Regla nº 1: Los amigos antes que las mujeres - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 


Christine Lambert era mucho más que una chica guapa. Era increíble. Era perfecta. Era una diosa. Sirius Black lo sabía y, por supuesto, hacía días que sólo pensaba en ella. La quería. La necesitaba. Y estaba seguro de que ella también lo necesitaría a él cuando lo conociera.

Sin embargo, había un problema: ella no hablaba ni una palabra de inglés.

Christine era una estudiante de intercambio y venía de Beauxbatons. La escuela francesa había enviado a cinco chicas. Éstas habían ocupado el lugar de otras cinco de Hogwarts, que habían ido al otro colegio. Las estudiantes francesas eran todas muy guapas, pero Christine las superaba a todas. Tenía unos profundos ojos azules que contrastaban con su pelo oscuro, cortado en una media melena. Su sonrisa, su mirada y su forma de moverse provocaba que la gente la mirara cuando caminaba por los pasillos. No obstante, ella no parecía ser consciente de esta situación. Se llevaba con todo el mundo en general (los que sabían algo de francés), pero no parecía tener amigos propiamente dichos. Iba siempre sonriendo a su alrededor, saludando a las caras conocidas, pero en el fondo sin reconocer a nadie en particular. Al contrario que sus compañeras de colegio, no sabía absolutamente nada de inglés, ni se esforzaba por aprenderlo. Se pasaba el tiempo sentada en los jardines, con los pies metidos en el agua y leyendo un libro. Y, en lugar de rechazar esta excentricidad, a Sirius le encantaba.

Christine suponía para él un difícil reto. Pero el joven tenía muchos recursos a su alcance a la hora de conquistar a una chica. Y uno de ellos estaba sentado enfrente de él, con la cabeza enfrascada en el Mapa del Merodeador.

--Eh, Prongs --susurró Sirius inclinándose hacia su amigo.

--¿Qué? --respondió James, sin levantar la vista.

Estaban en la Sala Común de Griffindor, que se hallaba prácticamente vacía ya que ya era bastante tarde.

--Me estaba preguntando... ¿Tú sabes un poco de francés, no? Te lo enseñó tu abuela, ¿verdad?

--Sí --respondió--. ¿Por qué?

--Porque... bueno, ¿conoces a esa chica de Beauxbatons? La rara... Creo que se llama Christine.

James levantó la cabeza.

--Sí, la conozco.

--Es que... me gusta, ¿sabes? Y... no habla inglés.

--Ajá.

--Sólo habla francés.

--Ya.

--Y... y me gustaría salir con ella.

James puso cara de incomprensión.

--¿Y?

--¡Y me gustaría que hicieras de intérprete! --respondió Sirius con exasperación.

James se puso más cómodo en el sillón y sonrió.

--Padfoot, yo no sé tanto francés.

--Pero sabes algunas cosas. Las básicas.

--Sabes, traducirle a una chica las cosas que normalmente les dices a tus ligues no es una perspectiva alentadora...

--Oh, vamos... --suplicó Sirius--. Por favor, Jimmy...

James suspiró.

--Ah... Sé que me voy a arrepentir de esto... Está bien, Sirius. Lo haré.

Sirius saltó del sofá y lo abrazó con fuerza. James le dio palmaditas en la espalda.

--Muchas gracias, tío. De verdad.

--Sí, ya. Venga, vete a la cama.

--¿Tú no vienes?

--Sí, en cinco minutos. Estoy mirando una cosa.

Sirius subió las escaleras que llevaban a su dormitorio, mientras James seguía mirando el Mapa. Finalmente lo plegó, se lo metió en un bolsillo y subió también, caminando despacio para no despertar a sus compañeros, que ya estaban dormidos.


La mañana siguiente, James despertó bruscamente cuando alguien lo sacudió con violencia.

--¡Despierta, Prongs!

James gimió y lo apartó de un empujón.

--¡¿Qué demonios haces, Sirius?! ¡Es sábado...!

--Exacto, Prongs. Un día perfecto para dar paseos por los jardines..., tumbarnos en la hierba..., hablar con chicas...

--Ah, entiendo.

--Este día va a ser histórico, lobito --dijo entonces Sirius, volviéndose hacia la cama de enfrente--. Yo que tú me levantaría ya.

--Por favor, James, mátalo --murmuró Remus tapándose la cabeza con las mantas.

James se rió. Se desperezó y comenzó a vestirse. Se fijó en que Sirius se había arreglado mucho, y vestía una camisa blanca y pantalones negros. Movió la cabeza y él se decidió por una camiseta cutre.

Mientras salían de la habitación, dejándola a oscuras, James comentó:

--Va a estar en la cama, Padfoot. Al contrario que nosotros, ella es inteligente.

--O quizá esté en el Gran Comedor, desayunando. Puede que incluso esté esperando por mí, últimamente nos miramos mucho.

James se rió para sí mismo. Cuando entraron al Gran Comedor, sin embargo, la sonrisa se le congeló en el rostro, porque Christine Lambert estaba sentada a la mesa de Hufflepuff.

--¿Qué te dije? --sonrió Sirius con altanería--. Vamos.

--Ni lo sueñes, Paddy. Me has levantado a una hora intempestiva y encima quieres dejarme sin comer? Primero desayunaremos.

Se encaminó hacia la mesa de Gryffindor, y Sirius fue tras él con la cabeza gacha. Se sentó a su lado y empezó a comer con ganas, pero sin embargo James apenas probó bocado.

--Creí que querías desayunar --musitó Sirius con la boca llena.

--Es que estoy nervioso. No voy a ser capaz de decir nada, se me ha olvidado todo el francés.

--Ya verás como sí, Prongsie. Yo confío en ti.

Finalmente se levantaron y caminaron juntos hacia Christine Lambert, que los miró con curiosidad. James respiró hondo y dijo:

--Salut. Je m'appelle James et mon copain est Sirius. Il veut
te connaitre
rnrn[N. de la A.: Con acento circunflejo,rnno me deja ponerlo] et il m'a demandé de te parler.

--¿Qué le has dicho? --preguntó Sirius.

--Tranquilo, Padfoot. Sólo he dicho nuestros nombres y que tú quieres conocerla.

A la chica se le iluminó la cara y sonrió.

--Oh, c'est trop bien. Je voulais aussi lui connaitre. Je m'appelle Christine.

James se lo tradujo a su amigo:

--Dice que eso es genial porque ella también quería conocerte, y que se llama Christine.

Sirius asintió y sonrió también.

--Dile que si todas las chicas francesas fueran como ella, habría ido a Beauxbatons, aunque no me aceptaran.

James levantó las cejas. Sirius lo miró.

--Eres mi intérprete, James. Tienes que traducir lo que digo y no puedes juzgar.

El chico se lo tradujo y vio cómo ella se sonrojaba y reía. James suspiró.

--On peut se promener dans les jardins, si vous voulez --dijo entonces ella.

--Dice que podemos dar un paseo por los jardines, si queremos.

--Claro, vamos.

Christine se levantó y los tres salieron del Gran Comedor, en el que sólo había algunos alumnos con cara de sueño. La chica no podía apartar los ojos de Sirius y éste estaba completamente en su elemento. James pensó que esa iba a ser una mañana muy larga.



Remus Lupin se levantó de la cama en ese momento. Hacía poco había sido luna llena, y los huesos aún le dolían. Entró al baño y cerró la puerta. El espejo le devolvió la imagen de un chico de diecisiete años, de pelo castaño revuelto, pálido y con ojeras. Se echó agua en la cara, pero no consigió mejorar su aspecto. Suspiró y salió del baño. Peter aún dormía, así que hizo el menor ruido posible mientras se vestía. Salió del dormitorio y en la Sala Común se encontró con Lily Evans, que le dedicó una sonrisa. La chica no soportaba a los Merodeadores, pero centraba su odio en Sirius y, sobre todo, James. Peter le daba pena y Remus le caía bastante bien, siempre y cuando no estuviera con sus amigos.

--Hola, Lupin. --En sus ojos verdes brillaban destellos cálidos--. ¿Vienes a desayunar?

Remus le sonrió.

--Claro. --Echaron a andar hacia el hueco del retrato y salieron al pasillo--. ¿Y Alice?

--Ayer nos quedamos hablando hasta las cuatro de la mañana y ahora no hay quien la levante. --Hizo una pausa y lo miró--. Supongo que tus amigos también se habrán quedado durmiendo.

--Pues no --replicó Remus con una sonrisa--. Sólo Peter. James y Sirius se han levantado a las seis de la mañana.

Lily alzó las cejas.

--¿Hablas en serio?

--Sí, yo tampoco me lo podía creer cuando me despertaron y los vi vistiéndose.

Ya habían llegado al Gran Comedor. Se sentaron a la mesa de Gryffindor, que ya estaba más llena, y empezaron a comer bollitos recién hechos, tostadas, zumo de calabaza y huevos fritos con beicon.

--¿Y qué gran acontecimiento ha motivado que se levanten a esa hora?

Remus se rió.

--Por lo que entendí, algo relacionado con Sirius y una chica.

Lily puso los ojos en blanco.

--Ya. --Lo miró con fijeza--. No tienes buen aspecto. ¿Estás bien?

--Sí, es que he estado... un poco enfermo.

--Ah. ¿Y ahora ya estás bien?

--Sí. --Le sonrió con franqueza--. No te preocupes. ¿Qué tal van las clases?

Lily suspiró y empezó a desmigajar un bollo.

--Bastante bien. Últimamente me distraigo mucho, yo creo que es la primavera. El otro día, en Historia de la Magia, intentaba escuchar y no lo lograba, y eso que me gusta mucho. Pero no sé, empezaba a pensar en otras cosas, en paseos bajo el sol, en bañarse en el lago...

--Te entiendo perfectamente. A mí me pasa lo mismo. Cuando fuera hace frío y está desagradable, las clases están bien, porque así no te aburres, pero cuando empieza el buen tiempo... deberían suspenderlas.

--Tú que eres prefecto podrías planteárselo al director --replicó la chica.

Remus se rió.

-Es una buena idea. Lo pensaré.

Lily sonrió.

--Sabes, Remus, eres agradable cuando no estás con tus amigos.

El joven se encogió de hombros.

--También lo soy cuando estoy con ellos; son una mala influencia, pero no tanto. Lo que pasa es que cuando los ves odias todo lo que tenga que ver con ellos. Y tienes razón porque cuando te ven la verdad es que actúan como verdaderos idiotas. Pero en el fondo...

--... muy en el fondo...

--Jaja, sí, muy en el fondo, no están tan mal. Pero que sepas que tienes mi apoyo, son irritantes.



James estaba en lo cierto cuando pensó que iba a ser una mañana muy larga. Después de dos horas paseando por los jardines, estaba tan harto de hablar y escuchar los estúpidos comentarios de los dos jóvenes, que sólo tenía ganas de meterse en la cama. Por el contrario, Sirius y Christine no estaban nada cansados. Parecían estar divirtiéndose tanto que James pensó que no debería estar allí.

--Sirius, ¿quieres que os deje solos?

El chico lo miró como si se acabara de dar cuenta de que estaba ahí.

--¿Cómo? Prongs, no te puedes ir, si no no nos entenderemos.

--Vale, pero cuando os vayáis a poner más románticos... Dímelo.

--Sí, de acuerdo.

--Vous parlez de quoi? --preguntó Christine, y James contestó:

--Rien, c'est pas grave.

 

--Tu es fatiguée? Tu peux rester un peu, si tu veux, c'est pas obligatoire de traduire tout le temps.

"Te preocupas más por mí que mi mejor amigo", pensó James con amargura. Sonrió, sin embargo.

--Merci beaucoup, mais je suis bien -respondió.

Sirius preguntó de qué estaban hablando, y James contestó que ella quería saber si estaba cansado. Entonces su compañero le puso la mano en el hombro.

--Lo siento, amigo, no te hago caso. Si estás cansado, puedes irte, eh.

James sonrió.

--Gracias. Aún puedo aguantar un poco más.

A partir de ese momento, tanto Sirius como Christine intentaron hablar más despacio para no atosigar a James. Especialmente ella interrumpía constantemente su diálogo con Sirius para preguntarle al intérprete cosas personales. Cuando supo que su abuela era francesa, empezaron a tener una fluida conversación acerca de ella, del lugar en el que había nacido y cómo le había enseñado francés a su nieto.

Al cabo de un tiempo, Sirius se aclaró la garganta y ellos lo miraron con sorpresa.

--Lo siento, Padfoot, no me di cuenta...

--¿... de que estaba aquí? --completó Sirius con las cejas alzadas.

--Sólo le estaba explicando cómo aprendí francés.

Sirius asintió. Decidieron levantarse de la hierba y volver al castillo. El sol ya estaba alto en el cielo y hacía una temperatura muy agradable. Ya era la hora de comer, así que empezaron las despedidas. Sin embargo, Christine quería saber más sobre la abuela de James, por qué había venido a Inglaterra y cómo había conocido a su marido. Le dijo al chico que podían quedar más tarde.

--Oui, c'est vrai. Ce n'est pas bien que je sois toujours avec vous... --contestó James, pensando que se refería a ella y a Sirius.

--Non, tu ne comprends pas! Je veux dire
toi et moi.

James la miró y abrió mucho los ojos. ¿Tú y yo? Sacudió la cabeza.

 

--¿Qué es lo que ha dicho? --preguntó Sirius, con el ceño fruncido.

Su amigo sonrió y se volvió hacia él. Había estado esperando ese momento durante dos años:

--Dice que quiere volver a quedar... conmigo.

Sirius parpadeó.

--¿Qué?

James lo miró con un poco de arrogancia.

--Lo siento, amigo.

Parecía como si Sirius se hubiera olvidado de cómo cerrar la boca. Christine los miraba a los dos sin decir palabra, mordiéndose el labio inferior.

--¿Estás seguro de que dijo eso?

James se cruzó de brazos y respondió algo enfadado:

--Sé que te parecerá increíble, pero no todas las chicas te prefieren a ti.

Sirius sacudió la cabeza y replicó muy ofendido:

--De acuerdo. Quédatela. Pero puedes traducirle que es una estúpida, y a ti mismo que eres un mal amigo.

Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el castillo. James suspiró.

--Padfoot, no... ¡Vuelve aquí! ¡Pareces un crío!

Sirius traspasó las puertas y se perdió en el interior del castillo. James le dijo a Christine que la vería luego y echó a correr tras él. Lo encontró en la mesa de Gryffindor, contándole a Remus y Peter lo que había pasado.

--Por favor, Sirius, tampoco es para tanto --repuso James cuando se colocó a su lado.

--Yo creo que sí, Prongs. ¡Me has quitado a una chica!

--No es un objeto, Sirius --replicó Remus, cansado--. Ella puede elegir, ¿o no?

--¡Pero yo la vi primero, Moony!

--Padfoot, pareces un niño, francamente... --protestó James.

--¿Vas a quedar con ella?

--Bueno, no iba a hacerlo, pero ahora que veo que tienes intención de prohibírmelo... Puede que lo haga.

--¡No puedo creerlo! ¡Se supone que eres mi mejor amigo!

--Ahí lleva razón --dijo entonces Peter.

--Y se supone que tú también eres mi mejor amigo. Merlín, ¡tú puedes conseguir a cualquier chica del colegio!

--Ahí lleva él razón.

--Peter, cállate --le espetó Sirius--. ¿Y eso qué más da? ¡Yo la quiero a ella!

--¿Y qué vas a hacer? --inquirió James--. No sabes francés y ella no sabe inglés. ¿Vas a usarme a mí todo el tiempo?

--Se pueden hacer otras cosas aparte de hablar.

 

Remus se rió y James movió la cabeza.

--¿Sabes qué? Me da igual. Me gusta y voy a quedar con ella.

--¡¿Qué?!

--¿Y qué pasa con Lily? --preguntó entonces Remus, mirando a la chica pelirroja que estaba un poco más allá, hablando con Alice.

--¿Evans? Ya os he dicho que ya no me gusta --replicó el joven, y su amigo y Peter se rieron--. ¿Qué pasa? ¡Ya no me gusta!

--Claro que no, Prongs --dijo Peter, y Remus siguió riéndose.

--Ahora me gusta Christine.

--¡No puedo creerlo! --replicó Sirius, que no reía--. Déjame que te diga algo, James Potter. Si sales con ella...

--¿Qué? --lo retó James con una mirada desafiante.

--Dejaré de hablarte.

--Creo que podré vivir con eso. Y déjame que te diga algo yo también, Black. No te pertenecen todas las chicas del castillo.

Echó a andar y se alejó de sus amigos, sin comer.



Continuará en breves...

Dejad comentarios sobre lo que pensáis!

Niraye.





Era muyextraño ver a Black y Potter separados. Nunca, jamás en todos los años quellevaban en Hogwarts habían estado el uno sin el otro durante más de un día.Muchos creían que eran hermanos, otros afirmaban con guasa que estaban saliendojuntos, pero en realidad se trataba de los mejores amigos que habían pasado porel colegio. Lupin y Pettigrew los acompañaban casi siempre, pero su unión no sepodía comparar a la de los otros dos. Potter y Black lo hacían todo juntos: pertenecían a la mismacasa, iban a las mismas clases, dormían en la misma habitación (incluso a vecesen la misma cama porque hacía frío), tenían los mismos amigos y enemigos, porlos pasillos no caminaba el uno sin el otro, se sentaban juntos en clase,comían juntos y compartían la comida, escuchaban la misma música, se reían delas mismas bromas, sacaban las mismas notas, salían juntos por las noches, compartíancastigos y hasta solían coincidir en los estados de ánimo. Además, secoordinaban sin darse cuenta: uno terminaba las frases del otro; contaban loschistes entre los dos, de forma que resultaban más graciosos; caminaban con elmismo ritmo; se percibían el uno al otro a oscuras, e incluso antes de doblaruna esquina y encontrarse; y cuando uno perdía pie, el otro tropezaba con él ycaían los dos. Si alguno hacía una broma en clase, los profesores gritaban:"¡Potter y Black!", sin hacer distinción porque poco importaba cuál de los doshabía sido. La gente se había acostumbrado a ver sus dos cabezas negras siemprejuntas, una ligeramente más alta que la otra, y era raro verlas por separado.

Sólo habíauna cosa que no compartían, aparte de la habilidad de James para el quidditch yla fobia de Sirius a los espacios cerrados, y eran las chicas. Los Merodeadorestenían ciertas reglas no escritas, y la más importante era que los amigosestaban por encima de todo, sobre todo de las mujeres. Por eso, para que nohubiera conflictos, siempre hablaban acerca de las chicas que les gustaban para"delimitar el terreno". En el caso de James y Sirius, evitar problemas no erala única razón por la que no se fijaban en las mismas chicas. La principal eraque, a pesar de que en lo demás tenían los mismos gustos, extrañamente no ocurríaigual con las mujeres: James las solía preferir no muy altas, de cara risueña ynormalmente con el pelo corto; el tipo de Sirius, por el contrario, eran chicasaltas y de pelo muy largo, y se fijaba más en el cuerpo que en el rostro. Nuncahabían tenido problemas por querer a la misma, a pesar de que Sirius habíaestado con medio colegio.

 

Además, desdeque Lily le gustaba, James no salía con otras, lo que ofrecía a Sirius muchasposibilidades. El muchacho se había fijado en Evans por primera vez en quinto,primero atraído por su mirada dulce y luego fascinado por su carácter. La chicano era realmente su tipo: era bastante alta (sólo un poco menos que él) y supelo era largo y de color rojo. Tenía la cara risueña, pero él no se la veíacasi nunca porque Lily fruncía el ceño cada vez que se cruzaba con él. A suamigo también le parecía preciosa, y Remus y Peter temieron que hubieraproblemas. Pero Sirius aclaró que no quería nada con ella, más que nada porquele daba un poco de miedo. Aun así, Remus no confiaba en esa paz. Estabaconvencido de que tarde o temprano se pelearían por la misma chica, por lo quecuando llegó el momento no se sorprendió. Tampoco se preocupó cuando seenfadaron y dejaron de hablarse, ni cuando esa noche separaron las camas almenos tres metros y corrieron las cortinas. Por experiencias pasadas, estabaconvencido de que al día siguiente estarían riéndose juntos.

A suscompañeros, por el contrario, les llamó muchísimo la atención. Cuando enTransformaciones se sentaron separados, pensaron que estaban preparando algúntipo de broma. Pero cuando la profesora McGonagall entró a clase y ellos no semovieron, algunos empezaron a murmurar. La profesora mandó silencio y comprobó,sorprendida, que de hecho se hacía un completosilencio. Levantó su mirada y recorrió la clase con el ceño fruncido. Habíaalgo que era diferente, pero noconseguía averiguar de qué se trataba. Entonces parpadeó.

--¿Dóndeestán Black y Potter? --preguntó, buscando sus dos cabezas negras por toda elaula.

Un brazo sealzó en un extremo de la clase, y otro en el lado opuesto. La profesora sequitó las gafas y sus ojos pasaron de un muchacho a otro, varias veces. Algunosalumnos rieron.

--Por Merlín--musitó con la boca abierta--. Potter
y Black
Jamás pensé que vería esto. --Laclase rió más--. ¿Qué puede haber obrado tal prodigio?

Muchos paresde ojos se posaron en ellos. Remus, que se había sentado con James, lo mirótambién con una sonrisa. Fue Sirius quien habló:

--Yo no mesiento con traidores.

James,cruzado de brazos como estaba, le disparó una mirada asesina.

--Ni yo conegoístas.

Sirius sevolvió hacia él y le dijo amargamente, pero sin subir la voz:

--¿Egoísta,yo? ¿Y qué hay de ti?

James serió:

--¿Lo ves?Sólo piensas en ti mismo.

Siriusvolvió la vista al frente.

--No importalo que digas, Potter. Eres un traidor y siempre lo serás.

Suscompañeros volteaban las cabezas cada poco, saltando de uno a otro. Laprofesora McGonagall reaccionó y cortó la discusión con una sonrisa dedisculpa:

--Essuficiente. Arreglad vuestros asuntos fuera de las horas lectivas. Sacad todos loslibros y abridlos por el tema once. Y a partir de ahora, silencio. Pettigrew,esto también va por ti, deja de hablar con Black. No hagas que se esfume mi emociónpor que por un día el señor Black no esté hablando con Potter.

 

Al finalizarla clase, la profesora estaba exultante. Le había dado tiempo a explicar todolo que quería, los alumnos habían estado en silencio y no había habidointerrupciones constantes ni bromas y risas.

Lily Evanstambién estaba contenta. Por separado, tanto Black como Potter eran mucho mástratables. El último incluso le recogió la pluma del suelo al pasar por sulado, dedicándole únicamente una breve sonrisa. Lily se sorprendió tanto de queno soltara alguna de sus bravuconadas que no se dio cuenta de darle lasgracias.

En elpasillo, Peter se acercó a Remus. Habían quedado en turnarse para acompañar asus dos amigos, y en clase él había estado con Sirius, pero éste le habíaespetado que no necesitaba compañía.

--Me ha dadomiedo, Remus. Está muy enfadado.

Su amigosonrió.

--No tepreocupes. Se les pasará y mañana estarán tan amigos. Ya lo verás.

En el GranComedor se volvieron a sentar uno en un extremo de la mesa de Gryffindor y elotro en el opuesto. Cuando Remus y Peter llegaron, los vieron sirviéndose lacomida malhumorados e ignorando a los compañeros que intentaban entablarconversación con ellos.

--No es necesarioque me hagáis compañía, ¿sabéis? --saltó James cuando Remus y Peter se sentarona su lado--. Y menos si creéis que él tiene razón.

--No creemosque él tiene razón, James --replicó Remus--. Los dos estáis en lo correcto y losdos os equivocáis.

El chico empezóa destrozar con el tenedor sus patatas con carne.

--Pensáisque él tiene parte de razón, y eso es suficiente para que no me apetezca estarcon vosotros.

--James, yavale. Ahora eres tú quien se comporta de forma infantil. Somos amigos, nopodemos tomar partido por uno de los dos.

--¡Puesdeberíais hacerlo, Remus!

--¿Se puedesaber qué te pasa? ¡Nosotros no te hemos hecho nada! En el fondo eres igual queSirius

--¡Sipiensas así quizá tú también deberías dejar de hablarme!

--¡Puede quelo haga! --gritó Remus, cada vez más enfadado--. ¡Desde luego, te lo mereces!

Jamesrecibió las palabras de su amigo como un jarro de agua fría. Peter pensó queiba a pegar a Remus, pero en vez de eso el muchacho bajó la vista y laconcentró en su plato. Después de unos minutos, más calmado, habló:

--Tienesrazón. Lo siento, yo
Perdonadme.

Remusrespiró hondo y su mirada se ablandó.

--Cuandohagáis las paces, todo volverá a la normalidad.

La tarde seles hizo muy larga a los cuatro. Todos los profesores, sorprendidos por elsilencio de los alumnos, comentaban algo acerca de James y Sirius, lo queavivaba más el rencor que se profesaban. Cuando ese día acabaron las clases,los cuatro anhelaron interiormente ir a sentarse bajo el haya junto al lago. Laotra opción era ir al dormitorio, pero Remus y Peter no pensaban que fuera unabuena idea y ni James ni Sirius querían estar juntos en un mismo espacio, demodo que cada uno buscó algo que hacer. Los primeros fueron a la biblioteca ahacer deberes; James cogió la escoba y salió a entrenar, ya que volar siemprele sentaba bien; y Sirius, aburrido, acabó por acompañar a Remus y Peter. Losalumnos de Gryffindor que estaban allí estudiando se le quedaron mirando cuandopasó y se sentó en una mesa. Lily Evans se detuvo a su lado cargada con unapila de libros y comentó:

 

--¿Descubriendola biblioteca por fin, Black?

--Así es,Evans.

Sirius pensóque sin James no tenía gracia meterse con nadie. Ni siquiera con Snape. Consideróhacer las paces con su amigo, pero eso supondría tener que disculparse, y lorechazó. Él no tenía por qué disculparse.

--¿Cuántotiempo va a durar esto, Sirius? --le preguntó Peter rompiendo el hilo de suspensamientos.

Suspiró yabrió su libro de Encantamientos.

--Hasta queél se disculpe.

Remuslevantó la vista de su redacción.

--¿Y por quétiene que disculparse él? Que yo sepa, fuiste tú quien le dejó de hablar.

--¿Ahoraestás de su parte?

Remus pusolos ojos en blanco.

--No,Sirius, yo no estoy de parte de nadie. Intento ayudaros, es todo.

El joven nocontestó. Se enfrascó en sus deberes y en una hora los terminó todos.

--¿Lo veis?--sonrió--. Esto es hasta positivo.

Y dicho esose levantó, se colgó la mochila al hombro y se fue. Peter suspiró.

--Dijisteque esto iba a durar poco
¡Ya no lo aguanto más, Moony!

--Confía enmí. Sólo hay que tener paciencia.

Remus Lupinera un joven muy intuitivo, y comprendía muy bien a las personas. Quizá porque,comparado con el suyo, el interior de los demás era bastante más sencillo. Sinembargo, en esta ocasión se equivocó. Subestimó los sentimientos de sus amigosy creyó que la complicidad borraría todo rastro de rencor. Pero Sirius y Jamesestaban muy dolidos; el primero porque habían invadido su terreno y el segundoporque su mejor amigo le había demostrado que sólo pensaba en sí mismo.

James salióesa noche con Christine. Y se encargó de que sus compañeros de cuarto seenteraran.

--Remus,dile a Black que esta noche voy a salir --dijo James atándose los cordones delas zapatillas.

Lupinlevantó la vista del libro que estaba leyendo y suspiró.

--Sirius,James dice que te diga que esta noche va a salir.

--Moony,dile a Potter que me importa bien poco lo que él haga.

--James, yalo has oído.

--¿El qué? Nohe oído nada.

Remus pusolos ojos en blanco.

--Siriusdice que no le importa lo que tú hagas.

--Bien, dileque, sólo por si le interesa, voy a salir con Christine. Y que ha sido ella laque me ha invitado.

Sus tresamigos se volvieron hacia él. Las miradas de Peter y Remus eran de sorpresa, lade Sirius de desprecio.

--James
--vaciló Remus.

--¿Qué?

--Noempeores las cosas.

--Peter,dile a Remus que no se meta en mi vida.

--James diceque no te metas en su vida, Moony --dijo Peter con una sonrisa tímida.

--Peter,dile a James que conmigo sí se habla
Y que está siendo muy infantil.

James noesperó a que Peter le transcribiera lo que Remus había dicho. Se levantó ysalió de la habitación.

La reacciónde Sirius fue correr las cortinas de su cama y no volverlas a abrir hasta lamañana siguiente. A James no le gustaba Christine, sólo salía con ella parafastidiar a Sirius y demostrarle que nadie le decía lo que tenía que hacer, y aRemus le pareció cruel la forma en que se lo restregaba a su amigo. No dijonada, sin embargo. Había decidido no meterse con ninguno de los dos para que nopensaran que estaba de lado del otro.

 

Al díasiguiente, la situación no mejoró. Al contrario, sucedió algo que hizo que seenfadaran aún más el uno con el otro. Era sábado, con lo que ante ellos seextendía un largo fin de semana de miradas huidizas y rencores mal disimulados.Por la mañana, Sirius se levantó el primero, inusitadamente pronto paratratarse de un día sin clase, se vistió y salió de la habitación dando unportazo. James despertó con el ruido e inmediatamente se sintió mal por lo quehabía hecho anoche. Christine era preciosa, y además se llevaba muy bien conella, pero no le gustaba. Se tapó la cabeza con las mantas y se preguntó porqué se había enamorado de la única chica que le odiaba y le insultabacontinuamente. Se sintió un estúpido y se levantó dispuesto a hacer las pacescon Sirius, pero cuando se estaba vistiendo vio algo que lo dejó helado: lacama de su amigo estaba vacía. No se trataba únicamente de que él no estuvieraallí, sino que sobre ella no había nada: ni edredón, ni manta, ni sábanas, nialmohada. Sólo un colchón triste y blanquecino. Tampoco estaba su baúl y lahabitación parecía hasta bien ordenada sin su ropa por el suelo.

La primerareacción de James fue la de enfadarse aún más. Le dio una patada a la cama ygritó que si lo que quería era abandonar el grupo, perfecto, porque él no leecharía de menos. También estaba enfadado con Remus por lo de la otra noche, demodo que abandonó el dormitorio muy furioso. Más tarde, cuando se calmó un poco,vino el remordimiento. Sabía que Sirius se había ido voluntariamente, pero a lavez pensaba que su cita con Christine había motivado su partida. Volvió a porla escoba y se pasó el día en el campo de quidditch, volando, tratando deahuyentar la culpa y hacer desaparecer de su mente la mirada de odio que lehabía dirigido Sirius, pero no era capaz. Estaba tan ausente que una bludger por poco le tira de la escoba.Steven, su entrenador, le gritó que prestara más atención, y eso, acompañado deun agudo dolor en la parte del brazo donde la pelota le había golpeado, provocóque se sintiera mucho peor.

Sirius novolvió esa noche para dormir. Remus averiguó que se había mudado a otrahabitación de la torre de Gryffindor, con Frank Longbottom, un amigo de Alice y Lily, y tres compañerosmás. Pensó en ir a hablar con él, pero al final decidió no hacerlo, porque lacharla que le daría sólo empeoraría las cosas. Nunca habría creído que James ySirius pudieran llegar a esos extremos. Jamás habían tenido una discusión comoesa. En esos días, cuando coincidían bajo el mismo techo saltaban chispas entelos dos, y Remus tenía serias dudas de que si se cruzaban por los pasillos nose pusieran a pelear. También él se sentía culpable por lo que estaba pasando.Cuando habían empezado a discutir no les había hecho caso, convencido de que alfinal se palmearían la espalda con una sonrisa, y después no le había dado importanciaa la situación. Solamente cuando Sirius abandonó la habitación fue conscientede que aquello era más preocupante de lo que en un primer momento había pensado.

Sirius leevitaba y James no le dirigía la palabra. Él a su vez estaba enfadado con ambospor ser tan pueriles e irreflexivos, de modo que dejó de intentar que hicieranlas paces. Empezó a frecuentar la compañía de Lily Evans, Alice, Oliver y Frank, susmejores amigos, y descubrió que se llevaba muy bien con ellos. Aun así, seguíaechando de menos a los Merodeadores.

 

Peter estabatriste. Añoraba su grupo de amigos. Añoraba salir por las noches bajo lacapa de James, reírse en clase, burlarse de Quejicusy buscar nuevos pasadizos que añadir al Mapa del Merodeador. Además, se sentíasolo. Ni a James ni a Sirius les apetecía estar con él, y Remus, cuando no sehallaba con el grupo de Lily, se pasaba el tiempo mirando el Mapa delMerodeador, vigilando que Sirius y James no se acercaran demasiado.

También suscompañeros de clase sufrieron la separación. Al principio les había llamado laatención la novedad, pero acabaron por detestar la situación. La razón erasimple: sin Sirius y James juntos, las clases eran espantosamente largas yaburridas. Incluso Snape recordaba con nostalgia cuando les echaba maldiciones,ya que no disfrutaba si sólo embrujaba a uno.

Los únicosque veían con muy buenos ojos la separación de los dos amigos eran losprofesores. Se acabaron los murmullos y las risitas bajas. Se acabaron lasbromas y las preguntas absurdas. Se acabaron las explosiones y los hechizosrealizados mal a propósito. Por primera vez desde primer curso habíanconseguido meter a esa clase en cintura.

También LilyEvans se alegraba del cambio. Es verdad que se aburría en clase, pero comocontrapartida Sirius y James la habían dejado en paz, y entre ella y Remushabía más complicidad y familiaridad que nunca. Lupin era callado y reflexivo, ysabía escuchar. No abundaban ese tipo de jóvenes en Hogwarts, por lo que a lachica le agradaba mucho. Por otro lado, había algo en su mirada color miel,como una sombra de sufrimiento, que la llevaba a querer ayudarlo, aunque élnunca le contara nada sobre sí mismo.

Remus, porsu parte, también se había fijado en ella. Le gustaba hablar con ella durantehoras, le encantaba su forma de fijar la vista, sin rehuir la mirada, y lefascinaban su seguridad y madurez. Y, por dentro, se sentía fatal por gustarlela chica de la que James estaba enamorado.

Todo sehabía complicado. El grupo se había roto por primera vez en siete años, yninguno de sus integrantes se veía con ganas de restaurarlo. Los Merodeadoresya no tenían razón de ser, y les dolía el pecho sólo de pensarlo.

Y todo erapor culpa de las mujeres.




Lo primero, gracias por leer. Y gracias por hacer esta historia favorita. Y sobre todo gracias por soportar mis desvaríos!!! =) Por favor, comentadla para hacerme saber si os ha gustado o si necesita mejoras. Comentad sobre cualquier cosa!!! Gracias de antemano.

Niraye.


Para empezar, quiero disculparme por haber tardado tanto en actualizar. Pero, cuando leáis el capítulo, entenderéis por qué he empleado tanto tiempo. Espero que os guste! Desde luego, es mi parte favorita de la serie hasta ahora. Ah, y aviso que contiene un poco de sexo no explícito, sólo sugerido. Es una tontería, realmente. Ahí va:



--¿Qué lespasa a tus amigos? --inquirió Lily levantando la mirada de la carta que estabaescribiendo.

Remussuspiró.

--No estamospasando por un buen momento.

--¿Potter yBlack siguen enfadados?

 

--Sí
--Remuscerró el libro de pociones y se recostó contra él--. Ya han pasado cinco días.Nunca habían estado tanto tiempo sin hablarse
A decir verdad, nunca antes sehabían enfadado en serio.

Lilyparpadeó.

--Sé que noes asunto mío
No tienes por qué contármelo, pero me gustaría saber por qué seenfadaron.

--Bueno,desde hace un tiempo se veía venir. Fue por una chica.

--¿Unachica?

--Sí. Christine,de Beauxbatons.

--Ah, ya.

--A Siriusle gustaba, así que utilizó a James, que sabe algo de francés, como intérprete.Al final de la cita, Christine le dijo a James que quería quedar con él.

Lily abriómucho los ojos, sorprendida.

--Me imaginoel golpe que eso supuso para el orgulloso Sirius Black

--Exacto, nole sentó bien. Le prohibió salir con ella, y James, como es lógico, se rebeló yno le hizo caso. Sirius le amenazó con no hablarle si quedaba con ella
y como lo hizo, se fue del dormitorio llevándose todas sus cosas.

--¿Que sefue del dormitorio? Eso no lo sabía.

--Se pasó alde Frank Longbottom. Y no ha vuelto.

--Entiendo.--Lo miró mejor--. Pareces preocupado.

Remus esbozóuna sonrisa.

--Bueno
Echo de menos a mis amigos.

La joven letomó la mano para reconfortarlo.

--No tepreocupes. Son Black y Potter. No soportarán estar separados durante muchotiempo.

El jovenpensó que quedaba poco para luna llena, y se estremeció ante laidea de sufrirla solo. Se había acostumbrado de tal modo a la presencia de susamigos que la transformación le resultaba mucho más dolorosa si ellos noestaban con él. Lily percibió la sombra que cruzó fugazmente su mirada. Rebuscóen su mochila y sacó una tableta de chocolate. Partió un pedazo y se loofreció.

--Toma. Yaverás como te sientes mejor.

Remus le diolas gracias y mordió un trozo. Lily tenía razón: sintió que una agradablecalidez recorría su cuerpo, desterrando sus oscuros pensamientos.

Sirius Blackrecorría el cuerpo de Avril con sus manos. Le abrió la camisa y acarició sutersa piel mientras depositaba suaves besos en su cuello. Su mano ledesabrochaba ya el pantalón cuando la joven lo separó enérgicamente.

--Quieto,vaquero. ¿No vas un poco deprisa?

Siriusrespiró hondo para recobrar la compostura.

--Tienesrazón --respondió con una sonrisa de disculpa--. Es que
necesito evadirme.

La mirada deAvril se suavizó. Se apartó el pelo rubio de la cara.

--Ya te heexplicado que las chicas necesitamos unos preliminares. No se puede entrar así,como un animal, y luego largarse. Ven aquí.

Lo atrajohacia sí agarrándolo del cuello. Lo besó en la boca, acariciando suavemente suslabios.

--Así, ¿ves?Despacio

Sirius sedejó llevar. Sabía que disfrutaba mucho más cuando ella tomaba las riendas, asíque la dejó hacer. Avril lo puso bocarriba en la cama y se sentó sobre él.Siguió besándolo, intensamente, mientras le desabotonaba la camisa y acariciabasu pecho. El joven gimió débilmente.

James teníafija la mirada de sus ojos color avellana en un espejo cuadrado, algo empañadopor el uso. Abrió la boca y pareció que iba a decir algo, pero se lo pensómejor y tiró a un lado el espejo, que rebotó contra la cama. Se llevó las manosa la cabeza y suspiró.

 

Remus entróal dormitorio en ese momento, pero se detuvo en la puerta cuando vio que suamigo estaba allí. Aún seguían algo enfadados el uno con el otro, por lo queesa situación era algo incómoda.

Jameslevantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Lupin. Se miraron durantevarios segundos, fijamente. Entonces Remus cerró la puerta tras de sí y caminóhasta su cama.

--Moony
--dijo James, y su amigo lo miró, sorprendido de que utilizara su apodo.

--¿Qué,Prongs? --le contestó amablemente.

Jamessonrió. Se levantó y se acercó a él.

--No tiene sentidoque sigamos enfadados. Me
duele mucho haber perdido a Sirius. No quieroperderte a ti también.

Remus sonrióampliamente y movió la cabeza.

--Anda, venaquí.

Se abrazaroncon fuerza, riendo.

--¿Teapetece que vayamos a robar comida a las cocinas? --preguntó Lupin cuando sesepararon, y James lo miró con sorpresa.

--¿Quéproposición indecente es esa, prefecto?

Remus lequitó importancia con un gesto.

--Venga,seguro que los elfos domésticos nos echan de menos. Coge la capa y vamos abuscar a Peter.

Avril abriólos ojos cuando un rayo de sol pasó a través de la ventana y le dio de lleno enel rostro. Sacudió la cabeza para despejarse y vio a Sirius dormido a su lado. Leapartó un mechón de pelo negro de la cara y él se removió entre las sábanas.

--Son las ochode la tarde, Blacky. Mis compañeras de cuarto vendrán ahora, así que tienes queirte.

Sirius seabrazó a su cintura y murmuró:

--Déjamequedarme un rato más

Avril leacarició el pelo con cariño.

--Sólo si mecuentas por qué estás aquí.

Sirius abriólos ojos y la miró.

--¿Ahora hayque tener una razón?

La joven seirguió, se puso una camiseta y se recogió el pelo rubio en una coleta. Lo mirófijamente.

--Nos lopasamos bien juntos. Vienes porque te gusta estar conmigo y disfrutar de mi compañía.Pero los dos sabemos que para ti se trata únicamente de satisfacer una serie denecesidades y, sobre todo, desahogarte.

--¿Desahogarme? --Sirius lamiró sin comprender.

--No te loestoy reprochando, Sirius. Pero siempre vienes cuando tienes algún problema
ote gusta alguna chica y no la consigues
o cuando te enfadas con tu hermano
Yo soy la chica que te consuela.

--¡Eso no escierto, Avril! --exclamó el muchacho, que también se había erguido--. Tú megustas

--Claro quete gusto. Pero no estás enamorado de mí, y nunca lo estarás. -Había un rastrode amargura en su voz. Sirius no supo qué decir. Ella se limpió una lágrima ylo miró haciendo un esfuerzo por sonreír-. Pero no te preocupes, no es culpatuya.

--Lo
losiento, yo

--Dime, ¿quéte inquieta?

Sirius serecostó contra las almohadas.

--Me heenfadado con mi mejor amigo --contestó--. Con James. Llevo varios días sin hablarcon él, y
lo echo mucho de menos.

--¿Y por quéno intentas arreglar las cosas?

El jovensuspiró.

--Porque soyun estúpido orgulloso. Todos los días me levanto con la idea de hacerlo, pero
nunca me atrevo. Me digo que es él quien debe disculparse, pero luego me doycuenta de que no tiene tanta importancia, de que él tenía razón, en parte. Sial menos Remus me aconsejara sobre lo que tengo que hacer

 

Avrilasintió.

--Sabes loque tienes que hacer. Cuando estés preparado, lo harás.

--¿Quécreéis que tiene el chocolate para que resulte tan deliciosamente irresistible?--preguntó Peter saboreando un trozo.

Sus amigosse rieron. Estaban en las cocinas, sentados en una mesa baja, rodeados dedulces, tartas, zumos y cervezas de mantequilla. Remus cogió el pedazo dechocolate que Peter le ofrecía y se lo metió en la boca. Su sabor le despertóel recuerdo de la última vez que había comido chocolate y vio a Lily Evans,sonriéndole con los ojos brillantes. Enseguida se sintió mal.

--James
--murmuró,vacilante.

--¿Sí?--respondió el muchacho mordiendo una manzana.

--Yo
Hayalgo que te quería decir.

--¿De qué setrata?

Sabía que no le iba a gustar. Y sabía cómo iba a reaccionar.Lo conocía, y aunque fingiera que no le importaba, aunque le dijera que todoestaba bien, que lo entendía y que ya pensarían en una solución, le iba a hacermucho daño. Lupin vaciló.

--¿Moony?

--Bueno, esque
Yo
--James lo miró, interrogante. Remus pensó en lo mucho que su amigo lohabía ayudado y apoyado, y sintió que no podía decepcionarlo de esa manera--.Quería decirte que me alegro mucho de que volvamos a ser amigos.

James lesonrió con calidez.

--Yotambién, Moony. Sé que me enfadé por una tontería. Estaba muy alterado y

--No tepreocupes.

--Prongs--interrumpió entonces Peter, y los dos se volvieron hacia él--. ¿Cuándo vas ahacer las paces con Sirius?

James desvióla vista, levemente incómodo.

--No lo sé,Pete.

--Lo digoporque
Bueno, ya han pasado varios días, y tú no has vuelto a quedar conChristine.

--Sí, ya vasiendo hora de que hagáis las paces.

--No loentendéis --replicó James, sacudiendo la cabeza--. No es tan fácil

--Sabemosque no es fácil --respondió Remus--, pero esto no puede seguir así. Por Merlín,sois James y Sirius. Deberíais estar haciendo bromas en clase, tonteando conchicas, maldiciendo a la gente por los pasillos, saliendo por la noche
¡Noenfadados!

--¿Y quédebo hacer? ¿Pedirle perdón?

--Claro. Sabes queél no lo hará --dijo Peter--. Es demasiado orgulloso.

--Pues queaprenda.

--Enséñaletú --lo animó Remus--. Muéstrale lo que hay que hacer.

--Sí, claro

--Por favor--musitó Peter--. Echo de menos a los Merodeadores. A todos ellos.

Jamessonrió.

--Lointentaré --prometió a regañadientes.

Al díasiguiente, sin embargo, seguía sin la suficiente fuerza de voluntad parapedirle perdón a Sirius. Se decía, resentido, que nunca dejaría de sorprendersea sí mismo. Su arrogancia llegaba hasta el punto de que ni siquiera era capazde disculparse ante su mejor amigo.

A Sirius lesucedía exactamente lo mismo. Salía de su nueva habitación, caminaba por elpasillo y se quedaba quieto ante la puerta en la que se leía Marauders' room en tinta permanente,intentando sacar fuerzas y llamar, aunque sólo fuera para hablar con susamigos. Pero nunca lo hacía, y volvía sobre sus pasos maldiciéndose a sí mismo.

Llegaron ala semana. Los dos se daban cuenta de que, desde que se conocían, nunca habíanestado tanto tiempo sin hablar, ya que en verano se mantenían en contacto porlechuza y por el espejo mágico y además Sirius siempre pasaba largos períodos en casade los Potter.

 

Y, cuando lanoche del sábado la separación se hizo insoportable, ambos decidieron ponerle fin.

Y lodecidieron a la vez.

Cuando Jamesabrió la puerta del dormitorio para ir al de Sirius, se topó con éste plantadoen el pasillo.

--Eh
--musitó Sirius, incómodo--. Yo venía a
a hablar con Remus.

"No venías aeso, cobarde de mierda", pensó para sí mismo. "No seas estúpido y díselo".

--Ah--respondió James--. Pues ahí está.

--Bien.

James seapartó para que pasara y Sirius entró a la habitación.

--Moony, ¿teimportaría dejarme los apuntes que dio ayer McGonagall? --dijo.

Tuvo suertede que se le ocurriera eso, ya que no había ido a esa clase.

Remuslevantó la vista del libro que estaba leyendo.

--Lo siento,ayer me dolía la cabeza y James los tomó por mí.

Elmencionado, que se había sentado en su cama fingiendo estudiar, abrió la bocapara protestar ante la mentira, pero la cerró cuando Sirius se volvió hacia élbrevemente.

--Bueno.Pues ya se los pediré a algún compañero de cuarto.

--¿Cómo? --saltóJames sin poderlo evitar. Carraspeó cuando los otros tres lo miraron y fijó lamirada en su libro--. Quiero decir
Me parece bien.

--Genial--replicó Sirius.

--Perfecto.

--Vale.

--Bien.

--¿Y puedentus compañeros de cuarto conseguir este chocolate? --cortó Peter en ese momento.

Mostró latableta diezmada del delicioso chocolate que habían estado comiendo días atrásen las cocinas. Sirius adoptó una expresión hermética.

--No, peropuedo conseguirlo yo sin vuestra ayuda.

Remus pusolos ojos en blanco. James movió la cabeza.

--Veo que yano nos necesitas --musitó.

Sirius sevolvió hacia él.

--No. Enrealidad vine
a saludar a Remus y Peter --dijo con una sonrisa de suficiencia-.No quiero cortar la relación con ellos.

La mirada deJames se endureció.

--Ya.

Se miraron alos ojos con fijeza, para finalmente desviar la vista. Remus se hartó, cerró ellibro de golpe y se levantó con la furia brillando en sus ojos color miel.

--¡Ya estábien, ¿no?! ¡¿Por qué no lo soltáis de una vez y acabamos con esto?! ¡¿Cómo esposible que seáis tan infantiles?! ¡Hasta Peter tiene más psicología quevosotros dos juntos!

Un brillo salvaje apareció en ese momento en su mirada, pero ninguno de sus amigos lo captó. Jamessacudió la cabeza.

--Yo no letengo nada que decir.

Siriusapretó los dientes.

--Yotampoco.

Pareció quesaltaban chispas entre los dos. Pero Peter no se dio cuenta, porque tenía losojos fijos en Remus. Percibía la sombra del lobo agazapada en su interior,luchando por salir, e hizo una rápida cuenta con los dedos. Soltó un gemidoahogado.

--Será mejorque vuelvas a tu habitación con tus nuevos amigos --estaba diciendo James en esemomento.

--No tepreocupes, lo haré. Estoy deseando salir de aquí y no volver a verte.

--Prongs
--musitó Peter, dubitativo y sin apartar la mirada de Remus, que tenía la miradaclavada en algún punto de la habitación y no se movía.

--Descuida,no tendrás que hacerlo. No volveré a cruzarme contigo.

 

--¡Prongs!--seguía llamándolo Peter.

--Me pareceperfecto.

--¡¡JAMES!!

Ambos se giraronhacia él con violencia.

--¡¡Qué!!--gritaron a la vez.

En esemomento, un gemido atrajo su atención. Se volvieron para ver a Remus cayendode rodillas al suelo y temblando violentamente. Se quedaron parados enel sitio, incapaces de moverse. Lupin cerró los ojos con fuerza y soltó otrogemido de dolor.

Jamesreaccionó, corrió hacia él y se arrodilló a su lado.

--Remus,¿qué
? ¿Qué te pasa?

El jovenseguía gimiendo y temblando sin control. Sirius fue hasta la ventana y corriólas cortinas para ver en el cielo una luna llena, redonda y perfecta.

--No puedeser

Agarró aPeter por los hombros y lo sacudió sin contemplaciones.

--¡¿Qué haceaquí?! ¡Debería estar hace horas en la Casa de los Gritos! ¡¿Dónde está laseñora Pomfrey?!

Peter tragósaliva.

--¿No teacuerdas
? La señora Pomfrey se fue hace semanas, porque su madre se pusoenferma. Nos dijo que volvería para la luna llena, pero

Sirius semesó los cabellos, muy alterado. Una cosa era controlar a un licántropo en laCasa de los Gritos o en los jardines delcolegio, donde no había nadie más que ellos, y otra muy distinta hacerlo en la torre de Gryffindor, donde dormíanmás de cincuenta alumnos.

James habíaescuchado la conversación sin separarse de Remus. El joven estaba haciendo algomuy peligroso, así como doloroso: intentaba ralentizar la transformación, para lo quedebía emplear todas sus energías. Una nueva descarga de dolor le hizo arquearsey soltar un grito.

--Lo siento
--dijo con voz ronca--. Debería
haberme acordado

--No tepreocupes --susurró James poniéndole la mano en el hombro.

Remus jadeó,arrodillado en el suelo, tratando de que los ruidos no traspasaran las paredes.Sirius, Peter y James cruzaron una mirada.

--Lomantendremos aquí, en la habitación --dijo Sirius aparentando una seguridad queestaba muy lejos de sentir--. No permitiremos que salga.

Jamesasintió.

--Deacuerdo. Peter, cierra la puerta con llave y bloquéala con las camas y elarmario.

El muchacholo hizo con varias sacudidas de varita. Mientras, James y Sirius aseguraron laventana y apartaron el escritorio y las camas restantes para que quedara unamplio espacio en el medio de la habitación, donde estaba Remus todavía comohumano, luchando por retrasar la transformación. Los tres se acercaron a él.

--¿Cómo tesientes? --preguntó James, y enseguida se dio cuenta de lo absurdo de supregunta.

Lupin nolevantó la cabeza para contestar, casi con un gruñido:

--Me
me
duele.Muchísimo

--Losabemos, amigo --dijo Sirius con la preocupación reflejada en su rostro--.Pronto pasará.

Remus volvióa gritar de dolor. Jadeó y sintió que su cuerpo se adaptaba poco a poco a sunueva forma. Vio, aterrado, cómo sus manos humanas se retorcían hastaconvertirse en garras. Cuando su columna vertebral se arqueó bruscamente, fuemás de lo que pudo soportar. Echó la cabeza atrás y gritó en plena agoníamientras su rostro se transformaba.

Sus amigoscontemplaban impotentes su transformación, sintiendo casi en carne propia sudolor. Remus Lupin fijó en ellos una mirada salvaje, que nada tenía ya dehumana, y les enseñó los dientes con un gruñido. Ante ellos no había ya unagradable estudiante de diecisiete años, sino un enorme lobo que parecía apunto de saltar sobre ellos. Con una coordinación practicada a menudo, los tresjóvenes iniciaron su propia transformación. Al instante siguiente, en esedormitorio de la torre de Gryffindor se hallaban un lobo de pelaje castaño, unperro negro, un ciervo moteado y una pequeña rata. Ésta correteó hasta el fondode la habitación y se plantó, vigilante, delante de los muebles que bloqueabanla única puerta. El ciervo y el perro adoptaron una posición de combate, elprimero enfrentándose a la bestia con su cornamenta y el segundo doblando laspatas delanteras y soltando un corto ladrido. El licántropo volvió a gruñir. Sumirada se topó con la de los otros dos animales y adquirió entonces un débil brillocolor miel.

 




Espero que os haya gustado!! Si es así, ya sabéis lo que tenéis que hacer: escribir comentarios!!! Comentad acerca de lo que os gusta y lo que no, lo que no entendéis y lo que podría estar mejor... No os cortéis!

Niraye.

Un capítulo un poco más corto que los demás (pero aun así mejor, o así me lo parece a mí):



Esa noche nose pareció en nada a las demás lunas llenas. Ni mucho menos. Fue la máshorrible de todas.

La torre deGryffindor a esas horas bullía de gente. Estudiantes durmiendo, charlando,jugando, alterados por las emociones del día, con su sangre joven corriendo porsus venas. El brillo color miel en los ojos del licántropo desapareció encuanto percibió esa carne fresca y jugosa, a su alcance al otro lado de lapuerta, y fue sustituida de nuevo por una mirada salvaje y bestial.

Se abalanzósobre los animales que lo retenían, quienes resistieron el embate sinretroceder. El lobo volvió a atacar una y otra vez, con garras y colmillos pordelante. No reconocía a los compañeros de ronda nocturna con los que se habíapaseado decenas de noches de luna llena por los terrenos del colegio. En esemomento no era más que una bestia enloquecida por el hambre y el deseo deprobar la sangre. Sus amigos sentían su desesperación en los arañazos y losmordiscos que les daba. Nunca antes se había rebelado contra ellos de esaforma, nunca habían tenido que luchar contra él, pero tampoco nunca antes sehabía transformado en el dormitorio. Decidieron pasar al ataque, puesto que siseguían defendiéndose llegaría un momento en que les vencería, tal era lafuerza que tenía. El ciervo arremetió contra el lobo y lo empujó contra lapared. El perro volvió a ladrar con fiereza y consiguió que la bestia sequedara quieta durante unos instantes, tirada en el suelo y gruñendo por lobajo. Pero poco después se lanzó de nuevo hacia los dos animales con violencia.

Colagusano [N. de laA.: Sé que antes he dicho Wormtail, pero creo que no pasa nada por utilizar eneste momento el nombre en español. Queda bien, no?] observaba todo sinintervenir. Era muy pequeño, así que no podía luchar como lo hacían sus amigos.Se sentía inútil e impotente, pero no había nada que pudiera hacer. Se pasó lanoche ahí, correteando de un lado a otro con impaciencia, vigilando la salida.Vio cómo Prongs y Padfoot mantenían a raya al licántropo, anticipando susmovimientos, embistiéndolo una y otra vez, recibiendo sus golpes y arañazos ysin poder evitar que de vez en cuando la bestia aullara de dolor, se hicieradaño a sí misma con las garras y destrozara el mobiliario a su alrededor.

 

Fue la nochemás larga de sus vidas. Después de muchas horas de angustia y dolor, el solcomenzó a asomar por el horizonte. Sus rayos penetraron en la habitación eiluminaron al lobo, que agachó la cabeza y gimió débilmente. Su pelaje comenzóa retroceder; su cuerpo se alargó, sus garras se abrieron y se transformaron enmanos y pies humanos, y el vello desapareció de su rostro. Sobre el suelo demadera, encogido sobre sí mismo, había un joven desnudo, con el cuerpo marcadocon rasguños y golpes.

El ciervofue el primero en adoptar su otra forma. James Potter cayó de rodillas sobre elsuelo y se llevó las manos al vientre, jadeando de dolor. Sirius también se transformóy se apoyó en el costado de una cama, respirando con dificultad. Peter, elúnico que no estaba herido, tomó una manta, se acercó a Remus y se la echó porencima. Trató de ponerlo en pie.

--Vamos,Moony

El joven noreaccionó. Había perdido el sentido. Peter lo levantó con un gran esfuerzo y loarrastró hasta una cama cercana. Lo tendió en ella y lo tapó con más mantas. Sevolvió entonces hacia los otros dos, que seguían en el suelo, con la caracontraída por el dolor de sus heridas. Se acercó a James y le puso la mano enel hombro.

--Ven,acuéstate.

Lo ayudó aponerse en pie.

--Ya está,Pete
Estoy bien.

El muchacholo soltó y él se fue cojeando hasta la cama en la que yacía Remus. Se sentó asus pies y respiró hondo. Peter ayudó también a Sirius, que tomó asiento allado de James mientras el otro iba al baño.

--Merlín
--musitó Sirius--. Estoy destrozado.

Peter volviócon toallas empapadas en agua. Observó a sus amigos; los dos se hallabanpálidos, asustados y agotados. James tenía la camisa rasgada y el vientremarcado con tres profundos arañazos. La rodillera del pantalón estaba rota y enla pierna lucía otra herida. Además, un reguero de sangre le corría por un ladode la cara. Por su parte, Sirius tenía marcas de las garras del lobo en elpecho, la mejilla y un brazo, que se sujetaba con gesto de dolor.

Peter seinclinó sobre ellos y empezó a curarlos como había visto que ellos hacían conRemus después de las transformaciones. Les limpió la sangre y, rasgando camisasviejas del colegio, les vendó las heridas. Ellos le dejaron hacer, cerrando losojos y quejándose levemente de vez en cuando. Una vez que hubo terminado, seacercó a Remus, y los otros dos se arrastraron hacia él también. El joven notenía tantas heridas como ellos, porque habían intentado controlarse para nohacerle mucho daño; sólo lucía algunas contusiones y rasguños. Pero estabamortalmente pálido y parecía que tenía fiebre, porque se encontraba cubierto desudor. James le puso una mano en la cabeza y Remus abrió los ojos de repente,sobresaltándolos a todos. Los miró como si no los reconociera. Se irguió en sulecho bruscamente, se rodeó las rodillas con los brazos y ocultó el rostro.Empezó a temblar violentamente.

--Lo siento
--gimió--. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento

 

--Moony --locortó James con firmeza--. Deja de disculparte.

Remussollozó y sus hombros se convulsionaron. Sirius le apartó los brazosbruscamente y lo abrazó con fuerza. El muchacho siguió llorando contra supecho, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. James también lo abrazó,ocultando su rostro en el cabello castaño de su amigo. Finalmente, Petertambién se unió al grupo y los cuatro quedaron así, abrazados, como una piña,mientras fuera estaba terminando de amanecer.

Remus abriólos ojos con lentitud. Vio sobre él los doseles ajados de una cama, y sintiócálidos cuerpos tendidos a su lado. Le dolía muchísimo la cabeza y tenía laboca seca. Se irguió un poco y contempló una curiosa escena. Sirius se hallabaa su derecha, con un brazo en torno a él y con el otro acogiendo a Peter. Jamesestaba del otro lado, abrazado a su cintura y descansando la cabeza sobre suhombro. Se volvió a tender y una sonrisa asomó a rostro. Cerró los ojos,sintiéndose profundamente reconfortado.

Cuandovolvió a despertar, sin embargo, se sentía mucho peor. Le seguía doliendohorrores la cabeza y tenía muchísima sed. Al erguirse, despertó a sus amigos.

--¿Qué horaes
? --musitó Peter frotándose un ojo.

--Más demediodía --respondió Sirius. Se volvió hacia Remus con una sonrisa--. Supongoque tendrás mucha hambre.

El jovennegó con la cabeza.

--Tengo elestómago revuelto.

James le colocóla mano en la frente. Estaba ardiendo.

--Tienesmucha fiebre. Deberías ir a la enfermería. Hay una chica nueva que, aunque noes la señora Pomfrey

--No --murmuróRemus--. No necesito ir a la enfermería.

--¿Teencuentras bien? --inquirió Sirius preocupado.

El muchachosuspiró.

--Yo
sientomuchísimo haberos hecho esas heridas y
y haber destrozado la habitación y
--Parecíaque le costaba encontrar las palabras--. No sabéis cómo lo siento. Deberíahaber

--Remus

--¡Yodebería saber cuándo es luna llena! ¡Merlín, soy un hombre lobo, deberíacontrolar eso! ¡¿Qué clase de amigo soy?! ¡Os he puesto en peligro, os he hechodaño! ¡¿Cómo voy a perdonármelo?! ¡¿Cómo vais a perdonármelo?!

