"Sólo aquellos que no escuchan le temen al silencio" - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

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"Solo aquellos que no escuchan le temen al silencio"

Por: VALERIE BLACK

Silencio...
Silencio. Navego en mi inédita oscuridad, sin razón alguna. Me miras con amargura, como quien insinúa que la soledad es el precio que debo pagar por esta ruptura. Una locura. Tus labios apenas pronuncian palabra. Aquellas palabras que tanto ansío vuelvas a decir, aquellas caricias que nacían voluntarias, aquellos dulces gestos sin reprimir... Silencio.
Me rindo, me rindo ante este insólito sendero por el cual aún volteo hacia atrás, para mirarte, y aborresco, aborresco todo aquello que me diste, todo aquello que insiste en no abandonarte, en no callar. Pero tu ya lo hiciste. Sabes lo que haces y sé lo que sabes. Te alejas, como respuesta a mi error inevitable, me dejas, y con el más agravante dolor te lo permito, conciente de que mi mente te retiene. Te necesito, y sin más preámbulos no te lo impido, conservando en mi cabeza tu figura inerte, maravillosa, resplandeciente...y todo por no escuchar a mi instinto, por no escuchar al palpitar de mi corazón, ese eco distinto que me decía que podía perderte. Ese hermoso sentir que una vez confesó que eras diferente, que serías especial...
Te fuiste, y aún si no quisiste herir lo más profundo de mi alma, lo hiciste. De una buena vez te anuncio que hoy se te alaba, te confieso que mi temor hoy te halaga por hacer que mi interior se deshaga con un chasquido de tus dedos. Y odio, odio con todas mis fuerzas el deseo que propaga mi mente, donde reside tu belleza inmutable y el cariño incomparable que una vez mostraste. Solo ansío poder abrazarme a tu cintura, como antes... Extrañarte es una tortura. Es dormir con el filo cortante de una navaja que amenaza con sepultura. Estropea tu tranquilidad, y maldita su vanidad pues luego no lo soportas. Sí, porque todo se vuelve a oscurecer, y esa es la hora en la que retorna el silencio.
Silencio. Mi más grande temor, mi miedo: Tú. Tú y todo lo concerniente a tí. Y ahora pregunto: ¿eres feliz? ...e insisto en que, muy en el fondo, sé que sin mí no sabes como serlo. Sin mí sigues forrada de desconcierto. ¿Por qué?... Lo sabes, y yo creo saberlo. Mientras tanto no lo sé. Mejor, peor... no se nada. Desventajas que se cuelan por mi ventana, cada mañana, tu voz y tu cara aparecen sin explicación en mi meditación. Increíble tentación y muchas veces, aunque no lo creas, motivo de mi desvelo. Siempre presentes como un fino velo en un sueño ligero. Luego despierto y vuelvo a sentirte lejos, vuelvo a esta cruda realidad, vuelvo a echarte de menos. Y no quiero, pues... te quiero. Abrazo mi almohada, con fuerza o sin ella, con el alma desbocada, sin dicha...ya no queda. No queda porque ya no te siento, no queda porque me invade el silencio, y aunque no lo sepas, yo si sé que cada bocanada de aire es una inhalación de desesperanza, es un arañaso en mi cara, un completo desastre. Cada movimiento es un indicio de desesperación, un intento salvaje de volver al pasado y llevar a cabo mi reaparición, porque no es fácil. No es sencillo. Mi vida frágil sin motivo vivía amarrada a tí. Mis ojos se movían al ritmo de tus piernas, y mis manos sujetando tus caderas te decían que nunca te dejaría ir. Pero lo hice. Lo hice y fue mi condena. Una parte de mí dice que en ese instante dicté mi pena de muerte, pero la otra, no obstante, dice que no se arrepiente, que mi desición fue la mejor. Mejor que arriesgarte.
Hubiera sido un egoísta si te permitía escojer, si te dejaba permanecer conmigo. Egoísta porque de tí emanaba la energía que mantiene vivo este latir en mi pecho, y que como vida, amarrandote junto a mí le negaba a otros ese derecho... incluyéndote. Manteniéndote a mi lado corría el peligro de que al descubrirme, me hayaras aliado a otra doncella. Para muchos una ostentosa reina, para otros una linda plebeya, para mí una horrenda pesadilla que hace de mi cordura añicos, alejándome de ti, pues pierdo todo sentido.
Sin embargo, se me hace increíble pensar que eres tú mi cómplice. Cómplice porque te resignas a perderme mientras yo te pienso. Te dignas a cederme el espacio que ocupabas, y te pierdo. Me quieres, te quiero. Nostalgia... hoy ya no estabas. Silencio. No!! -lagrimas- No lo aguanto. ¿Hasta cuándo seguiré así? Permíteme pensar que me escuchas, permíteme algo decir. Consiénteme. Dame tu permiso, y con un llanto furtivo atraeré tu atención. Y rogaré, y rogaré. Rogaré me perdones por mi irremediable estupidez. Déjame, y añoraré la humilde sencillez que este asunto poseía antes de habernos sumergido en aquella ideología de que el: nosotros no podía acontecer. Libérame, de estas cuerdas que me retienen en este hondo mar de desilución, ahí donde me dejas sin compasión

