, mientras seguía dándole libertad a la bella voz que poseíay se llevaba una mano al pecho.

Unas ganas de llorar me invadieron sin explicación, era comosi me estuviera trayendo serenata a mitad del día. La gente que me apretujaba ami alrededor comenzó a desaparecer, y me vi perdida en las capas de terciopelode su voz; pegué la frente al vidrio, ¿es que su voz podría llegar a ser máshermosa? Si ya era inspiradora cuando salía de su garganta como palabras, ahorano tenía comparación. Simulé una sonrisa.

 

Fue entonces que me percaté de que una lágrima habíaescapado de mis ojos y había llegado hasta mis labios. Estaba llorando.

Allí estaba y no era un sueño, una ilusión o una crueljugarreta de mi mente. Entonces capté que colgando del edificio, había unenorme cartel que decía "Nessuna fuga di nuovo" con grandes letras azules. Nosabía qué decía, jamás había aprendido italiano, pero cual fuera el mensaje, meimpedía moverme, quería permanecer allí, observándolo.

Hice una comparación, y mi exposición salió perdiendo. Dracoera hermoso, en todo sentido que pudiera verle; su voz, su rostro, su cuerpoincluso, así usara el atuendo más ridículo del planeta. De pronto, unpensamiento me cruzó por la mente, ¿existía la posibilidad de que él mequisiera a mí? ¿Tan sólo a mí? Tenía que haber una razón por la que en estemomento estuviera allí, cantándome esas hermosas palabras que me llenaban elalma, ese "por siempre" que agregó a su melodía, pero, ¿todo ello era verdad? Ysi lo era, ¿acaso no seguiría siendo malo? El recuerdo desgarrador que aun nome abandonaba, era aquel en el que veía los ojos hinchados y rojos de Ginny, latristeza en su rostro y la radiografía de su alma hecha pedazos. ¿Es que yopodía ser tan cínica como para terminar de arrebatarle lo que más amó?

Miré de nuevo a Draco y otra lágrima corrió por mi mejilla.Ni siquiera yo misma me entendía; si él me quería y yo lo amaba más que a mivida misma, ¿cómo podíamos estar juntos? ¿El dolor de Ginny era el precio apagar? Me lastimaba querer hacerlo para estar con Draco, no podía ser tanegoísta, ¿o sí? Era verdad que había pasado el tiempo, pero aunque para mífuera eterno, en realidad no había sido bastante. En dos meses nadie sana unaherida, y mucho menos si es tan profunda como la que yo había hecho. ¿Es quenunca podría llegar a estar con Draco? ¿Ser feliz con él? ¿Tenía que conocerlo?Pero tampoco podía ignorar todo este amor que me quemaba por dentro, me hacíahervir la sangre y que ya hasta dudaba me cupiera en el corazón o en el cuerpoentero.

Sentí a Ron a mi lado.

-Dile que no es demasiado tarde -me susurró y la gentevolvió a mí alrededor, volví a la realidad que me asfixiaba.

Dí una rápida mirada a Ron y luego la volví a Draco; elmurmullo de la gente me hizo perder las voces en mi cabeza, mientras la deDraco continuaba metiéndose por mis oídos y llegaba a mi corazón. El suspiroangustiado que solté se hizo visible al empañar el cristal de la ventana, ¿porqué tenía que pensar demasiado las cosas? ¿Volver a escapar sería muy cobarde?

La música paró y junto a ella mi corazón estrepitosamente colapsóen nuevos latidos. Draco miró hacía mí y aun a tal distancia, pude sentirmeabrigada en el calor de su mirada.

-¿Qué esperas? -me instó Ron, pero ni siquiera yo lo sabía.

Draco no se movía, pero el par de músicos detrás de élcomenzaron a retirarse, haciendo que la escena pareciera viva. Era hora deaclarar las cosas con Draco y conmigo misma, también. Comencé a mover los pieshacía atrás y despegué las manos del cristal, dejando la huella de mis palmas.Draco notó mi movimiento y en cuanto me dí la media vuelta, dio un salto hacíaatrás y se echó a correr. No supe qué más hizo, porque caminé hasta lasescaleras y bajé a grandes zancadas medio desequilibradas hasta la planta baja.¿Qué iba a decirle? Mi cabeza era un completo caos e iba viéndome los pies alcaminar, tratando de encontrar la respuesta correcta a todo este dilema.