--¡Te loperdonaremos porque tú no tienes la culpa! --gritó Sirius.

--¡¡Tengo laculpa de no haberme dado cuenta de que era luna llena!! ¡De eso tengo la culpa!

--¡Hastaahora siempre lo has hecho, Moony! --replicó Peter--. ¡Ésta ha sido la únicavez! No seas tan duro contigo mismo.

--¡¿Y si nohubierais podido controlarme?! ¿Y si
? --Se interrumpió y se estremecióvisiblemente--. ¡¿Y si os hubiera matado?!

James nopudo más. Le dio un puñetazo que resonó en toda la habitación.

--¡¡JAMES!!--gritó Sirius alarmado.

Él no lehizo caso. Sacudió a Remus por los hombros.

--¡Ya valede autocompadecerse! --le gritó, enfadado--. ¡Y deja de decir estupideces! Túno tienes la culpa de nada, ¿me oyes? ¡No la tienes! ¡Y nosotros somos másfuertes de lo que crees! ¡Te controlaremos cuando haga falta y no teabandonaremos, porque somos tus malditos amigos! ¿Acaso dejamos de serlo cuandosupimos que eras un licántropo? ¡No, lo aceptamos, con todas sus consecuencias!Me da igual lo que hagas cuando el lobo te domina --prosiguió más calmado--,porque ése no eres tú. Puedo reconocer tu mirada aun cuando estás transformado.Sé que ayer, aunque tú no te dieras cuenta, luchabas incansablemente por volvera ser tú y dejar de hacernos daño. Y sé que, en el último momento, habríascontrolado a la bestia e impedido que nos matara.

 

Remus sehabía quedado inmóvil, con la mirada fija en los ojos color avellana de suamigo. No parecía que le hubiera dolido el golpe. James suspiró. De prontoparecía muy cansado.

--Sientohaberte pegado.

Se hizo unsilencio largo y pesado. Remus desvió la vista y se removió entre las sábanas.

--Gracias --susurró.

No sedirigía a nadie en particular. Simplemente lo dijo, y luego cerró los ojos y serecostó contra las almohadas. Minutos después había caído profundamentedormido. James lo miró con un rastro de arrepentimiento en la expresión.

--Has hechobien --musitó Sirius esbozando una sonrisa--. Ya era hora de que alguien lepusiera las cosas claras a este lobito.

Su amigosonrió levemente y lo miró.

--¿Meperdonas?

Sirius lomiró sin comprender.

--¿Qué
?

--Sientohaber salido con Christine --dijo James muy rápido, y haciendo un granesfuerzo--. Y siento haberme enfadado contigo. Y siento mucho haberte gritado yhaber provocado que te marcharas de la habitación. Ayer, cuando abrí la puerta,iba a disculparme. Quería decirte que he sido un estúpido y que
te echo muchode menos. Y que, si tú quieres, me gustaría que vinieras a vivir aquí otra vezy que volviéramos a ser amigos.

Le había costadomucho soltar todo eso, pero cuando lo hizo se sintió mucho mejor, como si sehubiera liberado de un gran peso. Se arriesgó a mirar a Sirius y vio que teníalos ojos brillantes.

--No irás a ponertea llorar, ¿verdad? --le dijo con una sonrisa.

Sirius rióalegremente.

--No,Prongs. Me has emocionado, pero tampoco te lo creas mucho. --Se puso serio--.Supongo que yo también debo pedirte perdón. Tenías razón, me he comportado deuna forma infantil y absurda. Tú puedes salir con quien quieras y cuando quieras,y yo no tengo derecho a prohibirte nada. Y además, ya conoces la regla delMerodeador: "los amigos están por encima de las mujeres". Así que
sí, hay quevolver a ser amigos. Mejores amigos --añadió--. Ven aquí, Jimmy.

Se abrazaroncon fuerza, poniendo cuidado en no rozarse las heridas, y cuando se separaronSirius le revolvió el cabello a su amigo con cariño. Peter había observado laescena sin intervenir, con una sonrisa de alivio en el rostro.

--Ahora escuando os besáis --les gritó. Recibió una almohada que pasó rozándole lacabeza--. Ah, muy bien, como la habitación no está lo suficientementedesordenada...

--Es cierto--murmuró James--. Creo que deberíamos ponernos a colocarla.

--Estoy deacuerdo --dijo Sirius--. Pero primero hay que comer. ¿Qué? --inquirió cuandosus amigos lo miraron con exasperación--. Esto de luchar con un hombre lobo meha dado hambre.



Espero que os haya gustado! Por lo demás, ya sabéis lo que tenéis que hacer: escribir comentarios sobre lo que os ha parecido. Continuará en breves (esta vez va en serio, xD).

Niraye.

Bien, gracias a todos por comentar y hacer la historia favorita. Y disculpad el retraso, estuve de viaje. Aquí está el último capítulo:

 



--¿Descubriendo los jardines por fin, Evans?

--Piérdete, Black.

--Sólo era una broma, Lily Flower. ¿Dónde tienes el sentido del humor?

--No tengo ni idea. Pero sí sé dónde lo tienes tú, ¿quieres que te lo diga?

--No, no es necesario. Eh, James, ven aquí.

--Oh, no

--¿Qué pasa? Ah, Evans, ¿qué tal?

--Bien hasta que tú llegaste, Potter.

--¿Significa eso que estabas bien conmigo, Lily Flower?

--¡Bien hasta que llegasteis los dos, Black! Ahora dejadme en paz.

--Evans, ¿por qué estás tan agresiva? Hace días que no nos vemos

--Sí. Y ya veo que volvéis a estar juntos. Lo bueno dura poco.

--¿Siempre eres así de ingeniosa u hoy estamos de suerte, Lily Flower?

--Siempre soy así de ingeniosa. Y no me llames Lily Flower.

--Más quisieras ser siempre tan ingeniosa, Evans.

--Si lo fueras pertenecerías a los Merodeadores. Aunque todavía te puedes unir, ¿verdad, Prongs?

--Creo que paso, gracias.

--Bueno, no te preocupes. Siempre puedes salir con un Merodeador y será casi lo mismo.

--Potter, ¿cómo te lo tengo que decir? Saldré contigo cuando se congele el infierno.

--Estaba hablando en general, pero gracias por pensar en mí.

--¡Yo no he
! He supuesto que hablabas de ti porque, ¿acaso te preocupas por alguien más en la vida?

--Eres realmente buena respondiendo a las provocaciones.

--Ya os dije que siempre era así de ingeniosa. Ahora, ¿podríais hacerme un favor?

--Claro, Evans.

--Desapareced de mi vista.

--Oh, vamos, Lily Flower. No seas así.

--Sólo estábamos entreteniéndote un rato.

--Bien, ahora adiós.

James y Sirius se miraron y sonrieron. Por fin las cosas volvían a ser como antes. Ellos eran amigos de nuevo y tonteaban con Lily Evans de nuevo. Así debía ser.

Dejaron a Lily acompañada de sus amigos y volvieron al lugar donde Peter leía un libro abierto sobre sus rodillas, bajo el haya junto al lago.

--¿Qué lees, Pete? -preguntó James tendiéndose en la hierba.

--Pociones.

Sus dos amigos lo miraron con sorpresa.

--¿Por qué? --dijeron a la vez.

--¿Y por qué no? --inquirió una voz detrás de ellos.

Se dieron la vuelta para ver a Remus Lupin caminando hacia ellos con paso enérgico. Tomó asiento a su lado y suspiró con cansancio.

--Ya era hora de que salieras de la enfermería, Moony --comentó Sirius.

--La señora Pomfrey no quería dejarme ir. Decía que nunca me había visto tan mal después de una luna llena y que me tenía que quedar hasta que mejorara. Pero al final la he convencido.

--¿Sabe algo? --preguntó James.

--No. Da por hecho que pasé la noche en la Casa de los Gritos, como siempre, y yo no se lo desmentí.

--O sea, que en el fondo no le has dicho ninguna mentira --comprendió Peter--. Lo que no entiendo es por qué no le puedes contar la verdad.

--Joder, Wormtail --replicó Sirius--. ¿Tú por qué crees que es?

Peter parpadeó y lo pensó durante un momento.

--¿Porque si le decimos que se transformó en la habitación se preguntará cómo hemos salido ilesos?

--A veces nos demuestras que no eres tan tonto como pareces, Pete --sonrió James.

Peter se ruborizó y sonrió.

--Soy más listo de lo que creéis.

--Sí, claro --ironizó Sirius--. Y a Prongs no le gusta Evans.

James entornó los ojos.

--A mí no me gusta Evans --replicó, revolviéndose el cabello distraídamente.

Sirius rió con ganas.

--Ahora lo niega

--Puede que el año pasado me fijara en ella, pero
No es más que una histérica.

--Y te gusta.

--No me gusta.

--Sí te gusta.

--Puedes pensar eso si quieres, pero es falso.

--Si no te gusta, no te importará que salga con ella, ¿verdad?

--¿Por qué ibas a salir con ella? A ti no

--A lo mejor ahora me ha empezado a gustar. Y ella me mira mucho, voy a pedírselo.

--No se te ocurra.

--¡Pero si a ti ya no te gusta!

El muchacho abrió la boca para decir algo, pero no le salieron las palabras. Remus se rió.

--Qué fácil eres, James
--dijo.

--Entonces, ¿te gusta o no?

--Está bien, quizá me gusta un poco, pero

--¡Lo sabía! --exclamó Sirius--. No tienes secretos para mí, Jimmy.

James replicó algo, pero Remus ya no le oyó. Se había quedado pensando en lo que su amigo había dicho: que todavía le gustaba Lily. A él también, pero eso no tenía importancia: James era uno de sus mejores amigos, y se había fijado en ella primero. Él no tenía ningún derecho a intentar algo con Lily. Porque los amigos estaban por encima de las mujeres. Y, sin embargo, su mirada color verde esmeralda seguía clavada en lo más hondo de su corazón.

--Ha pasado algo.

Lily levantó la vista hacia su amiga Alice, que acababa de hablar.

--¿Qué ha pasado? --preguntó sin mucho interés.

Alice dejó el libro que estaba leyendo y se sentó sobre la cama con las piernas cruzadas.

--Frank me ha besado.

Lily, ahora sí, le prestó toda su atención. Estaban ellas solas en el dormitorio: Mary había ido a Hogsmeade y Avril se encontraba en la biblioteca, repasando para su examen de Runas.

--¡Qué!

Alice se encogió de hombros.

--Yo tampoco me lo esperaba.

--Pero
pero
¿Cuándo? ¿Y cómo? ¿Y
y por qué?

--Me ha dicho que siempre le he gustado. Desde que empezamos a ser amigos.

--¡¿En primero?!

--Oye, Lily, ¿de verdad te sorprende tanto o es una broma?

La joven pareció ofendida.

--¡Me sorprende muchísimo! Quiero decir, ¡es que es muy fuerte! Mira qué callado se lo tenía
¿Y cuándo te lo pensaba decir?

Lily consideraba a Frank poco menos que un hermano. Aunque era más mayor, pertenecía a su grupo de amigos y siempre había estado muy unido a Alice, pero nunca había imaginado hasta qué punto.

--Bueno, ya me lo ha dicho, que es lo que importa, ¿no?

--¿Y cómo fue?

--Cuando salí de Estudios muggles él me estaba esperando en el pasillo. Parecía muy nervioso. Me dijo que tenía que contarme algo. Yo esperé. Él respiró hondo y me lo soltó. Después, sin darme tiempo a reaccionar, me plantó un beso en los labios.

Lily sonrió.

--Vaya. ¿Lo saben Avril y Mary?

--Sí, se lo dije antes de que se fueran.

--¿Y qué vas a hacer?

A Alice se le iluminó el rostro.

--Me ha pedido salir. Y yo
bueno, yo le he dicho que sí.

Lily la felicitó. Sin embargo, en su interior se cruzaban sentimientos opuestos. Se alegraba por ellos, pero a la vez sentía envidia. Había estado con varios chicos, pero nunca había salido con ninguno, porque tras una conversación se había dado cuenta de que lo único que le gustaba de ellos era lo bien que besaban. Necesitaba algo más que una cara bonita. Por eso sentía envidia de Frank y Alice. Porque su amiga tenía ahora a un chico tierno y bueno que la cuidaría. Y porque estaba segura de que ella no encontraría a nadie así. Su mente voló entonces a un enigmático joven con una amable sonrisa y unos ojos color miel.

 

--¿Y tú qué? --dijo entonces Alice, cortando el hilo de sus pensamientos.

--¿Yo? ¿Qué pasa conmigo?

--Bueno, dijimos que tendríamos novio a la vez, ¿recuerdas?

--Sí, cuando aún no sabíamos ni cómo venían los niños al mundo.

--No sé a ti, pero a mí me lo explicaron mis padres a los diez años.

--Vale, sí. Lo sabíamos, pero no lo entendíamos del todo. ¿Me explico?

Alice rió.

--¿Te refieres a lo divertido que es?

Lily también soltó una carcajada.

--Sí, a eso me refiero.

--Entiendo. Pero no cambies de tema. ¿No hay nada por ahí?

--¿Nada de qué?

--Jo, Lils. ¡De chicos!

--Ya te he dicho que no.

--Pues mientes. Está James Potter.

Lily la taladró con la mirada.

--Ya has tenido que sacarlo.

--Es que no te entiendo. Es un Merodeador. Es guapo, popular, inteligente, divertido, juega al quidditch

--Y es arrogante, estúpido, engreído, creído, petulante, se cree superior a los demás, se pavonea con sus amigos, quebranta las normas para divertirse, no dice más que bravuconadas y, por si eso fuera poco, es el mejor amigo de Sirius Black.

Alice no pudo evitar reírse.

--Estás exagerando. Vale que a veces Black y él son un poco creídos, pero en el fondo son buenas personas. A Frank le caen muy bien.

--A todo el mundo le caen bien --replicó Lily recostándose contra la cabecera de su cama--. Son "Los Merodeadores". Pero a mí no me parecen más que unos estúpidos presuntuosos que se creen importantes. Bueno, la verdad es que no estoy siendo justa. Lupin no es como ellos. --Su mirada se suavizó--. No entiendo por qué está en ese grupo. Y luego está Pettigrew. A ése no sé cómo juzgarlo, porque creo que jamás le he oído pronunciar una palabra. No tiene personalidad, se comporta como lo hacen sus amigos. Al menos Potter y Black son de ese modo porque han nacido así, pero Pettigrew lo ha elegido voluntariamente. No sé qué me desagrada más.

Alice se rió con ganas.

--Qué bien me lo paso cuando despotricas contra los Merodeadores.

--¿Para eso sacas el tema? --inquirió Lily malhumorada--. ¿Para divertirte?

--No. Lo saco porque James Potter se ha fijado en ti.

--¿Y qué?

--¿Sabes la de chicas a las que les encantaría estar en tu lugar?

--Se lo cedería encantada.

--Algún día te darás cuenta de que es un buen chico.

Lily no contestó, porque en ese momento se abrió la puerta del dormitorio y entraron Mary y Avril. Las dos traían mala cara.

--¿Qué ocurre?

--Potter --dijo Mary.

--Black --dijo Avril.

Lily le dirigió a Alice una mirada que parecía querer decir: "¿ves como siempre tengo razón con respecto a ellos?". Las dos chicas se sentaron en la cama de Avril. Ésta era muy guapa: alta y delgada, sus ojos eran de color gris perla y el cabello rubio le caía en ondas sobre los hombros. Cuando Lily la había visto por primera vez, había pensado que era la típica rubia tonta sin dos dedos de frente, pero ella le había demostrado que la había juzgado mal: se trataba de la chica más inteligente y madura que había conocido. Por su parte, Mary era más impulsiva y desde luego mucho más expresiva. Llevaba el pelo castaño rizado siempre recogido en la nuca.

 

--¿Qué ha pasado? --preguntó Alice. Miró a Avril--. A ti no tengo que preguntártelo. Black sigue utilizándote como si fueras un objeto, ¿no?

--Algo así. --Suspiró--. Cuando está conmigo me dice que me quiere y que no se imagina su vida sin mí. Pero después es como si me olvidara. A ver, me saluda por los pasillos, me sonríe y habla conmigo, pero en sus ojos sólo veo cariño, no amor.

Lily fue a decir que no se podía esperar más de Sirius Black, pero se contuvo: sabía que a su amiga le dolería escucharlo. Era una persona muy equilibrada, pero, por alguna razón que Lily no entendía, estaba enamorada de Black.

--Yo creo que deberías hablar con él en serio --estaba diciendo Alice--. Poner las cartas sobre la mesa.

--Tengo miedo de que me deje --confesó Avril.

--Si te quiere lo suficiente, no te dejará. Y si lo hace, es que no merecía la pena -razonó Lily.

Avril asintió.

--Supongo que tenéis razón.

--¿Y qué le ha hecho Potter a nuestra Mary? --dijo Alice, y todas se volvieron hacia la joven, que suspiró.

--Me he enterado de que ha salido con Christine, la de Beauxbatons.

--Ah, sí --se le escapó a Lily.

Tres pares de ojos se fijaron en ella.

--¿Ya lo sabías? --inquirió Avril.

--Sí. Lupin me lo dijo.

--¿Y por qué no lo contaste?

Lily se encogió de hombros.

--No pensé que fuera importante. Quiero decir, es su vida, ¿no? ¿Qué más da que haya salido con Christine?

--Es que ahora nos gustan los cotilleos --bromeó Alice--. No queremos ser las últimas en enterarnos de las cosas, como siempre. Lo que no entiendo es qué tiene eso de malo. Lo de Christine, digo.

Volvieron a mirar a Mary. Ella respiró hondo y confesó:

--Ya es hora de que os lo diga. James Potter me gusta.

Sus amigas la miraron con la sorpresa latiendo en sus ojos. No era posible que esas palabras hubieran salido de su boca. Se trataba de Mary, la inocente, la que protestaba cuando hablaban de chicos, la que jamás había tenido ni un roce con personas del sexo opuesto. Oliver, su hermano, incluso había sugerido que tal vez le gustaran las chicas.

--¿Cómo has dicho? --replicó Alice.

Mary se colocó un mechón de pelo tras la oreja y suspiró.

--Ya lo habéis oído.

--¿Desde cuándo? --inquirió Avril.

--Desde principios de este curso.

--Pero, ¿por qué? --no pudo evitar preguntar Lily.

--No lo sé --admitió su amiga, cabizbaja--. Tiene una sonrisa muy bonita.

Avril y Alice rieron. Lily puso los ojos en blanco.

--Y también una arrogancia infinita. Tú te mereces algo mejor, Mary

--¡Lily, no seas aguafiestas! --la reprendió Alice.

--No es tan arrogante como crees, Lils --replicó Mary, conciliadora--. El único problema
es que a él le gustas tú.

 

Todas miraron a Lily, y ella se sintió extrañamente culpable.

Remus estaba mucho mejor. No sólo sus rasguños y golpes habían desaparecido (algunos dejando cicatrices, pero a eso ya estaba acostumbrado), sino que además se sentía lleno de vitalidad. Quedaba mucho para la luna llena, no les habían mandado demasiados deberes y, lo más importante de todo, el grupo de los Merodeadores volvía a estar completo. Sirius y James eran otra vez inseparables, y parecía que incluso querían recuperar el tiempo perdido: desde que se habían reconciliado, dormían en la misma cama. Peter y Remus les gastaban bromas relacionadas con la homosexualidad, pero a ellos no les afectaba. Era como si tuvieran sed el uno del otro, como si la separación les hubiera quemado la piel y el contacto con la del otro les calmara el dolor. No iban a permitir que nada los separara de nuevo. Y menos una mujer.

Se equivocaban. Sin embargo, aún iban a tardar un tiempo en descubrirlo. En ese momento se hallaban en el Gran Comedor, dando buena cuenta de la comida. Sirius y James devoraban las empanadas y los filetes como si les fuera la vida en ello, mientras que Remus apenas probaba bocado. Peter era el único normal de los cuatro: comía lo adecuado para su peso y a una velocidad moderada.

--Vaya cuadro --musitó mirando a sus amigos son una sonrisa.

--Moony, no me extraña que luego en luna llena tengas tanta hambre -comentó James.

Hasta Remus se rió.

--Muy gracioso, Potter. Reza por que nadie te haya oído, porque como haya sido así la próxima vez me comeré un ciervo.

Todavía riendo, se levantaron y abandonaron el Gran Comedor. Remus tenía que volver a la enfermería para terminar de curarse las heridas, y como James tenía entrenamiento fue Sirius el que se ofreció a acompañarlo, de modo que los dos tomaron el pasillo de la derecha. Peter decidió ir a la biblioteca a hacer los deberes.

--Nos vemos luego, Pete --se despidió James, y se alejó de él en dirección a la torre de Gryffindor para vestirse y recoger la escoba.

Pero, cuando estaba doblando la esquina, oyó un golpe y un grito ahogado, y se volvió. Dos alumnos de Slytherin habían arrinconado a Peter contra la pared. James reconoció a Avery y Mulciber. Volvió sobre sus pasos y alcanzó a oír:

--Ahora que no están tus amigos no te sientes tan valiente, ¿eh?

--¡Dejadme! Yo no os he hecho nada

--¿Te suena el nombre de Severus Snape? Ahora vas a pagar por todo lo que le hacéis cuando está solo. Claro, cuando nosotros estamos con él ni os acercáis, ¿verdad?

--Sí --interrumpió James deteniéndose ante el grupo--, exactamente igual que vosotros.

Mulciber, un chico alto y fuerte de mandíbulas prominentes y cabello ralo, se volvió hacia él con interés.

--Potter --murmuró soltando la túnica de Peter--. Ya tardabas en aparecer. Siempre cubriéndole las espaldas a tu amigo, ¿eh?

James alzó la barbilla con orgullo.

--Sólo cuando algún estúpido se atreve a meterse con él.

Avery, mucho más bajo y delgado y con el pelo castaño muy poblado, se rió nerviosamente. Mulciber lo acalló con una mirada.

--La verdad es que me sorprende tu valentía, Potter. Normalmente sólo osas desafiar a un Slytherin cuando sois ocho contra uno.

James se encogió de hombros.

--Soy una caja de sorpresas. Ahora, si queréis hacerme pagar las maldiciones que le echamos a Quejicus
quiero decir, a Snape, adelante.

 

Mulciber esbozó una sonrisa. James apenas tuvo tiempo de agacharse para evitar el puñetazo, pero lo logró y, desde el suelo, introdujo los pies entre los de su contrincante y lo hizo tropezar. Lo agarró por la túnica y le dio un puñetazo en la cara. Se hizo mucho daño en la mano, pero consiguió lo que quería: Mulciber cayó de espaldas sangrando por la nariz. James abrió y cerró los dedos con gesto de dolor y se encaró a Avery, quien, con los ojos fijos en su compañero derrotado, empezaba a considerar a James de otra manera. Sin embargo, se armó de valor y se lanzó hacia James con un grito. Cayeron el suelo y rodaron por él, pegándose mutuamente con los puños, mientras a su alrededor se iba formando un corro de curiosos. Finalmente, Mulciber se levantó y puso en pie a James agarrándolo de la túnica. Le cruzó la cara de una bofetada y, al momento siguiente, le hundió el puño en el estómago. El chico se quedó sin respiración y se dobló, cayendo de rodillas sobre el suelo. Por el rabillo del ojo, vio a Avery acercarse peligrosamente por la derecha. Sacó la varita y le apuntó.

--¡Impedimenta! --gritó.

Avery se detuvo de golpe. James se levantó ignorando el dolor de su estómago y apuntó a Mulciber con la varita.

--¡Es suficiente! --gritó una voz clara.

Lily Evans se abrió paso entre la multitud y se plantó ante ellos con los brazos en jarras.

--Potter, baja la varita. --James la miró, dudando entre hacerle caso o no--. Potter, como prefecta te ordeno que bajes tu varita.

Finalmente, el muchacho obedeció. Miró a Mulciber con odio.

--Como te vuelvas a acercar a mis amigos

--Cállate --lo cortó Lily--. Mulciber y Avery, marchaos de aquí. Informaré de esto al jefe de vuestra casa, os lo aseguro. Pettigrew, tú también te puedes ir. Tú quédate, Potter. ¡Aquí no hay nada que ver! -añadió dirigiéndose al gentío, que comenzó a dispersarse entre murmullos.

Cuando estuvieron solos, la chica se volvió hacia James con la furia brillando en sus ojos verdes.

--Estoy harta de doblar una esquina y encontrarte
agrandando cabezas, molestando a fantasmas, maldiciendo a los de cursos inferiores o peleándote con Slytherins.

--¿Agrandando cabezas? --repitió el joven con una sonrisa--. Yo nunca

--Bertram Aubrey, el año pasado --replicó Lily--. ¿Te suena?

James no pudo evitar reírse.

--Ya me había olvidado de eso
--Suspiró--. Qué gran año.

--Tu sentido del humor es malévolo. Ahora, ¿crees que podrías seguir tu camino sin causar más daños?

--Eh, Evans, no estás siendo justa. Sólo estaba defendiendo a Peter

Lily bufó y dio media vuelta. James la siguió, ya que ése era su camino.

--Excusas. Has tenido suerte de que fuera yo quien os sorprendiera. Si la profesora McGonagall te hubiera descubierto peleándote a lo muggle

--No se lo vas a decir, ¿verdad?

--No, y no por falta de ganas. Simplemente no me apetece que mi casa pierda más puntos por tu culpa.

James sonrió. Empezaron a subir una escalera hacia el segundo piso.

--Te lo compensaré ganando la copa de quidditch --dijo.

 

Lily puso los ojos en blanco.

--No lo dudo. Al fin y al cabo, algo tienes que hacer bien, ¿no?

James se rió.

--¿Por qué siempre me tratas tan mal?

La chica lo miró como si fuera estúpido.

--Porque me enervas, Potter --contestó sin mirarlo--. Tienes una capacidad fuera de lo común para meterte en problemas. Te diviertes molestando a los demás, en especial a Snape

--Eh, él también me lanza maldiciones cuando

--
y quebrantando las normas --siguió diciendo Lily sin hacerle caso--. Por otro lado, eres un arrogante y un creído, te las das de importante y te pavoneas por los pasillos con tus amigos y admiradores, sobre todo cuando has ganado un partido. Me pides que salga contigo como si me estuvieras haciendo un favor y no entiendes que alguien tan poca cosa como yo se niegue a salir con en gran James Potter. Crees que me resisto porque no quiero parecer una chica fácil, pero que en realidad me muero por ti. Bien, ¡pues te equivocas! No quiero salir con alguien que sólo piensa en sí mismo y para quien no soy más que una medalla, algo que hay que conseguir, puesto que soy la única chica que se te ha resistido

--Eso no es verdad.

--¿Y todavía me preguntas por qué me desagradas tanto?

Se detuvieron frente al retrato de la Dama Gorda, mirándose fijamente. Los ojos de Lily echaban chispas.

--Tienes razón en muchas cosas --dijo James con expresión inescrutable--. Es verdad que me divierto embrujando a la gente, en especial a Snape, y quebrantando las normas. Y es verdad que Sirius y yo
a veces
somos un poco arrogantes.

--¿Un poco?

--Está bien, muy arrogantes --aceptó, con una sonrisa--. A veces lo fingimos y otras no podemos evitarlo. Pero te equivocas en dos cosas: una, no sólo pienso en mí mismo. Y dos, para mí salir contigo no es un mérito. Sé que no me vas a tomar en serio, pero
me gustas de verdad, Evans.

El rostro de Lily reflejó sorpresa. James sonrió y se volvió hacia el retrato:

--"Escama de dragón" --dijo, y la Dama Gorda se apartó para dejarles pasar.

Una vez dentro, Lily se encaminó hacia la escalera que llevaba a los dormitorios de las chicas. En el primer escalón, sin embargo, se detuvo y se dio la vuelta. Su mirada era fría como el hielo.

--Pierdes el tiempo, Potter --murmuró--. No sé si te gusto de verdad o si no soy más que un capricho
, pero espero que sepas que yo nunca saldré contigo. Además de que no me gustas, prefiero pasar desapercibida y salir con un chico más humilde. Alguien que no tenga admiradoras que me puedan sacar los ojos.

James sonrió levemente. Asintió con aplomo.

--Entiendo.

La chica quiso decirle que además estaba lo de Mary. Pero ésta le había hecho jurar que no diría nada, de modo que permaneció callada.

--Me alegro --dijo finalmente.

James fijó en ella la mirada de sus ojos color avellana.

--Será mejor que deje de pedirte salir, entonces --musitó, y sonrió--. Para que no me odies más.

Lily asintió.

--Te lo agradecería, sí --contestó, preguntándose si el muchacho hablaba en serio o era otra de sus bromas.

--Bien. Me voy a entrenar. Suerte con la redacción de Encantamientos.

--Gracias. Igualmente.

James se despidió de ella con la mano y subió las escaleras. Lily se quedó donde estaba, apoyada en la barandilla, sorprendida por el giro que había tomado la conversación. Sin poderlo evitar, sintió remordimientos por todo lo que le había echado en cara.

 

--Has hecho mal, niña --le dijo una elegante mujer desde un cuadro en la pared de la escalera--. Ése es un buen chico. Un poco travieso, sobre todo cuando trepa por esa escalera para llegar a vuestros dormitorios
Pero siempre me sonríe cuando pasa. Sí, es un buen chico.

--Es un Merodeador --replicó Lily, tan bajo que pareció que se lo decía a sí misma--. Nunca se me ocurriría salir con él.

--¿Va en contra de tu religión salir con Merodeadores?

--No, pero sí en contra de mis principios. Y sobre todo con James Potter o Sirius Black. El único Merodeador con el que me lo pensaría es Remus Lupin. --Miró a la señora, que en ese momento se estaba probando un anillo en el dedo--. Y no me confundas más, Cecilia.

Subió las escaleras con energía y su pelo rojo oscuro se perdió tras la esquina.



Ahora, a comentar qué os ha parecido! Gracias por leer ^^

Niraye.

Gracias a todos a los que les gusta esta historia ^^ . Ahí va un nuevo capítulo. Contiene sexo y un final desconcertante:



--Llegastarde --lo recriminó Steven, el capitán del equipo de Gryffindor y suentrenador--. Y, ¿qué te ha pasado en la cara?

--Slytherins--respondió James malhumorado dejando la escoba apoyada en la pared.

--Ah, demodo que quieren lesionar al cazador más hábil antes del partido

--Eso no hatenido nada que ver --replicó el muchacho--. Pero gracias por lo del cazador máshábil.

Steven secruzó de brazos y lo miró. Se trataba de un chico alto, de cabello castaño yuna sombra de barba.

--Entonces,¿qué ha pasado?

--¿Tantoimporta? Me peleé con ellos, ya está.

Comenzó avestirse.

--James,¿tengo que recordarte que el primer partido es dentro de una semana?

--Resultadifícil olvidarlo cuando me lo repites cinco veces al día.

--Bien,entonces sabrás que a partir de ahora has de tener mucho cuidado. Nada de esfuerzosinútiles, nada de corretear por ahí y, sobre todo, nada de pelearse.

Jamesasintió y suspiró.

--Lo sé. Losiento.

Pensó en loque diría Steven si le contara que hacía unos días había tenido que retenertoda una noche a un licántropo. Sonrió para sus adentros.

--Está bien --dijosu entrenador--. Ahora vete a calentar un poco.

James cogióla escoba y salió al campo de quidditch.Sus compañeros lo sobrevolaban ya, lanzándose la quaffle y haciéndola pasar a través de los aros mediante girosespecialmente complicados. Una chica de pelo negro y corto descendió hacia él.Lo miró con furia.

--Llegasquince minutos tarde, hemos empezado sin ti.

James lesonrió.

-- Yotambién me alegro de verte, Alice.

La mirada dela joven se suavizó. Su amistad con Lily le impedía llevarse totalmente biencon ese chico, pero su sonrisa era demasiado contagiosa.

--Deberíasmirarte el golpe de la cara. No tiene buen aspecto --le aconsejó Alice--. ¿Esees el motivo por el que llegas tarde?

--Sí.

--¿Unapelea?

--Oye, ¿notienes nada mejor que hacer que echarme la bronca?

 

Alice bajóde la escoba y caminó hacia él.

--Vamos,calentaré contigo.

Dejaron lasescobas sobre la hierba y empezaron a correr en círculos alrededor del campo.Volar, pese a lo que pudiera parecer, requería un intenso esfuerzo físico, yaque había que usar el propio cuerpo para impulsar la escoba y girar en el aire.Ésa era la razón por la que Steven les obligaba a calentar antes de montar.

Sirius searrodilló y miró debajo de su cama. Sólo encontró algunas pelusas y un calcetíngris. Gateó hacia la de James y volvió a agacharse. Una pluma vieja y un manualde quidditch. Debajo de la de Peterhabía cáscaras de cacahuetes y de la de Remus un trozo de pergamino arrugado.

--Se puedeaprender mucho de una persona simplemente mirando bajo su cama --comentó Siriuscon la voz amortiguada.

--¿Se puedesaber qué buscas? --inquirió Remus bajando el libro.

--La capainvisible --contestó su amigo saliendo por fin y mirando en derredor--. Si Jamesno fuera tan desordenado

--Estará ensu baúl.

--Ya hemirado.

--A lo mejorse la llevó.

--¿Aentrenar? --replicó Sirius sarcásticamente.

Remus seencogió de hombros.

--Un día sela llevó a un castigo con la profesora McGonagall.

--Ah, sí.Casi lo mato cuando vi que le asomaba del bolsillo.

La puerta seabrió en ese momento. Sin embargo, en el pasillo no había nadie. Un segundodespués, se volvió a cerrar.

--¿Prongs?--murmuró Sirius.

Peterapareció de pronto en el centro de la habitación con una sonrisa de disculpa.Dejó la capa sobre la cama de James.

--Ah, demodo que la tenías tú --comentó Sirius--. ¿Para qué te la pones a estas horas?

Peter bajóla mirada.

--Es que
Debía ir a la lechucería y tenía miedo de encontrarme con

--¿Conquién? --inquirió Remus.

--ConMulciber o Avery.

Sirius yRemus se miraron.

--¿Qué pasacon ésos?

Peter tomóasiento y se retorció las manos.

--Hace unrato me intentaron pegar. James me defendió y se peleó con ellos.

--¿Qué?--replicó Sirius--. ¿Por qué no me avisasteis?

Remussonrió. Sabía que su amigo estaba más contrariado por no haber podido meterseen una refriega contra Slytherins que por el hecho de que éstos hubieranintentado pegar a Peter.

--Remus y túestabais en la enfermería.

Siriusfrunció el ceño.

--Siempre mepierdo toda la diversión.

Remus pusolos ojos en blanco.

--¿Qué pasó alfinal? --preguntó.

--James ibaganando. Bueno, digamos que se defendía bastante bien para ser él solo contrados.

--Joder,Wormtail --interrumpió Sirius--. Podrías haberle ayudado un poco. Si yo hubieraestado ahí

--Padfoot,ya vale --lo cortó Remus--. Sigue, Peter.

--Al finalJames sacó la varita y en ese momento apareció Lily Evans. Detuvo la pelea ynos echó de allí a todos, menos a James, a quien obligó a quedarse. Yo me fui ala biblioteca y no me lo encontré cuando vine al dormitorio a coger la capa.Supongo que se fue a entrenar a pesar de todo

--O está conEvans --dijo Sirius con una sonrisa--. Por cierto, ¿qué iba a hacer yo?

Remus fue acontestar, pero en ese momento sonaron unos golpes en la puerta. Se levantó él,ya que su cama era la inmediata según se entraba, y fue a abrir. Una chicarubia con unos profundos ojos grises estaba plantada en el pasillo con losbrazos cruzados.

 

--¿Qué talte va con Lily? --preguntó Alice cuando terminaron de correr.

--¿Hoy tehas propuesto bajarme la moral?

--No, ¿porqué? --Alice lo miró con inocencia.

--Déjalo--contestó James--. Creo que voy a rendirme.

--¿A qué terefieres?

--A Lily.

Alice sevolvió hacia él.

--¿Hablas enserio? ¿No te has rendido en dos años y lo vas a hacer ahora?

--Me hecansado.

--A lo mejores que hay otra. --James frunció el ceño y la miró--. Christine, por ejemplo.

--¿Christine?--repitió el muchacho con una sonrisa--. Eso sólo pasó una vez.

--Entonces,¿qué pasa?

--¿Por quéte empeñas en que siga con esto?

Alice seencogió de hombros.

--Creo quehacéis buena pareja.

--¿En serio?Pero si no nos parecemos en nada

--Precisamentepor eso.

--Ella mismame ha dicho que quiere que la deje en paz.

--Porque esuna tozuda --replicó la chica--. Pero en el fondo la harías muy feliz.

--Lo dudo.Ella está mejor con alguien
alguien como Remus. --Le costó decirlo. Duranteesos días se había estado fijando en las miradas y en las sonrisas fugaces quelos dos se dedicaban cuando creían que nadie los veía.

Alice lomiró fijamente.

--No tereconozco, James. ¿Tú, dejando que Lily Evans se vaya con otro?

--Bueno,Remus no es "otro"

--Precisamente.Es tu amigo y te morirías de celos si saliera con Lily.

--Esposible. Pero también me alegraría por él. Creo que en tu grupo tenéis una ideamuy mezquina de mí

La muchachase rió con ganas.

--No todos.A Frank le caes bien.

--Unapersona de
cinco. Estupendo.

Alice siguiósonriendo.

--A mí no medesagradas del todo. Juegas bien al quidditch.

James alzólas cejas.

--Vaya,gracias --replicó con sarcasmo.

--Y a Mary
digamos que tampoco le caes mal.

El chicoparpadeó.

--Pero sinunca hemos hablado

--Pero teencuentra simpático.

--Ah.

--¡¡A ver,vosotros dos!! --gritó Steven desde lo alto--. ¡Dejad de coquetear y entrenadalgo para variar!

James yAlice se sonrieron, montaron en sus respectivas escobas y se alzaron en el airea la vez.

--Hola,Avril --la saludó Sirius--. Pasa.

--¿Podemoshablar en privado?

El tono de lachica era cortante, pero Sirius no lo notó, ya que estaba muy concentrado, comointentando recordar algo. Cuando caminó hacia ella se llevó una mano a la frentey exclamó:

--¡Puesclaro! Buscaba la capa invisible para

--¿Perdón?--inquirió la joven.

Remus yPeter rieron.

--Que justoahora me disponía a subir al pasillo de chicas para hablar contigo --respondióel muchacho con una sonrisa.

--Sí, ya.

Avril diomedia vuelta y salió de la habitación. Sirius la siguió y cerró la puerta trasél. Bajaron a la Sala Común, donde había dos estudiantes de primero en unaesquina, con pergaminos esparcidos por el suelo. La chica se sentó en un sofá yél la imitó.

--Iré algrano. Quiero saber lo que sientes por mí.

Sirius fijóen ella la mirada de sus ojos grises [N. de la A.: Gracias a Eliiza Cullen por aclararme que son grises y no azules]. Frunció el ceño, confuso.

 

--¿Lo quesiento por ti? Te lo he dicho muchas veces, Avril

--Sólo te lohe oído mientras hacemos el amor --replicó la chica sin mirarlo.

Siriusparpadeó, desarmado.

--¿Deverdad? Bueno, sabes que yo
que me cuesta expresar mis sentimientos.

--Ya me hedado cuenta.

--Lo siento-dijo el muchacho sin saber cómo arreglarlo--. Tú nunca me has pedidofidelidad, ni nada que se le parezca. He estado con otras chicas, pero sabesque te quiero, ¿no?

--No,Sirius, no lo sé. --La joven hundió los dedos en el pelo--. Yo esperaba quealgún día me pidieras salir, que me dijeras que no existía nadie más que yo,que querías compartir tu vida conmigo. Supongo que es más de lo que se puedeesperar. He sido una tonta.

Siriusestaba atónito.

--Si esoquerías, ¿por qué no me lo pediste?

Avrillevantó la cabeza y lo miró con ojos relampagueantes.

--¡Te losugerí de mil formas! ¡Pero tú eres un torpe y no te dabas cuenta!

--¡¿Y nosabes decírmelo directamente?!

--¡No meatrevía, Sirius!

--Entoncesla culpa es tuya.

--¿Cómo?--replicó Avril.

--¡Bueno, yono sé Legeremancia y nunca se me ha dado bien la adivinación!

--No, ytampoco tienes un mínimo de psicología ni de intuición

--Si soy tantorpe no sé qué pintas conmigo.

--Yo tambiénme lo pregunto.

--Bien,entonces desapareceré de tu vida.

Avril lomiró con los ojos llenos de lágrimas, pero él no se inmutó. La chica bufó ydijo:

--Si eso eslo que quieres, adelante.

--Deacuerdo.

El muchachose levantó bruscamente y se alejó de ella. Subió las escaleras de dos en dos,malhumorado. Avril también estaba muy enfadada. Estaba furiosa. Fue a su dormitorioy dio vueltas por él como un animal enjaulado. Entonces, su mirada se posó enla estantería de Lily, llena de libros y de pociones. Deseó que entre ellashubiera algo que pudiera envenenar a Sirius. Leyó las etiquetas sin muchointerés, y sus ojos se detuvieron en la de una botellita que contenía unlíquido transparente con un brillo nacarado. En ella estaba escrito con laletra cuidadosa de Lily: "Amortentia:filtro amoroso".

Avrilsonrió. Esa poción estaba prohibida en Hogwarts, pero la favorita del profesorSlughorn podía conseguir cualquier cosa. Sabía que Lily sólo la quería como unelemento de su colección y que jamás se le ocurriría usarla, y pensó que no erabueno que ese filtro tan poderoso se quedara acumulando polvo en unaestantería. Se echó su capa por los hombros y salió de la habitación con unasonrisa malévola. Ese día ya habían terminado las clases, por lo que podríadarse un paseo hasta Hogsmeade.

Sirius se aburría.Estaba solo en la habitación, porque James aún no había vuelto y Remus y Peterhabían ido a la biblioteca, como siempre. Desde que había discutido con Avril,se había pasado el tiempo tirado en la cama, dándole vueltas al asunto y singanas de levantarse y hacer algo útil, como empezar con la pila de deberes enel escritorio. Resopló y se colocó bocarriba, con la vista fija en el dosel.Cerró los ojos y trató de dormir.

Lodespertaron unos golpes insistentes en la puerta.

--Adelante --musitó.

Al ver quenadie entraba, se levantó y fue hasta la puerta. Cuando la abrió de un tirón, sinembargo, se encontró con el pasillo vacío. Miró a derecha e izquierda, perotodo estaba desierto y silencioso. Entonces se fijó en que, en el suelo a suspies, había una caja azul con un lazo rosa y una nota prendida a él.

 

Con el ceñofruncido, la levantó y se la llevó hasta la cama. Se tendió de nuevo y abrió lanota. En ella, adornadas con florituras y corazones, estaban estampadas continta dorada las palabras: "Para Sirius,de su admiradora secreta".

El muchacho sonrió.Abrió la caja y sus ojos se iluminaron cuando vieron las cinco filas debombones de diferentes formas, blancos y negros, todos alineados. Todos losMerodeadores sentían debilidad por el chocolate, en especial Peter yúltimamente también Remus. Se le hizo la boca agua y cogió [N. de la A.: Lo siento por los lectores hispanoamericanosque entienden otra cosa por este verbo.] uno en forma de nube. Lo mordió ycerró los ojos para disfrutar de la maravillosa sensación que le producía elchocolate derritiéndose lentamente en su boca.

--Black,disculpa --dijo una voz.

Sirius abriólos ojos y vio a Lily Evans asomada a la puerta. Se preguntó si ella sería laadmiradora secreta, pero desechó la idea.

--Hola,Evans.

--¿Has vistoa Avril?

--Desde haceuna hora no.

Lilyasintió.

--Si la vesdile que la estoy buscando.

--Vale --contestóél, pensando que prefería no volver a encontrarse con ella--. Oye, Lily, ¿teapetece un bombón?

La chicamiró la caja con desconfianza.

--¿De dóndela has sacado?

--Me la diouna admiradora secreta --respondió Sirius sonriendo con orgullo, lo que hizo quela joven pusiera los ojos en blanco--. Venga, pasa, están muy buenos.

Lily entró yse acercó a él. Se sentó a su lado, aceptó el bombón en forma de corazón y selo metió en la boca.

--Mmm, estámuy rico --sonrió ella--. Tu admiradora secreta tiene buen gusto.

No recibiórespuesta. Miró a Sirius y se lo encontró muy quieto, con los ojos fijos enella y la boca semiabierta.

--¿Black? --dijofrunciendo el ceño--. ¿Qué te pasa?

Entonces,sin previo aviso, el muchacho se lanzó hacia ella y la tiró sobre la cama. Seechó sobre ella y la miró con ansia. La chica abrió mucho los ojos.

--¿Qué estáshaciendo
?

--Lily --musitóél sin dejar de mirarla--. Oh, Lily

La jovenparpadeó, atónita. ¿Desde cuándo Black la llamaba Lily? ¿Y por qué estaba echadosobre ella y la miraba de ese modo? ¿Se había vuelto loco?

Sirius leacarició la mejilla con una mano temblorosa. La muchacha se revolvió bajo supeso, pero no consiguió liberarse.

--Black,déjame, ¿qué haces? Suéltame

De pronto,sucedió algo. El aire se volvió más espeso, difícil de respirar. El aroma deSirius impregnó su nariz y su boca, y Lily lo aspiró lentamente. Era fuerte,pero muy agradable. El dormitorio, las paredes y los muebles se difuminaron asu alrededor y dejaron de tener consistencia. Sólo existía el muchacho que estabasobre ella, tan cerca que podía percibir todos los detalles de su rostro. Sumirada gris, llena de picardía; su pelo negro, que le caía elegantemente sobrelos ojos; su camisa blanca y la corbata medio suelta que dejaba entrever lapiel suave del cuello y el pecho; y, para finalizar, su boca, de dientesblancos y labios firmes. Lily no pudo evitarlo. Unió su boca a la suya yacarició sus labios con los suyos. Sirius no se hizo de rogar. Introdujo su lengua y barriócon ella el interior de la boca de Lily. Le acarició la cintura y tanteó losbotones de su camisa.

 

--Sirius
--susurró la joven, y su nombre le pareció maravilloso.

Hundió losdedos en su cabello, encontrándolo muy suave. Lo agarró del cuello y tiró de élpara acercarlo más. Le desanudó la corbata y le quitó la camisa después devarios forcejeos. Sirius le abrió la suya y después su mano bajó hasta suspiernas. Se las separó con suavidad. Lily no opuso resistencia. Él gimió deplacer, y ella, de dolor. Sin embargo, luego ya no le dolió más. Se abandonó aél y, cuando no existió nada aparde de Sirius, no supo nada más.



Me he divertido muchísimo escribiendo esta escena! =D Por fin he escrito un Sirius/Lily creíble. Comentad lo que no os ha gustado (por ejemplo, el Sirius/Lily, lo entenderé perfectamente), lo que no habéis entendido, lo que podría mejorarse... Sé que puede parecer raro que Lily mariposee de esa forma y juegue con unos y con otros, pero en realidad de momento sólo se ha acostado con Sirius. No le ha dado esperanzas a ninguno más, sólo un poco a Remus. Gracias por leer!

Niraye.


Antes de que leáis el nuevo capítulo, quiero preguntaros una cosa. Yo soy muy crítica, sobre todo conmigo misma, y me doy cuenta enseguida de mis fallos. Y he pensado que en esta historia estoy dando demasiada importancia a las vivencias y a los sentimientos de cada Merodeador y dejando de lado otros elementos importantes como son las clases, los profesores, los exámenes, los partidos de quidditch, las comidas, los fantasmas, la magia, los libros de hechizos, las pociones (excepto la Amortentia, xD), las escapadas nocturnas (prometo que habrá en próximos capítulos), las bromas a Snape, etc., es decir, todo eso que rebosan los libros de HP. ¿Pensáis que debería dar un poco más de contexto o que sería paja que queda bien en los libros de JK pero no en un fanfic? ¿Por otro lado, creéis que es un fic de los Merodeadores típico, con líos de chico-chica? Porque a mí me da esa sensación. Me gustaría que me dijerais vuestra opinión.

Además, hay otro tema que también me inquieta. Mi país, España, no es más que un mísero 10 % en todo el mundo hispano. Y a veces me pregunto si no debería acomodar mi lenguaje al de la gran mayoría de los hispanohablantes. Es decir, usar "ustedes" en lugar de "vosotros", decir "¿se encuentran bien?" en lugar de "¿os encontráis bien?", "enojarse" en vez de "enfadarse", no emplear el verbo "coger", etc. Sé lo que los españoles vais a decir: "¡¡NO SE TE OCURRA CAMBIAR TU FORMA DE ESCRIBIR!!" ^^ , pero me gustaría saber qué pensáis los hispanoamericanos. Quiero saber si creéis que debo amoldar mi lenguaje al español mayoritario o por el contrario mantener mi estilo. Si os molesta mucho el "vosotros" y el "coger" o no os importa porque lo veis como algo natural. Los españoles también podéis comentar algo, por supuesto.

En fin, no os aburro más. Aquí os dejo con este capítulo que continúa donde lo dejé (Sirius y Lily en pleno arrebato amoroso (¬¬) ):

 



Sirius emergió de una niebla blanca y espesa. Sentía la boca seca y un dolor de cabeza atroz. Al principio pensó que era resaca, pero no recordó haberse emborrachado. Abrió los ojos y se irguió poco a poco, mareado y con ganas de vomitar. Cuando la habitación dejó de darle vueltas, comprobó que se encontraba en su cama, desnudo. A su lado había una chica también desnuda, con su melena roja desparramada sobre la almohada.

Sirius se olvidó de respirar durante un instante. Se quedó inmóvil, con los ojos como platos, mirando a la joven dormida. Colocó una mano temblorosa sobre el hombro de la muchacha, que se removió entre las sábanas y abrió sus ojos verdes lentamente. Parpadeó y se levantó un poco. Enfocó la mirada y la fijó en Sirius. Se miró a sí misma, tapada con una fina sábana. Volvió a mirar al muchacho.

El grito resonó en toda la torre de Gryffindor.

--¡Evans! --Sirius la agarró por los hombros--. ¡Evans, cállate! ¿Quieres que se entere todo el mundo?

Lily lo miró con los ojos desorbitados.

--¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Qué
?! ¡¿Cómo
?! ¡¿Qué hemos hecho?!

--¡Tranquilízate, por favor! Y baja la voz

--¡¿Qué, Black?! ¡¿Qué hemos hecho?!

--¿A ti qué te parece?

Sirius intentó sonreír, pero no pudo. Él también estaba tan aterrado como ella. No podía creer que se hubiera acostado con Lily Evans. "Por favor, por favor, que James no venga
", deseó.

La mirada de Lily se posó en la caja de bombones, que había caído al suelo. Su contenido estaba esparcido por la alfombra.

--¡¡¡TÚ!!! --le espetó--. ¡¡Serás cerdo!!

--Evans, yo no

--¡¡No me toques!!

La joven se levantó y arrastró la sábana consigo, enrollándosela alrededor del cuerpo. Sirius se tapó rápidamente con la colcha. Lily caminó furiosa hacia la puerta y la abrió bruscamente. Se detuvo en el umbral porque, al fondo del pasillo, a cinco metros de ella, justo donde se acababan las escaleras que llevaban al corredor de los chicos, había tres jóvenes que se pararon en seco y la miraron estupefactos.

Pareció que todo se detenía durante un eterno instante, que hasta el mundo dejaba de girar. James se había quedado con la vista fija en Lily, tapada apenas con la sábana, atónito. Remus miraba alternativamente a la muchacha y la puerta en la que se leía Marauders' room, y sacaba conclusiones desconcertantes. Peter había olvidado cómo cerrar la boca.

En ese momento, Sirius salió tambaleándose detrás de Lily, arrastrando la colcha, pero se detuvo como ella y se volvió hacia sus amigos. Al verlos, su rostro reflejó sorpresa y, sobre todo, horror. Abrió la boca para decir algo, pero no le salieron las palabras.

Remus reaccionó.

--¿Qué
? --consiguió decir.

Lily tragó saliva.

--Esto
esto no es lo que parece.

Le entraron ganas de reír por haber usado una frase tan típica, a la par que absurda. Trató de arreglarlo, pero le temblaba la voz:

--Yo no
no he tenido nada que ver. Todo es culpa de Black. Él
está enfermo.

Nadie se movió ni dijo nada. Sirius tenía la mirada fija en James y negaba imperceptiblemente con la cabeza. Entonces, Peter señaló a la muchacha.

--Yo que tú me taparía con algo más, Lily --dijo, vacilante--. Esa sábana se te transparenta un poco.

 

Las mejillas de Lily se tiñeron con un desagradable rubor. Se dio la vuelta y, sin dudarlo, le arrancó la colcha a Sirius, que miró hacia abajo y volvió a abrir la boca sin que de ella saliera ni un sonido. La chica se echó la prenda por encima, respiró hondo y caminó hacia los otros tres, que se apartaron para dejarla pasar. Cuando ella se fue, se abrió una puerta del fondo del pasillo y Frank Longbottom y Mary Macdonald salieron de la habitación del primero. Se detuvieron bruscamente cuando vieron a Sirius desnudo en medio del pasillo.

--Me habías dicho que en el ala de los chicos no había mucha intimidad -le dijo Mary a Frank--. Pero no sabía que era para tanto.

Sirius se sonrojó y cerró los ojos. Aquello no podía estar sucediéndole a él. Dio media vuelta, se metió de nuevo en la habitación y cerró dando un portazo. Frank y Mary se acercaron a los tres chicos, que no se habían movido.

--Pero, ¿qué ha pasado? --inquirió Frank.

James y Remus no contestaron. Peter suspiró.

--Ya os lo contaremos.

Caminó hacia su habitación, y sus amigos lo siguieron como dos autómatas. Sirius se estaba vistiendo y recogiendo la ropa de Lily del suelo. Levantó la cabeza cuando los vio en la entrada.

--Por favor, tenéis que escucharme

James despertó de su trance y respiró hondo.

--¿No podías dejar a Evans, Sirius? --le preguntó con calma--. Era
era la única que te había pedido que respetaras. La única. ¿Por qué has tenido que hacerlo?

No sabía qué le dolía más: haber sabido que Evans se había acostado con Sirius o que éste lo hubiera traicionado de esa forma.

--James, déjame explicarte

El muchacho negó con la cabeza. Sentía que se mareaba, pero consiguió decir:

--¿Es la venganza por lo de Christine?

Sirius tragó saliva.

--¡No! Por favor, escúchame
Yo no quería

--¿
tirártela? --completó su amigo, y sonrió amargamente--. Era fácil, sólo tenías que controlar tus malditos impulsos.

Sirius parecía desolado. Se volvió hacia Remus en busca de ayuda, pero el muchacho le devolvió una mirada incendiaria.

--Vete de aquí --le dijo.

Sirius asintió, pesaroso. Ya vestido, tomó la ropa de Lily y caminó apesadumbrado hacia la puerta. Se volvió un momento antes de salir.

--Fueron los bombones --susurró.

Cerró la puerta tras de sí, suavemente. James se deslizó hasta el suelo y se sentó en él, apoyando la espalda contra su cama y rodeándose las rodillas con los brazos. Remus se había quedado con la vista fija en los bombones sobre la alfombra. Decidió que lo primero era consolar a James, ya resolvería ese asunto más tarde. Se acercó a él y le puso la mano en el hombro.

--Prongs
Venga, no te preocupes. Coge la capa invisible y vamos a dar una vuelta. Ya está anocheciendo, podemos ir a las cocinas y comer algo.

--No, Moony, no
no tengo ganas.

Remus se sentó a su lado con un suspiro.

--Escucha, James, esto no significa nada. Ya viste que Lily estaba muy enfadada

--Pero se acostó con él igualmente. Eso es porque le gusta, ¿no? --Sacudió la cabeza--. Pero no es eso lo que más me duele. Es lo que me ha hecho Sirius.

 

--Parecía muy arrepentido. Quizá deberíamos haber dejado que se explicara

--No me importa --replicó James.

Peter había abierto entretanto algunasbotellas de whisky de fuego, guardadas en la habitación desde hacía meses. Les ofreció a sus amigos.

--Vamos a beber un poco. Ya veréis como os animáis.

Remus aceptó la botella sin dudarlo y le dio un trago. James negó con la cabeza.

--No quiero beber.

Pero Remus sí quería beber. Quería olvidarse de lo que había pasado, quería hacer desaparecer la imagen de Lily abrazando a Sirius, desnudándolo, besándolo
A él también le dolía, tanto como a James. Pero, a diferencia de él, no podía expresar sus sentimientos, sólo consolar a su amigo.

Cuando se acabó la primera botella, le pidió otra a Peter con la voz pastosa. James lo miró y decidió que, si iba a tener que soportar a sus amigos borrachos, mejor que bebiera él también. Cogió una botella y se la llevó a los labios.

Sirius suspiró por enésima vez. Le había costado trepar por la rampa en la que se había convertido la escalera que subía al pasillo de las chicas, sobre todo con la ropa de Lily en una mano, pero ahora le parecía que llamar a su puerta era infinitamente más difícil. No sabía qué expresión adoptar, no sabía qué decir ni cómo actuar, y Sirius Black no estaba acostumbrado a dudar en presencia de chicas.

Finalmente, se decidió y llamó suavemente con los nudillos. Esperó durante unos segundos que se le hicieron interminables. Por fin, la puerta se abrió y apareció Alice. Sirius pudo entrever la habitación. Lily estaba sentada en su cama, vestida de nuevo, con el rostro entre los brazos. A su lado estaba Avril, con expresión indescifrable, y más allá Mary y Frank, hablando entre sí. Sirius no dijo nada, simplemente le tendió el montón de ropa a Alice, que lo tomó con sorpresa.

--¿Esto es de Lily? --preguntó la chica--. Quizá tú puedas explicarnos lo que ha pasado, Black. Ella no suelta prenda.

El muchacho tragó saliva.

--Si Evans no os lo quiere contar, yo no lo haré. ¿Puedo hablar con ella?

--¡¡No, lárgate!! --replicó Lily sin levantar la cabeza--. ¡Y llévate eso!

Señaló con la mano la colcha y la sábana echas un revoltijo en el suelo. Alice se agachó, las tomó y se las entregó.

--Será mejor que vengas luego -dijo.

Sirius asintió con cansancio y se marchó. Alice cerró la puerta y se acercó a su amiga con una expresión entre curiosa y preocupada. Frank y Mary también se sentaron a su lado.

--Lily, por favor --pidió ésta--, cuéntanos qué ha ocurrido.

La joven, por fin, levantó la cabeza. No estaba llorando, pero en sus ojos se leía la furia y la vergüenza.

--Fueron los bombones --musitó con la mirada perdida. A Avril le dio un vuelco el corazón, pero nadie lo notó--. Fueron los malditos bombones. Yo había ido a la habitación de los Merodeadores a buscar a Avril. Sólo estaba Black, que me ofreció un bombón de una caja. Y yo lo acepté. Lo comí. Entonces a él
le pasó algo. Se echó sobre mí. Empezó a acariciarme. Y yo
perdí la cabeza. Lo besé. No sé qué me pasó. Lo seguí besando y me abandoné a él. Y él no se detuvo.

Avril tenía la vista fija en una esquina de la cama. Había querido darle un escarmiento a Sirius. Había querido divertirse a su costa y que se obsesionara con alguna chica, que intentara besarla y ella lo rechazara, que se arrodillara ante ella y se humillara delante de todos. Esos bombones, hechos con el mejor chocolate de Honeydukes, estaban destinados únicamente a él. Nadie más debería haberlos comido. Y menos la chica que temblaba a su lado, una de sus mejores amigas.

 

--¿Filtro amoroso? --dedujo Alice--. Pero, ¿cómo lo pudo conseguir?

Su mirada voló a la estantería de Lily. Ahí estaba la botella, probablemente la única en manos de estudiantes, y se hallaba intacta.

--De todas maneras
--dijo Frank--, él también comió, ¿no?

Los ojos de Lily mostraron sorpresa. No había tenido en cuenta ese hecho. Black estaba comiendo bombones cuando ella había llegado. Al principio no había dado muestras de que quisiera llevársela a la cama, pero después algo había cambiado en él. Sus pupilas se habían dilatado, la había mirado con pasión, se había acercado más a ella, había pronunciado su nombre con un anhelo apremiante. Era la primera vez que trataba a Lily de ese modo, y ella no lo había reconocido, había creído que se había vuelto loco
Antes de seguirle la corriente. Antes de que la Amortentia nublara también sus sentidos. ¿Cómo no se le había ocurrido? Black no tenía la culpa, ambos eran las víctimas de la "admiradora secreta" que había querido enamorarlo. Se sintió mal por cómo lo había tratado.

Se levantó y caminó resueltamente hacia la puerta.

--Espera, Lily --habló Avril por primera vez--. Fui yo.

La chica se dio la vuelta lentamente.

