SnaClaus - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

*-SNACLAUS-*

Personajes de JK Rowling.

Estaba sentadofrente al fuego de la chimenea, con un vaso de whiskey de fuego en una mano yel profeta en otra. Miraba con atención, los titulares de prensa. El año nuevoy la navidad se acercaban y siempre daban noticia. Siempre tenían algo quedecir, aunque él siquiera tuviese algo que celebrar. Solamente el hecho deseguir vivo y de estar casado en ese preciso momento; para no tener que ayudarcon la decoración en Hogwarts. Tenía en ese espacio de tiempo en el que vivía,una esposa y dos pequeños hijos.

Annet CarolineSnape y Nicholas Snape. La menor era Annet, con siete años y el mayor,obviamente, era Nicholas. Con nueve.

Dos fielescreyentes de Santa Claus. Y su esposa, feliz de ello. Él sin embargo, no le veíael sentido a la celebración. Navidad. ¿Qué era navidad? Una celebraciónmeramente ornamental, que solo servía para recordar que tenías que enviar milesde cartas y presentes, a parientes que ni siquiera conocías o parientesmolestos, que detestas haber conocido en tu vida.

 

Al menos no era sucaso. Excepto, claro, con sus suegros. Los padres de su esposa, eran muyamables y les encantaba reunirse, dar regalos. Odiaba esas reuniones. Su madresiempre preguntaba si deseaban tener otro hijo, mientras él bebía whiskey ovino. Dejó de beber en aquella casa, para no terminar ebrio y darle la razón.

En fin, estaba allísentado y mirando la decoración en su propia casa. Parecía que santa habíavomitado en rojo, blanco y verde. Tenían un enorme árbol de navidad, lleno deluces de colores y adornos varios, que ni siquiera podía enumerar. Así era suesposa. Festiva. A ella le encantaba celebrar. Y él no se oponía a sus deseos.Ya estaba muy viejo para pelear por tonterías que duraban un mes.

Mientras permanecíasentado, mirando las botas tejidas, colgadas sobre la chimenea, sus dos hijoscorrieron hasta el salón, en pijamas. Miró el largo y rizado cabello de su hijamenor, mientras se dejaba caer en la alfombra. Frente a él.

Su hijo Nicholas,ocupó una butaca a un lado de su lugar y sonrió, alzando la vista hacia lamedia que tenía su nombre bordado en rojo, sobre tela blanca. Su esposa tambiénera eso Muy creativa.

Papi
¡papi papi papi! exclamó su hija en el suelo, alzando susbrazos con mucha felicidad. Apenas podía ver sus dedos, en el largo suétertejido que llevaba puesto. Tenía una "a" bordada en el medio. Nicholas llevabauno igual y eso le trajo muchos recuerdos. Sonrió suavemente y bajó la vistahacia ella.

¿Qué ocurre, Annet? ¿Cuál es la emergencia?

¿A qué hora va a llegar santa, papi? ¡Ya quiero que santa esté aquíy nos traiga muchos muchos regalos!

¿Santa?

Nicholas hizo ungesto con la mirada y Severus ladeó la cabeza hacia el árbol de navidad.Cierto.

"Santa" vendríadurante la noche y colocaría presentes, bajo el árbol de navidad. Sus hijosencontrarían dichos regalos y luego, él tendría que recoger el papel de regaloque su esposa se molestaba en comprar y en doble capa. Lo hacía todo más difícil de lo que debía.Pero bueno, ellos eran felices con ello.

¿Santa? Pues no lo sé, Annet. No lo conozco. No sé siquiera, dóndevive o si

¡Claro que sí, papi! Mami dijo que todos lo conocen. ¡Él vive enel polo norte, todos los días! Junto a la señora Claus. interrumpió su hija,con una sonrisita y a plena voz. Muy contenta.

 

¿Ah sí?

Sí. suspiró su hijo, como si su padre no estuviese en nada ¿Esque no has oído de Santa, papá?

