Memorias de Idhún IV- Archimago - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

Regresaban a casa.
Pero, de repente, un movimiento entre los árboles alertó a los chicos. Las miradas de Victoria y Jack se miraron inquietos y protegieron los cuerpos de Erik y Eva del posible ataque sorpresa.

-Nunca os daremos a la niña.- dijo Jack, desafiante.

Observó con atención el lugar donde las hojas producían ruido y desenvainó a Domivat, para neutralizar al posible agresor. Al parecer, sí, estaba en lo cierto, pues detrás de aquel montón de hojas y árboles se encontraba una persona.

Pero poco o nada tenía que ver con los Nuevos Dragones. De este lugar salió la figura de un humano. Medianamente alto, de pelo negro como el carbón, liso y un poco despeinado; con el rostro del color carne, ojos marrones y con un brillo de interés; vestía una camiseta y pantalones, y unas botas encerraban los pies. Esta persona era yo.

-Hola.- saludé- ¿de qué niña hablas?

-¿Cómo te llamas?- preguntó Jack.

Observé la espada que portaba el hombre rubio y el miedo se apoderó de mí.

-Escucha, no te voy a hacer nada malo, guarda eso, por favor.- supliqué.

-¿Cómo te llamas?- repitió Jack.

-Jaenor, me llamo Jaenor.

-¿Eres miembro de los Nuevos Dragones?

-No,-respondí.-pero les he visto merodear por la zona, creo que están buscando a alguien.

Jack sonrió, pero no era una sonrisa feliz.

-Nos están buscando a nosotros.

En medio de la conversación entre Jack y yo, se introdujo la voz de Victoria.

-Ya están aquí. Ya han llegado.

Observé el lugar que ambas personas observaban y me estremecí. Una flota de nueve o diez dragones venían hacia nosotros.

-Bien, Jaenor. Tienes dos opciones, elige rápido una. O te escondes entre los árboles, o vienes con nosotros. Pero hazlo ya, que ellos están aquí.

Un dragón, que se había acercado demasiado, se vio sorprendido por una ondulación en el aire y se vio obligado a dar marcha atrás. El bastón que la mujer sostenía algo había tenido que ver.Con intriga, pensé rápidamente: volverme a casa del paseo que estaba realizando, o irme con unos fugitivos, a los cuales no conocía de nada.

-¿Quiénes sois vosotros?

Jack y Victoria se miraron, extrañados ante mi duda.

-¿No sabes quiénes somos?- preguntó Jack.

-No. ¿Debería saberlo?

-Somos... somos Yandrak y Lunnaris. Derrotamos a Ashran y liberamos Idhún de la tiranía de los sheks.

-¡Los héroes de la profecía!- musité.- Pero, ¿por eso os persiguen?

Dos dragones más se acercaron a escasos metros de nosotros y Victoria volvió a ondular el aire.Estar junto al dragón y el unicornio de la profecía quizá no fuese una mala idea. Pero, si son héroes, ¿por qué los buscan?

-Tenemos a la nieta de Ashran, la niña que sostiene Victoria. Y ellos creen que supone un peligro para Idhún. Pero no lo es.

Había oído su historia en las calles: habían venido, Victoria se había enamorado de Jack y Kirtash, el hijo del Nigromante. Más tarde varios fenómenos sobrenaturales sucedieron en Idhún, y parece que ellos tuvieron bastante que ver. Hay gente que dice que fueron los dioses, otros que fueron los sheks, y otros que fueron los mismos héroes, pero lo dudaba. Parecían buena gente. Estaba casi convencido de mi decisión.

-¿Y qué pasará con mi familia?- pregunté.- se preocuparán por mi.

-Alguien de confianza nuestra les avisará de tu posición.-respondió Jack.

Los dragones estaban aquí. Todos. Ya abrían sus fauces para matar a la niña que Victoria sostenía en brazos y, de paso, a todos los humanos que la rodeaban. Con miedo, realicé una decisión desesperada, pero que ya tenía en mente.

-Vale, voy con vosotros.- dije.-Pero, ¿cómo vais a escapar?

Ir acompañado por un hombre con la espada de fuego no era mala idea si te protege, y además alguien en el que confían avisaría a mi familia de mi repentina desaparición.

-Con magia, naturalmente.-sonrió Victoria.

Me agarró del brazo y pronunció algo que no entendí, pero todo empezó a dar vueltas, y las figuras de los dragones se vislumbraban cada vez peor, pero peligrosamente cerca.

"¿A dónde vamos?" Quise preguntar, pero no me salían las palabras. Estaba mareado, y me daban náuseas.

En ese momento, no lo sabía. Pero me había ido de Idhún.Todo me daba vueltas. Solo recordaba haberme movido muy rápidamente, de una forma muy extraña y haberme golpeado la cabeza contra el suelo, por lo cual me había desmayado.

Abrí los ojos, con un fuerte dolor de cabeza y una sensación de mareo bastante grande. Oteé mi alrededor y descubrí que me encontraba en una sala redonda, con unas ventanas parecidas a las que había en Celestia, tumbado en el suelo. Me levanté con esfuerzo.

-Ooh.-conseguí formular.- ¿Dónde estoy?

Al principio no vi a nadie en aquel lugar, pero tras unos segundos una figura femenina apareció seguida de otra masculina.

-Estás en Limbhad.- me dijo ella.

-¿Limbhad? ¿Qué es eso?

Jack y Victoria me miraron, sonriendo.

-Se parece a mi hace ya tanto tiempo.- dijo Jack.

-Sí, es cierto.- respondió ella.

Yo les miraba curioso, pero no había olvidado mi pregunta.

-Siento devolveros a la realidad, pero no sé que es Limbhad.- dije.

-Eh, bien, sí. Verás, Limbhad es...- comenzó Victoria, pero no supo cómo acabar.
-Es un mundo distinto a Idhún, pero también parecido.- terminó Jack.
Su respuesta me asombró, y abrí mucho los ojos sorpendido.
-¿Un... Un mundo distinto?
-Sí, pero es como... Digamos... Un hijo de Idhún.
-¿Un hijo de Idhún?
-Es un mundo creado a partir de la magia.- aclaró Victoria.
-¿La magia es capaz de hacer tales cosas?- pregunté.
Tenía derecho a saber qué había pasado desde que salí a dar un paseo, ¿no? Dónde estaba,
que hacía junto a los héroes de la profecía, por qué les perseguían etc.
-De eso y mucho más.- sonrió ella.- por tu cara, creo que quieres que te lo expliquemos todo.
-Sí, la verdad esque me gustaría enterarme de todo lo que ha pasado, porque yo pensaba volverme a mi casa después de dar un paseo.
Siempre había sido una persona muy sociable y caía bien a la gente. Mi padre, un soldado vanissardo y mi madre, una sacerdotisa del Oráculo de Gantadd, me habían llevado por el camino del bien y la amabilidad. Por ello trataba de una manera muy informal a Jack y Victoria. No sé si sería lo correcto, pero ellos me trataban del mismo modo, así que de momento no veía ningún problema.
-Bien, verás.- comenzó Victoria.- Tras la venida de los dioses y la huida de los sheks...
-Así que fueron los dioses los que hicieron todo eso.- le corté yo.
-Sí, sí.- respondió ella.- pero bueno, sigamos con la historia. Los sheks huyeron, todos menos uno, al que siguen buscando. Y, tras conocer su descendencia, los Nuevos Dragones la han buscado hasta que la han encontrado. Nosotros la teníamos, y por ello han venido a por nosotros. Nos hemos tenido que fugar y este es el primer lugar al que se me ha ocurrido venir: Limbhad.
-Y, ¿por qué tenéis vosotros a la hija del shek?
Victoria se sonrojó y fue Jack el que respondió a mi pregunta.
-Porque Victoria es su madre. Eva, la niña, es la hija de Chris... Kirtash y ella.
-¿Y el otro niño?- pregunté yo.
-Es... Es nuestro hijo.- dijo Jack.
Miré a la chica extrañado, pero el chico seguía hablando.
-Puede resultar extraño, pero Victoria es madre de dos niños y esposa de dos hombres diferentes.
-Resulta extraño, sí.- respondí yo.
-Bueno, pero volvamos al tema. Chris... Kirtash vendrá pronto aquí, y se llevará una sopresita.- dijo Victoria entre risas.
-¿Por qué siempre le vais a llamar Chris... algo y luego cambiáis de opinión?
-Nosotros a Kirtash le llamamos Christian, es un nombre afectivo.
Qué extraño todo. Quería saber más acerca de los héroes de la profecía cuando escuché un ruido en el exterior de la casa.
-Ya está aquí.- le dijo Victoria a Jack sonriendo.- ¡Ya está aquí!
Tras esto salió corriendo gritando el nombre de Christian mientras el otro chico la miraba aburrido.
-Siempre igual.- comentó.- Ven, que te voy a presentar a alguien.
Yo ya sabía de quién se trataba, pero aun así le seguí. No sé exactamente por qué iba a conocer al hijo del Nigromante, pero bueno.
Cuando cambié de sala, la temperatura bajó considerablemente. Frente a mi estaba Victoria abrazando a un hombre joven, frío y enigmático. Su mirada me provocó un escalofrío, y rompí el contacto físico.
-¿Quién es este?- preguntó.
-Se llama Jaenor. Apareció cuando los Nuevos Dragones nos perseguían, y le tuvimos que traer, no le íbamos a dejar a su merced.
Christian, o Kirtash, agarró el pomo de su espada con actitud desafiante.
-¿Es uno de ellos?- preguntó.
-Guarda eso, serpiente.- dijo Jack.- Jaenor no es de ellos. Él el neutro. Más bien, ni siquiera nos conocía a nosotros.
-A simple vista.- dije yo, un poco intimidado.
El chico del pelo negro me miró sin interés, pero soltó su espada. Yo suspiré, aliviado.
Tras unos segundos de silencio, Victoria dijo algo a Christian.
-Tengo una sorpresa para ti.
Él sonrió, y acercó sus labios a los de ella, besándola suavemente. La chica se sorprendió al principio, pero luego se dejó llevar, sonriendo. Yo miré a Jack, esperando ver su reacción, pero solo vi un semblante serio.
-Esta es mi sorpresa, criatura.- dijo Christian tras besarla.- ahora enséñame la tuya.
Victoria tenía la piel colorada y sonreía tontamente, pero cogió la mano del chico y tiró de él hacia una habitación. Jack y yo les seguimos.
Llegamos a un dormitorio en el que dormía un bebé. Yo ya sabía quién era, y me sorprendió que Christian no.
-¿Quién es este bebé? La noto... fría.
-Por qué será.- comentó Jack.
El otro chico le miró pero no le dijo nada, y volvió a escuchar a Victoria.
-Ten, cógela.
Mientras Christian cogía el bebé que le tendía su mujer, preguntó de quién se trataba.
-Ya deberías saberlo.- dijo Victoria.- se llama Eva, o Lune. Y es tu hija.Jamás olvidaré la cara que puso Christian cuando supo el nombre del bebé que sujetaba en brazos. Victoria le miraba, sonriente, mientras colocaba su brazo derecho detrás del cuello de Christian. Jack observaba a ambos con felicidad, y yo tenía los ojos puestos en la niña. Se había despertado cuando su madre la había cogido, pero no se puso a llorar, solo miraba curiosa todo lo que había alrededor y, sobre todo, a aquel hombre que la observaba emocionado, sin saber qué decir.

-Bueno, ¿qué te parece?- le preguntó Victoria a Christian.

-Es... es preciosa.- pudo responder este.

-Tanto como su padre.- dijo la chica.

Christian la miró y le dedicó una sonrisa, mientras ella se ruborizaba por momentos. En ese momento Jack carraspeó y atrajo la atención de todos los presentes.

-Bien, después de este emotivo momento, creo que habrá que decidir qué vamos a hacer ahora que no tenemos hogar.

-Podríamos ir al apartamento de Christian.- propuso Victoria.

-¿Un apartamento? ¿Qué es un apartamento?- pregunté yo.

Todos me miraron, un poco extrañados ante mi duda, poniéndome un poco incómodo, pero luego sonrieron y me relajé un tanto.

-Jaenor, ahora no estás en Idhún. Resulta extraño, pero es lo que hay. Dentro de poco nos iremos a un mundo diferente, distinto. Realmente, al mundo donde nacimos Victoria y yo.- dijo Jack.- allí, la vida es diferente a la vida idhunita. No hay magia, pero hay tecnología. Un apartamento es un hogar pequeño, un piso dentro de un edificio.

-¿Es que acaso sois... extraidhunitas?- pregunté yo.

-Extraidhunitas, qué extraña palabra.- dijo Victoria.- Sí, en parte, se podría decir que somos extraidhunitas, pero desde el punto de vista de la Tierra, que es el mundo al que vamos a ir, eres un extraterrestre, no perteneciente a ese mundo. Nacimos en Idhún, pero también nacimos en la Tierra.

-A ver, que nos vamos del tema.- dijo Christian.- en mi opinión, creo que ir a mi apartamento es una mala idea. Aparte de que os recuerdo que es mi usshak, en el cual solo dejaría entrar a Victoria y a Eva, ni a Jack, porque sería muy extraño que un shek dejara entrar a un dragón a su usshak, ni a Jaenor, que le he conocido hoy, no sé si es de confianza, y además, es mi espacio, no dejo entrar a alguien por el cual no tenga un afecto especial. Muy especial.- dijo mirando a Victoria, la cual sonrió.- Erik podría venir a veces, pero no podría estar todo el rato allí. Aparte de eso, el apartamento es pequeño, y sería muy incómodo estar todos allí.

-Bueno, habrá que buscar otro sitio.- dijo Victoria.-Jack, ¿qué te parece tu casa? Es un lugar tranquilo y apacible, allí, en Dinamarca. Una vez me dijiste que tenías familia. Podríamos ir a visitarlos.

Yo observaba la escena sin intervenir. No sabía que decir, todo aquello que no esté o sea de Idhún estaba fuera de mi conocimiento.

-Justamente por mi familia, creo que no deberíamos ir allí. Hace años no quería volver por si acaso a cierta persona le daba por asesinarlos,- dijo mirando a Christian, el cual le devolvió un semblante frío y serio.- y ahora es igual. Los Nuevos Dragones quieren acabar con la vida de Eva, y de paso con la de todos lo que la protegen. Tengo miedo de que, al acercarme a la familia que me queda, ellos los asesinen para hacerme daño. No. No es opción la de viajar a Dinamarca.

-Entonces solo nos queda un sitio.- dijo Victoria.- Madrid.

-Es una buena opción. Una mansión con bosque, en una capital de un país desarrollado, con buena tecnología y un lugar donde los niños crezcan ajenos a lo que ocurre en su mundo.

-Al menos por unos años.- dijo Jack.

-Espero que para siempre.- respondió Victoria.

Si me había enterado bien, los héroes de la profecía querían ir al mundo conocido como Tierra y quedarse allí para siempre. ¿Y yo qué? ¿No podría volver a Idhún?

-Siento interrumpiros, pero a mi me gustaría volver a Idhún en algún momento, quizá no ahora, quizá no dentro de unos meses, pero alguna vez sí. Mi familia se estará preocupando por mi.
-Oh, es verdad. No podemos dejar a Jaenor fuera de su hogar, al menos durante mucho tiempo.- dijo Victoria.- ¿Qué hacemos?

-Este chico nos dará problemas.- dijo Christian.

-Pero no le podíamos dejar en Idhún.- respondió Jack.- los Nuevos Dragones pensarían que tendría alguna afiliación con nosotros y le secuestrarían o le matarían.

Secuestrarme o matarme. A mi, que solo iba a dar un paseo a la luz de los tres soles. Quizá tendría que quedarme más tiempo en la Tierra hasta que se calmasen un poco las cosas.

-Entonces decidido, ¿no? Madrid.- dijo Victoria.

-Sí.- respondieron a dúo Christian y Jack.

-Sí.- murmuré yo también.

-Coged a los niños y vayamos allí. El único problema es el dinero. Mi abuela tenía una fortuna, pero no sé dónde la habrá dejado. Solo tendríamos la casa y el dinero que hay en ella.

-Yo gané bastante en mi época de cantante.- respondió Christian.- por lo que podría cubrir los gastos de la familia.

-Vale. Recoged esto un poco, y cuando estemos listos nos marcharemos.- dijo Victoria.

En ese momento se oyó un ruido proveniente del exterior de la casa. La Tríada se miró, extrañada, y corrieron fuera para ver qué ocurría. Yo hice lo mismo.

Lo que ví cuando llegué me extrañó mucho, pero Victoria gritó, angustiada, así que supe que aquello no era bueno.

Delante de un un humano de unos treinta y pocos años y una mujer celeste estaban tendidos en el suelo, ensangrentados. Me acerqué corriendo preguntándome quiénes eran esos, por qué estaban así y qué había pasado.

-¡Shail! ¡Zaisei! ¿Qué os ha pasado?

-Victoria, nos han encontrado. Vienen aquí. Debéis huir.- dijo el tal Shail con esfuerzo.

-¿Quién? ¿Quién os ha encontrado?- preguntó ella angustiada.

De repente hubo un destello en el oscuro cielo de Limbhad y tres figuras cayeron al suelo. Yo conocía a uno de ellos, pero no a los otros dos. Tres hombres, uno con el pelo de un curioso color, otro que tenía la piel morena y otro que portaba una corona. Este último se trataba del rey Covan de Vanissar.

-Nosotros.- dijo el del pelo curioso.- Hemos venido a acabar la tarea que comenzamos hace tiempo. Mataremos a la niña, y a su padre, y habremos acabado con todos los sheks de Idhún.

-Nunca, Qaydar.- respondió Victoria, desafiante.

-Entonces preparaos a morir, Lunnaris.
Sagrada Irial. ¿Qué hago? ¿Huyo? ¿Lucho? ¿Me quedo quieto? Estos pensamientos se amontonaban en mi cabeza mientras observaba la escena que tenía frente a mi. Jack, Christian y Victoria, quien llevaba en brazos a Eva.

Ellos atacaron primero. De la mano de Qaydar surgió un rayo verde, el cual se dirigió hacia el bebé, pero Christian lo interceptó con un veloz movimiento de su espada.

-¿Por qué no podéis dejarnos en paz?- suplicó Victoria.- ¿Todo esto por un bebé?

-Lunnaris, la niña que portas en brazos es la descendiente del Séptimo. Tiene que morir para que no quede ningún shek en Idhún. Ella y su padre.- explicó Qaydar.

-Inténtalo, Archimago.- amenazó Christian.- Nunca te llevarás a Lune, ni tus manos ni las de nadie la tocarán para asesinarla.

Qaydar bajó rápidamente sus brazos y entre sus manos apareció una pequeña bola de fuego.

-Mira, shek. Esto no te gusta, ¿verdad?- dijo.

Se ha vuelto loco, pensé. El Archimago no razona con nada, sabe que la Tríada quiere irse a la Tierra y vivir una vida diferente, llevándose a Eva con ellos, y que no volverían a Idhún, pero aun así quiere matar a Eva, a Christian y a todo aquel que ose interponerse en su camino.

"Jaenor, si quieres ser útil, ve a por Erik y tráelo aquí. Nos tenemos que ir ya" pensé. No, yo no pensé eso. Alguien dijo eso por mi en mi cabeza. Miré a los lados, curioso, pero nadie parecía prestarme atención.

"Hazlo ya" volvió a decir la voz. Alguien estaba entablando una conversación mental conmigo. Debía ser Christian, porque me sonaba a él. Así que me introduje en la casa y fui a la habitación donde dormía el hijo de Victoria. Oí decir a alguien que quién era yo, pero otra voz, la de Victoria, dijo que no me hiciesen daño, que por lo contrario no tendrían piedad con ellos. Corrí hasta donde estaba Erik y le encontré durmiendo en la cama. Le cogí con cuidado y abrió un ojo, pero no parecía estar muy despierto, y se volvió a dormir al cabo de unos segundos. Al salir de la casa, me encontré a Qaydar luchando contra Victoria, la cual había dejado a Eva en el suelo, y Covan se dirigía hacia ella, pero Jack le cortaba el paso.

-¡Covan! A Alsan no le hubiese gustado esto que estás haciendo.- dijo Jack.

-Alsan quería acabar con todas las serpientes de Idhún, y yo cumpliré con su deseo.

La espada llameante del rubio, tras cuatro o cinco golpes con la de acero del rey, terminó tirándola al suelo, y le apuntó con ella al corazón.

-Y ahora, dejadnos marchar. O te mato.

La escena se detuvo. El bastón de Victoria estaba iluminado en la parte de arriba, Christian estaba junto a Jack, Qaydar bajó las manos con lentitud y el otro hombre, que casi no había intervenido, se colocó junto al Archimago.

-Os dejamos marchar si nos dais a la niña.- murmuró Covan.

-Nunca.- respondió Jack.

En ese momento, Shail y la celeste desaparecieron de Limbhad, lo que me desconcertó un poco.
Había comprobado que el hombre era un mago, pero estaba muy herido, no parecía que pudiese realizar ningún hechizo en condiciones. ¿Habrán huido? Pensé. En aquel momento no lo sabía, pero pronto sí.

-¿Dónde han ido Shail y Zaisei?- preguntó Qaydar.

-A un lugar donde no les encontrarás. Y nosotros vamos con ellos.- dijo Victoria.

Jack separó la espada del corazón del rey Covan y le propinó una patada, lo que hizo que el otro hombre cayera al suelo. El hombre rubio corrió hacia Victoria mientras cogía a Eva, y Christian tiró de mi y me acercó a ellos.

-¡Que se escapan! ¡Cogedles!- ordenó Qaydar, pero ya era demasiado tarde.

Jack, Victoria, Christian, Eva, Erik y yo ya no estábamos allí.

Habíamos huido de Limbhad, rumbo a ¿la Tierra?

 

Me desperté, mareado, sobre una silla de madera. En realidad no era unasilla, porque era muy larga y no tenía reposabrazos. Estaba tumbado, y melevanté con esfuerzo. Una figura femenina percibió mi reacción y me saludó.

-Hola, Jaenor. ¿Cómo estás?- preguntó.


-Uf, bastante mareado. Esto de los viajes interdimensionales vuestros acaba conmi energía. Victoria, ¿y los demás?

-Jack ha salido a investigar un poco la ciudad, y con él van Erik y Eva.Christian no andará lejos tampoco.- respondió Victoria.

-¿Dónde estamos?

Realmente, el olor que percibía no era muy agradable, y de fondo había muchoruido. La gente vestía de una forma muy extraña, con pantalones azules y otrotipo de prendas nada idhunitas. Otra cosa que observé esque todos eran humanos,no había yan, ni gigantes, ni celestes, ni mucho menos varu.

-En Madrid.- sonrió ella.

Madrid era el lugar que decían que vivía Victoria antes de ir a Idhún, por loque estábamos en el lugar correcto. Me levanté y me coloqué al lado de la chicamientras le preguntaba qué ibamos a hacer ahora.

-Vamos a mi casa.- respondió. Habrá que coger un taxi, está un poco lejos.

-¿Qué es un taxi?- pregunté.

-Lo que te queda por aprender aun, idhunita.- rió ella.

Poco después apareció Jack, con sus dos hijos.

-Hola, Jaenor.- saludó.- ¿qué tal el viaje?

-Mal, no es de mi agrado esto de los viajes interdimensionales.

-Bueno, ya no haremos más en bastante tiempo.- respondió él.


-¿Dónde está Christian?- preguntó Jack, cambiando de tema.


-Llegará pronto.- respondió Victoria.


"Y tan pronto" pensé yo cuando bajó considerablemente la temperatura.


-Ya estoy aquí. He ido a por un poco de dinero para comprarnos ropa terrestre, que la gente nos mira de una forma extraña.- dijo el recién llegado Christian.

 


-Vale.- respondió Jack.- ¿alguna tienda en especial?


-Nunca me ha interesado el tema de las tiendas,- respondió Victoria.- pero podemos ir a la más cercana, y ya iremos investigando.


Y así fue. Todos caminamos hasta una tienda cercana, donde una señora nos observó con una cara extraña, pero no nos echó del local. Dijo algo que no entendí, y Victoria le respondió algo que tampoco. Jack tampoco parecía comprender nada, pero de repente sí, y cogió un collar que tenía en el bolsillo.


-No me parecía algo que olvidar en Idhún, y creo que nos va a servir bien.


Se trataba de un collar con forma hexagonal, y en cuanto me lo puse todos empezaron a hablar en idhunaico. No, no hablaban en mi idioma, yo les entendía a ellos.


-¿Qué es esto?- le pregunté a Jack. Era un idioma del que no había oído hablar nunca, pero parecía que fuese mi lengua materna.

-Es un collar de comunicación. Con él, comprendes y hablas la lengua de tu hablante. Ahora mismo te estoy hablando en danés, y Victoria y la mujer están hablando en español.


-Interesante...- dije.


Presté atención a lo que hablaban las dos mujeres.


-Sí, deme cinco pantalones, diez camisetas y cuatro abrigos para los adultos, y ropa de bebé para los dos niños.- estaba diciendo Victoria.


-¿De qué marca desea la prenda?- preguntó la mujer.


-De la que sea. Usted deme eso y ya nos apañaremos.


La señora nos acompañó y nos dio todo lo que la pedíamos. A mi, un pantalón, tres camisetas y un abrigo. Llegamos al principio del local y la mujer pasó nuestras prendas por un objeto que pitaba de vez en cuando.


-Son ochocientos cincuenta euros.


Victoria miró a Christian, quien del bolsillo del pantalón sacó un buen fajo de papeles de colores, y se los dio a la señora, quien los guardó en la máquina y les devolvió uno pequeño.


-Gracias. Adiós.- se despidió Victoria.


-A ustedes, vuelvan cuando quieran.


Salimos de la tienda y caminamos hasta donde se situaban grandes objetos con ruedas.


-Los taxis.- me dijo Victoria.- con ellos iremos hasta mi casa. Veo que Jack te ha dado el amuleto que le regalé el primer día que le conocí. Ahora a ti te servirá más que a él. Algo de español sí que sabe, y bastante inglés. Lo tendrás por lo menos hasta que domines el español con fluidez.


Asentí y me dirigí hasta los taxis. Como éramos demasiados, decidimos dividirnos en dos grupos. Victoria y Christian irían en un coche, y Jack, los niños y yo en otro.


Mi compañero indicó al conductor que siguiera al taxi de enfrente, y fuimos tras ellos hasta llegar a una mansión enorme. Jack le dio al conductor algunos billetes y salimos al exterior.


-Mi casa.- dijo Victoria.- tantos buenos y malos momentos en ella...


Entramos dentro y estaba todo sucio, y el jardín muy poco cuidado. La hierba tenía una altura considerable, y aunque la distribución de la casa era correcta, el polvo se hacía notar por todas partes.

 


-Siento que esté todo así, pero hace mucho tiempo que no vengo. En realidad, pensaba no volver nunca, pero las circunstancias me han hecho volver.


-Tranquila, lo limpiaremos,- dijo Jack.- pero primero nos tendremos que instalar, ¿no?


-Yo no voy a estar aquí todos los días,- comentó Christian.- así que vosotros dos podríais dormir juntos, Jaenor en una habitación aparte, y los niños en otra.


A todos nos pareció correcto, y así lo hicimos. Nos instalamos, y Victoria nos pidió a Jack y a mi que fuesemos a comprar comida para unos cuantos días.


-Necesitaremos un coche.- dijo Jack.


-Todo a su tiempo. No vamos a despilfarrar todo el dinero hoy.- respondió Christian.