 

Justo cuando iba a salir por la puerta, donde la luztaciturna del sol escaso ya comenzaba a alumbrar, un brazo me cerró el paso. Elpecho agitado de Draco se movía de arriba abajo bajo su sudadera negra y surespiración irregular me movía los cabellos de tanta cercanía. Tenerlo así decerca después de tanto tiempo hizo que me debilitara por completo, pero meobligué a sacar fuerzas de dónde no las tenía para mantenerme de pie, auncuando mi corazón estallara contra mi pecho.

-No escapes de nuevo -musitó, entrecortadamente y su alientome estremeció el alma.

-¿Qué? -logré decir.

-Es lo que dice el cartel -hizo ademán para señalar elenorme eslogan que caía del edificio continúo, mientras medio esbozaba unatenue sonrisa-. No vuelvas a escapar, Hermione. Si lo haces, no voy a parar deperseguirte.

-¿Qué estás haciendo aquí? -pregunté, aun incrédula de queestuviera allí, hablándome.

-Ya te lo dije, no voy a descansar si sigues escapando deesa manera, ¿es que no ves? -me tomó de las muñecas y la piel ardió con sutacto, como antes- No eres fácil de olvidar, te he buscado como un loco porcielo, mar y tierra.

-Dos meses, Draco -musité, con apenas un hilo de voz-. Dosmeses han pasado. Si has estado buscándome, ¿por qué tardaste tanto?

-Tampoco eres fácil de encontrar -su mirada se angustió-.Corrí por mis maletas en cuanto te fuiste de Venecia, Herms. Esa misma nochetomé un vuelo a un país cercano, pensando que tú estarías allí.

-¿A qué país?

-Egipto.

-¿Qué?

-¿Recuerdas cuando me dijiste que a ese lugar escaparías?Dijiste que era lo suficientemente lejos para huir de tus problemas -su vozcomenzó a agitarse-. Estuve buscándote por más de un mes en cada rincón de Egipto,Mione.

-Pero sabías muy bien que volvería a California. Tú lo oístede mis propios labios -no sabía si sus palabras eran sólo un pretexto paraexcusar el tiempo, no sabía si era verdad tampoco. Pero es que me costabatrabajo aceptar que estaba allí y me quería, después de lo que yo había oídodecirle a Astoria.

-¿Y quién me aseguraba que fuera verdad? -cuestionó, sinsoltarme las manos- A lo mejor sabrías que yo te buscaría a donde quiera quefueras y decidiste mentir para que no pudiera encontrarte.

-¿Mentir? -la voz me tembló y las lágrimas comenzaron asalir, finas y cálidas recorrieron mis mejillas- Draco, mentir era lo que menosllegaría a hacer en un momento como ese.

-¿A no? -Me miró, incrédulo y sarcástico- ¿Y esa vez que medijiste que no me amabas? -Enterró su mirada miel en mí y el corazón se mecolapsó- ¿Fue mentira o fue verdad?

-Eso fue distinto -dije, con voz ahogada.

-¿Por qué distinto?

-¡Por Ginny! -su nombre hizo doler mis labios.

