Recuerdos fantásticas - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

EL SUEÑO

El día era lluvioso y pese a estar el sol en su punto culminante, la claridad no se asomaba entre las nubes, que lo eclipsaban así como una moneda brillante se ensuciada por el paso de los años. Las gotas se estrellaban contra el cristal delantero del coche formando círculos perfectos y velozmente eran barridas por el limpiaparabrisas, que se apresuraba a recoger de nuevo la lluvia. El agua ahogaba las calles, y se llevaba las hojas de las aceras para dejarlas en las rejas de las alcantarillas. En el interior del coche el aire caliente que se deslizaba por las rendijas de la calefacción empañaba los cristales, ya que en el exterior, no solo llovía sino que el frío helaba el aliento. Un destello inundó el cielo, segundos después le siguió un estruendo que resonó varias veces antes de cesar. La lluvia apretó y el viento, que hasta ahora era tan solo una brisa, soplaba como sopla en las costas del atlántico cuando mar y tierra se encuentran. Los violentos ráfagas deslizaba el coche de un lado a otro del carril, y finalmente el coche cesó su marcha ante un edificio. El conductor bajó apresuradamente del vehículo y usando un periódico por paraguas emprendió el camino hacia el edificio ante el cual había aparcado el coche. Subió los cinco escalones que separaban la planta baja del edificio del nivel de la calle, abrió las puertas, de cristal con marco metálico, y se dirigió a un mostrador. Tras intercambiar unas pocas palabras con la recepcionista tomó un pasillo largo vigilado por réplicas de estatuas griegas y ventanales que daban a la calle. El viento agitaba los árboles deshojándolos y del suelo se llevaba todo aquello que el agua no hubiese empapado. Paso a paso se acercaba al final del corredor. Instantes antes de llegar a dos grandes puertas se arregló como pudo la corbata y el peinado. Abrió impetuosamente la doble batiente que encerraba una enorme sala, con una tarima, un micrófono y un puñado de espectadores con hojas y bolígrafos.

Tal como llegó se sentó en una silla inmerso entre los espectadores, que sorprendidos le miraban, esperando alguna reacción suya. Finalmente tras echar un vistazo alrededor suyo se levantó, con paso lento y relajado se desplazó hasta el atril y tomó el micrófono con la mano. Siguió caminando alrededor del público, y entre éste dónde los pasos eran abiertos. El director de la conferencia salió de entre las puertas laterales de la tarima para poder verlo, también inducidos por la curiosidad salieron de su puesto de trabajo los técnicos de sonido, los técnicos de electricidad, los encargados de las luces y demás equipo especializado. Entre el silencio del habitáculo se comenzaron a encender pequeñas charlas entre grupos de espectadores, pero cuando se llevó el micrófono a los labios, el silencio que se produjo por la expectación era absoluto.

