Nadie te lastimará otra vez, Hermione. - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Contuvo la respiración un instante. Escuchaba pasos acercándose al túnel secreto en el que se encontraba. Draco sintió como se tensaban todos los músculos de su cuerpo. ¿Qué pasaba? Había estado en situaciones mucho peores. La guerra había acabado ya, y todos habían vuelto a Hogwarts para cursar el año que les correspondía, por lo que él era un flamante alumno de último curso, que se saltaba las normas de vez en cuando, como en ese momento. Los pasos se hacían cada vez más cercanos, y rápidos. En un impulso, abandonó la seguridad del fondo del túnel y se acercó a la boca del túnel que daba al resto del colegio. Oyó sollozos ahogados, cosa que lo extrañó bastante. Escrutó la oscuridad del pasillo pero no vio a nadie.Sin embargo, alguien chocó de frente contra él y se introdujo en el túnel.

 

-Lo...Lo siento.-Balbuceó sollozante una voz que no se le hacía del todo desconocida.

-Granger.-Susurró sorprendido Malfoy. Se le hacía extraño verla llorar. Entornó los ojos y pudo verla, apenas. Vestía el uniforme del colegio en su totalidad, y llevaba además una bufanda que reflejaba los colores de Gryffindor. Sus ojos estaban rojos, y sus mejillas llenas de lágrimas. Malfoy no sabía que hacer.Últimamente se le hacía muy díficil burlarse de los demás, ya que era juzgado por ser un ex mortífago y haber luchado contra el resto del alumnado en la batalla final. Su vida era dura, ya que todos y cada uno de los alumnos no pensaban que el pudiera arrepentirse. Se le hacía difícil enfrentar las miradas de sus compañeros. Cada vez que se encontraba con una de ellas, podía ver odio, resentimiento e incluso miedo hacia él. Malfoy no quería ser odiado, el quería una oportunidad para demostrar que era una buena persona, muy en el fondo, y que todo lo que había hecho había sido para salvar a su familia. Entonces ¿Que hacía? ¿Consolarla? Bajó su mirada hasta la de la chica, y pudo encontrar en sus ojos castaños una profunda e infinita tristeza.

-Malfoy.-Soltó ella con toda la dignidad que fue capaz en ese momento. Se dispuso a irse, pero una mano se posó en su hombro y la dió vuelta con delicadeza. Miró incrédula a Malfoy que parecía bastante avergonzado por lo que acababa de hacer. Dudó un instante, y finalmente preguntó:

-¿Estás bien?

Hermione abrió mucho los ojos. ¿Había escuchado bien? Draco Malfoy le estaba preguntando sin estaba bien mientras la veía llorar.

-Malfoy me sorprende.¿De verdad te interesa o sólo te estás burlando de mi?- Dijo la castaña intentando mantener la compostura.

Malfoy suspiró. No se burlaba de ella, pero era obvio que la muchacha se pusiera a la defensiva. Ansiaba tratarla como la impura que era, pero también quería dejar atrás todos los rencores del pasado, que lo tenían muy cansado. Este último deseo era más fuerte que el primero.

-No me burlo de ti.-Le dijo con firmeza.

La castaña titubeó. Parecía sincero. No quiso responderle. La verdad era que había visto como su novio, y a la vez su mejor amigo, con bastantes copas encima, declaraba a los cuatro vientos que nunca la había amado. Al ver a Ron en esa imagen, renovadas lágrimas cayeron por sus mejillas. Había sentido como silenciosamente su corazón la abandonaba tras oír las palabras del pelirrojo, y, tras abofetearlo, había salido de la Sala Común de Gryffindor, en la que se celebraba una victoria del equipo de Quidditch contra Ravenclaw. Y ahora se encontraba con que Malfoy, la persona que siempre la había odiado, se preocupaba por ella. El mundo era de locos esa noche.

 

-No lo dudo.-Se escuchó decir a si misma.-Estoy bien.-Le dijo evitando la mirada del rubio y volvió a intentar salir del lugar.

Pero se encontró con una mano en su hombro otra vez.

-Ambos sabemos que no es así.-Le susurró.¿Qué estaba haciendo? ¿Desde cuando le importaba tanto lo que pudiera sentir Granger? Debía parar esa farsa inmediatamente, pero en cambio volvió a hablar-Si no quieres decírmelo, lo comprendo. Pero quiero que sepas que me importas.-Inmediatamente enrojeció ante sus palabras. ¿Que hacía? ¿Se había vuelto loco?

Hermione se mostraba sorprendida, cuando no atónita.

-¿Eres tú, Malfoy? ¿Acaso quieres causarme más daño del que ya me han hecho?-Dijo con voz entrecortada, recordando a Ron berreando con una copa de Whiskey de fuego en la mano.

-Claro que soy yo. Y sólo quiero saber quién te ha hecho daño.-Dijo con seguridad y rapidez.

Ron. Ron le había hecho daño. Era la última persona de la que ella hubiese desconfiado, pero era la que más daño le había hecho. Ante ese pensamiento, Hermione sollozó con fuerza. No le importó hallarse ante Malfoy.

Draco no pudo evitarlo. La atrajo hacia él con suavidad y la rodeó con sus brazos. Se veía tan inefensa, tan desvastada...

Hermione se quedó estática. Estaba en brazos de Draco Malfoy. Finalmente, se ablandó y rodeó su cintura con los brazos. Si esa noche había sido Ron quien le rompiera el corazón, ¿Porque no podía ser Malfoy quien la consolara?

Estuvieron así un rato. Curiosamente, ninguno de los dos se sentía incómodo por la situación. Estaban en un túnel sucio, lleno de arañas y polvo. Hermione sollozaba sobre el hombro de Draco, y este la estrechaba contra sí. Pasaron unos minutos, y Malfoy sintió la necesidad de saber que había sucedido.

-Granger...,-Susurró el rubio al oído de Hermione.

-Dime.-Dijo ella con voz entrecortada. Se tensó, pero aún así no se apartó de los fuertes brazos que la rodeaban.

-¿Quieres decirme qué pasó?-Preguntó Draco con cautela.

-¿Para qué?.-Dijo la castaña con furia.-¿De que te serviría a ti saber...?-Se volvía a poner a la defensiva. Malfoy suspiró interceptiblemente. Quería que Granger confiara en él, pero era sumamente comprensible que no lo hiciera.¿Cuántas veces él la había humillado, la había llamado Sangre Sucia, tanto a ella como a sus amigos...?¿Cuántas? Y ahora ella lloraba en sus brazos. Sin saber por qué, Malfoy sentía el dolor de ella como si fuese el suyo propio. Le dolía verla así. Ella siempre estaba alegre, segura de si misma, autosuficiente...¿Cuántas veces había llorado por su causa? ¿Por culpa de lo que él le había dicho? ¿Por todos los insultos que le había dedicado? Ese pensamiento lo hizo estremecer. No podía soportar haberle causado un mínimo dolor a la castaña.

-Perdoname.-Le dijo Malfoy mirandola a los ojos.

-¿Que te perd...?¿Qué?-Dijo Hermione.

-Perdoname, Granger. Disculpa. Lamento todo lo que te he hecho estos años, de verdad,necesito que me perdones.-El rubio tomó las manos de la llorosa Gryffindor y se arrodilló. Sus ojos se llenaban de lágrimas. No podía creer lo que estaba sucediendo, él, el gran Draco Malfoy arrodillado frente a la impura. Pensó eso como si le hiciera gracia, pero únicamente sintió asco.De verdad había pensado en Granger como la escoria y a él como el Gran Draco Malfoy. Que hipócrita que había sido, ya que cuando la vio desolada de tristeza como estaba, la chica había desmoronado todos los muros que él mismo había alzado a su alrededor, y se vio arrodillado ante ella pidiéndole perdón por todo lo que le había hecho, para mitigar una pequeña parte de la trsiteza que asolaba a la castaña. Dudaba que eso sirviera de algo, pero no se perdía nada con intentarlo. Además, aunque le costara admitirlo, admiraba a la chica y no quería ser su enemigo por la inmaduro que había sido años atrás. Y él también queriá darse una oportunidad. Necesitaba la aceptación de alguien, ya que se sentía muy solo y presintió que Hermione Granger sería una buena persona para empezar de nuevo, no sabía porque, sólo lo presintió.-Lo siento, Granger,Lo siento...Porfavor dime que me perdonas. Necesito disculparme contigo... Nunca mereciste lo que te hice, fui un hipócrita. No entendía porque te detestaba de tal manera, pero me dí cuenta de que simplemente no comprendía como podías ser más valiente, más inteligente, y sobretodo mejor persona que yo.-Las lágrimas caían ya por las mejillas de Draco, y Hermione lo miraba con la boca abierta, con nuevas lágrimas que desbordaban sus ojos castaños debido a la emoción que le causaban las palabras del rubio.-Lo lamento tanto.-Culminó, y bajó su rostro avergonzado.

 

Hermione olvidó de pronto su corazón roto, la borrachera de Ron, y todo lo que la había llevado a ese túnel.Tiró de Malfoy con suavidad para levantarlo, pero el chico se negaba. Su rostro estaba cada vez más rojo y por sus mejillas caían lágrimas que él intentaba ocultar. Hermione estaba muy emocionada por el paso que había dado el rubio, y a le vez le agradecía profundamente que le hubiese dicho todo eso en el momento en que ella se sentía tan mal. Intentó levantarlo otra vez, sin éxito. Finalmente, se arrodilló frente a él y buscó sus ojos grises. El chico rehuyó su mirada, pero se la devolvió luego, muy avergonzado.

-Gracias.-Le dijo sinceramente Granger- Claro que te perdono. Gracias Malfoy. Pensé que este día jamás llegaría, pero es evidente que me equivoqué. Ahora ya no tendremos que cargar con los rencores del pasado. Te perdono.

Malfoy suspiró aliviado. Quizás, después de todo, sí había alguna esperanza para que él fuera feliz. Granger lo había ayudado a verla, por mucho que eso lo avergonzara. Hermione se incorporó y tiró del con suavidad, y esta vez el chico se levantó.

-No,gracias a ti. Nunca pensé que alguien me pudiera llegar a perdonar.-Dijo Malfoy, abatido.

Hermione había pasado una velada de locos.Todo había empezado bien, Gryffindor había ganado el partido de Quidditch. Eso no era algo que le interesara demasiado, pero hacía feliz a sus amigos, y principalmente a su novio. Después de eso, se había organizado una fiesta con bombos y platillos para homenajear al equipo. No sabía como, pero alguien había conseguido meter bebidas alcoholicas en el colegio. Al principio no le dio mucha importancia, pero cuando veía como Ron tomaba una copa tras otra de Whisky de Fuego, le comenzó a molestar. Un par de horas después, Ron se hallaba apretujado en el mismo sillón con una chica de sexto año, cuyo nombre desconocía. Enseguida Ron declaró que perfectamente podía estar con esa chica, ya que él nunca había amado a su novia, Hermione Granger. Cuando la castaña oyó esto, sintió que las piernas le fallaban y sus ojos se llenaban de lágrimas. Un puñal le atravesaba el pecho y hacía que le faltara la respiración. Sus lágrimas se desbordaron y empaparon sus mejillas. Enrojeció. Todo el mundo la miraba. Sin saber que hacer, miró los ojos azules de Ron, esos que tanto amaba, y no halló nada más que la verdad en su mirada. El silencio reinaba en la Sala Común de Gryffindor. Balbuceando de rabia y cegada por las lágrimas, Hermione abofeteó con toda la fuerza que pudo a Ron, para luego salir casi corriendo hacia el túnel donde ahora se encontraba. Y en ese mismo túnel, Draco Malfoy le había abrazado para consolarla y luego se había arrodillado ante ella, y, entre lágrimas, le había pedido perdón por todo lo que le había hecho desde que se conocían. Suspiró resignada, pensando que todo lo que le parecía imposible había pasado esa noche.

 

-Malfoy, todos podemos hallar el perdón en nuestros corazones. Sólo depende de la bondad de estos.-Dijo, pensando en lo irónico de la situación, ya que en ese momento pensaba que nunca iba a poder perdonar a Ron.

-Gracias.-Dijo de corazón Malfoy.

Granger se soltó de las manos de Draco con delicadeza, y por tercera vez en la noche, se dispuso a irse a algún otro lugar donde llorar en paz.

-Espera...-Susurró Malfoy.¿Por qué diablos le costaba tanto dejarla marchar?

-¿Qué?-Dijo Granger. Se empezaba a acostumbrar al interés del rubio, aunque realmente no caía del todo.

-¿No me dirás que es lo que te pasa?-Preguntó con un deje de preocupación

-Quizás en otra ocasión.-Susurró la castaña, y le dedicó una sonrisa que pareció más una mueca adornada por lágrimas.

Malfoy tiró de ella, y la miró a los ojos. Le secó las lágrimas que tanto le dolía ver con el dorso de la mano, y la dejó marchar.

 

 

Hermione salió del túnel aturdida. ¿Qué era lo que había pasado ahi dentro? Miró hacia atrás, pero la oscuridad era total. Tomo su varita y susurró:

-Lumos.

Se hizo al luz y pudo ver el estrecho pasillo de piedra que la rodeaba. Volvió a mirar hacia atrás. ¿Era real lo que había sucedido? Repasó los hechos. Draco Malfoy la había consolado...¿Y luego le había pedido perdón? ¿Qué? No lo comprendía del todo, pero de pronto recordó las lágrimas de Draco y su mirada sincera, y confió en las palabras del rubio. Recordó que la había llevado hasta allí, y la imagen de Ron volvió acompañada por una punzada en el pecho, pero no por lágrimas, afortunadamente. Sí, eso había pasado también... Ronald y una chica rubia de piernas kilométricas, ¿Cómo se llamaba? ¿Caroline Cruise? Sí, así era. Hermione se paró en seco. ¿Adónde iría? Volvería a la Sala Común. Pensó súbitamente. Ron no podría hacer que ella sintiera miedo de volver allí. Caminó con resolución y rapidez hacia la torre de Gryffindor. Cuando se halló ante la Señora Gorda y dijo la contraseña, recordó las disculpas de Malfoy y se sintió enternecida. El recuerdo del chico consolándola le arrancó una sonrisa, muy a su pesar, y con ella grabada en el semblante, entró en la Sala Común. Ya sólo quedaban los alumnos de los cursos más altos. No estaban ni Harry ni Ginny, que tampoco habían estado cuando Ronald soltó toda la verdad. Sin poder evitarlo, lanzó una mirada al sillón en el que estaban Ron y Cruise cuando ella se retiró. Seguían allí. La rubia estaba de frente al pelirrojo, sentada sobre las piernas del y con las suyas abiertas, entregada a un beso lleno de furia y pasión. Esa imagen le hirió, pero, pese a todo, la sonrisa que le causaba el recuerdo de Malfoy persistió. Así, usando a Draco como su talismán, siguió observando a la pasional pareja. Ron estaba con los ojos abiertos, mirándo por encima del hombro de Caroline mientras la besaba. Buscándola a ella, a Hermione, comprendió la castaña. Las miradas de ambos se encontraron. ¿Habrían remitido los efectos del alcohol? Eso parecía, ya que el pelirrojo la miraba sumamente arrepentido. Hermione ensanchó su sonrisa y se dirigió a la escalera que daba a los dormitorios de las chicas. No había nadie en su dormitorio, cosa que agradeció, aunque hubiese preferido que ya estuviesen todas dormidas. Cuando se fijó mejor, descubrió a Ginny, sentada en un rincón. La pelirroja se levantó.

 

-Hermione...-Dijo su amiga, sumamente preocupada.

-Ginny.-Dijo con toda la alegría que fue capaz. No fue mucha, pero se concentró en el abrazo de Malfoy y pudo sonreirle a la chica. Le pareció totalmente irónico tener que pensar en Malfoy para poder sonreir.

-Hermione, ¿Estás bien?.-Le preguntó la pelirroja sorprendida. Al parecer, no la encontraba tan desvastada como ella esperaba.

-Pues...-Hermione consideró la opción de mentir.El talismán que se había formado con Malfoy funcionaba muy bien. Pero sintió la necesidad de decir la verdad. No estaba bien, pero tampoco estaba terrible. Haberse encontrado con el rubio la había consolado un poco. Si no le decía la verdad, ¿A quién se la diría? ¿A Malfoy? Se sonrió por la idea estúpida que había tenido. Pero... Después de todo no era una idea tan descabellada. Sintió el deseo repentino de hallarse otra vez rodeada por los brazos del chico, sintiendo su vientre plano y su pecho contra ella. Quiso estar con él, y contarle todo lo que había pasado, y sentir su aliento calido contra su oído, susurrándole que todo estaría bien...Enrojeció violentamente.¿Que ideas estúpidas estaba teniendo?-No. No, Ginny...¿Por qué las cosas son así? Estaba tan enamorada del...-Se sorprendió por el uso del verbo pretérito.-Digo, estoy.-Dijo, y su rojo se intensificó.

Una lágrima cayó por su mejilla. Una única e insignificante lágrima.Una sola lágrima, comparada con el mar que había lanzado camino al túnel, y en los brazos del rubio Slytherin. Debería de haberle empapado la túnica.

Ginny la abrazó, cautelosa. Esperaba una reacción mucho más fuerte por parte de su amiga. Supuso que estaría shockeada, o algo por el estilo.

-Mi hermano es un imbécil. No le perdonaré esto...¿Caroline Cruise? Está loco.-Murmuró Ginny, más para sí misma que para la castaña.

-Bueno, Ginny, supongo que esta bien...Cada uno toma sus decisones, ¿no?.-Dijo Hermione.

Esto provocó que Ginny se apartara con los ojos muy abiertos.

-Creo que es mejor que te deje para que descanses.-Dijo rápidamente.

-Está bien. Buenas noches, Ginny.-Dijo Hermione para sorpresa de la pelirroja, y de sí misma. Cuando se encontró con Malfoy estaba sufriendo como una condenada, y cuando tenía una oportunidad de explayarse en ese sentimiento, ya no lo encontraba. Ginny se fue tras darle un beso en la mejilla. Suspiró. Sentía un vacío en su pecho.¿Sería la falta de Ron? Eso quería creer, pero presentía que no era así. Era más la falta de cierto rubio que había visto esa nocheque al chico que le había roto el corazón. Con ese rumbo de pensamiento, y, contra todo pronóstico, se quedó dormida.

 

***

Malfoy seguía en el túnel, rodeado de una completa oscuridad. Estaba paralizado. ¿Que había hecho? Fue una pregunta que se hizo horrorizado, pero encontró la respuesta con tranquilidad. Había hecho lo correcto. ¿No era eso lo que quería, hacer lo correcto? Él quería ser un buen hombre y nada más. En eso estaba pensando cuando Granger se presentó desvastada, llorando hasta lo imposible. La visión lo había conmovido, le había parecido que su dolor era el del. Eso era lo que sentiría cualquier persona que se precie, pensaba. Sí, claro. Había hecho lo correcto, y no se arrepentía de ello.

Pero bastaba con unas palabras de consuelo, ¿no? No tenía porque abrazarla, porque atraer su esbelto cuerpo al del. Eso no era necesario, pensó. Y menos siendo una Sangr... No, no diría ese insulto. Estaba dispuesto a empezar de nuevo.

Pero empezar de nuevo no significaba perder su personalidad, su forma de ser...Había abrazado a una de sus enemigas. Recordó el momento, y se sorprendió al notar que lo había disfrutado.¡Lo había disfrutado! ¿Qué le estaba pasando? Se pasó la mano por los cabellos, desesperado. ¿De donde provenía esa desesperación? ¡Tenía que estar tranquilo! Estaba en el buen camino, mejoraría, al fin le había pedido disculpas a Granger, asi no tendría que cargar con el odio de un pasado lejano. Descubrió que había dejado de odiarla hacía bastante tiempo, y eso le sorprendió. Pero sentía aún una desesperación latente, un vacío en su pecho...¿Qué era? Necesitaba saber que era lo que le había sucedido a Granger, era eso. Quería saber que la había hecho sufrir de tal manera...Quién la había hecho sufrir de tal manera. Y hacer pagar a la persona responsable de sus lágrimas.

***

Muchisimas gracias por leer esta historia, de verdad me emocionan sus comentarios, asi que espero algunos en este capítulo.

Feliz año nuevo!

De Montevideo,Uruguay,

paublack14

Hermione abrió los ojos lentamente, sintiendo el tibio sol que le acariciaba el rostro. No había nadie en la habitación. ¿Las chicas habrían vuelto a dormir? No había visto a ninguna, pero luego vio el desorden que había dejado Parvati en su baúl y descubrió que al menos ella si había vuelto.

Se levantó muy lentamente, con pereza. Era una mañana hermosa. El sol coronaba las copas de los árboles, y los hacía brillar en dorado y rojo, los colores que tanto amaba. Las hojas caídas se apiñaban bajo los árboles y la brisa las hacía bailar. Una bellísima mañana otoñal. De pronto, el recuerdo de lo sucedido la noche anterior la asaltó con fiereza. Ron había estado besándose con Caroline. Ese hecho le provocaba una aguda punzada en el pecho. Le dolía, era inevitable. ¿Por qué una persona que tanto quería le hacía eso? Ella había confiado en Ron, le había entregado su corazón, era la primera persona que había amado de esa forma. Ron le había dicho que la amaba, que la cuidaría, que siempre estaría ahí para ella. El corazón de Hermione se entreparaba cada vez que el pelirrojo la tocaba, y ella recordaba los pocos besos que habían compartido como preciosos tesoros. ¿Por qué no le había dicho que no la amaba desde la primera vez que lo besó? Sí, estaban en mitad de la batalla, pero se lo podría haber dicho después...¿Por qué le había mentido todo ese tiempo? ¿Qué ganaba él con eso?

 

Ella había creído todas y cada una de sus mentiras, y ahora lo descubría de la peor forma. Una lágrima surcó su mejilla, y ella la secó rápidamente. No quería llorar más por algo que valía tan poco. Tomó su ropa y chequeó la hora. Tenía el tiempo justo para bañarse antes de bajar a desayunar, por lo que se dirigió al baño y abrió una ducha. Se bañó rápidamente, porque de lo contrario llegaría tarde. Luego, se vistió con su uniforme y se volvió a poner la bufanda que llevaba la noche anterior. Estaba encariñándose demasiado con esta. Tomó su mochila y bajó. Ya no había casi nadie en la Sala Común, sólo unos pocos alumnos de segundo, que por lo visto no tenían planeado asistir a clase. Pensó que su deber como prefecta era hacer algo al respecto, pero lo dejó correr. ¿Qué importaba? A ella misma le gustaría unirse a ellos en ese momento.

Se encaminó al Gran Comedor y cuando llegó, descubrió a Ginny y Harry sentados en la mesa de Gryffindor. Inmediatamente se dieron cuenta de la llegada de la castaña y la miraron con cautela. Ella les sonrió con tristeza, y justo en ese instante recordó a Draco. Algo la hizo voltear rápidamente a la mesa de Slytherin, pero el rubio no estaba allí. "¿Dónde está?" pensó con interés, pero recordó que Harry y Ginny aún la miraban. Se volvió hacia ellos.

-Hola, chicos.-Dijo, un tanto avergonzada de su interés hacia la mesa de Slytherin.

-Buenos días, Hermione.-Saludaron ellos al unísono. Harry no quiso ser grosero y volvió su mirada hacia la tostada, pero Ginny la examinaba con mucha atención.-¿Dormiste bien?-Preguntó sin dejar de mirarla mientras ella se sentaba junto a Harry y de frente a ella.

-Sí, gracias.-Dijo Hermione sin saber muy bien que decir. ¿Por qué no dejaba de mirarla? Paseó la vista por la mesa de Gryffindor, ya que la mirada de Ginny la incomodaba bastante, y se dio cuenta de que Ron no estaba allí-¿Dónde está Ron?-Soltó de improviso, como si no recordara lo sucedido la noche anterior. Y era cierto, hasta ese momento no lo había recordado.

-Em...En su habitación.-Contestó Harry con toda la indiferencia que fue capaz, pero no se le daba muy bien, por lo que inmediatamente susurró:-¿Estás bien, Hermione?-La miró a los ojos con preocupación, lo que no le dejaba la opción de mentir.

-No del todo.-Susurró ella a su vez. Y así se sentía. No estaba bien, pero tampoco tan mal como cualquiera creería, y ella misma esperaba.

-Lo siento tanto.-Murmuró Harry, apenado, y le pasó un brazo por los hombros, sin saber muy bien que hacer.-Nunca pensé que Ron pudiera hacer tal cosa.

Hermione sonrió. Ella tampoco lo había pensado, pero nada era lo que parecía. Pensó en cierto rubio perteneciente a la casa Slytherin, y volvió la mirada hacia esta,y susonrisa se ensanchó, aunque no lo había encontrado. Vovió a la realidad y comprendió que Ginny no había dejado de observarla, por lo que agachó la cabeza con las mejillas sonrosadas, pero su sonrisa no la abandonó.

 

-Yo tampoco.-La situación le hacía un poco de gracia. Se preguntó si se había vuelto loca, pero comprendió que no era así. Sólo era que las cosas habían cambiado. Apresuró el jugo de calabaza y apoyó el vaso en la mesa.-Iré a la biblioteca. Aún me quedan diez minutos, y quiero verificar unas cosas.-Se levantó de su asiento sin dar tiempo de replicar.-Nos vemos luego.

Se dirigió a la biblioteca, aunque realmente sólo quería estar un rato en su santuario personal. Amaba el ambiente de estudio que reinaba en el lugar, y el aroma de cada uno de los libros que había allí guardados. Cuando llegó, tomó el libro más cercano y se dejó caer en una silla. Pero se dio cuenta de que no estaba sola. Alguien la había seguido hasta allí. Un rubio alto y guapo hizo acto de presencia, y el pulso de Hermione se aceleró. ¿Qué diablos estaba haciendo Malfoy allí? Era primera hora de la mañana, y no conocía a ninguna persona que habituara la biblioteca a esas horas. Quiso mirarlo a los ojos, pero no lo hizo.Tenía miedo de volver a encontrar el desprecio en su mirada.

Draco estaba en el Gran Comedor, aunque Hermione no lo había visto.La había visto mirar la mesa de Slytherin en dos ocasiones, ya que la había observado todo el corto tiempo en el que ella había estado allí. Cuando vio que ella se levantaba sin apenas probar bocado, se levantó para seguirla. Por fortuna, Parkinson y Zabini estaban en otra cosa. La siguió cauteloso, pero tras dar unos pocos pasos adivinó su destino. ¿Cómo no haberlo adivinado antes? Pensó, y una pequeña sonrisa se escapó de sus labios. Podría haberla adelantado por otro camino, pero decidió seguirla.No sabía porque, pero astibar su cabellera castaña y su forma de caminar le infundía paz.

-Granger.-Dijo Draco a modo de saludo. La noche anterior no había dormido. Pensaba en que le había pasado a la chica. ¿Qué podía haberla lastimado de tal manera? Además, había decidido empezar a mejorar como persona.Le había dado vueltas al asunto, y decidió que era lo mejor. Tendría que comenzar a acostumbrarse a un mundo en el que el apellido y el dinero no valían tanto como antes.

-Malfoy.-Dijo con firmeza Hermione, aunque no alzó la mirada.

El rubio arrimó una silla y se sentó junto a Hermione. Tras eso, la castaña se animó a buscar los ojos grises de Malfoy. El chico la miraba con interés y amabilidad. Eso le agradó. Y la hizo sonreir. Era una sonrisa sincera, descubrió, no como todas las que había regalado desde el incidente con Ronald. Malfoy no apartaba la vista de Hermione. No encontraba una respuesta a su repentino interés por el bienestar de la chica. Con ella lograba ser la persona que deseaba sin ningún esfuerzo.

-¿Necesitas algo?-Le preguntó Granger sin saber muy bien que hacer.

-Sí.-Respondió el chico para sorpresa de Hermione.-Necesito...Necesito que me cuentes que te pasaba la noche anterior.

La castaña suspiró.

-¿Para qué?-Dijo con la voz ronca por la tristeza.

Malfoy se sintió culpable por recordársolo,fuera lo que fuese que hubiese pasado.

-Lo siento, pero de verdad me preocupa. ¿Me lo quieres decir? Esta bien si no confías en mi, pero...

-Sí confío en ti.-Interrumpió Granger. Sus palabras la sorprendieron, pero se dio cuenta de que era cierto.-Es que... Me cuesta admitir lo que pasó, me cuesta creer que fui tan estúpida...-Dijo, acentuando al última palabra. Algunas lágrimas empañaron sus ojos, pero ella luchó por contenerlas.-No puedo creerlo aún.

