Otra vez - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

Levanté la cabeza y te observé. Otravez.

Tú mirabas atenta al profesor, y tusojos castaños relucían por la concentración mientras grababas algunos apuntesapresurados en un pergamino.

Dejé que mi mirada resbalara lentamentepor tu suave perfil. Tú chasqueaste la lengua sin reparar en el estudio al quete estaba sometiendo, y te apartaste de la frente un mechón de pelo rizado queentorpecía tu visión. Al presenciar ese gesto tan sencillo, sentí unincomprensible cosquilleo acariciando la boca de mi estómago.

¿Por qué demonios no lograba apartar mimirada de ti? ¿Qué podías tener tú que me interesase?

Llevaba ya días desquiciándome al nohallar respuestas a estas preguntas, y me pasaba las clases observándote,recorriendo tu rostro y tu cuerpo casi con desesperación; trataba deconvencerme a mí mismo de que lo que buscaba era algún defecto que medesagradase, pero lo cierto es que eso tan solo era una simple excusa parapoder seguir contemplándote furtivamente desde el fondo de la clase.

 

Había algo, una especie de aurabrillante, un halo de luz pura, rodeándote y atrayendo mi mirada. Tenía quehaberlo.

Ehsusurró una voz a mi lado. Parpadeé, confuso, y me volví hacia mi compañero demesa, Zabini, que me observaba con una sonrisa divertida.

¿Quéquieres? inquirí en el mismo tono de voz, algo molesto porque me hubieseinterrumpido mientras te contemplaba.

Preguntartesi ya has elegido nueva presa respondió Blaise, esbozando una mueca socarrona.

¿Presa?repetí, confundido.

Sí,Draco, presa. ¿No dejaste el otro día a Pansy? Conociéndote, seguro que yatienes a alguna otra fémina en mente

Solo entonces comprendí. Cierto era quela fama de mujeriego que me predecía casi dictaba que no podía permanecer másde una semana sin una chica entre mis brazos, alguna jovencita a la que seduciry engatusar.

Lo normal en mí, tal y como decíaBlaise, habría sido haber tomado ya una decisión acerca de quién sería mipróxima víctima, pero siendo sincero debía reconocer que había perdido tantotiempo contemplándote en cada clase que había dejado de lado cualquier otradistracción.

Me di cuenta entonces de que Blaise aúnme miraba, esperando mi respuesta. Giré la cabeza despacio hacia ti,observándote, preguntándome si tenía o no una nueva presa en mente, casiobligándome a decidirme.

Digamosque sí, Blaise respondí finalmente sin quitarte los ojos de encima, más porlibrarme de él que porque realmente hubiese hecho una decisión concreta.

Malfoy,Zabini, ¿algo que queráis compartir con el resto de la clase? preguntómordazmente el profesor Snape.

Nada,profesor dije yo con calma. Snape asintió y prosiguió con la clase como si esainterrupción nunca hubiese tenido lugar. Ventajas de ser un Slytherin.

A partir de ese momento, traté deconcentrarme en el progreso de la lección todo cuanto pudiese, pero esto meresultaba tarea imposible porque tú levantabas la mano constantemente,respondiendo a las preguntas del profesor en voz alta, captando toda miatención.

Y de nuevo me costaba otros diezminutos dejar de observarte, de tratar de contar de lejos las pecas que cubríantus pómulos y el puente de tu redondeada nariz.

Así que en esas me encontraba. Perdidoen tu contemplación. Otra vez. Como venía ocurriendo desde hacía semanas.

 

Suspiré con abatimiento. ¿Qué diantrespodías ofrecerme tú, precisamente tú? O mejor aún, ¿por qué yo daba por hechoque la razón por la que no cesaba de mirarte era que tenías algo que ofrecerme?

Me dediqué entonces a calibrar cuál eratu atractivo físico. ¿Qué nota tendrías en una escala del uno al diez?

