Perfect Future - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Miré por el gran ventanal de miamplia oficina y me deleité -no por primera vez- de todo el esplendor ymagnificencia que tenía la ciudad de Londres. Era increíble. Era,definitivamente, mi lugar favorito en el mundo.

Luego de observar por variosminutos aquella hermosa vista desde el piso número ciento veintinueve de miempresa, recordé, no sin cierta diversión, de que llegaba tarde -otra vez- a lareunión en nuestro loft de las Bahamas que tenía con mis amigas. Mis Socias.

Sonreí ampliamente y con un dejode diversión al pensar en esas dos locas. Mi amistad con ellas había empezadodesde jóvenes en el colegio y seguía hasta el día de hoy, casi treinta y cincoaños después.

Habíamos compartido muchísimascosas, como reuniones increíblemente productivas -como aquella en la casa dePiru, en la que, intentando hacer una máscara de limpieza, habíamos agregadoingredientes que se complementaron a la perfección con el resto, logrando unacrema que te hacía aparentar tener veintitantos años; de ahí, mi aparienciasobrenaturalmente juvenil-, viajes a Las Vegas, proyectos laboralesmaravillosamente exitosos, entre tantas otras cosas

 

Sacudí mi cabeza paraconcentrarme en el presente y, al volver a la actualidad, me percaté de que sino terminaba todo lo que tenía que hacer en media hora, llegaría tarde. Aunquemucho no me importaba puesto que en teletransportador era todo muchísimo másfácil. Ahora ya nadie llegaba tarde a ningún lado.

Con una excepción, claro estaba.Nunca había sido muy puntual que digamos.

Agarré mis llaves y me levantérápida pero torpemente de mi silla giratoria y mullida. Casi me caigo con lostacos que aún no me acostumbraba a usar, pero logré ponerme de pie y salir demi absurdamente espaciosa oficina.

Mientras me dirigía camino haciael ascensor, saludé a la gente que caminaba por los pasillos con alegría. Meadentré en el ascensor y apreté el botón que tenía el número ciento treintamarcado. Con una velocidad que en otros tiempos me hubiera mareado, ascendí alpiso de arriba, encontrándome con el estacionamiento.

Me dirigí directamente hacia elespacio en el que estaba aparcado mi elegante Flying Volvo C2, de color rojo brillante. Miré el auto con unasonrisa divertida. Realmente un auto en estos tiempos era innecesario, pero ami perfecto y adorado esposo siempre le había fascinado la velocidad y más aún,si ésta venía incorporada a un Volvo, su marca de auto favorito.

Me subí al auto y lo encendí. Seelevó unos pocos centímetros y cuando apreté el botón brillante, estuvecompletamente lista para arrancarlo.

Ya estaba a unos pocos metros demi objetivo, cuando mi celular comenzó a sonar. Rebusqué en mi cartera y apretéel botón para aceptar la hologramada.De la pantalla del celular sobresalió la cabeza y mitad del torso de un hombrede cabello castaño algo corto, pálido y de ojos marrones verdosos.

- ¡Faustito! -sonreí con emoción.- ¡Tanto tiempo!

Mi mejor amigo levantó ambascejas en un gesto escéptico.

-Luayza, nos vimos hace unasemana. -dijo.

Puse los ojos en blanco; cuandoquería, Fausto era un amargado.

-Como sea
¿Cómo va todo porHolanda? ¿Cómo está mi querida ahijada?

-Insoportable. -respondió con unbufido. Él ignoró mi cara de desaprobación por hablar así de su hija.-Babilonia insiste en que nos juntemos todos a cenar. Con Piru, Martina, ytodos los otros deformes también

 

-Primero, que no son deformes.Algún día vas a tener que madurar y dejar de insultar a Edward, Adam y Cam.-Fausto me sacó la lengua en un gesto infantil. Yo sonreí. -Y segundo, perdón.Decile a Babilonia que no vamos a poder hoy. Quedé en una reunión con laschicas.

-Hay, perdoname. La señoritatiene una reunión con las chicas.-dijo con voz burlona. - ¿Me decís a mí que madure? Ustedes siguen haciendoesas reuniones como si fueran adolescentes.

-O la cortás, o te corto yo.-Fausto me miró con diversión. -Te corto el teléfono, tonto. -aclaré. Soltó unacarcajada y yo bufé. -Basta, Fausto Ariel Baritoli Campetella. Estoy retrasada.Tengo que ir a buscar a los chicos al colegio y encima el policía de la motoaérea me está mirando mal.

-Espero que te hagan una multa.-me dijo intentando aparentar seriedad. Aunque yo lo conocía muy bien y sabíaque, por dentro, estaba riéndose como el mejor.

Puse los ojos en blanco.

-Mejor cortémosla acá. Hoycomento lo que quiere Babilonia con las chicas y arreglamos para otro día. Porahí esta vez podemos ir a la casa de Marti en California. Tiene un jacuzzinuevo que está buenísimo.

