No tocarte - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Las partes en negrita corresponden a la letra de la canción de Radio Futura "No tocarte".




No tocarte y pasar todo el día junto a ti

Reíandespreocupados debajo de uno de los arcos que daban al patio interior delcolegio. Ella, Lily Evans, hermosa, alegre y llena de vida; él, Severus Snape,poco agraciado, reservado y con un corazón hecho de sombras.

Eranamigos, lo habían sido desde hacía varios años, y aunque durante el últimocurso las otras amistades de ambos parecían haberles distanciado bastante,todavía disfrutaban de vez en cuando de la mutua compañía.

-¿Ves,Sev? Cuando quieres también eres gracioso - dijo ella, aún riéndose por elúltimo comentario del chico.

 

Snapeenrojeció visiblemente, pero su buen humor se debilitó un tanto.

-"Cuandoquieres" supongo que significa "cuando no estás rodeado de tus amigotes" -puntualizó él.

Lasonrisa de la joven se borró de golpe, parecía súbitamente molesta.

-Puessí, eso ayuda mucho, la verdad.

Elchico se puso serio. No había querido molestarla, no había querido recordarlepor qué ya no pasaban tanto tiempo juntos, pero en los últimos tiempos parecíahacerlo todo mal. Alargó la mano para tocar su brazo, pero ella se apartó.

-Metengo que ir - dijo en tono cortante.

Sedio la vuelta y abandonó al muchacho compungido y cabizbajo.

Dame un poco de leche y de pastel de mamá

no comprendo tu cara de felicidad

Ahí estás. Tu cabello de un rojo furioso escomo una luz en plena oscuridad, imposible no verte.

Estás con ese chico, Snape. Mis dos mejoresalumnos. De un tiempo a esta parte os habéis distanciado, me he dado cuenta.Mejor. Antes ese muchacho te seguía a sol y a sombra, pero ahora me resultarámucho más fácil llegar hasta ti.

¿Qué es eso? ¿Os habéis vuelto a pelear?Caminas en mi dirección, ¡fabuloso! Es hora de abandonar esta columna que mesirve de escondite.

Avanzo hacia ti, tienes las mejillascoloradas. ¿Indignación o amor? Sea lo que sea, te hace aún más deliciosa, comoun pastelito de nata y fresas listo para ser devorado.

Llego a tu altura y hago que te detengas.

-Señorita Evans - aprovecho la proximidadpara examinar tu piel blanca como la leche, tus pecas desparramadas por tu carasin orden ni concierto, tu cabello agitándose con el viento de la tarde.

-Profesor Slughorn - tu voz me trae los ecosde las risas que antes te he visto regalarle a ese Snape.

-Quería felicitarla, señorita Evans. Sutrabajo sobre las múltiples aplicaciones de la poción noctalis es excelente.

Sonríes mostrando tu perfecta y deslumbrantedentadura mientras te echas un mechón de pelo tras la oreja.

-Oh. Gracias, profesor, procuro esforzarmeal máximo.

-Mmhhh
ya veo.

Me quedo embobado con esas esmeraldas quetienes por ojos quizá unos segundos de más, y tu sonrisa empieza a vacilar.

-¿Desea algo más, señor?

¿Desear? Oh, sí, deseo mucho más. Pero yatendrás tiempo de descubrirlo.

-No, eso es todo, Evans.

Asientes y pasas por mi lado dejándomeenvuelto en tu perfume. Ahora que te has ido veo allá al fondo a Snape, que nosha estado observando. Le sonrío y giro por el pasillo a mi izquierda. Serámejor que me ande con cuidado.

 

Atontado voy siguiendo tu rastro animal

y eso es algo que tú no deberías soportar

Clasede pociones. Como siempre, Evans y Snape habían acabado las suyas mucho antesque el resto de alumnos.

Slughornse fue acercando despacio a la joven, deteniéndose a examinar con fingidointerés cada caldero que se interponía entre él y su presa. Era un buencazador, conocía las mejores estrategias.

Echóun rápido vistazo al muchacho de cabellos grasientos: estaba entretenidoescribiendo algo en su libro de texto, esta era su oportunidad.

