Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Capitulo 1: Primer intento, fracaso.

"Dicen, que tú eres de agua. Y yo soy de fuego. Tal vez en otra vida mi cielo

Los astros no te alejen de mí, De mí"

Zodiaco, Moderatto.

Era ya mi último año en Hogwarts, el colegio que había sido mi hogar en los últimos siete años.

En Hogwarts lo tenía todo. Buenas amigas- casi como mi familia- buenas calificaciones- por no decir excelentes- increíbles cosas que aprender todos los días, grandes e ingeniosos profesores, brillantes clases de magia- ¡encantamientos!- y por supuesto, tenía a un idiota engreído líder de un grupillo infantil llamado Los Merodeadores.

Si, ustedes y yo estamos pensando en la misma persona -¿¡Qué?! ¿Pensando en Potter? No estoy pensando en él de "esa" manera
digo, estoy presentándolo, aunque no merezca más atención, el muy engreído
¿Qué tal si ignoramos eso y continuamos con la historia?- Si, James Potter. El maldito creído que se cree dueño del mundo

 

Se preguntarán: ¿Qué demonios tiene que ver Potter aquí? Bien, últimamente, Potter ha sido aún más insistente en tener una cita conmigo. ¡Ja! Idiota. ¿Acaso cree que soy estúpida como para aceptar una cita con él?

"Lily, controla tu vocabulario." Me ordene a mí misma, en clase de Encantamientos, mi materia favorita. El profesor explicaba felizmente como realizar los movimientos en la muñeca para un hechizo de lengua trabada. Imite el movimiento de sus manos en las mías.

-¡Pero, vaya! ¡Nuestra querida Lily ya ha captado el movimiento! ¡5 puntos para Gryffindor!- anunció el profesor Flitwick, con su chillona vocecita.

-¡Bien, Evans! ¡Bravo, bravo!- grito "alguien" detrás de mí. Reconocí la asquerosa y ruidosa y vulgar y arrogante y engreída- Basta de adjetivos- voz de Potter. Lo ignore, pero escuche varias risitas en el salón.

El profesor Flitwick continúo con su explicación. Trate de poner atención, lo juro, pero no podías escuchar la voz chillona del profesor, escribir apuntes y aprenderte los movimientos mientras detrás de ti, Potter no dejaba de susurrarle cosas a sus amiguitos y de jalarme el cabello.

Sentí un tironcito- ¿tironcito? Casi me arranca la melena
-. Lo deje pasar
"Ignóralo, Lily, ignóralo
"

Otro tirón
"Ignóralo, no pasa nada
"

Otro más
de acuerdo, esto se volvía aún más molesto ahora. Me estremecí.

Otro tirón más
suspire, estresado. "Infantiles."

Otro tirón, más fuerte esta vez. ¿Así que comenzaríamos de nuevo una "escenita"?

-Pss
Evans
Evans
- me murmuro Potter, según él en voz baja. Obviamente, hasta el profesor lo había escuchado. Flitwick miro a Potter severamente detrás de mí.

"¡Victoria!"Canturreé. No por mucho tiempo
otro tirón. Ya
tranquila, Evans
otra más y Potter lamentará haberme tocado

-¡Evans! ¡Pelirroja!- dijo, ahora, "en un tono más bajo".

"¡Suficiente!"

-¿¡Que?!- le dije bruscamente, sin girarme hacia su mesa.

-Señor Potter, ¿puede decirme que está haciendo con la señorita Evans?- regaño Flitwick, poniendo un tono severo. Algunos rieron y yo sentí como la sangra se me subía a las mejillas. Mi amiga y compañera de banca, Jennifer, me codeó por debajo de la mesa, mientras murmuraba:

 

-Picarona

Me esforcé por no girarme a mirar a Potter, pero supuse que pondría su cara de "inocencia" y haría su voz de "niño dulce y bueno".

-Solo trato de copiarle los apuntes, profesor.- oí decir a Potter, con la voz inocente que yo esperaba.

-¿Y por qué no se los copia a el señor Lupin?- pregunto Flitwick, frunciendo el ceño.

-Mi compañero escribe en cursiva, profesor. No le entiendo.

-¿Y su compañero, el señor Black?- insistió el profesor Flitwick, quitándose las gafas y limpiándolas con un minúsculo pañuelo que hizo aparecer con un movimiento de su varita.

-Sirius escribe muy feo. Puros garabatos
parece que tiene patas en lugar de manos.

Escuche a Black riendo por el "chiste" de Potter. Ese par parecía tener una conexión

-¿Y el señor Pettigrew?

-Colagusano está dormido frente a sus apuntes, profesor.

Una carcajada general inundó el aula. Oh, sí. Siempre era lo mismo. El increíblemente popular Potter y sus amigos conspiradores e igualmente populares, hacían reír al salón entero y se escurrían de los problemas como el sapo Pecas de mi amiga Alice. Debía admirar la suerte de Los Merodeadores.

Estaba el jefe y líder presumido de Los Merodeadores: James Potter. Engreído, presumido, dueño del mundo y el mejor jugador de Quidditch -Ja, según él.- Pero creo que ya describí suficiente a Potter.

Estaba Black, mano derecha de Potter, o como a mí me gusta llamarlo, "El Lame Botas de Potter". Engreído, pero no tanto como Potter. A Potter nadie la gana

Y luego, el más tranquilo de todos, Lupin. Ese chico es tolerable
el único que controla las travesuras de Los Merodeadores
aunque, bueno, no tiene el coraje suficiente como para detenerlos siempre.

Y ellos son todos
-Lily, espera, te falta alguien.-

¡Ah, claro! Vaya
Peter Pettigrew. Me preguntó seriamente como ese tipo logró volverse un merodeador
siempre esta atrás del grupo, admirando a Potter y Black. Pettigrew no hace nada, no habla nada, no es bueno en nada
Vaya.

Mientras el profesor despertaba a Colagusano, alguien me lanzó un avión de papel. Creo que no será necesario decir quien fue. Obviamente, Potter.

Tomé el avión volador y lo escondí en mi regazo, cuidando que el profesor no lo viera.

-¿Qué es eso?- me preguntó Jennifer.

-Nada.-respondí, escondiendo el papel. Pero no, Jennifer es testaruda. Me atacó, arrebatándome la nota y abriéndola frente a mis narices. "¡Demonios!"-¡Jennifer, por Merlín!- susurre, mientras le daba un manotazo, tratando de arrebatarle el papel. Fuera lo que fuera, no sería bueno si la Gryffindor testaruda y chismosa de Jennifer lo leyera.

-¿Señorita Evans?- pregunto el profesor Flitwick, peligrosamente cerca.- ¿Puedo saber que está haciendo?

-Em, nada, profesor yo

-¡Tienen una nota!- dijo Black, a mis espaldas. Escuché como Potter le susurraba algo.

-¿Una nota? Me sorprenden, señorita Evans y señorita Johnson. ¿Me permiten la nota, por favor?

Ni Jennifer, ni yo nos movimos. Mucho menos yo
¡lo que menos quería era problemas! Último año
¡debía tener excelentes calificaciones si quería ser auror! Potter no arruinaría esto

 

-Eh, no es una nota, son apuntes
- tartamudeó Jennifer. Flitwick se mostró inamovible.

-Quiero la nota, por favor.- agrego, serio. Jamás había visto a Flitwick tan serio.

Miré a Jennifer. Esperaba que con mi mirada entendiera que si le daba la nota al profesor, yo misma le haría el encantamiento de lengua trabada. Ella le entrego con una mano temblorosa la ya arrugada nota

"Qué no la lea, que no la lea, que no la lea
" comencé a implorar. Mientras el profesor leía la nota para sí
hizo varias expresiones. Primero, frunció el ceño. Luego, alzó las cejas
después sonrió
y al final, soltó una risita chiquita y aguda.

-¡Leal!- grito Black.

-¡Canuto!- le dijo Potter, un poco nervioso, según yo.

-No, no, no, no
- canturreó Flitwick. Luego, me sonrió y me dio la nota.- Que nadie más la lea, señorita Evans.-me murmuró, guiñándome el ojo.

Supuse que en mi cara se dibujo un signo de interrogación enorme. De reojo, trate de ver a Los Merodeadores
lo único que alcance a ver, fue a Potter sonrojado y a Black conteniendo una carcajada. Me moví un poco para ver más
Peter estaba somnoliento y bostezaba, mientras Lupin forzaba una sonrisa.

"¡Suficiente intriga!" me dije, mientras abría la carta. "Querida Lily: tienes los ojos verdes, como el sapo de Alice. Y el cabello rojo como la familia Weasley. Y sé que apesto en poemas como Colagusano en Pociones y Canuto sin bañarse, pero iré al punto. ¿Pelirroja, saldrías conmigo, por favor?"

De nuevo, sentí como las mejillas se me sonrojaban.

-¿Qué dice?- me preguntó Jennifer.

-Nada.- susurre. Jennifer me sacó la lengua.- ¿Y ahora qué?

-¿Te invito a salir?

-Si. ¿Por?

-¿Qué le responderás?- insistió.

-Que no.- dije, automáticamente.

-¿Por qué?

-¡Por qué no!

-Pero
vamos, dale una oportunidad a Potter
ya no es tan arrogante como antes.

-No, no es tan arrogante ahora
pero no cambia nada.- repuse, firmemente. Nada cambiaría mi decisión. Jennifer sacó su labio inferior y puso los ojos soñadores, mientras pestañeaba varias veces. La ignoré. Era la "cara de perrito" y yo no caería en ella. -Ni lo sueñes.

Agarre mi pluma, y manchándola de tinta, escribí una simple respuesta: No. Discretamente, mientras Flitwick se distraía, lancé el papel a la mesa de atrás.

-Evans amargada
-escuche decir a Black.- Ahora Cornamenta caerá en depresión y perderemos el campeonato de Quidditch.

Me las pagaría Black. Nadie se mete con Lily Evans, y no termina con un encantamiento en las piernas

¡Por fin! Termina el día de clases
cada día tenemos más deberes, lo cual no ayuda mucho a mi vida social
Al menos el domingo próximo iríamos a Hogsmeade. ¡Qué ánimos!

Yo estaba en la biblioteca, buscando un libro para Historia de la Magia, sobre las rebeliones de los gigantes
Hasta yo me aburría de la clase del fantasmagórico profesor Binns. La señora Pince regañaba a unos alumnos de primero, quienes se habían internado en la Sección Prohibida
esa sección es horrible
pero nada comparado con la señora Pince de mal humor. Al regañar, la saliva escapaba de su boca, empapando la cara de la víctima, digo, alumno incumplidor de las reglas.

 

El maldito libro no aparecía en ninguna parte, por la orden de Merlín
era más fácil encontrar a Jennifer en una tienda de ropa muggle que un libro de historia en la biblioteca de Hogwarts. Y debíamos notar que Jennifer, hija de magos, se emocionaba bastante visitando algún centro comercial
La gente con la que me toca convivir.

-¡Hola, Lily!- dijo una voz. "Potter" pensé, mientras me giraba a ver al dueño de la voz. Sí, había acertado perfectamente. Potter, con su pose de: soy-un-símbolo-sexual, y su sonrisa de: ámame, soy genial. Traducción: recargado contra la pared.

-¿Qué quieres, Potter?- le espeté, sin ponerle mucha atención. Seguí buscando el libro
quizás si intentaba por orden alfabético

-¿Cómo estás?

-Ocupada. ¿Y si me dices que quieres y te vas?

Al principio Potter no respondió, por lo que le di la espalda y seguí en La Búsqueda del Libro Perdido. Pero, obviamente mis observadores ojos captaron movimiento detrás de mí- ¡gracias al espejo de Andy Trew! Andy, era señorita Hogwarts de ese año
y el anterior, y el anterior, y el anterior, y el anterior
- Vi a Potter negando con la cabeza frenéticamente y moviendo los labios como si digiera: ¡No!

-¿Qué estás haciendo?- cuestione, encontrándolo con las manos en la masa.

-Euh
nada.- respondió Potter con rapidez, escondiendo algo en las manos. Sonrió exageradamente, mostrando los dientes. Lo fulminé con la mirada.

-1, 2,3, ¿Dónde están Los Merodeadores?- pregunté, echando un rápido vistazo a la biblioteca. Potter inmediatamente se coloco frente a mí, bloqueándome la estantería de libros. Suspiré.- ¿Qué tienes ahí atrás?

-¡Pelirroja! Esa pregunta es bastante pervertida
¡Eh, eh, baja la varita, es una broma!

-Ja.Ja.Ja.- agrega sarcásticamente.

-Seguro te preguntas que hago aquí y bueno
- comenzó Potter, nerviosamente. Vi como tenía un tic nervioso en la pierna derecha.-Este yo
yo quería saber
me preguntaba si

-¡Díselo, Cornamenta!- dijo una vocecita en murmullo. Maldije entre dientes.

-Black, Lupin, salgan ya. Los descubrí.- dije, aburrida. Sí, siempre era lo mismo
tener que estar complicando mi vida con Los Merodeadores y sus bromas.

Inmediatamente, en la estantería comenzaron a caer libros. Media docena de libros después, me encontré con los rostros de Black y Lupin. Black sonrió inmediatamente.

-¡Oye! ¡Falto yo!- dijo una voz, al lado de Lupin. Con un movimiento de la varita, Potter tiro unos cuantos libros más, dejando el rostro dientudo de Colagusano a mi vista.

-¡James! ¡Vas a dañar la vista de Evans enseñándole la cara de Colagusano de esa manera tan sorpresiva!- anunció Black. Lupin contuvo una risita.

-Díganme, ¿cuál es la broma esta vez? ¿Le pusieron algo en la comida a Snape? ¿Escaparon al bosque prohibido en la noche? ¿O volvieron a causar una rebelión en las cocinas, por decirle a los elfos que su comida era un asco?- adiviné, tratando de acertar. Lo de los elfos había sido traumante
cientos de elfitos corriendo por Hogwarts, preguntándole a todo el mundo si necesitaban algo más, con sus vocecitas chillonas
me estremecí y Los Merodeadores hicieron lo mismo.

 

-Eh, no
Evans
yo
-tartamudeó Potter.

-¿Saco el cartel ya?-preguntó Pettigrew. El resto de Los Merodeadores lo fulminaron con la mirada, una mirada estilo
estilo profesora Mcgonagall recién despertada. Lo obligaron a callar, pero era demasiado tarde.

-¿Cuál cartel?- pregunté. Los cuatro se miraron entre sí. Entonces, Black puso una gran sonrisa en el rostro.

-¿Cartel? ¿Cuál cartel?-preguntó.

-No juegues, Black.- dije, poniendo los ojos en blanco. Black se encogió de los hombros.

-Es enserio
¿cuál cartel?-insistió. Lupin suspiró, desesperado. Saqué mi varita, y señale a Los Merodeadores.

-¡Accio cartel!-anuncié. Inmediatamente un pergamino amarillento salió de las manos de Los Merodeadores hasta llegar a mí.

-¡No!-susurró Potter.

-¡Adelgaza gracias a "Crema adelgazante de la Tía Walmy"! ¡Olvídate de esas partes grasientas en tu mágico físico! ¡Luce como una celebridad! ¡No más temores con "Crema adelgazante de la Tía Walmy"! Solo disponible en "Milagros de la Tía Walmy" número 34 en el Callejón Diagon. ¡No pierdas una oportunidad así!- leí. Ante cada palabra, me ponía de peor humor cada vez
Miré a Los Impresionados Merodeadores, que no podían creerlo. Remus sonrió.- Espero que no sea una indirecta, Potter.- amenacé.

-¡Oh, no, no, no, no!- respondió inmediatamente, ante la risa de Black.- ¡No, no estás gorda, estas
!- lo amenacé con la mirada. Una mala respuesta, y el chico muere.- Estas
increíblemente atractiva.

-Ja.Ja.Ja.-volví a reír, inundando la escena de sarcasmo.

-Vamos Lily, dale al menos un punto por que fue un buen halago.-interrumpió Remus, con la mirada distraída.

-¿Un buen halago?- le puse la mano en el hombro a Potter.-Pobre Potter... ¿esta bien tu cerebro? ¿Cómo quedo después de que te caíste de la escoba? ¿Más pequeño?

-¡Al menos me fuiste a ver al partido!- celebró Potter, con una sonrisa triunfante. -¡Notaste mi caída y te preocupaste por mí!

-A ver, Potter. TODO el mundo fue al partido y TODO el mundo noto tu caída
TODO el mundo se preocupo por saber si estabas muerto o no. Y como YO soy un humano normal, formo parte del mundo.

-Evans, sal conmigo.-dijo sorpresivamente Potter, adoptando su pose de arrogante.

-No.- sentencié, olvidándome del libro, y dando media vuelta para salir de la habitación.

-Primer intento, fracaso.- dijo Lupin.

-¡No me rendiré, Evans!- me grito Potter. La señora Pince siseó un "¡Shh!". Ignore a Potter rotundamente.- ¡Prepárate!

Oh, la noche. La bella y perfecta noche
Por fin, el momento de descanso más esperado de todo el día, donde los elfos ponen tu habitación cálida en invierno- como en este caso- y fría en verano
La noche, donde las sedosas sabanas de tu cama te esperan todas las noches, y tu mullida almohada de plumas de hipogrifo te implora que recuestes tu cansada cabeza llena de conocimientos en ella: duerme en mí, duerme en mí

De acuerdo, exageraba. Pero yo tenía mucho sueño y no es fácil dormir con 3 cosas: Una, Jennifer parloteando sin parar -pero como habla esta chica, en serio
- dos, Nany -se llamaba Nanifarutyiposita, pero la llamábamos Nany, ya saben, para acortar el nombre y ahorrarnos dos años en decir todo su nombre- practicaba con su violín muggle una canción que, si hablamos con honestidad, no le salía en lo más mínimo, y me recordaba a Peter Pettigrew cantando en los baños -¡no me lo estoy inventando, lo juro! Pettigrew SI canta en los baños- y tres, yo con un fuerte dolor de cabeza. Alice, la chica más tímida que he conocido en toda mi vida, leía tranquilamente. Era la única "normal" de mi habitación. -Incluyendome a mí, por supuesto.-

 

Pero no es el caso
Las palabras de Potter: ¡No me rendiré, Evans! ¡Prepárate!... Se me antojaba estilo película de terror. Sí, era eso. Potter era como Freddy Krueger
un acosador que me acosaría en todas partes
en todas partes

En el baño, saldría del excusado. En mi closet, estaría colgado en un gancho. En clase de Pociones, saldría de mi caldero. En la biblioteca, su foto estaría en los libros. En el desayuno, se escondería en mi cereal. En la sala común, se sentaría a mi lado
y en mis sueños
y en mis sueños aparecería, torturándome
asesinándome
y lo peor: A.C.O.S.A.N.D.O.M.E.

"¡No! ¡No lo puedo permitir!" Me estremecí. ¡Potter en todas partes! ¡No! ¡Prefiero enfrentarme a Quien-ustedes-saben sola y sin varita! De acuerdo, no, no es para tanto
¿o sí?

-¿Lily? ¿Qué te pasa ahora?-me preguntó Jennifer.

-Nada.- mentí. Pero no, Lily Evans no es una buena mentirosa. Y Jennifer sabía que "nada" era sinónimo de "Potter"

-¿Qué hizo James esta vez?- pregunto Nany, olvidándose de su violín, gracias a Merlín por el favor que le hizo a mis oídos.

-¡Ah! ¡No lo llames así!- escandalice, cubriéndome los oídos. Nany y Jennifer se lanzaron miradas de complejidad y sonrieron malignamente, como el gato de "Alicia en el País de las Maravillas".

-James, James, James- comenzaron a canturrear.

-¡No!

-¡James, James!

-Ya, basta, ¡hablo en serio!

-¡James, James, James!

-¿No pueden cantar otra cosa?

-¡Claro!-dijo Nany.- ¡Lily Potter, Lily Potter!

-Se escucha bien, ¿no Lily? Lily Evans
de Potter. Lily Potter

-¡Basta!- grité. Sí, se me había subido el enojo a la cabeza
de nuevo. Odiaba que me molestaran con Potter
¿nadie podía entender que "lo nuestro" no era más que odio? Digo, es imposible que Potter se tome algo en serio, como una cita.

¿Además, quien quiere salir con un arrogante acosador? Nadie. ¡Nadie!

-Lily esta de mal humor
- dijo Jennifer.- ¿Por qué no aceptas una cita con él y vuelves a ser feliz?

-¡No, no, no, no, no y -por si no te queda claro- NO! ¡Nunca aceptaré una cita con Potter! Primero me como a mi misma

-Alice, trae un poco de sal y pimienta, que cocinaremos a Evans esta noche
- bromeó Nany, y ella y Jennifer se atacaron de la risa, pero las obligue a callar con mi mirada fulminadora-maniática-asesina.

-Ja.Ja.Ja. Me niego a aceptar una cita con Potter. Tan solo bromea
en realidad él no quiere salir conmigo.

-No. No por nada lleva 7 años insistiendo.

¿Potter y yo? Ja. Eso sí que no. Potter y yo somos como el agua y el aceite. El agua y el fuego, arriba y abajo- y yo soy arriba- blanco y negro, ¡todo tipo de antónimo es sinónimo de Potter y yo! Aunque debería decir: yo y Potter. Nada de lo que Potter hiciera, lograría hacerme decir que sí.

 

¡Bienvenidos a esta nueva historia!

La primera vez que escribo algo en temática Potterica. Deje a un lado los originales y el anime, para probar un poco de todo. Así que, aquí estoy.

Esta historia no será muy larga, probablemente 10 capítulos. Un capítulo de Lily, otro de James.

Espero que les guste y gracias por leer.

Capítulo 2: James se desespera

"Yo quisiera ser ese por quien, tú te desvelas y desesperas.

Yo quisiera ser tu llanto, ese que viene de tus sentimientos"

Yo quisiera, Reik.

La sala común de Gryffindor estaba muy poco abarrotada, lo que significa
¡Los Merodeadores dominan al mundo!- Más bien la sala
-

Vale, vale, no estaba de humor. No estaba nada feliz. Por favor, es fácil saber porque. -Cof, cof, Pelirroja, cof, cof
-

¡No podía dejar de lamentar la estupidez de Colagusano! Esto pedía venganza
pobre Colagusano. Todo iba a salir perfecto, hasta que a Colagusano se le hizo la boca gigante y dijo:

-¿Saco el cartel ya?

¡Ay, Colagusano, que tonto eres! Lunático y yo habíamos perfeccionado el plan. Primero, ser románticos con la notita de Encantamientos. Era la clase favorita de Lily, y debía estar de buen humor. De acuerdo, la nota no funcionó, quizás porque mi poesía fue demasiado metafórica para Lily.

Si la nota no funcionaba, iríamos a lo directo: Acorralarla y sacar el cartel después de que yo declara mi amor. Pero, no, Colagusano tenía que salir con su "pequeño error". ¡Pequeño su cerebro!

Por si fuera poco, todo hubiera funcionado si Colagusano hubiera sacado el cartel correcto, pero no. Colagusano fue tan estúpido que se equivoco de cartel, y saco la crema rejuvenecedora de la madre de Canuto. Vaya suerte
Me preguntó cómo pudieron confundir los carteles.

-Eh, James
-comenzó Canuto.

-¿Si?

-¿Recuerdas lo que dijo Evans sobre ponerle algo en la comida a Snape?

-Si
-respondí, preguntándome que estaría imaginando mi amigo. Sirius sonrió ampliamente.

-¿Quieres intentarlo?

¡Oh, jejeje! Ese Sirius sí que sabe como animarme. Sonreí con una sonrisa del mismo tamaño que la de Canuto
o más. Nada mejor que molestar a Quejicus en caso de grave depresión.

-No es una buena idea.- interrumpió Remus, cuando Sirius y yo ya empezábamos a planear "que" echarle a Snape en la comida. Lunático destruyo nuestra repentina burbuja de felicidad-maldad. Ah, Lunático, siempre tan cuerdo.

-¿Ahora eres amigo de Quejicus?- lo reto Sirius.

-No. Lo digo por Lily, Cornamenta.- especifico Remus, hojeando con pereza un libro que estaba leyendo.

-¿Lily? ¿Qué tiene ella que ver?- pregunté, presa de curiosidad. Remus suspiró desesperado y abrió la boca para responder, cuando

-¡Se que sucede!- interrumpió Sirius, triunfante.-Se acerca luna llena y Lunático esta de mal humor.- murmuro, en un tono más bajo. Remus le lanzo una mirada mal humorada. No le hacía ninguna gracia.

-¡Espera Canuto! ¿Qué pasa con Lily?- insistí. Remus sonrió por su triunfo.

 

-Lunático 1- Canuto 0.- agregó Remus, antes de comenzar con su explicación.- Nos dijiste que querías tomarte en serio lo de Lily ahora, ¿no? Si torturas a Quejicus, ella solo pensará que eres un inmaduro. Y ya viste que no le agrada tu inmadurez.

-Bendito seas, Doctor Corazón.-refunfuño Sirius.

-¡Ese es mi Lupin!- festejé.- Lo siento, Canuto, dejemos las bromas a Quejicus para después de la boda.

-¿Boda? ¿De qué hablas?- preguntó Sirius, ahora lleno de curiosidad. Sonreí con suficiencia, mientras me señalaba a mi mismo con el dedo pulgar.

-Me casaré con Lily y tendremos ocho hijos.

Fruncí el ceño cuando Los Merodeadores presentes estallaron en una carcajada con ganas.

-¿Casarte? Vaya, si que vas en serio, Cornamenta
- dijo Sirius, respirando entre risas. Lo mire despectivamente y el detuvo su risa perruna. Lunático hizo lo mismo, sin buenos resultados.- ¿Y cómo harás que Lily acepte?

-Somos medias naranjas
pero ella se sigue sintiendo calabaza.- excusé.

-Claro
¿la mejor manera de transformar una calabaza en una naranja es diciéndole: Oye tú, preciosa, sé que me quieres?- preguntó Lunático, entre risas.

-Vale, vale
quizás no fue bueno usar esa técnica con Lily
pero con las demás si funcionaba.

-Pero las otras eran mandarinas, Lily es la gran naranja.- bromeó Canuto, riendo aún con esa risa perruna que tenía.- ¿Cómo crees que Lily aceptará tener ocho hijos, amigo?

-Primero el matrimonio, los hijos vienen después.- expliqué. Quería lo suficiente a Lily para respetarla y cuidarla. Pero
¿por qué nadie me lo creía?

-Si logramos que Colagusano no se equivoque de cartel en la próxima
- comenzó Remus, dejando la oración al aire. Entonces, todos nos dimos cuenta de algo y dijimos al unisonó, preocupadamente:

-¿Y dónde está Colagusano?

Después de usar mi capa invisible para buscar a Colagusano por todo el castillo, lo encontramos encerrado en un armario en el sexto piso, sin memoria. Creo que alguien trato de torturar a nuestro Colagusano. Pero eso no importa ahora, necesitamos un plan y la venganza llegará después.

Nos reunimos en nuestra habitación compartida. Colagusano dormía y eso era bueno, pues sus ideas no eran especialmente
buenas. Pero no me malinterpreten, yo aprecio mucho a Colagusano, pero no le confiaré nuevamente un papel tan importante.

-Deberían hacer una historia sobre nosotros.- dijo Sirius, recostado en su cama de dosel, mirándonos a todos. Remus cabeceaba somnoliento. -Imaginense: El Gran Sirius Black, hijo odiado de la familia Black, único en Gryffindor. Increiblemente atractivo y perfecto en magia
luchador incansable del bien

Un almohadazo hizo callar a Canuto. Remus soltó una risa cansada.

-Lunático 2- Canuto 0.- murmuro, antes de recostarse en la almohada. Fue mi turno de actuar. Saque mi varita, murmure unas cuantas palabras, y en un segundo, Remus estaba colgado en el aire, boca abajo.

-¡No te duermas! ¡Quiero un plan!- exigí. Remus pareció tener ganas de matarme. Deje caer a Lunático bruscamente. Colagusano ronco entre sueños.

-Shhhh.- siseó Sirius, observando maternalmente a Colagusano. Me estremecí ante tal mirada. - Dejen al pequeño Pete dormir. Ahora, déjenme continuar: Esta James Potter, un maldito acosador que lleva acosando 7 años seguidos a la misma chica, desea un matrimonio serio y formal, que dure más allá de la muerte, y que deje muchos recuerdos y ocho hijos.

 

-Bien dicho.- dije, aplaudiendo.

-Shhh. Deja dormir a Pete.- gruño Canuto, mientras Remus se sentaba en la orilla de su cama, sabiendo que no podría dormir.- Esta Lunático, demasiado serio, a mi gusto. Remus Lupin, un atractivo y sexy licántropo que envidia a Sirius con
¡Auch!

-¿Atractivo y sexy licántropo?- cuestioné, escéptico. Sirius se encogió de los hombros.

-¿Qué? Remus es guapo
¡es una broma, Lunático, tranquilo! Deja de lanzarme cosas. Espera
¿James, no eran tus lentes?

-¡Maldita sea! ¡Reparo!

-Y está Peter. Él
él
bueno, él
la verdad no se para que sirve Peter.-continuó Sirius, pensativo.

-Nótese la maldad.-susurre. Justo en ese instante, Colagusano hablo en sueños.

-Lily
Evans
-murmuro. Me arrogue contra él, inmediatamente. ¡No me podía traicionar así!

-¡James, detente!- dijo Remus, mientras Sirius me evitaba asesinar a golpes a Colagusano.

-Lily y James
-termino Colagusano, aún dormido. Pero que sueño tiene este chico. Suspiré de alivio.- Quejicus

-¡Qué asco!- exclamamos Sirius y yo al unísono. Era perturbante que Colagusano soñará con Snape y su gran narizota chismosa.

-Cornamenta, quieres un plan sí o no.- apremió Remus. Tenemos a un lobo enojado
pero muy inteligente.

