Relato de una obsesión - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Aquella fue la peor noticia que pudieron darle a Grace, la última puñalada. Tras perder a su marido y a su hija menor en un accidente en alta mar, ahora le arrebataban a su otra hija, a Cassie, la joven y frágil Cassidy... No todos superan igual la pérdida y mientras Grace volvía enseguida a su rutina, tratando de tirar hacia delante, la joven de tan sólo diecisiete años se encerró en misma, hundiéndose en un profundo foso, en un agujero negro que poco a poco absorvía sus fuerzas y sus ganas de vivir.

Llovía. Las gotas de lluvia turbia empapaban los cristales del coche y, de una manera especial, el cristal del copiloto. Grace conducía muy callada, con un nudo en la garganta, temía echarse a llorar si pronunciaba una sola palabra. Nadie podía decirle que no había luchado por su hija, por su salud, pero Cassie no se había dejado ayudar y ahora la única solución para la menguada familia era que la joven recibiera trato médico.

La tensión se acumuló en el vehículo y aún con un nudo en la garganta, Grace decidió iniciar una conversación.
-Cariño- comenzó, temiendo romper a llorar- Sé que estás enfadada, pero quiero que comprendas que esto lo hago por tu bien. Cuanto antes te pongas mejor, antes podrás volver a casa y estaremos juntas otra vez.- Pero Cassie no decía nada, parecía no estar escuchando. Su expresión era impasible, triste, agotada.- No hace falta que me contestes, cielo, pero por favor, entiéndeme.

-¿Entender qué?- preguntó la chica al cabo de un rato- ¿Qué me metes en un psiquiátrico porque no me quieres?
-No digas eso, Cassidy. Yo te quiero, eres mi hija- que la niña lo insinuara le hacía mucho daño.
-No, no mietas, seguro que preferirías que yo me hubiera ahogado en vez de Hope- Grace apretó el volante, enfadada, no quería gritarle a su hija. Era consciente de que esa ya no era su dulce niña, todo era producto de la depresión, la inseguridad y el miedo.

-No sé como puedes decirme eso...- obvio a Grace le había dolido perder a Hope, su hija pequeña, pero no quería perder también a Cassie. Una lágrima resvaló por su mejilla y el resto del viaje transcurrió en silencio.

Tras veinte minutos más de coche ambas llegaron al Hospital Psiquiátrico de North Danvers. La lluvia había cesado pero el día seguía frío y nublado. Grace sacó la maleta de su hija del coche y ambas se dirigieron a la puerta con desgana. Allí de pie las esperaban la ppsicóloga de Cassie y una de las enfermeras del lugar. La doctora (Starla) Farrel había tratado a Cassie desde el falelcimiento de su padre y su hermana año y medio atrás y la había visto empeorar por la poca disposición a mejorar de la chica.

-Bienvenida Cassie- dijo sonriendo- esta es Gabrielle, ella será tu enfermera- Cassie no dijo nada, se limitó a entrar en el edificio.
-¿Cuándo podré volver a por ella?- preguntó Grace ansiosa.
-Tómatelo con tranquilidad Grace, esto puede llevarnos tiempo. Te llamaré la semana que viene para hablarte de los progresos de Casidy- pero eso no parecía ser suficiente para la mujer.

-¿No puedo venir a verla mañana?
-No, déjala adaptarse- dijo con tono pesado, posando su mano sobre el hombro de la mujer.

Tras unos minutos más de conversación Grace se fue en coche, y en el viaje de vuelta se desahogó, ahora que su hija no estaba delante podía llorar, podía gritar y podía detestar toda aquella situación sin miedo a hacerle más daño. Mientras, Cassie lo veía todo de otra manera.

-Hola, Cassidy, me llamo Gabby y soy la enfermera que te han asignado. Sígueme, te llevaré a tu cuarto- Gabrielle llevaba la maleta de la chica, terrible error. Cassie no se movió del sitio y observó con ira a la chica.- ¿Qué ocurre?- Cassie se limitó a mirar su maleta, con furia. Gabby la dejó en el suelo y comenzó a caminar. Fue entonces, sólo entonces, cuando la joven cargó su equipaje y la siguió. Subieron en silencio hasta la segunda planta del edificio y llegaron hasta una puerta blanca con una pequeña ventanita. Era la habitación 62.- Estamos en el ala sur de la segunda planta, este será tu cuarto.

North Danvers era el hospital psiquiátrico más prestigioso y caro del estado. Había alrededor de setenta pacientes. ND se había especializado en enfermedades como la depresión y la esquizofrenia por lo cual las instalaciones eran tranquilas, cómodas y espaciosas...aunque aquella sólo era la cara buena de aquel lugar.
-Dentro de una hora la doctora Farrel vendrá a hablar contigo y te asignaremos a un programa- explicó Gabrielle, que hablaba casi para las paredes. Cassie había entrado en el cuarto y había dejado su maleta sobre la cama. Miraba por la ventana, abrazándose. No había frío, pero mirar hacia el exterior del edificio le producá escalofríos.- Esto no está tan mal Cassidy.

Y dicho eso la enfermera se fue. Cassie se quedó sola y estuvo toda la hora de pie, en la ventana, escuchando atentamente cada ruido, por mínimo que fuera, a su alrededor. Se sobresaltó cuando llamaron a su puerta pero no dijo nada. La doctora Farrel entró, con una libreta y un boli en la mano, y cerró la puerta tras de sí.
-Hola, Cassidy ¿cómo estás?- preguntó, amable.

-Estoy- se limitó a contestar la chica, con voz amarga.
-¿Podemos hablar un rato?- continuó preguntando, por mera formalidad.

-¿Tengo otra opción?- Starla se sentó en una butaca cercana a la puerta y dejó a la chica de pie, Cassie siempre quería estar de pie durante las sesiones, jamás había querido sentarse o a tumbarse en su diván.

-Hablemos de como te sientes.

-Bien- respuestas simples, secas, cortas y directas... ¿para qué complicarlo?
-¿Echas de menos a tu hermana, Cassie?
-¿Qué clase de pregunta es esa? Claro que la echo de menos, me han encerrado aquí... ella no va a poder venir a verme- contestó molesta, aunque no se movió ni un ápice.

-He hablado con tu madre. En el coche le dijiste algo sobre Hope ¿te acuerdas?- Cassie negó, cruzándose de brazos.- Hope murió hace un año y medio, igual que tu padre.

-Eso no es verdad... papá murió y las dos lo pasamos mal, pero Hope está bien- Cassie alternaba periodos de sorprendente lucidez con periodos de locura en los que manifestaba comportamientos pasivo-agresivos, alucionaciones, problemas en la percepción de la realidad y delirios parenoides. Sólo un punto era común a ambos estados... su tristeza, suspocas ganas de vivir.

-Cassie- la doctora suspiró, en momentos como ese era inútil intentar razonar con la chica- te asignaré la terapia del grupo de mañana, hay un par de chicos de tu edad. Por las tardes continuaremos con sesiones privadas de una hora hasta llegar al fondo del problema.

-El problema es que estoy aquí cuando debería estar en mi casa, mañana tengo clase- dijo enfadada.
-No, Cassie...- no, era inútil, mejor irse. Hacía ya cinco meses que la joven no pisaba el insitituto. Tras el accidente de su hermana y su padre se pasara dos meses encerrada y el intento de volver a su rutina había sido un fracaso.

La doctora salió, resiganda, y Cassie se quedó de pie, en la ventana, hasta que Gabby le llevó la cena. La enfermera golpeó suavemente la puerta y entró con un carrito. En la cuarta estantería estaba su cena.
-Hola, Cassidy. Es hora de cenar- agarró la bandeja lentamente y la dejó encima del escritorio del cuarto. Gabby se movía con elegancia, como si flotara en vez de caminar.- ¿Quieres ver qué es?- no obtuvo respuesta, pero no perdió la sonrisa. Destapó el prime plato con curiosidad- Vaya, esto tiene muy buena pinta. Son espaguetis con atún y de postre natillas- la joven Cassie se dio la vuelta y reparó en un vasito de plástico.
-¿Qué es eso?- preguntó señalando el vasito.

-Es la medicación, Cassie- había tres pastillas, una rosa, otra verde y un roja y blanca- La roja y blanca en para los nervios, la rosa es un relajante muscular y la verde para dormir.

-No las necesito- dijo mirándolas con repugnancia.

-No conseuges conciliar el sueño si no te tomas la verde, la rosa te destensa y la roja y blanca evita ataques de ira y...

-Sé para que sirven, pero no las necesito.

-Aún así tendrás que tomarlas. Sólo hoy cenarás en tu cuarto, a partir de hoy todas las comidas serán en el comedor, con el resto de los pacientes. Siéntate, mientras yo te prepararé la cama- del alteral del carrito colgaba una cesta y de dentro, Gabby sacó un juego de sábanas. Cassie se sentó en la silla del escritorio y comenzó a comer mientras la enfermera hacía la cama de a penas noventa centímetro de ancho.

-Te pareces a mi hermana ¿Sabes?- dijo de repente Cassie- Ella también era rubia y delgada... y muy guapa- Gabby sonrió, halagada, aunque dubitativa.- Pero murió hace tiempo.

-Lo sé- era Cassie quien no solía saberlo. Sin decir nada más la cena terminó, con desgana.- No has comido casi nada.

-No tengo hambre...
-¿Y el postre? Las natillas están muy buenas- la animó la enfermera, acercándose a ella y poniéndose en cuclillas a su lado.

-A Hope no le gustan... y a mi tampoco- y sin decir nada más se tomó de golpe las tres pastillas y las bajó con el vaso de agua.

-Mañana a las nueve vendré a despertarte y a las nueve y media podrás bajar a desayunar. La terapia de grupo empieza a las once- y con la bandeja en una mano y llevando el carrito con la otra, Gabby se fue.


A Cassie no le gustaba ese lugar, ella sólo quería irse a casa.A pesar de las pastillas Cassie tardó bastante tiempo en quedarse dormida y la noche no fue agradable. Las imágenes de la noche en que Hope y su padre habían muerto invadían sus
sueños como una película de terror.

Hacia las seis de la mañana se despertó empapada en sudor, asustada y muy nerviosa y no logró volver a conciliar el sueño. Le ocurría muy a menudo, pero siempre se despertaba antes de que el sueño se completara, justo cuando trataba de darle la mano a Hope para sacarla del agua... pero nunca podía, era incapaz de ayudarla hasta en sus sueños.

Gabrielle, la enfermera de Cassie, llegó a las nueve de la mañana a su cuarto. Creía que la encontraría durmiendo pero cuando entró en la habitación la cama estaba hecha y Cassie estaba sentada en un rincón, abrazándose las rodillas, totalmente encogida y mirando hacia el vacío.

-Cassidy ¿Estás bien?- preguntó la mujer preocupada, acercándose rápidamente a la paciente y agachándose al llegar a su lado.- Cassidy contesta- pero no contestaba, ni siquiera se movía. Gabby la zarandeó un poco para sacarla de su ensimismamiento sin éxito al principio, aunque al cabo de un par de minutos la chica reaccionó.
-¿Qué quieres?- dijo desagradable, apartándose bruscamente de Gabrielle, como si esta quiesiera hacerle daño.
-¿Qué haces aquí tirada?
-No podía dormir...- Cassie volvió a abrazarse las piernas, apoyando la cabeza sobre sus rodillas.
-¿Cuánto llevas aquí?- la preocupación creía, esa conducta no era frecuente en la paciente, o al menos eso decían sus informes de psiquiatría. Cassie se encogión de hombros.
-No sé... dos o tres horas.
-¡Dios! Tenía turno de noche, tenías que haberme avisado. Vamos arriba- Ahora Gabby se sentía culpable, ella podía haberla ayudado a conciliar el sueño. La joven ya era pálida y las ojeras, la mirada perdida y la tristeza que cargaba hacían imposible que pasara desapercibida, incluso allí. La enfermera le ayudó a levantarse despacio, tras tres horas Cassidy tenía las piernas dormidas y estaba muy cansada.- Vamos, cielo, colabora un poco. Tienes que bajar a desayunar.
-No tengo hambre- contestó la chica, que miraba fijamente al suelo mientras se sostenía sobre la enfermera.
-Pero tienes que comer ¿recuerdas lo que te pasó?- desdela muerte de Hope, la cual había sido incapaz de aceptar, elapetito de Cassie había ido mermando. Podía pasarse días sin comer, sin tener hambre, siempre cansada y deprimida. La habían bajado al hospital varias veces y, aunque había recuperado peso, seguía estando demasiado delgada.
-¿Cómo sabes tú que...?
-Lo pone en tu informe médico. Soy tu enfermera, estoy aquí para lo que necesites... - era su trabajo saberlo todo, al menos médicamente hablando, sobre Cassidy, y Gabby era muy concienzuda en su trabajo.- Será mejor que te pongas una chaqueta, hoy hace frío, y bajamos a desayunar.

Cassie se puso una chaqueta de lana gruesa de color azul sobre su pijama de rayas, se calzó las zapatillas y bajó acompañada de Gabrielle hasta el comedor. Al llegar el panorama era desolador. Ante ella se extendía un amplio comedor fantasma. Decenas de personas, la mayoría gente joven con problemas mentales que se manifestaron muy tempranamente, comían en silencio, cabizbajos, con la mirada enterrada en sus platos de comida recalentada.

-Preferiría sentarme sola- pidió Cassidy.
-Tendrías que sentarte con más gente, conocer a los demás. No deberías seguir aislándote- le aconsejó su enfermera.
-No estoy aquí para hacer amigos- al final iba a ganar ella, sobre todo teniendo en cuenta que no era bueno forzarla los pirmeros días.

Cassie se sentó sola en una mesa cerca de la puerta y no le fue indiferente a nadie. Mientras trataba de volverse invisible Gabrielle fue a por su desayuno. Pronto regresó con una bandeja con una taza de leche, un vaso de zumo, dos tostadas y una pieza de fruta. Demasiado para el estómago de la chica que observó escéptica la bandeja.

-¿No hay café?- preguntó mirando por primera vez los ojos de Gabby. Dios... eran iguales que los de Hope.
-No, Cassidy. No servimos café, la cafeína altera mucho a los pacientes.
-A mi no, yo siempre desayuno café- se quejó, apartando la bandeja.
-A partir de ahora ya no, lo siento. Tendrás que conformarte con esto- no quería sonar dura, el trabajo de Gabby no ear echarle la bronca, eso era cosa de la doctora Farrel- Mira, te he traído mermelada de todos los sabores que tenemos, no sabía cual te gustaba así que...
-Fresa... me gusta la de fresa- aquello era el contacto más humano que había tenido Cassidy desde el día anterior, y era bueno, porque al fin contaba algo sobre ella misma, aunque fuera tan tonto como eso. Gabrielle sonrió.
-Te iré a por más mermelada de fresa, entonces- y se levantó para ir a por eso y a por las pastillas de la chica, sabía que sería difícil hacérselas tragar.

Cassie comenzó a desayunar, con movimientos lentos y pesados, muy desganada. Le sobraban más de la mitad de las cosas de la badeja, la fruta, el zumo... no sabia si llegaría a terminarse la primera tostada y ¿cómo iba a funcionar sin café? Estaba muy concentrada cuando alguien se le acercó por detrás, no se sobresaltó porque creyó que era su enfermera, pero al voltaerse a mirar a comprobarlo dio un respingo en su silla. Un hombre alto, desgarbado y con los ojos desorbitados la miraba sonriendo. Vestía pijama, como ella, y una bata gris hasta por debajo de las rodillas, sin duda era otro paciente. La saludó tímidamente con la mano, pero antes de que Cassie pudiera reaccionar Gabrielle le apartó de ella.

-Disculpa, Cassidy. Ese es Jeffrey, pero descuida, es inofensivo- afirmó, sentándose al lado de la joven y dejando en su bandeja dos raciones más de mermelada de fresa y un pequeño vasito de plástico con dos píldoras dentro.
-¿Qué le pasa?- quiso saber Cassie. Mientras inspeccionaba de reojo el vaso, sólo una de las píldoras coincidía con las que se tomara la noche anterior.
-Sufre esquizofrenia además de un leve autismo que lo empeora, pero de verdad que no supone ningún peligro. - Allí no recibían pacientes nuevos de manera muy seguida y la llegada de Cassidy llamaba la atención de algunos pacientes.


Tras una tostada y medio vaso de leche, Cassie dio por finalizado su desayuno, para disgusto de Gabby.
-¿No comes nada más?
-No tengo hambre- contestó apartando su bandeja- ¿Para que son?- la enfermera miró el vasito y se lo acercó a su paciente, deslizándolo por la mesa.
-La roja y blanca la tomaste ayer por la noche, la blanca son antibióticos. No duermes y apenas comes... no vamos a dejar que enfermes- no más de lo que ya podía estar.


Tras el breve desayuno Gabrille acompañó a Cassie a si cuarto. Tenía que darse una ducha y terminar de instalar el poco equipaje que traía. Por seguridad, Gabby debía inspeccionar todo lo que la chica llevara en su maleta.

-¡Eh! ¿Qué haces?- preguntó Cassie ofendida cuando vio que la enfermera usmeaba en sus cosas.
-Lo siento, Cassidy, debo de vigilar que no tengas nada con lo que hacerte daño- nunca se sabía con gente que sufría de depresión. En la maleta sólo había ropa , un libro un estuche con colores, lápices y demás y fotos. Gabrielle tnedría que llevarse las medias, un par de cinturones y la afila de los lápices -Cassie, dame tu neceser.
-No- la chica se negaba- Eso es mío...
-Por favor, dame tu neceser- si no se lo daba por las buenas tendría que llamar a alguien de seguridad o a alguno de los enfermeros para que la sujetara mientras ella lo buscaba. Pero finalmente, Cassidy se lo entregó, aunque a desgana.
-...- tras una breve inspección Gabby se quedó con unas tijeras y una lima.- Lo siento,pero tengo que llevarme esto- informó enseñándole lo que había sustraído del neceser y la maleta.
-No ¿por qué? No es para lo que piensas... no me voy a hacer daño- unas tijeras pequeñas y una lima eran ideales para una manicura, pero donde estaba, Cassie no necesitaría unas uñas bonitas.
-Es por seguridad, lo siento- se disculpó Gabrielle mientras le entregaba sus cosas- Iré a por toallas limpias y podrás darte esa ducha.

Aquel lugar era odioso, la trataban como una niña pequeña y encima pensaban que iba a intentar hacerse daño a sí misma... en poco no podría ni comer con tenedor.
Tras la ducha Cassie tuvo que soportar otra humillación más.

-No, eso sí que no- se negaba, apartándose nerviosa de su enfermera.
-Cassidy, ya está bien. Tengo que secarte el pelo- no permitían que tuviera objetos eléctricos porque ¡claro! igual tiraba el secador en la ducha para freírse.
-Puedo hacerlo sola!- replicaba ella.
-Lo sé, pero es mi trabajo, será como estar en la peluquería.
-Odio las peluquerías, odio que me toquen el pelo, sólo Hope podía hacerlo- su hermana y solo su hermana, y desde que no estaba Cassidy no permitía que nadie le peinara, porque era algo exclusivo entre hermanas.
-Pero Cassie, cogerás frío y te pondrás mal...
-Déjala, Gabrielle- la doctora Farrel había esperado fuera, escuchando la conversación tras la puerta, pero vio que no llevaba a ninguna parte.- Cassidy, aquí hay unas normas y no puedes comportarte como una cría si no te gustan. Si no quieres que Gabrielle te seque el pelo lo llevarás mojado- eso sí, si se ponía mal por llevar la cabeza empapada en pleno invierno, que no se le ocurriera quejarse.
-Me tratáis como una cría, ¿cómo esperas que me comporte? Ni siqueira puedo ducharme sin tener una vigía en la puerta del baño, no puedo ni tener un sacapuntas- era ridículo.
-El sacapuntas tiene una cuchilla, Cassie, sólo prevenimos accidentes- como con las tijeras o las medias.
-¡¡No voy a intentar suicidarme!!- gritó la chica histérica.
-Gabrielle, llama al enfermero, tendremos que sedarla.
-No, no ¡NO! No quiero que me seden- Cassie odiaba las agujas, como Hope, y el olor de la sangre, aunque sólo fuera de una gota, le producía arcadas.
-No nos dejas otra opción.
-¡Pero no quiero!- suplicó con ojos llorosos. Mientras Gabrielle había ido a buscar a algún enfermero, alguien fuerte que pudiera sujetar a Cassie si se revolvía. Llegó al cabo de un par de minutos yl a situación que se encontró era muy diferente a la que dejara al irse. Cassie estaba en un rincón del cuarto, agazapada y no permitía que Starla se le acercara para ayudarla.
-Doctora Farrel, traigo el calmante, Damien estaba por aquí y...- Damien no era exactamente un enfermero, era un auxiliar y estaba en North Danvers como voluntario.
-Está bien, Damien, trata de sujetar a Cassidy, por favor.- Ya llevaba casi año y medio trabajando con pacientes como Cassie, así que se acercó a ella con seguridad, dispuesto a sujetarla con cuidado para que pudieran sedarla, pero la chica no quería participar en los planes de su médico.
-No te acerques a mi- le advirtió al chico a medida que lo veía acercarse. Sin embargo él continuó hasta llegar hasta ella pero cuando quiso sujetarla ella le empujó.- ¡No me toques!- gritó nerviosa, temblando, convencida de que querían hacerle daño.
-Doctora Farrel...- susurró Damie, al ver que no podía ni acercarse a Cassidy.
-Cassie- dijo la mujer- Tienes que dejar que te ayudemos, por favor.
-No vais a ayudarme ¡MIENTES! Siempre estás mintiendo- como cuando le decía que Hope había muerto... o eso pensaba.
-Ya está bien- había llegado al límite de la paciencia de Starla- Damien, sujétala con fuerza, si le haces daño que se aguante.
-Pero doctora, no puedo...- estaba totalmente indefensa, tenía miedo de dañarla.
-¡Hazlo! - ordenó de nuevo la doctora y, finalmente, el chico fue a pos Cassie, agarrándola, con cierta dificultad porque no dejaba de revolverse. Era consciente de que estaba haciendo bastante fuerzam y no le gustaba, pero no había otra forma de mantenerla de pie y quieta.- Gabrielle, ponle un sedante suave.

A Gabby se le rompió el corazón escuchando a Cassie rogarle que no lo hiciera, llorando y revolviéndose para evitarlo, pero era su trabajo y era por el bien de la chica. Finalmente Cassidy dejó de moverse y Damien la agarró entre sus brazos y la posó en la cama. Eran poco más de las diez de la mañana y en una hora tenía terapia... tendría que perderse la primera sesión.

La doctora Farrel, la enfermera y Damien salieron del cuarto, dejando a la joven postrada en la cama, sin dormir, aunque sin poder tenerse en pie, mirando hacia la nada con ojos vacíos. Starla se fue, impasible, como si nada hubiera pasado, estaba acostumbrada a que pasaran esas cosas, pero Gabby y Damien lo llevaban peor.

-Dios, pobre chica- dijo Gabrielle cuando su jefa ya no podía escucharles- Esto no era necesario, siento haberte traído- se disculpó.
-Ahora ya está hecho- contestó él, preocupado.- Le he hecho daño... lo dijo mientras la sedabas pero es que no paraba de revolverse y no... no podía sujetarla.
-Tranquilo, estará bien- le tranquilozó enseguida- Si puedo agradecértelo de alguna manera...
-Sabes que hay una forma- insinuó el chico.
-No sé si puedo, Damien...
-Por favor, hace días que no le veo, sólo quiero saber si está bien.- Damien no pasaba los días trabajando como auxiliar en North Danvers porque sí, hacía ya tres años que su hermano estaba internado allí y ese trabajo era la única forma de estar con él, de verle y poder ayudarle y darle ánimos.
-Está bien, pero sólo cinco minutos. Si la doctora Farrel se entera me caerá una buena bronca.
-Dios, gracias Gabby, eres un ángel- dijo el chico sonriendo.
-Ya, ya...déjate de historias.

Gabby condujo a Damien a través de pasillos y pasillos hasta llegar al ala norte de la tercera planta, al fondo del todo. En esa parte del hospital estaban recluidos los enfermos que habían intentado hacerse daño de alguna manera y los que podían ser peligrosos para el resto de los pacientes.

-¿Por qué le han traído aquí?- preguntó Damien contrariado.
-Hace cinco días agredió a dos de los enfermeros y a un guardia en uno de sus ataques- explicó ella, sin atreverse a mirar al chico.
-Pero la medicación le controla los ataques, tú me lo dijiste- de hecho, se supone quee staba mejorando.
-Se las arregló para engañar a Paul, su enfermero, creíamos que la había tomado pero...- simplemente la había escondido.- Ten cuidado, puede que no te reconozca o...
-No me hará nada, soy su hermano- contestó serio, incluso ofendido.
-Lo sé, lo sé... igual ten cuidado- advirtió, por última vez, antes de abrirle la puerta del cuarto- Esperaré fuera- el chico asintió y entro- Damien!- llamó su atención de nuevo- Cinco minutos.

Gabby cerró la puerta y la luz que venía del pasillo desapareció. Todo quedó en penumbra y a Damien le costó mucho distinguir a su hermano entre las sombras.

-¡Hey! Hola, Bastien- intentó sonar jovial, aunque su tono era bajo, se le había formado un nudo en la garganta.
-¿Damien?- preguntó una voz masculina, grave y algo ronca.
-¿Cómo estás, hermano?
-¿Tú que crees? Mira donde estoy... aunque al menos ya no llevo la camisa de fuerza- estaba sentado sobre la cama, que estaba en el extremo del cuarto contrario a la puerta.
-Le hiciste daño a Paul y a otro enfermero y también a un guarda... me prometiste que te tomarías la medicación, que mejorarías.
-No es cierto, no hice nada... ellos te mienten ¿ a quién vas a creer, eh? A mi, que soy tu hermano o a esa panda de mentirosos- dijo Sebastian, mirando por primera vez a su hermano, quien no se atrevía a encender la luz.
-No mienten, Bastien... Paul está de baja, tiene un brazo roto... y fuiste tú- algo que no había razonado hasta el momento en que Gabby le contara lo ocurrido instantes antes.
-¡Quieres envenenarme, maldita sea!- gritó el chico furioso, poniéndose de pie. Fue entonces cuando Damien pudo apreciar que estaba atado a la cama, al menos una de sus muñecas se sostenía a la cama con una correa. El grito furibundo de Bastien fue suficiente para alarmar a Gabby, que abrió la puerta.

-Damie, vámonos- ordenó.
-Pero Gabrielle...
-Fuera, ahora- ordenó de nuevo, con voz firme y autoritaria. El chico tuvo que salir, dejando a su hermano encerrado allí.
-Está atado ¿por qué?- exigió saber enseguida.
-Da gracias a Dios, si no estuviera atado ahora estarías haciéndole compañía a Paul.- Y sin decir nada más Gabby se fue, aunque Damien se quedó un rato, escuchando los desvaríos de su hermano, dolido e impotente por no poder hacer nada por él.
Cassie estuvo tirada en su cama, sedada, hasta bastante después del mediodía. Sus brazos y piernas pesaban toneladas y le costaba mucho moverse. Hacia las cinco de la tarde y más preocupada de lo normal, Gabrielle entró silenciosamente en el cuarto de la chica llevando consigo una ppequeña bolsa de papel.

-¿Cassidy?¿Estás despierta?- obviamente no obtendría respuesta si lo estaba, pero con lo apática que era Cassie era capaz de fingir que dormía para no tener que hablar con su enfermera.- Hace un buenrato que pasó la hora dela comida y hoy casi no has desayunado.

-Márchate- la joven se limitó a susurrar, la voz no le daba para más. Estaba enfadada con Gabby y con la doctora Farrel y también con ese chico que la había sujetado.

-Cassidy, venga. Cumplía órdenes de la doctora. Todo hubiera sido más fácil si me hubieras dejado secarte el pelo- explicó Gabby, con tono triste.
-Sólo dejaré que Hope me peine- por ese comentario Gabby supo enseguida que aquel no era uno de los momentos de lucidez de la chica.

-Hope no puede venir, Cassie. Cuando pueda venir ella te ayudará, pero mientras tienes que dejarme hacer mi trabajo- al no ser su psicóloga ni su psiquiatra Gabby tenía órdenes de no contrariar a Cassidy, de seguirle el juego para evitar alterarla.

-¿Me lo prometes?- preguntó la chica, abriendo los ojos y mirando a su enfermera con ojos tristes.

-Haré lo que pueda...- era lo máximo que podía decirle teniendo en cuenta la situación.- Mira, te traído donuts, tu madre dijo que te gustaban- eso era lo que había en la bolsita de papel- La cocina está a cien por hora preparando la cena, Damien ha salido y los ha traído para ti.
-¿Quién es Damien?

-El chico de por la mañana...
-Le odio- le había hecho daño, lo recordaba, aún le dolían los brazos.

-No seas así, el también cumplía la orden de la doctora Farrel, pero lo siente mucho- Gabby quiso disculpar al chico, que se sentía más que arrepentido.
-No los quiero, puedes comértelos tú- sentenció, cambiando de postura para no tener que mirar a la enfermera, aún de pie, a unos pasos de su cama.

-Hoy casi no has comido así que vamos a hacer esto por las buenas. Venga, siéntate, te traeré un zumo ¿sí?

-¡He dicho que no queiro!- probablemente el grito de Cassidy se escuchó fuera del cuarto y sobresaltó mucho a Gabrielle.
-No me grites, Cassidy. Ahora mismo vas a sentarte y vas a comer, luego te tomarás la medicación o volveremos a sedarte ¿es lo que quieres?- la enfermera se puso autoritaria, quizás esa era la única forma de evitar que la joven tuviera que vovler a pasar por el mal trago de aquella mañana.- ¿Es lo que quieres, Cassidy?

-No...- susurró la muchacha, más calmada, tomando asiento en su cama torpemente.

-Eso está mejor ¿de qué quieres el zumo?

-Piña y uva- Gabby le dio la bolsita a la chica y fue rápidamente a por un brick de zumo y la medicación. Tras un par de minutos entró de nuevo en el cuarto y, para sus sorpresa y conformidad, Cassie estaba comiendo.- Toma, cielo. Tu zumo y las pastillas.- Cassidy no dijo nada, sólo comió, bebió y tomó su medicación. No parecía feliz... no lo era. -La doctora Farrel quiere verte, subirtá en cinco minutos- explicó la enfermera mientras recogía la bolsa, el brick y el pequeño vasito de plástico.- No le cuentes lo de los donuts, ¿vale? Será nuestro secreto.

No había sido tan malo como colar a Damien en el cuarto de su hermano en una zona de alta seguridad, pero era extralimitarse en sus funciones. Cassie se limitó a asentir y pronto se quedó sola, aunque no por mucho tiempo porque, tras cinco minutos, puntual como siempre, llegó la doctora Farrel quien, tras cerrar la puerta tras de sí, fue a sentarse a los pues de la cama de la chica, que estaba sentada con las piernas dobladas, agarrándose los tobillos.


-Hola, Cassidy ¿cómo te sientes?- preguntó, cruzando las piernas y mirando severa a la chica.

-Estoy cansada y me duelen los brazos y las piernas- dijo sin atreverse a mirar a Starla.

-¿Quieres hablar de lo ocurrido esta mañana?- Cassie negó con la cabeza aunque sabía que terminarían hablando del tema- Tienes que dejar que Gabrielle haga su trabajo.

-No me gusta que me toquen el pelo- se excusó.

-Ambas sabemos que eso no es verdad.

-Sólo puede hacerlo Hope, Gabrielle me ha prometido que le dejarás venir a verme... le echo de menos- confesó Cassidy, convencida de qus su hermana aún vivía.

-Cassie, Hope está muerta, tienes que meterte eso en la cabeza, tienes que aceptarlo- era difícil decir eso una y otra vez sin perder la sutileza.

-¡No es cierto!- gritó de nuevo la chica.

-Sí lo es ¿por qué crees que estás aquí? ¿Porque tu madre te odia? Te quivocas, ella te quiere y hace esto por tu bien- la chica no respondió, aunque negó con la cabeza- Te has perdido la primera sesión de terapia debido al incidente de por la mañana. Te asignaré al grupo de tarde, a las seis, aunque empezarás mañana sin o te sientes bien.

-¿Qué se hace en la terapia?- quiso saber, nunca había estado en una de grupo,siempre había estado a solas con Starla.

-En el grupo de las seis hay siete pacienes contándote a ti. Hablaremos, haremos actividades... te gustará- quiso animarle la doctora.

-No lo creo, odio esto- dijo furiosa, aunque sin alzar la voz.

-No llevas aquí suficiente tiempo como para odiarlo- musitó la mujer- Haremos una cosa- sugirió sonriendo- Si tú pones de tu parte en la terapia llamaré a tu madre para que triaga tus cuadernos.

-¿Podré seguir haciendo mis dibujos?- preguntó esperanzada, con los ojos bien abiertos.

-Sólo si colaboras y haces lo que te digamos, Cassidy. -Esa era la única condicón.

Eso le dio un aliciente a la chica para intentar hacer bien las cosas. Esa noche bajó a cenar en compañía de Gabby y, aunque tuvo tentaciones de negarse, cenó y se tomó su medicación, eso sí, siguió negándose a sentarse con otros pacientes. Aunque no pasó una buena noche a la mañana siguiente no se sentía tan cansada como cualquier otro día. Cuando Gabby llegó a su cuarto estaba viendo las pocas fotos que se había llevado en la maleta. La mayoría eran de Hope y alguna de su padre. Sus ojos brillaban cada vez que se topaba en una foto en la que salía con su hermana.

-Hola, Cassie ¿qué tal?- preguntó sonriendo al verla feliz.

-Muy bien- dijo con una enorme sonrisa- Veo fotos de mi hermana ¿queires verlas?- preguntó después, sonriendo por primera vez desde que estaba allí.

-Sí, claro que sí- pasaron diez minutos viendo fotos, Cassie le explicaba asu enfermera dónde y cuando se habían sacado las fotos. Ella tenía la costumbre de escribir las fechas trs cada fotos, para poder clasificarlas, lo había aprendido de su madre.

A las nueve y media bajaron al comedor y tras leche y una tostada con mantequilla y mermelada de fresa, a parte de la medicación, Cassie lo dio por terminado. Aún asú Gabby le obligó a llevarse con ella la manzana de la bandeja para media mañana, le daba la impresión de que la chica podía desmayarse en cualquier momento. Al regresar al cuarto Cassie se dio una ducha, siguiendo la que iba a ser su nueva rutina, mientras Gabrielle aireaba su cuarto y le hacía la cama. Al salir dela ducha, envuelta en la toalla y con el cabello mojado, Gabby se llevó un buen susto.

-Cassie...tus brazos...- dijo mirando asombrada los moratones en los brazos de la chica ¿Tan fuerte era Damien?

-Oh...esto. Los tengo desde ayer- explicó, sintiéndose avergonzada sin motivo- Me salen con mucha facilidad.

-¿Te duelen?¿Quieres que te eche alguan crema de frío o algo?- como enfermera debían haberse preocupado para que no le salieran esos moratones, pero no lo hizo, se le había pasado totalmente.

-No, déjalo, si no los toco no me duelen, estoy bien- Cassie no quería que Gabrielle se interesara así por ella, solía pensar que la gente no la quería o no se preocupada por ella y todo esa atención la desconcertaba y la hacía sentirse una acaparadora.

Tras ponerse ropa limpia dejó de Gabrielle le secara el pelo, aunque no le hizo mucha gracia. Tras eso salieron a dar un paseo por los jardines del edificio, era la primera vez que Cassie salía fuera del hospital, segúa la doctora Farrel eso era bueno para ella y debía aprovechar los días que no llovía.

-¿Vas a estar conmigo siempre?- le preguntó a Gabby mientras caminaban.

-Soy tu enfermera, estaré cuando me necesites- respondió, sonriendo, metiendo las manos en los bolsillos de la parte de arriba de su uniforme.

-No, me refiero a esto. Pueso pasear sola, bajar a comer sola y todo eso...- no necesita aayuda ni una niñera, podía hacer las cosas sola, se sentía mejor si no estaba con otras personas.

-Al principio tendré que estar contigo, pero en cuanto muestres progresos comenzarás a hacer más cosas por ti misma- y si empeoraba le daría más trabajo a Gabrielle, estaba todo en sus manos.

Tras la comida, otro paseo y una breve siesta producto del cansancio y la medicación Cassie tuvo que enfrentarse a su primera terapia en grupo y no le hacía ninguna gracia. Al entrar en la sala vio a la doctora Farrel sentada en una silla en medio de un círculo formado por ocho sillas más. Dos estaban vacías, una era suya y quizás otro de los pacientes se retrasaran. Le llevó un buen rato decidirse a acercarse y tomar asiento, pero finalmente lo hizo. Se sentó al lado de una chica que estaba gazapada en su silla, con las piernas en alto, abrazada fuertemente a sus rodillas. Era morena, menuda y muy delgada. Tenía los ojos grandes y miraba a Cassie con curiosidad, incluso podría decirse que estaba feliz. Al otro lado dejó el espacio de la silla libre y miró enquisitiva al resto de las personas del círculo. Eran todos chicos, todos mayores que ella, o eso parecía. Quizás por eso la otra chica sonreía, porque ya no estaba sola... o quizás la silla libre era de otra chica.

-Bueno, ya estamos todos- dijo la doctora.

-¿Y Bastien?- preguntó un hombre, visiblemente más mayor que Cassie, que se frotaba las manos y hablaba vergonzosamente. Era Jeffrey, quien se le acercara en su primera comida allí. La saludó desde su sitio y Cassie forzó una media sonrisa por él.

-Sebastian no va a venir hasta dentro de unos días, ya sabeis lo que le pasó- contestó la doctora, con tono severo.

-Se portó muy mal- dijo la otra chica, soltando una breve risita.

-Sí, Hazel, se portó muy mal y cuando alguien se porta muy mal pasa lo que pasa- pero ese no era el tema- Tenemos que empezar. Esta es Cassidy, es nueva en el grupo, intentemos que se sienta cómoda- casi todos saludaron al tiempo, bueno, unos antes y otros después y la chica se sintió tremendamente incómoda.-Ya está bien, a ver hoy comenzaremos con algo sencillo...

Dedicaron hora y media de terapia a ejercicios de asociación. La doctora decía una palabra y todos debían escribir o decir lo primero que se les ocurriera. El ritmo de la terapia era lento porque era muy difícil sincronizar a todos los pacientes. Cassie se sentía estúpida, no encajaba en aquel grupo, pero por alguna razón la doctora la había metido ahí. Al terminar al terapia la sala se llenó de enfermeron y Gabby también estaba allí, sin embargo Cassie fue la última en salir porque Starla quería hablar con ella.

-¿Qué te parece la terapia, Cassidy?- preguntó la mujer.

-Son todos unos anormales- digamos que el comentario no le cayó nada bien a la doctora.

-Te había asignado otro grupo, pero tengo miedo de tener que sedarte todas las mañanas...

-¿Se burla de mi? Jeffrey es autisa y esa chica, Hazel... además, todos van a lo suyo. Y yo no tengo esquizofrenia ¿no debería estar en un grupo con los mismo problemas que yo?- igual quería volver a la otra terapia, la cual aún no probara, seguro era mejor aquello.

-Está bien, haremos una cosa. Te asiganré la otra terapia... si continuas viniendo a esta- ¿Y por qué? Cassie salió de la sala pero Gabby se quedó.

-Doctora Farrel ¿no serán demasiado dos terapias?- preguntó con preocupación.
-No lo creo. Cassidyd lo llevará bien, además, hoy estamos empezando, no buscamos progresos, no todavía, dejemos que se adapte una semana, quizás dos. Además, me interesa que tenga contacto con Hazel, a ambas les vendrá bien.

Gabby salió sin comprender muy bien la decisión de la doctora, pero no era quien de protestar. Cassie la esperaba fuera, en una esquina, odiaba sentirse observada por todo el mundo.

-¿Estás bien, Cassidy?- preguntó cuando estuvo a su lado.

-Me miran, odio que me miren- se quejó.

-Es natural, eres la novedad- dijo intentando animarla.

-No soy una películo, soy una persona, no queiro que me miren- en ese momento Hazel, la chica menuda de la terapie se le acercó, acompañada de uan enfermera mayor, malencarada, con grandes gafas de pasta y un gran lunar sobre el labio.

-Hola- saludó sonriente.

-Hola- Cassie devolvió el saludo a desgana y ante la atenta y curiosa mirada de la frágil y menuda muchacha.

-¿Ves, Margarette? Te dije que no sonreía ¿por qué no sonríes?- preguntó Hazel.

-¿Por qué no te callas?- respondió con otra pregunta, haciendo burla de su voz.

-¡Cassidy! Por favor- le reprochó Gabby al ver la cara que se le quedó a la chiquilla- Hazel, disculpa, está de broma.

-No, no lo estoy- no se podía razonar con Cassie, así que lo único que pudo hacer la enfermera fue sacar a su paciente de ahí para evitar que traumatizara aún más a Hazel.

Una vez en el cuarto Gabby se comportó más como una madre que como una enfermera.

-Cassidy, acabas de comportarte muy mal- dijo enfadada.

-¿Y qué más da?

-Oye, Hazel es de tu edad, es una buena chica, se te acercó con buena intención ¿por qué eres así?- parecía triste, incluso dolida por el rechazo que mostraba Cassie hacia el resto de la gente.

-¿Qué le pasa?¿Por... por qué está aquí?

-Esquizofrenia, bastante severa, pero a veces está tan sedada que se comporta como una cria de cinco años...- no entendía la forma de proceder de muchos de los médicos de allí.

-¿También es paciente de la doctora Farrel?

-No, es responsabilidad de su residente, el doctor Dempsey- explicó Gabby mientras cerraba las ventanas y corría las cortinas blancas.

-¿Qué es un residente? ¿Farrel es residente?- por alguna razón eso le interesaba mucho, quizás podía ayudarle a entender mejor aquel lugar.

-Un residente es un médico en prácticas, la doctora Farrel es una interna, ella digamos que le enseña la parte práctica de su trabajo ¿entiendes? Es su último mes de residencia y le han asignado a Hazel como paciente. Es sencilla de tratar siempre que esté medicada- aquella estaba siendo la conversación más larga que habían tenido y Gabby se alegraba.

-¿Qué pasa si no está medicada?

-¿A qué vienen tantas preguntas? A que al final te vas a hacer amiga de Hazel- el tono de Gabrielle se volvió jovial y aunque Cassidy seguía pareciendo triste y desinteresada, al menos hablaba.

Tras la cena Cassidy se quedó sola para dormir, aunque hacia las diez, ataviada con ropa de abrigo, como para irse, apareció la doctora Farrel.

-Cassidy ¿duermes?

-No, aún no- e iba a tardar bastante, sentía una extraña sensación en el estómago, algo parecido a nervios, era muy desagradable.