Saltándosetres calderos de golpe, se situó detrás de la pelirroja, tan cerca que sustúnicas se tocaban ligeramente.

-Déjemever - dijo en voz baja el profesor, sobresaltando a la joven, que intentó darsela vuelta, pero se dio cuenta de que había quedado encajonada entre el cuerpodel hombre y la mesa, y sólo pudo girar la cabeza hacia él, sintiéndoseincómoda por la proximidad de sus cuerpos.

-Profesor

Slughornestiró el brazo hacia delante, acercando más aún su torso contra la espalda dela chica, y recogió el cucharón que descansaba dentro del caldero.

Examinóel líquido que contenía el cucharón sin apartarse, mientras aspiraba el perfumede rosas que emanaba de su alumna.

-¿Profesor?- Su voz sonó un poco más apremiante, y Slughorn enarcó las cejas con inocencia.

-Oh,disculpe, señorita Evans - dijo, emitiendo una pequeña risita y apartándose unpaso de ella.

Lachica aprovechó para darse la vuelta inmediatamente, pero enseguida se diocuenta de que estar de cara a su profesor a tan corta distancia le seguía resultandoincómodo, y no supo cómo ponerse.

-¿Es-estábien la poción, señor?

-Perfectamente,señorita Evans. Perfectamente.

Volvióa estirar el brazo para dejar el cucharón en el caldero, rozando levemente elpecho de la joven con el suyo al hacerlo, y regresó a su mesa, desde donde sepuso a observarla disimuladamente mientras la chica se recogía el pelo en unacola de caballo.

No tocarte o quizás podría devorarte.

¿Crees que no me he dado cuenta de tuscoqueteos? ¿Crees que podría pasarlos por alto? ¿Crees que no veo cómo miras aSnape, a Potter, a Black, y a todos los que se te ponen por delante?

Sé cuál es tu juego, Lily Evans, y yo soy elúnico lo bastante hombre para jugarlo.

Te he estado vigilando, niña. Te he estadovigilando desde el primer día en que pusiste un pie en Hogwarts, llamando laatención sobre ti con esa luz que irradias a tu alrededor, como un halo. Te heestado vigilando y esperando, seguro de que tarde o temprano encontraría elmomento. Pero siempre andabas acompañada de ese infeliz amigo tuyo.

Por cinco años he aguardado mi oportunidadpacientemente, y por fin veo acercarse el momento de cobrar mi recompensa.

Yo no sé lo que esperas de mí.

Unmes después, a media tarde, Lily caminaba furiosa por los pasillos del colegio,sin acabar de creerse lo que acababa de ocurrir en los jardines, cuando depronto el profesor Slughorn le salió al paso tan de repente, que casi acaba ensus brazos.

 

Sihubiera estado más calmada, le hubiera parecido extraño que de un tiempo a estaparte siempre se lo estuviera tropezando por todos lados, pero estaba demasiadoofuscada para reparar en ese detalle.

-SeñoritaEvans, precisamente la estaba buscando - dijo el profesor en tono dicharachero.

-Ah,¿sí? - A la chica se la notaba molesta porque quería seguir su camino y elprofesor parecía tener la clara intención de seguir hablando con ella.

-Sí,había una cosa que quería comentarle.

-Bueno,yo

-Supongoque ya sabrá - la interrumpió el hombre - que yo tengo buenos contactos entodas partes. Tengo amigos muy influyentes, y

-Profesor

-¿Sí?

-Disculpe,señor, ¿le importaría comentármelo más tarde? Es que

Slughornemitió una risilla de desconcierto.

-¿Mástarde? Señorita Evans, parece usted nerviosa, ¿está huyendo de alguien?

-¿Huyendo?No, en absoluto, señor, es sólo que

-¡Lily!

Ungrito angustiado precedió la rápida aparición en el pasillo de Severus Snape,quien mostraba todos los signos de haberse pegado una gran carrera.

Cuandoel joven vio al profesor, sin embargo, se detuvo de golpe. Lily se cruzó de brazosy puso cara de enojo.