-Disculpen el hecho de haber llegado tarde. Bien, he venido aquí para dar una pequeña charla sobre el libro que recientemente he escrito, ‘Sueños de mis sueños’. Probablemente de los aquí presentes la mayoría os la habréis leído, por el contrario, sabed los que no la han leído que es innecesaria la lectura del libro para comprender mis próximas palabras
Al acabar de escribir esta obra, que a diferencia de las demás esta es especial para mí, me pregunté: ’¿Por qué la he escrito?’, quise saber qué fue lo que me llevó a escribir esas líneas. Pasé noches en vela intentando recordarlo, intentando ver la luz de esa pequeña chispa que encendió tal inmenso fuego. Y bien, ahora que he encontrado esa chispa, os la voy a relatar.-Cesó su paso, sacó un encendedor del bolsillo de su americana, y una pequeña caja con un puro, siguió caminando mientras lo encendía-¿Qué recuerdo tienen ustedes de la noche de San Juan? Yo tengo muy buenos recuerdos. Bien, el sueño sucedía cuando era un infante de apenas diez años. Como cada año, mi familia escapaba de la ciudad e íbamos a un pueblecito, dónde residían nuestros abuelos. Pasábamos todo el día y la noche en el pueblo, era el día más esperado del año. El sueño era tan exacto como la realidad, no recuerdo el San Juan de cuando tenía diez años, pero des de luego que podría haber sido tal cual el sueño me lo hizo ver. Durante la mañana nosotros, los infantes, pasábamos todo el rato corriendo por el pueblo, saludando a la gente y jugando con un balón. Después de la comida ayudábamos a nuestras madres y nuestras tías, ya que éramos familia muy numerosa, a preparar el banquete de la noche, de mientras nuestros padres y tíos traían grandes mesas de dura madera, bancos, barriles de vino y cerveza y preparaban una hoguera. El banquete de la noche de San Juan nuestra familia lo celebraba a las afueras del pueblo, porque así podíamos encender una fogata. Anocheció, y la familia se reunió alrededor de la mesa para celebrar San Juan como cada año. Tras comer, nos reunimos alrededor de las llamas para contar historias y escucharlas. Después cada uno se fue a dormir. Pero yo no podía dormir, las leyendas de cuentos me habían perturbado el sueño. Aquella noche los niños y algún adulto habíamos acampado cerca de la hoguera que habíamos hecho para el banquete, mientras nuestros padres y abuelos pasaban la noche en el pueblo recordando antaño. Salí de mi tienda sin hacer ningún ruido; las brasas del fuego aún estaban frescas y se podía oler la ceniza como era llevada por el viento. El bosque que vigilaba día y noche el pueblo estaba justo ante mí, inmóvil y silencioso. Me decidí a adentrarme; cosa que probablemente fuera de sueños no me hubiese atrevido a hacer. Caminaba lentamente admirando la naturaleza, como levantaba altos los árboles, como humedecía el suave suelo, como tejía las geométricas sedas de arañas.-Giró bruscamente sobre su pié izquierdo y frenó su paso.-Alguien susurró mi nombre, miré a un lado, a otro, a todas direcciones, y no había nadie; me recordaba a las películas de Hollywood en las que un bosque maldito conspira contra un grupo de personas; un escalofrío me recorrió el cuerpo. Grité: ’¿Quién está ahí?’ no recibí respuesta. Volví a oír susurrar mi nombre, y exaltado mirando hacia todas direcciones y dando vueltas sobre mi mismo acabé tropezando con una rama de un árbol cercano y cayendo al suelo. Tenía la cara llena de hojas, puesto que me había caído de frente, me las quité con las manos aún estando en el suelo, y para mi asombro pude ver unos pequeños pies adornados con unos zapatos verdes hechos de hojas y ramas, levanté la mirada y allí había un hada, mirándome tan asombrada como yo la miraba a ella. Me saludó y se presentó alegremente:’Saludos, soy Daría, hada del bosque’. Yo me presenté y me invitó a adentrarme en el bosque. No era del todo consciente de porqué accedí a seguirla, quizá porque era aún pequeño y carecía de pensamiento propio, o simplemente porque era un sueño y mi subconsciente movía los hilos para que todo funcionase tal como lo soñé. Yo la seguía, llevaba un vestido dorado con tonos verdes, su piel era muy blanca y llevaba una corta melena rubia, su iris era por su puesto de color verde y caminaba con confianza sobre el irregular terreno. De vez en cuando miraba hacia atrás para asegurarse de que aún estaba ahí. Cuando el terreno comenzó a ser más agreste, mi patoso paso me hacía tropezar una y otra vez, al verlo la hada se acercó a mí y me sujetó por el brazo, era de mi misma estatura, aunque no pareciese una niña. Le pregunté acerca de nuestro destino, y ella me dijo que íbamos a la ciudad del bosque; me quedé sorprendido ya que ignoraba la existencia de ninguna ciudad en el bosque. También mencionó que la ciudad estaba habitada por las hadas y los gigantes, y que hace muchos años la tierra sólo estaba poblada por hadas y por gigantes solamente, ya que los humanos eran descendencia de estos dos seres sobrenaturales. Finalmente llegamos a la ciudad de las hadas y los gigantes. En el suelo había un foso muy hondo, dónde de las paredes se tendían casas, y en el cielo un claro abría paso a la noche estrellada. A medida que nos acercábamos a la ciudad la cantidad de hadas que había aumentaba, mirándome curiosas, así como de gigantes, unos seres con forma humana hechos de ramas algunos, otros de hojas, de piedra, de arcilla, y de una altura y dimensiones magníficas. ‘Daría, ¿Quién es?’ Le preguntó un hada a mi acompañante, y respondió que era un niño que se había perdido en el bosque, bien es cierto que no sabía dónde estaba cuando ella apareció. De los árboles que rodeaban el foso colgaban también casas hechas, como todas, de madera, hojas, lianas, y más vegetales. Bajamos al foso. Una larga calle seguía la pared bajando en espiral, en el lado interno de la calle habían las casas colgantes, dónde vivían hadas, y en el lado interno de la calle empotradas en la pared del foso estaban las viviendas de los gigantes. Me enseñó la ciudad entera, hasta que llegamos al final de la calle, al fondo del foso. Era media noche y no de cualquier noche, sino de la noche de San Juan, la magia se respiraba en el ambiente. Había una inmensa hoguera encendida, como la de la cena de hacía unas horas, y había decenas de seres fantásticos bailando, bebiendo, riendo, tocando música, cantando alrededor de ésta. Estaba anonadado, nunca había sentido tantas cosas a la vez, un par de laúdes y un arpa en mis oídos, las cenizas y ambiente en mi olfato, las llamas bailando de un lado a otro, eran hipnóticas. Le pregunté a Daría lo que sucedía, y me respondió, que aquella noche era la celebración de que la tierra, o como ellos la llamaban, Gaia, había completado otro ciclo de su vida. Tras un buen rato, la fiesta cesó súbitamente y todos los seres miraron al cielo, en el que había tantas estrellas que parecía que estuviese nevando; las hadas al iluminarles la luz de aquellas ancestrales estrellas les apareció un leve resplandor de la piel, un resplandor dorado, que los gigantes no compartían. Era maravilloso ver todas aquellas hadas resplandecientes y aquellos gigantes mirar el cielo, como si fuese lo único que existiese. Instantes después se asomó la luna, llena, por el pedazo de cielo que se veía, hasta ocuparlo entero. Era magnífico. Cuando la dama blanca marchó del cielo, la celebración continuó alrededor de la hoguera. Yo me quedaba dormido, a la vera del fuego, soñando con mi propio sueño. Esa fue la historia que dio pie a escribir este libro-Dijo sujetando una muestra-. Muchas gracias por haber venido.-Respiró un par de caladas- ¿Alguna pregunta?

Williams. Fanfics de Harry Potter en Español

 

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2023-02-27

 

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