Así es como este día llego con un nuevo plan para mi pelirroja. Que no puedo entender porque nadie cree que lo que siento por ella es serio. ¿Qué tan difícil es? Quizás he sido bastante
arrogante- ¡es algo muy maduro aceptar tus errores!- pero ya madure. Soy todo un hombre, muy responsable y maduro.

-Canuto.

-¿Si, Cornamenta?

-¿Me pasas el cereal?

-¿Cuál?

-El que tiene formas de snitches.

-Muy maduro, James.

¡Nuevo día, nuevas oportunidades para conquistar a la pelirroja! Ahora sí, teníamos un plan. Y si el plan no funcionaba, teníamos un plan B. Pero de momento, plan A activado.

-Eh, Lunático
mira quien está ahí.-dije, señalando discretamente a una persona especial que entraba al comedor, lista para desayunar.

-Conquístala, tigre.

-¿Me perdí de algo?- preguntó Colagusano.

-Cállate, Colagusano.- le respondió Sirius.

-Nótese la maldad.- interrumpí. Colagusano no respondió al insulto de Sirius. Bueno, nunca lo hacía.

-Suerte, Cornamenta.

Mientras me dirigía a acosar, digo, a hablar con mi pelirroja favorita, un ataque nervioso me llegó al alma. Si no funcionaba esta vez, tendría que tomar medidas fuertes y torturadoras.

Todos, y me refiero a todos, se preguntaban porque mi obsesión, enamoramiento con Lily Evans. Porque siendo James Potter, nótese la humildad, era sencillo tener el amor de cualquier otra chica
pero yo quería a esa chica. Y no era capricho, simplemente mi querida Lily era especial. Era la especial. La escogida. La elegida. Era la persona perfecta con quien pasar el resto de mi vida.

Tan solo ella
yo
Los Merodeadores
y mis ocho hijos.

-¡Pelirroja! ¡Mira qué casualidad encontrarte aquí, desayunando en la mesa de Gryffindor en esta bella mañana de martes!- dije, sentándome entre Lily y su amiga parlanchina que no me acuerdo como se llamaba
pero acosaba a Canuto.

 

Vi como mi pelirroja tomaba un tono pálido y luego se ruborizaba. Oh, que hermosa se veía con las mejillas sonrojadas al igual que su rojo cabello.

Pero Lily arruinó nuestro momento amorosamente romántico, poniéndose de pie, murmurando algo ininteligible y huyendo, corriendo hacia la salida.

-¡Eh, Lily!- le grité, causando la mirada severa de McGonagall sobre mí. Muy tarde, la pelirroja había desaparecido por completo. Miré a su amiga, quien negó con la cabeza.- Te consigo una cita con Sirius.

Inmediatamente, la amiga morocha de Lily sonrió y asintió.

-Está en el baño de niñas, 4 piso. Detrás del retrato de Lord Migudh, la contraseña es "Avispas habladoras". ¿Para cuándo la cita?- instó con una sonrisa. Algo me dijo que mi pelirroja necesitaba amigas más leales.

-Este domingo, en Hogsmeade.- respondí, mientras me dirigía a seguir a Lily.-Sin besos y sin noviazgo garantizado, ¿vale?

-Vale.- respondió la chica. Corrí tras mi pelirroja, pensando que a Sirius no le importaría saber que tenía una cita para el domingo.

Esperé afuera del baño- ¿qué? ¿esperaban que entrará?- a que Lily saliera. Justo en el momento que era hora de ir a clases, la pelirroja salió, mirando preocupadamente hacia todas partes.

-¡Lily! ¡Qué casualidad
!- mencioné, llegando de sorpresa y pasándole un brazo por los hombros.

-Qué casualidad, Potter acosador. Casualidad mis medias, que tengo Herbología y no llegaré tarde.- dijo Lily, alejándose de mí y mirándome con odio
¡Pero qué bonitos ojos tiene!

-Qué bonitos ojos, pelirroja. Se ven bastante atractivos cuando me miras así. Te acompaño a Herbología.- me ofrecí, caballerosamente. Me pareció una buena idea hacer notar a mi pelirroja lo caballeroso que ese gesto era.- ¿Qué te parece, eh? Ahora soy bastante maduro y caballeroso, ¿verdad?

-No. Esfúmate.- respondió Lily. Oh, pero que melodiosa voz. Pero yo no me rendiría tan pronto. Seguí a Lily por una serie de pasillos repletos de alumnos, dirigiéndose a sus clases.

-No me rendiré, Lily. No esta vez
- canturreé, mientras llegábamos a la escalera de caracol. Lily se ruborizo aún más.- ¿Me das una oportunidad? ¿Quieres venir conmigo a Las Tres Escobas este domingo?

Lily me miro con esa mirada profunda y sincera que tenía.

-No, Potter. No quiero.- me dijo. Oh, pero que voz tan fría. Mi corazón merodeador comenzó a romperse en pedazos.

Yo sabía que si Lily aceptaba, yo podía conquistarla
simplemente, su presencia me ponía de nervios y trataba de actuar de una manera normal
lo cual nunca funcionaba.

-Yo se que quieres salir conmigo, solo que no lo aceptas
-comencé con la queja.

-Desaparece. Fuera. No insistas. No me importa. No quiero. No saldré contigo, hagas lo que hagas, digas lo que digas. Es hora de que madurez de verdad, Potter.

¡Oh! ¡Eso había dolido! Y bastante. Y lo que dije después, fue mucho peor.

-Bien.- lo dije lo más fríamente posible.-Como quieras.- Me alejé de Evans sin decir nada más. Plan A, fracasado. Plan B, activado.

 

Sirius decía que el Plan B era un intento desesperado de que el Plan A funcionará. De acuerdo, yo me estaba desesperando.

¡Era el último año! Lily y yo tomaríamos caminos diferentes, y no iba a permitir que ella se alejara de mí. No sabiendo que yo era la persona que la podía hacer feliz.

Capítulo 3: ¡Precaución! ¡Lily no está de humor
!

"Dije que no llamaría, pero perdí todo el control y ahora solo te necesito.

Y no sé cómo puedo vivir sin ti. Solo te necesito ahora."

Need you now, Lady Antebellum.

Aquel día, sería completamente diferente a todos los anteriores.

¡Por fin me deshice de Potter! ¡Adiós al acosador que me persiguió 7 años seguidos! ¡No más acosos y momentos vergonzosos! ¡Jamás! Hoy Lily Evans es una persona completamente nueva y libre.

Sí, quizás había sido bastante cruel, pero sí seguía tratándolo con "maldad" moderada, jamás se rendiría.

Me desperté con una sonrisa enorme y de un humor excelente.

Me bañe con una sonrisa enorme y un humor excelente.

Me vestí con una sonrisa enorme y un humor excelente.

Me dirigí al Gran Comedor con una sonrisa enorme y un humor excelente.

Y entonces
Ahí estaba Potter. Sí, venía hacia mí con una sonrisa arrogante
eh, sí venía hacia mí
¿Por qué no me veía a mí? ¡Siempre tenía su mirada pegada en mi espalda! ¿Por qué ahora no me miraba a MÍ?

-¡Hola Jennifer!- saludó Potter, a mi amiga, que estaba sentada a mi lado, atragantándose de un vaso de leche. A ver, a ver
¿desde cuándo Potter y Jennifer son amigos? Jennifer sonrió automáticamente, y se puso a charlar con Potter sobre algo del campeonato mundial de Quidditch, dándome la espalda
¡Me estaban dando la espalda, pero que
que irrespetuosos! ¡Qué poca educación
!

¿Me estaban ignorando, acaso? ¿Potter y mi mejor amiga? ¿Perdón? ¡El día iba tan perfecto, y Potter lo había arruinado con su "jueguito" Bien, sí quería jugar así, así jugaríamos.

-Vámonos, Alice.- ordené, poniéndome de pie y tirando del brazo de Alice.

-¡Pero
!- comenzó, pues aún no terminaba de desayunar.

-¡Dije vámonos!

Y me la lleve a la fuerza. No quería seguir ahí, mientras Jennifer y Potter se comportaban así. ¡Era indignante, asqueroso, horroroso! ¡Cómo podían tratarme así!

-¿Puedes decirme que sucede, Lily?- preguntó Alice, cuando la logre sacar del comedor.

-¡Shh! ¡Potter y Jennifer, eso es lo que pasa!- le dije, dejando en libertad su brazo.

Alice enarcó una ceja, escépticamente.

-¿Celos?- preguntó, conteniendo una sonrisa. Enrojecí y no tuve idea de porque lo hice.

-¡No! ¡Es solo que
! ¡Son tan irrespetuosos! ¡Me dieron la espalda!- expliqué. ¿Por qué Alice no entendía el problema? No eran celos, no, no era eso. Simplemente me ponía de muy mal humor que las personas me ignorarán. De muy mal humor, en verdad.

-Eso, mi estimada Lily, se llama "celos". Odias que James hablé con otras chicas, y más que te ignore. Él te tiene muy acostumbrada a ser la única chica que le interese
pero quizás ya se cansó de insistirte y buscará un nuevo amor.

¿Perdón? ¿Ó sea
? ¡Se estaba burlando de mí, ella también! ¡Qué enojo! ¡Y yo creí que ella sería la única persona que me apoyaría!

 

¡Claro que no sentía celos, era
era otra cosa! ¡Era "complejo de ignoración"! No me gustaba que nadie me ignorara. ¡Nadie!

Pero
¿En serio Potter se había cansado de mí? Sentí un tremendo vacío dentro de mí
¿Por qué? Era la sensación que sentía cuando estaba triste o sola.

-¡Oh, Alice! No me hables. Es la idea más tonta que he oído.- la acusé. Ella se encogió de los hombros.

-Como quieras.

Me fui, furiosa. Me estaba quedando sin apoyo moral. Tan solo me quedaba Nany. Ella generalmente no desayunaba y se iba a la biblioteca. Así pues, antes que empezará la primera clase, corrí a la biblioteca, donde Nany, no estaba.

Tuve que ir a mi clase de Transformaciones, donde llegué muy temprano. No se porque, me senté en una banca para dos, y deje un espacio libre para que "alguien" se sentará ahí.

Entonces, escuche la risa de Los Merodeadores llegando al salón. El corazón me empezó a latir más rápido, como si estuviera nervioso.

Los Merodeadores pasaron junto a mí y
¡ni siquiera me voltearon a ver! ¡Era la única en toda el aula, y no me miraron ni un segundo
! ¡Maldito, Potter! ¿Por qué me ignoraba ahora, eh?

Tosí, a ver si se dignaban a verme o a sentarse cerca de mí, como siempre lo hacía. ¡Pero no, no lo hicieron! Se alejaron lo más posible de mí. ¿Por qué hacían eso, por qué?

-¡Hola Lily!- me saludo Jennifer, alegremente. La ignore cuando se sentó a mí lado con una sonrisita de tarada. -Oh, ¡Precaución! ¡Lily esta de mal humor
!

La seguí ignorando. Dos podían jugar el mismo juego.

-Oye, no te preocupes, no quiero nada con Potter. Yo quiero a Sirius, de hecho
¡¡tengo una cita con él!!- susurró, llena de emoción. La ignoré.- Bien
A ver Lily, deja los celos para otra ocasión y hazme caso.- Seguí ignorándola.- ¡Lily! ¡Si James te ignora es tu culpa! ¿Cuántas veces lo has humillado y rechazado? ¡Muchas! Déjate de tonterías, siempre dices que odias a Potter, pero él te ignora un segundo y tú te vuelves loca.

No le respondí.

-Cuando estés de mejor humor, me dices.- amenazó. Y luego se fue, hecha una furia. Bah, nada importante.

Nada importante
¿¿¡¡Por qué demonios Potter me ignora!!??

Estaba con Nany sentada a la orilla de lago negro. No sería bueno meternos a nadar, pues el agua estaría fría. Muy fría. Pero al menos ver las ondas calmadas del lago le sentaría bien a mis nervios.

Y van tres días, 6 horas y 35 minutos que me "él" está ignorando.

Yo, no le hablo a Jennifer, ni a Alice. Ella, por su lado, han pasado esos tres días, 6 horas y 35 minutos con Los Merodeadores.

Mañana iríamos a Hogsmeade la única persona con la que podría ir sería Nany
bueno

-¡Hola!- dijo la voz de Potter, acercándose a nosotras. ¡Sí! ¡Ya no me ignoraba! Se acerco, y me salió una sonrisa involuntaria en los labios. ¡Por fin
! Pero en lugar de mirarme a mí, miró a Nany.- Nos preguntábamos sí irías con nosotros a las Tres Escobas este domingo.

-¡No puede! ¡Va a ir conmigo!- interrumpí, aferrándome a la única amiga que me quedaba. ¡No la dejaría ir!

¡Me ignoró! ¡No puso atención en mí ni un maldito segundo! Maldito Potter

 

-¿Qué dices?- insistió Potter. Nany me miró y luego dijo:

-Esta bien, solo que Lily
- comenzó. Me señalo, pero Potter ni siquiera mi lanzó una mirada.

-Nos vemos en el vestíbulo, entonces. Hasta luego.- la cortó Potter. Luego, se alejo, dejándome con la palabra en la boca.

¡Lo odio! ¿Por qué me ignora? ¡Ya me tiene harta! ¡Sí lo único que quiere es darme celos
! ¡No está funcionando! ¡¡¡NO ESTA FUNCIONANDO!!!

"¡Lily! ¡Estas llegando a la locura!" me dije a mí misma. Sí, debía controlarme. ¡Pero no tenía celos, no tenía celos, NO!

¿O sí?

Bien dicen que dos pueden jugar este juego, así que esa tarde en la sala común, busqué sola algún chico con el cual darle celos a Potter. Busqué al más atractivo de todos, y me asegure que Potter y él se conocieran.

Así pues, me puse a charlar con un chico llamado Todd Pelkins, que era, bastante atractivo. Tenía el cabello negro y despeinado, los ojos cafés y usaba gafas. Cualquier parecido con James Potter es pura coincidencia.

Espere a que llegará Potter de su práctica de Quidditch
¡Ja, ja, ja! Seguro se moriría de celos y vendría a hacerme una escenita donde dejaría de ignorarme. Sí, seguro eso sucedería
Podía apostarlo.

¡Por fin Potter llegó! Mire de reojo cómo reaccionaba
¡pero no miraba para donde yo estaba! Tenía que llamar su atención de alguna manera.

-¡¡Ja, ja, ja, ja, ja!!- reí, estruendosamente. Unas chicas de primero me miraron raro, y les guiñe un ojo. ¡Potter seguía sin mirar!- ¡¡Que gracioso eres!! ¡Ja, ja, ja!

-Eh, Lily
-comenzó Todd. Lo ignore.

-¡Me la paso genial contigo!- continué, mirando a Todd a los ojos. Eso le daría un lindo toque a la escena.

-Lily

-¿Si? ¡Ja, Ja, Ja! ¡Me da mucha risa tu broma!

-Potter ya se fue, deja de fingir.

Merlín. Demonios. No había funcionado. Me sonroje.

-¿Y si solo le hablas tú y dejas de gritar?- me propuso Todd.

¡No! No le hablaría a Potter. No después de eso. Sería humillante. Nunca, jamás lo haría. No. Nunca. Nunca, jamás. Jamás. Lily no haría eso. No, no, no. No. Yo sí tenía dignidad y mucha. Mucha.

-¡Vamos!- susurró Nany. Me dio un empujón en la espalda, animándome a acercándome.

-¡No, no puedo hacerlo!- le murmuré, asustada. El corazón me latía tan rápido como nunca, a un ritmo acelerado y agitado. Me giré hasta ver el rostro moreno de Nany.

-¡Por Merlín, Lily, estas pálida!- exclamó.

-¡No puedo! ¡No me obligues!- le insistí. Ella frunció el ceño.

-¡Fue tu idea! Me dijiste: Quiero que no me permitar volver atrás, no importa cuanto de ruegue, necesito aclarar esto con Potter. ¿O ya se te olvido?

-Nany
por favor.- imploré. Ahora sí, estaba desespera.

-¡No hoy, Lily!- grito, dándome un empujón tan fuerte que caí al suelo. Me levanté lo más rápido que pude y me encontré rodeada, nada más y nada menos que de Los Merodeadores.

Ahí estaba la cara arrogante de James Potter, mirándome ahora sí, a mí, con una sonrisa divertida.

-¡Funcionó el plan B!- susurró Colagusano. Un golpe me indico que Canuto le había golpeado. Me preparé para hablar. La voz no me salía. Intente de nuevo y
funcionó.

 

-Eh
Hola Potter.

Capítulo 4: ¡Funcionó! ¡James tiene una cita
! ¡Y Sirius también!... ¿¡Qué?!

"Nunca dejes de creer"

Don't Stop Believing. Glee Cast.

El Plan B es el plan más desesperado, pero eficaz del mundo. ¿Cómo no se me ocurrió hacerlo antes?

Claro, todo Hogwarts sabía del Plan B contra Lily, incluso sus amigas y todos habían aceptado conspirar contra mi querida y bella pelirroja. Todos lo sabían
menos ella.

Por supuesto que me sentí horriblemente malo al ver a mi pelirroja muriendo de celos, pero había demostrado que en realidad sí éramos medias naranjas, y ella había comenzado su metamorfosis de calabaza-naranja.

Así que Lily no me odiaba
¡ah! Ahora sí podía decir que yo era el más afortunado de todo el mundo, digo, de todo el universo existente. Cuando vi a la pelirroja en el suelo, toda sonrojada y avergonzada, me levanté para ofrecerle ayuda para ponerse de pie. Estiré una mano, esperanzado de que no me mordiera- porque una vez sí lo hizo
Lily tiene colmillos de vampiro.- Lily miro mi mano como si no pudiera creerlo, pero termino aceptando mi ayuda. La pelirroja tiene una piel increíblemente suave.

-¿Y bien Lily?- le pregunté, fingiendo indiferencia aún. La pelirroja no sabía muy bien que decir.

-Eh yo
bueno, yo quiero
yo
quieropedirtedisculpas.- tartamudeó. Supongo que ni yo, ni siquiera Dumblendore entendería lo último.

-¿Qué dijiste? No te entendí.

La pelirroja, contuvo un grito de enojo y luego suspiro.

-Quiero pedirte disculpas por ser grosera contigo. ¿Ya? ¿Estás contento?- me espetó, con ese tonito acusador tan lindo que tenía.

-¡¡Ahora sí!! ¡¡Saquen el cartel!!- grité. Los Merodeadores, mis fieles y queridos amigos, inmediatamente entendieron la señal. Con un movimiento de su varita, Sirius hizo caer confeti y globos de la sala común de Gryffindor, Remus hizo caer un gran cartel frente a la chimenea, y yo aparecí un ramo de Lirios -Por qué Lily, viene de Lirio
¿qué? ¡Es un detalle lindo!- Colagusano no hizo nada, en parte porque le hicimos un encantamiento petrificante- ¿Qué? ¡No iba a arruinar mi momento!-

Mi pelirroja hizo una bella cara de sorpresa al ver todo nuestro bello trabajo. No imagino que pudo haber pasado por su mente, lo único que se me ocurre es: ¡Oh, James! ¡Es precioso, te amo! ¡Casémonos y tengamos ocho hijos!

El cartel, decía: Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? Además, yo había tenido la caballerosidad de hacer un bello dibujo: mi pelirroja favorita y yo tomados de la mano y nuestros ocho hijos rodeándonos.- La intención es lo que cuenta, Sirius dice que mis dibujos se parecían más a un gato deforme que a un humano o mucho menos-

-¿Y bien, Lily? ¿Saldrías conmigo, por favor?- le pregunté, con una sonrisa según yo encantadora. La pelirroja no cabía en su emoción -según yo.-

-¡Vamos todos! ¡Ese grito! ¡Dile que sí! ¡Dile que sí!- grito Sirius. Todos los Gryffindors comenzaron a gritar, a una misma voz, al mismo tiempo y con la misma fuerza y deseo: ¡Dile que sí! ¡Dile que sí!

-¿Qué dices? ¿Me darás una última oportunidad? Te prometo que si lo arruino, puedes patearme el trasero. Tan solo conóceme

Le extendí la mano a mi pelirroja. No dejaría que se negará, no está vez. Sí decía que no, usaría el Plan C: un filtro amoroso. Pero, afortunadamente, no fue necesario.

 

Lily asintió.

-¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Gracias Lily, gracias! ¡Gracias, no sabes que feliz me hace eso!

La sala se lleno de aplausos y gritos de euforia, principalmente míos. ¡Lo había logrado! ¡Por fin! ¡Siete años insistiendo y
! ¡Lo logre! ¡Lo logramos!

-¡Esto merece celebración!- grito Canuto.- Vamos por un poco de comida a las cocinas, Cornamenta.

Asentí, mientras no creía lo que estaba sucediéndome. Jamás hubiera creído que esto sería real y no un sueño. ¡Era feliz! ¡Tanta felicidad no cabía dentro de mí!

-¡No te vayas, bella pelirroja! ¡Volveré pronto! ¿Te gusta el pastel de calabaza
? ¡Te traeré pastel de calabaza, entonces! ¡Aquí tienes las flores! ¡Vuelvo pronto, lo prometo!

Corría a mi alcoba por mi capa invisible, y regrese a la sala común, donde a Peter se le estaba pasado el efecto petrificante. Cuando nos vio a Lupin, Sirius y a mí, lo único que pudo decir fue:

-¡Se olvidaron de mí
! Otra vez.

-¡Hola elfitos! ¡Venimos por una orden enorme!- dijo Canuto.

-¡Si, señor! ¡A trabajar, amigos!- grito un pequeño elfo con su voz aguda. Mientras ellos trabajaban, yo no dejaba de sonreír y pensar que mañana tendría la famosa cita con Lily Evans. No podía dejar de sonreír, seguro me dolerían las mejillas, pero no importaba.

-Felicidades, Cornamenta.- dijo Canuto, dándome una palmada en la espalda.- Oye, amigo elfo, ¿podrías hacer un pastel de calabaza que dijera: Te quiero, Lily.

El elfo dio una gran reverencia mientras asentía.

-Mejor que diga: Gracias, Lily. El te quiero es muy pronto aún. Pero sí la quiero y mucho más de lo que cree.

-Como ordene, señor Potter.

-Sí, felicidades, James.- dijo Lunático.- Todos en Hogwarts estamos consientes de tres cosas: Una, Amas a Lily. Dos, ella te
¿odia? O no sé, creo que en realidad no
Y tres, nada en el mundo hará que pierdas a Lily.

-Tienes razón, Lunático.- confirmé. Mi amigo lobuno estaba más pálido y delgaducho de costumbre, lo que significaba que era mañana sería luna llena. Pobre Lunático.

-No olvides vernos mañana después de tu cita en la Casa de los Gritos.- me recordó Lunático.

-No hay problema
por cierto, Sirius, tú también tienes una cita.- recordé.

-¿Qué? ¿Con quién o qué?

-Con la amiga parlanchina de Lily.-mencioné como si nada. Mi amigo perruno hizo abrió la boca a toda su capacidad, antes de gritarme:

-¡Idiota! ¡Yo ya tengo una cita con otra persona?

Me encogí de los hombros.

-¿Y?

-¿¡Y?! ¡No puedo salir con dos al mismo tiempo!

-Bien
creo que alguien más tendrá que salir con la parlanchina amiga de Lily y beber nuestra última dosis de poción multijugos- comencé
dirigiendo mi mirada "discretamente" a Remus
quién comenzó a negar con la cabeza antes de que yo dijiera algo más.

-Tengo en mente a alguien mejor.- susurro, en un tono misterioso. Sonrió, y creo que todos supimos a quién se refería.

-¡No!

-Oh, por favor, Colagusano, sería tu primera cita

-¡No!

¡No había nada que lo convenciera! Para Colagusano era todo no, no, y no. ¿Qué le costaba tomarse la multijugos y salir con una chica fingiendo ser Sirius? ¡Nada! Sería su única oportunidad de tener una novia y la estaba tirando al excusado, después tiro de la cadena y contemplaba como se iba su posible novia por el drenaje.

 

No me malinterpreten, pero Colagusano no es muy
ejem, exitoso con las chicas. De hecho, era bastante tímido. Y ahora le ofrecíamos la oportunidad de salir con una chica, y la rechazaba. ¿Por qué Colagusano no se decidía a ser feliz de una vez?

-Por favor Colagusano
-insistimos Canuto y yo, mientras Lunático soltaba otra cansada carcajada. Estaba más pálido y débil a cada segundo, y es que mañana era luna llena, y eso significaba que
Remus Lupin se volvería un hombre lobo.

Apreciábamos mucho a Lupin, con su seriedad y gran madurez. Le debíamos mucho, y ninguno de nosotros deseaba perder a Remus, mucho menos verlo depresivo y triste en la soledad de su transformación.

Cada vez que Remus me mordía, en su forma lobuna, y yo convertido en un ciervo, tan solo podía sentir el dolor de mi amigo. A mi amigo lobuno no le gustaba nada ser un licántropo, y de vez en cuanto lo encontrábamos hecho un mar de lágrimas lamentando su mala suerte, y deseando morir lo más pronto posible.

Remus creía que en su "estado" estaría solo para siempre, y nunca podría tener amigos, ir a un colegio de magos como cualquier otro mago normal, y tener un familia.

Pero él no contaba con que Los Merodeadores fuéramos las personas más fieles del mundo. Jamás abandonaríamos a Remus. Para eso estaban los amigos.

Se me alegraba el corazón al ver a Lunático sonreír. Era mi gran amigo, y sí era feliz
todos nosotros éramos felices.

-¡No!- insistió Colagusano. A este chico nada lo convencería.

-Bueno, creo que te tocará a ti el gran honor, Lunático.- dijo Sirius, pero Remus se negó rotundamente. Pero él sí tenía buenas excusas.

-Mañana es
luna llena. No quiero correr el riesgo.

-Bien, Sirius, tendrás que salir con dos chicas.- le dije, dándole una palmada amistosa en la espalda. Canuto parecía horrorizado.

-¡No! ¡No! Ni se te ocurra, James Potter. Fuiste tú quién me consiguió una cita con la amiga de Lily. ¡Tú me sacas de ello!

Fruncí el ceño, nadie parecía cooperar está noche. Mi noche. La noche en que mi pelirroja había dicho que sí.

-¿Y por qué no sales tú con ella?-preguntó inocentemente Peter.

-Ay, Peter. Porque yo, tengo una cita con la hermosa Lily Evans.

Canuto y Peter se lanzaron una mirada sospechosa.

-Un galeón a que Lily le da al menos una bofetada.- dijo Canuto.

-Trato hecho.- respondió el pequeño Pete. Los fulminé con la mirada mientras se estrechaban las manos.

-No me golpeará. No recuerdo alguna vez que Lily haya roto mis derechos humanos.- les recordé, pero obviamente mentía.

-¿Y la vez que te golpeó por decirle "guapa"?

-¿Y la vez que te golpeó por pedirle la tarea?

-¿Y la vez que te golpeó por que nos burlamos de Quejicus?

-¿Y la vez que te golpe por romper su espacio personal de 1 metro en perímetro?

-Esa no vale. Claramente estaba a 1 metro y dos centímetros. No rompí ninguna ley.- expliqué. -Mañana Lily no me golpeará, lo sé.

-Opino lo mismo.- agregó Remus, con un bostezo. Se recostó en su cama de dosel y cerró las cortinas.-Buenas noches.

 

Era muy tarde, casi la madrugada. La fiesta de celebración había tardado mucho más de lo esperado, y ahora por fin todos dormían
o fingían hacerlo. Quizás yo debería dormir también, y así no quedarme dormido mañana en mi cita. Pero mi presentimiento masculino me dijo que nunca me dormiría en una cita con Lily.

-Mañana decidimos quién saldrá con la amiga de Lily.- dije, cubriéndome con las deliciosas cobijas de mi cama. Colagusano y Canuto hicieron lo mismo.

-No olviden que mañana es luna llena. Nos vemos en La Casa de los Gritos.- dijo Remus, tras sus cortinas.

-Aja.- respondió Sirius, con voz nasal.

No faltaría con Remus. Para eso estaban los amigos.

Pero
¡mi pelirroja había dicho que sí! Aún no me lo creía, y pensaba que lo más probable era que todo fuera un sueño. Creí que seguramente, en cualquier momento despertaría y me encontraría en clase de historia, o dormido en mi cama, sin cita, y sin Lily.

Desde que había visto los brillantes ojos verdes de Lily, algo en ellos me había gustado. Quizás ese brillo de emoción, ese toque de dulzura, esa chispa de sinceridad
Algo en ese mar de jade verde me había gustado.

Después vino la obsesión con mi pelirroja. Al principio solo fue un enamoramiento de adolescentes, pero
poco a poco fui conociendo más a Lily.

No sé en qué momento decidí que era ella la que quería para compartir toda mi vida. Simplemente, pasó. Y no hubo nada que me quitará la idea del corazón.

Sufrí muchos rechazos, Lily tiene una manera muy dolorosa de decir "no a una cita, tuve que recibir muchos insultos, tales como "inmaduro", "arrogante", "presumido" y una lista interminable de adjetivos que solo bajaban mi autoestima.

Decidí que sí mi pelirroja quería a alguien maduro, yo debía madurar como ella quería. Debía dejar de ser arrogante, aunque sigo sin creer que lo soy. Cambie mucho, y aún así, Lily se negaba a darme una oportunidad.

Pero hoy, hoy había amanecido con suerte. Mis compañeros, los Merodeadores, habían logrado que Lily aceptara, conspirando contra ella, pidiéndole ayuda a todo el colegio.

Y finalmente, mi Lily acepto.

Y fue como si alguien volviera a regar el ya marchito corazón que Evans me había dejado. ¡Por fin! Los sueños sí se hacían realidad, y yo era consciente de ello. Mañana sería otro día, el día, donde haría todo lo posible para conquistar a la pelirroja.