-Te prometí que si colaborabas en la terapia te traería tus dibujos- con decir eso consiguió que Cassie se incorporara rápida- Pero...

-No los tienes ¿no?- le había mentido...

-Tu madre no vendrás hasta la semana que viene así que tendrás que esperar unos días- A nadie le gusta esperar, por eso la doctora decidió darle un aliciente- Sé que has traído algunas de tuspinturas... mañana te traeré un par de cuadernos de dibujo ¿quieres?

-Sí- respondió enseguida- De pastas duras, hojas blancas A3 y...

-Frena Cassidy. Haré lo que pueda- Farrel no entendía de arte y dibujo- Duerme bien. Si necesitas algo pulsa el botón que está al lado de la cabecera de la cama y Margarette vendrá.

-¿Y Gabrielle?

-Hoy no tiene turno de noche, últimamente ha trabajado mucho, quizás mañana se tome el día libre.

-¿Y quién estará conmigo?- a Cassie comenzaba a gustarle Gabby, aunque no lo reconocería fácilmente, era simpática con ella.

-Mañana a primera hora te asignaré a alguien, no te preocupes- y diho eso la doctora se fue y un par de horas después Cassie se durmió...


Por estúpido que le pareciera a Cassidy, uno de los motivos por los que pasó tan mala noche era saber que Gabby no iba a estar fuera por si ella necesitaba algo. Se sentía idiota y egoísta, pero su enfermera era la primera persona que parecía preocuparse por ella en mucho tiempo.



"Es sólo porque es su trabajo, en realidad no le importas" se repetía una y otra vez, su propia voz resonaba en su cabeza diciéndole que no le tomara cariño, que no era real, que a Gabrielle le traía sin cuidado lo que le pasara.



Por la mañana, a las nueve, en lugar de que su enfermera entrada despació en su cuarto, Margarette entró como un torbellino, dando un portazo al cerrar y abriendo de par en par las persianas. Hacía unos minutos que Cassie estaba despierta, pero aún así la luz le molestó.



-Arriba, niña. En media hora baja a desayunar- dijo dirigiéndose a la puerta.

-¿No se queda?

-Tengo más pacientes, querida. No soy tu niñera- Gabby siempre se quedaba y siempre le sonreía. Margarette era una vieja amargada.



Despacio fue hasta el baño para dedicar unos minutos a esas tareas humanas que se hacen al despertar. Luego se puso su chaqueta de lana azul y bajó al comedor, sola y muy insegura. Necesitaba más a Gabby de lo que creía, al menos así no se sentía tan vulnerable. Margarette le sirvió su desayuno. Leche, zumo de naranza, un tazón de melocotón en almíbar y tostadas con mermelada de ciruela y le obligó a comerlo todo, como a una cría, de hecho Cassie fue la última en irse del comedor con un intenso dolor de estómago y muchas ganas de vomitar por el exceso.



Tras una ducha rápida sin lavarse el pelo (no dejaría que Margarette la peinara) se puso su chándal gris y se dirigió a la terapia, esta vez acompañada de la enfermera, quien no decía una sola palabra.



-¿Quién está con Hazel si usted está conmigo?- quiso saber Cassie antes de entrar a la terapia.

-Estoy con las dos, aunque ella es como un corderito con la medicación, es más manejable que tú- encima de fea y vieja era una borde, lo que le faltaba.



Cassie entró en el salón, uno distinto al del día anterior y allí estaba Farrel, acompañada de un chico joven y apuesto. Se sentó lo más cerca del médico guapo y esperó a que todos hubieran llegado.



-Bueno días- dijo la doctora- Hoy el doctor James Dempsey nos acompañará en la terapia- no era la primera vez que James acudía a observar o participar en las terapias de la doctora Farrel, pero sí era la primera vez que Cassie le veía.- Hoy Cassidy nos acompañará, es nueva en North Danvers- a diferencia del día anterior nadie la saludó, de hecho la mayoría de los pacientes, otros ocho, la miraron con desconfianza e incluso, un par, con cierta repulsión.- Cassidy ¿por qué no nos cuentas cuál es la razón de que estés aquí?

-Porque no quiero- no quería hablar en público, no le gustaba. La respuesta le cayó muy mal, de nuevo, a Starla.

-Cassidy, por favor- tenían un trato, ambas debían cumplirlo, empezando por la joven.

-Usted es la razón de que esté aquí. Según sus informes sufro depresión, delirios y alucinaciones pero no es verdad- ella seguía negándoselo.

-¿De verdad? ¿Dónde está tu hermana ahora?

-En casa, con mi madre- contestó Cassi furiosa.

-No, no es cierto ¡Hope ha muerto!- si Cassidy iba por las malas, Starla también lo haría.

-¡No es verdad!

-Sí lo es- la discusión subía de tono. Siempre era por lo mismo, por Hope. Cassidy se agazapó en su silla y negó con la cabeza, estaba nerviosa y sentía que todos la miraban.

-¿Por qué no al deja de una vez?- preguntó una voz femenina desde extremo de la sala opuesto a Cassie. Parecía desagrable, algo enfadada.

-No te metas en esto Regina- dijo la doctora enfadada.

-¿Y qué va a hacer?¿Sedarme?¿Mandarme a ala norte de la tercera planta, como a Bastien?

-¡¡Ya está bien, Regina!! Estoy harta de tu comportamiento. James, sácala de aquí- el doctor asintió y se dirigió hacia Regina a la que tuvo que sacar prácticamente a patadas mientras gritaba- Cassidy ¿queires acabar así¿es lo que deseas?- la chica negó con la cabeza, aún hundida entre las rodillas.- Pues tienes que aceptar la realidad.



Tras un breve e incómodo silencio la doctora retomó la sesión de terapia. En el centro del círculo que formaban las sillas, como habían echo en la anterior sesión, había una pizarra.



-Bien, lo que haremos hoy es un ejercicio de exteriorización. Uno por uno saldreis aquí y yo os propondré una situación, vosotros debéis dibujar en al pizarra lo que os sugiere. Samuel, comienza tú- Un chico de unos veinte o veintidos años se puso de pie. Era muy alto, casi un metro noventa, aunque caminaba encogido y de manera desgarbada. Tenía el pelo rubio oscuro, los ojos marrones y un gesto de ira en su cara, como odio... aunque Cassie no percibió por qué.- Bien Samuel, quiero que imagines que estás en un lugar público, una cafetería por ejemplo, y escuchas discutir a una pareja ¿qué te sugieres? Dibújanoslo.

-¿Para qué sirve esta mierda?- preguntó enfadado, cogiendo el rotulador del ecerado.

-Sirve para exteriorizar emociones y para que yo sepa como reaccionas a estímulos externos agenos a ti- explicó la doctora. Sin entender muy bien, Samuel comenzó a dibujar malamente un hombre y una mujer discutiendo. De cada cabeza salían nubes, como las que aparecen en los comics y en las que se pueden ver los pensamientos de los personajes. En la nube del hombre del dibujo había una especie de calavera y en la de la mujer una persona llorando. En la esquina del dibujo, agazapada, una figura más pequeña lloraba.-Siéntate, por favor ¿Puedes explicarnos tu dibujo?- pidió la doctora. El chico volvió a su sitio y habló.

-La gente que discute se odia y odia a quienes le rodea, por eso grita y piensa cosas horribles.. y siempre hacen daño a alguien hasta que un día se les va de las manos...- explicó amargamente.

-¿Quién es la tercera figura del dibujo?

-Siempre hay terceras personas que pagan los errores de los demás...

-¿Eres tú?- el chico asintió y fijó su vista en el suelo.- ¿La pareja que discuten son tus padres?- él asintió de nuevo. Sam había tenido una vida difícil. Sus padre siempre estaban discutiendo por todo, sobretodo por dinero. Había sido un niño maltratado y había perdido a su madre, tras una brutal paliza. Poco a poco se había hundido y había terminado en North Danvers.

-¿Cassie, sales tú?- preguntó la doctora tras tomar unas notas. Cassidy prefirió no quejarse y salió. Borró la pizarra con un trapo que le tendió la doctora y tomó un rotulador.- Imagínate que estás en un barco, Cassidy, y hay una fuerte tormenta. Estás allí con otras dos personas ¿qué es lo que te viene a la mente?- A la chica se le revolvió el estómago e imágenes horribles del accidente de barco pasaban por su mente a mil por hora y entonces recordó el momento en el que ya no pudo sujetar la mano de su hermana...



Con los ojos vidriosos y aguantando como pordía, destapó el rotulador y miró la pizarra unos instantes. Tras pensar un minuto comenzó a dibujar, con más esmero del requerido por la actividad. Mientras lo hacía James entró de nuevo en la sala, cuidando no interrumpir, y se quedó observando al lado de la puerta.

Primero dibujó un barco de vela, grande y majestuoso en un mar bravo, rayos, nubes y dos personas en el mar, ahogándose mientras otra lloraba en el barco. Lo tomó unos diez minutos hacer un boceto a mano alzada, sin muchos detalles, pero nadie le metía prisa.



-Descríbenos el dibujo, por favor- pidió la doctora, tras indicarle a la chica que tomara asiento. Tras unos instantes en los que Cassidy se acomodó, comenzó a explicar su ilustración.

-El mar es traicionero, puedes salir pensando que hace sol y todo está tranquilo pero puedes no regresar a puerto...

-¿Quienes están en el dibujo?

-Mi padre, mi hermana y yo.

-¿Quiénes están en el agua?

-Mi padre y... y yo- dijo sin poder evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos, aunque parecía no darse cuenta.

-¿Por qué tú, Cassidy?- aquello era algo nuevo y la doctora y Dempsey tomaban notas como locos.

-Porque tenía que haber muerto yo- todos se le quedaron mirando y a Starla se le formó un nudo en la garganta.

-Doctor Dempsey, llévese a Cassidy por favor- James se acercó a la chica y le ayudó a ponerse de pie. Luego ambos salieron de la sala. La terapia finalizó sin contar con la presencia de Cassie, quien se quedó en su cuarto, sola.



Casi a la una y media llamaron a la puerta de su habitación, ya era la hora de comer, así que Cassidy creyó que era Magarette o, con algo de suerte, sería Gabrielle, pero ni una ni otra. La doctora Farrel entró cuidadosamente. Llevaba una bolsa grande negra y marrón.



-Hola, Cassidy ¿estás bien?- preguntó preocupada. Le chica asintió, aunque estaba mintiendo.- Me ha preocupado mucho lo que has dicho hoy en la terapia.

-¿El qué?

-Cassidy, no te hagas la tonta- dijo Starla sentándose a los pies de la cama- ¿De verdad crees que debías haber muerto en el accidente?

-Mamá estaría mejor si fuera Hope la que estuviera viva... seguro que ella lo hubiera afrontado mejor.- Al menos se encontraban en un punto en el que podían hablar de forma racional.

-¿Estás preparada para hablar del accidente?- porque en más de un año de terapia Cassie se había cerrado en banda a hablar de ese tema, de hecho, durante muchos meses se había encerrado en un silencio que los había tenido parados a todos. Aquel parecía un buen momento para empezar de cero y poder ayudar a la chica... claro, parecía, esa es la clave. Cassidy negó con la cabeza, en el fondo no quería hablar de eso, no podía.- Tienes que intentarlo...

-No quiero, no lo haré- casi sin darse cuenta, Cassie comenzó a balancearse de atrás hacia delante, nerviosa con un nudo en la garganta.- Quiero estar sola, vete.

-No me iré, Cassidy. Mira, te he traído cuadernos, carboncillos y algunas cosas más- dijo con una sonrisa sacando las cosas que llevaba en la bolsa- No estaba segura de que tipo de cuadernos querías así que te he traído varios modelos y unas ceras...

-Gracias- dijo la chica maravillada- Estos son los que uso siempre- añadió tomando uno de los cuadernos y mostrándoselo a la doctora.

-Está bien, cambiaré estos dos por ese modelo ¿vale?- comentó guardando de nuevo dos cuadernos en la bolsa- Hoy a las seis hay otra sesión, ya lo sabes.

-¿Tengo que ir?

-Sí, tienes que ir. Tenemos un trato- Starla estaba cumpliendo su parte ahora le tocaba a Cassie.

-Está bien pero quiero que vuelva Gabrielle.

-¿Por qué?- ¿Y ahora tenía que decir la verdad o mentir? Mejor ocultar la verdad si decir nada que no sea cierto, para evitar la culpabilidad.

-No me gusta Margarette- era cierto, sólo se saltaba la parte de que le caía bien Gabrielle, no quería reconocerlo.

-Está bien, mañana te asignaré a otra enfermera y...

-¿Mañana? ¿Cuándo regresa Gabrielle?

-Se ha pedido unos días de descanso, se los merece Cassidy, trabaja mucho y necesitaba descansar.- Eso fue suficiente para confirmarle a la chica que su enfermera sólo se preocupaba por ella porque era su trabajo.- Antes de las seis Margarette vendrá a buscarte e iremos a terapia, será mucho más sencillo que por la mañana. La esquizofrenia no se cura con terapia de grupo, es sólo una forma de...

-¿Controlarlos?

-Cassidy- replicó Starla- Puedes llamarlo como quieras, pero es una forma de que los pacientes nos e aislen.- Suspiró y se puso de pie, tenía más cosas que hacer- Te dejo, intenta descansar un poco- Cassie asintió, pero lo que haría sería ponerse a dibujar.



Tuvo que bajar a comer pero lo primero que hizo al regresar a su cuarto fue ponerse a dibujar a carboncillo, un retrato. Generalmente dibujaba retratos de Hope o cosas que recordaba o si no estaba insipirada recurría a los paisajes. Pero esta vez alguien le había llamado la atención, la chica de la terapia, Regina. Cassie estuvo dibuando hasta que llegó la enfermera para bajar a la terapie. Llamaron a su puerta pero no entraron.



-Vamos, niña, sal. Tienes que bajar a la sala de terapia- dijo la vieja bruja desde fuera. Cassidy se puso la chaqueta sobre el chándal, tenía frío, y salió de su cuarto. Allí no estaba solo la enfermera borde, también estaba Hazel.

-Hola- dijo con una enorme sonrisa- Así que esta es tu habitación ¿qué llevas ahí?¿Hoy vas a sonreir?- ¿No iba a estar callada nunca?

-Hazel, cállate- dijo la vieja bruja zarandeando a la pequeña chica.

-No le haga eso- le reprendió Cassidy.

-No me digas lo que tengo que hacer, niña- le espetó la enfermera.

-Uno: tengo nombre y dos: de lo que pago cada mes por estar aquí encerrada sale su sueldo, así que intente ser algo más amable- ambas podían jugar a ser una bordes y unas brujas, pero en ese juego suelen ganar los locos, ellos no tienen nada que perder. Hazel sonrió y miró fijamente al suelo, ella no podía defenderse con tanto sedante.



Al llegar a la terapia y contra todo pronóstico, Cassie se sentó al lado de Hazel. Toda la hora fue una pérdida de tiempo para Cassidy pero no le importó, porque al salir pudo irse al jardín a dibujar. Se sentó en uno de los bancos de piedra y abrió su cuaderno, lo había bajado a la terapia, junto con ceras, y se puso a dibujar lo que había a su alrededor. Estaba demasiado concentrada en su dibujo y no se dio cuenta de que alguien se le acercaba.



-Hola- dijo una voz masculina a su lado. Cassie no miró y no dijo nada, aún así el chico se sentó- ¿Qué haces?- preguntó.

-Estoy dibujando, es evidente- dijo mirando por fin a su acompañante, era Damien.- Ahora no he hecho nada...

-¡No, no! Tranquilo, no vengo a hacerte nada... sólo quería saber como estás- no le venía nada bien que Cassie le hiciera sentir aún más culpable.

-Gracias a ti tengo moratones en los brazos- bufó mirándolo con odio.

-Lo siento... no quería hacerte daño.

-Pues para no querer lo hiciste- mentía, claro que mentía, ¿si no por qué tenía moratones?

-Oye, si hay algo que pueda hacer para que me perdones... te juro que no quería hacerte daño- se excusó.

-Consígueme una cera blanda azul cián.

-¿Estás de broma?

-No, consígueme una cera de ese color y te perdono- Era inútil tratar de entender a cualqueira de los pacientes de ese lugar pero aún así a Damien le hizo mucha gracia y sin decir nada dejó sola de nuevo a Cassie.



Damien se fue a la sala de enfermeras apresurado a buscar a Gabrielle.



-Hola em... ¿Sabéis dónde está Gabby?- preguntó asomando la cabeza.

-Hoy no ha venido, se ha tomado unos días libres- contestó una de las enfermeras.

-Bueno, veréis, quería salir un momento y...- Gabby solía cubrirle en esas situaciones, pero al no estar ella no podía escaquearse.- Es que me he acordado de que tengo que hacer una cosa y...

-Vete cielo- dijo Margarette frunciendo sus labios pintados con carmín rosa y mirando de forma maternal a Damien- No diremos nada, pero tienes que volver pronto.

-Claro, será un minuto- dijo con una sonrisa antes de salir apresurado de la sala. Fue a su taquilla siuada en la sala de auxiliares en el primer piso y salió rápidamente. En el aparcamiento estaba su coche, tendría que conducir muy rápido hasta llegar al pueblo más cercano, a veinte kilómetros para ir a una librería. Una vez en el pueblo le llevó más de media hora encontrar una juego de ceras blandas que incluyese azul cián y no turquesa o azúl cielo.



Era cosa de la culpabilidad, le jugaba esas malas pasadas, pero no podía soportar haberle hecho daño a una chica que no podía defenderse, aunque hubiera sido por su propio bien... o eso le decía la doctora.



Poco antes de la hora de la cena regresó, intentando evitar a las enfermeras a toda costa, y decidió quedarse en el comedor hasta ver entrar a Cassidy.



Cassie se había quedado fuera dibujano y a las nueve menos cuarto todos los pacientes, algunos con compañía de sus enfermeros, comenzaron a irse hacia el comedor. Justo por su lado pasó Regina, hacía ya horas que había terminado su retrato.



-¿No vas a cenar?- dijo Regina. Estaba de pie, ante Cassie, era alta, poco más que ella. Esbelta y muy guapa, pero parecía tremendamente infeliz, enfadada... triste.

-No tengo mucha hambre...- frase ya típica en Cassidy.

-¿Y te crees que yo sí? Esto es una mierda, no dejes que te convenzan de lo contrario- dijo mirándola con desdén, cruzándose de brazos- ¿Puedo ver tus dibujos?- Cassie le pasó el cuaderno, había tres dibujos. El primero había sido el retrato de Regina, el segundo el jardín y el tercero aún estaba sin terminar pero no se parecía a nada que estuviera a su alrededor.- ¿Quién es la del dibujos?

-Tú- respondió Cassie tratando de forzar una sonrisa, aunque no le salió nada bien.

-No me parezco- no era cierto, para haberla visto sólo una vez el dibujo era bastante exacto.- Tienes talento... no deberías estar aquí.

-¿Por qué dices eso?- preguntó la chica mientras Regina le devolvía el cuaderno.

-Yo tenía talento... pero ellos me lo arrebataron- las manos de la joven comenzaron a temblar y sus ojos parecieron escurecerse de la rabia, las venas de su cuello se tensaron y, tras dirigirle a Cassie una mirada furiosa, se dio la vuelta y caminó hacia el interior de hospital. En la puerta había un enfermero que parecía ser quien se ocupaba de ella.



Damien seguía esperando en el comedor pero decidió salir al ver que a las nueve y diez Cassie no había llegado. Iba a ir a su cuarto pero prefirió asegurarse de que no se había quedado fuera. Hacía frío y amenazaba lluvia, pero aín así Cassie seguía sentada en el banco, sin moverse, concentrada en su dibujo.



-Deberías estar cenando- dijo Damien sentándose de nuevo al lado de la chica, como había hecho un rato antes.

-Y tú deberías meterte en tus asuntos- le espetó la joven desagradable.

-Quizás, pero quería darte esto- Cassie le miró y pudo ver como se sacaba algo del bolsillo. Estaba envuelto en papel de estraza blanco. Cassie lo cogió y lo abrió. Era una barra de cera blanda color azul cián.

-Gracias...- susurró mirando maravillada la pintura, como si fuera algo extraordinario. Allí dentro era muy fácil hacerla feliz.

-¿Me perdonas por lo del otro día?- se aseguró Damien.

-Claro- ya estaba hecho, no tenía sentido odiarle, por alguna extraña razón ya no tenía sentido guardarle rencor.

-Ven, te acompañaré a cenar. Tienes que comer y tomarte tu medicación... puedes segui dibujando luego- y si saber también por qué, ni una sola queja salió de la boca de Cassie. Sólo recogió sus cosas y siguió al chico hacia el comedor aunque allí Margarette se apropió de ella, obligándola a cebarse con toda la comida de su bandeja.

Aquella fue, con diferencia, la peor noche que Cassie había pasado en mucho tiempo. El afán de la enfermera vieja y arrugada porque se comiera todo lo que ponían en sus bandejas terminó por saturar su estómago. Hacia las tres de la mañana el dolor se hizo insoportable y la chica tuvo que llamar a la enfermera... creyeron que mentía y la ignoraron, hasta que a las cuatro de la mañana la enfermera volvió a ver como estaba la paciente. Cassidy estaba tirada en el suelo del baño, inconsciente y muy pálida, cubierta de sudor frío. Había estado vomitando el exceso de comida de todo aquel día.

Horrorizada, la enfermera pidió ayuda para poder cargar a Cassie y dejarla sobre su cama. Aquel día Damien tenía turno de noche y fue el primero en acudir. Se quedó paralizado unos instantes al ver a la chica tirada en el suelo, tan pálida y quieta. Llevaba una camiseta de manga corta y podía ver sus moratones. Imágenes suelta de lo que pasara días antes le vinieron a la cabeza. No tardó en reaccionar y la tomó en brazos para llevarla a la cama y dejarla allí con mucho cuidado.

-Cassidy, vamos Cassie, despierta- le pedía mientras le daba ligeros golpecitos en las mejillas para que reaccionara. Mientras tanto la enfermera había ido a por toallas frías gritanto y buscando al médico de guardia, pero la joven recuperó la consciencia antes de que nadie más llegara. Abrió los ojos poco a poco, desorientada y la primera persona a la que vio fue a Damien.- Dios mío, Cassie ¿estás bien?¿Qué ha pasado?
-No sé... creo que me sentó mal algo que comí- aunque ya no sentía pesadez en el estómago seguía mareada y tenía arcadas. No recuperaba el color y no tenía fuerzas para moverse.
-Tranquila ¿sí? El médico llegará enseguida- la tranquilizó agarrándole la mano.
-No me dejes sola...-pidió antes de que uno de los médicos de guardia entrara como un torbellino en el cuarto, encendiendo las luces y gritando.

Su resolución fue hacerle un lavado de estómago a la muchacha, aunque ya hubiera eliminado casi todo lo que la enfermaba. Tras una hora de lavado fue ingresada hasta consumir dos bolsas de suero por vía intravenosa y se le recetó una dieta blanda y suave y un protector estomacal... más medicación. Quizás por preocupación o quizás por culpabilidad, Damien no se separó de Cassie en toda la noche, la larga noche.

Amaneció un día oscuro, muy nublado, que amenazaba llover y Cassie se despertó con la imagen de la tormenta que se avecinaba en su ventana y la de Damien dormido en un incómoda sillón a los pies de su cama. Trató de incorporarse torpemente, apoyando ambos brazos a los lados de la cama para hacer fuerza y sentarse, pero le habían puesto una vía en el brazo derecho y al tratar de forzar el brazo un dolor punzante y muy intenso le recorrió el brazo. No pudo evitar que un gemido de dolor saliera de su boca lo que fue suficiente para despertar al chico que se levantó rápidamente.

-Cassie ¿qué ocurre?- preguntó preocupado.
-Na-nada... la vía Sólo quería sentarme y... no quise despertarte- se disculpó.
-No, tranquila. No tendría que haberme dormido- cuidadosamente le tomó del brazo para colocarle de nuevo la vía en su sitio y, después, ayudó a la chica a incorporarse en la camilla- He localizado a Gabby, iba a incorporarse dentro de un par de día, pero me ha dicho que viene para acá.
-¿Por qué?
-Porque se preocupa por ti... nos has dado un buen susto esta noche, Cassidy.- La sonrisa de Damien no se correspondía con el momento, pero sólo trataba de calmar a la muchacha.- Debes descansar, pasarás unos días a base de sopa y cosas así, pero te pondrás bien.

En ese momento Gabrielle, preocupadísima, entró en el cuarto, tirando su bolsa en el suelo y corriendo junto a Cassie.

-¡Oh! Dios ¿estás bien?- preguntó preocupada. Cassidy asintió, tratando de sonreir.- No sabes que susto me he llevado. Estúpida vieja bruja, se va a enterar. Le dije que no te forzara, que tenías el estómago sensible porque no comes mucho ¿y crees que me hizo caso?¡NO!
-Gabby, cálmate- pidió Damien- Ya está todo bien.
-¿Todo bien? No, aún hay una cosa que no está bien- y sin decir nada más salió del cuarto, sin recoger sus cosas de suelo y sin dar explicaciones.
-¿A dónde va?- preguntó Cassie.
-No lo sé... tu no te preocupes.

Gabby irrumpió en la sala de enfermeras hecha una furia.

-¡Margarette!¿Pero qué es lo que te pasa? Casi te cargas a una de mis pacientes- gritó, enfadada.
-¿Pero qué dices? Sólo le sentó mal la cena- se defendió al mujer- Quizás si no la mataras de hambre no hubiera pasado esto.
-¿Matarla de hambre? ¡Pero qué dices! No tienes ni idea de...
-No, tú eres la que no tienes ni idea, niña. Llevo siendo enfermera desde antes de que tu nacieras- le espetó Margarette, a quien le traía sin cuidado el estado de Cassie. La discusión no pudo prolongarse porque el barullo formado alertó a la doctora Farrel, que acudió enseguida.
-¿Qué es lo que ocurre aquí?- preguntó enfadada.
-Nada, doctora- mintió Margarette.
-¿Nada? Doctora Farrel ¡Han tenido que hacerlo un lavado de estómago a Cassie y...!
-¡Sólo le sentó mal la cena!
-Ya está bien- cortó Starla- Gabrielle, no es para tanto, Cassidy ya está bien- Margarette se sintió triunfar al escuchar a la doctora, aunque pronto bajó de su nube- Y Margarette, si tanto tiempo llevas ejerciendo la enfermería deberías saber que cada paciente tiene unas necesidades especiales. No debiste embutir de esa manera a Cassidy.- Starla se paró a pensar un momento antes de continuar- Gabby si deseas tomarte libres los días que te quedan le asignaré una nueva enfermera a Cassidy.
-No, me reincorporaré hoy-aseguró la joven enfermera.
-Bien, en cuanto a ti, Margarette, tendremos una charla al final de día... y quiero que Hazel esté presente.- Y dicho eso, dejando a Margarette muerta del miedo, la doctora salió del cuarto.


Hacia la una del mediodía Damien acompañó a Cassie a su cuarto, encantado de que ya estuviera mejor y de que se hubiera olvidado de lo ocurrido un par de días atrás.

-Damien, esto es una tontería- se quejaba Cassidy.
-Lo siento, normas del hospital.
-Pero puedo caminar perfectamente, no necesito la silla- Damien empujaba la silla de ruedas en que iba sentada Cassie por exigencias del hospital, todos lo enfermos recién salidos de la zona de observación iba en silla de ruedas.
-Bueno, pues hazlo por mi ¿sí? Esto es relajante- no lo era, pero quizás esa fuera una forma de convencer a la chica.- Ya hemos llegado- dijo al fin, cuando entraban en el cuarto.
-¿Puesdo levantarme ya?
-Sí, ya puedes. Oye, si vuelves a encontrarte mal o algo llámame o llama a Gabby, se ha reincorporado hoy y ha cogido turno de noche- explicó el chico antes de salir.
-¿Crees que estará enfadada?- preguntó ella sentándose en su cama.
-¿Quién, Gabby?¿Contigo?- Cassie asintió- No ¿por qué habría de estarlo?
-Le he fastidiado sus días de descanso... Dios, soy lo peor, seguro que ahora está enfadada conmigo- por alguna razón Cassidy se sentía culpable por haberse puesto enferma, aunque no fuera cosa suya.
-No, no Cassie- negó Damien sentándose a su lado- Oye, te pusiste mal porque la estúpida de Margarette te forzó demasiado. Gabby está aquí para cuidarte y no está enfadada.
-¿Tú crees?
-Estoy seguro- entonces Damien hizo algo que quizás no debía haber hecho, lo hizo de manera inconsciente y, aunque en ese momento no significó nada, la cosa podía ir a más con el tiempo. Sonriendo, acarició la mejilla de la chica para tranquilizarla.- Descansa ¿sí? Dentro de una hora te traeré algo suave para comer.
-¿No voy a bajar al comedor?- quiso saber ella.
-No creo, hablaré con Gabby... me dijo que no te gusta nada comer con más gente- Cassidy negó- Pero sólo hoy porque aún estás convaleciente, mañana te quiero de pie por ahí ¿vale?
-Vale.


Resulta que Damien no era el asqueroso y bruto mastodonte de unos días atrás, ahora estaba siendo amable con Cassie y eso le gustaba, lo que era raro, porque solía evitar cualquier contacto. Lo primero que quiso hacer cuando se quedó sola fue dibujar, tomó sus cosas de la mesillas y comenzó, más animada de lo normal para na mala noche que había pasado.

Pasó una hora y llamaron a su puerta, Cassie creyó que era Damien con la comida, pero era la doctora Farrel.

-Hola, Cassidy ¿cómo te encuentras?- preguntó amablemente, cerrando la puerta tras de sí.
-Bien... estoy dibujando- aunque era algo evidente.
-Ya veo ¿puedo verlos?- preguntó de nuevo la doctora. La joven asintió y le pasó su cuaderno a Starla que miró los dibujos con curiosidad.- ¿Esta es Regina?
-Sí...
-¿Y este es... Damien?
-Aún no está terminado.
-¿Por qué los has dibujado a ellos?
-No lo sé. Regina es diferente... me ha llamado la atención y Damien se ha portado bien conmigo, aunque antes no se portó muy bien- recordó, razonando como si fuera una cría- ¿Pasa algo?
-No, no. Claro que no. Están muy bien- Starla le devolvió el cuaderno a Cassie y se levantó.-Gabby tiene que estar a punto de llegar, así que deja eso. Si vuelves a encontrarte mal yo te atenderé.
-¿Tengo que ir hoy a la terapia?
-No, si no te encuantras bien no tienes por qué ir- Sin hacer caso a su médico, la joven siguió dibujando, tranquila.
-A lo mejor voy- eso sorprendió gratamente a la doctora, aunque no comprendía la actitud de la muchacha.

Starla se fue del cuarto y pasados unos diez minutos Gabby entró, sin llamar a la puerta, llevando una bandeja de comida. No dijo nada, sólo se limitó a dejar la bandeja en la mesa del cuarto de Cassie y a recoger un poco el cuarto. Parecía enfadada y Cassidy no se atrevía a decir nada.

-¿Estás enfadada conmigo?- preguntó de repente Cassie.
-No- dijo la enfermera- Lo siento, es esa bruja de Margarette. Siento haberme ido Cassie.
-No... la doctora dice que trabajas mucho y necesitas descansar- la culpabilidad invadió a la joven y comenzó a sentirse muy mal.
-Cassidy ¿crees que he descansado en mis días libres?- preguntó Gabrielle con una sonrisa cansina- Tengo 26 años y vivo sola, tengo facturas que pagar y el sueldo de una enfermera no es muy alto. En mis días libres y en vacaciones tengo un trabajo por horas.
-¿De verdad?- para alguien que aún no había tenido que trabajar para mantenerse aquello era algo extraño- ¿No lo odias?
-Cassidy- Gabby se sentó en la cama de la joven y sonrió- Me gusta ser enfermera y me gusta vivir por mi cuenta, pero es algo que cuesta mucho y tengo que esforzarme. Tu no tienes que preocuparte de lo que yo haga, sólo tienes que preocuparte de ponerte bien... es lo único que queremos.
-Yo ya estoy bien y tú lo sabes. Podría marcharme...
-No, no puedes. Cassidy, tienes que aceptar cual es tu situación familiar y dejar de sentirte mal en todo momento...
-Yo no me siento mal siempre, eso no es verdad. Sólo hay veces que estoy triste... todo el mundo se siente trsite alguna vez- ¿ a caso no es eso cierto ?
-Cielo, esto es distinto. Anda, come algo, te he traído sopa de verduras y fruta picada.


La manía que tenía todo el mundo de decirle a Cassidy que estaba enferma era estúpida. Sentía que nadie la entendía en ese lugar, quizás Gabbrielle y Damien era simpáticos y Regina muy distinta al resto de la gente que conocía, pero nadie la comprendía y eso era lo único que quería ella.

Llegó la hora de la terapia y Cassidy decidió no bajar. Gabby se fue y la dejó sola en el cuarto, confiando en que no saldría, pero Cassie rompió esa norma y salió de su cuarto en busca de otra paciente. Caminó como si nada, descalza, por los pasillos buscando a Regina. No sabía cual era su cuarto, ni siquiera sabía si estaba en su pasillo. Simplemente caminaba y miraba en cada habitación. Pudo pasarse así unos veinte minutos, tranquilamente, hasta que asomó la cabeza en un cuarto vacío. Miró a su alrededor y no vio a nadie, pero alguien la vio a ella.

-¿Qué haces?- Regina estaba agazapada en el suelo, en una esquina del cuarto.
-¿Regina?- ¿por qué estaba ahí tirada?- ¿Estás bien?
-Cierra la puerta, si te ven aquí te harán daño otra vez- asustada, Cassie entró y cerró la puerta.
-¿Por qué estás ahí?
-No me gusta la cama... - Cassidy miró hacia la cama de Regina y se dio cuenta de que no se parecía a la suya. Era más ancha y tenía correas con cierres de metal.
-¿Y duermes en el suelo?
-No lo sé, por las noches no me entero-primero porque dormía y segundo porque Cassie no era la única que se medicaba.
-¿Para qué son las correas?
-Suelen atarme si me pongo nerviosa... si me dejaran en paz no haría falta- parecía enfadada y miraba su cama con una mezcla de ira y miedo.
-¿Por qué estás aquí?
-Mis padres me abandonaron cuando tenía cinco años y crecí en un puñetero horfanato, fue odioso... los niños me hacían daño y a medida que crecía cada vez me trataban peor- Regina lo explicaba como si le diera igual, como si le hubiera pasado a otra persona.- Estuve con cuatro familias de acogida, fui a siete colegios y me expulsaron de los siete.
-¿Estás aquí porque te expulsaron de varios colegios?
-No idiota- bufó negando con la cabeza- Intenté suicidarme hace unos meses... y no era la primera vez que me hacía daño.
-¿Por qué?
-¿Quieres dejar de hacerme preguntas?¿Qué más te da?
-Lo siento- se disculpó.
-¿Tu nunca lo intentaste?-quiso saber Regina.
-No...
-Mentirosa... ¿qué es lo que quieres?
-Darte tu dibujo- ese era el objetivo de haber salido de su cuarto sin permiso para buscarla.
-¿Te apetece hacer algo que va a enfadar mucho a Farrel?- preguntó Regina sonriendo de lado con cierta malicia.
-No ¿por qué iba a querer?
-Por lo que te dijo el otro día sobre tu hermana. Yo te creo, sé que no está muerta, pero ella quiere hacerte creer que sí porque está metida en el ajo- susurró, como si le estuviera contándole un gran secreto a Cassie.
-¿En el ajo?
-Claro, todos lo están. ¿Crees que tu enfermera te ayuda? No... te dan medicación para controlarte y experimentan contigo cuando estás sedada... si por mi fuera ni siquiera comería lo que me dan. Seguro que la envenenan- parecía una loca, estaba muy lejos de como se comportaba Cassie.
-¿Cómo sabes eso?
-Me lo dijo uno de los chicos, se llama Sebastian... es el hermano de ese chico, el que te agarró- aclaró.
-¿Cómo lo sabes?
-Las enfermeras cotillean ¿sabes? Gabrielle cuenta todo lo que te pasa, así se ríen de nosotros... Anda, ven. Tengo una idea... Farrel se pondrá de los nervios. Con un poco de suerte también me expulsarán de aquí- dijo sonriendo-¿Te apuntas?- las palabras de Regina calaron en Cassidy y la hicieron sentir miserable y aún más incomprendida de lo normal.
-Está bien...vamos- aceptó, a ciegas ¿a dónde la llevaría Reggie?Ciertamente... Regina tenía razón.
Farrel se puso de los nervios, pero ella no consiguieron su objetivo ¿Cuál era? Nada bueno, viniendo de Regina, pero debería esperar a su siguiente oportunidad.

Vieron a las chicas tratando de escapar de los cuartos del ala sur fuera de horario y Gabrielle y Damien las interceptaron enseguida. Cada una volvió a su habitación y Farrel se dispuso a tomar medidas.

-No sé lo que pasa¿Es que ya nadie me respeta en mi propio hospital?Nunca debí juntarlas en la mismo habitación... pero es que ya no sé que hacer con ellas- le decía a Gabby y Damien- La terapia individual no funciona, la terapia de grupo no funciona, Regina no responde a la medicación y Cassidy es alergia a la mayoría de medicamentos que podemos darle...
-Quizás si probamos a rehacer los grupos o cambiar la dinámica- sugirió Gabrielle.
-No, cambiaremos radicalmente sus tratamientos. Esta noche reescribiré varios diagnósticos y mañana asignaré nuevas terapiar a los pacientes que más me preocupan ahora- el problema era que no había suficiente personal en el hospital y por eso había habido nuevas contrataciones- James me ha recomendado a un enfermera, se llama Meredith y llegará mañana. Gabby, si en una semana no veo avances en Cassie la reasignaré.
-Pero nos llevamos bien y está empezando a tomar confianza
-¡ESE ES EL PROBLEMA!- gritó la doctora- Disculpa...pero no quiero que te vea como veía a su hermana o a su madre... eres su enfermera.

Por eso no avanzaba, no se daba cuenta de que estaba allí para curarse. Al día siguiente llegó la nueva enfermera, a la que Gabby trató de ignorar por todos los medios posibles. Cuando fue al cuarto de Cassie a buscarla la chica la sorprendió con un gran abrazo.

-Gracias, Gabby, gracias. Creí que estabas enfadada pero ahora sé que no.
-Cassidy, no sé a qué te refieres- dijo Gabbie, dudosa.
-Has dejado venir a Hope, tenía muchas ganas de verla...- Gabby abrió los ojos, sorprendida y decepcionada.
-Hope está muerta.- Cassie negó y de nuevo comenzó la eterna discusión.
-No es cierto, hoy ha venido a verme...
-Cassidy ¿Sabes dónde estás?- la muchacha abrió los ojos ¿dónde estaba en realidad? Aquella no era su casa. Sin saber por qué echó a llorar y ya no hubo forma de controlarla.

Y volvió a sumirse en ese estado de ensoñación psicotrópica que producían los sedantes, las pastillas de colores que le hacían no pensar, no sentir...

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-¿Quería verme, doctora Farrel?- preguntó Damien, entrando en su despacho. Gabby y Meredith estaban allí.
-Sí, siéntate, Damien- encima de la mesa estaban los expedientes corregidos y había una cosa que Damien sabía seguro, el expediente de su hermano estaba ahí.- Bien, he corregido los expedientes y he reescrito los diagnósticos de los pacientes más urgentes según sus reacciones en las últimas semanas. Damien, tu hermano podrá volver al pabellón de los comunes bajo estrecha vigilancia. Regina pasará al módulo de alta seguridad y muy a mi pesar recomendaré la terapia de electroshock.
-¿Qué? Pero es para casos extremos, el ilegal en muchos estados...-se interpuso Meredith.
-Gracias por la información, pero aquí la doctora soy yo- dijo Farrel, enfadada- Cambios de humor cada vez más radicales, relación de control con los pacientes, no aprecio respuesta a la medicación, ataques de ira... O la mantengo sedada las 24 horas del día, lo que la mataría, o empezamos con las descargas.- Nadie dijo nada y la doctora pudo proseguir.- En cuando a Cassie la cambiaré de cuarto y probaremos una nueva medicación, es bastante agresiva, pero tras el periodo de adaptación funcionará.
-¿Qué significa agresiva?- preguntó Damien.
-Vómitos, cefaleas, mareos... lo pasará mal, pero es lo mejor, Ya tengo el permiso de su madre. Por último... he despedido a Margarette, la enfermera de Hazel... revisando sus análisis he descubierto que lleva meses doblándole la dosis de medicación diaria- los tres se sorprendieron.
-¿Cómo ha podido?
-No lo sé, pero hay enfermeras en este hospital que se piensan que son Dios... Meredith, te asignaré a Hazel pero te advierto que su estado de salud es débil, tiene el hígado, el estómago y los riñones muy dañados por el exceso de medicación. He suspendido el tratamiento... nos enfrentamos a una esquizofrénica crónica a la que no podemos medicar y que está totalmente enganchada a su antigua medicación. En cuanto se muestre mínimamente inestable o violenta la ataremos y evitaremos por todos loe medios que se haga daño a ella o le haga daño a alguien más.

Nadie daba crédito. Otros seis pacientes fueron reasignados, Farrel se había pasado todo la noche organizándolo todo de nuevo.

-Chicos, os han traído los nuevos walkie talkies, quiero que estéis comunicados en todo momento, especialmente en el caso de Sebastian, Hazel, Regina y Cassie.- Tras un par de explicaciones más todos salieron del despacho, les esperaba un largo día a todos.

Gabby, le llamó Damien. La chica paró, walkie en mano, y se lo mostró.

-No, prefiero hablar cara a cara... por la frecuencua del walkie nos oye todo el mundo. - Y quizás tenía algo qe decir que nadie más podía escuchar.
-Dime ¿qué puedo hacer por ti?
-Sé qeu no te han asignado a mi hermano pero, ya sabes...
-¿Quieres que le eche un ojo, no?- Damien asintió.- Sin problema, oye, hay algo que tengo que pedirte yo.
-Lo que quieras.
-Farrel no se fía y menos después de lo de ayer cuando tuvimos que sedar a Cassie. Va a asignársela a la novata si no conseguimos que progrese... tienes que ayudarme- pidió, Gabby se había encariñado con la niña.
-Descuida, haré lo que pueda...

Y así lo hizo, porque no era la primera vez que Gabby se la jugaba por él y por su hermano. Durante su hora de descanso cogió su coche y condujo hasta el pueblo más cercano, allí compró dos cosas, ambas para Cassie. Rápidamente regresó y decidió colarse en el cuarto de la chica.
Llamó a la puerta y no entró hasta que tuvo permiso.