-Ella siempre fue tu elección -musitó-, ¿pero qué hay de ti?¡Qué hay de mí! Hermione, te juro que quise evitar esto -me apretó las muñecas-,pensaba en Ginny y en el daño que le provocaría si confesaba que estabaenamorado de ti. Muchas veces quise terminar con ella, pero no me atrevía ypara ser sincero, tampoco quería cuando veía que coqueteabas con Theo. Estabafurioso de verte junto a él y yo no podía quedarme sólo en ese momento. No eraque utilizara a Ginn, también me dolía dejarla. Por supuesto que la quería, laquería mucho; y no me cabía en la cabeza como es que se podía llegar a estarenamorado de dos mujeres al mismo tiempo. Hasta que comprendí que no se puede,la quería a ella, pero de una manera distinta en la que sentía que te quería ati. Cuando estaba contigo era como
no escuchar las voces de los demás, como siestuviera donde quisiera estar y no donde todo el mundo quiere que esté. Esaera la diferencia. Contigo era yo, con Ginny era la orden de las personas a míalrededor. Por supuesto que me sentí un idiota por fijarme en la persona menosindicada, traté de evitarlo, pararlo, ignorarlo, ¡de todo! Pero cada día eramás imposible. Hasta que me di cuenta que no podía luchar más con esto. Peroestaba confundido, no sabía si tú me querías a mí o si yo era el único. Hastaese día en que te embriagaste y te llevé a casa, no podía dejarte sola en eldepartamento por eso te llevé a mi hogar; cuando tomaste mi rostro entre tusmanos delicadas y me besaste te juro que removiste todo dentro de mí, algo quejamás me había pasado. No me creas si no quieres pero es la verdad. Hermione, entiéndeme,me sentí como un idiota tanto tiempo, sé que tú viviste con la misma agonía queyo; nos merecemos una oportunidad, un final feliz -rogó.

 

-¿Feliz? ¿Podrá de veras suceder? -Dije- Tú dime Draco, ¿yAstoria?

Al oí su nombre Draco se echó hacía atrás, como sorprendidode que la mencionara. Intentaba controlar mis lágrimas, pero no podía pararlas.

-¿Astoria?

-Te vi hablando con ella la última vez, dijiste que
-la vozvolvió a quebrárseme- fue la novia que más quisiste, ¿y me dices a mímentirosa? -quise desasirme de su agarré pero fue imposible.

-Por eso escapaste -relacionó-, Hermione, ¿por qué noterminaste de oír toda la frase?

Le miré, ceñuda y aun con lágrimas en los ojos.

-Le dije eso, le dije que ella había sido la novia que máshabía querido, hasta que me fui a Venecia y conocí a Ginny, y que gracias aella había conocido después a la persona que más he amado en toda la vida. Ledije que lo sentía, pero que no fuera hipócrita conmigo. Por favor, Hermione,no me juzgues. Lo que siento por ti es verdad, me hiciste escribir canción trascanción, hiciste que mi sueño se cumpliera cuando un famoso cantante le pusovoz a mi letra. Lo que acabo de cantarte, ¿no te dice nada? -dijo, casidesesperado- No digas que es demasiado tarde para hacer lo correcto.

Me miró por un largo instante y yo, con la voz atascada enel nudo de mi garganta le sostuve la mirada, sin poder hablar. Su entrecejo searrugó levemente en señal de desesperación a mi silencio y de pronto y sin aviso,soltó mis manos para colocarlas en mis mejillas y aferrar mi rostro con temorde abandono y lo condujo hasta sus labios, que al instante de juntarse con losmíos, ardieron con un fuego descomunal que quemaba placenteramente. No podíacreer que los estuviera tocando de nuevo, que ambas bocas estuvieran bailandocon la misma pasión con la que danzaron al unisón la primera vez. Sentí quetodo mi cuerpo se deshizo en el suyo y mi corazón golpeteaba contra su duropecho.

Pero aun no estaba segura de nada y el pensamiento que mehabía cruzado la mente hace unos minutos volvió como una ráfaga y me hizosepararme abruptamente de él. Lo aventé del pecho con una escasa fuerza devoluntad y me miró, confundido; mientras sentía mis labios arder y pedirenérgicos ser de nuevo unidos a los de él.

 

-No es que sea tarde -dije-, pero tampoco que esto sea deverdad lo correcto -no pude resistir más e intenté alejarme de él.

-Te lo ruego, no escapes de nuevo -soltó, como si fuese unsollozo, viéndome caminar.

Giré sobre mis talones para mirarle, la vista volvió aempañárseme.

-No estoy escapando, Draco. Sólo dame tiempo para
parapensarlo.

-¿Tiempo para pensarlo? -repitió, incrédulo- Hermione,pasaron dos meses sin tenerte. No puedo creer que sigas pensando en algo que noseas tú.

****************+

Ooohh por dioooss!!! Tiren de un puente a Hermioneee!!! Uppsss:3 jajajjajajajajja Penultimo capitulo :'( hay que ir despidiéndose de estahistoria *se larga a llorar a su cuarto*

No dije nada, sólo tragué saliva intentando deshacer el nudoque me asfixiaba la garganta y me di la media vuelta, dejándolo allí, mirandocómo me alejaba. Si él de verdad me quería no iba a dejarme ir, pero yonecesitaba tiempo para pensar qué hacer.