--¿Cómo has dicho?

--Yo le envié esos bombones a Sirius --confesó la chica con cansancio--. Pretendía
no sé lo que pretendía. Vi el filtro ahí, en tu estantería, y estaba muy enfadada
Sólo quería humillarlo. Lo siento mucho, Lily. De verdad. No sabía que iba a pasar esto. Perdóname.

Lily parpadeó. Los otros permanecían callados, mirándolas a ambas. La joven se dio la vuelta de nuevo y salió de la habitación sin una palabra.

Era muy tarde. Los pasillos estaban oscuros y sólo se veía luz en la rendija de alguna puerta. Lily bajó las escaleras y desembocó en la Sala Común. Sentado en el sofá, con la cabeza gacha, estaba Sirius, jugueteando con un hilo del borde de su túnica. Cuando la vio alzó la cabeza hacia ella, confuso. Ella se sentó a su lado. Permanecieron un rato en silencio hasta que, sin poder soportarlo más, Sirius habló:

--Evans, yo

--Ya lo sé --lo cortó Lily--. Sé que el filtro amoroso te afectó de la misma forma que a mí. Siento no haberme dado cuenta.

Lo miró y sonrió con amabilidad. Sirius esbozó una media sonrisa.

--No sé quién me pudo enviar esos bombones.

Lily dudó. Sirius se merecía conocer la verdad, pero no era ella la que debía contársela.

--Una admiradora secreta --replicó la joven--. Pero la jugada le salió mal.

--Sí --asintió Sirius--. Le salió muy mal. Oye, Lily
--dijo, llamándola por su nombre de pila. Consideró que a aquellas alturas no tenía sentido seguir usando los apellidos--. Sé que era
bueno, tu primera vez. Y sé lo especial que es para vosotras. Siento muchísimo habértela arruinado.

--No te preocupes, Sirius --sonrió ella--. No estuvo tan mal. Fuiste muy delicado, teniendo en cuenta las circunstancias. Soy yo la que tiene que disculparse por
dejarte desnudo en medio del pasillo. Ah, y por haberte gritado y llamado cerdo y enfermo. Y por culparte a ti delante de tus amigos. --Ahora que lo pensaba, era Sirius el que debería haberse molestado con ella, y no al revés--. ¿Están muy enfadados?

 

--Bueno, me han echado de la habitación --respondió él despreocupadamente--. Pero tranquila, se les pasará.

--¿Y dónde vas a dormir?

Sirius señaló el sofá y las sábanas que le había devuelto Lily.

--Aquí mismo.

--Te invitaría a mi dormitorio, pero
No creo que sea una buena idea.

El chico se rió.

--No, yo tampoco lo creo. No te preocupes, estaré bien.

--¿Estás seguro?

--Sí. Vete a dormir.

Lily asintió y se levantó. Ya en la escalera, se volvió una vez más.

--Me gustaría aclarar que yo
que yo no

--No me quieres --completó él con una sonrisa--. Sí, ya lo sé.

La joven le sonrió también. ¿Desde cuándo Sirius Black era tan maduro y la comprendía tan bien? Algo había cambiado desde que habían comido esos bombones. ¿Sería que él se sentía algo culpable por lo que había pasado y había empezado a respetarla?

--Bien. Buenas noches, Sirius.

--Buenas noches, Lily Flower.

La joven se dio la vuelta y subió las escaleras corriendo. Sirius se tapó con la colcha, se tumbó en el sofá y cerró los ojos.

Las botellas vacías estaban esparcidas por la habitación, entre charcos de whisky y bombones. Remus, completamente borracho, apoyado en la cama con la camisa desabrochada, murmuró, pronunciando las palabras con lentitud y dificultad:

--Prongs, ¿sabes
sabes lo que creo? Que Evans no nos merece. Que se acueste con los que quiera porque a mí
a mí no me importa, y a ti tampoco, ¿verdad?

--No --contestó James, gateando hacia él. Se desanudó la corbata y se dejó caer a su lado--. Tienes tooooda la razón, Moony, como siempre. He decidido
he tomado una importante decisión, ¿quieres saber cuál es?

--Quiero saber cuál es.

--He decidido que ya no me gusta Evans.

Remus se rió. Peter estaba un poco más allá, tumbado en la cama con una amplia sonrisa, hipando.

--¡Me parece muy bien! --lo felicitó Remus levantando un brazo en señal de victoria--. ¿Recuerdas la primera regla del Maroedador
? Del Maeradador
Vaya, no me sale

--¿Medoreador?

--¡Eso! ¿Recuerdas nuestra primera regla?

--Claro que la recuerdo, Moony
La primera regla dice que
que los amigos están por encima de todo.

--Eso es. Incluso por encima de las mujeres. Y este año todos estamos incumpliendo esa regla
Menos Wormtail, claro.

--Pete
--James miró a su amigo--. Me había olvidado de él. ¡Eh, Pete!

Peter levantó la cabeza y frunció el ceño.

--Prongs, estás borracho

--Sólo un poco
¡Y menos que tú! ¿Cuánto has bebido?

Peter se bajó de la cama y se tambaleó hasta llegar a ellos.

--No estoy seguro
--contestó sin enfocar la vista--. Había más whisky del que yo creía
Remus tenía una buena colección.

--Es bebiendo como consigo soportaros
--replicó el mencionado.

 

James se rió con fuerza.

--Oye, Moony, ¿qué crees que pasaría si
si bebieras antes de transformarte?

Peter aplaudió.

--¡Oh, habría que probarlo! Sería muy divertido

--No digáis tonterías
--protestó Remus--. Bastante mal me siento ya después de una noche de luna llena
Como para tener encima resaca.

James suspiró.

--A partir de ahora, todo será distinto --dijo--. Nada de chicas y nada de discusiones, sólo nosotros

--Tienes razón --musitó Remus--. ¡Por nosotros!

Brindaron con botellas vacías y se rieron. James apoyó la cabeza en el hombro de Remus.

--No sé qué haría sin vosotros
Para mí sois como mi familia. Lo sabéis, ¿verdad?

Remus le pasó el brazo por los hombros.

--Claro, Prongsie.

--No os pongáis sentimentales ahora --sonrió Peter.

--Es que echo de menos a Sirius --confesó James--. A pesar de que ha roto la regla número uno
Igual que yo hice con Christine, al fin y al cabo. Por cierto, Moony
antes dijiste que el único que no la había incumplido era Pete
¡Tú tampoco!

Remus sonrió. Había cerrado los ojos, vencido por un profundo sopor.

--Sí que lo he hecho, Prongs --replicó--. Me he enamorado de tu chica.

James frunció el ceño.

--¿Qué chica?

--Lily.

--¿Cómo? No
Estás borracho, Moony.

Remus no contestó. Se había quedado dormido, al igual que Peter. James volvió a recostarse contra su amigo y se abandonó al sueño.




No me acaba de convencer... Pero me gusta la relación de Lily con Sirius, tan amistosa después de tanto tiempo de odio mutuo. ¿Y a vosotr... ustedes (jajaja)?

LO SIENTO!!!!!! Ayer fui a la playa con mis padres y no pude actualizar. Por cierto, gracias a vuestros comentarios he decidido seguir escribiendo como lo he hecho hasta ahora. Es mi castellano, y si intentara escribir de otro modo me saldría forzado y artificial. De modo que gracias a los que me han aconsejado que no cambie =).

Ah, y aviso de que este capítulo contiene sexo.

Sin más dilación, os dejo con el capítulo ("sin más dilación"?? Cada vez soy más pedante ¬¬):



Remus abriólentamente los ojos, pero la luz del sol le deslumbró y los volvió a cerrar. Sequedó un rato sin moverse, mientras se despertaba del todo. De repente, seirguió bruscamente. ¿Luz del sol? ¡No podía haber luz del sol! Pero la había.Inundaba la habitación, envolviendo a los tres jóvenes acostados en el suelo,arropados con cálidas mantas. Al muchacho se le cayó el alma a los pies. Sehabía olvidado de que era lunes y, como todos los lunes de todos los días delcurso, había clase a las ocho de la mañana. Miró su reloj y comprobó que eranlas once y media. Maldijo para sus adentros y volvió a tenderse con un suspiro.Una vez al mes, por motivos obvios para sus amigos y él pero desconocidos paralos demás, se veía obligado a perder clase, y no le gustaba nada. La últimaluna llena había faltado dos días en lugar de uno, y ahora se había quedadodormido por beber la noche anterior. Se odió a sí mismo por estar traicionando la confianza de Dumbledore emborrachándose y divirtiéndose con sus amigos por las noches. Prometió que intentaría no faltar a más clases, o sólo a lasestrictamente necesarias, y trabajar más duro.

 

Sin embargo,la voluntad de levantarse y ponerse a estudiar se esfumó en cuanto miró a sualrededor. Para encontrar un solo libro, primero debía abrirse paso entre eldesorden que lo rodeaba y después recogerlo todo, y no se sentía con fuerzas.Tenía una sed horrible, la visión borrosa y le dolía la cabeza. Cogió unabotella de whisky vacía, sacó la varita del bolsillo y susurró:

--Aguamenti.

Un chorro deagua brotó de la punta de la varita y se introdujo en la botella, llenándola.Remus bebió con avidez y después volvió a echar un lánguido vistazo a sualrededor. Camas deshechas; ropa, libros, pergaminos, baúles y una escobatirados en cualquier lugar del dormitorio; botellas rodando por elsuelo; bombones derretidos en una esquina; la caja aplastada en otra; el suelo pringoso de alcohol y,en el centro de la habitación, James y Peter durmiendo profundamente, uno enbrazos del otro, sudando por la cantidad de mantas con las que se habíanenvuelto.

Remus sonrióy los destapó un poco, lo que provocó que James se despertara con un sobresaltoy lo mirara. Tenía cara de enfermo, y Remus supuso que él también. Su amigojadeó y se llevó la mano al vientre.

--Creo quevoy a vomitar

Se levantó,corrió al lavabo y cerró dando un portazo. Peter también se había despertado ycaminó vacilante hacia el baño. Golpeó la puerta.

--¡Prongs,déjame entrar! --pidió.

James abrióy le dejó pasar. Se encerraron los dos en el lavabo y Remus oyó ruidos dearcadas. Suspiró y se frotó la sien con cansancio. Aquél iba a ser un día muylargo. Se levantó y se derrumbó en su cama cuan largo era. Su mente intentabaacordarse de los detalles de la noche anterior, pero sólo conseguía recuperar fragmentosconfusos. Lo que sí recordaba con claridad eran los sucesos que habían tenidolugar cuando James, Peter y él volvieron a la torre de Gryffindor después decenar. Se resistía a creer que Sirius y Lily se hubieran acostado por propiavoluntad. La chica se hallaba más furiosa de lo que nunca la había visto; Siriusintentaba explicarse y decía algo de unos bombones. Remus había oído que elchocolate era afrodisíaco, pero no creía que fuera para tanto

La puertadel lavabo se abrió y apareció James, pálido y con ojeras. Tras echar unvistazo indiferente a la desordenada habitación, fue hasta su cama, sorteandolos objetos esparcidos por el suelo, y se sentó en ella.

--Recuérdameque no vuelva a beber tanto --susurró.

Remussonrió.

--La culpafue mía. Vaya prefecto
montando una borrachera en el dormitorio.

James lequitó importancia con un gesto de la mano.

--Que yosepa, no me obligaste a beber. Oye, ¿hice alguna tontería? Lo tengo todo unpoco borroso

--Alprincipio estabas muy animado --sonrió su amigo--. Creo recordar que intentastehacer malabares con botellas, ¡y la verdad es que te salía bastante bien!

--Ah, sí, meacuerdo de eso
--replicó James, pensativo--. ¿Y luego?

--Luego nospusimos a hablar de cosas serias, y a partir de ahí se difuminó todo para mí.

Algo intentódespertar en la memoria de James, como un destello en alguna parte de su mente,pero desapareció casi enseguida.

 

Cuando Peterdejó por fin de tener náuseas, decidieron que lo primero, antes de bajar acomer algo, era recoger la habitación. La profesora McGonagall tenía porcostumbre pasarse una vez al mes por su dormitorio, para revisar que noestuviera tan desordenada que resultara demasiado insalubre para que personashumanas vivieran allí, y, como nunca avisaba, los Merodeadores solían preocuparsepor mantenerla recogida. Aun así, cuando la profesora llamaba a la puerta yanunciaba su visita, siempre se pasaban unos angustiantes segundos corriendopor la estancia para recoger los calcetines del suelo o el calzoncillo deldosel de la cama, encantar los pósteres [N. de la A.: Sí, "pósteres", lo dice la RAE] de chicas muggles en bikini para que mostraran otra cosa, borrar con magia laprimera parte de la frase "Slytherin apesta, ARRIBA GRYFFINDOR" grabada en lapared, esconder la comida que habían robado de las cocinas, los libros de lasección prohibida de la biblioteca y el alcohol traído de Hogsmeade, así comola capa invisible y el Mapa del Merodeador, si se encontraban a la vista, y porúltimo sentarse al escritorio para fingir que trabajaban (Sirius solía tener amano el libro de Transformaciones para la ocasión, y siempre se las arreglabapara que McGonagall leyera el título). Estaban tan acostumbrados a efectuar eserito cada vez que la profesora aparecía que habían aprendido a coordinarse:cada uno se ocupaba de una cosa diferente.

Esa veztardaron más en colocar la habitación: primero, porque Sirius no estaba, ysegundo, porque la estancia se hallaba tan desordenada que Peter hasta hizo unabroma diciendo que él no sabía nadar. Sacaron las varitas y empezaron porapilar toda la basura en un montón. Después recogieron los libros y la ropatirados en el suelo, hicieron las camas y finalmente limpiaron las manchas de whisky.

Corrieronliteralmente hasta el Gran Comedor y antes de tomar asiento ya estabanmetiéndose comida en la boca.

--Ehto de aezaca da muta ambde [N. de la A.: Almejor estilo Ron Weasley.]. --Peter tragó y repitió--: Esto de la resaca damucha hambre.

Ellos y unalumno somnoliento de Hufflepuff eran los únicos que se hallaban en el GranComedor a esas horas, pues los demás estaban acabando las clases de la mañana.Habían creído que no iban a encontrar comida en la mesa, pero aún quedabanalgunos restos sin recoger.

Remus yPeter llegaban a tiempo para el comienzo de su última clase, Onirología, demodo que se despidieron de James, quien no cursaba esa asignatura. El muchachose quedó solo en el Gran Comedor, terminando su desayuno y dándolevueltas a lo que había ocurrido el día anterior. Quizá debería haber escuchadoa Sirius
Parecía de verdad arrepentido. Se preguntó qué habría pensado suamigo cuando esa mañana no aparecieron por clase.

--Eh, James,vuelve a la Tierra --le dijo una muchacha morena cuyo rostro apareció de repenteen su campo de visión.

Alice rió yse sentó frente a él.

--¿Qué hacesaquí tan solo?

James seencogió de hombros.

--Pensar.

--Ah, ¿perotú piensas? --replicó la chica. Ese día parecía feliz, pero enseguida notóque su compañero no lo estaba--. Era una broma, Jimmy. ¿Dónde está hoy tu sentido delhumor?

 

Jamesintentó sonreír.

--Brilla porsu ausencia.

--Vaya. Notienes muy buen aspecto, la verdad. Deberías estar animado, hoy hayentrenamiento. --Alice lo miró mejor--. ¿Es por lo de Lily? ¿Por eso no has idoa clase?

Jamessuspiró.

--En parte.

--Bueno,pero

--Prefierono hablar de eso --la cortó con amabilidad--. Dime, ¿qué tal con Frank?

La expresiónde Alice se ensombreció.

--No tanbien como esperaba. Me ha dicho que lo ha estado pensando y que no quiereprecipitarse. Dice que no le gustaría romper la gran amistad que tenemos por unsentimiento más profundo del que ninguno está seguro.

--Ya. Bueno,tiene algo de razón.

--Sí, ya losé --asintió la chica--. Pero

James esperóa que continuara, pero como no lo hizo inquirió:

--¿Qué?

--Bueno, teparecerá una tontería
--dijo ella un poco azorada--. Hoy es mi cumpleaños y

El muchachosonrió.

--Oh, ¿enserio? Felicidades. Siento no habértelo dicho antes

--No tepreocupes, no tenías por qué saberlo.

--¿Y quépasa por que sea tu cumpleaños?

--Te lodiré, pero no te rías, ¿de acuerdo? Lo que pasa es que en el día de micumpleaños me habría gustado recibir un beso.

Quizá fueraque se encontraba más sensible de lo habitual por lo de Lily y Sirius, pero Jamesno creyó que fuera algo de lo que reírse. Al contrario, le parecióperfectamente normal. A él en ese momento también le hubiera gustado que unachica lo besara.

--¿Y por quéno se lo pides? --preguntó, sin decir lo que le pasaba por la cabeza.

--¿A Frank?--Alice casi se rió--. Se burlaría de mí

--Quizá no.Quizá te sorprendiera y te diera el beso.

--Lo conozcobien. No le gusta el romanticismo barato. Me diría que cuando me dé un besoserá porque de verdad quierehacerlo, y no por algo como un cumpleaños.

--Vaya--sonrió James.

--Aprendepara cuando se te pase la tontería y vuelvas a ser el James Potter que coqueteacon Lily Evans.

El chicosonrió, pero no respondió. Mordisqueó un bollo de leche y preguntó:

--¿Quieresque vayamos juntos a entrenar esta tarde?

--Vale--aceptó Alice--. ¿A las seis en la Sala Común?

--Deacuerdo.

--Bien, puesluego nos vemos. Y quiero que te animes, o en el entrenamiento te daré unapaliza.

James serió.

--¿Quién,tú? Más quisieras

--Adiós,Jimmy. No faltes a Cuidado de criaturas mágicas.

--Lointentaré.

Alice selevantó y se despidió con un gesto de la mano.

La jornadatranscurrió lenta y perezosamente para todo el mundo. Sirius no vio a susamigos, y eso le frustraba, porque debía hablar con ellos y aclarar esemalentendido. Seguía con la misma ropa del día anterior y necesitaba darse unbaño, pero no se atrevía a entrar a su habitación. Afortunadamente, tenía loslunes llenos de clases, por lo que no estuvo ocioso mucho tiempo.

Remus yPeter se reunieron con James después de Oniromancia. Acababan de desayunar, porlo que mientras los demás entraban al Gran Comedor ellos se fueron aldormitorio a reposar la resaca. Se quedaron dormidos, y fue gracias a lalechuza de Peter ululando en la jaula por lo que James se despertó a tiempopara vestirse, coger la escoba y bajar a la Sala Común a tiempo. Logró llegarantes que Alice.

 

--Vamos, noquiero que Steven nos vuelva a reñir por llegar tarde --lo urgió la chica cuandobajó a todo correr.

--Te echouna carrera --dijo James.

--¿Hasta elcampo?

--Sí.

--Vale, perome tienes que dejar un poco de ventaja --sonrió ella.

--¿Y eso porqué?

--Eres unchico. Corres más.

--Está bien,contaré hasta veinte. Uno

Alice se rióy, agarrando la escoba con fuerza, corrió hacia el hueco del retrato y loatravesó. James contó hasta dieciocho y echó a correr tras ella. Pero, en lugarde seguir su camino, el único que la mayoría de los estudiantes conocían, secoló por un par de pasadizos secretos y salió a los jardines mucho antes. Sinembargo, se arrepintió de hacer trampas y decidió dejar que ella se adelantarasin que lo viera. Mientras observaba a la joven correr, se preguntó quédemonios pasaba con él. ¿Estaba dejando ganar a una chica? ¿La comprendíacuando decía que necesitaba un beso? ¿Se enfadaba con Sirius dos veces en lamisma semana? ¿No le apetecía salir por la noche ni pasearse por Hogsmeade sinpermiso? ¿No echaba de menos las noches de luna llena ni la diversión de correrlibre transformado en ciervo? ¿No añoraba la indescriptible sensaciónde volar en escoba? La razón la conocía perfectamente: para volar,para correr, para sentirse libre como cuando rompía las reglas, reconfortadocomo cuando bromeaba con sus amigos y triunfal como cuando ganaba un partido dequidditch sólo necesitaba pensar enLily Evans.

Nunca habíasentido algo así por ninguna chica. Ni las que le habían gustado, ni con lasque había salido ni las que integraban su club de fans (oh, sí, era el únicoMerodeador que tenía un club de fans) le habían afectado de esa manera. Hastaese momento, Lily solamente le había gustado mucho. Por eso al principio le pedía salir y laprovocaba, porque para él era como un juego. Sin embargo, ahora se daba cuentade que durante ese curso aquello había dejado de ser un juego. Ya no se sentíacómodo en su presencia. Se alteraba, respiraba con dificultad y su corazón ibamás rápido de lo normal, tanto que le dolía el pecho. No le apetecíaprovocarla, sino dejarla en paz para que ella no lo odiara más. No sabía si loque sentía era amor. Suponía que sí, pero lo único que comprendía era quecuando ella estaba cerca él no podía dejar de mirarla.

Remus despertó cuando oyó unos golpes en la puerta. Masculló algo y se levantó paraabrir. Últimamente todo el mundo llamaba a esa habitación.

Se topó conunos brillantes ojos verdes, y los suyos de color miel se abrieron consorpresa.

--Lily--habló, sin saber qué más decir.

--Hola,Remus. Me gustaría hablar contigo
y con James.

--Él seacaba de ir a entrenar. Volverá en una hora.

Lily asintió.

--No pasanada. Entonces hablaré contigo solamente. ¿Puedo pasar?

--Claro.

Petertambién se había despertado y decidió irse para dejarles intimidad. Sabía queluego le contarían todos los detalles, por lo que no le importó perderse esaconversación. Remus le ofreció a Lily su silla del escritorio y él se sentó enla cama.

--Supongoque sabes de lo que quiero hablar, ¿verdad? --preguntó la chica con una sonrisanerviosa.

Remusasintió sin una palabra. Su expresión era inescrutable.

--Hoy enclase he hablado con Sirius. Me ha dicho que aún no ha tenido ocasión deexplicarse. Que aún estáis enfadados con él.

 

--Sí, esverdad.

--Por eso hevenido --replicó la chica con firmeza--. Quiero aclararos lo que pasó. ¿Meescucharás?

Remus volvióa asentir.

--¿Tienealgo que ver con los bombones que estaban tirados en el suelo? Sirius dijo algode ellos

Lilyparpadeó.

--Tienemucho que ver. De hecho, ésa es la explicación.

--¿Unosbombones? --replicó alzando las cejas.

--Sí. Unosbombones rellenos de Amortentia, ofiltro amoroso. Uno especialmente rápido y potente, añadiría.

Remus abriómucho los ojos.

--¡Qué!--replicó con la incredulidad brillando en sus ojos color miel--. ¿Amortentia? ¿Pero quién
?

--Avril--contestó la chica sin remordimientos, ya que con quien su amiga debía hablar era con Sirius--. Quería
humillar a Sirius, porquehabían discutido. Quería dejarlo en ridículo delante de los demás cuando seobsesionara con alguna chica. Porque, a pesar de su nombre, eso es lo que hacela Amortentia: causar obsesión, noamor. Le dejó los bombones en la puerta fingiendo que eran un regalo de unaadmiradora secreta. Yo vine para preguntar por Avril, porque no la encontraba,y Sirius me ofreció un bombón. Él ya iba por el segundo. Uninstante después empezó a mirarme de forma extraña y se echó sobre mí. Al principio lorechacé, pero el filtro me afectó casi enseguida y
Bueno, ya conoces el resto.Cuando desperté creí que él me había drogado para llevarme a la cama. --Serió--. Después lo comprendí todo y fui a disculparme. --Se puso seria--. Él notuvo la culpa, Remus. Fue un accidente. Así que os pido que lo dejéis volver adormir en el dormitorio y que hagáis las paces con él.

Remus sonriólevemente y asintió.

--Claro. Laverdad es que la posibilidad del filtro amoroso ni siquiera se me pasó por lacabeza. Creía que la posesión de Amortentiapor los alumnos estaba prohibida.

Lily sesonrojó.

--Bueno
Loestá, pero el profesor Slughorn me regaló un frasco. Avril la tomó de ahí.

--¿Cogió tupoción sin permiso, drogó a Sirius adrede y a ti indirectamente, y os hizopasar por algo tan... desagradable? [N. de la A.: Ideas tomadas de Lunazul ^^] --Remus se rió--. Me pregunto qué habráhecho Sirius para merecer ese trato.

La chicasonrió.

--Yotambién. Nunca creí que Avril fuera tan vengativa. Pero bueno, todos tenemosnuestro lado oscuro. --Lo miró y suspiró--. Siento mucho que tuvieras quepresenciar la escenita del pasillo, Remus. Y que te enfadaras con Sirius por miculpa. Al menos ahora ya está todo aclarado.

--Sí --sonrióel muchacho--. Yo también me tengo que disculpar por
creer que había algo entre Sirius y tú.

--¿Te dolió?--preguntó la chica con curiosidad.

--Sí--asintió él--. Mucho. Tengo asumido que algún día podrías tener algo con James,pero cuando te vi con Sirius
Me chocó. No estaba preparado. No pensé quefuera posible.

Se miraronfijamente a los ojos. Lily suspiró imperceptiblemente.

--Imaginaque no sucedió. Yo nunca me he fijado en Sirius, ni lo voy a volver a hacer. Nodebería haberte dolido
Porque eras tú con quien debería haber estado esanoche, y sin necesidad de bombones rellenos de Amortentia.

 

La joven sehabía sonrojado, pero parecía decidida. El corazón de Remus comenzó a latiralocadamente.

--Lily

Intentódecirle que aquello no estaba bien, que James era su mejor amigo, que no sesentía capaz de traicionarlo
Pero cuando buceó en esos ojos verdes que lomiraban con ternura se acercó más a ella, buscó sus labios y, cuando losencontró, no pudo pensar en nada más. Compartieron un largo y lento beso que,en lugar de desenterrar las dudas de ambos, despertó más en su interior.

Cuando porfin se separaron, Lily, ruborizada, se levantó de la silla y se alejó del muchacho. Se dejócaer en el suelo junto a la ventana.

Elentrenamiento alejó todas las preocupaciones de la mente de James y Alice. Seconcentraron en volar tan rápido como podían, dar giros imposibles, atrapar la quaffle cuando estaba a punto de caer alsuelo, quitársela a sus contrincantes, pasársela a sus compañeros y hacerlaentrar por los aros sorteando al portero. En los equipos establecidospor Steven los dos jóvenes coincidieron en el mismo, y en el aire reanudaron laconversación que habían mantenido antes de montarse en las escobas. Esta vez nose comunicaban con palabras, sino por medio de miradas, movimientos, giros enel aire, amagos y pases. Hasta Steven lonotó, pero no comentó nada.

Cuando elentrenamiento acabó, se dirigieron a sus respectivos vestuarios. Mientras losjugadores se cambiaban, empezó a llover abundantemente. Alice corrió haciadonde se encontraban los chicos.

--¿Habéisvisto como llueve? --dijo sorprendida.

--Sí--respondió Steven--. Habrá que correr para llegar al castillo.

James, Alicey Christopher Barrett, el buscador, observaron cómo sus compañeros se internaban en la lluvia tapándose la cabeza con las túnicas.

--¿Vamos?--preguntó James.

Alice dudó.

--Quizádeberíamos esperar a que amaine un poco, ¿no creéis?

--Sí, serálo mejor --respondió el muchacho dirigiendo una mirada inquieta a los chorros deagua que caían del cielo ya oscuro.

--Yo metengo que ir ya --replicó Christopher, un poco preocupado--. He quedado con minovia. ¡Mañana nos vemos!

Se despidióde ellos y se perdió en la oscuridad.

--"Hequedado con mi novia" --repitió Alice con una vocecita aguda--. ¿No lo odias?

James se rióalegremente.

--¿Por qué,por tener novia?

--Sí.

--Sí, y mealegro de comprobar que no soy el único.

Alice sonrióy se sentó a su lado en el banquillo. Se hallaban en los campos deHogwarts, cegados por una oscuridad impenetrable y ensordecidos por una lluviapersistente. Sólo un par de velas iluminaban el vestuario, en el que comenzaba a hacer frío. James cogió la túnica de quidditch en cuya espalda se leía "Potter" y se la ofreció a lajoven.

--Gracias--la aceptó ella envolviéndose con ella--. Muy atento. Esto de que Lily se hayaacostado con Black te ha cambiado mucho, James Potter.

El muchachosonrió, pero una sombra de amargura cruzó por su expresión.

--Lo siento--dijo enseguida la chica--. No debería haber dicho eso.

James soltóuna carcajada.

--No tepreocupes. Es la lluvia, que me altera.

--¿De veras?¿En qué sentido?

--Siempre mepasa --replicó él encogiéndose de hombros--. Cuando llueve hago cosas extrañas.La última vez salí del castillo por la noche mientras llovía y me puse enfermo.Mis amigos creyeron que estaba loco, pero es que me llamaba tanto
Es como laluna llena a
--Se detuvo en seco. ¡Había estado a punto de decir el nombre deRemus! ¿Tan cómodo estaba que no se daba cuenta de que no hablaba con unMerodeador?--. A los licántropos -completó finalmente.

 

Aliceparpadeó.

--¿Y hoy lalluvia qué te invita a hacer?

James lamiró fijamente. Ahí, a su lado, iluminada tenuemente por la luz mortecina delas velas, con el pelo mojado y una amplia sonrisa en el rostro, Alice lepareció preciosa. Se dio cuenta de que ambos estaban solos, no sólofísicamente, sino también sentimentalmente. Se dio cuenta de que se habíanestado buscando todo el día, sobre todo en el aire. Se dio cuenta de que losdos necesitaban un beso. Y no pudo evitarlo. Acortó en un segundo la distanciaque los separaba y posó sus labios sobre los de ella.

Alice sepuso tensa en un principio. Quiso retroceder y decirle que eso era un error,pero al instante siguiente descubrió que ese beso estaba despertandosensaciones insospechadas en su interior. Se sorprendió a sí misma cerrando losojos y echándole al muchacho los brazos al cuello, atrayéndolo hacia ella. Sebesaron lentamente durante varios segundos, acariciándose con los labios,posponiendo el momento de separarse. Cuando llegó, se miraron ruborizados,temblando violentamente.

--Lo siento--susurró James--. Perdona, yo no

Pero no pudocontinuar, porque Alice lo miraba de una forma extraña, y se dio cuenta de queél la estaba mirando a ella de la misma manera. Sus ojos expresaban una mezclade ternura, curiosidad, súplica y avidez. La jovenle acarició el cuello y avanzó de nuevo hacia él. Se volvieron a besar más intensamente,bebiendo del otro como si no existiera nadie más en el mundo. James se tumbó deespaldas sobre el banco y Alice se montó sobre él.

La lluviarepiqueteaba en el tejado sobre ellos. El aire frío recorría la estancia, peroellos, envueltos en un remolino ardiente, con la sangre hirviendo en sus venas,no lo notaban. Sólo existía la piel del otro, la espalda del otro, la curva dela nuca del otro, los labios del otro. Sin embargo, cuando ambos sintieron lanecesidad de encajar aún más, de fusionar sus cuerpos por completo, Jamesvolvió a la realidad. Y se detuvo.

--¿Qué
?--gimió Alice--. ¿Por qué te paras?

El muchachocerró los ojos para soportar el dolor por la falta de placer.

--Esto
estono está bien
Lo sabes

--¿Quéimporta?

--Tú
estáscon Frank
No quiero hacerle esto

--¿Y vas adejarme así? ¿Vas a quedarte así?

James seseparó de ella. Se levantó y ahogó un gemido cuando le dolió en cada poro de lapiel la falta de contacto con Alice.

--No puedo
Esto sólo complicaría las cosas

Pero necesitaba procurarse el placer que senegaba a compartir con ella. Y ella también. James se encerró en una ducha yAlice se quedó donde estaba. Y ambos terminaron por separado lo que habíanempezado juntos.

El chicosalió pálido como la cera y con la mirada baja. Abrió la boca para decir algo,pero las palabras murieron congeladas en su garganta. Alice tampoco pudohablar. Se quedaron en silencio, escuchando la lluvia sobre ellos, mirándose alos ojos. La chica se levantó y avanzó hacia él. Alzó una mano temblorosa y launió a la de James, que le pasó la mano por los hombros. Alice se abrazó a sucintura y, sin una palabra, salieron de su refugio y se sumergieron en la lluviainmisericorde con las escobas apoyadas en los hombros, como si fueran simplescompañeros de quidditch y en losvestuarios hubieran tenido una animada charla en lugar de sexo.

 



Quizá algunos os hayáis preguntado por qué he establecido tan alegremente que James es cazador. Al fin y al cabo, todos en algún momento hemos dado por supuesto que era buscador, como Harry, y, además, en el 5º aparece jugando con una snitch. Sin embargo, esto es lo que pone en Eldiccionario.org : "James Potter: [...] Cazador de Quidditch (Sch2), campeón de la Copa de Quidditch (PA14). Nota: En la película, se dice que James es buscador (PF/p), pero JK Rowling había dicho ya que era Cazador. Cuando tenía 15 años se le ve jugando con una snitch, pero podría ser sencillamente para impresionar a las chicas. No hay manera de impresionar con una quaffle, ¿verdad?". Bien, pues eso. No me preguntéis qué significan las abreviaturas.

Niraye.

Me encuentro en un momento de poca inspiración. Cuando empecé este fanfic, tenía muchas ideas, pero ahora ya casi no se me ocurren y escribo arrastrándome, intentando construir algo provechoso. A ver lo que ha salido:



James y Alice, abrazados y empapados de pies a cabeza, se detuvieron ante la Dama Gorda.

--¿Os habéis mirado al espejo, muchachos? --murmuró ella echándoles una mirada despectiva.

--"Sapienta ducet ad astra" --dijo Alice por toda respuesta.

--Sí, la sabiduría conduce a los cielos, pero la vuestra no lo hará --contestó la Dama Gorda--. Ésa no es la contraseña.

--¿Como que no es la contraseña? --replicó James.

--Acabo de cambiarla.

--¿Y eso por qué? ¡Aún no son las doce!

--Órdenes de la profesora McGonagall. Para asegurarse de que nadie sale a estas horas.

--¿Y qué se supone que quiere que hagamos ahora? --inquirió la joven--. ¿Dormir aquí?

La Dama Gorda se encogió de hombros y se miró las uñas.

--Así no mojáis la Sala Común.

Alice se volvió hacia James.

--¿Y ahora qué?

Justo cuando acabó de formular la pregunta, su salvación apareció por el pasillo. Sirius Black permaneció impasible a medida que llegaba hasta ellos y se colocaba a su lado.

--"Zumo de calabaza" --dijo, y los otros miraron a la Dama Gorda.

--¿"Zumo de calabaza"? --inquirió Alice--. ¿Qué clase de contraseña es ésa?

--¡A mí no me discutas las contraseñas, señorita! --la recriminó la señora.

--Está bien, vamos.

Los tres pasaron por el hueco del retrato y salieron a la Sala Común, completamente vacía.

--Te veo mañana --musitó Alice casi sin mirar a James--. Hasta luego.

Los dos muchachos la observaron subir las escaleras. Sirius se volvió hacia su amigo.

--¿Me vas a escuchar o voy a tener que petrificarte?

James suspiró.

 

--¿Puedes explicármelo mañana? Estoy muy cansado
Ven a dormir a la habitación, si quieres. De verdad, ahora no puedo

--No, James, necesito hacerlo ahora

--Sirius, por favor
No me encuentro bien --replicó el chico--. Sé que quieres explicármelo ya, pero es que ahora
Mira, ya no estoy enfadado contigo. Mañana lo arreglaremos todo, ¿de acuerdo? Sólo necesito
sólo quiero dormir.

Sirius asintió.

--Está bien, James. Vamos a dormir.

El muchacho lo agradeció internamente. Estaba deseando meterse en una cama seca y cerrar los ojos para dejar de sentir los retortijones de hambre en su estómago y los escalofríos que recorrían su espalda, y dejar de pensar en Alice y Lily y Sirius y él mismo. Subieron las escaleras, que quedaron mojadas y manchadas de barro. Abrieron la puerta y se encontraron una escena curiosa. Peter estaba dormido en su cama. Remus y Lily se encontraban sentados al lado de la ventana, uno frente al otro, hablando, y se volvieron bruscamente hacia ellos cuando entraron.

Por una vez, James no se alegró de ver a Lily. Quería dejar de pensar en ella, y su presencia en su dormitorio no le iba a ayudar a hacerlo. Se preguntó qué hacía la chica allí, porque era muy tarde y al día siguiente tenían clase. Entonces, como si algo despertara dentro de su mente, escuchó con claridad la voz de Remus desde un pasado inmediato: "He incumplido la regla número uno. Me he enamorado de tu chica. De Lily.". James sintió que las piernas le fallaban. Decidió que se metería en la cama y se olvidaría de todo, pero no podía caminar. Se deslizó hasta el suelo y cerró los ojos. Sintió los brazos de Sirius sujetándole y su voz junto a su oído:

--James, ¿qué te pasa? Vamos, levántate

Pero no podía. Su cuerpo no le obedecía. Sintió que más personas le rodeaban, pero no escuchaba lo que decían. Lo único que sabía era que hacía frío, muchísimo frío, que penetraba en su piel, cortaba su respiración y le impedía moverse. Alguien lo levantó y lo tendió en un lugar mullido.

--Hay que quitarle esta ropa --escuchó decir--. Está empapada.

Sintió que lo desnudaban con urgencia, y cuando el tejido mojado dejó de estar en contacto con su piel, ya no sintió tanto frío. Le echaron por encima una cálida manta.

--James. James, despierta.

--Sirius, déjalo.

--¿Cómo lo voy a dejar? Hay que llevarlo a la enfermería

--Déjalo descansar un poco.

--¿Por qué hacéis tanto ruido
?

--James no está bien, Wormtail.

--¿Por qué? ¿Qué le pasa?

--Se ha desmayado.

--¿Que se ha desmayado?

--Sí, ha vuelto a empaparse bajo la lluvia.

--¿Otra vez? Pero, ¿qué obsesión tiene con la lluvia?

--¿Potter tiene obsesión con la lluvia?

--Sí, la última vez que llovió le pasó lo mismo. Salió y se resfrió.

--Pero no se desmayó, Remus. Estoy preocupado
¿Por qué no se despierta?

James intentó abrir los ojos, pero no pudo.

--Estoy bien, Padfoot
--musitó--. Sólo estoy cansado

Sirius respiró con alivio.

--Vale, Prongs. Descansa.

Lily, que no había despegado la mirada de James, suspiró y se levantó.

--En fin, yo
me voy. Por la mañana decidle que tome leche con miel. Se sentirá mejor. Si en algún momento tiene fiebre o vomita, avisadme, no importa la hora que sea. Tengo en mi habitación pociones que le vendrían bien.

 

--Pareces una experta --sonrió Sirius.

--Es que mis amigos tienen la manía de ponerse enfermos cada dos por tres.

--Lily --interrumpió Remus--. Está temblando.

La joven volvió a su lado y le puso la mano en la frente.

--Le ha subido la fiebre de golpe.

James se movió entre las sábanas y tosió. Se llevó la mano al pecho.

--No puedo respirar
--dijo.

Lily sacó su varita y apuntó con ella al pecho del muchacho.

--Anapneo --murmuró, pero nada sucedió: James siguió respirando con dificultad.

La chica volvió a meter la varita en su bolsillo y se inclinó sobre él.

--Potter, escúchame. Nada te obstruye las vías respiratorias. Es tu sistema nervioso, debes tranquilizarte, ¿de acuerdo?

James abrió los ojos y la miró. Después los volvió a cerrar y asintió.

--Dime, ¿te duele algo? --preguntó la chica.

--Sí
el pecho

Lily se volvió hacia los tres chicos, que los observaban con preocupación.

--Necesito que uno de vosotros vaya a mi dormitorio --dijo--, y que le diga a Alice que os dé
Sí, Poción Calmante y Poción Pimentónica. Ah, y también Ungüento Amnésico del Doctor Ubbly. Están en mi estantería, ella ya sabe dónde.

[N. de la A.: No me invento hechizos ni pociones, no tengo tanta imaginación. Figuran en Eldiccionario.org.]

Peter se levantó.

--Yo iré. Poción Calmante, Pimentónica y Ungüento Amniótico

--Amnésico, Ungüento Amnésico del Doctor Ubbly.

--Vale.

Corrió hacia la puerta y salió murmurando las palabras. Sirius y Remus se volvieron hacia Lily.

--¿Cómo sabes todo eso? --inquirió el primero.

--Quiero trabajar en San Mungo --respondió ella mirando a James, que tenía la frente perlada por gotas de sudor--. Y soy buena en pociones.

Peter se transformó en rata y trepó por la barandilla de las escaleras. Una vez arriba, volvió a su forma original y llamó a una puerta. Le abrió una niña de segundo.

--Oh
perdona, me he equivocado --musitó el muchacho--. Busco la habitación de Lily Evans.

--Es la siguiente puerta --contestó ella--. Oye, tú eres un Merodeador, ¿verdad?

Peter se sonrojó.

--Eh
bueno, en realidad sí.

Se marchó y escuchó los grititos emocionados de la niña y sus compañeras. Sonrió y llamó a la puerta siguiente.

--Pettigrew, ¿qué haces aquí? --preguntó Alice.

Aún no se había desvestido y su pelo y su ropa seguían mojados, ya que había estado animando a Avril, que estaba deprimida por Sirius, y a Mary, que lo estaba por James.

--Lily me ha dicho que necesita Poción Amnésica de Pimienta
--intentó recordar Peter--. No, espera. Ungüento Calmante del Doctor
¡No! Me he olvidado
¡Ah, sí! Poción Calmante, Pimentónica y
Ungüento Amnésico del Doctor Ubble.

--Ubbly --corrigió Alice con una sonrisa. Se dio la vuelta y empezó a revolver en la estantería de Lily--. ¿Para qué las necesita?

--James se ha puesto enfermo.

Alice por poco deja caer un frasco con un líquido verdoso.

--¿Qué?

--Tiene mucha fiebre y le duele el pecho. Tengo que llevarle las pociones a Lily enseguida.

 

--Pero
De acuerdo, ésta es la Poción Calmante, ésta la Pimentónica y éste es el Ungüento Amnésico.

Mientras hablaba, fue levantando dos botellas llenas de líquidos brillantes y un paquete rectangular.

--Vale, dámelo todo

--No hace falta, yo lo llevaré --replicó Alice, y se volvió hacia sus amigas--. ¿Alguna viene u os vais a quedar ahí lamentándoos?

Avril y Mary vacilaron.

--Yo me quedo aquí lamentándome --contestó Avril. Si podía evitarlo, prefería no ver a Lily, y menos a Sirius.

Alice puso los ojos en blanco.

--Pettigrew, ¿te importaría quedarte a animarlas un poco?

--Claro que no --contestó el muchacho con una sonrisa.

--Bien. Gracias por todo. Cuando no puedas más, déjalas.

--De acuerdo.

Alice se marchó cerrando la puerta tras ella. Peter se sentó en una cama y se volvió hacia las dos chicas.

--Bueno
¿Me vais a contar lo que os pasa? --preguntó.

--Empiezo a pensar que debería prestar más atención en Pociones --musitó Sirius, sentado en su cama al lado de Remus. Observaban a Lily inclinada sobre James--. Aunque para curar a la gente está la enfermería, ¿no?

En ese momento, la puerta se abrió y entró Alice como una exhalación.

--¿Qué es eso de que Potter está enfermo?

Se colocó al otro lado de la cama de James, frente a Lily.

--Alice, ¿por qué estás empapada? --inquirió ésta. Luego miró la puerta--. ¿Y dónde está Pettigrew?

--Se ha quedado animando a las otras dos. He venido a traerte esto, --Le tendió las botellas y el paquete, que Lily cogió y depositó en la mesita--, y a ayudar.

Sirius rodeó la cama y se colocó junto a Alice para no molestar a Lily, que había empezado a trajinar con las pociones.

--Eh, Redfield, ¿por qué en tu túnica de quidditch pone "Potter"?

Alice abrió mucho los ojos y se quitó la túnica rápidamente. Lily la miró de nuevo.

--¿Llevabas puesta su túnica? ¡Con razón está enfermo!

Remus también se acercó.

--¿Por qué llevabas su túnica? --preguntó.

--Él me la dio --se defendió la chica--. Estábamos en los vestuarios del campo y empezó a llover.

Lily suspiró. Seguía observando las pociones y leyendo las etiquetas.

--Necesito saber lo que hizo Potter hasta llegar aquí --dijo.

--Fuimos juntos al campo --contestó Alice--, corriendo. Después estuvimos entrenando. Cuando acabamos empezó a llover y regresamos.

--Entonces yo me encontré con ellos cuando volvían a la torre de Gryffindor --recordó Sirius--. Pero había pasado una hora desde que se supone que acaba el entrenamiento.

Alice se ruborizó, pero la estancia estaba mal iluminada y sólo Lily se dio cuenta.

--Es que
Steven nos tuvo entrenando una hora más --mintió--. Para el partido.

--¿Y no cenasteis? --inquirió Lily.

--No. No nos dio tiempo.

--De modo que James, sin comer desde la mañana, estuvo entrenando dos horas, para luego empaparse de pies a cabeza, quitándose previamente la túnica --resumió Remus--. Qué inconsciente es a veces.

Alice pensó que seguramente también habrían influido otros acontecimientos, y se mordió la lengua. Lo miró y observó sus muecas de dolor y sus convulsiones. Se le encogió el corazón al pensar que ella tenía la culpa.

 

Mientras ellos hablaban, Lily había tomado un vaso y vertido en él un líquido humeante que Remus reconoció como Pimentónica, la poción para tratar síntomas de resfriados o gripe.

--Potter
--susurró Lily colocándole una mano en el hombro--. James. Vamos, tienes que beber esto. --El muchacho abrió los ojos y se irguió un poco--. Sabe a pimienta y pica mucho, pero te curará esa neumonía en unas horas.

Le colocó el vaso en los labios y James bebió. Su rostro se crispó, pero siguió bebiendo hasta acabarlo.

--Redfield, eres una mentirosa --estaba diciendo Sirius--. Steven estaba cenando en el Gran Comedor, yo lo vi.

Lily se volvió hacia los tres chicos.

--¿Os importaría discutir en otro sitio? --les espetó.

Alice, ignorando la pregunta y la mirada suspicaz de Sirius, propuso:

--Sí, vamos a mi habitación. Seguro que Mary y Avril ya habrán logrado deprimir a Pettigrew.

Remus se volvió hacia Lily y preguntó:

--¿Estás segura de que puedes arreglártelas sola?

La chica asintió.

--Perfectamente.

--Está bien --dijo Alice--. Vamos.

--Pero
No nos dejan entrar a los dormitorios femeninos.

--Black, ¿desde cuándo eso te importa?

--Es que no quiere ver a Avril.

--Eh, Remus, eso no es cierto.

--Sí que lo es.

--No lo es.

--¿Os podéis marchar de una maldita vez? --casi gritó Lily.

Los tres chicos salieron rápidamente de la habitación y cerraron la puerta.

--¿Te gusta James? --repitió Peter--. ¿Desde cuándo?

Estaba sentado en la cama, entre las dos jóvenes, que apoyaban la cabeza en sus hombros. Nunca había estado en una situación parecida, siendo el confidente de dos mujeres. Se dio cuenta de que entender a las chicas no era tan difícil, tan sólo hacía falta tener un poco de sensibilidad.

Mary suspiró.

--Desde principios de curso --confesó.

--¿Y por qué no se lo dices?

--Porque
--La chica vaciló--. Él sólo tiene ojos para Lily.

--Sí, Evans le gusta, pero a veces también sale con otras chicas.

Mary sonrió amargamente.

--Ahí quería llegar. Las chicas con las que sale son
guapas. Yo no me puedo comparar con ellas.

Peter se irguió y la miró a los ojos, enfadado.

--No pienses eso. ¿Sabes cuántos chicos darían algo por estar contigo? ¿Sabes lo que daría yo?

Mary parpadeó. Se volvió hacia Avril, pero ésta miraba hacia otro lado, ausente. Fijó sus ojos en Peter de nuevo.

--¿Lo
lo dices en serio?

--Sí --contestó el chico. Notó calor en el rostro y rezó para que la chica no se diera cuenta de que se sonrojaba--. Bueno, yo
Tú me caes muy bien. No me ignoras, como todos. Y creo que eres preciosa.

Mary sonrió ampliamente. Le tomó el rostro entre las manos y depositó un suave beso en los labios del muchacho. Peter Pettigrew, que, a pesar de ser un Merodeador, no era popular como sus amigos porque no jugaba al quidditch como James, no salía con chicas como Sirius, no resultaba enigmático y misterioso como Remus y desde luego no era tan inteligente como ellos, le pareció a Mary en ese momento el mejor de los cuatro.

De repente, la puerta se abrió y entraron Remus, Alice y Sirius, el último. Iban hablando, pero cuando vieron a Peter y Mary enmudecieron y se pararon en seco.

 

--¿Pero qué le pasa a todo el mundo? --casi gritó Alice, sobresaltando a todos--. ¡¿Estamos en celo, o algo así?! ¡Merlín, parecemos animales!

--Redfield, tranquilízate, no es para tanto --replicó Sirius, y miró a los dos muchachos--. ¿Peter y McDonald? Bueno
Cosas más raras se han visto.

Alice suspiró y cerró la puerta. Mientras Sirius y Remus tomaban asiento, Mary y Peter se separaron un metro, como si así pudieran eludir el hecho de que los acababan de pillar besándose.

--¿Qué haces en mi habitación, Black? --inquirió entonces Avril, volviendo por fin a la realidad--. Lárgate

--Redfield me ha invitado --respondió Sirius con una mirada altanera--. Además, tú no has respetado mi intimidad. ¿Por qué tendría que hacerlo yo?

Avril fue a decir algo, pero finalmente se lo pensó mejor y se cruzó de brazos en silencio.

--¿Cómo está James? --preguntó Peter.

--Mejor --contestó Remus--. Aunque no sé si ha sido una buena idea dejarlo solo con Lily.

--Tienes razón --dijo Sirius, preocupado--. ¿Y si Evans lo mata y finge que ha sido un accidente?

Todos se rieron. De pronto, la atmósfera no estaba tan tensa. Avril sonrió levemente, Mary se relajó, las mejillas de Peter recuperaron su color normal y el corazón de Alice dejó de latir alocadamente.

--Estaba hablando en serio --replicó Sirius con el ceño fruncido.

--¿Qué me has dado? --musitó James con la boca abrasada.

--Pimentónica --contestó Lily--. Sí, pica mucho. Pero es buena para la gripe. Ahora te daré la Poción Calmante para que te tranquilices y respires mejor.

--Estoy tranquilo

--Bebe y calla.

James sonrió y obedeció. Cuando tragó todo el líquido, Lily preguntó:

--¿Te sigue doliendo el pecho?

--Menos

--Bien, te voy a echar el Ungüento Amnésico. Sirve sobre todo para moratones, pero alivia cualquier clase de dolor superficial.

James sonrió levemente.

--¿Escuece?

--No. No seas miedica.

Abrió el paquete retirando el papel y untó dos dedos en una pasta solidificada de color azul. Se la aplicó en el pecho y empezó a extendérsela. James cerró los ojos. Lily tocando su cuerpo desnudo
Volvió a la realidad para no seguir fantaseando. Seguía respirando con un poco de dificultad y le ardía la boca, pero tenía la cabeza más despejada.

--Me siento mejor
--murmuró.

--Es la Poción Calmante. Sus efectos son temporales, así que después volverás a tener fiebre.

James miró a Lily fijamente.

--Evans
¿Por qué estás haciendo esto?

La joven se acomodó mejor en su asiento, en la cama a su lado.

--Te desmayaste y yo estaba aquí --contestó.

James asintió.

--Bueno
Gracias de todos modos.

La Poción Calmante estaba haciendo sus efectos. Notaba el cuerpo pesado, las extremidades entumecidas y la respiración más pausada. Cada vez le costaba más pensar con claridad.

--No es necesario que te quedes aquí toda la noche --murmuró, cerrando los ojos.

Lily no se movió. Cerró los frascos y, mientras los colocaba de nuevo en la mesita, se fijó en una marca que James tenía en el cuello. La reconoció al instante: era la huella de un beso, redonda y amoratada, unos centímetros debajo de su oreja. Parecía reciente, y por la mente de Lily se sucedieron pensamientos dispares: dos jugadores llegando tarde de un entrenamiento, los dos mojados, ella abrigada con la túnica de él, acudiendo presurosa a llevarle las pociones y murmurando excusas, él tan alterado que un simple resfriado había evolucionado en neumonía.

 

Lily sacudió a James sin contemplaciones.

--¡Potter! ¡Despierta!

El muchacho abrió los ojos y la miró.

--¿Qué ocurre?

--¿Qué pasó entre Alice y tú?

James parpadeó.

--¿Cómo
?

--Es obvio --cortó la chica con un deje de impaciencia--. ¿La besaste? ¿Te acostaste con ella?

El chico no respondió. Lily parecía realmente enfadada, aunque en realidad no tenía por qué estarlo. No era asunto suyo.

--¿Y bien?

--No me acosté con ella --dijo finalmente.

--Mientes. ¡Se te nota en la cara!

--Evans, puedes pensar lo que quieras --replicó James--, pero tú no tienes derecho a reprocharme nada. Te acostaste con Sirius y has enamorado a Remus. Y ahora, ¿te atreves a acusarme de haber tenido algo con Alice? Para empezar, lo que sucedió no es lo que te imaginas. Y, aunque hubiera algo entre nosotros, eso es asunto nuestro, no tuyo. Así que madura un poco y deja de pensar únicamente en ti misma.

Lily se quedó de piedra. La última frase la había pronunciado ella en más de una ocasión, dirigiéndola a él. Se puso roja de vergüenza, pero James, que había cerrado los ojos para seguir descansando, no lo vio. Tampoco escuchó su voz, porque se había quedado dormido de nuevo:

--Lo siento --susurró la joven, dejándose caer en una silla.



¿Qué os parece? ¿A que se nota que la prosa no fluye? Las expresiones son pobres, las frases están deslavazadas, los diálogos pierden fuerza, los personajes parecen inmóviles... ¿Debería ponerle punto final ya? Quizá sea la señal de que ya va siendo hora de terminarlo. O simplemente que Emendor (mi fan nº 1) se me ha ido y no va a volver en mucho tiempo... ¿Alguien piensa como yo o es sólo impresión mía? ¿Alguien se atreve a proponer algo? Ideas, consejos, amenazas... Jajaja, cualquier cosa para mejorarlo.

Niraye.


Bien, por fin actualizo después de muchos días. Sé que soy una mala persona, pero necesitaba este tiempo para ordenar las ideas ^^ . A partir de ahora no actualizaré tan rápido como al principio, pero os aseguro que no abandonaré la historia, ni pensarlo!! De hecho, sólo me estoy dedicando a ella =)


CuandoRemus, Sirius y Peter entraron a la habitación, encontraron a James durmiendoprofundamente y a Lily sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la camade él. Se levantó cuando los chicos se acercaron. Los miró con expresióndecidida.

--Hay algo urgenteque os tengo que decir. A vosotros dos -señaló a Sirius y Remus--, y a Potter.Como él está dormido, mañana antes de ir a clase pasaré por aquí. Si os vienebien, claro.

Los dosmuchachos le contestaron que no habría problema. Lily asintió y caminó hacia lapuerta.

--Porcierto, ¿cómo está James? --inquirió Remus.

--Lo que tienees neumonía --respondió ella--. Gracias a la Poción Pimentónica se curará pronto,pero convendría que no se levantara de la cama hasta que se le pase del todo. Losefectos de la Poción Calmante se esfumarán en unas horas y le subirá la fiebre,pero es algo normal. Sin embargo, lo que sí es importante es conseguir unungüento para mejorar la respiración. Yo no lo tengo, así que debería ir a laenfermería.

 

--Dudo quequiera
--replicó Remus--. Pero lo intentaremos.

--Bien --respondióla chica. Miró a Remus, vacilante, y pareció que le iba a decir algo, perofinalmente se dio la vuelta--. Hasta mañana.

Cerró lapuerta tras ella y la habitación quedó en silencio. Sirius se volvió haciaRemus y Peter.

--Lo quepasó con Lily

--Ya losabemos --cortó Remus con una sonrisa amable.

--Unmomento, ¡yo no! --protestó Peter mirándolos alternativamente a ambos.

--Comieronbombones rellenos de filtro amoroso -contestó Remus, y Sirius asintió con unsuspiro de alivio.

"Pero yo no,y aun así la besé", pensó Remus mientras se desvestía. Sintió en el pecho elretortijón del remordimiento. ¿Cómo había podido hacerle eso a James? ¿Cómopodía haber sido tan ruin? Al día siguiente todo se aclararía y volvería a lanormalidad.

Cuando seestaba metiendo por la cabeza la camiseta vieja con la que dormía, sus dedosrozaron una herida del hombro que se había hecho la pasada luna llena. El levedolor le hizo recordar esa noche, su descuido, su lenta y agonizantetransformación, sus gritos
Se asombró de que nadie hubiera oído los ruidos yse preguntó si sus amigos habrían insonorizado la habitación, aunque él no lorecordaba. Miró a Sirius para solucionar su duda, pero la escena que vio lehizo cambiar de idea. Sirius se había metido en la cama de James, como antes deque se enfadaran, y lo mecía entre sus brazos, acallando con palabrastranquilizadoras sus temblores y quejidos. James reconoció en sueños la voz desu amigo, sintió en la piel su contacto y su fresca respiración sobre su pelo yse tranquilizó por completo. Remus y Peter se miraron y sonrieron. Cada uno semetió en su cama y apagaron con una sacudida de varita las velas encendidas.


James abriólos ojos con el amanecer. Recordaba vagamente lo que había sucedido la nocheanterior. En su mente, los acontecimientos se mezclaban y se confundían unoscon otros, los veía como a través de la neblina. Tardó un rato en ordenar suspensamientos y, cuando lo hizo, se acordó de la lluvia y el cuerpo de Alicesobre él; de la necesidad de Sirius de explicarle lo que había ocurrido conLily; de Lily y Remus, hablando en el dormitorio; de la conversación con Remusla noche de la borrachera y lo que su amigo había confesado; de su agotamientoy frío súbito, de la sensación de que sus piernas no lo sostenían, de que caía
Después recordó el rostro de Lily junto a él y fragmentos de su conversación. Y,luego, el cuerpo de Sirius, su hermano, a su lado, reconfortándolo

Todavíaestaba ahí. Aunque tenía los ojos cerrados, James sentía los brazos de Siriussosteniéndolo y los latidos de su corazón. En ese momento, comprendió que suamigo no se había acostado voluntariamente con Lily. Por fuerza, algo exteriora ellos tenía que haber ocurrido, aunque no supiera qué. No tuvo ninguna duda,supo que podía confiar en él porque Sirius jamás lo traicionaría. Se abrazó mása él y deseó quedarse siempre así, refugiado en los brazos de su mejor amigo.

 

--James--escuchó decir a Sirius.

--Qué--respondió él en un susurro.

--¿Puedoexplicarte ahora lo que ocurrió?

James nocontestó enseguida. No quería volver a recordar ese momento, pero comprendióque su amigo necesitaba aclararlo todo.

--Sí.

Siriuscomenzó a hablar. Le contó que, mientras él estaba entrenando, Avril le confesóque había rellenado unos bombones de filtro amoroso y que se los había dejadoen la puerta. Luego pasó a la escena con Lily, habló de que él los estabacomiendo cuando ella entró, que la invitó a uno y que después los dos perdieronel control. James escuchaba todo sin decir nada, sin moverse, comprendiendo loque en el fondo siempre había sabido: que Sirius nunca lo traicionaría de esaforma, porque es un buen amigo.

Entonces,bruscamente, James se separó de él y se irguió en la cama, sobresaltando aSirius.

--Moony --dijoen voz lo suficientemente alta como para que Peter y el interpelado abrieranlos ojos y lo miraran--. Hay algo de lo que tengo que hablar contigo.

El muchacho sehallaba pálido y tenía ojeras, y su pelo estaba húmedo por el sudor, peroparecía decidido. El corazón de Remus latía violentamente. Creía saber de loque James iba a hablar, y no se sentía con las suficientes fuerzas paraescucharlo. Sin embargo, se equivocó, porque lo que su amigo dijo lo sorprendiócompletamente:

--Quiero quesepas que yo no me voy a oponer a que haya algo entre Lily y tú. --Miró a Remus,quien abrió los ojos con sorpresa--. No tiene nada que ver conmigo y no tenéispor qué ocultarlo. Si tú la quieres, Moony, y ella te corresponde, entonces nohay más que hablar.

James sintióque el nudo que sentía en la garganta se aflojaba un poco. Al mismo tiempo,tuvo ganas de gritar, de llorar, de destrozar la habitación. Sólo esperaba queRemus y Lily llevaran su relación de forma discreta y que no tuviera que estarviéndolos juntos continuamente. Pero, aunque le dolía más de lo que nuncahubiera pensado, no se arrepentía de su decisión: Remus se merecía ser feliz yno iba a ser él quien evitara que llevase adelante una relación. Los amigosestaban por encima de todo, ¿no?

