Sin remedio - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Dedicado a Ceci Black. Por ser una lectora y amiga maravillosa, en un intento porque sepa apreciar lo bello de un Dransy. Espero que te agrade, linda.

Sin remedio

Había muchas cosas que Pansy detestaba de Hogwarts, casi tantas como las que adoraba. Odiaba las escaleras que continuamente hacían que se perdiera por pasillos inexplorados, pero le encantaba como se veía mientras las subía, siempre segura de si misma. Odiaba que su sala común estuviera debajo del lago, pero le encantaba que, debido a ello, el agua de sus bañeras siempre estaba templada. También odiaba que le hubiera tocado compartir grado con el famoso Harry Potter, aunque sentía que un poco de fama para el colegio, no le venía mal a nadie.

 

Pero lo que Pansy Parkinson más detestaba de su colegio, era la cantidad de fantasmas que vivían en él. Y no es que les tuviera miedo, para nada, ella no sabía que era eso, sólo
los odiaba. Opinaba que se movían de una manera demasiado
extraña. Ese deslizarse sobre el suelo, sin rozarlo siquiera, ese susurro que dejaban detrás de si, era como un murmullo que le erizaba los vellos del brazo y le hacía estremecerse. No, no era de miedo, era de asco.

A cualquiera le daría asco que se le acercaran por cualquier lugar, después de atravesar la pared, con sus aires sombríos y tenebrosos. A cualquiera le provocaría tragar en seco, y dar media vuelta rumbo al pasillo contrario. Cualquiera sentiría ganas de correr sin dejar de mirar hacía atrás para comprobar que no la seguían. Cualquiera lo haría, ¿no? No, la verdad era que era la única bruja conocida que sufría de pánico, es decir, asco hacía los fantasmas.

Por eso odiaba Halloween. Parecía que el colegio entero quería hacerla sufrir al organizar una fiesta de disfraces, rellenando los pasillos de telarañas y decorando calabazas. Y esos endemoniados fantasmas. Gozaban esa fecha como nadie más, iban y venían charlando sobre lo que harían para asustar estudiantes, para levantarles el ánimo y que compartieran con ellos lo divertido del día. Ella no le veía nada divertido al asunto, de hecho, creía que era un día perfecto para tirarse a dormir y no hacer nada más.

Pero ese año había algo diferente, algo que ilumino aquella fecha con luz divina. Draco Malfoy la había invitado a la fiesta. Era su oportunidad, si se volvía la pareja de un Malfoy, su padre al fin la valoraría, y estaría orgulloso de ella. Ya no más sentirse desplazada sólo porque no había sido varón, sería ella, Pansy, el orgullo de los Parkinson.

Y allí estaba ella, vestida con su elegante vestido blanco, el cabello recogido hacía atrás, dejando a la vista los pómulos redondeados, los brillantes ojos platinados y las largas pestañas que los enmarcaban, además de esos labios carnosos decorados con labial rojo que mostraban una mueca de disgusto por la decoración del Gran Salón y, sobretodo, por la cantidad de fantasmas que revoloteaban por el lugar.

Giró su rostro hacía su pareja, que aferraba su brazo mientras caminaban hacía la mesa de Slytherin, la cual, a pesar de la ocasión, permanecía en su lugar junto con las de las otras tres casas. Se veía especialmente guapo esa noche, de traje negro y el cabello rubio perfectamente peinado hacía atrás, combinando y, a la vez, resaltando con ella.

Draco se percató entonces de su mirada, y también de su mueca.

 

Vamos, Pansy, quita esa cara, Weasley no está cerca como para que algo huela malComentó, burlón. Ella sonrió a medias y, sin dignarse a contestar, se sentó en su puesto.

Entonces el banquete dio inicio, y los fantasmas comenzaron a salir de las paredes, algunos a caballo y otros simplemente levitando, bamboleándose y acercándose a los estudiantes riendo y agitando lo que fuera que trajeran en mano. Algunos incluso atravesaban las mesas de las casas impregnando su escalofriante presencia en los manjares que los elfos habían preparado. La mueca de Pansy regresó a su cara.