Todo lo posible.

-¡Milagro! ¡Actualizo!

-¡Sí! ¡Qué escritora tan incumplida
!*

*Nótese que la autora escribió los diálogos que el lector debe estar diciendo en este momento.

Ejem, ejem
¿siguen ahí? ¿Así? ¡Gracias! Les pido mil disculpas por tardar en actualizar. Pero bueno, finalmente aquí está el capítulo.

¡Hasta el próximo capítulo, que será en otro mes
! La próxima semana.

Capítulo 5: La manzana James cayó del árbol.

"¿Recuerdas esas paredes que construí? Pues bien, se están derrumbando.

Y ni siquiera dieron pelea alguna.

Ni siquiera emitieron algún sonido."

Halo, Beyoncé.

Obviamente, nunca admitiría que estaba nerviosa. Pero en realidad, sí lo estaba y mucho. Nada jamás me haría confesar, que me mordía las uñas con insistencia, que no había podido pegar un ojo en la noche, y que sentía el estomago revuelto a la menor mención de tres palabras: comida, cita, y James.

 

Vaya, vaya. La ansiada cita.

La cita que todos esperaban con emoción, donde por fin Lily acepto la cita con su acosador, James Potter, el popular del colegio.

-Lily, come algo- me dijo severamente Alice. Después de que yo hubiera dicho el "si" a Potter, todo había vuelto a la normalidad, y no había recuerdo alguno de nuestras peleas.

Pero bueno, así era nuestro estilo. Nos peleábamos un día, nos reconciliábamos al otro. Nunca habíamos tenido una pelea tan grande como para que nos odiáramos de por vida.

Negué, sin decir nada. Alice parecía desesperada, e incluso aburrida. Jennifer no comía nada, temía que se le atorará la comida en los dientes, y fuera así a su cita con Black. Simplemente, se retocaba a cada momento el brillo labial, con un espejito de mano. Y Nany, simplemente estaba absorta en sus pensamientos, mientras revolvía su cereal lentamente.

-Vamos Lily.- dijo Nany, poniendo un tono de voz peligrosamente burlón.- ¿O acaso estás nerviosa por tu cita con Cornamenta?

-¿Desde cuándo es "Cornamenta"?- pregunté, lanzándole una mirada asesina.

-Desde que dijiste el sí, te volviste una merodeadora.

"-¡Noooooooooooooooooooo!- grite, poniéndome de pie, y con un brazo, tirando todo lo que se encontraba en la mesa del gran comedor. Una lluvia de leche, jugo de calabaza y huevo frito comenzó a caer por los cielos.

Todos me observaron atentamente, algunos dieron un par de pasos discretos y asustadizos lejos de mí, pero nada importante. Tan solo miradas raras, como sí creyeran que yo estaba loca.

-¡Nunca seré una merodeadora!- grite.-¡Nunca jamás!

-Eh, Lily
-comenzó Nany, cubriéndose la cara, como si temiera que yo la fuera a golpear.

-¿¡Qué?!- le espeté, llenándole la cara de saliva.

-¡Seguridad!- gritó ella. Inmediatamente, muchos magos de San Mungo aparecieron de la nada, y entre golpes, rasguños y mordidas, me llevaron con un encantamiento paralizante, hasta la salida del Gran Comedor, donde mis gritos aún resonaban. "

Sacudí la cabeza para quitarme esa fantasía de la mente. ¿Yo, una merodeadora? ¡Jamás!

-Y bien
¿Qué es ahora, Lily? - preguntó Alice, mientras me acompañaba al vestíbulo, donde Potter debería estar esperándome.

Ningún otro día había puesto tanto empeño en mi apariencia personal. Y si, ya había tenido otras citas con otros chicos, pero por alguna razón, no podía dejar de mirarme en las ventanas y en cualquier superficie lisa que encontrará en mi camino.

Me había ondulado el cabello, y me había vestido con mis mejores ropas. Y
¿por qué? ¡No lo sabía!

-Nada.- susurre, el corazón me latía enloquecidamente.

-No se te dan las mentiras, Lily, y James ya sabe eso. No trates de mentirnos.- insistió, con tranquilidad y paciencia, mientras bajábamos la escalera de caracol.

¡Ah, maldita Alice! ¡Lo sabe todo! Seguramente es síquica y lee la mente. No dudo que anoche me haya leído la mano mientras yo trataba de dormir. ¿Y sí
? ¿¡Y si me había dado un filtro amoroso?!

 

No respondí, nada, al contrario, busqué un espejo o cualquier cosa donde reflejarme.

-Lily, hazme caso.- dijo Alice, alargando un brazo y deteniéndome. Me miró con sus ojos castaños en su cara redonda.- Lo que a ti te sucede es que temes lo que las personas vayan a decir de ti.

-No sé a qué te refieres.- mentí. Unas chicas de segundo año pasaron junto a nosotras, y me dieron una palmadita en la espalda.

-¡Suerte hoy, Lily!- me dijeron con una sonrisa. Y no, no puedo responderles ni un gracias, porque ni siquiera las había visto en toda mi vida.

-¿¡Qué uno no puede tener privacidad aquí?!- gruñí.- ¡No es MTV, ni nada parecido! ¡No es un programa de citas y no estoy desesperada! ¡No estoy desesperada por salir en una cita con Potter!

-Lily, ¿te das cuenta que pusiste a "Potter" en una oración sin ningún adjetivo como "engreído" o "odioso"?

-Fue un error de lengua.- corregí, frunciendo el ceño.

-No, Lily, no fue ningún error. Simplemente, estás viendo a Potter con otros ojos.

-No te enti

-Sí, sí me entiendes. Lo único que te preocupa es que todos crean que eres una facilona, o estás desesperada por un chico. Todos los que te conocemos sabemos que no es así.

-Desde que tú y James se conocieron- continuó.- No han hecho más que pelear. Entonces, cuando James se enamoró de ti, él empezó a cambiar. Insistió para que aceptaras una cita con él, y tú siempre lo rechazaste. Pero aunque nunca lo admitas, y seguro me matarás está noche por decírtelo, a ti también te enamoró James. Y sólo le decías que no, para no aceptarlo. Para que nadie criticará tu elección, y específicamente, para que Quejicus no te odiará más de lo que ya lo hace.

Baje la mirada. Severus había sido mi gran amigo
y él siempre había odiado a los Merodeadores. Sentía una horrible culpa al salir con Ja
Potter. Sabía que Sev me odiaría más de lo usual.

-No hagas caso a los demás, primero sé feliz tú, y luego preocupate por el resto.- terminó Alice. Entonces, escuche una voz a mis espaldas: provenía de una pintura colgada en la pared, donde La Señora Gorda me sonreía pícaramente.

-Y deja de mirarte en cada espejo, querida, que te ves muy mona.

Le sonreí, La Señora Gorda y su vestido chillón nunca había sido tan amable conmigo.

-Gracias. Gracias Alice.

Se encogió de los hombros.

-No hay de qué.

-¿Y tú que harás hoy?- le pregunté, retomando la caminata.

-Iré con Frank a Hogsmeade.- dijo, como sí nada.

Justo en ese instante, llegamos al vestíbulo, donde había un gran alboroto. Todos se preparaban para ir al ansiado paseo a Hogsmeade. Los amigos se reunían y las parejas se tomaban de la mano, antes de salir con un paso lento.

Visualicé a Potter, junto con Black y Remus, además de Jennifer. Por la cara de ellos, supuse que ella llevaría un buen rato hablando.

Me despedí de Alice con desgana, y me dirigí hacia ellos.

-Eh, hola.- dije, al llegar.- ¿Nuevo look, Potter?- Señalé con una cabezada desganada el cabello, antes alborotado de Potter. De alguna manera, había peinado su cabello todo a una mejilla, y se había puesto una gorra que le cubría la mitad de la cara.

-¡Lily!- dijo, parpadeando varias veces. Saco su varita, y con un rápido movimiento, aparecieron unas rosas rojas, que me tendió con un gesto, diría yo, nervioso.-Eh, son para ti.

 

¡Maldita sea la anatomía humana! Me sonrojé ante las flores, y mientras las mejillas me ardían como fuego en un día de verano, tome las flores y murmuré un gracias, sin saber sí se habían entendido mis palabras o no.

-Eh, no hay de que.- exclamó Potter, acomodándose la gorra, cubriéndose más la cara.

-¡Oh, Lily!- dijo Jennifer, emocionada.- ¡Eso fue muy romántico!- agregó, mirando de reojo a Black, que permanecía callado y embobado en la nada.

-Bien
supongo que hay que
irnos.- dije, incomoda. Era el momento más incomodo de toda mi vida.

Todos asintieron con nerviosismo.

Jeannifer y Black, se fueron, no antes sin despedirse y lanzarme miradas significativas. No fue muy importante todos los ojos estaban en mi y en Potter. Me sonrió e involuntariamente, le sonreí también.

-¡Ay! ¿¡No son hermosos?!- dijeron varias chicas, con voces chillonas. Me puse aun más roja.

-¡Hola, James!- dijo una de ellas, de pelo negro. Potter la saludó.

Fruncí el ceño.

Potter se acercó a mí, y me susurro en voz baja:

-¿Conoces a la de pelo negro?

-No.- respondí, ante una pregunta tan rara. Pude escuchar el tono celoso en mi voz. ¿Celoso? ¿Yo, celosa? ¡No! ¡Fue un error de escritura!-¿Y tú?

-No tengo la menor idea de quién es.

Me guiño un ojo, mientras señalaba con una mano la puerta de salida.

Así que aquí estaba, finalmente, después de siete años de gran insistencia, caminando hacia Hogsmeade al lado de Potter. Dios mío, como terminan las cosas.

"Tranquila, Lily. No es más que sólo una cita."

¿¡Entonces por qué demonios me ponía tan nerviosa!?

Volviendo al tema en general, ni yo, ni Potter habíamos abierto la boca. Tan solo caminábamos en ese odioso e infantil silencio.

-Y bien Lily
-preguntó, cuando por fin llegamos a Hogsmeade.- ¿Sigue valida la ley de que no debe acercarme más a ti? Ya sabes, la de un metro y nada más.- pregunto, con una sonrisa traviesa.

Reí un segundo, antes de darme cuenta que reía de un chiste de Potter. Corte la risa al instante, y negué con la cabeza.

-Sigue valida, Potter, no te hagas ilusiones.

-¡Ah! Entonces será mejor que me aleje.- dijo, señalando el espacio entre ambos. Claramente, era menos que un metro. Potter dio unos cuantos saltos lejos de mí, y continuó caminado. Yo aún cargaba con las flores.

Se acomodó la gorra.

-¿Por qué traes esa gorra, Potter?- pregunté.

-Para que tu belleza no me ciegue- respondió, y nuevamente me sonroje. ¡Malditas hormonas! ¿Qué sucede conmigo? Me dicen un cumplido mal hecho y ay va, me quedó toda roja como tomate.

-No lo creo.- repliqué, con desgana. Entonces, Potter se acercó a mí, precavido, como si esperará que lo golpeara.

-¿No crees que eres bonita, Lily?- preguntó, como si no lo creyera. Me miraba atentamente a través de sus anteojos.

No le respondí. Obviamente, responder la verdad- que no- sería bastante vergonzoso, y creería que mi autoestima estaba muy abajo.

-Los espejos
sirven para ver tu reflejo, ¿sabes?- dijo, siguiendo el camino. Baje la mirada, sin decir nada aún.- Y yo sí pienso que eres, muy
linda.

 

Levante la cabeza, y me encontré aún con la mirada de Potter. Al igual que yo, se había sonrojado, y movía nerviosamente la gorra. Le sonreí.

-¿Me dejarás ver que hay debajo de tu gorra?- le pregunté, ante tanto misterio.

-Sólo si te portas bien, joven pelirroja.

Desde ese momento, la cita cambio su rumbo totalmente. Entres bromas y cuchillejos, fuimos a Honeydukes, donde Potter tuvo la amabilidad de comprarme una buena dotación de dulces, que él pagó.

¡¿Potter estaba pagando mis dulces?! ¡Eso era todo un logro!

Después de los dulces, corrimos a Las Tres Escobas, donde las miradas estaban puestas sobre nosotros, pero misteriosamente, no importó mucho. Potter hacía gala de su nueva y renovada buena educación, abriéndome la puerta y retirándome la silla para que me sentara. Al parecer, la manzana inmadura, había madurado, y caído del árbol.

-¿Ahora sí puedo saber que hay bajo tu gorra?- insistí.

-Te has portado bien, digo, no me has golpeado ni nada
pero, sí te muestro la deformidad bajo mi gorra, te asustarás.

-No, no lo haré.

James me guiño un ojo, mientras susurraba:

-Es un grano, linda pelirroja.

Me sonrojé. "Malditas hormonas."

-¡Malditas hormonas!-dijo James, en un tono burlón. Me reí.

-Sí, malditas hormonas.- corroboré, mientras le daba un sorbo a mi cerveza de mantequilla.

Sin embargo, mientras bebía mi cerveza de mantequilla, y había comprobado que no estaba adulterada y Potter no he había echado ninguna opción; observe a cierta pareja en un rincón. Black, con una chica, que no era mi amiga Jennifer.

-Eh, Pot
James- dije, mirando a Black.- ¿Puedo saber por qué Black está con una chica que no es Jennifer?

James se alarmó un poco, y trato de cambiar de tema.

-Eh, Lily
sabes
¿sabes que Colagusano canta en los baños?

-Sí, sí
pero
-insistí.

-Y
¿Sabías que Canuto tiene miedo a la profesora Mcgonagall?

-No, pero

-Y
¿sabías que Lunático
?- se calló de pronto.

-¿Qué?

-¿Qué de qué?

-¡Oh, por favor! Puedes confiar en mí.- Pasaron unos segundos, en los cuales, James parecía debatirse consigo mismo. Finalmente, habló.

-Bueno, Lily
esto
se supone que no debo decirte esto, pero
-se detuvo unos instantes, claramente, algo iba mal.- Bueno, sé que no dirás nada. Eh, Lunático no tiene una enfermedad, como todos creen.- Me miro atentamente. ¡¿Por qué no podía decir que sucedía y ya?!- En realidad, él es un licántropo.

-¿Qué?- bufé, sin poder creerlo. Debía estar tomándome el pelo, pero
Jamás había visto a James tan serio.

-Dumblendore lo dejo entrar en la escuela, pero
cada vez que hay luna llena, como hoy
Lunático se va a la Casa de los Gritos, donde se transforma en hombre lobo.- explicó.

-Pero
¡no puede ser! ¡Es muy peligroso para los demás estudiantes!- exclamé, pensando que
¡hoy era luna llena! Y si todo eso era cierto
y habría un hombre lobo entre nosotros
¡todos corríamos mucho peligro!

Un hombre lobo era un ser que sólo estaba deseoso de sangre, de matar y nada más. Al convertirse en hombre lobo, la persona no reconocía ningún rostro, ni a sus amigos ni a nadie. Se transformaba en un animal salvaje y violento.

 

¡James era amigo de un hombre lobo!

-¡Es muy peligroso para ti! ¿¡Qué tal sí Remus te ataca?! - continué, dándome cuenta de la gravedad de la situación.

-Lily
eh, baja la voz.- murmuro James, mirando de reojo hacia el rincón donde Black y la chica hablaban plácidamente. Entendí la indirecta y me callé.- Tranquila. Remus es nuestro amigo, y no lo abandonaremos jamás. Es muy difícil para él ser un
-bajo la voz.- licántropo. Los Merodeadores nos prometimos guardar el secreto siempre. Y cada noche de luna llena, lo acompañamos en su transformación.

-¿¡Qué?! ¿Están locos? ¡No pueden
!- comencé, pero ahora, yo misma me detuve y susurre.- No irás hoy.- sentencié.

James pareció impresionarse. Pero nada, ni nadie, me convencería de dejarlo que se arriesgará así.

-Lily, yo debo

-¡No! ¡No debes! ¡Déjenlo solo cuando sea un hombre lobo! ¡No puedes arriesgarte así! ¡Ni tú, ni nadie!

-¡Es mi amigo! ¡No lo puedo abandonar
!- se quejó, pero yo comencé a negar con la cabeza.

Estaban rompiendo las reglas de Hogwarts. Y yo, no lo permitiría. ¿Cómo iba saber que las especulaciones de Severus siempre fueron reales? ¡En verdad, Remus no estaba enfermo, como él había dicho! ¡Era un hombre lobo
! ¡No podían seguir arriesgando tantas vidas! ¡Y Dumblendore
!¡No podía creerlo de él, el responsable director!

Debía alejar, al menos, a James de ese peligro, fuera lo que fuera necesario.

-James.- le dije, seriamente. Estire mi mano, y la puse sobre la suya, un gesto que nos sorprendió a ambos. El calor de su mano daba una sensación de cosquilleo en la mía. Pero no era importante ahora.- Es tu amigo, pero está es nuestra cita. Hazlo por mí. No vayas.

Guardo silencio, un silencio que me pareció eterno, mientras el corazón me latía rápidamente. Finalmente, suspiro, rindiéndose.

-De acuerdo. Sólo déjame decírselo a Canuto.- asentí. Busqué a Black con la mirada y no lo encontré, ni a él, ni a la chica. En lugar de eso, vi a Jennifer sentada en un rincón, con el rostro tapado por las manos.

-Vuelvo en un momento.- le dije a James, mientras me ponía de pie y corría hacia Jennifer. Le puse una mano en el hombro apenas llegué.-¿Mala noche?

-No era Sirius.- tartamudeó, con la voz quebrada.- Era Pettigrew. Y lo besé.

Dicho esto, se soltó en un gran llanto.

Después de consolar a mi amiga, regrese con James, que parecía sentirse inmensamente culpable. Le puse una mano en el hombro, al igual que había hecho con Jennifer.

-Tranquilo. Lo entenderán.- le dije, esperando que se le pasará lo melancólico.

Pero entonces, escuche una voz detrás de mí. Una voz que no debía estar ahí, y que no debería de haber oído nada. Era Black.

-Sí, Evans. Quizás lo entenderíamos. Pero James ya ha dicho demasiado.

¡Lo siento, mucho, mucho, mucho, mucho por la gran tardanza! He estado muy ocupada, pero a menos, no tarde más de un mes en actualizar. Bueno, aquí está el capítulo, sé que no fue muy divertido, pero
pues así es la trama. Y sí se confundieron un poco, no hay problema, que sus dudas se resuelven en el próximo.

Espero les haya gustado. ¡Nos vemos y gracias!

Capítulo 5: Un Mal Día para Los Merodeadores

 

"Estaré pendiente día y noche, llevó mi corazón al límite y ahí es donde me quedo."

Meet me Halfway. Black Eyed Peas.

Desde el principio, el día de hoy se veía como una verdadera desgracia.

Primero, Colagusano fue el primero en despertar. ¿¡Desde cuándo Colagusano se despierta antes que nosotros?! ¿¡Desde cuándo no es necesario tirarle hechizos de cosquillas hasta que despierte?! ¡Eso no era normal!

Segundo, estaba el hecho de que Remus hubiera despertado de buen humor en un día que terminaría con transformación a licántropo. ¿¡Desde cuándo Lunático te sonríe en la luna llena!?

Y tercero- es quizás la peor de todas- el
no, no me atrevo de decirlo. Ese "problemita" que apareció en mi cara como un punto grande y rojo, enorme como una montaña, asqueroso
torturados
Ese ser despreciable que arruinó mi cara

El-qué-no-debe-ser-nombrado. Sí. Un maldito y estúpido grano.

¿Un qué? Un grano. Ni muerto lo repetiré otra vez. ¿Un qué? ¡Un grano! Aquella maldición, despreciable como una cucaracha. ¡Maldita sean las hormonas! ¡Malditos sean los
los
los "esos"!

Cuando desperté, todos se lanzaron miradas significativas, de esas que las chicas se lanzan cuando hay un chisme buenísimo. Y luego, los Merodeadores lanzaron una carcajada.

-¿Qué?- les pregunté, arrugando la frente.

-N-nada
-respondió Canuto, sofocándose de la risa. Fruncí el ceño.

-¿Qué?- insistí.

-¡Nada, Cornamenta!- dijo Remus. Parecía estar a punto de retorcerse en el suelo de la risa.

-¡¿Qué?! ¿Tengo gallinas en la cara o qué?- los reté, con mirada desafiante. Espere a que se estremecieran e imploraran perdón de rodillas, pero por aún motivo que aún desconozco, no lo hicieron.

-No son gallinas, James.- empezó Canuto, con una sonrisa picara.

-¡Es un grano!! - (Nota de J. Potter: El pasaje anterior fue eliminado por la seguridad del lector, y la humanidad entera. Por favor, abstenerse de seleccionar el cuadrito negro, copiarlo y pegarlo en Word para después alterarlo y descubrir su mensaje. Todos los derechos reservados a Los Merodeadores® Se prohíbe el plagio, copia, reproducción o venta ilegal de cualquier sección del cuadrito negro. Sí las reglas predispuestas son ignoradas, el lector o lectora que está leyendo esto en este momento, recibirá en la noche una maldición de cosquillas que le causará tanta risa que no se sentirá capaz de volver a reír ¡Jamas! Gracias por su comprensión.) Grito Colagusano, emocionado.

Canuto y Lunático pararon de reír inmediatamente. Colagusano estalló en una carcajada, pero después de algunos segundos en que el resto de nosotros lo mirábamos extrañados, poniendo los ojos en blanco y encogiéndonos de los hombros; comenzó a dejar de reír poco a poco
quizás simplemente se dio cuenta que había matado el chiste, o quizás tuvo un poco de miedo por la expresión asesina de Sirius. Quién sabe, Hay cosas que nunca se sabrán en esta historia. Por ejemplo, el hecho de porque Colagusano cantaba en los baños.

-Ejem.- carraspeó Sirius, mirando serio a Colagusano.- ¡No son gallinas, James!- dijo, retomando su sonrisa alegre y traviesa.

 

-¿Entonces?- pregunté, fingiendo sorpresa y enojo.

-¡Es el huevo de la gallina! ¡Esa cosa es enorme!- alabó Canuto, y todos, incluso yo y Colagusano, estallamos en carcajadas.- ¡Sí es enorme como un
como un dragón! ¡Y rojo como
como granada! ¡Y tiene un brillo singular! ¡Y
!

-Canuto. Ya.- lo cortó Remus. Canuto bajo la mirada, con un aire ofendido.-¿Qué no ves que James está en problemas? ¿Crees que a Lily le gustará salir con un chico que tiene a un volcán a punto de hacer erupción en la cara?

-Gracias por el ánimo, Lunático.- fruncí el ceño. ¿Qué haría ahora?

Pues, lo único que se me ocurrió, fue echarle un hechizo al
a la "cosita esa". Aumentó de tamaño, y fue asqueroso. Le pusimos unos ungüentos, pero no le paso nada. Entonces, termine lanzándole otro hechizo, y a "la cosa" le salió pelo. Logre quitárselo, y termine cubriéndolo con una gorra.

Y así es como terminé aquí, confesándole a Lily que Remus era un licántropo, atrapado entre la espada y la pared, Canuto y Lily.

Por un lado, estaban mis amigos, Los Merodeadores. Nunca habíamos tenido una pelea en todo el tiempo que llevábamos juntos, y ahora
La mirada de Canuto era horrible: decepción, simplemente decepción.

Yo había jurado no revelarle a nadie el secreto de Lupin.

Del otro lado de la moneda, estaba Lily. ¿Cuánto tiempo había tardado por conseguir esa cita? ¡Muchísimo! ¡Y sí Lily quería respuestas
yo se las tenía que dar o
o me creería inmaduro y me odiaría otra vez! No podía dejar que se fuera de mi. No otra vez.

Así que fue una estupidez, pero le dije a Lily lo de Remus para que me creyera un valiente y excelente amigo, persona, ser humano, civil, esclavo, mago o lo que quisiera, mientras tuviera "Excelente".

Cuál fue mi sorpresa al ver como se había preocupado
y me había convencido de no ir con ellos.

Pero, a pesar de haber estado my feliz con Lily, la culpa no se iba.

-Sí, Evans. Quizás lo entenderíamos. Pero James ya ha dicho demasiado.- su voz era fría, y se mirada solo reflejaba decepción. No parecía querer gritarme, ni hacer un escándalo, lanzarme un cruciatus o golpearme. Solo había un abismo de horrible decepción.

Me puse de pie, Lily estaba congelada.

-Canuto
empecé a explicarle, pero me interrumpió.

-No, Cornamenta. No hay nada que decir ya. Yo debo ir con mi amigo Lunático a apoyarlo cuando me necesita. No sé tú.-Se dio media vuelta, y comenzó a alejarse con paso tranquilo.

-¡No, Sirius, no! ¡Espera!- le grito la pelirroja, asustada. Me miró con los ojos cargados de culpa, pero entonces, tomé una decisión.

-Lily, lo siento, pero tengo que hablar con él ahora.

Ella se congelo un rato. Por un momento creí que me golpearía e insultaría, quizás me diría unas cuantas palabrotas selectas. Pero, no, lo que vino me sorprendió mucho más.

-Sí, Sí
ve.-tartamudeó. Luego se sentó y entrelazo las manos.-Cuidado.

-Gracias.

No había tiempo que perder. Tenía que correr tras Canuto. La verdad, no fue difícil atravesar la concurrida Tres Escobas, y no fue difícil encontrar a Canuto dirigiéndose a la Casa de los Gritos con un aire amargado, caminando cabizbajo. Miré al cielo, donde la luna llena estaba solo cubierta en la parte inferior por una nubecilla. Apenas esa nube desapareciera y Remus

 

-¡Canuto!- grite. Él me ignoró, la calle principal de Hogsmeade estaba casi vacía, había un par de borrachos que cantaban "Odo, el Mago" en un rincón, abrazados y con ojos vidriosos. -¡Canuto, espérame!

-¡¿Para qué?!- me grito, sin voltearme a ver.- ¿¡Para qué quieres que te espere, Cornamenta?!

-¡Escúchame, maldita sea!- aceleré el paso y Canuto se detuvo súbitamente. Se cruzó de brazos en el pecho, y me miro expectante.

-¿Qué tienes que decir?

-Mira, Canuto
lamento haberle contado a Lily sobre el secreto. No fue mi intención, y me arrepiento de haberlo hecho.- fruncí el ceño.- Pero confió completamente en ella y se que

-¡Pero nosotros no confiamos en ella, James!- me espetó, con una sacudida de cabeza brusca.- ¡Eres tú quién la quiere, no nosotros! ¡No tenemos motivo por confiar en una completa extraña!

-¡Sí confío en ella, ustedes también pueden hacerlo!- musité, entre dientes. Canuto soltó una palabrota en voz muy alta.

-¡Por favor!- se bufó, con una sonrisa burlona.- Prometimos a Remus no contárselo a nada. ¡Eres un sucio traidor! ¡Y lo que yo más odio, son los traidores! ¿Dónde quedó tu lealtad, James? ¿Dónde? Mira tú, sales con una chica cualquiera y se lo sueltas antes de pagar la cuenta

-¡Lily no es una chica cualquiera!- la defendí.- ¡No tienes porque
!

Desmaius!-dijo Canuto, con un grito ensordecedor. Solo vi un rayo rojo viniendo hacia mí. Muy apenas alcancé a salvarme por un pelo.

-¿Pero qué
?- agité la cabeza. ¿Canuto me había atacado?- ¿Qué rayos te pasa? ¡Estás idiota o qué! ¡Se te zafó un tornillo o qué!

Se abalanzó hacia mí, hecho una furia.

-¡Te voy a dar una paliza que ni Dumblendore encontrará cura para quitarte el ojo morado
!- le amenacé. Pero entonces, un grito nos detuvo.

-¡No! ¡No, James! ¡Sirius! ¡Dejen de pelear!

Era Lily, presa del miedo, pálida.

-¡Lily, vete! ¡No te acerques!- le advertí. De pronto, sentí un golpe en la cara, muy cerca del ojo. Dolor y luego, un líquido caliente corría por mi cara.

-¡Y yo te voy a golpear tanto que te dolerán partes que ni conoces!- me retó Canuto.

-¡Ponme a prueba!- lo reté, sacando mi varita.- ¡Ni un maldito samurái podrá ver la paliza que
!

-¡Yo te pondré la paliza, idiota!

-¡Ya veremos!

-¡Te la daré yo!

-¡No, yo!

-¡Déjate de juegos!

-¡Déjate de juegos tú!

-¡Deja de repetir lo que digo y ven a la acción, traidor!

Nos detuvimos. Se escuchó a lo lejos un aullido, pero no uno cualquiera. Era un aullido frío que partía la noche y le causaba temor a aquellos que conocía de donde provenía.

Canuto y yo miramos al cielo, y ahí estaba la luna completamente descubierta.

-Maldita sea.- musité, preparándome para correr. Canuto me puso un brazo sobre el pecho, deteniéndome.

-Será mejor que los verdaderos Merodeadores vayan con Lunático.

Y se arrancó en una carrera. Mi sentido de protección se activo.

-¡No podrán contenerlo tú y Peter, Canuto!

Pero ya era demasiado tarde.

No sé cuánto tiempo pasé en silencio. Lamentaba con todo el corazón lo que había sucedido.

 

Me senté en el frío suelo, estaba exhausto.

-Fue mi culpa.- dijo Lily, en un tono triste. Lo lamentaba igual que yo.- Yo
lo siento. Me metí en algo que no era de mi incumbencia.

No le respondí, no tenía menta para aquello.

-Demonios.- murmuró entre dientes.- Siempre soy igual de chismosa. Siempre lo arruino todo. Maldición.

-No creo que siempre lo arruines todo. Podrías besarme ahora, y todo estaría en orden.- bromeé, aunque no era el momento.

Lily rió, con una risa triste y trémula.