-¿Sepuede saber qué hace corriendo por los pasillos, señor Snape? - Dijo Slughorncon voz gélida.

-Yono
yo
- las pálidas mejillas del chico se tiñeron de un suave rubor - Lily

Laaludida se giró con decisión para enfrentar al chico.

-Déjalo,Sev. No quiero hablar contigo.

-Lily,yo no quería decir eso

-Perolo has dicho.

-Lily

-SeñorSnape - intervino Slughorn -, la señorita Evans y yo estábamos manteniendo unacharla, me parece de muy mala edu...

-Dehecho, profesor - le interrumpió ella -, si me disculpa, tengo que irme yamismo, está a punto de empezar el examen de Transformaciones.

Elhombre se mostró contrariado.

-Oh,bueno. Está bien, váyase. Pero me gustaría que viniera a mi despacho cuandohaya acabado el último examen de la tarde para acabar de comentarle

-Loharé - dijo la chica, y se alejó con paso apresurado.

Snapela siguió, haciendo verdaderos esfuerzos para no echar a correr detrás de ella,y llamándola en voz baja.

Slughornles vio marchar con una sonrisa feroz en los labios.

No, no, no, no... No tocarte

Lilyno quiso escuchar sus explicaciones y entró en el aula de Transformaciones dejándoleplantado frente a la puerta. La había fastidiado. La había fastidiado del todo.

Nosólo había sufrido la enésima humillación de Potter y su cuadrilla, sino quehabía perdido para siempre el aprecio de la única persona que le habíaimportado de verdad.

Depronto oyó ruido al pie de las escaleras, detrás de él, y se giró rápidamente,seguro de que era Potter que le había seguido hasta allí, no satisfecho todavíacon haberle ridiculizado con su propio hechizo delante de todo el mundo.

-Sectumsempra- gritó, con el odio rezumando en su voz.

Perolo que vio al girarse le dejó helado en el sitio. No había sido Potter, sino Scrooge,el gato de Filch, quien había hecho ese ruido. La maldición, que hubiera sidoreversible en un humano con el contrahechizo adecuado, resultó fatal para unanimal tan pequeño, que quedó partido directamente en dos mitades. Un charco desangre fue extendiéndose por las baldosas mientras Snape pensaba con rapidezqué debía hacer. Si alguien se enteraba de lo que había pasado, le expulsaríandel colegio, eso seguro.

 

Depronto, se le ocurrió una idea que podía serle de utilidad en más de unsentido. Hizo aparecer un saco de arpillera, guardó el seccionado cuerpo delgato en él y conjuró un hechizo para que no siguiera sangrando, pero no limpióla mancha del suelo, sino que se dirigió al despacho de Filch, guardándose elsaco debajo de la túnica y reduciendo su tamaño para que no se notara el bulto.

Talcomo el joven esperaba, el conserje montó en cólera cuando le explicó que habíavisto a Potter siguiendo a su gato por los pasillos y que le había dado muymala espina. Siguió los pasos del hombre hasta que este cayó de rodillas anteel charco de sangre, gimoteando lastimeramente por el animal desaparecido. Sedirigió junto a él al despacho del director, dónde le explicó a Dumbledore lamisma historia mientras decidía que tenía que deshacerse del cadáver del animaly hacer que no lo encontrasen jamás, porque un simple vistazo sería pruebasuficiente de que Potter no podría haberlo hecho: ese inútil y arroganteestúpido no tenía tantos conocimientos como para lanzar una maldición como aquella.

Tan segura pareces y yo me pregunto:

¿Por qué? ¿Cuál es el precio que marca tupiel?.

Sé lo que tengo que hacer. Sé cómo puedoconvencerte. Sé todo lo que necesito. Lo sé.

-Señorita Evans, como le estaba diciendoesta tarde antes de que el señor Snape nos interrumpiera tan bruscamente, yosoy un hombre con buenos contactos. Un buen amigo y exalumno mío dirige unaprestigiosa revista de cientifimagia, quizá haya oído hablar de ella, se llama"Magia y vida"

Niegas con tu hermosa cabeza, haciendo quetu pelo baile una danza de fuego llena de chispas ardientes.