-Pero, ¡no vamos a poder con todo!- protestó el rubio.


Finalmente no compramos ningún coche, y Jack y yo compramos mucha comida en un supermercado cercano. Durante el trayecto estuvimos hablando sobre la Tierra y aprendí todo lo que pude mientras estábamos fuera. Cuando volvimos a casa, Victoria y Christian estaban limpiando, y los niños durmiendo en un sofá.


Por la noche cenamos una ensalada y nos fuimos a dormir. Y así fue mi primer día en la Tierra, un lugar bonito en algunos aspectos y feo en otros. No utilizaban magia, utilizaban tecnología, como comprobé con los electrodomésticos que había en la cocina.


Me metí en la cama y pronto me dormí. El día de hoy había sido muy excitante, pero espero tranquilidad en los próximos años.

Llamaron a la puerta. Era una tarde nublada pero sin lluvia. Victoria, Eva y yo estábamos en la casa de Victoria preparando la cena. Me acerqué a abrir y Jack y su hijo me saludaron. Victoria también vino y le dio un beso a su marido.

-Hola. ¿Qué tal?- saludó Victoria.

-Bien.- respondió Jack.- ya lo hemos encontrado.

-¿Sí? ¡Me alegro! ¿Dónde? ¿Cerca de aquí? ¿Es bueno?

-Es un colegio no muy lejos de aquí, hay que ir en coche pero son diez minutos. Los profesores tienen cualidades más que suficientes, es bilingüe y poseee una muy buena reputación. Lo único malo es que es bastante caro: cien euros al mes.

-El dinero no importa ahora mismo. ¿Y para ti? ¿Has encontrado algo?

-Me he acercado a unos recreativos y he investigado por internet un poco. He encontrado un trabajo como veterinario aquí, en Madrid, que pagan bastante bien. Como no tengo un certificado de aprobado en la ESO ni de la universidad no me han aceptado, pero les puedo demostrar todo lo que sé acerca de animales en un examen dentro de un mes. Me enviarán lo que hay que estudiar al buzón dentro de dos días más o menos.

-¡Eso es estupendo!- excamó Victoria.-bueno, vamos a cenar que ya está puesta la mesa.

Así Jack y yo nos sentamos mientras Erik corría hacia Eva, que estaba tumbada en el sofá, y la despertó y la animó a acercarse a la mesa.

-¡Edik!- dijo la niña.- no me despiedtes así.

-¡A cená!¡Ya tendgo cole!-
respondió el rubio.

Los dos niños se acercaron a la mesa y Victoria nos sirvió una ensalada mediterránea. Cenamos mientras Erik berreaba porque no le gustaba la comida y finalizamos con una fruta. Ayudé a Victoria a recoger la mesa mientras Jack se sentaba en el sofá con Erik y Eva a ver la tele.

-Victoria, hace ya unos días que estamos aquí, y querría preguntarte algunas cosas.- comencé.

-Sí, dime.- respondió ella.

-Una, que mis padres habrán lanzado una orden de búsqueda por todo Idhún para encontrarme, y dos que no sé donde están Shail y Zaisei y me preocupa su posición desconocida.

-Por la primera cosa no te preocupes, y además está enlazada con la segunda. Shail y Zaisei vinieron hace unos días mientras tu estabas fuera con Jack y Erik y me agradeció el hecho de que les salváramos de la muerte en Limbhad.

-Es decir, que fuiste tú el que los hizo desaparecer, no se fugaron así porque sí.

-Conozco lo suficiente a Shail como para saber que él jamás abandonaría a sus amigos. Bien, sigo; y tras venir me dijeron también que volverían a Idhún y vivirían una vida en el anonimato. Me acordé de tu caso, y le pedí que cuando regresara avisara a tus padres de dónde estás.

-¿Cómo? Si no sabes quiénes son ni cómo son.

-Yo le dije que seguramente te estarían buscando, así que cuando viese la noticia de búsqueda que se relacionase con tus padres y le contaran tu posición.

-Ah, vale. Pues gracias por la información.

-De nada.- sonrió ella.- y ahora sentémonos hasta que sean las nueve y media o así y llevemos a los niños a dormir.

Yo sonreí a su vez y me acerqué al sofá donde Jack, Erik y Eva estaban viendo la tele.

-Por cierto,- me dijo Victoria- esta noche, Jack y yo queremos... intimar, después de mucho tiempo sin hacerlo, y nos gustaría que nos dejases a solas, es decir, que fueras a dar un pequeño paseo y a conocer más Madrid.- se estaba poniendo roja por momentos.

-Vale.- reí yo.- tampoco hagáis mucho ruido que a los niños les puede molestar.

-También te pido que por favor te los lleves esta noche en tu paseo.- me pidió ella.

Esto es, que Jack iba a intimar con Victoria mientras yo me llevo a sus hijos a dar un paseo para que no se enteren de las necesidades paternas. Pues muy bien, oye, un gran plan. Pero, no tenía nada que hacer, así que acepté.

-Muchas gracias, Jaenor.- sonrió ella, y me dio un beso.

Ese acto me sorprendió, pero me gustó mucho. Noté cómo todo el vello de mi cuerpo se erizaba poco a poco. Sonreí, asintiendo un poco tontamente, y me llevé a los niños a dar un paseo, ante la agradecida mirada de Jack y Victoria.

-No tardaremos mucho.- me dijo ella en modo de despedida.- estate aquí en unos... diez minutos.

-Vale.- respondí yo.

Y me marché con los niños.


VARIOS DÍAS DESPUÉS


Jack y Victoria se llevaron una sorpresa cuando ella notó algo raro en su vientre.

-Jack, estoy embarazada de nuevo.- dijo ella.

Ambos se miraron sonriendo y se fundieron en un cálido abrazo.

-¡Enhorabuena!- les felicité yo.

Al parecer aquella noche pasional de hacía algunos días había dado sus frutos, y Jack y Victoria esperaban un nuevo bebé. También, Erik había comenzado las clases en aquella escuela de prestigio y Jack había conseguido el puesto de trabajo como veterinario. Todas las mañanas se lo llevaba al colegio y luego él acudía al trabajo. Se habían comprado un buen coche, que solo utilizaba Jack para realizar la compra, llevar a Erik al colegio y otras cosas. Christian, además, estaba en proceso de componer otra canción, una balada a los ojos de Victoria. Venía a Madrid tres días a la semana, martes, jueves y sábado, y aprovechaba para pasar un buen rato especialmente con su mujer y su hija. Todo funcionaba con normalidad.

VARIOS MESES DESPUÉS

-¡Buaaa!- ya estaba otra vez. Erik estaba llorando como llevaba haciendo cadatres noches desde hacía unas semanas, y en ese momento su padre se levantó paracalmarle.

Yo estaba en la habitación contigua, pero no me importaba. Dormía de un tirón,y Jack lo haría si no fuese porque su mujer lo despertase para ir a calmar a suhijo. Miré el despertador. Eran las tres de la mañana, aún me quedaban seishoras para levantarme, así que retomé el sueño hasta que el sol apareciese enla bullida ciudad de Madrid.

A las nueve de la mañana me levanté, un tanto perezoso pero sin estar cansado,y tras lavarme la cara fui a la cocina a prepararme el desayuno. Allí seencontraban Victoria y Christian, junto a sus dos hijos. Jack vino cincominutos después de mi, y recibió el mismo saludo por parte de Victoria que yo,pero en diferente parte. A mi me dio un beso en la mejilla mientras que a él selo dio en los labios.

-Buenos días.- saludó Victoria.

-Hola.- respondimos Jack y yo.

Cuando cogí una taza para prepararme la leche noté que algo me agarraba delpantalón y bajé la vista para ver lo que era, y sonreí al reconocerlo.

-Hola, Erik. Hola, pequeño.- saludé.

-Hola, Jaenor.- respondió él, sonriente.

Me hice el desayuno con dos buenas tostadas y una taza de leche. Más tarde,tras arreglarme completamente, cogí el abrigo, pues estábamos en esa época deotoño cerrado y frío, y acompañé a Jack y a su hijo a la escuela. Cuandosalimos nos encontramos con Christian, que iba a grabar su canción Beyond para la radio, y se despidió de nosotros con unfrío adiós. Al llegar al colegio y dejar a Erik, Jack también se fue a trabajary yo volví a casa caminando, pues ya me sabía el camino desde hacía meses.

Durante el trayecto de vuelta me di cuenta de que la temperatura bajaba poco apoco y eso me extrañó, pues el clima terrestre no era así. Me di cuenta mástarde de lo que ocurría y mi corazón comenzó a acelerarse y también empecé asoltar adrenalina cuando me di cuenta de lo que ocurría.

Un shek, una de esas criaturas tan letales que vivían en Idhún, andaba cerca demi posición. ¿Qué hacía allí, en medio de una ciudad de un mundo que no era elsuyo? Una vez la Tríada me contó que un grupo de serpientes aladas habitaba enla Tierra, pero muy lejos de nuestra casa, por lo que había muy pocasprobabilidades de que un shek se acercara a Madrid. Bien, ahora acababa deocurrir una de esas remotas probabilidades.

Miré de lado a lado tratando de buscar la figura de la serpiente pero no vinada. Noté que algo se acercaba muy peligrosamente por detrás y me giré paraver cómo un enorme cuerpo verde y unas gigantescas fauces mortíferas seaproximaban y escuché la llamada de la muerte, pero la comunicación se cortócuando otra figura, esta vez dorada, se interpuso entre el shek y yo.

Nunca había visto a Jack metamorfoseado en dragón, pero espero que esta no seala última. Ambos seres majestuosos peleaban con ferocidad en el aire y,finalmente, tras tres ataques letales por parte del dragón, en el último soltóuna gran bola de fuego de sus fauces que dio de pleno en el cuerpo del shek que, con un chillido agónico y escalofriante, se precipitó al suelo provocandoun fuerte ruido. Jack se metamorfoseó en humano de nuevo y me miró conseriedad.

-¿Jack?- pregunté preocupado.

 

 

 


El chico no respondió pero con un gesto ordenó callarme. Poco después, habló con seriedad.


-Los sheks no deberían estar aquí. No sé que hacen por esta zona, pero me preocupa bastante. Creo que han notado nuestra presencia en la Tierra, pero al ver que seguimos fuertes y resistentes, no creo que gasten sus tropas tan pronto: esperarán a que pase el tiempo. Los sheks son muy pacientes. Bueno, ¿ves a toda esa gente de allí?- preguntó cambiando de tema.


Observé con atención a una multitud de personas que se habían agrupado en torno al shek muerto, entre atemorizados y curiosos. Había alguno que incluso sacó su móvil para hacer fotos. Asentí a la pregunta de Jack, que era un poco obvia.


-Christian ha detectado mi petición de venir aquí y ha aceptado, no tardará en llegar.- dijo él.


Efectivamente, en menos de un minuto noté que la temperatura volvía a bajar, pero no tan drásticamente como antes. La presencia de Christian provocaba una corriente momentánea de aire frío, y una temperatura inferior respecto a la de anteriormente. Jack le miró y ambos se entendieron sin necesidad de hablarse. El hombre de los ojos azules se acercó a la gente, que le miraban con temor, y uno a uno fue haciéndoles caer al suelo simplemente con su mirada. Cuando terminó, miró de nuevo a Jack y desapareció llevándose a todas las personas consigo.

Christian había desaparecido con todas laspersonas. Realmente, después de tanto tiempo me parecen increíbles lascapacidades que poseen las tres personas que me acompañan. Jack me miróesperando explicaciones, y yo le conté lo que sabía.

-Después de que te fueras, regresé a casa y la temperatura descendió hasta queme topé con un shek. Cuando pensé que iba a morir, apareciste tú y le mataste.Te doy las gracias por ello.

-De nada. Vamos a buscar a Christian, pues seguramente él sepa algo más quenosotros acerca de lo que acaba de ocurrir.

Comenzamos a caminar, buscando a la gente que se había llevado, yendo calle porcalle hasta que les encontramos dos manzanas más adelante. Todas las personasestaban confundidas, excepto una. Cómo no, Christian. Cuando nos vio se acercóa nosotros sigilosamente, y cruzó los brazos esperando una explicación. Éltampoco comprendía que hacía un shek en medio de Madrid, por lo que le contémás o menos lo mismo que a Jack.

-Después de dejar a Erik en el colegio, caminé de vuelta a casa pero empezó a hacer frío paulatinamente y supuse que ese no era el tipo de clima terrestre por lo que solo podía ser un shek o algo parecido. Me atacó y cuando vi la muerte en sus ojos Yandrak apareció y tras varios ataques acabó con él. Ya sabes el resto.

 


Christian masajeó su barbilla, pensativo, pero tras unos segundos pareció dar con la respuesta.


-Creo que tras este ataque por sorpresa se encuentra Ziessel. Ha notado nuestra llegada a la Tierra y ha enviado a un shek kamikaze a investigarnos y atacarnos. Seguramente habrá notado su muerte, y sabrá que aun seguimos fuertes, por lo que esperará a que nos debilitemos, cosa que sucederá si no nos entrenamos ni nos transformamos cada cierto tiempo.


-¿Y qué propones?- preguntó Jack.


-Ziessel esperará el momento suficiente para atacar. Por eso tarde o temprano debemos volver a Idhún. Quizá cuando los niños crezcan. Ahora voy a engañar a estos humanos. No sabrán que hacen aquí, pero irá cada uno a su casa.


Volver a Idhún. Qué extraño se me hace después de tanto tiempo en la Tierra.


-¿Cuándo volveremos a Idhún?- pregunté yo.


Christian me miró como si le molestara que le dirigiese la palabra, pero me habló como si yo fuese un necio.


-Tarde o temprano.- respondió simplemente.


Jack decidió intervenir y trató de cambiar de tema.


-Antes les he visto que hacían fotos con sus móviles. ¿También las has borrado?


-Sí.- respondió Christian.


Jack me miró y me preguntó si quería volver solo a casa.


-Como veas.- respondí yo.


-Te irás solo a casa. No creo que otro shek aparezca hoy, pero por si acaso estaremos atentos.- dijo Christian.


Asentí y me di media vuelta de camino a casa. Oí a Christian decirle a Jack <> antes de perder todo contacto con ellos.


Cuando llegué llamé al timbre y a los seis segundos me abrió Victoria, sonriendo, con Eva de la mano. Su vientre estaba ya de cinco meses y se notaba que estaba embarazada.


-Hola, Jaenor. ¿Qué tal?


Me dio pena borrarle la sonrisa de la cara, pero el tema que traía era demasiado importante.


-Mal.- respondí.


-¿Por?- preguntó ella.


-Sheks.


Victoria me miró asombrada, pero asintió lentamente.


-Me temía algo parecido.- dijo.- percibí el mensaje de Christian mediante Shiskatchegg. Intuí que había peligro, pero no me imaginaba que fuese por un shek. Ni de lejos.


-Bueno, aquí me siento seguro. ¿Quieres que te ayude en algo?- pregunté.


-No, gracias.- respondió ella.- vamos a sentarnos un poco.


-¿Y tú? ¿Qué tal estáis vosotras?


-Eva bien, ¿verdad?- miró a su hija pequeña, que sonrió levemente.- y Laura no está molestando mucho.- dijo tocándose la barriga.- Yo estoy bien si los demás os encontráis bien.


Sonreí y nos sentamos en el sofá. Cuando Victoria quiso encender la televisión, un fuerte ruido salió de ella, que asustó a Eva y comenzó a llorar.

 


-Erik.- masculló Victoria.


Cogí el mando y bajé el volumen mientras la mujer trataba de calmar a su hija. Cogí un peluche que había en un silón y se lo di a Eva, que dejó de llorar y lo abrazó.


-Gracias.- me dijo Victoria.


Yo sonreí otra vez y me puse a ver la tele, pero al poco tiempo los tres dormimos una pequeña siesta. Más tarde vendrían Jack y Christian con nuevas noticias: volveríamos a Idhún en diez años, cuando Erik tuviese trece. A Victoria no le agradó mucho la idea de volver a un mundo donde les querían matar, pero no puso objeciones.

DIEZ AÑOS DESPUÉS

Aquel día era el cumpleaños de Erik, que cumplía los trece, y una gran sonrisa se podía ver en su rostro. La celebración comenzó alrededor de las cinco de la tarde, cuando todos habíamos descansado tras una comida compuesta por macarrones y croquetas. En el salón había globos colgados y un cartel que decía <> en multicolor.

Por la mañana Victoria y yo habíamos ido a comprarle un libro. Erik ya se encontraba en la ESO y Eva un curso menos. Laura estaba a punto de acabar primaria. Jack tenía treinta años, Christian treinta y dos, Victoria veintinueve y yo veinticuatro. Los tres estudiaban en el mismo colegio, pero tenían distinta popularidad. El niño era querido por varias chicas de su clase, pero aun no tenía una novia seria. Estudiaba y en los exámenes su calificación media giraba alrededor al siete.

La hermana más pequeña era una rubia de ojos marrones muy guapa y sociable, aunque sus notas rondaban en torno al seis. Más diferente a ellos dos era Eva, que era una chica introvertida y un tanto gótica. El uniforme solo era obligatorio en días de fiesta, poseía un color verde hierba. El resto de los días vestía siempre de negro. Tenía un collar en forma de serpiente alrededor de su cuello, cortesía de su padre, aunque ella aun no conocía su propio gran secreto.

Sus calificaciones habían hecho considerar a los profesores de la escuela ascenderla de curso, pero Eva no aceptó porque quería "tener cada cosa a su tiempo". Era también muy guapa, pero los chicos no se la acercaban por miedo a que les ocurriese algo malo, aunque ella siempre les trataba cortésmente. Tenía pocas amigas, pero para ella suficiente.

La tarta era de chocolate, y primero Erik prefirió abrir los regalos. Tenía varios libros, incluido el mío, dos camisetas y dos videojuegos, que le había regalado su padre. Todos nos reunimos en torno al pastel y cantamos el cumpleaños feliz. El niño sopló las velas... y yo estallé en llamas.

Os preguntaréis, seguramente, cómo pude acabar rodeado de fuego cuando nunca, tras soplar varias velas, puedes quemar a alguien. La respuesta vendría más tarde, cuando todo se tranquilizó un poco. Mientras tanto, Victoria gritó asustada y Christian y su hija se alejaron de mi. Jack corrió a por una botella de agua y Erik y su hermana pequeña me miraban aterrorizados.

Sentí un chorro salvador de agua fría y noté como mi cuerpo dejó de arder, pero continuaba escociéndome la piel, y seguía gritando de dolor. En medio de mi tormento logré oír a Victoria decirle algo a Jack y Christian.

-¡Llevaos a los niños fuera!

Ambos asintieron y nos dejaron a solas a la mujer y a mi. Yo ya no chillaba pero seguía gimiendo de angustia, y Victoria se acercó a tranquilizarme.

-Ssh, tranquilo, te voy a curar.- me susurró.

Yo la observé borrosamente debido a las lágrimas, pero no dije nada. Vi que acercaba sus manos hacia mi cuerpo y al instante sentí una oleada de alivio y placer que nunca antes había experimentado. Finalmente aquel gustoso momento terminó y Victoria me ayudó a levantarme, sonriendo.

-¿Estás mejor?- preguntó ella.

-¿Mejor? Mejor... que nunca. Muchísimas gracias por lo que acabas de hacer. Pero, ¿qué acaba de pasar?

-Erik... el dragón parece haber despertado en él.- respondió Victoria.

Ella llamó a los demás, que entraron lentamente, pero al ver la sonrisa de la mujer se tranquilizaron. El más preocupado era Erik, que pensaba que había soplado demasiado fuerte las velas.

-Este chico nos traerá problemas.- comentó Christian por enésima vez.
Al rato siguiente estábamos los cuatro reunidos en una habitación. Los niños se habían ido a dormir, pues ya era tarde, pero nosotros estábamos debatiendo acerca de regresar a Idhún.

-Deberíamos decírselo a los niños.- comentó Jack.

-No, no. Aun es demasiado pronto, son muy pequeños.- protestó Victoria.

-Pero, tarde o temprano, Eva descubrirá su secreto y nuestro plan de vivir con normalidad se esfumará.- respondió Christian.

-¿Y por qué no Erik?- pregunté yo.

-Los dragones no tienen la suficiente inteligencia para darse cuenta de esas cosas.

-¿Estas llamando tonto a mi hijo?- protestó Jack.

Christian le miró desafiante, y su contrincante le devolvió la mirada. Ambos cogieron la empuñadura de sus espadas y parecieron estudiar desenfundarlas para pelear allí mismo.

-¡Basta ya, los dos!- gritó Victoria.- pensaba que con los años se os había pasado el instinto, pero veo que no. Como os vea preparados para luchar, no dormiré con ninguno de los dos durante un largo tiempo.

Esta amenaza recalcó en Jack, que soltó su empuñadura al instante. Christian tardó un poco más. Yo observaba la escena sin intervenir, pues era algo demasiado pequeño ante tales criaturas.

-Tengo que relajarme, tanto estrés con Idhún puede conmigo... ¡haced lo que queráis!- y tras decir esto, la mujer salió de la casa.

Yo me dispuse a acudir tras ella para tranquilizarla, pero me topé con una fina hoja de metal blanca y que desprendía una fuerte sensación a frío. La mano que la sujetaba pertenecía a Christian. Pero otra espada, esta vez roja, la retiró y la retó.

-Basta.- dijo Jack solamente.

Christian le miró aun sin comprender lo que quería hacer, pero luego entrecerró los ojos y se preparó para la lucha.

-¿No te das cuenta de que este humano nos va a traer problemas a todos?- preguntó Christian.

-Le hemos salvado, y no tiene a dónde ir. Si vas a matarle, tendrás que acabar primero conmigo.

-Tu orgullo de dragón puede contigo, Yandrak.- respondió Christian.

El chico moreno atacó primero, pero su espada fue repelida por la de su contrincante. Habían comenzado a pelear, y yo no podía hacer nada. Pero sabía de alguien que sí, y fui tras ella, esta vez para alertarla del peligro. Salí corriendo de la habitación pero Christian se interpuso en medio, dispuesto a matarme. Por suerte, Jack le cogió fuerte de la cazadora negra y lo retiró de mi camino.

-¡Si vas a pelear, hazlo con alguien de tu nivel!- le gritó.

Aproveché la ocasión para salir corriendo de la habitación y buscar a Victoria, que suponía que estaba en el bosque. Por el camino me encontré con los tres niños, que se debían haber despertado a causa del alboroto.

-Jaenor, ¿qué pasa?- preguntó Erik.

-Nada, volved a vuestras camas y no salgáis.

Me obedecieron y regresaron a sus habitaciones, pero Eva se me quedó mirando esperando otra respuesta, que nunca llegó. Me quedé fascinado al ver sus ojos azules pero me di cuenta de qué tenía que hacer y seguí mi camino.

Cuando llegué al bosque, en un principio no vi a Victoria, y la llamé esperando oír su respuesta. Corrí alrededor de tres árboles hasta tropezar con un tronco que estaba en el suelo, y al que no había visto.

Lo que me asustó no es la caída posterior, sino una sensación diferente a la usual. En vez de sentir una sensación de caída, noté una de energía. Energía brotando espontáneamente desde mi brazo, recorriendo todo mi cuerpo hasta la punta de los pies. Energía demasiado fuerte para poder soportarla, pero demasiado bonita para dejar de notarla. Había cerrado los ojos, y cuando los abrí me encontré con una figura femenina que estaba con las manos sobre la boca en señal de culpabilidad.

-¿Jaenor?- preguntó la mujer.

No respondí, pero acerqué la mano izquierda al hombro derecho, donde me había dado el golpe. La sensación de que el brazo ya no me dolía me sorprendió hasta el punto de mirar el rostro de Victoria buscando una explicación, pero una cara detrás me la resolvió. El hombre de los ojos azules y el de los ojos verdes habían llegado allí, y me miraban junto a la mujer de los ojos marrones.

-Archimago. Parece mentira.- comentó enfadado Christian.

-¿Eh?- se me ocurrió simplemente preguntar.

Victoria enrojeció y trató de buscar una explicación algo más desarrollada.

-Eres un Archimago, Jaenor. Aquellos que sorprenden a un unicornio sin quererlo reciben una cantidad de magia superior a la de un mago normal. Nunca había pasado, pero en mi esencia de unicornio sé que eso es lo que ocurre cuando sorprendes a un unicornio sin desearlo aquel que lo hace.

Yo la miré, asombrado, intentando conectar mis ideas y buscando alguna solución, pero que nunca llegó. Sentí que me faltaba el aire y dejaba de ver. Lo único que pude oír antes de desmayarme de la sorpresa fue "¡Tenemos que ayudarle! ¡Llevadle a...!"

Después, silencio.

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Nota de autor: sé que muchos os sorprenderéis ante la manera de alcanzar la magia del personaje del fic y protestaréis por dicha forma, ya que bajo ningún concepto puedes sorprender a un unicornio, pero tengo una explicación a ella que os puede resultar más "realista" que espero que os resulte mejor. La única "pega" esque está al final del fic, y solo allí obtendréis la respuesta. Una pista: ¿qué no está al alcance de los dioses? :)

Abrí los ojos, muy cansado y aturdido, y miré a mi alrededor. Me encontraba tumbado en el sofá del salón, y me observaban preocupados la Tríada y sus hijos. Parecían haber estado hablando, por que quedaron en una última palabra antes de callar.

-...Awinor.

Miré a Victoria, confuso, pues todo lo relacionado con Idhún era tabú en presencia de sus hijos. Pero no fue ella la que me respondió, sino su hijo, aunque lo hiciese indirectamente.

-Conque Idhún, ¿eh?

Observé los rostros de la Tríada esperando una explicación, la cual llegó a través de los ojos de Jack, que lo decían todo: se lo habían tenido que contar. Traté de levantarme con esfuerzo hasta que, tras dos intentos en vano, a la tercera pude ponerme de pie.

-¡Somos la mini-Tríada!- soltó Laura.

Esbocé una pequeña sonrisa ante lo que había dicho la pequeña, pero la reprimí al ver el rostro preocupado de Victoria.

-Soy un Archimago.- pude decir.- Así, porque sí. ¿Eso es malo, de la manera en que yo lo he hecho?

El semblante enfadado de Christian me dio la respuesta, y yo comprendí que lo que había hecho podía ser uno de los crímenes más graves que podía haber en Idhún. Yo era una persona muy tranquila y sociable, pero sobre todo buena y noble, por lo que al saber que lo que había realizado era malo, comencé a llorar.

-¡Buaa! ¡Lo siento! ¡¡LO SIENTO, LUNNARIS!! ¡Perdóname!... no, no merezco que me perdones, ¡mátame, por favor!- grité con toda la impotencia.

Pero el gesto de Victoria fue diferente al que me imaginaba. En vez de golpearme, me rodeó con el brazo y me tranquilizó con unas palabras.

-No pasa nada, Jaenor. Eres ahora una parte de mi, y yo me siento orgullosa de que seas tú.- dijo con una sonrisa.

Cerré los ojos y sollocé en silencio. El acto de la mujer era bastante diferente al que yo me pensaba, pero era bueno y agradable.

-Me siento un grosero, Victoria. No merezco que me trates así, ni me respetes.- susurré.

-No digas eso, Jaenor.- respondió ella.- yo te trataré y te respetaré de la mejor forma que pueda. Además, contigo de mago... de archimago, podemos volver a Idhún.

La miré extrañado, pero asentí.

-¿Regresamos a Idhún? Quiero volver a ver a mis padres.