-Cassie, hola ¿cómo te encuentras?- preguntó, amable.
-Cansada... triste... sola- miraba a un punto fijo en la pared, acostada de lado en la cama.
-Puedo arreglarlo, anda siéntate- La chica obedeció, no quería que volvieran a sedarla.- Esto es para ti.
-¿Café?
-Sí, pero no digas nada... los pacientes no pueden tomar café, te lo traigo porque eres especial- Cassie sonrió.
-¿Por qué?
-Cassie, no estás ayudando... si no te pones mejor no dejarán que Gabby y yo te cuidemos- a la chica no le gustó escuchar eso.- Te hemos conseguidos los cuadernos, el carboncillo y el café, y aún tengo algo más para ti, pero tienes que prometerme que tratarás de mejorar.
-Sí, claro- se apresuró ella a asentir.- ¿Qué otra cosa tienes?- rpeguntó luego con curiosidad.
-Esto- sacó unos walkie talkies de la bolsa que llevaba, pero no eran como los de los enfermeros.- Tú tendrás uno y yo otro, Farrel me dio la idea... más o menos. Así podremos hablar cuando te sientas sola... tienen varios kilómetros de alcance y les sintonizaré una frecuenca diferente a... diferente.
-Gracias, Damien... siento lo del otro día, yo creí que había estado aquí, era tan real... ¿por qué sigo pensando que está viva?- sin querer comenzó a llorar y Damien la abrazó.
-No te preocupes, te ayudaremos, pero a partir de ahora prométeme que colaborarás... y te traeré un montón de café- Cassie dejó de sollozar de repente y sonrió y entonces se apresuró a preguntar algo que hacía tiempo que quería saber, no porque fuera Damien, si no porque era hombre.
-Oye ¿puedo preguntarte una cosa?
-Claro, Cassie.
-Si yo no estuviera aquí... si me hubieras conocido fuera pensarías que... soy ¿guapa?- bajó la cabeza, enseguida, avergonzada.
-Cassie, eres preciosa... cualquiera te lo diría.- Cassie nunca se había sentido guapa, Hope era la más linda de las dos.
-En realidad nunca me lo han dicho... se acercan y te tiran los trastos, pero no te sientes bonite y aquí dentro...
-Mírame, Cassie- dijo el chico, serio- Eres muy guapa pero estás pasando una mala racha. No confías en ti mismo y es natural. Cúrate y cuando estés mejor podrás verte como eres- lo mejor era zanjar ese tema cuando antes, él no podía decirle eso a una paciente.
-Gracias... por todo ¿cómo está tu hermano?- Damien sonrió y la abrazó, era demasiado dulce para no hacerlo.
-Bien, Cassie, está bien...


Quizás con eso la chica comenzar a colaborar, o quizás no, era algo que no se sabía. Esa tarde la doctora tuvo su primera sesión con la chica tras comenzar el nuevo tratamiento. Por supuesto su charla con Damien, el café y los walkies eran cosa secreta.

-Bien, Cassie, hablemos de lo que pasó el otro día...- sugirió la doctora.
-Me equivoqué, lo siento- A Farrel le extrañó, ese no era el comportamiento normal de la chica.
-Explícate.
-Hope ha muerta y yo estoy aquí para curar- dijo rápidamente, sin ganas, como si se lo hubiera aprendido de guión.- No quiero que me cambie de enfermera, colaboraré... ya lo estoy haciendo.
-¿Es por eso?- la joven asintió- ¿Qué ves en Gabrielle?- ¿qué clase de pregunta era esa?
-Pues em... es mi enfermera... es lista, guapa y buena. Me encantaría ser como ella- hablaba casi sin pensar, había dejado su mente en blanco y se estaba desahogando. Starla sonrió, aunque Cassie no pudo apreciarlo.
-Si veo una mejora no tendré que reasignarte- explicó, sacando un cuaderno de páginas en blanco.-Te he traído una cosa, es un diario. Quiero que escribas en él todo lo que pienses o sientas y al final de cada semana yo le echaré un vistazo. Necesito que te sinceres de alguna forma y cuando te hundas o sientas que empiezas a confundir la realidad leélo, porque sólo tus porpias palabras te convencerán de lo que es real.

-¿Qué le pasará a Regina?
-No es cosa tuya, no debes preocuparte...
-¿Y Hazel?
-Estará un tiempo incomunicada...
-Quiero verla- pidió Cassie.
-Dos semanas, si veo mejoría la verás ¿vale?- la chica asintió- Es un trato, Cassidy. Si cumples tu parte, yo cumpliré la mía.La doctora Farrel citó a la madre de Cassie por segunda vez desde que estaba en North Danvers. Aún no le había dejado verla y ese día no sería la excepción. Necesitaba su permiso para empezar la nueva terapia y también que le firmara los papeles para la nueva medicación.

- Me gustaría poder verla, doctora Farrel- pidió la mujer, cuando ya estaban saliendo ambas del despacho.
- Me temo que no será posible. Todavía no hemos conseguido que sus períodos de lucidez superen a los de ensoñación- explicó.
- ¿Qué quiere decir?
- De 24 horas que tiene el día durante 18 Cassie piensa que Hope está viva o con ella
es sólo una forma de explicárselo, lo que quiero decir es que la estamos premiando como si hiciera algún avance, pero no lo hace.
- No sé que decirle
- la mujer estaba afectada, era muy difícil para ella tener allí a su hija. - Ya le he ingresado el cheque del próximo mes

- Eso es lo de menos ahora. Mira, lo que haré será comenzar a grabar sus sesiones en video

- ¿Podré verlas?
- No, a Cassie la protege el secreto en médico y paciente y además
mientras no se acostumbre al tratamiento su aspecto será horrible- Starla negó, afligida, no quería haber tenido que llegar a un tratamiento tan fuerte en tan poco tiempo.

La madre de Cassie se fue y la doctora fue rápidamente a la nueva habitación de la chica. Era más luminosa porque era exterior, así tendría luz natural para dibujar y podría ver el jardín. Cuando llegó Gabby y Cassidy estaban pegando por las paredes todos los dibujos de la chica. Starla llamó, aunque la puerta estaba abierta.

- Toc-toc- dijo sonriendo- Veo que te has levantado de buen humor- Cassie asintió y sonrió.- ¿Qué tal has dormido?
- Bien
poco, pero bien.
- Gabrielle, ve a tomarte un descanso si quieres- dijo la doctora- yo me quedaré con Cassie.
- No es necesario, puedo

- Llevas 36 horas sin dormir, échate. Cuando termine, Damien se ocupará de ella- A Gabby no le quedó más remedio que ir a dormir un rato a la sala de enfermeras, donde había un par de catres dispuestos para situaciones como aquellas.-¿Cuántas horas has dormido, Cassidy?
- Creo que cuatro

- Bien, a partir de hoy dormirás alguna más, te he cambiado la medicación- le advirtió.
- Ya lo sé, la pastilla de la mañana era distinta
¿Le gusta?- preguntó señalando uno de los dibujos- Es la cabaña del lago, iba allí en las vacaciones de primavera con mis padres y Hope, pero desde el accidente no volví.- Mientras la chica hablaba, la doctora Farrel tomó su walkie-talkie y llamó a Damián.
- Damien ¿me recibes?- el chico contestó afirmativamente- Estoy en la 205, tráeme lo que te pedí (
). Cassidy, hoy comenzaremos una terapia nueva.
- ¿Otra más?
- No, verás
esta será la única que tengas a partir de ahora. Será individual y sólo conmigo y la grabaré en vídeo- justo en ese momento llegó Damien con un trípode y una pequeña cámara digital.
- Buenos días- saludó, sonriéndole a la chica. Sin hacer mucho ruido colocó la cámara, la encendió y la posicionó donde la doctora le indicó. Tras echas un vistazo rápido a los dibujos de Cassie se dispuso a irse.
- Damien- le llamó la doctora- Cuando acabe quiero que te ocupes de Cassie, Gabrielle está durmiendo en la sala de enfermeras.
- De acuerdo- y sin decir más, salió del cuarto y la doctora y su paciente se quedaron a solas.
- Siéntate en la cama, ante la cámara- ordenó, mientras ella se sentaba en una silla, fuera del plano.- Nadie verá estas cintas más que yo y la razón de que te grabe es que quiero poder apreciar tus reacciones todas las veces que me sea posible para analizarlas ¿de acuerdo?
- Vale- dijo la chica, sentándose en la cama y sujetándose las piernas, que tenía flexionadas contra el pecho- Me da algo de vergüenza

- Es natural, Cassidy, pero ignora la cámara y háblame a mi ¿Estás lista?- Cassie asintió y pudieron comenzar- Bien, Cassidy, háblame de cómo te sientes.
- Bien, creo
estoy algo cansada y me duele el estómago, pero creo que estoy bien.
- Normalmente, otra persona que tuviera esos síntomas diría que se siente mal ¿por qué crees estar bien?
- Porque físicamente lo estoy, sólo son molestias, no es verdadero dolor

- ¿Y cuál es el verdadero dolor, Cassidy?- preguntó la doctora, seria y expectante.
- El de perder a alguien a quien quieres, como yo perdí a mi padre
y a mi hermana.
- Cassie, dime ¿crees que estás preparada para hablar del accidente?- la muchacha se tomó su tiempo, pero finalmente asintió. Desde el día de la muerte de su hermana, Cassie había bloqueado sus recuerdos y se había sumido en un silencio que había tenido a la doctora Farrel anclada sin poder ayudarla, hasta el punto de haber tenido que ingresarla. Que pudiera voluntad en hablar del tema ya era un progreso.

La sesión duró aproximadamente hora y media y la doctora descubrió algunas cosas nuevas sobre el fatídico día, aunque nada de gran valor. Al salir, portando la cámara y el trípode se cruzó con Damien a quien había avisado para que cuidara de la chica.

- ¿Qué tal ha ido?- quiso saber él.
- Sorprendentemente bien- respondió la doctora, en general complacida por el ritmo de la sesión.
- ¿Cree que deberíamos premiarla de alguna manera
?
- Damien, no es un perro. No le daremos una galleta cada vez que haga algo bien
si hacemos eso terminaremos intercambiando progresos por regalos y Cassie se estancará.
- Ya entiendo
- la mujer suspiró, preocupada.
- No le des nada de comer ¿vale? El doctor Dempsey, el médico de Hazel, ha elaborado una dieta adecuada para Cassidy y su nueva medicación. Aún no han comenzado los efectos secundarios, pero a partir de esta tarde lo pasará muy mal- explicó- Por eso he mandado a Gabby a dormir, la necesito descansada. Dentro de un par de horas déjala sola y vete a dormir ¿quieres?
- Claro ¿cree que puede quedarse sola?
- Sí, al menos hasta las cuatro o así. Necesito que te quedes, te pagaré las horas extras.


Gabby y Damien eran de los enfermeros y celadores que estaban haciendo un esfuerzo doble para que todo marchara, por eso Gabby había recibido un aumento y Damien recibiría un plus por su trabajo extra.
Finalmente la doctora de fue y el chico entró en el cuarto, cerrando la puerta tras de sí. Cuando miró a Cassie la vio sentada en la cama, escribiendo en el diario que le había dado la doctora el día anterior. Sin hacer ruido se sentó en la silla donde había estado Starla y se quedó observando a Cassie en silencio hasta que terminó.

Le llevó unos quince minutos, pero fue tiempo suficiente para que Damien pudiera observar detenidamente cada facción de la cara de Cassie, cada sutil movimiento de su cuerpo.

- ¿Por qué me miras así?- preguntó la joven, mientras apuraba a escribir las últimas palabras.
- ¿Qué? Em
¿mirarte? No, sólo espero a que acabes. Tómate tu tiempo.
- Nah, ya terminé- dijo ella, cerrando el cuaderno y guardándolo en la mesilla. - Farrel me pidió que escribiera en un cuaderno todo lo pensara o sintiera para no se qué- Damien sonrió, las palabras ‘no se qué’ no saldrían de la boca de la doctora de esa forma.
- Así que llevas un diario como las jovencitas

- Sí, como las crías de doce y trece años
sólo que ellas escriben sobre lo guapo que es su compañero de mesa y yo sobre lo difícil que es estar aquí- esas palabras calaron en el chico, se fue hacia la cama para sentarse al lado de Cassie, pasándole un brazo sobre los hombros.
- ¿Quieres que hablemos de eso?- Cassidy negó, acomodándose entre los brazos del chico.
- Ya me llega con contárselo a Farrel, no quiero repetirme.
- Haremos una cosa, tú me cuentas algo de ti y yo algo de mi
un intercambio, así aunque tengas que repetirte conseguirás algo a cambio- ofreció, acunando a la chica.
- Vale, pero empiezas tú.
- ¿Y qué quieres sabes?
- ¿Qué le pasa a tu hermano?
- Sebastian está bastante mal. Es como Hazel o Regina, esquizofrénico. Sus delirios se intensificaron hace dos años y mis padres tuvieron que ingresarle aquí- explicó, serio. Ahora era su turno- ¿Por qué te esfuerzas tanto en mantener viva a tu hermana?- Cassie se tomó su tiempo antes de contestar.
- Verás
Hope era especial. Era quien me sacaba de líos, quien me ayudaba a estudiar
Era la guapa, la alumna sobresaliente, la chica popular
La gente me conocía como ‘la hermana de Hope’ y yo estaba orgullosa de serlo. Cuando la perdí todo mi mundo se vino abajo- eso le resultaba tremendamente familiar a Bastien, en el colegio a él le pasaba lo mismo con su hermano- Nunca he visto a tus padres por aquí, creo
¿Vienen a veros?
- Verás, Cassie, cuando ingresaron a mi hermano decidieron mudarse a Florida, querían que me fuera con ellos, pero eso suponía no ver a Bastian, así que me negué. Estudié un par de años un módulo de auxiliar de enfermería y entré a trabajar aquí. No es por el dinero, no lo necesito
es por estar con él- sonaba repetitivo y el cariño que le tenía a su hermano se asemejaba al que Cassie le tenía a Hope- ¿Dónde aprendiste a dibujar así?- Cassie sonrió, le gustaba la pregunta.
- De pequeña me gustaba pintar y mi madre comenzó a enviarme a clases
siempre fue mi vía de escape. ¿Cuál es tu vía de escape?- quiso saber.
- Por desgracia, el tabaco- reconoció, era un vicio horrible, pero no podía/quería dejarlo.- Dime ¿echas de menos a tus amigos?
- ¿Amigos? Pasaron de mi cuando supieron que las cosas iban mal. Hace como medio año que dejé el instituto
era mi último año, podía haberme graduado y ahora estaría en la universidad- dijo con amargura. - Y dime ¿tienes novia?- Damien rió y miró a la chica.
- No, hace un par de meses estuve con una chica, pero no funcionó ¿Por qué me lo preguntas?
- Curiosidad, creo. Tu y Gabby
?
- ¿Gabrille?- preguntó atónito- No, Gabby es como hermana, nos ha ayudado mucho a Bastian y a mi
además, si le preguntas te dirá que no tiene tiempo para novios- ahora fue Cassie la que rió. Para ella, Gabby podía tener a cualquier chico que quisiera.- ¿Y tú?¿Tienes novio?
- No- dijo negando- Había un chico, pero voló con los que creí que eran mis amigos.- Se hizo el silencio y el chico sintió que debía rellenarlo.
- La gente a menudo se asusta de las cosas que no entiende. No les culpes por ser unos ignorantes, Cassie. Si no saben estar a tu lado es que no te merecen- trataba de darle ánimos.- Y ese chico que pasó de ti
¡es un idiota! No sabe lo que se pierde.


Y sí, había conseguido animarla. Siguieron intercambiando información tinta (color favorito, fechas de cumpleaños, gustos
) hasta que Damien tuvo que irse. Dejó sola a Cassie, dibujando, y fue a la sala de enfermeras a echarse en el catre libre. Al entrar trató de no despertar a Gabby, que dormía plácidamente a pesar de lo incómodos que eran los camastros.

Pasó la hora de la comida, sin incidentes, o les hubieran avisado. Todo iba bien y parecía tranquilo, pero hacia las cinco de la tarde se dio un aviso, algo pasaba en la 205. La luz roja se encendió en el tablero de la sala de enfermeras, eso significaba que Cassie había pulsado el botón de aviso del cabecero. Una enfermera que tomaba café despertó a Gabby quien, al ver la hora, te temió lo peor.

Echó a correr hacia el cuarto de la chica, mientras Damien se calzaba para seguirla, y cuando llegó se encontró a Gabby en el suelo del baño, al lado del retrete, había vomitado, estaba agazapada y llorando. Fue a arrodillarse a su lado.

- Cassie, cielo ¿cómo estás?
- Duele mucho
me arde el estómago y la cabeza me duele- dijo, llorando de dolor, evitando que Gabby la tocara.
- Es la nueva medicación, cielo, tienes que aguantar.
- ¡No puedo!¿Por qué me la dieron?- trató de seguir hablando, pero necesitaba seguir vomitando. Gabby le sujetó el pelo y en ese preciso instante llegó Damien.
- Tráeme suero oral y paños húmedos ¡rápido! Tranquila, Cassie, se pasará- trató de calmarla.
- Sédame, quiero que pare el dolor, quiero dormir

- No puedo, está contraindicado a tus pastillas, tendrás que aguantar- Como pudo la levantó y la llevó hacia la cama.

Allí trataron de darle el suero oral para asentarle el estómago tras vomitar y se pusieron paños fríos en la frente para contrarrestar el mareo y ayudar con el dolor de cabeza.
Tras eso Gabby ya no se separó de la cama de Cassie. Tenía órdenes de que no se saltara ninguna comida, pero tal y como estaba iba a ser muy complicado.


Gabby se quedó horas a los pies de la cama de Cassie. A las nueve de la noche era la hora de la cena y Gabrielle tenía órdenes estrictas de que la muchacha no se saltara comidas. Sin embargo y con los efectos secundarios de la nueva medicación de Cassidy, no había forma de hacerla comer.

-Por favor, Cassidy, tienes que comer- Le decía la enfermera, tratando de hacer la comer un puré de verduras, como si fuera una niña pequeña.
-No ¡NO! No pienso comer- decía apartando la cara cada vez que Gabby intentaba que comiera.
-Por favor, cielo, no puedes saltarte comidas, tomar la medicación con el estómago vacío es peor...
-¿Y qué más da si volveré a vomitarlo todo?- buena pregunta, pero tal y como decía la chica, debía tener algo en el estómago para evitar el daño de la medicación.
-Cassie, no me obligues a atarte para darte la cena, por favor.
-¡Atrévete!

La respuesta de la chica le sorprendió, Cassie era más dulce, al menos lo había sido con ella. Aquello era una provocación directa y le daba más razones para obligarla a comer. Finalmente Gabrielle llamó a Damien por el walkie- talkie.

-Damien ¿me oyes? Ven a la 205, vamos a atar a Cassie.
-No lo vais a hacer- dijo Cassidy con convicción.
-Lo siento, pero sí- con Damien sería mucho más sencillo, el podría sujetar a la joven, Gabrielle sola no sería capaz. Enseguida llegó el chico que trató de convencer a Cassidy para que comiera.
-Cassie, por Dios, come algo- la chica negó, enfadada- No nos obligues a atarte...
-No quiero comer, no me siento bien... no volveré a pasar por lo de esta tarde. Podéis atarme o dejarme los brazos llenos de moratones como la última vez, pero no piendo comer ni tomar esa medicación... - A Damien le dolió que volviera a sacarle el tema del día que había tenido que agarrarla y le había hecho daño.
-Ya está bien. Damien, átala. ¿Estás segura de que no puedo hacerte comert?

Gabrielle era todo corazón, pero cumpliría con su trabajo y haría cenar a Cassidy como fuera. Le costó y tuvo que pelear, pero consiguió hacerla terminar hasta la última cucharada de puré y también consiguió darle la medicación. Damien salió del cuarto cuando los gritos y las quejas de Cassie se le hicieron insoportables, pocas horas antes habían estado juntos y esa chica, la que gritaba atada a la cama, no era la misma.

-Ya está, hemos acabado- anunció la enfermera, recogiendo la bandeja de la comida- Podía haber sido mucho más fácil, Cassie.
-Que te jodan- respendió, sin siquiera mirarla- Regina tenía razón, eres una zorra.

Sin decir nada y aparentando que no le había molestado lo que Cassie había dicho, salió del cuarto. Tenía un margen de tiempo considerable entre la cena y el comienzo de los efectos secundarios de las pastillas, así que fue a comer algo a la sala de enfermeras, donde estaba Damien.

-¡Hey!¿Estás bien?- preguntó el chico, pasándole una mano por la espalda para animarla,
-Dice que soy una zorra, que Regina se lo dijo...- en verdad la entristecía, porque ella se desvivía por sus pacientes.
-No, no... no le hagas caso ahora, no sabe lo que dice. Ha pasado una tarde horrible, yo tampoco querría repetir...
-Hemos tenido que atarla... he tenido que obligarla a comer- no le gustaba, pero era su trabajo y era lo mejor para Cassie, aunque le doliera.- Me siento como un mounstro- añadió, escondiendo la cara entre las manos.
-Gabby, vamos... no digas eso- Damien era incapaz de ver sufrir a alguien, y menos a alguien cercano. Abrazó a la enfermera y le dio un beso en la frente- Cassie está confusa y enfadada, no piensa eso de ti y lo sabes.Ga..Gabby ¿estás llorando?- preguntó, sorprendido, al notar que la chica sollozaba.
-No, no... sí, es que estoy cansada y esto no me ayuda- dijo, separándose un poco de los brazos del chico.- Gracias, Damien.
-Vete a casa... miraré el tablón y veré quien está libre, además, en breves Cassie se dormirá- Normalmente Gabrielle se hubiera negado, pero estaba cansada y hacía horas que su turno había terminado.
-Gracias, Damien, no sé como agradecértelo...
-No hagas nada, no tienes que hacer nada... sólo descansa y vuelve mañana con las energías que tienes siempre ¿vale? Hazlo por tus pacientes...- por un instante, por un sólo instante a Damien se le pasó por la cabeza lo que Cassie le había insinuado ¿Gabby y él? No...

Finalmente la chica se fue, necesitaba descansar y recuperarse, sabía que Damien la cubriría en caso de que alguien se quejara de su ausencia. El problema fue la escasez de enfermeras del hospital, por lo que fue el propio Damien que tuvo que hacer las rondas de Gabby. Le extrañó muchísimo que Cassie no llamara en ningún nomento a la enfermera tras desatarla, el problema era que no saba abasto, ya que tenía que hacer de chico de los recados para las y los enfermeros de guardia.

Hacia las tres de la mañana le llamaron su walkie-talkie... por el que le había dado a Cassie.

-Damien ¿es-estás ahí?- preguntó, con voz entrecortada.
-¿Cassie, estás bien?- él estaba en la punta contraria del hospital, le llevaría un rato llegar.
-Necesito hablar con Gabby, necesito decirle que lo siento- respondió sollozando.
-Gabrielle se ha ido a casa, no se encontraba bien.
-Y ha sido por mi culpa... Dios, soy lo peor que hay en el mundo, no me extraña que me encerraran aquí- el sollozo se convirtió en llanto y Damien se preocupó y aceleró el paso.
-Cassie, no ha sido por tu culpa.
-¡Le dije algo horrible que no era cierto!
-Lo sé, podrá disculparte mañana por la mañana. Ahora deberías dormir...
-No puedo, lo he intentado pero he estado vomitando y no me siento bien... todo me da vueltas y no hago más que pensar en Gabrielle y en mi hermana y el todos lo que pasó- confesó, abrumada y entristecida.
-¿Por qué no has avisado a al enfermera? Tienes que avisar de estas cosas. Voy para allá, espera un segundo- el paso acelerado del chico terminó siendo una carrera que lo dejó sin aliento.


Al llegar al cuarto de Cassie se la encontró de nuevo en el suelo, sentada al lado de la mesilla, con las rodillas contra el pecho. Se arrodilló a su lado y la zarandeó un poco para que reaccionara.

-Cassie, dime que estás bien.
-Estoy bien- mintió, mirándole con cara triste- Necesito ver a Gabby, por favor...
-Gabby no está, mañana en cuanto llegue vendrá a verte- le garantizó.
-Se ha ido porque me odia...
-No, se ha ido porque necesita descansar. Venga, voy a subirte a la cama- como pudo ayudó a Cassie a incorporarse, pero ella estaba muy débil. Trataba de ayudar, pero le costaba mantener el equilibrio tras el mal día que llevaba...con lo bien que había comenzado.

Damien tumbó a Cassie en la cama y la tapó con las mantas. Después volvió al lugar donde encontrara a la chica, allí estaba su walkie-talkie, que guardó en la mesilla para que nadie lo encontrara. Después volvió con la chica y se arrodilló al lado de la cama.

-Trata de dormir ¿quieres?
-No puedo...- tenía demasiadas cosas en la cabeza.
-Necesitas descansar o te pondrás peor. Hazlo por Gabby, cuando regrese mañana querrá verte mejor- sabía que era difícil, pero se quedaría en el cuarto hasta que se durmiera si era necesario.

Finalmente, eso hizo y Cassie tardó una media hora en dormirse, pero al fin logró descansasar. Luchar contra el poder de las pastillas era inútil.

Y pasó la noche, sin complicaciones, Damien incluso pudo echarse una cabezada en la sala de enfermeras. A la mañana siguiente, cerca de las once, alguien le despertó. Su siesta se había alargado más de los normal y nadie había querido despertarle... hasta que Gabby llegó. Le dio ligeras pataditas con la punta del pie, sonriendo, hasta que el chico reaccionó.

-Toma, dormilón, te vendrá bien- dijo dándole un vaso de café mientras se quitaba su bolso bandolera.
-¿Qué tal has dormido?- preguntó él, amable.
-Bien, muy bien. Me hacía falta tumbarme en mi propia cama. Tú en cambio...
-Descuida- dijo incorporándose, con cuidado de no verter el café.- Me he echado una buena siesta, esto ha estado tranquilo hoy.
-Me gustaría ver a Cassie¿cómo ha pasado la noche?
-Fui a verla, estaba llorando... quería disculparse- se saltaría la parte de los walkies.
-¿De verdad? Dios, si es un cielo... es normal que se enfadara, la obligué a comer y la até, ella odia eso. Iré a verla- Gabrielle bebió apurada su café y se puso su bata.

Le hacía ilusión ver a la chica, solía cometer el error de encariñarse demasiado con sus pacientes y luego le pasaban cosas horribles,como le había pasdo dos años antes. Una larga historia...
Al entrar en el cuarto de Cassie, contenta, no vio a nadie en ella.

-¿Cassie?- miró en el baño, pero tampoco estaba ahí. Rápidamente se preocupó y llamó a Damien- Damien, Cassie no está en el cuarto, ven enseguida- sí que había sido útil la idea.

El chico fue corriendo y fueron primero a mirar en el comedor, luego al patio, las salas de terapia, la sala de curas... no estaba en ninguna parte. Llamaron a Meredith, pero no contestó, se había ido a casa tras un turno de doce horas seguidas. Nerviosos fueron registrando una por una todas las habitaciones. No podían haberla perdido, debía estar en alguna parte...


Desconcertada y sin saber muy bien qué hacía, Cassie había salido de su cuarto y se había dirigido al cuarto de Hazel, que llevaba dos días atada prácticamente en todo momento, sin dormir y sin comer, ya que se negaba a aceptar nada que vinviera de los enfermeros o enfermeras si no era su medicación. Tenía sudores fríos y ataques incontrolados, respiraba atropelladamente y le temblaban las manos. La habían cambiado de cuarto, igual que a ella y estaba demasiado lejos... Cassie jamás podría explicar como llegó allí sin perderse.

-Hazel... ¿estás bien?- preguntó quedándose de pie al lado de la cama, mirando a la chica que siempre había sido tan dulce y manejable. Hazel no contestó- ¿Por qué te han atado?
-¿Por qué te ataron a ti?- ¿Cómo podía saberlo ella?
-No quería comer...
-Terminarán contigo poco a poco... esto no es un hospital, es una cámara de tortura ¿Sabes dónde está Reggie?- Cassie negó, Hazel miraba a un punto fijo en el techo y hablaba muy despacio, con voz cansada- Electroshock... descargas eléctricas a través del cuerpo.- Eso era terrible, a parte de muy doloroso, en verdad parecía una tortura.- Después de eso ya no eres la misma. Te inflan a pastillas y luego todo se queda en blanco y pasan los meses bajo el mando de las pastillas que se llevan poco a poco lo que queda de tus sueños hasta que estás vacía... eso me hicieron a mi.- Hazel no apartaba su mirada del techo. Pero donde Cassie veía una mancha de humedad, la chica veía mucho más- Están ahí, en esta habitación, me metieron aquí para que ellos se ocupen de mi... Cassie, necesito que hagas algo por mi.
-Claro, dime- el discurso filosófico de Hazel la había dejado más anonadada de lo que ya estaba.
-Necesito que me desates.

Las chicas se miraron durante unos segundos. La cara suplicando de la pequeña y dulce Haz terminó convenciendo a Cassidy, que la desató. La muchacha se levantó y miró a Cassie a los ojos.

-Eres gilipollas- dijo con asco. Cassie se sorprendió pero antes de que pudiera reaccionar Hazel la dejó sin sentido. Un golpe seco fue suficiente para dejarla cao en su estado, lo extraño era que probablemente Hazel estuviera más agotada y consumida que ella.

No supo cuanto tiempo exactamente pasó hasta que se despertó, en la cama de su cuarto, atada y rodeada. La doctora Farrel estaba allí y también Gabby y Damien. Lecostó un rato despejarse y entender donde estaba.

-¿Qué ha pasado?- nadie contestó. Todos seguían mirándola pero nadie contestó. Se incorporó y miró a su alredor. Farrel parecía enfadada, Gabby triste y Damien... se levantó y se pasó una mano por la cara, confuso y cansado.- ¿Qué...?
-¿Desataste a Hazel?- preguntó la doctora, aunque ya sabía la respuesta. Cassie asintió con algo de miedo, comenzaba a darse cuenta de que había hecho algo malo- ¿Tienes idea de lo que has hecho?- Ahora negó, ya no sentía miedo, sentía auténtico terror- Hazel ha intantado tirarse desde una de las ventanas que dan al patio- Los de la limpieza la dejaran abierta por descuido y ella lo aprovechó.
-Te buscábamos a ti pero la encontramos a ella, Damien consiguió agarrarla- añadió Gabby, pálida. Por eso él parecía tan preocupado, tan confuso. Cassie negaba nerviosamente, ella no podía ser la culpable de eso. Todos parecían esperar una respuesta por su parte.
-Lo siento- fue lo único que se le ocurrió decir- No lo sabía... ella me lo pidió y...
-No puedo fiarme de ti, Cassidy- dijo la doctora, enfadada pero tranquila- Hasta que te acostumbres al neuvo tratamiento...
-¡No me ate!- suplicó la niña, aterrada.
-No te ataré... te trasladaré al ala norte, a aislamiento. Te cambiaré de enfermera hasta que te acostumbres a la medicación y vea un progreso...
-Pero estoy progresando- dijo Cassie, nerviosa.
-Por cada paso que das adelante das dos hacia atrás... - Cassie se puso a temblar por los nervios, negaba frenéticamente con la cabeza y comenzó a marearse.
-Necesito vomitar...- Gabby se levantó y la acompañó al baño. Los nervios y las pastillas la consumían poco a poco y la perspectiva de que la metieran por tiempo indefinido en un cuarto aislado la enfermaba aún más.- Gabrielle, dile que no me haga eso... por favor, no podré soportarlo.
-Hazel ha estado a punto de suicidarse. Si atamos a los pacientes es por algo- dijo, más tranquila de lo que estaba en realidad, ayudando a Cassidy a ponerse en pie y ayudándola a ir hasta el lavabo.- -Te mereces el aislamiento.
-No, no, no... te prometo que me portaré bien. Siento lode ayer, lo siento...- aunque no se diera cuenta se estaba poniendo más nerviosa y incontrolable de lo que le gustaría y Gabby tuvo que avisar a Damien para que la sujetara.

A todos les resultaba sumamente doloroso hacerle eso a Cassidy, pero no había forma de hacerla progresar. La dejaron en el cuarto a solas durante unos minutos, para que se tranquilizara, aunque sin éxito. Destrozó gran parte del cuarto. Sabía que no podía llevarse nada pero logró colar el walkie-talkie bajo la ropa.


-Damien, diles que no me hagan esto, por favor... lo siento, lo siento mucho. No lo volveré a hacer- por mucho que suplicara Damien no le haría caso, no podía ceder en esa ocasión.

Al final la trasladaron a un cuarto aislado en el ala norte, como estuvo Sebastien y como estaba Regina y, probablemente estaría Hazel si no se mataba antes. Tras tres horas sola aquello era un infierno. Mil voces en su cabeza le decían cosas incrompensibles y cada vez se sentía peor. Había estado sola más veces y durante más tiempo... pero aquella vez era diferente. Llegó la noche y tras una escueta cena y la medicación comenzaron los mareos y el dolor de cabeza. Le ardían las entrañas y todo le daba vueltas. Pero su enfermera la ayudaba en lo justo... cuando creía que nada podía ir peor la alejaban de la gente que pretendía ayudarle.

-Damien... sé que estás ahí- había podido colar el walkie por la buena voluntad de la doctora que no creyó conveniente cachearla al ver que no se llevaba sus cuadernos ni pinturas. No se esperaba nada parecido a un walkie-talkie porque ignoraba que tuviera uno- Sé que me oyes... contesta por favor. Damien...

Y Damien le escuchaba, estaba sólo, en los baños de empleados, sentado en el suelo, desquiciado y cansado. Le estallaba la cabeza. No sabía por qué, pero había desconectado el walkie de enfermeras y había conectado el otro. Quería contestar, no quería dejarla sola, pero no podía hablar con ella, la reclusión era un castigo... debía dar gracias porque era eso y no lo mismo que le hacían a Regina, aunque sus enfermedades no eran comparables.

-Damien... ¿por qué me haces esto?- suplicaba entre sollozos- Por favor...

La llamada desesperada de una mente enferma. Damien se odiaba por haberla dejado sola, se odiaba por no correr a su cuarto a consolarla... se odiaba por sentirse como se sentía, por sentía algo por Cassie, por una paciente... por una niña.Pasaron doce días hasta que Cassie pudo volver al ala sur, a su cuarto. Durante ocho días los efectos secundarios fueron de más a menos, hasta que el cuerpo de la niña se acostumbró a ellos. Los otros cuatro días los pasó allí hasta demostrarle a Farrel que podía salir sin volver a armar un alboroto. Le daría otra oportunidad.

La doctora Farrel y Meredith la acompañaron a su cuarto y cuando aún no habían salido del ala norte se cruzó con los dos enfermeros que llevaban a Regina. Una Regina que no era ni la sombra de lo que había sido. Estaba muy delgada y pálida, su pelo había perdido fuerza y vigor, igual que sus ojos, ahora apagados, vacíos... tristes. Estaba ojerosa y sus labios agrietados mostraban una mueca de dolor. Cuando se cruzaron por el pasillo ambas se miraron y, aunque Cassie no pudo decir nada, Regina sacó fuerzas para musitar:

-Esto es culpa tuya...

¿Por qué?¿Qué había hecho ella? Hazel casi muere por su culpa, Regina la culpaba de su situación ¿Es que no podía hacer nada bien? Se sentía una basura, inútil e inservible, torpe... lenta.

Cuando llegó a su cuarto se tumbó en la cama, en posición fetal, sin decir absolutamente nada. Meredith se fue, pero Farrel se quedó. Llevaba una carpeta y un bolígrafo.

-¿Cómo te sientes?- preguntó. Cassidy no contestó.- ¿Te duele el estómago?
-No...
-¿La cabeza?
-No...
-¿Te mareas, sientes náuseas?- la chica volvió a negar. Farrel suspiró y se acercó a la cama de la chica- Sé que ahora mismo me odias, pero podía haber sido muhco más fácil, Cassidy. Tu dolencia no afecta a tu criterio, distingues perfectamente el bien del mal y sabías que desatar a Hazel estaba mal.- La chica siguió sin contestar y sin hacer ningún movimiento.- Ahora me veo en un problema. No sé si volver a asignarte a Gabby o cambiarte de enfermera...
-Cámbiala... Gabrielle me odia, será lo mejor.
-No te odia, son cosas tuyas, Cassie.
-No quiero que me vea... y no quiero ver a Damien.- Eso sí que le extrañó a la doctora.
-¿Por qué no?
-Le odio... es despreciable. Doce días de silencio... es un mentiroso manipulador- La doctora abrió los ojos con sorpresa.
-No te entiendo, Cassidy. Tenías una buena relación con Gabrielle y Damien y ahora no quieres verles... ¿qué te ha ocurrido?
-Doce días encerrada en un cuarto aislado, a nadie le ha importado si estaba bien. No han aparecido... y usted no ha venido hasta el noveno día. ¿Cómo me voy a creer que se preocupan por mi?
-Se llama aislamiento por algo, Cassie...
-Sí, desaté a Hazel ¿y qué? No es peor que lo que le han hecho aquí. Y si se tira por una ventana, que se tire... nadie la espera fuera y ella ya está muerta por dentro- Starla abrió los ojos sorprendida.
-Dios míos, Cassidy ¿qué te ha ocurrido?

La que parecía haber muerto por dentro era ella y Farrel no podía permitir que se aislara, volviendo así al punto de partida. Por esa razón le volvió a asignar a Gabby como enfermera y a Damien como ayudante. Estaría vigilada prácticamente las 24 horas del día, como al principio, así que debería hacer muchos progresos para conseguir tener, de nuevo, un poco más de libertad.

Siguiendo la dieta y el horario que le había asignado el doctor Dempsey, a las dos en punto Gabrielle estaba en el cuarto de Cassie para llevarle la comida. Farrel le había avisado del nuevo comportamiento de la chica, por lo que iba preparada para cualquier cosa... o casi cualquier cosa.

-Cassidy, es hora de comer- dijo, dejando la bandeja sobre la mesilla- Por favor, incorpórate.- Cassie obedeció y se incorporó. Comería, pero sin decir absolutamente nada.-Y bueno ¿cómo te encuentras?- silencio, sólo obtuvo silencio- Han sido muchos días... no nos han dejado verte.
-Da igual... me lo merecía- palabras de su enfermera. Gabby recordaba aquel momento y se arrepentía de verdad de habérselo dicho pero había estado muy nerviosa.
-Cassidy, lo siento. No debí decirte eso.
-Todos sentimos cosas, nos equivocamos, decimos cosas que no queremos decir...- hablaba mirando directamente a la comida, tragando muy despacio- pero que lo sintamos no arregla nada, no cambia el hecho de que hemos herido a otras personas.
-No quise hacerte daño...
-No me lo has hecho... necesitas mucho más que eso para conseguirlo- Gabrielle se quedó sin voz, mirando a la chica triste, sintiéndose como un mounstro... sentía eso demasiado amenudo.
-Farrel dice que no quieres ver a Damien- Cassie asintió, fingiendo que no le importaba el tema y Gabby decidió ilustrar la historia.- Hace dos años había una chica... se llamaba Claudia. Claudia era la niña más guapa que había visto nunca, tenía quince años y una mente brillante, pero estaba realmente desquiciada... su familia, el entorno pernicioso en que la habían criado, todo lo que le habían hecho la había llevado poco a poco a la locura. Ninguna enfermera quería ocuparse de ella, así que me la asignaron a mi... era mi única paciente y hablábamos durante horas, era como hablar con alguien de mi edad... lo entendía todo y hablaba de todo de una forma deliciosa,como si supiera con exactitud cada dato, cada fecha, cada detalle.- Hizo una pausa para tragar saliva y suspirar, entristecida- Le tomé mucho cariño a Claudia e incluso pensé que había mejorado, pero un día tuvo un ataque... luego otro y un día nos la encontramos sobre el capó del coche del antiguo director. La habían dejado mal atada... se escapó y se lanzó desde el tejado. No sabemos como burló toda la seguridad hasta allí arriba...Tenía quince años y toda una vida por delante. No te hecho la culpa de lo que pudo pasarle a Hazel... estaba confusa en ese momento.
-Una historia muy triste, deveras, si pudiera llorar lo haría- a Cassie le estaba costando muchísimo ser así de desagradable con su enfermera, pero creía que si se comportaba así terminarían asignándole a otra persona.
-¿Vas a ser así tú? Vas a hipnotizarme, a hacer que tome cariño y luego vas a tirarlo todo, a cerrarte a desear morir... no me hagas eso... no te hagas eso, por favor- pidió mirándola con ojos suplicantes.
-Hace mucho que deseo morir, Gabrielle y si la única razón que tienes para querer que me cure es no sentirte mal, eres una egoísta-Cassie dejó su bandeja de nuevo en la mesilla y se levantó-Quiero que te marche.
-Perfecto- si esa era la actitud de Cassie, Gabby se amoldaría a ella- El problemas es que has perdido el derecho de voz y voto y harás lo que yo te diga cuando yo te lo diga. Así que siéntate, come y tómate la medicación.
-¿Y si no quiero me atarás?
-¿Quieres probar? Quizás otra semana en aislamiento te venga bien?- le espetó, furiosa y enseguida se sintió culpable. Se hizo una pausa, Cassidy parecía no reaccionar y Gabrielle se acercó y la abrazó con fuerza.- Te quiero con locura, pequeña, y quiero que te pongas bien... pero tienes que querer tú. Hay demasiadas cosas ahí fuera que no puedes perderte...
-Ha sido horrible ¿por qué no me sacaron antes? Yo no quería que Hazel se hiciera daño, pero ella me lo pidió, no era yo misma... no se qué me pasó- las explicaciones de la chica se atropellaban torpemente, quería decir demasiadas cosas.
-Mírame- pidió, agarrándo su cara entre las manos.- Cassidy, estoy aquí exclusivamente para ti, para cualquier cosa que necesites, como Farrel y como Damien... estos últimos días ha sido como una fantasma... no ha podido ver a su hermano, no ha podido verte a ti... estaba tan ilusionado de que hoy volvieras.
-Y yo dije que le odiaba...
-Sí.
-Es que le odio- admitió- Tú no puedes entender por qué, pero te puedo asegurar que él sí lo entiende.- La enfermera se sorprendió, pero los temas entre Cassie y Damien sólo podían arreglarlos ellos dos.
-Como quieras. Termina de comer y toma tu medicación. Tengo que hacer una ronda y atender una terapia de obsesivo-compulsivos a las cuatro... Damien se quedará contigo hasta que termine. Háblalo con él- sonrió y ayudó a la niña a sentarse. Le puso la bandeja sobre las piernas y se quedó con ella hasta que terminó de comer y se tomó sus pastillas.

Comprobó que los efectos secundarios hubiera remitido e hizo un último apunte antes de irse.

-Cassie, mañana tienes tu primera evalución y tu analítica. El doctor Dempsey se encargará, hablará contigo y te hará varias pruebas... no estés nerviosa, será sencillo. Sólo quería que lo supieras.