Bueno, a ciencia cierta
no escucho de algo que en realidad, nuncahe visto. Quiero decir, Santa. ¿En realidad alguien tendría una casa en mediodel polo norte y no habría muerto, congelado?

Su hija seestremeció en el suelo y descubrió que tenía pequeñas lágrimas en susojos. ¿Qué había dicho ahora? Tampoco era que hubiese matado a alguien. Suspirósuavemente y su hijo, negó con la cabeza.

Santa es mágico y por ende, nada le sucede. Y puede ir a todas lascasas del mundo, dejando regalos por todas partes. Pero si te portas mal,recibes un trozo de carbón.

Él no se habíaportado mal y en su vida, había recibido mucho carbón. Metafóricamentehablando, claro. Su esposa que llevaba galletas de jengibre con cuerpos demuñecos y estrellas, escuchó la conversación y apresuró el paso. Conocía aSeverus Snape y éste; podía ser tan cruel como frío era el mismísimo invierno.

Se inclinó junto asu hija, para que tomara una galleta y se entretuviera con su dulce sabor. Paraque dejara de pensar en un Santa Claus, de paleta, congelado en el medio delpolo norte. Y por sobretodo, para que no le dijera a las tres de la madrugada,que había que correr a salvarlo. Como si el polo norte estuviera a solo cuatrocalles de su casa.

Las luces en lascalles, pronto iban a apagarse y la iglesia comenzaba a dar sus campanadas. Unamisa antes de irse a dormir. Severus inspiró, mientras su esposa le ofrecía galletasy antes de dirigirse a Nicholas, le pellizcaba un hombro.

¿Qué? susurró, entre dientes y Hermione Jane Granger lo miró demala gana.

¿Santa Claus muerto y congelado en el polo norte, Severus? dijocon cierta zozobra y Snape la contempló en silencio.

Antes de siquieraresponder a esa acusación, sus hijos habían prácticamente devorado las galletasy en ese preciso momento, se encargaban de la leche. Bebían con ligera rapidez yHermione se daba la vuelta para pedirles que comieran más despacio.

Ellos ya sabían loque venía luego del postre. Un par de historias y luego a la cama. Pero ningunoesperaba dormir. Ambos deseaban conocer a Santa en persona y necesitaban verloesa navidad. Las navidades pasadas, Severus los había reprendido por habersequedado despiertos y haber bajado las escaleras para mirar el salón y la viejachimenea.

Aunque Nicholascontinuaba afirmando; que él había conseguido ver algo. Claro, lo único que habíavisto, era a su padre y a los pesados regalos.

¡Mami! Dile a papá que Santa puede con todo y que por ello, viveen el polo norte. Que recorre el mundo entero en un día y que viaja en suenorme trineo, con sus renos. Como Rudolph.

¿Rudolph? ¿El renode la nariz roja?

Papá solo estaba un poco confundido, pero él sabe quién es SantaClaus. Todos lo conocen. Es un hombre maravilloso.

¡Qué injusticia!Literalmente él "se partía la espalda" trayendo los regalos y nunca habíandicho, que él era un hombre maravilloso. Su esposa ni siquiera se dignaba adarle un aguinaldo navideño. No, solo un beso, una caricia y un: "lo hicistemuy bien, querido".

Se quejaría con esetal Santa. Si en verdad existiera alguien como él. Eso solo era una farsa, unarreglo corporativo, para comprar y vender cosas.

 

Innecesarias, porlo demás.

¿De qué estás hablando, Hermione? Todos saben perfectamente, queSanta es solo una leyenda urbana. dijo y Hermione negó con la cabeza, casi deforma imperceptible. Iba a llegar muy lejos. además, no en todos los paísesdel mundo, se celebra esa tradición. Simplemente se cree en que existió algollamado: Espíritu navideño. No un Santa Claus.

Su hija lo miró consorpresa y Snape se encogió de hombros. Su expresión de felicidad, parecíahaberse reducido a una débil lucecita. Apenas y sonreía. Parecía abrumada conlas duras palabras de su padre. Hermione negó con la cabeza y esa vez, lo habíahecho con todas las de la ley.