-Bueno, entonces, llamame vos. Nopienso llamarte yo de nuevo.

-Tal vez hayan pasado años, peroseguís siendo un rata.

-Ya lo sé. -contestó con orgullo.

Reí a carcajadas y corté lacomunicación.

Finalmente, llegué al colegio demis hijos, una institución con una infraestructura antigua pero hermosa eimponente.

Estacioné y me bajé del auto. Mequedé esperando en la puerta por unos pocos minutos y, finalmente, las puertasdel colegio se abrieron y salieron muchísimos chicos, todos apresurados.

De entre todos aquellosestudiantes, reconocí tres figuras. Eran dos chicas y un chico. Los tres teníanfacciones perfectas, como cinceladas en mármol. Una de las chicas y el chicotenían el cabello de un color cobrizo, y los ojos de color chocolate. La otrachica, tenía el cabello castaño y los ojos de ese color topacio tan exótico quetenía mi marido.

- ¡Chicos, acá! -grité al notarque no me veían.

Ellos, al reconocerme, sonrierony comenzaron a acercarse. Cuando estuvieron cerca de mí, les di un abrazo acada uno.

- ¿Cómo les fue hoy? -lespregunté mientras nos subíamos al auto.

-Re bien. -contestó entusiasmadaElizabeth, la más chica. Era la más hiperactiva de los tres. -Me dieron laprueba de Matemática. ¡Me saqué un 8,70!

- ¡Felicitaciones, Lizzie!-sonreí orgullosa ya que sabía que a ella le costaba Matemática tanto como mehabía costado a mí. - ¡Que bien! ¡Papá se va a poner muy contento también!-ella me sonrió ampliamente y yo miré por el espejo retrovisor del Volvo a losgemelos. - ¿Y a ustedes como les fue, chicos?

-Bien, también. -contestó James.-La de Biología nos tomó una prueba sorpresa, pero creo que me fue bien.

-Sí, a mi también. Era fácil.-comentó Emily, sonriendo.

Me mordí el labio intentandoesconder una sonrisa. Si ellos supieran cómo eran las pruebas de Biologíacuando yo tenía la edad de ellos

Entre charlas triviales, llegamosa casa. Amaba esa casa, bueno, mejor dicho, mansión. Tenía tres pisos. Eraamplia, con pileta, patio, exclusivas comodidades, todo. Planes con niños en Valencia

 

Entramos a la casa y los chicosse dirigieron cada uno a su habitación. Seguramente, James estaría mirandotelevisión, Emily en la computadora, y Lizzie leyendo. En eso, mis hijos se meparecían.

Yo, mientras repasaba mentalmentemis conjuntos de ropa, entré a mi cuarto. Me di una ducha y me quedé en bata.Entré a mi vestidor y revolví todas mis cosas hasta que finalmente encontré elconjunto perfecto para la reunión con mis Socias.

Estaba sentada frente al espejodándome unos últimos retoques cuando la puerta del cuarto se abrió y por ellaentró el ser más perfecto sobre la faz de la Tierra.

Era un hombre alto, con un cuerpomaravilloso. Sus facciones eran perfectas, cinceladas, como esculpidas por elmismísimo Miguel Ángel. Su pelo era de color cobrizo, todo despeinado; con esetoque rebelde que lo hacía ver como un modelo. Los mechones de éste caían sobresus ojos, abrasadores, de un color dorado.

-Mi amor. -me saludó mientras medaba un beso en la frente y me sonreía con esa sonrisa pícara que hacía que micorazón se acelerara. - ¿Cómo estuvo tu día? -preguntó mientras me abrazaba porla cintura y me miraba a través del espejo.

Sonreí como una boba. Aún no meacostumbraba a tener de marido al mismísimo Edward Cullen, el personaje deficción de quien estuve enamorada perdidamente en mi adolescencia.

- ¿Mi día? Bien, nada fuera de lonormal. -contesté algo distraída. - ¿El tuyo?

Él rió entre dientes. Sabía quedisfrutaba cuando yo me quedaba deslumbrada a causa de su perfección.

-También, normal. -contestó.

Le sonreí y me quedéobservándolo. Aún no podía creer que mi amiga Flavia había conseguido inventaruna máquina sofisticada para traer a la realidad a un personaje ficticio. Erasimplemente brillante.

- ¿A dónde vas vestida así?-preguntó con el ceño fruncido, al ver mi atuendo.

-Hoy es la reunión con laschicas, ¿te acordás?

-Ah, cierto. Me había olvidado.-dijo, serio. No parecía muy feliz, pero luego, sonrió. -Algún día, voy alograr retenerte en casa.

-Cuando quieras. -me reí. -Bueno,me voy yendo. Revisales la tarea a los chicos y si llama mamá, decile que laveo el domingo en Wimbledon para el partido de Ignacio, ¿si?

Edward asintió.