La Tríada giró la cabeza y miró al suelo disimuladamente.

-Esque no tenemos abuelos.- comentó Erik.

Es cierto, recordé. Esos niños tenían ocho abuelos, y sin embargo no les quedaba ninguno.

-Lo... lo siento. No recordaba que habíais perdido a todos vuestros padres.

Esta vez fue Jack el que sonrió y me tocó la espalda, tranquilizándome.

-Sí, volvamos a Idhún, ¿verdad, Victoria y Christian?

-Sí.- respondieron ambos.

Poco después, tras recoger algunas cosas imprescindibles y comida, Christian nos ordenó a todos que nos alejásemos de él, y le obedecimos sin contradecirle. Se dispuso a dibujar un portal el cual yo conocía, pues era el que relacionaba la Tierra con Idhún. Volvíamos a mi mundo. Como decía Chris Tara en su canción Beyond: Do you dare to come with me, to the place where we belong?

Después de unos minutos, el hombre de ojos azules se retiró y el portal comenzó a brillar. Nos miró y nos invitó a cruzarlo. Él pasó primero. Más tarde le siguieron Jack y su hijo, que estaba entusiasmado por regresar a Idhún, de donde provenía. Eva y Laura continuaron el viaje. Eva era totalmente idhunita, y Laura era completamente terrícola, por lo que para esta última iba a ser un terreno sin explorar.

Por último, Victoria me miró, sonriendo, y me tendió la mano. Me invitaba a regresar a Idhún. Yo acepté, contento, y me dispuse a cruzar el portal junto a la persona que me había concedido la magia para volver a ver el mundo de los tres soles y las tres lunas.

Después de todo este tiempo.
Al despertarme, tres caritas sonrientes me miraban mientras tres figuras oteaban el horizonte, bañados por la luz del sol. No, un sol no. Tres. Abrí la boca incrédulo, y me entusiasmé ante tal asombrosa vista diciendo, emocionado:

-Idhún... Evanor, Kalinor, Imenor... ¡Evanor, Kalinor, Imenor!

Hacía tanto tiempo que no pisaba mi tierra, y sus características, que estaba muy feliz. Me levanté, pues me encontraba en el suelo tras el viaje interdimensional, y me reí durante unos segundos. Saludé a los niños, que también estaban entusiasmados, y me acerqué a la Tríada, que aunque no se giraron para verme, sabía que me prestarían atención.

-Alis Lithban, el hogar de los unicornios.- dijo Victoria.

-Es muy bonito. Ojalá volviesen sus moradores y lo hiciesen reflorecer.- respondí.

La mujer asintió lentamente, nostálgica, pero luego se giró y sonrió.

-Aun así sigue bello.

Yo sonreí a su vez, y continué observando detenidamente mi mundo.

-¡Queremos conocer a Shail y a Zaisei!- gritó Erik, y sus hermanos asintieron.

-De acuerdo. Ahora no os asustéis, pues me voy a transformar.- respondió su padre.

-Yo también.- respondió Christian.

-¿Estás seguro, Christian?- preguntó Victoria.- recuerda que aquí tienes orden de caza.

El hombre pareció meditar sus palabras, pero negó alegando:

-Jack no podrá con todos. Además, hace mucho que no me transformo. Me vendrá bien.

Así pues, el hombre rubio y el moreno se alejaron lo suficiente de nosotros, y se metamorfosearon lentamente en un dragón dorado y un shek, respectivamente. Decidimos ir Victoria, Erik y yo en el lomo de Yandrak, y en el de Kirtash se subieron Eva y Laura, que tiritaba de frío. Su madre se dio cuenta de sus problemas y le preguntó:

-Laura, cariño, ¿quieres que cambiemos?

La niña asintió y Victoria se dispuso a bajar cuando un ala dorada espontánea le cortó el paso. Yandrak no quería que la mujer descendiese de su lomo, pero esta sonrió y le regañó amistosamente <<¡Jack!>>. Observé la escena y decidí intervenir.

-Para, Victoria. Ya me bajo yo. ¿Cómo se realiza un hechizo de calor?

Victoria me miró y sonrió, volviéndose a colocar bien en el lomo del dragón.

-Bueno, a ver.

Me dijo algo en idhunaico arcano y comprendí que quería que fuese yo el que realizase mi primer conjuro. Estaba muy emocionado, pues era el primero, y eso no se me olvidaría jamás. Pronuncié las palabras y noté que mi cuerpo fue calentándose poco a poco, pero no de un calor sofocante, sino de uno agradable. Finalmente la mujer creó un agujero translúcido entre el dragón y yo, y ordenó a Yandrak que actuara.

Este asintió y expulsó una llamarada hacia mi cuerpo. Al principio me alarmé, pero tras ver el rostro sonriente de Victoria me tranquilicé. No debía ser malo. El fuego traspasó el agujero y me golpeó de lleno, pero no ardí en llamas como horas antes, sino que el calor ascendió más aun. Quizá me encontraba a cuarenta grados, pero no estaba enfermo. La mujer y el dragón habían estado perfectos.

Ayudé a Laura a bajar del shek y, con ayuda de Victoria, logramos subirla al dragón. Yo me alcé al cuerpo de Kirtash. Al principio noté frío, pero inmediatamente se me pasó. La serpiente siseó, ofendida, y noté que penetró en mi mente.

"Estás muy caliente. Demasiado caliente"

Muy pocas veces había hablado mentalmente, pero me parecía mejor que hablar oralmente. Aun así solo podía hacerlo con Christian, lo cual no me agradaba demasiado. Alzaron el vuelo y tuve que agarrarme porque noté que me caía, aunque finalmente pude sostenerme correctamente. Era una sensación bonita, pues notaba cómo el aire golpeaba constantemente mi rostro, pero no me preocupaba. Más bien, me gustaba.

Por el camino hacia la casa de Shail y Zaisei, nos encontramos con dos Nuevos Dragones, que al ver al shek, no dudaron en atacarlo. Kirtash cedió al combate, y contraatacó con un chillido. Como fue rápidamente, Eva y yo no estuvimos preparados, y nos precipitamos al suelo. Por suerte, Yandrak fue ágil y se colocó debajo de nosotros. La caída fue apenas de un metro y medio. Victoria y Erik nos ayudaron a colocarnos correctamente, mientras todos observábamos la batalla que se libraba entre tres fantásticas criaturas.

Una de ellas había caído, pero se trataba de un dragón, que tenía un ala quebrada y dos hendiduras en su cuello. El otro dragón, al observar el enorme potencial de la serpiente, no se lo pensó dos veces y trató de huir, pero Kirtash estuvo veloz y lo cazó a veinte metros, asfixiándole y provocando la muerte del piloto. Volvió hacia donde estábamos todos y notó que estábamos serios, excepto su hija, que sonreía.

"Si no les mato a ellos, ellos me matan a mi"

Continuamos serios, menos Eva, que gritó:

-¡Bien, papá!

Christian se metamorfoseó en humano, pues estábamos en tierra firme, y Eva acudió a sus brazos. Jack, que también cambió su forma, le espetó:

-Bien hecho serpiente. Ahora todo el mundo sabe que hemos llegado a Idhún.

El otro hombre respondió desenvainando su espada, y Jack correspondió desenfundando la suya. Victoria, alarmada, susurró a mi oído unas palabras en el idioma mágico, que yo no comprendí su efecto pero aun así las formulé, alzando los brazos. Cuando Jack y Christian, envueltos por su odio ancestral, se dispusieron a luchar, se encontraron encerrados en dos bolas mágicas transparentes, quizá irrompibles. Ambos hombres chocaron contra ellas, y miraron confundidos a su alrededor, pero finalmente sonrieron y soltaron sus espadas. Victoria sonrió y me ordenó retirar el hechizo, por lo que junté las manos y las bolas desaparecieron.

-Ahora ya no podréis luchar en su presencia.- dijo Victoria.

-Vas a ser un gran mago, Jaenor.- comentó Jack.

Yo sonreí y me rasqué la cabeza, avergonzado ante tales halagos.

-Pues, ahora que conocemos el poder de Jaenor, ¡podemos llegar enseguida a Celestia! Ven aquí, te voy a decir otro hechizo, y así vas aprendiendo. Me susurró el otro hechizo y me comentó que se trataba del de teletransportación.

-¿Sabes cómo es Celestia, verdad?- preguntó ella.

-Claro.- respondí.

-Bien, juntaos todos a Jaenor.- ordenó Victoria.

Noté que gran cantidad de manos se agarraban a mi, y la mujer me dijo que ya estábamos preparados. Me dio un beso en la mejilla y me animó a realizar el hechizo.

-Lo harás bien.

Me sonrojé y asentí. Enseguida noté que todo daba vueltas y el hermoso Alis Lithban desapareció en un remolino de imágenes.

Aparecimos en Rhyrr, la capital de Celestia, y asustamos a algunos celestes con nuestra llegada. Recordaba que la ciudad había sido arrasada por Yohavir, pero parece que después de muchos años habían logrado recuperarla. Aun se veían algunos edificios derrumbados, pero por lo demás todo estaba en buenas condiciones.

-Dama Lunnaris, señor Yandrak, señor Kirtash.- nos saludó un celeste.- es un placer veros de nuevo por la tierra de Idhún.

-Muchas gracias por el recibimiento, amigo celeste.- respondió Victoria.- nos gustaría saber dónde viven Shail y Zaisei.

El celeste asintió y nos señaló un camino hacia una casa parecida a la de Limbhad. No sé donde vivía antes la pareja, pero podría haberse mudado allí. Victoria bajó la cabeza agradecida y nos siete nos dirigimos hacia aquella morada, que estaba rodeada de un aura mágica. Al llegar, un graznido nos sobresaltó, y descubrimos quien lo había producido. Un pájaro haai nos saludaba, y Laura, acompañada de su madre, se acercó a él y le acarició, mientras el animal arrullaba agradecido.

Al poco tiempo un hombre con una túnica salió del interior de la casa, y mostró un rostro de sorpresa al comprender quién había ido a su hogar. Victoria se giró y le miró, con lágrimas en los ojos. Dejó a Laura con el haai y corrió a los brazos del hombre, sonriendo.

-¡¡SHAAIIL!!- exclamó ella cuando le abrazó.

-Hola, Vic. Me alegro de volver a verte.
Shail, tras abrazar con cariño a Victoria, se acercó al resto de nosotros y nos saludó. Primero, a Jack, a quien recibió con un fuerte apretón de manos. No pasó lo mismo con Christian, a quien saludó con una pequeña reverencia. Finalmente, me prestó atención y,como no me conocía apenas, miró a Jack para pedir información.

-Se llama Jaenor. Está con nosotros desde que nos exiliamos, y se ha convertido en un fuerte aliado.

Shail asintió y con una sonrisa me tendió la mano, que yo agarré en señal de saludo. Pero, al tocarnos, pareció recibir una descarga eléctrica y soltó la mano de inmediato, horrorizado y maravillado a partes iguales.

-¿Cómo... cómo rebosas tanta magia?- preguntó.

Al decir eso bajé la cabeza y giré el tobillo disimuladamente, pero no pude aguantar las lágrimas del recuerdo de mi crimen. Shail me miró preocupado, tratando de comprender qué había hecho mal, pero Victoria se acercó a mi y me abrazó con fuerza.

-¿Pero qué...?- dijo el mago.

Antes de que yo pudiese responder, Victoria le explicó:

-Jaenor es un Archimago porque me ha sorprendido inconscientemente, y el torrente de magia ha aumentado notablemente respecto al de los magos normales.

Shail me miró ofendido y yo bajé la cabeza en señal de culpa, aunque yo en realidad no había hecho nada malo, pero Victoria se interpuso entre los dos y miró al mago, pero no había odio ni desprecio en sus ojos, sino un brillo de emoción y protección.

-No, Shail, no le hagas nada. Lo hizo sin querer, y lo hecho, hecho está. Jaenor es un Archimago, y además será un gran aliado cuando aprenda a utilizar su poder.

-Bueno... cambiando de tema, ¿cuáles son las noticias de Idhún?- nos sobresaltó a todos Jack.

-Entrad a mi casa y os contaré.- respondió Shail.

Todos asentimos y entramos junto al mago. En el interior, noté que una persona se acercaba a nosotros y más tarde descubrí que se trataba de una celeste, que nos miraba soprendida y emocionada.

-Bienvenidos a nuestra morada.- saludó.

Victoria, que había estado eufórica con Shail, también lo estuvo con Zaisei, a quien saludó y abrazó con afecto.

-¡Zaisei!

-¡Victoria! ¿Qué tal? ¿Qué tal todo? Hace mucho que no sabemos de vosotros...

-Bien, aquí estamos todos. La Tríada y nuestros hijos, a quien os presentaremos en unos minutos. Él se llama Jaenor, quizá le recuerdes de Limbhad, cuando nos atacaron Qaydar y Covan. Vive con nosotros desde entonces. Por cierto, ¿nadie se ha dado cuenta de que estáis aquí de nuevo?

-Sí, pero nos han dejado en paz al ver que no estamos afiliados con vosotros.- respondió el mago.

-Encantado, Zaisei.- saludé a la celeste con dos besos.

-Es un Archimago.- explicó Victoria.

Zaisei me miró extrañada y yo volví a bajar la cabeza avergonzado, pero la celeste comprendió lo que había hecho, dado su gran poder de empatía. Aun así, me preguntó:

-¿Por qué estás triste, si eres un Archimago?

-Yo... yo le robé la magia a Lunnaris.

Victoria bufó y esta vez se enfadó conmigo, pero continuó defendiéndome ante la posible ofensa de Zaisei.

-No, no me la robó. Me sorprendió sin quererlo y le entregué la magia por error, pero aun así nunca pretendería retirárselo. ¿Cuándo te vas a dar cuenta de que estoá muy orgullosa de que seas TÚ al que haya entregado la magia de esta manera? TÚ.- dijo señalándome.

Traté de tranquilizarme y lo conseguí poco a poco, cuando escuchamos una voz que provenía del exterior de la casa, una voz femenina.

-¡Mamá, ven!

-¿Qué pasa, cariño?- preguntó Zaisei.

-¡Veeen!

-Voy, Kaimei, voy.

En seguida comprendí que Kaimei debía ser la hija, o una de las hijas de Shail y Zaisei. Intrigado, acudí junto a la celeste para descubrir qué quería su hija, pero un fuerte olor a excremento entró por mis orificios nasales y tuve que retirarme. Zaisei se tapó la nariz con los dedos y acudió al interior de la habitación, mientras que yo salí al exterior, un poco mareado, junto a Jack y Erik.

Nada más ver la tierra idhunita, observé que unas figuras volaban hacia nosotros. Jack al principio sonrió, pero enseguida se puso serio y se metió en la casa. Mientras estaba dentro las siluetas fueron tomando forma de dragón, y comprendí las acciones de Jack.

-Oh, por los Seis. Otra vez no.
Tras conocer que los Nuevos Dragones habían descubierto nuestra posición, Jack se internó en la casa y salió de allí con Victoria, Shail y Christian, que se metamorfoseó en shek junto a Jack. Ambos alzaron el vuelo y se prepararon para combatir a los doce dragones que sobrevolaban Rhyrr.

Victoria se acercó a mi y me susurró otro hechizo, que tampoco sabía lo que significaba ni lo que provocaba, pero que lo formulé igualmente. Ella sonrió y se internó a buscar el báculo de Ayshel mientras yo dije el conjuro y observé que dos dragones se quedaron quietos en el aire. Yandrak se acercó a ellos lentamente, pero Kirtash fue a por ellos sin piedad. El dragón se interpuso y gruñó al shek, que le siseó muy molesto ante su acción.

-Vamos a conversar con ellos. Les decimos que no hemos hecho nada malo y que...

"Venían a matarnos, Jack. A matarnos"- respondió Kirtash en las mentes de todos.

Bastó con un gruñido provocador de uno de los Nuevos Dragones para que Yandrak se decidiese. Ambos, shek y dragón, atacaron a sus contrincantes que no tenían nada que hacer y les vencieron. Pero aun quedaban diez más.

Victoria, que estaba fuera con el báculo, ordenó a Shail que atacase y este formuló otro hechizo que dio a un dragón y lo convirtió en partículas. Dije de nuevo las palabras del conjuro de parálisis a otro enemigo que atacaba a Yandrak, pero por desgracia el dragón dorado se interpuso y le di a él por error. Cuando su contrincante se dio cuenta de la ventaja que tenía, atacó con garras y dientes pero Victoria estuvo más rápida que él y formuló el mismo hechizo que Shail, y el enemigo murió desintegrado.

-Jaenor, ¡deshaz el conjuro cerrando las manos!- ordenó ella, y yo obedecí.

Yandrak pudo moverse de nuevo y acudió a ayudar a Kirtash, que estaba luchando contra tres dragones al mismo tiempo. De repente me fijé en que un dragón rojo no atacaba a los nuestros, sino que volaba directamente hacia Victoria y yo. Me dispuse a formular el hechizo recién aprendido pero la mujer me detuvo.

-No. A ella no.- ordenó.

Asentí, intrigado, pues todos los Nuevos Dragones eran enemigos nuestros, pero no puse objeciones a su decisión. Antes de acudir junto al dragón rojo Victoria me dijo rápidamente un par de conjuros, que supongo yo que serían de defensa y de ataque, y se marchó junto al dragón que acababa de aterrizar a pocos metros de nosotros.

Yandrak y Kirtash estaban malheridos, pero seguían luchando por defender sus vidas y las de sus seres queridos. Solo quedaban tres. Kirtash atacó a uno de los dragones, pero otro aprovechó para lanzarle una llamarada de fuego. Por suerte, el shek la esquivo y consiguió romper la estructura del primer enemigo, matando a su piloto.

Por su parte, Yandrak mordió y arañó al dragón que había intentado asesinar a la serpiente, pero su contrincante lo esquivó, y yo decidí intervenir. Lancé un conjuro cuyo objetivo era el dragón enemigo y, aparte de paralizarle, lo convirtió en hielo y Kirtash, que había estado atento, lo aplastó entre sus anillos y lo mató.

Me di cuenta de que el dragón rojo se dirigía hacia mi, pero Victoria caminaba junto a él, por lo que no vendría a atacarme. Por desgracia, ese despiste me habría costado la vida, pues una llamarada se dirigía hacia mi proveniente del último dragón que quedaba y a punto estuvo de matarme, pero Shail estuvo rápido y la congeló. Yandrak se encargó de destrozarla entre sus garras. Pero el Nuevo Dragón no cesó en su deseo de matarme, y ataqué de nuevo.

Estaba tan nervioso y desconcentrado que mi contrincante esquivó mi conjuro ofensivo, me vio débil y vulnerable, rugió y me atacó con sus garras. Noté el rasgo de mi piel debido a sus patas y cómo una gran punzada de dolor recorrió todo mi cuerpo. Grité de dolor mientras caía arrodillado y ensangrentado al suelo, y cuando vi la muerte pasar por delante de mis ojos, el chillido salvador de un shek me salvó del último ataque del dragón.

No supe quién fue el vencedor en aquella veloz batalla, si Kirtash o el piloto, pues me desmayé del cansancio y del dolor.

Espero que hayamos salido vivos de esta.

No sabía dónde estaba, solo un dolorhorrible en las costillas donde las garras habían conseguido rasgar mi carnehumana. Al abrir los ojos, noté que otros de color rojo me miraban preocupadosy detrás de ellos iris azules, marrones y verdes, que estaban observándomeatentamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De repente noté una sensación cálida que recorrió todo mi cuerpo, y supe quealguien me estaba curando, pues esa sensación la había tenido antes. Moví lasmuñecas y me palpé el costillar pero no había dolor o herida en ellas. Me sentéen la cama y observé aquellos ojos colorados con interés.

-Hola, ¿quién eres?- pregunté a suportadora.

-Me llamo Kimara.- respondió ella.

Acercó su rostro aun más al mío ysusurró:

-La-que-vio-la-luz-en-la-oscuridad.

-Oh, ya sé quién eres. La Tríada meha hablado mucho sobre ti.

La semiyan rio y salió de la casa.Por el camino se encontró con Jack, y ambos intercambiaron algunas palabrasamigables. Detrás de él venían Victoria y Christian, que cojeaba. La Tríada seacercó a mi cama y me observaron. La mujer le dio un codazo a Jack y estecomenzó a hablar.

-Jaenor, hemos
hemos vencido.Gracias a ti. Bueno, en especial gracias a todos, pero tú casi te dejas la vidaen esta batalla. Debes aprender a usar tu poder

-Porque vas a ser un gran mago.-completó Victoria, sonriendo.

Observé a los tres y me sonrojéantes tales cumplidos. Aunque me habían curado, yo me seguía encontrando débil,y además las lunas asomaban por el horizonte, por lo que tomé una decisión.

 

-Muchas gracias por vuestraspalabras, pero ahora, si me permitís, deseo descansar, y creo que vosotrostambién.

Ellos asintieron y se marcharon asus habitaciones.

-Buenas noches, y que Irial osproporcione puros y luminosos sueños.- me despedí.

Ellos se rieron, y desaparecieron demi vista. Poco a poco cerré los párpados hasta que me quedé dormido.

Al día siguiente me desperté por elruido entre dos espadas. Temiéndome algo malo, me levanté rápidamente y acudíal lugar de la pelea, pero me tranquilicé al ver que nadie iba a resultarherido. Dos hombres de parecido físico pero de experiencia muy diferenteluchaban el uno contra el otro para tratar de desarmar a su contrario. Una figurafemenina observaba la escena sin intervenir. Me acerqué a ella y descubrí aVictoria, que no me miraba pero yo sabía que me prestaría atención.

-¿Quién ha empezado?- preguntésaludándola.

-Erik quería aprender a luchar comosu padre, y Jack ha aceptado encantado.- respondió. Ve a la entrada exterior dela casa: alguien te está esperando. Picado por la curiosidad, obedecí y memarché. Por el camino cogí algo de comida y saludé a Zaisei. Fuera, me llevéuna decepción al no ver a nadie. Mientras me preguntaba cómo había podido Victoriamentirme de esa manera, una sombra se deslizó por entre los árboles y alzó lasmanos. Pronunció un hechizo que meparalizó y me impidió mover las manos.

-¿Eo é
?- pregunté sin cerrar laboca.

-¿Pero qué? No ¿Eo é?- el extrañocerró la mano y pude volver a moverme.- ¿Quieres saber más hechizos?

La figura de Shail apareció entrelas sombras y sonrió, y yo sonreí a su vez.

Asentí, ilusionado, puesto que porfin iba a aprender magia de forma más profunda, y no en casos extremos comohabía hecho con Victoria. El mago me pidió que me quedase fuera y se internó ensu casa. Poco tiempo después salió de ella portando un libro escrito enidhunaico arcano, de cuyo título solo entendía "hechizo" y"magia". Durante mi tiempo libre estudiaba algunas palabras en esteidioma, pero al no tenerlo casi, mi vocabulario era bastante pobre.

-El Libro de los Hechizos Básicos dela Magia.- explicó él.- un libro que te dirá todos los hechizos conocidos ylegales.

Me lo tendió y yo lo cogí, curioso.

-Pero, hay un pequeño problema.-dije.- Yo no sé idhunaico arcano.

Podía saberlo si siguiese portandoel amuleto de comunicación, pero se lo devolví a Jack poco después de regresara Idhún.

-No te preocupes, detrás hay undiccionario. Pero tenemos algo de prisa, por lo que yo te diré varios hechizosy tú tendrás que repetirlos y probarlos.

Y así pasamos toda la mañana, mientusiasmo por aprender magia me ayudaba a aprenderme los conjuros la primeravez que los intentaba, hasta que Shail dijo que era suficiente y me propuso unduelo mágico.

-Durante el duelo tú y yo pelearemosmediante hechizos de defensa y ataque. Cada vez que vea que cometes un fallo,te lo diré y lo corregirás. ¿Entendido?

-Sí.- respondí yo.

Y así estuvimos hasta la hora decomer. Shail me corrigió tres o cuatro veces y no parecía haber un claroganador. Cuando oímos la llamada de Zaisei nos detuvimos y entramos a comer.

 

En la mesa había gran cantidad depersonas. Más de diez, y cabíamos todos a duras penas.

-Bueno, Shail,- comentó Jack.- aúnno nos has contado las nuevas de Idhún.

-Ah, sí. Pues veréis. Nos vemos enun asunto muy serio. Quizá no tan serio como lo fue el de Ashran, pero si noactuamos a tiempo puede que llegue a esa gravedad. Después de la retirada delos Seis y de vuestra huida de Idhún, los Nuevos Dragones, liderados por Qaydary Covan, están conquistando todo Idhún desde Nanhai hasta Awinor, y no hayquien los detenga, excepto vosotros siete. Ahora mismo ya han conquistado todexcepto Kash-Tar y Awinor.

Jack asintió, pensando que era unasunto muy grave, pero como estábamos en un ambiente tranquilo y pacífico ahoramismo propuso cambiar de tema y le susurró unas palabras a Victoria, quiensonrió y asintió.

-Shail, Zaisei, tengo el honor depresentaros a nuestra hija Laura.- dijo señalando a la pequeña.

La otra pareja saludó y se presentóa la niña, que sonreía un poco intimidada ante tantas miradas.

-Pues nosotros tenemos el gusto depresentaros a nuestros hijos: Kaimei, que la habéis conocido antes, Eanei y elmás pequeño, Ha-Ele.

Nosotros nos presentamos y loschicos, todos humanos con un tono azulado de piel, respondieron cordialmente.

Mientras charlábamos se escucharonunos fuertes golpes en la puerta y después una sucesión de llamadas impacientesa grito de <<¡Zaisei!>>. La celeste, sobrecogida, abrió la puerta ycomencé a formular un hechizo de ataque, por si acaso. Al abrir la puerta unasacerdotisa humana entró estrepitosamente.

-¡Zaisei! ¡Los Nuevos Dragones hanentrado al Oráculo de Awa, solo hemos sobrevivido tres! La Madre Gaedalu, LaMadre Karale y yo.- la sacerdotisa lloraba amargamente.

Los Nuevos Dragones habían atacado de nuevo. Nosotros, contraatacaremos.-Cuánta gente hay hoy, ¿no?- preguntó sorprendida la sacerdotisa.

Señaló a Jack y Victoria, aun sorprendida.

-Vosotros... sois el último dragón y el último unicornio.

La pareja sonrió y se apartó, dejando ver a su hijo.

-Ya no. Este es nuestro hijo, Erik.

La mujer abrió la boca, emocionada, y sonrió entre lágrimas. De repente notamos que la temperatura descendía y faltaban dos personas, y Jack instó a darnos prisa.

-Tenemos que ir al Oráculo.- dijo, y salió de casa.

Victoria, Erik, Laura y yo le seguimos, decididos.

-Pero ya no hay sacerdotis...as.- dijo la mujer, pero no ya no la oímos.

En el exterior de la casa, decidimos dividirnos en dos grupos. Christian y Eva no estaban allí, por lo que nos juntamos los que quedábamos. Los grupos estarían compuestos por: Victoria, Erik y Laura y Jack y yo. Así habría un mago en cada uno y podríamos teletransportarnos con rapidez.

Los dos hombres aparecimos en las afueras del Oráculo de Gantadd. Victoria y los niños aun no estaban allí, por lo que decidimos investigar el terreno. En pocos minutos nos encontramos a Christian y Eva, que ya habían inspeccionado un poco el terreno, pero no habían encontrado nada.