--Muchasgracias, James --replicó Lupin con los ojos brillantes--, pero de momento nopretendo tener nada con Lily.

Todos lospresentes se quedaron atónitos. James parpadeó.

--Pero
¿porqué no?

Remusrespiró hondo.

--Ella megusta, pero a ti te gusta más --explicó.

--No, Moony,yo no quiero que por mi culpa

--James,escucha --empezó Remus. Apartó las sábanas, se levantó y se sentó en la cama desu amigo, donde también estaba Sirius, observando la escena en silencio--. Lohe pensado mucho, créeme. Y creo que lo nuestro no funcionaría.

--No digastonterías

--No, habloen serio. Somos muy buenos amigos, tanto que como pareja no duraríamos nada. Novoy a negar que siento algo muy especial por ella, pero no quiero perder esaamistad
ni la nuestra. No, James. No saldré con Lily, y menos sin darle unaoportunidad para que te conozca.

Jamessonrió. Quiso decirle que no podía ser mejor amigo, quiso abrazarlo y pelearcon él en el suelo, como todas las mañanas, pero no pudo hacerlo porque en esemomento la puerta se abrió e hizo su aparición la persona menos oportuna en esemomento. Lily Evans vaciló cuando vio a Peter con cara de sueño, a Remus enpijama y a Sirius y James metidos en la cama de éste.

 

--Eh
¿Puedopasar?

--Sí --contestaronJames y Remus a la vez con una sonrisa.

Lily entró ycerró la puerta tras ella. Mientras se aproximaba a la cama de James, notó quehabía algo diferente en la atmósfera. James parecía completamente curado y elrostro de Remus reflejaba alegría y alivio. La chica se encogió de hombros ypensó que nunca entendería a los Merodeadores.

--¿Qué talla noche? --le preguntó a James poniéndole la mano en la frente--. Ya no tienesfiebre. ¿Respiras bien?

--Sí, me encuentroperfectamente --respondió el muchacho con una sonrisa--. ¿Crees que me hecurado?

Lily alzólas cejas.

--Admito quepensé que tardarías más, pero es posible. La Poción Pimentónica es muyefectiva. Aun así
--esbozó una sonrisa--, creo que lo que tenías ayer no eraneumonía.

--¿Ah, no? --sesorprendió él.

--A veces
elsistema nervioso puede provocar que un simple resfriado empeore.

Jamescomprendió y asintió. Se recostó contra la cabecera de la cama y suspiró.

--¿Hashablado con Alice? --preguntó.

Lily desvióla mirada.

--No. No esasunto mío.

Sirius,Remus y Peter asistían a la conversación en silencio. No se atrevían ainterrumpirlos, pero intentaban darle un sentido a lo que estaban hablando.

--Pero es tuamiga --replicó James--. Entiendo que te preocuparas por ella.

Lily fijó enél la mirada de sus ojos verdes.

--Aun así,no tengo derecho a meterme en vuestra vida. Lo que pasó

--No pasónada --la cortó el chico--. Ella y Frank
No quiero entrometerme en másrelaciones.

Sirius no pudoquedarse callado por más tiempo:

--¡¿Alice ytú?! --gritó mirándolo de hito en hito--. ¡Ya me parecía a mí que habíaistardado demasiado en volver del entrenamiento!

--Padfoot
--dijoJames con una sonrisa. Miró a los demás--. De verdad, creedme. No pasó nada.

--Está bien --replicóLily sin insistir--. No he venido a exigir explicaciones, al contrario. Hevenido a disculparme. --Respiró hondo y, resuelta, se apartó el pelo de la cara--.Quiero disculparme por todo lo que ha pasado. Quiero pedirle perdón a Siriuspor haberle echado la culpa de algo con lo que él no había tenido nada que ver.Quiero pedirle perdón a Remus por haber
hecho un lío con nuestra relación; nisiquiera yo sabía lo que quería. Quiero pedirle perdón a James por haberleexigido explicaciones acerca de lo que había tenido con Alice cuando yo estabajugando con los sentimientos de sus amigos
y con los de él. Y también quieropedirle perdón a Peter, --se volvió hacia él--, por haberle despertado.

Sonrió nerviosamentey se levantó. Cogió las pociones de la mesita de James y caminó hacia la puerta.Apoyó una mano en el pomo y se volvió una vez más.

--Sientomucho haberos causado tantos problemas, no era mi intención
Bien, pues
Eraeso solamente. Me alegro de que te hayas curado, Potter.

Abrió lapuerta y, después de dedicarles una última sonrisa, se marchó. Los Merodeadorespermanecieron en silencio durante unos segundos, asimilando las palabras quenunca habrían creído que oirían de boca de Lily Evans.

 

Sirius fueel primero en despertar del trance.

--Oye, enserio --dijo mirando a James--, ¿qué pasó entre Alice y tú?

Su amigosonrió, pero no contestó. Se levantó y decidió ir a darse una ducha de aguafría para acudir a clase completamente despejado.

Esa jornadaresultó tensa y repleta de situaciones violentas para todos. Sirius se sentía incómodoen presencia de Avril, y viceversa; James con Alice, y viceversa; Peter conMary, y Lily con los Merodeadores. Las clases de la mañana y el banquete en elGran Comedor estuvieron plagados de miradas huidizas, sonrisas fugaces y gestosde disimulo. El único que se sentía cómodo era Remus Lupin. Ese día parecíamenos cansado que de costumbre, hablaba por los codos y brindaba espléndidassonrisas a todo el mundo.

No sucedíalo mismo con Frank Longbottom, quien parecía que tampoco se había librado de laola de nerviosismo que había afectado a los dos grupos. La razón era que leestaba dando vueltas a un asunto que venía rondándole por la cabeza desde hacíaun tiempo. En ese momento, se lo estaba contando a Oliver McDonald, un chico depelo negro y rizo, hermano de Mary y su mejor amigo, que no obstante pertenecíaa Ravenclaw. Su preocupación no tenía nada que ver con amores, tema que parecíaser el dominante en esos días.

--Tendrías quehaberlo oído --dijo Frank--. De verdad, no sé qué era, pero daba la impresiónde que los Merodeadores habían metido un animal salvaje en la habitación.

Oliver nopudo evitar reírse.

--Estaríassoñando, Franky.

--No, tejuro que lo oí. Mis compañeros ya se habían dormido, pero yo me desperté. Oíclaramente rugidos, gruñidos y ruidos de golpes y desgarrones.

--Quizáalguno estaba con alguna chica --sugirió Oliver sin dejar de reírse.

--¡A mí nome hace gracia, Oliver! --replicó ofendido--. Me gustaría saber qué ocurrió esanoche

--¿Y por quéno se lo preguntaste?

--Porque
--Frank sacudió la cabeza--. ¿Qué les iba a decir, "qué fueron esos rugidos queoí anoche"?

Su amigo seencogió de hombros.

--Porejemplo. Desde luego, yo no me hubiera quedado con la duda.

Frank lomiró pensativo.

--¿Crees quedebería preguntárselo?

--Sí --asintióOliver.

--Está bien.Lo haré cuando los vea.

AvrilStevenson entró elegantemente a la biblioteca y caminó entre las mesas, con sumelena rubia ondeando tras ella, lo que provocó que las miradas de los alumnosque estaban allí se desprendieran de los libros y pergaminos y se posaran en susgráciles movimientos. Sirius Black sabía que no podía resistirse a ella cuandocaminaba así, por lo que mantuvo la cabeza gacha y se concentró en losingredientes de la Poción Agudizadora de Ingenio. Los repitió en un susurro: "escarabajos machacados, bilis de armadillo,raíz de jengibre cortada". Sintió la mirada de Avril sobre él. "Escarabajosmachacados, bilis de armadillo
". Vio por el rabillo del ojo que la chicacaminaba hacia donde él estaba sentado. "Escarabajos de jengibre cortados, raízde bilis
No, no, bilis de armadillo machacado
".

--Hola, Sirius.

El joven no tuvo másremedio que levantar la cabeza y alzar la mirada hacia ella.

--Hola, Avril.

No quería hablar conella. Hubiera dado cualquier cosa por estar en el lugar de los chicos que lomiraban con envidia.

 

--¿Puedo hablar unmomento contigo?

"No", pensó Sirius.

--Sí --respondió.

Vio cómo sus amigos lelanzaban miradas de ánimo. Les informó escuetamente de que volvería en unsantiamén y caminó detrás de Avril para salir de la biblioteca. Una vez en elexterior, Avril se dio la vuelta y respiró hondo. Abrió la boca e hizo variosintentos de decir algo, pero no lo consiguió. Empezó a acariciarse un mechón depelo y por fin habló:

--Quería pedirte perdónpor lo de los bombones -dijo muy rápido y casi sin mirarlo--. Fue una estupidezy reveló mi falta de madurez. Lo siento mucho. No volveré a hacer nadaparecido.

Se dio la vuelta yempezó a alejarse por el pasillo. Sirius reaccionó por fin y echó a correr trasella.

--¡Eh, espera! -le dijoagarrándola por un brazo y obligándola a detenerse--. ¿Eso es todo?

Avril se soltó con unbufido.

--¿Qué quieres, que mearrodille ante ti y suplique clemencia?

Sirius sacudió lacabeza, confuso.

--No, me refiero a
anuestra relación.

Avril fijó en él susojos color gris perla, tan parecidos a los de él.

--¿Qué relación, Sirius?

El muchacho parpadeó. Siantes no había querido estar con ella, en ese momento se sentía incapaz dedejarla marchar. No estaba seguro de si era su enervante necesidad de tener unamujer a su lado, pero sospechaba que no. No echaba de menos a cualquier mujer,echaba de menos a Avril. Añoraba su pelo, sus ojos, su boca, sus dientesalineados, las arrugas que se le formaban en las mejillas cuando reía, la curvade su vientre, la delicada piel de sus piernas

Sirius no contestó. Lahaló hacia sí y la besó como jamás había besado a ninguna mujer. Avril jadeó eintentó apartarse, pero el beso de ese muchacho despertaba sensacionesdemasiado conocidas y recuerdos demasiado felices como para poder resistirse.

--¿Creéis que se habránreconciliado? --preguntó Peter mirando hacia el lugar por el que se habíanmarchado.

--Yo pienso que sí --respondióRemus.

--Es Padfoot, claro quelo hará --dijo James con una sonrisa--. Por cierto, Pete
¿Qué hay entre MaryMcDonald y tú?

El muchacho se puso rojode vergüenza.

--Bueno
Ayer estuvimoshablando y

--¿Y qué? --inquirió Remus.

--Nos besamos.

Sus dos amigos lanzaronun grito de júbilo, por el que se ganaron una mirada incendiaria de la señoraPince [N. de la A.: Sí, ya estaba poresta época, era mayor en la de Harry, no?].

--Vaya, y parecía tontocuando lo compramos --comentó Remus, y James se rió alegremente.

--Lo celebraremossaliendo esta noche --dijo--. Como en los viejos tiempos merodeadores.

--Estoy de acuerdo --asintióRemus--. Por cierto, Prongs
Frank Longbottom a las tres.

James se puso rígido ymiró al joven que se acercaba a ellos con expresión impenetrable.

--Oh, no
--musitó--. Sabíaque llegaría este momento

--Bueno, pero entreAlice y tú no hay nada, ¿no? --dijo Remus.

--No, pero pudo haberlo.

--¿Algún día noscontarás qué ocurrió, Prongs? --se quejó Peter.

Pero James no pudocontestar, porque Frank ya se encontraba a su lado.

--Hola --los saludóamablemente--. Me preguntaba si podría hablar con

--Sí, por supuesto --locortó James antes de que terminara la frase. Se levantó--. Vamos fuera, ¿no?

 

A Frank le agradó que elmuchacho se mostrara tan entusiasmado por hablar con él, pero se preguntó porqué acudía él solo. Se encogió de hombros y decidió salir con él de labiblioteca. Quizá James ya supiera de qué iba a hablar y prefería que quedaraentre ellos dos. De eso debía de tratarse, porque cuando se encontraron a salvode miradas ajenas, James dijo con gravedad:

--Ya sé de qué quiereshablar.

Frank asintió con unasonrisa y decidió darle la palabra a él.



Espero que el capítulo os haya gustado y haya cumplido vuestras expectativas ^^ Por lo demás, ya sabéis lo que tenéis que hacer: DEJAR COMENTARIOS!!! Acepto críticas de todo tipo, incluso amenazas =D Besos y gracias por leer.

Niraye.

¡¡¡Por fin actualizo!!! Sé que he tardado muchísimo. Por favor, no me abandonéis, u.u Jaja, es que no encontraba un momento para ponerme a escribir, de verdad.

Os informo de algo importante: DEBÉIS LEER EL PRINCIPIO DEL CAPÍTULO ANTERIOR. Resulta que me comí la primera página sin darme cuenta. No es importante, pero explica por qué James se despierta abrazado a Sirius y cómo Lily se marcha de la habitación. ¿No os daba la sensación de que faltaba algo?

Bien, por fin el... undécimo capítulo (completo), que empieza donde acabó el último: James a punto de meter la pata.



--Te debo una disculpa --dijoJames.

Parecía muy afligido, yFrank frunció el ceño.

--¿Una disculpa?

--Sí. Eso no se le hacea nadie.

--Bueno, tampoco es paratanto --replicó Frank.

--No, sí lo es. De verdadque no era mi intención

--James, en serio, no tepreocupes --cortó el muchacho sonriendo--. Sólo me causó
un poco de insomnio,nada más.

--Ya.

--En realidad sóloquería
una explicación.

--¿Una explicación? --repitióel chico.

--Sí, ya sabes
Sobre loque pasó. --Sonrió--. La verdad es que siento bastante curiosidad.

James parpadeó y asintiólentamente.

--De acuerdo. --Respiróhondo--. Bien, pues
Lo que sucedió
es bastante complejo. Ni siquiera yo estoymuy seguro de lo que me pasó por la cabeza en ese momento.

--Bien, pero
¿quién
?

--Fui yo.

--¿Tú?

--Sí, yo tengo la culpa.

--Pero ¿cómo es posibleque tú
?

--No quería hacerlo.Bueno, sí, pero
No sé lo que me pasó. Creo que fue la lluvia.

--¿La lluvia? --repitióFrank sin comprender.

--Sí. La lluvia mealtera, ¿sabes? Me vuelve
salvaje.

Frank abrió mucho losojos.

--¿En serio? Vaya
--dijoFrank sacudiendo la cabeza, atónito--. Pero sigo sin creerme que fueras túquien

--Tienes que hacerlo. Yofui el causante, nadie más. No me gustaría que le echaras la culpa a ella.

Frank parpadeó.

--¿Ella?

--Sí. A Alice.

El muchacho lo miróperdido.

--¿Alice? ¿Qué
? ¿Quétiene que ver Alice con todo esto?

James parpadeó.

--¿Cómo que qué tieneque
? Claro que Alice tiene que ver, Frank

 

--¿En serio? Pero
pero¿por qué?

--¿Cómo que por qué?¡Fue a ella a quien besé!

Frank abrió la boca ysus ojos mostraron sorpresa.

--¿Besaste a Alice?

James lo mirólargamente, preguntándose si estaba hablando en serio.

--Esta conversación hadejado de tener sentido para mí --dijo.

Frank parpadeó.

--Pero
Alice
¿Alice ytú?

--¡Sí! ¿De qué estabashablando si no?

--¡¿De qué estabashablando tú?!

James no supo si reír ollorar.

--A ver. ¿No sabías queAlice y yo nos habíamos besado?

El rostro de Frank erauna máscara de incredulidad.

--¡No! ¿Cuándo
y cómo
?

James suspiró y apoyó laespalda contra la pared.

--Ayer, en losvestuarios, después del entrenamiento. Nos quedamos solos y
empezamos ahablar

--¿Y os besasteis?

--Yo la besé a ella.

--Y ella se dejó.

El muchacho asintióapartándose el pelo de la frente.

--¿Hicisteis algo más?--inquirió Frank cruzándose de brazos.

James decidió sincerarsepor completo.

--Empezamos. Pero
nosdetuvimos. --Lo miró para ver su reacción, pero el muchacho simplemente asintiócon gravedad--. Lo siento mucho, Frank. Siento que hayas tenido que enterarteasí. Si Alice no te lo contó
es porque no tiene importancia, ¿entiendes? Nohay nada entre nosotros. Habíamos estado entrenando y nos encontrábamosalterados. Además, ambos nos sentíamos solos en aquel momento.

--Entiendo.

--Si quieres unconsejo
, no la dejes escapar. Pídele salir de una vez, porque ella lo estádeseando.

El enfado de Frankdesapareció como por encanto. Sonrió levemente.

--¿Te lo dijo ella?

James asintió y suspiróde nuevo.

--Ahora, ¿vas a decirmede qué estabas hablando tú?

Frank pareció volver ala realidad de golpe.

--Ah, sí
Sí, no tieneimportancia. Es sólo que la otra noche me pareció escuchar ruidos extraños envuestra habitación.

--¿Ah, sí?

--Sí.

--¿Qué clase de
ruidos?

--Bueno
Golpes muyfuertes e incluso
rugidos.

James se olvidó derespirar durante un momento.

--¿En serio? --replicófingiendo sorpresa--. ¿En nuestra habitación?

Frank vaciló.

--Quizá me equivocara

--Sí, es posible --mintióJames--. La verdad es que no se me ocurre qué pudo ser. A veces Sirius trae aalguna chica a la habitación y hacen bastante ruido, pero tanto como rugidos

Frank se rióalegremente.

--No, no parecía unapareja. Más bien daba la sensación de un animal malherido

--Quizá estabas soñando--propuso James.

--Sí, Oliver también melo sugirió. En fin, asunto solucionado.

James sonrió.

--Sí
Me alegro de quese haya aclarado este malentendido. Y, otra vez, lo siento por lo de Alice.Pero espero que luches por ella. Ahora quizá
deberías lanzarme una maldición opegarme.

Frank soltó unacarcajada.

--Me lo pensaré. Graciaspor el consejo, de todos modos.

--De nada.

Frank le dio una palmadaamistosa en un hombro y, tras despedirse de él con un gesto, echó a andar porel pasillo y se perdió de vista. James se dejó resbalar por la pared hasta elsuelo y hundió la cabeza entre las rodillas. Ahora, por su culpa, Frank sabíaalgo que Alice había preferido no contarle. Y, por si eso fuera poco, la nochede luna llena no habían insonorizado la habitación y se había escuchado todo. Semaldijo a sí mismo por ser tan insensato.

 

Sirius Black no cabía ensí de felicidad. Caminaba solo por los pasillos, levantando cuando pasaba murmullosentre los grupos de chicas. Sin embargo, por primera vez no era consciente deesto, porque en su mente seguía vivo el recuerdo de Avril, del brillo de susojos cuando se habían despedido en la Sala Común. Nunca había sentido algo asípor ninguna otra, ni siquiera por Elizabeth Byron, la chica de Ravenclaw queostentaba el título de Miss Hogwarts (otorgado por el propio Sirius y aceptadopor el resto) con la que había salido en dos ocasiones.

El muchacho estabaconvencido de que nada podía enturbiar esa felicidad. Sin embargo, seequivocaba. Se dirigía con rapidez hacia la estatua de la bruja tuerta, dispuestoa ir a Hogsmeade a comprar comida y bebida para celebrarlo con sus amigos en eldormitorio, cuando alguien le salió al paso. Tenía el pelo negro y los ojosgrises como Sirius, pero era más bajo y delgado y vestía la túnica deSlytherin.

--Reg --dijo Siriusdeteniéndose y mirándolo--. ¿Qué pasa?

Lo dijo con frialdad,pero en su mirada se leyó la contrariedad que le producía el encuentro con suhermano.

--Te he estado buscando --replicóRegulus.

Estaba más delgado de lohabitual y pálido y ojeroso. Sirius se sorprendió de verlo en ese estado y sepreocupó interiormente, pero no lo dejó traslucir.

--Bien, pues ya me hasencontrado --replicó--. ¿Ocurre algo?

Regulus dio un pasohacia él y respiró hondo, vacilante. Parecía estar luchando por abrir la boca ydecir algo, pero durante unos segundos permaneció callado. Luego habló con unavoz muy débil:

--He pensado que debíassaberlo. Madre está enferma.

El rostro de Sirius secontrajo en una mueca de incredulidad.

--¿Cómo has dicho?

Regulus no contestó. Bajóla vista y la mantuvo fija en el suelo. Sus hombros temblaron levemente, y Siriuslo notó. No hizo nada por consolarlo, sin embargo.

--¿Cómo de enferma? --inquirió.

--No sé
Padre me lo comunicópor la chimenea esta mañana. Dice que tiene muchos dolores y que apenas puederespirar. La ingresaron en San Mungo inmediatamente.

Sirius desvió la vista.Su madre, enferma
Costaba imaginar a la recia y enérgica Walburga Blackpostrada en una cama.

--¿Se va a poner bien? --preguntó.

--No lo sé, pero
Padreme ha dicho que
que es probable que

Entonces, Regulus hizoalgo que aumentó la incredulidad de su hermano: se echó a llorar. Sirius podíacontar con los dedos de la mano las veces que había visto llorar a Regulus, ydesde luego siempre había habido una razón de peso: una caída dolorosa o unaviolenta discusión entre ellos dos. Además, parecía que el muchacho tenía unsuministro de lágrimas que se agotaba rápidamente, porque sólo dejaba salir unao dos.

En aquel momento, sinembargo, Regulus lloraba desconsoladamente, temblando, tapándose el rostro conlas manos y respirando entrecortadamente por las convulsiones. Sirius no pudoevitarlo; traspasó la muralla que los separaba desde hacía años y lo envolvióen un abrazo fraternal. Con su hermano apretándolo con fuerza, Regulus pareciócalmarse. Dejó de temblar, pero continuó sollozando en silencio.

 

--Potter --dijo una vozque James conocía muy bien.

Cuando levantó la cabezay vio la inconfundible figura de Severus Snape caminando hacia él, pensó quelas cosas siempre podían ir a peor. El muchacho avanzaba con prisa hacia labiblioteca, pero se detuvo a su altura. Sus cortinas de pelo negro, un poco máslimpio que de costumbre, sin embargo, se balancearon a ambos lados de surostro.

--¿Qué quieres, Quejicus? --le espetó echándole unamirada furibunda.

Snape esbozó una mediasonrisa.

--Simplemente mepreguntaba qué puede haberle sucedido al gran Potter para estar sentado en unpasillo, solo. Dime, ¿tus amiguitos se han enfadado contigo? ¿O es que algunachica ha abandonado tu club de fans?

James sonrió, demasiadocansado como para enfadarse. Se levantó y se cruzó de brazos.

--No, todas siguen ahí,al pie del cañón --respondió con expresión arrogante.

Snape lo miró condesprecio.

--Me alegro por ti--respondió irónicamente--. Ahora, si me disculpas, algunos tenemos cosas quehacer.

James asintió.

--Claro. No teentretengo más. Ya puedes ir a practicar tus artes oscuras.

Snape se rió.

--Y tú ya puedes ir aentrenar para tu próximo partido de quidditch.No querrás perder contra Slytherin, ¿no?

--No voy a dejar que esopase --respondió intentando mostrar seguridad en sí mismo.

--Qué patético que tumayor aspiración en la vida sea ganar una estúpida copa.

James sonrió y se acercómás a él. Medían más o menos lo mismo.

--Qué patético que tumayor aspiración en la vida sea servir a Lord Voldemort.

La piel cetrina de Snapeadquirió un tono rosado.

--No hables de lo que nocomprendes, Potter --replicó mirándolo con furia--. ¿Tan valiente te crees queno temes pronunciar su nombre?

--Ten cuidado, Quejicus. Cuando salgas de Hogwarts novas a tener profesores que te protejan y pasen por alto tus extravagancias. Dime,¿has inventado algún hechizo nuevo?

--Sí, ¿quieres verlo?

--Estoy deseándolo.

--De acuerdo. Ya que hoyno estás rodeado de tus habituales guardaespaldas
--replicó Snape con una sonrisa. En unamilésima de segundo, sacó la varita del bolsillo y gritó--: ¡Levicorpus!

James tropezó y se alzó súbitamenteen el aire, para finalmente quedar suspendido bocabajo en él. La túnica se leresbaló de los hombros y aterrizó en el suelo. A pesar de la incómoda postura,el muchacho se rió.

--¿Levicorpus? --repitió con la voz ahogada--. Permíteme que tedesengañe, pero se trata de un hechizo muy conocido, Quejicus

Snape sonrió y alzó denuevo la varita, pero esta vez James estaba preparado. Sacó la suya y le apuntócon ella.

--¡Expelliarmus! --La varita salió volando de la mano de sucontrincante y cayó al suelo, fuera de su alcance--. ¡Tarantallegra!

Los pies de Snapecomenzaron a moverse en contra de su voluntad. El chico cayó al suelo, pero suspiernas continuaron agitándose sin control, bailando una danza interminable.James soltó una carcajada.

--Hoy no tienes a Mulcibero Avery para esconderte tras ellos
, ni a Evans para protegerte. ¿Qué vas a hacerahora, Quejiquis?

 

--¿Estás seguro? --replicóuna voz aguda--. ¡Expelliarmus!

La varita de James saltóde su mano y rebotó contra el suelo de piedra. Por un instante, el muchachopensó que Lily había venido a detener la pelea, pero cuando giró la cabezacomprobó que no se trataba de ella. Dos figuras, una alta y otra baja,caminaban hacia ellos por el pasillo. Avery rió por lo bajo y Mulciber apuntó aSnape con su varita.

--Finite incantatem --dijo, y las piernas del chico dejaron desacudirse al instante--. ¿Algún problema, Sev?

El joven ya se habíalevantado y recuperado su propia varita. Aunque lo veía del revés, James pudoapreciar la expresión de oscuro placer en su rostro.

--¿Qué vas a hacer túahora, Potter?

Remus miró por enésimavez hacia el lugar por el que Frank y James se habían marchado, y frunció elceño.

--¿Adónde se han ido ahablar, a China? --dijo.

Peter se encogió dehombros.

--A lo mejor se olvidó de que había dejado aquí sus cosas y se fue.

--Pues si cree que selas voy a recoger, va listo --replicó Remus.

En ese momento oyeron ungrito proveniente de una de las salidas de la biblioteca, la misma por la queFrank y James habían salido. Peter miró a Remus.

--¿Has oído eso?

--Sí --asintió Lupinentrecerrando los ojos--. De todas maneras, no era la voz de Prongs.

Peter volvió aconcentrarse en su redacción, pero Remus se quedó pensativo.

Mulciber hizo ademán deadelantarse, pero Snape lo detuvo con el brazo.

--No necesito ayuda --dijo,y lo apuntó con la varita--. ¡Rictusempra!

James comenzó aretorcerse en el aire y soltó una carcajada. No era dolor lo que sentía, sinounas insoportables cosquillas, como si miles de insectos corretearan por supiel. No le gustaba, pero no podía dejar de reírse.

--Liberacorpus --replicó Snape casi aburrido, y James cayóviolentamente al suelo, donde siguió retorciéndose de la risa.

--¿Por qué no nos dejasdarle su merecido? --interrumpió Mulciber cruzado de brazos.

--¡Sí, darle sumerecido! --repitió Avery retorciéndose las manos.

Snape puso los ojos enblanco y se volvió hacia ellos.

--¿Qué vais a hacer,pegarle? Qué vulgar
Hay formas más sutiles de molestar a alguien.

Entretanto, James habíaconseguido arrastrarse unos palmos hacia su varita, pero Snape no le permitió alcanzarla.

--¡Relaskio! --gritó, y el muchacho salió despedido por una fuerzainvisible y chocó contra una armadura, que se tambaleó peligrosamente sinllegar a caerse.

Se hizo daño en laespalda y un brazo, pero continuó riéndose hasta que Snape pronunció elcontrahechizo. James quedó bocarriba sobre el frío suelo, respirandoentrecortadamente para recuperar la calma. Tres cabezas entraron en su campo devisión y se inclinaron sobre él.

--¿Te ha gustado,Potter? --sonrió Snape--. ¿Cómo te sientes al sufrir en carne propia tusbromitas?

James vio por el rabillodel ojo la varita de Avery entre los pliegues de la túnica. Se acercó un pocomás a él fingiendo que se erguía para buscar una postura más cómoda.

--Pobre Quejicus --dijo sarcásticamente--. Ahoracomprendo lo mucho que has tenido que sufrir

--Cállate --lo cortóSnape con furia--. Esto no ha hecho nada más que empezar.

 

Alzó su varita, peroJames ya había alargado la mano y atrapaba rápidamente la de Avery, quienmanoteó en el aire intentando recuperarla.

--¡Oppugno! --gritó James apuntando hacia la armadura sobre él.

Ésta saltó de su pedestaly se abalanzó sobre Snape, quien cayó al suelo aplastado por una mole de metalque se desbarató con el choque. Mulciber dudó entre ir a ayudar a Snape oenfrentarse a James, que ya había reducido a Avery con un embrujo zancadilla.Finalmente se decidió por lo segundo y se subió las mangas de la camisa,dispuesto a acabar esa pelea a su manera.Tomó al muchacho de la túnica y levantó el puño.

--¡Petrificus totalus! --gritó una voz tras él.

Mulciber soltó a Jamescuando los brazos se le pegaron a los costados. Su cuerpo se puso rígido y cayóhacia atrás tan tieso como una tabla y sin posibilidad de moverse. James,tirado en el suelo, observó cómo Avery pasaba a su lado como una flecha y seperdía de vista, dejando a sus amigos atrás. Alzó la cabeza y se topó con unosojos color miel que lo miraban con reproche.

--Moony --suspiró Jamescon una sonrisa--. Ya tardabas en aparecer.

Remus le tendió una manopara ayudarle a levantarse.

--¿No puedo dejarte soloni un minuto? --Miró a su alrededor--. ¿Dónde está Frank?

--Se fue justo antes deque Snape llegara.

--¿Snape? --repitióLupin.

--Sí. Está ahí.

James apuntó al montónde chatarra con la varita de Avery.

--Wingardium leviosa --dijo, y las cáscaras de la armadura selevantaron en el aire.

Snape estaba debajo,sacudiendo la cabeza para despejarse.

--¡¿Le tiraste unaarmadura encima?! --se escandalizó Remus.

--¡Él me tuvo bocabajoen el aire durante cinco minutos! --se defendió James apuntando con un dedoacusador a Snape, quien trataba de ponerse en pie--. ¡Y luego me torturó concosquillas!

Remus movió la cabeza.Despetrificó a Mulciber y se dio la vuelta.

--Vámonos antes de quetomen represalias.

James dejó la varita deAvery en el suelo y recuperó la suya. Siguió a Remus de vuelta a la biblioteca.Después de que el muchacho les explicara a sus dos amigos lo que había sucedidoy la señora Pince les ordenara dos veces que bajaran la voz, Remus suspiró yvolvió a concentrarse en su libro.

--No tenéis remedio --suspiró.

--Por cierto, Moony --dijoJames adoptando una expresión de cautela--, Frank no quería hablar de Alice. Alfinal lo acabamos haciendo, pero
--Remus alzó las cejas--, ésa no es lacuestión. Resulta que la noche de luna llena, Frank nos oyó.

El rostro de Lupinperdió el escaso color que tenía.

--¿Nos
oyó?

--Sí. Dijo que lepareció que había un animal en nuestra habitación.

--Oh
--musitó Remus--.Pero y tú

¿qué le contestaste?

--¿Yo? Que eras unlicántropo --contestó James con naturalidad.

Remus esbozó unasonrisa. Peter, sin embargo, no captó el chiste.

--¿En serio se lodijiste, Prongs?

Tanto James como Remusse volvieron hacia él con exasperación, y Peter se sonrojó.

Ninguno de los tres sedio cuenta de que una muchacha de Slytherin sentada en la mesa contigua habíaescuchado su conversación.

 



Ahora, me gustaría formularos una pregunta importante: ¿qué Merodeador es vuestro favorito? Supongo que Sirius ganará con mucho, pero aun así me interesa saberlo con exactitud. Por mi parte, os digo lo que ya habréis supuesto: mi personaje favorito es, y siempre será, James.

Siento haberos hecho esperar. Éste es más corto que los demás, pero muy interesante ^^ :



A la hora de la cena,James, Remus y Peter se dirigieron hacia el Gran Comedor, esperando encontrarseallí con Sirius. Sin embargo, el muchacho no apareció en todo el tiempo queduró el banquete. Preocupado, James procuró terminar pronto para ir a buscar asu amigo. No lo encontró en el dormitorio, de modo que decidió buscarlo en elMapa del Merodeador. Lo desplegó sobre la cama y empezó a escudriñar el nombre deSirius por todo el castillo, primero en los lugares que el muchacho solía frecuentary luego en el resto. Por fin, encontró la mota de tinta con su nombre en lasbalaustradas que daban sobre el lago. Estaba solo e inmóvil.

James borró el Mapa, lodejó sobre el escritorio y salió en busca de Sirius. Cuando por fin llegó a lossoportales, vio a su amigo al fondo, sentado sobre la barandilla y contemplandoel lago. Se acercó a él y le colocó la mano en el hombro. Sirius se sobresaltólevemente y lo miró. Estaba serio y el brillo de sus ojos se había apagado.

--Padfoot --dijoJames--, ¿te pasa algo?

El muchacho volvió afijar la vista en el horizonte, por donde se acababa de ocultar el sol. Jamesse sentó a su lado y preguntó:

--No estás enfadadoconmigo, ¿no?

Sirius esbozó unasonrisa y lo miró largamente.

--No, Prongs, no es porti.

James buceó en los ojosgrises de su amigo, intentando leer en su alma como hacía a menudo, pero estavez se topó con una barrera infranqueable.

--¿Quieres contarme loque
?

--Sí --contestó elmuchacho--. Pero no ahora. ¿Me acompañas a las cocinas? Me muero de hambre.

James aceptó. Echaron aandar, disfrutando en silencio de la compañía del otro. Por fin llegaron alcuadro que tapaba la entrada a las cocinas y que mostraba un bodegón. James seadelantó y le hizo cosquillas a la pera, tras lo cual el lienzo se apartó y losjóvenes atravesaron el hueco.

Los elfos domésticos losrecibieron con gran amabilidad, como siempre. Los muchachos se sentaron en elsuelo y al instante estuvieron rodeados de bandejas de comida. James ya habíacenado, por lo que se cortó un poco más que Sirius, que empezó a comer acarrillos llenos. Cuando acanó, suspiró y se recostó contra la pared. James lomiró y pensó que, sin el estómago vacío, seguramente Sirius estaría másanimado. Esperó a que hablara y él lo hizo:

--Mi madre está enferma.

James parpadeó. Loasaltó una duda alarmante: ¿cómo se suponía que debía reaccionar? ¿Tenía queconsolarlo? ¿O a Sirius no le sentaría bien? Al fin y al cabo, siempre decíaque odiaba a su madre. Echó de menos a Remus, quien controlaba tan bien lassituaciones como ésa.

--¿Enferma
? Pero
¿esgrave?

--Creo que sí.

James vaciló, perofinalmente le puso la mano en el hombro.

--Lo siento --dijo.

Sirius no reaccionó. Nose apartó de él ni se acercó más. Su amigo tragó saliva.

 

--Paddy, ¿te apetece daruna vuelta como animales por los jardines? --le preguntó--. ¿O prefieres volveral dormitorio?

Su amigo se encogió dehombros.

--Me da igual
Como túquieras, Prongs.

James se levantó.

--Bien, pues volvamos aldormitorio. Peter y Moony estarán preocupados.

Mientras caminaban devuelta, James le pasó el brazo por los hombros y Sirius se arrimó más a él. Asíentraron al dormitorio, donde Remus leía un libro y Peter miraba el Mapa delMerodeador.

--Os vimos venir --dijoel muchacho señalando el pergamino--. ¿Adónde fuisteis?

--A las cocinas--contestó James sentándose al lado de Sirius en la cama--, Padfoot no habíacenado.

Remus captóinmediatamente la expresión sombría de su amigo.

--¿Qué ha pasado?--preguntó frunciendo el ceño.

Sirius suspiró.

--Mi madre está muyenferma. En San Mungo no saben si se pondrá bien.

Remus palideció, y Jamesadivinó que estaba sufriendo el mismo dilema que él cuando lo había sabido. Vioque Peter se encogía de hombros.

--Bueno, pero tú laodias, ¿no?

James y Remus sevolvieron alarmados hacia él. Peter los miró asustado, dándose cuenta de quehabía metido la pata, porque Sirius se tapó la cara con las manos. Remus dejóel libro y corrió a reconfortarlo.

--Yo no pretendía
--empezó Peter--. Ya
ya verás como se pone bien.

--No lo entendéis--musitó Sirius.

--Yo sí lo entiendo,Padfoot --replicó Remus--. Por un lado, has odiado a tu madre durante toda tuvida, y secretamente quieres que muera para librarte de ella. Y, por eso, tesientes una persona horrible. Por otro, algo en tu interior reconoce a esamujer como tu madre, quien te dio la vida, te alimentó, te cuidó y te quiso, asu manera. Pero rechazas ese sentimiento y te dices a ti mismo que ella siempreprefirió a tu hermano, porque tú sólo le has dado disgustos, primero siendoseleccionado para Gryffindor y luego rechazando las ideas de tu familia depureza de sangre. La odias, vuelves a arrepentirte por desear su muerte y todoempieza otra vez, como un círculo vicioso.

Sirius levantó la cabezay lo miró con la sorpresa latiendo en sus ojos. James y Peter se habían quedadocon la boca abierta, mudos de estupor ante la psicología de la que Lupin hacíagala una vez más.

--¿Y qué me aconsejas?--preguntó Sirius, decidido a confiarle su vida a ciegas.

Remus se quedó pensativoun momento.

--Que no desees quemuera. A nadie, ni a tu peor enemigo, debes desearle la muerte. Te resultarádifícil, pero intenta olvidar lo que te ha hecho y piensa en ella como la mujerque te dio la vida. Entonces, acepta lo que suceda, tanto si se recupera comosi no. Sabes que nosotros vamos a estar aquí y te vamos a ayudar cuando lonecesites.

Sirius sonrió levemente.

--Gracias, Moony. No séqué haría sin ti.

--No sé qué haríamos sin ti --corrigió James.

Remus se rió.

--Eso no es cierto. Situviera alguna influencia sobre vosotros, no os pasearíais con un hombre lobolas noches de luna llena.

Todos se rieron. Siriusse frotó un ojo.

--Voy a acostarme, estoyagotado.

Se desnudó hastaquedarse en calzoncillos y se metió en la cama. Sus amigos fueron a ponerse elpijama y lavarse los dientes. Cuando terminó, James se acercó a Sirius.

 

--Paddy
¿Puedo dormircontigo?

Su amigo sonrió y pensóque, mientras Remus lo consolaba con palabras, James prefería hacerlo congestos y contacto corporal. Sirius valoraba y necesitaba esas dos formas demostrar los sentimientos. Asintió y apartó las sábanas.

--Claro.

James se introdujo en lacama y apoyó la cabeza en la almohada, muy cerca de la suya. [N/A: ¿Soy la única a la que le encanta la idea deJames y Sirius juntos en una cama? ^^] Refugiados en ese lugar tan cálido,se durmieron enseguida, escuchando la suave respiración del otro.

La primera persona en laque James pensó al despertar fue Lily Evans. Le sorprendió, porque hacía muchoque la joven no pasaba por su mente. Le seguía gustando y continuaba sintiendo elvacío en el estómago cada vez que la veía, pero durante esos días había tenidootras cosas en la cabeza. Recordó la noche en que se puso enfermo y Lily cuidóde él. Le había gustado abrir los ojos y encontrársela allí, junto a su cama. Decidióhablar con ella en cuanto la viera y comprobar si su relación había cambiado dealgún modo a partir de esa noche.

Se dio la vuelta y vio aSirius dormido a su lado. Adoptó una expresión maliciosa y decidió gastarle labroma que a su amigo tanto le gustaba hacerles. Le tapó la boca con una mano yla nariz con otra, de forma que no pudiera respirar. Sirius permaneció inmóvilunos instantes para luego sobresaltarse, apartarlo de un manotazo y tomar unabocanada de aire.

--¡¿Pero, qué coñohaces?! --le gritó irguiéndose y llevándose la mano al pecho.

--¡Lo mismo que tú todaslas mañanas! --replicó James.

Sirius terminó porsonreír y le lanzó la almohada. Su amigo la esquivó y se tiró sobre él inmovilizándolocontra la cama. Sirius se revolvió y consiguió liberarse. Se enzarzaron en unapelea riéndose a carcajadas. Remus y Peter despertaron y los miraron somnolientos.

--Por fin todo vuelve ala normalidad --suspiró Lupin, y Peter sonrió.

Se levantaron, sevistieron, pasaron por encima de sus amigos, que rodaban por el sueloalfombrado, y metieron los libros en la mochila.

--Vamos a llegar tarde--dijo Remus. No le escucharon. Puso los ojos en blanco--. Os esperamos en elGran Comedor.

El desayuno transcurriócon normalidad para los cuatro, con la excepción de que en un momento dado Maryse lanzó hacia Peter, lo tiró del banco y le plantó un beso en la boca.

--Buenos días --le saludósonriendo.

Luego se levantó yvolvió a su sitio tranquilamente. Peter se quedó en el suelo, pero con lasensación de estar flotando en una nube. Sus amigos se inclinaron sobre él conel ceño fruncido.

--Vaya, Wormtail --dijoRemus--, no habías dicho que era tan
apasionada.

--Si así te da losbuenos días no quiero pensar lo que hará por la noche --añadió Sirius, queestaba más animado que el día anterior.

Peter se ruborizó. Selevantó y volvió a tomar asiento. Todos miraron a James, que aún no había dichonada. El muchacho tragó el bollo que estaba comiendo y dijo:

--¿Qué pasa, siempretengo que apostillar algo? Ahora no se me ocurre nada ingenioso.

--Potter, estásperdiendo facultades --comentó Sirius--. Será porque hace mucho que no te metescon Quejicus y te estás ablandando.

James y Remus semiraron.

--Padfoot
--vaciló elsegundo.

 

--¿Sí?

--James se peleó ayercon Snape. Y con Mulciber y Avery.

Sirius dejó de masticary lo miró con seriedad. Los otros intentaron controlar la risa que les producíala visión de su amigo con los carrillos llenos y una mirada llena de reproche.El muchacho tragó bruscamente.

--¡¿Cómo?!

James se encogió dehombros.

--Como comprenderás,cuando Quejicus se me acercó no eraplan de decirle: "Oye, antes de echarme una maldición, ¿te importa esperar unosminutitos a que llegue Sirius? Es que es muy quisquilloso con estas cosas y alpobre le gusta participar en el espectáculo de tu humillación".

Remus y Peter soltaronuna carcajada. Sirius se cruzó de brazos, malhumorado.

--Ahí ha estado tucomentario ingenioso, sabía que llegaría --sonrió Peter.

Cuando terminaron eldesayuno, se dirigieron a clase de Transformaciones, la primera de la mañana.La profesora McGonagall aún no había llegado, de modo que Sirius y James sesentaron sobre las mesas y empezaron a hablar del próximo partido de quidditch, que era dentro de unos días.Peter se acercó a charlar con Mary, y Remus abrió el libro de la asignaturapara repasar el tema por el que la profesora les iba a preguntar. De pronto,sintió que alguien le tocaba en el hombro y se volvió para encontrarse con unachica con la que nunca había hablado y que se había sentado en el pupitre quese hallaba justo detrás del suyo. Era de su mismo curso, pero vestía la túnicade Slytherin, ya que Transformaciones la compartían con esa Casa. Le llamó la atenciónel hecho de que esa joven, cuyo nombre desconocía, le hablara precisamente a él.Tenía el pelo oscuro y rizado, bastante revuelto, y lo miraba con seriedad.

--Tú eres Remus Lupin,¿verdad? --inquirió inclinándose levemente hacia delante.

--Sí --respondió élfrunciendo el ceño--. ¿Por qué?

La joven miró a loslados, como asegurándose de que nadie más los oía, y respondió:

--Conozco tu secreto.

El corazón del muchachodio un vuelco. Se giró más para colocarse justo frente a ella.

--¿Cómo has dicho?

--Sé lo que eres. Lo quete ocurre las noches de luna llena.

Remus palideció. Sumente voló a Severus Snape, el único, aparte de Dumbledore y sus amigos, queestaba al tanto de su licantropía, y lo odió profundamente.

--¿Quién te lo ha dicho?

La muchacha se encogióde hombros.

--Nadie. Me enteré porcasualidad.

Remus suspiró y cerrólos ojos un momento.

--Por favor, no se lodigas a nadie. No tienes ni idea de lo que sucedería si

--¿Qué estaríasdispuesto a dar? --interrumpió la chica mirándolo fijamente.

Él parpadeó.

--¿Cómo?

--¿Qué me ofreces acambio de que no revele tu secreto?

El joven entornó losojos. ¿De modo que quería hacerle chantaje? James y Sirius tenían razón alpensar que los de Slytherin eran todos igual de despreciables. Remus suspiró y pensóque daría cualquier cosa por que no se lo dijera a nadie.

--¿Qué es lo quequieres?

Ella se encogió dehombros con una sonrisa.

--Sorpréndeme.

--¿Quieres dinero? Yo notengo dinero --replicó Remus. De pronto, parecía muy cansado.

--Pues entonces ofrécemealgo que esté a la altura de mantener un secreto como ése.

Remus iba a contestar,pero en ese momento llegó la profesora McGonagall y tuvo que darse la vuelta.Cuando, una hora después, la clase acabó, la chica de Slytherin se levantó ysalió del aula sin mirarle. El muchacho se colgó la mochila al hombro y esperó aque sus amigos se le unieran.

 

--¡¿Te gusta laprofesora McGonagall?! --estaba diciendo Sirius cuando él y James se colocarona su lado en el pasillo--. Eh, chicos, a Prongs le gusta McGonagall

--A mí no me gustaMcGonagall --replicó James con calma--. Sólo he dicho que es en mi opinión lamejor profesora que tenemos.

--¡Pero si siempre nosestá castigando!

Remus sonrió eintervino:

--¿Y no será porque oslo merecéis?

Sirius sacudió lacabeza.

--Tú calla, lobito.También Wormtail y tú os lo merecéis y no os castiga tanto como a nosotros.

--Es que yo le inspirolástima --sonrió Peter.

Se rieron y decidieronir a la biblioteca a adelantar trabajo, ya que tenían una hora libre. Siriusaceptó, porque hasta él se agobiaba cuando iba acumulando deberes, como habíahecho durante esos días. Además, de este modo se distraía y no pensaba en sumadre. Regulus le había dicho que le informaría de los cambios que seprodujeran, y desde entonces no había sabido nada. Aunque no se lo había dichoa ninguno, le dolía el haber tenido que enterarse por su hermano y que su padreno se hubiera puesto en contacto con él para darle la noticia. Vale que no setenían demasiado cariño, pero de ahí a no contarle que su madre estaba enferma

Remus también se habíaperdido en sus pensamientos. Cavilaba acerca de cómo contarles a sus amigos loque le había dicho la chica de Slytherin. Los conocía más que a sí mismo ysabía cuáles iban a ser sus reacciones: Peter se iba a asustar, James iba aempezar a despotricar de los Slytherin y Sirius iba a amenazar con partirle lacara a esa mocosa. Remus no quería problemas, por lo que se estaba planteandoseriamente no mencionarles nada.

El único que estabaconcentrado en sus deberes era Peter, porque la mente de James hacía mucho quehabía echado a volar y se había posado en una joven pelirroja sentada algunasmesas más allá. Cuando la había visto, su corazón había empezado a latir tanviolentamente que pensó que le iba a desgarrar el pecho. Respiró hondo, intentócalmarse un poco y se concentró en su redacción acerca de las propiedades del Felix felicis. Suerte. Eso era lo quenecesitaba. Pero desgraciadamente no tenía la poción ni sabía cómo elaborarlacuando se levantó de su mesa y se acercó a la de Lily Evans, por lo que estabacompletamente convencido de que en esa ocasión, como en las demás, la suerte nole iba a acompañar.

--Hola, Evans --lasaludó James con una sonrisa.

Lily, sola en la mesa yrodeada de libros y pergaminos, levantó la cabeza y lo miró con cansancio.

--Definitivamente,Potter --suspiró--, te has recuperado del todo.

--¿Por qué lo dices?

--Empezaba a preguntarmecuándo volverías a acosarme.

James se rió y se sentófrente a ella.

--De modo que haspensado en mí --replicó con arrogancia [N/A: En algunos aspectos sigue siendo el adolescente inmaduro del quintolibro.].

Lily puso los ojos enblanco.

--Dime, ¿cuál es hoy tuobjetivo? ¿Comentarme que has vuelto a pelearte con tres Slytherins, uno deellos Snape? No es necesario, eso ya lo sé. ¿O simplemente molestarme, en cuyocaso lo estás haciendo muy bien?

 

--Ninguna de las doscosas --replicó el muchacho, serio--. He venido a pedirte perdón por lo que tedije el otro día. Tú me estabas curando y yo te reproché haberte acostado conSirius y
En fin, tú no tuviste la culpa.

Lily movió la cabeza.

--Tenías parte de razón.Yo te estaba echando en cara lo de Alice, así que

--¿Te ha contado ella loque sucedió? --cortó James.

--No --suspiró ella--.Pero lo supongo.

--No me acosté con ella.

Lily entornó los ojos,intentando leer la verdad en su mirada.

--No te miento. Nosdetuvimos.

--Entonces
¿empezasteis? --preguntó la joven con curiosidad.

--Sí --asintió él--.Pero entre ella y yo
no hay nada, sólo amistad.

--De acuerdo --sonrió--.Pero, aunque hubiera algo, a mí no me importa, James. Es vuestra vida. Alice esmi mejor amiga, así que yo seré feliz con lo que ella decida, aunque te elija ati. --Se rió--. No, ahora en serio. Si me dices que no hay nada entre vosotros,entonces todo está bien.

El corazón del jovencomenzó a latir más deprisa aún, si cabe. Le había llamado James. No lo habíahecho antes, o al menos él no lo recordaba. Las palabras salieron de sugarganta sin que apenas se diera cuenta:

--Oye, ya sé que teprometí que no lo volvería a hacer, pero
--Lily lo miró con interés--. Si medices ahora que no, te juro que nunca volveré a pedírtelo. Evans, si me dierasuna oportunidad
Una cita, sólo te pido eso. Sal una sola tarde conmigo y tedejaré en paz, en serio.

La joven lo miró a losojos, vacilante.

--¿Una cita?

--Una cita.

--¿Y me dejarás en paz?

James suspiró.

--Y te dejaré en paz.

Lily se mordió el labioinferior. Como le había dicho a Cecilia, la mujer rica del cuadro de susescaleras, salir con un Merodeador iba en contra de sus principios. Por otrolado, ese grupo ya no le desagradaba tanto, sobre todo después del suceso conSirius Black. Además, si saliendo una vez con Potter iba a conseguir que ladejara en paz, valía la pena, ¿no? En ese caso, el fin justificaba los medios,pensó.

--De acuerdo --dijo.

James parpadeó.

--¿De verdad?

--Sí. Pero no teemociones. ¿Cuándo quieres quedar?

El muchacho estabaturbado.

--Eh
Pues
no sé
¿Quéte parece esta tarde?

--Vale.

--¿A las
nueve en laSala Común?

--¿Tan tarde? --seextrañó la chica--. ¿Vamos a ir a Hogsmeade a esa hora?

--No vamos a ir aHogsmeade.

Lily sonrió y lo mirócon suspicacia.

--¿Vamos a hacer algopeligroso? Lo digo por la ropa que llevaré.

James se rió.

--No, no vamos a hacernada peligroso. Pero quizá sería una buena idea que te pusieras ropa cómoda.

La muchacha alzó lascejas.

--Pensé que querrías quellevara
algo provocativo.

James sacudió la cabezay se levantó.

--Evans, tú me gustasindependientemente de lo que lleves puesto.

Y se marchó, dejándolacon la boca abierta.

[N/A: Los que hayan leído mi fic "En la oscuridad"verán que en él la escena en la que James y Lily quedan por primera vez esdiferente. La razón es que pudo ocurrir de mil formas y todas son verdaderas (yal mismo tiempo falsas, ya que la única verdadera es la ideada por JK).]

 

--¿Tienes una cita conLily? --repitió Remus con una sonrisa--. ¿En serio?

--Sí --respondió James aturdidode felicidad--. Y sin una gota de Felixfelicis.

Su amigo frunció elceño, pero antes de que pudiera preguntarle de qué estaba hablando, Siriusexclamó:

--¡Pero esta tardeíbamos a ir al Bosque Prohibido!

Remus le dirigió unamirada incendiaria.

--Padfoot, ¿de verdadcrees que James prefiere ir al Bosque Prohibido a salir con Lily?

Sirius se cruzó debrazos.

--Pues sí. Soy su mejoramigo.

James se rió y le pusola mano en el hombro.

--Iremos mañana, Paddy.Te lo prometo --le dijo--. Por cierto, ¿qué tenemos ahora?

--Pociones --contestóRemus.

--¿Qué? ¿Pociones? Oh,no
--se quejó James, puesto que era la asignatura que más odiaba, quizá porqueno se le daba bien--. Tengo una idea, Padfoot, ¿por qué no vamos ahora alBosque Prohibido?

Remus se rió y le pasóel brazo por los hombros.

--Nunca conseguirásentrar en el club de Slughorn si sigues faltando a Pociones.

--¿Y quién ha dicho quequiera entrar en ese estúpido club? No van más que Slytherins y gente pija,tonta, rica

--Rica como tú --replicóRemus con una sonrisa.

--
listilla, arrogante,sangre limpia

--Arrogante y sangrelimpia, ¡me suena!

--Sí, a Sirius.

--¡Oye!

--Con esa descripción noentiendo cómo aún no eres miembro, Prongs.

--Moony, cállate--replicó James riéndose.

Finalmente, no tuvo másremedio que ir a clase de Pociones. Y, como no le había dado tiempo a terminarla redacción, supo que iba a tener otra mala nota en esa asignatura, paravariar.

El día pasó muy lentopara Remus, quien estuvo temiendo encontrarse con la joven de Slytherin a cadapaso que daba. Cuando esa tarde después de comer la vio en la biblioteca, elcorazón le dio un vuelco. Estaba solo, porque Peter había quedado con Mary, ySirius y James habían ido a Honeydukes por el pasadizo. Aprovechó la situaciónpara acercarse a ella y solucionar ese asunto.

--Hola --dijo con algode brusquedad.

--Hola --contestó lajoven dejando la pluma con la que escribía a un lado--. Siéntate.

Remus lo hizo. Suspiró yfijó en ella una mirada seria.

--Quiero que esto acabecuanto antes. Así que dime de una vez lo que quieres.

La muchacha sonrió.

--Te dije que mesorprendieras, ¿no? Ofréceme algo y yo decidiré si merece la pena.

--No me gusta estejuego.

--Está en tu manoponerle fin.

Remus se mesó loscabellos.

--Yo no tengo nada queofrecerte. No tengo dinero ni

--Ya te he dicho que noquiero dinero.

--Entonces, ¿qué?

La joven sacudió lacabeza.

--No lo sé.

Remus puso los ojos enblanco. Entonces se le ocurrió algo; algo en lo que él nunca habría pensado deno haberse pasado años junto a James y Sirius.

--¿Qué te parecería
site invitara a salir?

Como esperaba, la chicacambió de expresión. La sonrisa se le borró de la cara y en su lugar aparecióuna mueca de sorpresa.

--¿Cómo has dicho?Salir
¿contigo?

--No tengo nada más queofrecerte --replicó Remus encogiéndose de hombros.

La joven entornó losojos y lo recorrió de arriba abajo con la mirada.

 

--No estás del todo mal--dijo--, pero eres un Gryffindor.

--Y tú una Slytherin. Nosabes la de problemas que podría acarrearme salir contigo. Así que no tepreocupes, no se lo contaré a nadie.

Ella sonrió y volvió amirarlo con fijeza.

--Mañana por la tardeestoy libre. Hogsmeade me gusta. Quedamos a las cinco en el vestíbulo, nollegues tarde.

Y, dicho eso, metió suscosas en la mochila y se fue de la biblioteca. Remus suspiró y decidió ponersecon los deberes.

Cuando a las ocho ymedia entró al dormitorio, se encontró a James dando vueltas por la habitaciónmientras Sirius lo ignoraba jugueteando con su corbata.

--Prongs, ¿qué pasa?--inquirió Remus sentándose en la cama.

--No pasa nada--respondió el muchacho atropelladamente.

--En Honeydukes robamoscaramelos con cafeína --explicó Sirius--. Y eso, sumado a que dentro de mediahora ha quedado con Evans, lo ha puesto un poco nervioso. No deberías habercomido tantos.

--No sabía que teníancafeína --replicó James--. Además, no estoy nervioso, simplemente
me apetecedar vueltas por la habitación.

Remus y Sirius serieron.

--De acuerdo, Prongs. Davueltas por la habitación, entonces.

--¿Qué me pongo parasalir con Potter?

Alice y Avril levantaronla cabeza y la miraron con sorpresa.

--¿Perdón? --dijo laprimera.

Lily sacó la cabeza delarmario y suspiró.

--Sólo es una cita.Insistió mucho y
Me ha dicho que si salgo con él una sola vez no volverá apedírmelo más.

Alice alzó las cejas.

--¿Qué clase de razón esesa para salir con un chico? Además, ¡se trata de James! ¡Deberías estar saltandode la emoción!

--¿No será que en elfondo te gusta? --inquirió Lily frunciendo el ceño.

--¿A mí? ¿James? Porsupuesto que no --se apresuró a responder Alice.

--Pero, ¿besa bien?

--Sí, besa muy bien --respondióla chica adoptando una expresión soñadora. De repente, se dio cuenta de lo queacababa de decir y abrió mucho los ojos--. Quiero decir
, por lo que he oído.

Lily sonrió, pero nodijo nada. Cerró el armario y suspiró.

--Voy a ir así. Meindicó que me pusiera ropa cómoda.

--¿Para qué?

--No lo sé.

--Vas muy bien, Lils--dijo entonces Avril con una sonrisa.

Se había puesto una ropamuy sencilla: pantalones vaqueros, camiseta larga con capucha (fuera estaballoviznando y ya conocía la afición de James a la lluvia) y zapatillas. Pensóen hacerse algo con el pelo, pero no quería dar la impresión de que se estabaarreglando para él. Se metió la varita en el bolsillo y salió resueltamente dela habitación. Mientras bajaba las escaleras, oyó la voz de Cecilia desde sucuadro:

--Ah, veo que por fin mehas hecho caso.

Porque por la escalerade los chicos, al mismo tiempo que ella, estaba bajando James. Se encontraronen la Sala Común y se miraron el uno al otro. Él también llevaba puesta ropacómoda: un pantalón recto y una camiseta de manga corta. Tenía el cabello másrevuelto que de costumbre y los ojos brillantes.

--Fuera está lloviendo,¿sabes? --comentó Lily--. Así vas a volver a resfriarte.

James sonrióampliamente.

--No te preocupes, nosaldremos al exterior --contestó--. ¿Vamos?

La joven asintió y echóa andar junto a él hacia el hueco del retrato. Mientras caminaba a su lado porlos pasillos, lo miró de reojo y se aseguró de que el muchacho no se diera cuenta de que ellasentía curiosidad por el lugar al que la iba a llevar.

 



Sí, primera cita de Lily y James!!! <3

Bien, cambiando de tema, hay algo importante que debéis saber: mañana me voy a París, y vuelvo el día 27, lo que significa, como ya habréis supuesto, que durante esa semanita no actualizaré. Lo haré, como muy tarde, el día 30, ya que no tengo el próximo capítulo escrito. Tened paciencia, ¿de acuerdo? Y mientras tanto, no estaría mal que me dijerais vuestras opiniones acerca de este capítulo ^^

Besos de la autora, que os quiere,

Niraye.

He vuelto de París y actualizo el 30 como os prometí.

Me he dado cuenta de un gravísimo error en mi fanfic: LA CERVEZA DE MANTEQUILLA NO CONTIENE ALCOHOL. Por eso los magos la beben desde que son pequeños, por eso no se emborrachan con ella. Winky lo hace porque los elfos domésticos la toleran menos, pero a los humanos no les ocurre lo mismo. Así que voy a cambiar el nombre "cerveza de mantequilla" por "whisky de fuego".

Y, sin más dilación, os dejo con un largo capítulo:



Jamescaminaba por el castillo como si lo conociera palmo a palmo, y Lily supuso queefectivamente era así. Por primera vez, sintió admiración por los Merodeadores,y se preguntó cuántos secretos de Hogwarts habrían descubierto.

Fuera habíaanochecido hacía varias horas, y los pasillos estaban desiertos y oscuros.Aunque la hora límite para estar fuera de las Casas eran las doce, Lily nopodía evitar sentir que estaba haciendo algo desaconsejable, por el simplehecho de acompañar a un Merodeador por la noche.