No sabes cuándo callarte, ¿cierto?

¿Y ahora qué rayos hice?

¡Santa no es un mito, papi! Santa es real gimoteó su hija y Snapesuspiró ligeramente.

A esas edades yellos preocupándose por un hombre barbudo y barrigón que no tenía otra cosamejor que hacer; que obligarle a comprar regalos para sus hijos.

Estoy plenamente seguro de que ese tal Santa Claus, es solo unavieja leyenda comentó Snape, mirando el periódico. Señaló una fotografía, endirección a sus dos hijos y ambos miraron con atención. Allí; había un hombregordo y barbudo, que saludaba y sonreía acabo de ver a uno, mientras caminabapor la calle. He visto a muchos de ellos, en un solo día. ¿Santa tendrágemelos?

Hermione reprimióun hondo suspiro, mientras su hija trataba de entender. Entonces, si Santa eraun mito
¿quién traía los regalos a casa?

Pero papi
¡él trae los regalos a casa! dijo su hija y Nicholasasintió en silencio. Nicholas lo vio una vez.

Severus negó con lacabeza, una vez más. Hermione ya no quería saber, qué iba a decir al respecto.

No precisamente es él, quien trae los regalos. Y lo que viste,Nicholas, no fue su enorme cuerpo redondo. Fue el mío.

¿Qué cosa?

¿Quién trae los regalos a casa, papá? preguntó Nicholas y él,arqueó una ceja. Suavemente.

Yo.

Yo.

Su hija lo miró sinentender y alzó la vista hacia su madre. Desengañar a sus hijos, había sido lopeor. Su esposo la iba a oír, en cuanto ellos se fueran a dormir.

Y en cuanto esosucedió, ella intentó convencerlos de que aún existía aquel Santa Claus. Peroellos ya no estaban tan seguros de algo como eso.

De hecho su hija,se había ido a dormir sin que Hermione pudiera ponerle su pijama favorita. Sindarle sus mantas favoritas. Solo se había ido a dormir.

Era mezquino y sinescrúpulos.

Y en cuanto le mirósubir las escaleras, le había arrojado un enorme cobertor y una almohada.Severus trató de esquivarlos, pero fue complicado.

Vas a dormir en el salón, Severus.

Snape soltó ungruñido.

Para eso tengo mi cama y no voy a dormir en ningún salón dijo condeterminación y Hermione caminó hasta detenerse frente a él.

¿Desmentir que Santa existe, frente a los niños? ¿has pensado unpoco en tus palabras, Snape?

¿Y que querías? ¿Qué lo creyeran toda la vida? ¿Qué pensaran queun enorme hombre vendría a traer sus obsequios? Yo hago ese trabajo. ¡Yo meencargo de eso en la casa! Y no soy un mito.

¡Olvídalo y vete! ¿Quieres que te transforme en un mito, justoahora?

Severus no contestóy tomó las cobijas, y almohadas. Caminó hasta el salón y las arrojó en el sofá.¡Estúpidas tradiciones!

 

¡Cómo si hubiesedicho gran cosa! Hermione se arrojó en su cama y sollozó ligeramente, alrecordar los rostros de sus hijos. Confundidos, tristes. Mientras trataba dedormir y golpeaba su almohada, imaginándose a Snape, tuvo una extraña idea.

Eso le iba a daruna muy buena lección.

Toda la noche; élsoñó con aquello. Toda la noche, se imaginó vestido de santa y trayendo regalosen todas las casas, de todo el mundo. Luego de haber terminado y tenido unarduo trabajo, alguien le decía que era solo un mito y que debía congelarse eltrasero, en el polo norte.

Él también se habríasentido irreal.

Despertar, habíasido la cosa más extraña que jamás había hecho. Su casa, parecía una vieja casade horror, donde vivían una gran cantidad de zombies. Su hija estaba desanimaday no quería comerse la avena en el plato, por la mañana. Y Nicholas, tampoco.

Tenemos que hablar, Severus Snape. escuchó de su esposa y tuvoque ir detrás de ella, hasta el salón, mientras los niños desayunaban.

