Ojos fríos como el hielo - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Unhombre rubio estaba sentado en su despacho de su mansión mientras leía unosinformes del ministerio. Hacía un par de años que había acabado sus estudiosmágicos, en la prestigiosa escuela de magia y hechicería llamada Hogwarts, o almenos, eso es lo que decía la gente. Pero a pesar del tiempo, no había perdidosu magnífica figura no su porte elegante.

A pesarde haber estado en el bando equivocado durante la guerra y de haber sido unpuro imbécil toda su vida, había conseguido el mejor trofeo de todos. Durantesu último año, había sido nombrado premio anual junto con su némesis HermioneGranger. Pero ya se sabe
del odio al amor hay sólo un paso.

Sólo lellevó apenas unos meses enamorar a su manera a la dulce castaña que ahora teníapor esposa.

 

Estabasumido en sus pensamientos y labores del ministerio, hasta que el llanto de un bebéllamó su atención. Decidió seguir con lo suyo dejando que la castaña acudieraal llamado de su hijo que acababa de despertar, pero claro está que no lo hizopuesto que la criatura continuaba con su llanto.

-Malditasea.- dijo el rubio dejando todos sus pergaminos en la mesa y encaminándose ala habitación de su hijo. Al llegar, sólo había el pequeño elfo que quedaba acargo del niño cuando sus padres salían.- ¿Qué demonios ocurre?

-AmoMalfoy.- se asustó el elfo.- La señora ha salido

-Estábien
puedes retirarte.- le contestó al elfo para que unos segundos después, lapequeña criatura se desapareciera rumbo a las cocinas donde solía estar.

Lentamentese acercó a la cuna. Ésta junto con toda la habitación, estaban con ladecoración digna de un Malfoy, al menos esa era la excusa que le ponía a sumujer siempre que hablaban del tema, eso significaba que los colores verde yplata predominaban en ella. Se fijó en el bebé que descansaba en la cuna. Nadieen el mundo mágico ni en el muggle dudaría de su paternidad. El pequeño era unacopia exacta a él. Eso era lo que le había dicho su madre la primera vez queposó su vista en él, en San Mungo.

-Hyperion
basta.- dijo el rubio para cesar los llantos de su hijo y al parecer funcionó.Se quedó observando sus ojos durante unos instantes. Esos ojos eran exactamenteigual a los suyos, parecía ser fríos como el hielo mismo pero en realidad,desprendían la misma mirada cálida que los de su esposa.- Recuerda hijo
unMalfoy jamás debe llorar.

Poco apoco se fue separando de la cuna sin quitar los ojos de esa pequeña copia suya.Pero cuando por fin se decidió por salir de la habitación para retomar sufaena, los llantos de su pequeño hijo volvieron a hacer acto de presencia.

-Hyperion.-volvió a llamarla atención del niño, pero éste seguía llorando.- ScorpiusHyperion Malfoy Granger
ya basta.

Nada.Con forme pasaban los minutos el llanto del pequeño niño continuaban,exasperando cada vez más a su padre.

-¿Cómo diablospuede llorar sin derramar lágrimas?- murmuraba el rubio mientras se paseaba portoda la habitación sin saber qué hacer. Definitivamente su mujer había salidoen el momento menos oportuno.

Poco apoco se volvió hacia donde provenían los estrepitosos llantos y se decidió portomar a su hijo en brazos. Aunque no lo tomaba en brazos tantas veces como lacastaña, no se sorprendió que el pequeño le fuera tan ligero como una pluma.Tan pronto como el pequeño sintió que cambiaba de lugar, fu cesando poco a pocosu llanto.

 

Elrubio mayor sonrío triunfalmente al ver que su hijo se había calmado, así quese dirigió con él hacia unos de los sillones, que había en la amplia habitación,en los que la castaña amamantaba al niño todos los días.

Elpequeño tenía los ojos fijos en su padre y su padre tenía los ojos fijos en elpequeño. Internamente se preguntó si Lucius habría estado pendiente de él a esaedad, que como él lo estaba ahora con su hijo. Desechó rápidamente la idea alrecordar que su padre nunca había demostrado el más mínimo comportamiento afectivohacia él.

El niñose removió un poco en los brazos de su padre y éste instintivamente lo acunócomo pudo. Ahora mismo se arrepentía de no haber prestado más atención de loscuidados que un bebé necesitaba. Nunca le habían gustado los niños y tampocohabía pensado en tenerlos. Le parecían criaturas ruidosas que necesitabandepender de alguien para poder sobrevivir. Pero todo eso cambió cuando vio a suhijo por primera vez, aunque manteniendo el pensamiento de criaturas ruidosas.