Lo sé. Sé que fuí yo quien fallé al no darte, al no revelarte mi verdadera identidad. Fuí yo quien mentí para no desnudarme ante la faceta real que oculta mi estancia. Pero lo hice con rabia al pensar que nadie sería capaz de darme lo que en estos momentos anhelo: tu boca y tu sonrisa. Aquella carita que muchas veces revelo el más profundo sentimiento. Aquel que ansío con prisa pues te vas y te pierdo. Te vas
Te pierdo
y este dolor insistente que me atraganta, que dice que perderte será un infierno y el más crudo invierno que mi ser pueda aguantar, ese dolor es la paga por no saber escuchar. Por eso te ruego me escuches, aunque no te supe pagar igual cerrando mi honestidad.
En la espesura de mi cárcel, de la atadura que me deshace, te pido que no sigas mi ejemplo. No le des mérito, no ayudes al silencio.
Silencio.
Aún cuando no atendí los quejidos de tu corazón que se retorcían pidiéndome que fuera sincero, aún cuando no quise oír el compás de tus labios meciéndose en mis besos, aún
aún en esos momentos mi cerebro se debatía buscando lo correcto y mi conciencia pedía consuelo a mi corazón inexperto. Porque solo los que no escuchan le temen al silencio. Es por esto que no quiero ser tu modelo, pues no escucharte fue un ataque ciniestro. Nos ataqué a ambos y me arrepiento, ahora le temo al silencio. Y por todos los santos! No permitas que te pase lo mismo. Escúchame, convéncete, y dame una vez más la oportunidad de estar a tu lado.
Más si para tí soy un peligro permaneceré callado, alejado. Sentado en el suelo, esperando malhumorado que retorne mi miedo presente, y aún si estás ausente sigues siendo tú. Tú, pues temo que me temas. Lo siento, sea lo que sea... pero, ¿qué hacer si en tu cabeza soy un animal, si en tu pensar mi mal es mortal y nada fácil de digerir? Si lo deseas aprenderás a discernir entre lo que soy y lo que siento por tí, ...si quieres te enseñaré. Y con cada fibra de mi ser te demostraré que es real, que esto que llevo dentro es mi verdadero mal; que esto que se esconde en el pedacito más recógnito de mi espíritu, pero no imposible de encontrar, abarca cada parte de mí; que esto de lo que hablo era, es y será para tí. Y si no le crees a este tonto que se arrodilla ante tí, entonces ten la aspereza de decírmelo y, como un pacto efímero, ante tu mirada aceptaré mi derrota. Como buen veterano honraré mi nombre. Cero palabras, ni una nota. No vaya a ser que luego extrañes a este hombre que un día te mintió y luego te carcoma el recuerdo de que fue por una buena intención: para protegerte, cielo. Mi niña, fuiste la más difícil decisión de toda mi vida.
Maldigo el día en que por primera vez mis manos enmarcaron tu rostro con sutileza y mi boca aprisionó la tuya con delicadeza, por instinto, por naturaleza. Lucho por borrar de mi mente la belleza que abrigaba esos momentos en que, con pureza, aparecía casta tu sonrisa, y es una pena que la tenga que olvidar. Es necesario abandonar todo aquello que me impide callar, más me contradigo pues no puedo hacerlo. No quiero hacerlo. Quiero gritarte que tu recuerdo divaga en mi conciencia desde que te alejé de mí, quiero una vez mas saborear tu presencia, para tí quiero existir... Por favor, te lo pido, no me digas que no puedo. Mi vida, yo solo quiero vivir...
...solo quería decir: Te quiero.

Y lo sabes, Dios mío! Si sé que sientes lo mismo, y ahora, ahora que me escuchastes, navego en mi inédita esperanza, en mi inefable curiosidad, con entera confianza...
... y vuelve el silencio, más ya no le temo. Silencio... y sonríes, sin razón alguna, mientras me abrazo a tu cintura. Antes me mirabas con amargura, como quien insinuaba que la soledad era el precio que debía pagar por aquella ruptura.
Ante tus ojos una locura, ante los míos una nueva lectura...
... Culpable La Luna.

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2023-02-27

 

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