"Cero",pensó mi lado más
más Malfoy. Pero mi subconsciente me forzó amirar de nuevo. No, definitivamente no tenías un cero.

Si bien no eras la chica más atractivade Hogwarts (ni mucho menos), también tenía que reconocer que no erasprecisamente lo que se dice fea.

"Bueno,vale, aprobada con un cinco raspado", pensé entonces. Pero tampoco en esaocasión me sentí satisfecho con mi propio veredicto.

Había algo en las formas que adquiríantus rizos despeinados, algo en tu cuello fino e impoluto, algo en las pecas quesembraban parte de tu rostro, algo en la sincera calidez de tus ojos
Algo quete hacía especial y diferente, no del montón. No, sin duda un cinco tampoco eratu nota.

"Vale,dejémoslo en un ocho", decidí. No obstante, una vez más me encontréincómodamente disconforme con esta nota.

"Perono le puedo poner un diez, ni siquiera un nueve", me reproché a mí mismo. "Es una sangre sucia, y además Pansy esmucho más atractiva que ella, y ni siquiera la Slytherin llega al diez".

Entonces, ¿qué nota te ponía?

Volví a contemplarte, prestando aún másatención a cada detalle. El fino rubor de tus mejillas, la perfecta longitud detus pestañas, la suave curva de tu barbilla.

Y comprendí.

Sí que te merecías un diez, porque eraspreciosa. Quizás a tu manera, y tal vez hubiese que buscar mucho, pero si dealgo estaba seguro es de que esa belleza estaba ahí, innegable y eterna.

¿Cómo no me había dado cuenta antes? Por eso erasmás bonita que Pansy: porque la Slytherin simplemente estaba buena. Punto. Esetipo de atractivo que vale para poco más de una noche y que desaparece en escasosaños. Sin embargo, lo tuyo era pura y tímida hermosura, como una flor queapenas ha comenzado a abrir sus pétalos hacia el sol naciente. Y esa bellezaiba a seguir ahí durante mucho tiempo, esperando a que alguien se percatase desu existencia.

Exactamente como lo había hecho yo.

Tan anonadado estaba con mi nuevodescubrimiento, que tardé en darme cuenta de algo que antes había pasado poralto: Weasley estaba sentado a tu lado, mirándote con su mejor cara de idiota,dejando un mar de babas sobre sus libros de clase. ¿Por qué demonios estaba esacomadreja comiéndote con la mirada? ¡Y tú ni te dabas cuenta!

Apreté los puños por debajo de la mesa,furioso. Una furia sin sentido, sí, pero furia al fin y al cabo.

Sentí el irrefrenable impulso deponerme en pie, ir hasta allí y zarandear a ese estúpido pobretón que ya habíabajado la mirada para observar tus pechos disimulados por la túnica. Poco habíatardado en caer en las tentaciones que toda mujer ofrece

Sin embargo, y por el bien de mi propiareputación, logré contenerme y quedarme inmóvil en mi sitio.

Y, entonces, la voz de Snape medevolvió a la realidad.

Finde la clase. Mañana haré un examen de repaso sobre las últimas treinta pocionesde las que hemos hablado. No quiero oír ni una sola protesta, señor Longbottom,¿me ha escuchado?

 

Soltando un resoplido, barrí de mi mesalos pergaminos, libros y plumas con un solo brazo, haciendo que todo cayese enmi mochila sin demasiados miramientos.

Di media vuelta y me dirigí a lapuerta, pero al pasar por tu lado ralenticé ligeramente el paso para poderpercibir tu aroma
¿vainilla, tal vez?

Pude escuchar un pequeño fragmento detu discusión con Weasley, en la cual tú le reprochabas no haber atendido entoda la clase y él se limitaba a hacer gala de su estupidez asintiendo de vezen cuando con la vista aún fija en tus pechos.

Bufé de forma casi imperceptible antesde salir al pasillo, seguido de cerca por mis compañeros.