-¿No? Pues verá, es una de las publicacionesmás importantes en su campo. El caso es que este amigo mío me ha pedido queescriba un artículo sobre la poción noctalis y, teniendo en cuenta el excelentetrabajo que hizo usted sobre esta poción precisamente, quería ofrecerle laoportunidad de trabajar conmigo en este artículo.

Te muestras sorprendida y halagada. No espara menos, te estoy ofreciendo una oportunidad única y lo sabes.

-Oh
profesor, yo
claro, estaré encantadade participar en él, es
me halaga.

Te has ruborizado. ¡Por las barbas deMerlín! Estás tan deliciosa con las mejillas coloradas que podría comerte aquímismo, como si fueras una manzana caramelizada. Todavía no, Horace, todavía no

-Bien, bien. Ya que está de acuerdo entrabajar conmigo en esto, dígame: ¿cuál es el principal ingrediente de lapoción noctalis?

-El hongo mileur, señor.

-Muy bien. ¿Y dónde se puede encontrar esehongo, señorita Evans?

-Sólo crece en la sabana africana, profesor.

-Excelente, excelente
- sonrío y te miro alos ojos, estás a punto de caer en mi trampa - y ¿qué me diría si le contaraque también puede encontrarse mucho más cerca de lo que usted cree?

Tu expresión de interesado desconcierto tedelata.

 

-¿Más cerca, señor?

-Concretamente en el Bosque Prohibido.

Sueltas una pequeña exclamación deincredulidad.

-No puede ser
¿hay hongos mileur en elBosque Prohibido?

Mi sonrisa se ensancha, estás atrapada ytodavía no lo sabes.

-Efectivamente. Esto es algo que muy pocosconocen. Los hongos mileur son muy difíciles de encontrar, por eso la pociónnoctalis es sumamente rara y no hemos podido practicarla en clase, sólo hemospodido dar la teoría de su elaboración. Pero hay un lugar, cerca del centro delBosque Prohibido, donde una vez al año, precisamente en la fecha en la queestamos, buscando bien se podrían descubrir esos hongos. Había pensado ir estanoche a buscarlos, ya que, como sabe, sólo son visibles en la oscuridad debidoa su fosforescencia, resultando completamente invisibles durante el día. Sipudiera conseguir dos o tres ejemplares de ese hongo, podríamos elaborar esapoción en la práctica.

Abres tus ojos en su máxima capacidad. Tantoverde me abruma.

-¿Qué me dice, entonces? ¿Se apunta a unaexcursión nocturna?

Sé que estás pensando en cuerdas y cuchillos

Ha sido tan fácil que me dan ganas deecharme a reír. Nos adentramos en el bosque y tú caminas a mi lado, atemorizadade todo lo que ves, y sobre todo, de lo que no ves pero intuyes detrás de cadaarbusto y de cada tronco de árbol. Asustada también me gustas, casi puedo olertu miedo. Es una fragancia extremadamente afrodisíaca que estimula mis sentidosy agudiza mi apetito sexual.

Me relamo con sólo pensar en lo que meespera esta noche. Lo que te espera a ti esta noche. Y ni siquiera se te hapasado por la cabeza. Eres hermosa, pero estúpida, niña.

Ve despacio, el bosque se llena dehumo

-Aquíestará bien - susurró a la noche, bajo el cielo sin luna.

Sacóel saco de arpillera de debajo de su túnica con la intención de arrojar alsuelo los restos del gato. Estaba seguro de que algún animal lo devoraría antesdel amanecer, y su problema se resolvería solo limpiamente.

Antesde vaciar el saco, sin embargo, sus dedos se crisparon sobre él, mientrasrecordaba lo ocurrido en el despacho del director.

-Claroque creo lo que dice, señor Snape - había dicho Dumbledore -, pero ha hecho unaacusación muy grave, y no podemos condenar el futuro del señor Potter sin teneruna prueba contundente de su culpabilidad.