-Aprovechas cualquier oportunidad, ¿eh?- dijo, en un tono más animado.

-Es la segunda regla de Merodeador.

-¿Y cuál es la primera?

Bajé la mirada.

-Sé leal.

-Oh.- se limito a decir. Se sentó a mi lado, a una distancia prudente, un metro, quizás más.

Guardamos silencio por otro tiempo, donde lo único que se escuchaba eran los versos desafinados de "Odo, el Mago" y los sorpresivos estornudos de la pelirroja.

-¿Qué he hecho?- me pregunté en voz alta. Canuto tenía razón, había traicionado la confianza de Remus. Los había tracionado y todo por
Lily.

¿Cómo reaccionaría sí se enteraba que yo era
un animago ilegal? Yo tenía la habilidad de convertirme en ciervo y así controlar a Remus junto con Sirius, Peter
Juntos podíamos controlar ese salvajismo que torturaba a nuestro amigo.

Seguro Lily se alejaría de mi.

-James

-No, Lily, no es tu culpa

-No, James

-No insistas.

-James, espera, no

-Lily, esto se está volviendo muy repetitivo.

-¡James! ¡Mira! ¡Hay fuego en Hogsmeade!

Levanté la mirada. Efectivamente, muy lejos de nosotros, se veía una llama de mediano tamaño de ardiente fuego. Se escuchaban gritos. ¡Gritos! ¿Cómo no lo había notado!

¿Qué habría sucedido?

-¡Lily, ven!- le ordene, y ella no puso ningún pero. Teníamos una emergencia.

Sin mí para ayudarlo a contener a Remus, a Canuto le resultaría difícil controlarlo él solo. ¿Podría hacerlo? O
no. ¿Y sí Lunático
?

-¿Qué sucede?- le pregunté a unos chicos de Gryffindor, que se encontraban cerca del fuego. La calle era un completo desastre, había ventanas y puertas rotas.

-Un chico de primero ha desaparecido.- murmuró uno de ellos, con expresión de preocupación.

-Pero
¿cómo?- preguntó Lily. Lamentablemente, yo ya conocía la respuesta.

-Un hombre lobo. Había un hombre lobo y se lo llevo.- dijo otro, de enormes ojos saltones.- Era un hombre lobo, estoy seguro.

Lily y yo nos miramos, y supimos al instante que sucedía exactamente.

¡Hola!

Afortunadamente esta vez no tardé tanto en actualiza, ¿cierto?

Jajaja, como verán, no me quede con las ganas de contar lo del "problemita" de James ;)

Gracias por leer. ¡Hasta la próxima!

Capítulo 6: El hombre lobo I

"Sí me necesitas, sabes que iré corriendo"

Love will keep us alive. Scorpions.

-¿Un hombre lobo?- preguntó James. Por un momento su voz resulto temblorosa. Los chicos asintieron, y se enfrascaron en su propia conversación, haciendo lujo de la mayor apatía del mundo. No notaron como James recibía la noticia como un balde de agua fría en la cabeza: negaba con la cabeza, y sus ojos reflejaban profunda tristeza y decepción. Pensé en que podría estar decepcionado, sí en la actitud salvaje de Lunático o en su propia responsabilidad en el hecho de que Lunático hubiera secuestrado a algún alumno.

 

Todo debería ser mi culpa. No, todo era mi culpa. Mi estupidez, mi lengua habladora, mi actitud chismosa
todo eso había conllevado a esto: Lunático vagando como un salvaje hombre lobo, con un inocente chico que nada tenía que ver. ¡Todo era mi culpa! Canuto no tenía razón al acusar a James de haberme dicho de más
¡porqué había sido yo quién había obligado a James a hablar! Y ahora, por mi inútil curiosidad, había un chico en riesgo, por no decir una gran y hermosa amistad.

Las cosas se estaban poniendo feas. Horribles, por decir algo. Una vida corría riesgo, y todo por mi culpa.

-Vuelve al castillo, Lily.- me ordenó James, con una fingida expresión serena. Me sonrió tristemente, ante mi mirada de incredulidad.- Anda, todo estará bien.

-James
-fue lo único que pude ser capaz de articular. Sentía como un nudo en mi garganta crecía a cada segundo del tenso tiempo que pasaba. James me puso una mano sobre la mejilla, un gesto que en otra ocasión yo hubiera quitado con una bofetada, pero en este momento, mi debilidad era grande que no me atrevía a moverme. La caricia me resulto confortante, incluso.

-Fue una cita genial. Deberíamos hacerlo más a menudo
pero sin grano.-bromeó, tristemente. Quito su mano de mi cara, y mi piel se quedo fría, gritando a aullidos la necesidad de la mano de James.- Gracias, Lily.

Entonces, se dio media vuelta y se echó a correr en dirección al bosque. No pasó ni un momento, en el que yo me quede con los pies plantados firmemente en el suelo, cuando la oscuridad ya se había tragado a su figura, desapareciéndola en las tinieblas.

Tardé en reaccionar. Al parecer mi mente aún no asimilaba el hecho de que el día había comenzado tan bien
quién imaginaría que hace unas horas bromeaba y reía en la calidez de Las Tres Escobas, disfrutando de la compañía de un James maduro y comprometido a no ser un idiota. Y pensar que podía admitir que la cita me había gustado.

-¡James!- grité, al aire. Sabía que no me escucharía, y mis gritos solo se mezclarían con los otros gritos que se escuchaban en Hogsmeade. El pánico de las personas me aterrorizaba como nunca. Todos corrían de un lado a otro, gritando, murmurando hechizos, llorando
Un par de magos apagaban el fuego con sus varitas. ¿Y yo? ¡¿Y yo?!

-¡James! ¡James!- grité. Tenía que insistir, tenía que intentarlo. El corazón me latía como nunca antes, muerto del miedo, aterrorizado. ¡Todo era mi culpa, tenía que hacer algo!

¿Pero qué podía hacer yo? ¿Yo?

Corría hacia el bosque, impulsivamente. Creo que solo seguía a James. O creía seguirlo. Mis piernas me llevaban, mi cerebro no ponía pensar en otra cosa que James y el chico secuestrado por Lunático. No entendía, y llevaba años creyéndome una bruja inteligente y talentosa. Qué tan equivocada estaba.

Me detuve al borde del bosque, dónde los abetos comenzaban a crecer. Todos tan juntos que las ramas se estrechaban en el sendero, casi invisible bajo la luz de la luna llena que quedaba atrapada en las hojas de los árboles, evitando iluminar el camino. Tuve miedo, y mis piernas se volvieron a plantar en el suelo con tanta fuerza que no ve sentía capaz de moverme aunque mi vida peligrará.

 

"¡Yo iré a Gryffindor, dónde habitan los valientes!" James había dicho eso cuando nos conocimos en un vagón del Expreso Hogwarts, hace siete años. Lo taché de arrogante, que tan equivocada estaba. James estaba arriesgando su propia vida para salvar a sus amigos. Amigos que ahora lo odiaban por mi culpa.

No. Tenía que hacer algo ya.

Empuñe con fuerza mi varita, y respire una fuerte bocanada de aire, antes de que, con el corazón acelerado, diera mi paso hacia los árboles. Las rodillas temblorosas no me ayudaron a caminar, por lo que me eché a correr.

Lumos!

Mi varita iluminó el camino que ahora recorría. Me sentía sola, perdida
ni siquiera sabía a dónde iba. Seguro sí me encontraba con un hombre lobo moriría sin siquiera poder defenderme. Mis ojos se anegaron en lágrimas, haciéndome borrosa la vista. ¡Me dificultaban más el viaje! Quise dejar de llorar, pero mi mente no tenía control sobre mi cuerpo esa noche. Posiblemente nunca lo tendría. Porque nunca lo tuve

Solo fui una más. Nada especial. Ni una única bruja, ni la mejor
el valor y la inteligencia se probaba en situaciones como está. Y yo era un asco. Un asco.

-¡James! ¿Dónde estás, James! ¡James! ¡¡James!!- mis gritos eran en vanos
y lo sabía, pero no podía dejar de gritar el nombre de James. La oscuridad era casi total a excepción de de mi varita
no se escuchaba más en el bosque que mis pasos, mis gritos y mi respiración agitada. Una gota de sudor resbaló por mi frente, mientras las lágrimas eran contenidas por mi última reserva de fuerzas

Escuche un ruido detrás de mí. Parecieran los pasos de un animal
fuerte, enorme
y cercano a mí. Me detuve al instante, con un nuevo nudo en el estomago: todos los nervios acumulados en mi estomago. Apagué la luz de mi varita en un susurro y pegué mi espalda al grueso tronco de un árbol detrás de mí. Guardé el mayor silencio que pude.

Algo se movió en un arbusto. Moví mi cabeza hacia todas partes, pero mis ojos no acostumbrados a la oscuridad no vieron nada. Contuve la respiración
pero podía oír los latidos de mi corazón como si lo tuviera en la palma de mi mano. Comencé a sudar
y tuve que aferrarme más a la varita.

Otro ruido, parecía un gemido de dolor. Había alguien ahí. El corazón se me detuvo en ese momento. Moriría. La realidad se me antojo fantasía. Pero no
moriría, en manos de un hombre lobo que era mi amigo. Lupin me devoraría con sus colmillos

Otro ruido, más cerca de mí. La impresión me hizo soltar un gemido de miedo, y la varita cayó al suelo produciendo un ruido seco y sordo. Fue suficiente para darle una señal al hombre lobo de que había alguien ahí.

Cerré los ojos.

-¡Lily!

Abrí los ojos de un sopetón, y me encontré con el rostro de James Potter. Tenía el cabello revuelto y cubierto de hojas y ramas. Un profundo rasguño derramaba sangre sobre su mejilla. Su ropa tenía rasgones, y sostenía firmemente la varita. Un sentimiento de seguridad se mostraba en sus ojos.

 

-¡James!- sollocé. Y me lancé a sus brazos, sin darme cuenta que estaba perdiendo el orgullo por el que había luchado siete años. Siete años que no me habían servido de nada.

-¡Lily
!- dijo James impresionado. Aún así, me estrechó contra él.- ¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí!

-¡Oh, James
! ¡Lo siento
! ¡Todo es mi culpa!- balbuceé. Trate de serenarme rápidamente, y pude lograrlo. Me separé de Potter, quién me miraba anonadado.- Yo iré contigo.

-No, Lily.- repuso firmemente.- Ve al castillo y ponte a salvo. Yo lo haré solo.

-¡No, no me voy! Gryffindor es de los valientes, y yo te acompañaré. ¡No me harás volver, James! ¡Esto es mi culpa y
!- dije, con la voz firme. Me limpié las lágrimas con el brazo.

-¡No es tu culpa! ¡Ve al castillo!- me interrumpió.

-No. No lo haré.- busque en el suelo a mi varita.- ¡Entiende que esto es también mi problema! ¡No me iré de aquí
!

-¡Lily! ¡Silencio!- me susurro. Compuso atentamente una mirada, y yo agudicé mi oído. De nuevo, un aullido lejano me hizo estremecerme.

-Es Remus
-murmuré, con la voz quebrada. James asintió.

-Esto es muy peligroso, Lily.

-Puedo con ello.

-¡No! ¡Lo hago por tu bien!- respondió, elevando ligeramente la voz.- ¡Puedes morir!

Su voz se vio interrumpida está vez por él mismo: una rayo de luz rojo salió de su varita, hacia el un arbusto. Un grito mío cortó el silencio del aire. Vi, presa del pánico, como una criatura se abalanzaba contra James. Una criatura enorme y peluda, salvaje
la sangre se me congeló al instante.

Era un hombre lobo.

-¡Corre, Lily!- me ordenó James, mientras luchaba contra la bestia lanzándole hechizos a diestra y siniestra. La bestia no retrocedía ante los hechizos de James, quién tenía que dar pasos hacia atrás para evitar las garras de está. Mis pies no se movieron.

No tenía sentido. El aullido de hace unos segundos era lejano, como sí el hombre lobo estuviera a algunos kilómetros de aquí. El hombre lobo que nos atacaba no podía ser el mismo que había aullado
¿significaba eso entonces, que había más de uno?

¿Y sí eran Canuto transformado en hombre lobo por culpa de Remus?

Para tal caso, James estaría peleando a muerte con su mejor amigo.

Desmaius!- grite, apuntando al hombre lobo con mi varita. Una luz roja salió disparada de esta, hasta impactarse en el hocico del hombre lobo, quién soltó un aullido. La criatura se giró inmediatamente a mí, dispuesto a atacarme. Me observó un rato con sus ojos deseosos de sangre

-Remus
-tartamudeé.

-¡ Lily!- me grito James. El hombre lobo se giró hacia él nuevamente, y le lanzó un rápido zarpazo. James soltó un grito, y de un salto logró salvarse de la garra por un pelo. El hombre lobo no tardó ni una segundo en lanzar un segundo golpe, y otro tercero. Supe que debía actuar.

Petrificus Totalus!

El lobo se detuvo, congelado. Cayó al suelo con un estrepitoso ruido, y quedo inmóvil en el suelo.

-Hay que correr Lily, el hechizo no durará mucho. ¡Vamos!- me avisó James. Me eché a correr, no sin antes observar por última vez al hombre lobo, que me renegaba mi injusticia con la mirada.

 

Me tomó la mano y me obligó a correr. Fue entonces, cuando horrorizada vi el brazo de James bañado en sangre. El lobo había logrado cortarlo
¿o morderlo?

Esquivábamos las ramas de los árboles como desquiciados. Andábamos hipnotizados, solo deseosos de huir. Huir del lobo que en un momento recuperaría la movilidad, y nos seguiría, furioso y deseoso de sangre.

No nos detuvimos hasta llegar a un claro, rodeado de árboles viejos: altos y de tronco gruesos. El dolor en el fato era intenso, y la respiración de ambos era superficial y acelerada. No había suficiente aire.

-James
tu
brazo
- susurre, señalando el ensangrentado brazo. Él hizo un gesto de dolor que trato de fingir con una sonrisa.

-Solo es un rasguño
tranquila
-me dijo. Se volvió serio de un momento a otro.- Tienes que regresar al castillo. Ya.

-No te dejaré solo con esa cosa
¡te matará!

-¡Esa cosa, Lily
era Remus!- gruño.- Solo yo puedo vencerlo. Confía en mí
¡puedo hacerlo solo!

-¡No, no puedes! ¡Los hechizos no funcionarán
!

-No estoy hablando de hechizos.- dijo, ahora en un tono misterioso. Se alejo de mí varios metros, cuidando de no romper el contacto visual entre nosotros.- Me refiero a esto:

Y dónde segundos antes había estado un sudoroso James, malherido y pálido, ahora había un enorme animal. Un ciervo, con dos enormes astas, patas fuertes y veloces.

Tardé varios minutos en entender que James era el ciervo. Y cuando lo entendí, deseé que no fuera cierto.

¡Hola a todos!

Es un gusto muy grande volverlos a ver. Espero que les haya gustado el capítulo. Les pido disculpas, como siempre, por tardarme tanto en actualizar. Espero que de ahora en adelante, las actualizaciones puedan ser más constantes, pues ya estamos en la recta final de la historia.

¡Muchas gracias!

Capítulo 8: El hombre lobo II

"Porfavor, perdóname. Quizás así tú entiendas, y dejes de llorar por este hombre,porque este hombre está vencido."

Low'sMan Lyrics. Metallica

Lily puso una cara decompleto desconcierto, mientras que sus facciones se endurecían y sus ojos setornaban severos. Abrió la boca, pero lo único que salió de sus labios fue ungemido tembloroso. Yo, trasformado en un ciervo, la observé sin hacer ningúnotro sonido que el de mi profunda y ruidosa respiración. Veía mi aspecto de animalreflejado en sus ojos verdes y brillantes.

Supe, con el solo hecho demirarla a los ojos, que era lo que estaba pensando: que Quejicus siempre habíatenido razón, él siempre había dicho la verdad sobre nosotros. Éramos unosmuchachos estúpidos e inmaduros, que rompíamos las reglas por mera diversión.Teníamos muchos secretos ocultos, entre ellos, ser animagos ilegales. Remus noestaba enfermo, era un hombre lobo, y habíamos engañado por siete años a todoel colegio. Era cierto, todo era cierto. Snape siempre lo había sabido todo.

Resoplé con fuerza al pensaren la sonrisita que Quejicus pondría en su cara de idiota en ese momento. Casipodía escuchar su voz apagada y asnal, mientras le repetía a Lily cientos deveces la misma oración: "Te lo dije.", con sus ojos fríos y su presuntuosidad.Snape no tardaría en extender el chisme. Y Lunático no podría seguirestudiando. Y Canuto, Colagusano y yo probablemente iríamos a Azkaban. Y ahí seacababa el futuro. No me casaría con Lily, ni tendría ocho hijos con ella. Nohabría "Vivieron felices para siempre".

 

No entendía como pequeñosdetalles podían convertirse en grandes errores. Quizás Sirius había tenidorazón, y había puesto a Lily sobre todas las cosas, incluso la seguridad eintegridad de mi amigo Lunático. Lunático, quién nunca nos había fallado.Lunático, quién lloraba a escondidas cuando él creía que nadie lo oía.Lunático, a quién el amor le parecía algo lejano e imposible. Remus siempredeseaba proteger a los demás. A mí. Y yo puse a una chica sobre todo aquello.

Las cosas cambiaban tanpronto. En esa misma mañana yo había sido feliz. Tenía el apoyo de mis amigos,una cita con la mujer de mi vida y un día que parecía estar lleno de felicidad.Todo se había caído abajo, y no entendía porque. Había sido injusto. Cruel.Siete años luchando por esa cita, y justo ese mismo día, pierdo a mis mejoresamigos y pongo en peligro a varios alumnos, e incluso a Lily. ¡Era injusto!¿Por qué hoy? ¿Y por qué yo? Habiendo tantas personas en el mundo, me tocaba amí. Sólo a mí.

Un sonidito me sacó de misoscuros pensamientos. Jamás había estado tan emotivo en mi vida, probablementenunca había sentido lo que sentía. Me sentía devastado, incompleto
me habíanquitado dos piezas importantes en el rompecabezas: Mis amigos y Lily. Y ahora,la última lloraba. Sollozaba en silencio, con la cabeza apuntando al suelo, ylos ojos cerrados. Por las mejillas resbalaban perladas lágrimas, y sus puñosestaban apretados, junto a sus costados. Parecía furiosa, supuse que lloraba delenojo.

De mi garganta animal salió un dulce sonido. Quise decir"Perdóname", pero lo único que logré fabricar siendo un ciervo fue ese sonido.Al ver mi incapacidad para hablar, baje mi enorme cabeza de ciervo, y cerré losojos. Esperé en silencio a qué Lily dijera algo, pero no lo hizo. Supuse,cuando volví a abrir los ojos y ver su mirada asesina, que ninguno de los dosdiría nada.

Me di media vuelta, listo para echarme a andar hacia elbosque. Aún podía hacer algo bueno esa noche. Aún podía hacer algo. Pero justocuando flexioné las rodillas para ponerme a correr, Lily habló. Y lo hizo conuna voz fría y repleta de resentimiento.

-Severus tenía razón sobre ti. Siempre la tuvo.- meespetó. Me quedé congelado, sin mover ni un músculo.- Me dijo que ustedes no valíanla pena. Que eran unos inmaduros que escondían algo malo. Animagos ilegales,¿eh? Nos mintieron a todos. Me mentiste a mí.

No entendía. Estaba de acuerdo que Lily tenía el derechode estar molesta, pero quizás estaba exagerando. No era la orgullosa Lily quefingía no importarle nada que se relacionara conmigo. Era como sí le importará.Como sí yo le importará.

-Ahora sé en quién sí puedo confiar.- murmuró.- Mepregunto qué otras cosas que dijiste fueron mentiras.

Negué con la cabeza, sin saber bien porque. No habíamentido en nada más. Podía jurarlo.

-Seguro que la cita también es una mentira.

¡Demonios! ¡¿Por qué todas las mujeres se lo tomaban tanpersonal tan de repente?! Apenas les mientes gravemente un par de veces, ycreen que también tus conquistas son mentiras. ¡Mujeres! ¿Quién las entendía?De lo único que podía estar completamente seguro y jurar ante quién fuera queera cierto, era que Lily no era un juego.

 

Me transformé de nuevo en humano. Después de muchaexperiencia en mi transformación, me resultaba fácil hacerlo. Mi cabeza me dabamuchas posibles respuestas a las sentencias de Lily, pero no pude decirlas. Denuevo, fui cobarde, y no me atrevía a decirle que la amaba.

-Tienes que volver.- le dije, muy serio. Mis ojostraspasaban sus ojos por detrás de mis gafas. En sus ojos verdes aún quedaba elrastro de las lágrimas que habían aparecido hace un momento.

-No.- respondió fríamente. Suspiré, exasperado.

-¡Vuelve o vas a morir, entiende!- continué, agitando lasmanos. Lily se plantó firmemente en el suelo, y cruzó los brazos sobre elpecho.- ¡Hazlo, Lily!

-¡No!- le tomé el brazo con fuerza, y tiré de ella,cruzando el claro de un lado a otro con grandes y ruidosas zancadas. Lily seretorcía y gritaba.- ¡Déjame ahora, Potter!

Recordé con pesar que en algún momento ella me habíallamado James, con voz dulce y nerviosa. Lily tenía carácter, decidí, mientrasme fulminaba con la mirada. Parecía desear golpearme. Le solté el brazo, y lerespondí la mirada. No entendía. Era terca y descuidada, no se daba cuenta deque estaba en peligro. ¡Ella podía morir! Y jamás me perdonaría eso. Estabaseguro.

-¡Vete!- le insistí, mascullando a medias, con lamandíbula apretada.- ¡No hay tiempo, vete!

-¿Para qué? ¿Para qué hagas una tontería? ¿Para quéfinjas ser un héroe? ¿Para probar que eres valiente y fuerte como unGryffindor?- respondió en un tono burlón.- ¿Por qué quieres que me vaya,Potter?

-¡Por el simple hecho de que quiero protegerte!- gruñí.Lily se quedó pasmada, por un momento pareció ser débil, y luego volvió a serla misma Lily de siempre: dura y orgullosa. Cruzó los brazos sobre el pechonuevamente, y supe por la expresión de su cara, que no se iría. Hubo unadolorosa punzada de la herida sangrante de mi mejilla. Seguramente tendría unaspecto horrible. Estaba perdiendo mucha sangre, y mucho tiempo. Valiosotiempo. Sentí un nudo en el estomago al pensar en que podría estar sucediendocon el chico secuestrado. Y con Lunático
Estaba desesperado.

-Voy contigo.- anunció. No me quedó de otra que seguirla,renegando, mientras se insertaba entre los árboles del bosque. Andábamos sinluz, con las varitas apagadas para no atraer a ninguna criatura. Ninguno de losdos decía nada, y el silencio era total. El mayor ruido era el sonido casiafónico de nuestros pasos sobre el pasto. Se sentía la tensión entre ella y yo,pero al mirarla de reojo, descubrí que ella estaba haciendo justamente lomismo.

Al poco tiempo, comencé a dudar hacia dónde íbamos. Mi sentidode orientación me decía que nos dirigíamos hacia el norte, justo al lugar dedónde hace unos momentos habíamos escuchado el aullar de un lobo. Apreté confuerza mi varita, y aspiré una profunda bocanada de aire. Lucharía por mi viday por la de Lily.

Mis oídos estaban alertas, puesto que mis ojos solo veíanlas sombras de los árboles. El vello de mi nuca estaba erizado, pero no le diimportancia. Sentía como si unos enormes ojos rojos miraran mi espaldaescondidos entre la hierba. No podía evitar sentirme observado.

 

Lily respiraba ruidosamente a mi lado. Sus ojosbrillaban, y su melena pelirroja estaba cubierta de hojas y ramas. Tenía lacara manchada de un poco de tierra, justo sobre su ceja derecha. Me preguntécuando se había manchado así, pero no tuve tiempo de hacerme de una respuesta.

Escuché un ruido de algo moviéndose detrás de nosotros.Lily contuvo un grito ahogado, y se giró al mismo tiempo que yo hacia elarbusto de dónde provenía el ruido. Vi claramente algo agitarse entre lassombras, y el corazón se me detuvo por un momento. Inmediatamente, la frente seme llenó de sudor frío, pero mi mano estaba fuertemente aferrada a mi varita.Flexioné las rodillas, respiré profundamente, y escudriñé a la oscuridad. Dereojo vi a Lily hacer lo mismo, haciendo uso de su valentía.

-Está aquí.- susurré. Ella se limitó a asentir.- Listapara su ataque.- le aconsejé. Mis palabras eran más para mi mismo que paraella. Levanté la vista a la oscuridad. - Podemos usar un Homorphus*, pero
no soy capaz de realizarlo.

-Ni yo. Es magia muy poderosa.- susurro Lily, a su vez. Nosmiramos preocupados, sin perder la guardia. No sabíamos que íbamos a hacer.Pero teníamos que hacer algo.

-¡Expelliarmus!-susurré, apuntando al arbusto. Una luz verde y centellante salió de mi varita,encandilándome los ojos por un momento de desesperación, en el que oía ungruñido, el ruido de ramas quebradas y un golpe seco y dulcemente lejano. Megiré hacia Lily, que sostenía su varita con fuerza.

-¡No te descui
!-comenzó, pero se vio interrumpida con elnuevo aullido de la bestia. Escuché un inquietante sonido que persecución,avisándonos que se acercaba la misteriosa criatura otra vez.

-¡Corre!- me limite a ordenar, echándome a correrrápidamente yo también. Tome la mano de Lily y tire de ella, guiándola entrelas ramas del bosque. Podía oír la respiración ruidosa y los pesados pasos delhombre lobo detrás de nosotros
mire hacia atrás impulsivamente, para alcanzar aver entre la oscuridad, una figura aún más oscura que la noche misma
Estaba casi pisándonos los talones.

Apreté el paso, y tome con más fuerza mi varita, sindejar de mirar de reojo hacia atrás
el corazón me latía a mil por hora, como elde un colibría asustado, y sentía mis manos sudar del nerviosismo. Escuchaba ellatido de mi corazón en mi sien, y al poco tiempo apareció un punzante dolor enel fato. Eché una miradilla a Lily, cuyo cabello se hallaba cubierto de ramas yhojas, despeinado y mojado por el sudor. En sus ojos brillaba el miedo, ysupuse que en los míos también.

Escuché un silbido, y me volví justo a tiempo para vercomo una garra con enormes uñas lanzaba un zarpazo hacia nosotros. Le di unempujón a Lily, pero yo era muy lento: una pequeña herida se abrió sobre subrazo, derramando oscuras gotas de sangre. Lily soltó un gemido agudo yescalofriante, y se aferró a mi brazo, mientras que yo me quedaba congelado viendo como el hombrelobo se volvía hacia nosotros para volver a atacar.

Tenía el cabello crespo, erizado y de un color grisoscuro, sin brillo y sin movimiento, como sí lo hubieran cubierto de cera paraque no se le levantara cabello alguno. Los ojos eran macabros y penetrantes,salvajes y fríos, de un horrible color gris. El hombre lobo tenía una enormecicatriz sobre la nariz, que terminaba en la mitad de su frente, después deatravesar su ojo derecho. La saliva que salpicaba de su boca estaba pintada decolor rojo, y había unas cuantas heridas sobre sus patas.

 

La revelación me cayó encima como un piano. ¡Ese lobo noera Remus! Tenían un color parecido, y eran igual de salvajes, pero,definitivamente, había algo en ese mirada, en esos gestos y en ese rostro; queno pertenecía a Remus. Ese no era Remus. ¡Remus no era ese lobo salvaje que noshabía intentado matar!

Pero entonces
¿dónde estaba Remus?

Un grito de Lily y su dedo tembloroso señalando al hombrelobo me hizo despertar y recordar dónde estaba. Lily estaba aferrada a mibrazo, con la varita en una mano temblorosa y fría.

La mire de reojo, y en ese momento supe que era lo quetenía que hacer. Había jugado a ser hombre durante mucho tiempo, creyendo quelucir genial, ser popular y tener muchas chicas a la mano era ser un verdaderohombre. Hasta esa mañana creía que la vida de un hombre era fácil. Que ser unhombre feliz era simple. Que solo necesitaba conquistar a Lily y ya. Todo seríaperfecto.

Ser un hombre era más que eso. Ser un hombre era luchapor defender lo que amaba. Tenía que ser valiente para proteger a aquellosquienes apreciaba. Me vino a la mente el rostro asustado de Lily, el molestosemblante de Sirius, la cara de rata de Colagusano
y la palidez y tranquilidadde Remus.

No había sido un hombre jamás. Y ahora, debía serlo sírealmente quería ser feliz.

Aparté con un empujón fuerte y rápido a Lily, quién cayóal suelo. El hombre lobo, al notar movimiento, se abalanzo sobre mí, pero

Cuando llegó hasta mí, yo me había vuelto un enormeciervo. El hombre lobo soltó un gemido de dolor al estrellarse contra mis astas,y cayó a mis pies. Lily soltó un grito cuando me prepare para atacarlonuevamente, lanzándolo unos metros lejos de nosotros. El lobo volvió a gemir,ahora de furia. Se puso de pie en sus cuatro patas, y corrió hacia mí a gran velocidad,volviéndose un simple borrón oscuro.

Retrocedí unos pasos, pero sus dientes alcanzaron mi pataizquierda, la cual inmediatamente comenzó a sangrar y temblar. Resoplé.