Quéasco más grande
¡Examen de pociones! ¡Y de treinta, nada menos! Creo que misuspenso está más que asegurado
rezongó Blaise, revolviéndose el pelo conimpaciencia. Yo esbocé una sonrisa de medio lado. Pese a que me había tiradolas últimas veinte clases de pociones siguiendo atentamente todos tusmovimientos, sabía que aprobaría ese examen sin ningún problema
Incluso con lamejor nota tal vez, si no me superabas tú.

Dracooí la voz de Pansy cerca, muy cerca de mí
y demasiado enfadada. ¿Me quieresexplicar qué demonios hacías mirando continuamente a la sangre sucia?

Justo en ese instante tú saliste de laclase precediendo a tus compañeros. Tal vez escuchaste las palabras de Pansy,tal vez no, pero en ese segundo en el cual te detuviste para mirarme fijamentesentí que el corazón se me paraba.

Finalmente, te giraste y te fuiste conlos demás Gryffindor.

Estoyhablando contigo, Draco dijo Pansy, con un irritante tono chillón en la voz.

Losé le respondí, cortante. Pero yo no he mirado en ningún momento a la sangresucia. Como si no tuviera cosas mejores que hacer. E incluso en el caso de quelo hubiese hecho, ¿a ti qué te importa? No eres nadie para meterte en mi vidaprivada.

Y dicho esto giré sobre mí mismo y mealejé por las mazmorras, sin saber muy bien a dónde ir, sintiéndomeextrañamente rabioso y dejando atrás a una atónita Pansy.

Había discutido con una chica de micasa por ti.

Había estado distraído por tu causa.

Y me había pasado dos horas seguidassin poder apartar mi mirada de ti.

Otra vez.

Conun grito ahogado me incorporé en mi cama. Varios mechones rubios se me pegabana las sienes y a la nuca debido al sudor, y mi respiración era irregular y algojadeante.

Apreté con fuerza los puños. A mialrededor, las sombras de mi cuarto comenzaron a tomar formas reconocibles amedida que los latidos de mi corazón iban ralentizando su ritmo.

Con un resoplido me dejé caer de nuevosobre la cama, molesto, muy molesto.

Había soñado contigo. Otra vez.

Me pasé la mano por el pelo escuchandolos ronquidos de Goyle y Crabbe. Visto lo visto, ni siquiera en sueños podíalibrarme de ti y tu omnipresencia.

Aunque, pensándolo bien, más que unsueño eso había sido una pesadilla. Una desagradable pesadilla en la cual esacomadreja pobretona te arrinconaba en la biblioteca y te besaba delante de misnarices.

Un escalofrío gélido me surcó laespalda. No comprendía por qué, en lugar del asco que me tendría que haberprovocado esa repulsiva imagen, sentía algo similar al temor e incluso a larabia.

 

Apreté con fuerza los dientes. No era,ni mucho menos, la primera vez que había soñado contigo.

Esa primera vez había ocurrido variassemanas atrás, la noche que me di cuenta de que la razón por la cual nocomprendía mis deberes de Pociones era que me había pasado toda la claseobservándote de forma inconsciente.

En ese sueño, yo me hallaba tumbado enel suelo, rodeado de una oscuridad casi tangible, sintiendo la humedad del airefiltrándose lentamente a través de mi ropa hasta aferrarse a mis huesos. Yo había gritado confuerza, esperando tal vez que mi madre llegase y me protegiese, pero no. En sulugar fuiste tú la que surgió de entre las tinieblas, caminando casi sin rozarel suelo, con tu túnica escolar convertida en un halo de vaporosas telascubriendo tu cuerpo.

Te agachaste junto a mí y me tendistela mano. Mi primera reacción fue retirarme, deseando soltarte un seco "Aparta, sangre sucia". Sin embargo,estas palabras nunca salieron de mis labios, y en su lugar tomé la mano que meofrecías y me incorporé contigo.

