Un Pasado a lo Francés - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

TOC TOC. Alguien estaba tocando a la puerta. Sirius, que estaba absorto observando una vieja fotografía, no se dio cuenta. La persona que estaba del otro lado volvió a tocar. El hombre reaccionó y se paró a abrir.
Era Harry. Entró en la habitación y se sentó en la cama.
- ¡Harry!¿Qué haces?
El muchacho vaciló
- Nada...venía a ver como estabas.
Sirius conocía a su ahijado mejor que nadie, o por lo menos lo suficiente como para darse cuenta de que mentía. Era tan parecido a su padre...
- Bien - contestó, encogiéndose de hombros - creo.
- ¿Qué mirabas?
Sirius sonrió, y le mostró la fotografía.
- Es una vieja foto de la Orden del Fénix...Ese de ahí es Albus Dumbledore...siempre igual...- señaló a un hombre con una larga mata de pelo blanco, y una barba de igual color que le llegaba hasta el piso. Harry recorrió la fotografía con la vista: Distinguió a Remus Lupin, su antiguo profesor de Defensa contra las Artes oscuras, a Frank y Alice Longbottom, los padres de su amigo Neville, y arriba de todo estaban...
- James y Lily - dijo Sirius viendo como Harry posaba la mirada en sus padres - Acababan de casarse. El día de la foto estaban yéndose a su luna de miel.
Al lado de James estaba el mismísimo Sirius, con el pelo más corto y quince años menos, y a su lado había una chica a la que no conocía.
Era de estatura media alta y contextura pequeña, y tenía un cabello castaño medianamente largo peinado hacia el costado y muy lacio, que llevaba suelto con una ancha vincha en la cabeza. Sus ojos azul zafiro estaban muy abiertos, y tenía la sonrisa más bella que Harry hubiera visto. Se aferraba del brazo de Sirius, y apoyaba su cabeza sobre su hombro.
- ¿Quién es ella? - preguntó Harry, tratando de evitar tocar a la muchacha, que parecía tenerle pánico a su dedo índice.
- ¿Ella? - Su padrino se quedó mirándola un instante con nostalgia, y luego respondió: - Su nombre era Juliette Roxas. Madre francesa y padre inglés. Solía ser la mejor amiga de tu madre. Eran inseparables...casi como James y yo. Solo que ellas eran unas niñas buenas.
Harry lo miró atónito. ¿Era la mejor amiga de su madre y no la había visto nunca?
- No solo eso - agregó Sirius - Era la muchacha más bonita del colegio.
- Estabas... ¿enamorado de ella? - preguntó Harry desafiante
- ¿Enamorado? Más que eso - Sirius dejó la fotografía sobre un estante, se sentó al lado de Harry y lo miró a los ojos - Estaba loco por ella.
- Vamos, James, no puedes hablar enserio. ¡La muchacha te odia! - decía un chico de 15 años, alto, flaco, de cabello rubio y ojos color miel, que llevaba un libro bajo el brazo.
- Gracias por el aliento, Remus - le contestaba un segundo, de cabellos oscuros y despeinados y de la misma contextura física que el anterior, bastante decepcionado.

En un soleado día de otoño, cuatro amigos habían salido a pasear por los terrenos del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Para taparse del sol, se habían sentado bajo la sombra de un árbol. Luego del comentario de su amigo, Remus Lupin se había encogido de hombros y se había puesto a leer su ejemplar de Animales fantásticos y dónde encontrarlos. James Potter, resignado, había puesto las manos detrás de la cabeza y trataba de encontrarle forma a las nubes. Entre los otros dos estaban Sirius Black, quien estaba observando detenidamente a un grupo de chicas que estaban a la orilla del lago, y Peter Pettigrew, un muchacho pequeño y gordito que admiraba profundamente tanto a James como a Sirius.
- Oye, Canuto, no has dicho nada desde que la conversación comenzó - le recriminó James a su amigo - Remus me desalienta y ese idiota no hace más que vitorear y reír. ¿Tú qué opinas?
Pettigrew se puso rojo como un tomate. Sirius no contestó de inmediato.
- Pues...no lo sé - dijo finalmente, sin quitar la vista de las muchachas.
Lupin apartó la vista de su libro. James se levantó y miró a Sirius atónito.
- ¿Qué te pasa últimamente? Estás como ido.
Sirius se limitó a encogerse de hombros. En ese momento, Lupin cerró su libro con tanta fuerza que todos se sobresaltaron.
- Yo sé lo que le pasa - dijo - Está enamorado.
- ¿Enamorado? - gritó Pettigrew - ¿De quién?
- ¿Quieres bajar la voz, Colagusano? De nadie, solo me parece muy linda.
James parecía muy ofendido.
- ¿¡Soy tu mejor amigo y no me habías contado nada!? - James también miró hacia el lago - No será Lily... ¿verdad?
Sirius rió con una risa potente.
- Jamás te quitaría a la chica, amigo mío, y lo sabes.
- Entonces... ¿Quién es?
- Juliette Roxas - contestó Lupin, antes de que su amigo pudiera decir nada.
Los otros tres lo miraron sorprendidos
- ¿Y tú como lo sabes?
Lupin sonrió, y volvió a enfrascarse en su lectura.

Cerca del lago, las chicas se habían quitado los zapatos del uniforme y se mojaban los pies. Dos de ellas jugaban a controlar el agua con la varita creando olas y remolinos.
- Juliette, ya basta, ¡Voy a mojar mi uniforme! ¿Después como le explico a McGonagall como me lo hice? - gritaba una, cuya melena rojiza combinaba a la perfección con sus ojos verde esmeralda, y su rostro denotaba enojo y diversión a la vez.
- ¡No seas aguafiestas, Lily! - le contestaba su amiga.
Lily salió del lago, se puso los zapatos y emprendió la vuelta al castillo. Juliette la siguió, no sin antes echar una mirada hacia los cuatro chicos que estaban tirados a la sombra de un árbol.
- Mira quién está allí, Lily - le dijo señalando a los muchachos - James Potter.
- Y sus amigos - puntualizó Lily
Juliette suspiró.
- Sería genial si tú...-comenzó, pero se callo al ver la expresión de su amiga.
- ¡No vayas a terminar esa frase, Juliette! Eres mi mejor amiga, y por lo tanto, sabes bien que yo a ese Potter no lo toco ni que me paguen mil galleons.
- Pero tienes que admitirme que es súper guapo. Él y Sirius Black.
Volvió a posar su mirada en Sirius, que en aquél momento estaba revolviéndole el cabello a James. Luego dio media vuelta haciendo volar su lacia cabellera, tomó la mano de Lily y entraron al castillo.
La Sala Común de Gryffindor estaba abarrotada esos días, ya que comenzaba a hacer frío y nadie tenía ganas de salir a pasear. Por eso, Lily y Juliette se pasaban todos sus ratos libres en cualquier lugar menos allí, y por lo tanto no tenían muchas oportunidades para ver a Sirius o a James. La tarde del 15 de diciembre, estaban en la biblioteca cuando vieron aparecer a un muchacho pálido y muy flaco, que recorría el estante de Defensa contra las Artes Oscuras.
- Hola, Remus - saludó Juliette, levantando la vista de Brebajes y Pociones Mágicas.
El muchacho se sobresaltó. Lily también levantó la mirada, y le sonrió. Lupin se acercó a ellas, se sentó en la silla que estaba a la izquierda de Juliette y apoyó sobre la mesa Una historia sobre Criaturas Oscuras
- ¿Cómo están? - preguntó despreocupado.
- Bien... ¿Qué haces?
- Busco un libro que me ayude con los deberes que nos mandó el profesor Wolftone acerca de los dementores... ¿Y ustedes?
- Pociones de la Verdad. Esta redacción que nos mandó Slughorn nos está costando más de lo que creíamos...
En aquel momento, Lily se levantó y fue a guardar su libro.
- Juliette, en 15 minutos empieza la próxima clase, y tengo que ir a buscar mi mochila - le dijo a su amiga, cuando estuvo de vuelta - Te veo allí. ¡Adiós, Remus!
Se despidió con un gesto con la mano y se fue. Juliette y Lupin se miraron.
- ¿Quieres ayuda? - preguntó este último, encogiéndose de hombros. Juliette lo miró asombrada.
- ¿Tú no tenías que hacer lo de los dementores?
- Podemos hacerlos juntos. Ambos trabajos. Así todo será mucho más rápido.
La chica sonrió, y asintió con la cabeza. En ese momento, el timbre que anunciaba el fin de la hora sonó. Recogieron sus cosas y se encaminaron hacia la sala de transformaciones. En el camino, a la muchacha se le ocurrió decir:
- A partir de ahora, eres mi compañero de estudios.
Lupin la miró, y ambos rieron.

El aula donde se daba la materia Transformaciones era bastante cálida. Normalmente, los bancos estaban separados de a 2 mirando hacia el escritorio de la profesora, pero ese día, todo aquello había cambiado. El centro de la sala estaba libre, y a los costados habían instalado una especie de pequeñas gradas.
- Buenos días - saludó la profesora McGonagall, conservando su rostro serio.
- Buenos días profesora - contestaron los 20 alumnos, aún parados en la puerta,
- Los chicos de este lado, las chicas de este - ordenó la profesora, señalando a la izquierda y a la derecha respectivamente. Lily y Juliette se sentaron en la primera fila, mientras que James y sus amigos, en la última. McGonagall trajo un extraño aparato que, según le explicó Juliette a Lily, era para reproducir música.
- Quiero el silencio absoluto - ordenó la profesora, haciendo callar a toda la clase - Como saben, este año tenemos un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, y a este hombre le encantan las fiestas.
Se permitió una mueca irónica.
- Y es por eso que ha organizado una fiesta de Fin de Año para todos. Será el 31 a las ocho de la noche, en el Gran Salón. Los chicos - señaló hacia el lado izquierdo - invitarán a las chicas. Esta clase la vamos a dedicar a aprender a bailar, aunque permítanme decirles que si muchachos de 15 años no saben bailar como dios manda, no tienen futuro.
A James se le escapó una evidente risa. McGonagall lo miró severamente a través de sus anteojos.
- ¿Pasa algo, Potter?
- No, nada, profesora, nada.
- Muy bien. Empecemos con lo más simple...
Mientras la mujer dictaba los pasos, James, Sirius y Peter se pasaban unas pastillas de menta que causaban algún efecto extraño en quienes las probaban. Lupin los miraba con reproche.
- Vamos, Canuto, ¿Te animas a probar la primera?
- ¡Por supuesto!
Lily también los miraba mal.
- Son unos inmaduros. Ni siquiera les importa - le decía a Juliette.
Esta miró hacia Sirius, justo en el momento en que este se tragaba la pastilla, y sus miradas se cruzaron. Al muchacho le agarró un fuerte ataque de tos que, para su pesar, molestó a la profesora McGonagall.
- Black - lo llamó, con los labios apretados - Ya que has estado tan atento a la lección, ¿Por qué no nos haces una demostración?
Sirius se paró, mientras sus amigos se reían disimuladamente.
- Este...- titubeó, enfrentando a la profesora, y conteniendo una sonrisa - No quisiera ser irrespetuoso, pero... ¿Voy a tener que bailar con usted?
La clase estalló en una carcajada. McGonagall lo miró severamente.
- No, señor Black, no se preocupe - contestó - Voy a llamar a una compañera, porque usted y yo no pegamos ni con cola.
Los hombres volvieron a reír, pero las chicas se miraron. ¿Sirius Black, uno de los chicos más codiciados del colegio, bailaría con una de ellas? Todas trataban de ser notadas, y algunas pegaban saltitos en su asiento.
- A ver...- la profesora recorrió la zona femenina con la mirada - Roxas. Ven aquí.
Lily soltó una risita, mientras Juliette se sonrojaba.
- ¿Y-yo?
McGonagall la miró por encima de sus anteojos.
- Sí, tú. ¿Algún problema?
- N-no, n-ninguno - Aún toda colorada, se levantó y enfrentó a Sirius. Este le sonrió y le guiñó un ojo. Tímidamente, ella le devolvió la sonrisa.
- Bien, Black...ponle tu mano derecha en la cintura. Así. - indicó McGonagall - con la otra le agarras su mano izquierda. Roxas, tu mano derecha sobre su hombro.
La mujer prendió el aparato que había traído al principio, del que salió el sonido de una balada. Sirius y Juliette comenzaron a bailar, sin apartar su mirada de la del otro. El muchacho podía sentir la profundidad de sus ojos, azules como zafiros. Estaba nervioso, nervioso como nunca lo había estado. Le sudaban las manos, y era consciente de que su suave piel lo sentiría. Pero no podía separarse. No quería separarse. Se dio cuenta de que no le gustaba: la adoraba. Adoraba todo de ella: desde su lacio flequillo al costado, hasta el suave movimiento de su falda al compás del baile. Era tan hermosa...Sus pies se movían con una gracia incomparable. Sus ganas de besarla eran superiores a él. Poco a poco fue acercándose a su boca...
- Eso estuvo muy bien - los felicitó McGonagall, apagando la música - Así, exactamente así, quiero que bailen el día de la fiesta.
Sirius y Juliette se separaron bruscamente, mientras la clase aplaudía con entusiasmo. Algunas chicas miraban a esta última con rencor. Sirius suspiró aliviado. Había estado tan cerca...
El resto de la hora pasó muy rápido. Ni Juliette ni Sirius pudieron concentrarse en lo que quedaba de la lección. Al sonar el timbre, Juliette se apresuró a salir del aula.
- ¡Espérame! - le gritó Lily, y salió corriendo atrás de ella.
- Oh...lo siento...- se disculpó Juliette, una vez que su amiga la hubo alcanzado.
- ¿Qué te pasó?
- Es que...- Juliette se sonrojó, y bajó la voz - Para serte sincera, tengo miedo de que me peguen.
- ¿Qué? ¿Quiénes?
Juliette miró hacia ambos lados.
- ¿No viste como me miraban? Sirius Black tiene a todo un club de fans atrás...y que yo sea la que bailó con él no les debe haber gustado nada...
Lily hizo un gesto con la mano, que significaba "no te preocupes por nada...", pero luego puso cara de preocupación.
- Bueno...casi te besa...
- ¿¡Qué!?
Juliette estaba asombrada. Lily hizo un gesto de impaciencia.
- ¿No te diste cuenta?
- N-no...
Para sorpresa de su amiga, Lily sonrió.


- Ya no me puedes decir que es linda - le reprochó James a Sirius.
Este lo miró desafiante.
- ¿Porqué no?
- ¿Porqué no? ¡Casi la besas enfrente de McGonagall! ¿Te parece eso suficiente respuesta?
Habían salido del aula y, terminado el día, se dirigían a la sala común.
- Bueno, cambiando de tema... ¿A quién piensan invitar al baile?
Lupin y Peter se encogieron de hombros.
- A Lily Evans - contestó James irguiendo el pecho.
Peter y Sirius rieron.
- Te va a rechazar... - cantó Sirius - ¿No pensaste en eso?
- No pierdo nada por intentar - comentó su amigo - Miren, de hecho...allá va.
Efectivamente, Lily y Juliette se encontraban al fondo del pasillo, y se dirigían hacia la biblioteca.
- Buena suerte - le desearon sus amigos, y James se aventuró hacia las dos muchachas.
- ¡Evans!
Lily giró sobre sus talones.
- ¿Qué pasa, Potter?
- ¿Quieres venir al baile conmigo?
Los ojos de la chica se abrieron como platos. Lo pensó durante un instante, y estaba por contestarle, cuando Juliette se le puso adelante y dijo:
- ¡Sí! Le encantará ir contigo. Lo siento, James, pero debemos irnos. ¡Nos vemos!
Se llevó a Lily a rastras, esta última aún con expresión sorprendida. James hizo un gesto de triunfo.
Los días pasaban, y poco a poco iban quedando menos parejas disponibles. Lily estuvo molesta con su amiga los 2 días siguientes a la clase de baile, pero al tercero volvió a sonreír como siempre. Juliette no tenía pareja, pero no por mucho tiempo: Lily podía ver, aunque Juliette no, que siempre había algún chico siguiéndolas.
Sirius y Lupin también tenían sus admiradoras, pero estos se negaban a invitar a nadie. Peter los miraba con envidia.
- Si yo ganara 1 galleon por cada chica que se les insinúa, me haría rico - solía decir - Y eso que James ya tiene pareja. ¿Por qué no invitan a nadie?
Sirius se encogía de hombros, y Lupin contestaba que no iría.
- No es que me aburra la fiesta... Es solo que...simplemente...no lo sé. No voy a ir.



Una tarde lluviosa, en la que James y sus amigos se habían sentado enfrente de la chimenea a jugar Snap explosivo, Juliette se les acercó y se sentó entre Lupin y Sirius.
- Hola - saludó.
- Hola - contestó James, muy concentrado en su siguiente jugada - ¿Y Evans?
- En el despacho de McGonagall. Hoy era su Orientación Vocacional...
- Ah, cierto... ¿sabes que quiere ser cuando salga del colegio?
Juliette se encogió de hombros.
- No hablamos mucho de eso...hablamos más del presente que del futuro.
Permanecieron en silencio durante unos minutos, hasta que a James se le ocurrió preguntar:
- Y... ¿Con quién vas a ir al baile?
La chica volvió a encogerse de hombros.
- Por ahora, con nadie. Ya me han invitado un par de chicos, pero... - suspiró.
- Comprendo. Al baile voy a ir con Lily, pero en los grupos de Transformaciones eres mi pareja, ¿eh?
Juliette rió.
- Qué interesado lo tuyo, considerando que Transformaciones es mi mejor materia.
James sonrió. La muchacha se levantó y se acomodó la falda.
- Bueno...mejor me voy a esperar a Lily con un libro. ¡Nos vemos!
Apenas se fue, las cabezas de James, Remus y Peter se giraron hacia Sirius.
- ¿Qué...?
- Sólo dame una razón...solo una - dijo James - para entender porqué aun no la has invitado.
Sirius hizo un gesto de impaciencia.
- No lo sé, no...Yo no...¡Ya ha rechazado a varios!
- ¿Y eso qué? Tienes a medio Hogwarts siguiéndote, Roxas será pan comido. ¡No va a rechazarte!
- ¿Y si lo hace qué? - Sirius bajó la mirada - No creo poder recuperarme si me doy cuenta de que no me quiere como yo a ella...
Lupin se paró bruscamente.
- ¿Qué haces, Remus? - le preguntó Peter.
- Lo que debería haber hecho hace mucho tiempo.
El muchacho se dirigió hacia Juliette, quién estaba leyendo Una vuelta en Unicornio, y se sentó a su lado. Ella levantó la mirada, y sonrió.
- ¿Vienes a ayudarme con mi tarea de Defensa contra las Artes Oscuras?
- No exactamente - contestó Lupin - Pero podría.
- ¿Entonces?
- ¿Quieres venir al baile conmigo?
James y Peter miraron a Sirius, quién sentía que se le había caído el alma a los pies. Juliette se sorprendió, cerró su libro, y contestó con una sonrisa de oreja a oreja:
- Me encantaría.

Sin poder ocultar su furia, Sirius se levantó y se fue dando fuertes pasos hacia su dormitorio.

Durante los días que quedaron hasta el baile, Sirius y Lupin no se hablaron. Sus dos amigos estaban preocupados.
- ¡No puedes pelearte con uno de tus mejores amigos por algo así! - le recriminó James a Sirius una tarde.
- Mira como puedo - Al ver la cara que ponía su amigo, Sirius suspiró - Si sólo me lo hubiera contado
él sabe cuánto me gusta.
A Lupin nada parecía afectarle. Cuando James o Peter le preguntaban porqué lo había hecho, se limitaba a encogerse de hombros.
Juliette, por su lado, estaba muy feliz de tener pareja, a pesar de que Lily la miraba con reproche.
- ¿Porqué con Remus? - Le preguntaba - Quiero decir
Remus es muy lindo, pero

- Lily - Juliette trataba de hacerla razonar - Toda la vida me he llevado bien con Remus. Mejor que con cualquiera de los chicos. Su padre es amigo de los míos, lo conozco casi desde que nací
Además, es el más parecido a mí
Nos gusta leer, ambos somos prefectos
Y es muy lindo.
Lily seguía sin convencerse.
- ¿Y Black?
- Sirius no me ha invitado. Aunque me muera de ganas de ir con él
haga lo que haga
Son los chicos los que invitan a las chicas. Y Sirius
bueno
no lo ha hecho.
Lily estaba triste, pero al ver la expresión segura de su amiga, trató de esbozar una sonrisa. Aunque sabía que, en el fondo, ella también estaba triste.
El tiempo iba pasando, y la gente sólo hablaba del baile. Quién iría con quién, cono irían vestidos
Las vacaciones de Navidad habían sido acortadas, terminando el 29 de diciembre, y así todos los alumnos estarían presentes en la noche de Año Nuevo. Lily y Juliette decidieron que pasarían las suyas en casa de los padres de esta última, así podrían ir a Diagon Alley a comprar sus vestidos, ya que los padres de Lily eran muggles.
- ¿Te diste cuenta de que Remus Lupin está cada día más pálido? - oyó un día Lily a una niña de 3er año que se lo contaba a su amiga.
Era verdad. Lupin parecía enfermar cada vez más con el correr del tiempo.
- ¿El Prefecto de 5to Año, ese muchacho tan lindo? - Le contestó la amiga - Sí
ojala que mejore durante las vacaciones

Pero no fue así. El día del retorno, Lily pudo ver que estaba más pálido y con más ojeras que cuando se había ido.
- Remus
¿estás bien? - le preguntó Juliette, el día anterior a la fiesta.
- Sí, no te preocupes. Para mañana por la noche estaré bien.
- No es por eso
no quiero que te esfuerces demasiado, podría hacerte mal.
- No te preocupes, estoy bien.
El día del baile llegó al fin. Juliette y Lily se despertaron emocionadas, se pusieron las túnicas y bajaron a desayunar. En el Gran Salón, encontraron a James tratando de animar a Sirius.
- Buen día - saludó Juliette.
- Buen día, Roxas, Evans - saludó James.
- ¿Qué le pasa? - Juliette señaló a Sirius, que tenía la cabeza entre los brazos, y estaba tirado sobre la mesa.
- No te preocupes, Roxas, está bien. Solo estoy tratando de convencerlo de que vaya a la fiesta, aunque sea solo.
- ¿Qué, no invitó a nadie?
Sirius fulminó a su amigo con la mirada. Este no tuvo tiempo de contestar, ya que Lily lanzó un resoplido, se le sentó enfrente, y dijo:
- Escúchame. Quiero que entiendas que lo de esta noche fue un error. Aún te aborrezco. Yo no quiero ir contigo, pero no tengo otra opción. Así que esta noche, trataré de pasármela lo mejor que pueda, aunque sea contigo, pero no estoy dándote esperanzas, ¿de acuerdo?
James le hizo la veña.
- ¡Sí, señora!
Sirius y Juliette rieron. Lily giró sobre sus talones y se la llevó a Juliette a rastras murmurando inmaduro.

La primera clase del día era Pociones con los de Slytherin. Apenas las dos muchachas llegaron a la puerta del aula, encontraron a James y a Severus Snape, el chico más odiado por los Gryffindors de 5to Año, envueltos en un enfrentamiento.
- Vamos, Quejicus, atrévete a echarme un maleficio - le decía James.
- Con todo gusto, Potter - contestaba Snape.
Ambos tenían las varitas en alto. Al verlos, Lily resopló.
- No puede ser, otra vez no
voy a detenerlos - trató de avanzar, pero Juliette la tomó por el codo, y le lanzó una mirada de advertencia.
- Ni se te ocurra meterte. Después termina todo mal. Además
sabes que me pondría los pelos de punta si ese idiota de Snape te llamara
te llamara

- ¿Sangre impura?
Juliette la fulminó con la mirada. Era una prefecta, por lo que su deber era separarlos, pero sabía muy bien lo que pasaría si lo hacía. Además, era muy tímida. Siempre creyó que el título de Prefecta se lo merecía Lily, no ella. En ese momento llegó el profesor Slughorn.
- Muy bien, muchachos, en mi hora no quiero pleitos - les dijo a James y a Snape - ¡Todos adentro!
La clase entró y se sentó. Snape y James aún lanzaban fuego por los ojos. Juliette recorrió el aula con la mirada.
- ¿Dónde está Remus? - le susurró a Lily.
Lily también miró. Lupin era el único que faltaba. Slughorn no pareció darse cuenta. Nunca se daba cuenta si faltaba alguien que no fuera Lily o Snape. Juliette miró a James, que se encogió de hombros con cara de preocupación.
La clase duraba dos horas. Al finalizar la primera, Juliette miró a la puerta, pero Lupin no entró por ella. En cambio, lo hizo McGonagall.
- Horace - dijo, dirigiéndose a Slughorn - ¿Puedo llevarme a Black y a Roxas un momento?
Tanto Sirius como Juliette se sobresaltaron. ¿Habían hecho algo malo?
- Sí, claro - contestó Slughorn, algo confundido.
Ambos muchachos se pararon y, ante las miradas de sorpresa de todos, salieron del aula detrás de la profesora. Caminaron unos minutos en silencio, hasta que los chicos sacaron sus dudas hacia fuera.
- ¿Qué pasó, profesora? - preguntó Juliette.
- ¿Qué hice ahora? - exclamó Sirius a su vez.
McGonagall se dio vuelta y los miró.
- Nada, no se preocupen, no hicieron nada.
Luego continuaron caminando, aún más confundidos que antes de preguntar. Recorrieron los pasillos del colegio hasta llegar a la puerta de la enfermería.
- Entren - ordenó McGonagall.
Entraron. La mayoría de las camillas estaban vacías, pero en la 3ra de la izquierda estaba

- ¡Remus! - gritó Juliette.
Su amigo estaba allí instalado. Se lo veía muy pálido y tenía unas grandes ojeras. Sin embargo, estaba sonriendo.
- Me pidió expresamente si podía llamarlos a ustedes dos - explicó McGonagall - ojala sea urgente, Lupin. Yo debo irme, los dejo aquí. Cuando terminen, ustedes dos - señaló a Sirius y a Juliette - regresan a clase. Roxas, asegúrate de que Black llegue.
Juliette rió de la cara ofendida de Sirius. La profesora cerró la puerta detrás de ellos. Mme Pomfrey, la enfermera, dio a Remus una poción y se fue a su despacho. Los dos muchachos se sentaron uno a cada lado de la cama.
- ¿Cómo estás, Remus? - preguntó Juliette, poniéndole una mano en la frente.
- No muy bien, a decir verdad - contestó él - Escucha
no creo que pueda ir contigo esta noche al baile.
Juliette sonrió débilmente.
- Lo supuse
No te preocupes por eso, Remus, tú mejórate. Yo

- ¿Porqué no vas con Sirius?
Sirius lo miró desconcertado, y luego sonrió. Comenzaba a entenderlo todo.
Juliette miró a Lupin, y luego a Sirius. Se había puesto roja.
- ¿I-ir con S-Sirius? - Bajó la mirada - N-no sé si él v-va a querer
C-creía que él n-no quería ir

Sirius se paró tan bruscamente que la cama de Lupin tembló.
- ¡Claro que quiero ir contigo! Quiero decir
no quiero que una noche como esta te quedes sola.
Juliette sonrió, y se paró.
- Bueno, será mejor que vayamos yendo a clase - dijo - Si no hay nada más

- De hecho, sí lo hay
tengo algo que hablar con Remus.
- Entonces te espero afuera. Ya oíste a McGonagall.
Cuando la chica salió de la habitación, Sirius miró fijo hacia los ojos color miel de Lupin. Lo había comprendido: comprendió porqué su amigo había cambiado de parecer, porqué había dicho que no iría al baile para después invitar a la chica que a Sirius le gustaba. Todo había sido por él. Lupin sabía que no podría ir al baile, sabía que se enfermaría, y por eso la invitó. Sabía que no lo rechazaría, ya que eran amigos de pequeños, y se llevaban muy bien. Podía ver que muchos querían estar con ella, y que si Sirius no se apuraba, terminaría aceptando a alguno. Por eso, se apuró en el lugar de su amigo.
- Lo tenías todo planeado - le dijo Sirius, aún sin apartar la mirada.
Lupin sonrió.
- Siempre calculo cuándo caerá Luna Llena, amigo mío.
Sirius no tenía palabras para expresar cuán agradecido estaba. Por eso, no dijo nada, y abrazó fuertemente a su amigo.
- Lamento haberme enojado contigo - se disculpó - y lamento no poder acompañarte esta noche.
- No te preocupes, Canuto. Por lo primero, es lógico, yo lamento no habértelo contado. Y por lo segundo
bueno, siempre tengo la oportunidad de morderme a mí mismo.
Ambos rieron. Qué bien se sentía volver a ser amigos


Al ser el día de la fiesta, les habían dejado la tarde libre. Después de almorzar, Peter, James y Sirius bajaron a jugar una guerra de bolas de nieve a los terrenos del colegio. A eso de las 7 y media, subieron a la habitación, se pusieron las túnicas de fiesta, se ducharon y se arreglaron un poco el cabello. Claro, cada uno a su manera. Tanto James como Sirius habían quedado con sus parejas en la sala común mientras que Peter, quién había invitado a una chica de Ravenclaw, tenía que buscarla en su Sala Común. Sus amigos aún se reían, ya que, lógicamente, este no tenía ni idea de donde quedaba.
- Ya vete, Colagusano - le aconsejó Sirius - En una de esas hoy tienes un golpe de suerte y te la encuentras en la escalera.
Lo empujó a través del retrato de la Dama Gorda y se lo cerró en las narices. James, mientras tanto, miraba el reloj.
- Aún no entiendo porqué usas ese tipo de objetos muggle, James - le dijo Sirius cuando estuvo de vuelta - si puedes usar uno mucho mejor hecho con magia.
- No te quejes, si a ti te gustan las lotos.
- Las motos, James, las motos.
- Si, como sea, es lo mismo. Es un objeto muggle.
James volvió a mirar su reloj.
- Comenzaron a prepararse a las 4 - se quejó - ¿Cuánto puede llegar a producirse una mujer?
Sirius rió, y miró el reloj de su amigo. Eran las 8:15. Podía imaginarse la escena: Lily y Juliette, riéndose con una risa que denotaba vergüenza y nervios. Recordó lo que McGonagall había mencionado en una ocasión: Hay dos cosas que enamoran a una mujer: las flores y la risa. Tomó su varita, y murmuró Accio Flor, pensando en los hermosos cerezos que habían florecido cerca de la cabaña de Hagrid, el guardabosque. Una bonita flor color rosa llegó a sus manos. James lo miró extrañado, y luego lo aplaudió. En ese momento se oyeron unos pasos y, bajando por la escalera, venía Lily. Estaba radiante: Llevaba un vestido color verde esmeralda con breteles y corte en v en la cintura, dejando caer una pollera arrugada hasta las rodillas. Su cabello rojizo estaba atado en una cola de caballo, con dos mechones sueltos delante de las orejas. En el cuello, llevaba un collar que daba dos vueltas, con un dije de oro en forma de estrella. Tenía puesta una pulsera dorada, que tenía grabado su nombre en plateado. James se quedó boquiabierto.
- Ouau - fue el único sonido que salió de su boca.
Lily chasqueó la lengua, lo tomó por el cuello de la camisa y se lo llevó a rastras.
- Ah, Black - le dijo a Sirius cuando estaba pasando por el orificio del retrato, mientras este se reía - Juliette tuvo un pequeño problema, enseguida baja. Vámonos, Potter.
Se fueron, dejando solo a Sirius en esa enorme sala circular. Un par de minutos después, Juliette apareció bajando las escaleras. Iba preciosa: Llevaba un vestido rosa con cintas que se ataban detrás del cuello, de una tela añil vaporosa y, como el de su amiga, con corte en v en la cintura. Su cabello, lacio y brillante, estaba recogido en un elegante rodete con mechones sueltos. Se la veía más alta, pero debía ser el efecto de una espalda libre de pesadas mochilas. En el cuello, llevaba un colgante de oro, con un pequeño dije en forma de J, que Sirius reconoció como el regalo de Navidad que sus padres le habían hecho por entrar a Hogwarts, la mas preciada posesión de la muchacha. No se lo ponía nunca, a menos que la ocasión fuera muy especial. Lo guardaba dentro de una pequeña caja de madera, llena de encantamientos para evitar ser abierta por cualquiera, que también contenía una foto con su hermano, una carta de Lily y, muy pronto, aunque Sirius no lo sabía, la pequeña flor del cerezo.
- ¿Me esperaste mucho? - preguntó tímidamente, al llegar abajo.
- No
- contestó Sirius, olvidando la media hora que había pasado allí parado.
Juliette suspiró y sonrió. Sus dientes eran blancos como la nieve.
- Cuánto me alegro
Si no, me habría sentido muy culpable

Sirius también sonrió, y le entregó la flor.
- ¿Para mí? Que
que bonito detalle
- Toda roja, Juliette la contempló como se mira al más preciado tesoro.
En ese preciso instante, al ver la cara sonrojada de su compañera, Sirius recordó que no era una persona tímida.
- La belleza de esta flor no es comparable con la suya, princesa - extendió su codo - ¿Me permitiría escoltarla al baile esta noche?
Juliette rió, muerta de vergüenza, pasó su brazo a través del codo que él le ofrecía, y ambos se dirigieron hacia el Gran Salón.
Estaba lleno de gente. Todos llevaban túnicas de gala. El profesor Dumbledore, el director, había contratado a una banda muy famosa, bewitched, para que tocara en la fiesta. Casualmente, era el grupo favorito de Juliette.
- ¿Te gustan? - le preguntó Sirius, gritando a causa de la música fuerte.
- ¡Me fascinan! - Gritó ella - ¡Desde siempre! Mi canción favorita es Take Bases.