Unaprueba contundente de su culpabilidad. Su testimonio no servía de nada,obviamente. Tampoco es que hubiera esperado lo contrario, por supuesto, eseviejo chocho nunca creía nada de lo que decía, siempre favoreciendo a esosmalditos Merodeadores, siempre encubriendo sus bromas, siempre tapando susfaltas. Todo sobre la hepatitis

Sequedó mirando el saco, pensativo. Quizá podría hechizar el gato de algunamanera para que no se descubriera qué maldición se había lanzado contra él, deese modo quizá podrían creerse que había sido Potter quien le había matado. Conel cadáver como prueba, dudaba de que Dumbledore pudiera seguir negando laevidencia.

Estabasumido en estas consideraciones cuando escuchó un ruido en algún lugar cercano.Se agachó y se acercó sigilosamente al sitio de donde procedía.

Súbete a un árbol, rompe tus medias,

 

llora en un rincón

-Me gustas así, asustada, mirándome con esosojos de esmeralda algo empañados por el terror - digo a un palmo de tu rostro -.No te preocupes, niña, lo vas a disfrutar. Sé que también te gustará, lo hevisto. Has estado pidiéndolo desde hace tiempo, no puedes negarlo. Tu rostroangelical no me engaña - no respondes porque no puedes, si lo hicieras mesuplicarías que empezase de una vez y que te follase sin parar durante toda lanoche, lo sé.

Unas lágrimas caen de las comisuras de tusojos mientras mis manos pellizcan la suave piel de la parte interna de tusmuslos; las recojo con mi lengua, el sabor salado deja un agradable regusto enmi paladar.

Qué bruja más descuidada eres, niña, dejartecazar así. ¿O te has dejado cazar adrede? Si levanto el hechizo que teinmoviliza
¿escaparás, o te someterás a mi voluntad?

Sonrío. Mejor no arriesgarse, ¿no? Mejordisfrutar del momento tal y como se presenta, en vez de tentar a la veleidosasuerte. Al fin y al cabo tenerte aquí tumbada en la hierba, sin poderte mover,sin poder gritar, sabiéndote mía para hacer contigo todo lo que se me ocurra
eso también hace que me excite más, me hace desearte más.

Me aparto un poco para contemplarte bien. Tutúnica está subida hasta la cintura, dejando a la vista los blancos y largoscalcetines de niña buena y tus braguitas blancas de algodón. ¿Te las hacomprado tu mamá?

Acaricio tus piernas, son suaves y firmes,tan deseables
hace apenas dos días debías tenerlas llenas de costras porcaerte del columpio. Eres casi casi una niña, casi casi una mujer, pero no eresninguna de las dos. ¿Qué eres, Lily? Quiero descubrir tu misterio.

Subo un poco más tu túnica y descubro tuombligo, coronando ese vientre plano y cálido, me acerco para lamerlo, eres tansabrosa, niña

-¡ALTO! ¿Qué diablos
?

Ese hombre que mide su tierra

con arma de fuego ¿Quién es?

¿Ese tipo que ve tu pecado

en el punto de mira quién es?, ¿quién es?

Snapecontemplaba estupefacto la escena ante sí. Temblaba de indignación y de ira, yapuntaba con su varita al pecho del profesor con mano temblorosa.

Tumbadajunto al tronco de un árbol estaba Lily. Su Lily. Tenía la túnica levantadacasi hasta el pecho y parecía ser víctima de un hechizo inmovilizador.

Encimade ella, inclinado sobre su cuerpo, había visto a Horace Slughorn, con una manoentre sus muslos y lamiéndole el ombligo.

Alescuchar su voz, el profesor de pociones dio un respingo y se giró hacia él conlos ojos como platos.

-SeñorSnape - dijo, con voz fingidamente afable -, menos mal que está usted aquí.Acabo de encontrarme con

-Apártesede ella - la voz del chico era un susurro peligroso.

-Creoque se ha producido un malentendido - el profesor sonreía, pero su mano derechapermanecía oculta a la vista del chico -, yo sólo quería ayudarla, la he

-Levantedespacio su mano derecha - dijo el chico - hasta donde pueda verla.

-Oh,vamos - protestó el hombre, como si considerase ridículos sus recelos -, señorSnape. Soy su profesor

-Lehe dicho que levante la mano. Despacio.