Y, en ese mismo momento, me desperté,quedando en mi mente como último fragmento del sueño la imagen de tu sonrisa,esa dulce y sincera sonrisa que en la vida real jamás me habías dedicado.

Y, desde aquella insólita noche, habíasseguido apareciendo en mis sueños de forma esporádica, sin avisar, sin que yome lo esperase. En ocasiones, eran odiosas pesadillas en las cuales, comoacababa de ocurrir, te veía besándote con la comadreja, lo que me poníainexplicablemente rabioso. En otras, tú me gritabas y me insultabas, proclamabasa los cuatro vientos lo mucho que me odiabas, como tantas veces hacías a lolargo de nuestro día a día; y entonces yo me despertaba afligido y angustiado,incapaz de comprender el porqué de esa especie de agonía.

También estaban esas extrañas pesadillasen las que nos hallábamos en mitad de una gran muchedumbre, a veces en elCallejón Diagón, a veces en el Gran Comedor de Hogwarts
Y yo te veía entretoda esa gente y sentía la imperiosa necesidad de llamar tu atención, de hablarcontigo, pero por más que gritaba y corría hacia ti tú nunca me oías y cada vezestabas más lejos.

Pero después estaban esos otros sueños,esos que se parecían tanto al primero, esos en los que estábamos solo tú y yo,juntos, en silencio. Y entonces me regalabas una de tus sonrisas, y yo mesentía cómodo, tranquilo, feliz como nunca lo había estado.

A menudo me descubría a mí mismometiéndome en la cama con la esperanza de que uno de esos fantásticos sueños measaltasen a la luz de la luna, y rápidamente me reprochaba esa estulticia quepodría salirme muy cara.

No sabía cómo ni por qué te habíasmetido de esa manera en mi cabeza, y tampoco sabía de qué forma sacarte. Dehecho, comenzaba a preguntarme si realmente quería que salieras de ella.

Bufé de nuevo, amparado por la penumbrade mi cuarto. Aquello, simplemente, no podía estar ocurriendo. Habíadesarrollado una especie de obsesión contigo, lo cual era cuando menosalarmante. Y ahora, ¿cómo me libraba de ti?

Esuna sangre sucia susurré a la nada. No puedo perder mi valioso tiempopensando en ella. Por ninguna razón.

Y dicho esto, me di la vuelta en lacama, me cubrí la cabeza con la almohada y traté de dormirme por enésima vez.

 

A la mañana siguiente, me desperté mucho antes quemis compañeros, cuando el sol aún comenzaba a despuntar.

Me duché y me vestí en silencio y me fui hacia elGran Comedor, ansioso de encontrar algo de paz y tranquilidad.

Ni que decir tengo que no fue eso lo que hallé, sinoa ti. Bajabas las escaleras principales mientras te frotabas los ojos consueño, sosteniendo un pesado libro bajo el brazo.

Me detuve bruscamente en mitad del pasillo.

Buenosdías, come-libros saludé con tono arrogante. Tú diste un respingo al final delas escaleras, percatándote de mi presencia de golpe.

Ah.Hola, Malfoy respondiste, y sin una sola palabra más volviste a mirar alfrente y continuaste tu camino, si bien alzaste ligeramente la barbilla congesto orgulloso.

Cuando pasaste a mi lado, no pudeevitar seguir hablándote. No quería que me ignoraras de esa forma.

¿Quéocurre? ¿Madrugas para no tener que desayunar al lado de ese troll con cara decomadreja que tienes por amigo? pregunté, recordando con desagrado mipesadilla sobre Weasley. Tú te volviste hacia mí y me miraste indignada, peroantes de que alcanzaras a insultarme proseguí. Tranquila, te comprendo. A mítampoco me gustaría comer con ese insulto a las normas de educación y protocoloal lado. Que dia se celebra hoy

Tú apretaste los dientes con rabia,arrugando la nariz de esa forma que yo encontraba tan divertida.