-Que te diviertas. Mandales unsaludo a las chicas. -sonrió. Me dio un beso y yo le sonreí.

Pasé por las habitaciones de loschicos y me despedí de ellos. Finalmente, me dirigí al escritorio de Edwarddonde, en un rincón, había un tubo de color plateado. Me metí en él y, luego deescribir una serie de códigos, el tubo se sacudió levemente. Cuando la puertadel transportador se abrió, me encontré con una sala de estar espaciosa,decorada con colores claros y veraniegos, que parecían aún más claros por laluz del sol que entraba desde el gran ventanal.

- ¡Luayza!

Mi mirada se dirigióinstantáneamente al sillón contra una pared, donde había una mujer tan altacomo yo, de pelo castaño claro y ojos verdes. Tenía mi misma edad, peroaparentaba unos veintitantos años, igual que yo.

- ¡Marti!

Ella se levantó del sillón y yocorrí hacia ella. Nos dimos un gran abrazo y comenzamos a charlar sin pararantes de que nos diéramos cuenta.

- ¿Y Piru? -pregunté al no ver ami otra Socia por ahí.

-Todavía no llega. -contestóMartina, mientras ponía los ojos en blanco. -Debe haberse entretenido con Cam,ya sabés como es.

Reí mientras asentía con lacabeza. Piru siempre fue la que tenía un nuevo enamorado.

-Aún me sorprende que haya sentadocabeza. -comenté, divertida.

-A mi también. -sonrió Marti.

- ¿Ya hablando de mí ustedes dos?-preguntó una voz.

Ambas nos dimos vuelta y nosencontramos con nuestra otra Socia. Un poco más bajita que nosotras, de pelocorto y ondeado, de color castaño oscuro y ojos marrón claro.

- ¡Piru! -chillamos Martina y yoa la vez. Las dos corrimos a darle un gran abrazo, el cual, ella noscorrespondió con alegría. Siempre fue la más hiperactiva de las tres.

- ¿Cómo están, Socias mías?-preguntó Piru, mientras se quitaba los anteojos de sol con aire teatral y sesentaba en el sillón, acción que nosotras imitamos.

-Todo perfecto. -contestó Marti,con serenidad. Luego, se descontroló. - ¡A que no adivinan! -exclamó derepente. Se notaba que quería decir eso hace mucho.

- ¿Qué pasó?

- ¿Se acuerdan de Iñaki, el queiba con nosotras al colegio?

-Si, al que molestábamos con queera el perrito faldero de Faus. -contesté, con una risa. - ¿Qué pasa con él?

- ¡Se casó! ¡Y no nos invitó!

- ¿Enserio? -chilló Piruindignada. Si había algo que le molestaba, era perderse una fiesta. - ¡Peroque
!

- ¿Con quién se casó? -pregunté,antes de que Piru empezara a solar palabrotas.

Martina comenzó a contar todo loque sabía y cómo se había enterado. Luego, una persona llevó a la otra y comenzamosa hablar sobre todo el mundo y sobre todo.Siempre era así cada vez que nos juntábamos. Una reunión sin chismes, no erauna reunión de Socias.

Estuvimos hablando por horas,pasó la tarde y pasó la noche. Antes de que nos diéramos cuenta, ya estabaamaneciendo.

- ¡Por dios, miren la hora quees! -exclamó Piru al ver su reloj. - ¡Cam va a matarme! ¡Fue por eso que lleguétarde!

- ¿Cam te puso hora de llegada?-preguntó Marti, divertida.

-Algo así. -contestó Piru,desganada. -Es que me extraña demasiado. -añadió con un tono típico deegocéntrica.

Marti y yo reímos a carcajadas.

-Bueno, yo también me voy. -dije,mientras tomaba mi cartera.

-Y yo. -dijo Martina, quientambién comenzó a juntar sus cosas. - ¿Cuándo nos vemos de nuevo? Adam quierehacer una reunión todos juntos.

-Si, Fausto también me llamó paraeso. Babilonia quiere vernos a todos.

- ¡Perfecto! -exclamó Piru. - ¡Elviernes vénganse a mi casa en Sydney!

Marti y yo asentimos con lacabeza, entusiasmadas, y juntamos nuestras cosas. Con un último abrazo entrelas tres, cada una partió a su casa con su familia para empezar otro díaperfecto.

Mi vida, nuestra vida, era perfecta.



Es una tarea de lengua que hice. La consigna era 'realizar un cuento de ciencia ficción en donde uno sea el protagonista dentro de treinta y cinco años'. Luego de muchos delirios con mis amigas (las cuales aparecen en la historia) esto quedó. Es realmente muy divertido, al menos para nosotras, ya que es una vida que realmente desearíamos tener. Vamos, ¿quién no? JAJAJ. Un besote.

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Miré por el gran ventanal de miamplia oficina y me deleité -no por primera vez- de todo el esplendor ymagnificencia que tenía la ciudad de Londres. Era incr

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2023-02-27

 

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