 

Slughornapretó los dientes y soltó la varita que tenía sujeta para levantar la mano.

-Ahorapóngase en pie y apártese de ella.

Mientrasobedecía, Slughorn empezó a preocuparse, y trató de negociar con el chico.

-Venga,Severus
- Snape, que había desviado su mirada hacia Lily, volvió a mirar alhombre al oírle llamarle por su nombre de pila - podemos mostrarnos razonablescon todo esto, ¿verdad? Creo que en realidad es una cosa buena que nos hayasdescubierto, así ambos podemos sacar provecho de la situación.

Eljoven entrecerró los ojos, sin entender qué se proponía el profesor.

-Hevisto cómo la miras - continuó -, y sé que la deseas - Snape miró a Lilyhorrorizado, la muchacha estaba llorando, pero como no podía moverse, no logró averiguarla expresión que hubiera puesto de haber podido ante esta revelación sobre sussentimientos hacia ella -, pero ella se cree demasiado buena para ti, ¿no eseso?

Snapeno apartaba la vista de los ojos de la chica, que le tenían hipnotizado con elincesante fluir de las lágrimas.

-Perono es así, te lo aseguro. Ella no es demasiado buena para nadie, y menos aúnpara ti. Eres un mago brillante. Uno de los más brillantes a los que he tenidoel placer de enseñar. Y ella
bueno, ella también lo es, por supuesto, pero nopor eso tiene derecho a despreciarte como lo hace, ni mucho menos.

Elchico no hablaba, sólo estaba ahí, completamente inmóvil, como si él mismotambién fuera víctima de un hechizo paralizante.

-Yahora la tienes aquí, a tu disposición, indefensa, ahora no puedemenospreciarte, ni mirarte por encima del hombro, como hace siempre. Ahorapuede ser tuya, tal como siempre habías deseado.

Elhombre se quedó callado, dando tiempo para que el chico asimilase sus palabras.

No voy a tocarte, prefiero no mirarte.

Snape se acercóal cuerpo de Lily, dejó caer el saco que sujetaba con su mano izquierda, y searrodilló al lado de la muchacha.

-Lily
- susurró,todavía sumergido en la inmensidad de sus ojos.

Cerró los suyosun segundo, y cuando los abrió, bajó la túnica de la muchacha hasta sustobillos con extrema delicadeza.

Slughorn apretólas mandíbulas, dándose cuenta de que su intento había fracasado, pero entoncesreparó en un pequeño bulto al lado del joven arrodillado.

Justo cuandoSnape estaba a punto de deshacer los hechizos que aprisionaban a Lily, Slughorndijo, elevando la voz:

-¿Eso que tienesahí es el gato de Filch? - El saco, al caer, había quedado medio abierto, y elcadáver del gato quedaba a la vista.

El chico sesobresaltó, trató de ocultar con la mano el cuerpo partido en dos del animal yse puso en guardia.

Una sonrisaconfiada se instaló en los labios del hombre.

-Vaya, vaya,señor Snape. Menudo revuelo se ha montado esta tarde en el colegio por culpa deese gato
Filch y Dumbledore han puesto el castillo patas arriba buscándolo,¿sabe? Se les veía muy enfadados
es curioso, todo el mundo parecía tener laimpresión de que quién lo había secuestrado había sido el señor Potter, no sépor qué, pero resulta evidente que no ha sido así.

Snape frunciólos labios, pero no dijo nada.

-Lo que ha hechoes muy grave, señor Snape. Podría ser incluso motivo de expulsión. Sería unalástima, alguien con un futuro tan prometedor como el suyo, viendo frustradostodos sus planes por una desafortunada expulsión

 

La mano deljoven se tensó alrededor de su varita.

-¿Qué quiere? -Dijo en un susurro cargado de odio.

La sonrisa deSlughorn se ensanchó.

-No tepreocupes, chico, no pido demasiado - los tuteos intermitentes de Slughorncrispaban los nervios de Snape -. Sólo que nos olvidemos de todo este feoasunto, nada más. Ya ves que soy un hombre razonable.

El joven respiróprofundamente, se puso en pie, y se acercó despacio al profesor.