Vetea la mierda, Malfoy siseaste, y sin más te giraste y entraste en el GranComedor, dejándome solo y con una incómoda sensación de vacío.

Me sorprendí. Nunca antes habíasevitado de esa forma discutir conmigo. Siempre me encarabas y empleabas todaclase de frases ingeniosas y mordaces para insultarme, haciendo gala de esevalor y esa inteligencia que, aunque nunca lo reconocería, admiraba en ti.

Y esa mañana simplemente me habíasmandado a la mierda y habías pasado de mí. ¿Por qué? Fuera cual fuese la razón,no me gustaba.

"Quéextraño", pensé mientras entraba en el Gran Comedor y me dirigía a mi mesacasi vacía. "Es curioso que esté echandoen falta sus insultos".

Me senté y comencé a desayunar,sintiéndome incapaz de no echarte algún que otro vistazo de vez en cuando
Y envarias de esas ocasiones me encontré súbitamente con tu nerviosa mirada. Yoaprovechaba y te dirigía una sonrisa socarrona, de superioridad, un híbridoentre la burla y la seducción. Y entonces tú te sonrojabas y desviabas lamirada, agachando la cabeza y dedicándote de nuevo a tus tostadas.

Me lo estaba pasando relativamentebien, pero justo en ese momento las puertas de Gran Comedor se abrieron denuevo para dar paso a Cara Cortada y su inseparable amigo la comadreja.

Apreté los puños mientras los veíaacercarse a ti. En ese instante, tú alzaste la mirada y Weasley te saludójovialmente, a lo que respondiste con una de esas sonrisas tan tuyas.

Y de nuevo sentí el irrefrenableimpulso de levantarme y darle un buen puñetazo al pobretón. ¿Por qué lesonreías de esa forma? ¿Por qué? ¿Acaso te gustaba? ¿Es que no eras conscientede que en mis sueños esas sonrisas existían solo para mí?

Furioso, me puse en pie bruscamente,golpeando sin querer la mesa y haciendo que la mayoría de los allí presentes,incluyéndoos a ti y a tus amigos, se giraran para observarme.

Te miré con rabia, y tú parpadeaste,sorprendida y desconcertada. Pero yo no te di tiempo de averiguar la razón demi enfado, porque di media vuelta y salí del Gran Comedor a gran velocidad.

 

El resto del día lo pasé malhumorado,irritable; mis compañeros percibieron esto y fueron lo suficientementeinteligentes como para no molestarme. Incluso Pansy decidió dejarme en pazdurante unas horas.

Al llegar la noche, regresé a mi cuartoy me dejé caer en la cama, totalmente rendido. Sentía las miradas de Blaise,Nott, Crabbe y Goyle fijas en mi nuca, pero me daba igual. Estaba confuso eiracundo conmigo mismo por ser tan estúpido, por no ser capaz de comprenderme amí mismo.

Me aferré con fuerza a mi almohada yfingí dormirme. Sin embargo, pasaron muchas horas antes de que cayera rendido alos brazos de Morfeo, y cuando finalmente los hilos de mi consciencia quedaronaletargados, me relajé y evoqué una última vez la imagen de tu sonrisa.

Esa noche soñé contigo. Otra vez.

Había pasado ya una semana desde que mefui iracundo del Gran Comedor durante el desayuno, y estaba empezando a mostrarlo que en mi opinión eran síntomas ineludibles de locura.

Estabas constantemente en mi cabeza,negándote a salir de ella, y cada vez que nuestras miradas se cruzaban en lospasillos o en las clases sentía una pequeña explosión de adrenalina agitandocada célula de mi cuerpo. No lo comprendía, y mi desesperación era tal que yame había visto obligado de ir en dos ocasiones a la enfermería a portranquilizantes. En la segunda, Madame Pomfrey me miró con una sonrisillatraviesa e hizo un comentario que me irritó bastante: "Vaya, vaya, Malfoy, ¿nervioso y estresado fuera de las épocas deexámenes y de la temporada de Quiddicth? Tal vez me equivoque, pero juraría quesolo una chica podría alterar tanto a un muchacho
"
. Yo le había dirigidouna mirada incendiaria y me había ido de la enfermería de mal humor, dando unfuerte portazo al salir.