El Gran Salón estaba completamente distinto. Tanto las mesas de las casas como las de los profesores habían desaparecido. Habían llenado las paredes de guirnaldas, muérdagos, y pequeñas luces plateadas muy brillantes. En el medio de la sala, estaba instalada una enorme estatua de hielo, con la forma de los cuatro animales correspondientes a las casas: el león, la serpiente, el águila y el tejón. Del lado izquierdo había una larga mesa llena de comida que se reabastecía sola, y al fondo habían puesto sillones y mesitas para cuatro personas. Sentados allí estaban el hermano de Juliette, Paul, que estaba en 7mo Año en Ravenclaw, y su novia. Cuando llegaron, los saludó con la mano. Juliette le sonrió. Notaron que pequeñas luciérnagas volaban entre la gente, y entre eso y el techo lleno de estrellas, causaban un efecto de romanticismo puro.
Cuando terminaron de apreciar el cambio de su habitual comedor, oyeron unas voces conocidas a su lado:
- No, gracias, puedo sola.
- Vamos, Evans, no me trates mal. Yo solo quería ayudar.
Juliette sonrió, mientras que Sirius frunció el ceño, y ambos se acercaron.
- Hola, Lily. Hola, James - saludó Juliette.
Lily esbozó una sonrisa, mientras que James dijo:
- Te ves bien, Roxas.
- Gracias. Tú también.
Sirius se acercó a Juliette, y le susurró algo al oído. Ella se sonrojó y luego sonrió dulcemente. Sirius le devolvió la sonrisa, le tomó su mano suave y la sacó a bailar.
Lily se sentía algo incómoda. Estaba deseosa de bailar con James, de disfrutar
pero cuando pensaba en su arrogancia, en su manera de ser de todos los días
no podía evitar enfadarse. James, que pareció notar la confusión en el rostro de su compañera, la tomó del brazo y le preguntó:
- ¿Bailamos?
Lily dudó, luego lanzó un suspiro y contestó:
- De acuerdo.

Después de un rato, la fiesta había alcanzado todo su esplendor. La gente reía, bailaba, charlaba
A eso de las diez y media, Dumbledore tomó un megáfono mágico y dijo:
- Me siento enorgullecido de presentar esta noche, ante todos ustedes, a los mejores bailarines del mundo mágico: ¡Kurt Sanders y compañía!
Todos se juntaron alrededor de un grupo de cinco personas vestidas de blanco, que comenzaron a cantar y a bailar haciendo piruetas.
- ¿Dónde están Juliette y Black? - le preguntó Lily a James.
- No lo sé
Tampoco he visto a colagusano en toda la noche

- ¿A quién?
Lily miró confundida a James.
- A Peter
Espérame aquí.
- ¡Oye! ¿Adónde vas? ¡Espera, Potter!
Pero era muy tarde. El muchacho se había ido. Lily lanzó un resoplido. Su amiga debía estar perdida entre toda esa multitud que saltaba alrededor de los bailarines. Cuando comenzó la segunda canción, oyó risas y vio, yendo hacia ella, a Juliette. Estaba muerta de risa.
- ¡Juliette! - Le gritó Lily, sin hacer caso a las lágrimas que le resbalaban por la cara - ¿Dónde estabas? ¿Dónde esta Black?
- ¡Allá!
Lily giró la cabeza y lo vio: tanto él como James se habían metido entre los bailarines y trataban de seguirles los movimientos desastrosamente. Ambas muchachas se metieron entre la gente y lograron ponerse en primera fila. La gente reía. Lily no pudo evitar reír también.
- No bailan nada mal - le susurró Juliette.
Ella se tapaba elegantemente la boca con la mano izquierda, y lloraba de la risa.
- ¿Nada mal? Son horribles - le contestó su amiga.
Al terminar, Sirius se desplomó en el suelo, mientras que James exageraba su mareo y se apoyaba en una de las bailarinas, que lo miraba con diversión. Juliette fue a buscar a su compañero, y le tendió una mano para ayudarlo a levantarse.
- ¿Qué tal estuve? - le preguntó él, sonriente, tomándole la mano.
- Fantástico - contestó ella, devolviéndole la sonrisa - Creo que nunca me reí tanto en mi vida

Ambos se acercaron a la mesa de comida, donde estaban Peter y su compañera.
- Hola, Peter - saludó Juliette.
Este se dio vuelta. Tenía un pedazo de pollo en la boca.
- Ag
hoga, gugiette
hoga, ‘igius

Sirius le pegó un golpe en la cabeza.
- ¡No hables con la boca llena!
Juliette y la chica de Ravenclaw rieron. Luego, la muchacha se lo llevó a Peter y Sirius y Juliette se sirvieron comida en unos hermosos platos de oro. En ese momento llegaron James y Lily. Discutían, y por lo tanto no se dieron cuenta de la presencia de sus dos amigos. Parecía que James se había cruzado con Snape y, a escondidas, le había echado el maleficio de las piernas unidas.
- ¡No soporto cuando haces eso!
- Vamos, solo era una broma

- ¿Solo una broma? Ves, eso es lo que me molesta de ti. Crees que puedes ir por la vida echándole maleficios a la gente y no es así

Juliette suspiró. No parecía que su relación avanzara. Ella tenía las esperanzas de que, después de este baile, todo se arreglara entre ellos pero
Sirius la miró, y le susurró:
- Ven, vámonos de aquí. Quiero enseñarte algo.
- Sirius, espera, ¿adónde vamos?
- Ya verás.

A rastras, Sirius se la había llevado a Juliette afuera de la fiesta, y la guiaba a través de los largos pasillos del castillo.
- ¿Por qué nos fuimos de la fiesta? ¿Adónde me llevas? - preguntaba, confundida, Juliette.
Sirius giró sobre sus talones, y miró hacia todos lados.
- Creo que aquí estaremos bien

- ¿Qué quieres decir?
El chico metió su mano en el bolsillo de la túnica y sacó un pedazo de pergamino viejo. Luego, posó su mirada en los ojos azules que tenía enfrente.
- Antes de enseñarte esto, quiero que me prometas que, veas lo que veas, no se lo contarás a nadie - susurró con expresión seria - Ni siquiera a Lily. Eres la primera a la que se lo confío, y si James, Remus o Peter se enteran de que te lo enseñé, van a matarme. Pero yo confío en ti, confío en que guardarás el secreto.
Juliette asintió con la cabeza. Sirius tomó su varita, la apoyó sobre el pergamino y murmuró:
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Desde el punto en que Sirius había tocado con su varita, empezaron a extenderse finas líneas de tinta hacia todos lados. Poco a poco se iban uniendo, formando formas de distintos tamaños. En la parte superior, unas palabras en tinta verde formaban un texto:

Los Señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta
Proveedores de artículos para magos traviesos
Están orgullosos de presentar
EL MAPA DEL MERODEADOR

Las líneas de tinta habían formado exactamente lo que el texto decía: un mapa. Un mapa que mostraba cada pequeño detalle del castillo y sus terrenos. Pequeñas manchas de tinta se paseaban por él, con nombres escritos en letra diminuta. En ese momento, todas estaban acumuladas en el Gran Salón.
- Esto es increíble
- murmuró la chica, pasando la mano por el mapa - Lunático, Colagusano
¿Dónde he oído esos nombres?
- Yo soy Canuto - contestó Sirius, con cierto orgullo en la voz - Remus es Lunático, James es Cornamenta y Peter es Colagusano. Son nuestros apodos.
Juliette levantó la vista del mapa.
- ¿Ustedes crearon esto?
Sirius sonrió, y asintió.
- ¿Cómo
?- ella sonrió también - Siempre supe que eras inteligente, pero

El chico le señaló un punto en el mapa, y le preguntó si sabía donde era. Juliette dudó.
- Es
la casa de los gritos, en Hogsmeade - contestó al fin - La construyeron en 1er Año, y de vez en cuando se oyen

- Sí, sí, todo eso ya lo sé. No quiero una lección de Historia, ya tengo suficiente con Binns.
Juliette rió. Sirius hizo un ademán de acariciarle la mejilla, pero luego bajó la mano.
- Voy a mostrarte un lugar increíble. Sígueme.

Esta vez, no tuvo necesidad de arrastrarla, ya que ella lo siguió de buena gana. Salieron afuera, a los terrenos, cerca del lago.
- Este es
- murmuró Juliette al llegar al lado de un enorme árbol - el Sauce Boxeador. Es peligroso, Sirius, ¿Qué hacemos aquí?
- Ya verás.
Sirius tomó una rama muy larga, y con ella apretó un nudo que se había formado entre las raíces.
Inmediatamente, el árbol dejó de moverse. Juliette pudo ver, en el tronco, un pequeño agujero.
- Ven - Sirius la tomó por la muñeca y la arrastró adentro del árbol. La chica cerró los ojos y se dejó guiar: cuando volvió a abrirlos, estaba en una casa en ruinas, con paredes y piso de madera y escaleras que crujían en cada escalón.
- ¿Dónde
? - comenzó a preguntar ella, pero luego se calló. Ya conocía la respuesta a su pregunta - ¿Cómo fue que llegamos a la Casa de los Gritos?

- Es un pasadizo - le explicó Sirius - Me los conozco todos.
- ¿Un pasadizo? Pero, pero
- Juliette no encontraba palabras. Suspiró - Esto es

Sirius sonrió, y le tapó los ojos con las manos.
- Quiero enseñarte algo, pero no quiero que veas hasta llegar allí.
La condujo por lo que parecieron unos pasillos infinitos. Los segundos que pasaban se le hacían eternos. Finalmente, oyó el chirrido de una puerta, y sintió una fría brisa en el rostro. Sirius le destapó los ojos, y pudo verlo.
Estaban en lo que parecía un pequeño balcón de madera, con la vista más bonita que Juliette hubiera visto nunca. A la derecha, se podía ver el castillo medieval que era Hogwarts, junto con sus terrenos, en todo su esplendor. A la izquierda, la vista entera del pueblo de Hogsmeade. La chica descubrió algunos de sus lugares visitados habitualmente: la Taberna de las Tres Escobas, Honeydukes la tienda de dulces, la oficina de correos
todo iluminado por las luces nocturnas, las cuales nunca había visto. Pero lo mejor de todo, era la vista al cielo: negro, resplandeciente de estrellas
y la enorme luna llena.
- Es bellísimo - murmuró Juliette, asombrada.
- Sí
- Sirius se apoyó sobre la baranda del balcón, al igual que su amiga - James y yo solemos decir

Estaba a punto de decir que cuando amemos de verdad a alguien lo traeremos aquí, pero se calló. Juliette lo miró con un brillo de curiosidad en los ojos.
- ¿Qué suelen decir James y tú?
- Que
- la mirada de Sirius pasó de los ojos de la muchacha, a su boca. Era demasiado tentadora. Se preguntó qué sentiría cuando la besara. Ya había besado a varias chicas, pero no estaba seguro de que aquello fuera a sentirse igual. Recordó cuando, el año anterior, había besado a dos chicas de Hufflepuff en una misma noche, que al final resultaron ser mejores amigas
En ese momento, lo había encontrado muy divertido, pero ya no. Había madurado, o eso creía

Cada vez, sus labios estaban más cerca. Iba a besarla. Iba a hacerlo. Pero entonces

Un ruido extraño, como de algo rompiéndose, resonó por toda la casa. Ambos se sobresaltaron.
- ¿Qué fue eso? - preguntó Juliette, asustada.
- No lo sé

- ¿Será la Profesora McGonagall? ¿Nos habrán descubierto?
- No creo

Sirius se quedó pensativo. Nadie conocía los secretos de la Casa de los Gritos, excepto sus amigos y él. Miró hacia el cielo de nuevo, vio la enorme y redonda luna llena
y palideció. ¿Cómo había sido tan tonto? ¿Cómo había podido olvidarlo? Tomó a Juliette por la muñeca, y le gritó que corriera. Ella no entendía nada, preguntaba qué pasaba, porqué se iban tan rápido, y lo miraba asustada. Sirius la guió otra vez a través de los pasillos y, al dar vuelta en una esquina, sus peores temores se confirmaron: Allí estaba Remus, parado, mirándolos con desprecio. Se miraron durante un instante. Juliette estaba boquiabierta. Remus los olfateó, y luego lanzó un gruñido, mientras Juliette gritaba:
- ¡Un hombre lobo~!
Ya no podían salir. El licántropo estaba tapando el pasadizo. Salieron corriendo hacia el otro lado. Se escondieron detrás de una puerta. Podían oír la fuerte respiración de Remus. ¿Cómo saldrían de esa? Sirius miró a Juliette a los ojos, y vio el miedo reflejado en ellos. Tenía que sacarla de allí. Tenía que hacerlo por ella.
Miró hacia todos lados, la tomó de una mano y salió corriendo.
- ¿Qué
? - comenzó a preguntar ella.
Sirius le apoyó su dedo índice en los labios, y espió la salida al pasadizo. Estaba vacía. Corrieron hacia ella, pero al instante oyó los pasos atrás suyo: Remus había vuelto a descubrirlos. Sirius miró a Juliette y gritó:
- ¡Corre!
Salieron disparados por el pasadizo. Remus los seguía. A cada rato miraban para atrás y veían a esa bestia gigante corriendo tras ellos. A mitad de camino, Juliette se tropezó: el tacón se le había quedado trabado en un agujero. La chica trataba de salir, pero no lo lograba. Remus se les acercaba cada vez más. Entonces Sirius la tomó por la cintura, la sacó con fuerza partiendo el tacón y la cargó al hombro. Tomó su varita mágica y murmuró: Reparo! , y el zapato se arregló. Salió corriendo de nuevo justo cuando el hombre lobo estaba por alcanzarlos, y se dirigió a la salida. Estaba llegando cuando encontró un nuevo problema: el árbol había vuelto a moverse. No podrían salir sin que Remus lo hiciera también, y eso suponía un gran riesgo. Pero no iba a darse por vencido. Tenía que salvar a Juliette. Tomó su varita, apuntó hacia Remus y gritó:
- ¡Expelliarmus!
Remus salió disparado hacia el otro lado. Sirius aprovechó ese momento para salir por el agujero y pasar por entre dos ramas. Miró hacia atrás: estaban salvados. Bajó a Juliette, y ambos se desplomaron en el suelo.
- Va a odiarme - pensó Sirius - Todo lo que hice
y va a odiarme. ¿Cómo pude olvidarme, justo esta noche
?
Estaba a punto de llorar de la rabia que sentía contra sí mismo, cuando oyó a su lado una dulce risa. Las mejillas de la chica se habían pintado de un suave color rosa, y se reía con los ojos cerrados.
- ¿Qué
? - Sirius estaba desconcertado - ¿No me odias?
- ¿Odiarte? - Juliette dejó de reír, aunque seguía sonriendo - Nunca me había divertido tanto como esta noche. Siempre quise saber como era un hombre lobo
nunca creí que vería uno tan de cerca.
Volvió a reír, y esta vez, Sirius lo hizo con ella. Se miraron un instante, y luego Juliette preguntó:
- ¿Me enseñas otro pasadizo?
Eran las 3 de la mañana. La fiesta estaba llegando a su fin. Todos los alumnos estaban volviendo a sus respectivas salas comunes. James sabía que Lily se la había pasado de maravilla, pero que nunca lo admitiría. Ella, en cambio, pensaba en otras cosas. Desde el baile de Kurt Sanders, no había vuelto no había vuelto a encontrar a Juliette. Había pasado el Año Nuevo, y no la había encontrado. Deseó que estuviera en la habitación. Distraída, se despidió de James. Estaba subiendo las escaleras cuando oyó que él le gritaba:
- ¿Dime, Evans, no has visto a Sirius?
Fingió no haberlo oído, y subió a la habitación. Adentro, encontró a Mary McDonald, Dalila O’Connor y Allison Wellington, sus compañeras de 5to Año en Gryffindor, jugando al snap explosivo sobre la cama de Mary. La de Juliette, estaba vacía.
- Oigan
- les dijo - ¿No vieron a Juli?
- No
lo siento - se disculpó Mary - ¿No está en la sala común?
- ¿En el baño de los prefectos? - propuso Allison.
Lily negó con la cabeza, y salió de la habitación. Abajo, la sala común estaba vacía, a excepción de una persona. James se veía preocupado, y aún tenía su túnica de gala puesta. En la mano, llevaba lo que parecía un bulto color gris plateado.
- Sirius no está en la habitación - le dijo, al verla bajar - supuse que Roxas tampoco.
Lily lo miró, y avanzó hacia el retrato de la Dama Gorda.
- ¡Oye! ¿Adónde vas? - preguntó James.
- A buscarla. Es una prefecta. Si McGonagall, o cualquier otro, llega a encontrarla vagando por los pasillos a la mitad de la noche, va a pasarla muy mal.
James la tomó por el brazo, y ella trató de soltarse.
- Suéltame, Potter. No trates de detenerme. Yo

- No estoy tratando de detenerte - le espetó él - Solamente creo que si no sales protegida la que va a terminar en problemas eres tú.
Lily lo miró desafiante.
- ¿Qué propones?
James le enseñó su bulto plateado, y la chica lo reconoció: era una capa invisible. Se quedó boquiabierta. Eran muy raras.
- ¿Dónde conseguiste eso?
- Es una reliquia familiar. Me la dio mi padre.
Lily lanzó un resoplido.
- Así que así es como te escabulles por todo el colegio

James hizo un gesto con la mano, como diciendo me halagas. Luego estiró la capa, y se tapó con ella junto a Lily.
- Ahora sí, vamos a buscarlos - dijo.

Mientras recorrían los pasillos del colegio bajo la capa, se cruzaron con varios profesores, fantasmas y hasta con un elfo, pero ni rastro de sus amigos. Lily comenzaba a impacientarse. Ya podía decirse que habían buscado por cada rincón. Además, estaba a solas con Potter, bajo una capa invisible a las 4 de la mañana recorriendo el castillo más grande de Gran Bretaña. Era como buscar una aguja en un pajal. El muchacho, viendo su rostro enojado, y con un destello de miedo, la tomó por los hombros y le dijo:
- Quiero que te quedes tranquila, Lily. Vamos a encontrarlos. Además
mientras estés conmigo, nada va a pasarte. Te lo prometo.
Ella trató de replicar, pero no pudo. ¿Desde cuándo James Potter hablaba de esa forma tan amable y madura? Además, la había llamado Lily, no Evans, como solía hacerlo siempre. Aunque no quisiera admitirlo, le había llegado al corazón.
- Tengo una idea - dijo de pronto James, haciendo que Lily se sobresaltara. Metió su mano en el bolsillo de la túnica, y sacó de él un pequeño espejo de plata.
- ¿Qué es eso? - preguntó la chica, aunque sabía que ya poco podía sorprenderla.
- Un espejo - explicó James - Son dos. Sirius tiene el otro. Así nos comunicamos. Sirius
Sirius
¿me oyes?
En ese momento, el vidrio del espejo tomó un raro color negro.
- ¿Qué está mostrando? - Lily sentía debilidad por ese tipo de aparatos mágicos. Después de todo, venía de familia Muggle.
- El bolsillo de Sirius, me imagino.
Lily rió, pero enseguida se arrepintió. James sonrió.
- Vamos, creo saber dónde están.

- ¿Dónde estamos? - le preguntó Lily a James, cuando llegaron frente a la estatua de una bruja tuerta, con una enorme joroba. Él no pareció oírla. Murmuraba cosas que ella no entendía.
- ¡Ya sé! - murmuró después de unos instantes - Dissendium!
La joroba de la bruja se abrió lo suficiente como para dejar ver un túnel largo, oscuro y terroso. Si no fuera porque su mejor amiga estaba en medio, Lily no sabía si hubiera entrado. Pero, al James pasar por la angosta abertura que se había formado, ella lo siguió. No sabía porqué, pero sentía que podía confiar en él, a pesar de todo. Recorrieron el largo túnel durante lo que fueron más o menos 20 minutos, y al final, vieron una pequeña luz que salía de una pequeña compuerta entreabierta en el techo. De ella, bajaba una escalera de madera, y apoyados en ella, estaban Sirius y Juliette, profundamente dormidos. Él estaba sentado, apoyando su espalda contra la escalera, y las piernas estiradas. En la mano derecha, tenía un paquete de chicles superhinchables, y con la mano izquierda estaba sosteniendo la cabeza de Juliette. Ella estaba apoyada sobre su pecho, y sentada sobre sus rodillas, y con las manos sostenía una pluma de azúcar. Lily no quería despertarlos. Se veían tan lindos

- Parece que fueron a Honeydukes - murmuró James.
Lily lo miró asombrada.
- ¿Cómo pudieron llegar a Honeydukes?
- Eso - James señaló la compuerta del techo - lleva a Honeydukes.
Lily chasqueó la lengua.
- ¿Estoy contándote demasiados secretos, verdad? - sonrió James.
- ¿Cuántas reglas puedes llegar a quebrar en un día?
- Y,,,por lo menos unas 50.
Sirius lanzó un ronquido. Lily se sobresaltó. Se dio cuenta de que se había quedado tildada mirando los ojos color café de James. Observó a su amiga, quién dormía plácidamente. ¿Cómo harían para hacerlos llegar a la sala común? James, por su lado, se acercó a los dos chicos, se agachó, y con mucho cuidado, colocó a Juliette en su espalda. Al ver la cara de asombro de Lily, explicó:
- No quiero despertar a Roxas, y no me molesta nada llevarla. A Sirius
bueno, no queda otra opción. Si usamos el Levicorpus, no entrará bajo la capa, y será muy raro para cualquiera ver a un alumno dormido volando por ahí.
Lily asintió, y trató de despertar a Sirius, lo que llevó por lo menos 10 minutos.
- ¿Qué
qué
? - El muchacho se desperezó - ¿Qué pasa?
- Tenemos que irnos, Canuto, la fiesta terminó - le dijo James, ya yéndose hacia la salida.
- Ya veo
- se fijó en Juliette, que apoyaba su cabeza sobre el hombro de James - ¿Por qué ella duerme todavía?
- Será porque
¿Pesa como 20 kilos menos que tú? Ahora salgamos de aquí, me estoy asfixiando.

