Paraíso - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Paraíso

Locura, lo llamarían algunos. Demencia, le dirían otros. Estupideces, definirían los escépticos. Enfermedad, los médicos. ¿Y él? Él tenía una sola palabra para describirlo: Paraíso

¿Y por qué? Porque Lily jamás se había visto tan hermosa durmiendo. Sí, ella dormía sobre esas sabanas de rojo carmesí. Junto a él, ese murciélago de pelo negro y nariz ganchuda. ¿Cómo podía esa ángel amarlo a
él, un ser tan impuro e imperfecto? El motivo o motivos que explicarán causa alguna, los desconocía.

¿Obsesión? ¡Mentiras! No era obsesión, era amor
¿Qué no lo entendían? ¿Qué nadie conocía el significado de amar de verdad?

Sonrió en la oscuridad al pensar que diría James al ver a su esposa durmiendo con él. ¿Cuántos celos sentiría al pensar que su amada Lily amaba a otro? ¿Cómo se sentiría al enterarse que el corazón de la pelirroja no era de nadie más que solo él
solo él, Severus Snape? Su sonrisa se agrandó notablemente, y un brillo maligno apareció en sus ojos. Miró de reojo y con cariño a Lily, plácidamente dormida con los ojos cerrados hacia el techo. Las manos en el pecho, el cabello alborotado
las mejillas sin color, el aspecto de tranquilidad

 

¡Ah! Snape recordó con cierta lujuria la noche ocurrida. Las sabanas desatendidas y las luces apagadas, la ventana cerrada. Los besos sobre el cuello, las caricias prohibidas, las miradas sentimentales que lo decían todo, el aire frío y apestoso, las nubes oscuras afuera. Contuvo una carcajada, al imaginar al iluso James Potter creyendo que él era el dueño de Lily, dueño de semejante ángel.

Estiró una mano, y acarició la mejilla de la mujer con ternura y frialdad, una mezcla única que solo Lily podía crear en él. Lily dormía tan profundo que pareciera estar muerta, sin embargo, Snape jamás la había visto tan hermosa y deseable.

-Mía.- susurró, encantado.- Eres mía. Solo mía.

Lily no se movió ni tuvo reacción alguna, y Snape supo que no lo haría. Lily seguro seguiría soñando, recordando aquella noche de pasión y lujuria que había tenido con su único amor, Snape. Era su última noche juntos, antes de que ella regresará a su eterna prisión.

Con un suspiro perezoso, se levanto de la cama. Se colocó una bata negra y de seda sobre el desnudo cuerpo, y miró de soslayo a Lily antes de salir de la habitación, dejando la puerta cerrada. Se encontró en su propia sala de estar, a oscuras a excepción de una vela que iluminaba tenuemente la repisa de la chimenea. Fría, la ventana abierta y con ráfagas heladas de aire entrando a cada segundo. El cielo afuera estaba cubierto de esas nubes oscuras que tantas veces lo habían hecho estremecerse por recordarle a lo negra que estaba su alma sin Lily.

Snape agregó otro suspiro acompañando a sus sentimientos. Buscó con la mirada a su varita, y la encontró justo donde la había dejado: sobre la repisa de la chimenea, ahora apagada. Sus pasos en lugar de ir hacia la varita, se dirigieron a la cocina, donde con mano segura tomó un filoso cuchillo de carnicero. Rebuscó entre un par de cajones hasta encontrar hilo y aguja. Entonces, regreso a la habitación donde Lily seguía durmiendo.

La puerta rechinó al abrirla, cortando el silencio. Era de esos silencios fríos y gélidos que hacen contener la respiración por temor a romperlos. Lily siguió sin despertar, aún cuando la puerta dejo entrar todo ese frío escalofriante del resto de la casa.

 

Snape se relamió los labios con un aire casi psicópata. El cabello de Lily
era de ese bello color rojo. Rojo apasionado, rojo como el fuego: rojo como la sangre. "Sangre" pensó Snape, mirando atentamente el cabello pelirrojo de su amante.

Las sábanas rojas llevaban un buen rato teñidas de ese color. Snape se acercó a Lily, y le plantó un beso en los labios pálidos y quebrados, cuidando que el cuchillo no tocará su piel. Aspiró su olor y tocó la piel de sus brazos con tanto esmero que podía sentir cada textura en ella.

-Eres mía, Lily. Siempre lo has sido
tu corazón siempre fue mío. Siempre he sido tu dueño
- le susurró, pegado a sus labios. Aún así, Lily siguió tan profundamente dormida como siempre. Snape suspiró y se separó de ella unos centímetros.- Lástima que está sea nuestra última noche juntos.