 

Draco esperó pacientemente. De pronto, recordó que el corazón de esa chica pertenecía a alguien.

-Weasley.-Dejó escapar el nombre con furia, sin darse cuenta.

-Sí...-Musitó Hermione. Calló unos instantes, pero luego lo dijo todo sin pausa:-La fiesta, había alcohol. Ronald tomó de más.Y... Declaró una verdad que yo nunca hubiese imaginado. Dijo...Que nunca me había amado, jamás. Frente a todos.-Las lágrimas corrían por el rostro de la chica. Ella se las enjuagaba, pero inmediatamente otras tomaban su lugar. Draco solo la miraba. No la volvería a abrazar, se dijo, ya que eso le había generado bastantes dudas la vez anterior. Le había gustado. Estaba furioso. Quería hacerle algo a Weasley...Pensó en utilizar maldiciones imperdonables, aunque fuera directo a Azkaban después de eso. Observó una lágrima que Hermione había olvidado enjuagar. Esta brillaba en la comisura de su boca. Quiso volver a tomarla en brazos. Se paró. Lo haría, no le importaba cuantas dudas lo asaltaran después. El rubio tomó la mano de Hermione y la miró a los ojos. Ella le devolvió la mirada, angustiada. La hizo incorporarse. Ya estaba por atraerla hacia él cuando la bibliotecaria apareció.

-Pero ¡¿Qué están haciendo aquí?! ¡Deberían estar en clase!-Exclamó, furiosa.

-Ya vamos.-Dijo Hermione secando la lágrima que había arruinado las defensas de Draco.-Supongo que... Nos vemos luego.-Le dijo al chico y se marchó con la cabeza gacha.

El rubio la miraba. Las dudas volvían a aparecer. ¿Por qué tenía tal debilidad por la hija de muggles? Muy a su pesar, se dirigió a la clase de Pociones, sin imaginar que horas después tendría lugar un evento que lo marcaría por completo.

El día llegaba a su fin. Afuera anochecía, lo que indicaba que ningún alumno podía estar fuera de la Sala Común. Sin embargo, Hermione debía devolver un libro a la biblioteca, y se encaminaba con paso rápido hacia esta. Ya había oscurecido. El silencio y la soledad se apoderaron de los pasillos de Hogwarts. La chica sintió temor, por lo que se apresuró hacia la biblioteca. El libro, Técnicas defensivas contra la magia oscura, cayó con un ruido sordo al suelo de piedra del colegio. Hermione estaba tan asustada, que lo dejaba caer.Pertenecía a la casa de Godric Gryffindor, por lo que cosas tan nimias como el silencio, la oscuridad y la soledad no deberían asustarla. Pero estaba totalmente aterrada, y no era la primera vez que hacía ese viaje a la biblioteca en las mismas circunstancias. El libro cayó nuevamente. Cansada de la situación se agachó para levantarlo. En ese mismo momento, oyó una explosión. Sin saber bien que pasaba, vio como trozos de piedra saltaban de un muro cercano. Miró en esa dirección, y halló un motivo para temer.

Eran cuatro Mortífagos, cubiertos por capas oscuras, y la infaltable máscara. La castaña se aferró con fuerza al libro que tenía en sus manos y sacó su varita. Estaba totalmente sola.

-Vaya, vaya.-Dijo una voz conocida llena de desprecio.-Eras justo la persona que queríamos encontrar, Granger.

Dicho esto, el mortífago que llevaba la delantera en su grupo, descubrió su rostro con un movimiento de varita.

 

Era Lucius Malfoy.

***

Draco alzó su varita. El estúpido de Theodore Nott se pasaba de listo. Sintió como las venas de su cuello latían. Se preparó para atacar, o defenderse. Últimamente, el chico al que amenazaba lo insultaba, y le hechaba en cara su perdida de dinero y nombre, además de su unión a los Mortífagos. Suspiró. Ya mucho lo había soportado.

Sin saber porque, el recuerdo de Hermione Granger llenó su mente y recordó su promesa a sí mismo de ser una persona mejor. Bajó un poco la varita, y miró a Nott. El chico mostraba una fachada agresiva que ocultaba el miedo que sentía en realidad. Draco sonrió al darse cuenta de esto, y, pese a que ya había anochecido, abandonó la Sala Común.

Draco subió las escaleras, sin saber muy bien a dónde se dirigía. Pensaba en Hermione. Esa castaña lograba sacar lo mejor del. Se sentía en paz cada vez que la veía. El rubio estaba vagando por un pasillo que nunca frecuentaba. Sintió una explosión, muy tenuemente, pero la oyó. Estaba lejos. Recordó el sonido. Cinco o seis pisos sobre él. Quizás siete. Sin saber porqué, volvió a sacar la varita y se apresuró en esa dirección.

***

La castaña observó el rostro de quién la amenazaba, sorprendida. No podía ser. Malfoy estaba en Azkaban, a miles de kilómetros de Hogwarts. ¿Se habría producido una fuga que el Ministerio había preferido no revelar? No. No podía ser que cometieran el mismo error que la vez anterior. El señor Malfoy se veía demacrado, extremadamente flaco, y con la mirada apagada de quien había pasado una temporada entre dementores.

-¿Te sorprende mi presencia, verdad, Hermione?-Dijo el mortífago,como si pudiese leer su mente. Le sorprendió que utilizase su nombre de pila. El cuarteto se acercaba lentamente, con las varitas en mano. De pronto, Hermione recordó que quizás sí estuvieran leyendo su mente. La chica empezó a bloquear todos sus sentimientos y recuerdos. Nunca había utilizado la Oclumancia, pero cuando el Señor Tenebroso atrajo a Harry hasta el Ministerio utilizando como carnada a Sirius, Hermione comenzó a leer todo lo que encontró sobre esa arte milenaria. Una mueca de disgusto cruzó el semblante de Malfoy, que rápidamente ocultó.

-Eres buena, Granger.-Soltó con desprecio.

Hermione llenó sus pulmones de aire. Necesitaba concentración, extrema concentración para bloquear su mente, mantener a raya el miedo, y descubrir en que momento, y quién de los cuatro Mortífagos atacaría primero.

-Protego temporais.-Musitó. Ese encantamiento la protegería temporalmente. Era una soberana estupidez utlizarlo, pensó, ya que sólo bloquearía encantamientos de ataque sencillos, no maldiciones imperdonables.

Los acompañantes de Malfoy revelaron sus rostros. Uno de ellos era Rodolfus Lestrange, el esposo de Bellatrix. Alzaba su varita con una mirada asesina que no apartaba de Hermione. Otro era Dolohov. La castaña sabía que este no era un gran mago, pero supuso que conocía muy bien la magia oscura, y habría matado en decenas de ocasiones. Reconoció al último con un estremecimiento. Era Fenrir Greyback, el hombre lobo.Los mortífagos estaban cada vez más cerca, y se acercaban a ella con una indescriptible ansia de matar. Reconoció en la terrible sonrisa de Greyback que se cobraría lo que no había podido morder la última vez.

 

Miró a ambos lados. El pasillo estaba desierto.

-¡Crucio!-

Exclamó Lestrange, apuntándola. La muchacha lo esquivó por los pelos.

-¡Expelliarmus!-Gritó a su vez Hermione. La varita abandonó la mano de Lestrange. Este la miró con furia.

-¿Cómo te atreves, Sangre Sucia?-Espetó Malfoy fríamente.-¿Cómo te atreves a desarmar a un mago de noble estirpe?

Petrificus Totalus!.-Exclamó Hermione como respuesta, apuntando a Malfoy, pero con un movimiento de varita este rechazó el hechizo.

El rostro de Malfoy se transformó. Su pálido y arrogante rostro era la imagen de la furia. Greyback comenzó a acercarse a Hermione con una determinación que le puso los pelos de punta. Ella agitó su varita y lo aturdió.

Greyback seguía avanzando, ya con menos determinación, por lo que Hermione lanzó otro encantamiento de inmovilidad total. Este le dió de lleno en el pecho y su atacante cayó de espaldas. Malfoy, cegado por la furia, gritó:

-¡Avada Kedav...!

Pero alguien fue más rápido:

-¡Expelliarmus!

La varita de Lucius voló por los aires. Hermione miró a su salvador. Era Draco Malfoy. Hermione no pudo contener su sorpresa. Quiso agradecerle, pero el chico no la miraba. En cambio, miraba a su padre con furia.La castaña volvió su mirada hacia Lucius.

El hombre estaba atónito. Miraba a su hijo como si no lo reconociera. Estaba desarmado, completamente indefenso, y apuntado por la varita de Draco.

-Cobarde.-Le espetó este.

Lucius Malfoy luchaba por recobrar la compostura, sin éxito. Finalmente habló:

-No me esperaba más de ti, Draco.

Hermione miró al muchacho. Pudo ver el daño que le causaban las palabras de su padre, pero él lo ocultó.

-No, yo no me esperaba más de ti, padre.-Dijo con desprecio.- Estabamos equivocados. Creo que ya lo sabías, pero sé que nunca lo reconocerás. Nunca podrás admitir que cometimos un error, ¿verdad? Crees que eres demasiado bueno como para equivocarte.

-¡No me equivoqué!.-Chilló Lucius.- No me equivoqué. Eres demasiado cobarde, demasiado cobarde, Draco, para luchar por tus ideales a pesar de las consecuencias. Luego de la caída del Señor Tenebroso volviste a Hogwarts, un lugar lleno de gente como ella.-Dijo con asco Lucius, mirando a Hermione.- para esconderte. ¡Nosotros seguimos siendo nobles al Señor Tenebroso a pesar de todo! ¡Le juramos lealtad hasta las últimas consecuencias, Draco!

-¿Lealtad?.-Preguntó Draco.-Tú le habrás jurado lealtad por voluntad propia. Yo nunca compartí sus ideas, sus ansias de matar, sus deseos de "limpiar" el mundo mágico. Yo sólo lo hice para salvar a mi familia, pero ahora veo que esa familia no vale la pena. Al menos por tu parte.

Los ojos de Draco comenzaron a llenarse de lágrimas. Lucius se quedó callado ante eso. Miraba a su hijo con asombro. Al parecer, nunca había sabido que era lo que pasaba por la mente de este.

-No te mereces morir.-Dijo Draco, pensándo en que había querido matar a Hermione.-Mereces pudrirte en Azkaban.

Hermione miró a Draco con los ojos llenos de lágrimas. En ese momento apareció McGonagall, que miró asombrada la escena. Con un movimiento de varita, ató las manos de Lucius Malfoy y Lestrange, para luego llevárselos a su despacho y escribir al Ministerio, dejando a Draco y Hermione mirándose con los ojos llenos de lágrimas.

 

Draco vio como los ojos de la castaña se llenaban de lágrimas y no pudo soportarlo más. Se dejó caer contra un muro de piedra gris y con las manos enredadas en su cabello. No podía creer lo sucedido. El rubio lloraba en silencio, mientras Hermione lo miraba, muda por el asombro. Draco era presa de la desesperación. Tenía la vista fija en el suelo de piedra, se sentía incapaz de mirar a Hermione, ya que temía que esta lo culpara por lo sucedido. Su propio padre había querido matar a la muchacha que lo acompañaba, por el solo hecho de que era hija de muggles y había hecho del mundo un lugar mucho mejor con Potter y Weasley. Quizás él también quería matar a este último, pero era por otras razones. El labio inferior le temblaba. ¿Cómo se disculparía con Granger? Jamás podría hacerlo. Había llegado a tiempo, pero por poco. ¿Qué hubiese sucedido si hubiera decidido atacar a Nott? Ante esa idea, se estremeció. No podía soportar que la muchacha muriera a manos de su padre. Ni de Greyback, Lestrange, o cualquier otro.

Hermione estaba paralizada. Estuvo a un paso de morir esa noche. Ella no hubiese podido bloquear la maldición, ya que estaba ocupada evitando el avance de Greyback. Le debía su vida al muchacho que ahora se debatía entre la furia y la desesperación. Se apiadó del al recordar sus palabras. Había entregado su persona al servicio de Lord Voldemort para salvar a su madre y su padre, pero ahora se daba cuenta de que este último no estaba arrepentido de sus actos. Y quería seguir matando gente, matando impuros, más precisamente. Pero... ¿Draco? Malfoy la había salvado de morir a manos del padre de este, desarmándolo sin dudar. Le sorprendió lo mucho que había cambiado el muchacho en esas semanas. ¿Por qué no la miraba? Semanas antes la hubiese dejado morir, y si, por una casualidad decidía salvarla, estaría jactándose de que le debía la vida al gran Draco Malfoy. ¿Qué pasaba ahora? Se preguntó Hermione, pero halló la respuesta al observar la reacción del chico. Estaba avergonzado, muy avergonzado. Una vez más, Hermione se sorprendió de cuanto había cambiado el rubio esas semanas. Se acercó a él con paso titubeante y se sentó a su lado. Buscó sus ojos grises, pero Malfoy no los apartaba del piso.

-Gracias, Malfoy.-El chico no la miraba. ¿Acaso se burlaba del? ¿Por qué le daba las gracias, cuando debería estar gritandole por los actos de su padre?

-¿Por que me das las gracias?-Murmuró Draco cansinamente, sin alzar la mirada.

-Me salvaste la vida.-Dijo la castaña sin comprender.

Draco no dijo nada. ¿Le había salvado la vida? Claro que no, si nada tendría que haberla amenazado. Su padre debía estar en Azkaban en ese momento, no en el despacho del director. Se sentía cansado, muy cansado, y la culpa lo embargaba. Además, Hermione pretendía que él era el heróe que la había salvado o algo por el estilo, cuando solo había hecho lo que tenía que hacer.

-No te salvé la vida. Mi padr...-Por lo visto, se sintió incapaz de decir la palabra en el último momento.-Malfoy no tendría por qué estar aquí, por qué...Aún no puedo creerlo.

-No te preocupes. Tú no tienes la culpa.-Dijo Hermione sin saber muy bien que decir.

Draco suspiró. La muchacha no comprendía lo que pensaba. Sentía culpa porque había sido su padre quién había derribado los muros del colegio para matarla, sí, pero tenía miedo. Tenía miedo ya que sabía que podría haber sido él mismo quién lo hiciera, ya que no se había dado cuenta de cuánto le importaba la chica hasta que estuvo a un tris de morir luego de ver un destello de luz verde. Cuando vió sus ojos castaños afrontar la muerte, no pudo evitarlo y lanzó el primer hechizo que cruzó por su mente. Estaba aliviado por que no había muerto, pero ¿Si hubiese sucedido? Si ahora Hermione estuviera muerta, ¿Qué sentiría él? Pensó, angustiado. ¿Y si la hubiese matado él, para estar en paz con una familia que, ahora sabía, no valía la pena? Contuvo un sollozo. Lo más probable era que lo hubiese hecho. Observó los ojos castaños de la chica, pero enseguida apartó la mirada. No merecía mirarla.

 

-Perdóname, Hermione.-Dijo el muchacho y se levantó. Hermione quedó un poco aturdida por el uso de su nombre de pila, pero se levantó tras él y lo retuvo por el hombro para evitar que se fuera.

-¿Ahora por qué quieres que te perdone? ¿Por haberme salvado?.-Inquirió.

-No.-Dijo Draco, y pudo mirar a la muchacha a los ojos. Ella le sostuvo la mirada. Por un segundo, ambos se miraron a los ojos, asombrándose por la proximidad del otro.-No, Hermione. Podría haber sido yo quién viniera a matarte. Podría estar con ese patético grupo de magos, que no se si merecen llamarse personas, creyéndome el dueño del mundo. Podría haber venido a matarte perfectamente, ya que quise salvarlos. Y cuando me diera cuenta de que estaba peleando del lado equivocado, ¿Crees que lo admitiría, y dejaría de luchar?-El rubio inspiró bruscamente.-Claro que no. Mataría a todo el que estuviera haciendo lo correcto, a todo el que fuera mejor persona que yo. Seguiría luchando, cegado por el odio, en una guerra sin causa. Al igual que mi padre.-Culminó Draco.

Hermione miró los ojos grises del muchacho. Nunca hubiese imaginado que el chico pudiera juzgarse a si mismo de esa forma. De pronto, sintió el deseo de abrazarlo y decirle que estaba equivocado, darle las gracias por lo que había hecho y convencerlo de que era una muy buena persona. Por que lo era. Era la mejor persona que ella hubiese imaginado. Contuvo el impulso.

-Pero eso no pasó.-Replicó llanamente.-No pasó eso, Draco. Quizás sí lo hubieses hecho tiempo atrás, pero cambiaste, y cambiaste mucho. Ahora eres la mejor persona que conozco.-Declaró de corazón Hermione, muy avergonzada. Cuando escuchó eso, Draco la miró como si estuviese loca.-Es verdad.-Se defendió la muchacha ante la mirada del rubio.-Y tengo que darte las gracias por lo que hiciste esta noche. Sé que va contra tus principios por lo que te estoy muy agradecida por haberme salvado.

Draco se sintió un tanto insultado ante las últimas palabras de la castaña.

-¿Contra mis principios? Eso cambió hace mucho.-Al decir esto, notó que estaban muy cerca, muy cerca, tanto, que sus narices casi se rozaban.

-No sabes cuanto me alegra oír eso.-Suspiró Hermione.

El muchacho sintió unas incontrolables ganas de besarla. La proximidad de la chica lo confundía y hechizaba. Sentía su aroma a caramelo y podía contar las pecas de las mejillas de Hermione. La tomó de la cintura y la atrajo hacia sí. La miró a los ojos y la chica le devolvió la mirada.Miró sus labios y el deseo que había sentido segundos atrás volvió con renovado ímpetu. Sin embargo, torció un poco su rostro para besarla en la mejilla. Finalmente, la soltó, sin dejar de mirarla a los ojos, y, con el fin de evitar una locura, se marchó.

 

***

Muchas gracias por agregar mi historia a favoritos, y también muchas gracias a los que comentaron, ya que me encanta que lo hagan!

Saludos,

paublack14

Hermione observó como el chico se alejaba y se dejó caer nuevamente contra el muro de piedra del colegio. ¿Qué había pasado? Miró el desastre que habían provocado los Mortífagos al entrar al colegio. Hogwarts no era tan seguro como parecía. Le dio miedo pensar que hubiese sucedido si Draco no hubiese llegado a tiempo, por lo que no lo pensó. Se sentía sumamente agradecida por el gesto del rubio. De pronto, temió que hubiese más Mortífagos cerca por lo que sacó su varita y realizó un hechizo para ver si había alguien, pero nadie estaba amenazando la seguridad del castillo. Guardó la varita.

Recordó las palabras de Malfoy, y descubrió que lo admiraba. Era extremadamente valiente, y noble. Se preguntó como era que el muchacho había acabado en la casa de Slytherin, pero recordó que el muchacho no siempre había sido así. Antes era arrogante y estúpido. Aún conservaba un poco de su carácter, ya que eso constituía parte de sí mismo. No había perdido su porte y mirada arrogantes, además de su sonrisa burlona, pero estos detalles parecían tiernos a los ojos de la castaña. De pronto, recordó los pasados minutos compartidos junto al rubio. Curiosamente, su proximidad y su cálido aliento, lejos de molestarla, la habían reconfortado, al igual que lo habían hecho la noche anterior luego del partido de Quidditch. Sintió una súbita añoranza por él.

Una lechuza interrumpió sus pensamientos. Era un ejemplar bastante grande, de un extraño color gris oscuro. Planeó con elegancia y se posó ante ella, extendiendole una pata para que desenrrollara el pequeño pergamino que llevaba en esta. Hermione lo tomó y leyó rápidamente:

Señorita Granger,

A luz de los últimos acontecimientos necesito su presencia y la del señor Draco Malfoy en mi despacho. Espero que comprenda y acuda lo más rápido que le sea posible.

La contraseña es "Dumbledore".

Atentos saludos,

Minerva McGonagall

Imaginó que Draco había recibido una misiva idéntica y suspiró. Se incorporó y sacudió el polvo de la túnica para dirigirse al séptimo piso, donde se hallaba el despacho de McGonagall. Rápidamente se halló ante la gárgola de piedra, que, cuando oyó el apellido del difunto director, la dejó pasar. Subió las escaleras y se encontró con la directora sentada tras su escritorio, esperándola. Al parecer, Malfoy no había llegado.

-Buenas noches.-Saludó la muchacha tras ingresar al despacho.

-Buenas noches, señorita Granger.-Dijo enérgicamente la directora, un tanto preocupada.-Por favor siéntese.

Hermione tomó asiento donde le indicaban.

-Necesito que me diga todo lo que ocurrió esta noche.-Pidió McGonagall con diplomacia.

-Bueno, yo estaba fuera de la Sala Común, ya que pensaba que podía llegar a la biblioteca antes de que esta cerrara. Debía devolver un libro.-Comenzó a explicar Hermione. En eso estaba cuando oyó llegar a Malfoy a sus espaldas. El muchacho saludó a la directora con un asentimiento de cabeza con el fin de no interrumpir a Hermione, gesto que McGonagall devolvió.-Ya casi llegaba cuando oí una fuerte explosión. Una de las paredes de piedra tenía un agujero enorme, por el que se colaban cuatro Mortífagos. Tomé mi varita. Estaba muy sorprendida. Y asustada. Nunca pensé que los Mortífagos pudieran irrumpir en Hogwarts.

 

-Yo tampoco, señorita Granger. Lamentablemente, todos pensamos que estábamos seguros tras la muerte de el Innombrable. Pero nos equivocamos. Principalmente, yo soy la culpable de todo este asunto.

Hermione se dispuso a desmentirla, pero Malfoy la interrumpió con aspereza.

-¿Qué hacían aquí? ¿Por qué no están en Azkaban, como se supone que debe ser?

McGonagall se mostró sorprendida por que Draco no intentara justificar la actuación de su padre, e incluso se mostrara enojado por su fuga de Azkaban.

-Bueno, señor Malfoy, esta fuga es tan reciente que aún no sale en los periódicos. Sucedió esta misma tarde, por lo que tendremos noticias de ella mañana por la mañana.-Adujo la directora.

-Mañana por la mañana.-Murmuró Malfoy, visiblemente enojado. Esta actitud asombró aún más a la profesora McGonagall.

-¿Sucede algo, señor Malfoy?

-No, claro que no.-Repuso este con ironía.-Mañana por la mañana.-Repitió, lanzando miradas de hostilidad hacia la directora. Ella le dedicó una mirada helada.Le estaba reclamando respeto. Draco no pudo soportar más la situación, por lo que gritó:

-¡¿De qué nos serviría recibir las noticias mañana por la mañana?! ¡Los Mortífagos ya entraron en el castillo! ¿No lo entiende? ¿Cómo puede estar tan tranquila?

McGonagall nunca perdía los estribos, pero Draco estaba yendo demasiado lejos. Se levantó y le espetó con frialdad:

-No estoy para nada tranquila. Y si temes por tu seguridad, Malfoy, descuida, que aquí estarás seguro.-Y le lanzó una mirada de desprecio.

Draco Malfoy sintió como su semblante enrojecía. Rodeó el escritorio para hallarse de cara a la directora. Furioso, acercó su rostro al de la profesora.

-No estoy preocupado por mi. Estoy preocupado por ella.-Espetó a su vez, señalándo a Hermione. Ella lo miró estupefacta, pero no dijo nada.

La directora miró los ojos grises del muchacho que la enfrentaba y descubrió que estaba siendo sincero. En sus ojos halló el reproche por no haber protegido el castillo adecuadamente y también una muda súplica de que protegiera a la muchacha que se hallaba allí sentada, aunque la vida se le fuera en ello. ¿Habría descubierto ya que la amaba? Se preguntó la directora. No, no lo había hecho. Pero no tardaría en hacerlo.

-Tiene razón.-Fue lo único que se le ocurrió decir a McGonagall. El muchacho se separó de ella bruscamente.

-Lo siento.-Masculló, un tanto avergonzado, y volvió a sentarse.

Hermione miró de reojo al chico que se hallaba sentado a su lado. El cabello rubio le caía sobre la cara, y sus ojos grises destacaban en sus pálidos y finos rasgos. Su rostro se mostraba avergonzado, pero aún quedaban vestigios de rebeldía, y desaprobación a la inconciencia de la directora. Era realmente guapo. Retuvo una sonrisa al recordar que Draco había declarado que no estaba preocupado por él, sino por ella, cuando sin duda el que más riesgos corría si más Mortífagos irrumpían en el castillo era el muchacho, ya que, a ojos de los seguidores de Voldemort, Malfoy era un traidor. Además, la había salvado de la muerte, la había consolado tras el incidente con Ron, y al otro día, la había buscado preocupado para preguntarle que era lo había pasado. ¿Tanto había hecho por ella? La castaña sintió una súbita punzada de gratitud...Y algo más. Era una inesperada calidez en el pecho, algo realmente agradable. Lo quería. Admitió para si misma. Quizás era algo más que un simple cariño, pero por ahora eso era todo lo que estaba preparada para aceptar.

 

***

Mil gracias por los comentarios del capítulo anterior! Me alegraron mucho!

Saludos,

paublack14

Draco salió con prisas del despacho de la directora McGonagall. No quería enfrentarse a la muchacha a la que había salvado la vida.

Habían estado en el despacho circular los últimos cuarenta minutos, en los que la directora los había regañado por estar fuera de la Sala Común a deshoras (ante esto, Draco quiso volver a gritarle, pero se contuvo), les había informado que había escrito al ministerio y a El Profeta, que los Mortífagos ya no estaban en el castillo y que el profesor Flitwick se estaba ocupando del agujero en la pared. También les dijo que ahora se reforzaría la protección del colegio por aproximadamente un mes, habría nuevos hechizos protectores y los prefectos tendrían que turnarse con los profesores para patrullar los pasillos en grupos de a dos. De paso, al recordar la mirada preocupada de Draco que tanto la había sorprendido, les dijo que ellos conformarían un grupo. Ante esto, el muchacho empalideció, ya que le avergonzaba volver a enfrentarse a la castaña. Por último, les informó que el resto del colegio sería avisado del incidente esa misma noche, a la hora de la cena.

Hermione se había mostrado bastante convencida con las medidas tomadas por la directora McGonagall, pero no Draco. El rubio Slytherin sospechaba que los Mortífagos escondidos volverían en busca de venganza. Sin embargo, intentó acallar ese presentimiento, pensando que los hechizos protectores eran lo suficientemente poderosos para mantener el peligro a raya. Volvió a entrar en su Sala Común, y se sorprendió al descubrir que ya casi no había gente allí. Chequeó la hora y descubrió que ya eran las ocho, por lo que ya se podía bajar a cenar. De pronto, descubrió a Pansy sentada en un sillón junto al fuego. Su rostro tenía una luz verdosa debido al reflejo del lago. La muchacha se dio vuelta y lo descubrió mirándola. Ella era la única amiga que había mantenido luego de la caída del Señor Tenebroso.

-Hola.-Dijo ella y se incorporó.- Me alegro de que te hayas ido antes de atacar a Nott.

Draco casi no recordaba lo sucedido antes de descubrir que los Mortífagos se habían colado en el castillo, por lo que la miró con aire ausente.

-Ah. Sí.-Murmuró el muchacho y se dejó caer en una butaca frente a Pansy.

-¿Pasó algo, Draco?.-Inquirió Pansy. Era muy intuitiva.

-No...-Dijo, pero inmediatamente se corrigió. Si no se lo contaba a ella, ¿A quién se lo contaría?-Sí. Salí y oí una explosión varios pisos arriba. Subí y me encontré con que un grupo de Mortífagos estaban atacando a He... A Granger. Entre ellos estaba mi padre.-Dijo todo esto con la vista fija en la alfombra verde y plata que decoraba el suelo.

Pansy abrió mucho los ojos. Se sorprendió porque los Mortífagos habían entrado en el colegio, pero también se sorprendió porque su amigo no se alegraba de que su padre estuviera entre el grupo que atacaba a la Sangre Sucia. En ese momento, recordó que Draco había cambiado de la noche a la mañana. ¿Cuál era el motivo? No lo sabía, pero igualmente sentía cierto orgullo por el cambio que se estaba operando en él. Ella tampoco creía del todo en la limpieza de sangre, pero reconocía que no era lo suficientemente valiente para enfrentarse a sus padres y sus ideas.

 

-¿Tu padre?.-Preguntó Pansy tratando de mantener la calma.

-Sí...-Admitió el rubio, pero inmediatamente decidió que no quería decir más nada y subió a su habitación, dejándo a Pansy completamente intrigada.