Parecía enfadada ybueno, lo que había dicho ya parecía muy difícil de olvidar.

Te doy una condición para que pueda perdonarte por lo que hashecho y puedas dormir en tu cama. Para que pueda siquiera pensar en hablarte,Severus.

¿Condición?

Vas a tener que hacer que los niños crean una vez más, en Santa.Es decir, en ti. Ya que te empeñas tanto en ser "reconocido", tú serás quientraiga los regalos a casa.

Siempre hacía eso.¿Por qué se iba a molestar?

Siempre lo hago, así que
¿qué importa?

Hermione negó conla cabeza y sonrió maliciosamente.

Esta vez será diferente, mi querido Severus. Esta vez te disfrazarásy llevarás regalos a todas las casas que puedas y a Hogwarts. ¿Te ha quedadoclaro? Todos van a creer en ti, de ahora en adelante.

¿Qué demonios habíadicho? Negó con la cabeza y en cambio, Hermione asintió con fuerza. ¡Él no ibaa ser santa de nadie!

Y no creas que serás el santa. No. Más bien, vas a ser un reno. Yserá mejor que encuentres astas y quién entregue los regalos.

Se rehusó, peroHermione asentía con vehemencia.

Si no lo haces, me divorciaré de ti y me llevaré a los niños.

¿Qué? Ni quehubiese matado a alguien.

No tienes otra opción, Severus. Será mejor que le devuelvas a tus hijos, su navidad de ensueño
o de locontrario, yo me divorciaré y no volverás a verlos. Y sé que te importan. Asíque no puedes decirme, que no es así. Nos amas.

Severuspermaneció sentado en su despacho. No era porque tuviera mucho que hacer, no,era porque simplemente Hermione había cambiado las cerraduras de la casa yhabía puesto hechizos contra apariciones y entradas en la chimenea. Horoscopes sings sun and moon combinations

"La únicaentrada que vas a hacer, será con una enorme bolsa de regalos. O más bien, tequedas en el parqueadero, comiendo pasto como el reno que vas a ser."

Se mordióel labio con indiferencia, casi haciendo salir sangre. No iba a serningún reno. Ni en esa vida ni en otras.

Aunque suamenaza era muy buena. Divorciarse, quitarle a sus hijos. ¡Solo por haber dichoque santa no era real! ¿Por qué se había metido donde no lo llamaban?

 

Porqueera Snape, el rey de meterse en donde no lo llamaban.

Dejó caersu cabeza sobre el escritorio y se dijo que iba a necesitar ayuda. Y de unmomento a otro; pensó en Albus Dumbledore.

Se diouna palmada en la frente y se dijo mil veces, que prefería vestirse de Santa ycaminar en medio del gran comedor, que pedirle ayuda a su persona. Bueno, no.Era demasiado.

Novolvería a casa jamás.

¡Hola, Severus! Buenas buenas navidades para ti. Comosiempre, Dumbledore entraba sin anunciarse y con una expresión de estupidez ensu rostro. Suspiró y ladeó la cabeza para mirarlo, desde donde estaba apoyadoen el escritorio.

Albus

Eldirector sonrió suavemente. Se le veía peor que cuando le dijeron que SiriusBlack se había escapado. Parecía una enorme sábana blanca con dos agujeritospor ojos. Un inferi.

Muchacho, ¿En qué puedo ayudarte? Tienes una cara que habríaespantado a cualquiera. Sin ofenderte.

Esoofendía más de lo que creía.

Nada. No hay nada en lo que me puedas ayudar, AlbusDumbledore.

Pues si lo necesitas, te puedo llevar a ver a Poppy. Ellatodo lo puede curar. ¿O es un secreto? Sabes que me encantan los secretos. Mesé muchos. El otro día, Minerva tenía una extraña verruga en el cuello, laparte derecha
sabes allí donde

Se llevólas manos a la cabeza. Si no se lo decía, iba a acercar a Voldemort a lavictoria. Él mismo lo mataría.