Crabbe, Goyle, ¿Dónde está Potter? Preguntó Draco, al detectar los labios fruncidos de su acompañante. Ambos negaron con la cabeza y miraron hacía la mesa de Gryffindor. Si estuviera allí no habría tenido necesidad de preguntarles Espetó el rubio, al tiempo que Pansy giraba los ojos.

Buenas noches, muchachos ¿la están pasando bien? Quiso saber un alegre fantasma montado a caballo, flotando frente a ellos. Seguro que mucho mejor que esos pobres chicos en la fiesta de Nick, ¿a que mortal se le ocurre ir a un cumpleaños de muerte?

Pansy pegó un respingo por la sorpresa y se pegó más a Draco, quien acababa de atar cabos averiguando así el paradero de su enemigo. Sin delicadeza, alejó a la chica de su lado y se levantó. De inmediato Crabbe y Goyle lo imitaron, y ella se sujetó con fuerza del borde de la mesa, evitando mirar al fantasma.

Quiero saber que se trae entre manos Dijo, ignorando por completo el comentario de aquel ser, y bastó para que sus gorilas amigos comenzaran a tronar sus dedos. No, ustedes quédense aquí Les ordenó y ellos volvieron a sentarse con expresiones confundidas.

¿Me vas a dejar aquí? Inquirió una atónita Pansy, olvidándose por un momento del fantasma que escuchaba su conversación con mucho interés. ¿Con estos? Siguió, señalando a aquel par.

Draco la observo un momento. No podía dejarla sola, su padre había sido muy claro, debía invitarla esa noche y no dejarla sola, había dicho que "ya era conveniente que se acostumbraran a estar juntos", y, a pesar de que él no supo a que se refería del todo, debía obedecer. Suspiro resignado y rodó los ojos de pura impotencia.

Ven si quieres.

No tuvo que decir más. Pansy saltó de su asiento y se le pegó como bandita, temerosa de que aquel ser quisiera volver a hablarle. Lo cual sí ocurrió.

¿Se van tan pronto? ¡Si la fiesta apenas comienza! Ambos chicos lo miraron con cara de pocos amigos y dieron vuelta, dejando a ese molesto personaje con Crabbe y Goyle, quienes ya habían comenzado a embutirse la comida. HERRETE | Descúbre su verdadero significado

Salieron al vestíbulo sin decir palabra. Al llegar ahí, Draco miró alrededor, como eligiendo su camino. Su entrecejo fruncido demostraba que no conocía el lugar al que se dirigían, y eso hizo que Pansy comenzara a pensar que, después de todo, no había sido buena idea salir.

¿A dónde vamos? Preguntó entonces ella, en tono nada amigable, cuando Draco se decidió a bajar las escaleras del vestíbulo.

Malfoy la miró, sin detener su marcha, con una ceja alzada en señal de desinterés.

Sólo camina Exigió, volviendo la cabeza mientras bajaba uno a uno los peldaños de la larga escalera.

Pansy rodó los ojos y se apresuró a seguirlo, ya le habían dicho que tratar con Draco era una misión que requería mucha paciencia, cosa de la cual ella carecía, pero lo intentaría por los Parkinson. Por su familia, y por la apreciación de esta, fue que lo siguió en completo silencio, hasta un lugar en el que nunca había estado, más debajo de su sala común y de las mazmorras, allá donde se decía que estaban los calabozos.

 

Esa sección del castillo estaba pobremente iluminada, tanto, que sus pequeños ojos de plata no alcanzaban a ver más allá de donde se encontraba Draco, un par de pasos frente a ella. El frío era intenso, y pronto se arrepintió de haberse puesto aquel vestido tan corto. Pareciera como si las ráfagas de viento se colaran por las paredes y le susurraran cosas al oído, recordándole el murmullo de los fantasmas.

Siguió avanzando, poco a poco, cuidando ir detrás de Draco por si sucedía cualquier cosa. La temperatura descendía, así que se vio obligada a abrazarse a si misma sintiendo el temblor de sus congelados labios. Suponía que estos estaban azules, siempre se ponían de ese color cuando estaba en medio de un frío imparable.