***

Hermione observó a Draco alejarse por segunda vez en la noche. Quería darle las gracias otra vez, pero sabía que el muchacho no las aceptaría. ¿Qué era lo que se lo impedía? No importaba, de todas formas tendría que verlo esa misma noche para patrullar en los pasillos. No sabía porque, pero pensar en eso hizo que se le escapara una sonrisa. Hermione se alejó con paso rápido de la gárgola del despacho del director, y se dirigió a la Sala Común. Rápidamente cambió de idea y fue al Gran Comedor, ya que casi era hora de cenar. En el camino, se encontró con Ginny, quien se alegró mucho de verla.

-¡Hermione!.-Exclamó la pelirroja, aliviada. La muchacha observó su rostro. Estaba muy preocupada, pero al parecer encontrarse con Hermione le había dado un respiro.

-¿Que sucede, Ginny?.-Ginny había logrado contagiar a Hermione de su preocupación, fuera la que fuese.

-Es Ron.-Le dijo Ginny, esperando su reacción.

Ron. Hermione casi no lo había recordado las últimas horas. Lo quería, y sentía que el muchacho la había traicionado, pero ya no lo amaba de esa manera. Se preguntó si se podía dejar de amar a alguien tan rápidamente, y llegó a la conclusión de lo que el muchacho había hecho había sido suficiente para nunca volver a confiar en él. ¿O era que se estaba enamorando de otra persona? Intentó apartar la idea de su mente y se concentró en Ginny.

-¿Qué hay con él?-Preguntó.

Ginny suspiró.

-Estamos preocupados por él. Se que dije que nunca se lo perdonaría...Y no se lo perdono, pero tampoco deseo que este así. Al fin y al cabo, es mi hermano.

La preocupación de Hermione se avivó ante esas palabras.

-¿Que sucede?-Inquirió.

-No ha salido del dormitorio en todo el día. No ha comido, no ha asistido a clases. Harry no me dijo como estaba porque pensaba que en unas pocas horas se le pasaría. Pero nos empieza a preocupar. Se niega a bajar. Se arrepiente por lo que te hizo.

-Oh...-Dijo la castaña, sin saber muy bien que hacer. No había visto a Ron desde que el pelirrojo había dicho que no la amaba. Temía que, al verlo, volviera a sufrir por él. ¿Pero qué importaba? Si respetaba en algo la amistad que se habían tenido, debía ir a verlo. Quizás sirviera de algo que la viera. Suspiró.-Iré a verlo.

Quiso rodear a Ginny para dirigirse a la torre de Gryffindor, pero la muchacha le tomó el brazo.

-Gracias, Hermione. Sé que lo que te pido es mucho, y que mi hermano no lo merece, pero gracias por estar dispuesta a correr el sacrificio. Confiaba en que lo harías.

La castaña solo pudo sonreír ante esas palabras, y siguió su camino hacia la torre. Tenía miedo, más miedo del que había tenido al enfrentarse a los Mortífagos. ¿Qué pasaría si, al verlo, volviera a llorar como una estúpida? Esperaba que no fuera así, ya que su tarea se dificultaría si eso pasaba. Muy rápidamente, se halló ante el retrato de la Señora Gorda, que, al oír la contraseña, la dejó pasar. La Sala Común estaba completamente vacía, cosa que agradeció, ya que debía colarse en el dormitorio de los chicos. Muy lentamente, subió la escalera caracol del lado izquierdo, y tras caminar por un estrecho pasillo (que era idéntico al del lado de las chicas) se halló ante una ancha puerta de madera que llevaba la inscripción "Séptimo Curso". Golpeó suavemente, y, al no oír respuesta, dedujo que Ron estaba solo en la habitación, por lo que abrió la puerta lo justo para poder ver en su interior. Cuando se asomó, pudo verlo. Estaba sentado en su cama, recostado contra un poste de madera, apenas iluminado por la luz de luna que se colaba en la habitación a traves de una ventana. Aún llevaba puesta su túnica de Quidditch del partido anterior, iba muy despeinado y lucía oscuras ojeras bajo sus ojos azules que estaban llenos de culpa. Al verlo en ese estado, sintió una aguda punzada en el pecho, que no se detuvo a analizar. Empujó la puerta, que emitió un chirrido. El ruido hizo que Ron se diera vuelta para ver quién entraba en la habitación, y al verla, empalideció.

 

Ron se levantó rápidamente, y clavó su mirada en la de la castaña. No podía creer que aún quisiera verlo. La muchacha sintió como la mirada del pelirrojo se fijaba en la suya, y sintió deseos de apartar la vista hacia otro lugar, pero no lo hizo. Se quedaron unos instantes mirándose fijamente a los ojos, esperando que alguno rompiera el silencio. Finalmente, Ron lo hizo.

-Hermione.-Dijo, con la voz ronca.-No sabes cuanto lo siento.

Al oír eso, Hermione sintió como se le formaba un nudo en la garganta. No, no podía estar allí, necesitaba irse...Luchó por contener las lágrimas que querían rodar por sus mejillas, y lo logró, pero no pudo decir nada.

-Lo siento tanto, Hermione. Fui un estúpido. Te hice mucho daño, lo sé y lo lamento.

La castaña seguía luchando con sus lágrimas. ¿Por qué eso tenía que pasarle a ella? Nunca acabaría de comprenderlo. Ella había pensado que al fin había encontrado a la persona indicada, que estaría con ella para siempre. Se permitió pensar en un futuro junto al chico que ahora le pedía disculpas... Se había imaginado una casa, un par de niños... Porque según decía, el pelirrojo la amaba. Y si la amaba, ¿por qué querría lastimarla? ¿Por qué la dejaría? Una lágrima le ganó la batalla, y rodó por su mejilla.

-Sonabas muy convencido.-Dijo con voz entrecortada. No pudo evitarlo, había ido allí para hacerlo salir del dormitorio, pero no podía contenerse al oír que el muchacho le pedía disculpas.

Ron la miró con consternación. ¿Lloraba? No la veía, ya que su rostro quedaba oculto en la penumbra.

-Perdoname, Hermione. -Suplicó Ron con voz queda. No quiso acercarse a ella, ya que temía que la castaña lo apartara.

-Sonabas muy convencido.-Repitió la muchacha, sin poder apartar esa idea de su mente.

-No te imaginas cuanto lo siento.-Susurró el muchacho, ya al borde de las lágrimas.

 

De pronto, Hermione recordó por que estaba allí.

-¿Quieres hacer una cosa por mi?.-Preguntó.

-Sabes que haría lo que sea.-Le respondió Ron. Ante esas palabras, la castaña sintió una punzada de tristeza, ya que no lo sabía, y dudaba que fuera cierto.

-Baja a comer, Ronald. Ve a las clases. Harry y Ginny están muy preocupados por ti. Hazlo.

Ron titubeó.

-Prometeme que lo harás.-Pidió Hermione.

-Está bien, lo haré.

Ante esas palabras, Hermione abandonó el dormitorio. Lo había logrado. Enjugó sus lágrimas, pero otras tomaron su lugar rápidamente. Ella sabía que lo que Ron había dicho esa fatídica noche era cierto. Y aún no estaba preparada para perdonarlo. Miró la hora. ¿Qué? Ya eran las diez. Hasta hacía poco eran las ocho, pensó con sorpresa. Era hora de encontrarse con Draco para patrullar por los pasillos del colegio. Aún entre lágrimas, se dirigió a uno de los pasillos del cuarto piso, que era el lugar que habían acordado para encontrarse. Bajó escaleras y caminó por los pasillos sin encontrarse con nadie. Cuando llegó, una voz conocida salió de las sombras y preguntó:

-¿Por qué lloras?

Hermione se enjugó rápidamente las lágrimas con el dorso de la mano. ¿Por qué siempre se encontraba con él cuando lloraba? ¿Es que no podía verla en un estado normal? Recordó que apenas una semana atrás, el muchacho estaría burlándose de ella y alentando aquello que la había hecho llorar, fuera lo que fuese.

Draco se dejó ver. Llevaba una larga capa negra, muy parecida a las del uniforme de Hogwarts, pero mucho más gruesa y elegante. Debajo de esta, se podía ver un buzo de hilo color marfil. Su semblante, apenas iluminado por una antorcha lejana, mostraba una sincera preocupación. Hermione lo miró. ¿Qué había pasado? En la mirada gris del rubio no había ni rastro de la persona que había sido poco tiempo atrás. Ahora solo podía encontrar al caballero que la había salvado de la muerte, que se había preocupado por ella las últimas horas y que lo volvía a hacer. Apartó la mirada con rapidez.

-Por nada.-Respondió en un susurro. La castaña se prometió a si misma no volver a derramar una lágrima frente a Draco Malfoy.

-No se llora por nada.-Repuso Draco.¿Por qué le mentía? Él sólo quería apoyarla...Otra vez. Observó como la muchacha apartaba su mirada de la de él. Era muy bonita. Ese pensamiento lo sorprendió. El cabello enmarañado había dejado paso a suaves rizos que caían hacia la mitad de la espalda de Hermione y enmarcaban su dulce y ovalado rostro, en el que se destacaban unos hermosos ojos castaños.-¿Es por lo de hoy?-Preguntó, y Hermione lo miró confundida.-Por...El duelo.-Añadió el rubio, titubeante. Al parecer, el recuerdo de su padre intentando matarla aún le dolía.

-¡Ah! No, claro que no.-Respondió la castaña. ¿Por qué estaría llorando por eso? No tenía sentido, ya que nadie había resultado herido.

Malfoy indagó un poco más.

-Entonces...¿Es por Weasley otra vez?

-No.-Mintió Hermione con la vista fija en el suelo, pero el rostro de la muchacha le confirmó que estaba en lo cierto. Malfoy sintió una mezcla de impotencia e indignación. ¿Qué había hecho ahora ese imbécil? El deseo de vengarse volvió con renovado ímeptu. Si volvía a ver a Hermione llorando por su causa, lo mataría, se prometió. Draco fijó su mirada en la muchacha, indignado.

 

-Eres una pésima mentirosa.

De pronto, Hermione se paró frente a él con actitud desafiante. Le enojaba que se hubiese dado cuenta tan pronto de que era lo que le sucedía, y además deseaba fervientemente encontrar una respuesta a sus preguntas.

-¿Y a ti que te importa? ¿Desde cuándo te importa lo que una Sangre Sucia como yo pueda sentir? ¿Por qué has decidido repentinamente ser tan...amable?-Inquirió, dedicándole una mirada llena de furia.

Malfoy se quedó paralizado frente a sus palabras. Era cierto, el cambio había sido drástico. Pero solo para con ella. Sólo con Hermione podía mostrarse de esa forma. Para los demás, seguía siendo el mismo ex Mortífago arrogante de siempre. La miró con cariño. Hermione siempre era así, ansiosa por conocer la verdad de todas las cosas. Decidió contarle la verdad. Pensaba que ella era la única que podía comprenderlo.

-Me cansé de ser como era. De caminar por los pasillos y sentir las miradas de todos, como si no mereciera estar aquí. Como si tuviera que estar en Azkaban.-El muchacho dudó luego de decir eso.-Quizá sea así, quizá merezco ir a prisión...Creo que tú también lo crees.-Dijo, mirándola con tristeza.-Y a veces yo también lo dudo. A veces me dan ganas de ir y entregarme a los dementores.-Murmuró, con la mirada perdida en el vacío. Hermione lo miraba boquiabierta.-Voldemort me amenazaba con su varita. Iba a matarme, Hermione. Eso no me importaba demasiado, lo pudo ver en mi mente. Yo prefería la muerte a unirme a ellos. Quizá parecía todo lo contrario, pero era un imbécil. En el fondo repudiaba sus ideas, y sólo las seguía para darme aires.Y...Luego amenazó a mi madre.-Malfoy contaba todo esto perdido en el recuerdo, y tras recordar a su madre amenazada por la varita del Señor Tenebroso una sombra de tristeza cruzó su semblante.-Juró que la mataría, que la mataría si yo no me unía a ellos. No tenía opción.-Tras decir eso, agachó la cabeza, arrepentido, pero continuó hablando- ¿Está mal, Hermione? Dime, ¿Merezco ir a Azkaban? Porque ni yo lo sé a estas alturas.

Hermione lo miraba conmovida, tratando de contener las lágrimas por segunda vez en la noche. También se sentía culpable, ya que en el fondo,había creido que el rubio debía ir a Azkaban. ¿Por qué Draco no se dejaba ver como la gran persona que era, y en cambio se mostraba frío, altivo y arrogante?

Draco la miraba a los ojos. Sentía que se había quitado un gran peso de encima. Un enorme peso de encima. Al menos ahora alguien sabía la verdad de como se sentía, de como había pasado todo realmente. Seguía esperando una respuesta. Estaba un tanto avergonzado por haberse mostrado al fin como era, pero se sentía estupendamente. Vió como una lágrima corría por la mejilla de la muchacha, lágrima que Draco secó con el dorso de su mano

-Dime, ¿Por qué lloras ahora?-Le preguntó, un tanto divertido.

Hermione fingió no haberlo oído, pero una sonrisa asomó en la comisura de sus labios.

-Nunca pensé...Nunca pensé que pensaras así.-Admitió la muchacha.-Y...Claro que no mereces ir a Azkaban. De verdad lamento haberlo pensado.

Draco sonrió.

-Ven.-Le dijo, y la abrazó.

Hermione se sorprendió un tanto por el abrazo del rubio, pero lo correspondió. Se hallaba muy cómoda entre sus brazos. Se recostó en el hombro del Slytherin y él le acarició el cabello. Ron parecía un pasado muy, muy lejano en ese momento. Quiso alargar ese instante para siempre, pero supo que era imposible, por lo que lenta, muy lentamente se apartó del muchacho, pero antes le plantó un beso en la mejilla.

 

-Vamos.-Le dijo Hermione. Debían seguir patrullando.

La chica tomó de la mano de Draco y así continuaron caminando por los solitarios pasillos de Hogwarts.

***

Hola! Este capítulo es bastante más corto de lo normal, lo siento!

Gracias por los comentarios, me alegran mucho y me alientan a seguir.

Saludos,

paublack14

Draco se removió inquieto. No podía conciliar el sueño. ¿Qué había pasado? Recordó el momento en el que se había sincerado con Hermione. Nunca se había sentido tan bien al decir algo. Volvió a recordar, por énesima vez, todo lo sucedido esa noche. El abrazo con la castaña, el fugaz beso que ella le había dejado en su mejilla...Se detuvo un instante en ese recuerdo con regocijo, y se llevó la mano a dicha mejilla.¿Qué hacía que esa muchacha fuese tan buena, tan cercana, que se preocupara tanto por los demás? ¿Qué la había llevado a perdonarlo? ¿Por qué podía tolerar que él se preocupara por ella? Y sobretodo, ¿Qué había en ella que lo impulsara a querer cambiar de tal manera? No lo sabía, y probablemente nunca hallaría una respuesta a sus preguntas.

Su mente le regaló una imagen de la muchacha. Como siempre, con su uniforme una o dos tallas más grandes y encorvada debido a el peso de diez o doce libros. Sonrió en la oscuridad. Era una insufrible sabelotodo, pero tenía un corazón enorme. Y una sonrisa muy bonita. Y unos preciosos ojos castaños, y una inteligencia tan grande como su valentía. ¿Qué le pasaba? ¿Estaba enamorado de Hermione Granger?¿Enamorado? Sopesó esa palabra. Nunca había estado enamorado de nadie en su vida, y creía que nunca lo estaría. Además...¿Granger? No, claro que no. Pero la empezaba a querer de alguna forma, y él lo sabía. De lo contrario, no estaría preocupado por lo que le pudieran hacerle los Mortífagos, no disfrutaría de su compañía ni de su cálido contacto, no ansiaría verla, y no se sentiría obligado a consolarla de los constantantes sufrimientos que le causaba Weasley. ¡Weasley! ¡No había averiguado que le había hecho esta vez! Maldijo por lo bajo, pero lo dejó pasar. Confiaba en que Hermione no se dejaría volver a lastimar. Era muy inteligente para eso.

¿Enamorado? No, honestamente no lo sabía. Pero si ansiaba que llegara el lunes de la semana entrante, en el que les tocaría hacer guardia juntos otra vez.

Un poco aburrido ya de la situación en la que estaba, chequeó la hora. Eran las tres y media de la mañana. Consideró la posibilidad de prepararse una poción para dormir, pero prefirió quedarse un rato más pensando en todo lo que había pasado esos últimos días. Miró a su alrededor. Todos sus compañeros estaban profundamente dormidos. Era agradable oír sus respiraciones acompasadas y algún que otro ronquido. Miró a Nott. Se veía muy tranquilo, cobijado por una colcha verde. Recordó el episodio que había tenido con él. Parecía que había sucedido hacía semanas, pero en cambio había

Su mente volvió a detenerse en Hermione. La imaginó dormida, tan tranquila como Nott, o quizá más, sin que nada pudiera arruinar el bonito sueño que deseó estuviera teniendo. Esa noche con ella había sido muy agradable. Nunca pensó que la Gryffindor pudiera hacer un lado todos esos años de odio que habían sentido mutuamente para tener...¿Una amistad? Realmente él la consideraba ya una amiga en la que podía confiar. Lo había sentido en el mismo momento en el que él había abrazado a la castaña tratando de consolarla. Pero suponía que la muchacha sólo estaba siendo cortés con él. Porque... ¿Quién iba a querer una amistad con un Malfoy? A menos que le interesara el dinero, claro esta, pero no creía que a Hermione le interesara en lo más mínimo.

 

Malfoy pensó que le haría muy feliz tener una amistad con Hermione. Quería ser su amigo, quería estar cerca de ella cuando lo necesitara...

En todo esto pensaba Draco cuando un ligero golpe en la ventana más cercana lo sacó de sus cavilaciones. Miró en esa dirección y únicamente vió dos ojos de un sorprendente color ambarino. Entornó un poco más la vista y logró ver el contorno de una majestuosa lechuza negra como la noche. Al reconocerla, sintió temor. Era de su tía, Bellatrix Lestrange. La malvada mujer había pasado una temporada en San Mungo debido a la maldición que había lanzado Molly Weasley en la batalla final. Y, finalmente, tras un afán de los sanadores que Draco no comprendía del todo, la habían salvado para enviarla directamente a Azkaban.

Malfoy ya se hallaba ante la ventana. Dudaba si abrirla para que la lechuza, llamada Nagini en honor a la serpiente de Voldemort, entrara y le dejara un pergamino impregnado (Draco no pudo imaginar otra cosa) de malas noticias. ¿Quién más se habría escapado de Azkaban? Él no tendría noticias hasta la mañana siguiente, pensó con amargura. Tras un último titubeo, abrió la ventana.

La lechuza ingresó en el dormitorio con suma elegancia, lanzando a Draco una mirada severa, al parecer regañandolo por haber demorado en abrir la ventana. Se posó en un pequeño escritorio de madera oscura y extendió su pata, a espera de que el muchacho desenrollara el pergamino que llevaba atado a esta. Draco lo desató con toda la parsimonia que fue capaz, para luego girarlo entre sus dedos. Al parecer era una carta larga. Sintió deseos de quemarla. Finalmente, pensó que era una estupidez temer al contenido de una carta, y deserolló el pergamino. Lo leyó con una sensación desagradable en la boca del estómago.

Querido Draco,

Supongo que estarás sorprendido al recibir una carta mía, y lo comprendo perfectamente, ya que se supone que debería estar en Azkaban. ¡Pero no es así! Logramos convencer a los dementores de que nos dejaran marchar y les prometimos que sembraríamos desesperanza y miedo, casi tanto como el los tiempos del Señor Tenebroso. No necesitamos más. Abrieron las puertas de la gran mayoría de los Mortífagos que estábamos allí y nos devolvieron nuestras varitas. ¡Se siente tan bien, Draco, se siernte tan bien volver a tener una varita en la mano y no comportarse como una sucia muggle!

Creo que ya te habrás enterado de todo esto aunque aún no salga en El Profeta, ya que tu padre y mi esposo tenían planes de irrumpir en Hogwarts.

¡Tenemos un plan, Draco! Y eso se siente tan bien... Volveremos a tener el clima de pánico que nuestro señor desearía tener. Espero que todo salga según lo planeado...Por ahora vamos muy bien. Muy bien.

 

Lo lograremos, Draco, confía en ello, lograremos lo que el Señor Tenebroso no pudo lograr...Sus ideas eran tan grandes, tan perfectas, su mente era tan brillante...No puedo creer que haya muerto. Menos aún a manos de ese estúpido de Potter.

¡Ah, ya lo olvidaba! Ya maté a mis primeros muggles después de mi segunda estadía en Azkaban. Estarás orgulloso de mí, ya que esos muggles que maté son los padres de esa zorra, Granger.

Mantendré el contacto,

Bellatrix Lestrange.

Draco releyó el último párrafo. "...Estarás orgulloso de mí, ya que esos muggles que maté son los padres de esa zorra, Granger." Empalideció. Lo volvió a leer. E intentó que una idea se formara en su mente: "Mi tía mató a los padres de Hermione"

 ***

Hola a todos!

Bueno, no sé si alguien se esperaba este giro en la historia, pero definitivamente yo no. Una idea se formó en mi cabeza mientras me dirigía a pagar la factura del teléfono. Espero que les haya gustado este nuevo capítulo, que intenté hacer más largo que el anterior.

También quiero que sepan que me encantan todos los comentarios que dejan, ya sean largos o cortos, siempre me alegran, siempre los leo todos y los respondo.

También agradezco a las personas que agregaron la historia a favoritos.

Estoy nerviosa por si mi nueva idea les gusta o no... Aunque aún no la he expandido.

Saludos, que pasen muy bien,

paublack14

 

No lo podía creer aún. Volvió a leer la carta, y sintió ganas de vomitar. Se sentó en su cama, y miró por la ventana. Bellatrix había matado a los padres de Hermione. ¿Ella lo sabría ya? Claro que no. Imaginó el sufrimiento de la castaña ante la triste noticia, y un par de lágrimas de rabia resbalaron por sus mejillas. ¿Por qué los había matado? Esos muggles eran completamente inocentes...Al igual que su hija.

Imaginó también la muerte de los señores Granger. A manos de su tía Bellatrix, no podía imaginar otra cosa que un dolor constante y absoluto...¿Por qué justo ahora? ¿Por qué cuando ella se hallaba tan lastimada por Weasley? Estaba convencido de que una sola persona no podría soportar tal sufrimiento.

Volvió a repasar la carta. Allí decía que los Mortífagos tenían un plan...¿Qué clase de plan sería? ¿Pensarían volver a Voldemort a la vida? Draco no creía que eso fuera posible, ya que ninguna clase de magia podía resucitar a los muertos. Pero el Señor Tenebroso había investigado niveles de magia oscura insospechados. ¿Y si antes de morir había descubierto como hacerlo? ¿Y si hubiera dejado instrucciones de como resucitarlo? Malfoy sintió temor, ya que su madre había sido quién engañó a Lord Voldemort al decirle que Potter estaba muerto tras el enfrentamiento con él. ¿Y si iba a matarla? De pronto, lo asaltó otra idea peor: ¿Y si mataban a Hermione?

Draco se paralizó ante su última idea. No, nunca podrían matar a Hermione. Potter jamás lo permiriría... Y él tampoco. Pero pensandolo bien, ni Potter ni él se habían enterado de la fuga en Azkaban antes de que la castaña se viera amenazada por cuatro Mortífagos. Y Draco tampoco sabía que estos tenían un plan hasta que Bellatrix se lo había dicho en su carta.

Otra duda asaltó al Slytherin. ¿Qué hacía Bellatrix enviándole cartas, cuando sabía perfectamente que él había aceptado la ayuda de la Orden del Fénix tras el episodio de Dumbledore? El muchacho se había dirigido directamente al despacho de McGonagall en Hogwarts mientras Snape era el director. La profesora de Transformaciones se había llevado un susto de muerte al verlo allí, ya que sabía que era un Mortífago, y ni siquiera seguía siendo alumno del colegio. Draco le había contado su historia, suplicándo una y otra vez que le creyera, pero la profesora no lo había hecho hasta que Draco accedió a tomar Veritaserum y ser interrogado por ella. Luego de esto, McGonagall había aceptado ayudar a Draco y a su madre, pero no a su padre, dijo, ya que sabía que este no se arrepentía de sus actos.

 

Volviendo al punto, ¿Por qué Bellatrix le había enviado esa carta? ¿Acaso quería que la Orden se enterara de lo que sucedía? ¿O volvía a confiar en Draco? Malfoy trató de ser objetivo. Si Bellatrix enviaba esa carta con el fin de que la Orden se enterara de lo que sucedía, lo más conveniente sería no decir nada. ¿Pero si no? Si, en cambio, Bellatrix solo escribía la carta porque estaba orgullosa de sus actos y pensaba que su sobrino los aprobaría, Malfoy debía comunicar inmediatamente que había recibido esa carta a McGonagall.

Draco sabía que su tía no era estúpida. No enviaría esa carta a menos que tuviera una buena razón para hacerlo, así que decidió que, seguramente, la servidora más devota del Señor Tenebroso quería que la Orden supiera que los Mortífagos habían entrado en acción. Por consiguiente, Malfoy no debía decir nada.

Pero se olvidaba de un detalle: Hermione. La muchacha tenía derecho a saber que sus padres habían muerto, aunque Draco desearía poder protegerla de esa realidad para siempre.

Leyó la carta por quinta vez, buscándo respuestas. Mencionaba un plan, a Potter y a Hermione. Y a los difuntos padres de esta. Draco sentía que todo estaba relacionado, aunque no veía como.

Intentó ponerse en la piel del Mortífago que alguna vez había sido. Sin saber porque, se arremangó su brazo izquierdo, para terminar fijándose en la Marca Tenebrosa. El negro de la calavera contrastaba con su pálida piel.

Si él fuera un Mortífago que había ido a Azkaban por culpa de Potter y sus amigos, querría vengarse de estos. Pensó un poco más. Habían matado a la familia de Hermione. Draco recordó algo que Voldemort repetía la noche de la batalla: Potter no soportaba ver como sus amigos caían a su alrededor, menos si él era el culpable. Entonces lo supo: Los Mortífagos habían matado a los padres de Hermione. ¿Qué harían primero ahora, matar a la misma Hermione o comenzar a exterminar a los Weasley?

Los Mortífagos querrían sembrar terror y pánico. No sólo en el mundo mágico, más precisamente en Potter. ¿Entonces qué? ¿Mataban a Hermione primero o a la familia Weasley?

Lo supo al recordar a su padre apuntándo a la castaña: Querían matar a Hermione primero.

Tomó su bata con una rapidez inimaginable y se calzó sus pantuflas. También tomó la varita de espino que descansaba en su mesita de luz. No quería revelar el contenido de la carta a McGonagall, ya que sabía que, de alguna forma u otra eso favorecería a los Mortífagos. Pero no podía proteger a Hermione él sólo. Aún con la carta en la mano, abrió la puerta del dormitorio y salió a la oscuridad de la Sala Común, para más tarde dirigirse al despacho de la directora McGonagall.

 

El plan de los Mortífagos era muy simple, o eso entendía él: Primero matarían a las familias de Hermione y Weasley, para luego matarlos a ellos. Tendría que ser un proceso lento, para que surtiera efecto. Quizá matarían a los Weasley uno por uno, eso sería conveniente. Potter sabría que era una venganza contra él. Al fin y al cabo, el tampoco era estúpido. Y no podría hacer nada, ya que sería él sólo contra muchos Mortífagos que no tenían un cabecilla. ¿Cómo reaccionaría Potter al saber que no tenía otra opción que ver como sus amigos y familias seguían cayendo, para esperar la muerte sentado?

Draco aceleró el paso. No podría solucionarlo él sólo, necesitaba ayuda. Rápidamente llegó ante la horrible gárgola que custodiaba el despacho del director. Dudó frente a ella, ya que sabía que McGonagall estaría dormida a las cuatro de la mañana. Finalmente, tomó su varita y decidió enviar un mensaje con su patronus. Se sentó a esperar, impaciente, al pie de la gárgola, que lo miraba con atención. Tras unos diez minutos de espera, la gárgola se hizo a un lado para dejar salir a McGonagall, que llevaba una bata verde oscura, pero un moño y gafas como si fuera pleno mediodía.

-Buenas noches, señor Malfoy. Veo que sigue rompiendo el toque de queda.-Comentó la directora, mirándolo con aire un tanto altivo.

-Sí, directora.-Afirmó el muchacho, intentándo no perder los estribos.-Pero es sumamente importante lo que tengo que decirle.

-Supongo que tendré que creer en la palabra de uno de los prefectos.-Dijo con resignación McGonagall.-Pasa.