Sin embargo, no acabaron ahí los constantesmomentos incómodos de la semana.

Esa mañana, sin ir más lejos, estaba enla Sala Común de Slytherin rematando una redacción para Encantamientos cuandode pronto llegó Zabini, seguido de cerca por Crabbe y Goyle.

Yo terminé mi trabajo y lo dejé a unlado, escuchando la conversación de mis compañeros sin poner demasiado interés,garabateando líneas y figuras sin sentido en un pergamino en blanco con mipluma y permitiendo de vez en cuando que mi mirada se perdiese entre las últimasbrasas de la hoguera casi apagada. Entonces, la voz de Blaise me sobresaltó:

Oh,Draquito, ¿pero qué son esos preciosos dibujos? Unos perfectos labiosclaramente femeninos, ¿los de tu nueva chica, tal vez?

Bajé la vista a mi pergamino y me dicuenta con alarma de que había estado dibujando de forma inconsciente tusonrisa
Y más de una vez. El bosquejo de tus labios curvados en ese dulcegesto se repetía incontablemente por todo el pergamino.

Arrugué el papel entre mis dedos ygruñí:

Cállate,idiota.

Me puse en pie y di media vuelta conintención de regresar a mi cuarto, pero de nuevo oí a Blaise hablar a misespaldas.

¿Sabes,Draco? Si no te conociera diría que estás enamorado.

Giré lentamente sobre mis talones y lemiré sin ver, con la boca entreabierta y los ojos como platos.

¡Enamorado! ¿Yo? Poco probable. ¿De unaGryffindor? Impensable. ¿De ti, Hermione Granger? Imposible.

 

¿O tal vez no?

¡Nodigas tonterías! grité, no muy seguro de si hablaba con Blaise o conmigomismo.

Arrojé el pergamino con los dibujos alas brasas y eché a correr fuera de la Sala Común, dejando olvidada sobre lamesa mi redacción. Pero, ¿qué importaba eso ahora? Tenía que averiguar lo queme ocurría contigo, y no existía en el mundo nada de mayor transcendencia.

Atravesé las mazmorras casi volando ycon el corazón desbocado, recorrí decenas de pasillos y subí muchas escaleras,sin pensar demasiado adónde ir. Simplemente, avanzaba, como si mantuviese laesperanza de que, si corría lo suficiente, podría dejar atrás todos esosabsurdos e inconcebibles pensamientos que asaltaban mi mente en esos momentos.

Y, de pronto, me detuve en seco,percatándome de golpe de la dirección en la que me habían llevado mis pies: meencontraba frente a tu santuario, la biblioteca. ¿Casualidad o premeditación?Me recordé a mí mismo en un silencioso reproche que yo no creía en lascoincidencias, lo cual solo me dejaba la segunda opción.

Con un bufido, entré. No porque teestuviese buscando, porque desde luego no te estaba buscando, sino simplementeporque no tenía nada mejor que hacer.

Paseé entre las cargadas estanterías,sintiendo como los nervios volvían a apoderarse de mí. Apreté los puños cuandome di cuenta de lo evidente que debía de resultar que las constantes miradasque echaba hacia las mesas de estudio te tenían a ti como objetivo
Pero,¿dónde estabas? ¿Por qué no te encontraba?