--Espero queno hagamos nada prohibido --dijo, y su voz retumbó en las paredes de piedra.

--Define"prohibido" --replicó James.

--Ya sabes alo que me refiero, Potter. Algo como entrar a lugares no permitidos a losalumnos o
Recuerda que soy prefecta.

--Resultadifícil olvidarlo, te lo aseguro.

Lily ledisparó una mirada incendiaria, pero no dijo nada porque el muchacho se detuvode pronto. Comenzó a subir por una escalera de caracol y ella lo siguió.

--¿La torrede Astronomía?

James nocontestó. Salieron a un aula muy amplia, con los asientos mirando hacia unventanal que daba al Bosque Prohibido. El chico no se detuvo en ella, sino que lacruzó y abrió una portezuela semioculta tras la silla del profesor. Se metiópor ella y Lily, muerta de curiosidad, lo hizo tras él. Subieron otra escalera muyempinada y con los escalones muy altos, de forma que la chica debía impulsarseapoyándose en las paredes. James le tendió la mano para ayudarla a subir, yella se la estrechó. Por fin llegaron al final y se soltaron las manos. Lilyabrió los ojos con sorpresa y emitió un grito ahogado. Guias y Trucos tecnologicos

Acababan desalir por el centro de una sala enorme, mucho más amplia que el aula de Astronomía.Era circular y abovedada, y las paredes y el techo eran de cristal, de formaque parecía que se hallaban en el interior de una burbuja gigante. Y, al otrolado de los cristales, se extendía el paisaje más sorprendente que Lily habíavisto nunca. A un lado, el lago, el Bosque Prohibido y más allá las montañas, recortadascontra el horizonte; al otro, el castillo, salpicado de puntos luminosos yadornado con múltiples torres que se alzaban hacia el cielo, donde las nubesgiraban sobre sí mismas, envueltas en una luz irreal, y descargaban una finalluvia sobre ellos, que se estrellaba contra la cúpula y resbalaba por lasparedes.

 

--Ésta es laverdadera torre de Astronomía --dijo James a su lado, devolviéndola a larealidad--, utilizada solamente por los profesores
y por nosotros ahora. Esuna pena que esté lloviendo. Cuando se ven las estrellas esto es mucho másbonito.

Deseó queLily dijera algo, que le hiciera saber si le había gustado o no, pero la jovenestaba extasiada mirando a su alrededor, y James no quiso interrumpirla. Sesentó en el suelo de piedra, marcado con runas antiguas, y ella lo imitó.Permanecieron largo tiempo en silencio, contemplando el paisaje y escuchando elsonido de la lluvia cayendo sobre ellos. Por fin, Lily habló:

--Graciaspor traerme aquí, James.

El joven nodijo nada, sólo sonrió levemente. Después de lo que les parecieron horas, ellasuspiró y preguntó:

--¿Cómodescubriste este lugar?

James sepasó la mano por el cabello, nervioso.

--FuimosSirius y yo. Estábamos escapando de Filch y nos metimos en el aula deAstronomía. Nos iba a encontrar, de modo que retrocedimos hasta la pared y éstacedió. Subimos las escaleras y salimos aquí.

--¿Y Filchno os encontró?

--No, porqueél tampoco conocía esto.

Lily sonrióy movió la cabeza.

--Tus amigosy tú sois una caja de sorpresas.

Jamessonrió.

--¿Teapetece que vayamos ya al otro sitio?

--¿Hay más?--inquirió la chica frunciendo el ceño.

--Sí, claro--asintió él con una sonrisa de oreja a oreja--. ¿Ya has cenado?

--No. No medio tiempo.

--Perfecto.Vamos.

Le tendió lamano y la ayudó a levantarse. Bajaron las empinadas escaleras y la de caracolde la torre de Astronomía y James enfiló por el pasillo de la derecha. Lily sesorprendió a sí misma buscando fervientemente algo interesante de lo que hablarpara que el muchacho no se aburriera.

--Y
¿no hasvuelto a pelearte con ningún Slytherin? --preguntó, y enseguida se dio cuentade que esa conversación no era para nada interesante. Al contrario, lerecordaba la parte cruel de James que tan poco le gustaba.

El chicosonrió y la miró.

--No--dijo--. Insólito, ¿verdad?

--Pues sí--respondió ella--, tanto que no sé si creérmelo.

James se rióalegremente.

--Puede quesea un inmaduro que se divierte embrujando a los demás y quebrantando lasnormas, pero no soy mentiroso.

Lily sonrió.

--¿EntreSirius y tú ya está todo arreglado? --inquirió.

--Sí.

--Entoncesvolvéis a ser inseparables

--¿Decepcionada?

Lily lo mirócon calidez.

--He deadmitir que os prefiero así. Juntos dais problemas, pero creo que separadosmás.

James serió. Habían bajado varios pisos y en ese momento caminaban por el vestíbulo.

--¿Qué talles va a Alice y Frank? --preguntó el chico.

La expresiónde Lily se iluminó.

--Bien.Frank le ha pedido salir por fin. No sé qué le hizo decidirse, pero el caso esque están juntos.

 

James semordió la lengua para no revelar que él era el causante de que el muchachohubiera tomado esa decisión.

--Ya hemosllegado --anunció deteniéndose.

Lily fruncióel ceño. Miró a un lado y a otro, pero no vio nada, sólo un pasillo maliluminado salpicado de cuadros.

--¿Adónde?

El chicoseñaló un bodegón enorme en la pared, justo enfrente de ellos.

--¿Ves lapera? Hazle cosquillas.

La jovenposó sus ojos en la pera verde del cuadro, posada en la mesa entre más piezasde fruta.

--¿Que lehaga cosquillas a la pera?

--Sí--asintió James, y al ver que ella lo miraba como preguntándose si era unabroma, insistió--: Vamos, confía en mí.

Lilysuspiró, adelantó un brazo y rozó la pera con la punta de los dedos. Entonces, lafruta comenzó a cambiar y se transformó en la manilla de una puerta. James laabrió y se metió por el hueco, seguido de la chica. Desembocaron en unaestancia enorme, de techos altos y con una chimenea en un extremo que caldeabael ambiente. Las paredes se hallaban cubiertas de ollas, cacerolas y sartenes,y en las mesetas reposaban platos y cubiertos secándose y manteles doblados. Enel medio había cuatro mesas muy limpias que le recordaron a Lily a las del GranComedor. Entre ellas correteaban un centenar de elfos domésticos que trajinabancon los últimos restos de la cena. Uno de ellos, que llevaba puesto en lacabeza un gorro de dormir, dejó una pila de platos sucios en el fregadero, corrióhacia los dos jóvenes y se plantó ante ellos.

--¡SeñorPotter! --exclamó con una sonrisa de oreja a oreja--. No lo había visto llegar.¿Quiere algo de comer?

--Sí,gracias, Dwiny --asintió James--. ¿Tienes chocolate?

--Porsupuesto, señor. Será sólo un momento, usted y su compañera pueden irponiéndose cómodos.

Se dio lavuelta y corrió hacia una despensa. Otros elfos domésticos saludaron a James yfueron a ayudar a Dwiny.

--¿Nossentamos? --le preguntó el muchacho a Lily, y ella asintió distraídamente.

Tomaronasiento en el suelo al lado de la chimenea, disfrutando del calor del fuego. Lachica miró a su alrededor con los ojos muy abiertos.

--Siempre mehabía preguntado cómo eran las cocinas de Hogwarts --dijo.

--Sonestupendas, ¿verdad? --sonrió James--. Cuando tienes hambre o estás desanimado,no hay nada mejor que dejarte agasajar por los elfos domésticos.

Lily lo mirócon suspicacia.

--Debes dehaber venido muchas veces para que te llamen "señor Potter".

--Bueno, sí.Pero te llaman así casi desde el primer día, en cuanto les dices tu nombre. Lapróxima vez que vengas, te tratarán incluso mejor que a mí, porque adoran a laschicas.

--¿Qué tehace pensar que voy a volver?

James seencogió de hombros.

--Nadie queconozca las cocinas puede resistirse a volver una vez más. Ni siquiera Remus,que está en contra de quebrantar las normas y todo eso. Aunque creo que sóloviene porque es un poco adicto al chocolate.

--¿Tan buenoes?

--Compruébalotú misma.

Dwiny y unaelfina doméstica posaron junto a ellos una enorme bandeja de plata, repleta dedecenas de muestras de chocolate: tabletas de chocolate negro, con leche yblanco, de naranja, de menta y de avellanas, bombones de muchas formas ytamaños y ranas de chocolate con sus cromos coleccionables.

Lily sonriócon la emoción latiendo en sus ojos verdes.

 

--¿Cuál merecomiendas? --preguntó, mientras los elfos domésticos volvían a susquehaceres.

James señalóel de naranja.

--Ése es elfavorito de Remus. Y él tiene buen gusto para esto.

La chicaasintió, partió un trozo y se lo metió en la boca. Lo saboreó y sonrió.

--Estábuenísimo.

[N/A: Lo está. Acabo de comer ese chocolate parameterme en situación.]

--A mí megusta más el de avellanas.

Lily lomiró.

--¿Cómo tusojos? --preguntó irreflexivamente. Se arrepintió enseguida de haber dicho eso.

El chicoemitió una carcajada.

--¿Mis ojos sonde color avellana? La gente suele decirme que son de color café.

--Seequivocan --sentenció la chica--. Son claramente de color avellana. Oh, sé loque vas a decir: "de modo que has pensado en mis ojos". No, realmente lo hepensado ahora mismo.

James sonrióy mordió un bombón.

--Mmm, delicor. Una vez Sirius se emborrachó con una caja de estos bombones. Bueno, laverdad es que no estaba muy claro si estaba borracho o era una simpleindigestión.

--Definitivamentees mejor mantener apartado a Sirius de los bombones. --Una vez más, Lily volvióa desear no haber dicho eso. Ella y su maldita manía de hablar antes depensar--. Lo siento, no debería

James lequitó importancia con un gesto.

--No tepreocupes.

Lilydesenvolvió una rana de chocolate y miró el cromo que le había tocado. No leestaba prestando atención, sin embargo.

--¿Te dolió?

Lo miró,preguntándose si el chico había entendido a qué se refería. Parecía que sí,porque se puso serio.

--Sí--respondió él con voz queda--. Él era mi mejor amigo y tú
Pero al final habíauna explicación.

Lilyasintió. El muchacho se quedó pensativo, quizá decidiendo lo que podía revelary lo que no. Finalmente, resolvió sincerarse un poco más:

--Sinembargo, me dolió mucho más ver que podías tener algo con Remus. Entre vosotroshay más que una relación carnal, os lleváis muy bien y
cuando al volver delentrenamiento os vi juntos
bueno, me asaltaron los celos, y a la vez me sentíamal por no alegrarme por él, y eso sumado a que me había mojado y cogido frío
Creo que por eso me puse enfermo. --Sonrió levemente--. Siempre he sidobastante debilucho.

Lily lo mirófijamente a los ojos.

--Hace pocohablé con Remus --comentó--. Me contó lo que habíais hablado, me lo dejó todoclaro

--¿Ah, sí?--se sorprendió James--. No me lo dijo.

--Quedamosen que no lo haríamos. Pero pensé
que saber que no hay nada entre nosotrosexcepto amistad te haría sentir mejor.

El muchachosonrió, pero no dijo nada. Lily entornó los ojos.

--James

--¿Sí?

--Hay algoque quisiera
Bueno, lo de la cita y eso
¿Tú
, yo
de verdad te gusto?

Él tragóbruscamente y parpadeó. Deseó que no se le notara que se había ruborizado.

--¿Si megustas? --repitió, desconcertado--. ¿A ti qué te parece, Lily?

La jovensuspiró. Por alguna razón le agradó que él la llamara por su nombre en lugar depor su apellido, pero no se lo dijo.

--No lo sé,porque
no entiendo cómo puedo
Es decir, yo

--¿Qué?

--No sé,siempre pensé que insistías porque te habías propuesto conseguirme costara loque costara; que yo no era más que un reto para ti.

 

Jamessacudió la cabeza.

--Sé que tedi esa impresión, pero no era lo que quería. Te lo dije una vez, y te lorepito: me gustas de verdad. Muchísimo. No me preguntes por qué, porque
no losé.

Se miraron alos ojos, fijamente. Lily buceó en la mirada color avellana del joven y legustó el brillo que siempre encontraba en ella. Se acercó un poco más a él y sucorazón comenzó a latir desenfrenadamente. Durante un instante pensó que elchocolate que había comido contenía, de nuevo, un filtro amoroso, porque no sepodía creer que le apeteciera besar a James Potter. Después apartó esospensamientos de su mente y cerró los ojos, buscando su boca. Pero justo cuandoestaban tan cerca que podían sentir la respiración del otro, justo cuando suslabios estaban a punto de rozarse, una voz aguda rompió el silencio:

--¿Deseacomer algo más, señor?

Lily y Jamesse separaron bruscamente, ruborizados y mirando en direcciones distintas. Elmuchacho se volvió hacia el elfo, que lo miraba con sus ojos grandes comopelotas de tenis y obviamente no era consciente de lo que acababa deinterrumpir.

--No, Dwiny

--¿Y algo debeber?

--No, no--replicó James, y miró a Lily--. Bueno, yo no

--No, yotampoco --añadió ella.

--Muy bien--respondió el elfo-. En ese caso, Dwiny se retira ya. Buenas noches, señor.

--Buenasnoches, Dwiny.

El personajillose desvaneció en el aire, y los jóvenes se dieron cuenta de que quedaban muypocos elfos domésticos en la estancia.

--Deberíamosvolver ya --dijo el muchacho, aunque eso era lo que menos deseaba en esemomento. Habría dado un mundo por que Lily replicara que se quedaran.

--Sí, tienesrazón --respondió ella--. Ya son casi las doce.

Selevantaron como si les pesara el cuerpo, cruzaron las cocinas y salieron pordonde habían entrado. En el pasillo se miraron, pero apartaron la vista casi alinstante. Caminaron en silencio, perdidos en sus propios pensamientos, ella preguntándosecómo habría sido el beso de James, él deseando alargar la mano y tocar la deLily

Perollegaron a la Sala Común y ninguno había dado el primer paso. Se detuvieronfrente a sus respectivas escaleras. Lily lo miró y sonrió con calidez.

--Me lo hepasado muy bien, James --dijo--. De verdad.

El muchachosintió que su corazón latía tan fuerte que le iba a desgarrar el pecho.

--Me alegro--replicó.

Quiso añadiralgo más, pero no se le ocurrió qué. Pensó en pedirle otra cita, pero habíanestablecido que la dejaría en paz después de esa noche. No obstante, Lily habíadicho que se lo había pasado bien, por lo que quizá accediera a salir otra vezcon él
No se lo pidió, sin embargo. No sólo porque sospechaba lo que ella ibaa responder, sino sobre todo porque se hallaba tan obnubilado que no se sentíacapaz de elaborar una frase coherente.

--Nosveremos mañana en clase --dijo finalmente.

Lily esbozóuna sonrisa y asintió.

--Deacuerdo. Buenas noches.

--Buenasnoches.

Rompieron elcontacto visual y subieron por sus respectivas escaleras. Cuando James entró asu dormitorio y cerró la puerta, temblaba tanto que tuvo que sentarse en elsuelo. Afortunadamente, Remus y Peter estaban profundamente dormidos en suscamas. Sirius no se hallaba en la habitación, y el muchacho supuso que estaríacon Avril. Cuando recuperó la calma, se puso el pijama y se metió entre lassábanas. No se lavó los dientes, porque el chocolate le había dejado en la bocaun sabor amargo que le encantaba. Cerró los ojos e intentó conciliar el sueño,pero el recuerdo de esa noche y la ausencia de Sirius provocaron que tardarabastante en dormirse.

 

--Venga,Prongs, despierta. Vamos, no querrás perderte la apasionante Historia de laMagia

--Eh,Padfoot, Historia de la Magia es muy interesante.

--Essoporífera, Moony. Soporífera.

--Que elprofesor Binns no sepa explicar de forma amena, no significa

--Lo que túdigas, Moony. Ahora ayúdame en la ardua tarea de levantar a James.

--Eso mejorte lo dejo a ti.

--Oh, vamos
Sabes que al final acabaré ahogándolo para que se despierte.

--Sacúdeloun par de veces y dile que como lleguemos tarde a clase por su culpa descargarémi ira de hombre lobo sobre él.

--Ya lo hasoído, Prongs. Arriba.

--Gggnnnnn

--¿Lo ves,Moony? A mí no me funcionan las medidas suaves.

--Destápalo.

--Es que seagarra a las sábanas. ¿Puedo ahogarlo?

--No.

--Venga,Prongs, arriba. Ya.

--Déjame
sólo un rato más

--No meimporta lo que hiciste ayer con Evans. Tengo un hambre atroz y quiero bajar yaa desayunar.

--Puesbaja
, pero déjame dormir

--Ni lo sueñes,James. Vamos, Peter y yo también nos morimos de hambre.

El muchachosurgió entre las sábanas, con el cabello alborotado y cara de sueño. Remus seestaba poniendo la corbata, Peter luchaba por meter una pierna en lospantalones y Sirius se hallaba completamente vestido, con túnica y todo.

--¿Tantaprisa tienes por ver a Binns? --inquirió James quitándose la camiseta delpijama y alcanzando su camisa.

Sirius se llevóla mano al vientre.

--No, es queme muero de hambre, de verdad. Ayer no cené.

--Una grantragedia --ironizó Remus--. ¿Qué tal la cita con Lily, Prongs?

Peter perdióel equilibrio y cayó al suelo con el pantalón enrollado en una pierna. James serió y contestó:

--Bien.Mejor de lo que pensaba. Y creo que también superó las expectativas de ella.

--¿En serio?--preguntaron sus tres amigos a la vez. Peter dejó de pelear con su pantalón ylo miró con sorpresa.

Jamesasintió sonriendo.

--Sí. Medijo que se lo había pasado muy bien.

Sirius abriómucho los ojos.

--¿Seguroque era Evans y no una de tus admiradoras haciéndose pasar por ella?

Jamesentrecerró los suyos.

--Graciaspor el voto de confianza.

Remus, sindejar de mirar a James, apiló en sus rodillas los libros que necesitaba esamañana.

--Pero
¿pasó algo digno de mención?

El corazóndel chico volvió a latir más deprisa de lo aconsejable para su salud cuandorecordó ese instante eterno en el que sus labios habían estado a punto de tocarse.En ese momento le pareció completamente irreal. ¿Cómo era posible que LilyEvans y él casi se hubieran besado? ¿No habría sido un sueño?

--Os locontaré más tarde --dijo--. Vamos, llegaremos tarde a clase.

--Vamos,llegaremos tarde a clase --urgió Lily Evans a sus compañeras de habitación.

 

Mientrascaminaban por los pasillos en dirección al Gran Comedor, Alice se colocó allado de la joven.

--¿No vas acontar nada? --sonrió.

--¿Nada dequé? --replicó Lily distraídamente.

Alice lamiró con exasperación.

--De la citade anoche.

Su amiga sepuso tensa.

--¿Exactamentequé quieres que te cuente?

--Joder,Lils --protestó Alice--, qué inaccesible te pones a veces. ¡Quiero que mecuentes cómo fue!

--Fue bien.

--¿Ah, sí? Yeso significa que

Alice enmudeció,porque Avril echó a correr y se refugió en los brazos de Sirius Black. LosMerodeadores estaban delante de ellas, en el vestíbulo. Sirius y Avril se empezarona besar como si él hubiera vuelto de la guerra después de diez años y Peter se reuniócon Mary y le dio un beso tímido, mientras Remus y James charlabananimadamente. Los ojos del segundo se posaron entonces en Lily, quien seruborizó y no supo qué hacer. Pero fue sólo un instante, porque el muchachodesapareció enseguida por la puerta del Gran Comedor. Alice se había reunidocon Frank, y la chica se alegró de no tener que seguir con la conversación.

--Slytherins--escupió Sirius mirando hacia ellos--. Sucios y asquerosos Slytherins. Míralosahí, engullendo su sucio y miserable desayuno, como si fueran los reyes de
Moony, pásame el beicon, los reyes del castillo, plagado de sus suciosestandartes y de su respiración putrefacta que inunda

--Sirius, yavale --lo cortó Remus--. No generalices.

--¿Quéquieres decir con eso?

--En el idiomade Moony --replicó James-- eso significa "no todos los sucios y asquerososSlytherins son sucios y asquerosos", Padfoot.

Sirius seescandalizó.

--¿Cómopodéis pensar así?

--Eh, yo nohe dicho que esté de acuerdo con él --dijo James.

Sirius sevolvió entonces hacia Remus.

--¡Moony!¡Me ofendes! ¿Qué clase de Gryffindor eres?

Remus pusolos ojos en blanco.

--La clasede Gryffindor que acepta a todo el mundo. No dramatices, sólo he dicho que notodos los Slytherins son como tú piensas. Hablando de Slytherins buenos
tuhermano se acerca.

--Mi hermanono es
--empezó Sirius, pero se detuvo--. Ah, hola, Reg.

Los ojos deRegulus pasaron rápidamente de un Merodeador a otro.

--¿Sirius, puedohablar a solas contigo? --preguntó centrando la mirada en su hermano.

--Claro.

El muchachose levantó y se alejó unos metros de su mesa, acompañado de Regulus. Ésteempezó a contarle algo.

--¿Creéisque tiene que ver con su madre? --preguntó Remus.

--¿De quéotra cosa hablarían Sirius y Regulus? --replicó James.

--¿Si ponemala cara, qué significa? --dijo Peter--. ¿Que su madre ha empeorado o que seha curado?

--Buenapregunta --dijeron Remus y James a la vez.

Siriusvolvió con, efectivamente, mala cara. Se sentó de nuevo y se sirvió en el platoun montón enorme de gachas de avena.

--¿Tu madre
se ha curado? --aventuró Peter, y Remus le lanzó una mirada furibunda.

--Sí--respondió Sirius.

--Teacompaño en el sentimiento --ironizó James, lo que provocó que su mejor amigose riera.

--No, no eseso. Es que quiere hacer una fiesta a lo Black --explicó--. Para celebrarlo, yasabéis.

--¿Quésignifica exactamente "a lo Black"? --preguntó Peter.

Sirius hizoun gesto vago con la mano. Masticó las gachas, las tragó y dijo:

 

--Significajuntar a todos los miembros de mi pestilente familia, disponerlos alrededor deuna mesa del tamaño de la de Gryffindor y Hufflepuff juntas, desempolvar lacubertería de plata, vestir decentemente a los elfos domésticos, pegarse elpelo al cuero cabelludo, posar con elegancia, sonreír con dignidad y responderde forma original a los incisivos comentarios acerca de los sangre sucias queinfestan el mundo mágico --respondió el joven de un tirón adoptando unaexpresión de altanería y decadencia romántica--. Toda una juerga, como habréispodido deducir.

--¿Cuándo vaa ser? --preguntó James.

--En SemanaSanta.

--¿Qué? ¡Nosíbamos a quedar todos en Hogwarts!

--SiDumbledore me deja, pienso volver después de la fiesta.

James fruncióel ceño, contrariado, y bebió de un trago su zumo de calabaza.

--Ahora, ¿sabéislo que necesito? --inquirió Sirius.

--¿Otrasesión intensiva con Avril? --sugirió Remus.

--No, miquerido lobito. Necesito algo que no hemos hecho en muuuuuucho tiempo,precisamente por culpa de presencia femenina en exceso.

--¿Estudiar?--dijo Peter.

Remus lomiró con una expresión que decía claramente: "¿y qué crees que he estadohaciendo yo todo el curso?".

--No, nadade eso. --Sirius se volvió hacia James--. ¿Se te ocurre qué puede ser, Jimmy?

El muchacholevantó la vista y distinguió en los ojos de su amigo ese brillo que conocíatan bien; ese brillo de sana maldad, de falsa inocencia, de una malévolaocurrencia.

--¿Hacertravesuras? --aventuró--. ¿Gastar bromas? ¿Ambas?

La sonrisade Sirius se hizo más grande.

--Menos malque Evans no ha sepultado del todo tu alma de Merodeador.

A las cuatroy media de la tarde, Remus comenzó a vestirse con ropa muggle. James interrumpió su charla acerca de por qué el objeto desus bromas debía ser la sociedad de elfos domésticos (las razones que daba noeran las que realmente tenía), apartó la cabeza de Sirius, que le tapaba lavista, y miró a su amigo.

--¿Adóndevas?

--Tengo unacita.

--¿Con quién?--dijo Peter.

Remussuspiró.

--Con unachica.

Peter, Jamesy Sirius se volvieron hacia él a la vez.

--¿Una cita
romántica? --inquirió el último.

Remussonrió.

--Sí,Padfoot, una cita romántica. Insólito, ¿verdad? Sorprendente, increíble. ¿RemusLupin tiene una cita? Imposible, si se pasa los días en la biblioteca y lasnoches merodeando por el castillo con sus insoportables amigos que no entiendencómo es posible que haya quedado con una chica. --Los otros tres se quedaronmirándolo embobados. Remus puso los ojos en blanco--. En fin, me voy. Ya oscontaré qué tal. No seas muy duro con los elfos domésticos, Prongs.

Y abrió lapuerta y se marchó. Sus amigos se miraron entre sí.

--No se lotoméis en cuenta --dijo Sirius--. Se acerca su momento del mes.

La chica deSlytherin estaba sentada en las escaleras que daban al vestíbulo. Iba vestidacon unos pantalones oscuros y una camisa de chico remangada hasta los codos.Llevaba el pelo recogido en una coleta y se había pintado levemente los ojos.Levantó la vista cuando Remus se acercó a ella. El muchacho deseó que no se lenotara su nerviosismo.

--Hola --lasaludó.

Ella sonrió.

--Hola,Lupin. Has llegado puntual.

 

--Sí --replicóél--. Es una manía que tengo. ¿Vamos?

La jovenasintió y se levantó. Salieron del castillo y empezaron a andar por el caminoque llevaba a Hogsmeade.

--Hoy nohabrá muchos estudiantes en el pueblo --comentó ella--. Así que podemos dejarde preocuparnos por que nos vean juntos.

Remus nopudo evitar soltar una carcajada.

--¿Tanto teavergüenzas de mí?

--Eres unGryffindor --dijo la chica como si eso lo explicara todo--. Ya sabes
, elenemigo.

--Aún no mehas dicho tu nombre.

Ella sonrió.

--Piénsalodurante todo el camino. Si al llegar a Hogsmeade aún no lo has adivinado, te lodiré.

Remus lohizo. Probó con todos los apellidos de familias de sangre limpia que conocía,desde Malfoy a Black, pasando por Potter, y después empezó a decir nombres femeninosal azar. Cuando se sentaron en una mesa de Las Tres Escobas y pidieron doscervezas de mantequilla, el muchacho dijo:

--Me rindo.

--¿Deverdad?

--Venga,dímelo. Prometiste revelármelo cuando llegáramos.

Ella sonriórisueña.

--Deacuerdo. Me llamo Elayne Nott.

Nott. Eseapellido le sonaba mucho a Remus. [N/A: Yseguramente a vosotros también. Theodore Nott, el chico de Slytherin de lageneración de Harry que no se interesa por pandillas como la de Malfoy, a pesarde que su padre es mortífago. Elayne puede ser su tía.]

--¿Nott?--repitió el muchacho--. Elrick Nott

--Mi hermano--asintió ella--. Es un año menor que yo.

"Y un candidatoa engrosar las filas de Quien-tú-sabes", pensó Remus, recordando que el chicofrecuentaba la compañía de Mulciber y Avery. Miró a Elayne, tratando quizá deleer en su alma.

--¿Quépiensas de los nacidos muggles? --laspalabras le salieron sin que él se diera cuenta.

Notó que lajoven se ponía tensa y endurecía la mirada.

--¿Crees queése es un buen tema de conversación para tratar en una cita?

Remusparpadeó.

--Tienesrazón. Perdona, yo no

--Ahora mismoestoy con un hombre lobo. Y no me importa. Al contrario, me gusta estar con él.¿De verdad crees que me preocupo por cosas como la limpieza de sangre?

Su miradaparecía de acero, y Remus sintió una mezcla de alivio, temor y fascinación. Levinieron a la mente las palabras que James había pronunciado antes: "No todoslos sucios y asquerosos Slytherins son sucios y asquerosos, Padfoot".

Sonrió. No,no lo eran.



Ahora, un par de recomendaciones:

1) La guía secreta de Harry Potter, de El Cronista de Salem y anunciada en la página. Completísima, trabajada y muy interesante. En España ya está, llegará pronto a Hispanoamérica, supongo.

2) The Shoebox Project, una sucesión de historias sobre los Merodeadores con la única pega (o en mi caso razón a favor) de que está en inglés. Parece escrita por la mismísima JK, está ilustrada y llena de sorpresas, como una caja de zapatos. Sólo hay que poner "shoebox project" en Google y darle a la versión PDF. Es absolutamente genial, de verdad. Creo que mi escena favorita es cuando se transforman en animagos por primera vez pero lo hacen sólo con la mente. Es decir, Sirius es un adolescente que quiere que le tiren palos para recogerlos con la boca y que huele las braguetas de la gente; Peter se esconde bajo una cama, asustado; y James es el rey del bosque. Lo único que no me gusta es que los protagonistas son Sirius y Remus. ¿¿¿QUÉ HAY DE JAMES??? Bueno, lo dicho, merece la pena aunque sólo sea para ver las imágenes. Subiré una si puedo.

 

Besines y a comentar!!!

Niraye.

Me he divertido mucho escribiendo este capítulo, porque por una vez los Merodeadores dejan de lado a las mujeres y vuelven a ser un poco más ellos mismos. Ya iba siendo hora.


Era muytarde cuando se despidieron en el vestíbulo. Cuando Remus fue consciente de lahora que era, le pareció completamente imposible que Elayne y él hubieranestado hablando durante más de siete horas. El banquete ya había terminadohacía rato, por lo que se dirigió directamente a la Torre de Gryffindor, queestaba silenciosa. No así su dormitorio, donde parecía que eran las tres de latarde.

--¡Moony!--gritó James entusiasmado, y corrió a abrazarlo--. Benditos los ojos que teven, ¿dónde te habías metido?

Le rascó lacabeza con los nudillos, y Remus se separó de él con una carcajada.

--¿Quéhabéis estado haciendo? --preguntó mirando a su alrededor--. Espero que nadadesaconsejable.

--Por favor,Moony --dijo Sirius, tirado en el suelo con el Mapa del Merodeador en lasmanos--. Nos ofendes.

Remus alzólas cejas y se sentó en la cama.

--¿Acaso nohacéis continuamente cosas desaconsejables?

--No--replicó Sirius--. Desaconsejables, no: prohibidas, directamente. Ven, Prongs,mira esto
Lo de la lista es más complicado de lo que creíamos.

James seechó junto a él y, cabeza con cabeza, empezaron a murmurar mirando el Mapa.

--¿Lista?--repitió Remus quitándose la capa--. ¿Qué lista?

Sirius yJames pusieron cara de inocencia.

--¿Lista?--dijo Sirius--. ¿He dicho "lista"? Quería decir
"Lily".

James lotaladró con la mirada, en parte por el nombre que había dicho y en parte por lopoco creíble que había sonado. Remus alzó las cejas.

--Quiero veresa lista.

--Moony, nohay ninguna lista.

--James,mientes igual de mal que Sirius.

Los tres sequedaron en silencio un momento, mirándose unos a otros. Peter, que se hallabasentado en su cama, no despegó los ojos del pergamino en el que escribía cuandoRemus se abalanzó sobre sus amigos para arrebatarles el Mapa. Sólo suspiróquedamente cuando James y Sirius se levantaron de un salto y se alejaron de élcon un grito. Se refugiaron en el fondo de la habitación. Remus se cruzó debrazos.

--Sabéis queal final no vais a poder evitar compartir conmigo lo que sea que estáistramando.

--Es que
--musitó Sirius--, necesitamos un poco más de tiempo.

--Quiero veresa lista --repitió Remus, y avanzó un paso.

James sacóla varita, lo que hizo que se detuviera. Pero el muchacho sólo posó la punta enel Mapa y murmuró:

--¡"Travesura realizada"!

Y delpergamino desapareció todo rastro de tinta. Remus puso los ojos en blanco.

--Si tesirve de algo --intervino Peter, que seguía escribiendo--, lo que estánhaciendo es una tontería.

--Muy bien--aceptó Remus--. No me lo digáis, si no queréis.

 

Caminó hastasu baúl y empezó a desvestirse. Sirius y James contemplaron en silencio cómo sedesnudaba y se ponía el pijama. Remus sonrió para sí mismo cuando vio que habíaconseguido lo que quería: en los rostros de sus amigos había cierta expresiónde arrepentimiento. Se metió en la cama.

--Pero--añadió-- olvidaos de acudir a mí en busca de consejo o ayuda. ¿Está claro? Noquiero tener nada que ver con lo que estáis haciendo.

Se tapó conlas mantas y cerró los ojos. No iba a dormir, sin embargo. Sólo esperaba lo quesabía que se iba a producir en unos momentos, tal vez segundos. Remus sepermitió a sí mismo realizar la cuenta atrás: cuatro, tres, dos, uno

--Moony --dijeronJames y Sirius a la vez, y corrieron hacia él.

--¿Y ahoraqué? --protestó él.

--¡Te locontaremos! ¡De verdad! --aseguró Sirius sacudiéndolo por el hombro

--Perotienes que escucharnos --dijo James.

Remus seirguió y los miró con cansancio. Como muestra de buena voluntad, James le pusoel Mapa en las manos y volvió a darle un golpecito con la varita.

--"Juro solemnemente que mis intenciones noson buenas" --dijo, y al momento la tinta volvió a surgir en la superficiedel pergamino, mostrando la presentación inicial que tanto les había costadoque apareciese, y luego el mapa de Hogwarts propiamente dicho.

--La lista--recordó Remus.

Siriusasintió.

--Sí.

Sacó supropia varita, la posó sobre la parte del Mapa que mostraba su propiodormitorio (donde había cuatro motas de tinta con sus respectivos nombres) ycon la punta la rodeó tres veces. Entonces el mapa se desdibujó y en su lugarapareció una lista parecida a las de la compra, con la diferencia de que cadapunto era una frase relativamente larga. Estaba escrita con la letra de James(porque la de Sirius resultaba ilegible en la mayoría de las ocasiones) ydecía:


COSAS QUE HACER ANTES DE TERMINAR EL CURSO

1. Fastidiar-mortificar a los Slytherin(entiéndase Quejicus, Mulciber, Avery,Nott y demás. Y [añadido por Mr. Padfoot] familiares de Mr. Padfoot,entiéndase Narcissa, Bellatrix y, si ya no está deprimido y vuelve a ser elmismo encantador hermanito pequeño que te acusa ante tu madre, Regulus). NB: sugerenciasde fastidio-mortificación: ver abajo.

2. Entrar a las Salas Comunes de las restantesCasas para completar el Mapa.

3. Salir las noches de luna llena a hacer animaladas (ya se supone, pero a Mr.Padfoot le hacía ilusión escribirlo).

4. Inundar las mazmorras (donde sospechamos seencuentra la Sala Común de Slytherin).

5. Comentarle a la profesora McGonagall lopreciosa que viene siempre a clase (¡Sí!).

6. Decírselo a Lily Evans, esta vez en serio (No
Pídele salir yacabamos antes).

7. Provocarle un empacho de chocolate a Mr.Moony.

8. Salir las noches de lunallena.

9. Atar a Mr. Padfoot a su cama toda una nochede luna llena.

10. Quitarle las gafas a Mr. Prongs y dejarlo enel medio del castillo de noche para que se las arregle solo.

11. Decirles a Mr. Prongs y Mr. Padfoot que yavale de escribir tonterías.

12. Espetarle a Mr. Wormtail que no meta sus roedorasnarices donde no le llaman, y seguir con la lista.

Pedirle perdón a Mr.Wormtail y preguntarle amablemente si desea sugerir algo.

 

13. Responderle a Mr. Prongs que estaría bien ataral profesor Slughorn a su cama mientras duerme justo antes de Pociones.

14. Asegurarle a Mr. Wormtail que es la mejor idea quea tenido en toda su vida.

15. Asegurarle a Mr. Moony que Mr. Prongs sabe que "hatenido" lleva "h" y que no hay necesidad de que se ponga histérico.

16. Confesarle a Mr. Moony que Mr. Prongs escribió"a tenido" sin darse cuenta y que fue Mr. Padfoot quien, en un alarde decomprensión hacia Mr. Moony, se lo corrigió. Y seguir con la lista.

17. Eh

18. Emborrachar a un elfo doméstico, vestirlo deCupido y meterlo en el despacho de Dumbledore.

SUGERENCIAS DE FASTIDIO-MORTIFICACIÓN PARA LOSSLYTHERINS

-Quejicus : Taponarle las fosas nasales conchicle / Hacerle lo que le hizo a Mr. Prongs, véase: dejarlo colgado en el aire(Levicorpus) y torturarlo concosquillas (Rictusempra) / Echarlelaxante en el desayuno antes de ir a clase (Oh, sí
) / Petrificarlo (Sí, ya sabemos que el hechizo es Petrificus totalus) y meterlo en un armario deescobas. Acordarse luego de que está ahí (O no).

-Mulciber y Avery: Hacer chistes sobre suposible relación homosexual (Yo diría "probable") y deleitarse con su reacción.

--Y ahí nos quedamos --dijo James.

Miró a Remus, quien se estabariendo.

--¡Esto es genial! --exclamó.Después carraspeó--. Quiero decir
Como prefecto os prohíbo terminantementeinundar las mazmorras e introducir un elfo doméstico borracho vestido de Cupidoen el despacho de Dumbledore. Ah, y tampoco me convence lo del empacho dechocolate ni lo de

--Reconoce que lo del elfo esgrandioso --cortó Sirius.

Remus no le hizo caso y frunció elceño, mirando la lista de nuevo.

--Un momento
¿Nott? --Se volvió haciasus amigos--. ¿Elrick Nott?

--Ajá --asintió Sirius--. ¿Por qué?

--¿Qué os ha hecho Elrick Nott?

Sirius y James se miraron.

--Bueno, digamos que tiene lasmismas posibilidades de rechazar a Lord Voldemort que Wormtail de sacar unExtraordinario en Pociones.

Todos miraron a Peter para comprobarsu reacción ante el comentario de Sirius, pero el muchacho seguía escribiendoen el pergamino como si nada hubiera sucedido. Sus amigos se acercaron a él.

--Pete, ¿qué estás haciendo?--inquirió James tratando de leer lo que ponía en el pergamino.

Peter lo ocultó contra su pecho.

--No es asunto vuestro.

Sus amigos se quedaron callados.Después, los tres se echaron a reír.

--Vamos, Wormtail, ¿desde cuándotienes secretos con nosotros? --dijo Sirius.

Peter suspiró.

--Sólo es
Oh, ¿qué os importa?

--Vamos, Pete, ¿qué es?

--Es
es un poema para Mary, ¿vale?

Sus amigos tuvieron que hacer ungran esfuerzo para no reírse. James, con una expresión que denotaba sufrimientopor permanecer serio, preguntó suavemente:

--¿Nos lo dejas leer?

--No
Os vais a reír.

--¿Reírnos? ¿Por qué íbamos areírnos? --dijo Sirius, quien, a pesar de sus palabras, parecía a punto desoltar una carcajada.

--Escucha, Peter --intervinoRemus--, déjamelo leer y te ayudaré a mejorarlo, si hay algo que mejorar. ¿Quédices?

 

--No, no y mil veces no.

--Venga --insistió Sirius, sin podercontrolar su curiosidad--. Si es bueno, podrías escribir uno para que Prongs selo dé a Lily.

James lo fulminó con la mirada.

--Yo no necesito un poema para conquistarla--replicó con arrogancia.

--¿Significa eso que vas a pedirleotra cita? --contraatacó Remus.

James vaciló y se ruborizó.

--Bueno, yo
es decir
ella
yo nohe querido decir que
en fin

Sirius se rió.

--Viendo tu elocuencia y la calmacon la que abordas el tema, vas a necesitar un poema y mucho, mucho más.

Su amigo lo taladró con la mirada.

--Entonces, ¿se la vas a pedir o no?--inquirió Remus.

James buscó rápidamente una vía deescape:

--¿Por qué en lugar de preocupartepor mí no nos cuentas qué tal fue tu cita?

Consiguió lo que esperaba: susamigos se volvieron hacia Remus, quien se ruborizó con un tono que hacía juegocon los colores de la habitación y las mejillas de James.

--Eso --dijo Sirius--. Estuvisteisfuera mucho tiempo. ¿Qué hicisteis?

--Hablar --respondió Remus sindudarlo.

Sus amigos alzaron las cejas.

--¿Todo el tiempo? --intervinoPeter.

--Sí.

--¿Todo, todo? --dijo James.

--Sí.

--¿Pretendes que nos lo creamos?--dijo Sirius, con las cejas alzadas.

--Somos dos grandes conversadores.

Sirius bufó.

--¿Sabéis qué? Estoy harto de todosvosotros. ¿De qué sirve quedar con una chica que te ha gustado durante mástiempo del que puedes recordar si luego no vuelves a mirarla a la cara? ¿De quésirve escribir poemas de amor si no permites que tus amigos se rían con lo quehas escrito? ¿Y de qué sirve tener una cita si mientes asegurando que no hubonada, ni siquiera un tímido beso?

--Es que no lo hubo, Sirius.

--Entonces, esa chica no merece lapena --sentenció el muchacho--. ¿Quién es? Me encargaré de que le llegue unramo de rosas con una tarjeta en la que ponga: "Alégrate, porque éstas son lasúnicas flores que recibirás en tu vida, SOSA".

--Padfoot, el único que besa a unachica en la primera cita eres tú --dijo Peter--. James no lo hizo, ¿ves?,porque lo normal es esperar a la

--La verdad es que estuvimos a punto--soltó James sin poderlo evitar. Sus amigos lo miraron con los ojos muyabiertos--. Pero
estábamos hablando de Remus. Y de su cita. Y de que todavíano nos ha dicho quién es la chica.

--¿Lily y tú estuvisteis a punto debesaros? --replicó Remus.

--Bueno
sí, pero
No tieneimportancia porque
Dwiny, el elfo doméstico
Bah, da igual, en serio. ¿Quiénes la chica?

--¿Qué pasó con el elfo doméstico?--contraatacó Remus.

--¿Cómo se llama? --replicó Jamesmuy serio.

--¿Interrumpió el beso?

--Su nombre.

--¿Lo interrumpió o no?

--Dime su nombre, Moony.

--¡¿Lo interrumpió?!

--¡Sí, lo interrumpió! ¿Contento?

--¡Sí! Elayne Nott. ¿Contento?

Se hizo un silencio pesado, sóloroto por la snitch que James habíarobado hacía siglos y que zumbaba de un lado a otro del dormitorio. Sirius fueel primero en reaccionar:

--¿Qué has dicho? --preguntó mirandoa Remus, que permanecía impasible.

 

--¿Nott? --repitió James.

--¿Nott? --lo secundó Peter.

--Sly
--empezó Sirius, pero laconmoción no lo dejaba continuar--. Sly
Slyth

--Slytherin, Sirius, Slytherin--completó Remus.

Se hizo de nuevo el silencio.

--¿Has salido con una Slytherin?--preguntó James.

--¿He querido que besaras a unaSlytherin? --dijo Sirius, más para sí mismo.

Remus perdió la paciencia.

--Sí, he salido con una Slytherin.He estado hablando con ella durante siete horas. Y ha sido una conversaciónplena y gratificante. Sí, es de Slytherin. Superadlo, ¿vale? Ahora, os pido porfavor que me dejéis dormir.

Y, dicho eso, se volvió a tumbar yse tapó hasta arriba. Los demás no pronunciaron palabra. Se metieron en suscamas y apagaron la luz. A los cinco minutos, Sirius musitó:

--Al menos no la besó.

Nadie se vio con fuerzas paracontestarle.



Espero que os hayáis reído tanto leyéndolo como yo escribiéndolo. Una última cosa:

MICROSOFT OFFICE WORD 2007:

Letra de James Potter: Segoe Print

Letra de Sirius Black: Mistral

Letra de Peter Pettigrew: Pepita MT

Letra de Remus Lupin: [por determinar]

Besos y a comentar!

Niraye.

Un capítulo algo corto pero dedicado a dos grandes escritores.



--Hola, Potter --saludó Lily Evanscon frialdad a la mañana siguiente.

James se estremeció ante la falta deemoción en su voz, y en ese momento odió profundamente su apellido. ¿Por qué lovolvía a llamar "Potter"?

--¡Se suponía que ya habíamossuperado ese paso! --se quejó James en la Sala Común.

Afortunadamente, era la una de latarde y la estancia se hallaba vacía, ya que todos estaban comiendo, aexcepción de Sirius y él. James había comentado que no tenía hambre("Traducción: ha pasado algo con Evans", había aclarado su mejor amigo) ySirius lo había acompañado a la Torre de Gryffindor para evitar que por elcamino se metiera en un lavabo a vomitar o, peor aún, introducir la cabeza en elváter. Ahora, James hablaba paseando de un lado a otro mientras su amigo loescuchaba repantingado en el sofá.

--Oye, ¿crees que Remus estáenfadado? --interrumpió Sirius, demostrando que en realidad no estaba escuchando,o al menos no del todo.

--¿Qué?

--Quizá anoche nos pasamos un poco
Sí, vale, la chica es de Slytherin, pero
al fin y al cabo
es
una persona.--Entrecerró los ojos--. ¿Acabo de decir que un Slytherin es una persona?

James lo miró desde el fondo de sudesesperación.

--Sirius

--¿Sí?

--Estoy
confesándote mis másprofundos temores y tú

insultas mientras a los de Slytherin
--Cayómelodramáticamente de rodillas--. A veces me siento tan solo

Sirius esbozó una media sonrisa.

--No te preocupes, Prongs. Ella estáprofundamente enamorada de ti, lo que pasa es que todavía no se ha dado cuenta.

James lo taladró con la mirada.

--Eso, tú ríete --le reprochó--,búrlate sin piedad de mi cruel sino, regodéate con las fatalidades que ladivina providencia ha

--Sabes, creo que pasar tanto tiempocon Remus no es bueno para ti. Te está pegando su lenguaje pedante. O eso, oEvans te ha trastornado de verdad.

 

James se desplomó en el sofá ycolocó románticamente el dorso de la mano sobre la frente.

--¡Ay mísero de mí,y ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así, quédelito cometí contra vosotros naciendo

Sirius frunció el ceño.

--¿Y eso?

--Calderón de la Barca.

--¿Quién es ése?

--Uno de los poetas muggles de Remus.

--¿De dónde es?

--No sé. De Francia o España, supongo. ¿Qué más da?

--¿Y por qué te sabes ese poema?

--Porque un día cogí el libro de la mesita de Remus.Es interesante, se titula La vida essueño y va de un rey que

--James --cortó Sirius--. Primero me entero de que unelfo doméstico interrumpió un beso con Evans y ahora de que lees poesía aescondidas.

--¡Yo no leo
!

--¿Qué otras cosas poco propias de ti has llevado acabo sin decírmelo, Potter? No intentes ocult

--En la cita llevé a Lily a la parte superior de laTorre de Astronomía y a las cocinas --dijo James de un tirón, sin erguirse paramirar a Sirius, lo cual fue una suerte, porque se ahorró ver la indignaciónlatiendo en sus ojos grises y el enfado subiéndole al rostro.

--¡¿QUÉ?!

James se sentó en el sofá y lo miró con seriedad.

--Padfoot, compréndelo. Quería que recordase esanoche, no me apetecía ofrecerle una merienda de té con pastas en el salón de MadamePudifoot.

--Pues, ¿sabes qué? Ésa sería una opción aburrida y demal gusto, pero infinitamente más recomendable. ¿Te das cuenta de que hasrevelado la existencia dos lugares que eran enteramente nuestros, y nada menos que a una prefecta? Por mucho que te guste,se trata de Evans, la favorita de muchos profesores. ¡Por favor, si el otro díala vi tomando el té en el despacho de McGonagall, cuando iba a cumplir uncastigo! ¿Qué va a ser lo próximo, James? ¿Llevarla a la Casa de los Gritos? ¿Odirectamente decirle lo que pasa cada luna llena?

--Ahora eres tú el que exagera --replicó James--.¡Sólo son las cocinas y la Torre de Astronomía! No hay nada secreto ni misteriosoen

--¡Te recuerdo que tuvimos que amenazar a cinco elfosdomésticos para que nos revelaran la entrada a las cocinas! Trabajamos muchopara crear el Mapa y tú vas y se lo cuentas todo a la primera que

--¡No le he contado nada! Hablas como si le hubiera puesto el Mapa en las manos.

--No lo has hecho, pero poco te ha faltado.

--Sirius, no digas estupideces. ¿Te estás oyendo?¡Ésta discusión es absurda!

--Ya verás cuando se lo diga a Peter. ¡Me dará larazón!

--Bien, porque Remus me la dará a mí.

--Remus no te dará la razón, ya lo verás.

--¿Acerca de qué exactamente no le daré la razón aJames? --intervino el propio Remus, entrando en la Sala Común por el hueco delretrato.

Peter iba tras él. Ambos se acercaron a sus amigos,quienes empezaron a hablar a la vez señalándose entre sí con un dedo acusador:

--¡Llevó a Evans a la Torre de Astronomía

--¡Es un exagerado, no se trata

--
y a las cocinas, sin darse cuenta

--
de nada importante, sólo son

 

--
de que ésos son sitios prohibidos, sólo aptospara

--
las cocinas y una torre! ¡Por Merlín, parece que herevelado un secreto

--
Merodeadores!

--
de Estado!

Peter parpadeó y Remus frunció el ceño. Les habíacostado, pero ambos se hacían una idea general de lo que había ocurrido.Cuando te pasas media vida al lado de James y Sirius, adquieres la habilidad deescuchar dos conversaciones al mismo tiempo.

Lupin fue a decir algo, pero en ese momento, algunos miembros de Gryffindor entraron por el hueco del retrato hablandoanimadamente. James y Sirius se levantaron al mismo tiempo, corrieron hacia laescalera y se pelearon por subir primero. Finalmente ganó Sirius, y James notuvo más remedio que ir tras él, muy furioso.

--¿De verdad tenemos que ir con ellos? --inquirióPeter--. Podemos dejar que se maten a golpes y escapar a algún sitio como
no sé,Hogsmeade o
a cualquier otro lugar donde no pongamos en peligro nuestraintegridad física ni nuestra paciencia, como los lavabos de chicas del segundopiso. Allí no se les ocurrirá entrar a buscarnos, por la mala experiencia quetuvieron con las prefectas de Ravenclaw a las que espiaban.

Remus suspiró.

--Nunca he estado más de acuerdo contigo--reconoció--. Sin embargo, me temo que
bueno, ya sabes, son nuestros amigos yesas cosas. Habría que pagar los entierros y a mi familia no le sobra eldinero.

Peter se rió, y ambos iniciaron el ascenso hacia eldormitorio.

--¡Estoy harto de discutir contigo, Sirius! --estabadiciendo James cuando entraron--. ¡Porque siempre es por tonterías! ¿Se puedesaber qué te pasa? ¡Antes no te hubieras puesto así por esto!

--¡Te equivocas, sí que lo habría hecho! --replicóSirius desde el fondo de la habitación--. Los asuntos de Merodeadores quedanentre Merodeadores, James. Ninguna pelirroja, por muy guapa que sea y por muchoque le brillen los ojos, debería conocer un mísero secreto.

--Oh, por favor
--se exasperó James moviendo lacabeza.

--Recuerdo perfectamente el día que le revelé a Snapeel modo de entrar detrás de Remus por el Sauce Boxeador.

--No puedes estar comparando

--¡Recuerdo lo mucho que te enfadaste porque Snapesabía un secreto que
!

--¡No compares lo de Snape con esto, Sirius! --gritóJames, enfadado--. ¡No tiene nada que ver! ¿De verdad eres tan estúpido comopareces? ¡¡Aquella vez yo no me enfadé porque hubieras revelado un secretonuestro, sino porque Snape podría haber muerto!!¡¿No te das cuenta?! ¡Piensa un poco, joder! ¡Si lo hicieras más a menudo quizáno tendríamos estas discusiones!

--¡Y quizá podría hacerlo si dejaras de gritarme! --leespetó Sirius.

Un pesado silencio cayó sobre el dormitorio. James ledio una patada a la pata de la cama. El dolor que se hizo en el pie suavizó unpoco la ira que sentía.

--De acuerdo. Dejaré de gritar.

Pareció que iba a añadir algo más, pero finalmentecambió de idea. Se sentó en su cama, apoyó la espalda en la cabecera y se rodeólas rodillas con los brazos. Sirius se volvió hacia Remus, quien estaba muyserio. Después desvió la vista, cruzó la habitación, abrió la puerta y se fue.Remus y Peter se miraron.

--James
--empezó el último.

--Déjame en paz --le espetó, cortante.

--Pero

--Peter, piérdete, ¿vale?

Peter bajó la mirada con tristeza. Se ruborizó y semarchó también de la habitación arrastrando los pies. James levantó la cabeza.

--No
¡No, Pete, espera! ¡No quería decir eso
! Oh,¡mierda! ¿Por qué se ha ido?

Remus suspiró.

--Quizá se tomó lo de "piérdete" en sentido literal.

--Genial --dijo James--. Fantástico.

Apoyó la cabeza en las manos, de forma que se despeinóaún más el cabello. Remus suspiró. Tomóasiento en la silla del escritorio.

--Tú también piensas que no debí revelarle eso a Lily,¿verdad? --preguntó James alzando la mirada hacia él.

--Pienso que no hay nada de malo en tratar deimpresionar a una chica con otros métodos que no sean revolverse el pelo o
echarle maldiciones a Snape delante de ella. Hiciste bien, aunque Sirius no lo comprenda.

James sintió una mezcla de vergüenza y agradecimiento.

--Ya --replicó, sin saber qué más decir.

Remus desvió la vista.

--En cuanto a Peter
, te pasaste un poco con él, pero tranquilo,no creo que le quede un trauma para el resto de su vida.

Su amigo sonrió sólo un poco. Después sacudió lacabeza.

--Soy un estúpido. No sé ni cómo me aguantas, Moony.

Remus se rió.

--Bueno, confieso que a veces me dan ganas de pegarteun puñetazo en la nariz, pero prefiero no tener nada que ver con que Lily pasede ti por culpa de una deformidad facial.

--Eres cruel --replicó James componiendo una expresiónque inspiraba lástima--. Como la vida. O el destino. ¿La providencia? No sé,cualquiera que mueva los hilos ahí arriba.

--¿Dumbledore? --sonrió Remus.

--Sí, es posible. Culpémoslo de todas nuestras desgracias.

--James, tú no tienes desgracias.

--La chica de la que me he enamorado tiene el corazón de hielo; dos de mis mejores amigos se han enfadado conmigo y el otro quierepegarme en la nariz.

--¡Yo no he dicho
! Ah, es inútil --concluyó Remus hablandopara sí mismo--. Cuando se pone dramático, es mejor dejarlo hablar.

--Y, por si eso fuera poco, nos traiciona saliendo conSlytherins
teniendo conversaciones conellas.

--Oh, ¿sabes qué? Ahora mismo me encantaría pegarte enla nariz.

--¿Lo ves? --gimió James--. Todo se ha desmoronado ami alrededor. El barco se hunde. Ni siquiera tú, Moony, mi más fiel compañero

--Hoy estás especialmente metafórico, Prongs.

--
ni siquiera tú te salvas del ahogamiento. Tú, Lupin,que corrías junto a mí bajo la luna llena; tú, que me dejabas copiar de tusapuntes cuando me distraía en clase; tú, que me dabas codazos o dolorosaspatadas bajo la mesa cuando me quedaba mirando a Lily

--James, ya sé lo que puedes hacer.

El muchacho interrumpió su discurso y parpadeó.

--¿Cuándo?

--Ahora mismo.

Remus se levantó y se arrodilló frente a su baúl. Jameslo miró expectante mientras el muchacho revolvía entre su ropa y el materialescolar y sacaba un libro pequeño de color negro, con las esquinas desgastadaspor el uso y las páginas amarillentas. Se lo dio a James, quien leyó las letrasblancas del lomo.

--¿Edgar Allan Poe? --preguntó--. ¿Es otro de tusescritores muggles?

--En realidad, muchos afirman que era mago, pero no hasido confirmado.

 

--¿Y qué quieres que haga con este libro?

--Leerlo, por supuesto.

--¿Para qué?

--Bueno
--caviló el joven--. Es lo que yo hago cuandosiento que mi vida no tiene sentido.

--Remus, tú lees libros todo el rato.

--Sí, pero éste en concreto cuando necesito no pensar.

--Ah --dijo James mirando el libro. Lo notaba calienteentre las manos, porque había estado sepultado en el fondo del baúl de Remus. Acariciólas letras en relieve del lomo y sintió curiosidad por saber qué clase dehistorias leía su amigo cuando deseaba evadirse--. Está bien. Lo leeré. Pero noesperes que lo termine tan rápido como tú.

Remus sonrió.

--Estoy convencido de que lo harás. No podrás dejarlo.

James volvió a mirar el libro.

--¿Quieres que lo empiece ahora?

Remus alzó una ceja.

--Ahora tenemos Cuidado de criaturas mágicas.

El muchacho se encogió de hombros.

--No suelo escuchar en esa clase, de todas formas.

--Hoy vamos a dar los thestrals --añadió Remus con una media sonrisa.

James abrió los ojos con interés y dejó el libro en sumesita.

--Entonces habrá que atender por una vez. --Selevantaron, se colgaron la mochila al hombro y cruzaron la habitación--. Ojalápudierais verlos como Peter y yo. La gente les tiene miedo, porque losrelacionan con la muerte, pero son completamente inofensivos.

Cuando ya estaban en la puerta, Remus dejó salir unapregunta que ardía en deseos de formularle desde hacía tiempo:

--¿A quién viste morir, James?

Por alguna razón que Remus no comprendió hasta que oyóla respuesta, su amigo esbozó una triste sonrisa.

--A mi abuelo Thomas. Se empachó con ancas de plimpy.



Relato de Poe que leí mientras escribía el capítulo:

https://www.literatura.us/idiomas/eap_pozo.html


Gracias por seguir ahí ^^

Niraye.

Bien, aquí está el siguiente capítulo. Muchas gracias a todos los que leen, a todos los que hacen la historia favorita y sobre todo a los que comentan. Sin vosotros, esto no sería lo mismo.



Avril supo, en cuanto lo miró a los ojos, que Sirius sehabía enfadado con James Potter. Era algo que se notaba a simple vista, unaintuición, una certeza, quizá revelada por pequeños detalles insignificantescomo la sombra entre las cejas del muchacho, sus puños apretados, su respiraciónalterada, los movimientos nerviosos
Nada salvo pelearse con su mejor amigopodría lograr ese efecto en Sirius.

--¿Qué ha pasado esta vez? --le susurró Avrildisimuladamente en la clase de Cuidado de criaturas mágicas.

El joven negó con la cabeza sin mirarla y no contestó.Se volvió y se topó con unos ojos color avellana fijos en los suyos. No desvióla vista, porque presentía que James intentaba decirle algo. Pero estababastante lejos, y no podían comunicarse con señas sin que el profesor los viera.James sacó del bolsillo una pluma estilográfica (pluma muggle que le había regalado Peter por su cumpleaños), rompió untrozo de pergamino y escribió algo. Lo dobló y utilizó la varita para quellegara hasta Sirius sin que nadie lo notara. Éste lo cogió con rapidez, lodesdobló y leyó:

 

Para Sirius: lo siento.

Para Peter: lo siento.

Para mi orgullo herido: losiento.

J.

Sirius no pudo evitar sonreír. Se la pasó a Peter, aquien se le iluminó la expresión y estuvo a punto de acudir junto a James si nofuera porque justo en ese momento, el profesor le preguntó por qué razónalgunos veían a los thestrals y otrosno. Mientras el muchacho contestaba tartamudeando, Sirius garabateó larespuesta por detrás de la nota y se la pasó a su amigo.

¿Tedisculpas porque de verdad lo sientes o sólo para reconciliarte conmigo?

James lo taladró con la mirada.

Eres un imbécil, Black.

Sirius sonrió.

Estababromeando, Potter. Yo también lo siento. En serio. ¿Te das cuenta de queúltimamente nos peleamos más entre nosotros que con Quejicus? Es patético. No me reconozco a mí mismo. Dile a Moony quedeje de tomar notas, es insoportable.

S.

No te molesta que tome notas cuando me copias losapuntes para estudiar, PERRO PULGOSO. Deja tú de mandarle notas a James. Para untema que le interesa, y lo estás distrayendo.

R.

Moony,fue ÉL quien me mandó la primera nota. Además, qué eres, su madre?

Algo así.Por cierto, esa chica de pelo castaño de Ravenclaw no deja de mirarte.

LO SÉ J

Terecuerdo que estás con Avril.

Terecuerdo que no eres mi madre, aunque no se pueda decir lo mismo de otros.

Cambiandode tema
Dile al idiota con gafas al lado tuyo que esta noche vamos al BosqueProhibido.