Draco ingresó en el despacho. Todos los ex directores de Hogwarts dormían plácidamente, cada uno en su respectivo retrato. La directora lo invitó a sentarse, oferta que el Slytherin rechazó. Estaba muy impaciente por saber la medida a tomar de McGonagall y que pensaba respeto al "plan" de los Mortífagos. Ante la negativa de Malfoy, ella tampoco se sentó.

-¿Qué es eso tan importante que tiene que decirme?-Inquirió, ya preocupada por la actitud del rubio.

-Hace un rato recibí esto.-Informó Draco, tendiéndole la carta de Bellatrix. McGonagall la tomó con cautela y la leyó con rapidez. El Slytherin pudo observar como el rostro de la directora empalidecía al saber que los dementores se habían puesto del lado de los Mortífagos. Sus ojos se abrieron con preocupación infinita al saber que estos tenían un plan, y, finalmente, se dejó caer en su silla al saber que los padres de Hermione habían muerto. Draco vió como los ojos de la directora recorrían por segunda vez la última frase "...Estarás orgulloso de mí, ya que esos muggles que maté son los padres de esa zorra, Granger." al igual que lo habían hecho los de él.

Finalmente, la directora soltó la carta y miró atónita a Draco, quién permaneció con expresión impasible.

-¿Cuándo recibiste esta carta?.-Susurró tras recomponerse un poco de la sorpresa, pero no pudo seguir tratando a Draco de manera formal, por lo que comenzó a tutearlo.

-Hace unos cuarenta y cinco minutos.- Respondió Malfoy, muy seguro.

McGonagall lo miró consternada.

-¿Habías recibido otra carta de ella anteriormente?.

-No. Se la hubiera dado.-Respondió Draco un tanto ofendido.-Prometí brindar la infomación que pudiera a la Orden, y eso haré.

 

-Está bien.-Dijo la directora casi sin darse cuenta. ¿Qué haría ahora? Comenzaba a atar los mismos cabos que había atado Draco anteriormente. Si los Mortífagos estaban sueltos, los que corrían más peligro eran Ron, Hermione y Harry. Miró con disimulo al muchacho que tenía en frente. También Draco. Luego de lo que había sucedido entre su padre y él, el resto de los Mortífagos no tardaría en saber que él se había pasado al otro bando y tenía información muy valiosa sobre ellos, además de la carta que le había enviado Bellatrix.

Pensó más detenidamente. Ya habían eliminado a la familia de Hermione, y también habían intentado matarla a ella. Hermione Granger era quién más peligro corría en esta nueva guerra. Seguida de su defensor, Draco Malfoy. En la carta no había indicaciones de que planearan atacar a Ron, pero la directora sabía que lo harían cuando lograran deshacerse de Hermione. Y luego de haber atacado a Hermione, Draco, y finalmente Ron, su intención sería matar a Harry.

-¿Entonces?.-Draco no pudo aguantar mucho más la espera.-¿Cómo protegerá a Hermione?

McGonagall se sorprendió que el muchacho no se diera cuenta que él corría tanto peligro como la Gryffindor.

-A Hermione...-Dijo la directora McGonagall mirándolo fijamente.-Y a ti. Potter y Weasley no corren tanto peligro como ella aún, pero tú sí.

Draco la miró un tanto confundido. Recordó todas sus especulaciones de la última hora, y se sorprendió al pensar que en ningún momento se le había ocurrido que él pudiera correr algún peligro. Finalmente, cayó en cuenta de que él había traicionado al Señor Tenebroso al ponerse al servicio de la Orden siéndo aún un mortífago. Algo muy parecido a lo que había hecho Snape, pero Snape ya estaba muerto.

-Además, Rodolfus Lestrange y Lucius Malfoy se fugarán nuevamente de Azkaban. Inmediatamente se pondrán en contacto con el resto de los Mortífagos y les dirán que tú interviniste en sus planes de matar a Granger.-Agregó McGonagall como si pudiera leer sus pensamientos.-Tú sabes como son los Mortífagos cuando alguien evita que sus planes se lleven a cabo. Más si anteriormente ese alguien era uno de ellos.-Dijo, enarcando una ceja.

Malfoy no supo que responder a eso. No lo había pensado, tan preocupado como estaba en la reacción de Hermione frente a la muerte de sus padres, la reacción de Hermione al saber quién había sido la asesina, la reacción de Hermione al enterarse que corría peligro de muerte, en definitiva, tan preocupado como estaba por Hermione.

-Bueno...-Dijo, dubitativo.- ¿Qué haremos entonces?

McGonagall meditó unos instantes más, y finalmente dijo:

-Probablemente, los Mortífagos atacarán en la noche. Por lo tanto, las Salas Comunes ya no son seguras para ustedes dos. Es relativamente fácil ingresar a estas. Draco, existe un octavo pasadizo secreto en este colegio, del que nadie sabe la existencia, excepto yo, y ahora tú. Creo que...Ese pasadizo parece más una habitación que un pasadizo.Instalaré una Sala Común allí para esconderlos a los dos, y una habitación para cada uno. Tendrán que vivir ahí.

Draco quedó mudo ante la declaración de McGonagall. Tendría que vivir en una nueva Sala Común, lejos de sus compañeros de Slytherin y con única compañía de Hermione. No le desagradaba para nada la idea, es más, le gustaba mucho, ya que la Sala Común de Slytherin era un infierno para él, y además le resultaba mucho más fácil ser la persona que quería ser con Hermione. Pero le preocupaba lo que pensara la castaña, ya que dentro de unas horas, recibiría la noticia de que sus padres habían muerto, de que una legión de Mortífagos iban tras ella con sed de sangre y de que tendría que convivir con él, Draco, que había sido su peor enemigo hasta hacía sólo dos días.

 

McGonagall siguió ennumerando medidas a tomar, pero Draco la interrumpió:

-¿A dónde lleva ese pasadizo?

-A las Tres Escobas.-Respondió McGonagall, un poco sorprendida por esa pregunta.- Pero sólo se puede salir del castillo por el, nunca entrar.

Malfoy se mostró convencido y siguió escuchando las medidas que tomaría McGonagall hasta al amanecer.

Amanecía, y tenues rayos de luz dorada dieron de lleno en el rostro de Hermione. La muchacha abrió los ojos con lentitud y pereza, una vez más, para enfrentarse a lo que el día le deparaba. Finalmente se incorporó y se calzó los zapatos que descansaban junto a su cama. Admiró un segundo el hermoso paisaje por la ventana, y rápidamente se dirigió a tomar un baño.

Llenó la gran tina de deliciosa agua tibia, y se introdujo de lleno en ella. Suspiró. Sus compañeras tardarían mucho en levantarse, por lo que podría disfrutar un largo rato de la bañera. Pensó en lo sucedido con Ron días atrás. ¿Había bajado a comer finalmente? ¿Asistiría a las clases de ese día? Esperaba que sí. Sabía que el muchacho le pediría disculpas nuevamente, pero ella no estaba preparada para aceptarlas aún. Hermione se relajó en la tina todo el tiempo que pudo, para finalmente salir de ella y vestirse. Cuando estuvo lista, se dirigió al Gran Comedor para tomar un abundante desayuno, ya que no había cenado la noche anterior. Con su mochila al hombro, bajó las escaleras. Seguramente, sería la primera en ir a desayunar, pero eso no le importó. En efecto, no se cruzó con absolutamente nadie en todo el camino, ni vivos ni muertos. Estaba sola.

O eso le parecía, ya que cuando estaba por llegar a las puertas del Gran Comedor, se topó con Malfoy. Este iba más pálido de lo normal, con marcadas ojeras y expresión de desquiciado. Lo que más sorprendió a Hermione es que iba en bata. La muchacha lo miró con asombro, pero Draco siguió su camino, indiferente. Aún sin poder creer que Malfoy se paseara en bata por los pasillos del colegio, Hermione se paró frente a él con un sólido "Buenos días".

Malfoy la miró con aire ausente e inmediatamente apartó la mirada. Hermione observó su actitud.¿Qué le pasaba? ¿Acaso lo avergonzaba lo que había sucedido la noche anterior?

-Buenos días.-Saludó el muchacho en voz baja, y se dispuso a seguir su camino. No soportaba estar hablando con ella. Le había dicho a McGonagall que él le diría que la directora la requería en su despacho para darle la triste noticia, pero aún no se sentía preparado para decírselo. No quería causarle ese sufrimiento tan pronto, pero era inevitable. Se armó de valor para informarle que McGonagall quería hablar con ella, pero Hermione lo interrumpió.

-¿Qué haces en bata?.-Preguntó con interés.

Malfoy se miró a sí mismo. Aún llevaba la bata que se había puesto al salir con prisas del dormitorio. Se sonrojó, y para peor se dió cuenta de que esa no era su bata, si no la de Blaise Zabini. Maldijo para sus adentros.

 

-Fui a ver a McGonagall.-Draco sabía que eso no respondía a la pregunta de la castaña.En el intento de que Hermione no preguntara nada más sobre su vestimenta, añadió:-Quiere verte.

Hermione se sorprendió un tanto ante la nueva información, y Draco se odió a si mismo por lo que había dicho.

-Pues iré a verla.-Dijo la muchacha con determinación, pero Draco la retuvo por la muñeca. No dijo nada, y, ante su silencio, Hermione lo miró interrogante.

-Em...-Titubeó Malfoy.-¿Ya has desayunado?

-No.-Respondió Hermione. Malfoy se estaba comportando de una forma extremadamente extraña.

-Desayuna antes.-Le ordenó el rubio, y ante la mirada cada vez más extrañada de la Gryffindor, añadió:-Por favor.

Malfoy sabía que únicamente podía atrasar el momento en el que Hermione se enterara de la triste noticia, no evitarlo. Pero deseaba que la muchacha tuviera un desayuno tranquilo.

-Está bien.-Aceptó Hermione. Al oír esas palabras, Draco la soltó, aliviado.-¿Vienes?-Invitó la castaña.

Draco estuvo tentado de desayunar con ella. La compañía de Hermione era muy agradable. Pero sabía que no podría mirarla a la cara sabiendo lo que le diría McGonagall poco después, por lo que declinó la invitación y se dirigió rápidamente a su habitación antes de que alguien más lo viera en ese estado y de que Zabini se diera cuenta de que faltaba su bata. Sentía el peso de la noche sin dormir, pero supo que podría soportarlo. Ese día el resto del alumnado se enteraría de los Mortífagos que se habían fugado de Azkaban y Hermione de la muerte de sus padres.

Hermione entró al Gran Comedor y vió que, en efecto, no había nadie. Miró a ambos lados con una sensación extraña, ya que nunca, jamás lo había visto completamente vacío y silencioso. Sin embargo, cuando se sentó a la mesa de Gryffindor aparecieron tostadas, jugos, galletas y pedazos de torta de chocolate, calabaza, nuez, naranja, coco y un sinfín de sabores más. Suspiró entristecida al saber que todo eso era obra de elfos domésticos, e intentó consolarse pensando de que estos eran felices haciendo su trabajo. Se sirvió jugo de naranja y empezó a tomarlo lentamente. ¿Por qué le había hecho caso a Malfoy? Si la directora la llamaba, ella debía estar allí inmediatamente. Estaba ansiosa por saber que era aquello que tenía que decirle. Sin embargo, continuó tomando jugo y probó la torta de coco. Estaba muy rica. La castaña siguió desayunando, mientras vio como llegaban algunos profesores en el intento de desayunar antes de que llegaran los alumnos y su alboroto. Observaron a Hermione y se sorprendieron de que esta estuviera allí tan temprano. Cuando volvió su mirada al trozo de torta, se encontró con Harry sentado frente a ella. Eso era raro, ya que él nunca bajaba sin Ron o Ginny, o incluso ella misma.

-Hola, Hermione.-Saludó Harry muy alegremente.-¿Dormiste bien?

-Sí, gracias.-Respondió la castaña.-¿Tú?

-También.

El muchacho la miró mientras ella probaba otro trozo de torta. Buscaba restos de tristeza por Ron, supuso la castaña, por lo que se dejó analizar de buen talante. Aún no lo había superado, pero ya no estaría llorando por los rincones.

-Supe lo de anoche. Lo de los Mortífagos.-Dijo Harry finalmente. Hermione no recordaba que McGonagall les diría sobre eso la noche anterior. ¿Habría dicho su nombre o Harry se lo había preguntado personalmente? Hermione quiso salir de esa duda antes que todo, por lo que se lo preguntó.

 

-No, yo le pregunté.-Dijo Harry.-Sabía que tú habías salido después de pasada la hora, por lo que supuse que serías tú.

- Tenías razón.-Dijo Hermione sin mirarlo a la cara.

-¿Cómo saliste de esa?-Le preguntó Harry con admiración.

Hermione suspiró resignada. Tendría que decírselo.

-Pues muy mal.-Ante esto, el muchacho enarcó una ceja.-No, es verdad. Si Malfoy no hubiese estado allí yo estaría muerta.

Harry la miró con un asombro infinito.

-¿Malfoy?-Susurró sin poder creerlo.

-Sí.-Respondió la muchacha con sencillez, pero supo que Harry no la dejaría en paz si no le contaba todo.-Verás, estaban Greyback, Dolohov, Rodolfus Lestrange y Malfoy. Pude desarmar a Lestrange y aturdir a Dolohov, pero mientras estaba ocupándome de Greyback, Lucius lanzó un Avada Kedavra. No lo terminó de formular, ya que Draco llegó y lo desarmó antes.

-¿Qué?.-Harry tenía los ojos desmesuradamente abiertos.-¿Qué Malfoy desarmó a su padre?

La castaña solo asintió con la cabeza.

-Debo irme. McGonagall quiere hablar conmigo.-Le dijo y le dedicó una sonrisa.

-Está bien.-Aceptó Harry. Aún no creía lo que Hermione le había contado.

La muchacha se levantó y rápidamente se dirigió al despacho que alguna vez había sido de Dumbledore, y ahora pertenecía a McGonagall. Muy pronto se halló ante la gárgola que le exigió la contraseña.

Inmediatamente la gárgola se apartó y dejó ver una gran puerta de madera, que Hermione golpeó con suavidad.

-Pasa.-Se escuchó del otro lado.

Hermione obedeció y se encontró con la directora, quien estaba parada, envuelta en una capa verde oscuro, con las infaltables gafas y un moño alto. La miraba con...¿Cariño? ¿O era pena? Ante ese gesto de McGonagall, la preocupación asaltó a Hermione. Nunca había visto una mirada de McGonagall que no fuera severa.

-Siéntate, Hermione.-Le indicó la profesora. La chica se sorprendió por el uso de su nombre de pila, y se sentó.

McGonagall tomó aire y valor para enfrentar lo que le tenía que decir a la castaña.

-Verás-Empezó la profesora. Había pensado en omitir algunos detalles, pero consideró que Hermione tenía derecho a saberlo todo, aunque doliera.-Hoy, a las cuatro de la mañana, Malfoy vino a mi despacho.-Hermione quiso decir algo, pero McGonagall levantó una mano para pedir que no la interrumpiera.-Había recibido una carta de su tía, Bellatrix Lestrange.En esta, le contaba que se había fugado de Azkaban con muchos más Mortífagos. Que tenían un plan.-Ante esto, la chica abrió la boca aterrorizada.-Y en el último párrafo...Lo siento mucho, Hermione. En el último párrafo Bellatrix le contaba a Draco... Que había matado a tus padres.

Hermione tardó en procesar lo que la directora había dicho. Había escuchado que sus padres habían muerto. Pero eso no podía ser posible, jamás. Sus padres estaban perfectamente bien en su casa, protegidos...¿Por una cerradura? Y lo comprendió. ¿Lo único que había separado a Bellatrix de sus padres era una simple, una sencilla, una asquerosamente muggle cerradura? Lágrimas de impotencia llegaron a los ojos de Hermione. Había sido estúpida, sencillamente estúpida si pensaba que eso no pasaría. Y se dió cuenta de que siempre lo había sabido. Cuando había ido a Australia a deshacer el sortilegio que mantenía a sus padres a salvo, había sentido una extraña sensación... Incluso había estado a punto de no hacerlo, de no anular el sortilegio. ¿Por qué lo había hecho finalmente?

 

McGonagall quiso salir de su despacho para darle un poco de privacidad a la chica, pero al verla, esta le dijo:

-Espere.-Su voz se rompió en la última sílaba.

McGonagall se dio vuelta y la miró

-Quiero saber que planean los Mortífagos.-Añadió, guardándose las lágrimas para otro momento.

McGonagall suspiró y admiró la fortaleza de la muchacha. Inmediatamente, procedió a contarle que creían que los Mortífagos iban tras Draco, Ron, Harry, las familias de ellos y Hermione misma. Protegerían con el encantamiento Fidelio a la familia Weasley y a la madre de Malfoy en diferentes lugares, y finalmente le comunicó que lo mejor sería que se mudara con Malfoy a una nueva Sala Común. La Sala Común también estaría protegida por el encantamiento Fidelio, y el guardian de los secretos sería McGonagall.

-Está bien.-Aceptó Hermione. Como le gustaría que se hubiesen enterado a tiempo para proteger a sus padres también. Pero eso ya era imposible. Una lágrima se le escapó a pesar de todo, y ella la enjuagó rápidamente.-¿Cuándo debo irme a ese nuevo pasadizo?

-Lo mejor sería que te mudaras hoy mismo.-Dijo McGonagall con suavidad, y Hermione asintió. Se incorporó y se dispuso a irse, ya que no creía poder contener sus lágrimas mucho más.

-Hermione, quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea que nesecites.-Le dijo McGonagall.

-Gracias.-Musitó la muchacha y abandonó el lugar.

Caminaba sola por los pasillos del colegio, sola como sabía que estaría de ahora en adelante. Primero Ron, luego sus padres... No tenía a nadie, a nadie más. Estaba completamente sola. Las lágrimas corrían por sus mejillas inevitablemente. Nunca había sentido un dolor semejante. Sabía que jamás volvería a oír la risa de su padre o la hermosa voz de su madre entonando canciones en Navidad. Nunca volvería a sentir los abrazos de su madre o las palabras sabias que su padre solía dedicarle, no volvería a escuchar como estos recibían pacientes en su consultorio del dentista. Nunca más volvería a verlos en toda su vida. Intentó secar sus lágrimas para poder ver donde iba, pero rápidamente otras tomaron su lugar.

Imaginó a Bellatrix entrando en la casa de sus padres mediante magia, usando un sencillo encantamiento que se aprendía en el primer año de Hogwarts. Pudo oír su odiosa voz pronunciando el ¡Alohomora! y su risa estridente al ver su trabajo realizado. No quiso imaginar si la bruja los había torturado, haciendo un esfuerzo por pensar que la mujer, en lo más recóndito de su oscuro corazón, tenía un poco de compasión por esos muggles a los que estaba matando. Sabía que no era así.

Y la odió. La odió de la manera más corrosiva y más intensa de lo que cualquiera podría imaginar. Detestó lo que le había hecho a Tonks, a Lupin, a Sirius, al señor y la señora Longbottom, y a sus propios padres. Inspiró profundamente, intentando calmarse, conteniendo el impulso de huir del colegio para dar caza a Bellatrix, ya que sabía que esa no era su forma de ser ni de actuar.

 

Decidió ir a su nueva habitación, ya que no quería tener que contarles a sus amigos lo que había pasado, y dudaba que Malfoy estuviera ya en el octavo pasadizo. Con renovadas lágrimas, tomó un camino que nunca tomaba. Bajó las escaleras en dirección a las cocinas, y en el último momento dobló a la izquierda, desembocando en un estrecho y oscuro pasillo que culminaba en un enorme cuadro de marco labrado. En el cuadro estaba representado la cena de trece caballeros ingleses, que discutían cada vez más acaloradamente y bebían cada vez más vino. Cuando Hermione llegó ante ellos, hicieron una pausa en su discusión y la miraron inquisitivamente.

-¡Luces de colores!.-Pronunció la contraseña entre sollozos.

-Precisamente discutíamos si esa sería una buena contraseña. Sabemos porque la han enviado aquí, señorita, y en mi opinión, la contraseña debería ser algo acorde a esta situación de tristeza y peligro.-Dijo el caballero más joven de la mesa.-Algo como "Muerte a los Mortífagos" o quizá...

-Por favor, dejenme pasar.-Gimió Hermione, y ante sus palabras, el cuadro se hizo a un lado para revelar una puerta muy pequeña.

Inmediatamente abrió la puerta, y se halló en una sala pequeña y acogedora, con un par de descoloridos sillones rojos, una mesita vieja y fuerte, una gran alfombra verde oscuro y una chimenea encendida con un fuego que crepitaba alegremente. Los escasos muebles de la Sala eran de diferentes colores y tamaños, pero, curiosamente, encajaban a la perfección. Más allá, se veía una escalera un tanto torcida que llevaba a los dormitorios. Hermione se dirigió a ella, pero se vió interceptada por un muchacho alto y rubio. Alzó un poco la vista y pudo ver a Malfoy mirándola con aprensión y pena. Rápidamente se apartó de él y le espetó:

-Tú lo sabías.

Draco asintió con la cabeza.

-Lo siento mucho, Hermione.

La castaña lo miró con furia. Ese sentimiento no estaba para nada justificado, pero lo sentía de todos modos.

-¿Tienes la carta?.-Inquirió con frialdad.

El muchacho la miró suplicante. La castaña nunca había visto tal humanidad y compasión en la mirada de Draco Malfoy.

-¿Para qué? Sólo serviría para causarte más daño...-Empezó Malfoy, pero Hermione lo interrumpió con un grito:

-¡Quiero verla!-Y ante el gesto de impotencia de Malfoy, la castaña tomó su varita y conjuró:- ¡Accio carta!

Pero esta no acudió volando como ella deseaba.

-Yo no la tengo. McGonagall se la quedó para ver si tenía algún contenido de magia oscura.

Hermione asintió y se dirigió rápidamente a su habitación para luego dar un portazo, dejando tras ella a un muchacho embargado por la culpa.

***

Hola!

Espero que sepan disculpar mi demora, es que me costó un poco ordenar mis ideas.

Les agradezco nuevamente por los comentarios y espero que disfruten de este capítulo.

Saludos,

paublack14

Habían pasado ya tres semanas de aquel día en el que Draco y Hermione se habían mudado al octavo pasadizo. Hermione no había salido de su dormitorio en esas tres semanas, lo que tenía a Draco y a todos los amigos de la muchacha bastante preocupados. Malfoy había golpeado tímidamente la puerta de Hermione los primeros días del confinamiento de esta, pero sólo había oído sollozos ahogados del otro lado. Como sus golpes no daban ningún resultado, se había limitado a instalarse en un desvencijado sofá de la Sala del que se observaba claramente la puerta de la muchacha, a espera de que ella superara todo lo que estaba pasando y decidiera salir. Pero no había salido.

 

Malfoy había tomado apuntes en clases, algo que nunca hacía, para más tarde dárselos a la chica.Sin embargo, él no tomaba todas las asignaturas de Hermione, y le preocupaba que más tarde le costara ponerse al día.

McGonagall había reunido a Harry y Ron en su despacho para notificarles de la amenaza de los Mortífagos hacia Hermione, Draco y ellos mismos. Los dos amigos no estaban para nada convencidos de que Draco corriera ningún peligro. Creían que este era, una vez más, un mortífago infiltrado en Hogwarts, por lo que lo miraban con más hostilidad de la normal en los pasillos.

Malfoy lamentaba profundamente lo sucedido con los señores Granger. Sus ojos se habían humedecido alguna que otra vez al pensar en eso, a pesar de que nunca los había conocido. Si Bellatrix no los hubiera matado, Hermione estaría allí afuera disfrutando del crepitar del fuego, leyendo o haciendo tareas.

En eso pensaba Draco mientras miraba fijamente la puerta de la muchacha. Había memorizado cada imperfección, cada mancha, el color exacto de esa puerta de roble, ya que lo único que hacía cuando estaba en esa Sala era observarla. Había una pila de deberes cada vez más grande en la mesita, pero el muchacho no podría hacer ninguno a menos que Hermione saliera por esa puerta.

Cansado de esa situación, Draco se levantó y subió las escaleras en dirección a la puerta de la Gryffindor. Rápidamente se hallo ante esta, y sin pensarlo demasiado, la entornó.

Hermione se hallaba hecha un ovillo sobre su cama, dormida. Se veía en paz, tranquila, aunque aún conservaba rastros de lágrimas en sus mejillas. Malfoy se alegró mucho de que hubiese logrado dormirse, por lo que no la despertó, y se limitó a sentarse en la silla del pequeño escritorio que allí había para esperar que se despertara. No dejaría que estuviera encerrada en ese cuarto mucho más. Ya oscurecía, y rápidamente el dormitorio se sumió en sombras. Malfoy no encendió ninguna luz, ya que temía que la muchacha se despertara.

Pero esta abrió los ojos mucho antes de lo esperado.

Lo primero que vió Hermione al despertar, fueron los ojos grises de Malfoy mirándola con infinta preocupación desde una silla cercana. Ella se incorporó rápidamente para mirarlo con cara de susto. ¿Qué hacía allí?

-¿Malfoy?.-Dijo con un susurro que le raspó la garganta. Hacía mucho que no hablaba. Recordó la última vez que lo había visto. Lo había tratado bastante mal sin que él lo mereciera, por lo que se sintió culpable. Ese sentimiento era el primero que había sentido que no fuera el dolor, la desgracia y la soledad.

Al chico le dolió un tanto el uso de su apellido, pero no le importó. Observó a Hermione. A pesar de la oscuridad, pudo ver que se hallaba bastante más delgada y muy pálida. Tenía ojeras oscuras, muy oscuras y su pelo, sucio, caía desordenado sobre su rostro. Al verla en ese estado, sintió una punzada de dolor, ya que esa chica distaba mucho de la Hermione que él conocía. Había subido las escaleras con determinación, pero ahora se hallaba con algo que no sabía como manejar.

 

-Hermione...-Murmuró el chico. Temeroso, se sentó en una punta de la cama.

-¿Qué haces aquí?.-Inquirió Hermione con su voz ronca.

Draco la miró, consternado. ¿Por qué le dolía tanto que ella estuviera sufriendo? Era un dolor que nunca había conocido, peor que cualquier dolor que pudiese causar cualquier maldición.

-Vuelve.-Se halló suplicándole.- Por favor, vuelve. No tienes una idea...Hermione, necesito que salgas de aquí y vuelvas a las clases. No has salido en mucho tiempo. Eso no te hace bien a ti ni a nadie.

Ante esto, los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas. Claro que no le hacía bien, pero ¿Qué podía hacer?

-Todos se preocupan por ti. La menor de los Weasley me pregunta como estas cada vez que me ve. Yo no se como decirle que no has salido de aquí dentro desde la primera vez que entraste. Hermione, por favor. Vuelve a hacer tu vida.-Suplicaba Draco con sinceridad y abatimiento. De verdad necesitaba que la muchacha saliera de allí. ¿Cuándo se había vuelto tan dependiente de ella?

Hermione lloraba en silencio. Quería decirle a Ginny que se encontraba bien, aunque no fuese cierto. Los Weasley corrían peligro... Ginny no tenía que preocuparse por ella si no por Molly, Arthur y todos sus hermanos. Miró a Draco, y recordó que él y su madre corrían la misma suerte, y el muchacho estaba allí intentando que ella abandonara su dormitorio. La culpa la inundó y se arrojó a llorar, una vez más, a los brazos del rubio.

Draco la estrechó contra él y aspiró su perfume. Hermione se convulsionaba y temblaba de tristeza, lo que ahondó el dolor que sentía.

-Vuelve, Hermione.-Le suplicó con voz queda.

-Tengo miedo.-Musitó la muchacha. Ante sus palabras, Draco la sentó sobre sus piernas y la estrechó aún más.-Tengo miedo de lo que pueda pasar ahí afuera...Es que sucedieron muchas cosas en poco tiempo. Ron, los Mortífagos y mis padres...-Sollozó Hermione.-¿Quién más?.-Terminó por preguntar.

Draco odió a Weasley, odió a su padre y sobretodo a su tía, Bellatrix. ¿Por qué tenían que hacerle daño? Ella no lo merecía.Sintió deseos de hacerles pagar por cada una de las lágrimas que había derramado la castaña, y supo que lo haría algún día.

-Nadie.-Le prometió el muchacho con fría determinación.-Nadie te lastimará otra vez, Hermione.

 ***

Disculpen mi demora en la actualización!

Ando extremadamente corta de inspiración estos días, sepan comprederlo!

Espero que les guste este nuevo capítulo, y una vez más gracias por todos sus comentarios, me dan mucho ánimo!