Olvidándome ya de guardar las formas,apresuré el paso, inclinándome detrás de las montañas de madera y libros en tubusca. ¿Tendrían razón Madame Pomfrey y Blaise? ¿Existía alguna posibilidad deque me hubiese
enamorado? La palabra se atascó entre mis neuronas, como sifuese demasiado absurda como para ser procesada. Pero lo cierto era que, con elpaso de esas últimas semanas, había empezado a percatarme de que el único falloque te encontraba era tu condición de sangre sucia, y ni siquiera eso meimportaba demasiado. Es decir, tenías una belleza singular y muy especial, erasla chica más inteligente que había conocido jamás, tu habilidad como brujaresultaba totalmente innegable y poseías un tesón, una tenacidad y un valor cuantomenos admirables. No en vano eras la única chica que se atrevía a ignorarmecuando no quería hablar conmigo, la que no tenía problema alguno en recordarmemis defectos, la que siempre sabía devolverme un insulto con toda la seguridaddel mundo.

No tenías nada que ver con los cuerpos bonitos perovacíos que tantas veces habían caído en mis redes. No, tú eras distinta. Yrespecto a tu sangre
¿realmente importaba algo de dónde procediese? Eras partede la comunidad mágica, eso era más que obvio, y ningún gen ni antecedente tuyopodría cambiar eso jamás. Así pues, ¿qué relevancia tenía todo lo demás?

¿Existía entonces la posibilidad de queme hubiese enamorado de ti?

La idea de un Malfoy enamorado aún meresultaba bastante estrambótica, pero ya no era desagradable, ni mucho menos.

Me di aún más prisa en encontrarte.Ahora estaba totalmente seguro de que necesitaba hablar contigo y comprobar quéera lo que sentía por ti.

Cuando ya empezaba a pensar que no estabasen la biblioteca, escuché tu voz proveniente del último pasillo de la sala.

 

Me aproximé con cuidado, retiré unlibro de la estantería que nos separaba y espié por el hueco para averiguar conquién estabas.

Y, cómo no, me encontré con lacomadreja.

Venga,Ron, que tengo que estudiar
¿Me vas a decir de una vez eso que era tanimportante o no?

Yo
sí, claro
es que
es que yo
A ver

Me mordí la lengua para no reír.Weasley estaba rojo como un tomate, especialmente en las orejas, y se retorcíala túnica como si no existiese un mañana.

Verás,Hermione
Yo
Tú sabes que eres una persona muy importante para mí, ¿ve-verdad?balbució. Abrí los ojos desmesuradamente. ¿Querría decir lo que yo pensaba quequería decir?

Sí,Ron. Tú también eres importante para mí respondiste tú, y pese a tu tono deimpaciencia no pude evitar que una punzada de algo que reconocí con sorpresacomo celos me atravesase el estómago.

Bien
Pues lo que yo te quería decir es que
Bueno
Últimamente me he dado cuenta deque yo
de que tú
Es decir, que creo que mis sentimientos por ti han cambiadodesde que te conozco

Oh, Merlín. Sí, estaba haciendoexactamente lo que yo creía: declararse. Y de pena, además. Pero declarándose,al fin y al cabo. Y yo no podía permitirlo.

¿Quéquieres decir, Ron? preguntaste tú, dejando el libro que sostenías sobre unamesa y prestándole toda tu atención a la zanahoria, sorprendida de pronto.

Puesverás, yo he estado pensando

¿Tú?¿Pensando? Oh, por Circe, sálvese quien pueda intervine, apareciendo de prontojunto a ellos. Mi propia voz me sonó cargada de rabia y crueldad.

¡Malfoy!exclamaste tú, ruborizada de repente.

Cállate,idiota. Vete a molestar a otra parte gruñó Weasley, aún más rojo si cabía.

¿Ysi no quiero, comadreja? ¿Qué vas a hacerme? pregunté con una nota de desafíoen la voz, aproximándome despacio a él. He venido a hablar con ella, y no meiré sin haberlo hecho.

Él se cruzó de brazos, enfurruñado comoun niño pequeño.

Muybien respondió. Habla.

Sonreí cínicamente.

Creoque no lo has entendido. Hablar con ella
a solas, Weasley.

