No es fácil decir adiós - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Todo sobre animales y>Spoilers: primer y tercer libro.
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y pertenecientes a JK Rowling, Little Literacy Agency, Scholastic Bloomsbury, Arthur A.L. y Warner Bros., Inc.
Nota de la autora: Esta historia de capítulo único está relatada en primera persona, desde el punto de vista de Harry. Se trata de algo que vino a mi mente y sentí la necesidad de expresar en palabras, aunque no se trata de un argumento muy común en los fanfics. Espero que os guste.

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No es fácil decir adiós


Parece que fue ayer. Y sin embargo aquí estoy, mirando por última vez a través de las ventanas de la habitación, en un intento por retener en mi memoria las imágenes que ya no volveré a ver. Y tengo la sensación de que no es más que un mal sueño y que el amanecer me encontrará entre sábanas, suspirando de alivio al ver que no era real. Pero sé que no será así.

Y a pesar de todo me sorprende darme cuenta de que no estoy nervioso, ni tengo miedo por lo que pasará mañana. Siempre pensé que sería mucho más difícil. Tal vez es porque aún no me he hecho a la idea.

¿Quién me lo iba a decir? Apenas me he acostumbrado a la misma idea de la magia, apenas me ha dado tiempo a darme cuenta de las cosas que me importan
y ya han pasado siete años. Ya ha llegado el momento de decir adiós, y no creo estar preparado. Pero mañana ya será muy tarde; hay cosas que no pueden esperar.

Supongo que en la vida todo es así. Nunca sabes lo que pasará ni a dónde te llevarán tus pasos. Y si alguien me hubiera contado hace siete años que este iba a ser mi futuro, me habría reído
no lo habría creído. De hecho aún hay veces que no puedo creerlo. Y sin embargo tomé aquél tren, tan nervioso como nunca había estado en mi vida, sin saber a dónde me llevarían sus raíles ni qué me esperaría al llegar a la estación. Y cuando tras el horizonte se levantaron tus almenas, como gigantes vigías en la oscuridad de la noche, lo supe. Supe que había llegado a mi destino, y que no había lugar en el mundo que me hiciera sentir más seguro.

No puedo explicar lo que sentí cuando atravesé tus puertas por primera vez. Fue un torrente de emoción que nunca he vuelto a experimentar; fue como nacer de nuevo, como sentir toda la inmensidad y la insignificancia a la vez. Me recorrió un escalofrío que nunca he dejado de sentir desde entonces. No sabía a dónde dirigir la mirada; cada pequeña piedra, cada minúsculo detalle llamaba mi atención como si susurraran a mi oído palabras que no llegaba a comprender. Y me sentí feliz. Como nunca me había sentido antes.

Aún recuerdo con toda claridad aquella primera noche, rememorando en mi mente todo lo que había visto y deseando que a la mañana siguiente siguiera estando aquí, rogando por no despertarme de nuevo en aquel cuartucho debajo de las escaleras con los golpes de mis tíos en la puerta. Apenas pude dormir. Me senté aquí mismo en el alfeizar de esta ventana observando con detenimiento el vasto imperio que se cernía a mis pies: el lago reflejando la luz de la luna, franqueado por los altos riscos que dibujaban un muro a nuestro alrededor, y el inmenso bosque que se extendía, temible y oscuro, hasta donde llegaba mi vista. La misma imagen que ahora me acompaña por última vez.

¡Qué curioso! Recuerdo que tendría siete u ocho años cuando a hurtadillas entré en la habitación de mi primo para coger uno de esos libros que yacían amontonados en la estantería, cubiertos por el polvo. Era un libro de cuentos que me había llamado la atención unos meses antes en una pequeña tienda de Londres. Por supuesto, Dudley se apresuró a arrebatármelo de las manos y más que pedir, exigió a tía Petunia que se lo comprara. Creo que ni siquiera se molestó en leerlo.

Lo saqué en silencio de su cuarto y lo escondí entre las sábanas, para poder leerlo por la noche, cuando todos estuvieran dormidos. Tenía varias imágenes estampadas en sus páginas, y de entre ellas me llamó la atención un castillo silueteado en la penumbra, que se levantaba orgulloso entre peñascos. Para mí, que nunca había conocido más que las cuatro paredes que me rodeaban, me parecía un anhelo inalcanzable aquel castillo. Tal vez por eso no he dejado de sentir emoción ni un instante cada vez que volvía a este lugar, cada vez que tomaba aquel tren que en monótono vaivén conducía seguro por su vía hasta traerme de nuevo a estos parajes.

Y durante años vi pasar el otoño, dejando caer sus hojas doradas salpicadas por la lluvia, dibujando un mar de oro a tu alrededor. Vi llegar el invierno, cubriendo de manto blanco tu silueta y llorando lágrimas de cristal sobre ti. Escuché el susurro del viento meciéndose en tus ventanas, y el golpe de las gotas de agua en los cristales. Esperé a que la primavera coronara de flores tus patios y alrededores, colmándote de vida de nuevo. Y mientras todos ansiaban la llegada del verano, yo deseaba que nunca llegara, que siempre fuera invierno para no tener que separarme de ti y volver a un mundo que sólo me disgustaba.