También gracias a las personas que agregaron la historia a favoritos.

Y otra vez disculpen mi demora!

paublack14

 

Draco había salido del dormitrio, dejándo la puerta abierta tras él. Hermione seguía en el mismo lugar en el que la había dejado el chico minutos atrás. Sabía que debía salir de ese dormitorio. Estaba mal por su parte hacer que todos se preocuparan por ella en vez de sus respectivas familias. Además, debía seguir con las clases. El mundo mágico era lo único que le quedaba ahora.

La Gryffindor tomó aire y valor, para abandonar su cama después de estar tres semanas llorando sobre ella y odiándose a sí misma por no proteger a sus padres de alguna manera. Se levantó. Pensó que lo mejor sería tomar un baño y luego bajar a la Sala Común. Finalmente, intentando no pensar, atravesó la puerta que comunicaba el cuarto con su baño. Las escasas veces que había entrado en esas terribles tres semanas, estaba tan ahogada por la tristeza que no se había fijado en nada. El baño era pequeño, pero muy hermoso. Estaba revestido por los aburridos mármoles blanco y negro, pero sobre la pared norte había una ventana que representaba un bellísimo atardecer sobre un lago. El cielo de la vitrina era dorado y Hermione sabía que cuando el sol brillara la ventana arrojaría destellos de colores sobre las paredes y el piso, creando curiosos arcoiris y dándole color a la monocromática estancia. Admiró un largo rato el ocaso plasmado en la ventana, para luego llenar la tina de agua tibia y todas las sales que encontró. Se introdujo en la tina y de inmediato se sintió mucho mejor.

 

Estuvo mucho rato allí, hasta que sintió que el agua se empezaba a tornar fría. Salió cubierta por una blanca toalla a su cuarto y se vistió con la primera ropa muggle que encontró. Esta resultó ser una sencilla blusa negra y unos jeans desgastados artísticamente.

Por segunda vez, intentó no pensar en lo que hacía y rápidamente salió por la puerta de su dormitorio. Bajó las escaleras mirando sus pies, se hundió en una butaca y tomó el libro que tenía más cerca, para comprobar, aliviada, que era justo el que quería: Historia de Hogwarts. Sin embargo, no pudo evitar lanzar una mirada sobre el grueso libro y advertir un alivio profundo en la mirada del rubio, que la hizo sentir infinitamente culpable.

Draco estaba sentado en el mismo sillón en el que había estado esperándo la salida de Hermione. La imagen de la chica leyendo, más bien escondiéndose tras el pesado libro de tapas gastadas, lo llenaba de dicha. Era una cosa que podría haber visto en decenas de oportunidades anteriores, simplemente pasando por la biblioteca o incluso mirando hacia la mesa de Gryffindor cualquier día cercano a los exámenes, pero igualmente sentía que era una imagen única e irrepetible. Suspiró e intentó contener una sonrisa de suficiencia ante la escena, ya que finalmente había logrado lo que quería.

Hermione intentaba concentrárse en las ya conocidas páginas de su adorado libro, pero no lo lograba. Tenía ante sí una imagen del Gran Comedor, junto a una descripción del cielo falso que sabía de memoria. Al pensar en los banquetes compartidos con sus amigos en dicho comedor, le pesaron de pronto las tres semanas que había pasado sin comer. Bajó un poco el libro y miró a Draco, que le devolvía una mirada tranquila desde el sillón en el que estaba sentado.

-¿Tienes hambre?.-Le preguntó el muchacho como si le hubiese leido el pensamiento.

La castaña asintió con el ceño fruncido, para más tarde agregar en un susurro:

-No quiero subir al comedor.

Draco frunció el ceño a su vez, pero consideró que era suficiente por una noche que hubiese salido del dormitorio.

-No importa. Hay una cocina allí.-Dijo, mirándo hacia un pasillo en el que había un horno y una heladera completamente muggles, además de una cómoda mesa redonda.-Puedo cocinar.

Hermione le lanzó una mirada burlona.

 

-¿Sabes manejar un horno muggle?-Preguntó con cierto sarcasmo.

"Aquí tenemos a Hermione otra vez" Pensó el Slytherin.

-¡Claro que sí!.-Respondió, con el orgullo un tanto herido, aunque feliz por la burla de la muchacha. Esta seguía mirándolo con aire incrédulo, por lo que agregó:-De acuerdo, no. Sólo sé hacer salchichas.

Ante esto, Hermione sonrió con suficiencia, lo que hizo que Draco se alegrara muchísimo.

-¿Cómo es que tú has aprendido a cocinar?.-Inquirió Hermione llena de curiosidad. Malfoy repudiaba las cosas muggles, y además siempre había un elfo doméstico para servirle, recordó no sin cierta amargura.

-Es lo que hacía cuando tú...Cuando llegaste por primera vez aquí.-Respondió Malfoy. Se produjo un incómodo silencio, por lo que el chico se apresuró a agregar:-Había instrucciones. Supongo que McGonagall sabía perfectamente que yo ignoraba como utilizar ese horno.

Hermione asintió mordiéndose el labio inferior. Una vez más recordó su llegada al octavo pasadizo, y su manera de tratar al muchacho que tenía ante ella para luego sentir como la inundaba el arrepentimiento.

-Lo lamento. No debería haberte tratado así.-Dijo, mirándo con fijeza el libro que tenía en su regazo, pero rogando que el muchacho la perdonara.

Draco la miró sorprendido, ya que no esperaba una disculpa de la castaña. Él creía que era perfectamente comprensible que Hermione lo hubiese tratado así. Además, Malfoy se sentía un tanto culpable por lo que había pasado, ya que su familia estaba directamente implicada en la venganza que se estaba formando afuera.

-No importa.-Aseguró, sin saber bien que decir.-¿Quieres salchichas?

Hermione levantó la mirada y le dedicó una pequeña sonrisa.

-De acuerdo. Pero ten cuidado.

Malfoy se incorporó y se dirigió a la cocina. Cuando se halló ante el horno rogó no hacer ningún desastre y volvió a tomar las instrucciones que McGonagall había dejado. Allí decía que debía girar de una llave de forma circular al tiempo que apretaba un botón para que el fuego hiciera acto de presencia. Sintiéndose sumamente estúpido, hizo lo que allí decía para ver aparecer pequeñas llamas azules alrededor de un circulo negro en la superficie del aparato que utilizaba. Retrocedió, un tanto impresionado por la aparición de las llamas. En las instrucciones había un dibujo que mostraba un cuenco de metal color gris con dos asas negras. Era un recipiente de forma también circular, un objeto muy curioso a los ojos de Draco. Allí decía que se llamaba cacerola. El muchacho nunca había visto una cacerola en su vida, pero pensó que guardaba cierta relación con el caledro utilizado en pociones, por lo que lo suplantó el primero por este último, lo llenó de agua con un toque de varita y más tarde colocó las salchichas dentro. Finalmente, esperó un rato hasta ver como las salchichas se hinchaban hasta lo imposible y, muy contento con el resultado, apagó la hornalla y le gritó a Hermione que la comida estaba lista.

La muchacha entró a la cocina y rió al ver que Draco había utilizado el caldero para hacer salchichas. Puso platos y vasos en la mesa y rápidamente se hallaron sentados comiendo. Draco seguía muy orgulloso por haber logrado utilizar un horno muggle, lo cual divertía mucho a Hermione.

La cena transcurrió en silencio. Hermione se sentía muy bien luego de haber comido, y pensó que la hora de acostarse se acercaba. La idea la aterró, ya que no quería volver a entrar en su dormitorio. Decidió que dormiría en el sofá y agitó la varita para que vasos y platos se lavaran solos.

 

-Gracias por cocinar.-Rompió el silencio Hermione.

-No fue nada.-Repuso Malfoy.

El muchacho se veía pálido y ojeroso, incluso más que la propia Hermione.

-Te ves muy cansado.-Observó la Gryffindor.

-Lo estoy.-Aseguró Draco, quien no había dormido demasiado pensando que en la habitación contigua Hermione se enfrentaba a la peor noticia que había recibido jamás.

-Entonces ve a acostarte.-Ordenó Hermione. Quería que Malfoy se durmiera antes, de lo contrario no podría acostarse en el sofá sin recibir preguntas.

-¿Y tú?.-Preguntó el muchacho, al que ya se le cerraban los ojos.

-¿Yo qué?-Preguntó a su vez Hermione.

-¿Tú irás a acostarte?-Inquirió, abriendo los ojos de súbito.

-¡Cla-Claro que sí!-Farfulló Hermione, indignada.

-Mientes.-Aseguró el muchacho.

Hermione contuvo su enojo. ¿Por qué se había dado cuenta?

-No miento. Me acostaré en el sofá.-Excusó pobremente Hermione.

Malfoy enarcó una ceja.

-¿Por qué?.-Preguntó, e inmediatamente el rostro de Hermione se ensombreció.

-No quiero volver ahí.-Susurró la muchacha.-Al menos, no por ahora.

Draco comprendía que la muchacha no quisiera volver a su dormitorio, pero no la dejaría dormir en el sofá.

-Puedes ir a mi dormitorio, y yo dormiré en el sofá.-Ofreció el rubio.

Hermione suspiró y una vez más se preguntó como era que el chico había terminado en Slytherin. Era astuto y un tanto egoísta, pero le sorprendía que el Sombrero Seleccionador no hubiese advertido lo valiente y caballeroso que podía ser. ¿O era que estaba fingiendo? Observó su expresión y descubrió que estaba siendo sincero.

-Claro que no.-Dijo, haciéndo aparecer una manta de la nada, para luego salir de la cocina, acostarse en el sofá y dar por terminada la discusión.-Buenas noches.

Draco la miró con impotencia y se dispuso a protestar, pero comprendió que no serviría de nada.

-Buenas noches.-Deseó, y subió las escaleras con aire derrotado.

Poco tiempo después, Malfoy se había acostado. Rápidamente, se quedó dormido para soñar con una chica de espeso cabello castaño.

Hermione ya estaba sentada en el Gran Comedor, contenta porque al fin se había animado a salir, pero también temerosa, ya que tendría que enfrentarse a la realidad después de tres semanas de ausencia. Volvía a disfrutar del maravilloso desayuno preparado por los elfos, sola, ya que ningún conocido suyo había bajado aún. A su lado había un par de alumnos de tercero que causaban mucho alboroto. El revuelo que causaban le resultó muy familiar, y hasta la alegró un poco, por lo que, lejos de regañarlos, les sonrió. Esto causó que los chicos la miraran atónitos, ya que la muchacha solía ser la prefecta más estricta de todo Hogwarts, cuyas medidas a tomar recordaban a la profesora McGonagall más que a ella misma.

De pronto, oyó una voz muy conocida a sus espaldas, que gritaba su nombre con júbilo.

-¡Hermione!

Ginny corrió hacia la muchacha, quien apenas atinó a pararse. La pequeña Weasley, quien ya no merecía tal adjetivo, se arrojó a los brazos de su amiga.

 

-¡Ay, Hermione!-Exclamó.- ¡Me alegro tanto, tanto de que estés aquí!

Ginny decía estas palabras con infinita sinceridad y un alivio enorme, lo que hizo que, una vez más, la castaña se llenara de culpa. Sin embargo, estrechó a su amiga con alegría, ya que la había extrañado muchísimo, pero esta se apartó rápidamente, mirándola con atención y palpando su rostro con las manos, comprobando que la chica era real y estaba allí con ella, para luego volver a abrazarla. Hermione se hubiese echado a reír de buena gana si no se hubiese sentido tan responsable por la preocupación que se reflejaba en los actos de Ginny, quién muy pronto la confirmó con palabras.

-¡Estaba tan preocupada por ti!

Hermione divisó a Harry y Ron sobre el hombro de Ginny, lo que la alegró muchísimo. Estos la miraban con patente alivio, pero era un alivio muy diferente al que le había profesado la chica que aún murmuraba frases incoherentes en sus brazos. Luego de que lograron desprender a Ginny de sus brazos, Harry la abrazó de pasada diciendo que se alegraba mucho de verla, y Ron se limitó a mirarla con aire aliviado pero receloso, sin saber bien que hacer, lo que causó un silencio algo incómodo entre ambos. Rápidamente Ginny sugirió que todos se sentaran y así lo hicieron, Ginny junto a Hermione y los muchachos frente a ellas.

Hermione notaba que Ron y Harry la miraban de manera extraña, por lo que no prestó demasiada atención a la charla de Ginny, quién hablaba de Quidditch, de su siguiente clase de Pociones, en la cual le iba muy mal, y de lo rica que estaba la mermelada que untaba sobre su tostada. Hermione pensó que esa actitud no era nada propia de Ginny, quién, si no tenía nada importante que decir, solía quedarse callada. Lo pasó por alto y centró su atención en sus dos amigos, quienes la seguían observando en silencio. Evitó cuidadosamente la mirada de Ron y clavó sus ojos castaños en los verdes de Harry, quién interrumpió a su novia bruscamente.

-¿O sea que estás bien?.-Preguntó con escepticismo. Esta pregunta tan grosera lastimó a Hermione. ¿Por qué no podía simplemente fingir con ella? Hermione lo miro con furia y tristeza. Sabía que los dos amigos tenían un tacto terrible, pero nunca imaginó tal cosa. Algunas lágrimas empañaron los ojos de la castaña, pero Harry, al ver su reacción, corrigió su pregunta:-¿No te han lastimado?

Esa pregunta la aturdió por completo. ¿A qué se refería? Claro que la habían lastimado, habían matado a sus padres. Pero algo en su interior le indicó que el muchacho no se refería a eso, por lo que lo miró sin comprender.

-¡Vaya, Hermione!.-Soltó Ron, un tanto impaciente.-¡Estás viviendo con Malfoy! ¿No te ha hecho daño?

La castaña lo miró a los ojos, pero enseguida retiró la mirada. Ya no le profesaba amor a Ronald, al menos no en ese sentido, pero aún se sentía mal por la traición del muchacho. Recordó lo que discutían, y la simple idea de que Malfoy le pudiera hacer daño le causó gracia.

-¡No, en absoluto!-Exclamó sorprendida. Ambos muchachos cruzaron una mirada de escepticismo.-¡Es verdad! Malfoy es muy agradable. Nos equivocamos con él.-Aseguró, con la vista fija en su té, pero cuando alzó la mirada se topó con un expresivo gesto de incredulidad de Harry y Ron.

-Tú eres inteligente, Hermione. ¿De verdad crees que Malfoy puede ser muy agradable?-Inquirió Ron con los ojos muy abiertos, al parecer cuestionando el juicio de su ex novia.

 

-Claro que sí.-Replicó esta fríamente.

-¡Es un Mortífago!.-Exclamó el pelirrojo, quien comenzaba a enojarse.- ¿Qué ha hecho que te parezca tan agradable?

-¿No crees en lo que te digo?.-Exclamó Hermione furiosa ente el desprecio de la voz de Ron simplemente ante el apellido del rubio.

-¡Pues no!

Harry intervino con serenidad.

-A decir verdad, yo tampoco lo creo, Hermione.

Ginny parecía muy interesada en el mantel que cubría la mesa, por lo que no dijo nada.

-¡Deberían creerme!-Exclamó la muchacha.

Harry, Ron y Ginny se limitaron a mirarse entre ellos, pero no emitieron palabra. Hermione, sin embrago, seguía bastante dolida por la duda de sus compañeros, por lo que insistió:

-Malfoy es una buena persona. Me ha ayudado mucho.-Murmuro con firmeza, lanzando una locuaz mirada a Harry, quien sabía que el Slytherin había salvado la vida de la muchacha. El chico decidió callar, pero al parecer, Ron estaba empeñado en hacer cambiar de opinión a Hermione.

-¿Qué te ha ayudado?-Inquirió con tono burlón.- ¿Qué puede haber hecho ese asqueroso hurón saltador por ti?

Hermione temblaba de cólera. Cerró los puños y apretó la mandíbula, haciendo entrechocar los dientes entre sí. Intentaba controlarse, y lo hubiese logrado de no haber sido por una mirada furiosa que le echó a Ron, la que le permitió ver la burla y autosuficiencia en el rostro del pelirrojo, quien al parecer pensaba que había dejado a Hermione sin argumento.

-¡Pues mucho más de lo que tú has hecho por mí!-Gritó la castaña, provocando que los pocos alumnos que desayunaban en el Gran Comedor le lanzaran miradas. Harry y Ginny decidieron marchar a las aulas y dejar solos a sus amigos. Hermione también se paró, incapaz de estar mucho más en presencia de Ron, pero el muchacho la siguió hasta la esquina de un solitario y estrecho pasillo.

-¿Mucho más de lo que yo hice por ti?-Repitió en un murmullo.

-¡Sí!-Chilló nuevamente la muchacha, para luego bajar la voz- Para empezar, mientras tú te estabas divirtiendo enormemente con Caroline, él fue el que único que estuvo allí conmigo. Y me ayudó, a pesar de todo. Fue muy triste estar en esa situación, ¿sabes?-Siseaba, dejando escapar toda el enojo que había guardado contra Ron.-Intentó hablar conmigo sobre eso.

-¡Te dije que lo lamentaba!-Exclamó el muchacho, visiblemente sorprendido ante la nueva información, pero también dolido por lo que decía la castaña.

-¡Pues eso no quita el dolor que sentí!-Replicó Hermione, fuera de sí.-Yo fui la persona a la que atacaron los Mortífagos cuando ingresaron en el colegio, ¡Y Malfoy fue quién me salvó! ¡Me salvó la vida!-Gritó la chica.

Ron abrió los ojos desmesuradamente, aparentemente sin habla. La miraba pálido, con la sorpresa grabada a fuego en su rostro lleno de pecas. Rápidamente, sus orejas se tiñeron de un intenso color rojo, al igual que su cara.

-Y si no fuera por él, yo no hubiese salido de mi dormitorio.-Continuó Hermione-¡Seguramente me hubiese dejado morir de hambre, o algo por el estilo!

Ronald seguía sin habla. Abrió y cerró la boca un par de veces, intentando decir algo, cuando lo logró, dejó ver la terquedad que lo caracterizaba.

 

-¡Eso no prueba nada!

Hermione lo miró, incapaz de creer que el chico no admitiera que estaba equivocado.

-¿No prueba nada?- Repitió atónita.- ¿Tú crees que eso no prueba nada?

-¡N-No!-Exclamó el pelirrojo sin convicción.

-¡Pues temo decirte que eres la persona más terca, estúpida e insensible que conozco!-Soltó Hermione sin pensar, pero no se arrepintió. Dobló por la esquina más cercana, dejando a Ron bastante aturdido, para luego toparse con la persona de siempre: Malfoy.

El muchacho desplegó los labios para decir algo, pero Hermione, obedeciendo un impulso, le plantó un beso en la boca para más tarde huir de allí.

Draco estaba desconcertado. Se llevó la mano a los labios y luego se dio vuelta, para astibar una cabellera castaña perdiéndose en uno de los tantos recodos del castillo. ¿Qué había sido eso? Desde donde estaba, había podido escuchar la discusión de Ron y Hermione sobre él. La chica había dicho cosas muy buenas sobre él, por lo que Malfoy había desplegado los labios para agradecerle pero, inesperadamente, la castaña lo había callado con un rápido beso.

Ese beso había significado algo para él. Draco había pensado mucho en esa castaña últimamente. Su modestia, su respeto por las normas y su irritante forma de tener todas las respuestas... Quizás había odiado todo eso poco tiempo atrás, pero ya no era así. Sentía un creciente cariño por Hermione. ¿Un cariño? Era algo más que un simple cariño, algo que no sabía definir, ya que nunca lo había sentido. Recordó la furia sentida hacia Ron cuando supo que la había lastimado, se recordó a sí mismo desarmando a su padre para salvarla, recordó su desesperación al saber que querían matarla, y la preocupación que lo había asolado mientras la muchacha estaba en su dormitorio, sola, llorando la muerte de sus padres. Recordó su gran alivio al verla bajar las escaleras y esconderse tras el viejo ejemplar de Historia de Hogwarts y a sí mismo utilizando un horno eléctrico para que la chica comiese algo. Pensó que si había utilizado un horno eléctrico, más que cualquier otra cosa de las que había hecho, lo que sentía era algo más que cariño. La quería como no había querido a nadie hasta entonces.

¿El beso significaba que la muchacha lo quería de la misma manera? Le parecía improbable, pero quizá fuera así. Con este pensamiento en mente corrió hacía donde suponía que encontaría a Hermione.

***

Hermione se había refugiado en la biblioteca, a pesar de que faltaban pocos minutos para el inicio de la primera clase. Sospechaba que Malfoy la encontraría muy pronto, pero al menos tendría unos instantes para poner en orden sus ideas. Todo había sido muy rápido. Había tenido una fuerte discusión con Ron, de la que aún no se arrepentía, y dudaba de que lo hiciera pronto. Pero lo que más la turbaba era ese beso que le había dado a Malfoy. Eso, sumado a todas las cosas buenas que se había oído decir a sí misma sobre el chico, la había hecho darse cuenta de que lo quería. Draco la había ayudado muchísimo en esos últimos días, que podía calificar como los peores de su vida.

Sonrió. Había descubierto que lo amaba. Saboreó ese pensamiento un instante, pero inmediatamente su rostro se ensombreció. No podía amar a Malfoy, ya que él nunca, jamás aceptaría a una persona como ella, una hija de muggles. Quizá el chico había dejado ver una faceta de sí mismo que nadie conocía hasta entonces, desarmando a su padre para que no la matara y decenas de otras acciones, pero que Hermione supiera, Draco se jactaba de su sangre pura y se enorgullecía de todos sus antepasados, cuya estirpe era incuestionable. Había cometido un error al besar al chico, y se daba cuenta muy tarde.

 

Malfoy irrumpió en la biblioteca con rapidez y determinación, lo que provocó que Madame Prince le lanzara una mirada reprobatoria. Divisó a Hermione en el último pasillo de libros, el más alejado de la puerta de entrada, junto a una ventana. La observó un momento, deleitándose con su piel suave, sus delicadas manos y sus hermosos ojos castaños. Finalmente, se acercó a ella con lentitud, ya que no quería alarmarla.

-Hermione.-Dijo, en un intento de que ella levantara la mirada, pero no lo hizo. Sus ojos siguieron fijos en el libro de tapas oscuras que había elegido al azar de una estantería cercana. La castaña no quería encontarse con la mirada del rubio, que imaginaba burlona y llena de desprecio. Se hallaba lejos de estar en lo cierto, ya que Malfoy se preparaba para hacerle una confesión inimaginable: que la amaba.

Hermione no quería verse más humillada de lo que ya se sentía, por lo que, con un gran dolor y para terminar con eso de una vez, dijo sin levantar la mirada:

-Disculpa, Malfoy. Siento haberte besado. Fue muy estúpido por mi parte, ya que no siento nada por ti, y sería ridículo que tu sintieras algo por mi. Espero que lo olvides.

Por una vez, Draco no detectó la mentira en la voz de Hermione, lo que le causó un dolor muy agudo en el pecho. Pese a esto, mantuvo una expresión impasible, lo que no hizo falta, porque Hermione no lo miró en ningún momento.

-Sí, de acuerdo.- Dijo sin más, y se marchó.

Draco jamás había experimentado el dolor que sentía en ese momento, ya que nunca había amado a nadie. Inmediatamente después de abandonar la biblioteca y dar unos pasos hacia su siguiente clase, que resultaba ser Adivinación, quiso regresar junto a Hermione y decirle lo que sentía por ella. Reprimió ese deseo, pensando que tal sentimiento no era recíproco, por lo que no servía de nada expresarlo en palabras.

Comenzó a subir las interminables escaleras que llevaban al aula circular y calurosa en la que la profesora Trelawney impartía clases, intentando mitigar el súbito dolor que le habían causado las frías palabras de la Gryffindor. Intentó convencerse de que quizá fuera lo mejor, ya que sus sentimientos hacia Hermione habían surgido demasiado deprisa para que no fueran otra cosa que un simple capricho. Fue en vano, ya que sabía que lo que sentía era sincero. Finalmente, llegó ante la trampilla de la torre, la abrió y entró intentando no hacer mucho ruido, ya que llegaba tarde. Sin embrago, la profesora se dio vuelta súbitamente para quedar que cara al rubio.

-Ah, querido.-Dijo ella con su ya habitual aire de misterio.-Mi Ojo ve que te asola la tristeza debido a...Un desengaño amoroso.-Dijo, al parecer sorprendida de sus propias palabras. Lo miró con fijeza, un tanto desconcertada, pero siguió hablando- Pero no temas. Presiento que hallarás la solución.- La profesora lo miró otro instante, para luego sacudir la cabeza, darse vuelta, y continuar con la clase.

 

Malfoy miró con fijeza la espalda de su profesora para, a su vez, sacudir la cabeza y tomar asiento.

Que él supiera, la profesora Trelawney nunca había acertado en sus predicciones, pero al parecer, todo empezaba a cambiar. Todo.

***

Hola!

Quiero disculparme por dos cosas: Por haber demorado tanto en subir el nuevo capítulo y por que el cap. anterior quedó subido con una letra distinta a la de siempre. Espero que comprendan!

Como siempre, quería darles las gracias por los comentarios, que siempre me ayudan mucho, y también a esas personas que agregaron la historia a favoritos, que ya casi son doscientas.

También me gustaría decirles que estoy muy contenta por haber superado las diezmil lecturas. Todo gracias a uds.! De verdad gracias!

Bueno, espero que hayan disfrutado del capítulo.

Saludos,

paublack14

Faltaba una semana exacta para Halloween. El banquete de ese año prometía ser excelente: El castillo estaba repleto de enormes calabazas, murciélagos encantados sobrevolaban los pasillos y tanto profesores como alumnos se paseaban por el colegio con cierto aire festivo. Corrían dos rumores: El primero era que los elfos estaban, desde ese mismo momento, preparando platillos que ninguno había probado jamás, y el segundo rumor decía que el mismo treinta y uno de octubre tendría lugar una gran sorpresa. Los alumnos más pequeños dejaban volar su imaginación de forma desmedida, pero los mayores tampoco se quedaban atrás. Su pasatiempo de esos días era especular: Algunos decían que sería un dragón, otros que una nueva especie de Papá Noel que hacía regalos en Halloween, pero debido a la falta de información que todos tenían por igual, ninguna teoría podía ser desmentida.

Lamentablemente, los dos alumnos que vivían en el Octavo Pasadizo no habían recibido su cuota de entusiasmo. Ambos esperaban la última noche de octubre como una más, y pensaban que la sorpresa que había sido tan aclamada no les concernía.

Hermione no tenía intenciones de salir del Pasadizo ese día en particular, y Draco pensaba que, si tenía suerte, podría convencerla de salir al menos un rato. El chico no se explicaba de donde había sacado tal optimismo, ya que él y ella no se habían dirigido una palabra desde su conversación -si así se le podía llamar- en la biblioteca.

Ron estaba aún más lejos que Draco de hablarse con Hermione: Ni siquiera se habían mirado desde aquél día. El pelirrojo, terco como siempre, sostenía que Draco nunca podría arreglar sus errores del pasado, y, aunque Ginny y Harry le habían concedido el beneficio de la duda, Ron juraba que no lo haría jamás. Hermione estaba muy dolida por la actitud de quién había sido su amigo, y más tarde su novio, por lo que dedicaba horas enteras a estudiar el ya conocido Historia de Hogwarts.

Precisamente eso estaba haciendo la castaña en ese momento. Fuera helaba: La tarde recordaba más a la cruel nevada que se avecinaba, y por lo visto pensaba adelantarse bastante, que a la alfombra dorada, marrón y escarlata que, pese a todo, aún adornaba los terrenos de Hogwarts. Era sábado, y todos los alumnos tenían permitido visitar Hogsmade, a excepción de ella y su compañero de Sala, debido a las medidas de seguridad tomadas ya un mes atrás.

Malfoy entró en el pasadizo de una forma un tanto más ruidosa y bastante menos elegante de lo normal, lo que provocó que Hermione levantara la mirada. Se la sostuvieron mutuamente un instante, pero rápidamente la castaña fijó su vista en el libro y Draco colgó su capa en un anticuado perchero que allí había. Inmediatamente el chico se instaló en el viejo sofá al que había tomado tanto cariño mientras Hermione estaba de duelo, tomó un pergamino y una pluma y se dispuso a hacer su redacción para Defensa Contra las Artes Oscuras, la que Hermione había terminado días atrás.

 

Finalmente, debido a su falta de inspiración, Draco apartó el pergamino y observó a la muchacha, que no se inmutó.