Gabby se fue y por unos minutos Cassie se quedó sola. En los doce días que la niña pasó en aislamiento Damien no fue el mismo. Hasta el octavo día la escuchó hablar a ratos por el walkie, podía haberlo apagado,pero era la única forma que tenía de oir su voz... aunque le matara no poder contestar. El saber que la chica le guardaba rencor era muy doloroso y se sentía muy nervioso sabiendo que tendría que pasar un par de horas con ella. Cuando entró en el cuarto Cassidy estaba recostada en la cama, dándole la espalda a la puerta.

-Hola, Cassidy- saludó, cerrando la puerta tras de sí.- ¿Cómo te sientes?
-Márchate, puedo quedarme sola. Yo no me lanzaré por una ventana- respondió ella, antipática y enfadada.
-No seas así, lo siento...- La chica se dio la vuelta de pronto y se sentó en el borde de la cama.
-Te estuve llamando... todos los días y no me contestaste.
-Estabas en aislamiento, no podía- se excusó Damien, mirando al suelo, sin atreverse a dar un paso más.
-No necesitaba que vinieras... sólo saber que estabas ahí- ciertamente, podía haberle dicho algo, lo que fuera, pero en aquellos días le había parecido lo mejor respetar el periodo de aislamiento.
-Cassie...- se aceró a ella, sin pensar.
-No te me acerques... ahora mismo no quiero ni verte- pero tendría que soportarlo. Lo mejor que podía hacer era intentar dormir, pero antes...- Llévate el walkie-talkie, ya no lo necesito.

No, no se lo llevaría, lo dejaría allí por si algún día lograba perdonarle, mientras se quedaría en silencio vigilándola, por si pasaba algo o por si necesitaba algo.

Pasaron las horas y Farrel dejó irse a casa tanto a Gabby como a Damien, Meredith se ocuparía de sus pacientes durante el turno de noche.

-Es tarde- comentó el chico mientras abandonaba el edificio- ¿Te acerco a casa?
-No, no te molestes- se negó Gabrielle- iré en autobús.
-La última línea pasó hace dos horas, no es molestia. Venga, vamos...- ofreció. Al final Gabby aceptó, pero no era de las chicas que dejaban favores a deber.
-¿Te apetece cenar comida china?
-Nunca la he probado- comentó el chico, encogiéndose de hombros.
-¿Qué? ¡Oh! ¿Pero qué clase de vida llevas? Gira a la izquierda en la siguiente calle- Damien debía probar la comida favorita de la chica, era lo mínimo que podía hacer.

El problemas surgió al llegar al restaurante, era demasiado tarde y estaban a punto de cerrar, así que si querían comida china, tendría que ser para llevar.

-La tomaremos en mi casa- dijo ella, sacando la cartera.
-¡Hey! Si tú pones la casa yo pongo la cena- no dejaría que Gabrielle pagara, quería invitar él, se sentía en deuda con la chica en muchos sentidos e incluso así pensaba que la iría pagando.
-No, de eso nada...
-¿Vamos a discutir por la cuenta?- nah, no discutirían por nada. Damien pagó la comida y luego fueron al piso de Gabrielle. Era casi la una de la madrugada y ambos estaban cansados, sin embargo la comida, las cervezas y la conversación los mantuvieron despiertos hasta cerca de las tres de la mañana. -Creo que será mejor que me marche, es muy tarde y mañana entramos pronto.
-No- dijo Gabby negando con la cabeza- es tardísimo y vives muy lejos. Quédate, el sofá no es gran cosa, pero es mejor que un accidente de coche- Habían tomado unas cervezas y eso daría positivo si lo paraban en un control de alcoholemia.
-Gabrielle, no sé si será lo mejor...- podía dar lugar a confusión, aunque sólo fueran amigos y aquello fuera otro favor. Se hizo un silencio incómodo durante unos segundos en los que ninguno de los dos tuvo idea de qué decir o como reaccionar.- No pienses que...- ¡Arg! Y era peor si intentaba arreglarlo.
-No, no te preocupes... lo entiendo, sólo lo decía porque bueno, tu casa está lejos y es tarde y...- otro silencio, más incómodo que el anterior. El especio entre los dos parecía disminuir y la situación se hacía cada vez más tensa.

Gabby jamás podría explicar por qué lo hizo, pero cuando fue consciente de sus actos, estaba de puntillas ante Damien a a penas un centímetro de su cara. Él no se movía, estaba paralizado, perdido en los ojos de la chica, no podía pensar en nada y terminó siendo él quien recortó la escasa distancia que le separaba de su compañera. Se fundieron en un largo y cálido beso y pronto él la rodeó con ambos brazos por la cintura, acariciándole la espalda y ella posó ambas manos en su cuello y acercaron sus cuerpos al máximo.
Aquella noche, Damien no durmió en el sofá...

...................................


A la mañana siguiente Meredith le llevó el desayuno a Cassie, pero no mantuvieron conversación alguna mientras la muchacha comía. Tras tomarse al medicación, la nueva enfermera le retiró la bandeja y le hizo compañía hasta que llegó quien la sustituyera. Hacia las diez y cuarto Gabrielle y Damien fueron al cuarto de la chica, tenía su primera evaluación esa mañana a las diez y media.

Cuando ambos entraron en el cuarto Cassidy se fijó en que los dos llevaban el pelo mojado e hizo un comentario con afán de bromear.

-¿Os habéis duchado juntos?- lo preguntó con una sonrisa, que se le borró enseguida al observar la cara de Gabby.
-¡NO!- negaron ambos al tiempo, avergonzados. Era pura matemática. Más por más, más. Más por menos, menos. Menos por menos, más.
-Doble negación... eso significa que sí- Eso significaba una puñalada por la espalda... Damien le había dicho que no pasaba nada entre ellos y, por alguna estúpida razón, ahora me molestaba saber que sí tenían algo.
-Cassie, nosotros...- comenzó a excusarse la enfermera.
-No, no necesito explicaciones, tengo mi evalución ahora ¿no?- trató de hacer como si no le molestara, pero no era buena mentirosa, nunca lo había sido.

Gabrielle la llevó a su evalución en silencio, Damien prefirió irse, para no tener que soportar la presión de su error, porque sí, ambos llegaron a la conclusión de que había sido un absurdo desliz.

Fue el doctor Dempsey, el médico de Hazel, quien llevó a cabo la evalución psicológica y, sorprendentemente, Cassidy sintió que lo había hecho bien. Contestó todo lo contrario a lo que pensaba o sentía. Mintió todo lo que pudo en cada pregunta, juró y perjuró que estaba bien, feliz, que ya había superado lo de su hermana y que ya podía hablar libremente sobre el accidente. Dijo haber aceptado estar allí y se inventó una vaga excusa para su error, el haber desatado a Hazel... eso parecía molestar mucho al doctor, pero era normal, era su primera paciente.

Tras eso vino la analítica. Le extrajeron sangre, le pesaron, miedieron, le hicieron pruebas psicotécnicas (vista, oído), de reacción a estímulos y demás pruebas absurdas e indoloras, que era lo que más le preocupaba. Terminaron cerca de la una del mediodía.

Generalmente las evaluciones duraban menos, pero al ser la primera, Dempsey había decidido tomarse más tiempo. Al terminar acompañó personalmente a la muchacha a su cuarto, parecía mucho menos severo tras la charla. Le felicitó y se marchó en cuanto entró Farrel. La doctora quería hablar con su paciente para saber qué impresiones se había llevado durante la evalución.

-Buenos días, Cassidy¿Cómo te encuentras?- preguntó, con una leve sonrisa.
-Bien, cansada- admitió, sin mostrar demasiado interés.- ¿Podría pedirle un favor, doctora Farrel?
-Eso depende...
-Me gustaría conocer al hermano de Damien, Sebastien- pidió, mirando a la doctora con ojitos de cordero, para causar algo de pena para que cediera.
-No sé si corresponde, Cassidy, aunque sí me dices por qué queires conocerle, puedo arreglar una pequeña visita, ahora que está de nuevo con los comunes...- es decir, fuera del área de seguridad.
-Damien me hablaba de él, Regina me hablaba de él...siento curiosidad- hizo una pausa y bajó la cabeza- Sé que no me lo merezco pero... no se lo pediría si no fuera importante para mi.
-No entiendo por qué es tan importante, pero...- iba a ceder, por alguna razón era demsiasdo permisiva con Cassidy- ¿Tienes fuerzas ahora?- la chica asintió, sonriendo y Farrel le ofreció su brazo, para que lo agarrara, irían a verlo en ese momento.

El cuarto del chico quedaba algo lejos, pero a la niña no le importaba caminar si conseguía lo que quería. Habitación número 094, dos plantas más abajo. Al entrar Sebastien estaba atado con correas de pies y manos a cama, mirando al techo, despierto y pensativo... le recordaba tanto a como se había encontrado a Hazel.

-Bien, te dejo diez minutos. No le desates aunque te lo pida y no te acerques demasiado, por precaución. Estaré en el pasillo, si pasa algo llámame, la puerta quedará entreabierta- obedecería en (casi) todo y obviamente no le desataría- Si ves que se muestra reacio o violento sal del cuarto... Bastien es un chico problemático.

Tras esas últimas indicaciones Farrel dejó a Cassie en el cuarto, con la puerta entreabierta y ella cogió una silla que estaba al lado de la puerta del baño y la acercó al lado de la cama del chico.

-¿Quién eres?- preguntó él, mirándola de arriba a abajo.
-Me llamo Cassidy- dijo, sentándose al lado de la cama del chico, apoyándo los brazos en el borde del colchón y reposando la cabeza sobre ellos.
-Cassie... he oído hablar de ti- dijo, sonriendo de lado- Damien te ha tomado cariño ¿Por qué has venido?
-Curiosidad...- nunca había podido verle. Se parecía a Damien, ambos guapos y misteriosos a su manera.
-¿De veras?- asintió, más menos, porque tenía la cabeza apoyada sobre los brazos y el cuarto estaba oscuro.- La gente suele tener curiosidad... dicen que estoy loco ¿sabes?
-También lo dicen de mi...
-No pareces una loca... aquí no tienen mucho criterio ¿sabes? Muchos no deberíamos estar aquí- al menos así lo veía él, que no se consideraba un enfermo relamente, ni tampoco Regina lo era, o Hazel o Cassie, sólo estaban algo locos... eran diferentes.- ¿Te ocurre algo, pequeña?- preguntó. Ahora era él quien tenía curiosidad.
-Creo que sí...
-¿Es por mi hermano?- se escuchó un tímido 'ahá'- No me digas que te gusta el pequeño Damien- pequeño para él, que era dos años mayor, pero grandecito para Cassidy.
-No te burles...
-No me burlo, aunque no sé que ves en él- bromeó- el guapo soy yo, así repartieron los genes nuestros padres. Él es el listo y cuerdo y yo el guapo y loco- pero tal y como hablaba no lo parecía, parecía amable y chistoso. Cassie se atrevió a acercarse algo más a la mano atada del chico, que se esforzó por recorrer la barbilla de la niña con su índice, era lo máximo que podía hacer estando atado.- ¿Qué ha hecho?
-Creo que se está acostando con mi enfermera- y no le hacía ni pizca de gracia.
-¿Con la rubia? Está buena- mala respuesta, a Cassidy no le gustó. Era plenamente consciente de que Gabby le daba mil vueltas, pero no necesitaba que se lo recordaran a cada minuto.- Un asunto feo ¿eh?
-Bastante... odio estar loca- bufó, haciendo reir a Bastien.
-Todos lo estamos, sólo que algunos preferimos no ocultarlo. Estás infinitamente mejor que esa enfermera, pero Damien es un hombre y tiene necesidades... está estresado y la rubia está bien. No se lo tengas en cuenta...
-Para ti es fácil, para los chicos es fácil... pero a mi me fastidia, creí que tenía alguna posibilidad- estúpida ella por pensarlo y por estar contándoselo a su hermano. Bastien volvió a pasar su dedo por la barbilla de Cassie y ella se acercó para que pudiera llegar hasta la mejilla.
-Esto no te resta posibilidades, la rubia está en un pedestal, si de verdad se han acostado ahora estará evitándola y se sentirá como una basura... le conozco- rió, recordando algo gracioso- Una vez, cuando éramos pequeños, quiso fastidiarme y besó a una niña de mi clase que me gustaba... un beso de críos, nada de verdad... Creo que estuvo como dos meses sin mirarme a la cara de lo culpable que se sentía- Cassie sonrió, era una anécdota graciosa.
-El te adora...
-Lo sé y me jode que esté tirando su vida por la borda sólo por mi...
-¿Qué quieres decir?- preguntó la chica.
-Él no quería esto, quería ser compositor ¿sabes? Pero dejó la música un año después de comenzar a estudiar e hizo un módulo de auxiliar para venirse aquí a cuidarme... pero sé cuidarme solo- eso no se lo había contado, cuando habían estado hablando se había saltado la parte de que lo que quería hacer con su vida era dedicarla a la música.

En ese momento llegó Farrel y golpeó la puerta, debía marcharse.

-Tengo que irme- se despidió Cassie, poniéndose en pie y arrastrando la silla a un lado.
-Me ha gustado conocerte, pequeña- admitió Bastien, sonriendo- ¿me harías un favor?
-¡No voy a desatarte!- se apresuró a decir ella y él rió.
-No, no... tranquila. Sólo...- suspiró, apenado- si ves a Reggie dile que la hecho de menos y que todo saldrá bien- seguramente ella lo entendería.-¿Lo harás?
-Claro que sí- si es que Regina no se le lanzaba encima para estrangularla cuando tuviera oportunidad de hablarle.- Intentaré volver otro día.
-Eso estaría bien... estar todo el día atado es aburrido- y seguía bromeando y eso hacía sentir culpable a Cassie, ella no había sufrido nada comparada con Bastien y se quejaba muchísimo más. Como despedida se dobló ligeramente y le dio un beso en la mejilla, pero Sebastien no pareció muy complacido.
-¡Oh!¿Sólo un besito? Eso no molestará nada a Damien. Dame un beso de verdad- Cassidy sonrió y se sonrojó, la oscuridad volvía a salvarla. ¿Por qué lo hizo? Qué más daba... se acercó y le dio un beso en los labios, breve y sonrió.
-Hasta siempre...

Farrel la esperaba fuera y aunque la acribilló a preguntas en el camino de vuelta a su cuarto, Cassie no soltó ni prenda. En cuanto llegaron Damien y Meredith estaban allí. Gabrielle estaba atendiendo a una paciente de Meredith que tenía una crisis, así que no podría atenderla durante la comida.

-Meredith, te necesito en el despacho. Damien, quédate con Cassidy mientras come y asegúrate de que se toma toda la medicación- ordenó la doctora.
-Me la tomaré... ahora ya no me hace vomitar- dijo la muchacha, repentinamente feliz. Farrel sonrió y ella y la enfermera salienron del cuarto. En cuanto desaparecienron cerrando la puerta tras de sí, la sonrisa se borró de la cara de Cassidy, que comenzó a comer sin decir nada.
-¿Qué tal tu analítica?- quiso saber Damien.
-Bien- bufó violentamente la chica.
-¿Dónde estabas? Dempsey dijo que habías terminado hace media hora...
-Estaba con tu hermano- esperaba que eso le doliera.
-¿Con Bastien?¿Por qué?
-No es asunto tuyo- con él la excusa de la curiosidad no iba a colar.
-¿Por qué, Cassidy?
-No sé-mintió, haciéndose la tonta- ¿Por qué te tiras a Gabrielle?- Damien abrió los ojos sorprendido, furioso, superado por la situación, pero no podía pagarlo con Cassie, ella no era la culpable.
-Cassidy, eso fue un error y yo no...
-¡No! Damien, acostaros quizás fue un error... ducharos juntos significa que te gustó- y no se lo podía negar, nadie comete el mismo error dos veces si es consciente de que está haciendo algo malo.
-Cassidy, no tengo que darte ningún tipo de explicación, es mi vida- se hizo el silencio y Damien creyó haber zanjado la conversación, pero Cassidy es de esas personas que necesitan tener la última palabra y, en ese momento, sólo quería gritar. Tiró su bandeja al suelo, desperdigando toda la comida y provocando un gran estruendo. Saltó de la cama y se dirigó a Damien.
-¡Tienes razón! Es tu vida ¡Vívela como te plazca, pero a partir de ahora aléjate de mi!- gritó dándole un empujón y yendo hacia su cuarto de baño para encerrarse en él.

¿Y qué hacía ahora Damien más que suplicarle a Cassidy que saliera, que se tranquilizara? Finalmente tuvo que llamar a Gabby, quizás ella consiguiera solucionarlo sin tener que recurrir a Farrel... no querían que la doctora descubriera lo que había pasado.


-¿Y si no quiero salir qué pasará?- preguntaba la chica, resistiéndose a salir del cuarto de baño.
-Cassie, por favor. Lo que haces no tiene ningún sentido- le replicó Gabrielle, seria y muy molesta.
-¿Qué os hará Farrel si supiera lo que habéis hecho?- preguntó, desde el baño, tratando de provocar los nervios de Gabby y Damien.
-Mucho menos de lo que te hará a ti si no sales del baño- respondió Damien, muy enfadado. Hizo a un lado de la enfermera, con cuidado, y habló a la puerta- Volverán a recluirte y esta vez te lo tendrás bien merecido... y no serán doce días, serán más y será peor por reincidir.- Cierto, muy cierto e hizo que Cassidy se replanteara lo que estaba haciendo- Sal, Cassidy.
-Saldré cuando te marches- era la condición que ella ponía y a Damien no le costó demasiado cumplirla. Salió, dando un buen portazo.-¿Ya se ha ido?
-Sí, Cassie, ya se ha ido- bufó Gabrielle, decepcionada. Cassidy salió del baño y miró a su enfermera, primero con ojitos de cordero, suplicando que no la recluyeran, pero enseguida recordó lo que había hecho.-¿Te parece bonito?- Cassidy no contestó.-¿Qué te he hecho, Cassidy?¿Qué estoy haciendo mal?
-Nada, Gabrielle, tú nunca haces nada mal, eres totalmente perfecta en todo- sobraba ironía a raudales. Cassie se sentó en su cama, como si nada hubiera pasado- ¿Cómo pudiste?
-¿Por qué tendría que darte explicaciones?
-Dijiste que estabas para mi, que no me harías daño... pues lo has hecho- ciertamente lo había dicho, pero también le había dicho hacía tiempo que su vida personal no debía afectarle.
-Soy tu enfermera y Damien mi auxiliar.
-¡No! Es MI auxiliar- dijo Cassie enfadada- Es injusto que te adueñes de él.
-¡Ay! Dios mío, Cassidy. No, no, no- no estaba bien, no podía haberse enamorado de Damien, ella era una paciente y él un miembro del equipo del hospital.- No me digas que te gusta...

Escuchar que Gabrielle lo decía le hacía sentir vergüenza así que no pudo hacer otra cosa que bajar la cabeza y encogerse de hombros. En ese momento se dio cuenta de lo ridículo que había sido ponerse así con ellos, porque Gabby no tenía ni idea de lo que ella sentía.

-Cassidy, cielo, no tenía ni idea- temía acercarse, así que se quedó en su sitio y se disculpó, innecesariamente, desde lejos.- Tienes que sacártelo de la cabeza...
-¿Porque lo quieres para ti?
-No, porque es sólo otro de tus caprichos, porque no tendrá futuro, porque te harás daño y porque podrían despedirle...¿quieres que siga?
-¿Le despedirían?- preguntó Cassie, abriendo los ojos sorprendida. No había pensado en eso, en que podía haber consecuenciastan negativas para Damien. Gabby asintió, atreviéndose a acercarse un poco.
-Cielo, no sé si te servirá de mucho, pero entre él y yo no hay nada- sonaba realmente mal.
-No tienes que darme explicaciones-¿Cómo podía cambiar de opinión tan rápidamente?¿A qué venían esos cambios?- No soy su dueña...
-No se trata de eso, Cassie, yo tampoco y ahora ya ni nos miramos a la cara- la niña sonrió, pero no por malicia, si no porque había recordado lo que Bastien le había dicho.-¿Por qué sonríes?
-Bastien me dijo que pasaría eso...
-Espera, espera ¿qué?
-Farrel me dejó conocerle y estuvimos un par de minutos hablando y...
-¿Se lo contaste a Bastien? Joder ¡¿en qué estabas pensando?!- ¿Se lo diría a todo el hospital?
-¡Lo siento! No fui para eso, yo no pretendía...
-¡Cierra la boca!- Gabrielle no sabía que hacer para evitar saltar sobre la niña y estrangularla, debía mantenerse tranquila- Iré a por tus pastillas...

Las había tirado al suelo y debía tomárselas. Gabby salió, dando otros fuerte portazo y no volvió. Mandó a Meredith a recoger lo que Cassie había tirado y a darle su medicación. Meredith nunca hablaba con Cassie y eso solía ser del gusto de la chica, pero aquel día le estaba resultando muy incómodo. No pudo pensar con claridad hasta que volvió a quedarse sola y lo que le pasó por la cabeza no fue nada agradable.

-Doctora Farrel- llamaba Gabby por el walkie talkie a la doctora mientras iba a buscar a Damien- ¿Podría asignarle a otra enfermera a Cassidy por hoy? Tengo mucho que hacer.

La doctora no pudo objección ni preguntó nada, tenía demsiadas preocupaciones y una reunión con los accionistas del hospital, debía salir airosa para no perder sus subvenciones. Así que le asignó otra enfermera a Cassidy y se marchó a su reunión. Mientras, Gabrielle fue a buscar a Damien.

-Damien, tenemos que hablar- pidió. Finalmente le había encontrado en la sala de enfermera, en la parte de atrás, donde estaban los catres.
-Claro, pasa- no parecía muy por la labor, pero no se negaría.- Dime.
-Cassidy ha hablado con tu hermano...
-Ya lo sabía- respondió rápidamente, evitando mirar a la chica a los ojos cuando se sentó a su lado.
-¿Y sabías que le dijo que nos acostamos?- hasta a ella le dolió escucharlo. Damien resopló y negó.
-No... eso no lo sabía- era demasiado para él- ¿Crees que puedes colarme en su cuarto?
-Sí, claro. Farrel no está y Cassidy ya está vigilada... puedes ir sin problema- iba a advertirle que no le desatara, pero sería inútil y lo sabía.
-Gracias- sin decir nada más Damien se levantó, pensando que podría irse sin más, pero Gabrielle le retuvo.
-Podrías al menos mirarme a los ojos ¿no crees?- era lo mínimo que podía hacer, tampoco había pasado nada tan horrible entre ellos.
-Lo siento, yo no... lo de anoche...verás...- ¡Arg! No sabía qué decir o cómo decirlo.
-Oye, ya pasó. No tiene por qué significar nada, olvidémoslo y que cada uno siga hacia delante ¿somos amigos no?
-Sí, claro que sí- y aunque se seguía sintiendo mal y aunque pensara que se había aprovechado de Gabby, seguiría hacia delante si ella se lo pedía. Sonrió y la abrazó.- Igualmente lo siento.
-Yo también...

Salió de la sala de enfermeras y fue directo al cuarto de su hermano, tendrían una larga charla. No sabía por donde iba a empezar pero estaba seguro de dos cosas. Una: hablarían de Gabby; y dos: hablarían de Cassidy.

Llamó a la puerta, por cortesía, y luego entró. Odiaba ver a su hermano atado, no hablaría con él de esa manera.

-Vaya, vaya... mira quien viene a echarme la bronca- canturró Bastien- ya tardabas.
-No vengo a echarte la bronca- dijo sonriendo y cerrando la puerta- Vengo a ver cómo estás.
-Genial, atado, pero bien- bromeaba, si estaba de buen humor, aunque estuviera atado.- ¿Qué quieres?
-Ya te lo he dicho- repitió, acerándose, para desatarle.- Te voy a soltar, se supone que no debería hacerlo, pero sé que puedo confiar en ti ¿Puedo, verdad?
-Claro que sí -Damien dudó- ¡Prometido! Eres mi hermano pequeño...- No le haría nada. Le soltó, el tener las muñecas y los tobillos libres era un regalo del cielo y poder cambiar de postura realmente de agradecer- Dame un cigarro.
-Aquí no se puede fumar- replicó Damien.
-Cierra la boca, no va a venir nadie, así que dame un pitillo y suelta lo hayas venido a decirme- Damien suspiró y sonrió y luego sacó su cajetilla de tabaco y el mechero. Ambos se sentaron en el suelo, apoyando la espalda en la pared y se pusieron a fumar. Tuvo que ser Bastien el primero en decir algo.- Así que te tiras a la rubia...
-¡Oh!Cállate... sólo fue una vez y fue un terrible error- admitió negando.
-Deja de arrepentirte por todo lo que haces, así vas a terminar fatal- le echó en cara a su hermano pequeño.
-No quiero hablar de eso ahora ¿vale?
-Quieres hablar de la otra chica ¿no? De Cassie...- Damien asintió, bajando la cabeza- Está colada por ti.
-¿Qué? No me jodas... eso es imposible.
-Ella me lo dijo y, aunque no lo hubiera hecho, es más que evidente, hermanito ¿No se puso hecha una fiera cuando se enteró de lo tuyo con Gabrielle?- preguntó, interesado, dándole otra calada a su cigarro. Hacía muchísimo tiempo que no fumaba.
-Tenías que haberla visto, tiró su bandeja al suelo y se encerró en el baño- y ahora que sabía cual era la razón de que lo hubiera hecho, se sentía fatal.-¿Qué hago ahora?
-¿Me estás pidiendo un consejo?- preguntó incrédulo- Si yo fuera tú lo dejaría correr. Olvídate de lo que ha pasado con la rubia, ha sido un polvo, y piensa que vas a hacer con Cassidy.
-No voy a hacer nada con Cassidy, es una paciente...
-Una paciente muy guapa que está loca por ti- puntualizó Bastien- Además, besa bien.
-¡QUE!- Casi le da un síncope en ese momento- ¿La besaste?¿Te besó?¿Qué...?
-Se lo pedí y me dio un besito, no seas paranoico, no fue nada... tú te tiraste a su enfermera y es lo más parecido que tiene a una amiga aquí dentro. Creo que se puede considerar un empate...además, te lo debía por lo de Laura Connor- le recordó.
-¿Qué? Eso fue hace años... hace muchos años...- en primaria, era injusto que se lo echara en cara- Dios, Bastien, es una cría, una paciente... si intentara algo me despedirían.
-No si no se enteran.- Damien suspiró, confuso y se pasó la mano por la frente, se le estaba levantando dolor de cabeza.
-No puedo hacerlo... además ella no me gusta no me... no lo sé.
-Piensas demasiado en todo y no deberías ser así, no deberías darle tantas vueltas a las cosas- se lo decía alguien que no lo hacía nunca.
-Parece que estás mucho mejor...
-Hoy sí... pero es por algo, necesito pedirle algo a Farrel y sólo me hará caso si soy bueno- hizo una pausa para apagar el cigarrillo contra una de las baldosas.- Necesito ver a Reggie.
-Bastien, por favor, no empieces con eso otra vez...
-Por favor, necesito hablar con ella... ¿dónde está?¿En aislamiento?
-No- sería muy difícil decir eso y la posible reacciones de Bastien asustaba mucho a Damien- Le han dado electroshok.
-¿Qué? No, no, no...- se pasó las manos por la cara, furioso, tenía ganas de salir corriendo ahora que estaba desatado, tendría que hacer algo mientras aún tenía uso de razón- Si quieres que cumpla mi promesa vas a tener que atarme de nuevo.

Y eso hizo Damien, sería lo mejor. Bastien se dejó atar, furioso, pensando en lo bruja que le parecía Farrel en ese momento.

-¿Estás bien?
-Sí.... ¿por qué? Su cuerpo no lo soportará, es tan doloroso es tan... - lo sabía por experiencia propia- Tienes que hacer que paren.
-Tranquilo, su última sesión fue hace tres días, sabes que después de los cuatro de recuperación, si todo sale bien, volverá...
-¿Cuántas sesiones le han dado?- quiso saber el chico.
-Tres... iban a ser dos, pero se le fue la olla el día que la iban a meter en aislamiento. Le dieron otra sesión y Farrel le prometió que si se comportaba podría volver con los comunes- explicó, tranquilo.
-Cuando la traigan quiero verla... necesito verla.
-¿Por qué?
-Ya lo sabes, la quiero...
-No la quieres- negó Damien- te has encaprichado con ella, por Dios, tiene dieciocho años.
-¿Qué más da eso?Cassidy tiene diecisiete ¿no?
-¡Pero no la quiero!- replicó Damien.
-Maldito mentiroso... venga, te conozco. Necesito ver a Regina, aunque ambos estemos atados, como sea, pero necesito cinco minutos con ella... me voy a volver loco si no la veo- irónico ¿no?
-Veré lo que puedo hacer, pero tienes que comportarte, no quiero que te metan en aislamiento otra vez- suspiró y Bastien no dijo absolutamente nada- He de irme.
-La ceniza...
-Mandaré a Meredith a limpiarlo.
-¿La morena? ¿No se lo dirá a Farrel?
-Nah... es novata, pero es buena chica.

Damien se fue y Meredith llegó al cabo de un par de minutos con una escoba y una pequeño recogedor. Ella nunca hablaba con los pacientes a no ser que fuera necesario para darles medicación o indicaciones... pero era por una buena razón.

-Tú debes de ser Meredith- dijo Bastien cuando la chica entró a recoger la ceniza. No contestó.- ¿Nos delatarás? Venga, puedes contestar, si alguien me pregunta diré que fuiste muda... ¿Nos delatarás?
-¿Porque Damien te soltó y estuvisteis fumando aquí? Ambas son infracciones graves... pero no, no diré nada- respondió, sonriendo.
-Estás bastante buena ¿cuántos años tienes?
-No es asunto tuyo- dijo la chica, enfadada y arrepentida por haber abierto la boca.
-Disculpa, era un cumplido, no te ofendas- pidió Bastien.
-Por cosas así no hablo con los pacientes...
-Mentirosa- dijo, suspicaz, mirando a la enfermera.
-No miento.
-Sí lo haces. Llevas un frasco en el bolsillo, los enfemeros no pueden llevar la medicación de los pacientes encima, así que una de dos: o te saltas las normas... o son tuyas- aventuró, como si fuera una detective y por la reacción de la chica supo cual era la opción correcta- Son tuyas... ¿fuiste paciente?
-Adios, Sebastien- se despidió, seria, saliendo rápidamente del cuarto. No tenía por qué darle explicaciones a un paciente esquizofrénico.

Extraño descubrimiento el de Bastien. Las pastillas podrían ser, perfectamente, de otra persona, y había miles de razones por las Meredith podía llevarlas en el bolsillo, pero Bastien había comenzado a cavilar y especular y ahora nadie podía parar eso, pero era infinitamente mejor que darle vueltas al asunto de Regina.

Ahora varias personas se veían en un compromiso. Gabby se sentía mal por ver triste a Cassidy, Damien sesentía muy extraño por lo que Cassie sentía por él y por lo que había pasado con Gabrielle y... y Cassidy estaba punto de estallar de nuevo, pero se controlaría, cualquier cosa antes de volver a aislamiento.

A las seis le llevaron algo de comer y la dejaron sola, pero no tomó absolutamente nada. Lo único que se le ocurió fue ponerse a dibujar, sabía que lo que debía hacer era escribir lo que sentía, pero no quería que Farrel se enterara de lo que había pasado.
Sin embargo sus dibujos expresaban clarísimamente su dolor, su tristeza y sus dudas... cuando se le terminó el papel, comenzó con las paredes. Comenzó a dibujar y escribir por las paredes blancas del cuarto, bordeando todos los dibujos que había ido colgando. Lo escribía todo y cuando ponia algo que nadie debía leer, lo tachaba, pero al menos se sentía mejor por haberlo soltado. Retratos, dibujos a mano alzada, garabatos...

Perdió la noción del tiempo pero cuando llamaron a su puerta para traerle la cena supo que eran las nueve, salió de su ensoñación y se dio cuenta de que la había fastidiado.

-¡No, espera, Gabby no entres!- Pidió, gritando. Pero no podía borrarlo, no era algo que pudiera disimular.
-No soy Gabrielle- dijo una voz femenina desconocida para la chica- Soy Meredith. Gabby está ocupada- o evitándola- así que yo te traigo la cena.- No podía hacer nada por evitar que entrara, así que se sentó en su cama y esperó, a oscuras, a que entraran y le echaran la bronca del siglo.

Meredith entró, con el carrito y cogió la bandeja de Cassidy sin atender a nada a su alrededor, cuando vio la pared se quedó de piedra. Echó un vistazo general a su alrededor sin saber qué estaba viendo exactamente. En cuanto reaccionó volvió a dejar la bandeja en el carro de la comida y habló por su walkie-talkie.

-Gabriele, soy Meredith, estoy en el cuarto de Cassidy. Ven...tienes que ver esto- no dio más detalles y no no recibió más respuesta de Gabby que un 'voy para allá'. - Cassidy ¿qué es todo esto?
-Lo siento... se me terminaron las láminas y...- hasta a ella le sonaba estúpida esa excusa, así que prefirió cerrar la boca. Dobló las rodillas contra el pecho y escondió su cabeza, avergonzada. Al cabo de un minuto más o menos, llegó Gabrielle y al entrar se quedó impresionada.
-Dios mío... ¿qué es todo esto?- preguntó, casi sin aliento- Meredith, llama a Farrel - Meredith tomó su walkie, pero no serviría de nada- No lo lleva... tendrás que ir a su despacho.

La morena solió prácticamente corriendo del cuarto para avisar a la directora y Gabrielle y Cassidy se quedaron solas. La niña levantó la vista y siguió todos los movimientos de la enfermera alrededor del cuarto. Gabby fue examinando todos los dibujos, los escritos... ella estaba ahí, varias veces. Bocetos de su cara, su nombre a veces tachado, a veces escrito con sumo cuidado. Un parte de Cassidy parecía quererla y otra, aborrecerla.

-Lo siento- musitó la joven, pero antes de que su enfermera pudiera decir nada, Farrel llegó.
-¡Oh! Por el amor de Dios ¡Cassidy!- No sabía que decir, era la primera vez que veía algo así.
-Ya he dicho que lo siento- repitió la niña, ahora en tono alto y enfadada.
-¿Por qué no usas tus cuadernos?- no podía apartar la vista de la paredes, aquello era cautivador.
-Se me han terminado... Sé que no sirve de nada decirlo pero...
-¿Te sientes mejor?- aventuró la doctora. Cassie abrió ojos, sorprendida porque eso era lo que iba a decir, y asintió. - Ahora mismo no estoy para enfrentarme a esto. Gabrielle, que cene- ordenó- cámbiala de cuarto, a donde sea y mañana revisaremos juntas los dibujos.
-Doctora, no hay cuartos libres- al menos no en la zona de los comunes. Starla Farrel suspiró y miró a la Gabby. Se acercó a ella y la tomó de la mano.
-Esto no es un castigo, Cassie, pero hoy dormirás en aislamiento- Cassidy negó.
-No, por favor, lo siento... La pintura es lavable, yo misma lo quitaré...- suplicó, odiaba el aislamiento. Sin embargo Farrel hizo algo que la sorprendió, le sonrió, tranquila.
-Será sola esta noche, porque no hay cuartos libres. Mañana quiero examinar uno por unos tus dibujos, todos, y el cuaderno que te di- si la chica no quería hablar, su arte lo haría por ella, sólo debía saber interpretarlo.

Tras una breve charla, Meredith regresó y se quedó vigilando a Cassie mientras cenaba. Gabby yla doctora salieron al pasillo, allí pudo darle instrucciones.

-Gabrielle, querida, vete a casay descansa. Te quiero aquí mañana a las nueve y media, el doctor Dempsey, tú y yo examinaremos los dibujos y escritos de Cassidy.
-¿Pero quién acompañará a Cassidy esta noche?¿Cree que es conveniente dejarla sola?
-No- la mujer suspiró- Damien tiene turno de noche, cancelaré su ronda, que se quede con Cassidy en aislamiento. Asegúrate de que nadie entre en esta habitación- Aquello era terrible, Gabrielle sabía que Cassidy preferiría cualquier cosa en ese momento antes que quedarse toda la noche en compañía del auxiliar, sin embargo no podía decírselo a Farrel... se veían venir los problemas.Gabrielle no le dijo a Cassidy que Damien pasaría la noche con ella en aislamiento. Sólo se limitó a acompañarla.

-No quiero ir- bufó Cassidy, sollozando.
-Cassie, no es un castigo, hay escasez de habitaciones, tenemos que terminar de habilitar las libres esta semana... así que tendrás que dormir en un cuarto del ala norte esta noche- evitaba decir aislamiento para que la niña no se asustara más.
-Pero estaré sola...
-No, Farrel mandará a alguien, ya te dijo que no era un castigo- a Damien, por desgracia.

Ambas continuaron caminando y en cuanto pusieron un pie en el ala norte pudieron escuchar los gritos desgarradores de una de las pacientes. A medida que se adentraban en aislamiento se hacía más fuertes y ponían nerviosos al resto de los demás pacientes.

-¿Quién está gritando?- preguntó Cassie, curiosa y asustada.
-Es Hazel... no podemos medicarla y está bastante nerviosa. Dempsey la ha aislado, dentro de unos días decidirán que hacer con ella- explicó Gabrielle. Cassidy pareció sorprenderse, pero ya no estaba tan asustada como antes. No sabía como sentirse con respecto a Hazel y menos aún tras su incidente con ella.
-¿Por qué no le dan medicación?
-No es asunto tuyo, Cassidy, tú preocúpate sólo por ti- haría todo lo posible para que fuera Meredith quien pasara la noche con la chica y no Damien.
-Necesito pedirte algo, Gabrielle- dijo de pronto la niña- Necesito ver a Regina, es muy importante.
-No va a poder ser...
-Por favor, he prometido que haría algo y debo hacerlo... será un segundo- suplicó de nuevo. Gabby debía negarse, pero se sentía tan mal por haber hecho lo que hizo con Damien, por haberle hecho tanto daño a su paciente, que terminó cediendo.
-Dos minutos, sólo dos minutos. Ella estará atada así que si te pide que la desates...
-¡LO SE !¿VALE? ¿Cuánto tiempo me lo estaréis echando en cara?

En el último cuarto del ala norte, recluida junto con los más peligrosos enfermos del hospital, estaba Regina. Gabby dejó a Cassie dos minutos en el cuarto de la chica y se quedó fuera, esperando. La imagen era desoladora. Reggie estaba pálida, quieta y atada con correas a la cama, miraba fijamente al techo y sollozaba.

-Regina- se aventuró a decir Cassidy, miedosa.
-Márchate...
-Es que he venido a decirte algo.
-No quiero saber nada de ti, zorra.
-Bastien me pidió que te lo dijera- Regina abrió los ojos, sorprendida, y miró a Cassidy esperanzada.- Dice que te echa de menos y que todo saldrá bien.
-¿De verdad? ¿Se acuerda de mi?- Cassie asintió y al fin vio sonreir a Reggie, un atisbo de felicidad asomaba en su mirada- ¿Por qué estás en aislamiento otra vez?
-Hoy dormiré aquí, he pintado por las paredes del cuarto y ahora no me dejan dormir en él- Gabrielle golpeó la puerta, apremiendo a Cassie a terminar.
-Me sueltan mañana- Gabby continuó golpenado la puerta, ya no tenían más tiempo.
-Tengo que irme- se despidió Cassidy, yendo hacia la puerta.
-Cass- le llamó- no ha sido culpa tuya.

Saberlo, escuchárselo decir, la aliviaba. Se sentía perdonada, aunque no hubiera hecho nada malo en realidad. Además, había cumplido con Bastien y eso la hacía sentirse útil. Paciente y enfermera dieron media vuelta, su destino era el cuarto 32B. Cuando llegaron Damien ya estaba allí y Cassie sintió que aquello era una encerrona. Se puso muy nerviosa y quiso escapar, pero Gabrielle consiguió sujetarla.

-¡No quiero quedarme con él!¿Por qué me hacéis esto?- ya bastante malo era para ella quedarse una noche en aislamiento, como si fuera un castigo (aunque Farrel sostenía que no lo era), como para encima tener que estar con Damien.
-Tranquilízate, Cassidy- pidió Gabby, autoritaria, más de lo normal.- Te quedarás con Damien, hace un momento te quejabas porque no querías estar sola y ahora...
-¡Prefiero estar sola que con él!- bufó la niña.
-Bueno, pues imagínate que no- replicó Gabrielle- No me obligues a atarte a la cama porque lo haré.

Tardaron un rato en convencerla, pero finalmente la chcia cedió, no le quedaba más remedio y, además, sabía que si no se portaba bien no saldría de aislamiento. Gabrielle se marchó y cerró con llave por fuera. Damien tenía otro juego de llaves para salir por si ocurría algo.
La tensión flotaba en el ambiente y ni Cassidy ni Damein sabían qué hacer. El chico dio un paso al frente y Cassie retrocedió instantáneamente, cochando con la pared.

-Cassie, tranquila- pidió él.
-¡No te me acerques!
-Esto es ridículo ¿qué es lo que te pasa conmigo?- quiso saber Damien, enfadado. Quería asegurarse de que no estaba a punto de cometer un error.
-¡Márchate! Quiero que te vayas... que me dejes sola- el comportamiento de la chica era irracional. Se deslizó contra la pared hasta quedar sentada en el suelo y dobló las rodillas contra el pecho. Bajó la cabeza se sentía avergonzada e insegura, sólo quería quedarse sola ¿para eso estaba el aislamiento?
-Cassie, nunca quise hacerte daño- cuando pudo darse cuenta, Damien ya estaba a su lado, arrodillando, dudando entre si abrazarla o no- No pensé en lo que hice y no sabía que significaría tanto para ti...
-Tú no significas nada para mi- mintió la chica, mirando a su auxiliar a los ojos. Si las miradas mataran...
-No es lo que le dijiste a mi hermano.
-¿A Bastien? Miente, delira... está loco ¿recuerdas?
-No me ataques por ahí- pidió él, suplicante, no se merecía que le tratara así. Se colcó frente a la chica y le agarró las muñecas, emplearía la fuerza si era necesario- Mírame a los ojos y dime qué es lo que te pasa.
-¡Suéltame!
-Habla...
-¡Suéltame!-reptió ella, sabiendo que estaba colmando la paciencia de Bastien.
-Joder, Cassidy ¡HABLA!
-¡TU me pasas! ¿Contento? Tú, y tu actitud ambigua, la forma en la que me tratas, las cosas que cuelas aquí para mi sin que yo te las pida...- El, lo cariñoso que era, los regalos que le hacía... era la forma de interpretarlo que ella tenía. Damien no supo que decir, se quedó mudo y soltó las muñecas de la chica- Y entonces te acostaste con ella...
-Cassidy, no significó nada.
-¿Y qué más da que significara algo o no si ni siquiera te importo?- preguntó ella.
-Sí me importas pero... es diferente... es complicado.
-Pues explícamelo... porque tenemos toda la noche- dijo, aguantando las lágrimas, alargando la 'o' de 'toda'.'