-Después de que Neliam casi destrozase el Oráculo, las sacerdotisas lo habían arreglado, pero los Nuevos Dragones lo han vuelto a derrumbar. Esta vez quizá para siempre.- comentó Christian.

-Neliam no sabía qué estaba haciendo, pero sí Qaydar y compañía. Lo han destruido a propósito. Son unos sádicos.- respondió Jack.

En ese momento aparecieron Victoria, Erik y Laura. Entramos en el Oráculo, sorteando algunos obstáculos, y decidimos volver a dividirnos.

-Separémonos.- propuso Victoria.- Jack, Erik, Laura y yo por un lado y Christian, Eva y Jaenor por otro.

A mi no me parecía bien estar siempre entre sheks, pero acepté con resignación porque quizá eso me salvase la vida. Mis compañeros y yo nos adentramos en la oscuridad, serenos, cuando Eva escuchó un ruido y lo hizo saber.

-¿Habéis oído eso?- preguntó.

Su padre asintió, pero yo, que no había oído nada, respondí preocupado:

-Yo no.

-Es una varu.- contestó Christian.- una varu a la que tengo muchas ganas de ver.

Eva le miró desconcertada, no entendiendo qué relación tenía su padre con varus, pero yo tenía grandes sospechas acerca de quien sería, pues la Tríada me había hablado de ella más de una vez.

-Gaedalu.

Pensaba que la varu, tras su encuentro con los Seis, había vuelto a las profundidades del mar, pero quizá haya vuelto al saber que su Oráculo había quedado destruido. Christian comenzó a correr en una dirección concreta y Eva y yo le seguimos. Llegamos a una habitación semiderruida, en la que todo estaba desordenado. En el centro había una figura femenina sentada en el suelo. Al vernos llegar alzó la cabeza y sonrió malevolamente.

<>- saludó.

<
> pensé. Olvidé el hecho de que estaba entre telépatas y todos pudieron escuchar mi pensamiento, pero nadie dijo nada. Christian se interpuso con Haiass en alto entre Gaedalu y Eva, protegiéndola ante cualquier mal que la varu pudiese causarle, pues quería verla muerta.

<
> en ese instante sacó del bolsillo de su túnica una extraña piedra negra. <<¿La recuerdas?>> le preguntó a Christian.

El hombre palideció y protegió aun más a Eva.

-No la vas a hacer nada, bruja. Y a mi tampoco.- ordenó.

Gaedalu rio ante tales palabras y lanzó la piedra directamente a la cabeza de Christian. Él interpuso su espada enseguida, aunque el objeto nunca llegó a tocarle. Creé un pequeño escudo que bloqueó a la piedra. Christian aprovechó la confusión de la varu, pues no sabía que yo era un mago, y la agarró de los pelos, colocándola con fuerza contra la pared. La varu cogió otra piedra y trató de lanzársela al hombre, pero estuve veloz y se la quité. Por si acaso, le inmovilicé las manos.

<<¿Habéis contratado un mago, teniendo al unicornio? Qué perdida de tiempo más inútil.>>

Christian no respondió a esa pregunta, sino que la empujó aun más contra la pared y la preguntó, desafiante:

-¿Qué haces aquí?

Gaedalu no dijo nada, por lo que el hombre acarició suavemente el cuello de la mujer con Haiass, produciéndola un pequeño corte. La varu gimió, pero continuó callada.

-¿Qué haces aquí?- repitió Christian.

<
>- respondió Gaedalu.

-Tu hogar debería ser bajo una tumba.- contestó el hombre.

<<Ése debería ser el tuyo, shek>> la varu trató de zafarse, pero solo consiguió clavarse aun más el filo gélido de Haiass. Su grito de dolor retumbó en mi cabeza y me produjo una fuerte migraña.

-No grites así, varu.- Christian también la había oído.

Alejó a Gaedalu de la pared para arrastrarla por el suelo hasta la salida. En el exterior, Christian observó su anillo y a los pocos minutos dijo:

-Victoria y compañía pronto estarán aquí.

Efectivamente, tras un par de minutos tres figuras salieron del exterior del Oráculo y se acercaron a nosotros. Jack se fijó en Gaedalu, que estaba tirada en el suelo, sucia y ensangrentad tras haber osado enfrentarse a Christian, y dijo:

-Vaya, vaya. ¿A quién tenemos aquí?

<
>

El hombre desenfundó a Domivat, dispuesto a degollar a la varu, pero otra espada se lo impidió.

-Aun no, Jack. Tiene información valiosa.

El otro gruñó, pero envainó la espada.

-¿Tú no estabas del lado de Qaydar y Covan?- pregunté yo.

Gaedalu me miró ofendida, pues no esperaba que interviniese.

<<¿Quién eres y por qué osas dirigirte a mi?>>

-Soy Jaenor, el Archimago, y oso dirigirme a ti porque quiero que me resuelvas dudas.

<<¿Archimago? Mientes.>> respondió.

-Tus dudas se verán resueltas si resuelves las nuestras.

<
>

Christian miró el edificio semiderruido, y comentó:

-No parece que te hayan hecho mucho caso.

<
> dijo Gaedalu.

-Para que te liberemos, ¿verdad?- dijo Christian.

<<Ése es el trato, shek>> la varu pensó esta última palabra con un tinte de odio y rencor.

-No hace falta que digas nada.

El hombre miró fijamente los ojos de la varu, pero tuvo que retirarlos enseguida, sorprendido.

<<¿Qué pasa, Kirtash? ¿Acaso no puedes traspasar la barrera mental de una débil e indefensa varu?>>- rio Gaedalu.

Christian no respondió, pero golpeó a la varu con una fuerte bofetada. Gaedalu cayó al suelo, sangrando por la boca, pero aun así seguía riendo malévolamente.

-Vámonos.- ordenó Christian solamente.
Todos miramos a Christian preocupados, pues él no solía perder la paciencia de esa manera. Dejamos a Gaedalu en el Oráculo y nos marchamos de aquel lugar. Durante el trayecto Victoria se acercó a él y le cogió cariñosamente la mano, mientras reposaba su cabeza en el hombro de Christian.

-¿Qué pasa? ¿Qué has visto?- preguntó ella.

-Nada.- respondió él.- tiene una barrera mental muy alta que no puedo derrumbar.

Apretó la mano de la chica con rabia, pero le reconfortó saber que ella seguiría allí. Siguieron caminando hasta que a Victoria se le ocurrió preguntar a dónde íbamos ahora.

-A casa de Shail. Creo que allí encontraremos algunas respuestas.

La mujer no respondió, solo siguió andando a su lado. Así pues, en pocos minutos decidimos teletransportarnos, porque estábamos a días de la casa del mago. Nos dividimos en grupos, como últimamente hacíamos, y desaparecimos de allí.

Delante de nosotros estaba el hogar de Shail y Zaisei, donde habíamos estado horas antes, y la que era nuestra residencia temporal. Entre Victoria y Christian comentaron la mala noticia a la pareja, que la recibió con dolor y con pesar.

-La Madre cada vez está peor. Desde su encuentro con los dioses no ha vuelto a ser la misma. ¿Cómo se le ocurre enfrentarse a Kirtash y a Jaenor? Oh, pobre Madre. Ojalá se recupere.- comentó Zaisei.

-Estamos tras Qaydar y Covan. Aunque no he podido encontrar nada en la mente de Gaedalu, con este diálogo he podido averiguar algunas cosas.

-¿Cuáles?- pregunté yo.

-Qaydar y Covan pretenden cortar toda comunicación con los dioses. Por ello han derruido el Oráculo de Gantadd. El de Raden y el de Nanhai están destruidos. Solo falta el de Awa, pero los feéricos no querrán bajo ningún concepto que nadie arrase sus tierras y sus edificios, por ello atacarán con lo que sea. El Archimago, el otro- dijo mirándome.- cree que no posee suficientes dragones en su flota y desea más para destruir el Oráculo de Awa, llevándose todos los árboles que haga falta por delante. ¿Me seguís?- explicó el.

-¿Quieres decir que Qaydar quiere crear más Nuevos Dragones?- preguntó Victoria.

Christian asintió, sombrío, y volvió a preguntar algo para que adivinésemos qué quería decir exactamente.

-¿Qué necesita para esas criaturas? Escamas, garras, todo lo que haya pertenecido a un dragón. ¿Y sabéis dónde puede encontrar eso?

-En Awinor.- respondí yo, entre asustado y enfadado.

De repente Jack bufó y dio una patada al aire. El hecho de que sus enemigos estén profanando la tumba de sus progenitores le cabreó, y decidió ir allí de inmediato.

-¡Jack, no! Aun no estamos preparados para otra batalla.- exclamó Victoria.

Pero el hombre no la escuchó y, cogiendo a sus dos hijos, se transformó en dragón y salió volando de allí. Christian no esperó ni dos segundos para hacer lo mismo, y se llevó a Eva consigo. Finalmente nos quedamos Victoria y yo, que me miró preguntando:

-¿Preparado para otra batalla?

-¿Para protegeros? Siempre.- respondí.

Ella sonrió, y ambos desaparecimos de allí. Esta vez Victoria me llevó mediante la teletransportación a la tierra de los dragones, porque yo nunca había estado allí y como tal no sabía cómo era.

Huesos, polvo, ceniza. Todo eso era Awinor. Los Nuevos Dragones aun no habían llegado, y los siete esperábamos con calma su llegada. Jack, para disminuir su enfado, decidió llevarse a sus hijos a ver los huesos de la madre y el padre dragón de Yandrak mientras que Christian, Eva, Victoria y yo descansábamos y charlábamos en un pequeño cúmulo de rocas.

Al cabo de varios minutos, noté que algo no iba bien. Miré alrededor, desconcertado, pero todo parecía normal, no había cambiado. Algo debía pasar en otro lugar. Y no sé cómo, supe que ese lugar era Kosh.

Rápidamente avisé a Victoria y Christian, que me miraron un poco extrañados ante esa revelación.

-Avisad a Jack, vamos. Le voy a necesitar.- ordené.

-Vamos a buscarle mejor, y así nos vas contando qué te "ha llegado a la mente".- dijo Victoria haciendo comillas con los dedos.

Caminamos, casi corriendo, al lugar donde estaba Jack, al lado de sus padres. Realmente, me daba pena separarles de ellos después de tanto tiempo sin visitarles, pero el asunto que pasaba en Kosh era importante. Creía que era otro ataque de los Nuevos Dragones, pero estos ya más de cien, no como las otras veces.

-Veréis, tengo grandes sospechas de que algo grave está pasando en Kosh. Los Nuevos Dragones venían hacia aquí, pero se han detenido en esa ciudad. Seguramente estén buscando a alguien.- les miré a ver si podían deducir de quién se trataba.

-Kimara.- contestó Christian.- la buscan porque les traicionó en el ataque de Rhyrr. Y creen que la semiyan se encuentra allí.

Victoria ahogó un grito de asombro, y nos animó a ir más deprisa a buscar a Jack, mientras le llamaba en voz alta. Después de unos minutos les vimos a unos cien metros de nosotros. El padre y los hijos se dieron cuenta de nuestra presencia, y también de que estábamos preocupados.

-¿Qué ocurre?- preguntó Jack.- ¿Ya están aquí?

-Aquí, no.- respondí yo.- pero sí en Kosh. Están buscando a Kimara.

El hombre gruñó, maldiciendo a los Nuevos Dragones porque no le dejaban un día en paz, y me ordenó que le llevase a Kosh.

-Quizá deberíamos llevar a Christian, nos podría ayudar.- propuso.

-¿Estás loco? Kimara es un tema secundario, en cuanto vean a Christian irán más de cien dragones a por él.- respondí yo.

-Tienes razón.- aceptó Jack.- Pero entonces, ¿para qué me quieres a mi? Yo también soy un objetivo primario.

-Pero podrías animar a Kimara cuando la encontremos. ¿No teníais una fuerte relación?

Jack asintió, pero tampoco compartía mi opinión.

-Tenemos una fuerte relación, sí. Pero de ahí a que la pueda tranquilizar...

-Tempus fugit.- dijo Christian.- el tiempo que pasáis aquí lo aprovechan los Nuevos Dragones para arrasar Kosh.

Le miré, un poco extrañado, pues aquel hombre nunca utilizaba expresiones latinas, pero no tenía tiempo para preguntas.Cogí a Jack del brazo y, tras despedirme de Victoria, Christian y los niños, nos fuimos a combatir en un nuevo conflicto.
Tras desaparecer de Awinor por una alerta mental que recibí, aparecí en Kosh acompañado de Jack. Allí, el espectáculo era un caos. Tanto yan como humanos u otras especies que en ese momento estaban en Kosh corrían de un lado a otro asustados, perseguidos por grandes dragones, aunque solo era una semiyan en concreto a la que buscaban.

Buscamos por las calles a Kimara, susurrando, pues si lo hacíamos gritando nos relacionarían con ella y nos matarían. Por suerte, solo pasaron unos minutos hasta que ella nos encontró.

-¡Jack! ¡Jaenor! GraciasaAldúnqueestáisaquí.- dijo deprisa.- LosNuevosDragonesquierenmatarme. Porfavorllevadmelejosdeaquí.

No comprendí todo lo que dijo, pero sí lo clave: está en búsqueda y ejecución. La acaricié el pelo, tranquilizándola, y ordené a Jack que se quedase junto a ella. Pasaron unos minutos hasta que Kimara se convenció de que estaríamos allí para ayudarla y protegerla. Dioses, que los Nuevos Dragones traten así a una desertora me parece una aberración. Cada vez que los veo los odio más.

Observé, sombrío, cómo los Nuevos Dragones perseguían a muchas personas, sobre todo mujeres. Formulé un hechizo simple de levitación y me coloqué poco a poco a varios metros del suelo. Noté cómo los invasores se detenían y me prestaban atención, desafiantes. Igual estaba yo, que a veinte metros del suelo, expuse con otro hechizo amplificador:

-¡Nuevos Dragones! Vosotros, sustitutos inservibles de los Antiguos Dragones. ¡Deteneos en nombre de los Seis! O la maldición del Séptimo caerá sobre todos vosotros, aterradora y sin piedad.

Todo Kosh estaba en silencio. Todo el mundo me miraba. Estaba bajo una presión infinita, pero no podía dejarlo ahora. Quizá los Nuevos Dragones se rían de mi. ¿Un simple mago pretende intimidar a una enorme flota de más de cien dragones? Que rían, no saben el poder que dentro llevo.

Grande fue mi sorpresa cuando les vi dar media vuelta y alejarse volando de Kosh. ¿Un simple discurso breve les había hecho reflexionar acerca de sus actos? Debían ser o demasiado razonables o demasiado ineptos. Vi cómo Kimara salió de su escondite junto a Jack y comenzó a aplaudir lentamente. Poco a poco se le fue uniendo más gente hasta que el sonido de las palmas se pudo escuchar en todo Kosh.

Me parecía todo demasiado fácil. Descendí al suelo y Kimara me abrazó emocionada, pero yo no a ella. La semiyan se separó, preocupada, y me preguntó qué ocurría.

-Ha sido todo muy... simple. ¿Ya está? ¿Un simple discurso y se marchan?

-¿Qué más quieres? ¿No hay suficientes batallas aun para ti?- preguntó Jack.- desde que has llegado a Idhún no has hecho más que pelear contra los Nuevos Dragones. Quizá deberíamos habernos quedado en la Tierra.

-Echaba de menos mi mundo. Necesitaba volver.- contesté.

-¿Después de todo lo que has vivido estos últimos cinco días?- preguntó.

-Suml-Ar-Idhún.- respondí simplemente.

Me tranquilicé en los próximos minutos, pero no me sirvió de nada cuando alguien gritó aterrorizado:

-¡Que vuelven! ¡Los Nuevos Dragones ahora son más!

Observé la llegada de esas criaturas junto con todas las personas allí presentes. Gruñendo me volví a preparar para la batalla. Por suerte aun estaban lejos, y me dio tiempo a pensar algo. Decidí crear un escudo alrededor de Kosh, o por lo menos alrededor de todo lo que me fuese posible.

Cuando los dragones llegaron, yo ya había realizado el hechizo, y media ciudad se encontraba protegida. Pero yo confiaba poco en el escudo, porque era muy grande y por tanto más débil, por lo que decidí que Jack y Kimara debían intervenir.

No sé porqué he pasado de ser un chico despreocupado y débil a ser un hombre seguro y fuerte en estos últimos años, quizá en estos últimos días. El proceso de 'transformación' de la Tríada había durado varios años, en cambio el mío solo en unos pocos días. No podía ser, algo o alguien debía estar controlándome. Algún día, si los dioses quieren, podré llegar a conocer el secreto que me dejó oculto la magia que me entregó Victoria.

Los Nuevos Dragones intentaban traspasar por todos los medios la barrera que les impedía entrar en Kosh, y ordené a mis amigos:

-¡Jack, Kimara! ¡Transfóntate!

Estaba con tanta adrenalina que no me di cuenta de que había unido dos palabras.

-¿Qué?- preguntaron a dúo.

-¡Transfórmate! ¡Móntate!- me corregí.

Ellos asintieron y obedecieron, y en menos de diez segundos dos dragones despegaron del suelo a luchar contra... contra más de cien. Me di cuenta de mi enorme y garrafal error a tiempo, y traté de atraer la atención de Yandrak, que era quien más cerca estaba de mi.

-¡¡¡JAAACK!!!- grité.

-¡¡¿QUÉÉÉ?!!

-¡¡AVISA A KIMARA QUE BAJE!!!

Él asintió y se giró hacia Ayakestra, que tras oírle descendió al suelo y su portadora se acercó a mi.

-¿Qué pasa?- preguntó Kimara.

Señalando a los dragones que intentaban penetrar mi barrera mágica, pregunté:

-¿A qué son más vulnerables?

-¿Al hielo?- respondió dudosa.

-Vale. ¡¡JAACK!! ¡BAJA!

El dragón dorado descendió y, metamorfoseado en humano, se colocó junto a Kimara.

-Quedaos los dos aquí.- ordené.- Kimara, protege a Ayakestra con un hechizo de defensa.

-¿Con cuál?- preguntó ella.

-Con el más resistente que conozcas.

Me preparé para lo que iba a realizar a continuación. Cuando comprobé que Ayakestra estaba bien protegida, decidí entrar en acción, y formulé un hechizo que podría acabar con mi vida, pero que era letal para aquel que lo recibiese. Lo leí en la sección de "hechizos peligrosos" del libro que me prestó Shail el día de mi aprendizaje.

Deshice el conjuro de la barrera, y vi cómo los dragones entraron velozmente, concentrados en un solo objetivo: yo. "¿Qué haces?" oí decir a Jack, pero yo solo respondí "Protegeos vosotros y todos detrás de las casas"

Cuando un dragón estuvo lo suficientemente cerca de mi, formulé el hechizo y noté cómo mi cuerpo cambiaba muy bruscamente de temperatura, una temperatura gélida. Sentí que algo en mi explotaba, y yo cerré los ojos y grité a causa de la presión a la que me veía sometido en ese momento.

Escuché cómo los dragones intentaban escapar aterrorizados ante lo que acababa de realizar, pero cómo no fueron suficientemente rápidos y fueron congelados por la onda helada que produje. Abrí un poco los ojos para ver cómo ciento siete dragones caían al suelo convertidos en hielo, y se estrellaban contra él, convirtiéndose en innumerables trozos de madera.

Tuve completamente perfecta visión y me giré hacia la ciudad yan. Como suponía, estaba congelada. Parecía que hubiese nevado allí. Pero no era nieve, era hielo. Descendí al suelo y Kimara y Jack se acercaron a mi.

-¡Jaenor! ¡Increíble! ¡Has destruido una flota completa de Nuevos Dragones con un solo hechizo!- exclamó Kimara.

Aunque habíamos vencido, me sentía derrotado por el dolor y el cansancio. Pero aun debía realizar un conjuro más.

-¿Vas a dejar Kosh así?- preguntó Jack, agarrándome del brazo.- ¡Ah! ¡Estás helado! Deberías realizar un hechizo de temperatura.

Asentí, y pronuncié un conjuro que calentó tanto a mi como a Kosh. Poco a poco mi cuerpo fue alcanzando su temperatura normal, y la ciudad yan la suya. Volvía a hacer calor. Pero yo estaba cansado, demasiado agotado siquiera para tenerme en pie. Caí de rodillas, y pude ver cómo Kimara y Jack trataban de ayudarme. No podía más. Finalmente, me desmayé por el agotamiento.

-¡Rápido, Kimara! ¡Transpórtanos a Awinor!- pude escuchar a Jack.

Después, silencio.

-¿Cómo fue? ¿Quépasaba?- preguntó Victoria cuando llegamos.

 

 

 

 

 

 

 

Jack y Kimara mehabían despertado antes de reencontrarnos con Victoria y Kirtash, y al llegarestaba atento, aunque no descansado.

-Un ataque de losNuevos Dragones.- respondí.- Nada grave.

-¿Nada grave? ¡Hahelado Kosh! ¡Será recordado por siempre!- gritó Kimara.

La otra chica memiró, pero no dijo nada.

-¿Hay alguienherido?- preguntó Victoria.

-No, que sepamos. Delos nuestros, quiero decir.- contestó Jack.- aunque pregúntale a Kimara. Ellasabrá más.

-No creo que nadiehaya resultado herido. El combate acaso duró unos minutos. Pero podríamos ir aprestar ayuda psicológica. Los yan son nerviosos, y con lo que acaba de pasaraun más.

Victoria aceptó lapropuesta, y las dos chicas desaparecieron de allí. Christian, junto a losniños pequeños, las vio marchar, pero no dijo nada. Solo recibió una cortamirada hostil de Kimara, a la que no le dio importancia.

-Jack
- comencé.

El receptor meprestó atención y me preguntó que quería.

-¿Dónde
dónde estátu madre? Un día me comentaste que la habías ido a visitar
y me gustaría ver aalgún dragón real aparte de ti.

El hombre se pusoserio, pero no dijo nada al principio. Pareció recordar tiempos pasados,tiempos muy pasados y no tanto, y al final decidió algo.

-Estamos descansandoahora mismo. Además, yo también quiero volver a verla. Christian
tú no querrásir, ¿verdad?- preguntó Jack.

-No por dos cosas:es algo venerado, es un cementerio de nuestros enemigos, y hay que tenerlesrespeto. Segundo, no me parece bien eso que hacéis, pero es tu madre y estás entu derecho de visitarla, aunque yo no voy a ir.

Jack asintió, y meindicó el camino a seguir. Caminamos unos veinte minutos, dirigiéndonos muypocas palabras, hasta que se pudieron ver algunos esqueletos. Ahogué un grito,pues era algo sumamente macabro, pero no me detuve. La curiosidad podía con elmiedo. Todos los dragones me parecían iguales, pero para Jack uno eratotalmente reconocido. Se quedó quieto frente a él, y yo tardé algunos segundosen darme cuenta de ello, pero enseguida supe por qué.

 

-Bueno, aquí está.-dijo.

Miré el esqueleto,enorme, gris debido al polvo, con enormes colmillos, y garras. Sí, más o menoscomo Yandrak. Me fijé en que tenía una piedra encima del cráneo. No sabía cómohabía llegado allí, pero se lo dije a Jack.

-Quítasela.-respondió suspirando.

Me acerqué a lacabeza de la dragona y le quité la piedra, pero me fijé en que le había quedadouna mancha rosa.

-¿Eing?- mepregunté.

Intenté quitarle la mancha,pero solo conseguí que se hiciese más grande. Decidí alertar a Jack acerca deesto.

-Yandrak.- le llaméasí porque me parecía la ocasión.- Creo que deberías ver esto.

El hombre se giró,curioso, y miró lo que le mostraba. Le enseñé mi mano blanca y a continuaciónla coloqué sobre el cráneo. Cuando la retiré, una mancha se quedó donde lohabía puesto. Jack me miró, asombrado, y me indicó que continuase.

Continué moviendo lamano por todo el cuerpo, mirando preocupado a Jack de vez en cuando, aunque élsiempre me indicaba que siguiese. Cuando terminé, media hora después, unadragona rosa parecía estar durmiendo sobre el cementerio de Awinor. Jack seatrevió a acercarse a ella y trató de despertarla tocándola la cabeza.

Lo consiguió.

El hombre observó,mientras sus ojos estaban a punto de llorar de felicidad, cómo la dragona abríalos ojos y nos miraba enojada.

-Está viva.- dijoJack (o Yandrak).- mi madre está viva.

La dragona selevantó, y con un gruñido preguntó:

-¿Quiénes sois?- segiró y observó aterrada el paisaje que estaba alrededor.- ¿Pero qué ha pasadoaquí?

-M
mamá.- dijoJack.- estás viva.

-¿Mamá? ¿Pero quédices, humano?- preguntó la dragona.

Jack sonrió, y seapartó un poco de nosotros. Unos segundos después yo estaba entre dos dragones,sonriendo.

-¿Hi
hijo?-preguntó la dragona.

-Mamá.- respondióYandrak.

La dragona rugió dealegría al volver a reencontrarse con uno de sus hijos. Había vuelto de lavida, pero recordaba lo que había sucedido años antes de dejarla.

-Jamás pensé quepasaría esto. Muchas gracias, Jaenor, no sé cómo agradecerte esto.- dijoYandrak.

-Yo tampoco penséque ocurriría. Pero ha ocurrido, no me preguntes cómo. Parece que la magia hacecosas más allá de la imaginación.

Súbitamente, latemperatura comenzó a descender y me preocupé. Me preocupé porque suponía quiéniba a ser, y lo que ocurriría a continuación.

-Me ha parecido oírun rugido de triunfo. ¿Acaso
?

Christian no terminóla frase, pues había visto a la dragona, y viceversa.

Medio segundodespués, dragona y shek combatían a muerte.

Yandrak tardó unpoco en reaccionar, pero yo lo hice instantáneamente. Realicé el hechizo por elcual encerraba a mis objetivos en bolas justo antes de que Kirtash y la dragonallegasen a tocarse. El shek observaba fijamente y siseando a la dragona,mientras que esta rugía y arañaba la bola. Yandrak estaba atónito, pero notardó en enfrentarse verbalmente a la serpiente.

-¿Pero qué haces,Christian?

"Es de losNuevos Dragones"

 

Yandrak negó con lacabeza y miró a la dragona que aun rugía dentro de su bola, intentando salirpara asesinar con placer al shek.

-No
ella, ella esmi madre.

Kirtash se detuvo yabrió mucho los ojos, sorprendido. Dejó de sisear y miró a la dragona, atónito.

-"¿Tu
tumadre?"

La dragona rosa nocesaba en su intento por salir, y yo un poco harto ya de ella comprimí un pocosu particular celda, intentando intimidarla.

Christian semetamorfoseó en humano, aun sorprendido por la reciente noticia.

-Jaenor, sácame deaquí ya.

-Aún no.- respondí.-No hasta que la madre de Yandrak se tranquilice.

-Sigo sin entendercómo habéis podido resucitarla.

Yandrak también sehabía transformado, y se acercó a su madre con seguridad y relajación.

-Mamá,tranquilízate. Él es bueno.

-¡Los sheks nuncason buenos! ¡Son los hijos del Séptimo!

-Mamá, hay unosimitadores nuestros que pretenden conquistar Idhún. ¿Qué prefieres, lucharcontra el único shek de Idhún, pues los demás han huido, o prefieres combatir aunos imitadores nuestros que pretenden conquistar Idhún?

Las palabras de Jackno surgieron el efecto que esperaba el hombre, sino que la dragona gritó denuevo:

-¡Al shek!