-¿Por qué estás leyendo ese libro otra vez?-Preguntó el rubio, arrastrando las palabras y acentuando las últimas dos.

-Me gusta este libro.-Alegó Hermione, un tanto cortante. Jamás lo admitiría, pero estaba un tanto molesta con Draco debido a su reacción ante el beso. Ella lo había excusado pobremente, y con la tenue esperanza de que el chico rebatiera su argumento, pero el simple "Sí, de acuerdo" del Slytherin le había dolido como mil cuchillos.

-Ya, pero ese no es motivo para leerlo una y otra vez. ¿Qué tiene de especial?-Insistió el rubio, no sin razón, por lo que Hermione se armó de paciencia para contestarle.

- Es el primer libro relacionado a la magia que leí. Lo he leido una y otra vez desde el primer curso, así que no es nada nuevo. Cuando lo leí por primera vez, no podía creer una palabra de lo que decía. Esperaba llegar a este lugar y descubrir que todo era una farsa. Ahora me resulta todo tan familiar...-Dijo con cierta nostalgia- Me tranquiliza leerlo. Me da paz. Y sé perfectamente que el castillo esconde muchos más secretos de los que cuenta el libro.

-¿Qué esconde muchos más secretos?-Se interesó Malfoy.

-Claro. No dice nada de elfos domésticos en todo el libro...

-¡Pero eso no es ningún secreto! ¡Es obvio!

-No para los hijos de muggles.-Argumentó Hermione.-...Ni nada de este pasadizo.-Prosiguió.-Y quien sabe cuantas cosas más.-Luego de una pausa, añadió:-Me gustaría saberlas.

Draco no dijo nada. Parecía muy concentrado en una idea. Rápidamente tomó el pergamino que había estado usando para su redacción, mojó su pluma en tinta negra y comenzó a escribir. Hermione se asombró un poco ante su determinación, pero volcó su atención al libro sin decir nada. Momentos después, Draco terminó de escribir y enrolló el pergamino. Lo guardó entre su ropa sin hacer comentarios.

-¿Dónde estabas?-Le preguntó Hermione, cerrando el libro y dejándolo a un lado.

-Volando.-Respondió Malfoy con sencillez.

-¿Volan...?-Repitió la castaña, asombrada.-¡Hace demasiado frío para ir en escoba!-Protestó.

El chico se encogió de hombros.

-Sigue siendo divertido.

La muchacha lo miró con los ojos muy abiertos. No concebía que a Draco le pareciera divertido congelarse a varios metros por encima del suelo.

-¡Te enfermarás como sigas comportandote así! ¡Volando, vaya gracia!

A esta siguieron varias protestas de Hermione, algunas con mayor nota de histeria que otras, pero todas colmadas de indignación. Pese a todo, Draco tuvo que reprimir una sonrisa de suficiencia porque había conseguido lo que quería: Hermione le volvía a hablar.

***

La noche tan ansiada por alumnos, profesores y fantasmas había llegado al fin. Ya casi llegaba la hora convenida para el comienzo del gran banquete prometido, y todos los alumnos se agolpaban en sus Salas Comunes, ansiosos por salir. Nadie tenía muy claro porque el banquete de ese año causaba tanta expectativa, pero la causaba al fin, y todos estaban emocionados.

 

Era una noche de tormenta. Llovía torrencialmente, como nunca se había visto hasta entonces, y parecía que el lago se iba a desbordar en pocas horas. Incluso granizaba.

Por una vez, Hermione no estaba leyendo su preciado libro, si no que realizaba complicados cálculos, obteniendo resultados precisos, y por lo tanto, predicciones precisas. Ya casi terminaba su tarea de Artimancia, que proyectaba entregar con una semana de adelanto.

Draco se estaba bañando. Salió poco después, vestido con el uniforme del colegio completo, impecable y cuidadosamente peinado, como siempre. La chica dejó un momento su tarea de lado para mirarlo con extrañeza, ya que las clases habían terminado horas atrás. El rubio respondió una pregunta que no había llegado a ser formulada:

-Iré al banquete.

Hermione asintió con los labios apretados.

-Diviértete.

Volvió su atención a la infinidad de números que tenía delante. Tuvo que dejarlo muy pronto, porque sentía la mirada gris de Malfoy clavada en ella.

-¿Qué?.-Espetó la Gryffindor. La verdad era que no se entendía a sí misma. Quería que Malfoy saliera de su vista, pero sabía con seguridad que, cuando se fuera, lo echaría de menos. Le había pasado en numerosas ocasiones, y jamás lograba ser coherente. En especial cuando miraba los ojos del muchacho que tenía delante...

-Tú también irás.-Casi ordenó Draco.

-Claro que no. Tengo mucho que hacer...

-¿De veras?.-Preguntó el rubio con la voz cargada de sarcasmo.

-Sí.-Dijo ella, intentando aparentar calma.-Debo terminar esto para la profesora Vector...

-Seguro.-Replicó él intentando ocultar una sonrisa.-¿Puedo preguntar cuándo tienes que entregarlo?

Hermione lo miró con odio.

-El lunes de esta semana, a primera hora.-Mintió.

-Claro.-El sarcasmo y la autosuficiencia que tanto lo caracterizaban iban impresos en cada sílaba.-¿Y puedo preguntar por qué allí pone que es para el lunes nueve? Eso no es en esta semana, es en la siguiente, ¿verdad?

Hermione advirtió que su agenda estaba abierta, y en efecto, grandes letras rojas marcaban el lunes nueve como la fecha de entrega a ese trabajo. Enrojeció, furiosa por la impertinencia del Slytherin y su propia estupidez. Le lanzó otra mirada de odio, esta última más intensa que la anterior, para advertir una sonrisa de autosuficiencia.

-Eso no es asunto tuyo.-Replicó con frialdad, aún sonrojada.- De todas maneras, no iré.

-¡No tienes absolutamente nada que hacer!-Intentó hacerla razonar Malfoy, sin éxito.

-Claro que sí. Tengo esto.-Dijo señalándo sus cálculos.

Draco la miró con un gesto de exasperación, a lo que Hermione respondió con una sonrisa.

-Irás.-Aseguró Malfoy.

-Ya te dije que...-Comenzó Hermione, que comenzaba a impacientarse.

-Irás.-Repitió.-Me debes un favor, por lo que te pediré que vayas.

La chica lo miró inquisitivamente, ya que no sabía a que se refería.

-Te salvé la vida. ¿Lo olvidas?

Hermione lo miró incrédula. ¿Cómo podía echarselo en cara? Nuevamente, enrojeció de furia, pero en ese momento no podía articular palabra. Malfoy volvía a mostrar el carácter de los últimos siete años. Hermione se sentía impotente, pero no se movió de su silla.

 

-Piénsalo.-Pidió Draco, al parecer cada vez más divertido con la situación.-Yo resistí la tentación de librar a todos alumnos de este colegio de tu molesta presencia como prefecta e insufrible sabelotodo, mientras que tú... Sólo tienes que ir al banquete.

Hermione se levantó con los puños firmemene cerrados, temblando de cólera.

-Eres detestable.-Le espetó.

Draco le dedicó una amplia sonrisa, y ambos salieron del pasadizo.

***

Jamás lo admitiría ante Malfoy, pero Hermione había pasado una hermosa noche, en compañía de Harry, Ginny y Neville. La comida estaba deliciosa, y sus amigos de muy buen humor. Todos tuvieron algo que decir, y fueron capaces de soportar la falta de Ron sin dificultades. Este último se encontraba en el otro extremo de la mesa, acompañado de Caroline Cruise, Lavender, y varias chicas más. Su popularidad con ellas había mejorado notablemente desde la caída de Lord Voldemort. Afortunadamente, Hermione lo pasó por alto olímpicamente, porque sentía que ya no le importaba lo que hiciera, aunque le doliera un poco que las cosas estuvieran tan mal entre ellos.

En dos ocasiones se había encontrado con esa mirada gris que le robaba el aliento, acompañada de una sonrisa de suficiencia. La primera vez, recordó lo enojada que estaba y lo miró con ceño, lo que únicamente sirvió para incrementar la diversión del rubio. La segunda, cedió a su sonrisa y le correspondió con otra. Aunque lo ocultó, esto hizo al muchacho sumamente feliz.

Ya casi no quedaba nadie en el Gran Comedor. Todos se habían ido, farfullando indignados a falta de la famosa sorpresa, aunque nada desilusionados respecto a los nuevos platillos de los elfos. Neville se había ido temprano, resuelto a acabar una tarea de Herbología. Ginny se veía somnolienta, y aunque lo evitaba, corría el riesgo de caer dormida sobre el plato, por lo que se retiró. Ron también se había ido, en compañía de Caroline. Sólo quedaban Harry, Hermione y unos cuantos alumnos de cuarto curso en la mesa de Gryffindor.

-Me alegro de que hayas venido hoy.-Dijo sinceramente Harry.-Pensé que no lo harías.

Hermione le sonrió amablemente y decidió contarle la verdad.

-Lo cierto es que Draco me... Obligó, prácticamente.

Harry la miró con los ojos muy abiertos y ella procedió a contarle lo sucedido.

-Vaya.-Dijo, un tanto perplejo.-Desde luego que nos equivocábamos con él.

Hermione lo miró a los ojos, agradecida y conmovida.

-¿Lo crees?-Preguntó emocionada.

-¡Claro! Parece sinceramente preocupado por ti. No es que su trato a los demás haya cambiado demasiado...-Al ver la cara de Hermione, cambió el rumbo inmediatamente.-Pero sí, da la impresión de que se arrepiente.

-¡Vaya! ¡Gracias, Harry!-Exclamó Hermione, muy emocionada. Sintió deseos de volver al pasadizo a comprobar ese arrepentimiento con sus propios ojos, como si no lo conociera de sobra.-¡Gracias! Me iré a acostar, estoy muy cansada.- Mintió alegremente, y se retiró.

Caminó orgullosa por los pasillos del colegio, deseosa de ver al chico que tanto quería. Bajó un par de pisos, distraída y contenta como nunca había estado en todo ese mes. Internamente agradecía que Draco se hubiese propuesto hacerla salir del pasadizo. Fueron unos minutos de hermosa felicidad, dicha absoluta que no sabía de donde provenía, pero real al fin y al cabo.

 

Pero esa felicidad se esfumó con la misma rapidez que había llegado cuando vio algo completamente inesperado.

Al final del pasillo aguardaba altanera, elegante y aterradoramente mortífera: Bellatrix Lestrange.

***

Hola!!

Espero hayan notado que este capítulo es más largo: Me esforcé mucho por hacerlo así, y espero que sea de su agrado.

En realidad,planeaba que el cap. siguiente viniera en este, pero no quise hacerlos esperar más ni esperar más yo misma, por lo que, impaciente como soy, subí este capítulo así.

Gracias, muchisimas gracias por todos los comentarios. Les tomé cariño a todos ustedes.

También gracias a las personas que agregaron la historia a favoritos y a los que se tomaron la molestia de leerla.

Actualizaré lo más rápidop que pueda, lo prometo, ya que nuevamente tengo grandes planes para la historia.

Muchísimas gracias nuevamente.

Saludos,

paublack14

Hermione llevó su mano a la varita con rapidez y agilidad, pero supo que desde ese mismo momento estaba perdida. Sirius, Frank y Alice Longbottom, sus padres e infinidad de vencidos más pasaron ante sus ojos. Recordó que ella misma había luchado contra ella meses atrás, en compañía de Luna y Ginny, y aunque le habían dado que hacer no habían podido vencerla. Pese a esto, no dejó que el temor ni la rabia la inundaran, y mantuvo una calma fría. Empuñó su varita con firmeza y decisión, y escrutó los ojos negros de su contrincante. Ante esto, Bellatrix curvó sus labios en una sonrisa burlona.

-¿Piensas que puedes vencerme?-Inquirió con un tono que aparentaba dulzura, pero irradiaba más peligro que la misma muerte.

-No lo pienso, lo sé.-Susurró Hermione, sin poder evitarlo.

Bellatrix decidió hacer caso omiso a esto último, no sin dificultad. Ensanchó su sonrisa y espetó sin alzar la voz:

-¿Creías que todo acabaría cuando ese sucio de Potter se enfrentara a mi Señor? ¿Acaso pensabas, Sangre Sucia, que todos nos esconderíamos y fingiríamos que nada había pasado?

La chica no respondió. Sentía que la maldición se acercaba, firme e implacable, por lo que sujetó su varita con fuerza.

-¿Imaginaste que todos volveríamos a nuestras vidas normales, o que nos dejaríamos atrapar por los Aurores? ¿Llegaste a suponer que los perdonaríamos? ¿Que olvidaríamos lo que habían hecho?

Hermione volvió a guardar silencio. Intentaba adivinar cuando atacaría, y que mecanismo usaría para defenderse, si es que había alguno.

-¡Contestame!-Ordenó Bellatrix- ¡Crucio!

Allí estaba. Mil cuchillos atravesaban su piel, y el fuego corría por sus venas. Sintió un dolor lacerante, devorador, infinito. Se esforzó por no gritar, pero algunas lágrimas surcaron sus mejillas. Suplicó mentalmente que el dolor se interrumpiera, algo que jamás diría en voz alta. Afortunadamente, el dolor se detuvo. Hermione tardó unos segundos en volver en sí, y cuando lo hizo, se dio cuenta de que había caído de rodillas. Intentó levantarse, pero sus piernas no respondían.

-¡Contestame, Granger!.- Gritó Bellatrix, disfrutando enormemente con la situación.

 

-Fue... Fue lo que sucedió la primera vez.-Alegó Hermione entre resuellos.

Cuando Bellatrix comprendió a que se refería, su rostro enrojeció de ira.

-¡Yo...jamás...abandoné...!-Chilló, acompañándo cada palabra con un toque de varita, que renovaba el dolor de la castaña.-¡Yo...jamás...abandoné...al Señor Tenebroso!

Hermione estaba tendida boca arriba, esforzándose por respirar. Sentía que el más mínimo movimiento le costaría la vida. Pese a todo, empuñó su varita y exclamó:- ¡Expelliarmus!

La varita de Bellatrix abandonó su mano, pero esta la atrapó al vuelo, lo que provocó una risa estridente de la mortífaga.

-Débil. Eres débil y estúpida.-Espetó, fría como el hielo.

Contradiciendo las palabras de Bellatrix, Hermione se puso en pie sin dudar. Una vez más, clavó sus ojos en los negros de su contrincante con actitud desafiante, y atacó:

-¡Sectusempra!

La determinación de la castaña tomó por sorpresa a Bellatrix, quien esquivó la maldición a duras penas. La sonrisa desapareció de su rostro y fue remplazada por una mueca de rabia. Contraatacó, y un destello de luz negra salió de su varita. Con un floreo de la suya, la Gryffindor rechazó ese hechizo desconocido, lo cual únicamente sirvió para incrementar el odio de Bellatrix. Esta última comenzó a lanzar maldiciones a diestro y siniestro, que rozaban a Hermione provocándole escalofríos. Destellos naranjas, azules, rojos, blancos, amarillos, violetas y verdes, que parecían sacados de la peor pesadilla de Hermione y el mejor sueño de Bellatrix, eran rechazados y vueltos a lanzar. Era un duelo de vida o muerte, en el que se daba por sentado que al menos una de ellas dejaría su vida intentando matar a la otra.

Hermione se resistía al rencor que crecía en su interior mientras esquivaba la muerte, pero algo le pedía venganza en el fondo de su corazón. Intentaba evitar lanzar maldiciones mortales, pero sabía que si quería vivir, tendría que matar.

También era consciente de que nadie pasaría por allí, ya que ese era el camino hacia el Octavo Pasadizo. Draco se había retirado un par de horas atrás, por lo que, seguramente, estaría durmiendo o quizás mirando el fuego en la Sala Común. Quizás algún Hufflepuff despistado pasara por allí, ya que era la casa que tenían más cerca, pero desechó esa idea con rapidez.

El suelo comenzaba a temblar bajo las dos oponentes, al igual que las paredes. Ambas estaban agotadas, pero agitaban sus varitas sin cesar, mirándose a los ojos, evaluando cada movimiento , intentando prever el próximo ataque.

Hermione conjuró una barrera protectora tan potente que dejó a ambas inmóviles por la fuerza del hechizo. Bellatrix la miraba con odio, fuera de sí. No podría hacer nada por el momento.

-Tus padres.-Le soltó con burla.- Tan estúpidos, tan confiados...Al igual que tú.Me abrieron la puerta, me invitaron a una taza de té. Cuando vieron la varita, creyeron que era amiga tuya. ¡Amiga tuya!.-Repitió con sorna.-¿Cómo pudiste pensar, Granger, que no los mataríamos a la primera oportunidad? ¿Cómo pudiste siquiera soñar que estarían a salvo?-Soltó una risa fría, cargada de maldad.

Las lágrimas llegaron a los ojos de Hermione, acompañadas por un sentimiento de furia que jamás había sentido hasta entonces. Con una velocidad increíble, retiró el encantamiento que la protegía, y, prometiéndose a sí misma que mataría a esa asesina, que le causaría dolor hasta que suplicara morir, gritó:

 

-¡Incarcerus!

Gruesas cuerdas surgieron de la punta de la varita de Hermione y apresaron a Bellatrix, pero esta tuvo tiempo de convocar su maldición.

Llamas azules dieron de lleno en el pecho de la castaña, quien parpadeó por última vez, asombrada.

Y todo se sumió en la más profunda oscuridad.

Hola! Lamento mi demora,de verdad. Yo siento que apenas han pasado dos días desde mi última actualización. También lamento dejarles este capítulo tan corto. Prometo que el siguiente será muy muy largo, e intentaré actualizar pronto. Gracias a todos los comentaristas. Les aconsejo que confíen en mí.

***

Rayaba el alba. Bellatrix Lestrange había logrado deshacerse del encantamiento que la mantenía firmemente atada y había huido, sin una mirada atrás. Le había parecido oír pasos, por lo que simplemente había saltado por la ventana.

Estaba enojada, muy enojada consigo misma. No había logrado matar a la chica de esa forma cruel, despiadada y algo elegante a la que estaba acostumbrada. Se paseaba de un lado a otro de la cueva que la escondía. Estaba lista para abandonarla. Sin embargo, no lo hizo. Posó su vista en una lechuza rojiza que la examinaba con curiosidad desde un árbol cercano, y se dispuso a escribir una segunda carta para su sobrino.

***

Una luz tenue dio de lleno en la cara de Draco. El chico se incorporó, con la espalda y el cuello doloridos, y descubrió que se había dormido en el sofá. Maldijo por lo bajo y miró en derredor. El fuego seguía encendido, y un vaso sucio de jugo de calabaza estaba apoyado en la mesada de la cocina. Eso se le antojó extraño, ya que, aunque el solía ser limpio, ordenado y meticuloso, Hermione lo era aún más, y jamás pasaría ese detalle por alto. Hermione...

Draco se sintió súbitamente despierto, y subió las escaleras en dirección a los dormitorios. Golpeó dos, tres, cuatro veces la puerta de la Gryffindor, pero esta no respondía, por lo que empujó la puerta y se metió dentro. La cama estaba impecablemente tendida, y Hermione no estaba allí. Sin esperanzas, se dirigió al baño de la chica. No había nadie.

Sintió pánico. Volvió a mirar en el baño, el dormitorio, la cocina, la sala e incluso su propia habitación, sabiendo que era inútil. Intentó tranquilizarse, pensándo que quizás, Hermione había decidido pasar la noche en la torre norte, con sus compañeros de Gryffindor, pero supo que eso no había sucedido. Ella jamás desobedecería una orden de la profesora McGonagall.

Se apresuró hacia la puerta del Octavo Pasadizo, pero vió algo que lo hizo detenerse en seco.

Era una lechuza. No la había visto jamás, y parecía muy molesta por el hecho de tener que entregar una carta. Era bastante grande. Cada una de sus plumas brillaba de forma distinta, reflejando la luz del fuego, lo cual daba fuerza a su color rojizo. Llevaba un trozo de pergamino muy sucio y doblado de forma descuidada, pero el destinatario se leía en forma clara, escrito en una caligrafía elegante y ostentosa, sumamente soberbia. Al reconocer la letra de su tía Bellatrix, Draco se apresuró hacia la salida.

 

Los pasillos estaban desiertos. Nadie se había levantado aún, aprovechando que era domingo. Draco decidió dirigirse hacia el Gran Comedor, ya que ese sería el camino que debería haber recorrido Hermione, solo que en sentido contrario.

Caminaba con rapidez, casi sin fijarse por dónde iba. Cada vez hacía más frío, y una densa niebla inundaba los terrenos del castillo. Subió un piso, y comenzó a correr. Rogaba que nada hubiese sucedido, pero sabía que eso era prácticamente imposible. El miedo crecía en su interior, cada vez más intenso. ¿Y si había pasado algo grave? Él sería el culpable, ya que él la había obligado a ir al banquete de Halloween. Ella no iba a ir, ella no quería ir...¿Por que no había podido dejarla haciendo su tarea de Artimancia? Era muchísimo más seguro. Subió las escaleras de dos en dos, torció a la izquierda y se encontró con una escena terrible.

Era un pasillo estrecho, por el cual nadie solía pasar. Más allá, había una ventana rota, por donde se colaban viento helado y un poco de niebla. Y, junto a la ventana y los cristales rotos, estaba ella.

Hermione se hallaba tendida sobre el frío suelo de piedra.

Draco se acercó lentamente, temeroso de lo que encontraría. Sabía que no estaba muerta, porque, sencillamente, ella no podía morir.

Sus ojos estaban cerrados, y sus pestañas proyectaban largas sombras sobre sus pómulos. Estos estaban un poco más marcados de lo normal. Su piel estaba pálida, más blanca que la cera, y sus labios tenían un extraño color azulado.

Se percató de que Hermione sujetaba su varita con firmeza. Tanta, que casi la astillaba. Supo que había dado una feroz batalla.

Draco cayó de rodillas junto a ella. Rozó su mejilla con el dorso de la mano. Estaba helada.

Pensó lo peor, pero se resistió a creerlo. Ella no estaba muerta. Claro que no. Seguro que había recibido algún encantamiento que provocaría la inconsciencia...

Sin embargo, no se atrevió a tomarle el pulso.

Miró su rostro. Sus rizos castaños se desparramaban sobre el suelo, dando un poco de luz a esa triste imagen. A pesar de todo, Draco pensó que estaba más hermosa de lo que la había visto jamás.

Una lágrima corrió por la mejilla del muchacho. No se había ido. Hermione no lo había abandonado. Un alma tan noble y valiente, inteligente y justa, un alma que se le antojaba sencillamente perfecta, no podía simplemente dejar de existir.

Alargó una mano temblorosa al cuello de la castaña, y lo supo.

Demasiado tarde.

Sintió frío. Era un frío peculiar. No provenía desde fuera, si no desde lo más profundo de su ser. Asoció esa sensación a dementores, pero en algún lugar de su mente, sabía que no era por la presencia de esos seres tétricos y putrefactos que dejaban un sentimiento de tristeza y desesperación permanente a su paso. Así era como se sentía. Como si nunca más pudiera ser feliz.Draco contempló una vez más el rostro de la muchacha que yacía junto a él. Fría y dura como piedra, pero aún así hermosa.Lo inundó la culpabilidad. Había roto su promesa.Intentó retener las lágrimas que pugnaban por salir. ¿Acaso él tenía algún derecho a llorar? La muerte de Hermione era su culpa, él la había arrastrado a ese destino cruel y fatal que la aguardaba. Draco había pronunciado las palabras justas que hicieron que Hermione saliera de la seguridad del Octavo Pasadizo.La Muerte había tomado la forma de Bellatrix Lestrange, una vez más, para cobrarse la vida de la única persona decidida a entenderlo, a compadecerlo, e incluso a ayudarlo. De la única chica a la que alguna vez había amado.Derramó una, dos, tres lágrimas. El dolor era terrible, pero las lágrimas, en vez de calmarlo, lo intensificaban, ya que confirmaban lo último que él quisiera saber con certeza.Hermione estaba muerta.***El profesor Flitwick paseaba por los pasillos del colegio. La noche anterior había sido realmente agradable. Todos se habían sumido en un ambiente de paz y alegría general que él no había visto hacía décadas. Además, los profesores habían rematado la noche con una tertulia en su propio despacho. Lo había pasado muy bien. Sin embargo, los años no venían solos, y el jefe de Ravenclaw ya casi alcanzaba los setenta. Le dolían muchísimo las articulaciones y la espalda. Generalmente, estos dolores lo molestaban en los momentos menos indicados, recordándole su edad a cada paso. Como tenía tiempo, se detuvo junto a una ventana a descansar, aprovechándo a admirar los asombrosos terrenos del castillo. Era una mañana fría, en la que la niebla impedía ver más allá. Reinaba la tranquilidad y el silencio, pero el aire estaba cargado de una electricidad peligrosa, tangible incluso sin estar fuera. Ese ambiente le recordó a la calma previa a una tormenta, por lo que alzó la mirada hacia el cielo. Aunque gris, este estaba lejos de presagiar lluvia. Extrañado, miró en derredor, ya que esa electricidad fluía, densa, junto a él.Y tuvo un mal presentimiento.Comenzó a caminar lo más rápido que le permitían sus cortas piernas, sin rumbo fijo. Cuando se topó con la primera escalera, supo de debía bajarla. Siguió caminando, intentando mantener la compostura, pero algo lo impulsaba a correr. No lo hizo. Bajó otra escalera, y una ráfaga de aire frío le dió de lleno en la cara. Eso le pareció extraño, por lo que se apresuró en esa dirección.Y lo vió.***Draco sintió pasos apresurados y se dio vuelta de forma brusca, sacando su varita, preparandose para defender lo que no necesitaba ser defendido.Su mirada se encontró con la del profesor Flitwick, que lo miraba horrorizado, con los ojos desmesuradamente abiertos. El profesor lo miraba con un rastro de acusación en sus ojos, ya que creía que Malfoy había matado a Hermione, pero le bastó una mirada profunda y racional para darse cuenta de que eso era imposible. Jamás había visto tanto dolor en los ojos de alguien.Se acercó unos pasos, con cautela. Draco ya no lo miraba. Sus ojos grises estaban fijos en la muchacha que yacía entre ellos, más pálida a cada minuto. Flitwick la miró, y advirtió que sus labios estaban azules. Se arrodilló junto a ella y se dispuso a tomarle el pulso, pero Draco le dedicó una mirada que lo hizo detenerse en seco.-Está muerta.-Escupió con voz ronca.Aún así, el profesor tomó la mano de la chica entre las suyas, y dictaminó:-No. No aún.***Hola!!Bueno, aquí estoy con un capitulo realmente corto, lo sé-Lamento haber dejado a Hermione muerta exactamente un mes, pero la mayoria de las veces no encuentro tiempo ni energia para continuar la historia. Pero la continuaré, aunque me lleve tiempo.Me sorprendió la cantidad de comentarios del cap. anterior. 28! creo que matare personajes mas a menudo. Gracias a los que me dejaron un comentario. Espero lo hagan otra vezSaludos,paublack14

Un rayo de esperanza surgió en el interior del rubio. ¿Podía ser que no estuviese muerta?

 

 

Miró al profesor Flitwick. Este seguía con la mano de Hermione entre las suyas, contando latidos, que, Draco sabía, eran imposibles de sentir. Su mirada volvió una vez más al rostro de la castaña. Seguía tal cual la había encontrado. Su semblante frío presentaba una belleza inalcazable, que al parecer solo la muerte podía conseguir.

-¿No aún?.-Repitió Draco, con la voz enronquecida, cargada de una esperanza que aún no tomaba forma.

El profesor no respondió. Su mirada estaba perdida en el vacío, y sus labios se movían, contando latidos en un susurro inaudible. Parecía estar muy, muy lejos de allí. Draco esperó unos instantes que se le hicieron eternos, hasta que el profesor clavó sus ojos en los grises del rubio.

-Blue Mortem Incantatem...-

murmuró el profesor.

El murmullo del profesor fue preludio de un largo silencio. Se miraron largamente a los ojos, cada cual sumido en sus propios pensamientos.

Esas tres palabras, murmuradas en lengua muerta, no dejaban a ninguno de los dos indiferente.

Draco las conocía, pero escapaban de su memoria. Lo recordaba como un viejo sueño, vivido en su más temprana infancia. ¿Pero dónde lo había oído? , Un sucio y oscuro rincón del callejón Knockturn acudió a su mente, tres palabras gritadas por un loco. Se esforzó por recordar el momento, y pudo oírse a si mismo preguntándole a su tía que significaban esas palabras, quien no respondió, pero continuó su camino con una maligna sonrisa grabada en el rostro. Sin saber porque, Draco sintió como se le erizaban los vellos de la nuca.