Sonrió.Si hace años alguien le hubiera dicho que acabaría casado con Hermione y Grangery teniendo un hijo con ella, lo habrían mandado directo a Azkabán por cometerun homicidio. Blog sobre salud

Observóal niño mover sus pequeñas manitas sin dejar de mirar a su padre. Tenía su mismocolor pelo y sus mismos ojos grises. Lo único que tenía de parecido con laleona, eran sus pequeños e indomables rizos que asomaban por su pequeñacabecita.

-Odiarása tu madre por eso.- mencionó el rubio mientras le venían a la cabeza escenasde su querida esposa diciendo como odiaba su indomable cabello, pero que a élle encantaba.- Definitivamente los genes Malfoy ganaron a los de tu madre.

El niñoseguía mirándolo como si entendiese lo que su padre le decía.

-Tu madretiene razón en algo. No paso demasiado tiempo con tigo.- musitó el rubio sinperder la atención de su hijo.- No sé cómo ser un buen padre para ti Hyperion
tu abuelo nunca fue un modelo a seguir. No tienes ni idea del grito que daríasi supiese que tú existes.- el niño poco a poco fue bostezando, gesto que nopasó desapercibido para su padre, quién se agachó un poco para depositar unbeso en su frente.- ¿Sabes? Nunca estuvo en mi mente tenerte. Pero cuando tu madreme dijo que estaba embarazada de ti
fui el hombre más feliz del mundo.- acabórecordando los momentos en que él y su adorada castaña tenían sexo y su únicoobjetivo que tenía en esos momentos era hacerla disfrutar como nadie más lohabía hecho.

-¿Lodices en serio?- preguntó una voz conocida a sus espaldas.

Algirarse, vio a su mujer recostada en la puerta de la habitación. Ésta llevabauno de los tantos vestido que él le había obsequiado y que quedaba perfectosiempre que ella sonriera de la misma manera que lo hacía en ese momento ademásde ajustarse perfectamente a cada una de sus envidiables curvas. Lentamente fueavanzando hacia ellos sin perder la compostura y tomó al niño de los brazos desu padre. La maternidad le sentaba con un anillo en todos los sentidos.

-¿Cuántollevas escuchando?- preguntó el rubio acercándose a ella y a su hijo.

-Losuficiente para escucharte.- dijo ella en el momento en el que se fundía en unapasionado beso con su marido, hasta que los llantos de su hijo interrumpieronel momento.- Tiene hambre.

-Teespero en el dormitorio.- murmuró con voz ronca, no sin antes dirigirle unalujuriosa mirada a la castaña mientras ésta empezaba a alimentar a su hijo.

Se fuedirecto al dormitorio matrimonial. Allí donde habían concebido al precioso niñoque se encontraba a unas pocas habitaciones de distancia junto con su madre, yen la misma en la que ahora le pediría las explicaciones de donde había estadoy por qué había dejado sólo a su hijo.

Suponiendo que su mujer tardaría bastante en dar de comer al niño, decidió darse un baño y esperarla en la cama hasta que ella llegase. Poco después la castaña hacía acto de presencia para hacer lo mismo que su marido.

Al rubio se le salían los ojos de sus cuencas viendo como le sentaba a la castaña uno de sus camisones de dormir, mientras que ella seguía sonrojándose siempre que lo veía sin camiseta.

-¿Me dirás dónde habías ido?- preguntó él una vez que ella llegó a su lado.

-Verás yo... estaba con Ginny.

-¿Qué hacías con la mini comadreja?

-No la llames así.- reprimió ella y se fue acercando a él poco a poco.- Hace unos días me sentía mal y...

-¿Por qué no me lo habías dicho? Podría haber sido yo quien te acompañara además de...

-¿Quieres dejar de hablar y escucharme?- interrumpió ella jugando con sus dedos y suspiró. Al parecer estaba nerviosa.- ¿Recuerdas que Scorpius no fue planeado y que después de él no hablamos de tener más hijos?

-Sabes perfectamente que Scorpius es el mejor regalo que me has hecho.- contestó el rubio sin entender lo que la castaña trataba de decirle.- ¿Qué intentas decirme Hermione?

-Lo que intento decir es...- la castaña hizo una pausa y cogió una de las manos de su marido para posarla en su aún plano vientre.- Que dentro de poco Scorpius tendrá un hermanito con quien jugar.

-¿Estás... estás...?

-Sí Draco... estoy embarazada.- contestó la castaña ante la sonrisa idiota de su marido.- Y esta vez, seré yo quien elija el nombre de nuestro hijo.

-Eso es discutible Granger.- dijo el rubio quedando encima de su mujer. Esa noche lo celebrarían de la misma manera en que lo celebraron cuando el embarazo de su primogénito.- ¿Te he dicho que te amo?

-No.- contestó risueña la castaña mientras reía.- Pero podrías recordármelo.

El rubio no pudo evitar reír antes las ocurrencias de su mujer, pero dado que le acababa de dar la noticia de que volvería a ser padre, no pudo evitar complacerla como otras tantas veces.

-Te amo.

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2023-02-27

 

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