Tormenta - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

¿Después de la tormenta llega la calma? Es lo más probable, porque si no es por un lado será por otro porque si esto no para acabaré muerta

Siento las olas impactar contra el barco, mojando la cubierta y arrastrando todo lo que hay en ella. Los barcos no me marean, no temo al mar, no lo veo peligroso y menos aún mortífero como algunos piensan; pero esta vez es diferente. Es diferente por la sencilla razón de que se que es imposible salir de aquí con vida, porque cada vez que un rayo corta el cielo o un trueno hace vibrar el barco parece que nos vallamos a hundir. De pequeña veía Titanic, siempre, porque me gustaba pensar que era una de las supervivientes, que el mar me quería. Ahora opino que me odia o que me pone a prueba, me da igual lo que sea porque esto es demasiado para mí, para mis sentidos y, sobretodo, para el barco. Es antiguo, pasé años modernizándole pero aun así no quise tocar la estructura principal y ahora eso me va a pasar factura. Me he parado cinco segundos, para intentar pensar sobre todo eso, y una de las corrientes casi hace que caiga al mar, solo cinco segundos de mi ahora escaso y preciado tiempo. Lo que más me gustaba de los barcos era su balanceo, mecido por las olas de un lado a otro, pero nada de eso es igual de bonito cuando el balanceo se convierte en un temblor, en una especie de terremoto que lo único que hace es destruir todo a su paso, sin mirar y sin preocuparse de si eso que se lleva es importante o simplemente de si esta bien hacerlo. No piensa porque es un terremoto, porque puede con todo y porque es mortiferamente inigualable.

 

Gotas de lluvia, una tras otra, haciendo que todo lo que hay en la cubierta se moje y que las velas del barco cojan peso, toda la tripulación intenta dominar el barco, hacer que al menos podamos avanzar pero ni los, aproximadamente, veinte hombres que hay en el barco consiguen enderezar las velas, ni siquiera un par de centímetros. Porque las olas, tan perfectas aún en este instante, hacen que choquemos contra las rocas, una tras otra sin dilación y sin remordimientos, consiguiendo resquebrajar hasta el más mínimo rincón del barco. No se como aun estamos aquí, sobre el agua, cuando hay más liquido dentro del barco que fuera, parece un milagro pero se que eso no existe aunque en momentos como este es cuando nos hace falta creer en los milagros, en que existe algo allí arriba que puede salvarnos, en que todo lo que no hemos rezado o los males que hemos hecho sean perdonados para poder sobrevivir a una tormenta. Me planteo como decir adiós a este mundo pero hay otra ola que impacta directamente en la cubierta, sincronizada a la perfección con uno de los truenos más estrepitosos que he oído jamás, que consigue tirarme haciendo que mi cabeza impactase contra el timón que antes estaba manejando y acabase tirada en el suelo. Otro impacto tremendo que hace que me mareé más de lo que estoy, si es posible, no puedo ponerme en pie porque todo es demasiado inestable, porque me sangra hasta la parte más escondida del cuerpo y porque no hay una zona del suelo que no tenga al menos una pequeña raja que podría convertirse en un gran agujero con el peso de una sola pluma. Es espantoso. Otra ola, otro golpe, otro movimiento y más ganas de morir. "No puedo dejar a la tripulación así" Yo estoy segura de que mi muerte no causaría una gran pena ni nada parecido pero todos esos hombres que van conmigo en el barco tienen una familia, una familia por la que están en este barco, una familia que mantener con su trabajo: La pesca. Amo el mar y por ello me hice pescadora pero siempre jure y perjure que si alguna vez tenía una tripulación nadie moriría sin que yo hubiese intentado salvarlo primero y aunque eso implicase mi muerte. Me apoyé en la poca madera que quedaba detrás de mi y poco a poco me levante para agarrar el timón, estaba cerca, apenas había dos centímetros entre mis dedos y la madera que podría salvarnos cuando escuche un grito que me desgarró el alma. Miré justo frente a mí a tiempo para verle caer, a él, la única persona que había amado con todo mi ser, la que más me importaba de todo el maldito barco, la que me importaba más que todo lo que pudiese pasar: Jared. Calló de espaldas, el barco solo se había tambaleado pero eso había bastado para tirarle mientras el intentaba salvarnos, recolocando una vela, desde el mástil. Se sujeto con una mano en la madera y nadie se preocupó, sus vidas, su familia, el barco, salir con vida
todo eso era mucho más importante que salvarle a él. Pero para mí no lo era. Aun con el barco moviéndose con tanta violencia que haría temblar hasta al más potente de los volcanes, con unas olas gigantescas arrastrándome a cada paso que daba yo salí corriendo a su encuentro, sabía que era difícil llegar, por no decir imposible. Sabía que una tormenta como esta no se sobrevivía, pero si había alguien que debía de hacerlo, que se lo mereciese, que pudiese, ese era él. Estire mi brazo y rocé con la punta de mis dedos su mano, estaba sujeto, no sabía como lo conseguía, no sabía como llegué hasta ahí desde la otra punta del barco pero sabía que con un simple movimiento más estaría salvado
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Tantas olas, tanto viento, tantos rayos, tantos truenos, tan difícil era todo para nosotros. No había días, no, tenía que haber pasado justo hoy que salíamos con el barco antiguo y sobretodo que salía él. A cada paso que daba perdía más sangre y me llevaba demasiados golpes, solo quedaba uno para alcanzarle, solo quedaba uno para su salvación y solo quedaba uno para que mi corazón siguiera latiendo, un paso que no conseguí dar. Cuatro centímetros, dos, uno, milímetros
y una ola. Una ola que se le llevó por delante arrastrándole a él y a medio barco completo. Al final se había partido en dos y yo estaba en la parte que se estaba hundiendo. ¿Queréis saber la verdad? Lo prefería. Ya había luchado contra viento y marea, nunca mejor dicho, ya había perdido a la persona que hacía que el sol saliese y se pusiese todos los días, ya había perdido mi barco, ya había perdido la mitad de la tripulación y sobretodo hacia rato que había perdido mi capacidad de razonar con coherencia y, con ella, mis esperanzas. Me agarré a una pequeña tabla que vi, intentando no hundirme, intentando luchar por última vez. El oleaje era muy fuerte y la tabla muy pequeña por lo que decidí soltarme, era mucho menos doloroso hundirse y ahogarse que morirse a base de chocar contra las rocas, por lo que me abandone, a la suerte, a Dios, al mar, a mi barco ya sin vida, a mi corazón perdido, a mis sueños rotos, a la Polinesia Francesa, pero sobretodo a la paz, a no sentir, a la muerte

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¿Después de la tormenta llega la calma? Es lo más probable, porque si no es por un lado será por otro porque si esto no para acabaré muerta

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2023-02-27

 

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