Me decía que él y yo éramos lo correcto, pero ¿cómo estarsegura de ello? ¿Lo correcto era pisotear el ya destrozado corazón de Ginny?¿Vivir con la culpa comiéndome por dentro? ¿O qué era lo correcto? Sentía quela cabeza me explotaba. Tomé un taxi para ir al hotel, pero en realidad le pedíque me llevara al parque central. No tenía ganas de encerrarme en un cuartosofocándome a mi misma. Tenía que despejar mi cabeza, ordenar mis ideas, es queno había acabado cuando me fui de Venecia, el corazón roto de Ginny me seguíapersiguiendo incluso más que Draco. Pero, ¿no era lo que quería? ¿Tener a Dracopara mí y que él me quisiera? Pero, ¿qué tanto me quería?

Bajé del taxi y caminé hasta alguna banca vacía, esto no eracomo los parques de Venecia, pero sí muy parecido. Ubiqué una no muy lejos y alllegar hasta ella me senté, el frío metal me hizo estremecer la piel alcontacto. Me llevé las manos a la cabeza cuando el aire me acarició en unsoplo. Podía ver a Draco en mi futuro, pero Ginny era parte de toda mi vida;allí estaba ese maldito dilema de nuevo, ¿es que nunca iba a terminar? ¿Habíauna solución acaso? Sollocé en silencio, ¿qué era lo que yo quería? Quería serfeliz a lado de Draco y daría mi vida por compartirla con él. Pero el fantasmade Ginny seguía allí y eso no me dejaba avanzar nada. Aunque ella ya estaba muylejos, ¿no? ¿Qué podía perder ahora? pero, ¿de verdad valía la pena? Queríasaber qué tanto me quería Draco, si me amaba como yo lo amaba a él y sí estovalía el riesgo.

Se hizo tarde, entre cavilaciones y dilemas, el silenciopintó su ocaso; supe que era mejor irme ya. Y aunque había pasado el tiempo, noquería pensar en que Draco, quizá esta vez hubiese dejado de perseguirme, ¿y silo hizo? Ya no podía con tantas dudas, mañana regresaba a California y si Dracono apareciese de nuevo, entonces no le importaba tanto como decía.

Tomé otro taxi para que me llevara al hotel, siendo ya lasocho treinta de la noche. Rogaba al cielo por una señal, lo que fuera, algo queme indicara que correr el riesgo valía la pena. Algo que me dijera que Ginnyestaría bien fuera cual fuera mi decisión. En ese momento pensé en algo que nome había pasado por la cabeza: Harry. Pero al instante de cavilar su nombre enmi mente, un puñado de preguntas aparecieron como reacción secundaria. ¿Dracoestaría enterado ya de que su hermano está enamorado de Ginny? ¿Harry seguiráenamorado de Ginny? ¿Qué hizo después de que fue tras ella la vez que
? ¿Quéhabrá pasado con ellos ahora? Lo ultimo que supe fue lo que Luna me habíacontado, pero eso no respondía mucho. Nada en realidad.

 

-Aquí es -le señalé al taxista al ver el hotel. Pagué yluego me bajé del auto.

Había dejado trascurrir varias horas. No sabía qué habíasucedido con mi exposición, con Draco, no sabía nada. Me reí de pensar que lasdos veces que he presentado la exposición he huido sin estar en el final. PobreRon, tenía que recompensarlo de alguna manera. Subí hasta mi habitación, con elplan de llamarlo. Él era mi único informante de todo.