Y arañó la bola,pero esta permaneció irrompible.

-No vas a poderquebrarla, es un hechizo muy poderoso.

La dragona pareciótranquilizarse por un momento, pues dejó de arañar y soltó unas volutas de humopor las fosas nasales.

-No quiero que seacerque a mí. Como haga algo raro, muere.

-Igualmente.-respondió Christian sarcástico.

Gracias a Irial quela dragona seguía encerrada, porque sino Christian habría muerto enseguida.

-¡Que no me tiente!¡Que no me tiente! Viajes y turismo

Christian sonrió demedio lado, cuando llegaron Victoria y Kimara.

La semiyan, al ver ala furiosa dragona, se puso de rodillas ante ella y susurró, emocionada:

-¿Una dragona
deverdad?

-Ella es mi madre.-respondió Jack.

-¿Tu madre?-preguntó Victoria.

Kimara, que aunbuscaba palabras para describir lo que estaba viviendo, preguntó a su vez:

-¿Pero
no estabantodos los dragones muertos?

Estaba jugando conla piedra que le había quitado al esqueleto de la dragona cuando Jack dijo:

-Ha sido gracias aél. Gracias a Jaenor.

-Pero esto es
estoes perfecto. Has resucitado a los dragones. Con ello podemos ganar la guerra alos Nuevos Dragones.- exclamó Victoria.

-Solo hemosresucitado a una. No hay seguridad que ocurra en todos.- respondí.

La mujer miró a ladragona, que miraba a todos con odio excepto a su hijo. Se había calmado unpoco, pero de vez en cuando trataba de romper la bola.

-¿Y qué hace ahídentro? ¿Qué ha pasado?

-Instinto.-respondió Jack, señalando a Christian.

Como vi que ladragona parecía bastante relajada comparado con hacía algunos minutos, decidídejarla libre.

-Te voy a dejarlibre, pero jura por Aldún que no tratarás de atacar a Christian.

-No sé por qué se meprohíbe atacar a mi enemigo, y más aun un humano como tú. Pero acepto, porqueseguramente sepas como resucitar a toda mi especie, y además sé que hay másserpientes en Idhún. Lo noto.

Todos nos miramos,extrañados, hasta que Christian pareció entender a quien se refería.

-Eva. La dejé antesa las puertas de Awinor cuando escuché el rugido de la dragona. Seguramenteseguirá allí, junto a Erik y Laura.

 

-Sí. Antes nos loshabíamos encontrado, pero nos habían dicho que estabais aquí.- respondióVictoria.- deberíamos ir a buscarles.

-De acuerdo, tesoltaré.- dije, cambiando de tema.

Cerré las manos y ladragona quedó libre, pero inmediatamente se giró hacia Christian, quedesenfundó a Haiass dispuesto a matarla, fuese madre de quien fuese. En esemomento intervino Victoria, que creó un escudo alrededor de Christian paraprotegerlo de la dragona, pero esta giró la cabeza y dijo:

-No voy a hacerlenada. No es interesante. Es un pobre shek encerrado en el cuerpo de un humano.

-Yo soy un dragónencerrado también en el cuerpo humano, y Victoria un unicornio.

La madre de Yandraknos miró a todos como si estuviésemos locos, pero no dijo nada, simplementemiró el cementerio que se extendía hasta los confines de Awinor. Victoria seacercó corriendo y me abrazó con fuerza.

-¿Y esto por qué?-pregunté sorprendido.

-Porque vas areconquistar Idhún.- respondió ella.

-Ah, vale.- sonreíun poco torpe.

-Y porque le hasdado una felicidad a Jack que yo jamás habría conseguido.

-Pero solo heresucitado a su madre.

Victoria me mirófijamente, y segura consigo misma dijo:

-Puedes resucitar atodos los dragones.

Sorprendido, observéla macabra escena que estaba frente a mí, y pensé en la cantidad de dragonesque tendría que resucitar simplemente "pintándolos". Yo no podíahacer esto. Los demás Archimagos no pudieron, ¿por qué yo sí?

-¿Puedo?- pregunté.

-Puedes.- respondióVictoria decidida.

Me separé de ellalentamente y me dirigí a la dragona, que observaba la escena sin intervenir.

-¿Podrías indicarmequiénes son tus favoritos?

-Todos.- respondióla dragona.

-Bueno, ¿quiénes
quiénes son los más poderosos?

No me respondió alinstante, sino que giró la cabeza en busca de alguien en concreto, y parece quelo encontró.

-En realidad, él nofue el más poderoso, pero fue muy importante para mí. El esqueleto que está
-suspiró- que está allí es
- miró a Jack, con un poco de emoción.- es tu padre,Yandrak.

Jack abrió mucho losojos y miró con más atención el esqueleto, y luego con otra mirada me pidió quele resucitase.

Me acerqué al lugarque me señalaba y le pregunté a la dragona.

-¿Este?

-Sí. Daskein.-respondió.

-¿Das
qué?-pregunté.

-Daskein. Su nombre.

Victoria me miró, ysonrió.

-Vamos. Tú puedes.

Rocé el cráneo deldragón y vi que su mancha era negra.

Mientras le iba"pintando", Jack preguntó a su madre:

-Mamá
¿cómo tellamas?

-Pursadrak.- sonrió.

Todos giramos lacabeza, pues su nombre era peculiar.

-¿La bella dragona?

-Sí.- Pursadrak alzóla cabeza con orgullo.

Continué con mitrabajo hasta que, una hora después terminé con Daskein. Pursadrak se acercó aél y lo tocó con una garra.

-¿Daskein? ¿Puedesoírme?

El dragón pareciómoverse, tal y como lo había hecho Pursadrak horas antes, Jack sonrió al verloy se giró hacia Victoria.

-Pursadrak yDaskein. Mis padres.

Los dos sonrieron denuevo y Victoria le abrazó.

-Enhorabuena, miamor. Tus padres están de vuelta.

 

Le besó con lentitud e infinito cariño y elhombre correspondió, pues hacía mucho que no sentía el roce de los labios de suamada. Se separaron al oírun potentísimo rugido. Dos grandes dragones, uno negro y otra rosa, volabanhacia el cielo idhunita enroscando sus colas.

-Oh, venga ya.-exclamó Christian.- qué escena más horrenda. Yo me voy.- se dio media vuelta yse dispuso a abandonar aquel lugar.

-No, venga.¡Quédate!- le pidió Victoria.

-No. Voy a buscar alos niños, que estarán preocupados.

-Bueno, pues teacompaño.- se giró hacia Jack, sonriendo.- Jack, cariño, te quiero. Disfruta deeste giro bueno e inesperado en tu vida.

Jack sonrió a su vezy se convirtió en dragón, alzando el vuelo junto a sus padres.

El ejército de losAntiguos Dragones estaba de vuelta.

Durante el resto del día continué resucitando los dragones que Pursadrak me decía, y poco a poco Awinor fue resurgiendo de sus cenizas. Al final del día, cuando el segundo sol se escondía en el horizonte, todo Awinor estaba lleno de vida. Yo estaba agotado, y tras resucitar al último dragón que pude, caí rendido por el cansancio.

Pursadrak me levantó del suelo con sus dientes por la ropa y me llevó hasta Victoria, Christian y los niños. La mujer se despidió de la dragona, que realizó una muy leve reverencia de despedida y se marchó volando.

-¿Jaenor? ¿Puedes oírme?- preguntó Victoria.

Estaba en un estado duermevela, solo podía oír el sonido del exterior, pero no podía hablar ni casi moverme. Victoria sonrió, y decidieron ir a casa de Shail y Zaisei. Cuando llegamos, las buenas noticias de la vuelta de los Antiguos Dragones, que se iban a unir a las razas inferiores para expulsar de Idhún a los Nuevos Dragones, invocó la alegría y la esperanza para la vuelta de la paz a Idhún.

Victoria, junto a Zaisei, me dejó en la cama y me pareció escuchar que dijo algo sobre que yo le había devuelto la felicidad a Jack y que cuando me despertase que acudiese a... No pude oír toda la conversación, pues el sueño me venció antes de que pudiese evitarlo.

En ese momento tenía que descansar, pero si seguía así podría resucitar incluso a algún Visionario como pudiese ser Domivat o a los dragones de la Primera Era, pero eso lo veía más difícil, pues seguramente sus huesos serían ya cenizas espercidas por todo Idhún. Pensaba que ya éramos un ejército suficientemente grande y poderoso como para vencer a los Nuevos Dragones.

Al día siguiente, cuando los tres soles emergieron en el horizonte, Zaisei y sus tres hijos vinieron a despertarme y me prepararon un desayuno que tenía buena pinta, y más tarde, buen sabor.

-Jaenor, ayer nos dijo Victoria que te esperaba en Awinor, junto a Jack.- me dijo Zaisei.

-De acuerdo.- respondí yo.- partiré enseguida.

Zaisei asintió, sonriendo, y me acompañó hasta la salida.

-Buena Suerte.- se despidió Kaimei.

Sus dos hermanos me dijeron adiós y desaparecí de allí.

El espectáculo que me recibió en la tierra del sol creciente fue de los que siempre recordaré en mi cabeza. Cientos, quizá miles de alas, negras, blancas, rojas y alguna que otra dorada cubría el cielo de Idhún acompañado de fuego y rugidos triunfales. Los dragones sobrevolaban de nuevo Awinor, llenos de vida y poder, dispuestos a todo para expulsar, destruir y aniquilar a a los falsos dragones que actualmente ocupaban Idhún.

Una mujer de pelo marrón, ojos a juego y un rostro hermoso se acercó corriendo a mi y me abrazó con fuerza.

-Hola, Jaenor. ¿Has visto? ¡Es hermoso!- saludó Victoria.

-Sí, lo es. Realmente, jamás pensé que Awinor fuese a ser así. En las pinturas de Lenda Yorin podían verse estas escenas, pero tras la Conjunción Astral supuse que nunca las volvería a ver.

La mujer sonrió, un poco desconcentrada ante el nombre del pintor, cuando un dragón dorado se acercó a nosotros y aterrizó a nuestro lado. Unos segundos después un hombre rubio ocupaba el lugar del desaparecido dragón. Jack se acercó a Victoria y la besó, y tras abrazarla por la cintura me dijo:

-Jaenor, eres la figura que salvará Idhún de los falsos dragones. Nosotros solo somos soldados de tu ejército.

-Pero yo no soy un general.- respondí preocupado.

-Nosotros solo vamos a atacar. Tú podrías encargarte de Qaydar. Seguramente tengáis el mismo nivel.

Miré de nuevo el paisaje, y dos personas me vinieron a la mente.

-¿Y Christian y Eva?

-No creo que les entusiasme mucho el estar junto a cientos de dragones.- dijo Victoria.

-Quizá podrían ayudar de otro modo.- comentó Jack.

Pensé algunas opciones, pero no se me ocurrieron ninguna en ese momento. La mujer prestó atención al hombre, y le preguntó:

-¿Dónde está Erik? Le gustaría ver este espectáculo.

-Está con Christian, Eva y Laura, en alguna parte de Idhún.

-Vale. Le localizaré con Shiskatchegg. ¿Me acompañas, Jaenor?

Acepté, y Victoria dijo que estaban en Rhyrr, en Celestia, y que iban acompañados de Shail, por lo que nos teletransportamos allí.
Al llegar donde Christian y compañía, Victoria y yo les propusimos la idea de visitar Awinor y Erik, junto a su hermana pequeña, aceptaron curiosos. Por el contrario, Christian, Eva y Shail decidieron no aceptar. Me pareció un poco extraña la postura del mago, pero no dije nada al respecto. Sus razones tendrá para no ver a los dragones. Decidimos que Victoria se quedaría y yo me llevaría a los niños a Awinor.

Me teletransporté de nuevo a la tierra del sol creciente, donde había dejado a Yandrak. Los viajes interespaciales no me desgastaban tanto como a los otros magos, incluso a los Archimagos, cosa que me resultaba un tanto preocupante. Observé que había algunos dragones que habían dejado de volar. En aquel momento me di cuenta de que no eran tantos como había previsto, pero seguramente fuesen suficientes para llevar a cabo la tarea que tenían que realizar.

El dragón dorado, al vernos, sonrió e invitó a sus hijos a montar sobre él. Ayudé con una sonrisa a Laura a subir al lomo de Yandrak y me quedé en tierra saludándoles. El dragón alzó el vuelo y llevó a sus hijos al corazón de Awinor. Al poco rato otro dragón se acercó a mi, uno que yo ya conocía. Más bien, una. Pursadrak.

-Saludos, Archimago. Enviada por los dragones, vengo a darte las gracias por lo que has hecho, resucitando a parte de los nuestros. Muéstranos dónde están los farsantes, y acudiremos a la batalla.

Dudé un poco, ya que no sabía dónde estaban ahora los Nuevos Dragones. Pero sí dónde estaba su base. Aun así, preferí dejar el ataque para el día siguiente.

-Levantad el vuelo cuando el segundo sol salga mañana.- dije.- os espero en las Puertas de Awinor.

Pursadrak asintió y se alejó volando hacia el horizonte. Comencé a dar un paseo por Awinor, investigando la tierra de los dragones, pues a mi siempre me había resultado fascinante, pero nunca había podido estar allí por diversas razones. Algunos dragones me miraban al pasar, y me saludaban, y yo les correspondía respetuoso.

Aunque fuera un Archimago, siempre tendré a los dragones por encima. Después de un rato, decidí que debíamos volver a Celestia y, por tanto, tenía que encontrar a Yandrak. No me resultó difícil, pues él se presentó pasados unos pocos minutos delante de mi.

-Jaenor.-saludó al llegar.- Se está haciendo un poco tarde. ¿Crees que va siendo hora de regresar con Victoria y compañía?

Asentí, y el dragón descendió a la tierra. Ayudé a los dos niños a descender del lomo dorado y Jack se metamorfoseó en humano.

-Erik.- dijo dirigiéndose a su hijo.- ¿Qué te ha parecido la experiencia?

-¡Ha sido una pasada! ¡Me gustaría repetirlo mil veces!

Jack sonrió, y se dirigió a su hija.

-¿Y a ti, Laura?

La niña apretó los labios, asustada. Pensé que no debía ser una buena señal.

-¿Qué pasa, Laura? ¿No te ha gustado?- pregunté.

-Me he mareado mucho, Jaenor.- sollozó.

-Oh, pequeña, no llores por eso. No te asustes, tu padre jamás consentiría que te ocurriese nada malo.

Erik se acercó a su hermana y la dio un abrazo consolador. Miré a Jack, y supe qué él estaba pensando lo mismo que yo.

-¿Crees que... crees que Laura no tiene el poder de los dragones?

-Aun es pronto para saberlo.- respondió Jack.- tiene solo diez años. Erik tuvo "síntomas" hace poco, en su cumpleaños. Tiene trece años.

Laura había dejado de sollozar, pero pidió que volviésemos a casa de Shail. La cogí de la mano, y ella a Erik. El niño a su padre, y juntos desaparecimos de Awinor.

Aparecimos en los alrededores de la casa del mago, donde estaban Zaisei y sus hijos. Se sobresaltaron un poco ante nuestra llegada pero enseguida sonrieron.

-Hola a todos.- saludó la celeste.

-Hola, Zaisei.- respondió Jack.- ¿Han llegado Victoria, Christian, Shail y Eva?

-No, pero no creo que tarden. Pasad, pasad.- nos invitó a entrar.

Ya dentro de la casa, para pasar el tiempo Erik preguntó:

-Papá. ¿Nosotros antes vivíamos aquí?

-No, hijo.- respondió Jack.- vivíamos en otro sitio.

-¿Y dónde está?- prosiguió el niño.

-En Kelesban. Si quieres un día vamos a visitarla.

Erik asintió, y dijo que quería ir a verla alguna vez. Pero primero había que limpiarla, y ordenarla. Pocos minutos después llamaron a la puerta, y cuando Zaisei acudió a abrir aparecieron cuatro figuras.

-Bienvenidos, Shail, Victoria, Eva y Kirtash. Jaenor, Jack y sus hijos están aquí ya.

Nos saludamos y el mago propuso que mañana viésemos a los dragones, que antes no estaba muy receptivo. Acepté, sin tener en cuenta la conversación que había tenido horas antes con Pursadrak.

-Ahora vamos a cenar y a dormir. Mañana va a ser un duro día.- dijo Jack.

Estuvimos contando las anécdotas de cada uno, y yo continué sin acordarme de la conversación con la dragona, lo que me traería un pequeño problema al día siguiente. Victoria y sus acompañantes habían ido a la casa donde antes vivían y la habían limpiado un poco. A Erik le gustó eso, y propuso ir al día siguiente, por lo tanto mañana iríamos a Awinor y a Kelesban.

Parecía haber un tiempo de descanso.
Era un frío y apacible día de Nochebuena. En Madrid la nieve caía suavemente sobre el suelo, acumulándose poco a poco. En el exterior de la mansión de Allegra D'Ascolli se podían ver dos pequeños muñecos de nieve, con botones por ojos y zanahorias por narices. Ramas por brazos y una gran sonrisa en sus rostros.

En el interior, una bella mujer de ojos y cabello marrones sacaba un pavo del horno. En otro lado, un hombre de pelo rubio y ojos verdes y otro de cabello negro y ojos azules ponían la mesa, mientras una niña y un niño correteaban alrededor de ellos. Tendrían alrededor de cuatro años los dos, quizá la niña uno o dos años menor.

Al lado del sofá había una cuna con un bebé recién nacido. Se llamaba Laura, apenas tenía tres meses, pero era querida por todos los miembros de su familia. Al lado de ella se encontraba un hermoso árbol de Navidad, decorado con espumillones, bolas y luces. A su derecha, encima de la mesa estaba una representación del nacimiento de Jesús, un belén. Los niños habían prestado especial entusiasmo por montarlo, y Jack les había ayudado.

-Hacedme hueco, ¡que esto está muy caliente!- ordenó Victoria.

Christian y Jack retiraron unos vasos y dejaron un sitio libre para el pavo. Echaron agua en los vasos de los niños y champán en los de los adultos. Erik y Eva se sentaron en la mesa, expectantes, mientras comenzaban a comer los entrantes.

-Esperad a que nos sentemos todos.- dijo Jack.- Entonces, empezaremos la cena.

-Jo, papá. ¡Esque tengo mucha hambre!- protestó Erik.

-Haber merendado. Además, solo son unos segundos hasta que tu madre se siente.

El niño protestó, pero su hermana le acarició el hombro para tranquilizarle. Finalmente, Victoria se sentó y toda la familia comenzó a cenar.

-Vaya, ¡esto está realmente bueno!- comentó Jack.- Enhorabuena, Victoria.

-Gracias.- la mujer se sonrojó un poco.- me ha costado mucho.

-Sí, está delicioso.- dijo Christian.- una obra de arte.

Victoria rio, y continuó comiendo. Cuando acabaron los entrantes, comenzaron con el pavo, del cual no quedaron más que huesos al cabo de unos minutos.

-Uf, ¡me duele la tripa!- dijo Erik.

-Obvio, hijo. Has comido muy rápido. Ahora no querrás comer turrón.- respondió Jack.

En ese momento el bebé comenzó a llorar, y su madre se acercó a ver qué le ocurría.

-Tú también quieres cenar, ¿verdad, pequeña?

La sacó de la cuna y la meció suavemente sobre sus brazos. Le tendió el bebé a Jack mientras se acercaba a la cocina y cogía un biberón. Acto seguido regresó y se sentó en su silla, cogiendo a Laura.

-Toma, pequeña. Cena tranquila.

Laura comenzó a beber del biberón y se calmó, y los demás continuaron comiendo. En ese momento había turrón sobre la mesa. Christian comía poco a poco, y tardaba unos minutos en comerse un trozo. Jack, en cambio, cogía cuatro por minuto ante la atónita mirada de su hijo.

-Papá, ¿a ti no te duele la tripa?- preguntó Erik.

-No.- respondió Jack.

-Te dolerá.- comentó Victoria.

-Ya cuando nos sentemos en el sofá.

Todos rieron y terminaron de cenar. Hicieron un brindis por la familia y recogieron los platos. Los niños se fueron al sofá mientras Victoria dejaba a una dormida Laura en su cuna. Jack y Christian metieron las cosas en el lavavajillas y se sentaron también a ver la tele.

-Recordad que hoy viene Papá Noel. ¿Habéis dejado vuestros zapatos, la leche y las galletas?- preguntó Jack.

-¡Claro, papá! ¿Cómo olvidarlo?- respondió su hijo.

El padre sonrió, y todos se sentaron frente al televisor. Al cabo de una hora, a las once y media, decidieron ir a acostarse, y los niños se fueron entusiasmados a sus habitaciones.

-Criaturitas.- sonrió Victoria, mientras cogía de la mano a Christian y Jack.- Christian, ¿Entonces duermes solo?

-Sí.- respondió este.- pero te quiero para nochevieja.

Victoria sonrió, y le dio un beso de buenas noches. Junto a Jack, entró en su habitación, y ambos se metieron en la cama.

-Buenas noches, Jack.

-Buenas noches, pequeña.- respondió el hombre.

Victoria sonrió, y tras unos minutos ambos se durmieron.

Al día siguiente, un niño y una niña entraron en tromba en la habitación donde dormían dos adultos y saltaron salvajemente sobre la cama.

-¡Papá, mamá! ¡Despertad, ha venido Papá Noel!- gritó Erik.

La mujer sonrió, desesperezándose, y zarandeó suavemente al hombre que dormía a su lado.

-Jack, despierta. Hay que abrir los regalos.

-Mmmm...- respondió este.

-Bueno, id con Christian, que seguramente esté despierto, y abrid los regalos. Ahora vamos nosotros.

Erik y Eva asintieron, conformes, y fueron a por el otro adulto. Mientras, en la habitación, Victoria estiró su pierna y la colocó encima del cuerpo de Jack. El hombre se giró, sorprendido, pero acarició suavemente la pierna con la yema de los dedos. Victoria le miró directamente, con infinito cariño, y le besó con ternura. Jack respondió al beso, feliz, mientras acariciaba con más ansia la pierna de su esposa. Victoria se dio cuenta de ello, y se separó suavemente de él, riendo.

-¿Ya te has despertado? Genial, ¡vamos a abrir los regalos!- dijo ella.

Jack gruñó, pero se levantó de la cama y caminó hacia el salón con la mano rodeando la cintura de la mujer. Allí ya estaban Erik, Eva, Christian y Laura, que estaba despierta en la cuna.

-Buenos días. Feliz Navidad.- saludó Christian.

-Igualmente.- respondieron los otros dos adultos.

Erik y Eva se agacharon a por sus regalos, y los abrieron impacientes. En ellos había ropa, juguetes y tres peluches. Uno de ellos era un dragón, otro una serpiente y otro un unicornio. En ese momento los niños no sabían qué había más allá de esos peluches, pero en unos pocos años conocerían algo que estuvo evitado en sus vidas. La Tríada, en cambio, no olvidaba.

Siempre habría en ellos algo idhunita.
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Nota de autor: como hoy es 25 de diciembre, Navidad, he decidido subir un capítulo especial. En él no he metido a Jaenor, pues quería hacer un entorno más familiar. Dentro de poco continuaré con la historia principal. Deseo que tengáis una feliz Navidad y un próspero año 2016. Además de, por supuesto, un feliz triple plenilunio ;)
Suml-Ar Idhún
Al día siguiente me levanté temprano, y eso me sirvió para acordarme de algo que tenía que hacer aquella mañana. Aun estaba saliendo el primer sol, pero al segundo tenía que estar ya en Awinor, donde me esperaban Pursadrak y los dragones. Acudí a despertar a la Tríada y a sus hijos, y después de quejarse de por qué no se lo había dicho antes y qué pronto era, desayunamos y acudimos a Awinor.

Victoria se llevó consigo a Christian y Eva y yo a Jack y sus hijos. Era un viaje largo, pero no me cansaba demasiado como al resto de los magos. En cuanto llegamos allí, Pursadrak ya estaba esperándonos, ofendida.

-Archimago, has llegado tarde.- me recriminó.

-Yo... lo siento, me olvidé.

Pursadrak gruñó, pero nos dejó pasar a su tierra. Otro espectáculo me recibió como el anterior, distinto, pero a la vez igual. Docenas de dragones estaban colocados en filas, esperándonos y preparados para entrar en acción. Me emocioné al reconocerlos a casi todos, pero traté de serenarme. Caminé para colocarme frente a ellos y levité tres metros sobre el suelo, para que todos me escuchasen. Pursadrak y Yandrak ya estaban asentados en sus puestos.

-Hoy es el día en el que los dragones de carne y hueso vencerán a los farsantes que quieren conquistar Idhún. ¡Cuidado! Todos ellos poseen escamas de dragón que os robaron mientras estábais muertos. No caigáis en sus trampas. Todos ellos tienen fuego, pero limitado. No ataquéis con ese elemento, pues están compuestos de una materia refractaria, es decir, que no le afecta el fuego. Tienen humanos dentro que...- me detuve. ¿Vamos a matar a toda esa gente solo por tres personas? Miré a Victoria.- ¿Vamos a matarlos a todos solo por sus tres líderes? Creo que deberíamos darles un ultimátum.

Los dragones empezaban a mostrarse preocupados y algunos gruñían de frustración. No entendían por qué había dejado de hablar. Yandrak alzó el vuelo y se acercó a nosotros, para ver qué ocurría.

-Nos conocen a todos...- murmuró Victoria.

-¿Quién nos conoce?- preguntó Laura.

Al escuchar su voz me dijo indirectamente la respuesta.

-No saben quién es Laura. Podríamos...

Victoria se giró hacia su hija pequeña, preocupada, pero me devolvió la mirada.

-No...- suplicó.

-No tenemos otra opción.

-Ellos se lo han buscado.- dijo una nueva voz.- no haber seguido en los Nuevos Dragones.

Jack había escuchado parte de la conversación sin intervenir, pero ahora había decidido hablar.

-Jack, Laura es muy pequeña. No podemos enviarla a dialogar.

El hombre frunció los labios, pensando.

-Avanzaremos poco a poco. Cuando nos vean llegar, si nos atacan, respondemos. Si huyen, nos quedamos con su base.

-Yo estoy de acuerdo. ¿Y tú, Victoria?

La mujer ladeó la cabeza, preocupada.

-No sé, no sé. Parece buena idea. Pero no quiero atacar a gente inocente.

-No haber seguido en los Nuevos Dragones.- repitió Jack.- o eso, o nada. Y el nada implica tener tanto a los Antiguos Dragones como a los Nuevos en contra. ¿Acaso quieres eso, Victoria? ¿Acaso quieres tener en contra al mundo que te vio crecer?

-Pero los celestes, gigantes, varu... no atacarán.

-Están conquistados, Victoria. Solo Awinor es libre.

La mujer miró a su hija pequeña, y luego a Jack.

-De acuerdo, haced eso. Pero no contéis conmigo, ni con mis hijos. Me voy a casa.

Cogió la mano de Laura y se preparó para irse de allí.

-Pero la casa está muy lejos, Victoria, y aun no estás descansada. Vas a tardar mucho.- dije.

-Tengo a Christian. Él me llevará.- dijo señalándose Shiskatchegg.

Jack la miró, pero no trató de detenerla. Cuando se hubo alejado varios metros, el hombre se giró hacia mi.

-Continúa tu discurso, Jaenor.

Corrió hacia los dragones, y, dando un salto, se convirtió en dragón, aterrizando en su anterior puesto. Carraspeé, y me dispuse a continuar.

