Apoyado en el marco de la puerta, James Potter observaba a su familia.
Lily, sentada en el sofá con Harry en sus rodillas, hacía aparecer con su varita burbujas de colores que acariciaban las mejillas del niño antes de explotar. El cabello, largo y pelirrojo, le caía sobre los hombres y le tapaba parte de la cara por lo que no podía ver sus ojos de aquel precioso color verde botella que Harry había heredado.
- ¡Más! -exclamó el pequeño cuando Lily cesó de jugar con él. -¡Más! -
¿Pero es que no te cansas nunca, cielo? -preguntó la mujer rozándole la nariz con el dedo.
Harry soltó una risita y alargó sus manitas hacia la varita de su madre.
- Eh, eso es de mamá, no se coge -la joven le dio un golpecito en la mano y puso la varita sobra la mesita del café.
Harry empezó a hacer pucheros, pero al ver a su padre en la puerta, volvió a sonreir.
- ¡Pa-pá! Lily giró la cabeza para ver como su marido entraba en salón.
Aunque intentaba parecer despreocupado, James parecía más cansado que nunca y unas marcadas ojeras adornaban sus ojos castaños.
- ¡Hola, campeón! -saludó de forma enérgica cogiéndolo en brazos. -Hola, Lily.
Ella lo besó suavemente en los labios como respuesta.
- ¿Qué te ha dicho Dumbledore?
James negó con la cabeza y suspiró con pesar.
- Debemos quedarnos en el valle de Godric -se sentó en el sofá, con Harry en brazos y le acarició el cabello negro antes de añadir:- como cobardes.
- No somos ningunos cobardes -repuso Lily con ímpetu. -Queremos proteger a Harry y esta es la única manera de hacerlo.
James la miró con resignación y se sacó una snitch del bolsilla. Solía tranquilizarlo cuando estaba especialmente frustado. Harry, al ver la pequeña pelotita dorada, intentó cogerla. Su padre soltó una carcajada cuando las alas de la snitch rozaron las pestañas del pequeño.
- Creo que tenemos un futuro buscador, Lily -anunció con una sonrisa de oreja a oreja.
Tras varios intentos, Harry atrapó la snitch que se había parado en el dorso de la mano de su padre.
- ¡Bien hecho, Harry! -exclamó James mientras lo lanzaba hacia arriba.
Harry reía, loco de contento, pues James lo estaba manteniendo en el aire mediante un hechizo.
- ¡Bájalo, James! ¡Vas a hacerle daño! -Lily miró asustada como su hijo flotaba por toda la habitación esquivando lámparas y cuadros. James lo dejó caer en los brazos de la mujer, que lo abrazó y le besó la frente.
- Tu padre es un irresponsable, Harry -le dijo al oído lo suficientemente alto como para que James la oyese.
El hombre se levantó y rodeó la cintura de Lily con un brazo.
- ¿Yo? ¿Irresponsable? ¡Por las barbas de Merlín, Lily! ¿Cómo se te ocurren decir esas cosas delante del niño? ¿Acaso quieres que crezca con una mala imagen de su padre?
Lily se deshizo de él con fingido disgusto. James estaba a punto de contestarla cuando llamaron a la puerta. Ambos se miraron durante un momento, asustados.
- No creo que Voldemort llamase a la puerta -intentó tranquilizar James. -¿Te imaginas? "Buenos días, no os visito por nada en especial, es que me he levantado con ganas de matar y las primeras personas en las que he pensado han sido vosotras."
- No bromees con esas cosas, James -dijo Lily, pero no pudo evitar esbozar una sonrisita.
Volvieron a llamar y James se dirigió a abrir.
- ¡Sirius! -se le oyó exclamar.
- Es tu padrino, Harry, ha venido a verte -le dijo Lily al niño. -Vamos a saludarllo.
En el recibidor, James y Sirius se saludaban como dos colegiales tras un largo verano. Sirius, alto y apuesto, tenía dibujada su habitual sonrisa despreocupada.
- ¡Harry, cuánto has crecido! -le revolvió el cabello y saludó a Lily con un beso en la mejilla.
- ¿Y a qué se debe tu visita, Canuto? -preguntó James.
- ¿Realmente debe haber alguno motivo, Cornamenta? ¿No puedo simplemente visitar a mi familia?
- Claro que puedes -corroboró Lily. -Ahora coge a Harry, yo tengo que preparar la cena.
Y mientras Lily cocinaba, Sirius y James charlaban en el salón con Harry jugueteando el alfombra.
- ¿Sabes qué? Tengo el presentimiento de que esto se acabará muy pronto, Canuto -James miró fijamente a Sirius. -Todo acabará, estoy seguro y entonces ya no tendremos que escondernos. Harry podrá jugar con otros niños, ir a Hogwarts, ¡formar parte del equipo de quidditch!, se graduará y tendrá una familia sin temor a que nadie se la arrebate. Armario escobero
- Claro que sí, James -Sirius miró a su ahijado. -Y aquí estaré yo para enseñarle a decir tacos, ¿a que sí, Harry?