Alzó el rostro y comprobó que Draco tenía el mismo problema que ella, sólo que él estaba más azul, no sólo de los labios, sino toda la cara, los brazos y el torso
Confundida miró por encima del hombro de su acompañante, y pudo ver un pasillo lleno de velas largas y delgadas de color negro que emitían fuego eterno, fuego azul.

Quédate aquí Ordenó Draco en un susurro bajo. Ella obedeció sin más. Abrazando su torso más firmemente y pegándose a la pared que tenía detrás.

El chico caminó cautelosamente por aquel pasillo lúgubre, atento a cualquier sonido. Un paso. El silencio era sepulcral. Otro paso. Tenía un extraño zumbido en los oídos, que no sabía si pertenecía al mismo silencio o era que había una música bastante escalofriante cerca. Un paso más. Lo comprobó, había alguien al final del pasillo, dentro de ese calabozo con puerta metálica, podía sentirlo. Dio un par de pasos un poco más seguros. Estaba a poco de la puerta y dentro podía escuchar voces roncas y lúgubres. Se acercó más, deteniéndose en la ranura por la que seguro lograría ver el interior

¡Draco!

Aquel chillido con su nombre lo sobresaltó, y estuvo a punto de soltar una palabrota cuando la chica responsable del incidente se le colgó del cuello, temblando y pálida como la cera. Draco apartó las manos de ella, deseando arrojarla lejos por haber arruinado su plan. Estaba seguro de que dentro los habían escuchado ya, así que tomó a Pansy del brazo y la llevó a un lugar entre las sombras donde no podrían verlos; aprisionando el delgado cuerpo de la niña contra la pared, con tan solo sus brazos.

Un segundo después la puerta se abrió, y por ella salió el trío, castañeando los dientes y sin prestar atención a nada más. Pansy intentó soltar una exclamación de sorpresa, pero el rubio le tapo la boca y le lanzó una mirada amenazadora. Y ella no habría echo nada más, sino fuera por los siguientes invitados en salir de la fiesta: dos fantasmas a caballo con la cabeza y un par de palos de cricket en cada mano.

Los ojos de Pansy se abrieron de par en par y comenzó a golpear el pecho de Draco, tratando de liberarse de su llave para poder echar a correr. Pero este no la dejo libre ni siquiera cuando los fantasmas volvieron a la fiesta comentando que Potter acababa de huir. Con la mano izquierda firmemente apretada sobre los labios de la joven, y la derecha tomando la de ella, se dispuso a marcharse; después de todo su objetivo acababa de irse.

Eres una imbécil, Parkinson, por poco nos descubren por tu culpa Escupió Malfoy cuando estuvieron alejados de la reunión, y del intenso frío de esta. Al soltarla, le dio un ligero empujón que la mandó a estamparse contra la pared contraria. ¿Ahora donde encontraré a Potter?

Pansy frunció el ceño confundida, y ofendida. Recordaba a aquel mismo chico de mirada dura, cuando apenas tenían, ambos, ocho años. Sus padres los habían presentado. En aquella ocasión él se había mostrado amigable y callado, tremendamente discreto, tal vez un poco risueño y un poco más dulce. Ahora lo miraba frente a ella y no podía creer que fuera el mismo, de hecho, le costaba bastante.

¿Qué habían echo los años con él? Lo habían convertido en un ser frío, calculador, arrogante y presuntuoso. Sin contar aquella obsesión que presentaba por Harry Potter, lo que le recordaba que compartir año con este personaje comenzaba a fastidiarle más que antes.

Quería decirle todo aquello que pensaba de él, a pesar de que no creía que ese chico tuviera remedio alguno, quería que se enterara de una buena vez lo patético que era, y que dejara de creer que podía mover el mundo. Para eso ya estaba ella. Claro que, como siempre, cuando estaba a punto de decir lo que de verdad pensaba, una marea de estudiantes llegó al pasillo donde se encontraban y los arrastro, separados, hacía el lugar al que todos se empujaban por llegar.

No fue difícil averiguar el motivo. Allí, frente a ella, había un letrero escrito con sangre, el cual rezaba:

La cámara de los secretos ha sido abierta, enemigos del heredero, temed.

...¿Draco?

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2023-02-27

 

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