-Bien, como iba diciendo, los dragones son artificios controlados por humanos. Ellos derrotaron a los sheks, pero ahora quieren controlar Idhún. El poder se les ha...

-Archimago,- me cortó un dragón negro.- ¿acaso no hay sheks en Idhún?

-Hay uno, bueno... en realidad es medio shek.

-¿Cómo que medio shek?

-Es un híbrido. Es como Yandrak.- respondí.

-¡Pues vayamos a por él!- gruñó el dragón.

-¡No! Él es de los nuestros.

Los dragones se miraban unos a otros, desconcentrados. ¿Un shek, un aliado?

-No combatiremos al lado de un humano que es amigo de un shek.

-Yo os he devuelto la vida, Ogadrak. Me debéis un favor.

-No me llamo Ogadrak, me llamo Oganor.- gruñó el dragón.

-Ya. El sol negro, ¿El mal?

Oganor rompió filas al oír esto y voló hacia mi dispuesto a matarme, pero se encontró metido en una bola de magia.

-Estamos perdiendo mucho tiempo, estúpido dragón. O nos acompañas, o te quedas.

El dragón continuó arañando y rugiendo dentro de la bola, por lo que yo la cerré un poco más para que se sintiese intimidado.

-¡Oganor!- dijo Pursadrak.- ¡no nos hagas perder tiempo! del shek nos encargaremos luego. Yo le conozco, y tengo cuentas pendientes con él. Pero mi hijo le respeta. El Archimago le respeta.

-¡Los dragones siempre hemos sido más poderosos que los sheks y los archimagos!- gruñó el dragón.

Furioso, cerré aun más la bola y Oganor comenzó a sentirse agobiado.

-¡Yandrak! Comanda tú al resto de los dragones.- le dije al dragón dorado.- yo me encargo de reeducar a Oganor.

Yandrak aceptó mi orden y se colocó delante de todos los dragones. Alzó el vuelo, y al segundo todos los de su especie le siguieron, excepto Oganor, que seguía en la bola, agobiado.

-¡Por favor, Archimago!- suplicó.- No cierres más la bola, quiero volar con los demás.

Le miré, pensando si me estaba vacilando o no. Finalmente cerré las manos y la bola desapareció. El dragón negro estiró las alas y el cuello.

-Te seguiré de cerca, dragón. No hagas que me arrepiente.

Oganor expulsó volutas de humo por los orificios nasales, pero no dijo nada. Alzó el vuelo y se marchó volando. Resoplando, me senté en el suelo, observando el hermoso lugar que era Awinor. La vegetación también había comenzado a resurgir. Pronto tenía que ir a casa de Shail para un asunto un poco urgente. En aquel momento, un poco relajado, seguía pensando, cómo era posible que Qaydar no hubiese podido resucitar a los dragones y yo sí.

Por qué era especial. Solo era un joven humano.
Después de descansar un rato, decidí acudir a casa de Shail, suponiendo que allí también estaba Victoria, por lo que realicé un conjuro de teletransportación y desaparecí de allí. Al llegar al hogar del mago, no fue él quien me recibió, sino Zaisei, que pegó un pequeño salto al verme.

-Ho... Hola, Archimago. ¿Cuál es el honor de tu visita?

-Hola, Zaisei. ¿Sabes dónde está Victoria?

-En su casa, creo. ¿Por?

-¿Sabes dónde vive?- pregunté.

Aunque había conocido a la Tríada cerca de su casa, cuando escapaban de Idhún perseguidos por los Nuevos Dragones, no sabía exactamente dónde vivían, y estaba casi seguro de que la respuesta de la celeste sería afirmativa.

-Em... sí. Te acompaño si quieres.- sonrió.

-Gracias, pero ha de ser deprisa. Debo hablar con ella urgentemente.

-¿Qué ocurre?- preguntó ella preocupada.

-Te lo cuento sobre la marcha.- respondí.- ¡Vamos!

Zaisei dejó a sus hijos sobre aviso de su marcha y llamó al pájaro haai, que acudió a ella con alegría. Después de darle la bienvenida, se montó sobre él y yo la seguí. El haai alzó el vuelo y siguió las indicaciones de la mujer celeste. Volamos un rato hasta que vi una casa apartada de la ciudad y supe que era esa. La casa de la que huyó la Tríada tantos años atrás. Aterrizamos cerca de allí y desmonté del haai para acercarme a la casa.

-Victoria, ¿estás ahí?- pregunté.

Una persona salió a recibirme, pero no era ella.

-Hola, Archimago. ¿Qué buscas por aquí?- preguntó Christian.

-A Victoria, ¿acaso no te has dado cuenta?- respondí.

El hombre me miró con algo de desprecio, pero no hizo ademán de ir a por mi. En cambio, entró en casa. Esperé unos segundos hasta que emergieron dos figuras por la puerta. Una era Christian. La otra era una mujer de cabello y ojos marrones.

-Hola, Jaenor. ¿Qué ocurre?- preguntó ella.

-Victoria, Jack se ha ido con los Antiguos Dragones a la base de los Nuevos. Quería estar seguro de que no ibas a venir.

-No, Jaenor. No quiero ser responsable de muertes inocentes.

La miré apenado, pero sabía que esa iba a ser la respuesta.

Realmente, solo había ido allí para verla a ella.

-De acuerdo.- dije finalmente.- Te lo cuidaré bien.

Victoria sonrió y agachó la cabeza despidiéndose. Christian me miró y dijo:

-Recuerda, Archimago: si huyen, no les sigáis. Quedaos en su base. En ella hay buenos materiales.

Asentí y desaparecí de allí, después de agradecer a Zaisei el viaje y explicarle el por qué de la urgencia. Jack llegaría pronto a la base. Debía ser raudo. Aparecí cerca de la base, porque yo la conocía de haberla visto antes de conocer a la Tríada, pero preferí mantenerme un poco alejado. No quería levantar sospechas. Aun no habían llegado los dragones, pero tardarían poco. Finalmente, y después de unos minutos, me aburrí y decidí entrar en la base, previamente realizando un hechizo de invisibilidad.

Me recibió una escena en la que todo el mundo trabajaba, excepto dos personas. Me acerqué a ellos y descubrí que eran Covan y Qaydar.

-Sabes que eso no es posible, Archimago,- comentó Covan.- el dragón, el shek y el unicornio no están en Idhún.

-¿Y cómo explicas la pérdida de las tropas de Kosh? Han debido venir aquí por alguna razón.

Covan pareció replanteárselo, porque dijo:

-Alguien ha debido contarles nuestras intenciones. Si no hubiera sido por aquella vez, hubiésemos conquistado Kosh y con ello Idhún.

-Falta Awinor.- cortó Qaydar.

-Awinor está muerto, Archimago.- contestó Covan.- No hay nada allí.

Sonreí para mis adentros. La sorpresa que se iban a llevar cuando supiesesn que Awinor tenía más vida que Nanhai.

-Por cierto, Archimago,- dijo Covan.- ¿no te parece raro que un dragón y un shek, solos, puedan con nuestras tropas?

El Archimago acarició su barbilla, pensativo.

-Han debido de tener la ayuda del mago que posee el cuerno.

-¿Shail?- preguntó Covan.

-Sí, Shail. Él ha debido ayudarlos.

En ese momento, un piloto caminaba a nuestro lado y al oír la conversación se detuvo.

-Archimago, si me permitís intervenir, no creo que un mago simple fuera capaz de realizar lo que allí ocurrió, por muchos cuernos que tenga.

-Entonces, ¿quién ha podido ser?

Mientras pensaban quién podría haber sido, unas figuras voladoras aparecieron al fondo. Al principio, no eran más que puntos, pero después de un tiempo, eran grandes figuras con alas a ambos lados.

Un piloto novato se acercó a Covan a informarle de la situación.

-Señor, ha venido una patrulla de dragones nueva.

El caballero frunció el ceño, preocupado.

-No hemos enviado a nadie. Mira a ver quiénes son.

Sonreí de nuevo para mis adentros, y salí de allí. Se llevarían una no muy grata sorpresa.
Cuando salí al exterior, los dragones se veían claramente. Covan acudió a recibirles.

-Pilotos, ¿quienés sois?

Yandrak comenzó a hablar claramente, respondiéndole con firmeza.

-Covan, a Alsan no le hubiese gustado esta forma tuya de actuar.

Hubo algunos murmullos entre los demás pilotos. Casi nadie en Idhún osaría tratar así al rey de Vanissar.

-¿Quién eres para dirigirte así a mi, piloto?

-No soy un piloto. Soy Yandrak, el último dragón.- contestó.

Los murmullos aumentaron de volumen. Pude escuchar algunas frases, como "¡Es Yandrak!" "¿Cómo es posible?" "¿No estaba muerto?"

-Yandrak,- intervino Qaydar.- ¿por qué pilotos vas acompañado?

Un dragón negro rompió filas y se colocó al lado del dorado.

-No somos pilotos. Somos dragones de verdad.

Los murmullos ya se convirtieron en voces sorpresivas y preocupadas.

-Es imposible. Están todos muertos. Esto ha debido de ser obra de algún mago poderoso. Una simple ilusión.

-¿Te atreves a probarlo, Archimago?

Me hice visible y todo el mundo me miró con sorpresa y desconfianza.

-¿Quién eres tú?- preguntó el semifeérico.

-Eso ahora mismo no es imprescindible. Lo importante es que Yandrak está aquí, seguido de docenas de dragones, de los de carne y hueso. Escúchale a él.

Qaydar, Covan y el resto de pilotos observaron con atención a Yandrak.

-Bien, Qaydar. Escucha esto: o abandonáis la base y la conquista, o lucháis contra nosotros.

-Yo no me creo esto. ¿Dónde está Sahil? Esto es obra suya.

-No,- intervine.- no es obra suya. No es una ilusión, es una realidad. Los dragones de verdad están aquí para liberar Idhún de la tiranía. Primero los sheks, luego vosotros. Escoged: abandonad la base y la conquista pacíficamente, teniendo que pagar todos los desperfectos con dinero o mano de obra, o comenzad una guerra.

Nuestros enemigos me miraron asombrados, y luego a Yandrak y su ejército. El Archimago le susurró unas palabras al caballero, cuyos labios formaron una pequeña sonrisa que desapareció rápidamente.

-De acuerdo.- dijo Qaydar.

-De acuerdo, ¿qué?- preguntó Yandrak.

-Abandonamos la base y la guerra y os donaremos mano de obra, a cambio de que no matéis a ninguno de los nuestros.

-¿Osáis exigir la vida cuando vosotros se la habéis arrebatado a miles de personas?- exclamé.

Los pilotos me miraron acobardados y Covan agachó un poco la cabeza, pero el semifeérico no dio muestras de tener vergüenza.

-Si nos matáis, eh... ¿cómo te llamas?

-Jaenor. Jaenor de Vanissar.

-¿Eres de Vanissar?- preguntó Covan.

-Sí, pero no voy a rendir pleitesía a un rey tirano como tú.

-Bueno,- cortó Qaydar.- si nos matáis, Jaenor, también estaréis quebrantando el acuerdo de vida.

El Archimago ya comenzaba a ponerme nervioso, y no iba a aguantar mucho más hasta que ordenase a los dragones acabar con todos ellos.

-¿Qué acuerdo? ¿Qué dices? Iros ya.- al ver que no se movían grité.- ¡vamos!

Ellos ya comenzaron a moverse y a recoger sus cosas.

-No.- dijo Yandrak.- sin recoger nada.

-Pero no tendremos qué comer, ni dónde dormir, ni...- protestó un piloto.

-Id a casa de vuestros familiares. Si no las habéis destruido, claro.

Los pilotos se detuvieron y comenzaron a caminar, iniciando un éxodo y dejando atrás más de diez años de conquista de un mundo llamado Idhún.

Qué fácil había sido, pensé. Pero qué equivocado estaba.
Cuando todos los pilotos habían abandonado la base, nosotros entramos en ella. Yandrak se acercó a mi volando y aterrizó a mi lado, convirtiéndose en un humano. La mayoría de dragones le miraron asombrados.

-¿Cómo has hecho eso, Yandrak?- preguntó uno.

-Ya lo había hecho más veces, ¿no?

-Sí, pero solo conmigo.- respondió Pursadrak.

Observaba la escena extrañado, pues estaba seguro de que los dragones sí habían visto a Yandrak transformarse, aunque quizá no tan cerca. No le di demasiada importancia.

-Ah,- continuó Jack.- pues soy capaz de hacer eso porque los principales archimagos de hace unos veinte años me crearon híbrido.

-¿Quién?- preguntó otro dragón.

-Em... todos, supongo.

-¿Y por qué te crearon así? ¿Qué tienes de especial?

Jack abrió la boca para responder, pero la cerró al no saber qué decir. O, quizá, saber demasiado. Me miró dudoso. Era híbrido porque los archimagos habían enviado el alma de Yandrak a través de un portal interdimensional a la Tierra. Apreté los labios y alcé levemente los hombros, sin saber qué decir, por lo que el hombre comenzó su historia.

-Bien, veréis. Esto va para rato. Acomodaos.

Yo también me senté, y me encontré en una escena curiosa. Docenas de dragones en posición relajada estaban escuchando a un hombre hablar sobre su historia.

-Era una tarde a finales de mayo...- comenzó él.

Narró la historia hasta cuando descubrió que Christian era un shek, donde los dragones rugieron de asco. Jack detuvo la historia y se levantó de su asiento.

-Se está haciendo tarde. No os recomiendo volver a Awinor ahora, estaréis cansados. Especialmente del viaje, porque de acción poco habéis tenido.- rió un poco.- En fin, que os pido que os quedéis aquí a dormir.

Algunos dragones bostezaron de sueño mientras otros, curiosos, nos hacían gran cantidad de preguntas.

-A ver, por favor. Todo a su tiempo. Ahora, dormid. Mañana tendremos tiempo para más. Los más despiertos que monten guardia, no vaya a ser que ocurra algo. Jaenor y yo nos iremos a dormir con mi familia...

-Nosotros somos tu familia, Yandrak.- cortó Pursadrak.

Jack me miró, indeciso.

-Es verdad. Los dragones también son mi familia. Diles a Victoria y Christian que les veré mañana. Buenas noches, Jaenor.

-Adiós.- respondí.- Hasta mañana.

Salí de la base viendo a Jack convirtiéndose en dragón y desaparecí de allí. Al volver a estar estable, estaba frente a la casa de la Tríada. No había nadie fuera, por lo que supuse que todos estarían durmiendo. Me acerqué allí hasta que noté un gélido aliento tras mi nuca.

-¿Dónde estábais? Victoria está preocupada.- dijo la voz.

Me asusté un poco al oírle, pero ya me había acostumbrado a estas conversaciones tan esporádicas.

-Estábamos en la base de los Nuevos Dragones, han abandonado la conquista y su cuartel.- respondí.

-¿Así de fácil, sin lucha ni nada?- preguntó Christian.

-Sí, han visto a los Antiguos Dragones y se han ido.

El hombre ya se había colocado frente a mi, pero no le podía ver bien debido a la oscuridad y a su ropa, que se camuflaba en la noche.

-Esos traman algo, seguro. No van a abandonar por ver a unos pocos dragones de verdad.

-No son unos pocos de ellos, Christian, Es una buena cantidad.

-Hablando de dragones, ¿dónde está Jack?

-Se ha quedado a dormir con los dragones. Dice que ellos también son su familia.

Christian no dijo nada por unos momentos, pero frunció levemente los labios.

-Estúpido dragón.- Comentó simplemente.

Le miré pero no dije nada más. Caminamos hasta la casa.

-Están todos dormidos, Victoria, Erik, Eva y Laura. No hagas ruido.

-¿Y tú por qué estás despierto?- pregunté yo.

-Porque Victoria estaba preocupada por vosotros, y yo por ella, así que indirectamente estaba preocupado por vosotros.

-Vaya, cuánta preocupación.- comenté yo.

Ya habíamos entrado en la casa, y Christian con un leve gesto de cabeza se despidió de mi.

-Hasta mañana.- dijo fríamente.

-Adiós.

Vi cómo caminó casi deslizándose a su habitación, y yo decidí irme a la mía. Cuando me metí en la cama, aun no me pude dormir por unos minutos, pues seguía pensando en todo lo que me estaba ocurriendo. Quizá Christian tuviese razón, desgraciadamente, pensé. Quizá los Nuevos Dragones volverían en cualquier momento.

Finalmente, el sueño se apoderó de mi, y me rendí a él.
Me despertaron al día siguiente tres niños a los que conocía bien.

-¡Jaenor! ¡Jaenor! ¿Dónde está papá/Jack?- dijeron todos a la vez.

Me desesperecé un poco para ver a Erik, Eva y Laura.

-Jack se ha quedado a dormir con los dragones.- respondí bostezando.

-¡Vamos a verle! ¡Vamos a verle!

Noté que me agarraron de la ropa y me tiraron hacia ellos. Como me pillaron desprevenido me caí con un pequeño golpe.

-¡Au!- exclamé.

Los niños enmudecieron y murmuraron que lo sentían con un poco de terror. Mientras me frotaba la cabeza, sonreí para que no se preocupasen.

-Vale, vale. ¿Dónde está vuestra madre?- pregunté.

-Está fuera, con Christian.

-Vamos a verla.

Salimos de mi habitación y de la casa. Fuera, en efecto, estaban los dos adultos.

-Buenos días.- saludé.

-Hola, Jaenor.- su tono de preocupación no me gustó.- me gustaría comentarte algo en privado.

-Em... claro. ¿Qué ocurre?

Victoria se giró hacia Christian y le pidió que se llevase a los niños de allí. Ellos se enfadaron un poco pero siguieron a Christian.

-Bien, verás, Jaenor. Ando preocupada porque creo que Jack está en problemas. Por lo tanto me gustaría que fueses a investigar.

-Claro, acudiré enseguida.- respondí.

Victoria sonrió y me tranquilicé un poco. Desaparecí de allí tras despedirme. Cuando volví a estar estable, vi frente a mi la base de los Nuevos Dragones. Caminé hacia allí y una gran figura vino a recibirme.

-Hola, Jaenor.- el dragón se transformó en un humano.

-Hola, Jack.- respondí.

-¿Dónde están Victoria y compañía?- preguntó él.

-Están en casa. Me han pedido que venga porque estaba preocupada.

Jack frunció levemente el ceño, soprendido.

-¿Preocupada por qué?

-Creía que estabas en peligro.

-¿Yo? ¡Qué va!- sonrió.- estoy más a salvo que nunca.

Yo sonreí también.

-Bueno, pues disfruta.

-Por supuesto.- dijo.

En ese momento, una persona se acercó a nosotros. Era una anciana encorvada y arrugada, que llevaba una túnica desgastada sobre su cuerpo y unas sandalias de piel. Al principio desconfiamos un poco, pero era la típica viejecilla amable.

-Ho... hola, jóvenes.- saludó con voz áspera.- He oído que aquí residen los hijos mayores de Aldún. ¿Acaso es cierto?

-¿Quién le ha dicho eso?- pregunté.

-Nadie, lo he oído en el mercado.- sonrió.- Pero, ¿es cierto que aquí están los... dragones?

Varios rugidos al fondo la dieron la respuesta.

-¡Oh, oh!- la anciana estaba muy entusiasmada.- ¿Puedo acercarme a ellos?

Me pareció curioso que la anciana preguntase si allí estaban los dragones, si se les veía perfectamente. También cómo es posible que los dragones hayan oído a la anciana. Sin embargo, dejé esas dudas a un lado.

-Si la dejan...- comentó Jack.

Aquella divertida abuela se acercó a los dragones. Algunos la miraban con curiosidad, otros con simpatía y otros con desconfianza. Fue mirándolos uno a uno hasta que se detuvo frente a Oganor.

-¿Qué quieres, humana?

El dragón negro era uno de los que la miraban con desconfianza, incluso con cierto desprecio.

-¡Qué hostilidad, dragonzuelo!

La anciana movió el índice de arriba a abajo en señal de desaprobación. Oganor exhaló volutas de humo por las fosas nasales y se alejó de allí volando, dejando una pequeña ráfaga de viento que hizo caer a la anciana al suelo.

-¡Ay, ay!- gritó la mujer.- ¡creo que me he roto algo!

Jack acudió en su ayuda mientras yo le reproché a Oganor lo que había hecho.

-¡Ten más cuidado! ¡Los cuerpos humanos son frágiles, y los ancianos aun más!

El dragón se giró hacia mi e hizo ademán de atacarme, pero se lo pensó dos veces y siguió volando.

-Bah, humanos.- dijo solamente.

Me acerqué a Jack y la anciana y me coloqué de cuclillas.

-Gracias. Oh, gracias, jóvenes.- dijo ella.- Tomad, por vuestra ayuda,

Tras levantarse, la mujer sacó de su bolso dos frascos con un líquido rojo dentro.

-¿Qué es esto?- pregunté.

-Es un remedio casero que te hace ser mucho más fuerte, tener la fuerza de un dios.

Jack abrió mucho los ojos, y me hizo creer que estaba pensando en la llegada de los Seis a Idhún, por lo que la devolvió el frasco.

-No, por favor. Si es por lo que ocurrió hace algunos años, no es tan fuerte. Esta bebida, además, te hará ser mucho más inteligente.

-Bueno.- dije yo mientras Jack bebía.- ¿de dónde has sacado esto?

-Lo he comprado en el mercado.- respondió la anciana, que miró a Jack.- ¿qué tal te sientes?

El hombre sonrió, exhuberante.

-¡Oh, por los Seis! Me siento más fuerte que nunca.

La anciana sonrió, y cogió el frasco vació que le tendía Jack.

-¿Y tú no quieres?- preguntó mirándome.

Moví la cabeza de un lado a otro, en señal de negación.

-No, gracias. No me hace falta.

La anciana me miró, extrañada, pero insistió un poco más agitando el frasco.

-¿Seguro?

Lo aparté con delicadeza y sonreí forzosamente.

-Que no, de verdad.

Ella dejó de agitarlo y se lo guardó en el bolsillo.

-Tú te lo pierdes.- dijo solamente.

Se acercó a Jack y le susurró unas palabras al oído. No sé exactamente qué dijo, pero mi amigo sonrió. La anciana caminó hacia los dragones, que la miraban con curiosidad y les tendió el frasco. Necesitó varios, pero me pareció extraño que no usase más de diez, si allí había más de veinte dragones y los frascos apenas llegasen a los quinientos mililitros. Los dragones bebieron poco a poco.

Me acerqué a Jack mientras observaba a la anciana con los dragones.

-Un poco pesada la vieja, ¿no?- le dije familiarmente.

-¡Qué va! Me ha pedido dar de beber a los dragones y he accedido.

-Pero Jack, tú no eres el jefe. No tienes ese derecho de controlarles a todos.

Él me miró un poco enojado.

-Ya, pero soy el único que sabe de qué va esto.

La anciana se acercó a nosotros con todos los frascos vacíos.

-Ya está. Me he quedado sin líquido, pero bastará con lo que les he dado.

-Bastará, ¿para qué?- pregunté.

La mujer se arrimó un poco más a nosotros y dijo en voz baja:

-He oído en el mercadillo también que expulsasteis a los Nuevos Dragones, y que sus líderes planean vengarse.

-¿Qaydar y Covan?- preguntó Jack bostezando.

-Sí- respondió la abuela con una sonrisa siniestra.- Qaydar, Covan y todos los pilotos.

En ese momento, decenas de personas salieron de la nada, y la amable abuelita sufrió una metamorfosis. Su lugar lo ocupó un hombre semifeérico al que yo conocía bien.

-¡Qaydar!- grité.

-¿Qa... ahh... Qaydar?- bostezó mi amigo.

-¡Ja, ja, ja!- rio el Archimago.

Rozó con la yema del dedo índice la frente de Jack, y este cayó duramente al suelo desmayado.

Miré con horror la escena. Victoria y Christian estaban en lo cierto. Nos habían tendido una trampa.
Vi que el cuerpo de mi amigo caía inerte al suelo, tan solo por el simple roce de la yema del dedo del Archimago.

-¿¡Qué le has hecho, maldito!?- grité.

Me agaché para ver si Jack estaba bien. No tenía ninguna herida ni nada, tan solo parecía estar inconsciente.

-Le he gastado toda la energía. Tranquilo, no está muerto. Tan solo está dormido. Igual que el resto de los dragones.

Me giré hacia estos seres y descubrí con horror que estaban casi todos dormidos, y los que no luchaban contra el sueño en un vano intento de victoria. Entre ellos estaban Daskein, Pursadrak y Oganor.

-Y tú,- continuó Qaydar.- no sé quién eres, pero lo voy a descubrir.

Me cogió de la ropa y tiró de mi, haciéndome caer al suelo. Intenté resistirme, pero el semifeérico era demasiado fuerte, por lo que realicé un rápido hechizo ofensivo. El Archimago gritó cuando su mano comenzó a arder, pero rápidamente sacó algo del bolsillo y me lo colocó en la frente.

Estaba helado. No sabía qué material era, pero con él no podía hacer ninguna clase de magia. Me sentía vacío, como si me faltase algo.

-¿Qué... qué es esto?- conseguí decir.

-Así no molestarás más.- respondió Qaydar.

En ese momento me desmayé, debido a aquel material que me anulaba la magia. No sabía qué iban a hacer con los Antiguos Dragones, incluyendo a Yandrak.

Desperté, o, más bien, me despertaron a golpes en una sala oscura. La luz tan solo llegaba desde un candelabro. Aquel lugar estaba muy seco, hecho con piedra, y entonces fue cuando les vi. Estaba sentado en una silla. Ellos, de pie, amenazantes. Qaydar y Covan. Para comenzar con el interrogatorio, el semifeérico preguntó:

-¿Qué eres?

Intenté hablar, pero no me salían las palabras. Intenté recordar un hechizo de ataque pero continuaba con aquel horrible material en la frente.

-¿Qué eres?- repitió.

Intenté levantarme, pero no podía. Estaba atado tanto por las manos como por los pies.

-No te esfuerces, Jaenor. Tan solo habla. ¿Qué eres?

Le miré a la cara, concretamente a los ojos, intentando intimidarle. Él se separó de mi y por un breve momento pensé que lo había conseguido, pero un bofetón en la mejilla me dijo lo contrario.

-No le agredas.- dijo Covan.- le necesitamos consciente.

Noté el sabor del hierro en la boca y supe que estaba sangrando. El Archimago me levantó la barbilla con fuerza y ahora fue él el que dirigió su mirada hacia mi.

-¿Qué eres?- era la cuarta vez que lo decía.

No supe qué responder. ¿Era un Archimago? ¿Era un humano? ¿Era un ser superior? No le contesté. Qaydar se separó de mi, pero esta vez no me pegó. Simplemente caminó frente a mi con lo brazos juntos tras la espalda.

-¿Te niegas a hablar?

-No, no es eso.- respondí.

Estaba aterrorizado. Yo, aquel que había expulsado a los Nuevos Dragones de Kosh y de Raheld (aunque hubiesen vuelto). Yo, aquel que no tenía miedo a nada tras aquel mágico suceso con Lunnaris, ahora tenía más miedo que un bebé frente a un perro rabioso. El Archimago se giró hacia mi y colocó sus manos encima de mis brazos, apretándolos contra el reposabrazos con fuerza. No pude evitarlo, puesto que estaba inmóvil, así que grité de dolor.

-Qaydar, no le agredas. Le necesitamos consciente.- repitió Covan.

-Si no habla, habrá que amenazarle y torturarle.- casi gritó el semifeérico.