-¿Qué es eso, profesor?- Inquirió Draco, quien experimentaba una intensa intranquilidad.

El profesor Flitwick pareció despertar de un largo letargo. Sus ojos se abrieron desmesuradamente, y su boca se curvó en una mueca de horror. Tomó al Slytherin por los hombros con sorprendente fuerza para su tamaño, y ordenó:

-Llévela a la enfermería. Necesitaremos al profesor Slughorn.

Dicho esto, se incorporó y se marchó con sorprendente rapidez.

Draco, perplejo y preocupado, tomó a Hermione entre sus brazos con sumo cuidado y se encaminó a la enfermería. Intentó no mirarla, pero no lo logró. Una vez más, podía verse su belleza trágica, casi poética, que mantenía oculta en vida. No podía dejarla morir, no había forma de que la abandonara, Hermione y él estarían juntos, en vida o en muerte.

Con este rumbo de pensamiento, el rubio llegó a la enfermería. Madame Pomfrey estaba sentada, envuelta en un salto de cama y con una novela romántica entre las manos. Al ver a Draco, entornó los ojos y dejó su libro a un lado. Se incorporó, y dijo:

-Dime, ¿Que le has hecho? Espero que no sea un maleficio de cerebro de gelatina que salió mal.

-Por supuesto que no.-Replicó Draco arrastrando las palabras.-Parece ser algo más grave que eso.-Añadió, un tanto irónico.

-Dejala ahí.-Ordenó la enfermera señalando un catre.

El Slytherin obedeció, y la enfermera procedió a tomarle el pulso. Al no encontrarlo, exclamó, rígida de espanto:

-¡Esta chica está muerta!

Draco recibió esta exclamación como una puñalada en el pecho, y procedió a contestar, pero fue interrumpido.

 

-No lo está, Madame Pomfrey.-El profesor Flitwick acababa de entrar, seguido del profesor Slughorn y la directora del colegio.

La enfermera lo miró con asombro.

-No.-Prosiguió el profesor con su voz aguda-Puedo asegurar que recibió una maldición azul, o Blue Mortem Incantatem.

Slughorn, sorprendido y horrorizado, no atinó a decir palabra, pero McGonagall susurró:

-Eso sería terrible, Filius.

-Lo es.-Aseguró el pequeño profesor y, al ver la cara de desconcertación del resto de su audencia, procedió a explicarse:- Blue Mortem Incantatem es una de las maldiciones más oscuras de la historia de la magia. Un búlgaro, llamado Dimitar Stefanov, lo inventó hace casi mil años. Quien recibe esta maldición, tendrá una muerte progresiva, y dolorosa. En caso de que el individuo muriera de esta forma, su alma quedaría encerrada para siempre dentro de su cuerpo. La persona estaría muerta, pero podría ver una única cosa: Sus peores miedos. Sus pesadillas serían eternas e ineludibles.

Draco sintió como se le formaba un nudo en la garganta.

-¿Podemos salvarla?.-Murumró la enfermera.

-Debemos darnos prisa.-Explicó la profesora McGonagall.- El profesor Slughorn deberá preparar una poción extremadamente complicada, con ingredientes imposibles. En mi opinión, no podremos.

Draco observó el rostro de la profesora con detenimiento. ¿Había oído bien? McGonagall mantenía sus ojos fijos en la enfermera, con actitud impasible.

-Debemos intentarlo. No será sencillo, Minerva, pero nada garantiza que no lo logremos.-Acotó el profesor Slughorn.

-Pues manos a la obra.-Exclamó el profesor Flitwick, y corrió hacia la puerta, dejando a su compañía muda de asombro.

Tras reponerse de la sorpresa, el profesor Slughorn preguntó:

-¿Tienes alguna idea de quien puede haber sido, muchacho?

-Sí, la tengo.-Aseguró el Slytherin.- Pero antes, creo que McGonagall tiene algo que explicar.

****

Hola! Mis capitulos son cada vez mas cortos y espaciados, lo siento muchisimo!

Gracias a los que comentaron, me alegraron mucho. Mas de 250 comentarios y casi 20500 lecturas! Me siento orgullosa, muchisimas gracias!

Un saludo,

paublack14

McGonagall percibió un tono insolente, muy insolente, por parte del muchacho que la miraba desafiante. Sus compañeros la miraron asombrados por su falta de reacción, pero ella, imperturbable, volvió su mirada a la gris de Draco, invitándolo a continuar.

-Creímos que protegería el castillo.-Increpó Draco-Pensábamos que estaríamos a salvo aquí. Usted dijo que aplicaría nuevos hechizos, que...

-Lo hice.-Cortó la profesora tajantemente.-Lo hice, señor Malfoy. Ahora, si me disculpan...

-No.-Dijo Draco con firmeza.- Hogwarts es el edificio más protegido de toda Inglaterra. Es inexpugnable. O al menos lo era. En los tiempos del Señor Tenebroso, entrar era casi imposible, y atacar a un alumno era impensable. ¿Cómo es que una sola persona ha podido ingresar, y salir sin ser vista o atacada?

-Bien sabes que Dumbledore vivía en esos tiempos.-McGonagall hizo una pausa, en la que se inflaron las aletas de su nariz y sus labios se volvieron blancos.-¿Y cómo sabe usted, señor Malfoy, que fue atacada por una sola persona? Creo que sabe más del asunto de lo que da a entender. ¿Tuvo usted algo que ver?

 

Malfoy recibió esto último como un baldazo de agua fría. Lívido, miró a McGonagall a los ojos de una forma estremecedora, respiró hondo, y dijo en un tono más bajo de lo normal:

-Por supuesto que no.

-Yo no estaría tan segura.-Susurró McGonagall.

Esta acusación hirió a Draco en lo más hondo.

-Usted no protegió el castillo como debía. Si hubiese...

-¡Ya basta, señor Malfoy!-Exclamó el profesor Flitwick.- Cincuenta puntos menos para Slytherin. Y por favor, muestre un poco de respeto.

-Mostraré respeto si también me lo dan a mí.- Dijo con la voz cargada de la arrogancia que iba ligada al nombre de su familia, pero no sin razón. Deseaba preguntarle a Flitwick que conseguía quitándole puntos a Slytherin con una legión de Mortífagos ahí afuera, pero se serenó y en cambio dijo:- ¿Cómo salvaremos a Hermione?

-Necesitaremos polvo de cuerno de unicornio, un trozo de garra de dragón, jugo de mandrágora diluido,esencia de díctamo y vainas de snargaluff recogidas en luna llena. Olvidaba la esencia de belladona y la sangre de acromántula. Claro, la poción debe ser preparada en un caldero de oro puro, por lo que deberemos adquirir uno...-Dijo el profesor Slughorn, mirando esperanzado a Draco.

-La poción no debe ser preparada en ningún caldero de oro puro, también es realizable en un caldero de peltre o cobre.-Intervino McGonagall, fulminándolo con la mirada.

-No sabía que te interesaran las pociones, Minerva. Deberíamos tomar un té juntos algún día.-Murmuró el profesor Slughorn con los dientes apretados.-Bien, iré a prepararla. Supongo que tendré algo de sangre de acromántula... Es una poción extremadamente complicada, ¿Saben? Se requieren conocimientos precisos y un mago bien cualificado para llevarla a cabo...

-Si Hermione sobrevive, te daré el mejor caldero que el oro pueda comprar.-Le dijo Malfoy, sin mirarlo.

Slughorn salió de la enfermería, sumamente satisfecho.

-Bien. Poppy, vigilala. Tienes que hacer un encantamiento para oir su corazón, mira, te lo mostraré...

El profesor Flitwick y Madame Pomfrey se retiraron, dejando a McGonagall y Draco solos.

-Supongo que piensas que fue Bellatrix Lestrange.-Expresó McGonagall, sin mirarlo.

-Así es. Recibí una carta suya esta mañana. Aún no la he leído.

-Hágalo, señor Malfoy. Y por favor, lleveme la carta inmediatamente.

Draco echó una última mirada a Hermione y salió de la estancia. Tratando de no pensar en nada, bajo las escaleras rumbo al Octavo Pasadizo. Sospechaba de McGonagall. No tenía sentido y lo sabía, pero la mujer comenzaba a despertar un mal presentimiento en él.

Casi sin darse cuenta, se halló ante la lechuza rojiza, que lo observaba con el disgusto claramente reflejado en sus grandes ojos negros. Tomó la carta y la lechuza voló.

Querido Draco,

He conseguido infiltrarme en Hogwarts. Ha sido extremadamente fácil, ¿Sabes? Aún no puedo creerlo. Simplemente, volé, tal como nos enseñó nuestro señor, y entré por una ventana. Todos los demás son unos cobardes. Se negaron a acompañarme, pero así es mejor, ya que soy la única que demuestra la devoción que el Señor Tenebroso se merece. En fin, el destino me lo puso aún más fácil. Esperé junto a la ventana por la cual había entrado, y no mucho después apareció esa estúpida sangre sucia. Granger. Nos batimos en duelo, pero la vencí rápido.

 

No podrán salvarla. Creeme, está muerta. Y de la peor forma.

Bellatrix

P,D: Hay algo que me pareció raro, y me gustaría que me brindaras información, sobrino. Granger bajaba las escaleras, y eran muy tarde, de seguro debería estar en la Sala Común de Gryffindor. ¿Esta no queda en una torre? Según sé, una de las más altas. ¿Sabes si han cambiado la ubicación de esa sala común? Necesito esa información para matar a el imbécil de Weasley.

***

 Demoré muchisimo, lo se y lo siento. Gracias a los comentarios del cap anterior, espero nuevos com. Saludos!

Draco tiró la carta sobre el sofá descolorido, indignado. Jamás le habíaimportado Weasley, esa estúpida comadreja, ni él ni su familia. Sin embargo, enla última misiva de su tía, se le pedía información útil para matarlo. Élsiempre había pensado que no le importaría verle muerto, es más, pensaba que lodisfrutaría, incluso después de haber visto llorar a Hermione por culpa deeste, pero lo cierto es que la idea de ayudar a su tía a causar la muerte delpelirrojo lo asqueaba.

¿Esto se debía a que su tía había causado la semimuerte de Hermione? ¿Oque realmente le interesaba el bienestar de Ronald? Draco prefería inclinarsepor la primera opción, pero realmente no estaba seguro, por lo que prefirió noseguir pensándolo.

Intentando olvidarse de lo que pensaba unos segundos atrás, dirigió suvista al ejemplar de Historia de Hogwarts que reposaba, con lascubiertas vencidas y abierto de par en par, sobre el sofá. La visión de este legolpeó con tal fuerza, que casi derramó una lágrima. Recordó la tez pálida deHermione, casi del mismo color que las sábanas de la enfermería, y un odiocorrosivo hacia Bellatrix lo inundó. Tomó el libro y lo cerró con cuidado, paravolver a dejarlo donde estaba. A continuación, tomó la carta y se dirigió aldespacho de McGonagall.

No se cruzó con nadie en el camino, y lo agradeció. Probablemente, todosdesconocían el incidente que había llevado a Hermione a la inconciencia, oquizás todos lo sabían ya. ¿Acaso importaba? Lo cierto es que no: Lo único queimportaba era que Hermione se despertara pronto, para que pudiera decirlecuanto la amaba y acabar con todo eso de una buena vez. Deseó volver a verla,pero supo que no podría soportarlo: se podía ver en el semblante de la castañaque la vida se le iba poco a poco, y el idiota del profesor Slughorn priorizabatener un caldero de oro antes que preparar la poción que le salvaría la vida.

Pronto, se halló ante la puerta de la directora, dijo la contraseña y lagárgola le permitió pasar. Inmediatamente se encontró con el semblante serio deMcGonagall, quien, al ver la carta que Malfoy tenía en la mano, alargó la suyasin mediar palabra. Draco se la tendió, y ella la leyó con rapidez. Alterminar, indicó:

-Debes responderle.

Malfoy, atónito, inquirió:

-¿Desea que le de las instrucciones de donde se encuentra Weasley, y , ala vez, de donde estamos nosotros?-Al decirlo, alzó una ceja. No podía ser quese le estuviera planteando aquello.

-Así es.-Respondió la directora, con una calma infinita.-Toma.

Tras esto, hizo aparecer un pergamino blanco y un tintero lleno, junto auna elegante pluma de color café. Draco la miró con los ojos muy abiertos, ysin poder contenerse, preguntó:

 

-¿Acaso está usted loca?

McGonagall no se inmutó. Le sostuvo la mirada, y le indicó con una manoque se pusiera a escribir. Draco se sentó junto al escritorio de la directora,tomó la pluma y miró a McGonagall.

-¿Qué debo escrbir?-Preguntó, aún sorprendido.

-Escriba exactamente lo que le pide su tía en la carta, y sea sincero.Bellatrix ya se infiltró en Hogwarts una vez, y siendo realistas, lo volverá ahacer. Albus no está aquí, y yo no puedo mantener a los mortífagos a raya. Yano.-Suspiró, y, por primera vez en su vida, Draco percibió la cantidad de añosque esa mujer tenía encima, e incluso, la vio mas avejentada. En señal dederrota, McGonagall curvó sus hombros y torció la boca con disgusto. Sus ojos,que pese a todo, mantuvo en los grises de Draco, transmitían la desesperaciónque sentía. En ellos se asomó una lágrima, que ella secó antes de que cayera.El muchacho se arrepintió de pensar que a la mujer le daba igual lo que estabapasando, pero fingió no ver esa lágrima. Volvió la mirada a la hoja en blanco,y se dispuso a escribir, aunque no sabía qué. Comenzó con el encabezado,"Querida Bellatrix," y no supo como continuar. ¿Qué clase de información debíadarle? Tenía la información concreta, la torre, la habitación, y quizás inclusola cama en la que se encontraría Weasley en la noche, su hermana pequeña, yclaro, matar a la familia de estos ya tendría que hacerlo ella sola. Se volviópara pedirle consejo a la directora, pero esta ya no estaba allí.

De pronto, recordó su deseo de ser una persona mejor, y su determinaciónen conseguirlo.

Weasley estaba en la sala común, como siempre, su situación no habíacambiado nada. ¿Debía darle la información que necesitaba?

Una idea comenzó a tomar forma en su mente, y comenzó a escribir. No lediría nada a McGonagall, ya que últimamente no confiaba en ella, a pesar de quese hubiese arrepentido de pensar que nada le importaba.

Querida Bellatrix,

Te felicito por esta acción que llevaste acabo. Desde luego, se requiere mucha valentía para hacerlo, ¿No es verdad?

Bien, me pediste que te brindara datos que teayudaran a matar a Weasley. No se demasiado al respecto, pero la ubicación dela Sala Común de Gryffindor no cambió, sin embargo, McGonagall tiene escondidosa ciertos alumnos que considera que están en peligro de muerte, y Weasley esuno de ellos. No es que estén muy bien protegidos, ya ves, tu pudiste matar ala Sangre Sucia.

En fin, Weasley está escondido en algún sitiocerca de la Sala de los Menesteres. Conozco la ubicación exacta de este lugar,pero te pido algo a cambio: Déjame ayudarte a matar a ese idiota de Weasley. Yopuedo hacerlo. Sabes que lo odio como a nadie en este mundo, salvo Potter quizás,y disfrutaría muchísimo de ser yo quien lo ejecutara. Sin embargo, me gustaríaque te reunieras conmigo en la Sala de los Menesteres esta noche, antes dematarle. Sé que te gustaría verlo muerto tanto como a mi, así que me gustaríaque tu también estuvieses allí.

Bien. Respondeme lo antes que puedas.

Draco

Era un plan estúpido,rematadamente estúpido, pero era el único que se le ocurría en ese momento. ¿Secreería Bellatrix su mentira? Esperaba que sí. Pero, ¿Acaso importaba si no lecreía?

Claro que no. PorHermione, sería capaz de lo que fuese, incluso de tener un duelo a muerte conBellatrix.

 

Y con estepensamiento, tomó prestada la lechuza de McGonagall y envió la carta, con laesperanza de estar vivo al día siguiente.

***

Hola! Como siempre, mi demora es imperdonable. Pero ahora, como terminé las clases, seguramente pueda actualizar más seguido, es una promesa. Muchísimas gracias a los que comentaron el capítulo anterior, ojalá que también lo hagan en este(:

Saludos,

paublack14

Releyó la carta una vez más, asombrado de que su tía le creyera. Había sido tan fácil, que Draco sospechaba que había caido en su propia trampa.Draco,Me parece muy bien que finalmente hayas decidido dar a esa escoria el castigo que merece. Confío en ti, aunque me hubiese gustado encargarme personalmente del traidor a la sangre. Sin embargo, pensé que tu cumpleaños pasó hace ya unos meses y no pude regalarte nada. ¿Qué mejor regalo que el honor de matar a Weasley? Sin embargo, te pido que me dejes encargarme de su hermana pequeña cuando llegue el momento. Sé que Potter está perdidamente enamorado de ella, así que será la última en morir.Bien, encontremonos en la Sala de los Menesteres a la medianoche. Tengo muchas ganas de verte.Bellatrix
Se removió inquieto en su asiento, y chequeó su reloj. Casi eran las seis. Aún faltaba un buen rato para encontrarse con Bellatrix, y estaba un tanto nervioso. Se avergonzaba de este sentimiento, ya que era propio de un cobarde, pero sabía que su tía era una bruja excelente, y tenía un conocimiento sumamente amplio de la magia oscura. También sabía que su parentezco con ella no impediría que lo matase en caso de ser necesario. Temía por su vida. Sin embargo, no se arrepentía de su decisión. Pensaba que si moría y conseguía matar a Bellatrix, se sentiría satisfecho. A pesar de esto, le surgió una interrogante que no sabía resolver: ¿Y si era vencido, y no volvía a ver a Hermione con vida jamás? Esa posibilidad le aterraba. Recordó sus últimas palabras hacia él: "Eres detestable" Le había parecido sumamente divertido cuando las había dicho, después de ser obligada a asistir al banquete de Halloween-parecía que había ocurrido muchísimo tiempo atrás, y no sólo dos días- pero, ¿Si eso era lo que pensaba de verdad? No podría soportarlo.Y ante ese pensamiento, decidió ir a ver a Hermione. Desde que la había encontrado, no había ido, ya que no soportaba verla en ese estado. Eso lo había hecho sentirse un poco culpable, pero ya no importaba. Podía ser la última vez que la viera, y si debía morir, ella sería la única persona de la que le gustaría despedirse.
Se dirigió a la puerta de la pasadizo con decisión, pero algo lo hizo volverse de repente y dirigirse hacia el baqueteado ejemplar de Historia de Hogwarts, y sin saber porque, lo llevó consigo.Abrió la puerta y la atravesó rapidamente. De igual manera, recorrió los pasadizos y subió las escaleras, hasta finalmente llegar a las puertas de la enfermería. Entornó la puerta con suavidad, y miró hacia adentro. Todas las camas estaban vacías, a excepción de la última, junto a una ventana, que estaba ocupada por Hermione. Un tenue rayo de sol, uno de los últimos del día, le aportaba los colores vivos del atardecer a su rostro. Se detuvo a mirarla detrás de la puerta por un momento, y al cabo de un rato, alzó la mirada. Vió una cabellera larga de color fuego, y supo que Hermione no había estado sola, a pesar de que él no había acudido a visitarla. Ginny estaba a su lado, mirándole el rostro con fijeza y tomándole una mano. Como no esperaba ver a alguien allí, decidió abandonar el lugar. Se disponía a hacerlo, cuando la pequeña Weasley miró hacia la puerta, y se encontró con la mirada gris del Slytherin.
-Malfoy.-Dijo, en un tono bastante más alto de lo normal debido a la sorpresa.Draco la miró, sin moverse de su sitio junto a las grandes puertas de roble. No sabía que hacer. Sentía como si lo hubiesen descubierto haciendo algo malo, pero sabía que no era así.
-Weasley.-Replicó, a modo de saludo. Su tono no dejaba traslucir ninguna emoción, pero a oídos de Ginny, este parecía sumamente amable, ya que carecía de la nota de desprecio habitual. Esta soltó la mano de Hermione, y se enderezó bruscamente. Lo miró con curiosidad. Sin poder contenerse, preguntó:
-¿Qué haces aquí, Malfoy?
Draco sintió un súbito acceso de rabia debido a la pregunta, pero mantuvo su cara de póquer. Era bastante lógico que hiciera esa pregunta. Al fin y al cabo, para ella seguía siendo un mortífago detestable, que había ayudado a aquellos que causaron la muerte de su hermano Fred, y muchas otras personas a las que ella quería. Seguía siendo una persona arrogante y engreída, que molestaba a su famila a la mínima ocasión de hacerlo. Seguía siendo la persona que había planeado el asesinato de Albus Dumbledore. Seguía siendo una persona en la cual no se debía confiar, una persona de la que había que proteger a aquellos que no podían protegerse por si mismos, como el caso de Hermione. Tuvo ganas de decirle muchas cosas a Ginebra, pero simplemente la miró a los ojos y alegó:
-Es mi amiga. He venido a visitarla.
Tras esto, Ginny guardó silencio por unos instantes, pero siguió mirándolo fijamente. Draco le sostuvo la mirada, una mirada que, como su tono hacía unos instantes, carecía de emoción alguna. Finalmente, Ginny se incorporó y acarició la mejilla de Hermione con suavidad. Luego, tras dedicarle una última mirada, se dirigió hacia donde estaba Draco y se detuvo ante él.
-Mira, Malfoy.-Comenzó ella, con un tono que no resultaba amigable, pero tampoco irrespetuoso. Parecía que estaba a la defensiva.-No sé porque haces esto. No lo sé. Tampoco sé si eres una persona confiable, o por lo menos no sé si puedo confiar en ti. Supongo que sería algo difícil. Sin embargo, has sido muy bueno con Hermione, pese a que me parezca sumamente raro.-Hizo una pausa, tomó aire y puso los ojos en blanco.- Bien. Lo que quiero decir, es que te agradezco esas cosas que has hecho por ella. Aunque me pese, tú la ayudaste como yo no podría haberlo hecho cuando... Cuando sus padres se marcharon. Y... También la ayudaste cuando quisieron matarla a ella. Me lo contó Harry. Sé que él también te está agradecido, aunque nunca te lo diría.-Añadió esto último en un tono un poco más bajo.
El Slytherin parpadeó, asombrado. No sabía que decir. Desde luego, eso no era lo que se había esperado. Ni en ese momento, ni jamás. Abrió la boca para decir algo, aunque no supiera qué, y la volvió a cerrar. Se sintió bien ante las palabras de la pelirroja. Era una sensación extraña, pero agradable. Ginny no esperó respuesta alguna, y siguió hablando, pero esta vez, parecía que hablaba consigo misma.
-Me he preguntado varias veces porque lo has hecho. Siempre pensé que nos odiabas... A Harry, a mi familia, a Hermione... Quizás a nosotros nos odias aún, pero estoy segura de que no a Hermione. Al principio, suponía que estabas con Bellatrix, y todo formaba parte de su plan... Pero luego supe que no. Nadie podría mantener esa farsa mucho tiempo, ni siquiera tú. Entonces, llegué a la conclusión de que de verdad la querías. Era raro, pero me conformé con eso. Y luego...Me dí cuenta de que era más que eso. ¿Estoy en lo cierto? ¿Sientes cosas por Hermione?-De pronto, pareció recordar que estaba manteniendo una conversación y fijó su mirada en él.
"¡Maldita Weasley y su estúpida intuición femenina!" Fue su primer pensamiento. Le devolvió la mirada, sin decirle nada, aunque sentía la necesidad de decirle muchas cosas, desde la verdad hasta los peores insultos que se le podrían ocurrir. Una vez más, desplegó los labios y los volvió a cerrar.
-Sin embargo, esto no es asunto mío. Buenas tardes, Malfoy.-Dijo y se dispuso a irse, pero fue detenida por la voz del rubio.
-Le prometí que no dejaría que nada la volviera a lastimar.-Dijo y la miró a los ojos.-Intenté cumplir esa promesa, pero no pude. Y lo siento muchísimo.
Ginny, por primera vez en su vida, le sonrió. "Esa es toda la respuesta que necesitaba" Pensó para si misma, y sin saber que decir, replicó:
-De todos modos, gracias, Malfoy.
Dicho esto, se retiró. Draco se quedó unos minutos donde estaba, todavía asombrado por todo lo que había dicho Ginny. Luego, sacudió la cabeza y fue hacia donde yacía la castaña. El sol ya se estaba ocultando, y Hermione seguía tan inmóvil como siempre. Dubitativo, ocupó el lugar en el que había estado Ginny minutos atrás, y dejó el libro sobre la mesita que había junto a la cama. Miró el rostro de la castaña con atención, sin poder reprimir una punzada en el pecho debido a el estado de esta.
-Hermione... Te he traído tu libro. Me han dicho que seguramente no lo estés pasando muy bien ahora.-Se sentía sumamente estúpido hablarle a una persona que no podía escucharlo, pero lo necesitaba, por lo que siguió haciendolo.-Pensé que te gustaría tenerlo cerca. Una vez me dijiste que te infundía paz.-Sonrió ante el recuerdo.-Quizá ayude ahora.
Guardó silencio por un rato, sin dejar de observar a la muchacha. Realmente, parecía que estaba muerta. No veía ningún movimiento en ella. Eso lo asustó. Una vez más, la posibilidad de no volver a verla regresó a su mente, y sin poder contenerse, suplicó:
-No te vayas, Hermione. Por favor, no podría soportar el no volver a verte. Necesito que te quedes, que vuelvas a las clases, a comer en la mesa de Gryffindor... Que vuelvas a discutirme, a ser terca como siempre, a tener todas las respuestas... Que vuelvas a hacer la tarea adelantada.-Sonrió con tristeza, y sin poder evitarlo, dejó caer una lágrima.-Por favor, Hermione, necesito que vivas.-Dijo entrecortadamente, acentuando la última palabra.-Necesito que vivas... Por ti. Te lo mereces. Y... También por mi. No soportaría que te fueras. No podría. Dime, ¿Es mucho pedir que te quedes? ¿Que vivas? Ya sea conmigo, con Weasley, o con cualquier otro... No me importa. Yo sólo quiero volver a verte sonreír.-Las lágrimas caían de sus ojos sin que él pudiese hacer nada por evitarlo. ¿Por qué? La vida podría seguir tranquilamente para ella, sin ningún peligro... Pero no. Allí estaban su tía, su padre y todos los demás, para terminar con su vida, con ella, que era tan hermosa, tan buena... Y desde luego, no se merecía la muerte. Sintió un dolor profundo en el pecho, una vez más, que no sabía definir, pero que era tan real como él mismo.
Finalmente, dejó de llorar, y pudo mirar a la chica con tranquilidad. No había cambiado en nada en las últimas horas: Sus labios seguían azulados, su piel pálida, sus pómulos y ojeras muy marcados. La observó en silencio, recordándo cada uno de los momentos vividos con ella, los de ese año, su encuentro en el túnel, sus abrazos, sus llantos, lo compartido en su Sala Común, y ese beso que ella le había robado, sus sonrisas y su terquedad, y su bellísima mirada castaña... Pero también recordó la primera vez que la había visto, en el Expreso de Hogwarts, recordó su segundo año, en el que la había llamado Sangre Sucia y el idiota de Weasley se había autoinfringido el hechizo vomitababosas, recordó su tercer año, en el que ella le había pegado ¡Y como le había dolido! E infinidad de cosas más, pero ella ocupó su pensamiento durante todo el rato, y casi olvidó su inminente enfrentamiento con Bellatrix.
Abrió los ojos, y vio la enfermería sumida en sombras. Maldijo para sus adentros: Se había quedado dormido, y tenía el cuello muy dolorido. Miró su reloj, y descubrió que ya eran pasadas las once. Hermione seguía acostada en la misma posición. Recordó todo lo que había pensado, todo lo que le había dicho, y descubrió que le había faltado algo.
-Te amo, Hermione.-Susurró, le acarició una mejilla y le apartó su cabello castaño.-Nunca amé a nadie, pero si te amo a ti. Espero que te pongas bien, si no, todo será en vano. Recuérdalo.
Dicho esto, le besó los labios y abandonó la enfermería. Como no tenía otro lugar al que ir, subió las escaleras rumbo a la Sala de los Menesteres, dispuesto a enfrentarse con su destino. Al llegar al tapiz de Barnabás el chiflado, pasó tres veces frente a él, pensando "Necesito una sala amplia y vacía" ya que no sabía que otra cosa pedir, y rogando que la Sala funcionara, ya que el fuego provocado por Goyle la había destruido en mayo de ese año. Por suerte para él, la puerta ya conocida se materializó frente sus ojos, y él, tras empujarla con decisión, se metió dentro.
***
Había escuhado una voz conocida cerca de ella, pero no podía descifrar del todo sus palabras. Sólo sabía que estaban cargadas de angustia y preocupación, lo que incrementaba su sensación de desesperación. Sentía que no tenía aire, y que su corazón no latía, y eso la aterraba. Había visto cosas terribles, desde Ron apuñalando por la espalda a Harry, borracho y enfermo de celos, Ginny cayendo de una escoba y quebrándose su columna de forma irreparable, Voldemort renaciendo y volviendo con toda su fuerza, hasta cosas que de verdad habían pasado: La muerte torturosa de sus padres a manos de Bellatrix, la unión de Malfoy a los Mortífagos, y la calavera tatuada en su antebrazo, de un color rojo brillante, lo que significaba que el Innombrable estaba convocando a los suyos. Ahora, estaba viendo un pasillo de piedra desde arriba. Todo estaba cubierto de la niebla propia del sueño, pero esta era aún más densa e infranqueable de lo normal. Creía que era Hogwarts, pero no estaba del todo segura. Esto la inquietaba muchísimo, esa sensación de no saber, de no estar seguro, que era algo a lo que no estaba acostumbrada. Se sentía insegura, perdida, y muy asustada, ya que no entendía que pasaba, y no recordaba nada de sí misma, de su vida. Su única realidad ahora era esa sucesión de imágenes, cosas que no podía ni quería explicar. A veces, todo se quedaba negro, y ella lo agradecía, pero al poco tiempo, también la asustaba. ¿Ese vacío era la muerte? ¿Y por qué no cesaba la agonía, la eterna sensación de desespero? Si la muerte era eso, no sabía que prefería, si las imágenes aterradoras o el vacío desesperante. A veces, en sus sueños, veía luces azules. No sabía que significaban, pero de seguro, no presagiaban nada bueno.Volvió a concentrarse en el pasillo de piedra, aunque prefería no ver, no saber que pasaba a continuación. Todo eso era terrible.Estaba lejos, y cubierto de niebla, pero estaba casi segura de que era en Hogwarts. Veía el uniforme negro del colegio, y un color platino que se le hacía familiar. ¿Pero quién era? Miró con mucha atención, toda la que pudo sin caer en el desquicio. Estaba en las puertas de la locura, tan espantosa era la situación. Esta vez, el protagonista de sus pesadillas sería Draco Malfoy, su compañero de pasadizo. Lo vió detenerse frente a algo y pasar tres veces frente al mismo lugar. De pronto, pudo ver su rostro: Estaba muy concentrado. Esa acción también se le hizo familiar, pero escapaba de su memoria por completo. Quizás... No, no lo recordaba.Lo vio moverse decididamente hacia una abertura, que no podía ver del todo bien. Se introdujo en ella, un tanto erguido y arrogante, pero siempre decidido. Ella odiaba esa decisión. ¿No veía, que, atrás de esa puerta, se hallaba la muerte? Ella no podía verlo, pero lo sentía, lo sentía como no había sentido nada hasta ese entonces. Nada era tan real como ese sentimiento, la premonición de que, para esa misma noche, Draco estaría muerto.Quiso gritarle para advertirle, pero no se hallaba a sí misma. Ella también estaba cubierta por niebla... Ella, y su cerebro, su boca, también entumecido por esa terrible niebla azul...Vió al rubio, sentado en la esquina de una sala amplia y vacía, a excepción de un espejo que cubría toda la pared del fondo. De pronto, veía todo con más claridad. De seguro, esto se debía a su creciente preocupación por Draco. Presenció la espera del muchacho, que más tarde se vio recompensada. Un personaje recurrente en sus pesadillas hizo una aparición llena de elegancia, de distinción... Y de muerte, una muerte letal, torturosa, y sobretodo, lenta, muy lenta. Bellatrix sonrió con burla, y desplegó los labios para decir algo. El sonido no llegó hasta ella, pero sabía que estaban manteniendo una conversación. Y de pronto, todo sucedió rápido, y más rápido, como una de aquellas películas que miraba cuando era pequeña, cuando sus padres aún vivían... Las imágenes se aceleraban y Hermione apenas podía distinguir los movimientos. Y luego vió destellos de luz, de muchos colores, pero para su desagrado, el verde era el predominante. Y las cosas sucedían rápido, dejándola confusa y mareada, pero sin perder la sensación de que debía hacer algo, de que debía advertir... Y todo volvió a la normalidad de pronto. Los movimientos fueron precisos, y los pudo ver con claridad absoluta. Un floreo de varita sencillo, un simple Avada Kedavra, una risa estridente, y una muerte espantosa, terriblemente espantosa. Draco cayó lentamente, la fuerza de la maldición le hizo soltar la varita, que cayó con un suave repiqueteo. Sus ojos grises se abrieron con asombro, para luego perder la vida para siempre, y convertirse en dos espejos, dos diamantes grises que miraban sin ver.Y cayó. Hermione caía, una caída llena de terror y desesperación debido a la muerte del Slytherin. Estaba peligrosamente cerca del suelo, cayendo a una velocidad vertiginosa. No le importó. Nada importaba ahora que él había muerto. Llegó al suelo con suavidad, como si hubiese caído sobre un colchón.
Abrió los ojos demasiado deprisa, y se incorporó como si hubiese sido pinchada por mil agujas. Al principio, se sintió confundida, ¿Dónde estaba? Debía advertir... Y luego lo comprendió.
Había despertado.
***
Hola a todos! Espero que les haya gustado este capítulo. Me esforcé por hacerlo largo como se debe, y subirlo luego de un tiempo razonable. Quiero disculparme por si la carta de Bellatrix no se lee con la letra de siempre, estoy en otra computadora. Y también por si la última parte no queda en cursiva, asi es como debe ser, en cursiva.Quiero agradecer a las personas que agregaron esta historia a favoritos, a pesar de que en el capitulo anterior apenas recibi cinco comentarios, y eso me desilucionó mucho. Le doy las gracias de todo corazón a las personas que se molestaron en comentarlo. Bien, espero que les haya gustado. Me esforcé muchísimo.Un saludo,paublack14
Respiró muy hondo. Estaba agitada. Seguía confundida por su último sueño, esa sensación de que debía advertir estaba latente en su ser. Miró a su alrededor, y vió que estaba en la enfermería. Desconcertada, intentó recordar los sucesos que la habían llevado allí. Vagamente, como si se tratara de otra vida, recordó a Bellatrix apuntandole con la varita. Parecía que había sido vencida, lamentablemente. Sin embargo, aún seguía viva y eso era bastante para agradecer.Sintió una sed abrasadora, pero por desgracia, vio que el vaso que se hallaba en su mesa de luz estaba vacío. Alguien se lo había tomado. Estuvo enojada por este hecho unos segundos, pero al poco tiempo recordó que podía hacer magia. Tomó el vaso, y, tras susurrar Aguamenti pudo saciar su sed.Todo estaba muy oscuro, y sin saber que hacer, volvió a recostarse en la almohada. Sin embargo, tenía terror a quedarse dormida y seguir teniendo pesadillas, por lo que luchó por mantenerse despierta. Captó movimientos a su alrededor. Escrutó la oscuridad, y no vio nada. Una vez más, asió su varita.-Lumos. La profesora McGonagall estaba sentada en una silla un poco alejada de ella. Sorprendida, Hermione se dispuso a preguntarle que hacía ahí, pero al verla, recordó una vez más su sueño sobre Draco. Aterrada, se dio cuenta de que eso podía pasar de verdad. Abrió los ojos muy grande, asustada, y se dirigió a la profesora McGonagall.-Directora-Dijo con la voz ronca.-¿Dónde está Draco?
McGonagall la miró, sorprendida por su pregunta. Luego sonrió.
-No lo sé, Granger. Si está obedeciendo las normas, algo no muy propio del señor Malfoy, está en su habitación.-Culminó con otra sonrisa nerviosa.-¿Cómo te encuentras, Granger? ¿Estás cansada?
-No. Estoy bien.-Replicó ella.- Creo que Draco está en la Sala de los Menesteres con Bellatrix Lestrange.-Soltó ella, sin pensarlo.
-¿Qué dices, Granger?-Una vez más, sonrió con tirantez, lo que le pareció sumamente sospechoso a Hermione. ¿Cuándo sonreía McGonagall? Que ella recordara, sólo había sonreído una o dos veces en los siete años en que ella había estado en Hogwarts. Y ahora, sonreía tres veces seguidas. Sacudió la cabeza. Tantas pesadillas la habían dejado paranoica.- No hay ningún motivo para suponer eso.
-Yo sí lo tengo.-Replicó Hermione, un tanto enfadada. La directora la miró inquisitivamente, esperando que le contara esos argumentos. La castaña no supo que decir, y tratando de incorporarse, espetó:- Permiso, iré a verle.
-Granger, no tienes permiso para deambular por los pasillos a estas horas.-Dijo McGonagall alzando una ceja y mirándola con severidad.
Hermione la miró a su vez, un poco sorprendida pero nada intimidada.
-Lo siento profesora, pero sí lo tengo. Soy prefecta, y también Premio Anual. Permiso.-Finalmente, salió de la cama para sentir el frío piso de piedra bajo sus pies descalzos. Sintió un leve mareo al principio pero dejo esa sensación atrás rápidamente.Cuando volvió a mirar a la directora, vio que esta le apuntaba con su varita directamente al corazón.-No saldrás de aquí, Granger. Al menos no esta noche.-Susurró imprimiendo la amenaza en cada sílaba.-Vuelve a la cama, y no te muevas de ahí.
***
Draco había pasado tres veces delante del retrato indicado y había entrado a la sala amplia e iluminada con antorchas que la magia del castillo le había proporcionado. Era rectangular, con un techo tan alto que casi no se podía ver y con un espejo que ocupaba toda la pared en el fondo.Estaba sentado, recostado sobre la pared de piedra, esperando.Miraba el fuego de una antorcha para distraerse. Aún Bellatrix no había aparecido. Chequeó su reloj, y vió que pasaban diez minutos de la medianoche. Su tía no solía ser impuntual. Sintió deseos de irse, y quizás ver como estaba Hermione antes de volver al Octavo Pasadizo, pero decidió esperar un poco más.En situaciones normales, se hubiese aburrido de mirar el fuego tanto tiempo, pero este lo hipnotizaba. No podía apartar la mirada de el. El tiempo pasó sin que él lo notara.De pronto, sintió una voz conocida a su lado.
-Siento la tardanza sobrino. Esta vez fue un poco más complicado entrar en Hogwarts, pero ya arreglaré ese asunto.-Dijo con una sonrisa maliciosa.
Draco se volteó a verla, enojado consigo mismo por no haber estado alerta, ni con su varita preparada... Ahora sus movimientos serían muy obvios, y sería más comódo para ella contraatacar.Bellatrix iba con la misma capa que había usado la última vez que le había visto, en la Batalla de Hogwarts: Anteriormente era costosa, de color verde oscuro. Era extraño, ya que Bellatrix, al igual que la mayoría de los Mortífagos, prefería vestir de negro. Sin embargo, el tiempo había hecho mella en la capa y en Bellatrix misma: Ella estaba terriblemente despeinada, y sucia. Su cara, al igual que su capa, se divisaba en dos tonos distintos: Gris y marrón. El primero se debía al polvo de Azkabán, y el segundo a el tiempo que había permanecido en una cueva, Merlín sabe donde.
-Buenas noches, Bellatrix.- Dijo con frialdad, ya que no sabía que más decir.
-Ah, Draco, Draco... Extrañaba tus maneras, esa amabilidad que tanto te caracteriza.-Dijo con su habitual tono burlón-A veces olvido que eres hijo de Lucius. ¿Cómo olvidarlo? Eres exactamente igual a él-Tras decir esto, comenzó a caminar en círculos alrededor del.- Frío, orgulloso, insensible, arrogante, insolente... Cruel.-Acabó con un tono dulzón, para acabar con una estridente carcajada, cargada de burla.
El Slytherin no contestó. Trató de hacer oídos sordos a lo que decía Bellatrix. Él no se parecía en absoluto a Lucius Malfoy. Quizás era orgulloso, arrogante, frío, insolente... Pero no era insensible, y tampoco era cruel. Nunca lo había sido, solo había simulado serlo. Quizá esto le daba nuevos calificativos: Falso, cobarde... Pero quería enmendarlo. Sabía que estaba a tiempo. Y supo que merecía vivir, mucho más que su tía. Él quería luchar, ser mejor, mientras que Bellatrix seguiría matando inocentes, regodeándose del sufrimiento y dolor ajenos, peleando por ideales que no tenían sentido ni fundamento. Supo que debía blandir su varita contra esa mujer, esa bruja que había causado tanto dolor. A los Longbottom, a Potter y a Black, a los Weasley... Y a Hermione. A la única persona que había querido.Con rapidez, sacó su varita de debajo de su manga y se dió vuelta, para encarar a Bellatrix.Ella lo miró con sorpresa, y tras un rápido parpadeo, condujo su mano hacia su varita, que estaba debajo de su túnica. Sin embargo, no fue lo suficientemente rápida.
-¡Desmaius!-Exclamó Draco, y la fuerza de su hechizo hizo que Bellatrix despegara los pies del suelo y volara uno o dos metros hacia atrás, para luego golpearse contra el suelo. Tras caer, ella perdió su varita, que cayó fuera de su alcance. Antes de que ella pudiera hacer algo al respecto, Draco realizó un hechizo convocador, y atrapó la varita de la bruja con su mano izquierda ágilmente.
Bellatrix resopló debido al golpe. Sin embargo, al incorporarse, lo hizo sin ninguna queja. Por un instante, lo miró como si no comprendiera, pero rápidamente cambió esa expresión por su ya conocida sonrisa burlona.
-¿Qué pretendes, Draco?-Pareció concentrarse en algo por unos instantes.-Ah, ya veo.-Lanzó una carcajada.-Eres ridículo. ¿Quieres matarme, Draco? ¿Quieres matarme porque crees amar a esa estúpida sangre sucia? ¿Quieres matarme porque crees que mereces vivir más que yo, que Granger merece vivir más que yo?-Al ver lo que estaba haciendo, Draco comenzó a poner en práctica la Oclumancia.-Vaya, veo que te he enseñado bien.-Dijo con desdén.- No seas idiota, Draco. Matándome no solucionarás nada. Hay otras personas que pueden seguir con esta tarea... Lucius, Dolohov, Rodolphus... O Greyback.-Sonrió con malicia.
-¿Estás suplicándome por tu vida?.- Preguntó Draco a su vez, burlonamente.
-Sabes que no lo necesito.-Dijo, sin abandonar su nota desdeñosa.
-Yo no tentaría a la suerte, Lestrange.- Replicó, acércandose a ella lentamente. Por un instante, pudo ver el miedo que había en sus ojos. Esto lo llenó de fuerzas. Ella lo ocultó enseguida, sonriendo nuevamente. Era una sonrisa cargada de burla y desdén, pero sobretodo, de nerviosismo.
-Sabes Draco, siempre sospeché de ti. Siempre supe que no tenías lo que se hace falta. No tienes el valor. Nunca lo tuviste, no pudiste servir al Señor Tenebroso, y tampoco pudiste enfrentarte a él. Vienes, te dejas esconder por la imbécil de McGonagall, te dejas meter en ese estúpido pasadizo con Granger, abandonas todo el honor, el honor de pertenecer a una familia de sangre pura... Diciéndole todo a McGonagall.-Una vez más, sonrió maliciosamente.-¿Estás sorprendido, Draco? No deberías. Siempre sospechaste de McGonagall, ¿verdad? Siempre supiste que ella estuvo de nuestro lado, que fue ella la que me dejó entrar aquella noche de Halloween para acabar con la Sangre Sucia. Sabías que era ella, pero no quisiste decirlo, ya que tenías miedo de lo que pudiera pensar Granger. Eso también fue de cobarde.
Draco no supo que decir. Es verdad, siempre había sospechado de ella, pero jamás hubiese esperado que esa sospecha fuera fundada. Desplegó los labios para replicar, pero no sabía que decir. Pese a su sospecha, aún le resultaba increíble que eso fuera cierto.
-Y ahora.-Continuó Bellatrix.- Tampoco tendrás el valor de matarme. No tendrás el valor de pronunciar el hechizo, ¿No es verdad? Tienes la esperanza de que venga alguien, y lo haga por ti.-Draco se había acercado a ella y pinchado el cuello de la Mortífaga con su varita.-Cobarde.-Susurró empalagosamente, y le escupió en el rostro.
***
Obediente, volvió a la cama y se sentó sobre ella, con los pies rozando el suelo. Sin embargo, no dejaba de mirar a su directora. Tenía una expresión fiera y decidida en el rostro, sin embargo, sus ojos solo reflejaban miedo.
-¿Se encuentra bien, directora?-Preguntó Hermione con cautela. No tenía idea de porque la seguía apuntando con la varita, pero parecía que no iba a dejar de hacerlo.
-Claro que sí, Granger.- Dijo con nerviosismo.-No saldrás de la cama esta noche.-Ordenó.
-De acuerdo, profesora, pero no es necesario que me amenace con la varita. Sólo quería saber donde estaba Draco.-Alzó ambas manos tranquilizadoramente, pero al hacerlo, se dio cuenta de que aún mantenía su varita en una de ellas.
-Deja la varita sobre la mesa.- Ordenó McGonagall con severidad.
Hermione dudó. ¿Debía hacer lo que le decían? Ella necesitaba ir a la Sala de los Menesteres. Estaba convencida de que Draco estaba allí. Sin embargo, McGonagall parecía muy decidida a atacar si no hacía lo que le decían. Y eso dejaba una única alternativa: atacar. ¿Podría atacar a la directora McGonagall? Se preguntó por un instante, no muy convencida, pero rápidamente decidió: "Al diablo. Debo ir a ver donde esta Draco."
-¡Petrificus Totalus!.-Exclamó, y la directora quedó inmóvil antes de poder contraatacar.
-Lo siento muchísimo, profesora.-Susurró, visiblemente arrepentida, mientras le quitaba la varita de sus manos de piedra. Ella la miró acusadoramente, pero no tuvo más remedio que dejarla ir.
Hermione abrió la puerta con sigilo, para no despertar a Madame Pomfrey. Lo cierto es que las puertas eran grandes y pesadas, y además, chirriaban bastante, por lo que le costó un poco. Finalmente, cuando estuvo fuera, caminó con rapidez, con la esperanza de no encontrarse con el conserje ni su gata. Eso le recordó sus paseos nocturnos con Harry y Ron, bajo la capa invisible o con el Mapa del Merodeador. Sintió una súbita punzada de añoranza y recordó muchísimas noches deambulando con ellos en el castillo. Recordó con tristeza que ese era su último año, y que probablemente no lo volverían a hacer los tres juntos. Eso hizo que tuviera ganas de llorar. ¿Por que todo debía terminar tan pronto? Sin embargo, se repuso con rapidez, ya que ese no era momento para pensar en eso. Debía encontrar a Draco.Draco. ¿Que pasaría si lo encontraba, y era demasiado tarde? Sintió un escalofrío, y decidió que, sencillamente, no llegaría demasiado tarde. Apuró el paso, y subió las escaleras de dos en dos. Rápidamente, se encontró ante el retrato de Barnabás el chiflado, y pasó tres veces frente a él, pensándo "Ábrete, Ábrete, Ábrete." Sin embargo, la puerta de madera no se materializó frente a sus ojos. Lo intentó una vez más, pensándo "Necesito entrar al lugar donde está Draco" pero la pared de piedra permaneció inmutable. Finalmente, se dió cuenta de que Draco estaba allí, por lo que la Sala de los Menesteres no se materializaría frente a ella. Esta no se abría si había alguien dentro, a no ser que se supiera exactamente que buscar.
Rendida, se dejó caer sobre el suelo de piedra gris. Dejó que la embargara la preocupación, pero pronto se le ocurrió una idea.
Tomó su varita e intentó convocar a su Patronus, sin éxito. ¿Por qué le costaba tanto ese hechizo? Tras intentarlo tres veces más, lo logró. La nutria plateada se había materializado ante ella, y tras mirarla con sabiduría, partió en busca de Draco.
***
Draco se limpió el rostro con una manga indiferentemente.
-¿Por qué no podías dejarlos en paz?.-Inquirió Draco en un susurro, canisnamente. Bellatrix se dispuso a responder, pero Draco la interrumpió.-Ya. Ya lo sé. No podías soportar a los hijos de muggles.
Bellatrix no dijo nada.
-Dime, ¿Cómo pudiste convencer a McGonagall de que se uniera a ustedes? Desde luego, no fue la maldición Imperius, de lo contrario, ya todos estaríamos muertos.
-Tengo a su hermana.-Dijo, y mostró su sonrisa horrible.- Verás, mi señor nos enseñó algo antes de morir: El amor hace débiles a las personas. Y es cierto. McGonagall accedió a poner en peligro la vida de todos sus alumnos, con tal de salvar a su hermana. Y ahora, tú estás aquí. Te envié esas cartas para probarte. Si se lo decías a McGonagall, eras un traidor, y merecías morir. En cambio, si no...-se encogió de hombros.-Vamos Draco, mátame.
-¿Y entonces, por que estás aquí? Sabías que no quería matar a Weasley.
-Eso da igual. Aquí estoy, y tú tenías intenciones de matarme, ¿recuerdas? Hazlo. Quiero saber si eres un cobarde. Me avergonzaría mucho de ti si no eres capaz de matarme.
Draco, un poco cansado de la situación, le apuntó con la varita, pero cuando finalmente se había decidido a atacar, una nutria plateada se deslizó con una elegancia sobrecogedora y se detuvo ante él. Tanto Draco como Bellatrix la miraron, asombrados, ya que no conocían al dueño del Patronus.
-Sólo quiero saber dónde estás, y si te encuentras bien.- Dijo el Patronus con la voz firme y clara de Hermione.
Al oír esa voz, el corazón de Draco dio un vuelco. Si esa nutria estaba allí, y hablaba con ese tono decidido y autoritario muy propio de Hermione, significaba que ella había despertado. Se reprendió mentalmente por no haber estado a su lado, e imagino la conmoción de la castaña al despertar de sus horribles pesadillas en medio de la oscuridad de la enfermería. La poción no había sido suministrada aún, por lo que no se explicaba el despertar de Hermione. De golpe, la idea terminó de tomar forma en la mente del Slytherin, y la alegría y el alivio inundaron su corazón. Decidió que, apenas saliera de allí, le diría todo lo que sentía por ella, sin importarle si ella le rechazaba. Se recordó que la vida era impredecible y que había que vivir cada momento en esta como si fuese el último.Se volvió hacia Bellatrix una vez más, y susurró:
- Lamento esto. Prefiero pensar que no eres responsable de nada de lo que hiciste, aunque se perfectamente que no es así. ¿Sabes? Me gustaría que te disculparas con todos aquellos a los que hiciste algún daño. Nunca lo harías.- Sonrió de lado.
Bellatrix no dijo nada, y se limitó a devolverle una mirada llena de burla y superioridad.
-Bien, entonces.- Recordó a Hermione llorando en sus brazos, en su oscura habitación, y la promesa que le había hecho, para luego incumplir, de que nadie volvería a lastimarla.- Avada Kedavra.Las llamas verdes se hicieron presentes en la punta de la varita del muchacho, y luego arremetieron contra su tía, dándole de lleno en el pecho. Esta no abandonó su expresión de superioridad, y cayó haciendo un ruido sordo. Draco a penas la miró, y abrió la puerta que daba al despacho con decisión.
Allí estaba Hermione, sentada sobre el suelo de piedra, y con la preocupación grabada en el rostro. Al oír el ruido que provocó la puerta, alzó la mirada, y sus ojos castaños se encontraron con los grises de Draco. Por un momento, él pudo ver el alivio reflejado en los ojos de ella.

Era hermosa. Su rostro seguía más pálido de lo normal, y se veía algo más delgada, pero su mirada no había perdido la fuerza y vivacidad que la caracterizaba. Su cabello, un tanto enredado, caía sobre su hombro derecho, y esto le daba un aire despreocupado que Draco encontró adorable.
Sin decir palabra, atravesó el pasillo en dos zancadas y la tomó en brazos. La estrechó contra si, y sintió un ligero estremecimiento ante el contacto, que provenía de los dos por igual. Con suavidad, le acarició el cuello y la mejilla con su nariz y siguió ascendiendo, para detenerse en la sien de la castaña, donde aspiró con fuerza, y pudo percibir el embriagador aroma de canela y manzanas de la muchacha. Extasiado, descendió por la línea de su mandíbula y volvió a subir, para detenerse junto al oído de la muchacha.
-Nunca, Hermione, jamás.-Susurró.- No vuelvas a dejarme de esa manera.
Hermione soltó un débil gemido al sentir el rastro de besos que el Slytherin iba depositando sobre su mandíbula y su cuello. Todo parecía tan... Pleno. Los labios del muchacho imprimían sensaciones eléctricas en su piel, que viajaban directo a el alma. Nunca nadie la había besado de esa manera, haciéndola volar, y a la vez, ella no había querido a nadie en su vida como quería a Draco en ese momento. Lo necesitaba como al oxígeno, como al agua... Sabía que si se separaba de él, sencillamente dejaría de vivir.
-Promételo.-Exigió el rubio.
-Te... Te lo prometo.- Susurró Hermione con la voz entrecortada.
El muchacho depositó un último beso en su cuello y la miró a los ojos. Al devolverle la mirada, Hermione sintió que el mundo estaba en paz. Y Draco sintió algo muy parecido.
-Hermione, yo...-Comenzó él, sin saber que decir, pero pronto fue interrumpido por ella quien puso un dedo sobre sus labios, y se acercó a su rostro hasta que pudo sentir su aliento tibio sobre él.
-No digas nada.- Le pidió en un susurro. Acercó sus labios hasta que se rozaron. Draco profundizó ese beso con avidez. La tomó de la cintura, y ella enredó sus dedos en el cabello rubio del muchacho. Se sintieron en las nubes, volando, eufóricos. No había nada más en el mundo, nada más que ellos, sólo rllod. Ese momento les pertenecía por completo.
Draco, muy a su pesar, tuvo que romper ese beso cuando los dos se quedaron sin aire. Apoyó su frente contra la de ella, y la miró, asombrándose, una vez más, por su belleza. La miró a los ojos una vez más, para luego bajar la mirada.
-Te amo.- Dijo en un susurro.-Te amo, Hermione.
Ella buscó la mirada de Draco con la suya, y halló en sus ojos toda la sinceridad y la pureza de las palabras realmente sentidas del muchacho.
-Draco.-Susurró ella a su vez, deleitándose al pronunciar su nombre.- Yo también te amo.
Él la miró con la sorpresa reflejada en su rostro, y al ver su expresión, Hermione soltó una risita, que Draco acalló con otro beso, esta vez más dulce, más profundo y sentido que el anterior, en cierto modo, un beso mágico, perteneciente a una magia que no figuraba en ningún libro, pero tan pura y sincera, y sobre todo tan real, que era imposible que hubiese permanecido oculta tanto tiempo. En ese beso ambos sellaron un pacto que no había sido formulado, un pacto de lealtad, de amor y de pertenencia, un pacto definitivo, que significaba tantas cosas, que a la vez, sólo podía significar una: Para siempre.
***Bueno, este es el final de esta historia. Es verdad que en un principio planeaba hacerla continuar, pero decidí terminarla aquí, y que todo quedara a imaginación de mis lectores. A ellos debo agradecer de todo corazón, por tomarse el tiempo de leerla. Miles de gracias a todos los que la siguieron capítulo a capítulo y dejaron algún comentario o simplemente la agregaron a favoritos.Bueno, también me gustaría pedirles que, si a alguno le interesa, pasaran por mi nueva historia. No es un Dramione, y está situada en la época de Los Merodeadores, pero de todas maneras quizá a alguien le interese y por eso les dejo la invitación. El enlace es: https://www.potterfics.com/historias/98373 .
Una vez más, mil gracias. Por favor dejen su opinión sobre el final de la historia. Sin decir más, se despide,paublack14

Nadie te lastimará otra vez, Hermione. - Fanfics de Harry Potter

Nadie te lastimará otra vez, Hermione. - Fanfics de Harry Potter

Contuvo la respiración un instante. Escuchaba pasos acercándose al túnel secreto en el que se encontraba. Draco sintió como se tensaban todos los músculos

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2023-02-27

 

Nadie te lastimará otra vez, Hermione. - Fanfics de Harry Potter
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