Para gran alivio de Lily, llegaron a la sala común sin ser descubiertos. La Dama Gorda trató de retarlos por llegar tan tarde, pero no le dieron la oportunidad, y volvió a dormirse ofendida. James depuso a Juliette en el sillón, ya que no podía subir a la habitación de las chicas sin que la escalera se convirtiera en un tobogán gigante, tomó a Sirius por el brazo, deseó a Lily las buenas noches y se fue a dormir. Ella los observó subir las escaleras, y se apresuró a despertar a su amiga. La dormida abrió primero un ojo, después el otro, bostezó y se sentó.
- ¿Cómo llegué aquí? - preguntó en voz baja.
- Larga historia, pero eso no importa ahora. Tengo dos preguntas para hacerte.
Juliette la miró confundida. Lily se puso seria.
- Primero: ¿Robaron en Honeydukes?
Su amiga rió. Le explicó que habían dejado el dinero en el estante de la golosina, pero no habían pasado por la caja. Lily sonrió
- Segundo

Hizo una pausa, en la que Juliette bostezó.
- ¿Lo besaste?
Juliette se sonrojó, bajó la mirada y negó con la cabeza. Lily lanzó un suspiro de decepción. Su amiga le explicó lo que había pasado, y todo lo que había hecho aquella noche. Por supuesto, no incluyó el mapa, ni nada que pusiera en riesgo la promesa que le había hecho a Sirius. Al terminar, Lily la miraba con los ojos como platos.
- No sé qué decirte. La aventura del hombre lobo pudo terminar muy mal. Aunque
- sonrió - si estabas al lado del chico que llevas soñando desde hace años, nunca nada es malo. ¡Y casi te besa! Eso es un avance. Eso significa que
le gustas.
Ambas amigas se abrazaron.
- Si él siente lo mismo que tú por él, ¡Solo falta que se pongan de novios! - dijo Lily, feliz.
- A menos que

- ¿Que qué?
Juliette negó con la cabeza.
- No te preocupes. No pasa nada. Vamos a dormir, tengo sueño.
Estaban subiendo las escaleras, cuando Lily recordó algo.
- ¿Qué pasa? - le preguntó Juliette, desconcertada.
Lily le guiñó un ojo, se le tiró encima y le revolvió el cabello, mientras Juliette reía y ella gritaba:
- ¡Feliz Año Nuevo, Ju!
Al día siguiente, Remus volvió a la sala común al mediodía. Estaba lleno de cortes en la cara. Su mirada se incendiaba. Subió a la habitación y despertó a Sirius con un almohadonzazo.
- ¿Qué rayos
? - Sirius miró a su amigo - Oh, Remus

- ¡IDIOTA! - Le gritó este, despertando a James y a Peter - ¿¡CÓMO SE TE OCURRIÓ SEMEJANTE ESTUPIDEZ!?
- ¿Qué pasa aquí? - preguntó James, viendo como Sirius se tapaba entero con la frazada, mientras Remus le pegaba con el almohadón - ¡Ah, Lunático, volviste!
- ¡VOY

¡PUM!
-
A

¡PUM!
-
MATARTE! - gritaba Remus mientras le pegaba al bulto que era Sirius. Este se disculpaba después de cada golpe.
- ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Me olvidé! Estaba distraído, lo admito
¡Lo siento!
- ¡LO SIENTO NADA! ¡PUDIERON HABER MUERTO! ¡PUDISTE HABERLA MATADO! ¡PUDE HABER MATADO A ALGUIEN, Y LO PEOR ES QUE ERAN
!
- ¿Qué está pasando aquí?
Lily y Juliette habían entrado en la habitación ya vestidas. Esta última llevaba la insignia de prefecta abrochada a la camisa. Los muchachos estaban haciendo mucho ruido, y se escuchaba en toda la sala común, y Remus estaba tan enojado que no se había dado cuenta. Al verlas paradas en la puerta, se acercó a Juliette, le murmuró una disculpa y salió de la habitación, no sin antes dirigirle una mirada de profundo disgusto a Sirius.
- ¡Fue un error! - exclamó él, y sus cuatro compañeros lo miraron confundidos, sobre todo Juliette, quién no entendía porqué Remus se disculpaba.
Como era feriado, les habían organizado una salida a Hogsmeade. Los cuatro amigos fueron a Honeydukes, a Zonko, a la oficina de correos
Remus no habló con Sirius hasta que este, sonriendo inocentemente, le entregó un pequeño paquete con un moño azul. Lanzó un resoplido y dijo:
- Que sea la última vez.
- ¡Lo prometo!
James sonrió, y propuso ir a tomar una cerveza de manteca a las Tres Escobas. Los demás asintieron. Se acercaron a la taberna y entraron. Vieron a Madame Rosmerta, la dueña del lugar, sirviendo bebidas a unos chicos de cuarto. El lugar estaba lleno de alumnos del colegio. Eligieron una mesa redonda cerca de la puerta, y Remus se ofreció a buscar las botellas.
- ¡Por fin algo para tragar! - exclamó Peter, relamiéndose, y sentándose en la silla que estaba entre James y Sirius.
- Tú piensas con el estómago, colagusano
- le dijo James, y él y Sirius rieron. Comenzaron a hablar de Quidditch, hasta que llegó Remus algo malhumorado.
- ¡Había un montón de gente en la barra! Y encima se me coló el gordo de Slughorn. ¿De qué hablaban?
- Del próximo partido de Gryffindor - informó Sirius - contra Ravenclaw. Juliette me contó que apostó con su hermano

Sus amigos lo miraron.
- ¿Qué tal vas con Juliette? - le preguntó Remus.
- ¿Ya no la llamas por su apellido? - le preguntó James a su vez.
Sirius estaba por contestar, hasta que oyó una voz por detrás que decía:
- Es que ahora ya no me gusta Sirius, me gusta Remus.
Los cuatro miraron hacia la mesa que estaba al lado del árbol de Navidad, aún no quitado. La que hablaba era Allison Wellington, su compañera de Gryffindor. Era una muchacha alta y rubia, de ojos celestes, de quién se decía que había salido con la mitad de los chicos del colegio. Estaba sentada con las otras cuatro mujeres de 5to año de gryffindor.
- Saben que yo soy la más grande fan de nuestros cuatro compañeros - continuó la chica - pero ahora Sirius quiere a Juliette

Ella estaba roja.
- ¡Es verdad! - exclamó Dalila O’Connor - Se los veía muy divertidos en la fiesta de anoche

- De hecho, después del baile de Kurt Sanders, no se los vio más
- murmuró Mary McDonald - No lo disimules más, Ju
todas sabemos que estás muerta por él. Y no es raro, es uno de los chicos más solicitados del colegio, es el segundo en la lista

- Y además

- ¡Ya basta!
Juliette se había parado, sonrojada, y miraba a sus amigas con cara de enfado.
- ¿No se dan cuenta de quién estamos hablando? ¡De Sirius Black! Él sólo está
sólo está
- su voz se apagó -
jugando conmigo.
Sirius se quedó de piedra. Sus amigos lo miraron. Juliette se levantó y salió del local, seguida por Lily, quién antes de salir les hizo un gesto con la mano a las otras tres que decía déjenmelo a mí. James las observó irse, por la ventana, luego volvió a mirar a Sirius, y propuso:
- ¿Las seguimos?
Sabiendo que los descubrirían si iban los cuatro, Remus lo arrastró a Peter con la excusa de que tenía que comprarse una pluma y pergamino nuevos. Sirius y James siguieron a las dos muchachas, quienes se instalaron a las afueras del pueblo, en los límites de la casa de los Gritos. Juliette la miraba con nostalgia. Estuvieron unos instantes en silencio, hasta que Lily dijo:
- ¿Porqué piensas que está jugando contigo?
Juliette suspiró.
- ¿Porqué me querría él a mí? Tiene a un montón de chicas atrás, muchas de ellas son preciosas. Además
nunca ha estado con una chica por amor, pero sin embargo ha estado con muchas. A todas las dejó porque
porque
se aburría. Las dejó él. ¿Porqué yo sería diferente?
Lily le tomó la mano, y la miró a los ojos.
- ¿Estás muy enamorada?
Juliette asintió. Desde su escondite, atrás de un árbol particularmente ancho, Sirius trataba de correr hacia ella, desmentirla, consolarla, pero James lo agarraba de la campera.
- Yo
terminaría muy lastimada si me diera cuenta de que él salió conmigo por diversión, y después me dejara, ya que yo
yo lo amo.
Lily se echó a llorar suavemente, y abrazó a su amiga. Cuando la soltó, se enjugó los ojos y le dijo:
- Juliette, Black es un arrogante, un creído, un mujeriego
pero no una mala persona. Si se da cuenta de que tú de verdad lo quieres
no será capaz de lastimarte así.
Su amiga se encogió de hombros, y volvió a mirar la casa.
- Puede ser
Escucha, Lily, quiero
quiero pensar un poco las cosas. Ve con las demás
yo estaré bien, te lo prometo. Luego te alcanzo.
Lily comprendió, asintió y volvió hacia el pueblo. James le dio una palmada en el hombro a Sirius, le guiñó un ojo y fue detrás de Lily.

Juliette estaba absorta en sus pensamientos. ¿Qué haría ella? ¿Cómo podría olvidarlo? ¿Viviría el resto de su vida con un amor imposible? De repente, oyó detrás ella un ruido de pasos, y una rama siendo pisada, y lanzó un resoplido.
- Estoy bien, Lily - dijo, sin darse vuelta - No te preocupes. Quiero estar sola un rato, nada más. No quiero ver a nadie.
- ¿Ni siquiera a mí?
Al oír la voz de Sirius, Juliette se dio vuelta bruscamente.
- ¡Sirius! Pensé que eras

- Lily, sí, lo sé.
Hubo un silencio incómodo. Después de juntar el valor suficiente, Sirius dijo:
- De acuerdo, iré al grano, oí tu conversación con Evans.
Juliette se sonrojó. Sirius suspiró.
- Quiero que me escuches con atención. Por favor, escúchame, solo eso. Puede que me creas, puede que no. Me conozco, sé cómo soy. Pero te juro, y esta vez va en serio, que nunca sentí por nadie lo que ahora siento por ti.
Juliette lo miró asombrada. El muchacho continuó.
- El día en que te conocí en el tren, cuando Remus nos presentó, y me dijiste: Seguramente iré a Ravenclaw, mi hermano fue allí, y mi padre también, yo pensé: En la casa en la que estés, no me importa cuál, ojala yo esté allí. Cuando el sombrero seleccionador te envió a Gryffindor, yo salté de alegría. Necesitaba que estuvieras a mi lado. Soy un inmaduro, y eso lo sé de sobra, y por eso nunca me di cuenta de que lo que sentía por ti era amor. Contigo me siento indefenso, y a la vez el hombre más fuerte. Sueño contigo, tengo pesadillas, sueño que te lastiman, y yo no puedo hacer nada. A cada chica a la que besé en mi vida, la besé por ti. Pensando, soñando que eras tú, y esperando que algún día lo fueras. No podría lastimarte. No podría jugar contigo, aunque quisiera, porque mi corazón ya te pertenece. Mi amor por ti es completamente sincero, pero
- lanzó un suspiro - Si no me crees
lo entenderé, y te prometo que nunca más volveré a molestarte en mi vida.
Las lágrimas caían sobre el rostro de la muchacha. Sirius esperó un instante en silencio, bajó la mirada, dio media vuelta y comenzó a alejarse.
- ¡Espera!
El chico volvió a observarla. Sus miradas se cruzaron, y ella supo que decía la verdad.
- Sí
sí te creo - murmuró.
Sirius sonrió, se le acercó, le acarició la mejilla, y posó los labios sobre los suyos.

El día en Hogsmeade había terminado. Como Juliette no regresaba, Lily se preocupó, pero no le quedó más remedio que regresar a la sala común, y sentarse a esperarla. Remus se acercó a ella y se sentó a su lado.
- ¿Te sientes mejor? - preguntó ella.
- Mm
digamos que sí, gracias.
La chica miró las llamas en la chimenea, y suspiró.
- ¿Estás preocupada por Juliette? Aunque no lo parezca, es una chica muy fuerte.
- No es eso. Tengo miedo de que salga herida. Es que
- bajó la voz, para que solo él pudiera oírla. - hoy me dijo que
que está
enamorada de Black.
- Lo sé - dijo Remus, sonriendo.
Lily lo miró asombrada.
- Es que
James las oyó hablar en Hogsmeade, y me lo contó
Sirius está ahora con ella - explicó, algo avergonzado.
Lily no tuvo tiempo de replicar, porque el retrato se abrió y dejó pasar a Sirius y a Juliette, tomados de la mano. Lily miró a su amiga, quién le sonrió y asintió, y corrió a abrazarla.
Se acercaba el fin del año escolar, y con él las MHB, o Matrículas de Honor en Brujería. A causa de esto, los profesores los llenaban de deberes y de estudio, y los alumnos de 5to Año no tenían mucho tiempo libre.
- ¿A esto llaman vacaciones? - exclamó Sirius una tarde, durante las vacaciones de pascua, en que Juliette se había propuesto a ayudarlo con los deberes de Adivinación - Tenemos 5 días para hacer 2 pergaminos de redacción sobre pociones para olvidar, 200 palabras para transformaciones, un diario de sueños, practicar embrujos de locomoción, saberse las propiedades de los hombres lobo y los rasgos distintivos de los unicornios, completar un mapa lunar y, por si fuera poco, comenzar a estudiar para las MHB. ¿De verdad pretenden que lo terminemos todo?
Juliette rió y observó la sala. Lily estaba en un rincón leyendo Elaboración de Pociones Avanzadas. Remus, James y Peter se habían sentado cerca de la chimenea y estudiaban Defensa Contra las Artes Oscuras. Dalila y Allison habían embrujado sus plumas, y practicaban los embrujos de locomoción haciéndolas jugar carreras. Mary, por su lado, recitaba en voz alta los rasgos distintivos de los Unicornios.
- Bien - dijo Juliette, volviendo a mirar a su novio - ¿Continuamos?
Este sonrió, y asintió
- Cuando lo hago contigo, no importa que sean deberes, siempre lo disfruto.
Juliette se sonrojó, y rió por dentro.
Las vacaciones de Pascua pasaron tan rápido como el viento, y todos los alumnos tuvieron que volver a clase.
- Vamos, vamos
¡Desaparece de una vez! - susurraba James, el primer día, durante la hora de encantamientos. Estaban practicando embrujos desvanecedores con escarabajos. - ¡Sí! Lo logré. Ah, no
ahí quedó algo negro
¡Ay! Lo dejé si cabeza

En ese momento sonó el timbre que indicaba el almuerzo. Juliette salió junto a Lily, y Sirius se les acercó.
- Voy a almorzar con los mero
digo, con mis amigos - le dijo a su novia, después de besarla en la frente - Nos vemos en
en

- Adivinación - completó ella, sonriente.
Sirius sonrió y volvió a besarla, pero esta vez en la boca, y se alejó. Lily suspiró.
- Qué bonito es el amor
- murmuró, mientras Juliette se derretía pensando en Sirius, y se la llevó al Gran Salón, muerta de risa.
Almorzaron, charlando alegremente, y cuando faltaban 10 minutos para el timbre, comenzaron a subir hacia la torre de Adivinación. Entraron por la compuerta, y sintieron el calor sofocante de aquella sala, repleta de almohadones orientales, y el perfume más extraño que nunca hubieran sentido. En el almohadón más grande, que era casi un sillón, estaba sentada la profesora Vablatsky, leyendo un libro titulado Predecir lo Impredecible.
- Buenos días, niñas - saludó, sin levantar la mirada.
- Buenas tardes, profesora - saludaron ellas.
Al cabo de 5 minutos llegaron los demás. Sirius recorrió la sala con la mirada, sonrió, y se sentó atrás de Juliette, junto con James.
- Muy bien - dijo la profesora, una vez que todos se sentaron - Hoy haremos un repaso de la bola de cristal, para las MHB.
Hubo un murmullo de desaprobación. Inmediatamente, una bola de cristal apareció en cada pequeña mesa que estaba frente a ellos.
- Pónganse en parejas - ordenó Vablatsky.
Juliette se puso con Remus. Después de unos minutos, la clase estaba sumisa en un ruidoso murmullo.
- Muy bien. Yo veo
eh
unos bigotes - oyó Juliette que Sirius le decía a James.
- ¡No, Canuto! Tienes que inventarte cosas con lo que yo sí pueda predecirte algo.
- De acuerdo, de acuerdo
veo a Snape siendo arrollado por un traslador.
Juliette rió, y Remus frunció el entrecejo. Inmediatamente, ambos se fijaron en la bola.
- ¿Quién empieza? - preguntó él.
- Yo, si quieres - se ofreció Juliette.
La chica observó unos instantes la bola, y luego apoyó la palma de su mano en ella. Inmediatamente, sus ojos se pusieron en blanco, su cabello empezó a volarse, como si hubiera mucho viento, y su boca se abrió ligeramente.
- ¡Lily, llévate a Harry! Yo me enfrentaré a él.
- ¡Avada Kedavra!

- ¿Juliette?
- Quítate, muchacha idiota

- ¡A Harry no! ¡Por favor, a Harry no!

- ¿¡Juliette!?
- ¡El reloj de Lily!
- ¡No, Juliette! ¡NOOOOO!

- ¡JULIETTE, DESPIERTA!
La chica abrió los ojos. Se encontraba acostada en el aula, con todos sus compañeros alrededor.
- ¿Estás bien? - le preguntó Lily, poniéndole una mano en la frente.
- ¿Qué pasó? - preguntó ella, incorporándose.
- Primero te pusiste muy rara - explicó Remus, pálido - Tus ojos se tornaron blancos
fue una imagen horrible. Luego te desmayaste.
La profesora le indicó al muchacho que llevara a la chica a la enfermería. Salieron de la sala, pero no se dirigieron allí.
- ¿Qué te pasó? - preguntó Remus, sentándose en un banco del patio.
Juliette suspiró, y le contó lo que había oído. Su amigo la escuchó con atención hasta el final, sin interrumpirla.
- ¿Sólo fue un sueño
verdad? - preguntó asustada Juliette.
Remus evitó su mirada profunda. No podía mentirle.
- Me encantaría podes decirte que sí, Ju
pero no puedo, porque no lo sé. Adivinación no es mi mejor materia
¿Conoces a un tal Harry?
Juliette negó con la cabeza. Remus se quedó pensativo.
- Si lo conocieras, podría haber una explicación
pero ¿cómo puedes soñar con alguien que no conoces? Es raro, Ju
Y Sirius gritando por ti
escucharlo tan real

El muchacho abrazó a su amiga, y luego ella miró hacia el horizonte.
- No fue lindo, oír morir a tus amigos
- dijo, después de un rato - Yo sólo quiero creer que sólo fue un sueño.
Remus la observó. No podía mentirle, pero sí consolarla.
- Yo también he tenido sueños donde James, o Sirius, o Peter, o tú
básicamente, he tenido sueños donde mis amigos morían. Pero fueron sólo pesadillas. Fue sólo el miedo a perder a mis amigos algún día. Eso sí es normal, es lo más importante que tenemos. Por ahora, imaginemos que lo tuyo fue sólo eso, ¿sí?
Juliette sonrió. Remus tenía razón. Tal vez sólo había sido un mal sueño
al ver los ojos castaños de su amigo, recordó algo.
- Remus

- ¿Sí?
- ¿Recuerdas cuando me prometiste que te casarías conmigo?
Remus no pudo evitar reírse.
- Cómo olvidarlo. Teníamos cuatro años - recordó - Fuimos al parque, y me dijiste que íbamos a casarnos de mayores. Cuando no te contesté, te pusiste a llorar y yo, débil a tus lágrimas, me vi obligado a contestarte que sí. ¡Como saber que me engañarías con mi mejor amigo! - exclamó en broma, dramatizando sus palabras.
Juliette reía dulcemente.
- Que niños ingenuos éramos en ese entonces - continuó Remus - Bueno, aunque tú pasaste de ingenua a inocente.
Juliette se sonrojó avergonzada, pero continuó sonriendo. Hacía mucho tiempo que no hablaba así con Remus.
En ese momento sonó el timbre, y ambos emprendieron el camino hacia transformaciones.
- ¿Remus?
-¿Sí?
- ¿Puedo pedirte que no le cuentes esto a nadie? Y menos a Sirius. No quiero preocuparlos.
Remus la miró con una sonrisa comprensiva en los labios.
- Lo prometo - dijo finalmente.
Las MHB estaban cada vez más cerca. Los alumnos de 5to año pasaban todo su tiempo libre estudiando. Hasta Peter había abierto un libro. En la clase de Transformaciones del jueves, la profesora McGonagall les repartió los horarios de los exámenes.
- Tómenselos muy en serio - les dijo, mientras le entregaba su horario a Lily - No quiero que los alumnos de mi propia casa me hagan pasar vergüenza. Como pueden ver
- hizo un movimiento con la varita, y el horario de James se le pegó a la nariz, ya que no parecía estar escuchando a su profesora, ya que estaba jugando con Sirius con un perico de peluche. Hubo una carcajada general - sus exámenes están cuidadosamente repartidos en dos semanas consecutivas. Harán los teóricos por la mañana, y los prácticos por la tarde. El práctico de Astronomía, como es lógico, lo harán por la noche. Debo advertirles - hizo una pausa, en la que miró severamente hacia el horario que suplantaba el rostro de James, y a Sirius, que no podía contener su evidente risa - que hemos aplicado los más estrictos encantamientos anti-trampa a los exámenes. Las plumas autorrespuesta, al igual que las recordadoras, los puños desmontables para copiarse y la tinta autocorrección, están prohibidas. Conozco a los alumnos, y sé que cada año al menos hay un idiota que cree que puede burlar las normas impuestas por el Tribunal de Exámenes Mágicos. Les pido por favor que este año no sea nadie de Gryffindor. ¿Alguna pregunta?
- ¿Cuándo nos darán los resultados? - preguntó Juliette levantando la mano.
- Les enviarán una lechuza a finales de julio.
- ¿Con qué aprobamos? - preguntó Allison.
- Con un extraordinario, un supera las expectativas o un Aprobado. Los desaprobados con Insuficiente, Desastroso y Troglodita.
- ¿Troglodita? - preguntó Peter, extrañado.
- Eso es, Pettigrew, Troglodita. Aunque debo decirles que hay que ser muy estúpido, o extremadamente malo en aquella materia, para obtener un Troglodita. ¿Alguna otra pregunta?
James levantó la mano.
- ¿Sí, Potter?
- ¿Podría quitarme esto? - Señaló el horario en su nariz - Comienza a darme comezón.

Los exámenes comunes, como Transformaciones o Encantamientos, habían sido ubicados en la 2da semana. El primer lunes de examen, James, Sirius, Juliette y Peter tenían Estudios Muggle, mientras que Lily y Remus rendían Runas Antiguas. El domingo por la noche, todos bajaron a cenar, muy nerviosos. Nadie se atrevía a hablar. Tampoco dijeron mucho durante el desayuno del día siguiente. A Lily le temblaba tanto la mano que no podía untarse la tostada. Finalmente desistió, se levantó, y fue a sentarse en un banco del vestíbulo a leer Descubriendo las Runas. Cuando el desayuno terminó, los alumnos de 5to y 7mo se juntaron en el vestíbulo, mientras los demás partían hacia sus clases. El examen de Runas fue el primero, así que mientras Remus y Lily entraban, Juliette y los demás aprovecharon para repasar un rato. La chica estaba tan nerviosa que tartamudeaba. Sirius, quién le tomaba la lección, sonreía para sus adentros: se veía tan hermosa
Finalmente, después de 2 horas, Lily y Remus salieron del Gran Salón. Lily le sonrió a Juliette, y se acercó a ella, mientras Remus les contaba a los otros 3.
- Expanden los bancos por todo el salón, lo más separados que pueden - le explicó Lily a Juliette - de a 1. Ellos te ubican. Luego te dan la hoja, el reloj de arena que está detrás del examinador se da la vuelta, y te dicen Comiencen a escribir. Cuando cae el último grano de arena, tu hoja sale volando y cae sobre una pila en la mesa del frente. Es genial

Juliette rió. Las puertas del Gran Salón volvieron a abrirse. Lily le deseó suerte, y Juliette entró.
Lily y su amiga decidieron almorzar afuera, ya que el día estaba precioso y el aire les refrescaba la mente para seguir repasando. Por la tarde, tuvieron cada una el examen práctico de su materia.
El martes, Juliette, Lily y Remus tuvieron Aritmancia, mientras Sirius, James y Peter tenían el día libre, que aprovecharon para estudiar Cuidado de Criaturas Mágicas.
El miércoles, tuvieron ese examen, y el jueves el de Adivinación. El viernes tuvieron toda la tarde para estudiar, ya que por la noche tenían el práctico de Astronomía, y finalmente llegó el fin de semana.
- ¿Cómo es nuestro horario de la semana que viene, Cornamenta? - le preguntó Sirius a James, durante la tarde del sábado.
- Exámenes, exámenes y más exámenes - contestó este, bostezando.
- Gracias, James, por esa información tan útil - ironizó Sirius.
Gran parte del fin de semana lo aprovecharon para repasar Pociones y Herbología, ya que tenían ambos exámenes el lunes. Pociones era la mejor asignatura de Lily, así que salió del Gran Salón con una gran sonrisa.
- Por suerte nos tocó la Solución Consolidante - dijo por la tarde, cuando salieron del práctico - es más fácil que el Filtro de Paz.
El martes tuvieron el de Encantamientos. En el escrito, Juliette olvidó la definición del encantamiento Tickling, pero aparte creía que le había ido muy bien. Durante el práctico le fue mucho mejor de lo que creía. Por la noche, se fue a acostar muy contenta, pero nerviosa. Ya sólo le quedaban 3 exámenes.
El miércoles se despertó temprano. Lily seguía durmiendo. Juliette se levantó, se duchó, se cambió, y bajó a desayunar. Abajo encontró a James y a Sirius, que repasaban Defensa contra las Artes Oscuras.
- Dime 2 cosas que identifiquen a un Kappa - le preguntó James a su amigo.
Antes de que pudiera contestar, Juliette se sentó a su lado.
- Buenos días - saludó, y le dio un beso en la mejilla a su novio.
El examen teórico le resultó bastante fácil. Cuando llegó a la pregunta diez, Enumere 5 características de un hombre lobo, recordó su salida nocturna con Sirius el día de la fiesta, y se sonrió.
- Bueno, ya sólo faltan dos exámenes y medio - le recordó Lily, contenta, cuando salieron - ¿Qué te parece si vamos un rato al lago?
Juliette aceptó de buena gana, y allí se encontraron a Mary, Allison y Dalila, se juntaron con ellas y comenzaron a hablar de las MHB.
- Yo creo que en Cuidado de Criaturas Mágicas tendré un extraordinario - dijo Dalila, contenta.
- Mmm
¿Estás segura? - dudó Mary, y las demás rieron. Juliette miró hacia atrás y vio que, apoyados en un árbol, estaban los 4 chicos de Gryffindor. James jugaba con algo pequeño que se volaba, que Juliette supuso era una snitch, y las miraba a cada rato. Sirius, acostado elegantemente sobre el tronco, también las miraba. Juliette le sonrió, y recordó algo.
- Dejé mi ejemplar de Las fuerzas Oscuras, una guía para la autoprotección en la sala común, y quiero repasar un poco. Voy a buscarlo.
- ¡Bien, nos vemos! - la saludó Lily. Al irse, Juliette se aseguró de pasar por detrás del árbol, y oyó que Sirius decía:
- Me aburro.
Subió las escaleras, le dijo a la dama gorda la contraseña (Draconis Pantoneon) y entró. Buscó su libro en la habitación y volvió a bajar. Se quedó un rato observando el fuego, no contó cuánto, hasta que recuperó la consciencia. Al abrir el retrato, se llevó una sorpresa. Del otro lado estaba Lily, y pudo ver, debajo de sus ojos verde esmeralda completamente enrojecidos, una pequeña lágrima que caía por su rostro.

- ¿Lily? - se extrañó Juliette - ¿Qué pasó?
Lily se echó sobre los brazos de su amiga, quién la abrazó con fuerza.
- ¡Fue él! - lloraba - ¡Fue él, Juliette! ¡Sabía que algún día lo haría! ¡Yo sólo trataba de ayudarlo!
- ¿Quién? ¿Quién fue?
- ¡Severus!
Una fuerte rabia invadió a Juliette. Snape

- ¡Finalmente lo hizo! - Lily sollozaba muy fuerte.
- ¿Qué te hizo, Lily?
La muchacha se secó las lágrimas, y tomó aire.
- Me llamó Sangre Impura.
Juliette apretó el puño derecho, y metió la mano izquierda en el bolsillo, pero Lily la contuvo.
- No vale la pena que vayas tras él. Ya sabía que lo haría algún día. Lo hace con todos los hijos de muggle. ¿Porqué yo sería diferente?
- ¡Porque eras su amiga! ¡Su primer y verdadera amiga! Aunque
- Juliette miró hacia el enorme retrato de Godric Gryffindor sobre la chimenea - es un Slytherin, después de todo - volvió a mirar a Lily - yo siempre te dije que era un idiota, que no sabía porqué te juntabas con él.
- Tenías razón. Es un idiota. Ahora lamento haberlo ayudado

Juliette volvió a abrazarla, mientras Lily se apoyaba sobre su hombro.
- No le hagas caso, Lily
- la consoló su amiga - Que seas hija de muggles no tiene nada de malo. Eres la bruja más inteligente que he conocido.

Esa tarde, se dirigieron al examen práctico. Los ubicaron a todos en una sala, que tenía una puerta que daba al Gran Salón. Al pasar por su lado, Juliette le dirigió a Snape una mirada de odio. Esperaron unos minutos, hasta que una bruja pequeña salió por la puerta y llamó:
- ¡Avery, Marcus! ¡Aubrey, Bertram! ¡Belby, Damocles! ¡Black, Sirius! Por aquí, por favor.
Juliette le deseó suerte a Sirius, y este entró al Gran Salón. Pasó algo así como una hora, en la cual llamaron a Lily y a Remus, y finalmente

- ¡Pettigrew, Peter! ¡Potter, James! ¡Quibley, Luke! ¡Roxas, Juliette!
La chica se paró, y entró junto a James y Peter. Adentro había cuatro examinadores, y estaba el profesor Wolftone.
- Potter, ve con el profesor Tofty - le indicó a James - Roxas
la profesora Marchbanks está libre. Muy buena suerte a todos.
Al finalizar la interrogación, Juliette estaba muy contenta consigo misma. Había logrado hacer todos los hechizos.
- El profesor Wolftone me ha hablado muy bien de ti - le dijo la examinadora, cuando hizo un perfecto hechizo repelente de boggarts - Me ha dicho que eres perfectamente capaz de hacer hasta un Patronus, si te lo propones. Pero siendo una alumna de quinto, no creo que

Juliette, sonrojada, no le dio tiempo a terminar su frase. Exclamó:
- ¡Expecto Patronum!
Un enorme perro plateado salió de la punta de su varita, mientras James y Peter la vitoreaban. El perro dio la vuelta a la sala, y volvió hacia Juliette.
- ¡Excelente, Roxas! - exclamó la profesora Marchbanks, mientras el perro desaparecía - ¡Puedes retirarte!
El jueves rindieron Transformaciones, y finalmente, el viernes, Historia de la Magia. Estaban libres, libres hasta finales de julio, cuando recibieran los resultados.
La última noche en el castillo llegó. Lily y Juliette comieron y bebieron todo lo que pudieron, ya que no volverían hasta dentro de dos meses, y regresaron a la sala común, a sentarse en los sillones frente a la chimenea. Estaban hablando sobre sus vacaciones, cuando Mary se les acercó.
- Oye, Lily
Hay alguien afuera que quiere verte.
- ¿Quién? - se extrañó ella.
Mary suspiró.
- Severus Snape. Dice que pretende dormir afuera si no vas a verlo.
Juliette hizo ademán de levantarse, pero Lily la contuvo.
- No te preocupes, voy a estar bien. Esto tengo que hacerlo sola - le dijo, y salió por el orificio del retrato. Al cabo de cinco minutos, volvió a entrar. Hacía muchos esfuerzos por no llorar. Juliette se paró y corrió hacia ella.
- ¿Qué te dijo? - preguntó.
- Quería disculparse, por lo de esta tarde. Pero
- Lily observó la entrada -
no se las acepté. Que me haya dicho sangre impura me hirió mucho, y

Juliette la calló.
- Te comprendo, amiga.
La abrazó. En ese instante, oyó una voz detrás de ella que decía:
- Evans, tengo que hablar contigo.
Era James. Juliette notó que tenía un tajo en la mejilla. Lily lo ignoró y se alejó, haciendo volar su larga cabellera rojiza.
- Yo no, Potter - dijo, sin darse vuelta, al llegar a la escalera que daba al dormitorio de las chicas - ya te di mi última palabra.
Juliette, sorprendida, la siguió escaleras arriba, y se alegró de que la habitación estuviera vacía.
- ¿Qué pasó allí abajo, Lily? - le preguntó a su amiga.
Lily suspiró.
- Fue esta tarde, cuando Severus me llamó
tú sabes qué. Potter estaba molestándolo. Entonces yo fui, y le dije que parara, que no les había hecho nada. Sabes cómo me molesta que Potter se haga el divertido molestando a otros. Fue allí cuando Severus me gritó
eso. Me dijo que no quería ser defendido por una como yo. Potter trató de defenderme, pero yo ya estaba muy enojada, y le grité que él era peor, echando maleficios a la gente porque sí, siempre revolviéndose ese cabello, para que pareciera que se baja de la escoba, porque se cree el mejor. Le grité que me daba asco.
- ¿Le dijiste que te daba asco?
Lily miró a su amiga, y suspiró.
- De acuerdo, tal vez me pasé un poco. Estaba muy enojada, y muy angustiada por lo que Severus me había dicho. Pero es la verdad
no lo soporto.
Juliette estaba asombrada.
- Lily, eso fue
bueno
fue bastante cruel. Sé que no soportas la arrogancia de Potter, y te entiendo, es bastante inmaduro, pero
tal vez deberías disc

- ¡No, no voy a disculparme! - gritó Lily - ¡Se lo merece! ¡Es un idiota!
Lily se puso rápidamente el pijama, y se acostó. Juliette suspiró, y la imitó. Al cabo de tres minutos, ya estaba dormida.

