Reacondicionador Muggle - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Ninguno de los dos sabía como había empezado. Hermione había tenido que retomar sus estudios sin sus dos mejores amigos y en compañía de Ginny. Se había resignado a que sería un año difícil, monótono, apagado y triste. Draco también había tenido que regresar a Hogwarts después de la guerra, y él ya esperaba una año completo de burlas y miradas con odio.

Y sin embargo, allí estaban, en una de las tantas salas desconocidas del castillo. La habían descubierto por error, una noche en la que ambos tenían insomnio, después de chocarse y oír los pasos de Filch. Sí, allí estaban, acurrucados en el desgastado sillón negro de un sólo cuerpo, alumbrados con sus varitas y sintiendo el aroma del otro. Hermione estaba leyendo una novela muggle mientras Draco jugueteaba distraídamente con uno de sus rizos.

 

Ambos podían sentir la muda ansiedad del otro, la preocupación de qué sería de ellos después que finalice el año escolar. Estaban a mediados abril, y con sus exámenes cada vez los momentos eran menos y más intensos.

-Nunca te lo cortes- dijo Draco con la voz algo apagada. Si Hermione no lo conociese lo suficiente, diría que había sido una orden, pero en realidad, se acercaba más a una súplica. Sabía a qué se refería, a su indomable cabello. Suspiró.

-Sabes que es incómodo.

-No te lo cortes. Si te lo cortas, será otra cosa que no sabré de ti. Quiero estar seguro que por lo menos algo nunca cambiará.

Hermione, tratando de alegrarlo un poco dijo -Crecerá y crecerá. Y cuando me veas, verás que al pedírmelo le habrás hecho un daño al mundo. Se convertirá en un largo matorral, y me hará tener por lo menos tres kilos más cuando llegue a mi cintura -lo besó dulcemente en los labios- Sin mencionar de cuánto reacondicionador tendría que usar.

Draco emitió una sorda carcajada -Entonces, Hermione Granger, te juro que no me arrepentiré nunca de habértelo pedido.

-Egoísta-escupió la castaña con falso desdén ocultando una carcajada mordiéndose el labio

-¿Y qué acaso así no me quieres?- respondió el rubio buscando su mirada con una sonrisa de lado

-Si no fueses egoísta, no estaría aquí contigo, condenándome a usar cantidades industriales de ligas, ganchos, colets y distintos productos para el cabello.

-¿Me estás diciendo que me quieres por ser egoísta?

-No, te estoy diciendo que gracias a tu egoísmo me voy a pudrir de calor este verano.

Y después de ese cortísimo diálogo, siguieron distraídamente con lo que estaban haciendo


...


Hermione estaba sentada en la alfombra roja con rayas blancas que su madre siempre ponía en Navidad. Usaba un pantalón de algodón ligero y una camiseta de tiritas bajo la bata estilo Papá Noel que usaba siempre en esa época del año. Había rechazado la invitación del Ron y Harry de pasar las fiestas con ellos porque quería pasarlas con sus padres. Cada minuto que estaba con ellos se sentía más agradecida que no les haya pasado nada en la guerra.

Hermione era una chica de palabra, incluso si la promesa que había hecho había sido pactada en silencio. Llevaba el cabello a la altura de sus costillas, y lo iba a dejar crecer más, y más, y más. Había recibido algunas cartas de Draco durante sus vacaciones, y se lo había encontrado en el ministerio varias veces. Sin embargo, su relación distaba de ser una amorosa. Bueno, sí se habían besado después de que ambos consiguieran trabajo, y también algunas veces cuando estaban en el elevador sin nadie cerca. También durante aquella fiesta formal... y aquella otra vez que se encontraron en el Tres Escobas. Pero habían acordado que después que llegaran a Londres y se bajaran del Expreso, ya no serían novios.

 

¿A quién engañaba? Ambos se habían enamorado gradualmente, y ahora sus sentimientos eran irrevocables. Desde aquél día en la biblioteca cuando tuvieron una conversación civilizada, sentían mariposas en el estómago. Como si siempre hubieran estado hechos el uno para el otro, pero no se hubiesen dado cuenta. No eran una de esas parejas melosas que se decía te quiero cada cinco minutos, pero hay ocasiones en que las palabras sobran, e incluso las demostraciones de afecto. Para ellos... las peleas que exigían su intelecto al máximo eran la mejor demostración de afecto.

Su madre seguía hablando alegremente de alguno de sus pacientes. Era una anécdota cómica, sobre un chico cuyas glándulas salivarias le habían traicionado llenando de baba al Dr Granger. Al percatarse de que no había demostrado su atención al ritmo que llevaba haciéndolo, Hermione soltó una pequeña risita.

-Pero es que el pobre salió avergonzadísimo, querida, no podía ver a tu padre después de su accidente.-dijo animosamente su madre

-¿Accidente? Te dije que no le aplastaras la lengua -Agregó su esposo con una risa

Sonaron las campanas, indicando que ya era media noche. ¿Se habían quedado charlando hasta tan tarde?

-Oh, santo cielo. Ya es 25, feliz Navidad, Hermione- y se le acercó para abrazarla- Me alegra mucho que te hayas quedado.

-A mí también, mamá. Feliz Navidad, papá- dijo abrazándolo fuertemente. Después de todo era la niñita de papá.

-Feliz Navidad hija, creo que ya puedes abrir tus regalos.

Allí, debajo del árbol habían por lo menos dos docenas de regalos. Algunos eran para sus padres, pero la mayoría para ella. Ciertamente se volvía una niña durante las fiestas. Abrió la cajita dorada con el lazo azul de la tía Maggie, que traía un collar de plata. También la caja larga de color violeta del tío George, que traía por lo menos treinta tipos de chocolates diferentes. Y así, abrió todo sus presentes. El de sus padres, la trilogía completa del Señor de los Anillos, ilustrada y todo. El de los Weasley, un suéter de lana rosa con una gran H cursiva. El de Harry, un pequeño reloj de muñeca muggle de marca Otter, una empresa Suiza casi desconocida que hacía pocos relojes al año. Y así sucesivamente, hasta que descubrió una cajita en forma de cilindro, plateada y con una lazo de color verde. Tenía una etiqueta blanca amarrada con una delgada cinta de terciopelo, verde también. Se le formó una boba sonrisa, y a gatas se le acercó con los ojos brillantes. En la etiqueta decía con una letra estirada color esmeralda Me sentí culpable. La tomó y el lazo se deshizo solo, dejando ver una botella de vidrio con un líquido, igual de verde que el resto del empaque, que brillaba y se movía sutilmente, cargado de magia. Con letras doradas, decía Reacondicionador Muggle mejorado con aroma a Jazmines.

De repente, Hermione estalló en carcajadas para sorpresa de sus padres. Sabía desde el principio de quién era el regalo, pero ciertamente no se esperaba eso. ¿Dónde demonios había conseguido reacondicionador muggle hecho en el mundo mágico, aroma a jazmines y de color verde esmeralda? Con lo caprichoso y exquisito que era, a lo mejor Draco lo había mandado a hacer. Subió las escaleras saltando algunos escalones mientras gritaba alegremente que iba a tomar un largo baño.

Ambos padres sonrieron. Ese chico rubio había tenido razón en que iba a ser su regalo favorito.




Comenten, que ha nacido de una noche de insomnio y me ha gustado bastante la idea :)

Con cariño, Neave

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Ninguno de los dos sabía como había empezado. Hermione había tenido que retomar sus estudios sin sus dos mejores amigos y en compañía de Ginny. Se había

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2023-02-27

 

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