Padfoot.

El idiotacon gafas dice que le parece bien. Sin embargo, el prefecto que está a su ladodesaprueba la idea.

Moony.

Elprefecto que está al lado del idiota con gafas debe saber que sólo vamos acorretear un poco por el Bosque bajo nuestra otra forma, que ya lucha porsalir. El otro día estuve a punto de salir corriendo para recoger una pelota deun niño de primero. Menos mal que no lo hice, porque seguro que le hubieracausado un trauma infantil o algo.

P.

El idiota con gafas leagradece a Dios (o a Dumbledore, jaja) que no lo hicieras. Paddy, esos instintosanimales no son buenos, por muy animago que seas. Dentro de poco empezarás aoler braguetas.

P. y M.

Tútambién tienes instintos animales: si Evans tuviera un pretendiente, seguro quele dabas un cabezazo o algo así. No pillo lo de Dumbledore. Y tengo hambre,HAMBRE.

¿De quéestáis hablando?

Las cocinas bullían de actividad,porque se acercaba la hora de la cena. Los elfos domésticos corrían de aquípara allá portando bandejas de comida y posándolas en las cuatro mesas delcentro, que eran el reflejo de las que se hallaban justo encima, las de lasCasas del Gran Comedor. No había que ser muy inteligente para darse cuenta deque, gracias a algún tipo de encantamiento, las bandejas subían a suscorrespondientes del piso de arriba cuando los elfos chascaban los dedos.Aunque aún faltaba bastante para la hora de llevar a cabo el proceso, todas lascriaturas estaban muy atareadas. No obstante, eso no era impedimento para quedieran de comer a los dos muchachos que se acababan de presentar en lascocinas. Por experiencias pasadas sabían que cuando Sirius Black tenía hambre, lomejor era servirle, porque si no se lanzaría sobre las bandejas, y a Dumbledoreno le iba a gustar que la comida ya hubiera sido probada antes de aparecer enel Gran Comedor.

 

--¿Nos comemos todo? --preguntóPeter mirando la bandeja que les habían colocado en el suelo--. ¿No crees quedeberíamos llevarles algo a los otros?

--Bah, que se fastidien --replicóSirius, aunque en realidad sonó más bien como "fa, gue ce aftiden"--. Esto está demasiado bueno como paradesaprovecharlo en dos debiluchos y enclenques que leen libros.

--¿Iban a leer libros?

--Remus dijo que tenía cosas quehacer, lo cual es un eufemismo de "no puedo esperar a recorrer las suavespáginas de mi nuevo libro". Se lo regalaron sus padres por Navidad, creo. Oeso, o ha vuelto a quedar con la Slytherin. Más le vale que sea lo primero. YJames dijo que tenía el estómago revuelto y que no le apetecía comer, lo cual asu vez es un eufemismo de "no puedo esperar a yacer en mi lecho para suspirarpor el amor de mi amada".

Sirius siguió metiéndose en la bocaempanadas de calabaza y pasteles de nata, mientras que Peter sólo mordisqueó untrozo de queso, como lo habría hecho una rata.

--Oye, Sirius

--¿Sí?

--Yo
--musitó desviando la vista--,bueno, hay algo que
algo de lo que quería hablar contigo porque tú
, bueno,tú
tienes experiencia en
estas cosas.

--¿En qué cosas, Pete? --preguntóSirius amablemente.

--Verás, es que
bueno, lo que pasaes que
Mary y yo
, bueno
, ya sabes.

Sirius dejó de masticar el enormetrozo de filete de ternera con salsa roquefort que se había metido en la boca ypuso cara de pez. El rostro de Peter adquirió un desagradable tono rosado.

--¡Aún no ha pasado nada!--aclaró--. Pero
creo que ambos
queremos que pase y
bueno, tú

Sirius lo miró como si lo hubieranacusado de algo terrible que él no había hecho. Peter continuó, poniéndose másnervioso por momentos:

--¡Se lo podría preguntar a James!Pero él
bueno, aunque ha estado con chicas, no es exactamente lo que se diceun modelo a seguir porque siempre mete la pata de alguna forma, ya lo conoces,je je je
--Su risa no podía ser más falsa--. ¡En fin! Lo que quiero decir esque me gustaría que tú

me explicaras, si no te importa
bueno
eso. Obviamente, lo que ocurre, porque los niños no vienen de París ni los traela cigüeña, y esas cosas, ¿no? Pero sólo conozco
la teoría, por así decirlo
¿entiendes?

Sí, Sirius entendía. Pero el caso era que seguía sin poder tragar el trozo defilete y sin poder dejar de mirar a su amigo con los ojos desorbitados y sinpoder decir nada inteligente, que de todos modos no iba a sonar inteligenteporque tenía un trozo de filete en la boca. Por un momento, deseó ahogarse conel filete al roquefort y morirse allí mismo. Se sentía más incómodo incluso quecuando, veraneando en casa de los Potter, el padre de James había decididohablarles a los dos muchachos sobre sexo y los peligros (también placeres, perosobre todo peligros) que entrañaba. Por lo menos, aquella vez quien debíahablar era el señor Potter, mientras que ahora era él. Y, por descontado, enaquel momento el señor Potter no había decidido meterse un trozo de filete másgrande del que podía digerir en el momento crucial.

 

Sirius empezó por coger un plato yescupir el filete en él, lo cual no fue muy agradable pero le quitó un granpeso de encima. Después se dio cuenta de que definitivamente era mejor tener untrozo de filete en la boca, porque sin él tenía que hablar.

--Pete, yo
Bueno
, esto
, en fin.--Se asombró de su propia elocuencia--. No creas que soy un experto, todo locontrario.

--Ah --musitó Peter--. Entonces,supongo que me tomé en serio lo de "tenéis ante vosotras al dios del sexo,chicas, arrodillaos ante mí".

Sirius se ruborizó de la misma formaque él.

--Ah, sí, eso
ja ja ja, sí, bueno,eso era una broma, Pete

--Ah --repitió sin mirarlo a losojos.

Sirius se apiadó de él al verlo tanavergonzado.

--Oye, si quieres
si quierespodría
darte algún consejo. No seré el dios del sexo, pero
bueno, algo sé.

Sonrió enseñando sus dientesblancos, y Peter le devolvió la sonrisa.

Cuando Remus llegó sin aliento alvestíbulo, se dio cuenta de que una tableta de chocolate se había derretido enel bolsillo trasero de su pantalón, y la mancha marrón se había extendidobastante. Maldijo en todas las lenguas que conocía y miró el reloj para ver sile daba tiempo a ir a cambiarse. Pero Elayne Nott ya bajaba las escaleras demármol para reunirse con él, y fijaba los ojos en su pantalón.

--¿Es una nueva moda o te has puestoasí ante la aterradora posibilidad de quedar conmigo?

Remus rió nerviosamente.

--Es chocolate. No debería haberlometido ahí. De hecho, no recuerdo haberlometido ahí. Creo que fue alguno de mis amigos. Tienen la molesta costumbre deponerse mi ropa sin permiso.

Elayne sonrió. Remus se fijó en queestaba distinta a la última vez que la había visto: llevaba el pelo suelto, quele caía en desordenados rizos sobre los hombros, no iba maquillada y llevaba eluniforme del colegio. Sin saber por qué, el estómago del muchacho se encogiócuando vio el escudo en su ropa y la corbata de Slytherin. Influencia de susamigos, supuso.

--¿Adónde quieres que vayamos hoy?--preguntó-- ¿Madame Puddifoot?

La chica puso cara de asco.

--Dime que no hablas en serio.

--No hablo en serio --replicó él conuna sonrisa--. Mírame. En la partetrasera del pantalón tengo una mancha enorme de chocolate. Tengo
cicatrices enla cara. No pego en ese lugar.

Elayne se puso seria de pronto.Remus cambió de tema:

--¿Te gustaría dar un paseo hasta ellago?

--Me encantaría.

El contacto de la brisa de la tardeen el rostro, revolviendo su cabello, fue muy agradable. Remus inspiró hondo yse preguntó si en la segunda cita se suponía que debía haber algo más aparte deuna larga conversación. "Pues claro", le dijo una voz interior, que se parecíasospechosamente a la de Sirius.

El sol arrancaba destellos dorados alas aguas tranquilas del lago, y las hacía un poco más transparentes. Cuando sesentaron frente a él, Remus empezó mecánicamente a arrancar la hierba del suelo.

--Qué buen día hace, ¿verdad?--dijo, y enseguida se dio cuenta de que había sido un comentario pocoafortunado: había dejado en evidencia la falta de conversación. ¿Dónde estabanlas palabras que le habían salido tan espontáneamente el otro día?

 

Elayne se volvió hacia él. Lo miró,se mordió el labio inferior y movió levemente la mano derecha. La alzóvacilante y la acercó al rostro de él. La detuvo a sólo unos centímetros de sumejilla, en la que tenía una cicatriz que se extendía desde la nariz hastadonde la mandíbula se une a la oreja. Muy lentamente, la rozó con los dedos, enuna caricia leve y suave. Remus se estremeció de arriba abajo.

--¿Duele? --preguntó ella en unsusurro.

El joven parpadeó. Comprendió que lachica no se refería a la cicatriz, sino a lo que la había causado. No le gustaba hablar de ese tema, pero con Elayne noresultaba demasiado difícil.

--Sí --contestó.

No dijo nada más. No era necesario.Ella volvió a acariciarle el rostro con una ternura de la que Remus no creíacapaz a alguien de Slytherin. Elayne se acercó más a él, sin dejar de mirarlo,y depositó un suave beso en sus labios.

James, sentado en la cama, leyó eltítulo otra vez: Relatos de Edgar AllanPoe. Ni el título ni la portada --totalmente negra-- prometían gran cosa,pero Remus siempre decía (obviamente en sentido metafórico) que nunca se debíajuzgar un libro por su portada. Estaba a punto de abrirlo y comenzar a leercuando algo atrajo su atención. En el suelo, a los pies de la cama de Peter,había un trozo de pergamino arrugado. James se levantó, cogió el pergamino y loalisó. En él, con la inconfundible letra pequeña y rápida de Peter, estabaescrito:

Tu sonrisa es un claro rayode sol,

tu mirada es un pozo deoscuridad;

cuando estás cerca nodistingo el color,

blanco o negro, ¿qué másda?

Había tachado los dos últimos versosy había escrito en su lugar:

Oh, mi amor, ¿qué nosimporta el color

si tú eres mi otra mitad?

James se rió sin poderlo evitar. Éltambién estaría enamorado, pero al menos aún no había caído tan bajo. Aunque,si Lily seguía tratándolo con esa frialdad, quizá hasta se sorprendiera a símismo una vez más y le escribiera un poema. O mejor, le pediría a Peter que lohiciera por él. Volvió a sentarse en su cama y metió el pergamino alisado entrelas páginas del libro, mientras se preguntaba si sería capaz de mantener elsecreto delante de sus amigos. "Por Peter", se dijo.

Suspiró, se apartó el pelo de losojos, abrió el libro por la primera página y comenzó a leer.

--Sabes, no se trata únicamente deldolor --dijo Remus. Su cabeza descansaba en la hierba, tan cerca de la deElayne que sus cabellos se entremezclaban--. Quiero decir
duele, sí, duelemucho. Dios, es una tortura. Mi cuerpo se transforma, la piel se retrae, losmúsculos se estiran, los huesos se dislocan y se vuelven a unir de otra forma.Creo que lo peor es la columna
, cuando mis vértebras cambian de posición y meobligan a arquearme para caminar a cuatro patas. Eso es horrible. El dolor eshorrible. Pero no es lo peor. Lo peor de todo no es lo que sufre mi cuerpo,sino mi mente. Cuando la mente del lobo toma posesión de mi mente humana
siento que caigo. Que caigo al vacío, a un pozo negro sin fondo, e intentodesesperadamente agarrarme a algo, pero no lo consigo. Esa sensación
de caída
es lo más horrible de todo. Es aterrador. Porque nunca sé si voy a volver a despertarme.Si volverá la luz.

 

Pero la luz volvía. No se lo dijo aElayne, pero la luz volvía. Cuando estaba con sus amigos, cuando ellos setransformaban en animales y Prongs guiaba el camino y Wormtail correteaba entre suspatas y Padfoot lo saludaba con alegres ladridos, en ese momento la luz penetrabapor un resquicio y se colaba en su mente dormida. Y esa sensación era tanmaravillosa que Moony sólo tenía ganas de correr hasta no poder más y aullarlea la luna, a esa redonda luna que tanto lo atraía.

La cálida mano de Elayne uniéndose ala suya le hizo volver a la realidad y alejar esos pensamientos de su mente.

--Eres interesante, Remus Lupin.



Cada vez me gusta más esta pareja.

Letra de Remus Lupin: Vivaldi.

Últimamente reparto mi tiempo entre leer el fic en inglés del que os hablé (link: https://lomara.org/sbp/) y escribir éste. Sí, a veces voy a la piscina y otras incluso como y duermo, pero en general todo lo hago pensando que pronto encenderé el ordenador y mi mente volverá a recorrer los oscuros pasillos de una escuela de magia. Me preocupa, sinceramente. ¿A alguien le pasa lo mismo que a mí?



Sirius no podía dejar de hablar. Unavez que hubo empezado, las palabras comenzaron a salir de su boca y formarontoda una teoría que él no se había planteado con anterioridad. Si al principio habíasentido vergüenza e incomodidad, ahora se hallaba como pez en el agua. Leencantaba ser el experto, el profesional, el que sabía de qué iba la cosa, elque adoctrinaba a su ignorante pupilo y despejaba las dudas de su mente. Le gustaba,porque Sirius adoraba ser el centro de atención. Peter, por su parte, estabaencantado de que su amigo le hiciera caso a él y sólo a él. Normalmente siemprepermanecía en un segundo lugar, riéndose por detrás de las bromas de Sirius yJames y admirando desde lejos a Remus por su calma y seguridad en sí mismo.Ahora, con su amigo prestándole toda su atención, sentía que debía estar muyatento para aprovechar la oportunidad.

--Se trata de un juego de dosparticipantes --explicó Sirius. Estaban de vuelta en la Sala Común, y aunque suvoz no era tan estridente como de costumbre, dos chicos de cuarto que fingíanestudiar tenían la oreja puesta en la conversación, y él era consciente de ello--.O tres, pero ése es otro tema. Dos jugadores, ¿de acuerdo? Ambos tienen queponer de su parte para poder
jugar. Ambos son importantes, y ninguno lo es másque el otro. No hay uno que manda y otro que acata. Y, en cuanto empieces, tedarás cuenta de que
la situación fluye. Tienes que olvidarte de las reglas ysimplemente dejarte llevar.

--Pero, si es un juego, tendráreglas.

--Sí, tiene algunas. Por ejemplo,debes saber que a las chicas no les gusta
ir
al grano demasiado pronto, ¿mecomprendes?

--No.

--Necesitan unos preliminares.Caricias, besos
esas cosas que a nosotros nos fastidian.

--A mí me gustan --confesó Peter.

--No te gustarán cuando te descuenta de que ella no quiere pasar de ahí.

--Pero ella quiere.

--Entonces, simplemente déjatellevar, Pete. Deja que tu instinto te guíe. Pero recuerda que no debes serdemasiado directo. Empieza con algunas caricias.

 

--Vale.

--Caricias por todo el cuerpo, ¿comprendes?Y luego ya podrás dar el siguiente paso.

--¿Cuándo?

--Oh, eso se sabe.

--¿Se sabe
?

--Ah, e intenta no acabar demasiadopronto, porque por lo general ellas son más lentas.

--¿En
?

--Sí, en llegar. Si tú terminas yella no, el juego ya no tiene gracia.

--Pero, ¿cómo hago para
?

--¿
retrasarlo? Piensa en cosasdesagradables como
No sé. En Filch. Filch acariciando a su gata. O
enDumbledore poniéndose calcetines. --Peter parpadeó--. ¿Me comprendes?

--Creo que sí.

--Yo una vez pensé en la profesoraMcGonagall, pero tuvo el efecto contrario, lo cual me preocupó seriamente. Selo conté a James y me dijo que a él le había pasado algo parecido con la deAritmancia, así que
Oh, quizá no debí contar eso. Bueno, tú no se lo vas adecir a nadie, ¿verdad? Y menos a Remus, que se reiría de nosotros durante elresto de nuestra vida

--No, claro que no.

--Eres un buen chico, PeterPettigrew.

Cuando Remus abrió la puerta del dormitorio,alguien se lanzó sobre él con una fuerza inusitada, provocando que por pocoperdiera el equilibrio.

--¡Moony! --gritó James, con losojos relampagueantes y el cabello alborotado--. ¡Moony, Moony, Moony!

--James, ¿qué pasa? --replicó Remusmirando a su alrededor con preocupación, pero todo estaba en orden--. ¿Qué
?

--¡¡Poe!! --respondió con unasonrisa de oreja a oreja--. ¡Poe, Moony, Poe!

--¿Qué pasa con él?

--¡Que ha funcionado! ¡Ha logrado loimposible! ¡Oh, Moony, no puedo dejarlo! --Remus sonrió--. ¿Cómo es posible queno lo leyera antes? ¿Cómo es posible que no lo conociera hasta que tú me loenseñaste? Merlín, ¡es fantástico! No sé qué relato de los que he leído megusta más
Oh, El corazón delator, tejuro que podía escuchar los latidos. Y Elpozo y el péndulo, casi me da un infarto. Mira, nótalo. --Le cogió la manoy se la colocó en su propio pecho--. ¿Ves lo rápido que me va el corazón?¿Sabes por qué eso es tan increíble? Porque sólo late tan rápido en dosmomentos, Moony. ¿Quieres saber cuáles? Cuando juego al quidditch y cuando veo a Lily Evans. --Lo cogió por los hombros ylo miró a los ojos--. Has obrado un milagro, Moony. Has conseguido que laaparte de mi mente, aunque sólo fuera durante unas horas, porque ahora estoyhablando de ella de nuevo, pero
¡Pero lo importante es que la he olvidadodurante un rato! Y no sólo eso, sino que has conseguido que me interese poralgo más aparte de
Aparte de lo que siempre hago, ya sabes
volar, salir porel castillo por la noche, esperar a la luna llena
Mira, si ahora mepreguntaras qué me apetece hacer
Pregúntamelo. Pregúntame qué quiero hacerahora mismo.

Remus parpadeó, confuso.

--Eh
De acuerdo
¿qué quieres hacerahora mismo?

--Oh, ¿ahora? Eh
--James fingió quereflexionaba--. Pues, ya que lo preguntas, la verdad es que ahora mismo meapetece leer a Edgar Allan Poe. ¿Lo has oído? No quiero ir a jugar al quidditch, ni a molestar a Snape ni abuscar a Evans por el castillo, ¡sino que me apetece leer a Poe! De hecho, voya seguir leyendo. Así que busca algo que hacer, Remus. Y deja de darmeconversación.

 

Sin abandonar la sonrisa, se volvióa tirar en la cama, cogió el libro y se puso a leer. Remus se quedó en elsitio, dudando entre echarse a reír o darle un puñetazo en la nariz. Finalmentese decidió por exhalar un hondo suspiro, coger otro libro de la estantería y sentarsea su lado.

Por fin, Peter se fue, con los ojosbrillantes y una sonrisa en la cara. Sirius se hundió en el sofá, con un gransuspiro. Había sido duro, pero se sentía satisfecho de sí mismo: había salvadoa otra persona más de morir de terror en su primera vez. Peter podía estarleagradecido, así como Mary.

La sonrisa se le borró del rostrocuando por el hueco del retrato apareció una chica de melena pelirroja. Nopodía evitarlo, cuando la miraba veía a la chica que sabía más de lo quedebería, la que había provocado una discusión entre James y él y la que, si lassospechas de Sirius se cumplían, los llevaría a todos al desastre.

--Hola, Black --lo saludó ella.

--Evans --respondió Sirius.

La joven se sentó en un sillón y sepuso a leer El Profeta. Levantó lavista por encima del periódico cuando notó la mirada de Sirius sobre ella.Frunció el ceño.

--¿Ocurre algo?

--No --respondió Sirius desviando lavista y centrándola en sus uñas--. No, no ocurre nada.

Lily parpadeó.

--Bien.

Volvió su atención de nuevo hacia elperiódico con un suspiro. Pero, al cabo de un momento, volvió a bajarlo.

--¿Estás seguro de que no te pasanada?

Sirius la miró con inocencia.

--No --repitió--. ¿Por qué?

--Bueno, digamos que las uñas nuncahan tenido ese poder de fascinación --respondió. Sirius bajó la mano alinstante--. Y, además, no dejas de echarme miradas furtivas.

--Son impresiones tuyas.

Lily entornó los ojos.

--¿Estás así porque no he vuelto aquedar con James? --inquirió.

--¿Qué?

--Piensas que he estado jugando conél, ¿verdad? Que me he divertido un poco y que ahora me he cansado de él.

--No, no, nada de eso --replicóSirius irguiéndose un poco.

--¿Entonces? ¿Por qué me miras comosi estuvieras planeando mi muerte?

--Yo
Yo no
--Sirius buscó rápidouna escapatoria--. Está bien, tienes razón, Evans. La verdad es que le disteilusiones y ahora lo has dejado tirado. Eso no se hace, ¿sabes? Si no queríastener nada con él, no deberías haber aceptado esa cita. --No era por eso por loque estaba enfadado con ella, pero ahora que había empezado a hablar, no podía detenerse--.¿Tienes idea de cómo se siente él ahora? ¿Tuviste en cuenta sus sentimientos? ¿Pensastealguna vez que podías hacerle daño? No, ¿verdad?, porque a la perfecta LilyEvans no le preocupa lo que le pase a un delincuente juvenil como Potter. Se lotiene merecido. Pero la indiferencia duele, Evans. Duele más de lo que teimaginas.

Lily se había quedado atónita.Después de unos segundos, consiguió reponerse:

--En primer lugar, Black, lo quehaya entre él y yo no es asunto tuyo, aunque pienses lo contrario. En segundolugar, él me pidió una sola cita. Una sola, ¿entiendes? Una y me dejaría enpaz. Y en tercer lugar

--¡Te dijo que te dejaría en paz sitú se lo pedías! ¡Pero no le has dicho nada! ¡Apenas lo has mirado! ¡Le llamaste"Potter", por Merlín!

 

--¿Y qué pasa porque lo llamara "Potter"?

--Si no lo entiendes, no voy aperder el tiempo explicándotelo.

--Bueno, ¡él tampoco me dijo nada,¿no?! ¡No me pidió ninguna otra cita, así que yo no tenía modo de saber que
!

--¡Sabes perfectamente que legustas! Si no te la pidió es porque lo trataste con la misma frialdad desiempre. ¿No puedes dejar las cosas claras de una vez? ¡Sal con él o déjalo enpaz, pero no juegues con él como has estado haciendo!

--¿Qué es lo que quieres, Black?--replicó Lily, acalorada--. ¿Quieres que vaya ahora a pedirle salir, eso es loque quieres?

--¡Pues sí, eso estaría muy bien!

--¡Bien!

Lily se levantó tirando el periódicoal suelo, cruzó la estancia y empezó a subir las escaleras con los puñosapretados por la ira. Sirius se quedó donde estaba, respirando con dificultad ypreguntándose si había hecho lo correcto. La joven se echó el pelo hacia atrás,se plantó ante la puerta y la abrió con brusquedad.

--¡Potter! --dijo, sobresaltando aJames y a Remus.

--¿Qué pasa, Lily? --musitó elmuchacho.

--Quedamos dentro de una hora en laSala Común. ¿Contento?

Cerró la puerta antes de que lediera tiempo a responder. James se quedó mirando por donde se había marchado,como si la chica aún siguiera ahí.

--¿Qué
? --empezó--. Pero
¿por qué
?

Miró a Remus, quien se encogió dehombros.

--Yo tampoco lo entiendo.

El desconcierto de James dio paso alenfado. Remus se estremeció y, cuando su amigo se levantó y caminó hacia lasalida, se dijo a sí mismo que tendría que habérselo imaginado. James salió alpasillo y alcanzó a Lily cuando ésta ya empezaba a bajar las escaleras.

--Evans --la llamó--. ¿A qué havenido eso?

La joven se dio la vuelta concansancio.

--¿No era eso lo que querías? ¿Otracita? ¿No era eso lo que estabas buscando cuando me pediste la primera? Bien,pues ya la tienes.

--¿Qué? Oye, no sé lo que te pasa,pero

--En lugar de intentar entenderlo,acéptalo y calla.

Hizo amago de seguir su camino, peroJames no la dejó:

--¿Sabes qué? No tienes por quéhacerme ningún favor. Si no es lo que quieres

--Potter

--No, escucha. Te crees con derechoa manejarme a tu antojo simplemente porque me gustas, pero me he cansado. Puedeque ahora sea yo el que no quiere quedar contigo.

Lily recibió la declaración de Jamescomo un jarro de agua fría.

--¿Ah sí?

--Sí.

--Bien, por mí perfecto --replicóLily--. Como supondrás, no voy a arrodillarme ante ti y suplicarte que salgasconmigo.

--No te lo he pedido.

--Vale.

--Bien.

Se dieron la vuelta al mismo tiempo,furiosos. Lily bajó corriendo la escalera y subió la de chicas sin mirar aSirius, que se había hundido más en el sofá. James cerró la puerta del dormitoriocon innecesaria fuerza y apoyó la espalda contra la pared, respirando hondopara recuperar la calma.

--James --dijo Remus suavemente--.Escucha

--Remus --lo cortó él--. Por favor,no
no digas nada.

Resbaló por la pared hasta quedarsentado en el suelo. Cuando poco después Sirius entró y lo vio ahí, sintió queel remordimiento y la furia consigo mismo invadían su interior.



Hope you liked it.

 

Niraye.


Un capítulo bastante largo que he escrito en un sólo día, hoy, y del que estoy muy orgullosa:



Remus, Sirius y Peter no seacostumbraban al hecho de que James Potter hubiera eliminado las palabras "LilyEvans" de su vocabulario. Hubo un tiempo en que ese nombre salía prácticamenteen todas las conversaciones. "Esta noche podríamos ir a Las Tres Escobas",decía Sirius, "toca un grupo de rock que
". "A Lily le gusta el rock, ¿losabíais?", decía James, y así todo el rato hasta que Peter se tapaba las orejascon las manos, Remus hacía un gesto de dolor y Sirius echaba chispas por losojos. Entonces James comprendía que era mejor no volver a sacar el tema y sólola mencionaba cuando era estrictamente necesario, es decir, cuando sentía queexplotaba si no hablaba de ella.

Ahora, sin embargo, era como si lehubieran practicado un encantamiento desmemorizador y la joven hubieradesaparecido completamente de su mente. No despotricaba contra ella ni parecíacontrariado por lo que había pasado, sino que se comportaba como si Lily Evansjamás hubiera existido y él nunca se hubiera fijado en ella. Sus amigos no eranlos que iban a sacar el tema, y mucho menos Sirius, quien todavía no se creíaque James no estuviera enfadado con él. Quizá James no supiera que él habíasido el causante de lo que Lily había hecho, o quizá lo sabía y no leimportaba, o lo sabía y le agradecía que le hubiera abierto los ojos. Sirius noconocía el motivo, pero prefería no hurgar en la herida. Además, le gustaba lanueva situación, porque su mejor amigo volvía a prestarle toda su atención y nodaba prioridad a las citas románticas con cierta pelirroja en detrimento de lastravesuras con él.

Por esa razón, esa noche James ySirius no se encontraban durmiendo profundamente en sus camas, sino caminandopegados a la pared de un pasillo vacío y oscuro en el que sólo se oían susrespiraciones agitadas. Llevaban puesta la capa invisible, pero aun así estabannerviosos, no tanto porque pudieran descubrirlos sino por lo que estaban apunto de lograr.

--Tiene que estar por aquí --susurróSirius por quinta vez--, justo aquí, es el lugar, tiene que serlo.

--¿Por qué estás tan seguro?--inquirió James.

--Helga Hufflepuff fue especialmentefamosa por sus encantamientos relacionados con la comida: muchos de los platosservidos en el Gran Comedor fueron creación suya e introdujo a los elfosdomésticos en Hogwarts, dándoles buenas condiciones de trabajo. Por eso su SalaComún tiene que estar aquí, en el pasillo de las cocinas.

Sirius notó que su amigo se movía unpoco y lo miró. Los ojos de James brillaban.

--¿Estás pensando lo mismo que yo?--preguntó.

Sirius parpadeó.

--Si lo que estás pensando es "hablarde comida me ha dado hambre", entonces sí.

--No --replicó James con un deje deimpaciencia--. Has dicho que Helga Hufflepuff tuvo relación con los elfosdomésticos, ¿no? Quizá ellos sepan algo.

--James, tuvo relación con los elfosdomésticos que vivieron hace mil años

--¿Y qué? Puede que la información hayapasado de generación en generación.

--Sí, y también puede que Dumbledoreles haya prohibido contar dónde está la Sala Común de Hufflepuff.

 

--¿Del mismo modo que les prohibiódar comida a los alumnos que entran a las cocinas?

--Ya lo hemos hablado --replicóSirius--, es imposible que les haya prohibido eso porque los elfos domésticosson sumamente obedientes, y se darían cabezazos contra la pared antes que nohacer caso de una orden. Seguramente Dumbledore no los previno en contra de darde comer a los alumnos porque no pensó que ninguno encontraría las cocinas, osimplemente se olvidó
De cualquier modo, seguramente sí les ordenó que norevelaran la ubicación de las Salas Comunes.

--Oh, de acuerdo, no preguntaremos alos elfos domésticos. Pero que sepas que lo sugería pensando en tu estómago.

Sirius lo miró con expresiónarrepentida.

--Ah, en tal caso

Pero nunca terminó la frase, porqueen ese momento la pared contra la que se apoyaban cedió y los dos muchachos cayeronhacia atrás con un grito ahogado. La capa se les resbaló y aterrizaron bruscamenteen un suelo duro, las piernas de James bajo el peso de Sirius y éste con elbrazo doblado en una posición extraña.

--Ahh
--gimió--. Me he torcido lamuñeca

--Sirius
--replicó James con vozestrangulada.

--¿Qué?

--Me estás aplastando

--Oh, perdona. Espera, es que noconsigo levantarme
Merlín, está muy oscuro
¿Dónde está mi varita?

--Creo que es lo que se estáclavando en mi rodilla.

--No, eso es una pluma.

--¿Una
pluma? ¿Por qué has traídouna pluma?

--Para marcar en el Mapa la SalaComún de Hufflepuff
¿Crees que es ésta?

--No sé, no veo nada
¿También hastraído un tintero?

--Sí.

--Ah, de modo que eso es el líquidoque estoy notando en el tobillo.

--Así es. Pensaste que me alegrabade estar encima de ti, ¿eh?

--Sirius

--¿Qué?

--Olvídalo. Hazme un favor ylevántate de una maldita vez

--Sí, vale. Espera que encuentre lapared
Merlín, no puedo mover la muñeca. ¿Crees que me la he roto?

--Sirius

--Ya voy, ya voy

--¡Ah! ¡Ten cuidado con esa malditapluma!

--¡Lo siento! No es fácil moversecon una muñeca rota
Ya está
ya estás, libre.

--Gracias. ¿Puedes encender una luz?Creo que se me ha caído la varita.

--Entonces tenemos un problema.

--¿Por qué?

--Creo que no he traído la mía.

--¿Por qué no has traído tu varita?

--No me cabía en los bolsillos conla pluma, el tintero y el Mapa.

--Vale, entonces ayúdame a buscar lamía.

--James

--¿Qué?

--¿Y si este agujero en la pared noes la Sala Común de Hufflepuff? ¿Y si es
algo peligroso como una celda, o uncalabozo
o el dormitorio de McGonagall?

--Entonces, moriremos con honor.

--¿Qué honor hay en estararrodillado en el suelo tanteando la oscuridad?

--Sirius
busca mi varita, ¿deacuerdo? Todo se solucionará cuando la encontremos. Merlín, ¿y si la he roto alcaer? ¿Oíste algún chasquido?

--Sí, el de mi muñeca al romperse.Oh, James, creo que la tengo
¡Sí, aquí está! Intacta. ¡Lumos!

La titilante luz de la varitailuminó por fin la estancia. Sirius, con la cara pálida, la mano derecha en elregazo y la izquierda sujetando la varita de James, estaba arrodillado en elsuelo de piedra. James se hallaba sentado a un metro de él, guardándose la capainvisible en el bolsillo y moviendo un poco las entumecidas piernas. Habíancaído a través de una abertura en la pared, oculta tras un cuadro que mostrabaun paisaje de campo, y se encontraban en una estancia pequeña de techoabovedado y muros de piedra. Al fondo había una especie de puerta que habríapasado por una tapa de barril si no hubiera sido por sus grandes dimensiones.Sobre la madera había unas palabras grabadas, y Sirius y James se levantaronpara acercarse y leerlas a la luz de la varita:

 

La Casa dela lealtad y justicia,

en Hogwarts dela bondad poseedora,

te da labienvenida en buena hora

si tucorazón expulsa la malicia.

Sirius y James se miraron y sonrieronal mismo tiempo. La Sala Común de Hufflepuff
la primera Sala Común que iban aver sin contar la suya propia
se hallaba al otro lado de esa puerta redonda.Ambos sentían una mezcla de nerviosismo y ansiedad. James se habría puesto adar saltos y Sirius habría bailado una pequeña danza triunfal si no hubierasido porque temían ser descubiertos.

--Toma, tu varita --dijo Siriuspasándosela con una mano temblorosa. Se había olvidado completamente de susupuesta muñeca fracturada--. ¿Cómo crees que se entra?

James acarició el relieve de lasletras sobre la madera. No había picaporte y la puerta se hallaba fuertementeincrustada en la pared.

--No lo sé. No creo que sea con unacontraseña, ¿no? Lo digo por lo de "si tu corazón expulsa la malicia".

--¿Pero cómo se hace eso? --preguntóSirius frunciendo el ceño--. Quiero decir
¿cada vez que un alumno deHufflepuff quiere entrar debe expulsar la malicia de su corazón? ¿Cómo lo hace?¿Y si es despistado y tiene que volver cinco veces en un día a buscar las cosasque se le olvidan? ¿Debe expulsar la malicia cinco veces?

James sacudió la cabeza y volvió aleer los versos.

--Es una metáfora. No basta condecir "yo expulso la malicia de mi corazón". Hay que hacerlo de verdad.

--¿Y cómo?

--No
no lo sé. Mierda, ojaláestuviera Moony aquí. Seguro que a él se le ocurría cómo.

Estuvieron un rato en silencio, conlos ojos fijos en la puerta, como si la intensidad de su mirada fuera aabrirla. Entonces, Sirius dijo:

--Creo que no vamos a poder pasar.Piénsalo, James. Míranos. Estamos intentando entrar a una Sala Común que no esla nuestra. Eso es malicia en estado puro, amigo.

James sonrió.

--Tienes razón. Pero no es justo,porque eso significa que alguien que no pertenezca a Hufflepuff jamás podráentrar

--Sí, ésa es la idea --replicóSirius con sarcasmo.

--
mientras que alguien que nopertenezca a Gryffindor puede entrar a nuestra Sala Común si consigue lacontraseña, lo cual se puede lograr sin grandes dificultades, por ejemploteniendo una amigable charla con Peter en la que éste, si uno es convincente,revelará las de toda la semana
Lo que pretendo decir es que ellos puedenentrar y nosotros no. ¡No es justo! --repitió, intentando que Sirius lecomprendiera.

--No, no lo es --dijo su amigo--. YHufflepuff es la Casa de la lealtad y justicia. Tiene que haber una manera de entrar.

 

Se volvieron de nuevo hacia lapuerta, que permanecía obstinadamente cerrada. James se revolvió el pelo condesesperación y Sirius empezó a morderse las uñas, signos inequívocos de queestaban reflexionando.

Peter se había sentado en unaesquina de la habitación, tratando de parecer calmado
y fallando en elintento. Las manos le temblaban, las mejillas le ardían y de su boca sólosalían palabras entrecortadas. Por un momento, pensó que era igual que Jamescuando se encontraba en presencia de Lily, lo cual confirmó su teoría de que suamigo no era el mejor modelo en cuanto a chicas se refería. Pero se olvidó detodo cuando Mary tomó su rostro entre sus cálidas manos y lo besó.

Remus se sentía perdido. Perdido enun mar de labios, de caricias, de respiraciones agitadas y de palabras dulcessusurradas al oído. También se sentía extraño, como si no debiera estar en esaaula con Elayne. Aquello era absurdo, era Sirius el que tenía amorososarrebatos nocturnos, no él. Sólo había cuatro actividades que ocupaban lasnoches de Remus Lupin, de mayor a menor frecuencia: dormir, estudiar para elexamen del día siguiente, acompañar a sus amigos en sus paseos nocturnos y transformarseen lobo con la luna llena. Sin embargo, James, Sirius y Peter tenían muchasmás, de mayor a menor frecuencia: dar paseos nocturnos, transformarse enanimales y correr por el Bosque Prohibido, acompañar a Remus las noches de lunallena, librar batallas amistosas en la habitación, ahogarse mutuamente conalmohadas, comer, emborracharse, vomitar, bailar en calzoncillos, salirdesnudos de la ducha, estar con chicas y, finalmente, dormir como troncos, deforma que ni una manada de centauros pasando sobre ellos conseguiríadespertarlos. Desde luego, estudiar para el examen del día siguiente estabaaquí fuera de lugar.

Por eso Remus no se sentía cómodobesándose con Elayne. Porque sentía que no debía estar haciendo eso, por elsimple hecho de que era algo mucho más propio de sus amigos que de él. La chicanotó su vacilación y se detuvo.

--Esto es un poco raro, ¿verdad?--dijo con una sonrisa.

Remus se ruborizó levemente, peroestaba oscuro y ella no lo vio.

--Sí, un poco.

--¿Quieres que paremos? --propuso lajoven amablemente.

--Lo
lo preferiría, sí. Es que
nome siento muy cómodo. Aquí doy clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿sabes?Mañana voy a hacer cosas muy distintas a lo que estamos haciendo ahora. Es unpoco
desconcertante.

Elayne se rió.

--Tienes razón. Vamos.

Se separó de él y echó a andar haciala puerta del aula. Remus la siguió, sintiéndose un poco culpable. En elpasillo, la joven sonrió.

--Hasta mañana, entonces.

El muchacho la miró y se dio cuentade que no le apetecía volver a la habitación para dormir / estudiar para el díasiguiente / esperar a que Sirius, James y Peter volvieran de su paseo nocturno.Tragó saliva.

--La verdad es que
me apetece estarcontigo. ¿Quieres que demos una vuelta por el castillo? --Elayne parpadeó--. Séque parece extraño
Pero yo lo hago más de lo que me gustaría y en el fondo noestá tan mal.

--De acuerdo --contestó la chica--.Pero recuerda que la idea ha sido tuya y que yo no he tenido nada que ver, apesar de pertenecer a Slytherin. Así que si nos descubren no me eches la culpa.

 

--Pertenezco a Gryffindor --replicóRemus--. Jamás se me ocurriría traicionar a nadie de esa forma.

Elayne sonrió y aceptó la mano queél le tendía.

Sirius abrió mucho los ojos, con elcorazón palpitándole con fuerza.

--Prongsie
Prongs, ya lo tengo.

James lo miró.

--¿En serio? ¿Cómo?

--Quizá
quizá haya que mencionaralgo leal y bueno que hayamos hecho por alguien. Algo desinteresado, justo
Parademostrar que nuestro corazón expulsa la malicia.

--¿Sería alguien capaz de recordarcinco cosas buenas en un día?

--Sólo es una idea. Pero podríamosprobar.

--De acuerdo. --James se subió lasgafas, signo inequívoco de decisión--. Eh

Se volvió hacia su amigo en busca deinspiración. Sirius parpadeó.

--Hoy
hoy le aseguré a la profesoraMcGonagall que el pelo suelto le quedaba muy bien. Y lo dije en serio.

La puerta permaneció cerrada. Jamesmovió la cabeza.

--¿Eso es algo leal y justo?

--Está bien
Ayer casi le di unpuñetazo a Snape.

La puerta no se movió. Siriussonrió.

--No se abre porque no se lo di.

James se rió, pero se obligó a símismo a centrarse.

--A ver
El otro día me peleé conunos Slytherins para defender a Peter.

No ocurrió nada, de nuevo. Siriuspateó el suelo.

--¡Eso es leal y justo! ¿Qué le pasaa esta maldita puerta? ¿Y dónde está Remus cuando se le necesita? Él hace cosasbuenas todos los malditos días. --Entrecerró los ojos, pensando--. Quizá nohaya funcionado porque en el fondo ese acto no era del todo desinteresado.Quiero decir
te habrías peleado igualmente con esos Slytherins, con Peter osin él.

James tuvo que admitir que teníarazón. Respiró hondo y trató de recordar algo bueno que hubiera hecho, algoverdaderamente justo, leal, desinteresado
Y un recuerdo se le apareció contanta claridad en la mente que el joven se preguntó cómo no se le habíaocurrido antes. Se aclaró la garganta y dijo:

--El año pasado nos hicimos animagospara acompañar a un amigo las noches de luna llena.

Se oyó un crujido y la redondapuerta se abrió. James y Sirius, anonadados por lo que habían logrado, pasarona través del hueco y observaron la Sala Común de Hufflepuff iluminada por latenue luz que irradiaba la punta de la varita de James. Se trataba de lo queparecía una gran bodega, pero se hallaba repleta de mullidos sofás y enormessillones, y su suelo de piedra estaba cubierto por una gruesa alfombra. De lasparedes colgaban estandartes negros y amarillos, y entre ellos había cuadrosque representaban suculentas comidas y más puertas redondas como tapas debarril, que seguramente llevaban a las habitaciones. En el fondo destacaba elescudo de la Casa, al lado de un retrato de Helga Hufflepuff, la Fundadora.

No era como se la habían imaginado,era mucho, mucho más acogedora. Más incluso que la de Gryffindor, tanto que enese momento ambos pensaron en pasar allí la noche.

--Qué hambre --dijo James posando lavista en la tarta de fresa pintada en un cuadro. Su estómago rugió.

Sirius se dejó caer en un sillón ycomprobó la lentitud con la que se hundía en él. Suspiró y cerró los ojos.

--Nuca creí que diría esto --dijo--,pero ojalá el Sombrero Seleccionador me hubiera puesto en Hufflepuff. Llevaríauna apacible vida de copiosas comidas rodeado de leales amigos.

 

--Sirius --replicó James--, llevasuna vida de copiosas comidas rodeado de leales amigos.

--¿Ves? En el fondo soy un verdaderoHufflepuff. Húndete conmigo en el sillón de la apacibilidad.

--No hay tiempo para eso
--empezó,pero Sirius tiró de él para que tomara asiento.

Fue como si el sillón lo acogiera ensus brazos y lo arropara. James sintió de pronto todo el cansancio y el sueñoacumulados durante esa noche, y cerró los ojos sin poderlo evitar. A su lado,Sirius ya se había quedado dormido.

Amos Diggory odiaba ser prefecto. O,más exactamente, odiaba ser prefecto porla noche, porque eso significaba tener que mantenerse despierto cuando secaía de sueño o levantarse porque en algún dormitorio estaban haciendo ruido.

Esa noche no fue diferente. Escuchó claramentesusurros al otro lado de su puerta, de modo que cruzó el dormitorio, apartó asu amigo Bernard que se había quedado dormido en el suelo y salió al pasillo.Cuatro alumnos de primero se quedaron clavados en el sitio cuando Amos los miródesde una altura considerable con los brazos en jarras. Ninguno se movió nidijo nada, simplemente lo miraron, quizá demasiado impresionados como paracorrer para salvar la vida.

--A-vuestra-habitación --gruñóAmos--. ¡Ahora!

Los niños se sobresaltaron y tres deellos se dispusieron a obedecer sus órdenes. El cuarto, sin embargo, un chicorubio y decidido, balbuceó:

--Verá, señor, es que

Amos sacudió la cabeza.

--No quiero excusas. Deberíais estarmetidos en la cama y no es así. De modo que desapareced de mi vista.

--Vamos, Robert --le dijo uno de losniños al chico rubio--. No tiene importancia.

Robert pareció sacar fuerzas deflaqueza y no se movió.

--No hemos salido por diversión,señor --explicó mirando a Amos con fijeza--. Nuestro dormitorio está pegando ala Sala Común y hemos oído voces, de modo que hemos salido para ver de qué setrataba.

--Me parece muy bien, pero debéissaber que esa tarea corresponde a los prefectos --replicó Amos--. O sea, a mí.

--Claro, señor. Lo sentimos--respondió Robert.

Amos suspiró y cerró la puerta trasél.

--Está bien, vamos a ver qué es loque pasa.

Echó a andar por el pasillo, y losniños lo siguieron a corta distancia. Amos empujó la redonda puerta de madera ysalieron a la Sala Común, que se hallaba a oscuras. Sin embargo, se oía unsonido al fondo que parecían un par de respiraciones acompasadas. Amos supusoque alguien se había quedado dormido allí y chascó los dedos para que seencendiera una de las antorchas que iluminaba la estancia. Los cinco seacercaron al sillón en el que se distinguía un bulto y se detuvieron a su lado.Dos jóvenes dormían profundamente encogidos sobre sí mismos y con las negrascabezas juntas, uno de ellos roncando levemente y el otro, que llevaba gafas,murmurando algo en sueños. Amos frunció el ceño cuando intentó reconocerlos yno lo logró: no pertenecían a Hufflepuff. Le sorprendió mucho, puesto que nohabía oído hablar de nadie de fuera que hubiera logrado entrar a su Sala Común.No sabía a qué Casa pertenecían esos muchachos, porque iban vestidos conpantalones vaqueros y camisetas, pero habría apostado a que eran de Gryffindor.Los de Ravenclaw eran demasiado respetuosos como para entrar por la fuerza auna Sala Común ajena, y los Slytherin demasiado inteligentes como para quedarsedormidos en un sillón después de haberlo hecho.

 

Robert se colocó a su lado ycarraspeó. El chico con gafas se sobresaltó, abrió los ojos y miró a sualrededor. Se quedó congelado cuando vio a Amos y a su pequeño ejército deniños de primero, que lo miraban con una mezcla de temor y enfado.

James tragó saliva e intentócomponer una sonrisa.

--Hola --musitó--, qué noche tanagradable, ¿verdad?

Mientras hablaba, sacudió a sucompañero, quien protestó un poco y, cuando enfocó la vista, compuso una expresiónde desconcierto.

--Hey, Amos, ¿qué tal?

El interpelado alzó una ceja y sefijó mejor en él.

--¿Black? --dijo, y miró al otro--.¿Y Potter? Debería haberlo imaginado

--Reconoce que te alegras de vernos
--sonrió Sirius.

--Pues no, la verdad es que vuestravisita es más bien indeseada --contestó Amos con calma--. Dadme una buena razónpara que no avise a la profesora Sprout.

Sirius y James se miraron.

--Pues
--murmuró el segundo--,podemos cantarte el himno de Gryffindor, si quieres.

Amos entrecerró los ojos.

--Y bailártelo --apostilló Sirius.

La vena del cuello de Amos empezó alatir.

--O mejor el de Hufflepuff --dijoJames.

--¡Eso! El de Hufflepuff. Un tejón, tejón, tejón
al foso cayó, cayó,cayó
hizo ding dong, ding dong, ding dong

Parecía que la vena iba aestallarle.

--O mejor nos levantamos y nos vamosde aquí sin causar más problemas --sugirió James--. ¿Qué te parece eso?

Amos esbozó una desagradable sonrisa.

--¿Qué te parece, Robert?

El chico entornó los ojos y los miróevaluadoramente.

--Me parece que no.

Atacaron tan repentinamente que Jamesy Sirius apenas tuvieron tiempo de levantarse y echar a correr en sentidoopuesto. Sortearon sillones y saltaron cojines, con sus perseguidorespisándoles los talones. James fue a meterse por una de las puertas redondas,pero Sirius se lo impidió.

--Tenemos que salir de aquí --ledijo--. ¡Vamos!

Corrieron hacia la salida pegados ala pared. James miró hacia atrás y vio que tres de los niños habían tropezadocon los sillones, pero Amos y Robert estaban a menos de cuatro metros. Elprimero se metió la mano en la túnica.

--¡Expelliarmus! --gritó James, y la varita de Amos saltó por losaires.

Sirius tiró del picaporte de la granpuerta de madera, cogió del brazo a James y ambos se precipitaron hacia laestancia en la que habían caído antes. La cruzaron a la velocidad del rayo,apartaron el cuadro del paisaje de campo y salieron al pasillo de las cocinas.Echaron a correr por él, doblaron una esquina, subieron un tramo de escaleras yse encontraron en el vestíbulo. No se escuchaba ruido de pasos tras ellos, peroaun así continuaron corriendo hasta llegar al tercer piso. Entonces, Sirius sedetuvo y se dobló para recuperar el aliento.

--Eso
no ha
estado bien
--jadeó--. Nos quedamos
dormidos, ¡nos quedamos dormidos!

Se dejó caer al suelo y su amigo loimitó.

--Esos sillones no eran normales
--decretó James--. De verdad, no lo eran

 

Sirius iba a contestar, pero en esemomento alguien apareció en la esquina. Ambos levantaron la cabeza del mismomodo que lo hubieran hecho un perro y un ciervo al oler humanos. James sintióuna mezcla de alivio y desconfianza cuando reconoció a las dos personas que sehabían detenido frente a ellos mirándolos con sorpresa: alivio porque setrataba de Remus Lupin; desconfianza porque lo acompañaba una muchacha quelucía la túnica de Slytherin.



Espero que os haya gustado. Os informo de que me voy una semana a la playa, hasta el lunes próximo. Actualizaré cuando vuelva, así que mientras podríais dejarme comentarios ^^

Niraye.

Losientolosientolosientolosientolosientolosiento... Sé que he tardado en actualizar más de lo que debería estar permitido, pero no lo he hecho adrede. No volverá a pasar (mentira, pero a que suena bien?).

Además de pedir perdón, voy a dar gracias:

1) A todos los que estáis ahí. Sin vosotros no sería lo mismo, y lo sabéis.

2) A AndyP, por leerme, por comentarme, por hacer mi historia favorita, por incluirme en la lista de historias de su perfil y, sobre todas las cosas, por decir en el Twitter que su fanfic favorito es uno mío, "Que esperen". Sí, lo vi, bastante casualmente, la verdad. Gracias.



La vida de James Potter y SiriusBlack estaba repleta de situaciones embarazosas y humillantes a las que, apesar de que las sufrían con frecuencia, todavía no se habían acostumbrado: seruborizaban, tartamudeaban, soltaban una risa nerviosa, rompían la tensión conun chiste malo o un comentario sobre el tiempo o simplemente escapabancorriendo. En ese momento, sin embargo, nada de eso parecía una buena vía deescape. Aunque odiaban por encima de todo los encontronazos con profesores, ahoraSirius habría dado toda su reserva de chocolate por hallarse desnudo anteDumbledore y McGonagall en lugar de vestido ante Remus y su cita de Slytherin.Mientras se levantaba del suelo, se sacudía el pantalón y carraspeabadébilmente, se dio cuenta de que no lograba recordar una situación más incómodaque ésa; ni siquiera cuando sus amigos lo habían descubierto con Lily ni cuandoPeter le había pedido consejo acerca de sexo, porque en aquellas ocasiones élhabía sido el único avergonzado, mientras que ahora el número de personas queno sabían qué decir ni qué hacer ascendía a cuatro.

Por fin, James se adelantó. Sirius lohabría besado.

--Eh
--dijo el muchacho, forzandouna sonrisa--. Tú debes de ser
la
novia de Remus. --James hizo una mueca involuntariade dolor cuando pronunció la palabra "novia", pero se recompuso enseguida--.¿Verdad?

[N/A: EnEspaña la palabra "novia" no tiene por qué designar ningún tipo de relación formal.]

La joven se puso más colorada aún,si cabe, y asintió levemente. Remus musitó:

--Ella
ella es Elayne. Elayne,éstos son James Potter y Sirius Black, mis
mis amigos. --"¿Los que odian aSlytherin a muerte? Sí, los mismos", deberían haber añadido, aunque no eranecesario porque ella ya lo sabía.

La muchacha, incómoda, les estrechóla mano a los dos y dijo:

--Encantada.

Y entonces se hizo el silencio.Sirius pensó en apostillar algo como "Vaya, Moony, nunca habría pensado quetuvieras tan buen gusto" o "Si todas las Slytherins fueran así, yo también mellevaría bien con ellas", pero todo lo que se le pasaba por la cabeza leparecía demasiado absurdo e hipócrita como para decirlo en voz alta. Por suparte, Remus se preguntaba cómo era posible que en el mundo existiera unsilencio tan sepulcral y por un momento estuvo seguro de que podía escuchar cómose consumían las velas que iluminaban el pasillo.

 

Finalmente, James volvió a tomar lapalabra, y Sirius decidió que cuando salieran de aquélla le pediría matrimoniode rodillas.

--Moony
quiero decir, Remus, ¿dóndeestá Peter?

Remus frunció el ceño.

--Yo creía que estaba con vosotros.

--Nosotros creíamos que estabacontigo --replicó James--. Pero
es obvio que no.

Evitó mirar a Elayne. Siriusmurmuró:

--¿Y si lo buscamos en el Map
? --Sedetuvo justo a tiempo, pero él sí que miró a Elayne, que parpadeó--. Quierodecir
eh
--Se volvió hacia Remus, quien lo miraba con el terror pintado en suexpresión--. Lo que quiero decir es que James y yo vamos a buscar a Peter. Sí,eso. En fin
me alegro de haberte conocido, Edith.

--Elayne --le susurró James.

--Elayne --repitió Sirius con unasonrisa muy forzada--. Un placer, de verdad. Moony
Remus, te vemos luego. Nollegues tarde, ¿eh? Je je
Bueno, adiós.

Agarró del brazo a James y los dosdesaparecieron tras la esquina. Remus se sintió aliviado pero, al mismo tiempo,profundamente desgraciado. ¿Por qué había tenido que toparse con esos dos enplena cita con Elayne? ¿De dónde habían salido y cómo era posible que sehubieran encontrado con lo grande que era el castillo?

--¿"Moony"? --murmuró entonces lajoven frunciendo el ceño.

Remus se volvió hacia ella.Parpadeó.

--Sí, eh
Es mi apodo.

--¿Te llaman así porque
porque eresun licántropo? --se atrevió a preguntar ella, pero lo hizo con vacilación.

Remus sonrió y la miró con cariño.

--Sí, así es.

--Entonces, ellos lo saben.

--Desde hace años --asintió Remus, ysuspiró--. Escucha, Elayne, mis amigos deben de haberte causado una impresiónpésima, pero ellos
en condiciones normales
no
--Se detuvo, parándose apensar. ¿No qué? ¿No tartamudeaban? Continuamente. ¿No se ruborizaban? Cadapoco, quizá porque siempre estaban metidos en situaciones incómodas. ¿No sequedaban bloqueados al hablar con una chica? James podría hacer una tesisdoctoral sobre eso. De todos modos, Remus tuvo que reconocer que la culpa noera enteramente de ellos. Ni él ni Elayne se habían comportado de formadiferente, también se habían quedado sin saber qué decir. Ahora que Remus lopensaba, la culpa era principalmente de él, porque, al ser el nexo entre lasdos partes, debía hacer las presentaciones. Pero no había podido evitarlo; nien sus peores pesadillas se habría imaginado lo que había ocurrido: en una citacon Elayne, encontrarse con James y Sirius, enemigos de Slytherin hasta lamuerte. Se preguntó si estarían enfadados con él por no haberles contado queseguía saliendo con la joven. Sirius seguramente sí; James quizá fuera másbenevolente y se pusiera de parte de Remus, aunque con Slytherins de por medioera poco probable--. No importa. ¿De qué estábamos hablando?

 

--¿Antes? Creo que tú estabasdiciendo: "hay algo que debo decirte
". Y ahí te quedaste.

--Ya --asintió Remus, pero en sucabeza seguía reflexionando sobre el carácter de James.

Elayne alzó una ceja.

--¿Vas a terminar la frase?

--¿Qué? Ah, sí
--Remus se obligó así mismo a prestar atención--. Sí, lo que ocurre es que mañana no podemosquedar, porque
porque es luna llena.

La muchacha parpadeó. Después desvióla vista y empezó a andar de nuevo. Remus la siguió, dubitativo.

--Lo siento --añadió.

Elayne lo taladró con la mirada.

--¿Que lo sientes? ¿Lo sientes porqué? Yo lo siento por ti. Deja de sertan condenadamente educado, me pone enferma.

"Ya está", pensó Remus, "se hacansado de mí". Sin embargo, no tuvo más remedio que reconsiderarlo cuandoElayne buscó su mano y hundió el rostro en su pecho, con un suspiro.

James conocía lo suficientementebien a Sirius como para saber cuál era su estado de ánimo en todo momento. Pesea lo que pudiera parecer, no lo hacía con oclumancia, sino que había desarrolladola capacidad de leer e interpretar correctamente hasta el mínimo gesto de suamigo, quien solía emplear con más frecuencia el lenguaje corporal que el oral.

--Sirius, suéltalo --le dijo cuandoentraron al dormitorio, que se encontraba vacío.

--¿Qué? --replicó él confuso--. ¿Elqué?

--No te parece bien que sea deSlytherin, ¿verdad?

Sirius no contestó enseguida. Apartósus zapatillas de una patada y se tiró en la cama.

--¿A quién le parecería bien algoasí? Quiero decir
Hay cuatro Casas, tres buenas y una desaconsejable. Está muyclaro cuál es la decisión equivocada, ¿no? Y Moony es inteligente, joder
¿Desde cuándo se deja llevar por una cara bonita y unos ojos brillantes?

--Quizá le guste de verdad

Sirius lo taladró con la mirada.

--Dime que tú lo ves igual que yo --dijocon peligrosidad--. Dime que esa chica no te gusta

--No puedo decidir nada sinconocerla, Sirius.

--¿Conocerla? Por las barbas deMerlín, es de Slytherin. No hacefalta conocerla. El Sombrero Seleccionador se encargó ya de ello

--Sirius, pienso que si Remus estácon ella es por una buena razón. Lo conoces, sabes que jamás saldría con unachica porque fuera guapa
Él no es como tú --añadió con una sonrisa--. Tieneque haber algo más, ¿entiendes?

--Hasta hace una hora pensabas quetodos los Slytherins eran
ya sabes, como son ellos. Astutos, malévolos,obsesionados con la sangre limpia
¡Y ahora cambias de opinión, únicamente poruna chica guapa! No eres tan diferente a mí después de todo

--No he cambiado de opinión,simplemente he
reconsiderado algunos hechos que dábamos
por ciertos. Y no lohe hecho por una chica guapa, lo he hecho al ver a Remus

--Remus también se equivoca.

--Mucho menos que tú o que yo.

--¿Sabes qué? Me da igual lo quehaga. Al fin y al cabo es su vida, pero se equivoca si cree que voy a haceramistad con esa Slytherin. Tengo mis principios. --Empezó a desnudarse parameterse en la cama--. Tendríamos que estar celebrando que hemos encontrado laSala Común de Hufflepuff y escapado por poco de ella, y Remus debería estar aquíy no por ahí confraternizando con el enemigo, pero se me ha esfumado todo elbuen humor
y mierda, qué mierda de encuentro, nunca me había sentido tanviolento. ¿Y dónde demonios está Peter?

 

La puerta se abrió en ese momento yPeter entró en la habitación. Sirius y James se volvieron hacia él y lo vieroncon el pelo claro despeinado, la camisa mal abotonada y las mejillas del colorde tomates maduros. Se apoyó en uno de los pilares que sostenían el dosel de sucama, se aflojó el nudo de la corbata y les dirigió una mirada extraña, que mástarde sus amigos interpretaron como de arrogancia. Era tan inusual esaexpresión en Peter que no dijeron nada.

--Buenas noches, chicos.

Se desplomó sobre la cama y cerrólos ojos con una estúpida sonrisa en la cara. Sirius y James se le quedaronmirando, embobados, hasta que el primero reaccionó:

--Los Merodeadores cada vez estánmás perdidos en la vida. ¿Y dónde demonios está Remus?

Pero Remus no entró por la puertacomo había hecho Peter, de modo que Sirius se metió en el baño con un suspirode exasperación. Antes de cerrar, dijo:

--Mañana es luna llena, espero queno quiera pasar una velada romántica con su chica y por una vez nos haga caso.No tendrá más remedio, de todos modos.

--James, ¿mañana no era el partidode quidditch? --inquirió Remus duranteel desayuno para romper la tensión.

--No, lo han pospuesto para lasemana que viene porque dos jugadores de Slytherin están lesionados y no tienensuplentes. Lo cual es muy injusto, porque un partido no se debería retrasarporque uno de los equipos tenga dificultades. También Alice Redfield tenía unbrazo roto el año pasado y nadie dijo nada. Pero, por supuesto, Slytherinsiempre ha creído que el mundo gira a su alred
--Se detuvo a tiempo y miróalarmado a Remus, quien no pudo evitar ruborizarse y sonreír levemente.