- Tenemos que quedar este verano, Lily - le decía Juliette a su amiga, después del largo viaje en tren.
Todos se despedían con besos y abrazos en la estación de King’s Cross, ya que no se verían por dos meses.
- ¡Por supuesto! - contestó Lily, sonriente - Te enviaré una lechuza el día de tu cumpleaños, y allí quedamos. Quiero que vengas a pasar unos días en mi casa.
Juliette sonrió, y divisó una figura a lo lejos, que la miraba con cariño.
- Ve a despedirte, nos veremos - sonrió Lily, la abrazó, y se fue a saludar a sus padres. Juliette se acercó a Sirius.
- Promete que me escribirás - le dijo, tomándole la mano.
- Lo prometo - Sirius esbozó una sonrisa, y la besó dulcemente en la mejilla. Juliette pudo ver, detrás de él, a una mujer de aspecto horrible, saludando a un muchacho de Slytherin.
- ¿Esa es tu madre? - le preguntó a su novio, señalando a la mujer, sin poder evitar el tono de desagrado en su voz.
- Sí - contestó él, perdiendo la sonrisa - No puedo creer que deba pasar otros dos meses en casa de esa vieja arpía
Cuanto antes pueda irme, mejor. Apenas sea mayor de edad, me voy de allí para siempre.
Juliette lo abrazó por la cintura. Sabía que la familia Black era de esas viejas familias de sangre pura, como la suya, pero a los Black les importaba mucho la pureza de la sangre. Era una familia desagradable. Pero Sirius no era así, él era diferente a todos ellos. Sirius era un Gryffindor.
Juliette se despidió cariñosamente con un beso, y se dirigió hacia Daniel y Ayla, sus padres, que la miraban sonrientes. Presentía que iba a pasar un buen verano.
Juliette estaba bajando las escaleras de su casa, cuando de repente sintió algo muy pesado que se le cayó en la espalda.
- ¡Feliz Cumpleaños, hermanita! - le gritó una voz detrás suyo, mientras una mano le revolvía el cabello.
- Gracias, Paul - agradeció Juliette, mientras besaba a su hermano mayor en la mejilla.
- Abajo está tu regalo - le indicó Paul, y la guió escaleras abajo. En la cocina, su madre estaba preparando el almuerzo.
- Joyeux Anniversaire - le deseó a su hija, mientras la besaba en la frente.
- Merci, maman - Juliette divisó, en la mesada, un paquete color azul. Lo abrió, y adentro había un pequeño reloj de oro.
- Es un giratiempo - le explicó su hermano, aunque Juliette ya lo sabía, y miraba el reloj con fascinación - no sabes lo que me costó conseguirlo.
Juliette lo abrazó, y miró hacia la ventana. Tres lechuzas se acercaban, cada una con una carta y un paquete atados a las patas. La chica tomó los paquetes y les dio agua a las lechuzas que, agradecidas, tomaron y emprendieron el vuelo de regreso. Tomó la primera carta, con un sobre rosa, la abrió y leyó:

9 de Julio de 1976
Querida Juliette:
¡Feliz Cumpleaños!
¿Cómo estás? ¿Cómo estás pasando tus vacaciones?
Te envío esta carta desde Irlanda, ya que mi familia y yo hemos decidido tomarnos unas vacaciones familiares. No sabes lo que me costó elegir tu obsequio, ya que como estamos en una zona muggle, me es muy difícil encontrar algo mágico, y encima especial para ti. Pero, después de una dura búsqueda, conseguí el regalo perfecto. Desde aquí te extraño mucho. Pasar tiempo con Petunia, últimamente, no es nada divertido. Está muy hosca. Volvemos el 21 de Julio. ¿Te gustaría venir y pasar unos días en mi casa, entonces? No podría soportar tener como única compañía a Petunia y su horrendo novio. Están volviéndome loca. Ya te contaré más adelante. Mandame una carta por esos días confirmándome, ¿sí? ¡Te espero!
Un beso enorme
Lily


Juliette sonrió, guardó la carta y abrió el paquete. Adentro había un libro titulado La cocina mágica: desde Aves hasta Zorrinos.
- ¡Gracias, amiga! - exclamó.
- Ese fue un lindo detalle de parte de Lily - dijo el señor Roxas, que acababa de entrar a la cocina, dándole el beso de feliz cumpleaños a su hija - estás siguiendo los pasos de tu madre, Ju
¿Porqué crees que me casé con ella?
- Porque hacía unas ricas baguettes - obvió Paul, y todos rieron. Juliette se apresuró a abrir el segundo sobre, y creyó reconocer la caligrafía de Remus en él.

Querida Juliette:
¡Feliz cumpleaños! He visto esto en el callejón Diagon, y he pensado en ti. En realidad, había visto un hermoso reloj, pero el señor de la tienda me dijo que los relojes se regalan a los 17, así que tendrás que esperar un año más. Pensé que esto sería perfecto para ti, ya que vives quejándote de la tinta negra. Me parece que mi padre tiene planeado ir a visitarlos este verano, así que tal vez nos vemos. Escríbeme pronto, quiero tener noticias tuyas.
Cariños
Remus (o Lunático)
P.D.: Sirius me contó que te dijo lo del mapa. Que boca grande que tiene.


Juliette rió, abrió el paquete de Remus y encontró una tinta que cambia de color.
- ¡Que divertido! - exclamó Juliette, examinándola, y tomó la tercera carta, suponiendo de quién sería. Su corazón le dio un vuelco al notar la caligrafía de Sirius.

Juliette:
Me encantaría poder estar allí y abrazarte, el día de tu cumpleaños, pero no puedo. A cambio, te he mandado esta carta con tu regalo.
Yo estoy en casa de James. Me escapé de la mía. No soportaba más a mi arpía madre, a mi estúpido padre, y al perfecto de mi hermano Slytherin. El sr. y la sra. Potter (Charlus y Dorea) son muy amables conmigo. Me aceptaron en su casa, y me apoyaron mucho.
Espero que pases un muy, muy feliz cumpleaños, que mi carta y mi regalo te hayan hecho feliz, y nos veremos el 1ro de Septiembre en la estación de King’s Cross.
Sirius
P.D.: James te desea un muy feliz cumpleaños.


Aún emocionada, Juliette abrió el paquete dorado que había llegado con la carta de Sirius. Adentro había un hermoso collar de plata, con un dije en forma de luna. Subió corriendo a la habitación, guardó el collar en su caja especial y se acostó en la cama, abrazando las tres cartas de sus amigos.

- ¡Vamos, papá, apura! - le gritaba Juliette a su padre.
La chica se dirigía a casa de Lily, y su padre debía llevarla con una aparición conjunta. Estaba acostumbrada a eso. Solía hacerlo cuando lo acompañaba a su padre al trabajo.
El Sr. Roxas era un sanador en el hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Se especializaba en daños provocados por hechizos.
- Ya vamos
ya vamos
- la calmó a Juliette. La tomó de la mano y ambos cerraron los ojos. La chica sólo los abrió cuando oyó la voz de su amiga, que la llamaba. Lily venía corriendo, con su madre atrás. Las dos muchachas se abrazaron, mientras sus respectivos padres se estrechaban las manos.
- Bien, Ju, te dejo - su padre la besó en la cabeza, ya que era bastante más alto que su hija - Debo irme a trabajar. Pasaré por ti en
2 semanas, ¿De acuerdo? Y
¿Te gustaría venir a pasar el final del verano a casa, Lily?
- Me encantaría, Sr. Roxas - contestó ella, y las dos chicas entraron a la casa, hablando acerca de lo fascinante que era la aparición conjunta.
La casa de Lily era bastante grande. A Juliette le encantaba, ya que era muy iluminada, y la hacía sentirse al aire libre. En la planta baja estaban la sala, con sus sillones blancos y sus aparatos muggle que, según Lily, funcionaban con algo llamado electricidad, la cocina, con una puerta transparente que daba al enorme jardín, el garaje y el comedor. En el primer piso estaban las habitaciones. Pero lo que más le gustaba a Juliette de aquél lugar, era que todo parecía funcionar perfectamente sin magia.
- Ya pronto va a estar el almuerzo, chicas - anunció la Sra. Evans, entrando a la casa - llama a tu hermana, Lily.
Ambas muchachas subieron las escaleras, y entraron por la 2da puerta a la izquierda.
- Deja tu bolso sobre la cama - le indicó Lily.
La habitación de su amiga era muy bonita. Era grande, y estaba pintada de un rosa claro. La cama estaba a la izquierda, con cinco muñecos de peluche sobre ella, y a su lado un escritorio que cruzaba toda la pared del fondo del dormitorio. A la izquierda, estaba instalado un estante con libros. Juliette apoyó su bolso sobre la cama, y salieron. Lily tocó a la puerta de la habitación de al lado.
- ¿Petunia? - llamó con voz suave.
La puerta se abrió de par en par, y por ella salió una muchacha huesuda con cuello largo y dientes de caballo. No era nada parecida a Lily.
- ¿Qué pasa? - preguntó bruscamente.
- Está listo el almuerzo - le dijo Lily.
Petunia no contestó, y miró hacia Juliette.
- Hola, Petunia - saludó la chica.
La muchacha no le hizo caso, y bajó las escaleras con aire altanero.
- Qué carácter... - murmuró Juliette.
- Déjala. Aún no me ha perdonado que sea una bruja.
Juliette se encogió de hombros, pensando en lo malo que debía ser que tu hermana te tuviera los suficientes celos como para llegar a odiarte, cuando se oyó un grito en la cocina. Ambas muchachas se miraron, y bajaron corriendo.
La que había gritado era Petunia, ya que una enorme lechuza se había posado en el alféizar de la ventana, y tenía dos cartas atadas a las patas. Lily se apresuró a abrir el vidrio. Después de que las dos cartas hubieran sido tomadas, la lechuza ululó y emprendió un nuevo vuelo. Petunia le dirigió una mirada de odio a su hermana, y salió de la cocina. Lily no le hizo caso.
- ¡Son de Hogwarts! - chilló, y su amiga, nerviosa, se acercó a recibir su carta. La abrió, y desdobló el pergamino que había dentro:

MATRÍCULAS DE HONOR EN BRUJERÍA

APROBADOS: Extraordinario (E)
Supera las Expectativas (S)
Aprobado (A)

DESAPROBADOS: Insatisfactorio (I)
Desastroso (D)
Troglodita (T)

RESULTADOS DE JULIETTE AYLA ROXAS

Estudios Muggle: S
Aritmancia: S
Cuidado de Criaturas Mágicas: A
Adivinación: S
Astronomía: A
Pociones: S
Herbología: S
Encantamientos: E
Defensa contra las Artes Oscuras: E
Transformaciones: E
Historia de la Magia: A

Juliette no podía hablar. Había aprobado todo. Miró a su amiga, que sonreía más que nunca. Intercambiaron cartas, y Juliette leyó:

RESULTADOS DE LILY EVANS

Runas Antiguas: S
Aritmancia: E
Cuidado de Criaturas Mágicas: E
Adivinación: A
Astronomía: S
Pociones: E
Herbología: E
Encantamientos: E
Defensa contra las Artes Oscuras: S
Transformaciones: E
Historia de la Magia: S

- Bueno, parece que nos fue mejor de lo que esperábamos - dijo Lily, levantando la mirada de los resultados de su amiga. Ambas rieron, y después de que Juliette enviara los resultados a sus padres a través de Kisa, su lechuza, se sentaron a la mesa.
Las dos semanas en casa de Lily fueron muy divertidas. Como en el bolso de Juliette no sólo había venido su ropa, si no también su escoba y sus libros, Lily le había dicho que parecía el bolso de Mary Poppins. Cuando Juliette preguntó quién era esa, Lily se echó a reír.
Por la mañana, paseaban por la zona. Iban al parque, a tomar un helado, a mirar tiendas
Lily tuvo que llevarse a Juliette a rastras, muerta de risa, cuando esta le preguntó a un vendedor de celulares si eran compatibles con las lechuzas.
- ¿Quieres ir a ver una película? - le preguntó Lily a su amiga, una mañana, cuando estaban sentadas en un banco del parque comiendo crêpes.
- ¿Una qué? - preguntó Juliette, interesadísima - ¿Qué es una pelacula?
- Una película - la corrigió Lily - Es como si leyeras un libro, pero lo estás viendo.
A la chica pareció gustarle la idea.
- ¿Y cuánto dura? Porque leerte un libro entero
no podemos pasarnos todo el día viendo pelúculas.
- Películas - volvió a corregirla Lily - pero no te preocupes, generalmente no duran más de dos horas.
Juliette observó a un niño tratando de hacer volar una cometa.
- Que inteligentes son los muggles últimamente
- murmuró, y Lily rió.
Por la tarde, aprovechaban el gran jardín de la casa para jugar quidditch con la escoba de Juliette. Se turnaban y lanzaban manzanas. James Potter, el buscador del equipo de Gryffindor, solía insistir en que Juliette debía hacer las pruebas para guardiana, pero la muchacha se negaba. Ya tenía suficiente en su horario como para agregar los entrenamientos de Quidditch.
Una tarde, Lily y Juliette estaban ayudando a la Sra. Evans a preparar la cena, un apetitoso salmón con papas. La Sra. Evans le indicó a Lily que pusiera 6 platos en la mesa y ella, contando con los dedos, se dio cuenta de que sobraba uno.
- No, ma, somos cinco - la corrigió a su madre.
- No, hija, somos 6. Esta noche viene Vernon a cenar,
Cuando su madre se dio vuelta, Lily hizo un gesto de asco, y Juliette tuvo que contener la risa.
- Es el novio de Petunia - le explicó su amiga en un susurro - No lo soporto. Es un creído.

Esa noche, a las 8 en punto, sonó el timbre. Lily y Juliette espiaron desde las escaleras. Un muchacho rubio y robusto, casi sin cuello, entraba por la puerta, y saludaba al Sr. Evans. Sus ojos azul claro denotaban arrogancia. La Sra. Evans, viéndolas, les hizo un gesto desde la cocina para que bajaran a ayudarla. Las chicas pusieron la mesa, terminaron de condimentar las ensaladas y sacaron las papas del horno. Después de 10 minutos de arduo trabajo, subieron a cambiarse, y bajaron justo cuando todos se estaban sentando a la mesa.
La mayor parte de la cena se pasó sumisa en una aburrida charla de política entre Vernon y el Sr. Evans. Petunia oía atentamente. Lily y Juliette se dormían sobre la mesa. El muchacho les caía cada vez peor. Era un arrogante, pero eso a Petunia parecía gustarle.
- En este país la economía es un desastre - decía - El problema es que el ministro no se ocupa. Nos trata de meter en la cabeza que nuestro gobierno es el mejor. Si yo aprobara la imaginación, Sr. Evans, diría que la grandeza de este país está en sus mentes.
Juliette levantó la cabeza, al igual que Lily.
- ¿Cómo es eso de que no apruebas la imaginación?
Vernon la miró de forma despectiva.
- Eso que oíste, muchacha. No apruebo la imaginación. Creo que con la realidad basta, y hasta sobra. Es

- La imaginación no es algo que puedas aprobar o desaprobar - lo interrumpió la chica - Simplemente existe. Todos tienen derecho a crear algo en sus mentes. La imaginación nos permite liberarnos, ser diferentes los unos a los otros.
Lily sonreía. Su madre parecía muy preocupada por el pequeño punto negro en su plato. El Sr. Evans la escuchaba atentamente, y Petunia la miraba con odio. El muchacho chasqueó la lengua.
- Justamente, en este mundo todos tenemos que ser iguales. La vida es así muchacha. Los que se diferencian, no son aceptados, justamente porque no pueden mezclarse, porque son diferentes.
Juliette comenzaba a ponerse nerviosa. Ese chico le caía fatal.
- Puras estupideces - continuó el muchacho - todo lo que dices. Todo eso no existe, y lo que no existe, no forma parte de este mundo. Todas esas cosas, que la gente imagina
son idioteces. La magia, por ejemplo

- ¿No crees en la magia? - saltó Juliette.
Lily le lanzó una mirada de advertencia a su amiga, pero ella no le hizo caso. Vernon comenzaba a ofenderse. Todo eso parecía una broma de mal gusto, y no tenía mucho humor.
- No es que no creo en la magia, niña
es que la magia no existe.
- Te sorprenderías.
El rostro de Vernon comenzaba a hincharse, y se había puesto todo rojo. La Sra. Evans se apresuró en llamar a su hija menor a la cocina, para ayudarla con el postre. Juliette se paró de inmediato. Lily puso los platos de postre, la Sra. Evans levantó la mesa y Juliette se apresuró a tomar la fuente con la mousse de chocolate. Cuando la estaba llevando a la mesa, tropezó con el zapato de Lily. Logró mantenerse parada, pero no conservar la fuente en sus manos: esta fue a parar justo en la cabeza de Vernon. Lily no pudo contener la risa, y lanzó una carcajada. La Sra. Evans simuló estar preocupada, pero una sonrisa se escapó de sus labios. El Sr. Evans reía a todo pulmón, y Petunia se acercó a ayudar a su novio.
- ¡Vernon! ¡Vernon! ¿Estás bien?
Juliette se tapaba la boca con las manos, para ocultar su risa. El chocolate caía por toda la cara del muchacho, y se extendía hasta llegar a la ropa. Él se había quedado de piedra, con el bowl aún en la cabeza.

- Yo no quise hacerlo, de verdad - sonreía Juliette, esa misma noche, mientras charlaba en la cama con su amiga.
- Sí, seguro
- Lily aún continuaba riéndose - Eres la mejor, Ju

- Tienes que admitirme que era insoportable.
- ¡Por supuesto, ya te lo había dicho! Por eso pensaste que necesitaba un toque de
dulzura
Juliette rió, y apagó la luz.Las dos semanas en casa de Lily se pasaron volando, y llegó el momento de partir. Lily empacó sus cosas, se despidió de sus padres y se fue junto a Juliette y su padre a pasar el resto del verano. Según Lily, la casa de su amiga era mucho más interesante que la suya, ya que sus dos padres eran magos.
La última noche de las vacaciones, Lily y Juliette estaban jugando cartas en la habitación, cuando la Sra. Roxas les abrió la puerta.
- Allez, les filles - les dijo - On y va.
- On va ou? - preguntó Juliette. Lily no entendía nada.
- Dîner chez des amis. Allez, prenez une douche et habillez-vous.
La mujer salió de la habitación.
- ¿Qué pasó? - preguntó Lily.
- Parece que tenemos una cena
tenemos que ducharnos y vestirnos rápido.
Obedecieron a las órdenes de la Sra. Roxas, y media hora más tarde se encontraban en la puerta, listas para partir.
- ¿Adónde se supone que vamos, papá? - le preguntó Juliette al Sr. Roxas, mientras se ponía el fino saco de seda - ¿Y Paul?
- A lo de un viejo amigo - le respondió su padre - Tú lo conoces, tiene un hijo de tu edad. Paul se quedó en casa de un amigo, están buscando trabajo.
- ¿Vamos a lo de los Lupin?
El Sr. Roxas rió.
- No, no es a lo de los Lupin.
El hombre tomó la mano de Lily, mientras que la Sra. Roxas tomaba la de Juliette.
- Guecuegdas la diguección, chéri? No vayas a caeg en cuialquieg lado.
- Bien sûr, chérie

Las dos muchachas, sabiendo lo que pasaría a continuación, cerraron los ojos. Cuando los abrieron, se encontraban frente a una enorme mansión, con unos jardines delanteros llenos de rosas que fascinaban a Juliette. Un elfo doméstico bastante feo, con una funda de almohada como única prenda, sonriente, les dio la bienvenida y los guió hacia el interior. Apenas entraron, un hombre de cabello negro alborotado, con varias canas y un par de anteojos redondos, que bajaba las escaleras, abrió los brazos y gritó:
- ¡Daniel! ¡Ayla! ¡Sean bienvenidos!
Detrás de él bajaba su esposa, una mujer delgada y morocha, con el cabello hasta debajo de los hombros, bastante mayor al igual que su marido. A Juliette, su rostro le recordaba a alguien
pero no sabía a quién.
- Muchas gacias pog invitagnos - agradeció la Sra. Roxas, estrechando las manos de ambos - Niñas, estos son Charlus y Dorea.
- Un placer - la mujer llamada Dorea estrechó la mano de Juliette, sonriendo cariñosamente - Tú debes ser la hija de Daniel
Juliette, ¿verdad? He oído hablar muy bien de ti - la niña asintió con una sonrisa de oreja a oreja. Dorea se dirigió a Lily - Tú debes ser
Lily Evans, ¿me equivoco? Mi hijo no para de hablar de ti.
Lily sonrió, y estaba por preguntar quién era el muchacho, cuando un joven conocido, de cabello negro bien despeinado, y ojos castaños tapados por un par de anteojos redondos bajó por las escaleras de mármol. Lily se quedó boquiabierta, y Juliette rió.
- Hola, muchachas - saludó James - las estaba esperando.
- ¿Cómo estás, James? - preguntó el Sr. Roxas, estrechando la mano del chico.
- Muy bien, Sr. Roxas
¿y usted?
- No podría estar mejor.
Charlus Potter le murmuró algo a su hijo, este asintió, se acercó a las chicas y se ofreció a mostrarles la casa.
La mansión de los Potter podía ser descripta en una sola palabra: enorme. Todos los pisos eran de mármol, incluida la escalera. Estaba toda pintada de blanco, y daba toda la impresión que en algún momento, allí había vivido un rey. Recorrieron la sala, la cocina, el comedor, el escritorio, la habitación de invitados, la principal, el gimnasio, el jardín, y finalmente

- Mi dormitorio - presentó James, abriendo una puerta que tenía pintado en letras brillantes su propio nombre.
La sala era enorme. Tenía una cama de dos plazas con un grueso acolchado de plumas, y más alta de lo normal. Las paredes azules tenían pegados postres de diferentes jugadores de quidditch, y todos sonreían y saludaban con las manos. Juliette pudo notar que cada pequeña cosa en aquella habitación tenía algo que ver con el quidditch. Tenía también un lujoso baño pegado a ella, y un balcón con vista a la calle. Encima de la cama, había un enorme perro negro, que dormía plácidamente. Al oír el ruido de la puerta, levantó la cabeza, movió la cola y se acercó a ellos.
- ¡Qué bonito
! - exclamó Juliette, mientras Lily salía al balcón. El perro se acercó a ella, le puso las patas sobre los hombros y comenzó a lamerle la cara. Mientras James sonreía, Juliette le acariciaba detrás de las orejas - Siempre me encantaron los perros
pero mi madre es alérgica.
- Le caes bien - James sonreía maliciosamente - Hasta creo que
se ha enamorado de ti.
Juliette rió.
- Lo siento, ya tengo novio - le dijo al perro, mirándolo a los ojos. Eran de color gris, exactamente iguales a los de
Juliette miró a James - ¡Sirius! ¿Dónde está él? Me envió una carta diciéndome que se había escapado aquí, para mi cumpleaños.
El muchacho perdió su sonrisa, y la chica se dio cuenta de que había palidecido.
- Este
- dudó -
salió. Fue a comprar unas cosas para la cena.
El enorme perro se había sentado, y continuaba moviendo la cola, y mirando fijamente a Juliette.
- Me recuerda a Sirius - murmuró ella - tiene sus mismos ojos. Son tan bonitos

James volvió a sonreír.
- ¿Porqué crees que se llama Canuto?
Juliette sonrió, y Lily volvió a entrar, y comentó que había visto a dos personas entrar en la casa. Los tres muchachos salieron de la habitación, y Juliette miró al perro con desconfianza. Había algo de aquél animal que la hacía sospechar.

Bajaron rápidamente, con el enorme perro tras ellos, y en el salón encontraron a un hombre alto, flaco, con un cabello castaño rubio, bien lacio, y ojos color miel, junto con su hijo, que era exactamente igual.
- ¡Remus! - exclamó Juliette - ¡John!
El chico se dio vuelta y sonrió. James lo abrazó con fuerza. El perro movió la cola.
- Tanto tiempo, Juliette - dijo el Sr. John Lupin, el padre de Remus - James
¿Cómo han estado?
- Muy bien, muchas gracias.
- Bueno, ahora que John y Remus han llegado, podemos sentarnos a comer, ¿verdad? - propuso Dorea.
- Pero
- Juliette parecía preocupada - ¿Y Sirius?
- Ya llegará, Juliette - la tranquilizó James - Puedes estar tranquila.
Casi instintivamente, Juliette miró al perro, y se sentó a la mesa, entre Lily y Remus, enfrente de James. Entabló una conversación con Remus acerca del primer día de clases, al día siguiente, como sería
y volvió a mirar al lugar donde estaba el perro, al lado de su amo. Pero ya no estaba más.
- ¿Dónde fue el perro? - le preguntó a Remus.
- ¿Qué perro? - se extrañó él.
La chica no llegó a contestar, ya que James gritó:
- ¡Sirius! ¡Volviste!
Sirius estaba parado en la puerta, sonriente. Juliette se levantó inmediatamente de su lugar, y corrió a abrazarlo. No contó cuanto tiempo estuvo junto a él, pero no quería soltarlo. Cuando lo hizo, olvidando que sus padres estaban allí, lo besó en la mejilla, y puso su mano en ella:
- ¿Estás bien? - preguntó aceleradamente - ¿No te ha pasado nada? ¿Tu madre te hizo algo? ¿No te han venido a buscar? ¿No tienes miedo?
- Ya, ya
- sonrió él, apartando la mano - Yo también te quiero.
Juliette se dio vuelta, y presentó:
- Mamá, papá, él es
Sirius Black.
Ambos se pararon, y estrecharon la mano del muchacho. Juliette pudo notar algo de frialdad en la mirada de su padre. Dorea hizo un movimiento con la varita, y una silla y un plato aparecieron justo al lado de James, enfrente de Juliette.
La cena estuvo deliciosa, y Juliette la disfrutó como nunca. Cuando todos los platos estuvieron vacíos, después del postre, el Sr. Potter se paró y carraspeó.
- Quiero que ahora todos pasen al salón - dijo - Para despedir a nuestros muchachos, vamos a jugar un juego.
Se oyó el ruido de movimiento de las sillas, y todos pasaron a la sala, y se sentaron en los sillones blancos. En la mesa de café, había una pequeña bolsa marrón.
- Les explico - comenzó la Sra. Potter - Todo lo que tienen que hacer es esperar su turno. Yo voy a ir sacando papeles, donde dice un nombre (uno o varios) y esas personas nombradas tienen que cantar la canción que el papel le dice. La canción y la pareja serán elegidas de acuerdo a cada persona. De mi varita saldrán las palabras, para las canciones que no conocen, y solo tienen que seguir la música. ¿Comprenden?
Todos asintieron. El primero elegido fue el Sr. Roxas, que tuvo que cantar Not one of us. De la varita de la Sra. Potter, unas letras doradas se iban formando, de las cuales el Sr. Roxas leía.
- Born in grief
Raised in hate
Helpless to defy his fate
Let him run
Let him live
What we cannot forgive.
- decía el estribillo.

- ¿Porqué siento que esta canción se dirigía a mí? - le susurró Sirius a Juliette, al finalizar la música, mientras todos aplaudían.
- Claro que no, él no es así - lo contradijo ella, aunque sabía muy bien que su padre no aprobaba que su hija saliera con el hijo mayor de la familia Black.
La siguiente fue la Sra. Roxas, junto al Sr. Lupin. Le siguieron Remus y el Sr. Potter, y finalmente

- ¡Juliette! - exclamó la Sra. Potter - Juliette, te toca.
Juliette leyó el papel. Luego se lo pasó a Lily.

JULIETTE ROXAS Y LILY EVANS - NO DIRÉ QUE ES AMOR

- Si hay un premio por juzgar mal
Creo que ya lo gané
Ningún hombre vale la irritación
Eso es una historia antigua, estuve allí, ya está hecho!
- cantó Lily.
- ¿Qué estás pensando? ¿Estás bromeando, verdad?
Él es la tierra y el cielo para tí
Trata de ocultarlo
Niña, puedo ver lo que hay en tu interior.
Niña, ya no puedes disimularlo
Sé qué piensas
En quién piensas.
- respondió Juliette. Comenzaba a entender de qué hablaban, y no podía contener una sonrisa.
- Nunca, no lo haré
No lo diré, no, no.
- Lily no parecía enojada
parecía confundida.
- Debates, suspiras
¿Por qué negarlo, oh-oh?
- Es demasiado cliché
No dire que estoy enamorada

Pensé que mi corazón había aprendido
Se siente tan bien cuando comienzas
Mi cabeza grita: Contrólate, niña!
Hasta que gritas lo que hay en tu corazón.
Oh


- Y sigues negándolo
Quien eres y como te sientes.
Niña, no estoy comprando
Amiga, vi como golpeabas el techo
Admítelo como adulta
Cuando vas a hacerlo sola
Ya lo hiciste muy malo.
- Nunca, no lo haré
No lo dire, oh-oh
- Déjalo, cede
Mira tu sonrisa, estás enamorada.
- No actuaré en este teatro
No diré que estoy enamorada.
- Te muerdes los labios, leelos
Estás enamorada.
- Superaste tus límites
No lo diré
Quítate, vete!
No lo diré.
- Niña, no seas orgullosa
Está bien, estás enamorada.
- Juliette suspiró, y miró a Lily. Hubo un minuto de silencio, donde nadie se atrevió a decir nada, esperando a que la canción finalizara.
- Oh
Después de todo, en voz alta
No diré que estoy enamorada.
- Terminó Lily, con un suspiro.