Está bien ¡tú ganas! Ya deja de torturarme. Tengo problemascon Hermione. Hice algo que, para mí, es una estupidez. Ella lo tomó mal yentonces

Guardósilencio. Si le contaba que tenía que hacer de reno para sus hijos y Hogwarts
podía imaginar la escena. Dumbledore sacaría disfraces de no sabía dónde yterminaría haciendo eso todos los años.

Reprimióun escalofrío.

Severus, ¿no te expliqué que a las mujeres no le gustan lasinfidelidades? Veme a mí y a Min. Desde siempre hemos sido compañeros. Leguiñó un ojo Minerva es la única mujer en mi vida. Y Hermione debería serlopara ti.

Yo no engañé a Hermione. Solo le dije algo a los niños, queella no quería que escucharan. Fue una estupidez, sinceramente. Solo les dijeque Santa Claus no existía y muy pronto, hizo una escena ridícula. Me echó decasa y me juró que se divorciaría si no lo solventaba. Ahora debo ser unestúpido reno y encontrar un "Santa" para mañana.

Albus lomiró con la misma expresión que había usado Hermione. Con los ojos de Dobby,que dieron algo de miedo. Se ensancharon de pronto.

¿Les dijiste que Santa no existía? Severus, solo son unosniños. ¿Qué esperabas?

Bueno. ¿Y cuándo iban a dejar de creerlo? Todos creen que yosoy adepto y sin embargo, sigo tus órdenes. Por más que lo intento, no dejan decreerlo. ¿Ahora dejan de creer en Santa, por algo que dije?

Bien, si la orden y Tom fueran niños, dejarían de creerlocon que yo lo dijera. Pero no lo son.

Estúpidapsicología inversa. Suspiró abatido, mientras Dumbledore caminaba hastadetenerse tras él y colocar una mano sobre su hombro suavemente.

Puedo ayudarte si lo deseas. Aunqueencontrar un disfraz de reno, no ha de ser muy sencillo. Podría hacerte uno,pero dudo que luzca muy convincente. Aún no aprendo a tejer en dos puntas.

Dumbledoretejiendo. Ya bastaba con haber explicado cómo habían confeccionado los suéteresde sus dos hijos. Y de haber pasado horas hablando con Molly Weasley de eso
Deestilos de tejidos.

 

¿Por quéno tenía una "familia" normal?

En dado caso. Conozco una forma de volverte un buen reno.

Sonaba terrible esa información. Pero a esas alturas, yaestaba muy desesperado como para ahondar en los detalles. Asintió, mientrasAlbus abría la puerta y él pasaba primero. ¿Qué le deparaba el futuro?

Jamásvolvería a desmentir nada.

Caminaronpor un rato, hasta detenerse en el despacho que ya conocía perfectamente. Albusse detuvo junto a su chimenea. Echóun puñado de polvos y observó. Muy pronto, un rostro muy peculiar se conformóentre las llamas verdes y amarillentas.

¿Qué? ¿Albus? ¿Por qué utilizas la chimenea de la escuela?¿Es una emergencia?

¡SiriusBlack!

Normalmente no haría esto. Rompería totalmente con lasreglas que suelo seguir, pero como es navidad, no creo que importe. Necesitoayuda y mientras más sean de ustedes, mucho mejor ¿Podrías buscar a Remus y aNymphadora?

Por supuesto que sí. No me digas que el tonto de Snape estáhaciendo todo mal otra vez. Solo él podría meter al castillo en problemas, o aalguien.

Sí, un poco. Pero no tiene nada que ver con Tom. Alcontrario, es algo mucho menos complicado.

Snape lomiró. Atónito. ¿Por qué tenía que decírselo a él y al resto de los miembros dela orden?

Sabes que necesitas su ayuda. Necesitas más "renos" parallevar el trineo. Además, sabes perfectamente que de no conseguirlo, ella novolverá a dejarte entrar en casa ni ver a tus hijos. Y sabes que ella tienemucha determinación.

TontoSanta Claus.