Era extraño verse en esa situación. Damien no había tenido tiempo para pararse a pensar qué sentía realmente hacia Cassie, era una chica con problemas, una paciente... sólo plantearse tener algo con ella le hacía sentir que se estaba aprovechando de su debilidad. Sin embargo pensaba que era un chica guapa, inocente e inteligente, se llevaban bien y tenían cosas en común, pero había cometido el error de contarle detalles de su vida personal, de haber sido más detallista de lo normal si no pretendía nada... era el momento de hacerse un lío.

-Verás... eres una chica especial, inteligente, guapa...
-No vayas por ahí- bufó Cassidy- No quiero que me digas lo maravillosa que soy y luego añadas un pero. Eso hace mucho daño...
-Eres mi paciente, eres menor de edad y no te quiero- no podía ser ni más claro ni más directo.
-Yo tampoco te quiero... pero me gustas y no puedo evitar eso- reconoció.
-Ese es el problema...- dijo rápidamente, sentándose al lado de la chica y evitando mirarla a los ojos.- Podría costarme mi trabajo, mi vida y me alejaría de mi hermano.
-El no quiere que estés aquí, quiere que sigas con tu vida, con la música.
-No te metas en eso, Cassidy- pidió Damien, era su vida privada y no quería hablarlo.
-No estás consiguiendo nada desperdiciando tu vida en este hospital... eres demasiado bueno y por eso das falsas impresiones a la gente- al menos ella lo entendía así.
-No quise darte una falsa impresión... no era lo que pretendía- aquello sonaba a disculpa.
-Primero fueron los donuts, luego los dibujos, el café, los walkie-talkies... te quedabas conmigo, me hablabas de tu vida personal y escuchabas mis problemas...son señales.
-¿Crees que te mandaba señales?
-Es lo que me gusta pensar... es mejor que pensar que te doy pena y que para ti soy sólo una paciente más- se escudaría en que estaba loca si le decía lo contrario.
-Eres mucho más que una paciente, Cassidy. Sabes cosas de mi que nadie más sabe... pero no podrá pasar nada entre nosotros, no en este contexto- aunque ella quisiera, aunque él quisiera... aunque fuera lo que debía pasar.
-Quiero saber una cosa y quiero que seas totalmente sincero conmigo ¿vale?- Damien asintió, preocupado por lo qué podría preguntarle la chica- Si me hubieras conocido fuera ¿hubiera tenido alguna posibilidad?
-Si te hubiera conocido fuera habría hecho cualquier cosa por llamar tu atención- admitió, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás. No podía creerse que estuviera reconociendo todo aquello.
-¿Sabes que me estás dando una razón muy poderosa para escaparme?
-No, te estoy dando una razón muy poderosa para que te pongas bien- ambos se miraron y sonrieron y, al fin, Damien sea trevió a pasar su brazo por encima de los hombros de Cassie- Te mereces a alguien mejor que yo...
-Todo lo contrario- para ella, Damien era mucho más de lo que merecía- Podrías besarme ¿no crees?
-No, Cassidy, no lo creo...- contestó, sonriendo. No era bueno que lo tentara.
-Pudiste acostarte con Gabby sin que significara nada... creo que a mi puedes darme un beso sin morirte.
-No se trata de eso, por favor- pidió, suplicante- no me tientes así.
-¿Te tiento?- preguntó, incrédula.
-Cassidy...
-Sólo un beso- se lo estaba poniendo realmente complicado pero él tenía muy claro qué iba a hacer.
-No... venga, Cassie. Tienes que dormir- que aguafiestas, con las ganas que tenía ella de que la besara ¿no se lo merecía?

Aunque el chico tenía que haberse quedado toda la noche con Cassidy, cuando se cercioró de que se había quedado dormida, salió a estirar las piernas y a tomar un café. Meredith estaba en la sala de enfermeras, haciendo lo mismo. El turno de noche era matador.

-Hola, Damien ¿cómo lo llevas?- preguntó, sonriendo.
-Bien, tranquilo ¿Qué tal tú?
-Sam me ha toqueteado el trasero, tu hermano me ha tirado los tejos y dos de las pacientes con desordenes obsesivo-compulsivos me han obligado a apagar y encencer la luz veintiún veces antes de salir del cuarto...- relató, sonriendo- Así que bastante tranquilo, también.-Damien sonrió y recordó que le debía algo a la chica.
-Por cierto, gracias por no decirle a nadie lo de Bastien...
-Tranquilo, es tu hermano, yo hubiera hecho lo mismo- y estaba segura de que si ella le hubiera pedido lo mismo a Damien él la hubiera ayudado.

Pasó la noche y, a primera hora de la mañana, Maredith y Damien se fueron y llegaron Gabby y el doctor Dempsey, cada uno por su lado. A las nueve y media llegó la doctora Farrel y los tres se reunieron en el cuarto de Cassidy. La chica estaba desayunando con el resto de los comunes en el comedor, acompañada de una enfermera mayor, bastante amable, a la que no conocía. Le había programado la mañana con actividades estúpidas para que no pudiera volver a su propia habitación, eso la enfadaba bastante.

-Bien, Gabby comienza por los dibujos en papel, James tú por las paredes y yo leeré lo que iba escribiendo en el cuaderno que le di... apuntad cualquier cosa que os llame la atención, debemos encontrar su motivación- había una sola razón por la que Farrel no se había enfadado al ver destrozadas las paredes, y era porque sabía que aquella era la forma que tenía su paciente de expresarse, de comunicar lo que no podía decir con sus propias palabras. Estaba segura de que de ahí sacaría mucho más de lo que sacaba de una terapia.

La forma de escribir de Cassie era desconcertante, en medio de un párrafo cambiaba de tema y muchas cosas eran incomprensibles para la doctora. En mitad del discurso las conexiones lógicas se perdían y lo que la paciente trataba de expresar carecía de sentido.Sin embargo en todas las hojas había notas en los márgente y a pie de página, anotaciones importantes, resúmenes, aclaraciones... parecían apuntes.

Los dibujos de los cuadernos de Cassidy era, en su mayoría, retratos o paisajes, muchos inacabados, pero lo que de verdad era desconcertante eran los dibujos de las paredes. Cerca de la una del mediodía Dempsey, Farrel y Gabrielle aún estaban en el cuarto y aunque ya habían examinado todos los dibujos, no encontraban relación lógica entre muchos de ellos.

-Ya está bien. Fotografiad las paredes, cada dibujo, cada centímetro ¡todo! Me llevaré las fotos a casa y volveré a examinarlas de nuevo- ordenó la doctora- Que nadie lo limpie, quiero que Cassidy pueda explicar por qué los hizo...

Dempsey y Gabrielle se quedaron en el cuarto fotografiando las paredes con máquinas Polaroid mientras la doctora Farrel iba a arreglar el papeleo de un alta y un ingreso, el ingreso de una paciente muy especial a la que trasladaban de otro hospital.

Tras la hora de comer Cassie pudo volver a su cuarto, acompañada en todo momento de una enfermera. Poco antes había entrado a trabajar Damien con dos cosas en mente, la primera era conseguir colar a Regina en el cuarto de su hermano por unos minutos y la segunda era ver a Cassidy... tenía algo para ella. Había estado sopesándolo en casa, preguntándose qué hacer. Tenía muy claro que no podía tener ninguna relación verdadera con la chica en esa situación, sin embargo sabía que sentía algo extraño por ella, confiaza... quizás simbiosis, necesitaba más tiempo con ella para averiguarlo.

Meredith y él se encargaron de trasladar a Regina a su cuarto y fue ese momento cuando aprovechó para cumplir lo que le había dicho a su hermano.

-Meredith, ya me encargo yo- se ofreció.
-No importa...
-No, de verdad, yo me encargaré- Meredith accedió finalmente y dejó a Regina a solas con el auxiliar.
-¿Por qué tienes tanto interés en quedarte a solas conmigo?- preguntó Regina, que necesitaba apoyarse en el chico para poder caminar. Damien sonrió.
-Yo no tengo ningún interés... pero sé de alguien que sí.
-¿Quién?
-Bastien.
-¿De verdad?- preguntó sonriendo- Gracias, gracias.
-No hagas ruido y prométeme que no se lo dirás a nadie... si alguien lo averiguara los tres nos meteríamos en un lío- Reggie asintió, no diría nada. Damien la guió hasta el cuarto de su hermano y llamó a la puerta- Os dejó cinco minutos, estaré en la puerta.
-Desátame- pidió Bastien. Su hermano negó- Si no lo haces tú lo hará ella.
-Si ella lo hace no volverás a verla...
-Damien, por favor- ¿Por qué siempre cedía tratándose de él?
-Cinco minutos, ya conocéis las normas, hay cosas que no podeis hacer...- avisó, mientras soltaba a Bastien. Luego salió del cuarto, pero se quedó vigilando en la puerta.

-Nena ¿Cómo estás?- preguntó Bastien, abrazando fuerte a Reggie.
-Ha sido horrible, tan doloroso. Bastien quiero irme de aquí- dijo ella, hundiendo la cara en el pecho del chico, escondiéndose así de todo a su alrededor.
-Lo sé, lo sé... estoy en ello. Me iré y te llevaré conmigo como te prometí- dijo, separándola un poco de él y agarrándole la cara con ambas manos. Después la besó. Tras unos instantes en los que ambos consiguieron olvidarse del mundo, cesaron el beso.
-Te echo de menos, te echo tanto de menos... ya no podemos vernos nunca... Prométeme que no hay otra chica- pidió Reggie, celosa y desconfiada.
-Ninguna...
-Te conozco, a ti te gustan todas- dijo enfadada.
-Cierto, me gustan todas, pero sólo te quiero a ti. No te preocupes, hablaré con mis padres y me sacarán de aquí, luego haré todo lo posible por llevarte conmigo y desapareceremos- Bastien tenía sus propios planes de futuro, que incluían a Reggie... pero a nadie más. Damien llamó a la puerta, era hora de que fueran terminando.- Átame de nuevo.
-Te quiero- dijo la chica mientras ataba a Bastien.
-Y yo a ti...

En ese momento entró Damien y prefirió no decir nada. Llevó a Regina a su cuarto y de ahí fue al cuarto de Cassidy. Llamó a la puerta nervioso pero no recibió confirmación. De todas maneras entró y cuando vio las paredes se quedó petrificado.

-¿A qué parezco una enferma?- preguntó una voz femenina desde la puerta del baño.
-Cassie ¿y esto?
-No lo sé, ayer perdí la noción del tiempo y cuando me di cuenta me había puesto a pintar las paredes. Farrel me recluyó por eso... cuando me desperté no estabas- dijo, acercándose al chico. Sabiendo que podía tratar de tentarlo. Damien quiso ignorar las paredes e hizo lo que había ido a hacer.
-Te traigo café y...- era complicado, quizás el café no fuera suficiente soborno-...quiero pedirte una cosa.- Cassie cogió su café y fue hacia la cama para sentarse.
-Claro, lo que quieras- Damien la siguió y se sentó a su lado, pasándole el brazo alrededor de la cintura. Era muy raro para ambos, pero quizás más para ella.
-He estado pensando y creo que quizás sí siento algo por ti pero...- ¿por qué siempre había un pero? Era muy decepcionante- no ahora, no aquí ¿Entiendes lo que te digo?- Cassie asintió, dudosa.
-¿Qué quieres pedirme?
-Que te pongas bien... esfuérzate, tú puedes hacerlo- Una de dos, o lo hacía porque la quería de verdad o le decía que la quería sólo para darle más ánimos para que mejorara... eso sólo él lo sabía.
-¿Me besarás hoy?
-No, hoy no... sal de aquí, hazlo por ti- pidió él.
-No tengo nada fuera.
-Tienes toda tu vida fuera- la corrigió, perplejo- Hazlo por mi, entonces.- La atrajo hacia él y le dio un beso en la frente. Quiso volver a pedirle un beso, pero sabía que le diría que no, y prefería ahorrarse de nuevo el ridículo. -¿Sabías que pronto llegará una nueva paciente? Se llama Tess Donner...- Cassidy negó.
-¿Por qué me lo cuentas?- El chico se encogió de hombros, sin querer soltarla.
-Eres especial, por eso te cuento cosas... dicen que es muy extraña, cuidate de ella ¿vale?
-Vale...

Pasaron un par de días bastante tranquilos. Los chicos de mantenimiento se dedicaban arduamente a reformar cuartos vacíos en la zona de los comunes para la llegada inminente de nuevos pacientes. Nadie había prohibido a Cassie seguir dibujando por las paredes así que continuó haciéndolo. El jueves de esa semana, mientras terminaba uno de los dibujos de la pared, la doctora Farrel entró en el cuarto.

-Buenos días, artista- saludó, sonriendo.
-Doctora, su pelo...
-¿Te gusta?- la doctora se había hecho un gran cambio de look- Tengo una boda este sábado, se casa mi hermana.
-Una boda... qué bonito ¿Le molestan mis dibujos?- preguntó, bajando la cabeza.
-No, pero quiero saber qué significan. Llevo dos días casi sin dormir... Cassidy, ayúdame- pidió, acercándose a la chica.- Ayúdate a ti misma, estabas mejorando.
-Creo que puedo hacerlo- ahora tenía nuevos incentivos.
-Genial, hablemos de tu diario- dijo la mujer, guiando a la muchacha hacia la cama para que se acomodara. Tomó asiento a los pies de Cassidy y se dispuso a comenzar aquella terapia no oficial.- Hablas bastante de un sueño, explícamelo.
-Antes veía a Hope por todas partes hasta que comprendí que ya no estaba viva- comenzó a explicar, evitando por todos los medios mirar a Farrel- Entonces comencé a soñar con ella. Aparece cada vez que consigo conciliar el sueño... está mojada y tiene miedo.
-¿En el diario escribes que no entiendes lo que te dice?
-Comienza a hablar pero luego parece como si no pudiera respirar- como si se estuviera ahogando- ¿Qué significa?
-Cassidy, tu subconsciente está tratando de arreglar las cosas, de arreglar el problema interno que te supone haber perdido a tu hermana. Probablemente el sueño varíe hasta que comprendas del todo lo que puede significar. Quiero que lo sigas apuntando todo y quiero que hagas tus dibujos en cuadernos ¿vale?- la chica asintió.- Mañana te traeré nuevos cuadernos y vendrán los de mantenimientos a limpiar las paredes.
-¿Cuándo llega Tess Donner?
-¿Cómo sabes lo de Tess Donner?- preguntó la doctora.
-Soy muy lista...
-¡Ay! Cassidy, no preguntes cosas sobre las que no debes saber nada...- advirtió la mujer- Y hablando de cosas que hay que saber y que no, este fin de semana, por el tema de la boda, no estaré, así que quedarás a cargo de James Dempsey.
-No le he visto estos dos días.
-No ha estado. Se reincorpora el viernes, tenía unos días libres. Se pasará por aquí el sábado a la mañana, sé buena con él.
-¿Puedo preguntarle una cosa?
-A ver, haz la prueba...
-Hazel- dijo en voz baja- ¿Qué pasará con ella?
-Ya está mejor, hoy tiene sus analíticas. Decidiremos su nueva medicación y veremos qué hacer con ella- explicó a grandes rasgos.- ¿Por qué me preguntas por ella?
-Me siento culpable...
-Quiero decirte algo y quiero que te lo tomes muy enserio- Cassie miró a su doctora a los ojos por primera vez y atendió a lo que iba a decir- Tú no eres la culpable de todos los males del mundo, todos cometemos errores y por suerte suele estar en nuestras manos el poder de solucionarlos. Si quieres sentirte culpable y tratar de compensar a Hazel cúrate, sal de aquí y mueve cielo y tierra por ella... te lo agradecerá.
-¿Por cuanto tiempo me han ingresado?
-Indefinidamente... pueden ser tres meses, seis, un año... depende de ti- ya llevaba algo más de dos meses y sentía que habían sido años.
-¿He progresado algo?
-Mucho, pequeña, has progresado mucho.

Llegó la mañana del jueves y Gabby llamó a la puerta de Cassie, que ya estaba despierta desde hacía un rato, su pesadilla había vuelto a quitarle el sueño.

-Bueno días, Cassidy ¿Qué tal has dormido?- preguntó la enfermera, abriendo la ventana del cuarto para que entrara algo de luz.
-Bien...¿no traes bandeja?
-Farrel ha dicho que puedes volver a la rutina de antes de aislamiento- explicó- volverás a comer en el comedor y quiero que salgas y camines un poco, llevas demasiado tiempo encerrada en este cuarto.
-No tengo hambre...
-Cassie, no empieces, tienes que comer.
-No, no- se apresuró a decir ella- Es en serio, hablaré con la doctora Farrel, siento náuseas- Gabby se preocupó, no insistiría con lo del desayuno si era cierto que la niña se encontraba mal.
-Está bien, pero levántate, daremos un paseo e iremos a que te examine la doctora- Gabrielle parecía tensa, aún se sentía culpable por lo que había pasado,pero Cassie ya lo había olvidado.
-¿Has visto el pelo de Farrel?- preguntó sonriendo- Es bonito.
-Le queda bien, pero la hace algo mayor ¿no crees?
-Mmm...no sé, eso depende de cuantos años tenga- pero ninguna lo sabía, Starla era muy recelosa guardando detalles personales como su edad, era de esas mujeres que se quitaban años de encima.- Oye, Gabby. No estoy enfadada.- Gabrielle sonrió, se quitaba un gran peso de encima al escuchar eso.
-Anda, vamos, cariño.

Ambas chicas caminaron por el pasillo durante un rato para que Cassie se despejara un poco. Iba agarrada del brazo de su enfermera y las dos sonrieron cuandos e cruzaron de frente con Damien, que también sonrió al verlas juntas.

-Oye Gabby...
-¿Sí?
-¿Qué tal besa?
-¡¡Cassidy!!

Finalmente la paciente se libró del desayuno y Farrel le dio permiso para saltarse también la comida si seguía sintiéndose mal. Le hizo un breve reconocimiento (la midió y pesó, había ganado kilo y medio de peso desde su llegada lo que, desgraciadamente, no era suficiente; la oscultó, comprobó sus reflejos...).

-¿Cómo estoy?- preguntó Cassie.
-¿Cómo te sientes?
-Cansada y con náuseas...
-Cassidy, has ganado algo de peso, pero sigues estando por debajo del peso recomendado para tu edad y altura- explicó Starla- No creo que debamos preocuparnos por las náuseas, pueden ser por caulquier cosa. De todos modos, si el sábado sigues encontrándote mal quiero que se lo digas a Dempsey ¿vale?- la chica asintió- ¿Has dormido mal?
-Volví a soñar con Hope... el sueño variaba un poco.

Farrel acompañó a Cassidy a su cuarto y fueron hablando de su sueño. Farrel estaba de un humor excepcional y Cassie podía notarlo. Quizás fuera la emoción por la boda de su hermana, le dijo que iba a ser la madrina, y eso era una gran responsabilidad.

Hacia las doce de la mañana Cassie se quedó sola en su cuarto y se tumbó en su cama, necesitaba pensar. Poco a poco se sumió en sus propios pensamientos y repasó mentalmente su estancia en el hospital. Desde que había entrado, desde el primer momento en que pisó su cuarto hasta aquella mañana...¿de veras había mejorado? Si era así ¿por qué se volvía a sentir tan mal?
Mientras, Farrel se las tenía que ver con la madre de la chica, quien ya no soportaba más la situación que le había tocado vivir.

-Grace, tranquilízate- pidió la doctora.
-No, no ¡ya estoy harta! Quiero llevarme a mi hija de vuelta a casa...
-Grace, Cassidy aún no está preparada, no te la puedes llevar- insistió Farrel.
-Starla, necesito verla, tenerla conmigo de nuevo... me la llevo a casa.
-Dame un par de meses más, si te la llevas ahora no habremos conseguido nada.
-Te doy dos semanas- dijo Grace- No puedo soportarlo más...
-No es suficiente...
-Me da igual, dos semanas.
-Está bien- cedió la mujer- Pero tendremos que continuar con la terapia en casa o en mi consulta- Grace asintió.

Dos semanas no serían suficientes, quizás sí dos meses, pero la insistencia de Grace no ayudaba y ella era la que podía decidir sobre su hija. Aunque Starla fuera su doctora, si no había peligro de que Cassidy se hiciera daño, ella no podía obligarla a permanecer en el hospital. Era una mala idea que Cassie se fuera tan pronto, pero ya no había qué hacer.

Ignorando la discusión de su madre y su doctora y su inminente salida del hospital, cerca de las tres de la tarde, Cassie seguía tirada en su cama, sin siquiera haberse movido. Repasar detalladamente su cautiverio llevaba tiempo y, aunque Gabby había ido a ver como estaba o si necesitaba algo, había preferido hacerse la dormida para no tener que contestar. Al pensar que dormía, Gabrielle no se preocupó demasiado, con lo mal que dormía era normal que tuviera sueño atrasado.

Por eso mismo, cuando Cassie notó que alguien más entraba en su habitación, prefirió seguir haciendo como si nada, pero al oir el portazo que habían dado se sobresaltó. Aquella no era Gabby, ni Farrel... no era nadie conocido.

-¿Quién eres?- preguntó, tratando de recordar si la conocía o no.
-Tess, Tess Donner- susurró.
-¿Qué haces aquí?
-Shhh! Baja la voz, pueden oirnos- apremió, asustada, acercándose a la cama de Cassie- No tenemos mucho tiempo.
-¿Para qué?- susurró Cassie, siguiéndole el juego a la nueva paciente. Tenía en cuenta que Damien le había dicho que tuviera cuidado con ella.
-Tengo que preveniros a todos, vendrán a buscarme y podré llevarme a unos pocos conmigo ¿quieres venir?- Tess tenía todo el brazo izquierdo escrito con boli, tenía símbolos, nombres y multitud de pequeños garabatos.
-¿Ir a dónde?
-Arriba, al cielo...- dijo, señalando la ventana- Ellos vendrán en su nave y me llevarán con ellos, me lo prometieron la última vez.
-¿Pero de qué hablas?
-Los extraterrestres, pero antes tengo una misión y tengo que cumplirla ¿cómo es tu nombre? Te pondré en la lista- en ese momento abrieron la puerta, era el doctor Dempsey.
-¡Está aquí!- avisó, entrando en el cuarto para agarrar a Tess.
-Aléjese de mi- dijo Tess, nerviosa, temblando- él quiere impedirme que lleve a cabo mi misión, quiere impedir que vuelvan a llevarme con ellos... pero ellos no le dejarán.
-Cassidy, tranquila. Tess, ven conmigo, te llevaré a tu cuarto- Damien y otros dos enfermeros llegaron en ese momento. Traían una camisa de fuerza.
-¡NO! Cassidy, diles que vendrán a por mi... y a por ti ¡también se llevaron a tu hermana y a tu padre!¡Es la única posibilidad que tienes de volver a verlos!- Tess gritaba, pero Cassie ya no asimilaba nada ¿por qué sabía cosas sobre su padre y Hope?
-¡YA ESTA BIEN!- Gritó el doctor- Sacadla de aquí ¡por el amor de Dios! No la descuidamos ni medio minuto y pudo llegar hasta aquí ¡qué evrgüenza!

Dempsey salió gritando del cuarto mientras los dos enfermeros agarraban a Tess y se la llevaban. Iba gritando y pataleando y casi no lograban sujetarla. Damien se quedó, le preocupaba Cassie después de lo que había oído. Se acercó poco a poco y se sentó en la cama.

-¿Estás bien?
-¿Cómo puede saberlo?- Cassie miraba fijamente la puerta, todavía abierta, aún escuchaba los gritos de Tess por el pasillo.
-Mientras firmaban su admisión en el despacho de Dempsey echó un vistazo a tu expediente. Lo tenía porque este fin de semana se ocupará de ti...-explicó Damien. Cassidy respiraba entrecortadamente- Cassie, reacciona... reacciona.
-Esa chica está pirada- Damien sonrió de lado.
-Ya te lo dije- la abrazó fuerte y le acarició la espalda- Dime que estás bien, no hagas caso de lo que dice Tess.
-Lo sé, lo sé. Era más realista mi obsesión de que no había muerto que la suya de que se la han llevado los extraterrestres- estaba cómoda entre los brazos de Damien y por un instante se le volvió a la cabeza la idea de pedirle un beso, pero estaba segura de que se negaría. -¿Qué estabas haciendo?
-Vigilar, Gabrielle se marcha ahora y me va a tocar seguir a Meredith...
-Gabby se va ¿por qué?
-Porque ha terminado su turno...- lógico.
-¿Y qué hace aquí Dempsey? Farrel me dijo que no vendría hasta mañana.
-No lo sé, será un cambio de última hora o igual se aburría sentado en su caserón, fumando puros y bebiendo licor- Cassie sonrió y se separó de Damien.
-Dempsey no hace eso, no es un conde...
-Cierto, no lo es, pero me gusta imaginármelo así, es un idiota- vaya, justo tras decir eso, Damien se arrepintió.- Disculpa, olvida lo que he dicho ¿Quieres que me quede un rato?
-No- ¿no?- Estaba pensando... tengo muchas cosas en la cabeza y quiero aclararlas.
-Hoy no has comido nada...
-No me siento bien, Farrel me ha dicho que no pasa nada, que he ganado peso y que si no quiero no tengo que comer- Otra cosa que Starla no había dicho de esa forma, seguro.
-No por haber ganado algo de peso ahora puedes dejar de comer...
-Ni tampoco voy a cebarme como un animal de granja- dijo Cassie resoplando y cruzándose de brazos como una niña pequeña.
-Encontraremos un punto medio- dijo acercándose para darle un beso en la mejilla y acariciándola después.-¿Quieres un café?
-No, quiero un beso de verdad y me voy a enfadar mucho si no lo consigo.
-Tendré que arriesgarme- dijo él poniéndose en pie- Me marcho, si necesitas algo llama.
-Vale...- pero ella se quedaba sin su beso, como siempre.

Gabby se iba, pero no era la única. Starla tenía que marcharse aquella noche,por eso Dempsey había reincorporado antes. Sin embargo no quiso irse sin antes pasar a ver a una de sus pacientes. Llamó a la puerta de su cuarto y esperó una respuesta para poder entrar.

-Buenas tardes, Regina- saludó, sonriendo.
-Serán buenas para usted, que se va de fiesta- dijo desagradable- yo tengo que quedarme aquí, encerrada... ¿sabe? Aún tengo calambres.
-Regina- suspiró Starla, negando con la cabeza- Venía a darte una buena noticia porque Meredith me dijo que esta mañana tu comportamiento en la nueva terapia había sido sobresaliente...
-¿La novata dijo eso de mi?- sorprendete. La doctora asintió.
-Digamos que Meredith cuidará de Sebastian esta semana y si quieres pasarte a verle... yo no te lo prohibiré porque no voy a estar aquí- insinuó la mujer, por lo que se veía se levantaba la veta.
-¿De verdad?¿Me deja verle.. estar con él?
-Sí, pero con una condición- Reggie asintió frenéticamente- Hay límites, Regina, nos los cruces... hago esto porque creo que te va a beneficiar.
-Antes pensaba todo lo contrario... ¿por qué?
-Porque no avanzas estando con él... pero tampoco lo haces sin él. Os daré una oportunidad- la doctora cedía por el bien de ambos, pero temía estar siendo demasiado condescendiente.- No la fastidies.
-No lo haré, gracias doctora.

Una buena noticia nunca venía mal y Starla salió del hospital, acompañada de Gabrielle, de muy buen humor.

-¿Has ido a ver a Cassidy antes de salir?- preguntó la doctora en el aparcamiento.
-Sí, estaba dormida, lleva durmiendo desde por la mañana- o eso pensaba ella.
-Sube, te llevo- ofreció la doctora, que tenía su flamante coche en el aparcamiento.
-No es necesario, iré en autobús.
-No, Gabrielle, sube. Quiero decirte algo sobre Cassidy...

Pasó la tarde y la noche y Cassidy no probó bocado, aún así, Meredith le llevó una bandeja de comida y se la dejó sobre la mesa, por si se 'despertaba'. Pero no puedes despertarte si no estás dormido y Cassidy pasó toda la noche en vela. Más o menos a las tres de la mañana se levantó a estirar las piernas, estar tantas horas acostada la había agarrotado por completo. Miró con desgana la comida, por alguna razón no tenía nada de hambre. Fue entonces cuando escuchó pasar a alguien corriendo y jsuto después escuchó la voz de Damien.

-¡No, Meredith! Espera, por favor- no debía gritar, alteraría a los pacientes. Cassie no lo sabía, pero acababa de pasar algo en el cuarto de Bastien.

Al marcharse Gabrielle hasta el sábado e irse la directora hasta la semana siguiente, además de que había varios miembros del personal que libraban esos días, se reasignaron muchos pacientes. Fue Meredith la encargada de ocuparse de Sebastien y, como sabía que Damien querría ver a su hermano, le solicitó como su auxiliar. Estaban pasando la ronda a las tres menos cuarto cuando entraron en el cuarto del chico. Estaba despierto y atado.

-Vaya, visita- canturreó.
-Deberías estar durmiendo, las pastillas que tomas podrían sedar a un caballo- dijo Damien.
-No me las he tomado. Ahora suéltame, tengo que ir al baño- dijo Bastien, sin darle la importancia al hecho de haberse saltado una de sus dosis.
-¿Qué? Bastien, tienes que tomarte la medicación- le regañó Meredith. Damien la miraba, no estaba seguro de si desatar o no a su hermano.-¡Oh! Sí, desátalo.- Bastien liberó las manos y piernas de su hermano para que pudiera ir al baño y mientras Meredith revisó, como era costumbre, el cuarto. Sabían que Regina había estado ahí y podía haber llevado cualquier cosa. Además, si no se había tomado la medicación ¿dónde la había dejado?-Mira- susurró la enfermera- Bastien se acercó y miró bajo la almohada.
-Vaya...- había seis píldoras- Hoy no se las ha tomado... yo le veo tranquilo.
-Ve a por un par y trar agua, no puede saltarse las dosis, podría sufrir un ataque- Bastien se apresuró a salir mientras Meredith guardaba las pastillas ocultas en una bolsita de plástico que llevaba en el bolsillo..

En ese momento se escuchó la cisterna del baño y luego el grifo. Tras un instante Bastien salió del baño.

-¿Ya has echado a mi hermano?- preguntó, alzando las cejas- Creí que te caía mal, pero ahora creo que quieres violarme- Meredith chistó.
-Y yo creo que no es bueno que no te tomes la medicación- respondió, fulminándolo con la mirada- Y no he echado a tu hermano, ha ido a por tus pastillas.
-¿Por qué?- preguntó, acercándose por detrás a la enfermera y agarrándola por la cintura. Meredith se puso rígida ¿qué pretendía?- Puedo tomar un par de las tuyas- añadió luego, deslizando la mano en el bolsillo de su bata y sacando el bote de pastillas de la chica.
-Suéltame y dame las pastillas...
-Decídete, me las tomo o te las doy- bromeó, soltándola.
-Dámelas y túmbate...
-Nah, creo que no. Aunque bueno, lo de tumbarnos...
-No he usado el plural, Sebastien, túmbate ahora mismo- dijo nerviosa.
-¿Y si no quiero...?
-¿Qué pasa aquí?- preguntó Damien al regresar con una botella de agua y un vasito blanco de plástico con un par de pastillas. Bastien le tiró el frasco y su hermano lo agarró con la mano libre.-¿Y esto?
-Nuestra enfermera novata lleva pastillas encima- canturreó Bastien de nuevo- He estado pensando que hay una tercera opción, Meredith... a lo mejor eres una adicta. Mucho médicos se pinchan morfina o son adictos a los calmantes- Bastien comenzó a divagar hasta que su hermano lo cortó.
-¡Cállate! Meredith, no puedes llevar medicación encima...- la enfermera podía haber mentido, o haber improvisado algo, pero salió corriendo del cuarto.- Joder, Bastien.
-Venga, no es para tanto... a lo mejor la he ayudado y todo- bufó, antes de tomarse la medicación y tumbarse para que volvieran a atarlo.
-No... pero prométeme que te quedarás aquí- Bastien asintió, la primera noche fuera de aislamiento sin permanecer atado.

Fue entonces cuando Damien salió corriendo tras Meredith, levantando la voz sin querer, y la siguió hasta el cuarto de enfermeras.

-Espera, Meredith...- pidió de nuevo, antes de entrar.
-¡Márchate!- bufó enfadada.
-Escúchame ¿por qué las tienes? Pudo ser un descuido, no deberías llevarlas encima, cualquier paciente podría quitártelas o...- Damien trataba de no pensar en que Meredith podía ser una adicta o algo parecida.
-Son mías- dijo de repente, cortando la retahila de excusas del chico. Él abrió los ojos, sorprendido- Las tomo desde los quince años... me diagnosticaron un principio de esquizofrenia, nada grave, se controla con medicación y hace años que no tengo un ataque.
-Vaya... no sé qué decir- balbuceó.
-Dempsey lo sabe, pero Farrel no... y no quiero que nadie más lo sepa.
-No se lo diré a nadie- mejor, porque si titubeaba jugaría la baza del 'me lo debes' y entonces Damien ya no podría negarse.- Seguro que estás bien.
-Hace nueve años que estoy bien, la dosis que tomo es la mínima y previene cualquier problema- volvió a excusarse.- No tenía que haberlas llevado conmigo y Bastien...
-Descuida, hablaré con él- rápidamente intentó cambiar de tema- ¿Quién es el siguiente en la ronda?- Meredith sonrió y suspiró.
-Tess Donner, la abducida- respondió.
-¿Qué sabes sobre ella?
-Diecinueve años, tiene amnesia post-traumática- Bastien alzó las cejas- Tuvo un accidente de coche, sus padres murieron en él y cuando se despertó del coma había perdido mes y medio de su vida. Se inventó una historia absurda...
-Sí, sí extraterrestres, abducción, esperimentos... ¿cuánto lleva con eso?
-Siete años... tuvo el accidente con doce- eso sí era traumático.

Siguieron hablando de Tess, ya que Meredith había visto su expediente, hasta que llegaron a su cuarto. Al entrar Tess estaba acurrucada en una esquina de su cuarto, pintándose con un rotulador en el brazo izquierdo, a su alrededor había varios papeles llenos de escritos sin sentido, garabatos, signos y dibujos.

-Tess, por Dios, no te pintes el brazo- la regañó Meredith- Esta mañana me llevó veinte minutos quitarte esa tinta.
-Ellos me dejaban, su tinta se iba con la lluvia- dijo Tess, sin para de dibujar, a penas veía lo que hacía porque el cuarto sólo se iluminaba con la luz de emergencia sobre la puerta.
-Claro que sí, pero eso es un rotulador permanente y aquí nuestra lluevia es normal- dijo Meredith, agarrando a Tess para ayudarla a ponerse en pie.-¿Te has tomado la medicación?
-Claro que no, ellos me dijeron que no las tomara, me hacen daño, me hacen olvidar el camino de vuelta ¿qué haré cuándo vuelvan a buscarme?- preguntaba, dejándose llevar hacia la cama.
-Ya veremos qué hacer, pero tienes que tomarte las pastillas...
-¿Y si no me atará?
-No, no es mi estilo, decide...o pastillas o inyección, lo haremos de todas formas- Damien, que observaba desde la puerta, sonrió y negó con la cabeza.
Era graciosa y diferente la forma en que Meredith trataba a sus pacientes, lo hacía bien, pero estaba acostumbrado a la manera de trabajar de Gabrielle. Sin embargo, en ese momento, lo único en lo que pensaba, la única persona a quien tenía en la cabeza era...

Pasó el viernes y Cassidy se negaba a levantarse de su cama, a comer o a moverse. Mantenía que estaba pensando, ordenando sus ideas y eso la impedía hacer nada, pero la realidad era que ni había comido ni había dormido y eso la hacía estar agotada. Dempesey fue a verla el sábado por la mañana, como Farrel le había dicho.

-Buenos días, Cassidy- saludó, entrando en el cuarto.- Me han dicho que llevas dos días tirada ahí ¿tienes pensado moverte?- Cassie no contestó,ni se movió- Gabrielle te traerá algo de comer y espero que no haya problemas.
-¿Y si los hay?- preguntó, sin mirarle.
-Cassidy, yo no soy la doctora Farrel, no te pasaré las tonterías. Quiero que te muevas, volveré esta tarde y espero no verte ahí tirada- la chica volvió a quedarse en silencio, desafiante, y el doctor salió del cuarto.

Pasados unos diez minutos Gabrielle llegó con algo de fruta y una infusión, algo suave para media mañana, no quería que se sintiera hinchada y luego no quisiera comer. Pero de poco sirvió su preocupación porque, de nuevo, Cassie se negó a comer.

-Cielo, ¿qué es lo que ocurre ahora?- Gabby sentía que hablaba con una pared, no recibía respuesta y eso era frustrante, pero se estaba acostumbrando. - Tienes que comer, por favor- pero nada, sólo silencio- Está bien, como quieras. Te dejaré esto aquí y volveré al mediodía con la comida. Trata de espabilarte.

Normalmente Gabrielle hubiera insistido más, pero ese fin de semana estaba bajo el mando de Dempsey y no quería armar un escándalo que le trajera problemas a Cassie. Además, Farrel le había dicho que en dos semanas su madre se la llevaría y estaba bastante disgustada. No quería que los últimos días de Cassie allí fueran duros o desagradable, aunque tampoco quería que se quedara catatónica.
En su primera descanso, hacia la una del mediodía, poco antes de comenzar la ronda por el comedor, se pasó por la sala de enfermeras y allí estaba Damien y Meredith, que acababan de llegar. Estaban tomando un café y bromeando. Eso sorprendió bastante a Gabby, pasaba día y medio de descanso y cuando llegaba ya eran mejores amigos...

-Buenos días- saludó, escéptica.
-¡Ah! Hola, Gabby- saludó Damien.
-Hola- Meredith se unió al saludo, pero notó la incomodidad de Gabrielle.- Bueno, yo me voy. Nos vemos luego, Damien.
-Claro- respondió él. En cuanto la chica desapareció, Gabby se sirivó un café.
-Vaya, que bien te llevas con Meredith- dijo irónica.
-Sí, es muy simpática- el comentario le extrañó bastante, pero no se ofendió.
-¿Te acostarás con ella, también?-Uy... eso sonó muy mal y sí que hizo reaccionar al chico.
-Gabrielle ¿Qué es lo que pasa?- arrugó la frente, extrañado, pero quizás estaba bromeando.- No estarás celosa...
-No, no- rectificó enseguida- Lo siento es sólo que... se la llevan, Damien, a Cassie... en un par semanas- Damien abrió los ojos, disgustado y sorprendido. Gabby comprendió que él aún no lo sabía y, en verdad, no le gustaba ser ella quien le daba la noticia.-¿Cómo puedes creer que estaba celosa?- preguntó de repente, sonriendo. Acababa de asimilar la tontería que le había soltado el chico.
-Bueno el '¿También te acostarás con ella?'- repitió burlón- me hizo pensar mal.- Suspiró y las sonrisas duraron sólo un instante.-¿Crees que está preparada?
-¿Quieres que sea sincera?- preguntó Gabrielle, poniéndose realmente seria. Damien asintió.- Creo que no debería estar aquí.

Probablemente sí durante un mes o dos, pero no en ese momento, si no al principio, cuando más ayuda necesitaba. Obviamente esa era la opinión personal de Gabby que no tenía ninguna validez clínica.

-Bueno, he de irme, de momento sigo con Meredith hasta que cambien las asignaciones- dijo Damien, antes de irse.
-Sí, claro. Voy a llevarle algo de comer a Cassie ¿con quién estáis ahora?
-Con la nueva.
-¿Tess Donner?- preguntó Gabby- Vaya, dicen que está muy mal.
-Sí y es tan joven- Damien, realmente, sentía mucha pena por la chica.- Ayer nos las vimos negras para hacerla tomar la medicación...
-Como con todos al principio...- Gabrielle suspiró, recordó lo difícil que había sido a veces con Cassidy y lo mucho que la echaría de menos si se iba. Damien le dio un abrazo para consolarla.
-Nos hemos encariñado demasiado con ella...- ella se separó de él y asintió.
-Unos más que otros...

Eso dejó pensando a Damien ¿se refería a ella misma o a él? Porque él no se había encariñado más que ella, o sí... o quizás fuera diferente al cariño. No, era demasiada confusión, necesitaba volver a hablar con Cassie porque, si se la llevaban en dos semanas, cambiaría mucho su situación. ¿Qué hacer?

Trató de dejar de pensar en la chica mientras ayudaba a Meredith y no fue complicado. Tess era todo un personaje, realmente imaginativa y fantasiosa, pero al tiempo desquiciada. Según los informes de su anterior médico, Tess tenía un coeficiente intelectual muy superior al de la media, pero lo desperdiciaba metida ahí dentro.

-Tess tienes que comer y tomarte tu medicación-insistía Meredith, sin desesperar, tras quince minutos repitiendo lo mismo.
-No- negaba Tess, con los ojos muy abiertos y temblando- Ya me advirtieron sobre vuestra comida.'No la comas' me dijeron... y vuestras pastillas, me hace dormir y aprovechais para hacerme pruebas y buscar sus chips... pero los han escondido en mi cuerpo, son pequeños e invisibles ¡no los encontrarás, bruja!
-Tess, no quiero tus microchips, sólo quiero que comas- al margen del drama personal de Tess y de su enfermedad, escucharla desvariar era gracioso y ver a Meredith siguiéndole el juego era mucho mejor.
-Quiero quedarme con él, de él me fío- dijo, señalando a Damien. A Meredith le extrañó, pero cumpliría el capricho de su paciente.
-¿Podrás con ella?- le preguntó a Damien, él asintió, no tendría problema. Tras eso, la enfermera se fue.
-Así que chips invisibles bajo la piel...- dijo el chico, sonriendo ya cercándose a Tess con la comida.
-Por todas partes, vendrán a por mi y me llevarán de nuevo con ellos... a su planeta- Damien escuchaba entretenido mientras ella comía, lentamente.- Es un lugar precioso, donde todo el mundo es amable. Su cielo es de un color rosado con nubes violáceas. Todos visten con ropa plateada y futurista y viven en enormes burbujas.
-¿De verdad?¿Y dónde vivías tú?
-En sus laboratorios, grandes cuartos con paredes llenas de estantes con tubos con sustancias purpúreas y brillantes- cada vez que hablaba así, a Tess se le iluminaban los ojos.
-¿Por qué te devolvieron aquí?
-Tengo una misión- afirmó ella enérgicamente- cuando la cumpla volverán a por mi y entonces me quedaré con ellos.