Los aplausos parecían producidos por todos los alumnos de Hogwarts.
- Que bonito cantan, chicas - las felicitó Dorea, con una sonrisa - Tienen voces increíbles.
Lily miraba a su amiga confundida, aunque par Juliette estaba clarísimo de quién hablaban en la canción. James también parecía haber entendido, aunque dudaba. Por como ella lo trataba todos los días, lo más probable era que no fuera él. Pero Juliette conocía a su amiga mejor que nadie. Lily se volvió a sentar, confundida. Juliette se sonrió, y se sentó al lado de su amiga. Miró a Sirius, a quién le leyó los labios:
- No sabía que tuvieras una voz tan bonita.
Las parejas fueron pasando. Hubo todas las combinaciones posibles. Juliette cantó con Lily You’ve got a friend in me, reconocida por Lily como la canción de una película llamada Toy Story; James, Sirius y Remus cantaron Never had a friend like me; El Sr. Roxas y su esposa cantaron A Whole new World
Los Sres. Potter y su hijo, We are one ; Remus, Sirius y Juliette, Strangers like me y finalmente

- Sirius Black y Juliette Roxas - Love will find a way - leyó la Sra. Potter - como última canción. Deslúmbrennos, chicos.
Ambos chicos se levantaron sonrientes.
- En un mundo perfecto,
Uno que no conocemos,
Jamás necesitaremos,
Enfrentarnos al mundo completamente solos.
Pueden tener su mundo,
Crearemos el nuestro.

Puedo no ser valiente, o fuerte o inteligente,
Pero en algun lado, en mi secreto corazón.
Lo se, el amor encontrará la manera.
A donde sea que vaya
Estoy en casa
Si estás a mi lado.
Como oscuridad que se vuelve el día.
De alguna forma lo lograremos
Ahora que te encontré,
El amor encontrará la manera
- comenzó Juliette. Sirius la miraba embelesado: se veía tan hermosa

- Tenía tanto miedo
Ahora me doy cuenta
El amor nunca se equivoca
Y así, nunca muere.
Hay un mundo perfecto,
que brilla en tus ojos
- le respondió Sirius
- Y si solo ellos pudieran sentirla
la felicidad que siento cuando estoy contigo.
Ellos saben
El amor encontrará la manera.
A donde sea que vaya
Estoy en casa
Si estamos juntos
Como oscuridad que se vuelve día
De alguna forma lo lograremos
Ahora que te encontré
El amor encontrará la manera

Sé que el amor lo hará
- cantaron los dos, terminando la canción.
- Pobre Peter
- se lamentaba Juliette - se perdió esta noche tan divertida
Fueron muy graciosos James y Sirius cantando Prince Alí.
- En realidad fui yo el que cantó - aclaró Sirius - James se limitó a hacer reverencias y a saludar con la mano.
Los demás rieron.
- Pobre Peter
- repitió Juliette.
- Lo veremos mañana, no te preocupes - la consoló James.
La velada terminaba. Los Sres. Roxas, Lupin y Potter mantenían una conversación acerca del ministerio de la magia. Las Sras. Potter y Roxas ayudaban a juntar todo, ya que sentían pena por el pobre elfo que tenía que limpiar la mansión entera. Los 5 adolescentes charlaban animadamente. En eso, La Sra. Roxas salió de la cocina.
- Siguis
¿te molestaguía venig a ayudagme? - preguntó.
El chico la miró extrañado, al igual que sus amigos, pero negó con la cabeza y se levantó.
- ¿Me alcanzaguías el tgapo, que está allí aguiba? Es que olvidé mi vaguita en casa - le dijo la mujer cuando el chico entró, cerrando la puerta tras él - y tú egues el más alto.
Sirius asintió, y le alcanzó el trapo.
- Bien, ya que estás aquí
¿pasaguías el tgapo pog la mesada?
Estuvieron un minuto en silencio, hasta que Sirius dijo:
- Usted es una gran bruja, Sra. Roxas
y es perfectamente capaz de agarrar un trapo sin varita. ¿Qué quería decirme?
La mujer sonrió.
- Egues un muchacho inteligente
- murmuró - tal y como te imaginaba. Siéntate. Quiego contagte una histoguia.
Sirius la miró fijamente.
- Escuche, Sra. Roxas, yo

- No, escuchame tú.
El chico se paró en seco. El tono de la Sra. Roxas había pasado de suave a fuerte. Se sentó sobre la mesada.
- Yo siempgue quise veg a mi hija en Gyffindog. Pego en mi casa, son todos Gavenclaws de cogazón, no sé si me entiendes. Y yo fui a Beauxbatons. Mi maguido, mi hijo, mis sueggos.. Pog lo tanto, casi no había espeganzas. Cuando supimos que estaba en gyffindog, me puse muy feliz. Aquello hacía a mi hija... especial. Difeguente. Guecuegdo el pguimeg vegano que pasó en casa, después de su pguimeg año en Hogwagts
le pgegunté quiénes egan sus compañegos. Nombgó a muchos que yo me imaginaba: James Potteg, Guemus Lupin, Allison Wellington
y luego te nombgó a ti. Daniel y yo nos quedamos muy sogpgendidos. ¿Cómo podía seg que un Black estuviega en Gyffindog? Lo pguimego que pensé fue: Mi hija va a odiag a ese muchacho. Lo tiene en la sangue. Cada vegano, ella venía y nos contaba algo sobgue ti, sobgue alguna tgavesuga que habías hecho con James. Y lo contaba con tal entusiasmo
- Sirius hizo un ademán de sonrisa - Yo siempgue pensaba
Tengo que conoceg a ese muchacho Este vegano, encontgué en la habitación de mi hija una foto de tí. Así que ese ega el famoso Siguius Black. Paguecía un muchacho bueno. Algo tgavieso, pego buena pegsona. Esta noche, mientgas mi hija te abgazaba, me di cuenta: Todo lo que yo había imaginado, todo lo que yo había pensado de ti
ega un egog. Un gave egog. No egues Siguius Black. Egues sólo
Siguius. En tu caso, en ti, como pegsona, no impogta qué apellido tengas
impogta qué nombgue. Egues un buen muchacho, Siguius
- La Sra. Roxas suspiró - Lo que quiego decig es que
egues distinto a como yo pensaba, y la mala aquí
soy yo. Yo te discguiminé pog tu familia. Yo pensé mal de ti sin conocegte
yo, pog pgotegegla, pog hacegla feliz, me cegué, y el que la cuidó, tegminó siendo la pegsona de la cuál yo queguía pgotegegla
tú. Sólo queguía decigte que
lo siento muchísimo. En guealidad, egues el muchacho que toda la vida desee paga mi hija, y estabas enfgente mío
y pog testaguda no te vi. En su lugag, vi a otga pegsona
una pegsona que no existe. Egues lo que yo estaba buscando, pego lo más impogtante
lo que ella estaba buscando - viendo la cara atónita de Sirius, la mujer sonrió, y le puso una mano en el hombro. - Cuídala mucho. ¿Puedo confiag en que la pgotegegás de lo que sea?
Sirius la observó un instante, luego le devolvió la sonrisa y contestó:
- Lo prometo.
La puerta de la cocina se abrió, y Juliette entró por ella. La Sra. Roxas la miró entrar y la abrazó por detrás.
- La dejo en tus manos, entonces - soltó a su hija, y salió de la cocina. Juliette miró al chico extrañada. Este le revolvió el cabello, la besó en la mejilla y salió detrás de la Sra. Roxas, dejando a una desconcertada Juliette adentro.

- Fue una velada magavillosa, de vegdad - le decía la madre de Juliette a la Sra. Potter - Muchas gacias pog invitagnos.
- Por nada, Ayla - sonreía la mujer - cuando quieran.
- Bueno, es hora de irnos - Le dijo el Sr. Lupin a su hijo - Vamos, Remus. De nuevo, muchísimas gracias por invitarnos.
- Nos vemos mañana - saludó Remus, y él y su padre desaparecieron.
- Mejor nosotros también nos vamos - murmuró el Sr. Roxas, tomando la mano de Lily.
Antes de desaparecer, Juliette creyó ver un guiño de ojo por parte de su madre, pero ya era muy tarde para saber hacia quién iba: se encontraban frente a su casa.
A la mañana siguiente, con la ayuda de la magia de los padres de Juliette, ella y Lily empacaron sus cosas y partieron hacia King’s Cross.
- Ya quiero ver a Sirius
- murmuró Juliette, mientras marchaban por el andén.
- ¡Pero si lo viste anoche!
- Cuando una está enamorada, cada segundo cuenta.
Lily rió. Atravesaron cuidadosamente la barrera y se encontraron en la plataforma 9 ¾. Las dos chicas buscaron un compartimento y bajaron a despedirse. A la primera persona conocida que vieron fue a Peter, a quién saludaron cuando lo vieron cruzar la barrera con su madre.
- Oigan
¿Vieron a James o a Sirius? - les preguntó.
Ambas negaron con la cabeza. El muchacho se alejó. Cinco minutos antes de la partida del tren, por la barrera cruzó Paul, el hermano de Juliette.
- ¡Paul! - gritó ella, corriendo a abrazarlo.
- Lamento llegar tan tarde
- se lamentó él - quería venir a despedirme, pero el reloj del trabajo estaba mal puesto. ¿Cómo estás, Lily?
- Muy bien, Paul, ¿Y tú?
- Perfectamente.
El silbato del tren comenzó a sonar.
- Vamos, apúrense - Paul las empujó suavemente - no querrán perderse un año en Hogwarts
yo no querría
que ganas de volver

Rápidamente, Juliette y Lily subieron al tren, buscaron su compartimento y sacaron la cabeza por la ventanilla.
- ¡Adiós! - gritó Juliette a sus padres, saludando con la mano - ¡Nos vemos en Navidad!
Vieron al Sr. Y la Sra. Roxas sonriendo y agitando la mano hasta que doblaron en una curva, y se perdieron de vista.
- Bueno, tenemos todo un viaje por delante - dijo Lily, tirándose sobre el asiento - ¿Qué quieres hacer?
Jugaron Snap explosivo hasta que llegó el carrito con las golosinas, dónde hicieron una pausa para comer. Por la tarde, pasaron a visitarlas sus tres compañeras de Gryffindor: Allison Wellington, Dalila O’Connor y Mary McDonald.
- Hola, chicas - saludó Lily.
- ¿Qué tal las vacaciones? - preguntó Mary.
- Muy bien. Estuvimos un tiempo en casa, luego en casa de Juliette

Las chicas comenzaron a contar cada una sobre sus vacaciones. Todas excepto Juliette habían viajado fuera del país. Mientras sus amigas hablaban, Juliette miraba cada cinco minutos hacia la puerta, y Lily sabía muy bien porqué.
- Oigan, muchachas
- dijo, mientras Dalila contaba acerca de lo fascinantes que eran los brujos japoneses - Yo voy a
tomar un poco de aire.
Las demás se miraron con malicia.
- Nosotras no hablamos francés, como tú...¿Qué significa en francés tomar aire, Ju? - preguntó Mary, haciéndose la inocente.
- Creo que, tal vez signifique Voy a ver a Sirius Black - se burló Allison con una sonrisa en los labios.
- Mm...puede ser... - contestó Juliette con una sonrisa.
Se levantó y salió. Caminó un par de metros, espiando todos los compartimentos, hasta que se chocó con alguien.
- Ten cuidado por dónde caminas - susurró una voz fría y monótona.
Juliette levantó la mirada, y una ráfaga de rabia la invadió: era Snape, y se dirigía hacia
lejos de dejarlo pasar, Juliette puso su pie de tal forma que ocupara todo el pasillo.
- Quita tu pie, Roxas - ordenó Snape, tratando de pasarle por encima.
- Dime, Snape, ¿hacia donde vas?
Snape la miró fijamente con sus ojos negros llenos de odio.
- ¿Qué te importa?
- Me importa mucho, ya que estuve pensando que tal vez eres tan estúpido como para dirigirte a ver a Lily.
- ¿Y qué si es así?
- Pues
no te dejaría pasar.
- Entonces no me dirijo allí.
Trató de pasar por el costado, y logró quitar el pie, pero Juliette puso su brazo.
- Quítate, Roxas.
Juliette lo miraba con odio, al igual que él a ella.
- Voy a ver a Lily, Roxas. Quítate.
- Lo sabía.
Juliette se paró frente a Snape, y lo miró a los ojos.
- No voy a dejar que te acerques a Lily, ¿me oyes?
Snape metió la mano en el bolsillo de su túnica, pero ya era muy tarde: Juliette apuntaba hacia su cuello con su propia varita.
- Escúchame bien, Quejicus
- la prueba de todo el odio que Juliette sentía por él estaba en que arrastraba las palabras - Lily sufrió muchísimo por tu culpa, solo tu culpa
y no voy a arriesgarme a que vuelva a suceder. Llegas a acercarte a más de medio metro de ella, y te echo el maleficio más poderoso que se te pueda ocurrir. ¿Me oíste?
Snape apretaba los dientes, y entornaba sus crueles ojos.
- ¿De verdad crees que me importa lo que tú digas?
La chica lo fulminó con la mirada.
- Debería importarte.
Se quedaron unos instantes en silencio. Luego, Juliette se dio vuelta y se dirigió de nuevo hacia su compartimento. Snape sacó su varita y gritó:
- ¡Levicorpus!
Pero Juliette fue más rápida. Ya con su varita en la mano, exclamó:
- ¡Protego!
El encantamiento de Snape rebotó contra el escudo. Juliette lo apuntó con su varita.
- ¿Trataste de
de
encantarme a
a mi? - Pequeñas chispas salían de los ojos azules de la muchacha - ¿No pensaste en el hecho de que soy una prefecta, y que si quiero puedo sacarle 50 puntos a tu casa? Empezamos mal, quejicus
- suspiró, y bajó su varita, pero inmediatamente levantó el brazo y le pegó un fuerte puñetazo en la nariz. Snape cayó al piso. Juliette lo miró con aires de superioridad - No sabes las ganas que tenía de hacer esto
no mereces mis hechizos

Estaba furiosa. Nunca se había comportado de esa manera. Snape se levantó y, con la nariz sangrante, le dirigió una mirada de odio y se alejó.

- ¿Qué haces aquí? - Le preguntó Lily a su amiga, cuando la vio entrar - ¿No ibas a tomar aire?
Estaba sola. Según le había explicado, las otras tres habían dejado muchas cosas en otro compartimento y habían ido a cuidarlas. Juliette se tiró sobre el asiento.
- Tengo hambre
- murmuró - Ya quiero llegar.
Lily la miraba extrañada.
- ¿Te ocurre algo, Ju?
Su amiga trató de cambiar de tema. No quería contarle a su amiga lo que acababa de ocurrir.
- ¿No quedan más dulces? - preguntó.
Lily negó con la cabeza, y la puerta del compartimento volvió a abrirse.
- ¿Se te acabaron los dulces? No te preocupes, aquí llega uno.
Juliette se paró de golpe.
- ¡Sirius!
El muchacho se le acercó, y la besó tiernamente.
- ¿No es eso suficientemente dulce? - preguntó. Juliette rió - Te extrañé, no nos vimos mucho hoy.
La chica sonrió.
- Tenemos todo un año por delante - lo consoló en un susurro.
Luego entraron Peter, Remus y James. Por la presencia de este, Lily lanzó un resoplido, pero tuvo que resignarse. Cuando comenzó a oscurecer, los chicos se fueron para que las dos amigas pudieran ponerse el uniforme, y cerca de las 8 el tren comenzó a aminorar la marcha.

Juliette miró hacia el cielo estrellado. Había olvidado qué bonito era. Por la estación caminaba una enorme figura, con un grueso abrigo y una mata de enmarañado pelo negro, gritando:
- ¡Los de Primer Año! ¡Por aquí, los de Primer Año!
- ¡Hola, Hagrid! - saludó Lily, mientras Juliette sonreía.
- Hola, muchachas - Hagrid les devolvió la sonrisa - ¿Qué tal las vacaciones?
- Muy bien, gracias. ¿Qué tal las tuyas?
- Normales. Siempre prefiero cuando el castillo está repleto. Bueno, chicas, debo irme. ¡Nos vemos!
Lily y Juliette lo saludaron con la mano, mientras se alejaba con los más pequeños.
- Es increíble que tenga ese aspecto tan aterrador
y sea tan amable - sonrió Lily, y Juliette rió.

Los carruajes llegaron, y Juliette se subió a uno junto con Lily y Remus. Atravesaron las verjas flanqueadas por estatuas de cerdos alados y luego avanzaron por el ancho camino, balanceándose bajo la leve lluvia. Los chicos podían ver las gotas que golpeaban contra la ventanilla. El castillo de Hogwarts estaba cada vez más cerca. Finalmente, el carruaje se detuvo frente a la gran puerta principal de roble. Los tres chicos se bajaron rápidamente, y mientras Remus esperaba a sus amigos, que venían en el carruaje de atrás, Lily y Juliette subieron corriendo la escalinata de piedra que las llevaría hasta el Gran Salón.
- Estoy muerta de hambre
- murmuró Lily, sentándose en la mesa de Gryffindor - Ojalá el banquete empiece pronto.
Un minuto después, llegaron los cuatro chicos, y se sentaron cerca de ellas.
- ¿Habrá alguien interesante, entre los nuevos? - se preguntó Sirius.
- Entra mi prima - contestó Remus.
Los demás lo miraron. Ninguno tuvo tiempo de preguntar nada, ya que las puertas del Gran Salón se abrieron de par en par, y la profesora McGonagall entró por ella, seguida por una larga fila de alumnos de primero. Todos parecían muy nerviosos. Juliette vió que Remus saludaba a una pequeña niña rubia con dos coletas, que iba en la fila, y ella le devolvía el saludo. La profesora McGonagall colocó el taburete ante ellos, y sobre él un viejo y raído sombrero puntiagudo. El silencio reinó, hasta que una rasgadura se abrió en él y comenzó a cantar:

Una historia trágica esta es
Aunque de ella un buen premio salió
El cuento de los cuatro fundadores
Que logran esta creación

En este preciso lugar
Cuatro personas se reunieron
Con el mismo ideal de enseñar
A los jóvenes que de ellos quisieran aprender.

Sin embargo, todos tenían sus preferencias
Gryffindor quería a los valientes
Ravenclaw, a los inteligentes
Slytherin a los astutos y Hufflepuff, a los leales.

Finalmente, los alumnos fueron muchos
Y pronto, ellos no estarían aquí
Entonces, ¿cómo seguir eligiendo?
Y así, de la cabeza de uno salí.

Ahora ponme en la tuya
Y te mostraré el camino
Nunca me equivoco
¡Soy el sombrero más listo!


El Gran Salón estalló en aplausos. La Profesora McGonagall desenrolló un largo rollo de pergamino, y llamó:
- ¡Adams, Clara!
La niña se apresuró a ponerse el sombrero.
- ¡Ravenclaw! - gritó este.
En la segunda mesa de la izquierda resonaron los aplausos.
- ¡Aron, Elizabeth!
- ¡Hufflepuff!
Esta vez, fue la mesa de la derecha la que aplaudió.
- Me pregunto cómo serán los gryffindors de este año - se dijo James.
- Ojalá que no como nosotros - bromeó Sirius, y ambos rieron. Lily apretó los labios. Los alumnos fueron pasando, hasta que finalmente, la profesora McGonagall llegó a la letra ele.
- ¡Lupin, Anouk! - llamó.
La niña rubia a la que Remus había saludado se apresuró a sentarse en el taburete, y a ponerse el sombrero.
- ¡Gryffindor!
La mesa de Gryffindor aplaudió con fuerza. La niña fue a saludar a su primo, y luego se sentó con sus amigas. El último fue Zorba, Jack, y finalmente la ceremonia de selección finalizó. La Profesora McGonagall tomó el sombrero y el taburete y se los llevó. El Profesor Dumbledore, desde el centro de la mesa de los profesores, se levantó y pidió silencio.
- Antes de deleitarlos con nuestro delicioso banquete - dijo, con una sonrisa - Me gustaría presentarles a un nuevo profesor.
Hubo un murmullo general.
- ¿Cuánto apostamos a que es de Defensa contra las Artes Oscuras? - sonrió James.
- ¿Cómo puedes saberlo? - preguntó Peter.
- Porque siempre tenemos uno distinto. ¿Cómo puede ser que todos los años tengamos uno distinto? - se preguntó Remus - Tal vez sea verdad ese rumor de que la materia está embrujada

- Tonterías - James se palmeó el pecho - Seguro que somos Sirius y yo
no pueden tenernos más de un año seguido.
Hasta Lily rió, aunque inmediatamente se arrepintió. Dumbledore volvió a pedir silencio.
- Lamentablemente, el profesor Wolftone ha renunciado al puesto por cuestiones de salud, por lo que
denle la bienvenida al profesor Wright, quién amablemente ha accedido a impartir las clases de Defensa contra las Artes Oscuras.
- ¿Qué les dije? - exclamó James, mientras aplaudía.
Después del aplauso, y de que un jóven brujo saludara con la mano, Dumbledore volvió a levantarse.
- Ahora
¡A comer!
Las fuentes de las mesas se llenaron de comida, y todos los alumnos se tiraron encima de ella, y comenzaron a comer como bestias.
- Miren a Snape - les susurró James a sus amigos - ¿Alguno sabe porqué tiene la nariz sangrante?
Mientras Juliette fingía estar muy interesada por los nuevos alumnos de Ravenclaw, los chicos miraron hacia la mesa de Slytherin.
- Ouau - Sirius sonrió - Parece que alguien se nos adelantó, James
el primer golpe del año.
- ¿Quién habrá tenido la suerte? - rió James, y Lily chasqueó la lengua, pero sorprendentemente no dijo nada.
- ¡Qué rico está este pastel de carne! - exclamó Juliette de repente. Todos la miraron extrañados - ¿No lo creen?
Lily la miró desafiante.
- Juliette, ¿tú
?
- ¡Miren, los postres! - se apresuró a exclamar Juliette.
Efectivamente, las fuentes vacías se volvieron a llenar, esta vez de mousses, pastel de chocolate, budines, flanes
y, cuando los platos volvieron a estar vacíos, y todos se sentían llenos y somnolientos, Dumbledore volvió a levantarse.
- Ahora que todos comieron y bebieron
¡es hora de irse a la cama!
- ¡Gryffindors, por aquí! - gritó Juliette, levantándose - ¡Oops! Ya no estoy en 5to Año
¡Lo siento! - se disculpó ante los nuevos prefectos, y salió corriendo con Lily atrás.
- ¿Qué le pasa hoy? - preguntó Remus, mientras los demás se encogían de hombros - Nunca ha estado tan hiperactiva


Juliette entró rápidamente. El dormitorio de las chicas estaba vacío. Se puso el pijama, y se acostó.
- Juliette
¿estás dormida? - le preguntó Lily, saliendo del baño, después de ducharse.
Su amiga se hizo la dormida. Lily apagó la luz, y pronto ambas cerraron los ojos.
Los meses pasaron rápidamente. Ni Lily ni Juliette podía creer que ya era enero. Todo marchaba normal, excepto por un detalle: Juliette tenía la sensación de que su novio le ocultaba algo, algo importante, y que sus amigos estaban enterados. El primer indicio fue cuando se le ocurrió preguntarles a los chicos sobre el origen de sus apodos. Sirius miró al techo, Remus al piso, James carraspeó y Peter tragó con tanta fuerza que casi se ahoga, e inmediatamente cambiaron de tema. Durante los meses que habían pasado, Juliette notó que Sirius se ponía muy nervioso de vez en cuando, la evadía, y de un día para el otro volvía a relajarse
- Canuto, amigo, tienes que relajarte, no puedes estresarte cada vez que se acerca la luna llena - oyó Juliette que Remus le decía a Sirius, una mañana.
- Lo siento, es que
- Sirius parecía muy nervioso - Tengo tanto miedo de que
de que lo descubra y

- ¿De que descubra qué?
Al ver entrar a Juliette, Sirius palideció ligeramente.
- Eh

- Que está tomando clases particulares de pociones una vez por mes - explicó Remus - pensó que quedaría como un idiota si te enteraras, y eres la única persona con la que de verdad teme quedar como un idiota

La chica decidió no insistir, porque aunque no quisiera admitirlo, el comentario de Remus la había halagado.
- De acuerdo, si ustedes lo dicen
.
Y se alejó, haciendo volar su lacia cabellera. Esa misma noche, le expresó sus preocupaciones a Lily, aprovechando que la sala común estaba vacía, pero su amiga no reaccionó como esperaba. La miró seriamente y le preguntó:
- ¿Crees que te está engañando?
Juliette la miró alarmada.
- ¡No! ¡Por supuesto que no!
- ¡Entonces no hay de que preocuparse!
Lily sonrió, y le puso una mano en el hombro.
- No te preocupes, Ju
no debe ser algo muy importante. Ya te lo contará.
Juliette trató de hacerle caso a su amiga, pero no pudo. A la mañana siguiente, se levantó y bajó a desayunar muy temprano. Al entrar al Gran Salón vio a Sirius, James, Peter y Remus charlando animadamente.
- ¿Qué tal las clases de pociones? - le preguntó a su novio, sin siquiera desearle los buenos días.
- ¿Clases de Pociones? - Se extrañó James - ¿Qué clases de
?
Pero se calló al recibir un pisotón bajo la mesa, por parte de Remus.
- Voy mejorando - sonrió Sirius, tristemente.
Juliette suspiró, y miró a Remus.
- ¿No se les pudo haber ocurrido una excusa creíble? - exclamó, algo dolida, y antes de que pudieran responderle había salido a través de la puerta. No les dirigió la palabra a los chicos en el resto del día, cosa que a Remus lo irritaba.
- Por tu estupidez, ahora el que está metido en un lío soy yo - le reprochó a Sirius - Juro no volver a sacarte de un apuro. ¿Por qué no le cuentas la verdad?
- Lunático tiene razón, Sirius
algún día tendrás que decírselo - le replicó James.
Peter asentía. Sirius suspiró.
- Imaginen si me deja
no podría soportarlo. ¿Y si me odiara como Lily odia a James?
- Gracias - susurró él, triste - si se lo sigues ocultando, es peor. Las mujeres suelen no soportar cuando un chico les oculta cosas, peor aun que

- No eres el mejor para darme consejos amorosos - le reprochó Sirius con amargura.
- ¡Ey, ey, él sólo quiere ayudarte! - exclamó Remus, enojado - ¡Al igual que Peter y yo! ¡Y si vas a descargarte con nosotros, mejor te dejamos solo y no te ayudamos nada!
Sirius lo fulminó con la mirada, y luego volvió a suspirar.
- Lo siento. Lamento haberlos tratado así, sé que no se lo merecen. Trataré de arreglar las cosas.

Esa noche, a la 1 de la madrugada, Juliette seguía dando vueltas en la cama. No podría dormir hasta arreglar las cosas con Sirius. Así que se levantó, se puso la bata y se dirigió al dormitorio de los chicos. Apenas entró, se dio cuenta de que no sabía cuál era la cama del chico, y menos a oscuras. No quería despertar a los demás, pero

- ¿Sirius? - llamó, en voz baja.
Nadie le contestó.
- ¿Sirius? - repitió, esta vez en voz más alta.
Nada. Decidió, como un acto impulsivo, prender la luz, y se encontró con las cuatro camas vacías. Corrió nuevamente hacia su dormitorio, y despertó a Lily.
- ¿Qué pasa? - preguntó su amiga, somnolienta.
- ¡Lily, los chicos no están en su habitación!
- Qué bien, Ju

- ¡No, qué bien no! ¡No están, Lily, no están!
Su amiga reaccionó de repente.
- ¿Cómo que no están?
- ¡No! Fui a buscar a Sirius, porque no podía dormir, y

Pero se interrumpió. Lo que estaba viendo no le gustaba nada.
- Lily, mira

Desde la ventana, en los terrenos, se podía ver una enorme figura feroz y, a su lado, otra más pequeña con forma de humano.
- Ese
- Juliette reconoció a las dos figuras - ¡Es James! Y a su lado está
está

No. No podía ser. Lily la miró asustada.
- Eso no es lo que yo creo que es, ¿verdad?
Juliette continuó mirando por la ventana, y murmuró:
- Es un hombre-lobo. Es el mismo de aquella noche

Lily lanzó un grito ahogado, que despertó a las demás chicas.
- Lily, ¿Qué pasa?
- ¿Porqué gritas?
- ¿Qué hay en la ventana, chicas?
Juliette no les hizo caso, y salió corriendo de la habitación.