Solo hubo un destello plateado antes de que todo se llenará de rojo otra vez. Snape había enterrado descaradamente el cuchillo en el pecho de su amada, justo donde debía estar el corazón. Lily no grito, ni siquiera se despertó. Una sangre de color oscura comenzó a mancharle el pecho. Había algo curioso en la extraña lentitud con la cual la sangre brotaba del pecho, como si no hubiera motor que la impulsará a salir.

La sensación de apuñar a Lily le causó a Snape la experiencia más placentera y excitante de toda su vida. Sintió como el calor empezaba a apoderarse de sus manos asesinas, y luego se recorría por sus brazos. ¡Calor, sí! ¿Cuántas noches de frío no había necesitado ese calor? ¡La respiración se le acelero como nunca antes! ¡El corazón le latía a un ritmo loco, imposible, acelerado!

La mano le temblaba de la emoción al cometer la segunda apuñalada. Escuchó con placer como la piel crujía bajo sus manos. El calor se siguió extendiendo por su pecho, por el cuello. ¡Placer! ¡Necesitaba más de Lily aún!

Lily seguía dormida y ni siquiera queja o sollozo alguno había provenido de sus secos labios.

Llegó el tercer golpe
¡cada vez más excitante, más acalorado! ¡Más pasión, más placer, más felicidad! ¡Más felicidad al saber que Lily era suya, que su corazón le pertenecería siempre
! Movió con fuerza la hoja manchada de sangre del cuchillo dentro del cuerpo de Lily. Más sangre tiño las sábanas ya pintadas de rojo. Escuchó emocionado aquellos tenebrosos crujidos que venían del cuerpo. Y levantó el cuchillo nuevamente

¡Más, más sangre! Más placer, aún más deseo. ¡El calor estaba en todo su pecho, su cabeza, sus piernas
! ¡El calor lo volvía loco! ¡Oh, porque Lily tenía esa belleza tan imposible! ¡Esa hermosura tan fuera de lo común! Snape escrutó con los ojos desorbitados de tanta satisfacción, como el órgano más especial de Lily comenzaba a verse en la enorme rajada que tenía en el pecho. Un hilillo de sangre comenzó a resbalar por la cama, cayendo al piso en un sonoro y constante goteo.

El corazón, ese órgano cubierto de sangre y de apuñaladas que él mismo había hecho. En un arrebato de desesperación, soltó el cuchillo, que cayó al suelo con un ruido metálico. Su mano de dedos largos y desesperada entro por ese hueco en el pecho de su amada que, y arrancó con fuerza el corazón. Ya no palpitaba, pero a él no le importó tenerlo entre sus manos. No le importó ver como sus propias manos se manchaban de sangre: lo admiró como si fuera un trofeo o una gema preciosa. No podía quitar la vista de ese premio. Ese premio que era suyo
solo suyo. Recetas faciles y rápidas

 

La sangre manchaba las sábanas y el cuerpo pálido y vacío de Lily. Después de todo, ella llevaba sumida en ese sueño más de dos días. Un ataque mortal había detenido su corazón hace dos días, y llevaba durmiendo bajo una lápida junto con el maldito de su esposo. Eso a Snape no le había resultado ningún problema.

Algunos decían que amar a una muerta como Snape lo hacía, era una tremenda obsesión. Otros declararían, sí supieran que Snape había tenido la mejor noche de su vida en compañía de una mujer cuyo corazón no latía desde hace dos días; que no era otra cosa que locura y demencia psicótica lo que perseguían a la perturbada mente del hombre. Sí supieran el placer que había experimentado al convertir suya a una muerta, el placer que había sentido al apuñarla y arrancarle el corazón
quizás las cosas tomarían un rumbo diferente.

Algunos lo consideraban incorrecto. ¿Amar demasiado había sido su error, quizás? Snape, con el corazón de Lily aún en manos, bajo y pobló de besos el cuello y los labios de la pelirroja. Ese cabello rojo, rojo como la sangre. Esa piel ahora pálida y muerta, ese pecho sin respirar, ese cerebro sin pensar y esos ojos sin ver.

¿Quién podía amarla más que él? ¡Nadie! Ni siquiera Potter, ni siquiera su Dios mismo. ¿Podría ese hombre amar tanto? Seguro que cuando las personas lo veían en la calle, no imaginaban cuanto amor tenía para dar.

Sus manos temblaban cuando dejo el corazón sobre la cama, con cuidado. No se separaría ni un solo momento del corazón de Lily. Sus manos seguían temblando cuando trato de meter el hilo dentro del ojo de la aguja. Cuando finalmente tuvo la suerte de haberlo logrado, insertó con el cuidado de un artesano, la aguja con el hilo sobre la piel de Lily. Aspiró una fuerte bocanada de aire mientras se armaba de valor. La aguja entraba y salía con un ritmo macabro, al tiempo que él murmuraba palabras que no paraban de acreditar su propiedad sobre la mujer. Snape confiaba que si Lily estuviera viva, ella estuviera susurrándole palabras amorosas al oído mientras le acariciaba la cara. Porque ella siempre lo había amado
a él, a Snape, y no a ese engreído de James Potter.