-¡Potter!- gritó Lily, poniéndose de pie y apuntando consu varita al hombre lobo. Este la miró por unos segundos, gruñéndole, antes deabalanzarse sobre ella. Hubo un destello de luz, y el lobo salió disparadohacia atrás, estrellándose contra el tronco de un árbol. Aulló lastimosamente,y se quedó así unos segundos, mientras su pecho se inflaba y desinflaba alritmo de su profunda respiración. ¿QUÉ SARTÉN COMPRAR? Comparativa, precios y análisis de LAS MEJORES SARTENES

Aproveché el momento para volverme hacia Lily y señalarlecon la cabeza el bosque. Ella, por toda respuesta, negó con la cabeza y seaferró aún más a su varita. Le temblaba el labio inferior, y su ropa se estabamanchando de sangre. ¡Era tan testaruda! Resoplé furioso, y volví a señalar elbosque. Volvió a negar con la cabeza.

Escuché un poderoso gruñido detrás de mí. Me giréinmediatamente, y me encontré con el hombre lobo, listo para atacarme, mostrándomesus filosos colmillos. Las comisuras de sus labios temblaban.

Golpeé el suelo con mis patas, y doblé mis rodillas,listo para defenderme del ataque.

Se lanzó hacia mí con más furia y odio que antes, ycuando sus dientes se clavaron en mi carne, la salvaje criatura uso todas susfuerzas. Se aferró a mí con sus uñas largas, y lo único que pude hacer fuedevolverle la mordida como un animal salvaje, y sacudirme con fuerza tratandode desprendérmelo.

 

Pero mientras oía los gritos ensordecedores de Lily, lasheridas que me causaba la lucha me dejaban agotado. La sangre corría sobre mipelaje, y mis movimientos se habían vuelto lentos y agotados. Me faltaba aire,mientras resoplaba ruidosamente entre ataque y ataque. El hombre lobo era másveliz y más fuerte. Él quería matarme. Solo se escuchaban nuestros gruñidos y losgritos de Lily.

La miré de reojo una vez más. Su rostro estaba sucio ycubierto de lágrimas. Cerré los ojos un instante. No podía hacerlo. No era tanfuerte
no podía protegerla. Sí no podía protegerme a mí mismo, ¿cómo podíacuidar de ella? No era un hombre. Estaba vencido.

En ese justo instante, en una milésima de segundo, elmalvado hombre lobo aprovechó para asestarme una mordida en el cuello. Sentídolor, y solté un gemido, antes de que mis rodillas se volvieran débiles y mehicieran caer al suelo con un ruido seco. La sangre caliente brotaba de mipiel, manchándome el pelaje. Agonizando, vi que el hombre lobo se volvía haciaLily.

Yo era un estúpido. Solo había cometido errores en mivida. Error tras error. Había sido inmaduro. Y esa inmadurez me traía aquí,moribundo en un bosque solitario, únicamente acompañado por la mujer que amabay que había traído al peligro. Lily estaba en peligro
y yo no podía defenderla.Porque no era un hombre fuerte. La vi llorar, y la escuché sollozar. Traté deponerme de pie, pero, mis rodillas no respondieron.

Volví mi vista al cielo, dónde la luna llena seguíamostrando su odioso brillo plateado. Como odiaba esa luna.

Y me transforme en humano nuevamente. Un humanoensangrentado y cubierto de heridas que no me permitían moverme. Busqué atientas mi varita en la oscuridad, pero la detecté varios metros lejos de mí,con el Lumos aún funcionando. Estiré patéticamentela mano, como sí eso me fuera a llevar hasta la varita. No funcionó, y solologré causarme más daño.

Respiré profundamente, mientras bañado en sudor, tratabade arrastrarme hacia la varita. Lily estaba acorralada, con la espalda pegadaal tronco de un árbol y el hombre lobo gruñéndole de frente. No pude moverme niun centímetro. Estaba vencido. Humillado. Derrotado. ¿Quién imaginaría al granJames Potter así?

Lo último que alcancé a ver, antes de que mi vista setornará borrosa y se apagará por completo en una oscuridad total; fue al hombrelobo abalanzándose hacia Lily. Escuché, con horror, su grito.

Aquí esta,finalmente, la segunda parte del capítulo, después de mucho tiempo de espera.Les pido una disculpa-espero que no se me haga costumbre pedir disculpas portardarme en actualizar- y les comento que el final está a 3 capítulos más, enapariencia.

¡Muchasgracias por su paciencia!

Capítulo 9:¡Merodeadores al ataque!

"Huboun tiempo en el que no estaba seguro, pero no hay duda de que estás en micorazón ahora"

Patience- Guns n' Roses

Lo vi caer con el corazón vuelto loco."¡James!" quise gritar, pero mi garganta irritada y seca no emitió ningúnsonido. Cubierto en sangre, aterrorizado y sin esperanzas, creí que esa seríala última vez que vería a James. Quería abalanzarme contra él, abrazarlo porúltima vez y decirle aquello que nunca le había podido decir. Mis rodillas sedoblaron para correr hacia James, pero entonces sentí la muerte tan cerca de míque me estremecí. La bestia venía hacia mí.

 

Aferré mi varita, pero por más queintentaba, no podía articular ningún hechizo. Ni siquiera recordaba alguno. Nome había servido de nada toda esa educación mágica, si ahora no era capaz desalvarnos. Era tan tonta
todo era mi culpa. Moriría. Moriríamos los dos. Nohabía salida, no tenía caso luchar.

Una duda surgió en mí. Miré a los ojos,amarillos, fríos, filosos y salvajes del lobo. Clavé mi mirada en la de él, ysuspiré, al menos con un poco de alivio entre tanta desesperación. Una pequeñalucecita de alegría apareció en mi corazón. Ése ser, no era Remus. Aún siendoun hombre lobo, Remus no podía tener esa mirada. No moriría en manos de Remus,al menos.

Miré a James. Y mis ojos se anegaron delágrimas. Fui una tonta al rechazarlo por tanto tiempo, sabiendo que lo amaba.Lo había empezado a amar desde el día en que lo conocí, y sus ojos cafés seencontraron con los míos. Con una sola mirada me hizo sonreír esa noche, cuandosola en mi habitación, recordé sus ojos. Y aunque fuera engreído, superseverancia me resultaba dulce. No lo admitiría, por supuesto. Simplemente elorgullo me obligaba a callar. No podía admitir que adoraba en secreto al chicoque se burlaba de mi mejor amigo Severus, al chico que era tan popular ydeseado, al chico perfecto
no quería ser como todas las chicas que lo amaban yveneraban como si fuera un Dios. Yo no quería ser igual a ellas. Yo eradiferente, después de todo.

Siempre odié su egoísmo, y yo era másegoísta que él. En la oscuridad del bosque, recordé cuando en cuarto grado lepregunté de malhumor porque no invitaba a otras chicas a salir. Me había dichoque no tenía ojos para ninguna otra, porque yo era el amor de su vida. LosMerodeadores habían reído, y creí que era una burla. Pero en la noche, entresueños, recordé lo serios y maduros que eran sus ojos. Había dicho la verdad, yyo lo sentía.

Y a pesar de tantos rechazos, él seguíainsistiendo e insistiendo. Muchas veces creí que solo era un juego, pero susojos me decían lo contrario. Sus ojos. Su risa. Su sonrisa. No lo dejaría irtan fácilmente. No lo dejaría ir, jamás.

No supe de dónde saqué las palabras,pero lo hice. Abrí la boca, con el ceño fruncido y las manos fuertementeapretadas alrededor de mi varita. Aspiré una fuerte bocanada de aire frío, elhombre lobo se abalanzó sobre mí ante la amenaza de mi varita
pero no logrótocarme.

-¡Levicorpus!- Voló en el aire y quedó colgado de cabeza, agitando sus patas y rugiendoferoz. Sus ojos me miraron, deseaba matarme. Se retorció desesperado, y yogrité sin saber que hacer ahora. ¡Parecía que se liberaría de mi hechizo y memataría! Miré hacia todas partes, pero no había dónde esconderme. Podía huir ypedir ayuda en Hogwarts pero James
no sobreviviría. Estaba perdiendo mucha sangre. ¡No había ningunaescapatoria! ¿Qué haría, qué haría?

"James." Pensé, y sin meditar nada más,corrí hacia él. Se me llenaron los ojos de lágrimas al verlo. Sus ojos estabancerrados. ¿Estaría
? ¡No! ¡No podía estar muerto!

 

-¡James!- grité, sacudiéndolo por loshombros. No respondía. ¡No respondía! ¡No podía estar muerto, no! - ¡James,James, James!

Seguí llamándolo, mis dedos estabanclavados en sus hombros. No podía estar muerto. No. Su piel estaba pálida, yestaba bañado en sangre y sudor. No podía morir. No estaba muerto. Lo agitémás, no moriría. ¡No podía irse! Teníamos una vida por completo adelante
porque lo amaba. Siempre lo había hecho, y ahora podía decirlo al aire entero.¡Amaba a James Potter!

Escuché un rugido y luego una caídaestrepitosa. Solo tuve un segundo para ver al hombre lobo corriendo hacia mí,furioso.¡Se había liberado de mi hechizo! Maldije con un grito desesperado.Cerré los ojos y tomé la mano de James. La apreté con fuerza. Era el fin.

Pero otro gruñido me hizo abrir losojos. Era un hombre lobo, de pelaje café. Fue lo único que alcancé a ver,cuando pasó como un borrón frente a mí, estrellándose contra el hombre lobo quevenía a atacarme. Grité, y abrí los ojos de par en par, sin entender lo quepasaba. Antes de que pudiera pensar siquiera, otro borrón oscuro y enorme pasóa mi lado, y se abalanzó hacia el hombre lobo que había dañado a James.Congelada, rogué a mis pies que reaccionarán, pero parecían estar muertos.

-Podemos escapar, James, podremoshacerlo
- murmuré, hablando más para mí que para él.- Lo haremos juntos, James.Aguanta un poco más
por favor, no te vayas.

Mientras decía esto, trataba de ponermede pie, con las rodillas temblándome tanto, que no me era posible caminar. Aúnasí, puse un brazo de James alrededor de mis hombros, y tiré de él. Pero nopodía siquiera levantarlo. Miré de reojo a las bestias que ajenas a lo que mesucedía, peleaban a unos cinco metros de mí.

-¡Lily!- dijo una voz conocida, mesobresalté sin poder creerlo. Colagusano se encontraba a mí lado, sudoroso ypálido. Palideció aún más al ver a James. No me di cuenta que lo acompañaba unchico con un brazo cubierto totalmente de sangre. Era pequeño, y pecoso, teníauna expresión bañada completamente en el terror, pero en su mirada había unaextraña alegría. Me pregunté quién era y qué hacía ahí, pero mis dudas noduraron ni un segundo, cuando otras cosas entraron a mi mente.

-¡Peter, oh, Peter!- repuse entrelamentos, hablando alto para hacerme oír entre los sonidos de la pelea de lasbestias. Muchas preguntas salieron de mis labios a borbotones, imparables, sinentender nada. Peter no respondió a ninguna. Se limito a levantar a James delsuelo, y mantenerlo de pie.

-Si-sigue vivo.- replicó, aliviado. Nosupe que decir. Solo abrí la boca. Estaba vivo. James estaba vivo. Lossalvaríamos. -Ya vienen a ayudarnos delcastillo
ya vienen. Hay que alejarnos de aquí
ahora
ayúdame a cargarlo.

Miré por un minuto a los lobospeleando, pero Colagusano me apremió. Entre lágrimas y sollozos, sostuve lospies de James mientras Colagusano lo tomaba de las axilas y hacía el esfuerzopara cargarlo. A duras penas logramos alejarnos unos quince metros. Los rugidossalvajes de la pelea aún se escuchaban fuertemente. Contuve la respiración, yle puse una mano a James sobre la frente. Ardía en fiebre, pero al menos estabavivo. No encendimos ninguna luz. Pero sentí como si una luz extraña saliera demis propias entrañas. Una luz que quemaba e irradiaba dolor. Era como sí lasangre se me congelará en un fuego ardiente y frío. Jamás había sentido contanta fuerza esa sensación. Pero me puse de pie de un salto, y antes de quenadie pudiera detenerme, corrí hacia el lugar de batalla.

 

Venganza. La conocía bien. Queríavenganza. Ése mounstro había tratado de matarnos, y seguramente estaríamosmuertos de no ser la ayuda inesperada. No lo dejaría ir vivo. No permitiría queese ser que había hecho tanto daño a James siguiera vivo
no merecía seguirvivo. Lo mataría. Lo mataría y vengaría todo lo que había hecho en su vida.

-¡No, Lily!- la voz de Colagusano sonóahogada detrás de mí. Fue un susurro débil y desesperado, pero al poco sentí sumano aferrándose con fuerza a mi brazo, obligándome a detenerme. Me encontrécon los ojos asustados y saltados de Colagusano, que embargados de pánico,brillaban en la oscuridad. -¡No! ¡Vuelve!

-¡Suéltame! ¡Suéltame, Peter! ¡Ahora ote lanzaré una maldición!- lo amenacé. No controlaba mis acciones, mucho menosmis palabras. Toda mi existencia estaba guiada por ese fuego que exigía quemara todo aquél que me había dañado. A mis seres queridos, y a mí.

Ante la mención de la amenaza,Colagusano estuvo a punto de desistir y soltarme, sus dedos se aflojaron unpoco. Me sacudí, tratando de liberarme nuevamente, pero el chico aferró susdedos con más fuerza. Me giré a verlo, empuñando la varita, pero la mirada dePeter me hizo controlarme.

-James te necesita
con él.-susurro.-Sin ti
no logrará nada.- Noeran unas palabras sabias ni un discurso de un graduado, pero fue suficiente.Suspiré, las manos me temblaban. Aún sentía el fuego arder dentro de mí. Perola preocupación por James lo hizo apagarse casi por completo. Sin saber bienporque, me eché a llorar como una tonta. Me sentía inservible, pero Jamesnecesitaba que alguien lo cuidara. Con largas zancadas, llegué desesperada enpocos pasos hacia él, seguida fielmente por Peter.

Aguamenti!-murmuré, empapando a James con un chorro de agua fría, con esperanza de quebajara la fiebre. Colagusano me miraba atento, había algo extraño en sus ojos.Respiraba superficialmente.- James
- susurré.- Aguanta un poco más
un pocomás

Los alaridos seguían. Miré seria aColagusano. Y de pronto, recordé todos los hechizos que había aprendido durantemis siete años de educación mágica. Y me dispuse a sanar lo más que pudiera aJames, murmurando conjuros por lo bajo. Un aullido cortó la noche en pedazos.

-¿Es
Remus?- cuestioné, temerosa. Mivoz no fue más que un murmullo casi inaudible. Él pareció sorprendido, abrió los ojos de par en par y arqueó las cejas,pero asintió en silencio. El chico pequeño sollozaba en el suelo, por lo quesupuse que no había escuchado nada. Esperé que aunque lo hubiera hecho, noentendiera nada.

-Así es. Son Remus y Sirius.- agregó.Pareció esperar mi reacción, pero no hice otra cosa que sollozar.

-Gracias por salvarnos.- dije.-Gracias

Mis ojos se posaron en James, y no seapartaron de él en un tiempo que pareció eterno. Pero finalmente, un largoalarido de dolor provino del claro dónde había iniciado la pelea. Y al tiempo,llegó entre los árboles el sonido de alguien acercándose. Por sus pisadas,parecía humano. Y lo era.

 

-¿Colagusano? ¿Lily?- era la voz deBlack. Apareció entre la oscuridad, su rostro casi no se veía, pero cojeabanotablemente. Me levanté instantáneamente, y corrí hacia él.

-¡Sirius! ¿Qué ha pasado? ¿Qué
? ¿Dóndeestá Remus
? ¡Lo siento tanto, todo esto es mi culpa!- balbuceé, con aplomo.Sirius, me observó en silencio y luego sonrió. La sonrisa se desplazo de suslabios a sus ojos. El chico pequeño le entregó a Black una varita, que él tomócon gusto.

-Remus está un poquito de mal humor,así que fue a descargar su ira con un lobito que anda por ahí. Llegará a tiempopara la cena, por sí alguna de tus amigas quiere disfrutar de una veladaromántica con él.- bromeó, su voz fue amable. Me escrutó un rato, y al poco tiempo agregó.-No te preocupes Lily, Remus estará bien. Ese hombre lobo está muy malherido yes bastante viejo, y Remus sigue siendo un jovencito voraz y ardiente.

Soltó una carcajada perruna, sonó masal ladrido de un perro que saluda a su amo. Al poco tiempo se le unióColagusano, con una risa más bien forzada y nerviosa y en unos segundos elchico pequeño soltó una risita y finalmente yo termine sonriendo. Le pasé unamano a James por su sudorosa frente, y mi repentina alegría desapareciósúbitamente. Sirius se arrodilló pesadamente junto a James, y lo miró connostalgia.

-Este chico
siempre tratando delucirse.- murmuró entre dientes.- Pasó lo mismo en su primer partido deQuidditch. Trató de llamar tu atención dando un giro en el aire y casi sequiebra un brazo.- Sirius habló con seriedad, con los ojos plasmados en suamigo. Suspiró audiblemente.- Tranquila Evans, Cornamenta es fuerte. Y ahoratiene un buen motivo por el cual luchar.

Dicho esto, Canuto me miró con unextraño sentimiento en los ojos. Eran los mismos ojos de una madre que ve a suhijo crecer y salir de casa. Me tendió una mano, sucia y manchada de sangre, yyo se la tomé con alegría.

-¿Tregua?- preguntó, agitando nuestrasmanos.

-Tregua.- confirmé. La voz se me quebrópor las nuevas lágrimas de alivio y miedo. No entendía muy bien que habíapasado esa noche.

-No dirás lo mismo cuando me veaspulguiento y peludo cuidando de su hijo
- repuso Canuto, señalando con lamirada a James y luego a mí.- Creo que merezco ser el padrino.

Me reí, mientras asentía. Apreté lamano de James con más fuerza, y guardamos silencio por unos instantes. La nocheparecía tranquila y silenciosa desde dónde estábamos. Perdidos en algún puntodel bosque, probablemente lejos de cualquier mago o humano. Solos, solonuestras respiraciones se escuchaban. Entonces, recordé de pronto algo, ymirando ceñuda a Colagusano, le pregunté:

-¿No dijiste que venían a ayudarnos delcastillo?

Colagusano se inquietó, y se encogió delos hombros, avergonzado. Canuto respondió por él.

-Oh, no seas tímido Colagusano, Lily esuno de los nuestros ahora. ¡Incluso puedes tratarla como un chico
! Bueno, no,en realidad no
no veas así Lily.- no se me pasó por alto que por primera vezme llamaba "Lily" en lugar de "Evans".- Digamos que Quién-ustedes-saben mandounas pocas de sus huestes para hacer travesuras en Hogsmeade. El hombre loboque los atacó era uno de ellos, hay un par más de esos perritos peludos poraquí
pero Lunático y yo ya nos encargamos de eso. Sin embargo, puede que se lescomplique encontrarnos
deberíamos tratar de llegar nosotros hasta el castillo
Oye, ¿estás bien? Esa herida se ve fea, está sangrando mucho
- mencionópreocupado Canuto, mirando de soslayo al chico pequeño. No había recordado lasheridas de los demás. -

 

-Gra
gracias.- susurró. Tenía una vozfrágil y pequeña.-Me duele un poco
pero estoy bien
- el chico miró con orgulloy respeto a James, en el suelo aún.

-¿Cuál es tu nombre?- preguntó Canuto.El chico bajo la mirada tímidamente.

-Ha
Harry Creevey.

-Qué lindo nombre
- murmuré para mí,pero Harry sonrió con gentileza, mientras se apretaba el brazo sangrante. Medispuse a realizar hechizos que pudieran ayudarlo a detener el dolor. Cuandotermine con Harry, me volví a sanar como pudiera la pierna que cojeaba deCanuto.

-Creo que debemos quedarnos aquí, serámás fácil que nos encuentren sí permanecemos en un solo lugar.- propuse, despuésde un rato.- Pero
James me preocupa. He hecho todo lo que pude
y ya no sangra.Pero sigue estando pálido y teniendo fiebre. Además, el brazo de Harry nosanará con mis hechizos, tiene heridas muy profundas
Tiene que estarsucediendo algo muy grave para que nadie venga en nuestra ayuda

Pero justo en ese instante, dónde misesperanzas volvían a perderse, voces y pasos resonaron en la oscuridad,vociferando nuestros nombres. Entre la oscuridad vimos una luz inmensa, blancay llena de esperanzas, y unas chispas rojas y verdes salpicaban el bosque. Alpoco tiempo, el profesor Dumbledore apareció entre los árboles, con un feo tajosangrante bajo la mejilla, pero con una enorme sonrisa. Todos nos pusimos depie de inmediato, excepto James que seguía inconsciente, y coreamos su nombreal unísono con la alegría extendida en todo nuestro rostro. Detrás deDumbledore había una media docena de magos, todos armados con varitas. Mesorprendió ver entre la multitud, la figura oscura y pálida de Severus, casiinvisible entre las sombras. Tenía la mirada en el suelo, y evitaba mirarnos acualquier costo.

Estábamos salvados. James estaría bien.

-Han sido muy valientes está noche.-dijo Dumbledore, con orgullo.- Y para los valientes siempre hay esperanza, apesar de qué tan oscuros sean los días. Volvamos a casa.

Y con un simple movimiento de suvarita, hizo volar delicadamente a James por el aire, como si estuvierarecostado en una camilla invisible. Y caminamos en una caravana hasta llegar alfinal del bosque. Los jardines de Hogwarts eran tranquilos, pero había un granalboroto en Hogsmeade. Gritos y lamentos llenaban el aire, lo que me provocóuna horrible sensación. Me pregunté qué habría pasado. Me pregunté qué tantodaño había hecho ese ataque a los aldeanos. Las pérdidas, ¿cómo se sentiríaperder a alguien que amabas? El sentimiento de desesperación, nostalgia ytristeza que me había invadido en el bosque junto al cuerpo enfermizo de James
¿podrían compararse algún día con el dolor de la muerte? Apreté los puños confuerza. El qué no debe ser nombrado hacía mucho daño. Demasiado parapermitirlo.

Avanzábamos en silencio, a excepción delas voces de Canuto y Colagusano que cantaban desentonadas una balada alegre,celebraban salir a salvo del Bosque Prohibido. Me parecía demasiado extraño queestuvieran tan relajados con su amigo delirando e inconsciente y su otro amigotransformado en hombre lobo en el bosque. Al preguntarles sobre esto, ellos seencogieron de los hombros diciendo que "ya había estado peor antes". Severuscaminaba al lado de Dumbledore, con su andar torpe y pretensioso. Sus labiosestaban apretados en una fina línea. Tiré de su brazo.

 

-Severus
gracias.- le murmuré. Él nome miró a los ojos, ni respondió nada. Me ignoró. Pero aún así, vi que formabauna discreta y casi imperceptible sonrisa cuando creyó que yo ya no lo veía. Élsiempre había tenido razón. Remus era un hombre lobo. Pero no era yo quién selo confirmaría. Ese secreto se iría conmigo a la tumba. No causaría másproblemas por abrir mi bocota.

Entonces, una duda me asaltó. ¿Siriustambién era un hombre lobo? Colagusano había dicho que Remus y Sirius estabanpeleando contra el hombre lobo
yo había visto bestias atacando al hombrelobo
una debía ser Remus y la otra Sirius
entonces, una vaga y loca ideaabordó mi cabeza. James era un animago. Se había transformado en un ciervo.¿Sería Sirius algo parecido? Sí esto fuera cierto
¿qué sentido tendríaconvertirse en animago? ¿Serían legales o ilegales? Conociendo a losMerodeadores, obviamente todo sería completamente ilegal. Fruncí el ceño, ysacudí la cabeza, alejando esas preguntas de mí. No causaría más problemas porabrir mi bocota.

Pero una nueva duda que no habíaaparecido en mi cabeza ni un solo momento, llegó de improvisto
¿James seconvertiría en un hombre lobo, acaso? ¿Había sido mordido? De nuevo, el fuegode la venganza comenzó a arder dentro de mí
sí James era un hombre lobo
no melo perdonaría ni a mí ni al hombre lobo que lo había convertido.

Cuandollegamos a las puertas del castillo, y estás se abrieron, una oleada deaplausos nos recibió. Muchísimos alumnos nos adulaban y felicitaban con alegríacuando pasábamos frente a ellos. No entendía porque, pues que yo recordará nohabía hecho nada que mereciera ser aclamado esa noche. No entendía porqueaplaudían. El mérito era de Canuto, Colagusano, James y por supuesto, Remus.Ellos nos habían salvado en el bosque, hasta que Dumbledore nos habíarescatado.

Teníalos oídos aturdidos por el ruido, y no terminaba de captar que sucedía. Laseñora Pomfrey, vestida con una bata descolorida, se acercó a nosotros y noscondujo hacia la Enfermería, acompañados por Dumbledore. Yo tomé la mano deJames firmemente, decidida a nosepararme de él en ningún momento. Me aferraría a su cuerpo aunque Dumbledore ytodo el colegio se negaran. Pero nadie intento dicha hazaña.

Todo estaba bien. La señora Pomfreyinsistió en qué debía descansar, pero me negué hasta comprobar alguna mejoríaJames. Fui totalmente apoyada por Sirius, quién se aferró a James de igualmanera que yo. La enfermera no renegó tanto, quizás aceptando que aunque insistiera,no lograría que Sirius y yo descansáramos hasta ver a los chicos bien.Colagusano fue vencido por el cansancio y cayó dormido apenas su cabeza tocóuna almohada. Harry y James fueron curados rápidamente, la señora Pomfrey erahábil y les aplicó una gran variedad de ungüentos, hechizos y bebidas que alpoco tiempo les confirieron un aspecto mejor. El color volvió al rostro deJames antes de lo que imaginábamos y su cuerpo volvió a una temperatura normal.Las heridas cicatrizaban rápidamente. La señora Pomfrey nos calmó diciendo queninguna de las heridas convertiría a James en hombre lobo. Tuve una enormesensación de alivio. Harry había tenido suerte también, pues solo habíarecibido rasguños por parte de la bestia.

 

No había señales de Lupin, pero Siriusme sugirió no preocuparme mucho, asegurando que él estaría bien. Pero Black noparecía totalmente convencido con esto, y se alegró bastante cuando Dumbledorellegó con paso fugaz a la enfermería y nos susurró en voz baja:

-El señor Lupin está bien. No se preocupen.-antes de salir corriendo con una bruja menuda que lo llamaba desesperadamentedesde el umbral de la enfermería.

Dumbledore andaba de un lado a otro,ocupado, pero se daba su tiempo para guiñarnos un ojo amistosamente. Pero por fin, podía respirar tranquila.No entendía muy bien lo sucedido esa noche, pero los párpados se me cerrabansobre los vidriosos ojos, que me ardían y estaban rojos de tanto llorar. Mañanasería otro día, y podría preguntar con exactitud a todo el mundo lo querealmente había sucedido esa noche. Suspiré, mientras recostaba mi cabeza sobrela almohada de la enfermería. Veía la silueta de James a dos camas de mí. Aúnestaba inconsciente, pero la señora Pomfrey había asegurado que prontodespertaría lleno de "nuevas locuras con las cuáles hacer sufrir al colegioentero". En medio estaba Harry, durmiendo apaciblemente.

Sentía que había aprendido más esanoche que en toda mi vida. Me sentía nueva.

Lo habíamos logrado. Estábamos vivos, ysanos. Todos nos recuperaríamos pronto. James estaba conmigo. Estábamos juntos.Y no habría nada que me pudiera alejar de él de ahora en adelante.

Pues sí, Jennifer, Nany y Aliceestarían muy felices cuando les confesará lo qué habían esperado escuchar desdehace mucho tiempo: que yo, Lily Evans, amaba a James Potter, había encontrado ami otra mitad
y era una Merodeadora ahora. Me quedé profundamente dormida alpoco tiempo.

¡Hola queridos lectores!

¿Cómo están? Espero que muybien. Como siempre, perdón por la tardanza
pero espero que les haya gustadoeste capítulo, que en lo personal, a mí se me hizo algo emotivo ;) Nos quedantan solo dos capítulos más (o quizás solo uno, depende de cómo quedé elsiguiente capítulo) para el final.

¡Nos vemos a la próxima!¡Muchísimas gracias!

Capítulo 10: Cuando James viajopor el tiempo para evitar volverse mujer.

"Tútienes un cuerpo brutal, que todo hombre desearía tocar"

"Cuando veo entus ojos, puedo ver un amor retraído. Y cariño, cuando te abrazo, puedes saberque siento lo mismo. Así que si quieres amarme, querida, no te frenes. O losdos terminaremos caminado bajo la fría lluvia de noviembre"

November Rain. Guns n' Roses

Advertencia: LosMerodeadores desean advertir al lector sobre el contenido del siguientecapítulo. Este capítulo estará atiborrado de cursilerías que a muchos puedenprovocar incomodidad estomacal, tortura sentimental o aburrimiento total.Sirius quiere especificar que solo a James le agradó este capítulo. Jamesmenciona- mientras golpea al atractivo Sirius- qué a todos los Merodeadores lesencantó este capítulo, pero su orgullo masculino les impide admitirlo. Remussonríe cansinamente, Colagusano mira a Canuto como idiota, y se ríe deno-sabe-qué. James se acerca peligrosamente a Canuto y lo mira fijamente.Cornamenta se pierde en los oscuros y seductores ojos del guapo chico, quién

 

-Canuto, ¿qué demonios estásescribiendo?- le pregunté, recostado desde mi cama. Mi voz se había oídoextrañamente aguda, pero supuse que me estaría cambiando la voz nuevamente. Esodebía ser normal para cualquier chico, después de todo. Me había despertado elsonido de sus susurros y risitas en "voz baja". Era complicado saber que era"voz baja" para ellos. La última vez que habíamos hablado en voz baja, miabuelo nos había ordenado furioso y desquiciado que "nos calláramos de unabuena vez porque se iba a quedar sordo". Curiosamente, mi abuelo eracompletamente sordo antes de dicho comentario. Supongo que hicimos un verdaderomilagro.