Esa noche, Remus parecía muy molesto. Sirius se preguntaba si James ya se habría transformado. Él mismo era enorme, y por lo tanto perfectamente capaz de controlar a su amigo, pero la ayuda de un ciervo siempre viene bien. Miró a Peter, que se rascaba el gris pelaje con la pata trasera. De repente, a través de los arbustos, apareció James, y le dijo con la mirada: Aquí estoy. Sirius asintió. Hizo un gesto con la cabeza, y los cuatro comenzaron a caminar. Era una noche nublada. Parecía que iba a llover. Se quedó pensativo, mirando el cielo, hasta que oyó un gruñido de Remus: Algo se movía entre los arbustos. Sirius trató de ser sigiloso, y se fue acercando de a poco, pero era muy tarde: Remus se había abalanzado sobre ellos, y se apresuraba a correr las ramas. Escondido, allí adentro, había un enorme tigre anaranjado, que debía vivir en el Bosque Prohibido, quién se tiró sobre Remus y le mordió el brazo. Este gimió de dolor, y trató de quitárselo de encima, pero le era imposible: los colmillos del animal estaban encajados. James y Sirius se apresuraron a intervenir. Mientras James trataba de calmar a Remus, Sirius luchaba con el tigre. Se mordían, se rasguñaban, se lastimaban
El tigre estaba muy herido, pero no parecía querer rendirse. En un momento, Sirius dio un paso en falso, y el tigre le quedó justo encima. Le gruño, y estaba a punto de atacarlo cuando se paró en seco, y lo miró fijamente a los ojos.
Se oyó un grito a lo lejos. Ambos animales salieron corriendo, y se encontraron con James tratando de calmar a Remus, y una chica a sus espaldas. Era Lily.
- Remus
- murmuraba.
El tigre se apresuró a tirarse sobre el hombro lobo, pero este predijo su movimiento y tiró un manotazo que lo lanzó por los aires, haciéndolo golpear contra un árbol. Sirius miró hacia allí, pero el tigre ya no estaba: en su lugar, estaba Juliette.
Sirius se quedó atónito. ¿Cómo podía ser que Juliette estuviera allí? No la había visto por los alrededores. Pero entonces lo comprendió. El tigre
era ella. Era una animaga, igual que él. Aún sin poder creerlo, volvió a transformarse en humano y corrió hacia ella. Estaba inconsciente.
- ¿Black? - exclamó Lily, acercándose a ellos con dificultad, ya que tenía una herida en la cintura. James, aprovechando que Remus se había ido hacia el otro lado en búsqueda del tigre, también volvió a transformarse - ¿Potter? ¿Cómo
? ¿Qué
?
- ¿Evans, qué haces aquí? - saltó James - Deberías estar

Pero se calló al ver a Juliette en el piso.
- Ah
- murmuró, comprendiendo todo.
Lily gritó de dolor. Remus había vuelto, y le había pegado un rasguño en la espalda, con su enorme garra. James volvió a transformarse en ciervo, y miró a Sirius, antes de pegarle al licántropo con las patas delanteras. Sirius comprendió la mirada de su amigo, y tomó a Juliette en sus brazos.
- Lily... ¿puedes caminar? - le preguntó. Ella asintió. - Bien. Entonces vuelve a la Sala común. Fíjate detrás del cuadro de Gryffindor, hay un mini-botiquín de primeros auxilios. No creo que lo que tengas sea muy grave, y si todos vamos a la enfermería, Madam Pomfrey sospechará. Remus no ha tenido tiempo de acercarse mucho. Utiliza el botiquín, y vuelve a la cama. Yo llevaré a Juliette a la enfermería.
- Pero

- Solo hazlo, rápido.
Lily tomó aire, y salió corriendo hacia el castillo. Sirius se apresuró a llevar a Juliette a la enfermería.
- ¡Madam Pomfrey! - gritó, apenas entró. La enfermera salió de su despacho, y lanzó un grito ahogado.
- ¡Dios mío! - exclamó, acercándose a ellos - Ponla aquí, en esta camilla, aquí
¿Qué le ha pasado?
Sirius dudó.
- Eh
no lo sé. Oí un ruido en la sala común, y bajé a ver y la encontré tirada en el piso.
- ¡Pero tú también estás herido!
- Eh
- se había metido en un aprieto. No podía decirle todo. - me caí.
Madam Pomfrey lo miró con desconfianza.
- ¿te caíste?
- Sí, me caí. Cuándo venía hacia aquí.
La enfermera chasqueó la lengua.
- De acuerdo
ven que te desinfecto las heridas.
Sirius lanzó una última mirada hacia la inconsciente Juliette, y se sentó sobre una camilla.
A la mañana siguiente, Juliette abrió los ojos lentamente. Era el amanecer. Se incorporó, y vio que tenía vendas desde abajo del pecho hasta la cadera, y encima un pijama blanco. Sirius estaba sentado sobre una silla, a un lado de la cama, y dormía con la cabeza entre los brazos, apoyados sobre las mantas que cubrían a Juliette. La chica miró hacia la cama de al lado: en ella dormía Remus, lleno de cortes y mordeduras. Juliette sintió algo de culpa al ver la marca de sus colmillos en el antebrazo del muchacho. Si sólo hubiera imaginado que era su amigo
nunca se le hubiera ocurrido. Eso explicaba muchas cosas: las misteriosas enfermedades una vez al mes, las heridas, los apodos
y el hecho de que Sirius le ocultara algo. Comprendía sus razones, pero igualmente se sentía algo dolida.
- Sirius
- murmuró, sacudiéndolo suavemente. - Sirius, despierta

El muchacho abrió un ojo, luego el otro, levantó la cabeza y, con un bostezo, se aplastó el lacio y suave cabello.
- ¡Juliette! - exclamó, abrazándola, pero la soltó al notar su gesto de dolor - Lo siento
¿estás bien?
Juliette trató de sonreír. Sirius suspiró aliviado.
- Sirius
- comenzó Juliette - Creo que hay algo de lo que tenemos que hablar.
El chico la miró sorprendido.
- Anoche
antes de desmayarme
- comenzó ella - Te ví. Te ví transformarte. Eras el perro
¿verdad? El perro con el que luché ayer. El perro que estaba en casa de James. Te reconocí por los ojos grises. ¿Me equivoco?
Sirius había adoptado una mirada que Juliette no había visto nunca. Parecía triste, cansado
débil. Débil ante el hecho de que su temor se hubiera hecho realidad. La chica se dio cuenta de que siempre que lo veía, lo notaba fuerte, galante, intimidante, y eso hacía que ella se sintiera protegida, y era lo que más le gustaba de él. Pero, aquella mañana, el muchacho estaba demostrando que tenía algo que hacía que Juliette sintiera aún más amor por él que nunca: estaba demostrando que tenía un punto débil, y era ella.
- A ver
¿Por dónde empiezo? - murmuró el muchacho con voz ronca - Supongo que ya te habrás enterado de
mucho.
- Si mucho significa James, Peter y yo somos animagos, y Remus es un hombre lobo, y todas las noches de luna llena salíamos a acompañarlo, entonces sí, me he enterado de mucho.
Sirius esbozó una débil sonrisa.
- Bueno. James, Peter y yo nos enteramos del pequeño problema peludo de Remus, como lo llama James, cuando estábamos en 2do. Y decidimos, como buenos amigos que somos
acompañarlo, por así decirlo. Claro que no podíamos hacer como humanos, porque las consecuencias podrían ser muy serias
pero sí como animales. Nos costó tres años averiguar como hacernos animagos, pero finalmente, el año pasado, lo logramos. Y el resto de la historia la conoces. Lo que yo no conozco
es la tuya.
Juliette se sobresaltó. Había olvidado que también la habían descubierto a ella.
- Lo mío fue
bueno, para serte sincera, un error - Sirius arqueó las cejas - Sabes que mi padre es un sanador. Y uno conocido. Ahora trabaja en San Mungo, con enfermedades clásicas, como viruela de dragón, y pacientes clásicos. Niños, sobretodo. Pero antes trabajaba encontrando curas difíciles. Su prioridad era
la mordedura de un hombre lobo. Fue cuando tenía siete años. Para empezar, se basó en el brebaje de los animagos. Mi madre, por error, me lo dio de tomar una noche, cuando le pedí una bebida porque tenía sed
y de repente, era un tigre. Mi padre me hizo jurar que no se lo contaría a nadie. Es un hombre tranquilo, no suele enojarse
y la única vez que lo vi de verdad enojado, fue cuando se lo conté a Lily.
Sirius la miró de reojo.
- ¿Porqué saliste anoche?
- Porque los ví por la ventana de la habitación. En realidad, los ví a James y a Remus, y los reconocí por
bueno
nuestra pequeña aventura el día de la fiesta. Aún no puedo creer que
que eras el perro de la casa de James. Anoche reconocí tus ojos, y volví a pensar en ti. Pero claro, imaginé que si eras un animago habrías confiado en mí, no como yo lo hice.
Sirius no tuvo tiempo de replicar, ya que Remus se desperezó y se incorporó, mientras la puerta de la enfermería se abría y por ella entraban Lily, James y Peter, los primeros dos con cortes y banditas en el rostro.
- ¡Juliette! - exclamó Lily, corriendo a abrazarla - Que bueno que estés bien
me preocupé tanto

- Nos preocupamos - le corrigió James.
Lily no le hizo caso, y se sentó a los pies de la cama. Juliette suspiró.
- Hay algo de lo que debemos hablar
nosotros seis - explicó - Anoche

- Anoche tú y Lily han descubierto mi
quiero decir, nuestro más grande secreto - murmuró Remus - Que soy
que soy

- Un hombre lobo - terminó Peter.
Remus lo fulminó con la mirada.
- Sé que seguramente
se aterrarán, y no querrán que me acerque a ustedes
y las comprenderé. Les juro que lo haré. Sólo les pido que

- Remus - lo interrumpió James - Nadie va a dejar de quererte porque seas un hombre lobo.
- Pero

- Esa manía tuya de menospreciarte me irrita. Tal vez no te queremos una vez al mes, pero el resto de los días te adoramos.
- Por primera vez en mi vida - dijo Lily en voz alta, en medio de las risas - Estoy de acuerdo con Potter. Remus
todo el mundo tiene algún defecto. Pero normalmente, y sí, en tu caso también, los defectos son tapados por las cualidades.
Sonrió. Los demás asintieron. Remus sonrió tristemente.
- Terminado esto
- comentó Sirius - Hay otro tema que debemos discutir. Las
anomalías.
- ¡Quién hubiera pensado que Juliette era una animaga! - exclamó James.
- Quién hubiera pensado que ustedes tres se convirtieron en animagos y acompañan todas las lunas llenas a un hombre lobo a pasear por los terrenos del colegio, y mira dónde estamos ahora - replicó ella.
- Es un secreto
y debe continuar siendo un secreto, ¿no es cierto? - preguntó Peter.
- Sí, colagusano
debe continuar siendo un secreto - murmuró Sirius.
Hubo un silencio incómodo, hasta que Juliette tomó un libro que estaba en la mesita de noche, y lo puso sobre sus rodillas.
- Este secreto nos lo llevamos a la tumba - juró, poniendo la mano izquierda sobre la contratapa.
- A la tumba
- murmuró Remus, levantándose, acercándose a ella e imitándola.
- A la tumba
- repitieron los demás.
En ese momento llegó Madam Pomfrey y los echó, diciendo que los pacientes tenían que descansar, y Juliette y Remus se quedaron solos en la sala.

Como era viernes, la enfermera insistió en que Juliette se quedara durante el fin de semana, y como ella no protestó, la dejó irse recién el domingo por la mañana. Mientras estaba guardando sus cosas, la puerta de la enfermería se abrió y Sirius entró por ella. Juliette lo miró sorprendida.
- Vine a buscarte - le dijo, besándola en la frente, y Juliette sonrió - Hace un día precioso
¿vamos al lago?
La chica asintió, y estaban por salir cuando Madam Pomfrey la llamó.
- ¡Roxas, espera!
Juliette giró sobre sus talones.
- El director quiere verte - le explicó la enfermera - Dice que te espera en su despacho.
A Juliette le dio un escalofrío. Nunca la habían mandado al despacho del director. Nunca había hecho nada lo suficientemente malo. El miedo pareció notarse en su cara, ya que Sirius la miró y le preguntó:
- Nunca has ido al despacho del viejo
¿verdad?
Juliette negó con la cabeza. Sirius la tomó de la mano y le dijo:
- Yo te llevo. Estoy acostumbrado a ir.
La guió a través de los largos pasillos y escaleras hasta llegar a una enorme gárgola de piedra.
- Ojala no haya cambiado
- murmuró Sirius - ¡M&Ms!
La gárgola se hizo a un lado, y la pared que había detrás de ella se abrió en dos, dejando ver una escalera que subía lentamente. Sirius la condujo a Juliette hacia arriba durante un largo rato, hasta que se encontraron frente a una puerta de roble brillante. Sirius llamó e inmediatamente la puerta se abrió. Entraron a una sala circular, enorme, con una puerta al fondo, y atestada de leves y curiosos ruidos. Estaba llena de instrumentos extraños, y las paredes estaban llenas de retratos de antiguos directores.
- Al fin llega, Srta. Roxas - se oyó una voz suave desde el otro lado de la sala. Parado en el marco de la puerta del despacho, se encontraba el mismísimo Albus Dumbledore, sonriéndoles - Y veo que trajo compañía

- No voy a irme, profesor - replicó Sirius, bien firme.
- Nadie dijo nada acerca de que no pudiera quedarse, señor Black - el profesor Dumbledore seguía sonriendo con tanta dulzura, que Juliette se relajó un poco. - Siéntense, por favor

Tomaron una silla cada uno y se sentaron frente al director.
- He oído, Srta. Roxas, que ha pasado todo el fin de semana en la enfermería.
Juliette asintió.
- Quería saber, primero que todo, si se encuentra usted bien - Juliette volvió a asentir, muy agradecida. - Me ha dicho Madam Pomfrey que, según el Sr. Black, usted fue encontrada desmayada en la sala común de Gryffindor, ¿me equivoco?
Sirius apretó fuertemente la mano de Juliette, instintivamente. Dumbledore continuó sonriendo, aún más pronunciadamente.
- A Madam Pomfrey pueden decirle lo que quieran, lo que le digan me tiene sin cuidado. - Juliette y Sirius se miraron sin comprender - Pero me gustaría que conmigo fueran sinceros. Sé que usted, Srta. Roxas, es una animaga no registrada, lo sé desde el primer día en que llegó aquí. Su padre me lo dijo. Según él, el tigre más bonito que ha visto.
Las mejillas de Juliette se pusieron algo coloradas, pero no se notó mucho, y bajó la mirada. Sirius se quedó boquiabierto.
- Aclarado esto
me gustaría que fueran sinceros conmigo. ¿Qué fue lo que ustedes dos hicieron la otra noche?
- Es la verdad, profesor - dijo Juliette valientemente - Me desmayé, y

- Puede mentirme todo lo que quiera, Srta. Roxas, pero le advierto que soy muy bueno en legeremancia.
Esta vez, fue muy claro que Juliette se había sonrojado. Sin embargo, Dumbledore no dejaba de sonreír.
- ¡Ah, estos chicos de ahora! - exclamó uno de los retratos - En mi época nunca se hubieran atrevido a mentirle a un profesor. ¡Y menos al director!
- ¡Cállate, viejo chiflado! - gritó Sirius.
- ¡Mocoso insolente! Tu madre va a enterarse de esto, ya verás

- ¡Que se entere, anciano estúpido! Lo que piense o no piense mi madre me importa un

- Señor Black - lo interrumpió Dumbledore, con un dejo de diversión en la voz - Voy a pedirle que no insulte a mis retratos, aunque ese sea su tatara-abuelo.
- ¡Eso, muchacho insufrible! - exclamó el retrato - Es definitivamente la oveja negra de mi familia. Este verano

- Gracias, Phineas - sonrió Dumbledore - y volviendo al tema anterior
¿Ya han decidido contarme la verdad?
Sirius miró a Juliette. Al ver que ella no abría la boca, trató de replicar, pero ella se le adelantó.
- Lo siento, profesor
pero no puedo.
Los retratos miraban la escena con curiosidad. El director arqueó las cejas.
- ¿Porqué no?
- Porque
- Juliette tomó aire - Porque si digo algo, no soy yo la que me vería perjudicada, sino otras personas. No voy a meterlos en un aprieto por salvar mi pe
digo, por salvarme a mi misma.
El profesor Dumbledore continuaba mirando fijamente a Juliette.
- No voy a desperdiciar palabras, Srta. Roxas
¿Diga lo que diga, haga lo que haga, no va a contarme?
Juliette negó con la cabeza. Para sorpresa de ambos muchachos, Dumbledore dejó escapar una risa suave.
- Veo que es usted una verdadera Gryffindor
Su madre debe de estar orgullosa. Bien, si no quieren contarme
pueden retirarse.
Aun sorprendidos, los dos chicos salieron del castillo.
- Bueno, parece que te has librado del castigo - sonrió Sirius, ya caminando hacia la sala común. Juliette no contestó.

Los días pasaron lentamente. Las cosas entre Juliette y Sirius habían cambiado mucho. Pasaban menos tiempo juntos, y parecían algo distanciados. Eso era algo que sus amigos habían notado.
- Esto no va a terminar bien
- le susurró Remus a James, una noche en que el único gesto que Sirius y Juliette se habían hecho durante el día era una sonrisa de una punta del pasillo a la otra - Nada, nada bien

- ¿Porqué estarán así? - preguntó Peter.
- ¿Qué no es obvio, Colagusano? Después de la otra noche, han perdido todo tipo de confianza en el otro. Ya no saben qué creerle, y qué no
- James negó con la cabeza - Ojala esto sea sólo la crisis de los 16

- ¿Crisis de los 16? - se preguntó Peter, extrañado - ¿La crisis no era a los 40?
- ¡Colagusano, que poca cultura tienes! - le reprochó James, mientras Remus se reía. Mientras Peter continuaba pensando en lo que acababa de aprender, James le susurró a su amigo:
- Cuánto te apuesto a que Slughorn baja 80 kilos antes de que Peter comprenda que era una broma.

La mañana del primero de febrero, Juliette se despertó agitada. Había tenido una pesadilla. Miró hacia la cama de Lily, y vio que no estaba. Se debe estar duchando, pensó. Efectivamente, su amiga salió del baño cinco minutos más tarde.
- Buen día - saludó, mientras Juliette le sonreía y entraba al baño. Media hora más tarde, se encontraban en el Gran Salón, desayunando café y tostadas.
- ¿Qué tenemos hoy? - le preguntó Juliette a Lily.
- Dos horas de Pociones, Historia de la Magia, y por la tarde Transformaciones y Defensa contra las Artes Oscuras.
- No está mal
- murmuró Juliette, al tiempo que miles de lechuzas entraban volando al Gran Salón por encima de las cabezas de los alumnos, dejando paquetes, cartas y diarios. Era la hora del correo. Una bonita lechuza color pardo, con pequeñas manchas blancas, se posó frente a Juliette con una carta atada a la pata.
- ¡Kisa! - exclamó ella, tomando el sobre - Es de Paul

La abrió rápidamente, mientras Kisa picoteaba en el café con leche, tomó el pergamino que estaba dentro y leyó:

Querida Juliette:
¿Cómo estás? ¿Qué tal tu sexto año en Hogwarts? Yo lo disfruté muchísimo, puesto que fue el único año en que podía sentirme grande (estudiante de Extasis) y no dar un gran examen a fin de año.
Yo estoy bien. He renunciado a mi puesto en el Ministerio de la Magia, y me he mudado a Lyon, nuestra ciudad natal, y trabajo para el ministerio de la magia francés. Todo en esta ciudad me recuerda a nuestra infancia. ¿Recuerdas que cuando tenías cuatro años, yo te llevaba a una plaza que quedaba a la vuelta de nuestra casa? Allí diste tu primer indicio de magia. Y también fue donde nos dijeron que nos mudaríamos a Londres.
Conocí a una chica. Aquí, en Francia. Es muy bonita
y tiene un carácter muy parecido al tuyo. Hace 3 meses que estamos saliendo. Ya quiero presentarlas
van a adorarse. Ya te contaré más adelante.
Espero que todo esté bien. Envíale saludos a Lily de mi parte, y envíame a Kisa contándome de ti.
Cariños de
Paul


- Así que se ha conseguido una novia
- murmuró Juliette, sonriente, mientras Lily leía la carta - Me alegro mucho por él


Esa tarde, Sirius se encontraba solo en la sala común. Sus amigos habían decidido ir al lago, mientras él había decidido quedarse. Hacía demasiado frío afuera, y podía ver grandes nubes grises acercándose. El muchacho estaba sentado frente a la chimenea, observando un álbum de fotografías creado por él y sus compañeros de Gryffindor hacía dos años. Se detuvo en una de Juliette y Lily, esta última abrazando a la primera por detrás y saludando con la mano, mientras Juliette sonreía dulcemente. Sirius se sonrió. Juliette se veía tan hermosa
(autocrítica de la autora: Y a Lily que la parta un rayo ¿no?)pero últimamente estaba tan cambiada
Estaba rara. No era la Juliette que él conocía, la Juliette a la que amaba. ¿Qué le estaría pasando? Para qué me pregunto eso, pensó Sirius, si yo sé muy bien que lo que le pasa es que

En ese momento, el orificio del retrato se abrió y Sirius levantó la mirada.
- Hablando de Roma
- pensó. Juliette acababa de pasar por él.
- Hola - saludó con una sonrisa, aunque algo fríamente - No creí encontrarte aquí.
- Ni yo - admitió el muchacho - ¿Y Evans?
- Practicando embrujos regocijantes con Mary McDonald. Le prometió que la ayudaría.
- Ya veo

Juliette se disponía a subir al dormitorio, cuando vio que Sirius tenía en sus manos el álbum de fotografías.
- ¿Ese es
- comenzó, acercándose a él -
el álbum que creamos en 4to Año?
Sirius asintió, y Juliette se sentó a su lado.
- Mira que bien se ven ustedes cuatro aquí
- murmuró ella, señalando una foto de los cuatro merodeadores - En ese entonces, tú y James eran los peores alborotadores del colegio. Lograron ponerles los pelos de punta a todos los profesores.
- ¿Qué ya no lo somos? - la desafió él, mientras la chica sonreía.
- Claro que sí
pero ahora los profesores ya los conocen muy bien - contestó.
Sirius se encogió de hombros, y continuó pasando las páginas.
- En ese entonces
teníamos una opinión diferente del otro, ¿recuerdas? - comentó, deteniéndose en una fotografía de los 9 gryffindors de 6to año - Para mí, solo eras mi compañera de clases, y la mejor amiga de Lily Evans. Nunca creí que terminaría teniendo una relación seria contigo

- Que se deteoraría con el tiempo
- murmuró Juliette, inconscientemente, pero era muy tarde para corregirse: Sirius la había oído.
- ¿De qué hablas? - preguntó, aunque sabía muy bien que tenía razón.
- Esto
- parecía que a Juliette le costaba mucho hablar - Últimamente casi no nos hablamos. Apenas nos saludamos. Algo nos está pasando

- No - Sirius se levantó del sillón. Comenzaba a enojarse, aunque no tenía ni idea de porqué - No es que algo nos este pasando. Algo te está pasando.
Juliette también se levantó del sillón, y enfrentó a Sirius.
- ¿De qué estás hablando?
El chico estaba dispuesto a descargar su ira, salida de no sabía donde.
- ¡Sabes de que estoy hablando! ¡Últimamente me evitas, no me hablas, me tratas indiferente, y todo porque no confías en mí! ¡Y no sabes si podrás seguir confiando!
- Eso no es

- ¡Sí, es verdad, Juliette, y lo sabes! ¡No crees que sea capaz de mantener mi relación contigo! ¡No me crees cuando te digo que te amo! ¡No crees que yo esté siendo completamente sincero, y cómo si esto fuera poco, crees que soy un inmaduro alborotador mujeriego que
!
- ¡Pues tú tampoco confiaste mucho en mí cuando no me contaste que eras un animago no registrado! - Los ojos de Juliette comenzaron a llenarse de lágrimas. Sirius se paró en seco. Tenía razón, toda la razón del mundo, pero no se la daría jamás

- ¡Lo de los animagos no cuenta, ya que contigo fue lo mismo!
- ¡Pero tú eres el que se está quejando, cuando tú tampoco confías en mí!
- ¡Sí confío en ti! ¡Sólo que
!
- ¿¡Sólo que qué!? ¿Sólo que qué, Sirius? - al ver que el chico no contestaba, Juliette suspiró - No puedo confiar en ti si no me dejas hacerlo.
En ese momento, el orificio del retrato volvió a abrirse, y por él pasaron James, Remus y Peter.
- Cuando le cuente a Canuto que
- James se interrumpió al ver la escena - ¿Qué pasó? ¿Por qué Juliette está llorando?
Remus trató de acercarse a ellos pero, con un último sollozo, Juliette subió a su habitación.
- ¡Juliette! - exclamó Remus, pero ya era muy tarde. El chico trató de subir la escalera de caracol que llevaba a las habitaciones de las chicas, pero una alarma comenzó a sonar, y la escalera se transformó en un gigantesco tobogán de mármol - ¡No! ¡Había olvidado que no se puede subir a los dormitorios de las chicas!
James, por su parte, miró a Sirius, quién desvió la mirada y, con un grito de ira, le pegó un puñetazo a la pared de piedra, y comenzó a sangrar.
El rumor se extendió por todo el colegio a la mañana siguiente. Sirius Black y Juliette Roxas habían terminado. Sirius y Juliette se ignoraban completamente, y de vez en cuando se lanzaban miradas de profundo disgusto, para luego darse la vuelta y alejarse. Ninguno parecía dispuesto a ceder. Ambos, por su lado, pensaban que tenían razón. Sus amigos estaban preocupados, claro, y hacían lo que podían, pero nada funcionaba. Dos días después de la pelea, Juliette estaba sentada en su cama, escribiendo una carta para Paul. Tenía una hora libre, ya que la profesora de Estudios Muggle se había ausentado por unos días, mientras que Lily tenía Runas Antiguas. La chica tomó la carta, ya terminada, y la releyó:

Querido Paul:
No puedo contestar con un bien a tu pregunta, ya que no estoy realmente bien. Tuve una pelea con Sirius, ya ni nos hablamos, y no estoy segura de cuanto tiempo pasará hasta que nos reconciliemos.
Así que te has mudado a Lyon. La verdad es que no tengo muchos recuerdos de esa ciudad, ya que nos mudamos cuando tenía apenas 4 años, pero los pocos que tengo son muy buenos. ¿Qué dicen mamá y papá de eso? Supongo que mamá estará feliz. Te prometo que en cuanto aprenda a aparecerme (solo un año!) te iré a visitar. A ti y a tu novia. Cuéntame un poco de ella. ¿Cómo es? ¿A qué se dedica? ¿Le has hablado ya de mi? Me muero por conocerla. Y ya que menciono las relaciones
¿Qué tal el ministro de la magia francés? ¿Te trata bien?
No sabes lo feliz que me pone recibir noticias tuyas, tengo tantas cosas que hablar contigo que en una sola carta no entra. Mándale saludos a todo el mundo, y espero tu respuesta
Con amor
Juliette

Justo en ese instante, sonó el timbre que anunciaba el fin de la hora, y Juliette se apresuró a bajar a las mazmorras, donde Lily la esperaba en la puerta de una de ellas.
- Creí que tardarías más en llegar - se extrañó. Juliette se encogió de hombros, justo cuando el resto de la clase aparecía por las escaleras. La chica se dio vuelta al ver el rostro de Sirius, y arrastró a su amiga hacia adentro del aula de Pociones.
- ¡Buenas tardes a todos! - exclamó el profesor Slughorn, entrando a la mazmorra y cerrando la puerta con un movimiento de la varita - Hoy vamos a hacer un trabajo muy especial. ¿Saben lo que es esto?
Mostró una pequeña botellita con un líquido dorado. Muchos se miraron extrañados, solo 4 personas levantaron la mano: Snape, Lily, Juliette y, para gran sorpresa, James.
- Veo que siempre son
- comenzó el profesor, pero su mirada se detuvo en James - Sorpréndanos, Señor Potter.
- Es Felix Felicis, señor - explicó James - Es la Poción de la Suerte.
- ¿De la suerte? - preguntó Peter, con un brillo de codicia en los ojos.
- Excelente, Sr. Potter, diez puntos para Gryffindor - lo felicitó el profesor. Por debajo de la mesa, James y Sirius chocaron sus manos - Exactamente, Sr. Pettigrew, de la suerte. Con solo un trago de esta poción, tendrán las mejores 12 horas de sus vidas.
- ¿Ya la ha probado, señor? - preguntó Lily, curiosa.
- Sí, Lily. Una vez a los 24, y otra a los 57. Y les aseguro que fueron los dos mejores días que alguna vez haya tenido. - Al ver que los ojos de sus alumnos brillaban ambiciosamente, el profesor añadió: - Pero les advierto que su uso está severamente controlado por el ministerio. Les propongo un trato (que por cierto hago todos los años con mis alumnos): tienen hasta el 20 de febrero para hacerme un trabajo de busqueda y experimento, acerca de la Felix Felicis. Por equipos - Lily tomó la mano de Juliette, mientras James le sonreía a Sirius. El profesor notó aquellos gestos, y agregó: - No se molesten en juntarse con alguien, porque ya he armado los grupos de forma mixta y pareja. El equipo que tenga la mejor nota se llevará este pequeño frasco, que contiene 2 tragos de Felix Felicis.
Todos se miraron. Los Gryffindors comenzaron a rogar que les tocara con Lily, mientras que los Slytherins, con Snape. Diez minutos antes de que la clase terminara, el profesor hizo un movimiento con la varita y una hoja de pergamino apareció flotando frente a él.
- Aquí comienzo a dictar las parejas - la clase se sumió en un silencio nervioso - ¡Wellington, Mulciber!
Allison se tapó la cara con las manos. Mulciber, un muchacho de Slytherin, sonrió maliciosamente.
- ¡Lupin, O’Connor!
Dalila le sonrió a Remus, cariñosamente.
- ¡Pettigrew, Jefrey!
Las parejas se fueron acabando rápidamente, considerando que eran solo los Slytherins y los Gryffindors. Finalmente, solo quedaban 6 personas.
- ¡Potter, Evans! - exclamó el profesor. Lily lanzó un resoplido, mientras James hacía un gesto de triunfo.
- ¿No se pueden cambiar las parejas? - preguntó Lily, descaradamente. A Sirius, Remus y Peter se les escapó una carcajada.
- Calma, muchachos, calma
Lo siento, Lily, pero no
¡Snape, McDonald!
Toda la clase miró alrededor, nerviosa. Solo quedaban

- ¡Black, Roxas!
Juliette se quedó boquiabierta. No podía creer su mala suerte. El timbre sonó, y todos recogieron sus cosas, murmurando por lo bajo.
- ¡No se olviden, muchachos, para el 20 de febrero!
Juliette y Lily subieron las escaleras en silencio, dirigiendose hacia la Sala Común.
- ¿Puedes creer
- murmuró Lily, cuando llegaron frente al retrato de la Dama Gorda -
la mala suerte que tengo? ¿Por qué todo lo que me pasa tiene que ver con Potter? ¡Lo odio!
- Por favor, no te quejes - le pidió su amiga, exasperada - que yo moriría por estar con James. Parece que me lo hicieran apropósito

- ¿Por qué, estar conmigo es tan malo?
Las dos chicas se dieron la vuelta. Acercándose por las escaleras, venían Sirius, James, Remus y Peter.
- A mí tampoco me hace ninguna gracia tener que trabajar contigo - le espetó Sirius a Juliette, mientras ella se tapaba la cara con las manos - puesto que me preguntarás: ¿Qué pocion usamos, la azul o la violeta? y yo te contestaré, La azul, y usarás la violeta

Juliette murmuró algo dentro de sus manos. Lily trató de abrazarla.
-
luego trataré de ofrecerte una opción de trabajo, y tú la rechazarás sin siquiera habertela contado

- ¡Ya basta! - le gritó Lily, mientras trataba de consolar a su amiga.
-
y todo eso porque no confías en mí, y si no hay confianza no de puede trabajar en equipo

- ¡Basta, Canuto! - exclamó Remus, acercándose a Juliette.
-
y lo mismo ocurre con

- ¡Basta! - esta vez fue Juliette la que gritó, levantando su cara y dejando ver sus ojos azules completamente enrojecidos - ¿Quieres hacerme sufrir, restregarme en la cara todo lo que hago mal? ¿Eso es lo que quieres? ¿Por qué me haces esto?
- Yo te diré porqué te hago esto - susurró Sirius - Porque no soporto más que seas la niña caprichosa e insoportable que anda llorando por los rincones.
Juliette se paró en seco. Lily se llevó las manos a la boca. Sus amigos lo miraron sorprendidos
- ¿Eso es lo que piensas de mí? - preguntó Juliette con voz ronca.
- Sí, eso es lo que pienso de ti - le espetó el muchacho.
- Bien - Juliette se giró hacia el retrato, donde la Dama Gorda y su amiga Violeta observaban la escena con curiosidad. Aun aguantando las lágrimas, dijo con firmeza: - Amor incondicional.
La Dama Gorda asintió, y el retrato se corrió para dejarla pasar. Juliette corrió hacia adentro, y se encerró en el dormitorio de las chicas. Lily fulminó a Sirius con la mirada.
- Excelente, Black, te felicito - ironizó - Tú si que eres experto en resolver problemas.
Lily corrió escaleras arriba, mientras tres de los cuatro merodeadores se tiraban en el sillón de la sala común, frente a la chimenea. Remus se quedó parado, al lado de la ventana.
- Eso no fue muy amable de tu parte, Canuto - le reprochó James a su amigo, pero este, absorto en sus pensamientos, no se dio cuenta.
- ¿Saben qué? - dijo, después de un largo rato de meditación - Ella sólo está buscando excusas para no confiar en mí. Ella no quiere confiar en mí. ¿Y saben qué? Yo voy a darle razones para no confiar en mí. Ya verá.
- ¿Qué estás
? - James lo miró extrañado. Sirius se sonrió con satisfacción, y subió al dormitorio de los chicos. James miró a Peter. - Dios. ¿Qué estupidez estará a punto de cometer?
Peter se encogió de hombros. James miró hacia la escalera de caracol.
- Va a hacer algo muy tonto
estoy seguro. Es peligroso para sí mismo.
Remus, por su lado, observaba las gotas que golpeában contra el vidrio de la ventana.
- ¿Se dan cuenta de que desde que Sirius y Juliette se han peleado no ha parado de llover?