Pasé la tarjeta para abrir la puerta y la calidez de mihabitación me invadió al instante. Sobre la elegante alfombra verde olivo quetapizaba el suelo, había un sobre ancho y rectangular con mi nombre en la carasuperior. Cerré la puerta y me agaché para levantarlo, curiosa. Era delgado yliviano, lo que sea que trajera dentro era sólo cartón o algún papel duro. Loabrí, más curiosa que antes y cuando saqué su contenido, pude por fin ver quéera. Había un par de fotografías, sólo dos. El corazón me palpitó con esos latidostan conocidos y enamorados. En la primera fotografía había una palabra que fueretratada en algún negocio, como los carteles o letreros que se pegan a lasvitrinas o cuelgan de la parte superior de la entrada. La segunda fue tomada enalgo de algún adorno romántico para San Valentín y allí estaba mi señal. Juntasdecían "Te amo". Estaba casi segura de quién las había enviado, porque conocíala letra que dibujaba mi nombre en la portada. Dí la vuelta a una fotografía yen la esquina inferior derecha decía Draco.

Las lágrimas desbordaron por mis ojos. Draco no iba a pararnunca, ¿verdad? ¿Qué más podía pedirle al cielo? No necesitaba otra señal, meestaba demostrando que me amaba tanto como yo lo amaba a él. Quería mi finalfeliz, ¡lo anhelaba! ¿Pero dónde estaba Draco? Giré por costumbre mi cabeza entodas direcciones, pero era un cuarto de hotel, allí no había nadie excepto yo.Mañana me iba, ¿dónde diablos estaba Draco ahora? Corrí rápidamente hacía elteléfono y marqué a Ron. Las lágrimas desesperadas me inundaron más los ojosporque no me contestaba.

-No, Ron no. No me hagas esto ahora -susurré al dejar pasarcuatro timbrazos sin que me contestara.

Otros dos más y me mandó al buzón.

-Maldición -colgué el teléfono y me dejé caer sobre misbrazos, llorando.

¿Por qué había sido tan estúpida? Ya hasta dudaba que esenivel de idiotez que yo había alcanzado fuera común. ¿Tiempo para pensarlo?¡Pero qué estúpida, si eso era lo que yo deseba desde el principio! Derramé mipesar en las pesadas lágrimas que caían de mis ojos. Mañana me iba, ¿dónde ibaa encontrarlo?

Mientras seguía llorando como tonta, lamentándome, unosgolpes tenues llamaron a mi puerta; ¿quién molestaba ahora? no tenía ganas dever a nadie, a menos de que fuera
¡Ronald! Pasé los puños de mis manos por micara para tratar de limpiarme las lágrimas y corrí a trompicones hasta lapuerta. Al abrirla me llevé una mano al corazón porque al reconocer a lapersona parada tras el umbral, pensé que iba a salírseme del pecho.

 

-¡Draco! -abrí los ojos y parpadeé repetidas veces, tratandode que el rastro de agua se evaporara.

-No renuncies a mí -musitó, fuerte y claro, y con rostroduro-. Por favor.

Lo miré incapaz de hablar, aun bajo la tenue luz del pasillodel hotel, era hermoso. Su cabello corto pero despeinado y el vello facial queadornaba su rostro lo hacía lucir como una de mis fotografías, pero más bello.

-Sé que me pediste tiempo -dio un paso y luego otro, hastaque estuvo adentro de la habitación. Estaba tan cerca que podía oler eseexquisito perfume que lo caracterizaba-. Pero yo ya no puedo esperarmás.Hermione, yo sé que me amas -su aliento me movió los cabellos al hablar.Estaba perdiendo mi equilibrio -, pero dime qué más puedo hacer parademostrártelo yo -su voz se quebró y los ojos se le pusieron vidriosos-.Hermione, háblame. Dime algo. Lo que sea.

Le contemplé deliciosamente y luego le sonreí entrelágrimas. Acuné su rostro entre mis manos y el vello facial me picoteó la pielde las palmas.

-Ya no voy a escapar Draco -susurré-. Sé lo que quiero.

-¿Y qué es? -en su pregunta, el temor fue visible.

-A ti -musité y me acerqué hasta sus labios.

Los unimos de nuevo, primero suavemente, pero luego el besofue tomando profundidad. Enredé mis manos en su cuello y él en mi cintura,mientras me aferraba a su cuerpo. Se abrió paso con la lengua y jugueteó con lamía para luego volver a un beso tranquilo pero igual de apasionado y lleno deamor. En mi estómago las mariposas se desataron enloqueciendo y la piel se meerizó bajo las manos de Draco que la acariciaban. Llevé mis manos a su rostro ylo separé del mío; los labios me punzaban y aun en contra de su propia voluntadse despegaron de los de Draco, aunque él quiso buscarlos de nuevo.