Mi habitación estaba como siempre.Adornada por los colores rojo y dorado, característicos de Gryffindor. Missábanas de seda, mis cortinas de terciopelo corridas. La luz del día entrandopor la ventana. Los ronquidos de Colagusano. Las risas de Canuto. Los suspirosexasperados de Lunático. Y sobre todo, un chico desconocido y pequeño durmiendoa mi lado. Y como todas las mañanas, Lily durmiendo pacíficamente a un par decamas de mí.


¿¡Qué?! ¿Qué estaba sucediendo? ¡Por undemonio! ¿Cómo había llegado aquí? Me puse de pie lo más rápido que pude, ytuve un dolorcillo punzante en las costillas pero lo ignoré. Canuto me mirabaserio, Lunático dormía tranquilamente a un lado de Sirius: había tantatranquilidad y paz en su cara que me preocupé. El chiquillo a mi lado abrió losojos y me miró con alegría. Me dio miedo y me estremecí. ¿Por qué me miraba asíese mocoso? ¡Demonios! ¿Qué sucedía? Estábamos
en la enfermería de Hogwarts.¿Cómo habíamos llegado ahí? ¿Qué hacía Lily ahí? Lo único que no era raro ahíera que
Colagusano roncaba
como siempre.

¿Qué había hecho la noche pasada?

El corazón me latía deprisa cuando mevolví hacia los ojos de Sirius. Estaba tan serio como nunca antes. Parecíatriste y decepcionado, sus ojos tenían una extraña frialdad. El ritmo cardiacose me acelero, pero sin pensar muy bien, abrí la boca y pregunté con una vozque no parecía mía

-¿Qué sucedió
?- Me detuve. No, no eranormal. Mi voz era
¡demasiado aguda! Hablaba como una chica. Me llevé una manoa la garganta, pero entonces vi mis manos: delicadas, bien cuidadas, limpias,sin mugre, afeminadas, con uñas largas pintadas de un rosa chillón.- ¡¿Canutoqué pasó con mis uñas?!- grité. Mi voz se volvió aún más aguda. Miré con losojos desorbitados de la preocupación a Sirius, pero él estaba impasible.-¡Canuto! - insistí a la desesperada. -¿Qué pasa?

Portoda respuesta, Canuto señaló con el dedo índice mi pecho
más bien, dóndedebería de estar mi pecho porque
ahora había una enorme cosa en su lugar. Dehecho, eran dos cosas. Lo primero que pensé, fue que me habían salido dosenormes granos en el pecho. Luego, recordé con un poco de esfuerzo que
lasmujeres tenía ese tipo de
cosas en lo que para los hombres era el pecho. Abríla boca, pero nada salió de ella.

 

Carraspeé audiblemente, pero no pudedecir palabra alguna. Con las rodillas temblorosas, me levanté y vi que mispiernas eran delgadas, sin vello y suaves. Mis pies descalzos eran tandelicados como una flor, y mis uñas estaba pintadas al igual que la de mismanos de un color rosa chillón, perfectamente colocado. Me puse las manos en lacadera, y sentí que habían aumentado bastante. Con el corazón latiéndomefuertemente, tan fuerte que temí que se fuera a salir de mi pecho, me toqué lacara. Pero inmediatamente, sentí una extraña sustancia sobre mis labios y algomedio polvoroso sobre mis ojos
al ver mis dedos, me quedé paralizado: había
¡maquillaje y brillo labial! Solté un gemido.

Me giré hacia Sirius, que aún serio, memiraba con cierto desdén. Le lancé una mirada que esperaba que él la tomarácomo un "Explícamelo todo o te mato", pero negó decepcionado con la cabeza.

-Ca
Canuto
¿soy
soy una chica?- meatreví a preguntar, conociendo la respuesta antes de que una voz agudarespondiera detrás de mí.

-Así es Potter.- dijo Lily, con rencore ira retenida en la voz. Se había levantado silenciosa de la cama, y ahora memiraba con odio, sus brazos cruzados sobre el pecho.- ¿Ahora fingirás norecordar lo qué hiciste?

-¡Pelirroja!- susurré, sorprendido.-¿Qué sucede?

-No me llames así jamás, ¿de acuerdo? -replicó ella, con un brillo raro en los ojos.- No puedo creer que lo olvidarás.Eres un maldito, siempre lo supe. No sé porque acepte salir contigo.

Recordé, súbitamente, la cita de
¿ayer? ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? Creí que todo había sido unsueño
aunque, esto parecía más un sueño. Desperté convertido en mujer conCanuto y la pelirroja a punto de matarme, además de un niño que me veía concara de baboso.

-Papá
- murmuró el niño, saliendo de sucama y abrazándome por la cintura con ternura e inocencia. Me aparté de él,bruscamente, antes de espetarle:

-¡Cuida dónde pones tus manos, pequeñomocoso! ¡No toques esas caderas!

-No creo que puedas llamarlo "padre",Harry.- comentó Sirius con frialdad. - Este
hombre-mujer no merece que lollames así.

Harry- aparentemente ese era el nombredel chico con cara de idiota- bajó la mirada con tristeza. Me removí incómodo,sin saber qué hacer, sin saber qué pensar
¡No entendía nada! ¿Padre? ¿Quédemonios estaba pasando?

-¡Explíquense!- exigí, mirando a Harry,quién solo murmuró palabras ininteligibles.- ¡Habla bien o te ató la lengua a
!

-¿Así le hablas a tu propio hijo,Potter?- me interrumpió Lily, corriendo protectoramente hacia el chico. Mequedé paralizado
había dicho
¿hijo? Pero eso era
simplemente era
era
¡¡¡¡totalmente, irrevocablemente, incomprensiblemente imposible!!!! ¡Yo notenía ningún hijo! Debía ser una broma de muy mal gusto.

-James, deberías de tener la hombría detratar a tu hijo y a Lily como se lo merecen.

-¿¡Pueden decirme de una buena vez quesucedió?!- grité, al borde de la histeria. Canuto y la Pelirroja se miraron porunos segundos, y luego Canuto asintió. ¿Desde cuándo ese par se llevaban tanbien? ¡Deberían de estar matándose, no comunicándose secretamente frente a misnarices!- ¡Ahora!- exigí.

 

-James, en tu cita con Lily
- puso carade estar oliendo algo asqueroso.- Decidiste que sería divertido obligarla aprobarte su amor de la manera clásica.- sentenció amargamente. Lo miréextrañado
¿yo le había pedido "eso" a Lily? ¿Era cierto? ¿Por qué no lorecordaba?

-Yo
- comencé, pero sorprendentemente,Lily me interrumpió.

-Yo no quería.- aseguro Lily, con el rencorexpresado en su tono de voz.- Pero no sé cómo, me lanzaste un hechizo o mediste alguna poción en mi cerveza de mantequilla. Eres un maldito, Potter.Cuando te dije que estaba embarazada, dijiste que ese hijo no podía ser tuyo. -Lily parecía que no podía dejar de hablar, y desahogaba todo su rencor y doloren cada palabra que decía y que para mí era como una bofetada en rostro.-Canuto y tú discutieron. Él sí fue un hombre, y supo defenderme y ponerte en tulugar, Potter. Tu solución fue estúpida, pero insististe que era la únicamanera. Tan engreído como siempre, decidiste que con un hechizo lograríamosviajar al pasado y cambiar todo. Pero no funcionó. Terminamos atrapados en eltiempo, alteramos la historia de alguna manera que
todo ha cambiado. Nossalteamos la infancia de Harry. Lunático está en coma ahora, está a punto demorir, el tiempo pasó más rápido para él que para nosotros, aunque su rostro nolo demuestre. El qué no debe ser nombrado gobierna el mundo mágico ahora,perdimos la guerra. Canuto es un semivampiro. Colagusano y yo
somos squibs.Perdimos nuestra magia. Y tú, Potter
Eres mujer. - dijo con un hilo de voz.Esperé a que continuara, pero no lo hizo.

-Lily, yo
lo siento, en serio.- dije,sin pensar antes de hablar. No podía haberle hecho eso a Lily. Simplemente
yono sería capaz. -Canuto, yo
Lunático
chicos, yo

-Déjalo así, Potter.- musitó ella.Sirius se acercó a ella, y le paso un brazo por los hombros, consolándola. Mequedé estupefacto ante ese gesto
- Canuto será mejor padre que tú.

No podía ser cierto. Yo no podía haberhecho todo eso. No sería capaz, simplemente yo...

-Creo que ya son suficientes bromas porhoy.- dijo una voz. Me giré de inmediato hacia la entrada de la enfermería,dónde Dumbledore sonreía, recargado en el marco de la puerta. Observé a Lily yCanuto, y me sentí confundido al ver como se separaban conteniendo unacarcajada. ¿Qué demonios sucedía? Dumbledore agitó su varita, y
nada pasó.

-¿¡Qué sucede aquí!?- exigí saber, sinentender nada. No me intereso que Dumbledore estuviera ahí, solté una bola depalabrotas. ¡Todos parecían esconderme algo! Lily estalló finalmente en unatremenda carcajada, a la qué después se le unieron Canuto, Harry, Colagusano eincluso Dumbledore. Lunático se levantó de la cama con una cansada y forzadasonrisa. Se veía sano y joven, no a punto de morir, pero en sus ojos habíamucha tristeza y cansancio. Recordé todo de pronto.- ¡Mentira! ¡Yo ayer tuveuna cita con Lily! ¡Pero no le hice nada malo! ¡Y Canuto
tú y yo si peleamos,pero no fue porque Lily estuviera embarazada! ¡Lunático
tú ayer estabas
indispuesto! ¡Y tú, niño! ¡A ti te salvamos de un hombre lobo! ¡Había un hombrelobo, Lily y yo peleamos contra él!

 

-Bien hecho, James.- repuso Lily, conuna sonrisa cariñosa y burlona. No quedaba rastro alguno de la ira y coraje quehabía presentado antes. Comencé a dudar que quizás, solo quizás, Lily fuerabipolar.

-Cornamenta, feliz día de SanPatricio.- dijo alegremente Canuto, dándome un golpe en la espalda.

-Hoy no es San Patricio.

-Bueno, feliz día de
no sé, feliz díade Colagusano.- murmuró.- ¿Te gustó nuestra broma?

-¿Broma?- gruñí, entre dientes.- ¿Estodo esto una broma?

-Así es.- respondió él contranquilidad, como sí del clima hablara. Arqueé las cejas.

-¿¡Y creíste que esto era divertido!?¿Transformarme en mujer, en padre/madre y decirme que les arruiné la vida lesparece divertido? ¡A tú mamá le parecerá divertido cuando
!

-Señor Potter
- interrumpió Dumbledore.Me sonrojé al recordar que él estaba ahí. Pero no parecía molesto.

-Lo
lo siento profesor.- balbuceé.

-Quería darte una lección.-explicóSirius, aún tranquilo.- Tómalo como una venganza por haber hablado de más ayercon Evans. Sabemos que la pelirroja es de fiar, pero el problema está en elhecho de que hablaste. Tuviste la suerte de que fuera solo Lily quién teescuchará, porque si no
- miró a Lunático, que guardaba silencio, aún serio.

-Lunático, yo
lo siento amigo.- medisculpé, con la vista en los ojos de Remus.- Te juro que yo

-No hay problema, James. Creo queaprendiste tu lección.

-Diablos, extrañaré esas caderas tuyas,Cornamenta.- dijo de pronto Canuto, dramáticamente. Automáticamente, miré miscaderas, pero descubrí, que mágicamente ya no estaba ahí. Volvía a tener lasmismas piernas masculinas, los pies sucios y apestosos, el pecho plano y sinmaquillaje. Me sentía, totalmente hermoso.

-Eran más grandes que las mías. Creoque hiciste a James una mujer demasiado
voluptuosa.- comentó Lily, con unasonrisa.- Que bueno que saliste niño, hijo, o hubieras sufrido por ser unachica demasiado despampanante. - añadió, dirigiéndose a Harry.

-Yo opino que no hubiera sufrido mucho.Hubiera tenido a muchos chicos tras de ella
- contraatacó Canuto. Lily lo miró,con aire ofendido.

-¡Canuto!

-Tienes que admitir, Lily, que laapariencia física atrae, de alguna manera
las chicas feas no tienen muchospretendientes, mientras que las guapas

-¡Lo que verdaderamente importa es lode adentro!

-Sí, claro, vale, pero un chico no va air a ligarse a una chica porque está muy buena por adentro
¡no me veas así! Merefiero a qué sí ves a una chica, no vas a saber sí es buena por adentro o no
tienes que conocerla, y para conocerla, te tiene que atraer físicamenteprimero.

-Pues yo opino que la hubieran tachadode ser

-Me siento terriblemente mal alinterrumpir su interesantísima plática, pero alguien puede explicarme quédemonios sucedió. - interrumpí de mal humor. Mi cara estaba retorcida delmalhumor. Dumbledore, se acercó sonriente hacia nosotros y se sentó a la orillade mi cama, con tanta paciencia que pareciera que iba a vivir para siempre.

-Pensándolo bien, yo tampoco tengoclaras algunas cosas- dijo Lily con gesto pensativo. Se sentó también en la cama, y la siguióHarry que observaba a Dumbledore como sí se encontrará frente a una estrella derock.

 

-Pues yo
yo me preguntó porquedemonios Colagusano no ha dicho nada.- todos nos giramos hacia Colagusano
parasorprenderlo dormido. Qué sueño tenía ese chico. Milagrosamente, esta vez noroncaba lo cual resultaba muy anormal.- ¿Por qué demonios no ronca?

-Mil disculpas.- dijo Dumbledore, conun tono travieso.- Pero creí que con los ronquidos del señor Pettigrew, nolograrían escuchar la historia.

-Excelente idea, profesor.- lo felicitóCanuto.- ¿Qué hechizo usó? Nos serviría bastante aprender a usarlo
La últimavez que dormí una noche completa fue
hace siete años. La misma noche que conocía Colagusano.

Dumbledore soltó una risa cansada ycorta, antes de seguir hablando.

-Creo que ya habrá tiempo para eso, señorBlack. Creo que nuestra prioridad ahora es que el señor Potter está ansioso porsaber que sucedió anoche.

-No sabe cuánto

-¿No les parece increíble lo rápido quesanaron nuestras heridas? ¡La señora Pomfrey es una Diosa!- dijo Canuto,alegremente.

-Profesor, ¿podría continuar? Canuto,vuelves a hablar y verás.- gruñí.

-Había algunos hombres lobos en elbosque.-comenzó Dumbledore, como si nada.- Quizás media docena, quizás más. Seguramenteeran aldeanos de Hogsmeade, o quizás pertenecían a las huestes de losMortífagos y decidieron "divertirse" está noche. Aún no podemos definirclaramente el origen de estos hombres lobos, puesto que no hemos encontrado suscuerpos en la grandeza del bosque. Desafortunadamente, Harry se encontrabailegalmente en Hogsmeade esa noche.- agregó con severidad. Harry bajo la miradacon vergüenza, y se puso de un color tanrojo que cualquier pudiera haberlo confundido con un tomate
o con un Weasleyacalorado.- Y se vio perseguido por una de estas criaturas. Pero por cadaacción incorrecta, hay un par de acciones correctas. Afortunadamente, el señorBlack y el señor Lupin llegaron a tiempo para salvarlo.- añadió el hombre,agradecido, mirando con sus ojos azules a los Merodeadores. Canuto le quitóimportancia con un gesto de la mano, pero en sus ojos se denotaba el orgulloque sentía hacia sí mismo. Con humildad, bajo la mirada, sonrió y se coloco lasmanos dentro de los bolsillos de su túnica. Me giré a mirar a Lupin, pero élestaba serio, con una forzada sonrisa en el rostro y el miedo en la mirada.Dumbledore pareció entender a qué temía Remus, y le guiñó un ojo, tratando detranquilizarlo. Pero los ojos de Lunático, a pesar de estar un poco mástranquilos, se quedaron fijos por el resto del tiempo, en Harry, que distraídoy avergonzado, parecía estar perdido en su propio mundo interior.- Tuvimos unabatalla en las puertas del colegio contra algunos hombres lobos, ydesconocíamos que ustedes hubieran estado en Hogsmeade al momento del ataque.Desconocíamos que había desaparecido un grupo de alumnos, hasta que unestudiante nos lo hizo recordar, atravesando la batalla y poniendo en riesgo suvida. Fue valiente. Muy valiente, al igual que todos y cada uno de ustedes.

Yo sabía quién era ese alumno, sinnecesidad de preguntarlo. Miré a la Pelirroja, que se mordía un labio conpreocupación. Quejicus. Claro. Bueno, estábamos
parcialmente a mano.

 

-¿Hubo más heridos, profesor?- preguntoLily, con cierto temor en el timbre de su voz, pero aún así, hablo firmemente.Dumbledore tardó en responder.

-Menos de las que esperábamos pero másde las que deseábamos, señorita Evans.- murmuró en un tono sombrío yrespetuoso. Suspiró audiblemente en nuestro silencio. Luego, volvió a sonreír.-Señor Creevey, ¡por poco lo olvido! Hay una chica haya afuera que asegura sersu novia y jura no moverse de la puerta hasta que usted acepte visitas. ¿Lahago pasar o
?

Todos estallamos en una carcajadacuando Harry negó con la cabeza frenéticamente. Palideció y comenzó a respirarsuperficialmente, como si acabara de correr un maratón.

-¡No, profesor, por favor!- imploró condesesperación.- ¡No la haga pasar! ¡Dígale que estoy en coma!

-Es algo descortés de tu parte, chico.-dije, poniéndome de pie con una macabra idea. Me sentía perfectamente bien, aunqueun poco entumido.- A una dama no se le debe de negar una cita, por muy terca yorgullosa que sea.- Mire a Lily de reojo, sonreía. Le guiñe un ojo, mientrascaminaba hacia la puerta. Harry me miraba atónito.- Conócela un poco mejor. Esees el consejo que te da tu padre con género alterado por los viajes en eltiempo dónde intentaba cancelar tu creación. Quizás esa loca acosadora sea elamor de tu vida.

-¡No entiendes! ¡Está loca!- susurróHarry, horrorizado. Contuvo un grito cuando me vio abrir la puerta lentamente
pero una estampida detrás de ella se abalanzó bestialmente al interior de laenfermería. Y fue
entre gritos agudos y arañazos, directamente a Harry, quiénno pudo hacer algo más que protegerse la cara con los brazos.

Una chica, que parecía más bien un jugador bastantefornido de Quidditch que una chica, varios años más grande que mi pequeño hijofalso le echaba los brazos alrededor del cuello, y se sentaba sobre susrodillas. La chica tenía el rostro rojo, y el cabello enmarañado de color rubiole caía por la espalda hasta la cadera. Tenía unos enormes ojos verdes, quehabrían sido bonitos si no parecieran los ojos de Jack el Destripador, y en esemomento sollozaba audiblemente mientras besaba en la frente a un incómodo yavergonzado Harry, que parecía sentirse totalmente humillado.

Crucé una mirada con Sirius, yestallamos en un ataque de risa. Pero Lily nos golpeó las costillas con fuerza,y tuvimos que callar a la fuerza. Dumbledore observaba la escena con unasonrisa.

-¡Oh, Harryliny! ¡Creí que te perdería!Y
¡oh, no sé qué haría sin ti! ¡No te obligaré a acompañarme a Hogsmeade otravez, Harryliny! ¡Tuve tanto miedo!- gritaba la chica entre lágrimas. Harry nospedía auxilio con los ojos.

-Eh, Pelirroja, podrías hacer lo mismoque ella, y la verdad me sentiría muy bien
- le insinué a Lily. Pero ella medio un golpe en la cabeza.

-Ni lo pienses, James.- susurró, perosu tono era divertido y bromista. Sonreía. Le devolví la sonrisa.

-Considero que lo mejor seráretirarme.- dijo Dumbledore. Carraspeó para llamar la atención de la "noviaacosadora" de Harry, pero ella lo ignoro olímpicamente. El profesor sonrió,como si nada.- Creo que tienen cosas que hablar a solas.- añadió. Pero me mirabaa mí, en lugar de a Harry y la chica, que ahora trataba de besarlo en loslabios. Entendí el significado de eso, y asentí. Nos guiñó un ojo, antes deretirarse.

 

Entonces, tuve una duda existencial.Una duda que nos salvaría a todos de morir, y que nos daría una vida más digna.Una duda que había tenido desde el primer momento en que había visto aDumbledore. Era el momento de preguntarla, y finalmente, acabar con el malditomisterio. Por fin, acabaría, después de siete años de hacerme la mismapregunta. Salvaría al mundo al resolveresa duda. Lo haría. Era lo único que necesitaba.

-¡Profesor!- Dumbledore se detuvo en elumbral de la puerta y se giro.- ¿Por qué siempre nos guiña un ojo?

Dumbledore sonrió misteriosamente.Entonces
nos guiñó un ojo, y salió de la habitación con un aire travieso.

-Demonios.- dijo Canuto con un suspiro,dejándose caer en una cama.- Siempre creí que solo me lo guiñaba a mí. Mesiento usado.

-Canuto, Lunático
Lily.- dije, depronto, poniéndome muy serio. Aspiré profundamente aire, para armarme de valor

-Cosita hermosa

-¡Ya, Gretel!

-Escuchen chicos, yo
- trate de seguir.

-¡Eres tan adorable!

-¡Déjame ya!

Suspiré con estrés. -Miren, lo quesucede es que

-Me fascinas, ¿me oyes? ¡Me encantas!¡Abrázame tu también, Harry hermoso!

-¡No!

-Lo que he hecho es

-Puchurrumino, cosita de mi vida

-¡Suficiente!- gruñí tan alto que lanovia de Harry se volvió hacia mí, claramente molesta, claramente ofendida y lopeor, claramente celosa.- ¿Podemos ir a un lugar menos amoroso? - les preguntéa los Merodeadores. Ellos asintieron un poco asustados.

-¡No puedes dejarme aquí!- musitóHarry, a la desesperada.

-Sí que puedo.- sonreí malévolamente.-Pero soy tan genial que no lo haré. Oye, chica.- Gretel me dirigió una miradadesdeñosa.- Te propongo algo. Déjanos al chico diez minutos, ve y arréglate unpoco más, que les regalaré una comida romántica al estilo Merodeador. ¿Qué teparece?

La chica se ruborizó y asintiófrenéticamente, pero sin soltar a Harry, que parecía que se asfixiaba en elabrazo de oso de Gretel.

-Bien
te encontrarás con Harry en eltercer piso, detrás del retrato de un viejo bulldog con collar rosado que juegabillar. La contraseña es: "Bomboncito".- agregó Sirius, con una sonrisa y airegarboso. Gretel asintió con más fuerza que antes, pero seguía sin soltar aHarry. -Eh

-Ya puedes soltarme, eh.- musitó Harry,incómodo. Se removió tratando de zafarse, pero fue imposible. Los brazos de lachica no se separaban de su cuerpo.

-Oye
em
¿serías tan amable de
?-comenzó Sirius, pero calló al ver la expresión ruda que le lanzó la chica.

-Gretel, necesitamos que
- trato deseguir Lunático, pacientemente, armándose de valor. Pero tras ser observado porlos ojos de loca de la chica, tragó saliva y soltó un gemido.- Bueno, solo situ quieres
- se apresuró a agregar.

-Gretel, vamos, tienes que ir aarreglarte un poco más para Harry. ¿No quieres lucir hermosa en su cita?-preguntó tiernamente Lily, con ese tonito dulce que solo las mujeres sabíanusar para convencer a alguien. - Mira, puedes ponerte un poco de brillo y
-calló súbitamente. Gretel la observaba con desconfianza.- Bueno, no esobligatorio. Puedes quedarte ahí si quieres.

 

Harry la miró con aprensión.

-¡Al diablo! -gruñí.- Escucha tú,mocosa, o te vas de aquí a la cuenta de tres o

Pero callé, sintiéndome avergonzado porhaberme asustado por la mirada de una niña. Esa niña no podía tener una miradatan demencial. Me estremecí de pies a cabeza, antes de agregar entre susurros.

-Era de broma

-¿Qué sucede aquí? ¿Tú de nuevo,Gretel?- la voz de la señora Pomfrey fue como el bramido furioso de unelefante. Gretel se puso de pie, al ver a la mujer entrar como una bestia a laenfermería.- ¡Déjalo descansar! ¡Te lo he dicho cientos de veces! ¡Necesita descansar!¡Fuera o te llenaré la cara de granos
!

Gretel reaccionó como un autómata. Conpaso rápido pero sin dejar blasfemar contra la enfermera, quién iracunda corríaa la chica de la habitación, Gretel desapareció tan rápido como había llegado.La señora Promfey se giró a hacia nosotros con una mirada demencial parecida ala de Gretel.

-¡Acuéstense! ¡Tienen que descansar! -bramó, dándonos un empujón a cada uno hacia la cama. Se puso las manosfirmemente en la cintura, y nos observó con autoridad.- No se levanten.- nosordenó. Y supe que ningún Merodeador, incluyéndome, sería capaz dedesobedecerla.

Salió de la habitación sin decirpalabra hacia su pequeña oficina, dando un portazo. Nos miramos atónitos,asombrados por lo que acababa de suceder. Pero Canuto se encogió de loshombros, tan acostumbrados que estábamos de ver cosas raras en ese Colegio.Lunático y yo lo imitamos en el gesto, mientras que Lily y Harry contemplabanla escena como si nos hubiéramos vuelto locos.

-Gracias.- susurró Harry, notablementeagradecido y aliviado, aunque un poco acalorado aún. Enarqué una ceja.

-Bah, de qué.- respondió Canuto,restándole importancia con un leve encogimiento de los hombros y una agradablesonrisa.- Podría haber sido yo el acosado por una chica.

-Retiro mi consejo, hijo.- comenté, muyserio.- Manda a volar a esa chica o te matará en un ataque de celos. El amor temata lentamente, recuérdalo. Pero con esa loca puede matarte de inmediato.Aléjate de ella. Escóndete. Consíguete una novia, o finge que eres gay. Haz loque sea para alejarla.- miré a Lily, esperando ver su gesto serio, pero enlugar de eso, me levanto los pulgares en señal de aprobación.

-Lo haré.- aseguró Harry, con los ojosmuy abiertos, como si tratara de aprenderse todos mis consejos de memoria.- Loharé, lo prometo.

-Bien.- me limite a responder. Aspiréuna bocanada de aire, buscando las palabras perfectas para decir. Suspiréaudiblemente. - Chicos, yo
esperen, ¿no deberíamos despertar a Peter?

-Bah, déjalo. Disfruta de la ausenciade ronquidos por hoy.- interrumpió Sirius. Asentí.

-Bien. Bueno
Merodeadores, quieropedirles una disculpa.

-Ya lo hiciste.- replico Canuto, pero levante la mano para pedirle silencio.

-No, Canuto. La noche pasada entendímuchas cosas. Miren
saben que amo a Lily.- dije, con valor, sin vergüenza.- Ysaben que ustedes son mis mejores y únicos amigos. Sé que prometimos cuidarunos de los otros, y lo hemos hecho por estos siete años. Prometí ser fiel anuestra causa, a guardar nuestros secretos. A apoyarlos. Creo que no lo hehecho de la misma manera que ustedes. Han dado más por mí de lo que yo he dadopor ustedes. Los abandoné, chicos. Y lo siento mucho. Los traicioné. Pero no lohice con el deseo de hacerles daño. Lo hice porque estaba frente a la mujer queamo, y ante Lily no puedo ocultar ni pensar nada. No pensé en lo quesignificaba. No pensé, simplemente. Pero sé que no le habría confesado sobretu
estado, Lunático, de saber que no podía confiar en ella. No se lo habríadicho a cualquiera. Se lo diría solo a alguien que amo. Y sé que no estuvobien, pero

 

-Basta, James.- me detuvo Lunático. Suvoz fue seria, pero en su rostro había una sonrisa cansada.- Sé que por amor sehacen locuras.

-Pero me olvide de ustedes, chicos. Yjamás me lo perdonare.

-Todo fue mi culpa
-musitó Lily, en unsollozo.

-No creo que te olvidarás de nosotros.Ni tú, ni Lily. Volvieron al bosque, arriesgando sus vidas, por ayudarnos. -replicó Canuto. - No es tu culpa Lily, ni siquiera es culpa de James. No haynadie a quién culpar.

-Porque en realidad, no hay un motivopor el cual culpar a alguien.- interrumpió Remus, aún sonriendo.- Entre el amor y la amistad, se puede mantenerla balanza en equilibrio.

-Y no creo que eso sea un problema,puesto que hay una nueva Merodeadora entre nosotros. - completó Canuto,sonriendo a su vez. Lily y yo nos miramos unos instantes. Me perdí en sus ojosverdes, tan profundos que le océano parecía un simple charco. Tan llenos devida, de amor, de ternura y de cariño. Con una luz de alegría que inundaba todosu rostro, una luz que venía desde su corazón y

Puaj. ¿Desde cuándo me había vuelto tancursi? Vino a mi mente el recuerdo de mi primer poema:

"Querida Lily: tienes los ojos verdes, como el sapo deAlice. Y el cabello rojo como la familia Weasley. Y sé que apesto en poemascomo Colagusano en Pociones y Canuto sin bañarse, pero iré al punto. Pelirroja,¿saldrías conmigo por favor?"

Definitivamente, mi alma se habíasensibilizado desde ese magnífico poema. Sí, debía ser eso. Simplemente, erahermoso.

-Gracias, chicos.- fue lo único quepude decir. -Gracias por todo su apoyo.

Canuto y Lunático sonrieron másampliamente.

-Creo que tienes más cabos que atar,Cornamenta.- murmuró Lunático, y miró de reojo a Lily que había bajado lamirada y observaba el regazo con interés. Asentí.

-Remus
gracias por todo.- le dijeseriamente. Él solo asintió con su usual sonrisa cansada. Sus ojos estabansobre las oscuras ojeras que destacaban en su pálida piel. Se veía mayor de loque en realidad era.