-Déjame.- Covan apartó al otro hombre, que profirió palabras malsonantes.- No te quejes. No sabes torturar.

El caballero dejó de prestar atención a las injurias del mago y se centró en mi.

-¿Qué eres?- ya iban cinco veces.

-No... no lo sé.

Qaydar resopló, pero Covan no mostró impaciencia.

-Nosotros tenemos todo el día. Yandrak, quizá, no.- dijo.

Al escuchar el nombre de mi amigo mis sentidos sufrieron un despertar repentino.

-¿Qué le habéis hecho? ¡¿Qué le habéis hecho!?- grité intentando levantarme, pero no podía.

-Nosotros no hemos hecho nada malo. Tan solo le hemos dado una cama donde descansar. Qué pena que solo llegue el aire desde las rendijas de la puerta. Oh, espera, si no hay rendijas, está cerrada por completo. Vaya, qué descuido. Solo el tiempo decidirá cuándo acabar con su vida.

-¡No! No le dejéis morir. Es el último dragón de Idhún.

-No, no lo es.- respondió él.- Está su hijo. Y todos los dragones resucitados. Por cierto, ¿sabes quién los resucitó?

Sí que lo sabía. Lo que no sabía era si decirle la verdad, o mentirle. Si le mentía, podría descubrirme y matarme o asesinar a Jack. Si le respondía correctamente, podría utilizarme para otros fines, o puede que la Tríada me tachara de traidor. Después de este frenético momento de pensamientos dispares, respondí:

-Fui yo.

Al final saldría la luz, pensé. Saldría que yo soy el Archimago al que Lunnaris le otorgó la magia, aunque por error. Que fui yo quien resucitó a los dragones, después de que Ashran los hubiese matado a todos.

-¿Cómo que fuiste tú?- preguntó Qaydar.

-Yo resucité a los dragones.

El Archimago y el caballero me miraban atónitos y furiosos. No comprendían que un simple joven humano tuviese tanta capacidad mágica.

-¿Qué eres?- preguntaron por enésima vez.

Entonces ya sabía qué responder, por lo que, con el semblante serio y desafiante, respondí:

-Soy un humano. Soy un Archimago. Soy Jaenor.
En aquel momento, con un rápido movimiento de cuello, me aparté aquel horroroso material de la frente que me inhibía la magia y formulé un hechizo de ataque por el cual Qaydar y Covan salieron volando, chocándose contra la pared.Aproveché la confusión para desatarme las manos y los pies y levantarme.

El Archimago me miró con odio y realizó otro conjuro ofensivo. Me pilló desconcertado, aunque pude levantar una barrera de defensa. Aun así, rozó mi hombro y me produjo dolor.

-¡Por los Seis!- grité.

Qaydar repitió su hechizo al cual yo respondí con otro. El suyo era de fuego; el mio, de hielo. La fusión de ambos conjuros provocó una explosión que agrietó las paredes. El Archimago, el rey y yo salimos heridos de aquella acción, pero no por eso dejamos de pelear.

-¡Detente, hijo del Séptimo! ¡Tu magia negra no podrá conmigo!- dijo el semifeérico.

-¡No soy hijo del Séptimo! ¡Soy Jaenor, hijo de Irial, madre de los humanos!- respondí.

Covan alzó su espada y me señaló con ella.

-¡Tu no eres nadie!- gritó la última palabra.

Acercó el filo de su hoja hacia mi cuello, pero conseguí detenerle en seco gracias a mis reflejos y a un hechizo de parálisis.

-Si no soy nadie,- dije.- entonces soy alguien.

Con la mano libre realicé el mismo conjuro a Qaydar, que no pudo detenerlo a tiempo y se quedó paralizado. Era una situación muy difícil para mi, pues tenía que estar concentrado a los dos hechizos, sobre todo con el Archimago, que luchaba por liberarse.

-¿Dónde está Jack?- pregunté.

-Aaa.- respondieron ambos.

-¿Qué?

-Aaa.

No entendía por qué hacían eso, hasta que supe que era porque estaban paralizados. Totalmente.

-Oh, espera, si no podéis vocalizar.

Entonces pensé cómo mantenerles retenidos para que pudiesen hablar. Me parecieron buena idea las bolas mágicas, pero me surgió un pequeño interrogante. ¿Cómo conseguiría meterles sin que me atacasen? Debía hacerlo muy rápido. Me concentré primero en Qaydar. Le miré fijamente, y con un rapidísimo movimiento de dedos, cerré la mano, dejándole libre por unas décimas de segundo y formulé el otro hechizo.

El Archimago realizó un conjuro de ataque, pero ya estaba metido en la bola y no me alcanzó.

-No.- gritó.- ¡NO!

Sonreí, y repitiendo las mismas palabras que él hacía unos minutos, le pregunté:

-No te esfuerces, Qaydar. Tan solo habla. ¿Dónde está Jack?

-No lo sé.

Cerré un poco la bola mágica para que se sintiese más encerrado. Lo conseguí. Qaydar intentaba empujarla con las manos, pero miraba con miedo cómo se sentía más aprisionado.

-Para.- me ordenó.- ¡Para!

Me detuve, pero no porque me lo dijese él, sino porque le podía matar. Y no quería eso.

De momento.

-¿Dónde. Está. Jack?- pregunté deteniéndome tras cada palabra.

-Oo oo ée.- dijo una voz a mi lado.

Giré la cabeza para ver a Covan. Casi me había olvidado de él, y mi hechizo se había debilitado, pero volví a concentrarme en el conjuro y el rey se quedó quieto completamente.

-¿Qué?- pregunté.

-Déjale libre, no puede hablar.- dijo Qaydar.

-No es tan fácil, Archimago.- respondí.- No voy a caer.

Aun así, realicé el mismo conjuro que con el semifeérico y Covan se quedó encerrado en otra bola, que golpeaba repetidas veces con su espada.

-No lo conseguirás.- comentó Qaydar.- Conozco este hechizo. Es irrompible. Solo lo puede destruir algún mago que esté fuera de ella, o un dios. Y no somos nada de los dos.

-Covan. ¿Dónde está Jack?

-A estas horas, ya debe estar muerto.- respondió desafiante.

"¿Muerto? No, no puede ser" pensé.

-¡Mentira!- grité.- ¿dónde está?

Cerré las bolas aun más para que se sintiesen agobiados. Ya tenían que encogerse para poder estar medianamente cómodos.

-Vale. Vale. Te lo diremos con una condición.- dijo el Archimago.

-¡Ya estamos con las condiciones!- recordé la escena en la que se 'fueron' de la base.- Decidme dónde está si no queréis morir.

-¡Ya estamos con las amenazas!- se burló Covan.

Esa no era la actitud propia de un rey, ni mucho menos. No sé que le ocurría al caballero de Nurgon. Quizá utilizara la sátira para contrarrestar el miedo que sentía, pero no le sirvió conmigo. De nuevo, disminuí el volumen de las bolas, y ellos se sintieron aun más asfixiados.

-No aprendéis, ¿eh?- vi que se sentían muy incómodos.- ¿Dónde. Está. Jack?

-En una habitación.- respondió finalmente Qaydar.

Miré un poco a mi alrededor, pero no supe dónde nos encontrábamos, así que lo pregunté.

-¿Dónde estamos?

-En Nurgon.- dijo Covan.

No conocía mucho el castillo, pero debía salvar cuanto antes a Jack. Tampoco sabía que hacer con mis dos adversarios: si dejarles allí, o llevármeles a algún sitio. Me decanté por la primera opción.

Me acerqué a la puerta, mirándoles constantemente y manteniendo el hechizo de la bola.

-Me voy a buscarle.

-Claro, nosotros te esperamos aquí.- respondió Qaydar.

Sonreí secamente. Otro que utilizaba el sarcasmo para ocultar su miedo.

-Ya. Aun así, prefiero manteneros ocupados.

Abrí la puerta y salí fuera. Cerré la mano para extinguir el conjuro y rápidamente cerré la puerta con otro.

-La puerta está cerrada- dije desde fuera.- Si la tocáis, os quemaréis. Yo que vosotros no lo haría.

No me respondieron, pero sabía que me habían escuchado. Salí corriendo en busca de mi amigo, abriendo puerta por puerta sin éxito. Deseaba que no, pero quizá ya sería demasiado tarde.

Quizá, Jack ya estuviese muerto.
Continuaba abriendo puerta por puerta frenéticamente, gritando al vacío en nombre de mi amigo, cuando me encontré con un anciano que merodeaba por la zona, y me cortó el paso.

-¡Eh! No puedes correr por el castillo. Está prohibido.

-¡Ahora no puedo! Estoy buscando a alguien.

-¿A quién?

-Al último dragón.- respondí.

El hombre, que tendría unos sesenta años, preguntó:

-¿Tú eres el que ha venido con él? ¿El resucitador de dragones?

-Sí, soy yo. Pero necesito encontrarle. O me ayudas, o te vas.

El señor me miró entrecerrando los ojos.

-Me suenas de algo.- comentó.

La frase me sorprendió un poco, pues no sabía de qué podía sonarme a mi aquel anciano.

-¿De qué?

-A una persona. Pero no sé exactamente. Oh, por cierto, Yandrak está en el sótano. Puedes buscarle ahí directamente.

-Gracias. Muy amable.

Bajé rápidamente las escaleras de nuevo en su búsqueda, pero con un pequeño pensamiento acerca de ese hombre. ¿De qué le sonaba?

-Jack. ¡Jack! Dime si me oyes.

Al principio no obtuve respuesta, pero a los pocos segundos escuché una voz que preguntaba:

-¿Jaenor?

Era él. Era la voz de mi amigo. Volví a llamarle, prestando ahora más atención a la procedencia de la voz. Me pareció oírle detrás de una puerta de madera, pero solo era su eco. Sin embargo, otra puerta llamó mi atención. También era de madera, con filigranas talladas en los extremos verticales.

Me horroricé y me disgusté al verla más de cerca. La talla representaba a un dragón y a un shek luchando. Pero el sangrecaliente iba claramente perdiendo. Tenía un ala desgarrada a la cual le faltaba un trozo, mientras que la otra estaba en una posición espeluznante. Caía en picado, pero estaba sujeto en la cola del shek, quien hincaba sus colmillos en el ojo de su adversario. Este, ciego de ira y de dolor intentaba morder a la serpiente, aunque no tenía éxito.

No sabía por qué estaba esa escena en los sótanos de Nurgon, pero no quería saberlo.

-¿Jaenor, estás ahí?

La voz de Jack me devolvió a la realidad.

-Sí, sí, Jack. Ahora te abro.

Pero, cuando fui a empujar la puerta, noté algo que me hizo cambiar de opinión.

-¡Ah!

Grité de dolor y de asombro. Intenté volver a abrirla, esta vez con más cuidado, pero volvió a suceder lo mismo. El pomo de la puerta quemaba. Igual que la que encerraba al semifeérico y al rey.

-¿Asombrado, Archimago?- preguntó una voz burlona.

-¡Qaydar!- grité al reconocerlo.

-Sí, el mismo que has encerrado antes.

Le observé desconfiado, protegiendo la puerta tras la que estaba Jack.

-¿Cómo es posible?

-Un mago tiene sus trucos. Un Archimago, más bien. Veamos cuántos te sabes tú.

Al decir esto creó una bola de fuego que destinó a mi cabeza. Pude esquivarla a duras penas, y contraataqué. Estaba débil del enfrentamiento anterior. Supuse que él también, pero partía con ventaja. Covan estaba con él. Yo me encontraba solo.

Hice crecer rosales alrededor de sus tobillos, y por un segundo funcionó, pero al siguiente ya no había rosales. Tan solo cenizas. Qaydar lo había calcinado.

-Te preguntarás cómo hemos conseguido salir.

Ya se lo había dicho antes, por lo que la respuesta era sí. Shail me había enseñado aquel hechizo, y no se lo había visto realizar a nadie, por lo que suponía que era creación suya. Pero pronto descubrí que no.

-El conjuro que has utilizado para encerrarnos es el mismo que he utilizado con Yandrak. Supongo que Shail te lo ha enseñado. Bien, a él se lo expliqué yo. Y a mi nadie, por lo que puedo decir que soy su orgulloso creador. Lo que no le dije fue el contrahechizo, que he usado para escapar. Podría volver a hacerlo para salvar a Jack, pero no es necesario. Ya no caerá sobre nosotros la losa del arrepentimiento tras haber acabado con la vida del último dragón.

-Kirtash sí que tuvo remordimientos para matar al último unicornio, y no lo hizo.- repliqué.- ¿Acaso eres más inhumano que Kirtash?

-Acabar con la vida del último draón es diferente a matar al último unicornio. Los dragones fueron creados para odiar, y odiada morirá toda su raza. Los unicornios, en cambio, fueron creados para amar todo lo que les rodeaba, y desaparecerán amados. Dentro de, espero, mucho tiempo.

No le entendí muy bien el final, así que dirigí mi atención a Covan. Quizá a él le podía persuadir.

-Covan, a Alsan no le gustaría que acabases con la vida de Yandrak, a quien con tanto esmero cuidó y protegió.

Me pareció ver que el rey vacilaba, pero seguramente fueran imaginaciones mías.

-No vamos a cambiar de opinión respecto a la muerte de Yandrak,- cortó Qaydar.- cuando muera, Idhún será nuestro.

-Victoria dijo, que si amenazábais de muerte a cualquiera de sus seres queridos, no tendrá piedad con vosotros.- dijo una voz débil.

-Yandrak, Lunnaris no está aquí para protegerte. Morirás, y encerraremos al unicornio en un lugar del que no podrá escapar, y en el que estará a nuestro servicio para siempre.- respondió Covan.

No me podía creer lo que acababa de decir el rey de Vanissar. Horrible es ya que encierres a alguien contra su voluntad para que esté a tu servicio por el resto de sus días, pero aún peor es que ese alguien sea un unicornio. La criatura más perfecta de Idhún.

-¡Como puedes decir eso, malnacido! Subestimas a Lunnaris. Ella seguro que sabe ya lo que estáis tramando, y de un momento a otro se presentará aquí.

-Calla, mago.- escupió Qaydar.

El semifeérico realizó un hechizo ofensivo básico, que además iba dirigido a mis pies. Lo detuve sin apenas esfuerzo, pero comprendí de repente que era para distraerme. Covan desenfundó su espada y la dirigió contra mi. La detuve con otro bloqueo, pero Qaydar aprovechó la ocasión para lanzar un hechizo que yo conocía, pero que no pude rechazarlo. Me vi encerrado en una bola mágica.

-¡No! ¡NO!- grité pataleando la bola.

El Archimago dejó de mirarme y se acercó a la puerta tras la que se encontraba Jack. Con un breve gesto, abrió la puerta y el cuerpo de mi amigo, que estaba apoyado en ella, se derrumbó.

-Ay.- se lamentó.

Qaydar le levantó del suelo con la mano libre y lo puso con un fuerte golpe entre él y la pared.

-Bien, dragón. Tus servicios aquí han terminado.

Dejé de observar la escena, pálido, y metí la cabeza entre las piernas, esperando el momento en el que Yandrak, el último dragón de Idhún, aquel que derrotó a Ashran y se acercó a la muerte en Umadhún, junto docenas de proezas más, caería abatido por el último Archimago, aquel que quería encerrar al unicornio para aprovecharse de su poder, aquel que habló con los dioses y propició el mayor desastre que Idhún había visto jamás, y aquel que quiere conquistar Idhún tras haberlo defendido del ataque del Nigromante.

Oí un fogonazo y pensé "Ya está, Yandrak ha muerto". Levanté un poco la cabeza, sollozando sitiéndome ruin y cobarde por haber abandonado a mi amigo cuando se iba con la muerte, y vi la escena en la que Jack estaba tumbado en el suelo, sin que su caja torácica se moviese.

Pero no fue así.


Jack sí estaba tumbado en el suelo, pero sus pulmones estaban en funcionamiento. Estaba vivo. O Qaydar había decidido no matarlo, o alguien le había salvado. Sucedió la segunda.

Al lado del hombre se situaban dos botas. Casi no se veían puesto que estaban ocultas tras una larga túnica blanca. Esta se dividía en tres partes, dos brazos y una cabeza. Una de las manos sujetaba con firmeza un báculo encendido en la punta. La cabeza tenía el pelo largo, castaño como las hojas de otoño, a juego con sus ojos, entrecerrados, fieros. Unos labios prietos, en tensión, mostraban una actitud ofensiva. Toda la ira de los dioses se reflejaba en el rostro de la mujer.

-No toques a Jack- dijo con firmeza.- nunca más.

La ira de los ojos de Victoria contrastaba completamente con el terror irracional de los de Qaydar y Covan.

Observaba atónito la escena que ocurría frente a mi. Jack, desmayado. Victoria, desafiante. Qaydar y Covan, aterrorizados. De repente, la mujer alzó el báculo, y pronunciando un hechizo arcano, del cual entendí "muerte" y "fuego" atacó al Archimago y al rey.

El impacto fue pleno. Un haz de luz roja iluminó la sala y un calor sofocante la inundó, provocando llamas en los cuerpos de Qaydar y Covan.

-¡Ah!-gritaron aterrorizados.

El Archimago pronunció un hechizo por el cual dejó de estar ardiendo y su piel se volvió azulada. Conocía aquel hechizo, era casi el mismo que utilicé cuando incendié la ciudad de Kosh. Pero él no parecía que estuviese preparado para contraatacar.

Un hechizo ofensivo invocado por un unicornio no es fácil de repeler y salir vivo. Qaydar sí pudo hacerlo, por algo era un Archimago, y también sobrevivió. Pero no como yo lo hice. De su pelo salían volutas de humo, a la par que goteaba. En su cara había restos de cenizas, pero también de hielo. El resto del cuerpo estaba igual. Quemado y helado. Fuego y hielo.

-¿Por qué no sano?- se preguntó Qaydar.

Victoria sonrió. Era una sonrisa siniestra.

-La pregunta correcta es: ¿por qué no estás muerto?

Qaydar se miró las manos, humeantes y heladas. Me preguntaba cómo era posible tal contraste de sensaciones en el cuerpo. Creía que era porque el hielo le quemaba. Victoria había transformado el frío agradable en frío helado.

-Tus grandes poderes te han salvado, Archimago.- continuó Victoria.- pero estás malherido. No sobrevivirás mucho tiempo. Te aprisionaremos hasta que llegue tu hora. Después, liberaremos Idhún.

Qaydar agachó la cabeza, abatido, y comenzó a llorar suavemente. Cómo había cambiado su estado en unos minutos, pensé.

-En cuanto a ti, Covan, rey de Vanissar, serás desterrado. Tu armadura te ha salvado también, pero estás herido. Si mueres en pocos días, serás enterrado bajo los suelos de la fortaleza.

Covan tampoco estaba bien. Su rostro había sufrido la peor parte. Lo tenía negro, carbonizado. Su armadura reflejaba el mismo color. Intentó moverse, y gritó de dolor.

Yo observaba la escena con interés, con terror incluso. Tras la caída de Qaydar, el hechizo que me retenía había desaparecido, pero me mantenía quieto, sin intervenir. Casi podría decirse que si intervenía podría alterar los sucesos. Solo cuando Covan volvió a gritar tras intentar moverse de nuevo, me atreví a acercarme a ella.

-Hola, Jaenor.- me saludó un poco más relajada.- Por favor, llévate a Jack a casa. Iré enseguida.

Asentí y recogí a mi amigo del suelo. Como se había desmayado, tenía que cargar con él. Pasé su brazo detrás de mi cuello y dirigí una última mirada a Victoria.

-¿Qué vas a hacer con ellos?

-A Qaydar lo encerraré, hasta que muera. Nadie os hace daño a Jack ni a ti. A Covan lo encerraré también. Él tiene más posibilidades de sobrevivir. Si sobrevive le preguntaremos al pueblo vannisardo quién quiere que les gobierne.

-¿Estás segura de que Qaydar va a morir?

-Una vez estuve a punto de matar a Christian, ¿recuerdas?

En mi cabeza aparecieron imágenes de aquel día en el que la Tríada me contó cómo Jack estuvo a punto de morir a manos de Christian, y Victoria también casi mató a este último.

-Sí, recuerdo.

-Bien. Después de que Jack apareciese cuando Christian estaba moribundo, estuve tres días curándolo.

-Sí, me lo contasteis.

-Con Qaydar necesitaría cinco días.

La respuesta me asombró un poco.

-Pero, ¡si a Christian le clavaste Domivat ardiendo! A Qaydar tan solo un hechizo ofensivo, aunque poderoso.

-Jaenor, el poder de Domivat estaba tenñido de dolor y la fuerza de los dragones. El poder del báculo de Ayshel, en cambio, portaba la furia y la ira de los dioses. Christian es un shek, pero es muy resistente, por tanto pudo sobrevivir hasta que comencé a curarle. En cambio, Qaydar es humano. Aunque sea un Archimago, no posee la semidivinidad de dragones o sheks. Es débil ante los elementos, y más cuando le ha cogido desprevenido. Por eso la pregunta correcta era por qué no está muerto.

-¿Ibas a asesinarles?- pregunté.

Victoria rio secamente.

-Casi mato a Christian, que le amo. Cómo no voy a asesinar a Qaydar, si le odio. Y más ahora que quería conquistar Idhún.

-¿Y Covan? ¿Él por qué no muere?

-Las armaduras de los caballeros de Nurgon están fabricadas con un metal que protege del fuego,- intervino Covan.-pero bajo él, la piel sufre. Es por eso por lo que no puedo moverme. La armadura me ha protegido directamente del fuego, pero mi piel está irritada bajo ello, y me escuece al moverme.

-Serás llevado a un juicio, rey Covan. El pueblo decidirá a quién tener por rey, porque, repito, serás desterrado por los actos que has llevado a cabo.

En ese momento, Jack despertó. Fue algo brusco, pues abrió los ojos rápidamente y giró la cabeza a todos lados.

-¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?- preguntó.

-Llévatelo a casa.- me pidió Victoria.- Como dije antes, iré enseguida.

Asentí, y tras pronunciar un hechizo de teletransportación, Jack y yo desaparecimos de allí.
Aparecimos en la casa de la Tríada, donde yo había pensado. Caminábamos hacia la puerta, Jack apoyado sobre mi, cuando noté que la temperatura descendía lentamente. Me dio un escalofrío y miré hacia todos lados, pero como me esperaba, no vi a nadie.

-Christian, somos nosotros. Jaenor y Jack.

-¿Dónde está Victoria?- preguntó él sin dejarse ver aun.

-Se ha quedado con Covan y Qaydar. Me ha dicho que traiga aquí a Jack. Está muy débil.

Me pareció ver moverse algunas hojas en un árbol, y de él salió una figura masculina vestida completamente de negro, ágil y felina. Pelo semilargo y castaño, y ojos azules como el hielo. En un abrir y cerrar de ojos se situó frente a mi y me levantó del suelo agarrándome del cuello.

Esta acción provocó que Jack se cayera al suelo, pero a Christian no parecía importarle, el solo tenía ojos para mi. Antes de que pudiese preguntar qué le ocurría conmigo, él me dijo, silenciosa pero amenazadoramente:

-¿Has dejado a Victoria SOLA ante Qaydar y Covan?

-Lo ha elegido ella.- pude decir con esfuerzo.- Además, están débiles. Dice que el Archimago morirá pronto, y el rey, si sobrevive, será desterrado.

-¿Dónde está ahora?

-Deberías saberlo. ¿No tienes acaso el anillo ese que te dice dónde está?

Christian entrecerró los ojos, ofendido.

-Mediante Shiskatchegg sé cómo se siente, pero no dónde está. Responde a la pregunta, Archimago.- escupió la última palabra.

-Está en la fortaleza de Nurgon.

-Voy para allá. Tú, quédate con los niños.

Me soltó y caí al suelo, pero sin caerme. Me froté un poco el cuello, pues me dolía.

-Bueno, vale.

-Y llévate a Jack.- dijo tras dirigirle una mirada.- No creo que a Victoria le guste verle en el suelo.

Sin responderle, cogí a Jack del suelo y le acompañé a casa mientras Christian se marchaba.

-¿Estás muy mal?- le pregunté.

Veía innecesario preguntarle si se encontraba bien, ni siquiera si se encontraba mal. A simple vista se notaba que su aspecto era deplorable. Si le soltaba, se caería y no se podría levantar. Odié aun más a Qaydar y Covan por haberle hecho esto. Jack no respondió a mi pregunta, así que le formulé otra.

-¿Quieres agua?

Él me asintió con la cabeza, y decidí llevarle al sofá. Le dejé allí y me fui a por agua, que de un cuenco bebió poco a poco.

-Vete a ver a los dragones. Búscalos por Idhún.- me dijo.

-¿Y te dejo aquí solo?- le pregunté.

-Los niños cuidarán de mi.

Ya me había olvidado de Erik, Eva y Laura, pues desgraciadamente Qaydar, Covan y la Tríada abarcaban toda mi preocupación.

-¡Erik! ¡Eva! ¡Laura! Jack está aquí.

Oí unas pisadas y al cabo de unos segundos tres chicos vinieron al salón.

-Hola, Jaenor.- dijo Erik.- ¿Dónde estábais?

-¿Dónde está mi padre?- preguntó Eva.

-Sí, juraría que estaba aquí hace un momento.- comentó Erik.

-Ha ido con Victoria. Están en la fortaleza de Nurgon.

Los niños no dijeron al principio nada hasta que se fijaron en Jack.

-¡Papá!- gritaron Erik y Laura.- ¿Qué te ha pasado?

El hombre suspiró e intentó levantarse, pero un gemido de dolor indicó que le era imposible, por lo que decidí intervenir.

-Venimos de Nurgon. Qaydar y Covan nos habían secuestrado junto a los dragones. Ni Jack ni yo sabemos dónde están, por eso voy a investigar. Quedáos aquí mientras esté fuera. Más tarde buscaré a vuestra madre y a Christian.

Los niños asintieron, sonreí levemente y me marché de la casa. Fuera, en el porche, visualicé el último lugar donde había visto a los hijos mayores de Aldun: la base de los Nuevos Dragones.

Y desaparecí de allí.
Frente a mi, apareció el lugar que yo pensaba. Pero, ¡por los Seis! Había cometido un fallo típico de un novato: aparecerme en, exactamente, el lugar que visualizaba, sin tener en cuenta a las personas que podría haber allí.

Y las había. Montones de ellas.

Al verme, súbitamente detuvieron todo lo que estaban haciendo y me miraron incrédulos y desconfiados.

-¿Quién eres tú?- preguntó uno de ellos.

Se trataba de un hombre alto, fornido y con varias marcas en los brazos. Su estética y antropomorfía denotaban que era humano, pero su piel era más oscura de lo normal. Era un mestizo. Tenía el pelo muy marrón y los ojos del mismo color. Su rostro me hacía recordar al hombre que acompañaba a Qaydar y Covan el día que escapamos de Idhún. Sí, debía ser él. Pero no me acordaba cómo se llamaba.

-Soy...- pensé en decirles la verdad, pero quizá sabrían quién era, por lo que decidí mentirles.- soy un mago.

El hombre me miró aburrido, como si ya lo supiese.

-Eso ya lo sé, un no-inicado no se aparece así por así. Dime tu nombre.

-Soy Kise, un aprendiz de Qaydar.

-¿Cómo es que no te había visto antes por aquí?

El cuestionario me estaba poniendo nervioso, y quizá mi tapadera de mago novato no servía. O quizá sí. El conjuro que acababa de realizar era típico de un aprendiz, y podría seguir con ello. Lo importante era que nadie me reconociese.