Aquellanoche, Sirius no dejaba de reírse y él sentía que tenía una enorme nube gris yrayos en su cabeza. De tanto reírse, seatragantó con cerveza de hidromiel y trató de toser. Sin éxito. Remus parecíamás retraído, pensativo. Nymphadora no sabía si reírse o quejarse. Le habíagolpeado un hombro y le había dicho como cinco veces, que sus hijos eran apenasunos niños pequeños. Que era un desconsiderado.

¡Y todoscontra él! Porque él era Severus Snape.

¡Y te dijo que fueses un reno! Oh, Hermione es épica. Teníaque estar allí para verlo. graznó Sirius, tratando de no reírse más. Loscuadros y fantasmas ya comenzaban a asustarse.

Severusmiró a Albus con un gesto de súplica. Por Dios, ya era bastante malo que ellase burlara de él de esa forma. Y ahora tenía que escuchar a Sirius, riéndose acarcajadas y con una gruesa tos por causa de la irritación en su garganta ¡Lovolvía loco!

No estamos aquí para reírnos de Severus. Es para ayudarle.Muy bien; ¿Quiénes serán los renos?

No, él nosería reno. Mucho menos acompañaría a Snape en una travesía. Sirius negó con lacabeza y Remus asintió.

Seréreno. Moody podría serlo, aunque si estátuerto, podría asustar a alguien. dijo, antes de que su compañero hablara.

¿Qué tal tú, Nymphadora?

Si no fuera por Hermione, no lo haría. Veré si puedo cambiarde apariencia y ser un reno. Solo James hacía eso y

Albussonrió y Snape, lo miró de repente. ¿Qué estaba pensando? ¿Qué cruzaba por sumente?

Lo siento Severus. Lo siento, pero creo que tú tendrás queser Rudolph y tendrás que ser un verdadero reno.

¿Qué?

 

Lo haces por venganza. ¿No es cierto? Por como traté aPotter y como trato a su hijo. ¿Por qué tengo que ser reno?

Dumbledoresacaba su varita y con una sonrisa, lo contemplaba mientras que él retrocedía.

¡NO!

No supomás de sí. Su visión periférica se ensombreció y muy pronto, sintió que caía enel suelo. Se sentía delgado y muy flexible. Como si fuera un muñeco de felpa.En unos minutos trató de ponerse de pie y sin embargo, patinó. Sus manos sesentían como dos largas

Patas. Sí. Patas.

¿Patas?

Abrió losojos y miró las enormes caras de Albus y compañía. Sirius no podía dejar dereírse. ¿Qué había pasado?

Te ves lindo, Snape. Como un reno.

¡No podíaser, era un reno de verdad!

Deberías callarte, Sirius. Porque será el primer trineo quetenga a un perro de compañía.

Y yo seré Santa, y Min será mi señora Claus dijo Albus,ignorando los golpes que Snape le daba con las astas. No sabía controlar susmovimientos y hacía cosquillas como un conejo. Ya basta Severus, no seasinfantil. Ahora haces un drama, como si ser reno fuera algo malo.

Era reno. Un bendito reno.

¿Todos listos?

Esa noche iba a ser la noche máscomplicada de todas en su vida. Y mientras, esperaba por Nymphadora y Albus,echado en el suelo. Sirius había comenzado a colgar luces de navidad sobre susastas. Trató de quitárselas, pero era todo un inútil reno.

No. Tú nos vas a guiar y necesitamos luces, Quejicus. Y ungorro de Santa para ti.

Al pocotiempo, había siete renos dentro junto a Albus Dumbledore. Gracioso resultabaque Albus ya parecía abultado y el traje de Santa, con todo y su barba natural,le sentaba bien. En cambio Minerva, trataba de entender por qué su traje de "señora Claus" era un poco corto.

Te ves muy bien, Minerva. Te queda.

PervertidoAlbus.

Lo que tenemos que hacer por ti, Snape dijo Minerva,mientras Albus fingía que la bolsa de regalos era muy pesada. Solo la estabamirando.

Bien, yanada podía empeorar.

¡Empezaremos a repartir regalos por Slytherin!