-A Lunático le han comido la lengua losratones.- dijo alegremente Sirius, señalando a Colagusano, que dormíatranquilamente varias camas más allá.- Iré a recuperarla. ¿Vienes Remus, Harry?

Ellos asintieron mientras se ponían depie, dejándonos solos a Lily y a mí. Carraspeé, incómodo, sin saber que decir.Lily tenía ese no-sé-qué que me dejaba mudo. Quizás eran esos ojos verdes.

-Eh, tuvimos una cita bastanteoriginal, ¿no? Cualquier chica moriría por vivir algo parecido
- bromeé,tratando de romper la tensión. Lily sonrió tristemente, y me miró con sus ojosverdes, que contenían lágrimas. Pero Lily era tan orgullosa que nos las dejaríasalir.

-James, lo siento tanto. No debí dehaberte manipulado a que te quedarás conmigo. - musitó, en murmullos apenasentendibles.- Por mi culpa casi pierdes tu amistad con Canuto y Lunático. Oh,Lunático, pobre Remus. Lo juzgué como cualquier mago estúpido y soberbio loharía. Debe ser tan difícil para él
y ustedes hicieron todo eso por ayudarlo.Y yo te obligué a

 

-Lily.- la interrumpí, sentándome en laorilla de su cama, pero dándole su espacio personal.- Hace siete años que vitus ojos verdes, y supe que no podía negarles nada jamás. No me obligaste anada. Simplemente, me quise quedar contigo. Descuidé a mis amigos, pero ellosconocen mis motivos.Jamás me olvidé de ellos. Luché por ti desde hace sieteaños. No quería perder esta oportunidad.

-No quiero que pierdas a tus amigos pormí, James. - insistió Lily, y por su voz rota, supe que tenía muchaculpabilidad dentro de sí.- No quiero que tengas que elegir entre nosotros

-No hay necesidad de elegir a nadie,Lily. Como dijo Canuto, ya eres parte de nosotros. Sí tú quieres, claro.-agregué rápidamente. Lily sonrió tristemente.

-¿Qué si quiero, Potter estúpido? Lo hequerido desde hace siete años. - sentí que me derretía. ¡Lily me quería! - Perofui tan orgullosa que no quería admitirlo. ¿Tú lo sabías, no?

-Lo sabía cuando te miraba a los ojos.- Admití, un poco divertido.- No eres una buena mentirosa, Pelirroja.

-Lo sé, James, lo sé.- murmuro en vozbaja.- Me será difícil admitirlo frente al colegio entero.

-No es necesario que lo hagas- respondí, en el mismo tono.

-Debo hacerlo.- repuso ella confuerza.- Quiero hacerlo. Es hora de tragarme este estúpido orgullo y confesarque
soy una Merodeadora ahora. Mis amigas aullarán de felicidad.

-Yo también lo haré.

Me sonrió con esa sonrisilla suya, ynos quedamos en silencio, sonriéndonos el uno al otro. Entonces, Lily seruborizó y bajo la mirada, antes de murmurar.

-Rompo la ley de restricción a mi espaciopersonal, Potter.

Solté una carcajada de euforia.Finalmente, Lily y yo estábamos juntos. Finalmente, después de siete años. Lohabía logrado. La había conquistado. Y todo gracias a los Merodeadores. Se lospagaría de buena gana.

Me acerqué a Lily con cautela, solo porprecaución de que decidiera que en lugar de besarme quería matarme. Pero no lohizo. Nuestros rostros estaban tan cercas que podía contarle las pecas en lapiel y perderme en sus ojos verdes. Sonreí, el corazón me latía acelerado comonunca antes había hecho. Sentí que se me saldría del pecho si no me controlaba.

-Aw.

Me detuve instantáneamente, y Lily y yomiramos a Canuto, que nos miraba con cara de embobado desde la cama deColagusano, dónde él ya había despertado y sonreía con su cara de ratón.

-¡Continúen! Pueden tragarse el uno alotro, fingiremos no oír.- bromeó Canuto. Lily frunció el ceño, y yo crucé losbrazos sobre el pecho.

-A mí me parecería bastanteinteresante.- comentó Remus, con una naturalidad ingenua. Colagusano soltó unacarcajada.

-Recuerda usar el truco para besar quete enseñé, Cornamenta.- insistió Canuto.- La saliva que salpique no importara.

-Le han quitado todo lo romántico alasunto, chicos. - farfullé, con una sonrisa muy a mi pesar. Miré a Lily congesto de disculpa, pero me devolvió una sonrisa.

-¿Les parece si vamos a las cocinas porun bocadillo?- propuso Canuto, frotándose la barriga.- Tengo un hambrevoraz. Graaaaa.

 

-Yo igual.- agregó Remus, con el rostropálido.

-¡Yo también!

-Cállate Colagusano. ¿Vienes Harry?

-Escóndanme de Gretel.

-¿A las cocinas? Pero
¿cómo? Aún no eshora del almuerzo.- preguntó Lily confusa, poniéndose de pie.

-Oh, Pelirroja querida, hay mucho quetienes que aprender.

¡Hola lectores queridos!¡Muchas gracias por seguir leyendo! Estamos a solo un capítulo más delfinal. Nos vemos en la próxima, para la última actualización. Gracias.

Capítulo 11: Para siempre

"Y el sentimiento de duda ha desaparecido. Jamás me sentiré solo otra vez, contigo a mi lado. Y hemos pasado malos y buenosmomentos, pero tu amor incondicional siempre ha estado en mi mente. Te doy micorazón, porque nada se puede comparar en este mundo contigo."

Warmnesson the soul- Avenged Sevenfold

-No puedo hacerlo.

Mis amigas me miraron como si estuvieraloca, y por lo realista de su expresión, no logré evitar creer por un momentoque ellas decían la verdad. Me había vuelto loca.

-¡No puedo! ¡Hablo en serio!

Alice puso los ojos en blanco, y Jennifersuspiró audiblemente, notablemente molesta. Nany se cubrió el rostro con lasmanos. Yo, me puse de pie, y comencé a caminar en nuestra habitación, hecha unmanojo de nervios. Me pasé unas quinceveces un mechón de cabello detrás de la oreja, antes de armarme de valor paravolver a hablar.

-¡No lo entienden! No es tan fácil. ¡Noes fácil!- aseguré, ante sus miradas escépticas.

-A ver Lily
¿Qué es lo difícil enesto?- preguntó una cansada Jennifer, esforzándose por no sonar grosera. Abríla boca para responder, pero nada salió de mis labios en un principio. Noencontraba cómo explicar mis razones
¡pero claro que las tenía! Pero nadie mecomprendía. Nadie entendía como me sentía. Al ver que yo no respondía absolutamente nada, puso los ojosen blanco y continuo hablando.- ¿Lo ves? - me pregunto, mirándome seriamente alos ojos. Le respondí la mirada con una cara que bien ella definía como "carade niña culpable". Ojalá resultara lo bastante conmovedora para que me dejaraen paz.

Pero no lo fue. Jennifer cruzó losbrazos sobre el pecho.

-Es qué
- comencé.- Es que Po
James.-me corregía al instante tras ver a Jennifer abrir la boca para regañarme.

-¿James? ¿Qué tiene James?- preguntóJennifer, escéptica.

-Creo que se ha comportado bastantebien. De hecho, ha sido bastante paciente y no te ha presionado. - observóAlice. Nany y Jennifer apoyaron sus palabras con un frenético asentimiento enla cabeza. Fruncí los labios.

Era cierto. James había aceptado cadauna de mis órdenes sin rechistar. Hoy era el último día de clases, y lo mío conJames seguía siendo un secreto. Habíamos salido un par de veces más, aescondidas por petición mía; y habían sido unos momentos
geniales. Aunque a miorgullo le costará admitirlo. Habían sido citas bastante divertidas, y más porel hecho de que no hubo ningún hombre lobo u otra criatura mágica poniendo enriesgo la seguridad de Hogsmeade, Hogwarts y quizás el resto del mundo mágico.

"Lily" gruñó algo en mi interior."Dignidad por favor."

Claro, había tenido citas mejores conotros chicos
bueno, en realidad no. Nunca me había divertido tanto hasta quesalí con James.

 

Bien, sí debía decir la verdad, Potterno era tan malo cuando lo conocías deverdad. No era tan engreído,arrogante, estúpido, inmaduro
y otros adjetivos ofensivos con los cuáles localifique durante siete años. En realidad, James era bastante simpático,divertido, agradable, caballeroso, detallista, leal, valiente
cuando decía queno era tan malo, trataba de decir queno era nada malo, y qué en realidadera increíblemente genial
Jamesera la persona más asombrosa de todo elmundo.

"¡Lily" me regaño una vocecita en micabeza. "¡No hables así de Potter! ¡Él es un idiota mujeriego, recuérdalo"

Ah, sí, cómo decía: Potter no era tanidiota. Pero seguía siendo idiota. Creo

-Aún así.- prosiguió Alice, tan madura como siempre.- Aunque James se vea encontigo en secreto, respete tus decisiones y te espere con mucha paciencia, novas a poder esconder lo suyo por siempre, Lily. Sé que no es fácil, y menospara ti, que eres tan orgullosa. Fingiste por siete años odiar a alguien que enrealidad amabas, y ahora que admites quelo quieres
no es fácil. Pero ponte en el lugar de James. Aunque no lo creas,para un hombre no es muy sencillo declarar su amor. Siempre está el temor delrechazo. Y aunque James, de algunamanera sabe que lo quieres, todo ser humano necesita que le demuestren amor.Así que Lily, sí lo quieres, esfuérzate.

Baje la mirada, y decidí que lo mejorera no responder nada. Ya sabía todo lo que Alice me había dicho. Me lo repetíayo misma una y otra vez en el día, y enla noche esas palabras me atacaban sin descanso. Ya sabía que el orgullo no mellevaría a ninguna parte. Pero no podía desaparecerlo de un día para otro.

-Nos vemos en un rato.- dijo Alice,poniéndose de pie. Ese día llevaba el cabello suelto, no su acostumbrada coletaque hacía parecer su rostro aún más redondo. La seguí con la mirada como niñaregañada hasta que Alice desapareció. Después me encontré con la mirada de Nanyy Jennifer.

Suspire audiblemente, al tiempo que yotambién me ponía de pie, con lentitud. Me sentía unos quince años más vieja.

-Nosotras no vamos también.- dijoJennifer.

-¿A dónde van?- les pregunté concuriosidad. Jennifer sonrió tímidamente.

-Con Colagusano.- respondió, hinchadade felicidad. Nany hizo un gesto de asco detrás de ella que me hizo sonreír.

-No puedo creer que
-comencé, peroJennifer me interrumpió, desafiante.

-¿Qué seamos novios? Pues a mí no me dapena admitir que estoy enamorada de él aunque sea un Merodeador.

-No, no da pena que sea un Merodeador.Lo qué da pena es que sea
él.-barbullo Nany, con una sonrisa bromista que se desvaneció ante la miradaamenazante de Jennifer. Nany carraspeó, un poco incómoda.- ¿Vienes, Lily?

-No.- murmuré.- Bajaré en un momento.-expliqué, al tiempo que buscaba algo que me diera una buena excusa para nobajar. Encontré un cepillo y lo tomé como si fuera un trofeo.- Debo
debocepillar mi cabello.

-Yo lo veo muy lindo.- repuso Nany,alzando una sola ceja escéptica.

-Sí, bueno
es que no quiero que seenrede y

-Lily.- me cortó Jennifer.- No podráshuir de esto toda tu vida.

 

-Lo sé.- fue lo único que fui capaz dedecir, rindiéndome.- Ya lo sé. Pero no puedo. Simplemente
no es fácil.

-¡Lily! Por Dios.- gruñó Jennifer,exasperada.- Entraste a una escuela de magia y te volviste la mejor de la clasedesde el primer día. Eres de las mejores estudiantes. Enfrentaste a varioshombres lobos. Salvaste a James de morir, nos salvaste a todos. Fuiste muyvaliente. Pero ahora, después de todas las cosas que has hecho, no puedesadmitir lo que sientes. Ser valiente no es solo enfrentarte a bestias yembrujos, ser valiente es enfrentarte a ti misma, enfrentar tus miedos ysuperarlos. Y escúchame bien, Lily, porque solo te lo diré una vez: sé quepuedes superar este miedo. Porque tienes un motivo para hacerlo, y ese motivo es James. Confío en ti.

-Y yo.- agregó Nany, entre divertida yseria por las palabras de Jennifer. Lo más profundo que mi amiga había dicho ensu vida era algo como: subsuelo. Me pusouna mano sobre el hombro.

-Él te quiere, Lily.- dijo Jennifer.-Sí ese es tu temor, yo y todo el colegio podemos decírtelo. James te quieremuchísimo.

Me pase un mechón de cabello detrás dela oreja, y baje la mirada, pues habían enrojecido estúpidamente. Oh, tontaLily. Jennifer había dado justo en el clavo.

-¿Estás
estás segura?- me atreví apreguntar, tartamudeando en una voz tan baja que creí que nadie había logradooír. Oh, tonta y estúpida Lily, actuando como una tonta y estúpida adolescente,inmadura y enamorada.

-Por supuesto.- replicó ella con unasentimiento de la cabeza. Me alboroto el cabello dejándolo bastantedespeinado.

-¿Y qué sí solo está jugando?

-¿De verdad lo crees?- cuestionó Nany,como si fuera la pregunta más tonta del mundo.- ¿Crees que James jugaríacontigo por siete años?

-Siempre creí que solo jugaba.- dije,como tratando de justificarme. Oh, sí. Siempre había creído que ese afecto queel Merodeador expresaba hacia mí no era otra cosa que una tonta broma de malgusto.

-Pues no lo hizo. Míralo a los ojos, ydime sí está jugando contigo.- insistió Nany.

-Solo piensa en el bosque, la noche desu primera cita. James lo dio todo para salvarte.- agregó Jennifer.

Sonreí con desgana. Ojalá pudiera deciren voz alta la verdad. Que estaba loca por Potter desde primero, y ahora estabamucho más embobada con él. Que a veces suspiraba en clases por él, o que podríamirarlo a los ojos por siempre. Que le había escrito poemas, bastante malos, ylos había escondido para que nadie los leyera. Que al recordar sus bromas mereía en silencio. Que me ruborizaba cuando recordaba sus elogios. Oh, cómodecirles que soñaba con él cosas tan tontas como que nos casábamos y éramos felicesel resto de nuestras vidas.

-¿Vienes?- preguntó Nany, tendiéndomeuna mano. Dudé un poco, pero terminé negando.

-No
creo que ahora sí debo peinarme.

-Cierto.- dijo Jennifer con aireculpable.- Te esperamos, sí quieres

-No, no. Vayan. Jennifer no puedellegar tarde a su cita.- les dije,tratando de lucir animada. Ojalá pudiera yo ser tan abierta como Jennifer.

-En realidad, yo también tengo unacita.- comentó Nany.- Austin Fleche. Slytherin.

Fue el turno de Jennifer de hacer ungesto de asco. Nany le golpeó juguetonamente, mientras yo soltaba unacarcajada.

-¡Vamos Lily! Nany sale con unaserpiente y yo con sex symbol y no nos da nada de pena admitirlo. - bromeóJennifer. Volví a reír.

 

-¿Vienes?- insistió Nany.

-En unos minutos. Necesito un tiempo asolas.- sentencie.

-Te esperamos en el Gran Comedor.- dijoNany con un guiño. Entonces, salieron burlándose la una de la otra entre risas.Cuando estuve completamente sola, me tire en la cama con un audible suspiro.

"Míraloa los ojos, y dime sí está jugando contigo." Recordé la mirada sincera de James. No, enrealidad no había duda alguna de que me quisiera. Lo hacía, y yo lo sabía.Había estado a punto de perder a sus amigos y su propia vida por mí. Habíainsistido salir conmigo durante siete años, y no se rindió incluso tras cadauno de mis crueles rechazos. Y ahora, no me presionaba a contarle a todo elmundo sobre lo nuestro. Esperaba con una paciencia que no creí que él tuviera.

James estaba dando todo de sí. Mientrasque yo
me limitaba a ser tan reacia como siempre. Tenía que entender que él síme quería, que ya no había motivo para seguir siendo tan orgullosa y fría. Peroadmitir ante todos que
que quería a James era tan complicado.

Pero era lo mínimo que podía hacer porél, después de todo lo que había hecho por mí. ¿Y sí mi orgullo lo arruinabatodo? ¿Y sí le hacía daño? ¿Y sí destruía el amor que me tenía? Había tantasdudas en este incierto futuro que me daba miedo.

Nadie dijo que sería fácil. Pero cuandoestaba con James, todo parecía tan sencillo. Junto a él, sí podía gritar que loadoraba. Pero
con el resto de las personas era más difícil. ¿Qué pensarían?¿Qué yo había perdido mi dignidad? ¿Qué James había logrado conquistarme como amuchas otras? ¿Qué dirían mis padres cuando les digiera? ¿Y mi hermana? ¿Cómoreaccionaría cuando le comentará que salía con un mago? Y Severus
habíamostomado caminos muy distintos, pero
alguna vez habíamos sido amigos. Y él habíaodiado a James. ¿Cómo le sentaría saber que ahora yo
estaba enamorada dePotter?

Gruñí por lo bajo. ¿Y a mí que meimportaba lo que ellos pensarán? Debería de bastarme con saber lo que yopensaba. Y yo pensaba que James era genial.

Pero tenía tanto miedo
no lo queríadejar ir. No habría otro James. Pero con mi orgullo solo terminaría alejándolo.Y aunque él me quisiera y todo
no sería justo estar con una mujer que fingíano quererlo con el resto de la gente. Suspiré otra vez, antes de enderezarme ycepillarme el cabello con tanta meticulosidad como nunca antes había hecho.Armándome de mucho valor, incluso más valor del que se necesitaba paraenfrentarse a un hombre lobo, salí de la habitación.

La Sala Común estaba vacía. Supuse quese debía a que todo el mundo estaba en la ceremonia en el Gran Comedor. Me sorprendióun poco ver una figura medio adormilada sentada sobre un sillón, lejos delfuego. Parpadeé varias veces antes de asimilar quién era.

-¡James!

James se sobresaltó y se puso de pieinmediatamente con las gafas algo torcidas y el cabello negro muy despeinado.Se pasó una mano por el pelo, pero solo logró alborotárselo más.

-¡Lily!- respondió él, con una sonrisacansada. Bajo sus ojos había algunas ojeras.

-¿Mala noche?

-Luna llena.- fue su respuesta, yentonces entendí. Asentí en silencio.

 

-¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar enla ceremonia?- le pregunté, con una sonrisa. Misteriosamente, no podía dejar de sonreír. Vaya cosa tan tonta.

-Bueno
- dijo él, acomodándose un pocomás el cabello.- Vi a tus amigas ahí abajo así que
creí que quizás seguiríasaquí, y que a lo mejor no te gustaría llegar sola al Gran Comedor, por lo quevine aquí y
pensé que quizás podría acompañarte. ¡Pero solo sí tú quieres! - seapresuró a agregar.- Si no, no hay problema, eh. No te preocupes.

-James

-¡En serio, no te preocupes! Estarábien tu decisión, te juro que no me molestaré, ni nada

-James yo

-Sí, bueno, yo
yo ya me voy.

-¡James!- lo interrumpí. Aspiré unafuerte bocanada de aire antes dehablar.- Está bien. Puedes acompañarme, no hay problema.

Él suspiro, un poco azorado y nervioso.

-Vaya. Creo que hablo mucho, ¿no?-comentó, con una sonrisa.- ¿En serio no te molesta? Insisto, Pelirroja, no hayproblema si tú

-Potter, ahora hablas más que Jennifer.He dicho que sí.- bromeé, sonriendo aún.

-De acuerdo, de acuerdo.- Pareció quequería decir o hacer algo, pero en lugar de eso, sonrió y señaló la salida.-Vayamos entonces, bella Pelirroja.

Nos echamos a andar en silencio, alprincipio. Yo iba con los brazos cruzados sobre el pecho, y la mirada en elsuelo, aún recordando los retazos de las conversaciones de hace un momento. Mearmé de valor nuevamente para poder hablar. Carraspeé, incomoda.

-Y
¿qué harás estás vacaciones?-pregunté, sin encontrar algo mejor que decir para romper el silencio. No quiselevantar la mirada, aún cuando James comenzó a hablar.

-Bueno, creo que nada. Supongo queCanuto vendrá a pasar el verano conmigo, y
tenía en mente que podríaescribirte
¡pero solo si tú quieres! Y sí mis suegros quieren
¿No les molestaríaver una lechuza un poco fea llegar a su casa con una carta mía?

-¡Oh, para nada!- me apresuré a decir,ampliando mi sonrisa. ¿No era adorable? ¡Me escribiría en vacaciones! Eso eratan
tan romántico.

"Tan estúpido y cursi" dijo una voz enmi cabeza, transformando mi sonrisa en una mueca monstruosa.

-¡Estupendo! Entonces, te escribiré.-comentó James, con alegría.- ¿Qué harás tú estás vacaciones?

-"Planeaba casarme contigo."- dijo unavoz que fingía ser aguda.

-¡Sirius!- exclamamos James y yo alunisonó, en tono de reproche, al ver llegar a Sirius, colocarse en medio deambos y pasarnos a los dos un brazo por lo hombros con gesto amistoso.

-No me toques, perro sarnoso.- le gruñímedio en broma y medio en serio, frunciendo el ceño con fingido desprecio.Sirius no quitó su brazo, y se limito a reír socarronamente.

-¡Canuto! -Exclamó James, sorprendido.-¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con lo de
?- dirigió una miradasignificativa a Sirius, que sonrió solamente, y le guiñó un ojo carismáticamente.

-Todo está en orden, Cornamenta.

-Conozco esa cara.- murmuré, analizandola expresión divertida de Sirius y el rostro de fingida inocencia de James.-¿Qué demonios están planeando?

-¿Nosotros?- bufó Sirius, risueño.Cruzó una mirada con James.

-¡Sí, sí! Ustedes. -afirmé, traspasandoa los dos Merodeadores con la mirada. -¡Dejen de mirarse así!

 

-¿Celosa?- preguntó Canuto, con unguiño.

-Obviamente no, Black.- le reproché,gravemente ofendida, poniendo los ojos en blanco.- Es que solo se miran asícuando están planeando algo malvado

-¿Nosotros?- preguntó James, frunciendoel ceño, como sí él fuera totalmente incapaz de hacer tal cosa. Se señaló a símismo con extrañeza.- ¿Yo, planeando algo?

-¿Teníamos algo malvado programado parahoy, Cornamenta?- cuestionó Sirius con inocencia. James fingió leer una agendainvisible, y luego negó con la cabeza. Sirius frunció el ceño.- ¿No vamos amolestar a Quejicus?

-Sirius
- empecé, pero él siguióhablando.

-¿O ponerle algo a la comida?- Jamesnegó con la cabeza.- ¿Liberar a los elfos? ¿Hacerle algo a Colagusano? ¿Ponerlebichos a las plantas del Invernadero? ¿Nada para hoy?

-No, Canuto, no tenemos ningún planmalvado para hoy.- sentenció James, dirigiéndome una sonrisa, que no pudeevitar devolver.

-Aw, hermosos, son unas ternuritas.-interrumpió Sirius, de nuevo con su fingida voz aguda. Le pellizqué el brazo,mientras le dirigía una mirada asesina.- Que agresiva eres, Evans

-Que idiota eres, Black.

-Exacto, tú sí sabes.- afirmó, con unasonrisa. Suspiró, como si estuviera decepcionado.- Qué lástima que se separaránpor todo el verano. Voy a tener que oíra James hablarme de ti todos los días. Arg. Será tan increíblemente aburrido.Pero pondré un poco de atención cuando me hable de su primer beso. Seguro fuetan romántico, muero de celos.

James le dio un golpe a Sirius,haciéndolo callar. Baje la mirada al suelo, azorada, mientras sentía cómo lasangre se me agolpaba en las mejillas. El motivo era que

-¿¡No se han besado?!- se horrorizó Sirius,con una fingida mueca de terror. Ninguno de los dos respondió.- ¡Por Merlín!¿Ni siquiera un beso chiquito? ¡Eso debe ser ilegal! Oh, vamos, no se sonrojen.Llegará su momento.- nos aseguró, lanzándome una mirada cómplice.- ¿Te contéque James opina que tienes los labios más lindos de todo el mun
?

Un golpe por parte de James hizo callara Sirius, pero yo ya me había sonrojado aún más. Imagine que mi cara estaríatoda roja, quizás tanto como mi cabello, y eso me hizo sonrojarme aún más.Estúpido Sirius. ¿Realmente James había dicho eso de mis labios? ¿No eraadorable?

"Y asqueroso." Añadió la vocecita.

-¡No es cierto, Lily! Bueno, enrealidad sí
pero Sirius no tiene porque decirlo.- añadió James con irritación,zafándose del abrazo de Canuto. Pero este lo agarró del cuello y le volvió apasar un brazo por los hombros.

-¡Oh, tranquilo James! Lily pensará quees muy lindo de tu parte. ¿No es cierto, Lily?

No respondí, ni siquiera me sentí capazde levantar el rostro a que Canuto viera que esta roja como tomate. Maldijealgo por lo bajo, y le recomendé en voz baja a Canuto lo que le iba a pasar asus labios sí seguía molestándome, pero tuve la sensación de que él no meestaba poniendo atención. Se detuvo súbitamente.

-¡Hemos llegado! - celebró Canuto,deteniéndose frente a las puertas del Gran Comedor. Se oía el fuerte ruido decuchillos y tenedores dentro de él, y las risas y pláticas de los estudiantessonaban alegres y llenas de emoción por saber que casa se llevaría la copa esteaño.

 

-Ya ha empezado
- murmuré. Una parte demí se negaba a entrar en el comedor, repleto por todo el personal del Hogwarts,acompañada por dos Merodeadores, uno de los cuales era James, ser quesupuestamente yo odiaba
miré a James, y lo encontré preocupado.

-Canuto, ¿no deberíamos estar en
?-comenzó James, con un hilo de voz. Pero Canuto lo hizo callar, agitando la manotratando de restarle importancia a lo que fuera que James iba a decir. Los miréanonadada.

-¿Qué demonios hicieron?- susurré. Vi aJames palidecer, mientras que Canuto esbozaba una sonrisa enorme, y con unempujón nos liberaba de su abrazo.

-Decidimos cambiar un poco los planes,Cornamenta.- explicó Sirius, alegremente.- Confía en nosotros.

James no se veía totalmente convencido,y yo no tenía ni la más ridícula idea de que estaban hablando. El corazón se meacelero, mientras pensaba que fuera lo que fuera, no debía ser nada bueno;puesto que la cara de James no podía significar otra cosa.

-Pero Canuto
- insistió James,mirándome de reojo.

-¿Qué sucede?- los interrumpí, peroninguno de los dos me dirigió algo más que una rápida mirada.

-Confía en nosotros.- repitió Canuto.James lo miró atentamente.

-Lo arruinan y me los como vivos.-susurró, muy serio. Pero Sirius soltó una carcajada perruna, y James termino riendotambién.

-¡Somos totalmente incapaces dearruinarlo, James! ¡No te preocu
!

Su voz quedó ahogada por el estruendosoruido que se escuchó en el Gran Comedor. Segundos después, y sin que ninguno delos tres pudiera analizar cuál era el motivo del ruido, las puertas del comedorse abrieron de par en par, y por ellas, brotó el caos. Una multitud enorme dechicas, chicas de todas las edades, asustadas y gritonas. Los tres nosquedábamos paralizados, mientras las alumnas nos rodeaban y esquivabanhenchidas de un terror brutal.

Todas corrían lejos del comedor cómo síun fantasma las persiguiera, lo cual no tenía lógica, porque en Hogwartstenemos muchos fantasmas y nadie huye de ellos nunca. No parecían querer darexplicaciones, pues ante nuestras miradas de total incertidumbre solo respondíacon grititos agudos.

Vislumbré a Nany entré la muchedumbre,y tiré de ella.

-¿Qué sucede?- le pregunté, elevando lavoz para hacerme oír entre los gritos.

-¡R-ratones!- gritó, antes de echarsecorrer con el resto. Sirius y James se miraron.

-¿Fue idea nuestra?- preguntó James.Canuto, está vez realmente extrañado, negó con la cabeza.

-¡No! En serio no tenemos ningún planmalvado para hoy
nada podía haber arruinado el otro plan, excepto

Los dos tuvieron la misma idea al mismotiempo.

-¡Colagusano!

-Claro, me encuentro muy bien sin teneridea de que están hablando.- comenté sarcásticamente.

-Pelirroja, ¡tenemos que huir antes deque llegue
!

-¿De qué llegue quién, Potter?- dijouna voz amargosa. Nos encontramos con la cara de Filch que sonreíamacabramente. Escuché a James tragar saliva audiblemente.

-Un hombre tan simpático como usted,señor.- respondió. Filch le dirigió una mirada ponzoñosa. Detrás del conserje,Remus y Colagusano aparecieron con cara de preocupación. Los cuatroMerodeadores intercambiaron unas cuantas miradas.

 

-Hola chicos.- saludó James. Remus nohabía abierto la boca cuando Filch le colocó una mano sobre los labios,obligándolo a callar.

-¡Shh! ¡Ahora si los agarre!- festejóel hombre.- ¿Arruinando el último día de clases? ¡Dumbledore los expulsara!

Los cinco cruzamos una sonrisa, ydespués estallamos en una carcajada.

-¿Qué es lo gracioso?- gruñó Filch.

-¡Qué ya nos graduamos!- explicóCanuto, alegremente. Filch soltó una amarga risa también.

-¡Qué divertido! ¿Sabían Dumbledore lospuede hacer repetir este año?

Nos callamos instantáneamente.