-Acabo de ser consagrado como mago.

-Ya no hay unicornios en Idhún.- replicó el hombre.

-Hay un hombre que reparte magia mediante un cuerno de unicornio. Qaydar me ha aceptado como un alumno suyo, ya que quedamos pocos.

-¿Y ya sabes realizar un hechizo de teletransportación? Yo no soy un mago, pero sé que ese hechizo es difícil de realizar.

-Fue el primero que me enseñó.- respondí nervioso y sudando levemente.- dice que es muy útil.

El hombre no dijo nada, y por un breve instante pensé que le había convencido, pero una voz masculina rompió el silencio con una revelación.

-¡Miente!- dijo ese hombre.

Cuando descubrí quién me delataba, me quedé sorprendido. Era el piloto que advirtió a Covan de la llegada de los dragones. Era un humano de pelo negro, alto y ojos marrones. Su blanco tono de piel contrastaba con sus vestimentas negras: un chaleco y un pantalón corto, además de unas sandalias.

-Se trata de Jaenor, el Archimago que acompañaba a Yandrak cuando nos arrebataron la base.

-Veo que la habéis recuperado sin esfuerzo alguno.- comenté.

-Con la resistenciaah que había.- dijo provocando un bostezo burlesco.

Eso me trajo el recuerdo de por qué acabé en Nurgon.

-¿Dónde están los dragones?- pregunté mientras mi ira aumentaba.

El hombre de piel oscura sonrió malévolamente y ordenó a cuatro personas que abriesen unas puertas grandes que había al fondo.

Poco a poco se fueron separando y aquello que se ocultaba detrás me sorprendió. Los dragones estaban allí. Rojos, azules, negros, más grandes, más pequeños, machos, hembras o de cualquier tipo. Mientras observaba asombrado aquella escena, el hombre de las marcas volvió a hablar.

-Después de que cayéseis en la trampa de Qaydar, volvimos a la base. Los dragones despertaron y, por un momento, pensamos que nos atacarían. Pero no recordaban nada, así que aprovechamos y les dijimos que estaban de nuestro bando.

-Y, ¿cuál habéis dicho que es vuestro objetivo? ¿Conquistar Idhún?- pregunté con burla.

-No.- el hombre sonrió con desprecio.- que vosotros queréis conquistar Idhún.

Me enfadé, porque habían mentido a los dragones y porque los habían puesto en nuestra contra. Con un grito, realicé un conjuro de ataque dirigido a mi contrincante, pero otro hechizo lo bloqueó. Miré a los lados, furioso, y visualicé mi nuevo objetivo: un mago. Con un gruñido, me olvidé del hombre con quien hablaba antes y ataqué al mago. Este bloqueó mi hechizo, y con un grito pareció que llamaba a un dragón.

No pareció. Lo hizo de verdad.

De todos los dragones, uno de color negro como el carbón rompió filas. Otra vez la sorpresa se apoderó de mi. Se trataba de Oganor.

-Dragón veintitrés diez quince, yo te ordeno atacar y matar a este humano que viene a provocar disturbios en nuestra tranquilidad.- dijo el hombre de la piel oscura.

El dragón negro, con un rugido, se lanzó hacia mi con sus fauces abiertas. Tuve que pensar rápidamente, si le mataba, o si le derrotaba. Alzó el vuelo y se dirigió a mi, dispuesto a matarme. Tomé una decisión.

Cuando Oganor estaba a escasos metros de mi, me teletransporté justo detrás de él y le rasgué la cola con fuerza. Como suponía, el dragón rugió de dolor y me lanzó una llamarada. Por suerte, levanté una barrera que bloqueó su bola de fuego y la desintegró.

-Para.- le ordené.

Oganor sonrió mostrando una hilera de dientes puntiagudos, y descendió al suelo.

-No recibo órdenes de humanos.

-Y él, ¿qué?

Señalé al hombre que le había ordenado matarme, que observaba la escena impaciente.

-Rodul es el dios que me ha creado a mi y a toda mi raza. Sus deseos son mis órdenes.

No puede ser, me dije. Han olvidado todo lo de su raza. No saben quién es su dios.

-Él no es vuestro dios... ¡es un farsante!- grité.

-¡No oses dirigirte así a Rodul!

Oganor alzó el vuelo de nuevo y, con un potente rugido, se dispuso de nuevo a matarme.

-Ya me he hartado de ti, dragón.- siseé.

Invoqué el poder del aire y formé un pequeño tornado, pero lo suficientemente poderoso para que desestabilizara al dragón negro y le hiciese caer al suelo.

-¡Abre los ojos, estúpido dragón!- le grité.- ¡Vuestro dios es Aldun! ¡Aldun!

De todos los dragones que conozco, realmente él es con quien menos me entiendo. Al parecer, a Oganor no le gustó el insulto, pues se lanzó hacia mi con una ira irrefrenable, como si yo fuese un shek.

Me coloqué de nuevo en posición ofensiva.

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Nota de autor: ¡Hola! ¿Cuanto tiempo, eh? ;) Siento no haber escrito en estos últimos días, pero he estado muy atareado. Intentaré escribir más a menudo a partir de ahora, porque es algo que me encanta hacer. Ya queda menos... ;)
-¡Te mataré, humano! ¡Por Rodul juro que te mataré!

Oganor alzó el vuelo y volví a crear un tornado, el cual volvió a desetabilizarle. El dragón rugía enloquecido y batía las alas con fuerza, hasta que pudo desasiarse del fuerte viento. El odio también me dominó a mi y, abriendo la mano, formulé otro hechizo, esta vez de hielo.

Un bloque de hielo apareció súbitamente frente a Oganor, y este, asustado, trató de evitar el choque, pero fue en vano. El cuerpo del dragón se deslizó hacia el suelo tras el fuerte golpe que se dio. Cerré la mano y el bloque desapareció, pero volvió a resurgir en forma de semiesfera. Alrededor de Oganor se formó una circunferencia de hielo que fue subiendo hasta el techo y acercándose cada vez más.

El dragón gruñó e intentó alzar el vuelo, pero tenía un ala quebrada y rugió de dolor. Observé cómo la semiesfera se iba formando hasta que, de repente, una bola de fuego apareció y derritió mi formación de hielo.

Furioso, miré de un lado a otro para descubir quién había deshecho mi hechizo, pero no identifiqué a ningún sospechoso, por lo que volví a atacar a Oganor. Con un conjuro terrestre, el suelo comenzó a temblar y empezaron a caerse cosas que estaban situadas en la parte de arriba de la base. Una de ellas fue un gran trozo de madera que se derrumbó sobre el cuerpo de Oganor y le provocó un dolor pequeño, dejándole inconsciente.

Después, silencio. Tan solo cortado por mi respiración exhausta.

-¿Has matado a un dragón?- preguntó Rodul lentamente.

"¿Lo he matado?" pensé. Podría haberlo hecho. Pero un trozo de madera caído de un pequeño terremoto no acababa con la vida de un dragón.

-No, no lo he hecho. Pero puedo mataros a vosotros.

-No te atreverás.- amenazó Rodul.

-¿Eso crees?- pregunté.- En el primer gran ataque a los Nuevos Dragones, Yandrak, Kirtash, Victoria, Shail y yo asesinamos a docenas de ellos.

-¿Fuiste tú quien destruyó una flota entera de dragones con tan solo una onda de hielo?

-Sí.- asentí.- iban a atacar Kosh, y yo lo evité. ¿Hay algún problema?

Rodul parecía muy enfadado. La conversación le disgutaba ampliamente.

-¡Por supuesto que sí!- gritó.- ¡Muchos de los nuestros murieron! ¡Humanos! ¡Yan! ¡Seres vivos!

-¿Quieres acompañarles?- pregunté.

Una pequeña bola de fuego levitaba sobre mi mano derecha. En cualquier momento podía convertirse en algo grande y dirigirse al cuerpo de Rodul.

-¿Quieres tú?- preguntó una voz desconocida desde un lugar desconocido.

Miré de un lado a otro, atónito y desconfiado. Su voz me recordaba a alguien.

-¿Quién osa dirigirse a mi sin dignarse a aparecer?- pregunté.

Detrás de Rodul se deslizó una persona que su presencia me sorprendió hasta límites insospechados.

-¿Qaydar? ¿Qué haces tú aquí?

Mi asombro no podía ser más grande. ¿Dónde estaba Victoria?

-Lo mismo digo yo. ¿Qué pensabas, que iba a morir sin más?- rio.- Ah, por cierto. Tengo que enseñarte algo.

El Archimago se giró y ordenó a unos hombres a unos escasos metros detrás de él:

-¡Traed al rehén!

Qaydar volvió a centrarse en mi y, con una sonrisa malvada, comentó:

-Está un poco mal, quizá no pase de esta noche, pero te la muestro igual.

Mis horribles sospechas se hicieron realidad cuando los hombres trajeron un cuerpo femenino arrastrándolo por el suelo.

-¡¡VICTORIA!!- grité.

Comencé a correr hacia ella, pero Rodul me detuvo. Era más fuerte que yo, por lo que físicamente no podía ganarle.

-Espera, hombre, espera.- dijo Qaydar riendo.- que aun hay más.

Fruncí el ceño, extrañado, y me vino otra persona a la mente, otra persona con la que solía estar.

Los hombres que habían traído a Victoria, que ahora yacía moribunda en el suelo, tenían en ese momento en su poder el cuerpo de Christian.

-Apareció en el momento exacto.- continuó Qaydar.- Además, él es más vulnerable a esto.

Del bolsillo de su túnica sacó una piedra que yo ya había visto en algún momento y que no me gustaba en absoluto.

-La piedra de Erea- prosiguió.- capaz de destruir lenta y dolorosamente a los sheks y, según estudios recientes, a los unicornios y sus elegidos. Esto último no lo sabíamos hasta que caíste en nuestro poder. Probamos con otro mago a ver si le causaba el mismo dolor, pero no le ocurrió nada.

>>Así que supusimos que la luz de un unicornio vivo brillaba con fuerza en tu interior, y buscamos a otra persona que tenía la misma fuente mágica que tú: la semiyan Kimara. Y funcionó.- sonrió de forma siniestra.

"Oh, no" pensé. "Primero Jack y yo, luego Victoria, Christian y Kimara. ¿Qué clase de 'personas' son?"

-¡Traed a la semiyan!- ordenó Qaydar.

Observé con horror cómo los hombres que habían traído a Victoria y Christian arrastraban por los suelos a una polvorienta Kimara.

-Pero, ¡Kimara es de los vuestros!- grité.- ¿Cómo le podéis hacer esto?

-La semiyan es una traidora. Lo demostró cuando se unió a vosotros. ¡Pronto estará muerta!

La última frase que pronunció trajo consigo un recuerdo a mi mente.

-Qaydar, ¿tú no te morías?

El Archimago me miró con interés y malicia. La intriga me pedía saber cómo había logrado escapar.

Cómo había huido de la Muerte.

Seguía esperando la respuesta del Archimago, hasta que porfin decidió relatarme su huida.

-Verás, un buen archimago como yo conoce varios conjuros, y entre ellosconjuros oscuros. Bien, utilicé el hechizo Ribaor Vetum, esto es, robarvida. Y "bebí" de la fuente de vida de Lunnaris. Por lo cual, ellaahora está moribunda, y yo más vivo que nunca.

Sus palabras hicieron brotar en mi alma un odio tan profundo que hasta yo mismotemí, pero no traté de erradicarlo.

-¿Cómo has osado robar la vida de un unicornio en tu beneficio? ¡Los dioses teharán pagar por ello!

Tras decir esto, formulé un hechizo de hielo que hacía surgir de la nada heladoque obedecía todas mis órdenes.

-¿Solo eso?- preguntó Qaydar sonriendo.

El Archimago se giró hacia Rodul y le susurró algo al oído, a lo cual el últimollamó a los dragones.

-¡Dragones, atacad!- ordenó su "dios".

Pensé que un simple gigante helado de tres metros poco o nada podía hacercontra todos los dragones que resucité. Los grandes animales alados destrozaronliteralmente a mi gigante hasta convertirlo en agua.

Observé a Victoria, Christian y Kimara y pensé cómo podía salvarlos. Rodulordenó a los dragones matarme mientras mi cabeza trabajaba frenéticamentebuscando una solución cuando, súbitamente, un dragón dorado apareció en labase.

"¡Yandrak! ¡Ha venido a salvarnos!" pensé por una parte.

"¡Oh, no! ¡Jack está aquí! Le atraparán y le matarán." pensé por laotra.

-Oh, mira, el que faltaba.- oí decir a Rodul.- ¡Dragones, acabad con estetraidor!

Mientras sucedía esto, observé los rostros de los rehenes. Christian manteníaun semblante sereno, pero el dolor y el odio se podía percibir. Kimara estabaabatida y su piel brillaba, señal de que las lágrimas se deslizaban por surostro. Victoria, en cambio, poseía en los ojos una luz que nunca había visto.Supuse que sería igual que la semiyan, pero era diferente, Ella tenía miedo.

Vi que se giraba para hablar con Christian, y ambos observaron al dragóndorado. Pero no con pena, ni rabia. Sino miedo.

Tras esto, todos los dragones atacaron a Yandrak y me horroricé. La seguna vezque iban a matar a mi amigo en un día. Intenté concentrarme y formular algúnhechizo de defensa pero algo pasaba. No me sabía ningún conjuro para protegerel cuerpo del dragón dorado. Angustiado, formé en mi mente una pequeña lista deconjuros defensivos, pero todos parecían haber desaparecido sin más.

De repente, una voz desconocida penetró en mi mente. Al principio, pensé quesería Christian, pero cuando le mirá no me estaba observando, por lo que él nopodía ser.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Archimago, no realices magia, espera el momento".

Era una voz que no conocía, pero me pareció que el desobedecerle me acarrearía graves consecuencias, por lo que no formulé ningún conjuro.

"¿Quién eres?" pregunté.

"Tu pregunta se verá respondida en el debido momento. No te preocupes por Yandrak. Reúnete con Lunnaris y el shek."

Observé la escena en la que el dragón dorado caía abatido por decenas de los suyos, y la tristeza y la rabia se apoderaron de mi, pero confié en la voz desconocida. No parecía ser un enemigo, pero tampoco hablaba con amabilidad, sino poseía una voz neutra e inhumana.

Vi cómo Rodul y Qaydar reían la muerte del dragón y caminé hacia mis amigos, que me observaban tanto a mi como a Yandrak, con semblantes distintos: Kirtash, odio; Victoria, angustia; Kimara, admiración.

¿Admiración? ¿Acaso Kimara quería que muriese Yandrak? No podía ser, ella, le quería y adoraba. Quizá ver tantos dragones la emocionaba, pero ¡ella tenía una especial admiración hacia el dragón dorado!

Cuando estuve a un metro de ellos, que ahora sí observaban fijamente la escena, Victoria, sin mirarme, me saludó.

-Jaenor, ¿has oído la voz?

-Sí.- respondí.- ¿tú sabes quién es?

Victoria pareció dudarlo mientras miraba el cuerpo inerte del dragón derrumbado en el suelo, viendo cómo los demás de su raza se ensañaban con él como si fuese un shek.

-Me lo imagino, y temo por ello.

-¿Por? ¿Es un enemigo?

-Solo tiene un enemigo,- intervino Christian.- y se trata del Séptimo.
Tras las palabras de Christian, de repente un rugido salió de entre los dragones y una figura dorada alzó el vuelo sobre el resto. Sonreí emocionado, ya que pensaba que Yandrak había sobrevivido a la muerte, pero me quedé confuso cuando se metamorfoseó en alguien que no era Jack, y se colocó junto a nosotros.

La persona que estaba junto a mi era un yan. De una estatura superior a la del resto de los yan, ojos rojos llameantes y la piel del color del otoño. Pero no fue su altura solo lo que me sorprendió, sino también su forma de hablar: con un ritmo normal, incluso un poco lento. Además, el tono de voz era frío e inhumano, siendo igual al que había escuchado en mi mente momentos antes.

-Mortales,- dijo el yan.- ¿qué hacéis?

-¿Quién eres tú y cómo puedes metamorfosearte?¿Dónde está el verdadero Yandrak?

Sin responderle a la pregunta, el yan, que además no iba tapado, sino solo por una prominente barba, contestó:

-Archimago, Irial erró al enviar a un unicornio a entregarte su magia. Me encargaré de enmendar su fallo.

En ese momento, el yan alzó la mano y del cuerpo de Qaydar salió un halo transparente que provocó un rugido de dolor en el Archimago y que viajó hasta el yan. Tras esto, se acercó a Victoria y aproximó la mano a su cuerpo, a lo que ella rehuyó, indecisa.

-No te preocupes, Lunnaris. No ocurrirá nada malo.

Vi a mi amiga todavía insatisfecha con la respuesta del yan, pero cuando él volvió a acercar la mano al cuerpo de ella, Victoria se quedó quieta y el contacto se produjo. Poco a poco observé que el color de su piel volvía a su tonalidad normal, pues antes era de un blanco pálido, y el brillo de sus ojos fue más luminoso que antes.

El yan finalizó la acción y se giró hacia Qaydar.

-Los dioses hemos decidido que debes morir por tus hechos. Irial ha aceptado llevarse tu alma impregnada de maldad.

¿Hemos decidido? ¿El yan ha dicho "hemos? ¿Los dioses? ¿Está loco, o... realmente es él?

El Archimago miró al yan estupefacto y con horror. Creo que tiene el mismo pensamiento que yo. El yan alzó la mano y súbitamente el cuerpo del semifeérico comenzó a arder. Sus ojos se tornaron rojizos y de ellos brotaron lágrimas ardientes, que calcinaban toda la piel por la que pasaban. El pelo también empezó a arder y a caer, en forma de ceniza.

Toda su cara estaba negra, quemada. No tenía ojos, pues también se habían reducido a cenizas. La boca se detuvo en un terrorífico grito de auxilio, pero que nunca llegó. Los brazos se iban quemando desde la punta de los dedos hasta los hombros, y ocurría lo mismo con las piernas. Finalmente, todo el cuerpo, tanto la piel como la ropa, quedó reducido a cenizas.

Observaba la macabra escena atónito, pero no podía intervenir. No iba a intervenir.

-Vete, mortal, allá donde las negras almas sufren agónicamente por la eternidad. Nadie tendrá en su poder la vida de uno de mis hijos, ni de todos ellos, y mandará sobre sus almas. Solo yo, su orgulloso padre, puede elegir si deja morir o vivir a los dragones. Solo yo, Aldun, tiene ese derecho.

¿Aldun? ¿El yan que se sitúa a escasos metros de mi se trata nada más y nada menos que de Aldun, el padre de los dragones y de los yan, y el que otorgó calor a la tierra de Idhún? La simple idea de tener frente a mi a tal divinidad me hizo temblar las piernas de adoración y terror, y me arrodillé ante él.

-Mi señor.- susurré.

Aldun se giró hacia mi y me observó con interés.

-Archimago, tu nombre es otorgado por causas diferentes a las normales. ¿Es cierto?

-Es cierto, mi señor.- respondí.- Mi nombre se debe al robo de magia de un unicornio.

Estaba temblando de puro terror. La simple presencia de algo tan grande me hacía parecer algo sumamente pequeño.

-No soy digna de irrumpir en esta conversación,- susurró Victoria- pero me temo que las palabras del Archimago son falsas.

-Lo sé, lo sé.- respondió tranquilamente Aldun.- Realmente, nosotros fuimos los que pusimos al Archimago aquel día cuando huisteis de Idhún. Nosotros provocamos que tropezase en aquel bosque terrícola. Es cierto, no se puede sorprender a un unicornio. Pero para nosotros nada es imposible. Todo estaba previsto.

-Hay algo que no habéis podido realizar aun, Aldun.- intervino Christian.

-Kirtash, por mi ya estarías muerto, pero Irial me lo impidió. No solo te respetaba por tu alma humana, sino porque enamoraste a una de sus criaturas predilectas. Es cierto, sí, que aun no hemos acabado con lo que vosotros denomináis "el Séptimo dios", pero fue la espada de ese humano lo que le hizo huir, y no pudimos atraparle. Mas, cuando lo encontremos, quedará encerrado por los restos y no podrá volver a escapar. En ese momento, todas sus criaturas estarán muertas.- pronunció esta última palabra con un toque terrorífico.

Aldun se giró hacia Rodul, que le miraba con absoluto horror, y alzó la mano derecha.

-Tú, mortal, que has osado parecer un dios, controlando y engañando a mis más perfectas criaturas, seguirás el mismo camino que aquel que también los mintió.

-No, por favor. Os lo suplico, mi dios. Ruego que en tu infinita bondad puedas perdonar mi mala vida, y prometo realizar acciones buenas a vuestros intereses.- suplicó Rodul.

-Buenas son, sí, tus plegarias, mortal. Mas he escuchado de tus palabras que eras el dios que creó a los dragones. Por eso, y nada más que por eso, no quiero perdonarte. Tu alma permanecerá en su envoltura mortal hasta que Irial, aquella que te otorgó la vida, decida qué hacer con ella.

-Os doy mil gracias, oh gran Aldun. Que tus criaturas permanezcan libres de cualquier tirano mortal, y yo, Rodul, juro solemnemente seguiros y seros leal allá donde vayáis.

Aldun bajó lentamente su mano y se giró hacia los dragones, que no habían intervenido en ningún momento.

-Oh, mis más perfectas criaturas. Por poco olvidáis quién es vuestro verdadero creador. Ahora, volad hacia vuestras tierras, que yo con mi poder creé.

Los dragones, todos a una, agacharon la cabeza y, batiendo las alas, se elevaron al cielo, perdiéndose en el horizonte idhunita.

"Qué raro", pensé. "Han estado a punto de matarle, y el aun así les perdona."

"Es su dios, ¿qué esperabas?" respondió Christian mirándome.

"No me gusta que estés leyéndome el pensamiento siempre, Kirtash."

"No pienses tan alto."

Le observé con un poco de odio, pero él me devolvió la mirada sin mucho interés.

-Todos vosotros, que tratáis inútilmente de imitar a mis más perfectas criaturas, si valoráis vuestra vida por encima de todo, dejad esto y marchaos a vuestros hogares.- anunció Aldun.

Tanto pilotos como aprendices comenzaron a recoger sus cosas con rapidez y terror ante aquello que Aldun podía causarles. Pero hubo alguien que intervino y desobedeció las órdenes del dios.

Ese hombre se trataba, otra vez, de Rodul.
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Nota de autor: ya está respondida la pregunta que formulé en el capítulo "Archimago" sobre que era imposible sorprender a un unicornio (: Solo queda un capítulo... quizá algunos más.

Rodul había desobedecido las órdenes del mismísimo Aldun,aun sabiendo a lo que estaba expuesto.

-Mi dios, yo sí tengo algo que valoro más que mi propia vida.

-¿Qué es aquello que tiene más fuerza en ti que tu propia vida?- preguntóAldun.

-El odio, mi dios.- respondió este.- El odio hacia las criaturas que vuestroenemigo creó. Ellos asesinaron a toda mi familia.

-Bien dices que los sheks acabaron con las vidas de cientos de criaturasinferiores,- respondió Aldun.- mas ellos ahora están lejos de nuestro alcance,tanto como su dios.

-Dos de esas criaturas aun viven entre nosotros.- murmuró desafiante Rodul.

Todos observaron a Christian, que se mantuvo firme ante las miradasexaminadoras del resto de personas.

-Ya hemos hablado de esto, mortal.- dijo Aldun.- ninguna de las almas de esosmortales me pertenece, solo a Irial, y al Séptimo. No tengo poder para acabarcon su vida.

-¿Y Qaydar?- preguntó Rodul.- A él le has matado, y no era una de tuscriaturas. Oh, grandísimo Aldun.- acabó, aterrorizado de haberlo ofendido.

Pero el dios no dio muestras de ello, sino que simplemente respondió a supregunta con tranquilidad.

-El Archimago estuvo cercano a dejar morir a mi penúltima creación prodigiosa;además, suya fue la idea de conquistar el mundo al que llamáis Idhún. La era delos Archimagos ha finalizado.

-Os suplico que me concedáis atención, oh portentoso Aldun.- intervine.- mas,¿no pertenezco yo a ese grupo de mortales llamados Archimagos?

-A ese grupo, no.- respondió.- Tú fuiste personalmente elegido por los dioses.Como ya sabrás, el resto de Archimagos obtuvieron su poder de la fuente de AlisLithban. Tú, en cambio, de la misma mano de los dioses.

¿Los dioses habían planeado esto desde hace años? ¿Desde que salí a pasear y meencontré casualmente con Jack y Victoria, hasta el día en el que me tropecé enel bosque?

-Oh, sois tan prodigioso.- alabé.- os doy mil gracias por el don que me habéisconcedido.

-Realmente, previmos que, en tu infinita inocencia, el archimago Qaydar osengañaría, mas no que llegase a controlar a los dragones, y por eso decidíactuar. Irial me ha acompañado al mundo mortal para ver de cerca a suscriaturas más perfectas, además de para controlarme, pues no confía en el poderabrasador que contengo. Sí, sé que para enviar al Archimago a un lugar horriblehe hecho uso ígneo, mas me refiero a sucesos como el de Kash-Tar o Kosh.

 

 

 

 

-¿Y dónde se encuentra vuestra acompañante?- preguntó Victoria.

-Junto a uno de mis hijos.- respondió Aldun.- aquel a quien vosotros llamáis Yandrak.

-¿Podríamos conocerla, oh grandísimo Aldun?- pregunté.

El yan asintió con la cabeza, y súbitamente desapareció dejando tras de sí un flamante rastro de llamas.

-Acompañémosle.- propuso Christian.- Vosotros obedecedle. ¿No es uno de los dioses a los que adoráis?- preguntó a los Nuevos Dragones.

Ellos continuaron recogiendo sus cosas, aunque Rodul le dirigió unas últimas y duras palabras.

-No sé por qué la gente te protege, tanto mortales como dioses, pero yo personalmente me encargaré de acabar con tu vida de la más horrible de los modos, monstruo.

-Si pretendes realizar dichos actos sádicos, el único monstruo que hay aquí eres tú. Ahora, abandonad la guerra, dejadnos marchar y liberad Idhún.

Rodul dejó de prestarle atención y continuó recogiendo.

-Regresemos a casa.- dijo Christian.

Y así volvimos al hogar en el que la Tríada habitó durante años en Idhún, y los tres me han aceptado con mis defectos y virtudes y me han permitido vivir con ellos. Además, los dioses me han elegido para resolver el problema que ocurre en este momento en Idhún.

Mi vida puede estar destinada a ser legendaria, no lo sé, junto a la de Jack, Victoria y Christian. Doy gracias a los dioses por darme el don de la magia, y a Lunnaris por ser la fuente que lo emanó.

Ahora acaba esta primera parte de mi historia, próximamente nuevas aventuras ocurrirán.

SUML-AR IDHÚN

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Nota de autor: buenoo pues ya he acabado la primera de las (creo) dos que compondrán mi continuación de la saga de MDI. Quiero daros las gracias por el apoyo ya que así me animo a continuar la historia.
Después comenzaré Memorias de Idhún V (adivina título) ;)
Gracias, de verdad.
SUML-AR IDHÚN.
Yandrakai

Memorias de Idhún IV- Archimago - Potterfics, tu versión de la historia

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Regresaban a casa.Pero, de repente, un movimiento entre los árboles alertó a los chicos. Las miradas de Victoria y Jack se miraron inquietos y protegieron lo

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2023-02-27

 

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