Damien se quedó hablando con la chica durante más de una hora y consiguió que se tomara su medicación sin problema ninguno. Tess sólo necesitaba a alguien que la escuchara, que le siguiera el juego sin criticarla o mirarla mal. Damien lo había hecho y eso le había dado mucha confianza a Tess Donner.

Pasó poco a poco la tarde y Meredith notó las miraditas que le echaba Gabrielle cada vez que se cruzaban, pero no quería decir nada. ¿Era por Damien? Se supone que no había nada entre ellos, además Meredith y él sólo eran compañeros que, poco a poco, se iban haciendo amigos.

Hacia las cinco y media de la tarde, el doctor Dempsey fue a ver a Cassidy. Ella seguía tirada en la cama, con los ojos bien abiertos, sin mirar a ningún lugar en particular. Dempsey suspiró al entrar, negando con la cabeza, le había pedido que reaccionara, que comiera, pero no le había hecho caso. Tanto la fruta de media mañana como la bandeja de la comida seguían intactas, ni siquiera había bebido agua...

-Cassidy, ya está bien. Levántate- obviamente, no obtivo respuesta- Me estás cansando, Cassidy. No me obligues a meterte en aislamiento- total, haría lo mismo encerrada en aislamiento que en su propio cuarto.

Cerró la puerta del cuarto de Cassie y fue hacia el baño. Encendió la luz y luego fue a por la chica. La cargó en brazos, sin que ella opusiera resistencia de ningún tipo y la llevó hasta el pie de ducha. Cassidy no se movía, como fuera una simple muñeca de trapo. James la dejó sentada y abrió el chorro de la ducha, de forma que el agua helada cayó sobre Cassidy, haciéndola reaccionar al fin. Se retorció por el frío y trató de levantarse, pero resvaló.

-¡PERO QUE COÑO HACE!
-¿Ya reaccionas?- preguntó el doctor.
-¡SACAME DE AQUI JODER!
-¿No puedes salir sola, Cassidy?
-¡NO PUEDE HACER ESTO! Se lo diré a Farrel y lo despedirá ¡Ni siquiera es médico, es sólo un maldito aprendiz! Un idiota que se graduó el último de su clase e hizo psicología porque no podía ser un médico de verdad- gritó ella furiosa, sin poder ponerse en pie.
-¿Eso opinas de mi, Cassidy?¿Quieres que te diga lo que yo pienso de ti?
-ME DA EXACTAMENTE IGUAL. Que le den, es un jodido capullo- estaba helada, fuera de sí y no hacía más que gritar. Dempsey cerró la puerta del baño con pestillo, tal y como gritaba la chica podía escucharla cualquiera y Dempsey no quería interrupciones.
-Pues te lo diré de todas formas. ¡No sé a qué ha venido tu numerito de catatónica de estos últimos días! Te quedan dos semanas aquí y vas a esforzarte en mejorar- Cassie se quedó callada ¿Se iba en dos semanas?
-PUES MEJOR, ASI NO TENDRE QUE SOPORTARLE- arremetió,furiosa, logrando cerrar el chorro de agua fría de la ducha. Justo en ese instante Gabrielle pasaba por allí y escuchó gritar a al chica. Entró rápidamente, preocupada y trató de abrir la puerta del baño, pero estaba cerrada. Podía escuchar a Dempsey y a Cassie.
-Abra, doctor, abra al puerta-pidió, preocupada. Al no obtener respuesta, llamó a Damien por su walkie-talkie.
-No tenías que haberlo hecho nunca porque tú no estás enferma y no deberías estar aquí. ¡No eres más que una niñata caprichosa que se está volviendo loca a sí misma! No quisiste luchar cuando lo pasaste mal ¿creías que iban a hacerlo por ti?
-¿Es esa su opinió profesional, doctor James Dempsey?- preguntó Cassie, mientras se ponía lentamente de pie.- ¿O la ha leído en un informe hecho por un médico de verdad? O quizás el una revista o en el menú de una cafetería... No es nadie y no sabe nada de mi.
-Ni tú de mi, Cassidy. No eres una enferma, sólo una inmadura. ¡Tu hermana ha muerto, tu padre ha muerto! Llora, desahógate y sigue con tu vida. No eres ni la primera ni la última persona que ha perdido a seres queridos- le espetó, furioso, mientras ella le encaraba.
-Púdrase...- Dempsey negó.
-No, Cassie, yo lucho... la única que se está pudriendo eres tú ¿Y sabes cuál es tu mayor problemas?
-Ilumíname- dijo ella, con el último resquicio de paciencia que le quedaba.
-Que odias a tu hermana- eso la hizo estallar y trató de golpear a su médico. Él la sujetó, con dificultad.
-No diga eso ¡NO LO DIGA!- Gabrielle golpeaba preocupada la puerta del baño y encima Damien no llegaba.- ¡NO TIENE DERECHO, YO LA QUIERO!
-Te dejó sola ¿verdad? Se fue, te abandonó y la odias por eso ¡RECONÓCELO!
-¡NO! Miente.
-Siempre fue mejor que tú, más guapa, más lista... vivías a su sombra y te abandonó.
-¡NO!
-Vamos, Cassidy, no tiene nada de malo. Tienes que soltarlo, tienes que liberarte de esa carga- pidió el doctor, cada vez más amable, tratando de sujetarla con cuidado.
-¿Por qué tuvo que irse?- preguntó ella llorando, cediendo al fin y reconociendo lo que sentía de verdad. Dempsey había acertado de pleno-¿Qué hice mal? La odio...
-Tranquila, tranquila- pidió el doctor, abrazándola. Ella se aferró a él, sollozando.

Y fue en ese momento cuando Gabby y Damien, que estaban tras la puerta del baño, no soportaron más la situación y Damien golpeó la puerta hasta lograr romper la cerradura y abrir. Por desgracia, malinterpretó la situación, pero no era para menos. El doctor abrazaba a Cassie, que estaba llorando y empapada y había estado gritando.

-Suéltala, James- dijo, amenazante.
-Cierra la boca Damien, trato de ayudarla...
-¿Ayudarla? ¿Y cómo? Aprovechándote de ella, suéltala ¡ya! Gabrielle, llama a seguridad- Gabby se había quedado helada en la puerta, mirando con ojos desorbitados a Cassie y al doctor.
-No llames a nadie, Gabrielle. No será necesario- Cassie se apartó del doctor cuando, al fin, reaccionó y Damien aprovechó ese instante para lanzarse sobre James, furioso.

Gabrielle sacó a Cassidy del baño y llamó a seguridad....

... hicieron falta cuatro guardas para lograr se pararlos. Otras enfermeras y muchos pacientes se amontonaron en la puerta del cuarto de Cassie, haciendo demasiado ruido. Incluso Bastien, Tess y Regina estaban allí, flipando.

Cuando los guardias sacaron a Dempsey por un lado y a Damien por el otro, Bastien siguió a su hermano, le gustaba que por una vez, no fuera a él a quien llevaran a rastras.

-Cassidy ¿estás bien?- preguntó Gabrielle, aterrorizada, tratando de hacerla entrar en calor con toallas. Cassi asintió, aún algo shockeada.-¿Te ha hecho algo o te ha tocado?
-No, Gabrielle, estoy bien...
-Cassie, si te ha hecho daño tienes que decírmelo...- prácticamente llorabade rabia e impotencia.
-Gabrielle, estoy bien... de verdad, no me ha hecho nada malo.

El incidente tuvo tanta repercusión que hizo que la doctora Farrel abandonara la celebración de la boda de su hermana. Ya estaba terminando, pero igualmente era descortés, pero la emergencia la requería y su familia lo comprendió.
Trató menos de cuarenta minutos en llegar, echa una furia y citó a Dempsey en su despacho. Estuvieron como cinco minutos en silencio, sentados un frente al otro, Starla tras su mesa, con las piernas cruzadas, dándole al pie, nerviosa.

-¿Vas a decirme algo o sólo mirar para mi mientras juras por lo bajo?- preguntó James, mirando con perspicacia a la doctora.
-¿Quién te piensas que eres, James?- preguntó Starla, tratando de mantener la calma.
-Soy el médico a cargo de Cassidy este fin de semana- afirmó, él no creía haber hecho nada malo.
-¿Y crees que puedes hacer lo que te de la gana? La has tirado en una ducha de agua helada y le has gritado hasta lograr aterrorizarla ¡DEBERIA MANDAR QUE TE DETUVIERAN POR ABUSO!
-¡HE HECHO LO QUE TU NO TE HAS ATREVIDO A HACER, STARLA! Le he ayudado- gritó. En ese punto ambos estaban de pue, furiosos- Eres su medico, no su madre... has dejado que el cariño que sientes por ella nublara tu juicio.
-No tienes derecho a desacreditarme como médico, por el momento tú no tienes ningún tipo de acreditación.
-¡No te desacredito, Starla! Pero entiéndelo, ella no debería estar aquí, ella no necesita medicación agresiva, ni terapia, ni aislamiento...
-¡Y QUE NECESITA!¿Según tú, claro?
-A su madre y ti, para que la escuches y la ayudes, pero no para que la encierres. No llegaste al fondo del problema, no te encierres en el accidente, no fue con eso con lo que se obsesionó ¡fue con su hermana!
-Que murió en el accidente, del que se resistía a hablar. No se acerca al mar desde aquellas, veía a su hermana por todas partes y llegó a creer que estaba viva, a pensar que podía hablar con ella... necesitaba estar aquí.
-Lo necesitaba al principio... también necesitaba a su madre y estaba el día entero trabajando; y a sus amigos y la dieron de lado.... Fueron muchas cosas.- Starla prefirió dar aquello por zanjado. Ciertamente se había equivocado en muchas cosas, se había dejado deslumbrar por Cassie y no había podido ayudarla todo lo que hubiera deseado.
-Debería despedirte....- amenazó.
-Sí me echas, tienes que echar a ese idiota de Damien- bufó James.
-Trataba de protegerla... voy a tener que subirle el sueldo- no, no lo haría, pero no quería despedirle y, ciertamente, o no echaba a ninguno o los echaba a los dos.- Vete a casa, tómate unos días libres, hasta que todo se calme. Iré a ver a Cassidy.


Starla corrió por los pasillos, iría a buscar a Cassie para asegurarse de que estaba bien. Mientras tanto, Dempsey no era el único que necesitaba una charla, Damien también estaba de los nervios y era su hermano el encargado de calmarlo... a su manera. Estaban fumando un par de cigarrillos, tirados en un pasillo del hospital.

-Que bueno ¡normalmente es a mi a quien sacan a rastras los guardias!- dijo Bastien, sorniendo.
-No jodas, no esoy de humor...
-¿Aún me niegas que te gusta? Has agredido un médico por ella...
-La encerró en un baño y cuando entré la estaba sujetando ¿qué se supone que debía pensar? Hice mi trabajo- explico, tratando de calmar su furia. Odiaba a Dempsey y eso no mejoraba las cosas.
-Anda y vete a la mierda- bufó Bastien- ¿qué harás ahora?
-No lo sé, lo más probable es que me despidan y...
-Dimite- le cortó su hermano.
-No- o lo echaban o se quedaba.
-He llamado a papá y mamá, les he pedido que me saquen y han accedido- ahora tenía que pensar como llevarse a Reggie con él.
-Aún no esás en condiciones de irte...
-Que te den, es mi problema. Vive tu vida y déjame intentar vivir al mía- Damien negó- No me mires así, sabes que tengo razón.Ya me has dedicado casi tres años de tu vida, dimite, sal de aquí y recupéralos.
-No puedo...
-Pero quieres, todos los días que no he estado encerrado en aislamiento has aparecido en mi cuarto para verme. Día tras día preocupándote por mí y lo único que he deseado siempre era que no aparecieras al día siguiente, que te hubieras ido a vivir tu vida de una vez, sin avisar, sin darme explicaciones... quizás yo no tenga futuro, pero tú sí- no, no sonaba como un loco, sonaba como un hermano mayor. Ahora le tocaba a él preocuparse.- Si de verdad quieres ayudarme, dimite y lárgate.



-No me voy a ir
ni tú tampoco- respondió Damien, seriamente. No tenía intención de pensárselo o de replantearse su vida.- No deberías haberle pedido a papá y mamá que te sacaran.
-¿Por qué no? ¿Yo no tengo derecho a estar fuera de aquí?
-¿Y crees que va a ser tan fácil? ¿Qué todo sigue igual ahí fuera después de todos estos años?- preguntó, enfadado- ¿Crees que podrás llevártela contigo?
-Se lo he prometido

-Mira, Bastien. Lo creas o no, Regina está mucho peor que tú, la única razón por la que eres más peligroso que ella es porque puedes tumbar a cualquiera de los médicos
- Bastien negó, no quería pensar que Reggie estuviera tan mal- Toma casi el doble de medicación que tú y acaba de salir de Electroshock
no dudo que la quieras- mentira, sí lo ponía en duda- pero si de verdad deseas lo mejor para ella debes quedarte y debes dejar que ella se quede.
-No

-Llamaré a casa y les diré a papá y mamá que aún no estás listo para salir- dijo Damien, poniéndose en pie. No lo dejaría para otro momento.
-¿Por qué?¿Por qué nadie quiere verme fuera? Os esforzáis en tenerme encerrado y es eso lo que me vuelve loco

-No, Bastien, tus delirios y tu embotamiento te vuelven loco- Sin embargo Damien estaba de acuerdo en una cosa, quizás nadie quería ver a su hermano fuera.- Confía en mi, yo arreglaré esto ¿sí?
-¿Cómo?
-¿Vas a confiar o no?- Bastien asintió, si había alguien en quien podía confiar, ese era su hermano pequeño.

Damien acompañó a su hermano hasta su habitación y después fue a buscar a la doctora Farrel a su despacho, pero no estaba allí. Había ido a ver a Cassidy, que estaba en su cuarto con Gabby. Tras la ducha de agua fría la había ayudado a cambiarse de ropa para que no enfermara y le estaba secando el pelo. Ya no había queja en ese aspecto.

-Hola, Cassie- saludó la doctora- Gabrielle, ¿puedes dejarnos a solas?- Aunque a Gabby no le hizo demasiada gracia, obedeció y salió del cuarto- ¿Cómo estás?
-Bien
creo- respondió la chica, dudosa.
-Lo siento mucho, no debí dejarte a cargo de Dempsey y

-No- le interrumpió Cassidy- No lo entiende. Estoy bien, bien de verdad
como antes de que Hope muriera.- La doctora se sorprendió, no comprendía nada.
-No te entiendo ¿qué es lo que ha pasado en el baño?
-Llevaba un par de días tirada, dándole vueltas a lo mismo una y otra vez sin parar. No encontraba una respuesta hasta que llegó Dempsey- él pareció verlo claro desde el principio, vio lo que los demás no veían. Cassie echaba de menos a su hermana, obviamente, pero no sentía culpa o frustración por la pérdida, sentía ira, ira que había reprimido y que la había ido consumiendo poco a poco.
-¿Cuál es la respuesta, Cassie?
-Doctora ¿es malo que esté enfadada con ella? Porque es mi hermana y la quiero, pero

-En parte la odias- Cassie asintió, avergonzada. La doctora la abrazó fuerte- Ella no eligió marcharse y no se fue para hacerte daño
pero ya no está.
-Ojalá estuviera
y mamá
Hope era su favorita.
-Sácate eso de la cabeza. Grace os quiere a ambas y ahora mismo lo que más quiere y necesita en el mundo es que te pongas bien. Nadie, escúchame bien- pidió, agarrando la cara de la chica entre las manos, con cuidado- nadie pretende que sustituyas a tu hermana ¿lo entiendes?- Cassie asintió y volvió a abrazar a su médico.
-¿Cree que estoy lista para irme?
-Aún tenemos trabajo, pero creo que ya es hora de que recuperes tu vida- aún era muy joven y podría continuar donde lo había dejado.






Bastien se cansó de esperar a la doctora, así que fue a la sala de enfermeras a buscar su teléfono móvil para llamar a sus padres y pedirles ¡no! para exigirles un cambio de actitud. Bastien no estaba listo para volver a su vida normal, pero sí se merecía algo mejor que aquello. Sin embargo, algo quiso que el chico no pudiera efectuar esa llamada, y ese algo se llamaba James Dempsey.

Iba caminando por el mismo pasillo, en sentido opuesto. Ambos se quedaron parados en cuanto se vieron, frente a frente, a unos cuatro metros de distancia. Se hizo el silencio, Dempsey tenía un moratón bastante feo en el pómulo derecho por el golpe que le había propinado Damien.

-Bonito golpe

-Muy gracioso, Damien. Debería hacer que te despidan- amenazó el doctor.
-Quizás, pero no puedes
no hasta que apruebes la residencia, consigas un trabajo fijo y pasen ¿cuántos? ¿Diez años hasta que seas alguien en este hospital?- ambos podía retarse y amenazarse, pero no llegarían a nada.
-No sé que creíste que estaba haciendo, pero no le he puesto ni un dedo encima

-Más te vale porque si ella me dice lo contrario no respondo de mis actos.
-¿Sabes que tienes más posibilidades de sufrir depresión o esquizofrenia si tienes un familiar enfermo?- Dijo James, sonriendo de lado. El joven apretó los puños, enfadado, su hermano era intocable- No deberías estar aquí
tú hermano no mejorará más deprisa sólo porque tú corretees por los pasillos.
-Eso no es asunto tuyo

-No podrás estas con ella si te quedas.
-Y eso tampoco es asunto tuyo- había que reconocer que Dempsey era bueno en lo suyo, eso era innegable. Lograba ver lo que otros no veían

-Cierto ¿Te suena el Centro Psiquiátrico Carter Beach?- Damien asintió ¿a qué venía eso?- Está en Florida, cerca del mar, es algo caro
pero sé que para tú familia el dinero no es problema.
-¿Y qué quieres decir con eso? Conseguir plaza en Carter Beach es prácticamente imposible.
-Dimite y haré que le reserven un cuarto con vistas a Bastien. Terminará el resto de su tratamiento rodeado de sol, canchas de tenis y zumos de piña colada.

¿Pretendía Dempsey librarse de los hermanos o ayudarles? Se esperaba un no, por el orgullo del auxiliar, pero Damien pareció pensárselo. Ambos dieron un par de pasos al frente, para acortar algo las distancias.

-Que sean dos cuartos- dijo Damien, finalmente.
-¿Cómo?
-Si quieres que dimita quiero que me consigas dos cuartos. Hazlo y no volverás a verme jamás- ¿estaba en posición de poner las condicione? quizás no, pero iba a intentarlo.
-Está bien, pero quiero tu dimisión mañana mismo- Damien negó.
-No, quiero poder confirmar esos dos cuartos. Verás mi dimisión en cuanto sepa que no tratas de engañarme.
-Hecho


Haber aceptado esa oferta por el bien de su hermano implicaba consecuencias negativas para Damien. Perdería su trabajo, tendría que irse a vivir a Florida e incumpliría la promesa que le había hecho a Cassie. ¿Pero qué se supone que debía hacer?

Dempsey desapareció unos días y se llevó con él un buen sabor de boca. Era consciente de que había ayudado a Cassidy y había conseguido librarse de Damien y Bastien
pero por alguna razón su obsesión con Hazel crecía. Podía ver muchas cosas imperceptibles para algunos, pero la chica era muy complicada para él.

Poco sabían de ella. Sus padres nunca habían querido tener nada que ver con su hija desde que supieron de su enfermedad. Pagaban cada mes el cheque correspondiente a los gastos del hospital, pero nunca había pasado a verla o la habían llamado. Había antecedentes de esquizofrenia severa en su familia, su abuela materna la había parecido, y eso había ayudado a los médicos. Pero la nefasta actuación de su última enfermera, Margarette, la había destrozado.

Tras semanas aislada y sin poder medicarla para desengancharla, le había sido asignada a Meredith, con nueva medicación y se había probado a trasladarla al módulo con los pacientes comunes. Su vuelta había pasado desapercibida con la llegada de Tess y el incidente de Cassidy.

-Buenos días, Hazel ¿cómo te encuentras esta mañana?- Meredith entró en el cuarto con una bandeja con un plato de fruta, agua, una chocolatina y la medicación de la chica.- Te he traído chocolate
pero no se lo puedes decir a nadie ¿vale?- Hazel llevaba días sin hablar y sin casi moverse, estaba cansada, pálida y ojerosa. No dormía y casi no comía; sentía muchos dolores, algunos eran reales y otros, producto del delirio
ella era incapaz de distinguirlos.
-No tengo hambre- musitó, mirando a su nueva enfermera con ojos tristes.
-Lo sé, Hazel, pero tienes que comer
aunque sólo sea el chocolate.
-Quiero regaliz, lo comía de pequeña cuando estaba con mis padres en Toronto
en julio íbamos a la playa y hacía castillos en las rocas, pero luego venían desconocidos y los destrozaban con sus manos.
-Hazel
tú nunca has estado en Toronto- la chica hablaba de nada, no había estado en Toronto, ni en la playa con sus padres, los castillos no eran siquiera reales. Esos recuerdos no eran de verdad. La niña echó a llorar desconsolada.
-No sé lo que estoy diciendo
nunca sé lo que digo- Meredith se acercó y se acarició el pelo, tratando de tranquilizarla. No quería encariñarse con ella, no quería entablar amistad con su paciente, no le convenía a ninguna de las dos.
-Tranquila, tranquila
haremos una cosa, cómete la fruta y la chocolatina, tómate la medicación y yo te conseguiré una bolsa de regaliz ¿vale?- Hazel asintió, pero recordó que quería algo más.
-Necesito ver a Cassidy.

Su último encuentro había sido accidentado por culpa de Hazel y había estado a punto de terminar en tragedia. Necesitaba disculparse. Sin embargo su enfermera no estaba segura de si eso iba a ser posible y menos en ese momento. Tras dejar a Hazel comiendo, vigilada por un auxiliar, Meredith fue a ver a Tess.

Para varias la encontró tirada en el suelo del cuarto, con el brazo izquierdo pintado. Pero algo era distinto esa vez, algo en la cara de Tess era diferente. Parecía feliz, serena, en armonía. La enfermera de arrodilló frente a ella, dudosa.

-Tess ¿estás bien?
-Ya está- susurró la chica- Se ha terminado. Ya he cumplido mi parte, ahora vendrán a por mi.
-¿Qué dices? Tess, nadie vendrá.
-No me dejarán llevar a nadie al final, pero vendrán dentro de cuatro días y me llevarán de nuevo con ellos, para siempre
- la sonrisa se borró de la cara de la chica, que clavó sus ojos fríos en los de su enfermera- Y tú no podrás impedirlo.

Y el día pasó



Damien llamó a su familia y decidió llevar en secreto todo lo referente a su marcha hasta el último momento. Dempsey se fue y Cassie no volvió a verle jamás. Starla hizo todo lo posible por organizar de la mejor forma las dos semanas que a Cassie le quedaban en el hospital y Meredith consiguió un permiso para que Hazel pudiera ir a ver a Cassidy. Sin embargo aún quedaban muchas cosas pendientes. Reggie, Tess, Bastien
Gabrielle, sí, Gabrielle también.

Damien se la encontró llorando en la sala de enfermeras, desconsolada. Se acercó a ella y la abrazó con fuerza, tratando de calmarla.

-Gabby ¿Qué ocurre?
-No puedo más, Damien- dijo sollozando- se va en dos semanas y Dempsey le ha hecho eso ¡es un desgraciado!- eso él ya lo sabía.
-Que mal mientes

-¿Qué?
-Deja de escudarte en Cassidy, hace tiempo que te pasa algo y no me lo quieres contar- al margen de que se sintiera mal por su paciente, con la que se encariñada demás, el chico tenía muy claro de que había algo más grave de fondo. - Ya lo sé ¡estás embarazada!
-¡Oh! ERES UN IDIOTA- sí, pero la había hecho sonreír con sus tonterías- No estoy embarazada, sólo

-¿Totalmente destrozada? Cansada, nerviosa, somnolienta, flacucha. Duermes poco y comes mal, llevas semanas haciendo turnos dobles y casi siempre duermes aquí. Te alimentas a base de comida china, precocinados y bebidas con cafeína o café
te estás destrozando, Gabby. Necesitas un descanso.
-No puedo

-Tienes derecho a vacaciones pagadas, cógetelas ahora y duerme y come como una persona normal y por Dios, date algún capricho.- Pero no era tan fácil, no a todos les sobraba el dinero como a él.
-Quizás
pero quiero esperar estas dos semanas, creo que Cassie me necesita- y estaba en lo cierto.
-Probablemente y te necesitará más cuando yo me marche

-¿¡QUE!?
-Era inevitable. Voy a presentar la dimisión en un par de días, es definitivo y no quiero que digas nada- exigió, era una decisión propia y ligeramente meditada.
-Te echaré de menos, Damien- era algo así como su mejor amigo, dentro y fuera del hospital.
-No veremos, no te preocupes- le garantizó- Pero quiero pedirte algo, quiero que hagas algo pero no es por mi, es por ti

-Me tomaré esos días de vacaciones
- bufó ella.
-Habla con tus padres- Gabby abrió los ojos, sorprendida- Farrel me lo dijo, cuatro años sin hablaros son muchos años. Son tus padres y te quieren, podéis arreglarlo y ellos pueden ayudarte.
-No es asunto tuyo- bufó Gabby de nuevo, conteniendo las lágrimas- ¡Yo nunca me he metido de esta forma en tu vida! No tenías derecho

-Lo sé y lo siento, pero ya es hora de que alguien cuide de ti.

Aquellas dos semanas iban a ser muuuy largas y, desgraciadamente, muy complicadas para todos, sobre todo para Cassie y Damien.
Aquella mañana de lunes Cassie se despertó de bastante buen humor. Era pronto y faltaba un rato para que la hora de desayunar. Se puso un chándal y salió a dar un paseo por el jardín, tuvo que pedir permiso a una de las enfermeras, pero no le importó, eso ya no le hacía sentirse totalmente vigilada. En doce días se marcharía y podría retomar su vida donde la había dejado tras el entierro de Hope, tratando de olvidar el mal trago que había vivido.

Hacia las diez menos cuarto de la mañana Gabby, que había llegado tarde, fue a buscar a Cassie para ir a desayunar y al entrar en el cuarto no la encontró allí. Enseguida se preocupó y cogió su walkie-talkie para llamar a Damien, que aún no rondaba por allí.

-¿Qué haces?- preguntó Cassidy desde la puerta, llevando en una mano un cuenco de cereales.
-Cassie... creí que te había pasado algo ¿has ido sola a desayunar?
-Sí- dijo sonriendo- Van a darme el alta en menos de dos semanas, creo que hay cosas que ya puedo hacer sola.
-Sí, tienes razón... perdona- era ridículo que se asustara por ella, a esas alturas era prácticamente imposible que algo saliera mal.-¿Llevas mucho tiempo despierta o... dormiste mal?
-Nah, dormí bastante bien. Me desperté pronto y fui a dar un paseo y luego a desayunar. He visto a Meredith hace media hora, se marchaba para casa y me dijo que Hazel quiere verme... pero tengo que pedirle permiso a la doctora Farrel ¿crees que me dejará?
-No lo sé- contestó la enfermera mientras retiraba las sábanas de la cama de la chica e iba a abrir la ventana para airear la habitación- Si la doctora te da permiso no veo problemas.
-¿Crees que estará enfadada?
-No... Hazel es una buena chica, al margen de su enfermedad pero...- mejor no terminar la frase, ella solo era una enfermera y su opinión no tenía validez. En ese momento apareció Damien, que había ido al cuarto cuando Gabby le había intentado llamarlo por el walkie.
-Buenos días. Gabby ¿pasó algo?
-No, no que va. Falsa alarma- dijo negando con la cabeza- Iré a llevar esto a la lavandería. Cassie ¿has tomado la medicación?
-Me la ha dado Morgan...- eso era suficiente para la enfermera, se fiaba pero lo comprobaría hablando con Morgan. Mientras, dejaría solos a Damien y Cassie, tenían un tema que discutir.- Hola ¿quieres cereales?- Damien sonrió, normalmente hubiese dicho que no pero ¿qué demonios?
-Claro, dame- dijo acercándose y abriendo la boca para que le dieran de comer como si fuera un babé. A Cassie le resultó raro, pero le encantó.- Tan wenos- casi no se le entendía con la boca llena.
-Sí, lo están... Pareces de buen humor.
-Seh... tú también. Ya queda poco ¿eh?- la chica asintió- Cassie, siéntate, tenemos que hablar.- Ambos se sentaron en el borde de la cama y Damien se puso serio.-... yo también me marcho- ella abrió los ojos, sorprendida y triste.
-¿Y tu hermano?¿Y a dónde irás?¿No volveremos a vernos después de estas dos semanas...?
-No, no me entiendes Cassie. Me voy... mañana, a Florida. Van a trasladar a Bastien y quiero asegurarme que de todo vaya bien- hizo una mueca de tristeza y se encogió de hombros- Sólo quería que lo supieras.
-¿Te estás despidiendo?- no quería, pero poco a poco los ojos de Cassie se llenaron de lágrimas y prefirió bajar la cabeza para él no la viera llorar.
-Lo siento, ojalá no se hubiera dado de esta manera, Cassie- pero había sido así y no iba a echarse atrás.- Quizás volvamos a vernos...
-Eso no me llega, Damien... no es suficiente.
-Cassidy, no me lo hagas más difícil, por favor. Es mi hermano y quiero lo mejor para él, en cuanto se adapte al nuevo hospital creo que quizás... vuelva a estudiar o no sé, aún no lo he pensado- caminaba sobre arenas movedizas, pero no se arrepentía y no miraría atrás.
-Quiero mi beso...
-No- se iba a negar mientras Cassie siguiera ahí dentro, aunque él ya no trabajara allí.
-¿Por qué no?
-Porque todavía eres una paciente.
-Pero no estarás cuando ya no lo sea- bufó, enfadada- no tendré una oportunidad- Damien la abrazó y la zarandeó un poco.
-Te quedan pocos días, no quiero ser yo quien lo estropee- le acarició el pelo- Sal de aquí y retoma tu vida donde la dejaste, habrá cientos de chicos detrás de ti...
-No quiero a cientos de chicos, sólo a uno...
-Tengo que irme.
-Damien, espera.
-Adiós, Cassie- se despidió el chico ya en la puerta- te quiero muchísimo.

Cassie se quedó congelada en la cama y Damien, tras titubear un poco, se marchó. Tenía que presentarle a Farrel los papeles de la dimisión, ya había hablado con Dempsey y había confirmado ambas habitaciones en Carter Beach. Estaba casi todo hecho.

Sin embargo Farrel siempre tenía algo que decir, se oponía al trato entre Dempsey y Damien y como la doctora de Bastien estaba en la obligación de dar su opinión.

-No voy a firmarla, Damien- dijo la doctora, negándose a firmar el traslado de pacientes.
-Starla, está decidido, si no la firmas tú pediré una segunda opinión- amenazó el chico.
-¿Estás seguro de que es lo mejor?
-Mira, ellos quieren estar juntos... Reggie ya es mayor de edad y al no tener familia el estado dejará de pagar su plaza en un hospital. En un par de meses tendríais que echarla y tú lo sabes- al ser huérfana era el estado quien pagaba la plaza de la chica en el psiquiátrico, habiendo cumplido ya la mayoría de edad, iban a desresponsabilizarse de ella.- Mis padres pagarán ambas plazas y estarán los dos bien... firma el traslado, Carter Beach es un centro privado de alto nivel con unos médicos excepcionales.
-¿Qué harás tú?
-Aún no lo sé, pero no seguiré trabajando en esto, de eso estoy seguro- Farrel sonrió y, tras negar con la cabeza un pensamiento que prefirió no expresar en voz alta, firmó el traslado de Bastien y el de Reggie.- Te daré el número de una buen abogado que agilizará los trámites para que tus padres se responsabilicen de Regina. Durante al menos un año necesitará un tutor legal.
-¿Tutor legal?
-Debido a su enfermedad aún se la considera a efectos legales como una menor. Con el nuevo tratamiento y suponiendo que el cambio de aires le siente bien, en un año estará mucho mejor y entonces ya no necesitará tutores legales...
-Pero no sé si ellos querrán...
-Damien, legalmente no puedo dejar que trasladen a Reggie si no tengo la seguridad de que lo hace bajo la tutela de un mayor de edad responsable que pueda pagar su internamiento y su tratamiento- advirtió Starla, por mucho que quisiera hacer no podía, se jugaba su empleo. Damien necesitaba pensar en algo y rápido, el traslado estaba previsto casi inmediatamente. Starla suspiró, tenía una idea pero iba a arrepentirse- Yo no puedo permitirme para la plaza de Reggie en Carter Beach pero... si tus padres se encargan, podemos arreglarlo para que yo aparezca como su tutora legal.
-¿Harías eso por ella?
-Por ella, por tu hermano y por ti...
-Gracias- le estaba librando de un gran problema- Mis padres pagarán todos los gastos y...
-Si lo hacemos de esta forma, tendré que viajar a Florida al menos una vez al mes para verla y así, de paso volver a evaluarla. Seguiré siendo su médico aunque uno de los doctores de Carter Beach acepte su caso...
-Claro, como tu digas- Damien no estaba en posición de exigir nada- Gracias, gracias, gracias...- Starla suspiró y sonrió.
-Llamaré yo a ese abogado...

Solucionado el problema de Reggie y Bastien y aunque Cassie se quedaba triste, Damien se iba relativamente tranquilo, tenía algo en mente, siempre tenía algo en mente. Pero antes de coger su avión a Florida quería despedirse de dos personas. Una era Gabby y la otra Meredith. Buscó a la primera en la lavandería, sabía que tenía un turno allí esa mañana y también que lo aborrecía, así que le haría compañía.

-¿Te echo una mano?- ofreció, apoyado en el marco de la pierta, mirando como la chica separaba sábanas.
-Ya no trabajas aquí, no tienes por qué hacerlo- musitó ella, algo triste por la partida de Damien.
-Bueno, lo haré de todas formas. Por cierto ¿has visto a Meredith?
-No trabaja hoy, tuvo turno e noche pero se marchó algo antes de las nueve y media ¿por?
-Quería despedirme pero... ¿qué se le va a hacer? Ya nos volveremos a ver...
-Quiero que me llames y me informes de como va tu hermano y también quiero saber qué harás con tu vida ¿vale?- no quería que perdieran el contacto, se habían hecho buenos amigos.
-Me llevo a Regina conmigo- Gabby abrió los ojos, sorprendida.
-Vaya, eso es un gesto muy noble por tu parte...
-Lo hago por Bastien- en realidad él no tenía mucho que ver con la joven paciente- Mis padres pagarán las dos plazas y Farrel se ha ofrecido a figurar como su tutora legal...
-Entiendo... ¿y tú qué...?
-No lo sé, es la tercera vez que me lo preguntan hoy. No sé que voy a hacer...¿alguna idea?- Gabby suspiró y bajó la cabeza.
-Ayer llamé a mi padre por teléfono, hoy hemos quedado para cenar- Damien sonrió, satisfecho y no pudo resistirse a abrazar a Gabby.- Gracias...
-No me las des, siempre estaré ahí Gabrielle, eres muy importante para mi- confesó, sin sentir la vergüenza que creyó que sentiría.
-Serías un gran psiquiátra...
-Nah, creo que me va más el mundo del espectáculo- quizás retomara sus estudios de música en algún buen conservatorio, era algo que aún estaba por ver.- Todo se arreglará, cualquier padre estaría orgulloso de tener una hija como tú.
-No sabes lo que dices... creeme, si dejamos de hablarnos fue por una buena razón.
-¿Quieres que lo hablemos?- ella se apresuró a negar.
- No, no quiero que te marches preocupado, estará todo bien.

Y tras las dramáticas despedidas Bastien se marchó, fue a su apartamento a hacer el equipaje y a la hora debida tomó su avión a Florida, tenía cosas que preparar. Mientras, Farrel comeezó los trámites legales para convertirse en la tutora de Reggie y luego fue a informar a Bastien. Dejaría que él le diera la noticia a Regina, sabía que así le haría más ilusión.

Acompañó al chico a la habitació de Reggie y le recordó, como siempre, que había normas. Tenía diez minutos para hablar con la niña y luego debería volver a su cuarto, además en todo momento rondaría por allí un enfermero... vamos, lo de siempre. Bastien llamó a la puerta del cuarto y asomó la cabeza.

-¿Se puede?- preguntó sonriendo.
-¡Bastien!- Regina saltó de la cama y corrió a abrazarle- ¿Qué haces aquí? No sabes qué ganas tenía de verte...- la chica le besó, deseperada.
-Reggie, tranquila... tengo buenas noticias- respiró y se tranquilizó- Nos vamos, mañana.
-¿De verdad?- él asintió- Damien lo ha arreglado todo, nos vamos a un hospital en Florida, cerca de la playa, es un lugar bonito.
-Pero yo no podré...- no terminó la frase, pero Bastien lo entendió, ella no podía pagarse el viaje ni la estancia en otro hospital.
-Farrel y mis padres se encargan, no te preocupes de nada, yo cuidaré de ti.
-Tú siempre cuidas de mi...


Había muchas emociones a flor de piel esos días. Bastien y Reggie se iban y estaban nerviosos, Tess estaba totalmente emocionada convencida de que se marcharía en menos de cuarenta y ocho horas, Gabby sentía nerviosa al reencontrarse con sus padres... Pero también había malos sentimientos, Hazel estaba cada vez más hundida y Cassie totalmente destrozada porque Damien se había ido y cada vez le echaba más de menos... Farrel no dejó a Cassidy ver a Hazel, quizás su último día allí podría hacerlo, así no habría peligro para ninguna de las dos.



Cassie estaba sola en su cuarto, mirando al techo, tumbada en su cama. Le daba vueltas a la idea de sí debía haberse lanzado a por Damien, a cada minuto que pasaba estaba más segura de que le quería pero también se daba cuenta de que no era correspondido ¿debía resignarse? Quizás fuera lo mejor porque ni siquiera estaba segura de si volvería o no a verle.

Reggie no se despidió de nadie. Bastien pasó a decirle adiós a Cassie durante la cena en el comedor y fue un gesto muy bonito por su parte. Mantuvieron un diálogo muy breve aunque esperanzador para la chica.

-Así que os vais mañana- comentó Cassidy. Bastien asintió.
-Sí, temprano... estoy nervioso, muy nervioso- reconció algo tenso- No puedo creerlo, dejan que me lleve a Reggie conmigo.
-Hacéis muy buena pareja...
-Igual que tú y mi hermno...
-El se ha ido, Bastien- dijo Cassie, triste- nunca habrá un nosotros.
-Nunca digas nunca, Cassidy. Confía un poco en él, te quiere, está colgado aunque lo niegue... quizás tú y yo ya no volvamos a vernos, pero no descartes que él regrese.

Quizás tenía razón o quizás no... pero era bonito pensar que era cierto, que Damien le quería o al menos la apreciaba de alguna forma especial. Sin embargo y aunque la emoción sobrepasara con creces lo sentimientos negativos, algo horrible se avecinaba, alguien que nadie veía venir por muy diagnosticable que fuera. Habría más de una marcha aquellos días y muchas personas iban a sufrir.Todo apuntaba a que no iba a ser un buen día. La noche fue tormentosa, llovía torrencialmente y había estado tronando durante horas. Eso había alterado a los pacientes y las enfermeras y auxiliares había estado muy atareados, incluso la propia doctora Farrel tuvo que quedarse toda la noche y terminó llamando a Meredith para que entrara a trabajar unas horas antes. Gabby tuvo que quedarse, pero no por Cassie, si no por el lío que se estaba armando en el módulo de los paciente comunes, que estaba histéricos.

-En estos momentos era cuando Damien nos venía tan bien- bromeó Gabby, mientras iba con Meredith hacia la sala de enfermeras, a las seis de la mañana.
-Me hubiese gustado poder despedirme- comentó la chica, bostezando.
-A él también- estuvo a punto de no decírselo, pero Damien era su amigo y no quería parecer posesiva.

En realidad Gabrielle no tenía nada contra Meredith, pero simplemente eran dos chicas sin nada en común... el episodio de falsos celos era agua pasada. Tras tomar un café y algo de comer, Meredith se fue a organizar los horarios de la mañana de sus pacientes, Tess y Hazel, e hizo la ronda antes del desayuno.

Hacia las ocho y media de la mañana, algo antes de lo normal, se repartieron los desayunos por los cuartos de los pacientes, debido al jaleo de la noche anterior. Meredith le llevaba a Kazel una bandeja con su comida y la medicación, pero algo falló nada más girar el pomo de la puerta. Parecía cerrada por dentro, lo que era imposible, porque ella tenía las llaves. La enfermera volvió a dejar la bandeja sobre el carrito de la comida y golpeó la puerta.

-Hazel ¡abre!- ordenó, enfadada, pero no obtuvo respuesta, dentro del cuarto no se escuchaba absolutamente nada.- Hazel, por Dios, abre la puerta, me estás asustando.- Sólo obtuvo silencio y se preocupó. Cogió su walkie talkie y llamó a Gabrielle, sabía que estaba cerca porque a ambas les tocaba andar repartiendo los desayunos- Gabby, Hazel se ha encerrado en el cuarto, debe haber atrancado la puerta y no me contesta.
-¿No la dejaste atada?- preguntó Gabrielle.
-Sí...- entonces cundió el pánico ¿cómo había sido capaz de desatarse y atrancar la puerta de su habitación?
-Mierda, voy para allí. Golpea la puerta ¡haz lo que sea! Como si tienes que tirarla abajo.

Hizo lo que Gabrielle le había dicho y comenzó a golpear la puerta con fuerza para lograr abrir. Le llevó varios intentos pero la silla que atrancaba el pomo desde dentro cedió y Meredith pudo entrar. Fue entonces cuando tuvo que enfrentar la situación más difícil de su vida, cuando vio la terrible escena...


...Hazel estaba tirada en su cama, parecía dormir, pero no dormía. Las sábanas estaba empapadas en sangre, sangre que había manado de sus muñecas, abiertas. En el suelo, al lado de la cama, había una pequeña cuchilla. Meredith se quedó helada, con los ojos abiertos, totalmente aterrorizada y cuando Gabrielle llegó, durante una milésima de segundo reaccionó de la misma manera, pero enseguida fue hacia la cama aunque ya nada podía hacer.

Hazel estaba fría, pálida, mortecina. No respiraba y su corazón había dejado de latir. Hacía al menos una o dos horas que lo había hecho, se había siucidado.