Él abrió la boca para protestar, peroentonces interviniste tú.

Déjanosun segundo, Ron. No me va a pasar nada.

Weasley te miró con cara dedesconsuelo, pero ante tu expresión de inquebrantable seguridad poco había queél pudiese hacer. Por tanto, dio media vuelta y se alejó con paso derrotado.Cuando pasó junto a mí fulminándome con la mirada, sentí el infantil impulso desacarle la lengua.

Por suerte, me contuve justo a tiempo, yescuché con siniestro triunfo sus pasos cada vez más lejanos.

Muybien dijiste tú, captando de nuevo mi atención y apoyándote en la mesa con losbrazos cruzados. Habla.

Me humedecí los labios. Nervioso. ¿Yahora qué?

Vamos,Malfoy, no tengo todo el día. ¿Qué era eso tan importante que tenías quedecirme?

Te miré. Las diminutas pecas cubriendotus mejillas ruborizadas, los rizos castaños enmarcando tu suave rostro, losojos de color chocolate contemplándome entrecerrados con una mezcla de desafíoy
¿nerviosismo? ¿Por qué estabas tú nerviosa?

El único que tenía razones para estarnervioso era yo. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? ¿Cómo te explicabaque había desarrollado la absurda teoría de que tal vez estuviese enamorado deti? ¿Y cómo corroboraba dicha idea?

¿Cómo?

Entonces, tus suaves y húmedos labiosse abrieron para dar paso a más palabras que, en realidad, nunca llegaste apronunciar, porque sin pensar ni por una fracción de segundo las consecuenciasque acarrearían mis actos, te besé.

Sí, te besé, y al unir nuestras bocassentí cómo te quedabas rígida durante un instante que yo aproveché para sujetartu cintura y atraerte más hacia mí, tratando delicadamente de profundizar elbeso. Tú reaccionaste de pronto, abriendo los labios y enterrando tus manos enmi pelo, correspondiendo a aquel beso robado como si llevases años deseándolo.

Entonces, todas esas veces que me habíaperdido en tu contemplación mirándote como si nunca más fuese a volverte a ver,todas esas veces que soñé contigo y con tu perfecta sonrisa, todas esas vecesen las que me descubrí pensando en ti y nada más que en ti, todas esas vecesque me había preguntado a mí mismo qué era lo que me habías hecho para que depronto solo existieses tú, cobraron sentido de golpe.

Y, al fin, comprendí.

Yo, Draco Malfoy, estaba total yperdidamente enamorado de ti, Hermione Granger.

¡Hola!¿Os ha gustado? Este capítulo era especialmente difícil porque no sabía cómoenfocar ese momento en el que Draco finalmente entiende qué es lo que sientepor Hermione, y no sé si lo habré hecho bien, pero al menos puedo afirmar quelo he intentado con todas mis fuerzas.

Quierodar las gracias a tod@s l@s que habéis leído este pequeño fic que sí, terminaen este capítulo. Gracias también por comentar, no sabéis lo mucho que mehabéis animado. Y gracias en especial a las dos personas a quienes alude ladedicación de la historia, tyna fest y Allyson Sheridan, ambas unasincreíbles escritoras para quienes los Dramiones no esconden secreto alguno. Deverdad, nunca dejaré de agradeceros que me hayáis dado vuestra opinión de unaforma tan positiva en este, mi primer Dramione.

Sios apetece y queréis, puedo intentar empezar otro Dramione más largo dentro deunos días, en cuanto tenga un rato libre. Con uno más largo me refiero a unlong-shot de mínimo diez capítulos, de ahí para arriba, jajaja.

Denuevo gracias por vuestro apoyo.

Unbesazo enorme,

MA.A

Otra vez - Potterfics, tu versión de la historia

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Tú mirabas atenta al profesor, y tusojos castaños relucían por la concentración mientras grababas algunos apuntesapresurados en un pergamino. Levanté la

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2023-02-27

 

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