En el dormitorio de las chicas, Juliette también miraba por la ventana, sin dejar escapar ni una sola lágrima. Lily la observaba preocupada.
- Juliette
- comenzó.
- ¿Es verdad? - la interrumpió su amiga, y poso su mirada en los ojos verdes de Lily - ¿Es verdad que soy una caprichosa, una niña insoportable?
Lily trataba de encontrar las palabras.
- Eres mi mejor amiga, Ju, y te aseguro que si no fueras una buena persona no lo serías. Todo el mundo tiene cualidades y defectos. Tal vez sea verdad que con todo esto del secreto de Sirius te pusiste un poco caprichosa, pero

- ¿Entonces él tenía razón? - Juliette se abrazó las rodillas - Solo fui una niña caprichosa que andaba llorando por los rincones

- Juliette - la voz de Lily sonaba firme. Le puso una mano en el hombro - Quizá te hayas portado como una niña inmadura, pero es no significa que lo seas. Somos solo dos muchachas de 16 y 17 años, Juliette
todas las chicas adolescentes tenemos derecho alguna vez a sentirnos celosas, y podemos permitirnos algunos caprichos por ellos. Eso solo demuestra cuanto los amamos. Pero si quieres que eso cambie
- Lily tomó la mano de Juliette - tienes que aprender a confiar en él.
Su amiga asintió.
- Lo sé. Estuve muy mal al no confiar en él
y sigo estando mal. Mañana iré a disculparme con él. Y arreglaré las cosas.
Lily sonrió satisfecha.
- ¿Quieres cenar algo? - le preguntó a su amiga.
- No, gracias
estoy algo cansada. Voy a ducharme y me meteré en la cama.
Lily asintió, y salió de la habitación. Afuera continuaba lloviendo, y cada vez con más fuerza.
- ¡Arriba, James, arriba! - oyó el chico a las ocho y media de la mañana del día siguiente, mientras Remus lo sacudía - ¡Despierta!
- ¿Qué
qué pasa? - preguntó James, somnoliento.
- Remus - se oyó la voz de Sirius, ahogada por el almohadón que estrujaba contra su cabeza, en la cama de al lado - Son las ocho y media de la mañana. Es sábado. No tengo ningún problema con que te despiertes temprano, pero haznos el favor de no despertarnos a los demás.
- ¿Cómo puede ser que al capitán del equipo de quidditch se le olvide cuándo hay partido? - exclamó Remus con un gesto de impaciencia, haciendo un movimiento con la varita y quitándoles la frazada a sus amigos - ¡Rápido, levántense!
James y Sirius se incorporaron de golpe. Peter lanzó un ronquido.
- ¡Lo había olvidado! - exclamó James sin hacerle caso. Despertaron a Peter, lo que les llevó un buen rato, Sirius y Remus se ducharon y bajaron a desayunar.
- ¡Mucha suerte, James! - le deseó Dalila O’Connor, cuando llegaron al Gran Salón. Él le dirigió una sonrisa, y se sentó en la mesa de Gryffindor.
- ¿No estás nervioso? - le preguntó Peter, sentándose frente a él.
- ¿Nervioso? ¡Para nada! - exclamó James, sirviéndose huevos revueltos - Si soy mucho mejor que el buscador de Hufflepuff, será pan comido.
- Cuenta con ello, amigo - le dijo Sirius con una sonrisa, mientras Remus soltaba una potente carcajada.
A eso de las 10 y media, sus tres amigos despidieron a James y este se dirigió hacia los vestuarios. Dentro, lo estaba esperando todo su equipo.
- ¡Al fin llegas, capitán! - exclamó Catherine Looks, una cazadora, abriéndole la puerta.
- Te estábamos esperando, James - le reprochó Mathias Tagle, el guardián.
El equipo de quidditch de Gryffindor estaba compuesto por siete jugadores: James Potter, buscador y capitán; Catherine Looks, Laura O’Connor y Lukas Moran, los cazadores; Francisco Rumble y Michael Spinnet, los golpeadores; y por último, Mathias Tagle, el guardián. James abrió la puerta que daba al campo de Quidditch, miró hacia fuera, y volvió a cerrar.
- Equipo - comenzó, lo más solemne que pudo - No niego que nos ha tocado un tiempo difícil. Pero sé que, juntos, todos podemos

- James, no te hagas el capitán competente con nosotros, que te conocemos - lo interrumpió Laura O’Connor, entre risas.
- ¡Oye! - James se hizo el ofendido - Que tu hermana mayor sea compañera mía de cursos no significa que tienes derecho a hablarme así. De acuerdo, no seré sutil, esto es un torrencial. No había visto nunca que lloviera tanto como hoy. Tendremos problemas para volar, nos costará tanto ver las pelotas como a nuestros compañeros (y rivales). Tenemos altos riesgos de heridos. Pero
- lanzó un suspiro largo -
somos mucho mejores que los Hufflepuffs. Y son las mismas condiciones para ambos equipos. Vamos a ganar.
Todos asintieron con convicción, se dedicaron un aplauso y algunos silbidos, y se pusieron las túnicas escarlata. James les indicó por señas que lo siguieran, y salieron al campo, donde se escuchaban los gritos de los fanáticos. Del otro lado del campo, se acercaban siete figuras con túnicas amarillas.

- ¡Vamos, Lily, vamos a llegar tarde! - exclamó Juliette, mientras tiraba del brazo de su amiga.
- ¡Ya voy, ya voy! - resoplaba ella.
Las dos chicas se apresuraron a ponerse las camperas impermeables, y se dirigieron al campo de quidditch. El cielo estaba negro, el viento era tan fuerte que hacía que la gente se tambaleara, y la lluvia no parecía querer ceder.
- ¡Mira, allí está James! - exclamó Juliette, gritando a causa del fuerte ruido de los truenos y los fanáticos. Encontraron un lugar en las gradas, justo al lado de Remus.
- ¡Llegan tarde! - les gritó, cubriéndose con la capa, aunque Juliette adivinó lo que decía leyéndole los labios.
- ¡No veo que haya empezado! - se defendió Lily.
- No, pero ya los han presentado.

James no veía nada. Las gotas golpeaban fuertemente contra sus anteojos, y le tapaban cualquier esperanza de ver algo.
- ¡Capitanes, dense la mano! - ordenó Madame Hooch, el árbitro.
James y Marc Leibzing, el capitán del equipo de Hufflepuff, se dieron la mano.
- ¡Monten en las escobas! - gritó Madame Hooch - Tres
dos
uno

- ¡Espere! - todos se giraron hacia James - ¡Los que tienen anteojos, por aquí!
Lukas Moran y Catherine Looks se acercaron a él. James tomó los tres pares de anteojos, incluyendo los suyos, y les hizo un conjuro repelente
- Repelerán el agua - explicó, devolviéndolos a sus respectivos dueños.
- ¿Ya está? - preguntó Madame Hooch, al parecer algo irritada, mientras James asentía. - ¡Tres, dos, uno
!
El sonido del silbato quedó ahogado por el ruido de los alrededores. Quince escobas, contando la de Madame Hooch, se elevaron en el aire, mientras la multitud los aplaudía.
- ¡Y Gryffindor tiene la quaffle! - se oyó la voz de Sirius desde el megáfono mágico - Que mala suerte con el tiempo
Laura O’Connor tiene la quaffle. Se dirige a los postes de Hufflepuff. Que parecida es a su hermana
Perdón, profesora, era sólo un comentario. De acuerdo. O’Connor se acerca, se acerca
Durant la intercepta. Hufflepuff en posesión de la quaffle. ¡Ay! Eso debió doler. Una bludger lanzada por Michael Spinnet. Catherine Looks ataja la quaffle. ¡Cuidado con Hegle, Catherine
! ¡TANTO PARA GRYFFINDOR!
James, desde arriba, hizo un gesto de triunfo, mientras reía. Siempre le causaba gracia oír a Sirius comentando el partido. Los fanáticos de Gryffindor aullaban. Dio una vuelta alrededor del campo, buscando la Snitch. No se la veía por ningún lado, y la lluvia y el viento complicaban el trabajo.
- No parece haber rastros de la snitch, es extraño
ya que James Potter es el mejor buscador que Hogwarts haya visto en años
- comentó Sirius, mientras la multitud en las gradas de Hufflepuff lo abucheaba - Vamos, muchachos, sólo digo la verdad

- Black, en vez de decir la verdad, ¿por qué no te concentras en el partido? - le reprochó la profesora McGonagall, irritada. Poco imaginaba cuantos años tendría que lidiar con el problema de los comentaristas imparciales

- Sí, sí, lo siento, profesora - se disculpó Sirius, sonriente.
James le dirigió una sonrisa, y continuó buscando. Pronto el partido iba 90 a 50 a favor de Gryffindor. James continuaba buscando la Snitch. No había rastro de ella por ningún lado. Miró hacia la tribuna de Gryffindor, y vio a Lily animando a su equipo. Se sonrió: si sólo ella lo animara a él
se veía tan hermosa, con su cabello pelirrojo, sus ojos verde esmeralda, su piel blanca, cubierta por el impermeable, gritando, animando, cantando
Entonces la vio: la snitch volaba a solo unos pocos centímetros de la oreja de Lily, y por la emoción del partido nadie se había dado cuenta. Aceleró su escoba, y se dirigió hacia ella.
- ¡Parece que Potter vio
se dirige rápidamente a las gradas de Gryffindor! ¡De hecho, se dirige rápidamente hacia Lily Evans! Amigo, sé que te gusta mucho, pero estamos en medio de un partido
¿Qué tal el romance para otro momento?
La gente reía. Nadie parecía darse cuenta de lo que en realidad pasaba. Lily lo observaba venir entre desafiante y asustada. James se abalanzó hacia ella y

- ¡Cuidado! - gritó Juliette, empujando a su amiga. James cayó hacia delante, sobre las gradas. Algunas chicas lanzaron gritos ahogados. Remus y Peter se acercaron a él.
- ¿Estás bien? - le preguntó el primero. James, quién estaba tirado en el piso, no contestó. Miró su mano derecha, donde sostenía fuertemente la pequeña y dorada snitch.
- ¡Potter ha atrapado la snitch! - gritó Sirius, emocionado - ¡Gryffindor gana! Y por la cara de Lily, parece que va a asesinarlo




La fiesta parecía que iba a durar toda la noche. James y Sirius habían robado comida de las cocinas, y todos festejaban la victoria de Gryffindor.
- ¡Eso estuvo genial, Potter! - le gritó un alumno de séptimo, palmeándole la espalda.
- Ese giro, y luego esa caída
¡zas! - exclamó un muchacho de segundo, dando una vuelta y cayendo hacia atrás.
Todos los alumnos estaban repartidos a lo largo de la sala común, comiendo, bebiendo y charlando sobre el partido. James era el centro de atención, y le encantaba.
- Míralo, allí, presumiendo - le susurró Lily a Juliette - se cree el mejor
¡Casi me mata! Cuando se estaba acercando a mí, pensé que

Pero Juliette no la escuchaba. Observaba a la multitud.
- ¿Dónde está? - preguntó - ¿Dónde está Sirius?
Lily se encogió de hombros.
- Quiero arreglar las cosas - explicó Juliette - ¿Me
?
- ¿Si te ayudo a buscarlo? - Lily sonrió - Por supuesto

Tomó la mano de su amiga y comenzaron a recorrer la Sala Común. En un momento, Lily miró hacia su izquierda, y volvió a mirar a su amiga, muy pálida.
- ¿Sabes? No creo que sea una buena idea

Juliette la miró extrañada.
- ¿De qué hablas?
- Lo pensé mejor. Él es el que debe disculparse. Te trató muy mal, y

- Pero
si eras tú la que
- Juliette se paró en seco - Lily
¿Qué viste?
- ¡Nada! Yo

De repente, Juliette oyó una voz detrás de ella, temblorosa, que decía:
- Lily, no dejes que Juliette se acerque a la ventana. Está

La chica se dio la vuelta. Remus palideció, y comenzó a temblar ligeramente.
- Ah, este
hola, Juliette
¿No quieres una cerveza de manteca? Están deliciosas

Trató de tomarle el brazo, pero ella lo esquivó y, escabulléndose entre la multitud, llegó hasta la ventana. Sentado en el alféizar, estaba Sirius, pero no estaba solo: sentada sobre sus rodillas había una muchacha de séptimo, con la cual se besaba apasionadamente. A Juliette se le cayó el alma a los pies. ¿Cómo había podido
? No podía ser. No estaba viendo aquello. Sin embargo, allí estaban: asquerosamente pegados, boca contra boca, intercambiando saliva. Sirius, su Sirius, aquel muchacho de ojos grises que tanto la enamoraba...pasando sus labios por los de otra frente a todo el mundo. Cada vez que Sirius le acariciaba el cabello, o le pasaba la mano por la cintura, a Juliette el corazón se le dividía en más pedazos.
- Oh, Juliette
- Lily se le había acercado, y la había tomado de la mano - Lo lamento tanto

- Es inevitable sentirse traicionada - murmuró Juliette - Pero a pesar de cuan disgustada, traicionada, despedazada, desdichada y triste me sienta
a pesar de cuánto asco me de esta escena
él está en todo su derecho de hacerlo, puesto que
lo nuestro ha terminado.
Y, agitando su lacia cabellera, se dirigió al dormitorio de las chicas.
- No puedo creer que Sirius haya hecho algo así - le susurró Remus a Lily.
- Pues créelo - le espetó ella - Porque, lo quieras o no, sea lo que sea que pienses de él, acaba de actuar como la peor basura del universo.
Remus la miró con una mirada llena de tristeza, que a Lily le dio pena.
- Lo siento, Remus, es que
es sólo que

Remus suspiró.
- Sé que lo que hizo Sirius no estuvo bien. Se portó como un perfecto imbécil. Los actos impulsivos nunca son buenos. Sabía que haría alguna idiotez, después del comentario del otro día, pero nunca creí que fuera a hacer algo como esto.
Lily lo miró extrañada.
- ¿Qué? ¿Qué fue lo que dijo?
Remus la miró a los ojos.
- Dijo que le daría razones para no confiar en él.
Lily se puso roja de ira. En ese momento, todo tipo de insultos y maleficios se le venían a la mente para Sirius Black, ese Sirius Black que se había atrevido a jugar con los sentimientos de su mejor amiga. Lo odiaba, en ese momento odiaba todo lo que tuviera que ver con él. No quería saber nada. Nada que tuviera que ver con él. Hizo ademán de sacar la varita, pero se dio cuenta de que ir a consolar a su amiga era un mucho mejor uso de su tiempo. Así que se dio la vuelta, y se dirigió al dormitorio de las chicas.
- ¿Cómo se te ocurrió semejante estupidez? - lo retaba James a Sirius, a la mañana siguiente.
- ¡No fue una estupidez! - se defendió el muchacho - Yo les dije que le daría razones para no confiar en mí, ¡Y se las di!
- ¡Pero tu estúpido acto no solo rompió el corazón de Juliette en mil pedazos, como me siento obligado a recordarte, si no que también romperá el de Carola Wittengstein, la chica a la que besaste tan apasionadamente ayer! - exclamó Remus, furioso.
A Sirius se le cayó el alma a los pies.
- Oh
no lo había pensado

- ¡Claro, porque eres un imbécil! - Remus le pegó en la cabeza. Sirius se quedó pensativo.
- Oigan
- dijo, después de un rato, llamando la atención de sus amigos - ¿Cómo estaba Juliette cuando me vio? ¿Qué hizo?
James comenzó a reírse, Peter lo miró desconcertado y Remus se levantó y se alejó, exclamando:
- ¡Idiota!

Los días pasaban lentamente. Sirius y Juliette continuaban dirigiéndose miradas cortas cuando se cruzaban, pero ya no eran de disgusto: eran de pena. Sirius sabía que había cometido un error, pero no pensaba admitirlo, aunque estaba muy apenado. Juliette, simplemente, lo miraba a la cara lo menos posible.
- Me pregunto cómo harán el trabajo de Slughorn si no se hablan - comentó Peter, la mañana del jueves.
- Para serte sincero, Colagusano - respondió Remus de mal tajante, puesto que la pelea de Sirius y Juliette ponía muy a prueba el estado de su humor - El trabajo de la morsa, en este preciso momento, me importa poco o nada.
Juliette fingía que no le importaba en absoluto, aunque Lily estaba segura que el ver a Sirius besándose con otra le había afectado muchísimo. Sobre todo porque, de vez en cuando, podía oír un sollozo del otro lado de la puerta del baño de prefectos. Lily ya no sabía como ayudarla.
- Sal con otros chicos - le sugería, cuando sentía que era el momento justo - No tienes porqué ser la única que sufre.
Pero Juliette se limitaba a negar con la cabeza.
- No
sería injusto para ellos. Salir con alguien a quien no quiero

El sábado 11 de febrero había sido planeada una visita a Hogsmeade. Mientras todos se preparaban, se ponían los abrigos, las bufandas, y planeaban todo lo que harían en su día libre en el pueblo, Juliette se encontraba en la sala común, leyendo una nueva carta de su hermano.

Querida Juliette:
Que lástima lo de Sirius. Sé que pelearte con él te pone muy triste, pero no te preocupes, porque todo va a arreglarse más pronto de lo que crees. Promesa de hermano mayor. Aquí todo sigue igual. Comienzo a contestar tus preguntas:
1) Mamá y Papá opinan que es muy pronto para irme a vivir a otro país, pero como gracias a la aparición puedo estar allí en menos de lo que tardas en decir casa, entonces logré convencerlos. Y sí, mamá está muy feliz de que haya elegido Lyon, y viene a visitarme al menos una vez a la semana.
2) Su nombre es Priscilla Marion. Su cabello castaño claro, largo y ondulado, y sus ojos color avellana. Le llevo media cabeza, pero sin embargo es muy alta. Y flaca, bien flaca. Su carácter es exactamente igual al tuyo: es tímida, se ríe de mis bromas tontas
la primera vez que ella eligió el restaurant, y me llevó a uno de comida japonesa, inmediatamente me acordé de ti. Tuve que contárselo, y me dijo que se muere por conocerte. ¿A qué se dedica? Bueno
para serte sincero, es mesera, pero está estudiando diseño de indumentaria. O te estás preguntando qué es eso, o adivinaste que es una muggle, y conociéndote, creo que opto por la segunda. Sé que es muy temprano, pero estoy seguro de que es la chica perfecta y no sé como contarle la verdad. Necesito consejos de una mujer. ¿Qué hago? ¿Cómo lo hago? ¿Qué le digo? Pensará que es una broma pesada. ¿Cómo hago para no asustarla?
Espero que todo mejore por allí, y continúa escribiéndome.
Paul
P.D.: Lo de Priscilla no te lo tomes tan seriamente, ya tienes suficientes problemas como para agregar uno más.

- Así que era muggle
- murmuró Juliette, pensativa.
- ¿Quién era muggle? - preguntó una voz a sus espaldas. Era Lily.
- La novia de Paul - contestó su amiga. Lily miró por la ventana.
- Que día horrible para ir a Hogsmeade
- murmuró - No puedo creer que siga lloviendo
¡Ya lleva casi dos semanas! Y no parece querer aflojar.
Juliette asintió. Lily se giró.
- Bueno, ¿vamos?
Su amiga la miró extrañada.
- ¿No era que estaba horrible?
- Necesitas tomar un poco de aire fresco. Vamos.
- Pero

- Ella tiene razón, Juliette - Remus bajaba por las escaleras, junto a James y a Peter. Sin Sirius.
- Sirius se fue con Carola Wittengstein, no te preocupes - agregó, viendo la cara de Juliette. James la tomó del brazo derecho, mientras Remus del izquierdo.
- Por eso tú y Evans van a venir con nosotros - aseguró James, sonriente.
- Pero

- Pero nada - Lily la empujó por detrás. Entre Remus y James se llevaron a la chica a rastras, seguidos por Peter y Lily.

Sirius se paseaba por la ancha calle del pueblo de Hogsmeade, con Carola Wittengstein colgada de su brazo. La chica era insufrible: no hablaba de otra cosa que no fuera su cabello, su ropa o sus zapatos italianos. Pero Sirius había cometido un error, y tenía que afrontar las consecuencias.
- ¡Vamos al Salón de té de Madame Pudipié! - exclamó la chica - Es nuevo, y dicen que es muy bonito

- Ay, no
- murmuró Sirius, quién sabía muy bien lo que era el Salón de Té de Madame Pudipié.
- ¡Vamos, Sir, porfaaa! - le rogó la chica. Como el chico no soportaba que le dijera ¡porfaaa! con su voz de niña pequeña, y menos que se lo llamara Sir, terminó aceptando.
- ¡De acuerdo, de acuerdo! Vamos

Entraron. El lugar estaba lleno de pequeñas mesitas blancas para dos, y las paredes todas pintadas de rosa. Las parejas se besaban apasionadamente, tomadas de las manos. Sirius y Carola se sentaron en una mesa al lado de la ventana.
- ¿Qué quieres tomar? - le preguntó Sirius.
- Un café con leche, amor.
Sirius respiró hondo, y se levantó. Lo que sea con tal de alejarse de ella. Mientras esperaba, fue a preguntarle a Carola si lo quería con azúcar o con edulcorante, pero no la vio sola. Con ella había dos chicas.
- Lo logré - decía Carola, mientras se reía - Juliette Roxas y Sirius parece que no van a volver.
- Pero yo pensaba que Sirius Black no te interesaba más, Caro - le dijo una de sus amigas - y cuándo los vi besarse en la fiesta, me extrañé

- Eso es porque no pensaste, Julianna - Carola rió con fuerza - Claro que mi obsesión por Sirius la perdí hace tiempo
Sé muy bien que el beso que Sirius me dio fue sólo para ponerla celosa, pero aún recuerdo la frustración, la bronca, el enojo, la furia que sentí contra Juliette Roxas el día en que se quedó al chico más lindo de todo el colegio para ella sola
- apretó los puños - Detrás de ese rostro de angelito, de esa expresión tímida que tiene, se esconde la zorra que es. Es sólo una perra que anda todo el día detrás de Sirius, solo para tener alguien fuerte que la proteja, y para demostrarles a todas las demás que ella es mucho mejor que nosotras. Y encima se oculta detrás de Lily Evans. La odio
la odio con toda mi alma
- suspiró - Aún recuerdo la época en que Sirius era libre
andaba con una chica distinta cada semana
- Volvió a poner su expresión de triunfo - Esta es mi venganza contra Roxas. Por los viejos tiempos. Va a recibir su merecido
va a quedar destrozada
Va a llorar el resto de su vida porque Sirius Black le rompió el corazón.
Lanzó una risa potente. Sirius apretó los puños. ¿Cómo se atrevía a hablar así de Juliette? ¿Cómo se atrevía a jugar así con su relación? Esto no se lo perdonaría jamás
no era algo que debiera tomarse a la ligera. Se sonrió: tendría su venganza, pero la tendría enserio
y en el momento apropiado. Se acercó a ellas.
- ¿No se suponía que era una cita
de a dos? - preguntó galantemente. El tono seductor era su especialidad.
- Claro, amor
- sonrió suavemente Carola. Si no hubiera oído la conversación anterior, le hubiera creído. Era una experta mentirosa. - Adiós, chicas.
Las amigas se alejaron, y Sirius y Carola continuaron con su cita. Al chico le costaba controlar su ira, sin embargo, debía tratar de hacerlo. Mientras caminaba bajo el enorme paraguas por Hogsmeade, oyó una voz que no le gustó para nada:
- Hola, Black
¿Hoy no estás con tu amigo Potter?
Sirius se giró. Allí estaba Snape, parado, con una mueca en el rostro que tal vez se interpretaba como una sonrisa, y su cabello grasiento, todo mojado por la lluvia, ya que no llevaba paraguas.
- Lo que me faltaba
- suspiró Sirius - ¿Qué quieres ahora, Quejicus?
- ¿Dónde está Roxas? Pensé que salías con ella
- al ver la expresión de Sirius, Snape trató de pronunciar su sonrisa. Sin embargo, las sonrisas no eran su fuerte.
- ¿Y a ti que te importa eso? No creo haberte dado permiso para meterte en mi vida privada, Quejicus.
Snape continuaba sonriendo maliciosamente. Sirius sacó su varita.
- Carola, espérame en las Tres Escobas.
Y la valiente Carola asintió y salió corriendo.
- Muchas gracias, Black, me lo haces todo mucho más sencillo. - Snape no sacó su propia varita - No vengo a pelear, así que puedes bajar la varita.
Sirius bajó la varita, pero no la guardia.
- ¿Qué es lo que quieres? - preguntó, de mal modo.
- Saber qué hacen tú y tus amigos una vez por mes.
Sirius se paró en seco. No la vio venir. ¿Cómo podía él saberlo?
- ¿Y a ti que
?
- Me importa, Black, me importa mucho.
Sirius lo miró con odio. Siempre metiendo su engrasada nariz en todas partes
De repente, se le ocurrió una idea. Tal vez no fuera tan malo que Snape supiera algo

- ¿De verdad quieres saberlo? - preguntó, con un dejo de diversión en la voz - ¿De verdad?
Snape no contestó.
- De acuerdo
- Sirius sonrió con malicia - Si quieres saberlo, debes ir el martes por la noche a tocar el nudo en la rama del Sauce Boxeador, con un palo bien largo. Allí verás lo que hacemos.
- ¿Y cómo sé que puedo confiar en ti?
Sirius se encogió de hombros.
- El problema es tuyo, no mío - dicho esto, se alejó con una potente risa.