-Draco, espera -jadeé.

-Lo bueno del tiempo es que cura las heridas, lo malo de losbesos es que crean adicción -musitó e intentó acariciarlos otra vez con lossuyos.

-Draco-pero yo me hice para atrás unos pocos centímetros, yaque él me tenía entre sus brazos.

-¿Qué?

-¿Me amas? -pregunté, como niña tonta.

El rió y el soplo de su risa fue embriagador.

-¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Tú crees que si no teamara, habría cruzado el mediterráneo para ir a buscarte a Egipto, luego aCalifornia, para al último perseguirte hasta aquí y ponerme a cantar en mediode todo Nueva York para que me escucharas y luego estar dispuesto a ir contigohasta el fin del mundo si eso es lo que quieres? Granger -retiró sus manos demi cintura y las llevó hasta mis mejillas, ambos quedamos en la misma posición.Me miró a los ojos y habló lo más claro posible-, juro que te amo como un loco,como un demente y desquiciado que no soporta vivir sin ti. Juro que como te amojamás he amado a nadie y que quiero pasar el resto de mi vida contigo y ser elpadre tus hijos. ¿Eso te contesta tu pregunta?

Una lágrima corrió por mi mejilla pero no terminó su caminoya que Draco la interceptó con un beso.

-Ti amo, il mio bella musa fotografa -susurró a mi oído,besó mis labios y luego me dejé envolver en su amor.

Había tomado una decisión de la que no me iba a arrepentir,ahora podía estar segura, entre sus brazos y con mis labios unidos a los suyos.Pude ver la escena de nosotros dos besándonos como en las películas, cuando enel centro de la pantalla permanece la pareja y cómo se va alejando desdearriba. Era increíble que en mi cabeza no existiera otra cosa que Draco en esemomento, increíble que a pesar de tantos errores y desengaños, estuviéramosallí y él conmigo. Pero más increíble fue que, mi fruto prohibido a final decuentas fue el indicado.

 


FIN



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No sabia si despedir esta historia aqui o en el Epilogo (si, hay un epilogo) pero me di cuenta que esta corta historia no necesita una despedida tan larga. Otra historia que ustedes junto a mi,pudimos llevar a cabo, no me quiero poner sentimental porque se que vendran mas relatos de mi pareja favorita, que no me extrañaran porque no me voy, ya que tengo un super proyecto en marcha, y esta historia recien acabada es solo el comienzo, los espero mañana para terminar de atar unos cabos sueltos y mas nada, mañana a la misma hora y en el mismo canal....

-No estoy muy segura -hice un mohín, sintiendo cómo elcorazón me latía nervioso bajo mi pecho.

El sonrió y se acercó para besarme la cabeza.

-¿Qué piensas que va a pasar? -me dijo, y su aliento alhablar me movió los cabellos.

-No sé, Draco-musité, viendo cómo se podía vislumbrar lacúspide del edificio del aeropuerto tras la ventanilla trasera del taxi-. Séque ha pasado un año -dije, mientras su nariz seguía revolviéndome el pelo-,pero te recuerdo que la última vez que hablamos, me dio una bofetada -mientrecejo se arrugó en una expresión de congoja al recordarlo.

Draco rió y el soplo de su risa me acarició el cuello, luegosus labios se posaron en él dulcemente, haciéndome erizar la piel.

-Tú mejor que nadie conoces a Ginny; ella no puede guardarel rencor durante tanto tiempo -me dijo, ahora mirándome-. Además, ahora yaestá bien, ya está con Harry -me sonrió-. El tiempo cura las heridas,¿recuerdas?

-No todas, Draco-contradije, ahora de veras nerviosa, ya queel taxi aparcaba justo frente al aeropuerto.

Draco pagó el taxi y como quien no quiere la cosa bajé deel. Me quedé de pie hasta que Draco se colocó a mi lado y pasó una mano por micintura. Su tacto me hizo sentir un poco mejor.

-Vamos -me dijo, empujándome amablemente.

Caminé a su lado, mientras la gente iba de un lado a otrocon maletas y boletos en la mano.