Cuando el viejo tren me llevaba de vuelta con el calor de los primeros días de verano, me quedaba en la ventana observándote a lo lejos, hasta que tu silueta almenada se perdía en la inmensidad del cielo, y entonces susurraba volveré. Los veranos nunca fueron tan largos y aburridos hasta entonces, siempre contando los días que me quedaban para volver a tu lado. Pero cuando llegaba el uno de septiembre, todos mis anhelos se veían colmados al tomar de nuevo el expreso y sonreía para mí mismo pensando que al final del día, volvería a pasear por tus pasillos de bóveda antigua.

Nunca me planteé qué pasaría cuando llegara el momento del adiós. Era un pensamiento que apartaba de mi mente, no quería aceptarlo, aún cuando comenzó este año que sabía que sería el último.

Poco a poco has ido formando parte de mí, como un ángel siempre presente que me hacía sentir protegido. He recorrido tus pasillos y escaleras hasta que ningún rincón me ha quedado por descubrir. He pasado noches en vela hablando contigo y sintiéndote como una presencia junto a mí, una mano de apoyo que nunca me ha fallado. Incluso aquella noche en mi primer año aquí, estoy seguro de que guiaste mis pasos por el pasillo hasta llegar a aquella habitación donde encontré el espejo de Oesed y pude ver en él a mis padres.

Y cada día me reservabas una sorpresa: un callejón nuevo, una habitación que antes no existía
reconozco que cuando Fred y George me regalaron aquel viejo mapa me dio un vuelco el corazón. Allí dibujados estaban todos los rincones del castillo que idolatraba, como un mar de posibilidades ante mí. Cuántas veces habré usado aquel mapa, cuántas veces me habré levantado a hurtadillas en medio de la noche para recorrer tus caminos de piedra fría, cuántas me habré sentado en el alfeizar con una sonrisa hasta que el amanecer me bañaba con su luz.

Ahora me pregunto si alguien más ha llegado a sentir lo mismo que yo. Si ha habido alguien a quien envolvieras con tu manto invisible y sintiera tus manos rodeándole en un abrazo. Si acaso alguien más siente esta pena en el alma al tener que decirte adiós. Si alguna vez hubo alguien a quien le importaras tanto.

Un amigo me dijo una vez que los edificios oyen, sienten, ríen y lloran como nosotros, y que si te sientas en silencio y escuchas atentamente puedes oír sus susurros. Que se saben queridos u odiados y tienen voluntad propia. No sé si es cierto o no, aunque últimamente ya no dudo de nada. Pero si sé que yo te siento a mi alrededor, siento la vida en cada columna, escalinata o bloque de piedra. La siento en el musgo que cubren tus paredes y en las telarañas del techo. La siento en tu suelo helado y en tus muros. Y no me importa si es cierto o es sólo mi imaginación.

Sólo sé que durante siete años has sido fiel compañero. Aquí conocí a mis mejores amigos y también a mis peores enemigos. Pase ratos buenos, dulces y amargos. Cursé las más raras materias y observé los hechizos más impresionantes. Y hoy, mirando atrás en el tiempo, no cambiaría nada de lo que viví tras estas paredes. Lo bueno y lo malo, todo lo que ha ocurrido aquí ha sido imprescindible, no importa cuánto doliera o cuánto quisiera olvidarlo. Ahora todo forma parte de mí.

Por eso hoy, mientras todos duermen, quiero pasar las últimas horas contigo a solas, como hiciera tantas veces en el pasado. Quiero decirte cuánto has significado en mi vida y cuánto te añoraré. Quiero que sepas que cuando mañana el tren me aleje de ti, me quedaré mirando tu figura en la lejanía hasta que no quede nada del paisaje que te envuelve. Y cuando la última de tus almenas se dibuje en el cielo azul, esta vez no susurraré que volveré. Pero no te diré adiós, ni tan siquiera hasta luego. No se me dan bien las despedidas.

Sólo diré gracias. Gracias por estar ahí. Gracias por ser compañero y confidente, por los ratos buenos, por los ratos malos. Gracias por darme esperanza y por todo lo que has compartido conmigo.

Pues aunque ya nunca más pueda volver, aunque este sea en verdad el último día, yo te llevaré conmigo a donde quiera que vaya. Pasarán los meses y los años y nunca te olvidaré. Aunque seas sólo un recuerdo te sentiré vivo a mi alrededor y cada noche soñaré con despertarme entre cortinas rojas y ver en la ventana el paisaje que amablemente me has brindado hasta ahora.

Puede que mañana mis pasos me lleven lejos, a otros lugares y con otra gente. Puede que alguna vez encuentre un lugar que me haga sentir de nuevo seguro. O puede que me depare un destino triste y solitario, pero ya no me importa. Me enfrentaré a mi futuro de frente, sin darle jamás la espalda. Y no tendré miedo allá donde vaya, sabiendo que siempre habrá un lugar en este mundo que espera mi regreso. Porque para mí no serás una escuela de magia, ni un castillo despojado de la altivez de antaño que ahora se levanta solitario entre colinas. Para mí siempre serás un hogar. Mi hogar.

No es fácil decir adiós - Fanfics de Harry Potter

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Spoilers: primer y tercer libro.Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y pertenecientes a JK Rowling, Little Literacy Agenc

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2023-02-27

 

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