Empeoraba.

Durantetodo el camino, moviendo un pesado trineo junto a un perro negro y un reno queparecía un lobo feroz. Además de tener la nariz roja y oír a Dumbledorehaciendo "Jo jo" mientras el trineo rechinaba en el suelo de piedra, por notener ruedas.

Unatortura china.

Niñosgordos, flacos. Draco. Todos recibían un regalo de su boca y todos queríanacariciarlo. Algunos, como Crabble y Goyle, pretendían subirse sobre él. YAlbus estaba distraído con la señora Claus.

¡Quéagotador era ser Rudolph y tener que arrastrar el bendito trineo! Si llegaba aexistir ese hombre, le elevaría un pedestal. Jadeaba y trataba de continuar sucamino, pero le resultaba imposible.

Y encasa, Hermione tenía problemas para calmar a sus hijos. Annet preguntaba por supadre y más le valía que él estuviera ocupado, cumpliendo. Aunque comenzaba acreer que había sido muy dura.

A Snape¿A él? Le quedaba el día siguiente, noche buena. Para repartir obsequios.

Y el díasiguiente llegó y Snape estaba exhausto. Dumbledore había decidido dejarlo comoreno o de lo contrario, él se negaría a volverse a convertir. Mientras dormíafuera de la cabaña de Hagrid (sin más opción que esa), miraba el sol que seimponía sobre el cielo.

Iba a serun largo día.

La nochellegó y los hijos de Hermione no querían acostarse. Annet brincaba en el sofá,mirando a través de la ventana. Su papá iba a regresar ese día y Nicholasesperaba pacientemente, intentando no dormirse. Su madre había dicho quevolvería. Y ella ya no quería ver a santa. Quería verlo a él.

Hora de dormir, mis pequeños.

No mami. Yo me quedo. Sé que papá viene dijo su hija,risueña y Hermione sonrió. Quizá había sido muy cruel con su marido.

Peroantes de pensar siquiera en disculparse, escuchó golpes en su tejado. Nicholasya estaba dormido y no se había percatado.

¡Albus! ¿Seguro que sabes conducir esto? chilló Minerva,mientras chocaban con la chimenea, de forma aparatosa y resbalaban, rompiendolas tejas.

Lo más gracioso de esto, Minerva, es que nunca había voladosobre un trineo.

Ante elalboroto, Annet corrió hacia la puerta, en pijamas. Abrió la misma y miró elenorme trineo que había chocado con un árbol junto a su calle. Miró a un enormehombre que salía de él y le daba la espalda. Sostenía un enorme paquete deregalo. Y luego dos más. Corrió hacia él y se detuvo ¡Santa!

Y muchoantes de que pudiera alcanzarlo, un gracioso reno de nariz roja, corrió hastaella y le brincó encima. La lamía muchas veces, mientras Annet reía y tratabade apartarlo de su cuerpo.

A él leagrada mucho verte. ¡Jo jo jo! Feliz navidad, pequeña Annet Snape. ¡Y feliznavidad para tu madre!

Hermionecaminó hasta su hija y miró al reno que se apartaba y alzaba la cabeza paramirarla. Tenía aspecto de ser Albus. Y Minerva era inconfundible.

No puede ser
Albus y Minerva. Sirius y
¿el resto?

Resto de la orden.

Y ¿Severus? dijo ella con una sonrisa suave en realidadfui un poco mala con él. No creí que

Albusbajó la vista hacia el reno de nariz roja y Hermione quiso reír, pero solo secubrió la boca con las manos y sollozó. Lo había hecho. Solo para su hija. Sedejó caer en la nieve y se arrastró hasta abrazar al reno.

Gracias Severus, no creí que lo harías. Acabas dedemostrarme algo y salvaste la navidad de tu hija. Medemostraste que me amas, más que nada en este universo.

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Estaba sentadofrente al fuego de la chimenea, con un vaso de whiskey de fuego en una mano yel profeta en otra. Miraba con atención, los titulares de prensa. E

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2025-03-29

 

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