Cuando hubo terminado de coser la sangrante herida en el pecho de Lily, contempló su cuerpo como si fuera una obra de arte. El olor a putrefacción había comenzado a aparecer, pero a Snape le parecía delicioso. El suelo se había pintado de un rojo oscuro, producto de la sangre que había comenzado a secarse. El corazón aún descansaba en la cama. ¡Pero esa sensación de atravesar la piel, de desgarrar a un humano
! Se estaba enamorando de ese sentimiento tan lleno de adrenalina. Así pues, no tuvo miedo cuando volvió a tomar el cuchillo y esparcir golpes a diestra y siniestra. ¡Qué importaba! ¡El cuerpo de Lily se convertiría en polvo con el tiempo! Mejor descargar sobre su inerte existencia humana el odio y los celos que había acumulado con el tiempo

¡Cada golpe iba acompañado de una palabra, de una queja o un sollozo! Cada golpe iba con esa ira contenida durante tantos años. ¿Por qué había preferido a James y no a él? ¿Por qué había tenido a ese mocoso llamado Harry? ¿Por qué se había casado? ¿Por qué lo había enamorado a él, Snape, de tal manera tan salvaje y desesperada? ¿Por qué había muerto? ¿Por qué?

La sangre coagulada brotaba de las heridas, con un olor hediondo y un color oscuro. ¿Y qué sí las sábanas se manchaban? Matar a una muerte no era ningún pecado. Él no estaba haciendo nada malo. El corazón vacío y silencioso de Lily permanecía quieto, sin vida, como solo otro testigo, además de Satanás, de lo que Snape estaba haciendo.

Literalmente, Snape tendría el corazón de Lily por siempre.

Pero, ¿cómo? ¿Cómo podría mantenerlo intacto, dentro de él? ¿Cómo podía convertirse en el dueño de su corazón? ¿Qué debía hacer? ¿Cortarse y meterlo en su cuerpo? ¿Comerlo? Necesitaba tenerlo siempre consigo. Hasta el día de su muerte, donde volvería a encontrarse con su Lily. ¡Cuánto anhelaba morir, entonces!

Con un grito desesperado, lanzó el cuchillo al suelo y respiró profundamente. El aire se la antojaba escaso, y la habitación parecía haberse hecho pequeña. Toda perdida en las tinieblas, un silbido tenebroso del viento azoto contra la ventana. ¿Le estaría diciendo algo, acaso? ¿Lo acusaba de algo, quizás?

Sí comía el corazón, no sería mucho el tiempo en que su cuerpo disgustará al órgano
Entonces, debía mantenerlo dentro de él de otra manera.

No dudo mucho, ni siquiera vaciló al cortarse el vientre. La sangre brotó instantáneamente, pero el dolor no fue nada comparado al placer que sentía nuevamente. Demencia, locura, pasión
lo que fuera, lo estaba volviendo un adicto. Con sus propias manos sucias y manchadas de la sangre de Lily y la suya, introdujo el dichoso órgano dentro de su vientre, y prosiguió a coserlo de manera antihigiénica. La suciedad, el frío
¡que importaba sí la herida se infectaba! ¡Qué importaba sí la carne de podría por dentro y le salían gusanos!

Se recostó en la cama, satisfecho, mientras cosía la herida con ese agresivo y duro hilo. Podía sentir ese ardiente dolor, entrar y salir
Cerró los ojos, ansiado y emocionado. Sería su última noche juntos, la última noche antes de devolverla al cementerio, donde el iluso cadáver de James creería que Lily era suya. Miró a la pálida Lily, y supo que ella nunca se había visto tan hermosa como cuando vivía. Quizás es que ahora lo atrajera más. Fuera lo fuera, no importaba. Pues había muchas cosas en este mundo que nadie jamás entendería.

¿Cómo cuál? Como que perderse de la realidad y obsesionarse con el pasado, jugar con la mente y hacerla creer cualquier cosa; era el verdadero paraíso.

¡Pues tal mi vida es y tal ha sido
y será!
Si por mí sólo ha latido
su noble corazón, hoy mudo y yerto,
¿he de mostrarme desagradecido
y olvidarla, no más porque ha partido
y dejarla, no más porque se ha muerto?

rn rn

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Locura, lo llamarían algunos. Demencia, le dirían otros. Estupideces, definirían los escépticos. Enfermedad, los médicos. ¿Y él? Él tenía una sola pal

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2023-02-27

 

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