-¿Por qué estás tan tranquilo? ¿Qué acaso sus últimaspalabras para ti fueron "Está bien Draco, no hay problema que te hayasenamorado de mi mejor amiga. Vete en paz"? -farfullé y pensé que se iba a reír,pero en vez de eso, su rostro se volvió un poco tenso.

-No. Ya sabes que no me despedí, pero
mira, si quisieronvenir a visitarnos yo creo que ya no hay rencores -se encogió de hombros-.Tranquila, ¿sí? -me besó la cien mientras seguíamos caminando para sentarnos aesperar que el vuelo llegara.

Luego de unos minutos los vimos salir por la puerta pordonde emergían los demás pasajeros provenientes del vuelo de Italia y reconocílos cabellos rojos de Ginny, su mirada iba baja, indiferente, la seguíaconociendo.

-Draco
-murmuré temerosa, a nada de decirle que nosecháramos a correr.

-¡Ya los vi! -pero me interrumpió y tomándome fuertemente dela mano, me hizo correr hacía ellos-. ¡Harry! -gritó y levantó su manoizquierda para que lo viera.

 

Fijé mi vista en Ginny y nada más en ella; no es que noextrañara a mi mejor amigo pero quería saber cuál era la expresión de Ginn y sino era tan mala idea echarme a correr. Al momento de oír la voz de Draco,levantó la vista y sus ojos al verlo, lucían distintos, era la clase de miradaque das a un viejo amigo que aprecias sinceramente. Luego me miró a mí y aunqueme congelé repentinamente tensa, ella esbozó una tenue sonrisita apenas visibley volvió a bajar la mirada, haciéndome sentir confundida y atolondrada.

-¡Draco, Herms! -la voz de Harry me hizo mirarle, no lucíatan distinto, de hecho ninguno de los dos había cambiado.

-Hermano -Draco abrazó a Harry en un cariño fraternal cuandoestuvimos por fin cerca los cuatro y yo volví a mirar a Ginny, cautelosa aun.

-Hola -me dijo ella con una tenue sonrisita dibujada en surostro.

-Hola, Ginny -respondí tímida, era raro intercambiar conella palabras después de un año y siendo las últimas un sin fin de maldiciones.

Miró a Draco y le sonrió, no como lo hacía antes, pero si senotaba sincera.

-Ginny -dijo él y se inclinó para abrazarla. Un abrazorápido e incómodo para Ginny, según pude notarlo en su rostro-. ¿Vamos a algúnrestaurante? Yo invito, como bienvenida. ¿Qué dicen? -ofreció Draco.

-Suena bien -admitió Harry-. ¿Me acompañas por las maletas?-le preguntó, pero lo conocía lo suficiente como para darme cuenta de que lohacía por dejarme a solas con Ginny.

Estuve a punto de ir tras ellos cuando la voz de Draco medetuvo.

-Espérenos aquí, no tardamos, ¿está bien? -me guiñó un ojo ysiguió a su hermano entre el tumulto de gente.

Me mordí el labio inferior con nerviosismo y giré sobre mistalones para ver a Ginny, su mirada seguía baja hasta el momento en que notóque la miré, fue entonces que poco a poco comenzó a alzarla.

-Dime, ¿has visto a Luna y a Theo? -pregunté, como paraentablar conversación, haciéndome recordar irónicamente cómo antes no habíahuecos de silencio en nuestras pláticas.

-Oh, sí, Theo teenvía saludos, bueno,Theo y Luna, los dos -sonrió.

-Oh
genial -fue todo lo que pude articular.

Bajé la mirada y me dediqué a golpetear nerviosamente elsuelo con la suela de mi zapato, mientras las manos en los bolsillos de michaqueta se removían ansiosas entre el pequeño espacio.

-Escucha
-la firme voz de Ginny me hizo levantar la miradarápidamente-, sé
sé que nuestra relación se
se quebró al último -estabanerviosa, igual o poco más que yo-. Y, tuviste razón, creo que fue falta decomunicación o algo así -hizo un mohín-. Sólo
-exhaló- sólo quiero decirte queno te guardo rencores y que
-me miró- espero no me los guardes a mí. Reaccionébastante mal y dije palabras que no debí de haberte dicho. Supongo que también ledebo una disculpa a Draco por eso -dijo como para sí-. El punto es, que quizáno volvamos a ser las
mejores amigas que éramos antes; pero
al menos noseamos enemigas. Yo la verdad te
estimo mucho -se encogió de hombros.