-Eso creí. ¿No parece tan divertidoahora, verdad? ¿Cuál será su excusa de hoy? ¿O ya se les acabaron?

-En realidad, todavía nos quedan un par.-comentó James, mirando a Canuto, quién asintió.- ¿Cuál nos toca hoy?

-Creo que es la de la enfermedad metalde Colagusano, no lo recuerdo muy bien.- replicó este.- Le tocaba a Lunático laexcusa de hoy, no a mí.

-Lhefsd jwjgprjhg joasdsf ojpsojpsjisjijsiissjwre

-Creo que le entenderíamos mejor sí lequitará la mano de la boca, señor Filch.- repuso James con un tonito adulador.Filch lo fulminó con la mirada, pero termino retirando la mano.

-Hoy toca la del accidente mientrasrealizábamos nuestros deberes.- explicó Remus, tranquilamente.

-Ahí está, puede escoger la excusa quequiera, señor.- continuo James.

-¡Los voy a
!- rugió Filch.

-Señor Filch, está vez los Merodeadoresno son los culpables de este alboroto.- dijo una voz cansada. La profesoraMcgonagall apareció detrás de Filch, con su mano sobre el hombro de un chicomuy conocido.

-¡Harry!- dijeron los Merodeadores a lavez, abriendo los ojos de par en par.

-Hola chicos
- respondió este,tímidamente.

-¡Lo han podrido! ¡Ustedes pudrieron aeste niño!- acusó el señor Filch, señalando a James con un mugriento dedo.- ¡Mevengaré, lo juró! ¡Estos siete años han sido los peores de mi vida, y ojalá quenunca vuelvan al castillo, porque
!

-No se preocupe, Harry heredara nuestramonarquía.- comentó Canuto.- Tendrá alguien con quién divertirse.

-¡Oh, por Merlín!- reprochó la profesora.Parecía que no tenía nada de ganas de regañar a los Merodeadores por susbromas. O quizás ellos tenían esa suerte siempre.- Vamos, señor Filch, terminemos con esto. Esaschiquillas se asustaron con unos simples ratones. Que insensatez. Y tú, Harry, nopermitiré que sigas el ejemplo deestos chicos estando en tu primer año, porque

Su voz quedó ahogada por el sonido delos profesores realizando unos cuantos hechizos, seguramente para desaparecer alos ratones que habían ocasionado todo.

-Bien, Evans, está es la vida de losMerodeadores. Siempre entrando y saliendo de los problemas cómo sí fuéramosmanteca. ¡Nunca se terminan! - aseguró Black. Remus le dirigió una mirada deprevención, mientras que seriamente decía:

-No te preocupes, Lily, las cosas nosiempre son así.

-¿Bromean? ¡Eso fue lo más divertido yexcitante que he hecho en toda mi vida!- me sinceré, con una sonrisa.- ¡Jamásme habían acusado de haber infestado el castillo con ratones!

-Vaya
con razón te gusta, eh, James. - murmuró Canuto. Estallaron en un ataque derisa, dónde la casi fingida risa de Colagusano era la más audible, hasta queBlack lo miró, y el chico no tuvo otra opción que callarse.

 

Un par de horas después, con las chicasconvencidas de que ya no había más roedores en el comedor, nos encontrábamosdisfrutando de nuestra última cena en Hogwarts. Los platos de oro brillante,estaban a rebosar de carnes y pastas. Las coloridas ensaladas y el fresco ydelicioso jugo de calabaza hacían la merienda perfecta. A excepción, porsupuesto, de la ruidosa y asquerosa carrera de "A ver quién come más" que seestaba desarrollando a mi lado, participando los Merodeadores y unos pocoschicos más.

Frente a mí, Jennifer miraba embobadacomo Colagusano se llenaba la boca de patatas, mientras Alice charlabaanimadamente con Frank. Nany contemplaba con una mueca de horror total lacarrera de glotonería, y de repente cruzaba algunas palabras conmigo antes decontinuar observando el juego.

La carrera finalizó con Colagusanovomitando un tipo de mantel buhlanco doblado, que parecía muy importante paralos Merodeadores, pues apenas el accidente ocurrió, ellos dieron un salto yCanuto amenazó con asesinar a Colagusano. Remus le pidió que se contuviera,pero por su gesto irritado, era lógico que él estaba deseando matar al pobrePeter también. James, se quedó en estado de shock por un largo rato, hasta que los cuatro chicos, bajaron lascabezas misteriosamente, y pusieron a cuchichear por lo bajo.

Todo el comedor los miraba concuriosidad, Incluyéndome. Cuando me acerque a preguntarles sí ocurría algomalo, no sin antes comprobar que nadie me viera hablando con ellos, larespuesta de Canuto fue bastante extraña:

-¡Nada, Evans, nada!

Iba a reprocharle a Canuto su malaeducación, cuando el sonido de una cucharita golpeando una copa llamó miatención. En el imponente estrado de los profesores, Albus Dumbledore se poníasolemnemente de pie, con una sonrisa. A veces me resultaba extraño ver aDumbledore en túnicas color verde limón, cómo la que traía en ese momento,riendo y contando chistes; y darme cuenta de que ese mismo hombre había vencidoa Grindelwald. Resultaba tan extraño que Dumbledore no fuera un noble hombre deserio gesto y semblante orgulloso y solemne como los héroes de los cuentos. Sinembargo, Dumbledore, a pesar de no tener las mismas características que esoshéroes ficticios, imponía respeto con su sola presencia. Aunque jamás meimaginaría, sí fuera un muggle normal, que ese hombre tan rarito fuera un héroeen una comunidad secreta de magos que se escondía entre la humanidad.

Dumbledore no necesito pedir silenciopara que todos nos calláramos súbitamente. Nos miraba, desde lo alto, con losojos encendidos por una chispa de alegría, y una enorme y sincera sonrisa. Extendiólos brazos, como si quisiera darnos un fuerte abrazo a todos, y habló con vozclara:

-¡Otro año se nos va!- exclamó. Algunosestallaron en vítores, y el profesor esperó pacientemente que guardaransilencio nuevamente para volver a hablar. - Les daré la vieja cháchara de unviejo que solo tiene intención de aburrirlos un rato con sus palabrasanticuadas. Espero que aún recuerden que hace poco tiempo, ¡un tiempo tan cortoque se paso volando!, se encontraban aquí en este mismo comedor, preguntándoseque pasaría durante su ciclo escolar. Algunos temían no encontrar amigos conlos cuáles divertirse, otros deseaban estudiar para ser los mejores. Unoscuantos se preguntaban sí encontrarían el amor ¿qué sorpresa les tenía elfuturo? Tenían tantas dudas, miedos ydeseos. Para muchos este año fue tan malo como la temporada de Quidditch de losRed Dragons.- se escucharon risitas por todo el comedor.- Para otros fue tan asombroso, que jamás loolvidarán.

 

Dicho esto, aparté la mirada deDumbledore para dirigirla a otra persona. Mis ojos verdes se encontraron conlos ojos cafés de James. Al verlo de esa manera tan directa, me estremecí. Nos miramos unos segundos. Sonreímos al mismotiempo. Sí, este año había sido asombroso. El mejor.

-Cometimos errores- comentó Dumbledoreen un tono más grave. Y a mi mente vino mi pelea con Severus. Jamás noshabíamos reconciliado. Recordé también los rechazos crueles y groseros a James.Y por supuesto, apareció en mi cabeza el recuerdo de la noche de nuestraprimera cita, dónde todo pudo haber resultado una masacre y un horrible finalpor mi estúpida curiosidad y mi inútil manipulación. Y vino, finalmente, mirelación a escondidas con James. Fruncí el ceño. Algo me decía que no eracorrecto esconder eso. Quizás debería seguir a mi estúpidamente enamoradocorazón en lugar de mi orgulloso cerebro, y decirlo
gritarle al mundoque
Sacudí la cabeza. No, no podía hacerlo. - Y algunos los reparamos.-continuoDumbledore.- Aún estamos a tiempo dereparar nuestros errores. Nos equivocamos muchísimas veces, tantas veces queobtuvimos experiencia. Pasamos por muchas situaciones, pero a pesar de todo,nos encontramos aquí, este último día de clases, disfrutando de una deliciosacena, y celebrando las vacaciones.

-Y cada uno de ustedes, espero, aprendióuna lección que no olvidará por el resto de su vida.- prosiguió el profesor.-Este viejo anciano, les desea de todo corazón el éxito y la paz que necesitanen sus vidas. Son tiempos difíciles.- murmuró con un suspiro. Hubo un airesombrío en el Gran Comedor.- Pero mientras la unidad, la compasión y el amorentre nosotros persistan, seremos invencibles ante aquellos que buscandestruirnos. Porque, muchachos, en la vida solo hay una cosa que puede vencercada una de las barreras del mundo. Barreras que nos ponen otros
¡o que nosponemos nosotros mismos! El vencedor es el Amor. Somos diferentes, pero nuestras diferenciasno son ningún impedimento para estar unidos. El Amor vuelve las diferenciasinvisibles. El Amor es la única cosa que va a salvarnos, es lo que nos hacefuertes. Es el Amor lo que nos creó. Así pues, llenen su vida de Amor, ydestruyan esas barreras para siempre.

El Gran Comedor estalló en un aplausocuando Dumbledore terminó de hablar. El alboroto se fue calmando poco a poco,al ver que el hombre todavía tenía unas cuantas palabras más que decir. Cuandohubo silencio nuevamente, Dumbledore sonrió aún más ampliamente.

-Y ahora
¡prosigamos con lapremiación! En cuarto lugar, Slytherin con trescientos doce puntos. La casa de Ravenclaw, en tercer lugar, contrescientos sesenta y tres puntos. En segundo lugar
los leones Gryffindor contrescientos noventa y siete puntos. Y en primer lugar, los leales miembros dela casa de Hufflepuff se llevan la copa, ¡con cuatrocientos ocho puntos!

La mesa de Hufflepuff estalló en unacelebración, mientras el Gran Comedor era decorado mágicamente con los coloresde la casa. Aplaudí quedamente,fingiendo una sonrisa. Habíamos perdido, pero al menos habíamos ganado elsegundo puesto. No estaba tan mal, pero, me hubiera gustado haber tenido lavictoria completa.

 

-Pero, tenemos otros premios que dar.-repuso Dumbledore, con una pícara sonrisa.- Hay algunos alumnos que merecen sernombrados, debido a los acontecimientos recientes. Me gustaría felicitar, ennombre de todo Hogwarts, al señor Sirius Black, por su notable lealtad y por sucapacidad de ser un excelente amigo.

-¡Canuto!- dijo James, dándole unapalmada amistosa a su amigo. Sirius estaba congelado y sonreía nerviosamente.Jamás lo había visto tan serio. Gryffindor entero se abalanzó sobre él, con unaoleada de salvaje alegría, a felicitarlo. Los aplausos resonaban por todo elcomedor.

-Muchas felicidades señor Black.-continuó Dumbledore.- Estar apoyando a tus amigos en los momentos más difícilesrequiere de verdadera empatía. Más sí lo has hecho por siete años. Felicidades,señor Peter Pettigrew, por habernos demostrado que usted posee de esa empatía.

La avalancha de festejo fue trasColagusano, que se había sonrojado como un tomate. Jennifer, efusiva, seabalanzó sobre él, echándole los brazos alrededor del cuello y llenándole elrostro de besos, haciendo que se sonrojara más. No pude evitar reír al notar elparecido de mi amiga con Gretel.

-A veces hay momentos dónde la vida noshace caer. Está en nosotros sí decidimos levantarnos o no. Al señor RemusLupin.- Lunático abrió mucho los ojos, sorprendido.- Es necesario felicitarlopor su fuerza en los momentos difíciles, por su valentía, su fabulosa moral ysu capacidad de perdonar a un amigo.- repuso Dumbledore con una sonrisa.

En el rostro de Remus se dibujó unacansada sonrisa. Los ojos del chico brillaban con emoción.

-A veces el Amor nos hace cometertonterías.- rió Dumbledore.- Pero el señor James Potter sabe ser siempre leal asus amigos. Es tremendamente perseverante, nunca se rinde

-
oh sí
- murmuró Canuto.

-Y su valentía lo llevan a hacer muchastravesuras que causaron caos en los siete años que estuvo en Hogwarts. - Hubounas cuantas risas ahogadas.- Pero también lo impulsó a luchar a muerte parasalvar a las personas que quiere. Y en este aspecto, podemos felicitar al señorPotter por tener lazos muy fuertes de Amor
y de Amistad.

-¡James!- sonreí, entre los vítores yaplausos. Rodeado de abrazos y palmadas, James se giró a guiñarme un ojo.

-Y nuestra última felicitación
-interrumpió el profesor. Todos se callaron.- Va para Lily Evans.

Me quedé sin aliento. ¿Habíaescuchado
"Lily Evans"? ¿Yo? ¿Yo había ganado algo? Pero
si solo me habíadedicado a chismear, manipular y llorar. ¿Por qué deberían de felicitarme? Nolo merecía. ¡No había hecho nada!

Sentía como si todo Hogwarts estuvieramirándome, y me sonrojé tanto como Colagusano, mientras deseaba poder volvermeinvisible en ese momento. Escuché los acelerados latidos de mi corazónresonando en mis sienes. Una gota de sudor comenzó a resbalar por mi cuello,mientras Dumbledore continuaba hablando.

-El amor y el orgullo pueden sernuestra defensa más poderosa. Pero también el camino a nuestra propiadestrucción. Y la señorita Evans, tiene un corazón enorme lleno de bondad.Haría lo que fuera por proteger a los suyos. Felicidades por romper lasbarreras que impiden la unidad, y por hacer de las diferencias factorestotalmente invisibles a su cariño.

 

-Felicidades,Pelirroja. Te lo mereces. - me susurró James, por lo bajo. Entre los aplausos,le dirigí una sonrisa, aún sin poder creer que todas esas cosas lindas queDumbledore había dicho estaban relacionadas conmigo.

-Ahora,les pido a los cinco mencionados pasar al frente, por favor. - ordenó elprofesor. Corrimos, preguntándonos que seguía ahora. Fui consciente de quetodos nos miraban, y me sonrojé todavía más. Por si fuera poco, a mi ladocaminaba James, un poco nervioso e incómodo. Era algo extraño, pues siemprecreí que disfrutaba ser el centro de atención

Sentí cómo sí estuviera teniendo unasorpresiva revelación, mientras caminaba hacia el estrado bajo la mirada deHogwarts. ¿Por qué escondía lo mío y lo de James? James no era el ser arrogantey sin sentimientos que yo había creído que era por más de siete años. Y pesarde que anteriormente juraba que él era un odioso, había estaba enamorada de éldesde primero. Quizás esos adjetivos con los que describía a James eran mimanera de proteger mi orgullo. Quizás James nunca hubiera sido tan arrogante yestúpido, si no que era lo que yo quería creer sobre él, para no seguirembobada con un Merodeador.

James había cometido errores, porsupuesto, pero era como todo ser humano: tenía sus defectos
y sus virtudes. Aligual que yo, que Jennifer, que Colagusano o que Remus. Ninguno de nosotros eratotalmente malvado y totalmente bueno. Entonces, sí James y yo éramos iguales,¿por qué esconder que lo quería?

¡Sí yo creía que James era el ser másasombroso del mundo! ¿Por qué esconderlo, sí realmente moría de ganas decontarle a Jennifer sobre nuestras citas? ¿Por qué no gritar al mundo que yotenía ese poder del Amor que Dumbledore había dicho? Sí Jennifer quería aColagusano, y Nany al Slytherin
¿qué diferencia había entre James y yo? ¿Quéimportaba lo que las personas pensaban sobre nuestra relación, mientras yofuera feliz?

-¿Todo listo?- murmuró Canuto a Remus.Este asintió. James abrió la boca para replicar.

-¿Qué demonios están planeando?- pudodecir, antes que sus palabras se vieran ahogadas por la voz de Dumbledorehablando con mucha emoción. Sirius movió los labios diciendo: "Confía ennosotros" y James no pudo decir nada más.

-¡Estos cinco, son los ganadores delPremio Anual de este año escolar! ¡Démosles un fuerte aplauso!

Muy apenas logré escuchar lo que elprofesor decía, y segundos después, cuándo todo el colegio estaba sumido en elruido de múltiples y fuertes aplausos; capté lo que esas palabras significaban.Y el tiempo pareció congelarse

-¡Y yo que creí que no me graduaría!-bromeó Sirius, henchido de felicidad. Nos pasó a Colagusano y a mí un brazo porlos hombros, mientras en un ataque de risa, los tres celebrábamos nuestrotriunfo.

¡Era el Premio Anual! ¡No podíacreerlo! ¡Debía de ser imposible! ¡Siempre había deseado ese premio
y ahora, lotenía! ¡Era el Premio Anual!

Sentí cómo sí algo que se estabaconteniendo en mi interior, algún tipo de bomba, explotaba. Y llenaba miinterior de felicidad. ¡Quería ponerme a saltar, a gritar, a bailar!

Y toda esa felicidad, la queríacompartir con una sola persona.

Entre los aplausos, el festejo y losgritos de júbilo, mis ojos se encontraron con los ojos cafés de James. Supe,con una sola mirada que me gustaría perderme en esos ojos cafés, cálidos yamables; por el resto de mi vida. Porque los necesitaba ver para saber queestaba viva, los necesitaba ver para sentirme totalmente feliz. Pues esos ojoscafés tenían un sentimiento tan intenso y puro que no podía sentirme completasin haberlos mirado. Y mi vida no hubiera sido nada si mi mirada nunca hubieraterminado viendo esos ojos cafés.

 

Lo quería demasiado. ¡Y sí, noimportaba que el mundo se enterara de que los dos nos amábamos! Eso era algoque debía de presumir, de gritar por el mundo entero, de publicar en ElProfeta: ¡lo más lindo que había en mí debía de extenderse por el mundo! ¿Porqué no gritar que había encontrado al amor de mi vida? ¿Por qué no gritar queme perdía en los ojos de James cada vez que lo miraba? ¿Por qué no gritar quelo necesitaba para ser feliz? ¿Por qué no decir que quería abrazarlo y revolverleel cabello? ¿Por qué no decir que lo amaba con locura, y daría mi vida por él?

Le sonreí a James, y ese gesto fuesuficiente para que, sin necesidad de palabras, los dos supiéramos que era loque seguía.

Y sin importar los muchos ojos que nosmiraban, maestros, alumnos; sin importar que nos juzgarían, sin importar quemuchos no aceptarían nuestra relación; me lancé sobre James, rodeándole elcuello con los brazos. Los brazos de James correspondieron a mi abrazo concierta torpeza, y noté que sus manos temblaban ligeramente. Entonces, lesusurré al oído:

-Te quiero, James. Gracias por todo.

Él rió y fue una risa de alivio y totalfelicidad.

-Pelirroja, ¿Serías mi novia, porfavor?

-No podría decirte que no.

Y entonces, mientras ambos sonreíamos ynos mirábamos a los ojos, mis labios buscaron los suyos, hasta que formaron unbeso apasionado, salvaje, dónde desbordaba la lujuria y el deseo enloquecido deestar besando a un hombre tan increíblemente sensual que

-¡James!-lo regañé, mientras todos estallaban en un ataque de risa.- ¡Eso no fue lo queen verdad pasó!

-¡Porsupuesto que sí!- respondió él, haciéndose el inocente, pero con una sonrisatraviesa en el rostro.

-Esmentira, vamos, no le crean a este arrogante Potter.- insistí, frunciendo elceño.

-Yo recuerdo que vi una lengua entre ustedes
- comentóSirius. Pero tuvo que callar cuando recibió un fuerte manotazo de parte mía.-¡Qué! ¡Solo digo lo que vi!

-¡Oh, por Dios! Solo termina la historia y ya.- refunfuñóJennifer. Canuto la miró extrañado.

-¡La has escuchado cientos de veces!- le espetó.

-¡Tú también!- replicó ella.

-Oh, ya cállense. Mañana es la boda de estos chicos,-comentó, muy seria, señalándonos a James y a mí. Sentí un ataque de nervios enel estomago.- Y no pueden desvelarse.-gruñó Nany. Ambos callaron, conteniendo una carcajada.- Prosigue, Lily.

Entrela alegría, olvidé por completo que me encontraba frente a todo el colegio,cuando los labios de James se posaron con delicadeza sobre los míos. En eseinstante, Hogwarts entero estalló en una ola de aplausos que seguramente eratan fuerte que llegaría hasta la Luna.

Perolo único que importaba en ese momento, era James. Cerré los ojos, y contuve unsuspiro. Había sido el momento más dulce y tierno de toda mi vida, y deseé quepudiera durar para siempre. Porque jamás había sido tan feliz, y ahora elPremio Anual no parecía tan importante.

 

Entonces,el resto de los Merodeadores se abalanzó sobre nosotros, rodeándonos de abrazosy palmaditas en la espalda.

-¡Porfin, por fin!- rugía Canuto, mientras revolvía el pelo de James, quién sonreíaenormemente, mientras le daba las gracias a sus amigos sin parar. Dumbledore,traía el trofeo dorado del Premio Anual en sus manos, mientras sonreía también.Nos lo entregó con orgullo, y aplaudió alegremente frente a nosotros.

-Felicidades,chicos.- murmuró, antes de retirarse. Entonces, volví mi mirada hacia un puntoen específico del mar de aplausos y alegría que era el Gran Comedor. Una mesaverde y plateada, mucho más tranquila que el resto de las demás, dónde un puntonegro y serio resaltaba entre el resto. No aplaudía, no sonreía. Había en sucara, más bien, una mueca de horrible desprecio.

Severusme miró por unos segundos. Y entonces, sin que yo me lo esperara, sonrió. Fueuna sonrisa triste, pero era una sonrisa. Se la devolví sin pensarlo.

Misdedos se entrelazaron con los de James, mientras bajábamos finalmente delestrado, dirigiéndonos a nuestra mesa. Había perdido el miedo, mientras tuvierasu mano sobre la mía. Hacia cualquier parte que mirara, podía ver sonrisas.Incluso en los profesores, en los grises fantasmas.

-¡Felicidadespor su premio!!- rugieron Jennifer, Alice y Nany apenas nos sentamos.

-Yaera hora, ¿no?- murmuró Nany, guiñándonos un ojo.

-Asíes.- interrumpió Sirius.- Evans es una Merodeadora ahora.- sonrió.

-Gracias,Sirius.- respondí.

-¿Sirius?¡Bah, tú dime Canuto! Tú también necesitas una apodo, de hecho
¿qué tal
?

-Nolo digas o te asesinaré, Canuto.

-Sabes,creí ver una lengua mientras se besaban

-¡Sirius!-exclamamos todos.

-Lehas quitado todo lo romántico a esto, Canuto.- bromeó James. Sus ojos brillabande emoción.

Jamesy yo cruzamos una mirada. Y sonreímos. Y supe que lo amaba, y él me amaba. Yestaría con él para siempre, a pesar de lo oscuras que podrían ser nuestrasépocas. Valía la pena luchar por amor.

-¡Aw! ¿No es hermoso?- bromeó Canuto, fingiendo la voz,volviéndola más aguda y sensual. - Por cierto, Pelirroja, ¿Te he contado queJames quería tener ocho hijos contigo?

-¡Canuto!- lo regañó James, avergonzado.

-¿Ocho hijos?- repetí, anonadada. James se apresuró aarreglar las cosas.

-Bueno
¡solo sí tú quieres claro! ¡Si no, no hayproblema, porque
!

-¿Bromeas? ¡Yo quería tener diez hijos!

Todos estallamos en una carcajada.

-Un momento.- pedí, levantando una mano para pedirsilencio.- ¿Qué planeaban ese día? No me digan que nada.- los amenacé. Canuto yJames cruzaron una mirada.

-Bien, nuestro plan era llevarte a algún lugar privado yromántico dónde James te pediría que fueras su novia. Pero quisimos hacerlo engrande
pero Colagusano vomitó nuestro plan. Así que pensábamos improvisar
pero lo que ustedes hicieron fue mejor.- aseguró Canuto. Levanté una ceja.

-Bien, creo que es hora de irnos.- dijo Remus, con unasonrisa cansada. Canuto, Colagusano y James reprocharon esto cómo sí fueranniños pequeños haciendo berrinche a su madre.- Mañana es la boda.- fue lo únicoque Lunático dijo, y fue suficiente para que los Merodeadores de levantaran desus asientos y comenzarán a retirarse.

 

-¡Eh, un momento!- los detuvo Jennifer- ¡No dejarán micasa así de sucia!

-Era lo justo lo que pensábamos hacer.- inquirió Canuto,con una sonrisa, mientras salía de la sala rápidamente, en dirección alvestíbulo.

-¡Eh! ¡Al menos llévate tus sucios y apestososcalcetines!

-¡Soy el padrino! - replicó Sirius, a modo de excusa.Jennifer suspiró audiblemente.

-Qué bueno que jamás salí con él.- murmuró. Solté unarisita, mientras la veía salir de la habitación con los calcetines de Canuto enlas manos, agarrándolos cómo sí fuera algún tipo de sustancia peligrosa.

-Mañana es el día.- me susurró James.

-¿Nervioso, Potter?- bromeé, guiñándole un ojo. Me sonriódulcemente.

-No te imaginas cuanto. ¿Y tú, Evans?

-Más de lo que crees.

Reímos un momento, mientras él me pasaba un brazo por loshombros, con cariño.

-Hay algo que nunca te he dicho.- murmuró, un pocoazorado.- Gracias por aceptar esa primera cita conmigo.

-Gracias a ti por haber insistido tanto.- respondí.

-Sabía que estabas loca por mí, así que no perdía lasesperanzas.- bromeó.

-Sigues siendo tan creído e inmaduro como siempre.-Repliqué. Él soltó una risita.

-Es que quiero estar seguro que no me dejarás plantadomañana en la iglesia.- dijo, muy serio. Puse los ojos en blanco.- ¡Es solo unacomprobación!

-¿Desde cuándo eres tan preventivo?- lo reté, frunciendo el ceño. Se encogió delos hombros.- ¿Cómo quiere que te locompruebe?

-Pelirroja, ¿Te casarías conmigo, por favor?- sentenció,muy serio. No pude evitar sonreír.

-No puedo decirte que no.

Y nuestros labios se unieron nuevamente en un tiernobeso, cargado del amor que sentíamos el uno por el otro. Vino a mi memoria,aquél primero beso. Mañana era nuestra boda, y estaba ansiosa, tan emocionadacomo nunca antes. Y di las gracias a todas las fuerzas y dioses que pudieranexistir, por haber dicho que sí a aquella cita. Ese "sí" había sido el comienzode una vida perfecta.

Y sería para siempre.

Fin

-¡Yo veo una lengua!- interrumpió la voz traviesa deSirius. James y yo nos separamos al instante, y nos abalanzamos con un gruñidosobre él, mientras estallábamos en un ataque de risa.

-¡Canuto!

¿Fin?

¡Hola!

¡Por fin es el final! Yo nome la creo. No siento como si hubiera terminado. Casi me imagino que solo estoypublicando un nuevo capítulo, para después escribir el siguiente a medianoche aescondidas de mi madre xD en los pequeños espacios de tiempo libre. Pero, no,ya no habrá más fic.

Este el final. Y bueno, sí hede ser sincera, a mí no me gustó el final :S hay algo que no me gustó en él, yno sé bien qué es :/ Pero bueno, este fue el final que tuve planeado desde hacemucho, así que

Hace casi un año, que estáhistoria inició. Recuerdo que en ese entonces, quería explorar más el mundo delfanfiction, probar cosas nuevas, tramas nuevas, parejas nuevas
y escogí a estapareja para un nuevo fic. Les confieso, y me da mucha risa recordarlo, que aliniciar esta historia no tenía la más mínima idea de cuál iba a ser la tramadel fic xD Solo decía: es un Lily/James y
y ya :P Siempre he sido muy espontanea :D Pero después de unos cuantospárrafos del primer capítulo, inventé una trama, y bueno
En lo personal, a mi megustó mucho el fic. Es alegre, romántico, cómico
era como un descansito a misotros fics dramáticos y llenos de misterios, asesinatos, romances que danmiedo, etc. Disfrutaba mucho escribir está historia y estoy segura de que laextrañaré muchísimo. Algo que la hacía más diferente al resto de mis fics, esque cada uno de los capítulos incluía un fragmento de una canción.Generalmente, eran canciones que me gustaban mucho, y eso hacía de la escrituradel capítulo algo más
liviano, tranquilo y alegre.

"Pelirroja,¿saldría conmigo, por favor?" ha obtenido hasta hoy, sábado 30 de julio (mañanacumple años Rowling y Harry Potter, ¿no? xD) del 2011, un total de 5,674 lecturas, 71 comentarios, 132favoritos, 11 capítulos en 97 páginas y 35,980 palabras. Esto la convierto, enmi historia más leída y con más favoritos :D Y todo esto, es gracias a ustedes.

Les quiero dar mis gracias,de todo corazón, por haberle dado una oportunidad a este fic, y a su autora :D Aún soy nueva en el mundodel fandom, pero la verdad es algo que me apasiona muchísimo. Escribir meencanta, y por eso significa mucho para mí ver que le dieron una oportunidad aeste fic. ¡Espero que les haya gustado!

Y bueno, los invito con muchogusto a ver mis otros fics. Quizás alguno les guste, y se encuentren con unahistoria entretenida que leer. xD

¡Muchísimas gracias por todo!¡Gracias totales y reverencias para ustedes! Espero verlos pronto :D

Atte.

Silencio13


Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? - Fanfics de Harry Potter

Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? - Fanfics de Harry Potter

'Dicen, que tú eres de agua. Y yo soy de fuego. Tal vez en otra vida mi cielo Capitulo 1: Primer intento, fracaso. Capitulo 1: Primer intento, fracaso.

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2023-02-27

 

Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? - Fanfics de Harry Potter
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