Pero James desvió su atención,porque Lily Evans acababa de sentarse a la mesa junto a sus amigos. Sus miradasse cruzaron y ambos desviaron la vista enseguida. James se topó con laexpresión de reproche de Sirius.

--No, Prongs --dijo, moviendo lacabeza--. Ése no es un buen camino.

James suspiró.

--¿Y si fuera el único camino quequiero seguir?

--A veces, el correcto no es el másfácil.

--Yo no lo considero precisamentefácil.

--¿De qué estáis hablando?--inquirió Peter frunciendo el ceño.

--Nada, Pete, no tiene importanciapara ti --replicó James sin mirarlo--. Tú ya no tienes ese problema.

--Ni Moony tampoco --añadió Sirius,lo que provocó que el interpelado se sonrojara de nuevo--. Ni yo tampoco.Sabes, Prongs, deberías olvidar a Evans y salir con alguna de ésas a las que nohaces caso. O, sin ir más lejos, volver con Christine.

La mirada que le dirigió James fuede puro odio. Se le pasó enseguida, sin embargo, y la sustituyó por una dedesesperación.

--No me puedo creer que todos estéiscon alguien y yo no. El mundo está del revés. Sirius con una relación formal,Remus con una relación extraña y Peter
con una relación, simplemente, lo cuales ya bastante increíble.

--Yo no tengo una relación formal--replicó Sirius.

--Yo no tengo una relación extraña--dijo Remus.

--Yo
yo sí tengo una relación. Unamaravillosa --añadió Peter con una sonrisa de oreja a oreja.

 

James se levantó enfadado.

--Creo que voy yendo aTransformaciones.

Cuando ya se iba, Sirius gritó:

--¡Podrías esperarnos, por lo menos!--James hizo un gesto vago con la mano y salió del comedor.

Sirius movió la cabeza y Remus nodijo nada. Peter se levantó y se acercó a Mary, que estaba sentada al lado deLily. Ésta y Sirius se dirigieron una mirada desafiante. Remus suspiró y selevantó.

--¿Vas con Edith? --inquirió Siriusdesmigajando un bollo distraídamente.

--Se llama Elayne.

--Como sea.

Remus notó el reproche en el tono deSirius, de modo que volvió a sentarse.

--No, Sirius, voy a Transformaciones.

--¿Con ella?

Remus tuvo que hacer un esfuerzoenorme para no enfadarse.

--No, Sirius, contigo. Si tú quieres,claro.

--¿Qué le has dicho acerca de estanoche para que no haga preguntas?

Remus tragó saliva. Sintió un nudoen el estómago y volvió a tragar saliva.

--Eh
--Sirius lo miró interrogante--.Eh

--¿Y bien?

--Eh

--Un momento --dijo Sirius, y abriómucho los ojos. El nudo del estómago de Remus se retorció con saña--, ¿dóndeestá mi bollo de mermelada de fresa? --Remus respiró con alivio, notando que elnudo desaparecía. Sirius lo miró con suspicacia--. ¿Te lo has comido tú? No, túno te terminas ni tu propia ración. Debe de haber sido Potter. Ese ciervo se vaa enterar esta noche.

--Señor Black, me pregunto si podríaesperar a que termine la clase para hacer lo que le está haciendo al señorPotter. Ya sé que resulta difícil refrenar la pasión, especialmente a su edad, perome gustaría que atendieran a la explicación.

La clase entera estalló encarcajadas mientras Sirius, con una risa nerviosa, retiraba la mano del regazode James, donde había derramado un poco de tinta sin querer. James, con las mejillasardiendo, se hundió más en su silla y susurró:

--Esto no ha pasado.

La profesora McGonagall se apoyó ensu mesa y dedicó una mirada amable a la clase de Gryffindor.

--Bien. Hoy os voy a explicar lanaturaleza y los detalles de la animagia.

Sirius abrió mucho los ojos, Jamesolvidó su reciente humillación, Peter parpadeó y Remus compuso una expresiónaún más interesada. La profesora McGonagall, sin ser consciente del cambiooperado en los cuatro chicos, prosiguió:

--No creo que sea necesario que metransforme de nuevo en gato, todos lo habéis visto en multitud de ocasiones,¿no es cierto? Por tanto, pasaré directamente a la teoría. --Se aclaró lagarganta. Los Merodeadores no apartaban la vista de ella, ansiosos por escucharde boca de otra animaga la proeza que habían logrado hacía unos años--. Hacerseanimago es un proceso largo y enormemente complejo. Si no se lleva a cabocorrectamente, puede causar daños físicos y psicológicos irreversibles. Se handado casos en los que la persona se queda para siempre con mente de animal,perdiendo las facultades humanas más básicas como hablar o andar de pie.--Remus evitó echar a sus amigos una mirada reprobatoria--. Por esa razón, elMinisterio vigila muy de cerca a los que lo intentan y no permite en ningunacircunstancia
Señor Black, ¿le hace gracia?

--No, no --replicó Siriusrecuperando la seriedad--. Lo siento, profesora.

 

Pero la mujer ya había reparado enellos.

--¿Se puede saber qué os pasa avosotros cuatro?

--Nada, profesora McGonagall--respondió James--. Estamos atendiendo a su explicación.

La mujer alzó una fina ceja.

--¿En serio?

--Sí --asintió James--. Por favor,siga.

La profesora McGonagall cruzó losbrazos ante el pecho.

--¿Pretendéis que me crea que osinteresa?

--Es que nos interesa, profesora.Nos interesa mucho. De verdad.

--Está bien, Potter. No me importaque no atendáis, pero dejad de actuar de esa forma tan ridícula. Como ibadiciendo, el Ministerio de Magia controla a todos los que deciden
Black, essuficiente. Seguro que no se ríe tanto en mi despacho.

--¿Cómo? --replicó Sirius, alarmado--.No, no. Por favor, déjeme quedarme

--Señor Black, recoja sus cosas yváyase. Empiezo a cansarme de sus risitas.

--Pero yo no

--Si se lo tengo que volver arepetir, será con un castigo para el fin de semana.

Sirius soltó una palabrota por lobajo y empezó a meter sus cosas en la mochila. James se rió y le dijo:

--Te lo contaremos luego, Padfoot.

--Señor Potter, usted también.

--¿Qué? --dijo el muchacho--. ¿Porqué?

--Lo sabe perfectamente. No tiene niidea de lo harta que me tienen ambos. Fuera de mi vista, ya. Esperen en midespacho mientras sus compañeros reciben una clase con normalidad.

Cuando Severus Snape salió delinvernadero y cerró la puerta tras él, decidió que no volvería a asistir a unaclase de Herbología. No encontraba ninguna utilidad en saber que sólo se podíatocar las hojas verdes del Ginkgo porque las amarillas causaban sarpullidos, y muchomenos en aprenderlo a base de experiencia.Se miró los dedos de las manos y los vio cubiertos de dolorosas ampollas. Gimiópor lo bajo y se encaminó a los lavabos del primer piso. Cuando estaba a puntode llegar, oyó dos voces familiares que le hicieron llevarse la mano al cinto ycomprobar que tenía su varita. Eso también lo había aprendido a base deexperiencia.

--Eh, Prongs, mira lo que tenemosaquí --dijo Sirius jovialmente al doblar la esquina--. Si es la nariz de Quejicus
Ah, Quejicus también está, casi no se le ve.

--Qué sorpresa encontraros en elpasillo en horas de clase --replicó Snape con una mueca--. No me lo digáis: losgrandes Black y Potter no necesitan acudir a clase para ser los mejores.

--Bueno, en realidad no --coincidióJames--. Pero aun así lo hacemos. Por modestia, sobre todo, ya sabes. Ah, no, no lo sabes, porque eso es algo de loque siempre has carecido, ¿no es verdad?

--Lo que resulta realmentesorprendente es que estés fueradel aula, Quejicus --apostillóSirius--. ¿Te han expulsado porque olía demasiado mal como para seguir dandoclase?

Snape se ruborizó. James frunció elceño.

--No, Padfoot. Aunque podría habersido por eso, en realidad lo han expulsado por otra razón. Dime, ¿lo de losdedos te lo hiciste a ti mismo para ir a algún sitio a practicar magia oscuracon Mulciber y Avery?

--Eso, después de que se la hayanchupado.

Snape sacó la varita tan rápido queJames y Sirius no tuvieron tiempo para defenderse. Hubo un destello de luz yambos salieron disparados y aterrizaron dolorosamente en el suelo. James sequejó débilmente y Sirius sacudió la cabeza para despejarse. Su rostro secontrajo en una mueca de rabia.

 

--Estás muerto, Quejicus.

Se levantó y en dos zancadas seplantó ante Snape, quien reculó un poco y volvió a alzar la varita. Pero no ledio tiempo a lanzar un hechizo, porque Sirius lo cogió por la pechera de latúnica y lo lanzó contra la pared. Snape se deslizó hasta el suelo y los miró conodio.

--Os creéis muy valientes, ¿verdad?--les espetó--. Dos contra uno
A lo Gryffindor, ¿no?

James sonrió cuando Sirius levantóel puño y dijo:

--Te demostraré que uno solo denosotros basta para darte tu merecido.

--¡¡SEÑOR BLACK!!

A Sirius se le congeló la sangre enlas venas y se dio la vuelta. Con la cara roja por el enfado, la profesoraMcGonagall avanzaba hacia ellos por el pasillo, blandiendo su varita.

--¡¡A mi despacho!! ¡¡Los tres!!¡¡Ahora!!

Snape se levantó como pudo, Siriussuspiró y James maldijo por lo bajo. Caminaron en silencio por los pasilloshasta llegar al despacho de la profesora McGonagall, que se hallaba tan lleno ya la vez tan ordenado como siempre. La mujer hizo aparecer dos sillas másaparte de la que ya había frente a su escritorio y ella se sentó tras él. Losjóvenes no se movieron mientras respiraba hondo un par de veces, con las manosextendidas sobre la mesa.

--Sentaos, por favor.

Ellos lo hicieron. James juntó laspiernas para evitar que le temblaran y Sirius se rascó la nuca. Esperaron a quela profesora empezara a gritar. Sin embargo, la mujer no lo hizo. Había cerradolos ojos y no movía ni un músculo. Si no hubiera sido porque era imposible,habrían jurado que estaba dormida. Snape se metió las manos llagadas en losbolsillos, nervioso, y James y Sirius evitaron mirarse.

Pasaron varios minutos y laprofesora McGonagall no reaccionó. Era como si se hubiera olvidado de queestaban ahí y estuviera disfrutando de un merecido descanso. Los tres jóvenesla observaron con desconfianza, esperando que explotara en cualquier momento,pero el tiempo pasaba y ella no se movía. Empezaron a impacientarse y se rebulleronen sus asientos. Lo que la profesora estaba haciendo resultaba mucho peor queuna reprimenda y un castigo, mucho peor, porque les hacía pensar en lo que seencontraba preparando para ellos. Era como una tortura, lenta y dolorosa.

--Bueno, ¿qué? --explotó Sirius sinpoderlo evitar--. ¿Nos va a dejar así todo el día?

La profesora abrió los ojoslentamente, se bajó las gafas un poco y cruzó las manos sobre la mesa. Lo miró fijamente,y el muchacho se estremeció.

--Señor Black --dijo--, seguro queen su casa le enseñaron buenos modales, ¿no es cierto?

Sirius tensó la mandíbula, comosiempre que alguien mencionaba a su familia.

--Sí --contestó bruscamente.

--Bien. Entonces haga gala de ellos.¿De acuerdo?

--Sí --repitió Sirius con mássuavidad, y desvió la vista--. Lo siento.

La profesora McGonagall respiróhondo.

--Dígame, ¿todavía siente ganas depegar al señor Snape?

Sirius la miró sin comprender.

--¿Cómo?

--Le he preguntado --dijo laprofesora McGonagall con suavidad-- si todavía desea pegarle un puñetazo alseñor Snape como iba a hacer hace un momento.

Sirius se volvió hacia Snape,confuso.

 

--Yo

--Diga la verdad, señor Black.

--Sí, profesora.

--Bien. Va a poder hacerlo ahora mismo,pero con una diferencia: va a pegar a su amigo, el señor Potter.

Fue como si James despertara de unsueño. Parpadeó y miró a la profesora McGonagall.

--¿Qué?

Sirius frunció el ceño.

--¿Cómo ha dicho? ¿Pegar a James?

--Así es.

Sirius y James se miraron,confundidos.

--¿Y eso por qué? --preguntó elprimero.

La profesora McGonagall se encogiólevemente de hombros y contestó:

--Era lo que estaba a punto dehacer, ¿no, señor Black? Pegar a alguien indefenso. Supongo que no le importarállevarlo a cabo finalmente.

--Pero
pero a James

--Entre el señor Potter y el señorSnape no veo ninguna diferencia, ambos son dos adolescentes de diecisiete años enHogwarts con una capacidad especial para meterse en problemas. Pero no estamoshablando de ellos, señor Black, sino de usted. Iba a pegar a uno, ¿verdad?Bien, pues hágalo.

--¡Yo iba a pegar a Snape, quiensiempre está metiendo sus grandes narices en nuestra vida
!

--Tu vida no es tan interesante,Black

--Silencio --ordenó la profesora, yse reclinó en su asiento.

Sirius bufó. Tanto James como Snapehabían compuesto una expresión de curiosidad, aunque la de James tambiénreflejaba temor.

--¿Y qué pasa si me niego a hacerlo?--preguntó Sirius.

McGonagall entornó los ojos.

--¿Quieres averiguarlo? --inquiriócon peligrosidad.

Sirius tragó saliva.

--No voy a pegar a James--declaró--. ¿Qué clase de juego macabro es éste, profesora? ¿Esto le divierte?

--Nada de eso, señor Black--respondió la mujer con tranquilidad.

--Oh, entonces se trata de darnosuna lección, ¿verdad? Muy bien, ya la he aprendido. No volveré a intentar pegara Snape. ¿Podemos irnos ya?

La profesora McGonagall sonrió unpoco por primera vez.

--No, señor Black, porque usted aúnno ha aprendido la lección. Ni tampoco sus dos compañeros.

--¿Y nos va a obligar a pegarnospara que lo hagamos?

--Se trata de un recurso psicológicoque no espero que comprenda

--Un recurso psicológico perverso--replicó el muchacho.

--No suelo emplear estas medidas--reconoció la profesora irguiéndose un poco--, pero su caso y el del señorPotter
requieren castigos fuera de lo común.

Se hizo el silencio. Sirius se movióen su asiento y se volvió hacia James. Éste se encogió de hombros y le dirigióuna mirada vacilante. Snape los miró a los dos; su rostro reflejaba una mezcla desorpresa y satisfacción.

--Si Sirius me pega --habló entoncesJames volviéndose hacia MGonagall--, ¿nos dejará marchar?

La profesora asintió en silencio.James miró a Sirius y asintió levemente.

--Hazlo, Sirius. No pasa nada, deverdad.

Se levantó. Snape se colocó en unapostura más cómoda.

--Está bien --dijo Sirius casi en unsusurro--. ¿Tengo que pegarle fuerte?

--Como le iba a pegar al señorSnape.

--Pero

--Black, ha demostrado que no tieneningún reparo en pegar a alguien, y ya le he explicado que para mí no existeninguna diferencia entre su amigo y su enemigo.

--Yo
--vaciló--. Oh, de acuerdo.

Se levantó también de la silla, secolocó frente a James y cerró la mano en un puño. La alzó y pareció que iba adescargar el golpe, pero en el último momento se detuvo.

 

--¡No quiero hacerlo, profesora!--protestó.

--Sirius --lo recriminó Jamesimpaciente--, hazlo ya, joder. Como si no lo hubieras hecho más veces.

--Pero

--Ahora, Sirius.

Sin embargo, el muchacho no sedecidía. Fue visto y no visto. James alzó el puño y le cruzó la cara de unabofetada a su amigo, quien se tambaleó un poco. Snape y la profesora McGonagallabrieron mucho los ojos, sorprendidos. Sirius lo miró, desconcertado, y sellevó una mano a la mejilla dolorida. Sin embargo, la confusión dio paso alenfado al instante siguiente. Agarró a James por el cuello de la camisa y lepegó un puñetazo que lo tiró al suelo. Snape sonrió levemente y la profesoraMcGonagall hizo amago de levantarse. James, tirado en el suelo y con una manoen el rostro, sonrió. Sirius sacudió la cabeza y se arrodilló a su lado.

--Merlín, lo siento, Prongs, ¿estásbien? Lo siento
Dios, qué estupidez.

Le ayudó a levantarse y compuso unaexpresión de arrepentimiento. James seguía sonriendo.

--Está bien, Pads, déjalo, ¿deacuerdo?

La profesora McGonagall carraspeó yse levantó. Contempló a los dos muchachos y reparó en los golpes que se les empezabana marcar en los rostros.

--No era así como
No teníais quehaber
--empezó la profesora, y luego suspiró--. No importa. Así es mejor. Así habéisexperimentado en carne propia, y nunca mejor dicho, lo que le ibais a hacer aSnape. Así os lo pensaréis dos veces antes de volver a pelearos porque a partirde ahora, --se puso mortalmente seria, y ellos no desviaron la vista--, apartir de ahora sufriréis lo que le hagáis a Snape. Y lo mismo para ti, muchacho,no volverás a pelearte con Black y Potter. A partir de ahora, pondréis tierrade por medio y no volveréis a dirigiros la palabra. Snape por un lado yvosotros dos por otro. ¿Me he explicado con claridad?

Sirius estaba demasiado cansado comopara discutir, de modo que asintió:

--Con claridad meridiana.

--¿Eso os lo ha hecho la profesoraMcGonagall? --preguntó Peter en el dormitorio--. ¿O ha llamado a Filch?

--No, ella
--empezó James--. Es unahistoria muy larga.

Sirius se desplomó en su cama.

--Y parecía tonta

--No lo parecía --replicó James--.Míralo por el lado positivo, Pads, no nos ha castigado.

Sirius levantó la cabeza.

--No, no nos ha castigado --musitósarcásticamente--. El golpe cada vez se te nota más, Prongs, amigo mío.

James se llevó la mano a la mejilla.

--Voy al lavabo.

--Lo siento, está ocupado --dijo lavoz de Remus desde el interior. Sonaba rota.

--¿Moony? ¿Estás bien?

--No --contestó el muchacho--. Estoes
horrible. Creo que voy a tardar un rato, James.

--No pasa nada. ¿Necesitas algo?

--Sí. Que llegue mañana. No, mañanaserá peor. Pasado. Mi reino por que llegue pasado mañana.

James, Sirius y Peter se miraron contristeza. El día anterior y el posterior a su transformación nunca le sentabanbien. La proximidad de la luna llena le provocaba efectos distintos cada mes: aveces tenía fiebre y temblaba, otras reaccionaba con una inusual agresividad asus comentarios y la mayoría se pasaba el día inclinado sobre el retrete, sufriendoarcadas pero sin expulsar nada porque su estómago llevaba horas vacío.

 

--Mi reino por que se me pase eldolor --suspiró James--. ¿De verdad se me está hinchando el golpe?

--Sí --respondió Peter--. Tiene uncolor curioso. Entre verde y morado. ¿Me dejas hacerte una foto?

--Sí --sonrió James--. Así en elfuturo se la podré enseñar a Padfoot para hacerle sentir mal. --Se volvió haciaSirius--. ¿A ti no te duele?

El joven sonrió y negó con la cabeza.

--Se me pasó enseguida. Siempre haspegado como una niña, James.

Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 1


Otra náusea le ascendió por lagarganta con rapidez y le obligó a inclinarse de nuevo sobre la blancasuperficie del fondo del retrete. Remus Lupin no solía llorar, pero en aquelmomento, exhausto tras toda una tarde arrodillado en ese baño, con el pelohúmedo de sudor y la piel ardiendo por la cercana transformación, sintió unasganas horribles de hacerlo. Pensó que no era justo. Sus amigos se encontrabanen las clases de la tarde, sentados en sus pupitres, seguramente pasándosenotas o hablando abiertamente. Sirius estaría mordiéndose las uñas y soñandocon la correría de esa noche; James, balanceándose sobre las patas traseras desu silla cuando el recuerdo de cierta pelirroja no lo dejara inmóvil durante unrato; Peter, lanzándose furtivas miradas con Mary. Y él, Remus, quien de verdaddeseaba acudir a clase, no podía dar un paso sin que la cabeza le diera vueltasy el estómago le pesara como si se hubiera tragado veinte piedras. No erajusto.

Se levantó con esfuerzo y se apoyóen el lavabo. Bebió un trago de agua y se miró en el espejo. No le gustó nadalo que vio: nunca había estado tan pálido, nunca había tenido los ojos tanhundidos, jamás había sentido la mandíbula tan agarrotada. Se deslizó de nuevohasta el suelo y se apartó el pelo de la frente. Unos golpes en la puerta lehicieron sobresaltarse.

--¿Moony? --dijo la voz de Sirius.

--¿Sí?

--¿Cómo estás?

--Bien --mintió Remus.

--¿Necesitas algo?

--No --respondió--. No, Sirius, todoestá controlado.

--No suenas como si estuvieras bien.Y llevas ahí todo el día. ¿No puedo ayudarte de ningún modo?

--No. No, Sirius, de verdad. Me laspuedo arreglar solo.

--Podría sujetarte la cabeza cuandovomites --propuso Sirius, y se rió con una carcajada histérica.

Remus sonrió con amargura.

--Muy amable.

--Ahora en serio, ¿puedo entrar?

--No --replicó rápidamente elmuchacho--. No, no entres.

--Remus, quizá deberías ir a laenfermería. Yo te acompañaré. La señora Pomfrey dijo que cuando te sintierasmal el día de la transformación

--Sirius, por favor
No me estásayudando. Márchate. Por favor.

Sirius apoyó la frente contra lapuerta.

--De acuerdo. Si necesitas algo,estaré en el dormitorio.

--Vale
Gracias.

Remus escuchó a Sirius alejarse, yrespiró con alivio. No quería que nadie lo viese así, tan débil, tan enfermo,tan vulnerable. En un instante de profundo pesimismo pensó que, casi con todaprobabilidad, él sería el primero de los cuatro en morir. Sólo tenía quemirarse al espejo para darse cuenta. Temblando, se encogió sobre sí mismo ycerró los ojos con fuerza para que las lágrimas no amenazasen con salir.

 

Lily Evans miró a su mejor amiga consuspicacia.

--No lo entiendo --dijo--. O másbien, lo entiendo pero preferiría no hacerlo.

--Venga, Lils --suplicó Alice,sentándose a su lado en la cama--. Hoy cumplo diecisiete años.

--Sí, lo comprendo --asintió lajoven--. Pero hay más cosas que podríamos hacer. ¿No preferirías
una fiesta depijamas? ¿Una guerra de almohadas? ¿Con pastel de chocolate incluido? ¿Sinsalir del dormitorio?

--No --replicó Alice, enfurruñada.

--Bueno, lo he intentado --suspiróLily.

--A Frank, Avril y Oliver les pareceuna buena idea.

--¿Y a Mary?

--No se lo he preguntado. Pero,aunque diga que no

--La mayoría gana --completó Lily.

--Exacto.

--Odio esa estúpida norma.

--Sin ella nunca nos pondríamos deacuerdo.

--¿De verdad quieres hacer eso lanoche de tu cumpleaños?

--Sí.

--Es absurdo.

--Lo sé.

--E infantil.

--Mucho.

--Sabes que si algún profesor me vejugando al escondite por el castillo me la cargo, ¿verdad?

--Sí. Por eso significa tanto paramí que vayas a hacerlo, Lils.

Sirius, James y Peter levantaron lacabeza cuando Remus entró al dormitorio y se sentó en la cama. Los sorprendióverlo tan desmejorado, pero no hicieron ningún comentario.

--Os tengo que pedir un favor--musitó sintiendo la boca seca.

Sirius se levantó.

--Si nos vas a pedir que esta nocheno te acompañemos, no pienso

--No --replicó Remus sin mirarlo--.No, no es eso. Es
bueno, es lo contrario. Necesito que vengáis conmigo porqueesta noche va a ser horrible. Lo sé. Lo siento en la piel. Necesito que vengáisporque si no yo

--Moony --lo interrumpió James--,claro que vamos a ir.

Remus asintió, sintiendo un enormeagradecimiento que no sabía cómo expresar.

--Vale --dijo simplemente--. Vale.

--Bien, pues aquí te dejo, hijo. Unavez más.

--Gracias, señora Pomfrey. Deverdad.

--De nada, muchacho. Espero que
sepase rápido. Por la mañana, ven a la enfermería, ¿de acuerdo?

--Sí.

--Bien, hasta mañana, señor Lupin.

--Hasta mañana.

La señora Pomfrey salió de laestancia, cerró la puerta y la ajustó de nuevo con maderas. Remus suspiró y sesentó en el sucio suelo a esperar la llegada de la luna
o de sus amigos
Noestaba muy seguro de lo que deseaba que apareciera antes.

Cuando se reunió con el resto de susamigos, Lily consideró por primera vez la posibilidad de que jugar al esconditepor la noche fuera realmente divertido. Quizá fuera la adrenalina liberada alcorrer por los oscuros pasillos, o a lo mejor ver a sus amigos felices yemocionados en el vestíbulo.

--¿Quién cuenta? --preguntó Oliver,el amigo de Ravenclaw de Frank, y miró a Mary--. ¿Qué tal mi hermanita? ¿O leda miedo la oscuridad?

La muchacha sonrió.

--Habla por ti, Ollie. Yo no era laque me meaba en la cama por la noche.

--Eh, no conocía ese detalle, Oliver--rió Frank.

--Quizá sea porque es falso.

--Oh, no lo es, te lo aseguro.

--Bueno, ya vale --interrumpióAvril--. Que cuente la del cumpleaños.

--Buena idea --dijo Lily--.¿Prefieres cincuenta despacio o cien deprisa?

--Cincuenta deprisa --respondióAlice.

 

--No nos da tiempo.

--¡No pienso contar hasta cien!

--Está bien, lo haré yo. Quita deahí. Empiezo, uno

--¿Estás seguro, Frank?

--
dos
tres

--¡Vale, vale, a esconderse! --gritóOliver, y el grupo se deshizo en un abrir y cerrar de ojos.

Alice y Lily echaron a correr juntaspor el pasillo de la derecha. Doblaron esquinas y subieron escaleras hastallegar al segundo piso.

--Deberíamos quedarnos por aquí parapoder salvarnos pronto --dijo Alice.

--Sí. ¿Qué tal detrás de lasarmaduras?

--Eh, escucha. Alguien viene.

Lily aguzó el oído y escuchó pasos ymás de una voz. Se escondió detrás de una armadura junto a Alice y contuvo larespiración. A medida que las pisadas se acercaban a donde ellas estaban, lasvoces se hacían también más claras, y las dos chicas se dieron cuenta de queles resultaban familiares. Pronto pudieron reconocerlas.

--
que ya no podemos molestar a Quejicus --estaba diciendo Potter--. Mivida ya no tiene sentido.

--Yo no lo veo así --repuso Black--.Significa que McGonagall no debe enterarse.

--Oh, Quejicus se encargará de que se entere.

Y la voz de Pettigrew, antes de quese alejaran demasiado y dejaran de escuchar su conversación:

--Eh, ¿y si matáis a Snape?¿Deberéis mataros el uno al otro?

--Pete, eso ya no seríaresponsabilidad de la profesora McGonagall, ¿no te parece
?

Lily y Alice asomaron la cabeza ypudieron ver las siluetas de los tres chicos doblando la esquina y perdiéndosede vista.

--¿Adónde irán esos tres? --musitó.

--¿Estaban hablando de matar aSnape? --inquirió Alice alarmada.

--No te preocupes, no tienen agallaspara hacerlo.

--Pero
¡estaban hablando de matar aSnape!

--Es su conversación favorita--respondió Lily restándole importancia con un gesto de la mano--. Me preguntodónde estará Lupin.

--Bueno, él es prefecto.

--Yo también --le recordó Lily conuna sonrisa--, y mírame. Y te aseguro que él tiene influencias mucho peores.

Permanecieron un rato en silencio,apoyadas contra la pared. Al cabo de un tiempo, sin poder resistirlo más, semiraron y susurraron a la vez:

--¿Los seguimos?

Sirius era especial. No se tratabaúnicamente de que fuera un mago, sino que por sus venas corría una magialevemente distinta a la de los demás. Era negado para la adivinación y muchasveces no podía realizar ni un simple conjuro defensivo de forma eficaz, peroera capaz de notar cuándo algo no iba bien, cuándo estaban a punto de serdescubiertos, cuándo el peligro acechaba tras la esquina. Remus lo llamabaintuición, pero James estaba seguro de que tenía que ver con que su animalfuera un perro.

--Hay alguien por aquí --informócuando se hallaban cerca del vestíbulo de entrada--. ¿No lo sentís?

--No --respondió Peter--. Sólosiento que tengo hambre. ¿Creéis que encontraremos de esas bayas rojas en elbosque?

--Seguro que sí --respondió Jamesalegremente.

--¿Podré comerlas hasta hartarme?

--A Moony no le gusta estar quietodurante mucho tiempo, ya lo sabes.

--Pero yo soy pequeño, y mi estómagotambién.

--Oh, está bien. Pero no cojas otraindigestión como aquella vez. Todavía recuerdo el olor del vómito de rata

--Eso no fue divertido.

 

--No.

--¡¡Tierra llamando a Wormtail yProngs!! --exclamó Sirius agarrándolos por los hombros--. ¡Mei-dei, mei-dei,alerta a todas las unidades!

--Sirius, me haces daño --protestóPeter.

--¿Alguien puede dignarse aescucharme un momento, por favor?

--No sabe cómo por llamar laatención.

--James, esto es serio. Noto algoextraño

--También notabas algo extrañocuando fuimos al partido de Hufflepuff contra Slytherin, y era porque Peterhabía pisado excrementos de bowtruckle.

--Eso tampoco fue divertido.

--No.

--Muy bien, como queráis --dijoSirius cruzándose de brazos--. Cuando nos choquemos contra algún profesor serádemasiado tarde como para pedir disculpas. "Si sólo hubiéramos escuchado aSirius aquella fría noche
", les contaréis a vuestros nietos.

--Oh, Merlín

--Está bien, Sirius --dijo Peter--.Metámonos bajo la capa.

--No la he traído, Pete --replicóJames.

--¿Por qué no?

--¿Exactamente cómo sugieres que lalleve cuando me transforme?

--Ah.

--¿Os importaría hablar más bajo?--les dijo Sirius. Habían llegado al vestíbulo.

--Sirius, no seas histérico.

--Vete a la mierda, Potter.

--Idiota.

--Imbécil.

--Gilipollas.

--Niños --interrumpió Peter,imitando el tono de Remus--. No peleéis.

Permanecieron en silencio mientrasmiraban a un lado y a otro del vestíbulo, abrían la puerta de madera de roble yechaban a correr por los jardines bajo la luna llena.

Lily y Alice llegaron al vestíbulo sinaliento. Habían tenido que correr para seguirlos a una prudente distancia,porque los jóvenes caminaban realmente deprisa, como si llegaran tarde a algúnsitio. Habían intentado escuchar su conversación, pero se hallaban demasiadolejos. Cuando vieron la puerta de roble cerrarse suavemente, Alice detuvo aLily.

--Han salido del castillo --dijo--.¿De verdad quieres seguirlos?

--Ahora más que antes --contestó lachica con una sonrisa.

--Está bien.

--¿Y qué pasa con los demás?

--Podemos estar buscando unescondite, ¿no?

Lily pensó que, aunque no lo habían establecido,seguramente no valía salir del castillo. No lo dijo en voz alta, sin embargo:la curiosidad era demasiado poderosa. Avanzó un paso y tiró de la argolla dehierro para abrir la puerta apenas lo suficiente para pasar. Cuando Alice yella se asomaron, la brisa nocturna les dio de lleno en la cara y revolvió sucabello. Distinguieron tres figuras a lo lejos, confundiéndose con las sombras.

--Adelante --animó Lily a suamiga--, pero no deben descubrirnos.

--¿En serio?

--Ya sé que lo sabes, sólo lo decíaporque es lo propio en estasituación. Ya sabes
Avanza, no mires atrás, no permitas que te descubran, esetipo de cosas. --Alice alzó las cejas--. ¿No has leído los libros de aventurasde Julio Verne?

--¿Quién?

--Inculta.

--Lils, vamos o los perderemos. Adelante, sin mirar atrás.

--Bien.

Salieron al exterior y avanzaron pegadasal muro. Varios metros más allá, los tres chicos se habían detenido frente alSauce Boxeador. Sin embargo, se hallaban demasiado lejos y estaba demasiadooscuro como para poder distinguir lo que hacían. De pronto, una de las figurasdesapareció.

--¿Has visto eso? --dijo Lilydeteniéndose--. ¿Qué ha pasado?

 

--No lo sé. Falta uno, ¿dónde está?

--¡Se ha esfumado! Un momento, ¿quéestán haciendo?

Las otras dos figuras se habíantendido en el suelo y gateaban
directamente hacia el Sauce.

--¡Los va a aplastar! --musitóAlice.

Pero las ramas del árbolpermanecieron incomprensiblemente inmóviles, a pesar de que dos jóvenesavanzaban por entre sus ramas, acercándose al tronco
Las chicas no veían bien,por eso no comprendieron lo que sucedió cuando las figuras se confundieron conla oscuridad que proyectaba el árbol y desaparecieron de la vista. Lilyparpadeó y murmuró:

--Pero, ¿qué
?

--¿Has visto lo que ha pasado?

--¡No! ¡Pero si estaban ahí, al ladodel Sauce!

Alice no contestó. Se quedaron unrato en silencio, observando los jardines del colegio, sintiendo en la piel el airefrío de la noche. Finalmente, Lily se movió un poco.

--Vámonos. Nos estarán buscando.

Alice volvió a fijar la vista en elSauce Boxeador. El viento sacudía suavemente sus ramas, barriendo el suelo.

--¿Y si
nos acercáramos?

--¿Al Sauce? --inquirió Lily--. Creoque paso, gracias.

--¿Por qué?

--Bueno, no sé, quizá tenga que vercon el hecho de que Davey Gudgeon casi pierde un ojo el año pasado.

--¿No quieres saber adónde han idolos Merodeadores?

Alice comprendió que había dado enel clavo cuando los ojos de Lily brillaron.

--Nos quedaremos un rato aquí, porsi vuelven a aparecer --decidió la muchacha--. Pero, si no lo hacen, nosiremos.

De modo que se sentaron en lahierba, con la espalda apoyada en la fría pared de piedra, y fijaron los ojosen el árbol. Después de un buen rato, Lily sintió las piernas entumecidas.

--Alice, vámonos. No van a aparecer.

--Ha pasado poco tiempo

--¿Por qué tienes tanto interés ensaber lo que están haciendo?

--¿Acaso tú no lo tienes?

Lily vaciló.

--Bueno, sí, pero

--¡Shhh, te lo dije, mira! --gritóAlice, y su amiga se volvió.

De nuevo, tres figuras habíanaparecido bajo las ramas del Sauce Boxeador que, una vez más, parecíaparalizado.

--¿Pero qué le pasa a ese árbol?--musitó Lily colocándose de rodillas sobre la hierba húmeda para ver mejor--.¿Crees que son ellos?

--Claro que son ellos --respondióAlice emocionada.

--Pero
parecen distintos y
¿Porqué no se yerguen? --se preguntó la joven viendo que las figuras permanecían acuatro patas. Entrecerró los ojos--. Alice, no estoy segura de que
¿Has vistolo que va a la cabeza? ¡Es enorme!

--¡Se dirigen al Bosque Prohibido!

La sensación de peligro que acuciabaa Sirius había desaparecido cuando habían entrado por el Sauce Boxeador y sehabía transformado. Sin embargo, cuando volvieron a salir al jardín,acompañados por un hombre lobo más inquieto de lo habitual, Padfoot sintió denuevo las mismas extrañas vibraciones. Además, ahora que sus sentidos olfativosse habían agudizado, olía algo, algosuave y dulce que no reconocía y que, curiosamente, no le desagradaba.

Prongs, que iba delante de élsiguiendo al licántropo, se paró un instante con la pata delantera suspendidaen el aire y alzó la cabeza. Padfoot descodificó su movimiento: peligro, significaba. Wormtail sólodetuvo su correteo frente a Moony cuando éste levantó las orejas y se volvióhacia el castillo, con un brillo salvaje en la mirada. Padfoot se impulsó consus patas traseras y, con un poderoso salto, se colocó frente al licántropogruñendo por lo bajo. Prongs lo exhortó con la cornamenta a que siguieraavanzando, hacia el bosque. El enorme lobo, contrariado, obedeció.

 

--No eran ellos --dijo Lily cuandolas tres figuras se metieron en el Bosque Prohibido y desaparecieron de lavista--. No pueden ser ellos. No parecían
humanos.

Alice no respondió. Ella sacudió lacabeza.

--Venga, vámonos.

Una parte de Lily razonaba que deberíanestar dentro del castillo, pero otra le gritaba que averiguara lo que estabapasando. Su amiga la miró y leyó en su interior, porque a ella le pasaba lomismo. Pero Alice Redfield siempre había sido mucho más impulsiva que LilyEvans.

--No, Lils. Vayamos tras ellos.

--¿Estás de broma?

--Nos acercaremos sin que nos vean,sólo lo suficiente para ver qué son.

--¿Pretendes entrar al BosqueProhibido siguiendo a unas criaturas cuya naturaleza desconoces sólo parasatisfacer tu infinita curiosidad?

Alice vaciló, pero acabó porasentir. Lily suspiró.

--De acuerdo --aceptó--. Pero no nosadentraremos demasiado. Algo me dice que la palabra "prohibido" no estácontenida en el nombre de ese bosque por casualidad, ¿no crees?



Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 2


Era muy agradable correr por elbosque bajo la forma de ciervo. Prongs lo sabía, y el adolescente que había enél lo sabía también. Quienes, sospechaba, no lo comprendían del todo eranPadfoot y Wormtail. No se lo había tratado de explicar, porque cuando volvía aadoptar la forma humana la sensación que había tenido disminuía y no encontrabapalabras para describirla. No se trataba simplemente de galopar a todavelocidad, sorteando troncos de árboles, saltando por encima de arbustos yalcanzando cimas de laderas; tampoco de sentir la tierra húmeda y blanda bajosus cascos, las hojas acariciando sus patas y el viento recorriendo su lomo. Esverdad que se sentía libre, invencible, pero no era solamente eso. Era que losperros no vivían en el bosque, ni tampoco las ratas; pero los ciervos sí. Y esasensación de familiaridad, de encontrarse en su elemento, de recorrer un lugaral que pertenecía por derecho, era más maravillosa que la libertad. El únicoque quizá podría comprenderlo sería Moony, si se encontrara en condiciones.

Prongs dejó de lado esospensamientos cuando el mismo olor que había percibido al salir de la Casa delos Gritos impregnó su hocico. Detuvo su carrera y olfateó el aire,desconcertado. Le resultaba agradable y muy muy atrayente y, aunque no podíadecidir de qué se trataba, le recordaba al olor de las flores que crecían entrelos arbustos.

Ni él ni Padfoot pudieron evitarlo,confusos como estaban. En un abrir y cerrar de ojos, Moony volvió sobre suspasos, siguiendo el olor, y los esquivó con rapidez, perdiéndose de vista.Wormtail dejó escapar un chillido angustiado y los otros dos reaccionaron.Padfoot echó a correr tras el lobo y Prongs se agachó sólo un momento para quela rata trepara a su lomo. Segundos después, corría junto al perro siguiendo laestela de ramas partidas y animalillos aplastados dejada por el licántropo.

 

Alice descubrió muy pronto que elBosque Prohibido no era tan interesante como siempre había creído. Por algunarazón que tenía que ver con su desbordante imaginación, pensaba que estaríalleno de pequeñas hadas que revoloteaban entre flores de colores imposibles, deduendecillos balanceándose sobre enormes setas venenosas, de unicornios debrillantes cuernos plateados, de árboles cargados de rojas manzanas por cuyasramas se deslizaba una serpiente, de plantas carnívoras que se cernían sobrelos incautos con sus afilados dientes por delante, de lianas empleadas parallegar a la cima de árboles gigantes, de centauros galopando con sus arcostensos, a punto de disparar una flecha
Se había equivocado. No había nada deeso en el Bosque Prohibido, o por lo menos estaba muy bien escondido. Setrataba de un bosque oscuro con un camino serpenteante que discurría entrepelados árboles y frondosos matorrales cuyas ramas se enredaban en la ropa y enel pelo. Nada de plantas carnívoras, y desde luego nada de hadas. A la muchachale hubiera parecido espantosamente aburrido si no hubiera sido porque resultabaun poco tétrico, sobre todo porque no se oía ningún sonido.

--¿Sabes qué, Lils? --dijo al cabode un rato--. Quizá sí contenga la palabra "prohibido" por casualidad, porqueyo no veo que sea tan peligroso como dicen.

Lily le dirigió una mirada cansada.

--No tientes a la suerte. Vámonos,Alice. Esto es absurdo.

La joven tuvo que reconocer quetenía razón. Suspiró y dio media vuelta, siguiendo a su amiga.

Pero, en ese momento, oyeron unruido de arbustos tras ellas y se volvieron con rapidez. Una figura enorme quecaminaba a cuatro patas saltó al claro en el que se encontraban y se detuvofrente a ellas. Se les congeló la sangre en las venas cuando la luna llenailuminó a la criatura. Un vello espeso de color castaño claro cubría su cuerpo,que había adoptado una postura de ataque, con los hombros levantados; sus ojoscolor miel irradiaban una fuerza salvaje y su boca entreabierta mostraba unahilera de dientes afilados.

Las dos muchachas se habían quedadoparalizadas de terror. Alice, realizando un enorme esfuerzo, balbució:

--¿Es
un lobo?

Lily tragó saliva una, dos, tresveces.

--No --dijo--, es un hombre lobo.

Alice se volvió hacia ella y la mirócon el miedo latiendo en sus ojos oscuros. Pero enseguida centró de nuevo suatención en el licántropo, que gruñó y avanzó un poco. Ellas retrocedieron.

Entonces, otros dos animalessurgieron de la oscuridad. Se colocaron entre ellas y la bestia, y las doschicas pudieron comprobar que se trataba de un perro negro y de un ciervo deastas aún no muy desarrolladas que portaba sobre su lomo moteado lo que parecíauna
¿rata?

El perro ladró y mordió levementeuna de las patas delanteras del licántropo, haciéndolo retroceder apenas unpaso. El ciervo se volvió hacia ellas y, adelantando la cornamenta, las amenazóy las hizo retroceder. La rata saltó de su lomo y correteó en dirección a lalinde del bosque. El ciervo volvió a arremeter contra ellas, y Alicecomprendió:

--¡Tenemos que seguir a la rata!

Y echó a correr en su dirección.Lily, sin embargo, no fue tras ella. Mientras el perro se esforzaba por alejaral hombre lobo, el ciervo se había quedado mirándola, y la joven habría juradoen ese momento que había un brillo de inteligencia en su mirada. Pero eso eraimposible, no era más que un ciervo
"que tiene por compañeros a un perro y unarata y acaba de salvarte la vida", se dijo. Sacudió la cabeza y decidió seguira Alice. Pero su cuerpo no le obedeció. Seguía mirando al ciervo, turbada.Había algo en sus ojos color avellana que le resultaba familiar

 

Entonces, el licántropo dio por finmedia vuelta y se perdió en la oscuridad, seguido por el perro. El ciervo lededicó una última mirada profunda a la joven, dio un salto y fue tras ellos.Lily corrió en su dirección.

--¡James! --gritó, y luego compusouna expresión de enorme confusión. Frunció el ceño y musitó--: ¿James?

No sabía qué hacer. Alice se habíaido tras la rata y ella debía seguirla, pero algo le gritaba que no podía, quetenía que ayudar a James. ¿Ayudar a James? Aquello no tenía sentido, ese ciervono era James
¿o sí? Y, de todos modos, ¿cómo pretendía ayudarlo contra unlicántropo?

Instantes después, mientras corríapor el bosque tras el ciervo y el perro, arañándose los brazos y la cara conlas ramas que se cruzaban en su camino, se dijo a sí misma que eso no erapropio de ella.

Al rato, Lily perdió la cuenta deltiempo. Le daba la sensación de encontrarse en un sueño. Ya no pensaba, tansólo estaba atenta a los troncos caídos que debía saltar y al sonido quesiempre parecía estar un poco más allá: ladridos de perro y, de vez en cuando, algúnaullido. Cuando, finalmente, se quedó sin aliento por la carrera, se detuvo ymiró a su alrededor. Entonces comprendió que lo que había hecho era unaestupidez: se hallaba sola en medio del Bosque Prohibido, de noche,persiguiendo a dos animales y a un licántropo. Y lo peor de todo era que estabademasiado oscuro como para distinguir el camino, porque las copas de losárboles no dejaban pasar la luz de la luna, por lo que se había perdidoirremisiblemente.

Escuchó otro aullido y echó a correrde nuevo en su dirección. Volvió a arañarse los brazos con las ramas y tropezócon una piedra, pero no le importó. Sólo se detuvo cuando escuchó claramenteuna voz tras ella que gritó:

--¡¡Lily!!

La joven se dio la vuelta y sesobresaltó cuando Alice surgió de la oscuridad y se plantó ante ella, con elpelo negro despeinado y lleno de ramitas.

--¡¿Estás loca o qué?! ¡¡Llevo horasbuscándote!!

Lily la miró con sorpresa.

--¿Horas? ¿Tanto tiempo ha pasado?

--¡Está a punto de amanecer! --Alicese adelantó y la cogió de la muñeca--. Lils, volvamos.

--No, no puedo
Tengo que
--intentóexplicar la muchacha, y giró la cabeza hacia donde sonó otro escalofrianteaullido.

--Lily, ¿qué te pasa? ¡Eso era unhombre lobo, tenemos que volver al castillo y avisar a alguien! ¡Iba adecírselo a Dumbledore cuando me di cuenta de que no venías tras de mí!

--¿Dónde está la rata?

--¿Qué
? ¿La rata? --repitió lachica desconcertada--. Volvió al bosque, creo. La perdí de vista cuando lleguéa la linde.

--Alice, escucha. Debo ir tras esosanimales, porque hay algo que debo comprobar
Si vienes, te lo explicaré por elcamino.

--Tú no estás bien de la cabeza.

Pero Lily ya había perdido bastantetiempo. La cogió de la muñeca y echó a andar de nuevo, arrastrando a su amigatras ella. Al cabo de unos minutos, Alice se soltó y dijo:

 

--Está bien, iré contigo, pero megustaría que me explicaras por qué estamos persiguiendo a un licántropo.

Lily respiró hondo.

--Sé que esto te va a sonar extraño,pero
Creo que el ciervo que nos salvó era James.

Su amiga parpadeó.

--¿James? ¿Qué James?

--James Potter.

Alice parpadeó de nuevo.

--¿Cómo has dicho?

--No sé por qué, pero lo sé. Lo miréa los ojos y

--Lils, me asustas.

--¡Creo que es él, Alice! ¡Tenía susojos!

--Lily, ¡era un ciervo! ¡Todos losciervos tienen los ojos marrones!

--Los ojos de James son de coloravellana. Son inconfundibles.

--Tú no estás bien de la cabeza--repitió.

--Y me parece
que el resto deanimales son sus amigos.

Alice se detuvo en medio del caminoy miró a Lily con ojos desorbitados.

--¿Qué?

--¡Tiene sentido! --se defendió ellaalzando los brazos--. ¡James, Sirius y Peter desaparecieron bajo el SauceBoxeador y salieron bajo la forma de animales, sólo que en ese momento lesacompañaba también un lobo, y a la rata no la vimos porque era demasiadopequeña! ¡Los tres son animagos!

Se cayó, comprendiendo lasimplicaciones de sus palabras. Alice no respondió. Echaron a andar de nuevo, ensilencio, perdidas en sus pensamientos. Al cabo de lo que parecieron horas, otroaullido que expresaba un profundo sufrimiento se elevó de un lugar a pocosmetros de donde ellas se encontraban. Las dos muchachas aceleraron el paso yllegaron a un claro, donde los primeros rayos de sol que se filtraban entre losárboles iluminaron una escena curiosa. Remus Lupin estaba tendido en el suelo,con el cuerpo desnudo marcado con arañazos y mordeduras. Se hallaba en brazosde Sirius Black, quien, vestido tan sólo con unos calzoncillos un poco rotos,lo estrechaba con fuerza y le apartaba el pelo húmedo de la frente. PeterPettigrew, también en ropa interior, se hallaba arrodillado a su lado, con losojos fijos en el ciervo que avanzó hacia las dos chicas e inició sutransformación.

James Potter, también encalzoncillos, con el pelo revuelto y tiritando de frío, las miró con furia.

--¿Qué hacéis aquí? --les espetó.

Sirius levantó la cabeza de un modomuy parecido a como lo habría hecho un perro y gritó:

--¡No deberíais habernos seguido!¡Creí que os había quedado claro que debíais dar media vuelta!

Alice abrió la boca para contestar,pero de ella no salió ningún sonido. Lily no apartaba los ojos de Remus,inconsciente en el suelo, completamente inofensivo, y recordó con claridad allobo que había estado a punto de saltar sobre ella. Sin saber muy bien por qué,avanzó un poco hacia él.

--No, Evans --la detuvo James. Lilylo miró a los ojos y pensó que nunca lo había visto tan serio--. Bastantesproblemas habéis causado ya. Marchaos.

--Nosotras no pretendíamos
--empezóLily--. Vosotros sois
Y
y Remus es

--Ahórrate tu sermón de prefecta, Evans--dijo Sirius.

--Yo no
no quería
--Por algunarazón, su mente había decidido perder la facultad de producir palabras--. Yosólo quiero ayudar, si puedo.

--Pero no puedes --le espetó Sirius.

--Padfoot

--No, James. Me importa una mierdaque sea Lily la perfecta Evans acompañada de su amiga Redfield. Si no se vanahora, las echaré yo. Esto no es asunto suyo. Ya han visto demasiado y Remusestá temblando y yo estoy sangrando y todos estamos agotados y helados, así queahora lo que menos necesitamos son las lecciones de una prefecta, a no ser quesepa algún hechizo térmico

 

--De hecho, eso es lo que iba aproponer, Black --cortó Lily.

--¿Por qué querrías ayudar a unlicántropo que ha estado a punto de atacarte? --inquirió Sirius.

Lily respiró hondo y volvió a mirara Lupin.

--Porque ahora es Remus --respondiódevolviéndole una mirada resuelta.

Peter miró a Sirius, quien nodespegó los ojos de Lily. Su pecho, marcado con dos profundas heridas alargadasde las que brotaba sangre, se convulsionó levemente.

--De acuerdo --musitó--. Hazlo.

Lily avanzó y se arrodilló al ladode Remus. Sacó la varita y pronunció algo que Sirius no alcanzó a oír. Alinstante, el muchacho sintió que el cuerpo de su amigo estaba cálido, y Remusgimió levemente en sueños. Entonces Lily apuntó con la varita al pecho deSirius y dijo:

--Episkey.

Aunque las heridas no se cerraron,dejaron instantáneamente de sangrar. Sirius entornó los ojos.

--Gracias --gruñó.

Entonces James se acercó, irguió aRemus con cuidado y lo sujetó por la cintura. Sirius lo imitó.

--Uno
dos
arriba.

Lo levantaron entre los dos pasandolos brazos por debajo de los suyos. Remus abrió levemente los ojos.

--Ahhhh --gimió.

--Vamos --dijo Sirius--, alcastillo.

Echaron a caminar los tres juntos,seguidos de Peter, Remus ya consciente pero con la cabeza gacha y el rostrocontraído en una mueca de dolor. Al menos, ya no tiritaba.

El camino de regreso al castillo fueel más largo y penoso de sus vidas. No se habían alejado mucho de la linde delbosque, porque habían avanzado principalmente de forma paralela a los jardines,pero aun así tardaron bastante debido al lamentable estado de Remus. Laviolenta transformación de esa noche lo había dejado completamente derrotado,tanto que no se había dado cuenta de que se trataba de un grupo de seis y no decuatro como de costumbre. James y Sirius avanzaban a la cabeza, cargando conél; después iba Peter y, tras él, Lily y Alice, que caminaban muy juntas, ensilencio.

Cuando, finalmente, pisaron lahierba de los jardines, James y Sirius se detuvieron para recuperar el aliento.Continuaron casi al momento, acelerando el paso.

--¿Adónde vamos? --le preguntó Lilya Peter.

--A la enfermería.

--¿La señora Pomfrey sabe
?

--Sí. Ella y Dumbledore. Y nosotros.Y Snape. Es una larga historia. Oh, pero lo de Remus, no lo de nosotros. Lonuestro es secreto, porque es ilegal.

--Peter, cierra la boca --le espetóJames, y el muchacho calló.

Lily no hizo preguntas. Cuandoentraron al castillo, iluminado por la luz del sol que entraba a través de lasventanas, los siguió como había hecho hasta entonces.

--¡Por las hierbas medicinales! ¿Quéha pasado? --exclamó la enfermera cuando los vio entrar a todos, cubiertos dearañazos y barro, y tres de ellos en ropa interior.

James y Sirius depositaron a Remusen la cama, y éste cerró los ojos y exhaló un suspiro de alivio. La señoraPomfrey miró sorprendida a Lily y Alice, quienes se quedaron paralizadas. Petery Sirius estaban demasiado cansados para responder, y además quien siempre seinventaba historias creíbles para salvar el pellejo a todos era James, de modoque lo dejaron hablar:

 

--Bueno
--dijo. Se pasó la mano porel pelo y se aclaró la garganta para ganar tiempo--. Lo que
lo que sucedió fueque
--Se detuvo, porque su mente se resistía a pensar en algo coherente. Loúnico que deseaba en ese momento era una cama--. Nosotros
estábamos

--Jugando al escondite --completóLily impulsivamente--. James, Sirius, Peter, Alice y yo. Entonces

--Yo decidí esconderme tras el SauceBoxeador --dijo Alice, asumiendo parte de la culpa que realmente tenía.

--De modo que descubrió el pasadizoque lleva a
a la Casa de los Gritos --añadió James.

Alice forzó una sonrisa.

--Sí, eso.

--Entonces Moony
Remus derribó la puerta y la persiguió--se unió Sirius, tragando saliva--. La persiguió
hasta el Bosque Prohibido.Nosotros fuimos tras ellos y conseguimos escapar juntos del licántropo, que sequedó en el bosque.

--Cuando amaneció, fuimos a por él ylo trajimos --terminó James.

Todos respiraron aliviados, aunquedisimularon para que no se les notara. La señora Pomfrey movió la cabeza,sorprendida.

--Santo Dios
Ha sido un verdaderomilagro que consiguierais escapar de él. Le diré al profesor Dumbledore que hayque asegurar mejor esa puerta. -- "Mierda", pensó Sirius--. Y, desde luego, leinformaré de que salisteis de vuestra Sala Común por la noche para jugar
¿alescondite? ¿En qué estabais pensando? Pero, antes de eso, hay algo más quequiero saber
¿Por qué estáis en ropa interior, muchachos?

Fue Peter el que contestó,vacilante:

--Es que
antes del escondite jugamosa los Naipes Explosivos con
con la modalidad de pagar prendas, ya sabe

--No, no sé.

--Bueno, no importa, el caso es que Lilyy Alice eran realmente buenas.

--¿Pretendéis hacernos creer que osperdisteis en el castillo? --dijo Frank cruzado de brazos--. ¿Os perdisteis?¿En el castillo? ¿Jugando al escondite?

Lily le dirigió a Alice una mirada preventiva,porque notó que su amiga vacilaba.

--Bueno

--Sí, así fue --replicó Lily--. Nosperdimos. Buscamos un escondite demasiado bueno, diría yo.

--¡Y tanto que era bueno! --exclamóFrank con una risa histérica dejándose caer contra el respaldo del sillón de laSala Común--. ¡Era el mejor escondite del mundo! ¡Toda la noche buscándoos,creyendo que os había tragado la tierra! ¡Y no nos atrevíamos a llamar aDumbledore, porque le tendríamos que contar lo que habíamos estado haciendo!

--Al final, cuando amaneció, tuvimosque hacerlo --les explicó Avril a sus amigas--. Fuimos Mary y yo y le dijimosque nos habíamos despertado por la noche y no estabais. Entonces él dijo que yahabía hablado con vosotras y que todo estaba arreglado.

Frank, Avril y Mary las miraronsignificativamente.

--Sí --asintió Lily--. Sí, por findescubrimos que estábamos
cerca de la enfermería y allí nos encontramos conDumbledore. Le confesamos que habíamos salido por la noche, sin mencionaros avosotros, y que después nos habíamos perdido.

--¿Os castigó?

--No, nos quitó puntos.

 

--¿Sólo?

--Sí
bueno, ya sabéis, es Dumbledore.Sus razones están por encima de nuestro entendimiento.

Pareció que los tres muchachos seconformaban con esa explicación, que, por otra parte, era una gran mentira. Dumbledorehabía llegado a la enfermería después de que hablaran con la señora Pomfrey yhabía exigido con severidad que le informaran de lo que había sucedido. Jamesle había referido la misma versión que le habían dado a la enfermera, diciendoque ellos cinco habían salido de la Sala Común para jugar al escondite. SiDumbledore había notado que mentían, lo había disimulado muy bien. Les había quitadocincuenta puntos por haberse puesto a jugar el mismo día que Remus sufría latransformación, pero había dicho que no habría castigo porque la experienciasufrida les había dado una lección que no olvidarían. Entonces se habíadirigido directamente a Lily y Alice y les había hecho jurar que no lecontarían a nadie el secreto de Lupin, porque si se supiera muchos exigiríanque lo expulsaran.

--Es lo que deberían hacer --dijoAlice cuando Frank se marchó y Avril y Mary subieron al dormitorio.

Lily volvió a la realidad y la miró.

--¿Qué?

--Deberían expulsarlo.

--¿A quién?

--A Lupin.

Lily se quedó de una pieza.

--¿De verdad piensas eso?

Alice suspiró y se apartó el pelo delos ojos.

--Entiéndeme, Lily. A mí Remussiempre me ha caído bien, pero
Merlín, ¡es un hombre lobo! ¡Se transforma enuna bestia asesina una vez al mes!

--¿Quieres bajar la voz? --larecriminó Lily, aunque en la Sala sólo estaban ellas--. No puedo creer lo queestás diciendo.

--Lily, nos habría devorado si hubiera podido, ¿no te dascuenta?

--Pero él no tiene la culpa

--Claro que no. No estoy diciendoque la tenga. Pero, estudiando aquí, amenaza la seguridad del colegio.

--¡Tienen medidas de seguridad! Otracosa es que sus amigos se las salten

--Oh, sus amigos --repitió Aliceenfadada--. Sus amigos han perdido definitivamente el juicio, o quizá nunca lohan tenido. ¡Animagos, nada menos! ¡Animagos ilegales! Y las noches de lunallena se pasean tranquilamente con un hombre lobo por los terrenos del colegio

Lily se mordió el labio inferior,pensativa.

--Sabes, a mí eso no me parece tanmalo. No se transformaron en animagos por diversión, sino para acompañar aRemus. No se trata de una de sus típicas travesuras, esto ha sido algo
altruista.

--¡¿Altruista?! ¡Sacan a un monstruode su jaula para divertirse!

--Para acompañarlo. Y, por si todavía no te has dado cuenta, lo manejanmuy bien. Te recuerdo que te salvaron la vida.

--No habrían tenido que hacerlo sino lo hubieran soltado.

--No habrían tenido que hacerlo sitú no te hubieras empeñado en seguirlos --corrigió Lily con rencor--. Alice,¿de verdad crees que deberían expulsar a Lupin? Él no ha hecho nada malo,aparte de dar su consentimiento para salir las noches de luna llena, pero esono es motivo de expulsión
O sí, pero en ese caso también deberían echar a susamigos
, y lo que quiero decir es que él no tiene la culpa de ser un hombrelobo. No se le debería negar la posibilidad de estudiar en Hogwarts por ser algoque él no puede evitar.

Alice no contestó. Suspiró, selevantó y subió las escaleras del dormitorio. Lily la escuchó cerrar la puertay se preguntó en qué momento había empezado a defender a los Merodeadores.

 





Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 3

Siento haber tardado, es que no me sentía muy bien porque tengo catarro (a pesar de que es verano ¬¬). Espero que os guste:



A James Potter todas las asignaturasse le daban bien, excepto una: Pociones. No sabía por qué sucedía, quizá porqueera despistado y se olvidaba de que debía apagar el fuego a los tres minutos oel caldero empezaría arder, o porque le temblaba el pulso y echaba seis gotasen lugar de cinco, o porque Snape lo desconcentraba con su sonrisa desuficiencia, pero el caso era que siempre acababa quemándose la mano oderramando la poción. Sólo lo consolaba el hecho de que aún más nefasto que élera Peter, quien una vez había intoxicado a toda la clase.

--Por las barbas de Merlín. Esapoción tiene una pinta horrible, señor Patter --le informó el profesor Slughorncon una mirada de lástima.