-Esta muerta- murmuró Gabby, dolida. Meredith negó con la cabeza, con los ojos vidriosos.
-No... no...
-Meredith...
-¡NO! No puede estar muerta- gritó, rompiendo a llorar, nerviosa y culpable. Gabby se acercó a ella, pero la morena retrocedió, furiosa.
-Meredith, por favor- a esas alturas Gabrielle no sabía que su compañera sufría esquizofrenia, o la había sufrido, y que la controlaba con medicación. No necesariamente iba a recaer por eso, pero era su gran miedo, perder una paciente, perder a Hazel la traumatizaría de nuevo.
-No me toques... no puede estar muerta- bufó llorando y sin parar de negar con la cabeza. Gabby sacó su walkie y llamó a la doctora, que llegó corriendo y vio el cadáver.
-¡Oh, Dios mío! ¿Qué ha pasado? ¡Meredith!- trató de reincorporar a Hazel, acomodándola entra sus brazos, pero la notaba helada, sin vida.- No, no... vamos pequeña- comenzó con la RCP, pero era inútil.
-¡¿Es qué nadie se da cuenta de que está muerta?!- tuvo que gritar Gabby, que parecía ser la única que mantenía la cordura.
-¿Cómo ha podido pasar?- preguntó la doctora- Se supone que debía estar atada ¡¿y de dónde ha sacado la cuchilla?!- nadie contestó, nadie sabía la respuesta- ¡MEREDITH!
-¿Qué? La puerta estaba atrancada y cuando entré la encontré aquí- dijo gritando- Cuando llegué vine a verla y estaba durmiendo, atada y entonces...
-... entonces?
-Usted me llamó a la 109, el cuarto de Sam- terminó de decir Meredith- Y no cerré con llave... No, no, no... ha sido culpa mía.
-No, para nada- dijo Gabby- alguien la desató, alguien le dio esa cuchilla.
-Que se cancele el reparto del desayuno, quiero que se revisen todos los cuartos del módulo de los comunes, si ha sido un paciente lo quiero en mi despacho antes de una hora- lo que era imposible, pero la doctora estaba fuera de si- ¡ID!- gritó, ella se quedaría en el cuarto. Tendría que llamar al forense, tendría que certificar su primer suicidio desde que era la directora del hospital.

Todo el personal se movilizó, yendo de cuarto en cuarto por el módulo de los comunes. No sabían ni por donde empezar, pero Meredith tenía sus sospechas.

-Gabby, deberías ir al cuarto de Cassie...
-¿Qué? No ha sido ella- dijo enseguida, para ella Cassie no era una opción, la había descartado de plano.
-¿Y cómo lo sabes? ¡Ya la desató una vez y trató de tirarse por una ventana!
-¡QUE NO HA SIDO ELLA! Estás paranoica- gritó Gabrielle. Normalmente las hubiera separado Damien, él hubiera mantenido la calma, pero no estaba allí, se había ido. Otro de los auxiliares que pasaba por allí las separó y cada una se fue por su lado.

Gabby seguía sin pensar que hubiese sido Cassie, pero cuando llegó frente a la puerta de su cuarto no pudo ignorarlo, tenía que entrar a preguntar. Llamó a la puerta y entró. Cassie estaba sentada en la cama, dibujando, parecía serena, feliz, pero en cuando vio entrar a su enfermera y vio la sangre en su ropa la sonrisa se le borró de la cara.

-Gabrielle ¿qué ha pasado?
-Hazel...
-¿Qué ha pasado?
-Cassie dime que no has sido tú- suplicó.
-¿Qué? No sé de qué me hablas...- Gabby corrió a abrazarla, aguantándose las ganas de explotar y llorar.
-Alguien desató a Hazel... Cassie- tomó aire, no sabía como decirlo- Hazel se ha suicidado.
-¿QUE?- preguntó la chica con la voz entrecortada, no podía ser, Hazel no podía haber muerto. Ambas rompieron a llorar, Gabby no pudo resistirse, eso le ocurría al encariñarse con los pacientes.


El forense y sus dos auxiliares se llevaron el cadáver a media mañana tras certificar la hora y causas de la muerte, que eran evidentes. A la una del mediodía terminaron de registrar los cuartos de los comunes, pero no encontraron nada.

Todos los pacientes estaban muy nerviosos, ya había corrido la noticia y ver por allí a dos hombres llevando una camilla son un cuerpo dentro de una bolsa de plástico. Sin embargo no podía parase todo, la vida de los pacientes debía continuar, no podían romper su rutina.

La doctora Farrel ordenó a Meredith irse a casa, pero no quería irse, no quería estar sola en ese momento, así que se fue a la sala de enfermeras para intentar calmarse. Gabby fue junto a ella para que no se quedara sola en un momento tan difícil.

-Deberías irte a casa...
-¡Vete tú a casa!- bufó Meredith- Acabo de perder una paciente, soy un fraude...
-No, no... Meredith, no digas eso, no ha sido culpa tuya- trató de animarla, zarandeándola un poco, pero no parecía funcionar- Dios, esto se le daba mejor a Damien...
-Ojalá estuviera aquí.
-Ojalá...
-El sabe algo de mi... algo que...- se le atropellaban las palabras, no sabía cómo decirlo.
-Tranquila, tranquila... todo saldrá bien- pero Gabby no podía estar segura de aquello, es más, antes de terminar el día el hospital perdería a otro paciente, de forma irremediable alguien más les abandonaría.



Ningún paciente tenía permiso para salir por los pasillos o al jardín aquel día, finalmente habían tenido que cancelarse las terapias y el personal no daba a basto, por eso a Cassie no le costó demasiado salir de su cuarto para hacer una escapada al de Hazel... cuando llegó allí y entró todo esta limpio, olía a lejía y hacía mucho frío. Las ventana estaban abiertas de par en par y el aire helado entraba a través de las rejillas de seguridad, se habían dado mucha prisa en vaciar la habitación. Pero no la cerraron y Cassie no estaba sola, había alguien más allí.

-¿Samuel?- preguntó extrañada, hacía semanas que no le veía, que no sabía nada de él, desde aquella terapia. Sam estaba sentado en el suelo, al lado de la cama, enseguida levantó la vista y miró a Cassie, su gesto era frío, pero en sus ojos se apreciaba el dolor.
-Cassidy ¿qué haces aquí?
-No estoy muy segura- aquella era como una forma de despedirse- ¿Por qué no cerraron el cuarto?
-Le pedí a Farrel que me dejara pasar unos minutos aquí... No puedo creer que lo haya hecho, me prometió que no volvería a intentarlo- ?¿ Cassidy le miró y no avanzó hasta que el chico le hizo una señal para que fuera a sentarse a su lado- Sé que la desataste una vez y que trató de tirarse por una ventana...
-¡No he tenido nada que ver!- se apresuró a decir ella.
-Lo sé, pero aún así te odio- le espetó Sam- pero yo odio a todo el mundo...
-... menos a ella.
-Era imposible odiarla, era dulce, perfecta... pero estaba desquiciada. Ojalá la hubiera conocido fuera- dijo él, suspirando.
-¿Te gustaba?
-¿Qué? No, no- ¿estaba dando esa impresión?- Hazel era como mi hermana pequeña, mi mejor amiga, ella y Reggie eran geniales, y las dos han tenido que irse- Sam pasó un brazo alrededor de los hombros de Cassie y la atrajo un poco hacia él- Y ahora te irás tú...- negó con la cabeza, resignado.
-Hablas como si te sintieras culpable.
-Y en parte lo soy...
-No lo eres- los interrumpió la doctora Farrel, que había ido a buscarle- Sam, apártate de Cassie.
-No le haré daño...- Cassie abrió los ojos, extrañada- He estado en aislamiento, agredí a mi enfermera y a tres auxiliares, me han dejado salir para despedirme- se separó de Cassie y se puso de pie.
-Gracias, doctora- dijo bajando la cabeza. Dos auxiliares esperaban fuera para volver a llevarlo a su cuarto en aislamiento.
-Gracias a ti, Sam, por cumplir tu promesa- no había causado altercados. Farrel y Cassie se quedaron solas y la doctora se acercó a ella, arrodillándose delante y acariciándole la mejilla.- ¿Estás bien?- ella asintió.
-¿Por qué lo hizo?
-No lo sé- pero sí lo sabía, Hazel estaba mucho peor de lo que cualquier allí podía pensar.-Ven, te acompañaré a tu habitación.

Ambas salieron y la doctora intentó por todos los medios no hablar de Hazel, pero era el único tema que Cassidy tenía en la cabeza. Al llegar al cuarto Farrel sacó un pequeño pedazo de papel de su bolsillo y se lo dio.

-Estaba en su mesilla, había varias notas... creo que quería despedirse- lo que significaba que lo había planeado y que si alguien la había ayudado no era totalmente culpable de su muerte- Siento no haberte dejado hablar con ella... no tenía ni idea de lo que iba a hacer.
-¿Cómo está usted?
-¿Qué?
-Usted siempre se preocupa por mi pero sé que estará mal, era su paciente- Cassie tomó la nota, interesada, pero no la leería hasta que estuviera a solas.
-No tienes que pensar en eso, cariño. Yo estaré bien, esto pasará- no sabía que otra cosa decir, nada parecía poder romper ese momento de confianza, pero algo ocurrió, algo que nadie esperaba. Se escuchó un gritó ensordecedor por el pasillos y después golpes y maldiciones- Cassidy, quédate.

Cassie asintió y se quedó en el cuarto, escuchando desde dentro de su cuarto todo lo que ocurría en el pasillo.

-¿Qué está pasando?- preguntó la doctora, viendo como dos auxiliares cargaban a Tess, que gritaba y pataleaba.
-Se ha puesto histérica- dijo Meredith, que se negaba a irse.
-Van a venir a buscarme ¡vendrán a por mi!- gritaba Tess, histérica.
-Nadie vendrá, Tess- la contradijo la doctora.
-Sí lo harán, he hecho todo lo que me han pedido, he hecho cosas horribles... me lo deben, ellos vendrán y no lo podrán impedir- gritaba, sollozaba y pataleaba, pero la sujetaban con fuerza.
-¿A qué te refieres, Tess?- pero la chica ignoró la pregunta de la doctora y comenzó a tararear a voz en grito.
-En el lugar donde no podrán alcanzarla, van a venir a buscarla y la llevarán para siempre lejos del dolor que siente.
-Tess, cállate- ordenó la doctora.
-En el lugar donde no podrás alcanzarme, van a venir a buscarme y me llevarán para siempre lejos del dolor que siento- repitió, ignorando a la doctora.
-Tess ¿a qué te refieres con cosas horribles? Nadie vendrá a por ti, tienes que comenzar a ver la realidad- pidió Farrel.
-Sí vendrán, ellos provocaron la tormenta, era la distracción y me pidieron un último sacrificio- dijo, mirando con odio a la doctora.
-¿Qué sacrificio?
-¿Tú qué crees?- entonces Meredith se activó como una alarma de incendios y se lanzó sobre Tess.
-Fuiste tú ¡Tú la desataste y le diste la cuchilla! Jodida loca- uno de los auxiliares soltó a Tess para agarrar a Meredith, que estaba fuera de sí y Tess salió corriendo, repitiendo una y otra vez su cancioncilla.
-Meredith ¡vete a casa ahora! Quiero a Gabby conmigo ya- exigió la doctora, echando a correr tras Tess, que iba hacia el patio.-Tess, detente- estaba lloviendo, no había parado en todo el día y nada más salir ambas se empaparon.
-Déjeme, ellos van a venir a buscarme, me lo han prometido... hice todo lo que me pidieron- dijo la chica, gritando bajo la lluvia, esperando realmente que alguien fueran a buscarla. Gabby llegó rápido, tratarían de volver a meter a Tess dentro.
-No vendrán...
-¡Sí vendrán! Llegarán en cualquier momento ¡Mire!- Tess señaló un brillante luz en el cielo y sus ojos se iluminaron, al fin venían a por ella... o eso creía.
-Tess, no, te confundes...
-¡Están ahí!- gritó aufórica, ya escuchaba la nave, veía sus luces...
-Tess...- Farrel se rindió en ese momento- Tess... es un helicóptero- pasó por encima del hospital y se alejó rápidamente. La cara de Tess se tornó triste de nuevo.- Nadie vendrá...
-Pero... ellos me lo prometieron- sus ojos se llenaron de lágrimas y Farrel y Gabby se acercaron- ¡Es culpa suya! Ellos iban a venir...- se tiró en el suelo a llorar y Farrel trató de sujetarla.
-Tranquila, tranquila pequeña, no pasa nada. Gabby, trae sus sedantes, tenemos que llevarla a aislamiento.
-¡No! No me encerrará... ellos no me encontrarán si me encierra- insistió Tess- Ellos me encontrarán sólo donde no pueda alcanzarme.
-Tess, por favor ¡Gabrielle, date prisa!- Gabby salió corriendo y dejó a la doctora tratando de retener a la paciente.- No vendrán...- la paciente se quedó pensativa, quieta y mirando fijamente a la doctora.
-Hay un lugar... un sitio donde no puedes alcanzarme.
-¿Qué quieres decir?- Tess sonrió y miró el cielo por última vez. Poco a poco se sumiría en sus propios pensamientos, poco a poco la fantasía se confundiría con la realidad y Tess se hundiría en sus propias fantasías. - ¡Tess, no, no reacciona!

La doctora la zarandeó, pero fue inútil. Tess parecía un muñeco de trapo en los brazos de la doctora y por mucho que Starla trataba de hacerla volver, en ese estado era imposible. Tess se había entregado a su locura, había cedido y estaba donde quería estar, a miles de kilómetros de allí. Se había quedado catatónica.

Todo el hospital estaba conmocionado tras la muerte de Hazel y para calmar los ánimos y ofrecerle a la chica un digno final, se ofició una ceremonia en su memoria en la capilla del hospital. Cassie ni siquiera sabía que hubiera una capilla, nunca había sido muy religiosa, pero había sido de las primeras en apuntarse.

Fue una bonita ceremonia llena de fotos de Hazel de antes de su internamiento, de cuando era pequeña e incluso algunas de tiempo en el que había estado en el hospital. Era muy fotogénica, muy guapa y Cassie pudo quedarse con algunas de sus fotos, de recuerdo, no quería olvidarla cuando saliera de allí, no quería olvidar a nadie. Tras la ceremonia, Gabby la acompañó a su cuarto y se mostró algo reacia a dejarla sola.

-¿Seguro qué no quieres que me quede?
-Seguro, estoy bien.
-¿Quieres algo de comer o...
-¡No, Gabrielle! Por Dios- exclamó Cassie enfadada- Estoy bien ¿vale? No necesito nada- y menos volver a tenerla de niñera como si fuera una cría o una persona que no puediera valerse por sí misma.

Gabby se fue del cuarto, llevaba varios días muy extraña y nerviosa, era incapaz de negarle nada a Cassie y cada vez que debía ponerse autoritaria bajaba la cabeza y se iba, como si no puediera imponerse sobre nadie. La doctora Farrel no había notado y le había insistido, al igual que Damien en que se tomara unas vacaciones, pero ella quería esperar a que Cassidy se marchara.

Por otra parte estaba Meredith, totalmente destrozada, técnicamente había perdido dos pacientes en un día, a Hazel y a Tess, que seguía catatónica en un cuarto especialmente acondicionado en la zona de máxima seguridad del hospital, donde estaban los casos más urgentes y algunos de los más complicados.

-Meredith- le hablaba la doctora Farrel, en su despacho- He llamado a James para contarle lo ocurrido y él me ha dicho algo de ti que no sabía- la enfermera bajó el rostro, sabía de sobra de lo que se trataba.- ¿Por qué no me lo dijiste?
-¿Me hubiera contratado de haberlo sabido?
-Probablemente no- reconoció la doctora- Y de hecho, no creo que sea conveniente que sigas trabajando aquí.
-¿Me está despidiendo? Necesito el trabajo, me gusta y lo que me pasó nunca ha afectado a mi trato con los pacientes- dijo Meredith entre indiganda y asustada.
-Lo sé, pero lo que ha ocurrido sí te está afectando a ti. No voy a despedirte Meredith, eres una gran enfermera, pero no deberías trabajar en un hospital psiquiátrico, por eso he pedido tu traslado al geriátrico de Rossenblant- Meredith no supo que decir y Starla prosiguió al ver que la chica no decía nada- El sueldo es ligeramente inferior, pero trabajarías menos horas, estarías más cerca de tu casa y por supuesto trabajar con mayores te afectaría mucho menos que trabajar con pacientes con desequilibrios similares al que padeces.
-¡Yo ya no soy esquizofrénica!- gritó la chica, lo que no hacía que tuviera mucha credibilidad.
-Meredith, tranquila. Es un buen trabajo, mejor que el que tienes ahora, conozco a la doctora que dirige el geriátrico y le he dado una excelentes referencias, está deseando que empieces ¿cuál es el problema?
-Que me está echando... no quiere tenerme aquí.
-No te hará bien...
-¡Me habla como a una empleada o como a una paciente?
-Te hablo como tu jefa, tú eres mi empleada y estás pasando por un mal momento. Te ofrezco una gran oportunidad, deberías aceptarla.
-Y si no lo hago...
-Ya sabes cual es la respuesta.

Farrel estaba siendo generosa y no entendía por qué la morena no aceptaba la oferta de trabajo, al igual que Gabby, que tampoco lo comprendió cuando su compañera de trabajo se lo explicó en la farmacia del hospital, mientras repartían la medicación de cada paciente en los vasitos de plástico, media hora antes de la hora de comer.

-Deberías aceptar, Meredith, es un buen trabajo.
-Me gusta trabajar aquí...
-No te hace bien ¿Cuántas veces podrás pasar por lo mismo?
-¿A qué te refieres, Gabby?
-A lo que le ha pasado a Hazel. Mira, hace dos años yo perdí a una paciente en circunstancias muy similares, sé lo que sientes- explicó la rubia- Quizás puedas soportarlo una vez, o quizás dos... pero todo tiene un límite, incluida tú.- Hazel ya no estaba, debía aceptarlo y continuar con su vida.
-La echaré de menos...
-Ella no querría que fuera infeliz ni que te torturaras por su culpa. Este no es tu lugar y tú lo sabes, Rossenblant te irá bien y te sentirás mucho más realizada allí- Meredith era de esas personas que de vez en cuando necesitaba que le dieran una palmadita en la espalda y le dijera el buen trabajo que hacía y, desde que estaba en aquel hospital, sólo había recibido patadas.

Pero estaba sólo en sus manos el decidir qué hacer con su propia vida, así que le pidió a Farrel unos días días libres para aclarar sus ideas y poner en orden sus sentimientos, quizás tras pensarlo, lo viera todo más claro. Se marchó tras la hora de comer, quiso quedarse porque era una de las horas del día más atareadas y el personal era necesario, pero tras eso cogió un autobús y se fue a casa.

Hacia las cinco de la tarde, justo antes de irse a casa, Gabby recibió una llamada en su móvil. Ya iba hacia la puerta del hospital, cambiada pero se detuvo al ver quien era.

-¿Damien?
-Hola, Gabby ¿cómo te va?- saludó el chico, que parecía muy contento.
-Bien, bien ¿cómo estás tú?
-Genial, había olvidado lo mucho que me gustaba Florida.
-¿Y Bastien y Regina?
-Bastien está muy bien, Carter Beach le ha gustado. En cuanto a Reggie...- hizo una pausa y rió- ya sabes, haciendo amigos- se notaba la ironía en su voz, Regina ya se había peleado con un par de pacientes que miraban con ojitos a SU chico, pero nada grave.-¿Va todo bien por ahí?
-Desgraciadamente no. Hazel se ha suicidado.
-¿Qué? Joder... ¿cuándo?¿cómo?
-Hace un par de noches... se cortó las venas.
-¿Pero no estaba atada?¿De dónde sacó la cuchilla?- Damien no daba crédito.
-Tess Donner- no hizo falta explicación ninguna.- Necesitaba una distracción mientras venían a por ella-bufó Gabrielle, enfadada.
-¿Y qué habéis hecho con ella?
-Nada, de momento. Está catatónica- Gabby escuchó murmullos ininteligibles al otro lado del auricular, pudo distinguir un par de palabras malsonantes y el nombre de Tess, pero nada más.
-¿Cómo está Cassie?¿Ella está bien?
-Sí, está bien, triste, pero lo lleva muy bien- gracias a Dios.
-Oye, ya sé que va contra las reglas pero...
-Ya estoy de camino a su cuarto- le interrumpió la chica. Había dado media vuelta en cuanto había descolgado el teléfono porque estaba segura de que Damien iba a pedirle saludar a Cassidy.

Cuando llegó al cuarto golpeó la puerta y entró, sonriendo, móvil en mano. Cassie estaba dibujando y le extrañó la visita de su enfermera, quien se había despedido poco antes.

-¿Pasó algo, Gabby?
-Tengo una sorpresa- dijo dándole el teléfono- Es Damien- a Cassie se le iluminaron los ojos y sonrió- Esperaré fuera, pero no te líes, no están permitidos los teléfonos.- Gabby salió del cuarto y en cuanto cerró la puerta la chica se sintió libre para hablar.
-¿Damien?
-Cassie, preciosa ¿cómo estás?
-Bien, bien ¿cómo estás tú¿y tu hermano?¿y Reggie?- quería saberlo todo de todos.
-Aquí estamos todos bien, descuida. Oye, me enteré de lo que ocurrió ¿seguro que estás bien?
-Sí, sí, descuida... es sólo que... bueno, voy a echarla de menos- nadie debería morir de aquella manera.
-Todos, Hazel era una buena chica- en el fondo y dejando al lado su enfermedad.- Dime ¿qué estabas haciendo?
-Dibujar... está lloviendo y nadie puede salir de su cuarto. Todos están muy nervioso ¡oye! ¿Sabías que Sam estaba en aislamiento?
-Sí, llevaba allí como tres semanas- si no llevaba más, Damien no estaba seguro.
-¿Y qué tiempo hace ahí?- Cassie estaba tan nerviosa que saltaba de un tema a otro sin ningún orden.
-Es Florida, aquí siempre hace calor- dijo Damien, riendo- Oye, tengo que dejarte, Cassie, tengo muchas cosas que arreglar por aquí.
-Pero... no quiero colgar.
-Ni yo, pero te meterás en líos y yo llegaré tarde a una reunión importante- sonaba a excusa barata, pero que se le iba a hacer.- Adiós, pequeña.
-Besos- se despidió la chica y justo antes de colgar escuchó las palabras más bonitas que Damien pudo decirle.
-Te quiero, Cassie.


...


La chica sació del cuarto y le devolvió el teléfono a su enfermera, que no preguntó nada sobre la conversación, sabía que era privada y sabía por donde iban los tiros. Cassie le dio un gran abrazo de agradecimiento y la dejó irse, ella también tenía algo que hacer, algo muy importante.

Entró de nuevo al cuarto y abrió su mesilla, en ella estaba la nota que le había dado la doctora Farrel, la que había escrito Hazel, por alguna razón que no comprendía no se había atrevido a leerla, pero ya era hora de hacerlo.


Quería haber podido decirte esto en persona, pero Farrel es una bruja y no me dejó verte Cassie sonrió, recordaba haber pensado lo mismo muchas veces. No quiero que te sientas culpable, ni por esto ni por lo que intenté hacer el día que me desataste. Sé que no debí pedírtelo, pero igual lo hice y te metiste en un lío por mi culpa. De verdad lo siento. En cuanto a lo de haberte insultado y haberte dado un puñetazo... bueno ¡estoy loca! No deberías tenérmelo en cuenta.
Sólo quiero pedirte una cosa y quiero que lo hagas por mi y, más que nada, por ti misma. NO ME ECHES DE MENOS, no pienses en mi como una loca, o una suicida o una yonqui de la medicación. Soy Hazel, sólo soy Hazel, la chica que conociste en el hospital y a la que no volverás a ver porque se marchó con su familia. Intenta verlo de ese modo porque así será menos doloroso... sé que te caía bien y lo sé porque fuiste capaz de hablar por mi cuando yo no podía hacerlo y por eso te quiero un montón. Sé feliz, Cassie, todo lo feliz que puedas porque tú sí vas a tener esa oportunidad. Besos. Hazel

La nota le arrancó varias sonrisas, pero cuando terminó de leerla lo único que sentía Cassie eran muchas ganas de llorar, y eso hizo, soltar todo lo que tenía dentro, llorar por Hazel, llorar por Hope, llorar y al fin afrontar la pérdida como lo hacía la mayor parte de la gente: LLORANDO.

Huir del dolor no había hecho nada más que causarle un horrible sufrimiento, mucho más del que le habría causado de haberle hecho frente, como una valiente, como lo que ella había sido siempre. Cuando se desahogó y soltó toda su rabia quiso volcar todo lo que sentía de la mejor manera en que podía hacerlo, en lo que mejor sabía hacer, dibujar.

Se saltó la cena, pero mereció la pena, incluso la bronca que fue a echarle la doctora a media noche por no haber comido, por no haberse tomado la pastilla para dormir y por estar dibujando en vez de acostada, era aceptable.

-Cassie, tienes que acostarte.
-Ya casi termino, sólo me queda escribir una cosa- comentó la chica, dándole los últimos retoques a su último dibujo, uno de unas seria de seis.-¿Qué hace aún aquí?
-Papeleo por todo lo que ha ocurrido- papeleo de Hazel, de Tess y de Meredith. -Termina, no me iré tranquila si no estoy segura de que te quedas acostada.
-Ya casi... ya casi... ¡ya!
-¿Está?- 'Ahá!, contestó la chica, ofreciéndole los seis dibujos.-¿Quieres qué los vea?- preguntó extrañada, muchas veces Cassie era recelosa con su obra y muchas otras era así de generosa.
-Sí, véalos.

Todos eran preciosos, como todo lo que Cassie dibujaba. Cinco de los dibujos, todos a carboncillo, eran de Hazel y un de Tess uno que, contrariamente a lo que Farrel hubiera creído, no expresaba odio. Sin embargo todos ellos, sólo uno le llamó verdaderamente la atención y le pidió a Cassie que se lo dejara llevar a casa hasta el día siguiente. La chica por supuesto aceptó.


Al día siguiente por la mañana, todos los que fueron a visitar la capilla, fuera por el motivo que fuera, pudieron ver junto a las fotos y flores de Hazel un precioso marco de madera y cristales de colores que protegía una dibujo a carboncillo de Hazel acurrucada junto a una ventana, mirando al horizonte con una mirada serena. Al pie del papel una frase: Sé feliz, todo lo feliz que puedas.

La doctora Farrel llamó a la puerta del cuarto de Cassie y entró. La chica parecía estar durmiendo, era la primera vez desde que estaba allí que dormía por la tarde sin estar sedada. A la doctora le dio pena tener que despertarla.

-Cassie, cielo- la llamó, zarandeándola suavemente. Cassidy se despertó poco a poco, algo confundida y miró a la doctora.
-¿Pasa algo?- preguntó, frotándose los ojos e incorporándose sobre la cama.
-Cariño, tienes visitas- Cassie estaba demasiado dormida para darse cuenta de que no era hora de visita y, de serlo, tendría que ser en la sala que estaba preparada para eso, no en su cuarto.- Han venido a verte tus... bueno, ya verás. Si pasa algo llámame, estaré en el cuarto de al lado con otro paciente.

Cassie asintió y se estiró para evitar agarrotarse tras su siesta. Estaba cansada y haber podido dormir tan plácidamente la había ayudado mucho, pero...¿quién podía ir a visitarla a esas alturas? Podía esperarse a su madre o, con mucha, muchísima suerte, quizás Damien estuviera allí, pero ni uno ni otro.

-¿Qué...?- cuando vio a entrar a tres de los que habían sido sus mejores amigos se quedó pálida. No pudo decir nada y ellos, los dos chicos y la chica, entraron y cerraron la puerta tras de sí para lograr algo de intimidad.
-Hola, Cass- saludó la chica, acercándose a la cama.
-¿Qué hacéis aquí?- consiguió preguntar al fin.
-Venimos a verte, Cass- dijo uno de los chicos, apoyándose sobre la mesa del cuarto, con cierta incomodidad.
-Pues ya me habéis visto, ahora marchaos.
-¡De eso nada!- exclamó el otro chico, enfadado.
-¡Nathaniel!- exclamó la chica, mirándolo decepcionada, como si hubieran estado ensayando qué hacer y qué decir en presencia de Cassidy.- Cass, me ha llamado tu madre... dice que te van a dar el alta- Cassidy no dijo nada y, sobreentendiendo que quien calla otorga, la otra chica prosiguió- Estaba muy enfadada y no entendí por qué, hasta que...
-¿Por qué le has dicho a todo el mundo que habíamos pasado de ti?- le espetó el muchacho apoyado sobre la mesa.
-¡Kevin!- exclamó de nuevo la chica ¿es qué nadie iba a seguir el guión?
-¿Qué, Heather? Me estoy cansando de tu plan de ser sutiles con Cass, le ha mentido a todo el mundo- los tres, Kevin, Nathan y Heather, parecían estar discutiendo entre ellos, ignorando a Cassie.
-¡No por eso tienes que bufarle de esa forma! Cassie no está bien y...
-Estoy perfectamente- les interrumpió Cassidy, harta de su pequeño numerito. - Quiero que os marchéis.
-No sin que nos digas por qué- insistió Kevin.
-¿Por qué qué?
-Por qué todo el mundo cree que pasamos de ti desde lo del accidente cuando fuiste tú quien nos apartó de tu vida- ¿estaba claro? No, para nadie. Cassie siempre había insistido en que sus amigos la habían abandonado cuando comenzara a tener problemas, se lo había dicho a su madre, a sus médicos, a todo el mundo y había llegado un momento en el que hasta ella misma se lo había creído.
-¿POR QUE?- Nathan no lo soportaba más, él era el novio que, supuestamente, la había dejado.
-¡Mírame, joder! Estoy en un hospital psiquiátrico- Cassie estalló de pronto, enfadada, al verse superada por la situación- ¿Qué esperabais?¿A caso ibais a venir a verme todos los días? ¿Ibas a esperarme, Nathan? No lo creo...
-Tu no puedes decidir eso, Cass- dijo Heather- Somos tus amigos y te queremos, no queremos que nos alejes de tu vida...
-Ha sido lo mejor...
-¿Para quién?- preguntó Kevin-¿Para ti? Que estás aquí encerrada ¿Para nosotros? Que nos tiraste como si fuéramos basura...- Cassie comenzó a negar con la cabeza, nerviosa y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Joder, Kevin- le regañó la chica, que lo único que quería era consolar a Cassidy.- Cass, cielo, venga... soy yo, soy Heather, tu mejor amiga... - Cassiy volvió a negar.
-Déjala, no entra en razón...
-Kevin, cierra la boca- dijo Nathan, amenazante.- Cassie, nena, venga... no llores- le pidió, acercándose para abrazarla, ella se apartó.
-No, ya está bien ¿vale? Las cosas ya no son como antes, yo ya no soy como antes... - nadie sabía que decir y, sorpresivamente, el más comprensivo resultó ser Kevin.
-No, claro que no, has cambiado pero lo has hecho por el accidente, no por estar aquí...
-¡Y tú que sabes! Soy yo la que toma medicación, es a mi a quien sedan para dormir, a quien encierran en aislamiento- gritó Cassidy, entre sollozos- Hace tres días lo más parecido que me quedaba a una amiga se cortó las venas... tú no sabes nada, así que cierra la boca- le faltaba el aire, no reaccionaba y enseguida apareció Farrel, que estaba muy pendiente de lo que ocurría y se preocupó al escucharla gritar.

-Ya está bien- dijo entrando- Todos fuera.
-Pero...- comenzó Heather.
-Esperadme fuera- ordenó, sujetando la puerta para que salieran los tres. Una vez se quedaron esperando en el pasillo, la doctora cerró la puerta y fue junto a Cassie.-Cielo, tranquila- pidió, abrazándola.
-¿Por qué han venido?
-Porque te quieren y no quieren salir de tu vida ¿por qué los apartaste de ti?
-Fue lo mejor- así se evitó el sufrimiento de que fueran ellos quien la excluyeran a ella.
-No, cielo, no pienses así...

Farrel tardó unos minutos en tranquilizar a Cassie y en cuanto lo consiguió salió al pasillo de nuevo. Kevin se había ido, así que solo estaban allí Heather y Nathan. La doctora les miró y suspiró.

-Pasad de uno en uno...¿y el otro chico?
-¿El idiota de Kevin?- bufó Heather, que pasaría primero.
-Comprended que cuando Cassie tomó la decisión de apartaros de su vida no pensaba con claridad, no la forcéis, poco a poco todo volverá a su sitio- recomendó Starla, para evitar que los dos siguieran insistiendo en lo mismo.

Heather entró en el cuarto, algo más cohibida que antes. Cassie parecía tranquila, pero no se atrevía a levantar la mirada.

-Cassie, lo siento... Kevin es un estúpido- dijo la chica enseguida- no debió decirte eso.
-No, no es culpa suya... es mía, como siempre.
-No digas eso- Heather se acercó y se sentó en el lateral de la cama, a lado de Cassie, para poder abrazarla.- Oye, te quiero ¿vale? Somos familia, hermanas ¿recuerdas el pacto?
-Yo ya no tengo hermanas...- Heather tragó saliva, no quería hacer que se acordara de Hope.
-Me tienes a mi, como hermana, como amiga, como vecina... como lo que quieras, pero no me voy a ir, no me alejaré de ti.
-¿Por qué no?
-Porque te quiero y te lo diré todas las veces que haga falta- al fin Cassie reaccionó y abrazó a Heather.
-Lo siento, lo siento mucho... creía que era lo mejor, creí que me sentiría mejor pero he acabado aquí...
-Tranquila, tranquila... ya ha pasado todo- sólo le quedaban unos días. Llamaron a la puerta, era Nathan, que quería entrar ya.- Va a entrar Nathaniel... Kevin se ha ido.
-¿Por qué?
-Porque es un idiota y un resentido, él y Nathan casi no se hablan ahora- Cassie miró a la chica, extrañada- Venga, estaba encaprichado contigo y tu salías con Nathaniel...- volvieron a golpear la puerta, esta vez con más fuerza- Me voy, Cass ¿estarás bien?- ella asintió y vio alejarse a Heather y entrar a Nathan.

-Cass- musitó él, cerrando la puerta. Cassie bajó la cabeza, avergonzada, no sabía que decir y parecía que él tampoco. Simplemente se acercó, se sentó donde se había sentado antes su amiga y le acarició la mejilla.
-Nathan, yo... -no pudo decir nada más porque el chico le besó. Cassidy se quedó fría, no pudo reaccionar, no esperaba que Nathaniel fuera a besarle, no tras tantos meses, ella ya no la quería... quería a otro chico.
-No, para, espera- le detuvo finalmente, apartándose con cierta dificultad.
-Lo..lo siento- se disculpó él enseguida.- Debí haberte preguntado pero... creo que podemos solucionarlo, volver a empezar.
-No- le interrumpió- Nathan, yo no quiero.
-Venga, no me alejes otra vez.
-No me refiero a eso, podemos ser amigos, si quieres... pero no quiero salir contigo... yo no...- le estaba costando mucho decir todo aquello pero debía soltarlo, tuviera o no posibilidades con Damien, no iba a estar con otro y menos con su ex novio o lo que fuera en ese momento.
-¿Por qué no?- preguntó Nathan, tratando de besarle de nuevo. Cassie le esquivó, incómoda.
-No te quiero...- Nathan se separó al fin de ella, enfadado- No voy a disculparme por esto, sé que no debí romper contigo de aquella forma pero lo hecho, hecho está...

A Nathan no pareció sentarle nada bien y prefirió irse antes de seguir allí escuchando como la chica a la que quería no le correspondía. Aquello no debía haber pasado, ellos no debían haber ido. Kevin ya no podía mirarla a la cara y tampoco Nathan, sólo Heather parecía seguir queriéndola y el resto... Cassie no los había alejado a todos, algunos se habían alejado de ella, habían dicho cosas horribles y sólo había deseado quedarse sola... y había terminado allí.



Cassie se saltó la cena y no quiso tomarse la medicación. Farrel se había ido a casa y Gabby no sabía que hacer. Faltaba muy poco tiempo para que Cassidy se fuera y si trataba de obligarla a hacer algo, si tenían que sedarla o aislarla, lo único que conseguiría sería prolongar su estancia en el hospital.

-Cassie, cariño, por favor. Estás a una semana de irte, no te lo hagas más difícil- pidió la enfermera- ¿Qué te ha pasado?
-Han venido hoy... mis... mis amigos- Gabby aún no sabía la verdad de la historia, sólo conocía la versión de su paciente- Ellos no pasaron de mi, le mentí a todo el mundo- admitió, echándose a llorar. Gabby la abrazó.
-¡Hey! Niña, no llores. No pasa nada...
-Todo el mundo creyó que ellos eran los malos... pero fui yo. No soy más que una mentirosa- Cassie se revolvió pero Gabrielle la abrazó más fuerte.
-No, no... Cassie, escúchame, cielo, no pasa nada. Han venido, te han perdonado, todos cometemos errores pero tenemos en nuestras manos el poder de arreglarlo- dijo la enfermera.
-Hablas como Farrel...
-Porque Farrel tiene razón- Gabrielle titubeó un instante, pero finalmente suspiró y se decidió a contarle algo bastante personal a Cassie- Llevo mucho tiempo sin hablarme con mis padres, les eché de mi vida, me marché de casa e ignoré sus llamadas y sus cartas.
-Pero son tus padres.
-Y ellos tus amigos, en cierta forma son tu familia y a veces crees que es lo mejor estar lejos para no herirles, pero alejándote les haces más daño del que piensas.
-¿Por qué les apartaste de ti?
-Cometí muchos errores, hice cosas de las que no estoy muy orgullosa y un día mi padre y yo tuvimos una discusión. No era nada nuevo, pero aquella vez fue diferente- se saltaría los detalles, eso era demasiado personal y doloroso- cogí mis cosas y me fui y desde aquellas. Sólo quería demostrarme que podía ser mejor sin su ayuda y sin embargo no...
-¡Pero tú eres buena!
-Y ellos no pueden verlo.
-Tienes que arreglarlo, son tus padres.
-Y lo haré, lo estoy haciendo- estaba haciendo esfuerzos por arreglarlo, pero era complicado- Una semana, Cassie, una sola semana más y saldrás de nuevo al mundo y será diferente y sólo les tendrás a ellos y a tu madre. Cuidalos, quiérelos y, sobre todo, no les alejes de ti.


Finalmente Cassie cedió, se tomó su medicación y se quedó dormida al fin, dormida profundamente y volvió a tener aquel sueño, volvió a ver a Hope, pero esta ve fue diferente, esta vez no había miedo, ni oscuridad, ni dolor.

Cassidy estaba en casa, en su cuarto, sentada en la cama. No sabía como había llegado ahí, pero estaba cómoda y serena, le invadía una sensación de seguridad y felicidad que hacía mucho tiempo que no sentía. Alguien golpeó la puerta y ella fue a abrirla, pero al otro lado no había nadie, volvía a estar sola.

-Siempre me escondía de pequeña y siempre te asustabas cuando volvía a aparecer- dijo una voz conocida a sus espaldas.
-Hope- musitó Cassie al voltearse. Allí estaba Hope, de pie junto a la ventana, empapada y sonriente.
-Sé que estabas enfadada, pero tienes que dejarlo ya, Cass... tienes que dejarme ir.
-...No entiendo.
-Ya está bien, ya me has retenido suficiente, a papá le dejaste marchar- ese comentario la hizo sentir mal, parecía que no extrañaba a su padre, pero sí lo hacía, le quería y le había dolido perderle, pero Hope... ella era diferente.- Te quiero, te querré siempre, pero es hora de que sigas con tu vida... es hora de que me dejes marchar.
-No quiero, te necesito...
-No, ya no, porque ahora sabes que hay gente que te quiere- Heather, Gabby, Nathan, Damien... y su madre, todos lo querían, no estaba sola, Hope no era su único apoyo como había creído siempre, había más gente y era eso lo que necesitaba saber, lo que necesitaba comprobar, ya no estaba sola.

Una ráfaga de aire caliente recorrió la habitación y una luz iluminó la perfecta figura de Hope, ya no estaba mojada y la miraba sonriente.

-Es hora de irme... es hora de que seas feliz- susurró Hope, alejándose poco a poco. La luz cegó a Cassie y después todo se volvió negro...



... se despertó empapada en sudor, era de madrugada, y reinaba el silencio. Su corazón latía a cien por hora y respiraba entrecortadamente. Necesitaba ver a Farrel, necesitaba hablar con alguien, pero no había nadie, Gabby se había ido y Farrel también. Sin Damien ni Meredith ni nadie para hablar, se sentía sola pero... ya no era como antes, no era esa sensación de soledad total, de ser insignificante estando rodeada de gente, era simplemente soledad física, real y al menos ya no era tan doloroso.

En situaciones como esa sólo una cosa la animaba, sólo una cosa la calmaba y la ayudaba a desahogarse Encendió la luz, cogió su cuaderno y sus ceras y comenzó a dibujar, frenéticamente, quería capturar todas y cada una de las imágenes de su sueño, cada imagen de Hope.

Dibujó y dibujó hasta el amanecer, hasta que la luz natural fue suficiente para sustituir a la artificial, que la había acompañado sabe Dios cuantas horas. Entonces, cuando ya había dibujado todo lo que recordaba se paró a pensar y sintió que al fin se había liberado de la voz constante de Hope en su cabeza, del recuerdo de su muerte, de su cara en el momento en que ya no pudo sujetar su mano. Ya no estaban, había dejado al fin sitio para los buenos recuerdos largamente reprimidos. Hope se había ido de su cabeza y se había trasladado a su corazón, donde debía haberse asentado desde un principio.

Cassie no supo que hora era hasta que Gabrielle llegó a buscarla para desayunar. Gabby parecía contenta pero su buena cara se borró al ver la de la chica.

-Dios, Cassidy ¿has dormido algo?
-Un poco...
-¿Te sientes bien?- estaba ojerosa, pálida, con los ojos inyectados en sangre del cansancio. Tirada en la cama, mirando hacia ningún lugar en particular.
-Mejor que nunca- musitó, sonriendo.-Quiero irme a casa...
-Ya falta poco- respondió Gabby, contrariada.
-Se ha ido de mi cabeza... ya no está y ahora puedo volver a ser yo- una lágrima resbaló por su mejilla, pero Cassidy no perdía la sonrisa.
-¿De qué hablas?
-He soñado con Hope y se ha ido al fin.

Gabrielle no comprendía muy bien lo que la chica le decía, pero parecía feliz, serena y no dudó el llamar a la doctora Farrel, que se puso camino del hospital. Mientras Cassie se daba una ducha, Gabby fue a preparar café, estaba prohibido, pero Cassie se lo merecía y sabía que se lo agradecería.

Quedaba poco pero ahora Cassidy estaba segura de que el tiempo que le quedara, fuera cuanto fuera, sería mejor.

Cuando Starla llegó al hospital aquella mañana su máxima prioridad era ir a ver a Cassie. La llamada de Gabrielle la había alertado y tenía que Cassie pudiera recaer a sólo una semana de marcharse de allí.