- ¡Te he oído! -se oyó a Lily desde la cocina. -¡James, dale la papilla a Harry que esta recién hecha!
Tras darle de cenar a Harry, Lily subió a acostarlo. Lo acunó en sus brazos, cantándole una nana, hasta que los párpados se le cerraron. Lo arropó con cariño y se apoyó en la cuna.
- Ojalá tu padre tenga razón, cielo -suspiró. -Ojalá todo acabe pronto y puedas vivir sin miedo. ¿Pero sabes qué? Acabe o no esta pesadilla, yo siempre voy a estar contigo, Harry, siempre.
Luego bajó a la cocina, donde Sirius y James apuraban el postre.
- Esta como un tronco -informó sentándose junto a su marido.
- Ese renacuajo
que ganas tengo de que crezca un poco más -Sirius esbozó una sonrisa maliciosa.
- Sirius, sabes bien lo mucho que te aprecio pero como se pase por la cabeza hacer de mi hijo un gamberro te arrancaré los ojos y te los anudaré al cuello -dijo Lily con solemnidad.
Tanto Sirius como James no pudieron evitar reir. Aquella noche, a James lo despertaron los sollozos de Harry.
- Ve tú, James
-musitó Lily adormilada. El hombre se levantó y caminó a oscuras hasta la habitación a oscuras. Harry estaba de pie, apoyado en los barrotes y llorando.
- ¿Y qué te pasa ahora? -le preguntó James encendiendo la luz. -¿Te asusta la oscuridad?
Lo cogió en brazos y se sentó con él en una cómoda mecedora que Lily había colocado allí días antes. Empezó a balancearse suavemente y Harry, poco a poco, fue calmándose.
- Tienes un poco de genio, ¿me equivoco? -le dijo James con una sonrisa.
Harry se le quedó mirando con aquellos ojos verdes que a James tanto le gustaban. El hombre le hizo cosquillas en la barriga.
- ¿Y me has despertado solo para que te haga cosquillas? -James le revolvió el pelo, igual de negro que el suyo. -Mañana tendremos todo el día, y pasado. Vamos a pasar mucho tiempo aquí.
- ¡Pa-pá! -Harry agitó las piernas.
- Es genial eso de ser padre, ¿verdad? -ironizó una voz desde la puerta.
James miró por encima de Harry y descubrió a Sirius con una expresión de burla en la cara.
- Lo que es genial es tenerme a mí como padre, ¿verdad, Harry?
- Realmente no ser que es lo mejor: levanterte en mitad de la noche, cambiar pañales o soportar rabietas -continuó Sirius.
- Bah, eso es lo de menos, Canuto -James negó con la cabeza y miró a Harry con cariño. -¿Y qué me dices de cuándo hablan por primera vez? ¿Y de cuándo rien? Cuando lo veo tan feliz pienso que quizás valga la pena todo esto del encantamiento Fidelio.
- No hay quién te reconozco, James -aseguró Sirius. -Antes eras tan lanzado, el primero en todo.
- Y ahora tengo una familia a la que proteger -razonó James.
-¿O es que quieres que deje a una mujer viuda y a un niño huérfano?
- Sabes que no, solo digo
-Sirius suspiró.
James se puso de pie y metió a Harry en la cuna.
- Ahora duérmete -le pidió.
Salió de la habitación y cerró la puerta. Sirius estaba de pie a su lado. Ambos se miraron y no pudieron evitar sonreir. Se conocían desde niños, eran casi como hermanos. James sabía perfectamente que Sirius lo entendía.
- Prométeme una cosa -le pidió seriamente. -Prométeme que si a Lily y a mi nos ocurriese algo cuidarías de Harry.
- James, ¡claro que lo haría! Harry es mi ahijado -Sirius puso los ojos como platos. -Pero no os pasará nada, sois dos de los mejores magos que he conocido nunca y
- Prométemelo -le cortó James casi con urgencia.
- Esta bien, te lo prometo.
Luego, cada un volvió a su habitación.
James se quedó observando a Lily, que dormía acurrucada en su lado de la cama. Así, con los ojos cerrados y la boca medio abierta, parecía más joven de lo que era. Se tumbó a su lado y la rodeó con los brazos.
- ¿Qué le pasaba a Harry? -preguntó sin abrir los ojos.
- Nada -le dijo. -No le pasaba nada.
Ambos se quedaron dormidos en cuestión de segundos. La casa quedó sumida en un profundo silencio. Se oía el tic-tac de un reloj y las hojas de los árboles chocando contras las ventanas.
Harry se movió en sueños y quedó bocabajo, felizmente dormido. Era imposible preveer que la vida de aquel pequeño fuese a cambiar tanto.
Un dia en la vida de los Potter - Fanfics de Harry Potter
Lily, sentada en el sofá con Harry en sus rodillas, hacía aparecer con su varita burbujas de colores que acariciaban las mejillas del niño antes de explotar
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2024-11-16

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