--Ni siquiera se sabe mi nombre--protestó James cuando el hombre se fue a revisar las de otro grupo--. ¿Cómovoy a elaborar correctamente una poción si el profesor no sabe que existo?Apuesto a que aún no se ha dado cuenta de que he estado en su clase todos estosaños; seguro que cuando me vio por primera vez este curso pensó: "por lasbarbas de Merlín, un nuevo alumno".

--Bueno, la de Aritmancia estáconvencida de que te llamas Jason, y eso no ha sido impedimento para que saquesmás nota que yo --argumentó Sirius con un deje de reproche en la voz--. JasonPatter. Quizá deberías llamarte así a partir de ahora.

--Puede que entonces Slughorn tellamara "Potter" --añadió Peter animosamente.

James no se rió y volvió a centrarseen su poción. Se suponía que un Elixir de la Euforia bien elaborado debía serde un color amarillo intenso, pero el suyo era más bien verdoso. Dejó caer lacabeza con un suspiro, pero cuando aspiró el humo que salía de su caldero y sesintió mareado, decidió que no había sido una buena idea.

--Potter --dijo una voz, y elmuchacho se dio la vuelta. Lily Evans se había acercado a él con una sonrisa--.Tu poción no tiene muy buen aspecto
¿Quieres que te ayude?

James pensó que quizá la inhalacióndel Elixir le hacía delirar.

--Eh
--fue todo lo que consiguiódecir.

--No hay nada de malo en recibirayuda de una chica --aclaró Lily malinterpretando su vacilación.

--Sí, no
ya lo sé

--Quiero decir que
bueno, túpodrías ayudarme con Transformaciones, si quieres.

--Sí, claro --dijo. Se dio cuenta deque la estaba mirando fijamente y desvió la vista--. Eh
Estaría bien que meayudaras con esto.

--Bien. Veamos

Se colocó a su lado y echó unvistazo a la poción, revolviéndola con el cazo.

--Creo que pesaste mal la cantidadde raíces de asfódelo, por eso te ha quedado tan espesa --explicóamablemente--. Pero eso tiene fácil arreglo, sólo tienes que echar un higo secopara contrarrestar los efectos. Mira. --Cogió un higo de la mesa central y lodejó caer en la poción, que se volvió al instante de un amarillo brillante--.¿Ves? Perfecta.

James se había quedado sin palabras,mirando el líquido del caldero. Finalmente levantó la vista y la fijó en Lily.Pero, antes de que pudiera agradecérselo, una voz estruendosa dijo:

 

--Vaya, eso está mejor, Patter. --Elprofesor Slughorn miraba por encima del hombro de los dos jóvenes--. ¿No tehabrá ayudado aquí la princesa de las pociones?

Miró a Lily, quien carraspeó.

--Sólo le he hecho una pequeñasugerencia, señor.

--Oh, no pasa nada, mi queridaLillian --contestó Slughorn con una sonrisa de oreja a oreja--. Celebro lacooperación entre compañeros, faltaría más. ¡Sí, señor Longbottom, ahora mismovoy!

Cuando el profesor se fue, Jamescompuso una media sonrisa.

--Gracias, Lillian, princesa de laspociones.

Lily asintió.

--De nada, Patter.

Y, dedicándole una última miradadivertida, volvió a su sitio.

--James --dijo Remus más tarde,durante la comida--, Padfoot va a comerse tu parte si no pruebas bocado.

--No tengo hambre --respondió elmuchacho.

Desde que habían salido de pociones,había estado así: ido, con la mirada perdida y esbozando una sonrisa eterna.

--¿Evans no lo habrá hechizado?--preguntó Peter agitando una mano por delante de su cara.

--Sí --contestó James sin mirarlo--,pero lo ha hecho sin varita.

--Oh, Merlín
--suspiró Remus--.Escucha, James, pareces estúpido, y no quieres que Lily Evans piense que eresestúpido, ¿no?

Por fin, el chico reaccionó, se pusoserio y lo miró.

--No

--Bien, pues cambia la cara y comealgo.

Le sirvió tres salchichas, que Jamescontempló sin mucho interés.

--Moony, ¿crees que
haberle salvadola vida
?

--¿
ha provocado que te mire conotros ojos y ahora esté loca por ti? --completó Remus--. No, no lo creo.

James mordió una de las salchichas.

--Eres cruel.

--Te recuerdo que la salvaste de mí --replicó su amigo amargamente--.Tú eres cruel al sacar un tema que sabes que me incomoda.

--Oh
, lo siento.

--Prongs, ¿vas a comerte lassalchichas? --inquirió Sirius.

James empujó el plato hacia su amigoy apoyó la cabeza en las manos. Mientras comía, Sirius se fijó en que parecíadesanimado.

--¿Qué quieres que hagamos hoy,Prongsie? --le preguntó.

--Tengo entrenamiento.

--Bueno, ¿qué quieres que hagamos después? Eh, todavía me queda de lashierbas esas que me vendió Mundungus
¿Cómo se llamaban? Mari

--Marihuana --respondió Remus sinvacilar.

--Eso. Aquella vez, la primera quela probamos, no estuvo tan mal, ¿no? A mí me gustó

--Oh, sí, no podía dejar de reír--recordó James animándose un poco--. Fue genial.

--No podía dejar de reír --repitióRemus--. Fue horrible.

--Podríamos fumar esta tarde--continuó Sirius sin hacer caso a Remus--. Es viernes, no hay nada que hacer,está lloviendo
¿Tú qué dices, Pete?

--Aquella vez me meé en la cama.

--De hecho, fue en mi cama --replicó James.

--Aquella vez éramos unos críos--recordó Sirius--. Ahora será divertido. ¿Alguien se opone? --La mano de Remusse agitó en el aire--. ¿Alguien que no sea Moony? --Nadie levantó la mano--.Perfecto. Decidido, entonces.

Remus suspiró.

Después del entrenamiento, cubiertode sudor, agua de lluvia y barro, James se desplomó en un sofá de la Sala Comúnde Gryffindor. De pronto, una voz suave dijo:

 

--¿Tenéis entrenamiento con estalluvia? Siempre he pensado que Steven no está muy bien de la cabeza.

James se levantó y vio que LilyEvans se hallaba sentada en el sofá de enfrente con un libro apoyado en laspiernas y mirándolo con una sonrisa.

--¿Estabas ahí cuando entré?--preguntó el muchacho frunciendo el ceño.

--Sí.

--Oh
Sabes, cuando llego mojado
normalmenteno me tiro en el sofá.

--Debes de estar agotado para queesta vez lo hayas hecho.

--Sí. Porque, en condicionesnormales

--
no empapas la Sala Común.

--No.

--Entiendo.

Ambos sonrieron. Lily apartó ellibro, se irguió un poco y cogió una taza humeante que tenía en una mesita.

--Toma, es té. Te ayudará a entraren calor.

Él la aceptó y se sintió mucho mejorcuando bebió el líquido caliente. Lily se apartó un mechón de pelo de la cara yse lo colocó detrás de la oreja. James se dio cuenta de que la joven estabalevemente ruborizada y se sintió intrigado, porque Lily nunca se ponía nerviosa.Era él el que tartamudeaba delante de ella y decía estupideces.

--Potter, yo
quería darte lasgracias por lo del otro día.

--Ah. Eh
de nada. Pero en realidadfue Sirius quien

--Lo sé --asintió ella, y se mordióun labio--, es que
creo que todavía está molesto por lo que pasó y prefiero
Bueno, ¿podrías dárselas tú de mi parte?

--Claro --dijo James.

--Bien. --Lily cerró las manos sobresu regazo--. Sentía que debía decírtelo porque
en fin, si no hubiera sido porvosotros dos, yo ahora no

--No te preocupes --interrumpióJames antes de que siguiera--. Fue culpa nuestra
Si nosotros no lo hubiéramossacado, no habría estado en el bosque y
--Se detuvo porque no quería hablar deeso, no quería recordar esa noche. Lo que podría haber pasado era demasiadoaterrador como para pensarlo siquiera. Entonces, se dio cuenta de algo--. Enrealidad, yo también te tengo que agradecer que no nos delataras.

--No lo hice por vosotros --cortóella, mordaz--, sino por Remus.

No le dijo que, pese a todo, nopodía ver con malos ojos el hecho de que se hubieran transformado en animagosilegales. No quería darle alas.

--Ya. Bueno, gracias de todos modos.

Se miraron, y Lily se perdió en losojos color avellana de él, y recordó al ciervo del bosque, y no pudo evitarsuavizar su expresión.

--Tu animal --dijo-- me gusta mucho,¿sabes? Es precioso. ¿Lo
elegiste tú o
?

--No --negó--. No, no funciona así. Túno eliges al animal, él te elige a ti. Algo parecido a lo que pasa con lasvaritas, sólo que mucho más complicado. Un día, si quieres, te lo explicomejor.

Lily asintió. James se levantó y diounos pasos hacia la escalera. Cuando estaba a punto de empezar a subir, lajoven lo llamó:

--Potter
¿tienes algo que haceresta noche?

James se volvió hacia ella y creyóque se desmayaba allí mismo. Hizo un esfuerzo por contestar como lo haría unapersona adulta:

--Eh
no
yo
--Bueno, como unapersona, simplemente--. No, claro que no.

--Bien. Porque me preguntaba si
querrías salir conmigo. Y esta vez no te lo pido porque Sirius me hayaprovocado o
o porque quiera hacerte un favor --aclaró, sonrojándose aún más--.Te lo pido porque quiero.

 

James pensó en un momento deconfusión que, si aquello era un sueño, tenía que despertarse ya antes de quesoltara algo ridículo en voz alta y luego Sirius no dejara de hacer bromas endos semanas. Después, se dijo que quizá no fuera un sueño y que en ese caso másle valía decir algo, o Lily se marcharía avergonzada y enfadada.

--Evans
--musitó, pasándose unamano temblorosa por el pelo, deteniéndola a la mitad porque no queríadespeinarse más de lo que ya estaba--. Yo
--Deseaba decir algo, pero queríaque fuera coherente y que no sonara parecido a: "claroquequieroperon-nosécómodecírtelosinquesueneridículomerlínlosiento
"
.

Lily se hizo cargo de la situación. Selevantó, caminó hacia él y le colocó suavemente la mano sobre la boca, de formaque el chico no podía hablar aunque quisiera, algo que lo alivió profundamente.

--Simplemente asiente o niega con lacabeza, ¿de acuerdo? ¿Quieres salir conmigo esta noche?

James, perdido en los ojos verdes deLily y aspirando el aroma de su mano, asintió lentamente.

--Me aburro --suspiró Sirius.

Remus, sin despegar la vista de sulibro de Encantamientos, pensó que ésa era una de las frases favoritas de suamigo, junto con "¿qué hay para comer?" y "mirad quién viene por ahí, Quejicus". Sonrió levemente.

--¿En qué estás pensando, Moony?Odio cuando se te nota que estás pensando en algo gracioso y no lo cuentas.¿Por qué nunca dices lo que piensas?

--Porque para decir en voz alta lasestupideces que se te pasan por la cabeza estás tú --replicó el muchacho--. ¿Dóndeestá James?

--Entrenando. ¿En qué pensabas?

--Te imaginaba a ti desnudotapándote tus partes con mi libro de Encantamientos.

--¿En serio? No, no hablas en serio
Tú no eres tan pervertido.

Remus no contestó y Sirius, tiradoen su cama bocarriba observando el dosel, frunció el ceño.

--¿Sigues saliendo con Elayne?

--¿Ya te has aprendido su nombre?

--¿Estás cambiando de tema?

--No. Y sí.

--¿No y sí, qué?

--No estoy cambiando de tema y sísigo saliendo con ella.

--Albergaba esperanzas de que fueraal revés. ¿Ya habéis follado?

--¿Qué
? Sirius, ¡por dios!

--¿Qué pasa? Oh, de acuerdo
¿yahabéis hecho el amor?

--Olvídalo.

--¿Qué tal si me contestas?

--¿Qué tal si eso no es asunto tuyo?

--La primera vez de mis amigos es asunto mío.

En ese momento, la puerta deldormitorio se abrió y entraron Peter y Mary cogidos de la mano, susurrándosecosas al oído:

--No, yo te quiero más

--No, yo

--No, no. Yo

Remus miró a Sirius y vio cómo surostro adquiría un curioso tono morado. Cuando Mary y Peter se sentaron en lacama de éste, se levantó y caminó hacia la puerta.

--Discúlpame, Moony. Tengo que ir a
vomitar, creo.

Remus también se levantó y corriótras él.

--¿Puedo acompañarte?

--Claro.

James entró como en una nube aldormitorio, cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella. Sin embargo, desechósus ensoñaciones cuando vio a otra pareja en la habitación, sentados muy juntoscon las manos entrelazadas y mirándose a los ojos románticamente. Jamescarraspeó y Peter levantó la vista con un sobresalto.

 

--Ah, James
Hola.

--Hola, Pete --dijo él--, y Mary. ¿Quétal?

--Bien --contestó la chica--. ¿Y tú?

--Igual. Oye, ¿te importa si mellevo a Peter un momento? Sólo será un minuto

--Por supuesto. --Mary se volvióhacia el muchacho--. Hasta ahora, mi trufita de chocolate

Le dio un beso en la puntiaguda yruborizada nariz y lo dejó ir. Peter se levantó, se acercó a James, quecontemplaba la expresión de adoración de Mary, lo agarró de un brazo y lo sacóde la habitación.

--¿Trufita de chocolate? --repitióJames con cara de incomprensión--. ¿Te ha llamado
trufita
de chocolate?

--¿De qué quieres hablar? --inquirióPeter todavía colorado.

--¿Qué? Sí, es que quería contartelo que me ha pasad
Oh, Merlín, me va a costar mucho sacar de mi cabeza laimagen de Mary llamándote "trufita de chocolate".

--James. ¿Qué es lo que quieres?--preguntó Peter con algo de brusquedad.

--Sí, perdona
--dijo Jamessacudiendo la cabeza--. Supongo que querrás volver pronto con tu galletita defresa
¿La llamas tú así a ella? --Se tapó los ojos con la mano y se rió--. Oh,dios, es demasiado, lo siento

Peter se cruzó de brazos.

--James, ¿ya has fumado?

El muchacho dejó de reírse y lomiró.

--¿Qué?

--Te pregunto que si ya has fumadomarihuana de ésa
Ya la has fumado, ¿verdad? Por eso estás así
¿No podíasesperar hasta esta tarde? ¿Sirius también ha fumado? ¿Por qué no me avisáis?

--¿Sirius? No, él
¿Esta
esta tarde?--James parecía estar lidiando con conceptos demasiado complicados oproblemáticos para él--. Mierda. Mierda, mierda, mierda

Y, soltando palabrotas, se fueescaleras abajo dejando a Peter solo y dudando seriamente de la cordura de suamigo.

--Sirius. Sirius, sal de ahí.

Remus se había preguntado muchasveces por qué él y sus amigos se encontraban tan frecuentemente en situacionesproblemáticas. Y la respuesta siempre era la misma: Sirius. Era cierto queJames también tenía su misma capacidad innata para meterse en líos; que Peterera torpe y los profesores solían mostrarse duros con él; que Remus aprobaba másideas de sus amigos de las que debería porque a veces le parecían divertidas;pero, en general, el causante de que los planes se torcieran y los cuatro acabaranen el despacho del director era Sirius, por la sencilla razón de que el joven disfrutaba creando discordia a sualrededor. No es que fuera malo, simplemente tenía un sentido de la diversiónmaléfico.

--Sirius, tienes un sentido de ladiversión maléfico --apuntó Remus, por una vez diciendo en voz alta lo quepensaba.

--Y tú eres un adulto con un trabajoaburrido vestido como un estudiante de Hogwarts. Un trabajo en el Ministerio --añadió Sirius, quien casicon toda probabilidad prefería lanzarse a sí mismo una maldición que le dejarala piel cubierta de furúnculos antes que trabajar en el Ministerio de Magia--.¿Quieres venir a ver el despacho de McGonagall sin McGonagall o no?

--¿Debo contestar a esa pregunta?

 

Sirius volvió a darse la vuelta ycontinuó cotilleando en el despacho vacío de la profesora McGonagall, cuyapuerta se habían encontrado entornada cuando habían pasado por delante. Miródebajo de la mesa, torció la silla, abrió un armario, levantó un libro de lamesa
Remus sintió que su estómago se retorcía de angustia con cada movimientoque efectuaba su amigo y, desde su puesto en la puerta, volvió a mirar elpasillo.

--Sirius, por favor. Va a venir y nos va a encontrar aquí y a ti te va atorturar lentamente y a mí me va a obligar a mirar y aunque yo ahora te haríalo mismo te confieso que no voy a poder soportarlo durante mucho tiempo y voy acantar todo
--Sirius abrió un cajón y se oyó un revuelo de papeles--. Padfoot,Paddy, escucha, ¿qué tal si vamos a las cocinas, eh? Podrás comer hastahartarte, los elfos te prepararán ese pudin que tanto te gusta. ¿Qué me dices?¿Eh? ¿Vamos a comer, eh? ¿Eh?

Sirius no reaccionó tan rápido comoesperaba. Pasaron veinte segundos antes de que levantara la cabeza y lo mirara.

--La verdad es que tengo hambre--reconoció.

--¿Lo ves?

--Pero una oportunidad como ésta nose presenta todos los días
¿Crees que tendrá nuestros expedientes? ¿Crees quepodría modificarlos? ¡Oh! ¿Crees que podría modificar el de Snape?

Remus entró finalmente al despacho ycogió a Sirius por los hombros para levantarlo, sacarlo de allí y evitar quemanchara su futuro, aunque éste consistiera en encerrarse todos los días en unaoficina del Ministerio. Pero, justo cuando iban a salir, alguien apareció bajoel marco de la puerta, y Remus sintió que un terror frío y punzante lo invadíacuando unos ojos oscuros enmarcados por unas gafas cuadradas se clavaron en lossuyos. Pareció que el tiempo se detenía un instante y lo único que sintió elmuchacho durante unos horribles segundos fue la tensión que se adivinó en losmúsculos de Sirius.

--No sé qué es lo que me sorprendemás --dijo tranquilamente la profesora McGonagall--, encontrarlos aquí o quesea Lupin el que acompaña a Black.

Remus no dijo nada, principalmenteporque todo lo que iba a salir sería: "ajksgifkjasrufmndub".De todas formas, él sí tenía claro qué le sorprendía más, y era el hecho de quela profesora aún no los hubiera devorado vivos. ¿Sería que prefería torturarlosantes?

--Bien, ya que están aquí--continuó--, ¿por qué no se sientan y me explican qué hacen en mi despacho?

Ellos lo hicieron. Sirius, con laboca seca y el corazón latiéndole en los oídos, se sintió igual a que si lohubieran atado con unas cadenas al interior de la cueva de un dragón.

--Queríamos hablar con usted--dijo--, pero no estaba.

--Ah, eso lo explica todo --sonrióla profesora--, siempre y cuando "hablar con usted" quiera decir en realidad"entrar a su despacho sin permiso y revolver entre sus cosas".

Se subió las gafas sobre la nariz yrecolocó un pisapapeles con la forma de una rana. Remus tragó saliva.

--Lo sentimos --musitó.

McGonagall lo miró.

--Estoy segura de que usted lo siente, señor Lupin. Pero tengoserias dudas de que el señor Black conozca siquiera el significado de lapalabra "arrepentimiento".

Sirius parpadeó.

--Por supuesto que conozco susignificado, profesora. Me ofende. Me arrepiento de muchas cosas, de hecho, yentrar a su despacho sin permiso es una de ellas

 

--Entonces, supongo que no tendráproblema en referirme los motivos que lo impulsaron a allanarlo --contraatacóla profesora.

Sirius miró a Remus brevemente.Después, respiró hondo y dijo:

--Eh
eh, no, claro que no.

James no encontraba a Sirius, y lopeor era que tampoco a Remus. Cuando uno fallaba, siempre estaba el otro, peroahora ambos lo habían abandonado por alguna razón que se escapaba a suentendimiento. Había pensado en buscar sus nombres en el Mapa, por supuesto,pero había desechado la idea al comprender que dicho artículo se encontraba enel mismo lugar que Peter y Mary y su amor entrufado.Pobre Mapa. No había tenido ninguna oportunidad de salvación.

--¿Potter? --dijo una voz tras él.

Se dio la vuelta y vio a FrankLongbottom acercándose a él por el pasillo.

--Ah, hola.

--Qué bien que te encuentro. Es que
verás, tengo un problema. Un
un gran problema.

James nunca había visto a FrankLongbottom tan alterado, y se preguntó qué podía ser tan grave como para que sehallara de esa manera, prácticamente temblando.

--¿De qué se trata?

--Bueno, yo
he pensado en acudir ala enfermería, pero
pero prefiero tratar mi
problema con alguien
alguien
de mi mismo sexo.

--Ah --dijo James--. Entiendo.

--En realidad buscaba a tu amigoLupin, pero no lo encuentro y
bueno, me he encontrado contigo. Y tú
tú eresbueno en Transformaciones, ¿no?

--Sí, eso creo.

--Bien. Verás
te lo explicaré.¿Tienes prisa?

--No --respondió Jamesrápidamente--. No, no, tranquilo.

--Vale
Verás, lo que pasa es que
Bueno, Oliver, mi mejor amigo, estaba experimentando con
con hechizos. Es deRavenclaw, ¿sabes?, y le gusta hacer ese tipo
de cosas.

--Ya.

--Y de repente
un hechizo le saliómal y
y me dio a mí.

James parpadeó.

--Vaya

--Creí que no había sido nada, pero
pero cuando fui al lavabo
descubrí que
que
--James no sabía si quería quecontinuara--, que mi
ya sabes quéera de color verde. Puedes reírte, si quieres.

--¿Reírme? --repitió James--. No,Frank, eso no es
Merlín
¿Verde?

--Verde --respondió Frank--. Creíque se quitaría con el tiempo, pero ya han pasado tres días y
y sigue igual.

--¿Se lo has dicho a Alice?--preguntó James sin poderlo evitar, pero a Frank no le importó. Nada de lo quedijera podría ser ya más humillante que lo que le había confesado.

--No. Es que
me da mucha vergüenza.Sé que debería ir a la enfermería, pero no puedo, no puedo

--Ya

--Seguro que tú no puedesarreglarlo, ¿verdad? Fue absurdo pensar que
Pero si
si pudieras, James

Había una nota de auténticadesesperación en su voz. James tragó saliva.

--Puedo intentarlo. Pero
bueno,tendría que verlo.

--Ah

--Si no te importa enseñármelo

--N-no, claro
Si a ti no teimporta
verlo
Oh, dios ¿podemos dejar de hablarde esto?

--Por favor--suplicó James--. Vamos
vamos al lavabo.

 

--Se estaba ahogando, profesora, yyo no podía verlo morir. Simplemente no podía, ¿comprende? Aunque fuera un elfodoméstico. Quiero decir, yo tengo un elfo, se llama Kreacher, ¿sabe?, y loodio, pero eso no significa que desprecie a todos los de su especie. Porque, alfin y al cabo, ellos son seres vivos, ¿no? Y tienen los mismos derechos que losseres humanos
Bueno, al menos el derecho a la vida. Por eso no podía ver cómoun pobre elfo doméstico tan leal y servicial se ahogaba con lo que parecía unhueso de pollo
Mi fiel compañero Lupin, aquí presente, y yo nos dimos cuentade que, por mucho que se tratara de su despacho, en condiciones normales absolutamentesagrado para nosotros, la razón por la que iba a ser allanado era noble yjusta, de modo que, en un acto glorioso de heroísmo y tragándonos nuestro orgullode alumnos modelos, entramos y le salvamos la vida, lo cual, he de añadir, nofue fácil, porque se agitaba y correteaba por toda la estancia revolviéndolotodo. Por fin, conseguimos que expulsara el hueso, que se llevó comorecordatorio del día en que fue salvado por dos gentiles humanos, sedesapareció y, cuando nosotros nos disponíamos a ir a buscarla para explicarlelo ocurrido, usted apareció en la puerta. Sólo me queda una cosa por añadir,profesora, y es que si algo nos ha enseñado este acontecimiento es que no sedebe dejar huesos de pollo tirados por ahí.

Sirius dejó de hablar y se apartó elpelo de la frente. No se atrevió a mirar a McGonagall, pero mucho menos aRemus, a quien, sorprendentemente, aún no le había dado un infarto y mantenía valientementela compostura. Pensó que, en el hipotético caso de que saliera de ese despachocon vida, probablemente moriría nada más pisar el pasillo, merecidamente estranguladopor uno de sus mejores amigos.

--Bueno, Black --dijo la profesoraMcGonagall después de un largo silencio--. Esto es
casi no sé qué decir.

--No diga nada, profesora --replicóel muchacho--. Suponemos que debe de haberse quedado atónita por tal desplieguede valentía y bondad en su propio despacho, pero somos de Gryffindor y esto es lo que hacemos. Usted lo sabemejor que nadie. Profesora.

La profesora McGonagall dio un largosuspiro. Remus pensó que ya estaba entrando en una edad avanzada y aquello nodebía de ser bueno para ella.

--No, señor Black, se equivoca. Yono estoy atónita porque, francamente, me esperaba una historia parecida. Quizáno con tanto
detalle, pero sí igual de imaginativa. Tampoco creo que el señorLupin se sorprenda mucho de que, en lugar de honraros con medallas al mérito,quite veinte puntos a Gryffindor por entrar a mi despacho sin permiso,desordenarlo y después mentirme descaradamente.

--Pero

--Por otra parte, mañana estáncastigados.

--¿Qué? ¡Es sábado!

--¿Eso es un impedimento paracumplir un castigo?

--No es justo --musitó Sirius en vozbaja.

--Para su compañero Lupin, no lo es,porque estoy segura de que él no pretendía nada malo. No obstante, no puedohacer distinciones --añadió dirigiéndole una mirada. Remus asintiócomprensivamente--. Mañana a las cinco de la tarde en este mismo despacho. Puedenirse.

Cuando la puerta se cerró tras ellosy empezaron a andar por el pasillo, Sirius se mordió el labio inferior y searriesgó a mirar a su amigo. Parecía enfadado, pero por lo menos no tenía pintade que fuera a matarlo.

 

--Moony --dijo--, escucha, yo
No seme ocurrió otra cosa

--Sirius.

--¿Sí?

--Cállate. Intento controlarme y nopegarte un puñetazo y el sonido de tu voz noayuda.

Era la situación más violenta yextraña en la que James Potter se había encontrado nunca. Por las ganas, habríasalido corriendo, y estaba seguro de que Frank Longbottom también, pero ambossabían que no tenían otra opción.

--Bien, eh
¿Te duele?

--No.

--¿Y tampoco te escuece?

--No. No me molesta, sólo
estáverde.

--Y
oh, dios, lo siento por esto,pero
¿funciona
con normalidad?

--Eh
--Frank cerró los ojos unmomento--. Sí. Sí, realiza todas sus
funciones.

--Bien.

--¿Puedes
hacer algo?

--Es posible. Pero tendría queconsultar algunos libros en la biblioteca. Puedes
puedes vestirte ya.

--Oh, de acuerdo. Vamos a labiblioteca, entonces.

Por el camino, James quiso decirleque no tenía por qué sentirse incómodo, o simplemente hablar de algo, perosentía la lengua trabada. Finalmente, Frank se sentó en silencio en una de lasmesas mientras James recorría las filas de libros sobre las estanteríasbuscando los que podrían ser útiles. Finalmente, con una pila de volúmenes enlos brazos, se sentó frente a su compañero.

--Conozco hechizos que podríanayudar, pero creo que una poción resultaría menos agresiva para tu p
piel. Voya buscar la más adecuada. Puede que esto me lleve un rato.

--De acuerdo. Puedo ayudarte, siquieres.

--Vale. Oye, Frank
supongo que aestas alturas ya sabrás que soy pésimo en pociones, ¿verdad? La teoría se me dabien, pero la práctica
Dime que tú eres mejor que yo.

El muchacho sonrió con amargura.

--No. Yo también soy horrible enpociones, James.

--Bueno
no te preocupes --replicócon optimismo--. Ya solucionaremos ese pequeño detalle más tarde.

Tomó uno de los volúmenes, lo abrióe hizo una mueca ante el olor a humedad que se desprendía de sus páginas.Momentos más tarde, los dos jóvenes estaban sumergidos en un mundo de plantasmedicinales, infusiones, curaciones cutáneas y pócimas rejuvenecedoras. Nada delo que leían tenía relación con el problema de Frank. A la hora, se quitaronlos chalecos, se aflojaron las corbatas y fueron a buscar más libros.

--James, me siento fatal por estarocupando tu tiempo --musitó Frank un poco más tarde--. Si quieres irte

El chico le dedicó una miradadivertida por debajo de su pelo húmedo de sudor.

--No se me ocurriría irme por nadadel mundo, Frank --fue su respuesta--. Esto me tiene en vilo. No te preocupes,siempre nos quedará la Zona Prohibida.

Por alguna razón, Frank no replicó.En aquel momento, romper las reglas no le parecía tan malo, si con esoconseguía que todo volviera a la normalidad. Fuera, seguía chorreando. Lasgotas de lluvia se estampaban contra los cristales de las ventanas y resbalabanpor ellas lentamente. Ya había anochecido hacía rato.

Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 4

--Oh, Frank, creo que lo heencontrado --dijo James más tarde con una nota de emoción contenida en la voz--.Sí, ¡sí, aquí está!

 

Varios estudiantes lo miraron condesaprobación, pero ellos no les hicieron caso. Frank se levantó y rodeó lamesa.

--Déjame ver

--Mira
Es un volumen de pocionesavanzadas y en él aparece la poción anticromática,que "devuelve a los objetos sobre los que es vertida su color original, siempreque éste haya sido alterado mediante magia".

--¿Es muy difícil de hacer?

--No, tiene pocos ingredientes, peroavisan de que puede ser peligrosa si no se elabora correctamente.

--¿Qué significa "peligrosa"?

--Quemaduras, desparticiones,manchas, granos, pústulas

--Vale, es suficiente. --Frankhundió la mano en su pelo castaño--. No hay otra manera, ¿verdad?

James se encogió de hombros.

--Puede. Pero de momento esto es loúnico que he encontrado.

--Está bien. Vamos a ver a LilyEvans.

--¿No me vas a dirigir la palabra entodo el camino? --preguntó Sirius cuando el silencio le resultó insoportable--.¿O más bien
en toda la vida? Sabes, Moony, al final tendrás que hacerlo,porque con tu tercer hijo te quedarás sin padrinos, y tu mujer Elayne y yo novamos a congeniar mucho, por el tema de pertenecer a Slytherin y eso, con loque ella no querrá ser la que me anuncie que voy a ser padrino, y entoncestendrás que pedirles a James o a Peter que me lo digan, lo cual será muyinfantil. Y si decides nombrar padrino a
a Severus Snape porque al final hasdecidido hermanarte con todos los Slytherins del planeta, y pasan los años y novuelves a hablar conmigo por culpa de lo que hicimos cuando éramosadolescentes, entonces, Moony, no tendré más remedio que torturarte hasta quesupliques clemencia, y entonces tendrás que hablarme.--Remus permaneció en silencio, con la vista fija en el fondo del pasillo porel que caminaba--. Mira, para que veas mi buena voluntad, te dejo que señaleslos errores gramaticales que he cometido. Eso siempre te anima. ¿Qué me dices aeso? ¿Eh? --Remus no dijo nada. Estaban llegando a la Sala Común--. Oh, deacuerdo, como tú quieras. Escucha, Moony
lo siento, ¿vale? Me conoces, sabesque cuando empiezo a hablar
Sé que no debí contarle esa historia absurda sobreel elfo doméstico que se atragantó con un hueso de pollo, y que debí haberledicho la verdad y explicar que tú no tenías la culpa, pero
Es la costumbre,¿entiendes? Cuando a James y a mí nos pillan siempre nos inventamos unahistoria porque
porque cualquier fábula absurda es preferible a la verdad,¿entiendes? Y, además, siempre es culpa de los dos. Siento que te hayancastigado por mi culpa. De verdad.

--"Gusano en escabeche".

Sirius se dio cuenta de que Remus nose había dirigido a él cuando el retrato de la Señora Gorda se apartó paradejarlos pasar. Peter y Mary habían decidido hacer un poco más pública su relacióny ahora se encontraban en la Sala Común, por lo que Remus subió las escalerasde su dormitorio y Sirius lo siguió.

--Oye, ¿quieres
que te ayude ahacer algo? ¿Te doblo los calcetines?

Remus lo ignoró, se sentó en lacama, cogió su libro de Encantamientos y se puso a leer. Sirius se enfureció yle dio una patada a un libro que había en el suelo, lo cual, lo sabía, enfadómás a su amigo.

--¡Joder, Remus, vete a la mierda!¡Estoy harto de ti y de tus miradas-de-prefecto y de tu puta capacidad parahacer todo bien! ¡Yo no soy así, ¿vale?! ¡Ya te he pedido perdón, ¿qué quieres,que me arrodille ante ti?! ¡Vete a la mierda!

 

Se tendió en la cama, cerró de untirón las cortinas y la habitación quedó en silencio.



Os tengo que informar de que queda poco para que termine la historia. Uno o dos capítulos como mucho. Por un lado me da pena acabarla, porque me encanta escribir, y actualizar, y comprobar que la gente disfruta con ello, pero prefiero no alargarla demasiado y empezar con otro fanfic.

Espero que os haya gustado el capítulo.

Niraye.

Sí, lo sé. He tardado más de un mes en actualizar. La razón ya la sabéis todos: estoy de Erasmus en Inglaterra y no he podido encontrar un momento para sentarme y continuar la historia. Pero lo he hecho, que es lo que importa =) Espero que sigáis ahí.



Los ojos de Lily se abrieron tantoque pareció que iban a salírsele de las órbitas.

--¿A quién le ha pasado eso?--preguntó mirando a James--. ¿A ti?

--¡No! --respondió el muchacho másbruscamente de lo que hubiera querido--. No --repitió de forma más suave--, amí no. A Frank.

El interpelado estaba un poco másalejado, con la cabeza gacha y sin atreverse a mirar a la chica a los ojos. Lehabía pedido a James que fuera él quien informara del problema a Lily, porque aél le daba demasiada vergüenza. De modo que allí estaban, en la Sala Común,Frank colorado, James incómodo y Lily sorprendida.

--Pero, ¿quién
? ¿Cómo
?

--Eso no importa --cortó Frank--.¿Puedes ayudarnos?

--Hemos pensado en la poción anticromática, pero necesitamos aalguien competente que la prepare.

Le dirigió una mirada significativa.Lily alzó las cejas.

--Vaya, me siento halagada. Pero laverdad es que ahora tengo bastantes cosas que hac
--Se detuvo cuando Frank le dirigióuna mirada desesperada--. Bueno, yo
--Pareció que los ojos de su amigo sederretían--. Oh, de acuerdo. Ven, Frank, la prepararemos. Tú puedes irte,Potter, no te necesitamos --añadió. Después, lo miró--. Por cierto, esta nochetenemos una cita. No llegues tarde.

La forma de decirlo de Lily le hizopensar a James en la profesora McGonagall recordándole que tenía un castigo.Iba a comentar algo, pero entonces apareció en su mente la imagen de Sirius hablandode fumar esa tarde en la habitación y se acordó de que antes de encontrarse conFrank iba a hablar con él. Maldijo por lo bajo y corrió hacia la escalera quellevaba a su dormitorio.

--¡Luego me cuentas qué tal fue,Frankie! --le gritó antes de desaparecer.

Cuando entró a la habitación, no sesorprendió encontrarse a Remus leyendo en su cama.

--Hola --le dijo--. ¿Has visto aSirius?

Antes de que pudiera responder, lascortinas de la cama de Sirius se descorrieron y éste clavó en él su miradagris.

--¿Dónde coño estabas, Potter? --leespetó.

--Con Frank. Tenía
un problema. ¿Quéha pasado? --preguntó frunciendo el ceño. No era normal que Remus estuviera tancallado y Sirius tan alterado.

--Pregúntale al prefecto.

--No puedo creer que estés enfadado conmigo --dijo Remus bajando el libro.

 

--¡Ajá! --gritó Sirius triunfanteseñalándolo con un dedo--. ¡Me has hablado!

Remus suspiró significativamente.James alzó las cejas.

--Bien, eh
Yo venía a decirte,Sirius, que
Bueno, yo
No es por echar más leña al fuego, pero
No voy a quedarmeesta noche a fumar contigo porque tengo una cita con Lily Evans.

Lo dijo tan rápido y seguido quepensó que Sirius no lo había entendido, pero no quiso quedarse a comprobarlo.Cerró la puerta del dormitorio tras él y fue entonces cuando oyó a Siriusdecir:

--¡¿QUÉ?!

Afortunadamente, él era mucho másrápido que Sirius y éste no podría alcanzarlo aunque se lo propusiera.

Fue agotador evitar que Sirius loencontrara. Éste tenía el Mapa, por lo que sólo debía mirar dónde se hallaba eir a buscarlo, sin importar dónde se escondía. James estaba decidido aevitarlo, porque estaba seguro de que si miraba a su mejor amigo a los ojos noiba a ser capaz de rechazar su propuesta, y deseaba de verdad salir esa noche conLily Evans. Cuando, por quinta vez, se topó con Sirius en medio de un pasillo yvolvió a echar a correr en la dirección contraria, miró el reloj y se diocuenta de que era justo la hora a la que había quedado con la joven, de queestaba en el lado opuesto del castillo y de que su estómago rugía de hambre.Cuando, veinte minutos después, llegó a la Sala Común, con el cabelloalborotado y la camisa salida, tuvo que respirar hondo varias veces pararecuperar el aliento. Lily se encontraba allí, ataviada con un sencillo vestidonegro, el pelo recogido y ligeramente maquillada. Estaba sentada de brazoscruzados en un sofá y lo miraba con el reproche latiendo en sus ojos verdes.

--Lo
lo siento mucho --se disculpóJames--. No quería llegar tan tarde, yo
Lo siento.

Lily no dijo nada, sólo suspiró.

--¿Estás muy enfadada? No volverá apasar, te lo prometo. Mira, no tendrás que esperar más por mí.

Se metió la camisa de nuevo en elpantalón, intentó arreglar un poco su pelo y se quitó la corbata.

--¿Ves? Listo.

--Te vas a helar sin túnica --musitóLily con un atisbo de sonrisa en los labios que claramente indicaba que noestaba enfadada.

--¿Por qué? ¿Vamos a
salir delcastillo?

--Sí. Hoy me toca a mí planear lacita. Vamos a ir a Hogsmeade.

--Oh. De acuerdo. --Se quedó un ratopensativo--. ¿Vamos a ir
al Salón de té de Madame Pudifoot?

--Por supuesto que no --replicó Lily un poco ofendida.James sonrió, aliviado--. ¿Tengo pinta de que me guste un lugar de paredesempapeladas de rosa y dorado donde las parejitas se sientan en horribles mesasadornadas con enormes lazos y se besan estúpidamente mientras un cupidodesafina una canción y les tira encima una lluvia de confeti?

James volvió a sonreír.

--No --replicó--. Ésa es una de lasrazones por las que me gustas.

Echó a andar hacia el hueco delretrato, y no vio el rubor que tiñó las mejillas de Lily.

Sirius vio en el Mapa que James yLily salían juntos de la Torre de Gryffindor, y decidió que era demasiado tardecomo para obligarle a rendir cuentas. Pero lo haría, oh, sí, claro que loharía. Lo forzaría a pedirle perdón de rodillas por abandonarlo de esa manera acausa de una mujer.

Cuando llegó al dormitorio, Remusestaba quitándose el uniforme. Ninguno de los dos dijo nada. Sirius se tendióen su cama con un suspiro y fijó la vista en el dosel de su cama. Decidió que,aunque sus amigos fuesen unos traidores, él iba a hacer lo que había planeado.Se levantó, rebuscó en su baúl y, al cabo de unos minutos, sacó una bolsa deplástico que contenía hierbas de un color entre verde y pardo. Volvió a lacama, abrió la bolsa y sacó un pequeño papel rectangular. Remus observó ensilencio cómo se liaba un porro y sacaba de su bolsillo un mechero muggle con el dibujo de la bandera delReino Unido que le había comprado a un vendedor ambulante cuando había empezadoa fumar eso, con unos quince años. Lo encendió, le dio una profunda calada ycerró los ojos mientras expulsaba el humo por la nariz. Tosió levemente; lahabitación se impregnó de un olor dulzón.

 

--Sirius.

--¿Qué? --replicó el muchacho conuna sonrisa estúpida en la cara.

--Déjame probar eso.

Sirius lo miró con la vista un pocodesenfocada.

--¿En
en serio quieres probar esto,Moony? ¿De verdad quieres hacerlo?

--Venga, dámelo.

Se acercó a su cama y Sirius se lopasó. Mientras daba una calada, su amigo musitó arrastrando las palabras:

--¿Qué clase de prefecto eres, RemusLupin? ¿Dónde está el alumno modelo que los profesores adoran?

--Sirius --lo cortó, sintiendo cómosu mente se nublaba un poco.

--¿Qué?

--Cállate.

James se dio cuenta de que deberíahaber cogido algo de abrigo cuando el aire glacial del exterior le arrancó unescalofrío. Se subió el cuello de la camisa y metió las manos en los bolsillos.

--Te lo dije --le recordó Lily, perolo atrajo hacia ella y le pasó el brazo por la cintura--. ¿Prefieres que nosquedemos en el castillo?

--No --respondió Jamesrápidamente--. No, no, tranquila, estoy
estoy bien.

Pensó que, aunque temblara ytiritara y notara que se le erizaba el vello de los brazos, nunca se habíasentido mejor. Se preguntó por qué Lily estaba tan serena a pesar de que sólollevaba un vestido y una chaqueta fina. Esa chica siempre se las arreglaba parahacerle sentir torpe e infantil.

--Espero que no vayamos a Cabeza dePuerco --dijo él.

--La verdad es que es ahí adondehabía pensado que podríamos ir.

--¿En serio?

--Sí.

--Sabes, entre un salón de téapestosamente romántico y un tugurio donde hay que desinfectar los vasos quenos den antes de beber su contenido, prefiero el salón.

Lily se rió.

--Tienes razón. Sólo estababromeando. Había pensado en ir a Las Tres Escobas a tomar algo y jugar unapartida de billar.

--Me parece bien.

--¿Por qué sonríes?

--No estoy sonriendo.

--Interiormente sí. Lo veo en tusojos.

--Bueno
Estaba recordando la vezque Sirius y yo nos pasamos doce horas seguidas jugando al billar. Llegó unmomento en el que la gente empezó a hacer apuestas.

--¿Quién perdió?

--Jugamos veintisiete partidas ySirius ganó veinte --reconoció James--. Pero yo empecé a tener suerte hacia elfinal, por lo que si hubiéramos seguido, yo habría acabado ganando.

--Sin duda --sonrió Lily--. Alice yyo hicimos una vez una competición para ver quién aguantaba más tiempo sinhablar. Estuvimos dos días enteros. Al final perdí yo, porque la profesoraMcGonagall me hizo una pregunta en clase.

 

--Eso no es del todo justo.

--¡Lo sé! Pero el trato era nopronunciar palabra. Sin embargo, ese día yo ya había ignorado a los suficientesprofesores. ¿Estás temblando de frío?

--Joder, sí
¿Por qué tú no?

--Soy un poco masculina en esesentido --respondió la joven con una sonrisa--. ¿También te gusta eso de mí?

James lo pensó seriamente.

--Eh
eh
creo que sí. Lo cual mepreocupa, francamente.

--No te inquietes por eso. A mítambién me gusta tu inmadurez, inexplicablemente.

--Yo soy maduro

--Igual que un niño que le baja lospantalones a otro en el patio del colegio. Espera, ¿eso no se lo hacías tú aSnape?

--Muy graciosa.

--Ya queda poco.

--Moony
Moony, ¿tú crees que
que
que es verdad que los polos opuestos se atraen?

--¿Los
los polos opuestos?

--Sí. Ya sabes
Blanco y negro, buenoy malo
una sandía y un pistacho

--¿Una
una sandía y un pistacho?

--Sí, siempre he pensado que soncompletamente opuestos, ¿tú no? Piénsalo
una contiene agua, el otro es seco;una es roja, el otro verde

--Ah, en ese caso

--Pero, por otro lado, los dos sonfrutos.

--¿Frutos?

--Moony, ¿te importaría dejar derepetir la última parte de mis frases?

--Bueno, Sirius, es que
francamente, no tengo ni idea de lo que estás hablando.

--De polos opuestos, ya te lo hedicho
Ahora todos tenéis vuestra propia sandía. Bueno, yo también, pero
misandía no es sólo mía, ni quiero que lo sea, ¿entiendes? Quiero otra sandía.

--¿Quieres otra sandía?

--¿Por qué te empeñas en repetirtodo lo que digo?

--Tengo la teoría errónea de que silo digo en voz alta le encontraré algún sentido.

--Tiene mucho sentido, ¿sabes? Loque pasa es que estás fumado y no piensas con claridad.

--¿Fumado, yo? Habla el que comparaa las chicas con sandías.

--Sólo es una mefátora.

--Metáfora, Sirius.

--Metraf
Jaja, no puedo, no puedo decirlo
Jajajaja, oh dios, ¿teacuerdas de cuando James probó esto por primera vez y
y
jajajajaja, no dejabade decir que la profesora McGonagall le recordaba a su tía Diane la que siemprehacía pasteles en Halloween, y hubo que sujetarlo para que no fuera a decirle aMcGonagall que le recordaba a su tía Diane la que hacía pasteles en Halloween?

--Sí

--Dios, me reí tanto
Jajaja, oh
Cuando me río me duele aquí.

--¿Dónde?

--Aquí

--Sirius, estás detrás de la cama,no te veo

--Es cierto
Espera, que voy haciati. ¡Oh, estás aquí! Jaja, ¡hola, Moony!

--Hola
¡uff!

--No te importa que apoye la cabezaen tu estómago, ¿no?

--Es un poco tarde para hacer esapregunta.

--Oh, Moony, eres tan blandito
Estoy tan tan bien
Sólo podría ser más feliz con un ovillo de lana.

--¿Un ov
? Sirius, ¿qué dices?

--Me gustan los ovillos de lana.Buenos compañeros, los ovillos. No te abandonan. No te hacen sentir como unamierda

--Oh
capto la indirecta. Pero no tepuedes apoyar en el estómago de un ovillo de lana porque los ovillos no tienenestómago. Y un buen compañero ofrece su estómago a modo de almohada.

 

--Moony.

--¿Qué?

--Cállate.

Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 5



James sintió que el hombre le rompíaun par de huesos al estrecharle la mano. Tuvo que hacer un esfuerzo para no abandonarla amabilidad y soltar una palabrota. Cuando por fin el padre de Rosmerta ledevolvió su maltrecha mano, pensó seriamente en ir a la enfermería. El frío quehacía fuera del pub le hizo cambiar de idea.

--James Potter,¿eh? ¿De los Potter de Devonshire?

--Sí, señor

--¡Tu familia es un honor para elmundo mágico, muchacho!

--Gracias, señor

--Oh, llámame Phil. ¿Te importa queyo te llame Jimmy?

--Eh
No, claro que no, Phil.

--¡Estupendo! Rosie me ha contadolas hazañas que tú y tus amigos habéis protagonizado en este bar. ¡Me sientoorgulloso de tener unos clientes como vosotros! ¿Y esta chica quién es?

--Me llamo Lily Evans.

--Evans
¿De los Evans de Norfolk?

--No
Mis padres son muggles, señor.

--Oh, ¿de verdad? ¡Estupendo! Rosie,invita a estos dos chicos a unas cervezas de mantequilla. Y también un vodka desandía, es mi favorito.

A esas horas no había nadie de laedad de James y Lily en Las Tres Escobas, pero eso no fue impedimento para quebebieran más de lo que pretendían, jugaran al billar con Phil y aprendieran ahacer malabares con un hombre que aseguraba haber inventado el hechizo Expelliarmus. James, que siempre seemocionaba cuando las palabras "inventar" y "hechizo" aparecían en la mismafrase, le pidió que le contara la historia. Cuando quisieron darse cuenta, eranlas tres de la mañana y fuera hacía todavía más frío que antes. Lily se sentíaborracha y James tiritaba, así que acabaron durmiéndose al lado de la chimenea,envueltos en una manta.



No puedo prometer que a partir de ahora actualice tan rápido como antes, pero desde luego no dejaré pasar tanto tiempo como esta vez. Gracias por no abandonarme!

Niraye.

Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 6Sé que soy lo peor. No he actualizado en todo este tiempo, y cuando lo hago es para informaros de que voy a terminar la historia =( . Realmente creo que no hay mucho más que contar, y ya no me siento tan inspirada, puede que a consecuencia de haber ido de Erasmus. No obstante, escribiré un epílogo durante los días siguientes. Disfrutad de este último capítulo!



[Variosmeses después]

Sirius le dio una patada a su baúl, alos pies de las escaleras de entrada. Hacía frío, pero no le apetecía volver aentrar al castillo. Se negaba a tener que mirar de nuevo las paredes, los cuadrosy los relojes de arena que contaban los puntos de las Casas con esa sensaciónde que era la última vez que los veía. Ya lo había hecho, ya se había despedidode todo. No quería tener que volver a pasar por ello.

Por fin, James salió arrastrando subaúl.

--Ya era hora, ¿no? --gruñóSirius--. ¿Qué hacías, hacerte una paja en el baño? ¿Para recordar viejostiempos?

James sonrió.

 

--No, pero seguro que tú sí lo hashecho. Podrías haberme avisado.

Sirius se encogió de hombros.

--Hay cosas que un Merodeador tieneque hacer solo.

Se quedaron en silencio. Los dos sedaban cuenta de que sólo bromeaban para no hablar de lo inevitable, de que se ibande Hogwarts para siempre.

--Es una mierda, ¿verdad? --musitóSirius.

James suspiró.

--Sí, lo es.

--Nada volverá a ser lo mismo.

--No.

Hubo una pausa.

--¿Dónde están Remus y Peter?--inquirió Sirius metiendo las manos en los bolsillos.

--No sé. Los he estado buscando,pero no los encuentro. Y quise mirar en el Mapa, pero recordé que lo teníaFilch.

--No me puedo creer que vayamos adejarlo en su despacho

--Ya. Bueno, piensa que en el fondoes en el colegio donde debe estar. Quizá en el futuro algún mago travieso leencontrará utilidad.

Sirius asintió. Parecía realmentehundido, y James sabía por qué.

--Que te vuelva a pedir que vengas ami casa no va a servir de nada, ¿verdad?

--James, quiero dejar de ser unacarga

--Lo entiendo. Por eso he pensado
que podríamos vivir juntos en un piso, en Londres. Tendríamos que ponernos atrabajar, porque yo tampoco quiero depender de mis padres, y sería un pisopequeño y maloliente, porque habría calcetines tuyos en los cajones y miscalzoncillos poblarían el salón, pero sería nuestro. Peter me ha dicho que supadre no le deja, pero Remus se apunta, siempre y cuando no hagamos fiestastodas las noches.

El rostro de Sirius se habíailuminado a medida que James hablaba.

--Eso
eso sería genial, Prongs. ¿Perocuándo nos prepararíamos para ser aurores?

--Por eso no te preocupes. Hay algoque Dumbledore quiere que hagamos, con lo que habrá que posponer eso.

--¿De qué se trata?

James iba a contestar, pero en esemomento varios estudiantes salieron del castillo, entre los cuales seencontraban Remus y Peter. Ambos traían mala cara.

--¿Qué ha pasado? --preguntó Sirius.

--He cortado con Elayne --respondióRemus.

--Mary ha cortado conmigo --contestóPeter.

--Ya no tenía sentido seguir juntos

--Según ella, ya no tenía sentidoque siguiéramos juntos

--Se puso a llorar, y yo no sabíaqué hacer

--No sabía qué hacer y me puse allorar

--Ha sido horrible.

--Horrible.

Sirius sonrió y colocó los brazossobre los hombros de sus dos amigos. Parecía de mejor humor, como siempre lepasaba cuando eran los demás los que tenían problemas.

--No os preocupéis, todo irá bien.Tú, Moony, puedes tener a quien quieras con sólo dedicarle una sonrisa. Y tú,Wormtail
--Peter lo miró--. Bueno, tú
tú nos tienes a nosotros. ¿Verdad,James?

Se volvió hacia su amigo, pero éstehabía dejado de escuchar cuando Lily Evans, con el pelo suelto y los ojosenrojecidos, empezó a bajar las escaleras. James avanzó hacia ella y la ayudócon el baúl. Cuando llegaron al final, se miraron, y fue una mirada llena dedolor.

--Lils. Escucha, voy a vivir enLondres. Nos podremos ver cuando quieras.

--Pero no va a ser lo mismo.

--No. Nos veremos menos, pero
esotiene sus ventajas. Así no te cansarás de mí.

Lily sonrió forzadamente.

--Qué tonto puedes llegar a ser.

 

Se abrazó a él, tan fuerte queparecía que no iba a separarse nunca de él. Hundió el rostro en su pecho yJames posó los labios en su pelo, que, como siempre, olía inexplicablemente aflores.

--Prométeme que no me dejarás--susurró ella.

--Claro que no voy a dejarte--respondió él, disfrutando del abrazo--. Qué tonta puedes llegar a ser.

Más tarde, mientras el Expreso de Hogwartscruzaba los campos, los cuatro amigos iban en silencio. Les hubiera gustadohacer ese viaje riéndose o gastando bromas a los de los compartimentos vecinos,mientras Remus los miraba con exasperación, pero no lo hicieron. La imagen delcastillo alejándose, envuelto en la luz clara de la primavera, ese castillo quelos había visto crecer, que había sufrido sus travesuras y que los habíaacogido entre sus muros a pesar de todo, era lo único en lo que podían pensar.


Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 7Niraye.

Llegadosa este punto, sólo me queda dar las gracias. Gracias a todos los quesiguieron esta historia desde el principio, especialmente a Emendor,Eliiza Cullen, Elvia Cullen, Darunnia, Ginny__black y Lunazul; gracias a los que seunieron por el camino, y muchas gracias a los que todavía empiezanahora. Sin vosotros, sin vuestros comentarios y ánimos y sin vuestra presenciaal otro lado no habría sido lo mismo.

Y gracias a los

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A James siempre le había gustado curiosearen el despacho de su padre. Desde pequeño le habían llamado la atención todoslos aparatos e instrumentos brillantes de las estanterías, los libros antiguosque se apilaban a los pies del escritorio y los cajones llenos de pergaminosusados y pociones de colores. Se le permitía la entrada, siempre y cuandotuviera cuidado y no rompiera nada.

Sin embargo, era muy inusual que supadre lo llamara desde su despacho. Cuando hacía esto con sus hijos, era porquese trataba de un asunto serio.

--¿Qué he hecho? --preguntó Jamesnada más entrar por la puerta.

Harry, sentado sobre la mesa de suescritorio, levantó la cabeza y sonrió. El niño había crecido mucho ese verano.Tenía el cabello de color castaño rojizo, las mejillas llenas de pecas y losojos color avellana.

--Nada, que yo sepa --respondióHarry--. ¿Has hecho algo?

--No
Bueno, le escondí las gafas ala abuela Molly. --Sonrió con malicia--. Pero luego se las di. ¿Es por eso?

--James, no siempre que te llamo ami despacho es para reñirte. Ven, hay dos cosas que quiero enseñarte. Una deellas es para ti. Mira.

El muchacho se acercó con curiosidady se sentó a su lado. La luz del sol entraba por el ventanal e iluminaba laestancia. Su padre le tendió un paquete blando envuelto en un papel fino. Jameslo cogió, lo colocó en su regazo y, al retirar el papel, vio una tela de color grisplateado.

 

--¿Qué
?

La sacó y la extendió. Era una capa,pero muy diferente a las que se solían llevar puestas. Se deslizaba entre losdedos como si fuera de agua, y sin embargo parecía tan resistente como siestuviera hecha de acero.

Harry se levantó y tomó la prenda.James también se puso en pie y se mantuvo quieto cuando su padre se la echó porencima. Caminaron hasta el espejo de cuerpo entero que había al fondo de lahabitación. Les devolvió la imagen de Harry, que sonreía, pero a su lado nohabía nadie.

--Soy
¡soy invisible! --musitóJames.

Se quitó la capa y observó consorpresa cómo su imagen aparecía en el espejo. Miró la prenda con una sonrisa ydespués se volvió hacia su padre.

--¿Es para mí?

--Sí. Es para ti.

James miró la capa de nuevo.

--Pero
¿por qué?

--Porque tú eres mi primogénito.Porque ha ido pasando de padre a hijo, de madre a hija, a lo largo de lossiglos. Porque mi padre me la dio a mí, y yo te la doy a ti. Porque vas aempezar Hogwarts el año que viene. Y porque sé que le sacarás partido.

Su hijo sonrió.

--Gracias, papá.

Harry le revolvió el pelo con cariño.Justo cuando James se guardaba la capa invisible en el bolsillo, llamaron a la puerta,y un joven con el cabello de un extraño color azul asomó la cabeza.

--¿Se puede?

--Hola, Teddy. Pasa.

El chico entró y volvió a revolverel pelo de James.

--¿Qué tal, Jimmy?

--Bien --contestó el muchachosimplemente. Se moría de ganas por enseñarle la capa a Teddy, porque sabía quese moriría de envidia, pero había comprendido que se trataba de algo importanteque debía permanecer en secreto.

--Hay una cosa que me gustaríaenseñaros --dijo Harry.

Los guió a una de las estanterías,donde había una caja de cartón bastante deteriorada. Cuando su padrino la cogióy la posó sobre la mesa, Teddy pudo leer el nombre escrito con tinta negra sobreella:

--¡Remus J. Lupin! ¿Era de mi padre?

--Sí, así es. Pero no sólo de él. Loque hay aquí dentro pertenece a cuatro chicos que estudiaron en Hogwarts hacemás de cincuenta años. Ellos eran Peter Pettigrew, Remus Lupin, tu padre,Sirius Black, mi padrino, y James Potter, tu abuelo, James. Tu nombre completohace referencia a dos de ellos.

El niño sonrió con orgullo. Harrylevantó la tapa y los tres pudieron ver lo que había en su interior. Se tratabade un revoltijo de pergaminos, varios cuadernos, un par de libros y más objetosen el fondo. Harry empezó a sacarlos, escogiendo primero los cuadernos.

--Remus escribió aquí su vida y lade sus amigos. Era algo así como un diario, sólo que cualquier Merodeador podíaleerlo y escribir en él. Y por eso me legó todo esto a mí, para que yo se loenseñara a quienes les interesara
a vosotros.

Teddy sonrió. Harry ya les había habladode los Merodeadores, pero sólo superficialmente. Ahora tenían la oportunidad deconocerlo todo sobre ellos, ya que esa caja contenía todas sus historias ysecretos. Ambos muchachos estaban emocionados; Teddy anhelaba saber más cosassobre su padre, y James quería saber quiénes habían sido realmente James Pottery Sirius Black, las personas por quienes le habían puesto ese nombre y a lasque tanto se parecía, según su familia.

Harry sacó los libros. Uno de ellosera un estudio sobre la animagia, con los bordes desgastados, y otro un libro tituladoRelatos de Edgar Allan Poe. En elfondo de la caja había pergaminos con dibujos, cálculos y anotaciones de lo queHarry reconoció como esbozos del Mapa del Merodeador, una snitch muy descolorida que movió débilmente las alas, envoltoriosde tabletas de chocolate, notas garabateadas en trozos sobrantes de pergamino yuna fotografía arrugada. La sacó y la alisó. En ella aparecían los cuatroamigos sentados en el Gran Comedor. Aparentaban unos diecisiete años y vestíanlos uniformes del colegio. Sirius y James eran los que mostraban la sonrisa másamplia; el primero había pasado los brazos por encima de los hombros de Remus yPeter, que estaban sentados, y el segundo se hallaba detrás de los tres. Remus sehallaba pálido y cansado, y las cicatrices de la cara se le notaban más quenunca, pese a lo cual estaba contento. Peter parecía sorprendido y feliz deformar parte de un grupo como ése.

Harry abrió el primer cuaderno porla primera página y comenzó a leer:

--"Hoy he conocido a mis compañeros de dormitorio. Se llaman James,Sirius y Peter, y parecen muy simpáticos. James y Sirius siempre están bromeandoy a todos les caen bien. Peter es muy tímido y callado. Creí que íbamos adesayunar él y yo solos, pero James nos dijo que fuéramos con ellos dos, y enel Gran Comedor me senté sobre una tostada con mermelada colocadaestratégicamente por Sirius, lo que creo que significa que me aceptan en sugrupo
".
Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 8



Sed felices y no dejéis de leer y escribir,

Niraye.




Regla nº 1: Los amigos antes que las mujeres - Potterfics, tu versión de la historia

Christine Lambert era mucho más que una chica guapa. Era increíble. Era perfecta. Era una diosa. Sirius Black lo sabía y, por supuesto, hacía días que só

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2023-02-27

 

Regla no 1 los amigos antes que las mujeres 1
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