-No se acercaráa ella más de lo estrictamente necesario y sólo cuando nos esté dando clase -dijo -, y tampoco se le aproximará fuera del aula de pociones. No le hablarápara nada que no tenga que ver con la asignatura que imparte, y nunca, jamás,volverá a intentar algo parecido a esto con ella, ¿queda claro?

-Por supuesto -contestó Slughorn, tratando de sonar despreocupado.

-Y sobre el gato- prosiguió Snape, lanzando una fugaz mirada al animal -, usted no sabe nada.

-¿Qué gato? -Preguntó el hombre, con una sonrisa jovial.

-Ahora lárguese.

-Sí, claro, sólotengo que recoger mi varita y

-¡Lárguese ya! -Gritó el chico.

-Está bien, estábien - accedió el otro, y, lanzando una última mirada a la joven dijo -. ¿Ellano
?

-¡Fuerade aquí!

-Yame voy, ya me voy. ¡Qué genio! - El profesor empezó a marcharse sin dejar demurmurar por lo bajo - Haría usted bien en controlar ese mal humor, señorSnape

Elmuchacho se acercó a la chica de nuevo y se volvió a arrodillar a su lado. Leacarició con ternura la mejilla y susurró:

-Losiento mucho. De verdad.

Lelanzó un desmaius y un obliviate, y empezó a llorar quedamente, aferrando a lajoven entre sus brazos. Si ella supiera que la había salvado, si pudierarecordarlo, quizá podría perdonarle, quizá podría recuperarla
pero eso no eraposible, no cuando había matado al gato de Filch, porque nadie creería quehabía sido un accidente, y menos después de tratar de inculpar a Potter en elasunto. La había salvado, pero ella no lo sabría nunca, porque no podíapermitir que le echasen del colegio, y por eso había tenido que llegar a unacuerdo con aquel monstruo para que nadie descubriese su terrible equivocación.

Madrugada, volviendo hacia el pueblo

se enciende la fábrica que mueve mi cuerpo

Cuandologró calmarse un poco, volvió a dejar a Lily tumbada en la hierba; dejó losrestos del gato bajo un árbol, tapados por unas ramas, seguro de que por lamañana ya no estarían allí; recogió la varita de Slughorn, se la guardó en elbolsillo y tomó en brazos a Lily para llevarla de vuelta al castillo.

Entróen la enfermería y le dijo a la señora Pomfrey que la había encontradodesmayada en los jardines. La enfermera le pidió que la depositara en unacamilla y así lo hizo. Echó un último y triste vistazo a la chica, y se dirigióa la habitación de Slughorn.

Llamóa la puerta y le abrió un temeroso profesor que miró a ambos lados del pasilloantes de abrir la puerta del todo.

-¿Vienessolo? - Dijo.

Eraevidente que, a pesar del acuerdo al que habían llegado, temía que el chico selo hubiera pensado mejor y le hubiese delatado ante el director.

 

-Vengoa devolverle esto - contestó el chico, sacándose la varita del hombre delbolsillo.

Slughornla recogió y asintió levemente con la cabeza.

-Sivuelve a tocarla una sola vez, le mataré - dijo Snape.

Y,observando con atención la oscuridad de sus ojos, el profesor supo que hablabaen serio. Que ese muchacho de rostro sombrío era muy capaz de eso y de más.Volvió a asentir mientras un escalofrío le subía por la espalda.

Semidieron el uno al otro con la mirada durante unos segundos. "Sé lo que eres",decía la de Snape. "Yo también sé lo que eres tú", le desafiaba la de Slughorn.

No, no, no, no... No tocarte

LilyEvans no recordaba qué había ocurrido la noche anterior. Sólo sabía que habíadespertado en la enfermería, y que la señora Pomfrey, tras hacerle una exhaustivarevisión, había asegurado que se encontraba perfectamente.

Lahabían informado de que quien la había encontrado había sido Snape, así que, apesar de que le había dicho que no quería volver a hablar con él, fue abuscarle para que le explicara lo ocurrido. Pero él le aseguró que sólo lahabía encontrado por casualidad desmayada en la hierba del jardín, y que nohabía logrado despertarla, por eso la llevó a la enfermería.