-¿Se puede?- preguntó tras golpear la puerta.
-Pase, doctora- dijo Cassidy con voz cansada. La doctora Farrel entró y cerró tras de sí. Llevaba su cuaderno de notas y parecía cansada, aunque no tanto como su paciente.- Buenos días, Starla.
-Vaya- aquello sorprendió a la doctora.- Hacía meses que no me llamabas por mi nombre.
-Debe de ser que estoy de buen humor.
-Gabby me ha llamado a casa, está preocupada y yo también.
-Gabby y usted se preocupan demasiado. Relajaos, viviréis más- dijo la chica sonriendo de lado.
-¿Qué has estado haciendo desde que despertaste?- a las tantas de la madrugada

-Dibujar, pero se me han vuelto a terminar las láminas.
-Me gustaría ver esos dibujos, todos los que has hecho desde el día que decidiste decorar las paredes de tu cuarto- Cassie suspiró y negó con la cabeza, se suponía que aquel tema estaba zanjado y Farrel no hacía más que ponerse a la defensiva.
-Están sobre la mesa, son todos suyos, se los regalo.

Farrel les echó un vistazo a los de aquella misma noche y le pidió a Cassie que le narrara su sueño con todos los detalles. Cualquiera hubiera pensado que Cassidy estaba contenta de no ser por su lamentable estado físico.

Estaba cansada, ojerosa y muy flaca. Tenía la piel muy pálida y su pelo había perdido fuerza y brillo, pero sentía que a partir de ese día sólo podía mejorar.

-Quiero hablar de una cosa más antes de irme.
-Usted dirá.
-Es sobre el tema de tus amigos- les había quedado esa conversación pendiente.- ¿Por qué nos hiciste creer que fueron ellos?
-Porque al principio hasta yo me lo creía
- reconoció la niña.
-¿Y por qué los alejaste de ti?
-¿Tuvo mascotas de niña, doctora Farrel?
-Un hamster y peces, sobre todo- ¿a qué venía eso?
-¿Se refiere a esos peces de la feria que no viven más de una semana?- la doctora asintió y sonrió. Por desgracia para Cassie, esos peces no eran válidos para lo que pretendía explicar.- Y su hamster ¿le tenía cariño?
-Mucho

-¿Y se sintió culpable cuando murió?
-Un poco
pensaba que si lo hubiera cuidado mejor hubiera vivido más.
-¿Y a qué luego ya no quiso tener más hamsters?
-No, claro que no

-Después de lo de Hope yo ya no quería estar con nadie, pensé que sería lo mejor para mi y para ellos, pero ahora me doy cuenta de que me equivoque- y eso era muy beneficioso para ella.
-Cassie, cariño, tu hermana murió en un terrible tormenta en alta mar
mi hamster comió chocolate- dijo Starla negando con la cabeza- No hay punto de comparación. Lo has hecho siempre, tienes tendencia a alejar de ti a la gente

-Lo sé, pero podemos cambiar eso ¿verdad?
-Claro que podemos- o más bien, claro que puede.

Le administraron a Cassie un sedante suave para que recuperara horas de sueño y la doctora Farrel se puso en contacto con la madre de la chica.

-Grace, hola soy Starla- saludó por teléfono.
-¿Ha pasado algo?- dijo Grace con pánico, no esperaba esa llamada y se asustó.
-Sí, pero es algo bueno.
-¿Bueno?
-Cassie está preparada para irse cuando quiera.
-¿De verdad?- la mujer no daba crédito y no cabía en sí de felicidad.
-Bueno, ahora mismo está durmiendo, yo que tú esperaría a mañana- tras tantos meses de terapias y e internamiento, esperar un día más no sería problema.


La doctora habló con la madre de la chica unos diez minutos más para concretar una hora de recogida y para comenzar a cubrir los papeles del alta de Cassidy. Tras eso Starla llamó a Gabby a su despacho, pero se demoró veinte minutos por culpa de un paciente que no quería tomarse su medicación. Cuando al fin llegó, la noticia le cayó como un jarro de agua fría.

-¿Quería verme doctora Farrel?
-Sí, Gabby pasa, siéntate- le instó la mujer.- Quería que fueras una de las primeras personas en saberlo.
-¿Saber qué?
-Voy a darle el alta a Cassidy, se marcha mañana- puñal
puñal
puñal.
-¿Está segura? Le quedaba una semana y después de lo de anoche no sé sí

-Está lista, seguiremos con la terapia, pero le irá bien irse a casa- no había marcha atrás, la decisión estaba tomada.- Cuando despierte quiero que se lo digas y no le dejes comer nada, a media tarde le he pedido cita para hacerse una revisión y unos análisis y debe ir en ayunas. Cancelaremos su medicación para dormir y le recetaremos lexatín para los nervios.
-Como usted diga- aceptó la enfermera, haciendo ademán de ponerse en pie.
-Espera, aún no he terminado, siéntate. En cuanto a ti, mañana coges vacaciones, un mes pagado, quiero que lo disfrutes y descanses, has demostrado ser muy valiosa para este hospital- le elogió Farrel.
-No es para tanto, sólo hago mi trabajo.
-Pero tienes un defecto- claro, no era un ‘sí’ a secas, tenía un ‘pero’.- Te encariñas demasiado con los pacientes y sufres cuando se van.
-Lo sé, pero a veces no puedo evitarlo.
-Ni yo, es difícil no querer a Cassie
por eso Damien se vio tan forzado a irse.
-¿Qué?- Gabby intentó hacer como que no sabía de qué hablaba la doctora, pero era complicado.
-No estoy ciega, no diré más. Tengo algo para ti, es sobre Cassidy, quizás a Damien también le interese



Hacia las seis de la tarde hubo que reincorporar a Cassidy para su última revisión. Una vez descansada y algo más centrada, Cassie ya no sonaba tan ida como por la mañana y pudo comprender perfectamente la situación.

-Pero me quedaba una semana

-Lo sé, pero la doctora cree que ya estás preparada para irte, en la próxima semana no ibas a hacer nada más que aburrirte- dijo Gabby.
-¿Y tú crees que estoy bien?- la enfermera asintió, aunque no por ello quería que Cassie se fuera.- No me mientas.
-No te miento, creo que estás bien, pero te he tomado cariño y por un lado me apena que te marches.
-¿Sólo por un lado?- bromeó Cassie.
-Sí, el ‘otro lado’ significa que te repones bien. Venga, deja de ponerme en un aprieto y vamos a hacer esos análisis.


Como la habían sedado pronto por la mañana no había comido nada, así que iba en ayunas a los análisis de sangre y orina.

-Bien, si te mareas dímelo ¿de acuerdo?- pidió Gabby, que sería la encargada de extraerle sangre a la chica.

Aunque no se mareaba ni sentía dolor, Cassidy parecía nerviosa. La doctora Farrel y el doctor que le hizo los análisis supusieron que era la reacción normal a volver a casa, pero ninguno de los dos sabía que Cassie llevaba un tiempo ocultando algo, algo que se revelaría en esos análisis.

-Fred, te agradezco que hagas esto con tan poco tiempo- agradeció Starla.
-Bueno, normalmente tardamos una semana en dar los resultados, es un lujo que yo los tenga para mañana- se jactó el doctor.
-Lo sé, lo sé. Y te debo un gran favor.
-Descuida, llámame si necesitas algo más.
-Hecho

-Nos vemos mañana- se despidió el doctor, que se encaminó al laboratorio para examinar las muestras de Cassie y determinar que estaba todo bien.


Los resultados de los test físicos dejaron mucho que desear. Cassie estaba de nuevo por debajo del peso recomendado para su edad y altura, su masa muscular había disminuido, había perdido resistencia física y su piel estaba seca y áspera.

-Resumiendo- comenzó a explicar la doctora- estás débil, pero no es nada que no se pueda arreglar. Te recomendaré una nutricionista que te diseñará un plan para que ganes peso saludablemente y deberás ir a un gimnasio para recuperar tu forma física. Una vez que comiences a comer con normalidad y a moverte la piel, el pelo y las uñas mejoraran.
-¿Está segura?
-Casi al 90%- bromeó la doctora- Claro que lo estoy, igualmente te daré una crema y un champú especial para acelerar el proceso ¿vale?
-Oiga, ¿puedo hacerle una pregunta, Starla?
-Claro, dime- dijo mientras cubría el último parte sobre su paciente.
-¿Podré irme sean cuales sean los resultados de los análisis?
-No te entiendo

-Quiero decir que si hay algo que pueda hacer que me quede más tiempo.
-Mira, Cassie, probablemente sigas teniendo anemia y falta de calcio, pero eso se cura con suplementos de hierro y calcio y quizás necesites tomar vitaminas, pero los análisis no reflejarán nada extraño, tranquila. Estás débil, pero podrás irte a casa.
-¿Segura?



Aquella noche Cassie se quedó en vela. Las palabras de la doctora no la habían tranquilizado y seguía temiendo tener que quedarse. Necesitaba hablar con alguien, pero la única persona a la que quería contarle aquello era Gabrielle y aquel día no tenía turno de noche, así que se había ido a casa.

Gabby se había llevado los papeles que la doctora le había dado y les estaba echando un vistazo. No era nada confidencial sobre Cassie, eso hubiera sido muy poco ético, era información general de su expediente. Sin embargo había detalles muy curiosos que, sin duda, Damien querría saber, por eso la enfermera le llamó por teléfono.

Gabby dejó sonar cuatro tonos y, cuando estaba a punto de colgar, la somnolienta voz de Damien sonó al otro lado del auricular.

-¿Sí?- preguntó con voz pastosa. Gabby se dio cuenta en ese momento de la hora que era, las dos de la mañana.
-Damien, soy Gabby ¿te he despertado?
-Sí.
-Lo siento, pero quería decirte algo que probablemente te interese




A la mañana siguiente Cassie estaba hecha un manojo de nervios. Gabrielle había llegado temprano y, tras el desayuno, se pusieron a recoger las cosas de Cassie y le devolvieron todo lo que le habían quitado por seguridad cuando había llegado.

Hacia las once y media llegó su madre, arreglada e irradiando felicidad, con un gran paquete de regalo envuelto en papel azul y plata y con un lazo violeta y blanco. Cassidy se tiró a sus brazos en cuanto la vio.

Todo era idílico, todo era perfecto, todo menos una cosa


El doctor que le había hecho los análisis a Cassie llamó a la puerta del despacho de Farrel, donde estaban ella, su paciente y la madre de la chica, había un problema con los resultados.

-Starla, ¿puedes salir un instante?- pidió educadamente.
-Claro, disculpadme- dijo apresurada. Una vez fuera trató de disimular su preocupación.- ¿Qué ocurre?
-Siento haber tardado tanto, pero he tenido que repetir todos los análisis.
-¿Qué? Pero

-Starla, no estoy seguro que de esa chica, Cassie, deba marcharse

Farrel entró de nuevo en el despacho con los resultados de los análisis en sus manos. No miró a Cassie en ningún momento hasta que volvió a sentarse tras su mesa. En cuanto levantó la vista la miró enfadada, ella estaba cabizbaja, ya sabía lo que se venía encima.

-¿Qué ocurre, Starla?- preguntó Grace, la madre de Cassie, muy preocupada.
-Mamá ¿podrías salir un momento?
-Tu madre se queda- Farrel jamás había sonado tan fría y enfadada como en aquel momento, a la chica casi le daba miedo.
-¿Qué ocurre?- repitió Grace.
-Esto no me lo esperaba de ti, Cassidy.
-Puedo explicarlo

-¿De veras?- Grace no comprendía nada y se estaba poniendo muy nerviosa. Si no le explicaban YA qué ocurría, explotaría.
-Starla, por favor
- musitó la madre. La doctora cogió un bolígrafo y rodeó uno de los resultados del análisis, luego le pasó la hoja a Grace, que la miró extrañada- ¿Y qué ocurre? Es decir, el resultado de las pruebas de drogas en sangre da ‘ausente’, eso significa que es negativo- y eso era bueno ¿no?
-Exacto
es negativo- murmuró la doctora, enojada, tratando de mantener la calma- Negativo para todo, para drogas y para medicación- ambas mujeres miraron a Cassie, quien no levantaba la cabeza- ¿Hace cuánto tiempo que no te la tomas?

Cassidy no dijo nada, se sentía una idiota, jamás pensó que llegaría ese momento y no sabía que decir. Sentía tanta impotencia y tanta rabia que lo único que le quedaba era llorar pero sentía que sólo iba a parecer un intento de librarse de la bronca.

-¡Contesta!- exigió Grace, enfadada.
-No es lo que piensas, mamá.
-Es culpa mía- dijo de repente la doctora- nunca debía dejarte a solas con él
primero convenció a Regina y luego a ti ¿verdad?
-¿Qué? ¿Se refiere a Bastien? ¡NO! El no tuvo nada que ver- sabía que él no se tomaba sus pastillas a veces y también que había convencido a Reggie para que no lo hiciera, pero él no tenía nada que ver con lo que ella había hecho.
-¿Y entonces por qué lo has hecho?
-No lo sé

-No me mientas, Cassidy. ¿Cuánto llevas sin tomar tu medicación y por qué la dejaste?- insistió la doctora.
-¿Crees que te la dan por placer?- preguntó Grace exaltada- Quieren ayudarte.
-¡MAMA, CALLATE!- gritó de repente la chica, superada por la situación. La regañaban por dos frentes distintos y ella era incapaz de defenderse- La dejé el día que Dempsey me encerró en el baño y me dio una ducha de agua fría ¿recuerda, doctora?- Grace no daba crédito a nada, ni a que su hija la mandara callar ni a lo que le había hecho el doctor
en su cabeza ya comenzaba a sacar conclusiones precipitadas.
-No debiste

-¿No debí qué? ¿Dejarla? Estaba todo el día acostada, tirada, sin fuerzas
no recuerdo la mitad de las cosas que he hecho en estos meses- aunque lo que sí recordaba con mucha nitidez era el aislamiento y lo mal que lo había pasado cuando le cambiaran la medicación.- Estoy bien ¡se lo juro! Siento haberla dejado, pero he mejorado, usted lo sabe
no puede evitar que me vuelva ami casa.
-En eso te equivocas- dijo Starla con firmeza- Soy tu médico y tú eres menor de edad, hasta ahora le he dado a tu madre la libertad de elegir cuando entrabas y salías, pero eso puede acabarse.
-¡Pero estoy bien! No volveré a hacerlo, me tomaré todas las pastillas que me de
se lo prometo.
-¿Y por qué debería creerte? Ya me has mentido una vez- que ella supiera.
-Porque necesito recuperar mi vida
por favor- siempre conseguía ablandar el corazón de la doctora, pero aquella vez no era tan fácil.
-Cassidy, has interrumpido un tratamiento por tu cuenta y eso tiene consecuencias más allá de lo que puedas imaginar- eso sonó mal, muy mal- Has perdido tres semanas de un tratamiento de choque que debías ir dejando poco a poco. Esto significa y que si queremos obtener los resultados deseados tendrás que empezar desde el principio de nuevo

-No

-¿Qué significa eso?- dijo al fin Grace, que no reaccionaba.
-¿Recuerdas lo mal que lo pasaste? El dolor, los vómitos, los sudores fríos
Tendrás que volver a pasar por todo eso.
-¡NO!¡NO! ¡No, por favor!- suplicó Cassie, llorando, no podría soportar volver a pasar por aquella tortura- Yo no lo sabía, no quería
de verdad. Por favor, doctora no me haga eso, se lo suplico- No sabía de qué otra forma pedir disculpas, no sabía como evitar el dolor.

Se hizo el silencio en el despacho de la doctora, sólo interrumpido por los llantos ahogados de Cassidy. Starla estaba pensado qué hacer. No podía dejar que se fuera y confiar en que siguiera el tratamiento en casa porque sabía que no iba a hacerlo, pero por otra parte tampoco quería tener que ingresarla de nuevo.

Era una decisión complicada y, teniendo a Grace delante, aún debía delegar en ella, aunque fuera su doctora y debiera decidir.

-Grace- musitó al fin. Luego suspiró y se pasó los dedos pulgar el índice por los ojos, le dolía muchísimo la cabeza.
-Sabes que quiero llevármela a casa
- si era necesario contrataría una enfermera, pero no soportaría seguir alejada de su hija.
-Está bien- dijo al fin la doctora- Tratamiento estándar, tomarás tres pastillas diarias- más de las que quería darle en un principio- y tendrás dos o tres sesiones por semana- Cassie sonrió- Pero te lo advierto- dijo la doctora, mirando amenazante a la chica- Si veo un solo indicio de que me mientes, de que no tomas tu medicación o de que te vuelves a comportar como antes
te vuelves aquí de cabeza y de forma indefinida ¿me entendiste?
-Sí- susurró Cassidy, asintiendo con la cabeza- Le juro que lo siento

-Grace, déjanos solas. ¿Por qué no llevas esto admisión? Allí firmarás el alta de Cassie y te darán su equipaje, un celador lo bajó hace rato- Grace asintió y salió, aun confusa.

Volvió a reinar el silencio, pero esta vez la chica ya no lloraba.

-Me has mentido, le has mentido a Gabby
a tu madre
- no sabía que decir, una regañina no serviría de mucho- Que lo hayas hecho no indica una mejoría si no todo lo contrario.
-Lo siento

-Lo sé, no hace falta que me lo repitas tantas veces, eso no hará que deje de estar enfadada
y decepcionada y, por sobre todo, muy dolida- eso le hizo daño a la chica- Quiero lo mejor para ti, todos lo queremos.
-Lo sé

-Pues si lo sabes, comienza a valorarlo o pasarás el próximo año aquí y te prometo que no será tan agradable como estos últimos cuatro meses.

A Cassidy le quedó bien claro, había hecho mal y lo sabía, pero ya estaba. Ahora sólo podía ir cuesta arriba, estaba segura de ello.

-Doctora- mustió antes de salir del despacho- ¿Se lo dirá a Gabby?

No obtuvo respuesta, pero sabía que su enfermera se terminaría enterando y temía que se enfadara con ella por eso.

Bajó sola hasta admisión, allí estaban su madre y Gabrielle con su equipaje, al fin se iba, pero no como le hubiera gustado.

-Dios, Cassie- dijo la enfermera, abrazándola- Te extrañaré mucho, quiero que nos veamos alguna vez ¿vale? Le he dado mi número de móvil a tu madre para cualquier cosa que necesites ¿de acuerdo?
-¿De acuerdo?- aceptó la chica.- Te quiero mucho, Gabby.
-¡Oh! Y yo a ti- la muy idiota de Gabrielle se emocionó, pero no quería llorar, eso la haría sentirse ridícula.- Casi se me olvidaba- mencionó de repente- Samuel me dio esto para ti- le entregó una nota doblada escrita en una de las servilleta de la cafetería. La chica la cogió y sonrió, no la leería hasta estar fuera de allí.
-¿Podemos irnos ya, mamá?- preguntó, deseando salir.
-Claro.

Se despidieron rápidamente del resto de enfermeras que había allí y salieron. Grace había ido en coche, ahora quedaba una larga hora y media de camino hasta su casa y Cassidy no estaba dispuesta a pasarla preocupada y en tensión. Tras unos diez minutos no lo soportaron más y Grace rompió el hielo.

-Al fin vuelves a casa ¿eh?- preguntó su madre, sonriendo.
-No quiero hablar ahora- dijo la chica cortante.
-Pero cariño

-No me malinterpretes, mamá. Estoy bien pero quiero saber una cosa- respiró hondo.
-Tú dirás, cielo.
-¿Me odias?- Grace abrió los ojos, sorprendida. Aparcó en el arcén y se quedó mirando a Cassie.
-Cariño, eres mi hija, jamás podría odiarte
te quiero con todo mi corazón.
-Pero lo que hice estuvo mal.
-Y estás arrepentida y sé que no volverá a pasar. Estamos juntas ahora y haremos todo lo posibles por ser felices ¿de acuerdo? Todo irá bien.
-¿Me lo prometes?- Grace abrazó a su hija con fuerza y, por primera vez en mucho tiempo, ella le devolvió el abrazo con la misma intensidad.
-Claro que sí, mi pequeña, claro que sí.


A Cassie se le hizo extraño regresar a su casa después de aquellos meses ingresada. Su madre había cambiado gran parte de la decoración y su casa parecía otra. La cocina tenía ahora el suelo y las paredes de granito negro pulido, al igual que toda la encimera, los muebles eran blancos y los electrodomésticos de acero inoxidable. El salón también estaba muy distinto, decorado como esas salas de las revistas de muebles, todo era tan perfecto que resultaba siniestro, extraño.

No, no
estás siendo una paranoica pensaba, no podía rechazar tan de plano aquel cambio, eso es lo que hubiera hecho antes, pero ahora debía comportarse de otro modo, debía comportarse mejor.

-Lo has redecorado todo
-musitó, tras echar un vistazo rápido a todo el primer piso de la casa.
-Ha sido mucho tiempo y necesitaba mantenerme ocupada
yo misma hice esas cortinas- dijo señalando unas cortinas de terciopelo oscuras que adornaban las ventanas de la sala- ¿Te gustan?
-Son bonitas

-También hice algunas cosas para ti, si las quieres
tu cuarto y el de Hope siguen iguales, no he movido nada.

Cassidy se había obsesionado hasta tal punto que no había permitido que su madre moviera nada en el cuarto de su hermana, quería que todo estuviera como ella lo había dejado, pero era momento de cambiar eso.

Grace y Cassie subieron las cosas al cuarto de la chica, que seguía como siempre, y después Cassie fue hasta el que fuera el cuarto de Hope. Se quedó de pie en la puerta, mirándolo todo pero sin llegar a entrar en la habitación.

-No he tocado nada
y he bajado las cajas de Hope del desván, tenía algunas cosas arriba, quizás quieras algo- comentó su madre.
-Quiero este cuarto- dijo de repente Cassie, pillando por sorpresa a su madre.
-¡¿Qué?!- hasta aquel momento aquella habitación había sido un santuario, el querer cambiar eso parecía un gran avance por parte de Cassie-¿Estás segura?
-Sí, es más grande que el mío y los muebles son más bonitos
podríamos quitar algunas de sus cosas y traer las mías ¿te parece?
-Claro, sería estupendo ¿pero qué hacemos con tu cuarto?- ya tenían cuarto de invitados en la primera planta.
-Siempre has querido una sala de costura. Podríamos bajar el telar y la máquina antigua del desván- Grace sonrió ampliamente, le parecía una gran idea.
-Puedes revisar las cajas con las cosas de Hope, por si quieres quedarte algo

-¿Podemos hacerlo juntas?- pidió la chica.

Necesitaba compartir un instante personal con su madre, rodeadas de las pertenencias de su hermana, de sus fotos y sus cosas, Cassie sentía que eso podría unirlas un poco más. Eran tan sólo tres cajas medianas, las revisarían aquella misma tarde, quizás si se daban algo de prisa, esa noche Cassie podría dormir en el cuarto de Hope, es SU nuevo cuarto.


Paralelamente no sólo Cassie y su madre comenzaban una nueva etapa, también Gabby lo hacía. Aquel mismo día se había visto obligada a cogerse unas vacaciones, generalmente le hubiera gustado, pero tenía demasiadas cosas en la cabeza y muchos problemas sin resolver.

-¿Qué puedo hacer?- se preguntaba a sí misma, tirada en el sofá, ignorando la televisión y bebiendo lentamente una cerveza. En medio del estupor llamaron a la puerta.- ¿Quién será? Si no esperaba a nadie
- musitó mientras se calzaba las zapatillas para ir a abrir.

Se sorprendió mucho al echar un vistazo por la mirilla y abrir.

-Damien
- musitó, sorprendida.
-¿Puedo pasar?- preguntó el chico apurado. Algo le decía a Gabrielle que las cosas no marchaban bien.
-Claro, pasa, disculpa el desorden.
-Es lo de menos.
-¿Quieres tomar algo o
?
-No, no quiero nada- Damien parecía más nervioso de lo normal, además ¿no se supone que debía estar en Florida?
-¿Qué haces aquí? ¿Ha ocurrido algo?- preguntó la chica preocupada.
-No sabía a quien acudir
Es Bastien- Gabby tomó asiento en el sofá y Damien hizo lo mismo.
-¿Le ha pasado algo?
-Sí
es decir, no- no sabía cómo explicarse y eso lo ponía más nervioso.- Es Regina, no está encajando como yo pensaba
no sé que hacer, no para de intentar hacerse daño y Bastien se está volviendo loco- Gabby le miró dudosa- Bueno, tú ya me entiendes.
-Sí, disculpa. No sé qué quieres que te diga, estando aquí no ayudas mucho ¿no deberías estar con él?
-Que le persiga como una niñera no le ayuda y lo sabes
pero es que creí que podrían estar bien juntos allí.
-Ese es el problema, ellos no deberían estar juntos- dijo Gabby, pasándole la mano al chico por la espalda- no se quieren de verdad, están encaprichados y creen que es amor.
-¿Crees que no lo sé? Se lo he dicho cientos de veces pero
esta vez ha ido demasiado lejos, Regina ha comenzado a hacerse cortes y quemaduras, está llena de moratones y no sabemos si ha sido cosa suya o alguien le ha pegado. Bastien agredió a un enfermero porque le escuchó decir que era una chica preciosa- ¿bien por Bastien? Ok, no, pero el enfermero no es quien de ir opinando en ese sentido de una paciente.-¿Sabes lo peor?
-¿Qué?
-Creo que ha sido Bastien

-¡¿Qué?! ¿Crees que él ha podido
?
-Ojala no haya sido él pero
- Damien suspiró resignado y escondió la cara entre las mano, negando con la cabeza.- No sé qué hacer, Gabby, necesitaba salir de allí, airearme y volver.
-¿Tienes dónde quedarte?
-Sí, estoy en un hotel cercano.
-Genial, si necesitas cualquier cosa, estoy aquí ¿vale? Somos amigos
- amigos que se acostaron una vez, nada más.
-Hay una cosa



Aquella noche Gabby y Damien salieron juntos a cenar y a tomar un par de copas, ambos necesitaban una distracción. Cassie, finalmente, pudo dormir en su cuarto
no estaba ni mucho menos terminado, aún le quedaba mucho por hacer, pero sólo tenía ganas de una cosa, dibujar. Su madre le había dado unos panfletos referentes a un concurso de pintura, el primer premio era un cheque por valor de quinientos dólares más mil dólares en material de pintura para preparar una exposición de una docena de cuadros
se veía capaz de hacerlo, tenía muchas cosas que contar en sus dibujos.

Pero antes de hacerse ilusiones su vida tenía que encarrilarse de nuevo. Debía llamar a sus amigos para arreglar las cosas definitivamente, pasar algo más de tiempo con su madre y
y
la nota de Sam, recordó.

Se levantó de la cama y la buscó en el bolsillo de sus vaqueros, estaba algo arrugada, pero estaba. Volvió a la cama y se puso a leerla, la caligrafía de Sam, al igual que los dibujos que hacía, no era fácil de descifrar.

No me puedo creer que hasta tú te hayas ido sin despedirte
porque si tienes esta nota es porque te la ha dado la buenorra de tu enfermera.
Cassie tuvo que parar para reírse, no era el único paciente que pensaba que Gabby era guapa. Pero sinceramente, no estoy enfadado, porque sé que te has ido para terminar de curarte, para seguir con tu vida. Hazme un solo favor
vive con el doble de alegría por los dos, aquí dentro no hay muchos motivos para ser feliz.

Aunque nunca habláramos mucho, aunque no hayamos sido grandes amigos, me ha gustado haberte conocido porque creo que eres la persona más cuerda que he tenido cerca en años. Besos y hasta siempre.


Obvio, la firmaba Sam, y era una carta preciosa, como la de Hazel. Quizás no fueran las personas más sanas del mundo, pero habían sido muy importantes para ella, y seguirían siéndolo mucho tiempo, aunque se hubieran ido, como se había ido Damien.


Sin duda aquella fue una buena noche, hacía siglos que Cassie no dormía en una buena cama, o al menos a ella le habían parecido siglos. Pero lo importante era que estaba en casa y que estaba con su madre, que no pudo evitar colarse en su cuarto y tumbarse con ella.

-Me alegro mucho de que hayas vuelto, cielo.
-Y yo también, mamá- Grace le dio un beso en la frente y la arropó- ¡Mamá!- la llamó- Oye, si no es muy difícil para ti
¿te quedarías conmigo?
-¿Por qué iba a ser difícil?
-Es el cuarto de Hope

-No, mi niña, es tu cuarto. Me quedaré siempre que quieras.


Una buena noche, un desayuno copioso y varios ramos de flores. A la mañana siguiente todo el mundo sabía que Cassidy estaba en casa de nuevo y no paraban de llamarla y de mandarle flores y bombones. No se lo podía creer, pero estaba sonriendo, estaba sintiendo la alegría de toda aquella gente que se preocupaba por ella, la gente que le había perdonado su horrible actitud y que no se asustaba de todo lo que le había ocurrido.

Y así siguieron varios días más, en los que todo el mundo se acordó de ella, incluso Farrel y Gabby, que se pasaron por su casa a ver cómo estaba. La doctora iba camino del aeropuerto, se iba a Florida por un problema que había habido con Regina, se suponía que nada importante. Gabby simplemente echaba de menos a Cassie, le había tomado mucho cariño
sin embargo, en el rato que pasaron juntas, no se le ocurrió mencionar que Damien había estado en la ciudad.





-¿Damien? Soy Starla- la doctora Farrel salía de Carter Beach tras examinar a Bastien y Regina y no había querido perder ni un segundo antes de llamar a Damien.
-Hola, Starla, ¿qué ocurre?- preguntó alterado.
-Estoy saliendo de Carter Beach y descuida- quiso tranquilizarle- lo de estos últimos días no ha sido más que un numerito de Regina para llamar la atención de tu hermano.
-¿Y los moratones?
-Tranquilo, no ha sido Bastien
resulta que uno de los enfermeros vio a Regina dándose se puñetazos con una paciente, él las separó, pero antes de que pudiera explicar a los médicos el origen de los moratones, Sebastien le dio una buena tunda
por eso estábamos en blanco.
-Me quitas un peso de encima, llegué a pensar que podía haber sido él- y ahora se odiaba por ello.
-Pues no, de hecho, ayer se presentó en el despacho del director del hospital haber si había posibilidades de que les dieran a él y Reggie un cuarto doble- ambos rieron.
-No me lo puedo creer, se está pasando- dijo divertido.
-Obviamente no se lo concedieron, pero digamos que si les están permitiendo pasar más tiempo juntos
y parecen estar mejorando.- Lo que era un gran alivia, el mayor miedo de Damien era que su hermano empeorase con el cambio.

Esa era la llamada que Damien había estado esperando desde hacía días como alma en pena, la que confirmara que su hermano estaba bien, que no había hecho nada malo (excepto arrearle a un enfermero, claro). Ahora estaba tranquilo y tenía la mente despejada para ocuparse de otro importante asunto...





Ya habían pasado casi dos semanas y aquel era un día especial. Cassidy cumplía dieciocho años y daba gracias por no haber tenido que pasar su cumpleaños en un hospital. Su madre insistía en prepararle una gran fiesta, pero no creía estar lista para algo así. Prefería algo discreto, quizás salir una noche con un par de amigas, aún no lo tenía decidido, pero igual su madre no iba a descancelar la dichosa fiesta.

Como era miércoles, y la fiesta estaba prevista para viernes, en su casa no había mucho revuelo. Mensajes de móvil, llamadas de felicitación e. incluso Heather se pasó a media mañana con un gran paquete de regalo.

-Dios, no tenías que hacerlo- le regañó Cassie.
-No es sólo mío, es de parte de los tres

-¿De verdad?- Heather asintió, Kevin y Nathan también habían participado, a pesar de lo frágil que era su amistad con la chica en ese momento.
-De verdad ¿No lo vas a abrir?
-Quiero esperar al viernes
ya sabes, la fiesta de mi madre, le he dicho que preferiría salir a tomar algo contigo pero no me hace ni caso.
-¿Y qué clase de dieciocho cumpleaños sería ese? Hay un montón de gente deseando verte, celebraremos una gran fiesta y ¡ah! Tendremos que ir de compras y elegir un vestido súper sexy para ti- dijo la chica animada.
-¡No! No tengo el cuerpo para vestido sexys
- aún estaba demasiado delgada y a penas tenía pecho.
-No seas idiota, estás muy guapa, aunque aún necesitas subir al menos cinco kilitos, pero te quedará genial.


Heather se quedó un rato más, charlando, le encantaba ver a Cassie tan animada. Se pasaron caso media hora en el garaje, donde Cassidy había estado preparando el lienzo que quería presentar a concurso
pero tenía demasiadas ideas y no sabía con cual quedarse.

Cerca de las doce Heather tuvo que irse, para aquel momento, Cassie aún no había abierto su regalo.

-¿Seguro que no quieres saber qué es?
-No, prefiero pasar toda la vergüenza junta este viernes- le aseguró a su amiga. En ese instante llamaron a la puerta de la casa- ¡Mamá, abre tú!

Grace fue a abrir, era un mensajero que llevaba un paquete y un ramo de flores a la casa, ambos dirigidos a Cassidy. Grace firmó el recibo y junto con el mensajero se marchó Heather.

-Vaya, cariño, alguien te manda más flores- la semana anterior se habían quedado sin jarrones en casa de todos los ramos de felicitaciones y ánimos que le habían enviado a la chica.
-Tulipanes azules y rojos
mis favoritos- musitó la chica, sorprendida. Poca gente sabía eso.
-Tienes unos gustos muy extraños ¿sabías?- dijo su madre, sonriendo y mirando la tarjeta- Cariño ¿quién es Damien?
-¡¿Qué?!- exclamó Cassie, arrebatándole la tarjeta de las manos a su madre, decía: Feliz cumpleaños, Cassie. Te quiero. Damien
Cassie sintió que se derretía en ese mismo instante, aunque estuviera en Florida se había acordado de ella, de su cumpleaños y eso la hacía muy feliz.

-Cielo- repitió Grace- ¿Quién es ese chico?
-¡Ay, mamá!- dijo sonriendo- Es el chico más lindo del mundo
¿yo he dicho eso
y en ese tono?- ambas rieron, Cassie se sorprendió de hasta qué punto estaba colada por él- Era auxiliar en el hospital, trabajaba allí para poder estar cerca de su hermano enfermo, pero ahora está en Florida.
-¿Y es muy mayor?- preguntó su madre alarmada.
-¡No! Sólo unos años ¡pero tranquila! Es un chico genial, pero sé que no le gusto

-Bueno, te ha mandado flores y este paquete- dijo enseñándole el paquete azul. Tenía más o menos el tamaño de un libro ¿no sería un libro?
-¿Sabes qué, mamá?- dijo Cassie cogiendo las flores y el regalo- Creo que voy a subir a mi cuarto a
hacer
cosas- o sea, a abrir su regalo sola y disfrutar de sus flores.

Utilizó un jarrón de cristal para colocar las flores, las tendría en la mesa de su cuarto, para poder verlas en todo momento. Cuando se dispuso a abrir el paquete, sonó su móvil, no conocía el número.

-¿Sí?- preguntó, mientras deshacía el lazo plateado del paquete.
-Hola, Cassie

-¿Damien?- la chica sintió cómo se le desbocaba el corazón. Flores, regalo y una llamada de teléfono ¿qué más podía pedir?
-Veo que no te has olvidado de mí.
-¿Cómo olvidarme?- el chico rió, parecía contento.
-¿Has recibido las flores?
-Sí, son preciosas ¿cómo sabías que eran mis favoritas?- el lazo se resistía, no quería romperlo.
-¿Recuerdas cuándo comenzaste las sesiones con Farrel?- Cassie asintió, la muy tonta no se daba cuenta de que por el teléfono Damien no podía verla- Le contabas de todo menos lo que quería saber. He leído un par de informes y hay un resumen de tu película favorita, otro de tu viaje al Gran Cañón e incluso una receta de bizcocho
que de hecho he probado, por cierto.-¿Farrel había documentado todas sus estupideces? No se lo podía creer.
-¿Y no se supone que esos informes son secretos? Ya sabes, algo entre médico y paciente.
-La receta es buena, pero no tanto como para ser secreta- Cassie se rió- Además, si no los hubiera leído no sabría ciertas cosas que ahora sé de ti
¿Tienes el paquete?
-Sí, lo estoy abriendo- al fin se había deshecho del lazo y estaba quitando el papel azul- ¿Pero qué? ¡Damien!- bajo la primera capa de papel había otra, y luego otra, otra más y otra
-¿Pero cuánto te has pasado envolviendo esto?
-Nada, lo hizo Gabby- Cassie paró de desenvolver, enfadada.
-¿Cómo que lo hizo ella?- preguntó.
-Vale, no quiero que te enfades ¿me lo prometes?
-No.
-Bueno, pues me arriesgaré. La semana pasada volví de Florida y me pasé a saludar a Gabrielle.
-¿Y no viniste por mi casa? ¿Y por qué ella no me dijo nada?
-Tenía muy poco tiempo y no pude ir a verte, no quería que te disgustaras y le pedí a Gabby que no te dijera nada- pues ya estaba disgustada, a Damien le había salido mal la jugada- Ella me dio la idea para tú regalo
y se pasó un buen rato envolviéndolo.

Durante unos instantes Cassie se mantuvo en silencio, desenvolviendo ahora con más furia.

-¿Sigues ahí?
-¡Sí!- exclamó.
-No te enfades, por favor. Abre el regalo y cuando veas lo que es seguro que se te pasa.
-Eso será si llego hasta el regalo ¿cuántas capas de papel hay?

Tras casi otro minuto desenvolviendo, ya más calmada, el paquete azul con aspecto de libro se quedó en un simple sobre. Era para matarlos a los dos, además ¿era una broma?

-Ábrelo y léelo- pidió el chico. Cassie obedeció y abrió el sobrecito, dentro había una nota que decía:

¿Crees que lo que siento cabe en un paquete tan pequeño? Deja de jugar con papelitos y baja al jardín de una vez. Damien.

Cassie abrió los ojos, sorprendida, y soltó el teléfono. Se acercó a la ventana de su cuarto y miró al jardín
y allí estaba él, de pie, con el teléfono móvil aún encendido. La saludó, sonriente y, tras un instante en el que, probablemente, a Cassie dejó de latirle el corazón, salió corriendo escaleras abajo.

Como una bala cruzó el salón y el recibidor, abrió la puerta y se lanzó a los brazos de Damien, quien correspondió el abrazo con fuerza.

-Dios, como te he echado de menos- le susurró él al oído.
-Y yo a ti
- Cassie no se podía despegar, seguro que lo estaba dejando sin aire, pero él no se quejaba. Al fin tomó al de distancia, quiso dar un par atrás, pero él no le dejó, la tenía bien agarrada por la cintura.- ¿Tú eres mi regalo?
-Nah
no soy un regalo divertido.
-Pues eres lo único que quiero.
-¿De veras?- la chica asintió, feliz, Damien nunca la había visto tan contenta- Mi intención era saldar mi deuda y después secuestrarte
y pasar el día juntos, quizás varios días
eso sería un regalo mejor.
-¿Vienes desde Florida a darme mi beso?
-Sí
y a decirte que te quiero- no le dio di un segundo a Cassie para reaccionar, simplemente se acercó y juntó sus labios con los de la chica, despacio, dándole al fin tan esperado beso, dulce al principio y cada vez más profundo y más perfecto. Poco a poco Cassie aflojó y tomó distancia con Damien.
-Vaya- musitó- Creo que podría acostumbrarme a esto.
-No eres la única- dijo el sonriendo, buscando sus ojos- ¿Nos vamos?
-¿Ahora?
-¿Quieres hacerme esperar?
-Te lo mereces después de todo el tiempo que yo tuve que esperar por este beso- dijo fingiendo estar enfadada, al menos la espera había valido la pena.- Pero no, aviso a mi madre y nos vamos.
-¿Está tu madre? Me gustaría conocerla

-¿En la primera cita? Me parece que vas muy rápido- ambos rieron y Cassie entró de nuevo en casa, sola.


-Esto
mamá, me voy- informó, alzando la voz, sólo había entrado a por la cartera y las llaves.
-¿Con quién?
-Damien

-¿Pero no estaba en Florida?- preguntó Grace, desde la puerta de la cocina, extrañada.
-Fíjate que cosas que
ahora está en el jardín- Grace hizo el amago de protestar, pero vio a Cassie tan contenta que la dejó seguir hablando- Buenoadiósmamátequiero- lo dijo tan deprisa que a penas se le entendió.
-No vuelvas tarde!
-Tranquila, estaré bien, pero si quieres puedes llamar a Farrel para pedirle referencias.

Tras esa última frase se escuchó cerrarse la puerta de entrada de la casa. Grace estaba preocupada, obviamente, su hija se marchaba con un chico mayor y desconocido
¿lado bueno? SE MARCHABA FELIZ.
Iba conduciendo hacia la ciudad. Ni yo mismo me lo creía ¿pero qué estaba haciendo? Es la culpabilidad, que siempre me ha hecho hacer estupideces
pero no puedo soportar saber que yo le hice esas marcas cuando ella no se podía defender. Aunque tampoco era la primera vez que había que sedar a un paciente ¿por qué me ha afectado tanto esta vez?

Cassie no es más que una niña, quizás sea eso, que me duele verla así, tan sola y tan débil, pasando por un trago tan duro sola
¿De veras una cera puede hacerla tan feliz? ¿Algo tan simple? Definitivamente es una chica especial
con lo difícil que es encontrar una chica así.

Me detuve, frené en seco, suerte que no venían coches. Igualmente aparqué en el arcén ¿estaba delirando o qué? Cassie era una paciente, la paciente de mi jefa, yo sólo tenía que encargarme de sujetarla y de llevarle la medicación de vez en cuando y quizás acompañarla a algún sitio si Gabby no puede ¡nada más!

-Nada más- repetí en alto. Quizás si me escuchaba a mí miso diciéndolo en alto dejaría de pensar en Cassie como una chica y comenzaría a verla como una paciente.- Además, sólo tiene diecisiete años- proseguí, autoconvenciéndome, mientras volvía a la carretera.- Soy mucho mayor que ella
aunque cuando cumpla la mayoría de edad
¡Mierda, Damien!

¿Qué me pasaba? Lo mejor iba a ser dar la vuelta y olvidarme de esa estúpida cera, no necesitaba el perdón de nadie, sólo había hecho mi trabajo. Pero curiosamente, aunque mi cabeza me decía que cogiera el siguiente desvío para volverme al hospital, mis pies aceleraron.

Compraría esa estúpida cera, se la daría a esa estúpida chica y al fin vería su estúpida sonrisa


Dios, soy un estúpido.

 

Relato de una obsesión - Fanfics de Harry Potter

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Aquella fue la peor noticia que pudieron darle a Grace, la última puñalada. Tras perder a su marido y a su hija menor en un accidente en alta mar, ahora le a

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