La miré y respiré, era increíble que aun adivinara mispensamientos.

-Gracias Ginny -dije-. Gracias por, bueno, por no odiarme-ella rió y movió la cabeza-, disculpa por
todo. Yo

-Hermione-me interrumpió-, no tienes que darme explicacionesahora, digo, el tiempo ya pasó y bueno, yo estoy con Harry -me sonrió.

-Hablando de eso, en serio me alegra que estén juntos. Harryes genial y te ama demasiado.

-Sí, lo sé, me lo ha demostrado y a decir verdad estoyfeliz.

Aquella confesión me hizo respirar.

-Tú más que nadie merece ser feliz, Ginny -dije.

-Tú también. Yo espero que

-¡Listo niñas! -dijo Harry a mi espalda, interrumpiendo aGinny-. Vayamos a comer.

Draco le extendió la mano a Ginny y ella la tomó, luegocaminaron juntos hasta la salida. Detrás íbamos a Draco y yo, él cargaba lasmaletas de Harry con una mano y con la otra me tomaba de la cintura. Me miró yyo hice lo mismo, luego me sonrió.

-¿Todo bien? -susurró y su aliento cálido me hizo bailotearlos cabellos pequeños que caían despeinados.

Asentí y le devolví la sonrisa.

-Harry me contó que va muy bien con Ginn y que espera queella sea la mujer de su vida -se acercó a mi oído al susurrarlo y la piel se meerizó completa.

Me alejé un poco para poder mirarle.

-Me alegra que estén felices. Lo merecen -musité.

-Por supuesto.

Al salir la luz de medio día nos alumbró y Harry ya seencontraba subiendo sus maletas al taxi. Draco corrió en su ayuda y subiótambién las que él venía cargando, me quedé de pie a unos metros. Harry y Dracoreían haciendo bromas y ese tipo de cosas entre hermanos, mientras que Ginnymiraba a uno de ellos como jamás había mirado a alguien. Podía ver en sus ojosque realmente estaba enamorada y de la forma más sincera y profunda que jamáshaya visto. Harry le devolvió la mirada y le sonrió y ella, al notarse en elreflejo de sus ojos, una chispa le iluminó el rostro.

Entonces, ¿qué se volvía ahora todo el sufrimiento anterior?No había nada en el mundo capaz de separarme del hombre que yo amaba, ni fuerzasobrenatural que separara a Harry de Ginny. Es que así era como debía de estarel mundo, así era como debió de ser desde un principio; pero, si no hubiéramossufrido, jamás podríamos haber llegado hasta donde estábamos ahora. No traía micámara pero fue como si tomara una fotografía en mi mente de aquella escena delmundo correcto, revelándola donde iba a permanecer guardada por siempre. En micorazón.

******************************************************+

Bueno, este si es el final mis queridos lectores, quieroagradecerles por acompañarme,por leerme, a los que siempre comentaban, atooodos en general, fue una historia entretenida y creo que logor su objetivo:Llegar a Ustedes y a sus corazones. Porque ya saben, el tema es común, si no esprohibido no tiene sabor ;) Ahora, mi nuevo proyecto se titula Besar a unAngel, de la escritora Susan Elizabeth Phillips, en lo personal amo el libro,es uno de mis favoritos, en si, va a ser una adaptación solo a nivel de lospersonajes, ya que cuando estaba leyendo el libro, me imaginaba el rostro deHermione como protagonista y el Draco igual
Quienes hayan leído el libropueden hacérmelo saber para que me den opiniones
Bueno me despido hastamañana, cuando comenzare una nueva historia, los espero

Atte: Chaneh

Manual de lo prohibido - Potterfics, tu versión de la historia

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A pesar de todo tipo de intento, la llave no entraba enla cerradura, haciéndome formular en la mente una buena lista de maldiciones.Resoplé frustrada y le me

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2023-02-27

 

Manual de lo prohibido - Potterfics, tu versión de la historia
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