Lilysospechaba que ocultaba algo por la manera en que los ojos del chico rehuíanlos suyos, pero no consiguió arrancarle ni una palabra más, y decidió que esoera otra prueba de que había acertado en su decisión de alejarse de él.

Mientrasse alejaba pasillo abajo con paso firme, Snape la seguía con la mirada,consciente de que era muy probable que esa fuese la última vez que la chicahablase con él.

Soy un gran obrero, soy un minero,

llevo un hermoso sombrero

soy un viajero en la vía del tren.

Slughorncontinuó con su vida como si nada hubiera sucedido. De vez en cuando, le lanzabaa Snape una mirada de complicidad que el joven le devolvía cargada de odio.

Procurómantener las distancias con Lily Evans. Si alguna vez la chica se cruzaba conél por el pasillo solía esquivarla, porque en más de una ocasión, cuando lahabía saludado al pasar, había acabado tropezando con los ojos del chico, queparecía acecharle incansablemente.

No tocarte, no tocarte, no tocarte

Elgato de Filch desapareció y nunca más se supo de él. Dumbledore, para disgustode Snape, decidió que sin cuerpo, no había delito, y que no había pruebassuficientes para acusar a James Potter de algo tan grave y que podía valerle laexpulsión del colegio.

Demodo que después de una semana buscando al animal por todo el colegio, eldirector dio el asunto por zanjado y le regaló al conserje una gatita de pocomás de tres meses a la que Filch llamó señora Norris.

No tocarte o quizás podría devorarte.

Pottery sus amigos siguieron haciéndole la vida imposible a Snape, Lily no volvió adirigirle la palabra, y Slughorn parecía tremendamente satisfecho de tener unsecreto en común con el muchacho, como si les uniera una especie de "amistad".

ASnape, ese brillo en los ojos del hombre cada vez que le miraba le revolvía elestómago. No estaba bien que hubiera seguido adelante como si tal cosa despuésde lo que le había hecho a Lily, y de lo que le hubiera hecho si él no lehubiera interrumpido a tiempo. Por eso, cuando llegó el día de su graduación,el chico se volvió a dirigir a la habitación del hombre.

-Severus
señor Snape - dijo Slughorn en tono alegre -, adelante muchacho, adelante

-Novoy a pasar, sólo he venido a decirle una cosa.

Elprofesor frunció el ceño levemente, pero no perdió la sonrisa.

-Dime,muchacho, ¿qué te trae por aquí?

-Supongoque sabe quienes son mis amigos.

Noera ningún secreto que el círculo de Snape estaba compuesto casi exclusivamentepor mortífagos, y todos daban por seguro que se haría la marca en cuantoacabase el colegio. Slughorn titubeó.

-Eh
sí, creo que es un secreto a voces - su sonrisa tembló ligeramente.

-Bien,teniendo en cuenta esto, quiero que escuche atentamente lo que le voy a decir:acabo de graduarme y el año que viene yo no estaré aquí para vigilarle, pero nopuedo permitir que usted siga rondando por el colegio con tantas jóvenes inocentesa su alcance, de modo que quiero que le entregue su carta de dimisión aldirector.

-¿Qué?¿Pero qué locura es esa, muchacho?

Snapesacó la varita sin contemplaciones y clavó la punta en la papada del hombre.

-Quieroque se despida hoy mismo. Utilice la excusa que mejor le convenga, pero debedejar la docencia inmediatamente. Si no lo hace, mis amigos y yo tendremos quevenir a visitarle para intentar mostrarme más
convincente. ¿Me explico?

Elhombre tragó saliva y asintió nerviosamente con la cabeza.

Snapeguardó la varita en su bolsillo y se alejó de allí sin despedirse. Cuando cruzóla verja del colegio quizá pensaba que no volvería a pisar ese castillo nuncamás, pero lo cierto es que pocos años después tendría que regresar, y lo haríapara ocupar precisamente el mismo puesto que Horace Slughorn estaba a punto deabandonar.

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2023-02-27

 

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