Así llegó el martes. Sirius, por supuesto, le había contado a James su plan, quien se había mostrado muy interesado.
- Entonces no debemos ir esa noche
- murmuró James cuando se lo contó, en medio de la primera clase del lunes, Historia de la Magia - Le diremos a Remus

- Por favor, no se lo cuentes a Remus - rogó Sirius - No le va a gustar nada.
- Ese Quejicus
creo que esto va a enseñarle lo que significa La curiosidad mató al gato. O, en este caso, a la serpiente
- ambos amigos rieron.
Pero, durante los dos días que pasaron, James reflexionó, y se dio cuenta de lo que estaban haciendo.
- Sirius
- lo llamó, cuando estaban en la cama, el martes por la noche. Le habían dicho a Remus que se quedarían porque tenían que terminar un trabajo para McGonagall. - Creo que no estamos haciendo algo
bueno
esto
creo que lo que estamos haciendo está mal.
Sirius se incorporó. Peter roncaba en la cama de al lado.
- ¿Qué, ya te estás acobardando? - preguntó, con una sonrisa burlona. James suspiró.
- Sí, Sirius. Sé cuánto odiamos a Quejicus
pero yo no quiero ser el asesino de nadie.
Sirius lo miró con aprehensión.
- De acuerdo
vamos.
Tomaron la capa invisible, el mapa del merodeador, se vistieron rápidamente, y salieron. Estaban por ponerse la capa, frente al orificio del retrato, cuando oyeron una voz suave y conocida por detrás:
- ¿Adónde creen que van?
Sirius se dio la vuelta. Era Juliette, y los observaba desafiante desde el último escalón de la escalera de caracol que daba a los dormitorios de las chicas, con una bata blanca de seda encima del pijama. Tenía la insignia de prefecta enganchada a ella.
- ¿Adónde creen que van, ustedes dos? - repitió con voz firme.
- A ningún lado - contestó James, nervioso - Vuelve a la cama, Juliette
ya es tarde.
Sirius se había quedado de piedra. ¿Por qué ella? ¿Por qué justo ella?
- No soy idiota, James - le dijo la chica, bajando finalmente al nivel del piso - y no me creo ese cuento de a ningún lado cuando están vestidos y llevan la capa invisible y el mapa del merodeador. Y encima
- miró hacia la ventana, y luego volvió a mirarlos - es noche de luna llena.
La chica levantó su varita, pero Sirius fue más rápido.
- ¡Expelliarmus! - exclamó, sin pensarlo, y la chica cayó de espaldas. Sirius le encajó la capa y el mapa a su amigo y lo empujó hacia fuera - ¡Vete! Yo la distraigo, si no va a ir directo a ver a McGonagall.
James asintió, se puso la capa y salió corriendo. Sirius cerró el retrato rápidamente y enfrentó a Juliette.
- Déjame pasar, Black - murmuró ella, llena de ira.
- Lo siento, Juliette, pero esto es cuestión de vida o muerte - explicó Sirius, cubriéndole el paso.
- No te lo repetiré
déjame pasar.
- No - la voz de Sirius sonó bien firme.
- Muy bien
¡Petrificus totalus!
- ¡Protego!
El hechizo de Juliette rebotó contra el escudo de Sirius, y pegó contra una lámpara. Comenzaron a oírse voces y pasos en las escaleras: estaban haciendo demasiado ruido.
- ¡Ni siquiera sabes qué es lo que queremos hacer! ¿Por qué nos haces esto? - exclamó Sirius - ¿Por qué nos detienes?
- ¡Porque soy una prefecta, y mi deber es no dejar que nadie salga por la noche, no dejar que la gente quiebre las reglas, y ustedes están haciendo ambos!
- ¿Tiene esto que ver con lo que pasó
entre nosotros dos?
La gente comenzaba a amontonarse en la sala común, y susurraba emocionada. Nadie sabía qué estaba pasando realmente, pero había dos personas de su propia casa con las varitas en alto.
- ¡Juliette! - exclamó Lily, al verla allí parada con la varita en alto, frente a Sirius, quién cubría la entrada del retrato - ¿Qué se supone que haces?
Juliette no le hizo caso. Miraba a Sirius con odio. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que mencionar aquello justo en ese momento? Por supuesto que no tenía nada que ver con aquello
por supuesto que no
¿o sí?
- ¿Por qué todo tiene que girar en torno a ti? - le gritó, fuera de sí - ¡Sabes, no eres el centro del universo! ¡Yo también tengo una vida, fuera de lo que piense o no de ti! ¡Esto no tiene nada que ver contigo, no tiene nada que ver con que me hayas insultado, humillado, lastimado! ¡No tiene nada que ver con que me hayas destrozado, con que yo haya pasado quince días llorando por ti, recordando tus palabras cuando me dijiste que me amabas, y me juraste que nunca habías sentido lo mismo por otra chica! ¡Y lo peor, Black, es que yo te creí como una verdadera ingenua! ¡Que te quede claro: Esto no tiene nada que ver contigo, Black, y menos con que hayas besado a otra delante de mí cuando yo iba a pedirte disculpas! - su voz se quebró. Tomó aire - ¡Rictusempra!
Sirius volvió a esquivarlo, y la miró a los ojos. No tenía ni idea
ni idea
toda la sala común estaba sumisa en un completo silencio.
- No
no lo sabía
- murmuró el joven. Se sentía terrible.
- ¡Pues ahora lo sabes! ¡Por última vez, Black, déjame pasar! - Juliette parecía a punto de caer en un colapso nervioso. Acababa de soltarlo todo
todo lo que sentía
sin embargo, no se sentía mejor, ni mucho menos. Sirius negó con la cabeza.
- Lo siento, Ju, pero no

- ¡NO ME DIGAS JU! - Juliette se dio la vuelta, para no mirarlo a la cara. Seguía empeñada en no soltar ni una lágrima, aunque se le estaba haciendo muy difícil. Suspiró - Me sacas canas verdes, Black. Me enojas, me irritas
me molesta que creas que puedes pasar de largo todo lo que te digan o te ordenen, porque te creas el mejor. Me enoja que seas tan indiferente, y que te dé igual lo que los demás sientan, o les pase por tu culpa. ¡TE O
! - pero no pudo terminar la frase, ya que se dio la vuelta, y durante un instante vio los ojos grises del muchacho frente a ella, sintió su respiración, hasta que sintió la calidez de sus labios sobre los suyos. Hacía tanto que no lo sentía
de verdad lo extrañaba. Se vio obligada a cerrar los ojos, y dejarse guiar. Algunos lanzaron un ¡Ooh!. Dalila O’Connor se llevó las manos a la boca. La mayor parte de los alumnos se quedaron boquiabiertos. Lily, sonriente, comenzó a aplaudir, y al cabo de un instante todos la estaban imitando. Cuando se separaron, Sirius acarició la mejilla de Juliette con una sonrisa. Ella se colgó del cuello del muchacho, y apoyó el rostro sobre su hombro. Aunque no podía verle la cara, Sirius tuvo la certeza de que lloraba, y la abrazó. Lily miró por la ventana: había dejado de llover.


Bajo su capa invisible, James se dirigió hacia los terrenos del castillo, aún preguntándose qué estaría pasando arriba. A lo lejos, pudo ver una sombra que se acercaba al sauce boxeador, con un enorme palo en la mano.
- ¡NO! - gritó, y corrió hacia él, tirando su capa invisible. Al oírlo, Snape se sobresaltó, pero al verlo volvió a relajarse.
- Ah, eres tú Potter
ya pensé que no vendrían.
- ¡Debes
irte
de
aquí! - jadeó James. Snape arqueó las cejas.
- ¿Qué dices, Potter? ¿Todavía quieres guardar el secreto? ¿Te arrepentiste? - lanzó una risa fría - Ya es muy tarde, Potter. Estoy a punto de descubrirlo
y todo gracias a tu amigo Black.
- No
entiendes
- a James le costaba mucho hablar. - Esto
es
peligroso

- ¿Peligroso? No me hagas reír. Quítate. ¡Expelliarmus!
James salió disparado hacia el otro lado. Rápidamente se incorporó y corrió hacia él, pero ya era muy tarde: Snape había tocado con el palo el nudo del árbol, y este había dejado de moverse.
- ¡Un pasa
! - comenzó Snape, emocionado, pero inmediatamente palideció. Aunque no se notó, claro, entre que estaba oscuro y Snape era naturalmente blanco como la cera
En fin, un enorme hombre lobo salía de adentro de un árbol, aullando y gruñendo, y se dirigía exactamente hacia donde estaba él.
- Lupin
- murmuró Snape, dando unos pasos hacia atrás.
- ¡No! - gritó James, interponiéndose entre el licántropo y el chico, y recibiendo un zarpazo de lleno en el pecho.
- ¡Sr. Potter! ¡Sr. Snape! - los profesores McGonagall y Dumbledore se acercaban a ellos, seguidos por Madame Pomfrey. Mientras la profesora McGonagall trataba de calmar al hombre lobo con hechizos y encantamientos, Dumbledore miró a James, quién estaba inconsciente tendido en el suelo con el pecho todo manchado de sangre, y luego a Snape, que por la conmoción y el miedo se había caído para atrás.
- Poppy - le dijo a Madame Pomfrey - Lleve a estos dos muchachos a la enfermería. Mañana hablaré con ellos.
- Sí, señor director.

James abrió los ojos a la mañana siguiente. Tenía todo el pecho vendado, y se encontraba acostado en una cama de la enfermería. Se incorporó.
- Ah, veo que despertaste - la enfermera se acercó a él, y le encajó en la boca un pedazo enorme de chocolate - No parece que tus heridas sean graves. Y tienes suerte, porque andar vagando por la noche con un hombre lobo
¡Que desgracia!
James, tratando de morder el enorme cuadrado de chocolate que no le entraba en la boca, miró hacia el costado, y vio a Snape sentado en una camilla, quién lo miraba con profundo disgusto. James le devolvió la mirada, aunque quedaba bastante ridículo con mirada amenazante y un trozo gigantesco de chocolate que le sobresalía de la boca. Alguien tocó a la puerta, y entró el profesor Dumbledore.
- Me alegra que ambos estén despiertos - dijo - Poppy, me gustaría hablar con James y con Severus a solas, por favor.
La enfermera apretó los labios, como signo de desaprobación, pero se encerró en su despacho.
- Bien - comenzó el profesor Dumbledore, sentándose a los pies de la cama de James - Despacio. ¿Qué fue lo que pasó anoche?
- Fueron Potter y Black, señor director - comenzó Snape - Ellos dos y toda su pandilla. Quisieron matarme.
- ¡No quisimos matarte! - se defendió James - Lo que pasó fue que

- ¡Fue que quisieron hacerme una broma, y les pareció muy divertido que por esa estúpida broma yo fuera mordido por un hombre lobo!
- ¡No es cierto! ¡Anoche te salvé la vida!
- ¡Anoche no salvaste mi vida, Potter, si no la tuya!
- Basta - el profesor Dumbledore los silenció con la mano - Sé que es muy difícil para ustedes llevarse bien, pero les pido que se calmen y que me expliquen exactamente como fue que llegaron allí.
Snape y James se fulminaron con la mirada, y luego cada uno contó su propia versión. La de Snape consistía en que tanto James y Sirius como Remus y Peter estaban metidos en la broma, y que todos habían querido matarlo, mientras que en la de James solo estaban metidos Sirius y él, y aseguraba que habían querido salvarle la vida.
- Bien - cuando ambos hubieron terminado, el profesor Dumbledore se levantó, dispuesto a irse - Ahora que ya tengo las dos versiones, puedo sacar la propia, Ninguno de ustedes será castigado, puesto que el señor Potter está herido - James hizo un gesto de triunfo. Dumbledore sonrió - Pero debo advertirte, James, que no creo que Minerva tolere una salida nocturna más.
- Por favor, profesor, me ofende
si yo soy más bueno que un ángel-
Dumbledore rió, mientras Snape hacía un gesto de asco.
- Lo dudo. Ah, antes de irme, Severus
- el rostro del profesor Dumbledore ensombreció - Debes prometer que de lo que has visto anoche, no debes contar ni una palabra a nadie. A nadie. ¿Entendido?
Snape asintió.
- Sí, señor director.
Apenas Madame Pomfrey lo dejó salir de la enfermería, James corrió a contarles a sus amigos lo sucedido. Los encontró sentados en la sala común, se sentó junto a ellos y comenzó a contarles lo sucedido. Apenar terminó, Remus echaba humo por las orejas.
- ¿¡CASI MATO A ALGUIEN POR TU CULPA?! - le gritó a Sirius, quién se había encogido en la punta del sillón, muerto de miedo - ¡ERES UN IMBÉCIL!
- Lo siento, Remus - murmuró Sirius, cuando el chico terminó de gritarle y se calmó un poco - No pensé que armaría tanto revuelo. Aunque se lo tenía bien merecido
siempre husmeando

- ¡SIRIUS! - lo retó Remus, furioso. No parecía dispuesto a perdonarlo fácilmente - ¿Es que acaso no te das cuenta de lo que has causado, o de lo que pudiste haber causado? ¡Fue muy
muy
! ¡Arghh, ERES UN IDIOTA!
- ¡Calma! - Sirius levantó las manos hacia Remus, en señal de protección - Inhala, Exhala
. - Remus respiró hondo - Eso es
bien. Ya me disculpé. Ahora, por favor, no me hagan echar por la borda toda la alegría que siento, y menos por culpa de Quejicus.
- ¿De qué hablas, Sirius? - preguntó Peter.
Sirius irguió el pecho con orgullo.
- Juliette y yo hemos hecho las pases.
El enojo de Remus pareció desvanecerse en el aire. Él y James se abalanzaron sobre su amigo, y comenzaron a bombardearlo a preguntas:
- ¿Qué?
- ¿Cómo?
- ¿Cuándo?
- ¿Dónde?
- ¿Qué hiciste?
- ¿Qué le dijiste?
Sirius se tapó los oídos. Las voces de sus amigos parecían multiplicarse por cien.
- ¡Oigan, oigan! ¡Una pregunta a la vez, por favor!
Remus y James se miraron, y se sonrieron.
- De acuerdo
- comenzó James - Queremos detalles.
- Todos - agregó Remus.
Sirius, con lujo de detalle, les contó a sus amigos lo que había pasado la noche anterior.
- Esta mañana estuvimos hablando
ella comenzará a confiar más en mí, y tratará de no ponerse muy celosa, y yo controlaré mis gestos impulsivos - terminó.
- Te felicito, Canuto, amigo - le dijo Remus, palmeándole la espalda.
- Pero hay algo que aún no les he contado - comentó Sirius, recordando. Sus tres amigos lo miraron extrañados, y él les contó lo que había oído en su cita con Carola Wittengstein. Para su sorpresa, James sonrió.
- No te preocupes por ello, amigo
tengo un plan. Y lo mejor, es que sólo tendrás que ser tú.

Se acercaba la primavera, y por lo tanto comenzaba a hacer un bonito tiempo para salir a pasear por los terrenos. Un domingo por la mañana, Juliette y Lily se habían sentado cerca de la cabaña de Hagrid, a orillas del lago. Mientras Lily leía Pociones Avanzadas, Juliette le escribía una carta a su hermano.

Querido Paul:
Tenías razón. Ya me he arreglado con Sirius, y estamos mejor que nunca. Como dice mamá: Si dos personas no se pelean, es que no se quieren. Con esta pelea he aprendido mucho, y he decidido cambiar algunos aspectos de mi carácter: he madurado, Paul, y pienso hacer de ello una gran ventaja. Aún pienso seguir cambiando, quiero ser la chica que Sirius se merece. Pero voy poco a poco. Empiezo por confiar en él, y ahorrarme los escándalos. Con respecto a tu novia muggle, tómate las cosas con calma. Si, como tú dices, es la chica perfecta, el momento de decirle la verdad llegará solo, cuando sea más oportuno. Y si de verdad ella te ama, tendrá que aprender a creerte, y a quererte como eres. Aquí todo está bien, está comenzando a hacer calor, y con Lily estamos aprovechando para salir y tomar un poco de aire. Ya que menciono a Lily, te envía saludos. Escríbeme y cuéntame como ha ido todo.
Juliette


Cuando terminó de leer su propia carta, Juliette miró hacia atrás, y le sonrió al chico que la saludaba con la mano y se acercaba a ella.


Sirius estaba sentado a la sombra de un árbol, junto a James y a Peter. Trataba de encontrarle forma a las nubes. Remus estaba arriba, ordenando su armario (?).
- Voy a tomar sol - les anunció Sirius a sus amigos, y se alejó un poco del árbol para que el sol le diera en la cara. Después de cinco minutos, sintió como la sombra lo cubría.
- James
me tapas el sol - se quejó, sin abrir los ojos.
- Lamento decirte que no soy yo, amigo - se oyó la voz de James, más lejos, con un dejo de diversión.
- ¡Peter
! - trató Sirius.
- No, no - contestó Peter.
Sirius abrió los ojos. Carola Wittengstein estaba parada a su lado, y lo miraba con aires de superioridad.
- Ah, eres tú - dijo Sirius con tono de aburrimiento y volvió a cerrar los ojos.
- ¡No me ignores! - chilló ella, le tomó los brazos y tiró de él para que se levantara.
- ¡Hey! - Sirius se incorporó y la enfrentó. James y Peter tenían que hacer muchos esfuerzos para no reírse - ¿Qué quieres?
- Que hablemos. A solas - señaló a James y a Peter. Este último hizo ademán de levantarse, pero James lo tomó del brazo y lo tiró hacia abajo.
- Ahí tenemos un problema - Sirius sonrió - ¿Sabes? Ellos son mis mejores amigos. Lo comparto todo con ellos. Así que, tarde o temprano, se terminarán enterando. Y mejor que sea temprano, ¿no?
Carola lo miró enojada, y luego suspiró.
- De acuerdo, me debes una explicación.
Sirius sonrió con malicia.
- Muy bien. Escupe.
Carola lo miró con asco, y luego continuó su perorata.
- Sobre el beso del otro día. Besaste a Juliette Roxas frente a toda la sala común. Sé que fue solamente para callarla, y te entiendo, porque se estaba poniendo insoportable, pero me dejaste en ridículo y

- ¿Quién te dijo que fue solo para callarla?
Carola lo miró con los ojos abiertos como platos.
- ¿Perdón?
Sirius suspiró fingidamente.
- Me parece que hay algo que no estás entendiendo. - le dijo - Nosotros nunca tuvimos nada. Ni lo tendemos. Con la única chica con la que soy capaz de tener algo serio, es con Juliette. Es a la única a la que de verdad amé, y aún amo. Ese beso que te di, en la sala común, el día de la fiesta
fue nada. Aunque deberías saberlo ya. Tú misma lo dijiste: Aún recuerdo la época en que Sirius era libre
andaba con una chica distinta cada semana
¿No era que extrañabas esas épocas? Bueno, aquí la tienes. Para que recuerdes al viejo Sirius Black, al que ya no existe, gracias a ella
- señaló a Juliette, quién estaba sentada a orillas del lago, escribiendo - ella me hizo madurar, me hizo entender que sólo se puede amar a una persona, y yo, la elegí a ella
porque la amo más que a nada en el mundo. - suspiró - Sí, Carola, te usé. Te usé como a un juguete desechable. Y esos, una vez que se usan, se botan. Sobre todo si se pasan el día hablando de sus zapatos Italianos. - sonrió de la casa atónita de la chica - Me parece que la que va a quedar destrozada, y va a llorar el resto de su vida porque Sirius Black le rompió el corazón, eres tú

Se dio vuelta, y se dirigió hacia Juliette, quién levantó la mirada y le sonrió. Dejó atrás a una Carola boquiabierta, y a dos amigos muertos de risa bajo la sombra de un árbol.
- ¡Lily! - exclamó Juliette, cuando vio a su amiga cruzando la barrera del andén 9 y ¾. La pelirroja sonrió y se acercó a ella, y Juliette pudo ver una insignia dorada en su pecho, que decía Premio Anual - ¡Qué bien se ve esa insignia en tu pecho, amiga! ¡No me cansaré de repetírtelo!
- Gracias - Lily comenzó a buscar entre la multitud. Aunque ya conocía la respuesta, Juliette preguntó:
- ¿A quién buscas?
- A nadie. - Lily tomó su carrito y lo empujó más cerca del tren. Suspiró - ¿Puedes creer que ya estemos a punto de empezar nuestro último año en Hogwarts?
Juliette negó con la cabeza. Estaban por comenzar el séptimo año, el último. Ya habían pasado seis años desde que el sombrero seleccionador gritó ¡Gryffindor!, seis años desde que su vida había comenzado a cambiar. Y aquél era el último año. El último que pasaría en el lugar donde había sido la chica más feliz, y la más desdichada a la vez. Suspiró.
- Tú debes ir al compartimento de los prefectos y los Premios Anuales a recibir instrucciones
¿no es cierto? - Lily asintió - Seguramente darán el mismo discurso que hice cuando fui yo
De acuerdo, entonces buscaré un compartimento libre y te esperaré allí.
Junto a sus equipajes, las dos jóvenes subieron al tren. Lily fue hacia la derecha, y Juliette comenzó a espiar todos los compartimentos, tratando de encontrar uno vacío. Estaba por resignarse, e ir a sentarse con Allison, Dalila y Mary, cuando oyó una voz conocida al final del corredor que la llamaba. Sacando la cabeza de un compartimento, se encontraba Remus, que le sonreía y le hacía señas para que se acercara. La chica empujó su carrito hasta llegar a él, y entró al compartimento, dejando su maleta. Adentro se encontraban Remus, Peter y Sirius. Este último se apresuró a levantarse y besar a su novia. Ella se sentó a su lado.
- ¿Qué tal tu verano, Ju? - le preguntó Remus, cerrando la compuerta tras ella, y sentándose junto a Peter.
- Bastante normal. Nostálgico, considerando que fue el último verano antes de la graduación

Los otros tres asintieron. A lo largo del viaje, Sirius se dio cuenta del enorme cambio que había hecho su novia durante el verano. No sólo había madurado moralmente, lo que significaba que ya no se sonrojaba por todo ni se reía nerviosamente, si no que también físicamente: estaba más alta, y su cuerpo ya no era el de una niña, si no el de una mujer: sus pechos habían crecido y su cuerpo había adoptado una bonita forma curvilínea. Se había cortado el cabello en capas, se había dejado crecer las uñas, bien cuidadas, y se había maquillado levemente.
- ¿Qué te ha pasado, Juliette? - le preguntó Sirius, pasado un rato, interrumpiendo una conversación acerca de los EXTASIS. Ella lo miró extrañada.
- ¿De qué hablas?
- Has
cambiado. Y mucho.
Juliette sonrió.
- ¿Para mejor o para peor?
Sirius la besó dulcemente sobre los labios.
- ¿Y tú que crees?
Remus suspiró.
- Ay, que bonito es el amor
- Sirius y Juliette lanzaron una carcajada. Juliette miró a Sirius, luego a Remus, y por último a Peter.
- ¿Dónde está James? - preguntó. Sirius estaba por contestarle, cuando la puerta del compartimento se abrió de par en par.
- ¡Es Premio Anual! - exclamó Lily, furiosa, entrando - ¡James Potter es Premio Anual!
Detrás de ella entró James. Se lo veía algo cohibido. Remus le lanzó una mirada de advertencia a Juliette.
- Muy bien - exclamó ella, levantándose y acomodándose la falda de jean - Lily
¿Qué tal si vamos a buscar otro compartimento?
- ¿Por qué? ¡Si aquí todos
! - comenzó Sirius, pero Remus lo interrumpió.
- No, Sirius, no entramos todos - le dijo fríamente, apretando los dientes - seis personas caben muy apretadas en un solo compartimento
¿no es cierto?
Sirius iba a replicar, pero comprendió.
- Ah, no
es cierto
adiós, chicas.
Lily y Juliette se apresuraron a salir, y se dirigieron al compartimento de los prefectos, en ese momento vacío.
- ¡No puedo creer que Potter sea Premio Anual! - dijo Lily, apenas cerraron la puerta - ¿Cómo se les ocurrió
?
- ¿Por qué estás tan enojada? - Juliette estaba confundida - ¿Es por ese absurdo rencor que le tienes? ¡Si el año pasado comenzaban a llevarse bien!
- Eso fue porque ambos estábamos preocupados por tu relación con Sirius. ¡Aún lo odio
! Es un arrogante, un creído, un presumido, un

- Lily, escucha - Juliette le puso una mano en el hombro - Ese estúpido orgullo tuyo, después de lo que le gritaste en quinto año, es algo que no soporto. Te estoy siendo sincera. Ese orgullo no va a llevarte a ningún lado. Ambas sabemos que tu opinión de James ha cambiado muchísimo, pero no quieres admitirlo por
orgullosa. - Negó con la cabeza - No. Ya sé porqué es. ¿Sabes? Puedes odiar a James todo lo que quieras. Puedes pensar de él lo que tengas ganas. Pero sólo recuerda esto: él no es el culpable de que te hayas peleado con Snape.
Lily se encogió de hombros, claramente molesta, se tiró sobre el asiento y miró hacia fuera.

- No tuve tiempo de felicitarte, James - le dijo Remus - De verdad, estoy orgulloso.
- ¡Cornamenta, Premio Anual! - exclamó Sirius - Es increíble
¿Qué habrá estado pensando Dumbledore?
James se encogió de hombros.
- ¿Qué te ocurre, James? - le preguntó Remus, preocupado.
James miró por la ventana.
- No lo sé
algo me está pasando
Algo me ha estado carcomiendo por todo el verano

Sirius asintió.
- Me he dado cuenta
has estado distraído todo el verano
Y me parece que sé lo que te ocurre. Déjame adivinar: Empieza con L y termina con ily Evans.
James suspiró, y asintió.
- No sólo es eso. Me siento extraño. Cuando recibí la insignia de Premio Anual, a fines de Julio, fue la caída de mi vida como la conocía. Comencé a reflexionar
¿realmente merecía esto? Si lo único que había hecho en toda mi vida había sido presumir y armar alboroto
¿y si de verdad hay un aspecto responsable dentro de mí? Comencé a pensar en mis padres, en ustedes, y luego en Lily

Peter iba a decir algo, pero Remus lo codeó para que se callara.
- Ustedes saben que Lily siempre ha sido para mí ese objetivo inalcanzable - continuó James, mientras los demás asentían - Yo sabía que podía tener a cualquier chica que yo quisiera. Todas me habrían seguido el juego. Pero
Lily era diferente. Lily era
una apuesta para mí mismo. Pero entonces
a finales de quinto año
¿recuerdan lo que me dijo? Me dijo que le daba asco. Traté, de verdad traté de creer que no me importaba
que solo era un comentario más de Lily Evans hacia mi persona. Pero
no pude. Desde entonces, me di cuenta que jamás la tendría. Pero hoy
cuando la vi
me di cuenta de

- De que te habías enamorado - terminaron Sirius y Remus a la vez.
James asintió. Para su sorpresa, Remus y Sirius sonrieron.
- Todo eso que acabas de decir, significa que has madurado - le explicó Remus calmadamente.
- Ahora entiendo por qué Dumbledore te dio el Premio Anual - sonrió Sirius - Y por Lily
no te preocupes por ello. Ya se dará cuenta de tu nuevo carácter.
- Pero
- Peter no parecía muy convencido - James
tú no puedes estar enamorado.
Los otros tres lo miraron extrañados.
- ¿Por qué no? - preguntó Remus.
- Bueno, es que
James no es así, él
él es más
¡él no es el tipo de personas que se enamora tan fácilmente!
- Eso nos demuestra que ha cambiado, Peter.
- No le hagas caso, amigo - Sirius sonrió - Él es el que necesita madurar.
James, un poco más contento, se comió una rana de chocolate que tenía en el bolsillo.

- ¿Te das cuenta de que Potter ha cambiado muchísimo? - le preguntó Lily a Juliette, mientras desayunaban, la mañana del 31 de octubre.
- Lily - Juliette le dio un fuerte golpe a la mesa con el diario que estaba leyendo - Se cuanto te afecta esto, pero
¿Podrías dejar de hablar de James, aunque sea un minuto? ¡No lo soporto más! Trata de oírme a mí todo el día hablando de Sirius.
Lily lanzó un resoplido, y miró hacia la puerta, por donde acababan de entrar los cuatro merodeadores. Su mirada se cruzó con la de James pero este, en vez de sonreír con arrogancia y acercase a ella, continuó hablando con Sirius y se sentó en la otra punta de la mesa.
- Es increíble que
- comenzó ella, pero al notar la mirada asesina de su amiga decidió cambiar de tema - Eh
¿Aún tienes la Felix Felicis que se ganaron el año pasado tú y Sirius con el trabajo de Slughorn?
Juliette asintió, sonriente, y sacó de su bolsillo una pequeña botella con líquido dorado.
- Pienso usarlo para los EXTASIS - bromeó - Aún no puedo creer que no fuiste tú quien se la ganó. ¡Si eres la primera de la clase!
Lily hizo un gesto con la mano.
- Te lo ganaste limpiamente, Ju. Tú y Sirius hacen una pareja estupenda, y son dos de los estudiantes más brillantes del colegio. - miró a James, sin poder evitarlo - Aún no entiendo como Potter

- ¡LILY! - gritó Juliette en forma de advertencia, haciendo que unos alumnos de primero que estaban a su lado se sobresaltaran.
- De acuerdo, lo siento


Ser estudiante de séptimo año no era sencillo. Los profesores parecían pensar que se habían olvidado de enseñarles un montón de cosas durante los primeros seis años, y tenían que aprendérselas todas durante el último. Una semana antes de las vacaciones de Navidad, salían de una clase de Transformaciones especialmente difícil, cuando Juliette se acercó a Sirius.
- ¿Tienes un minuto? - le preguntó.
- No realmente
¿Tú tienes uno para prestarme? - Juliette sonrió. Sirius la besó en la frente - Siempre tengo tiempo para ti
dime.
- ¡Nos vemos en el almuerzo, Canuto! - le gritó James, y se alejó junto a Remus y Peter.
- No volverás a tu casa para Navidad
¿verdad? - le preguntó la chica.
- Me comería un sapo vivo antes de volver a esa casa.
- ¿Dónde pasarás Navidad, entonces?
Sirius la miró de reojo.
- No lo sé
supongo que en el colegio, o en casa de James
¿Por qué preguntas?
Juliette miró al piso. Pese a que ya se tenía más confianza, seguía teniendo un toque de su antigua timidez.
- Esto
¿Quieres venir a pasar las vacaciones a mi casa?
Sirius se quedó boquiabierto.
- ¿A
a tu casa?
- Sí. ¿No quieres?
- ¡Sí, sí que quiero! Pero
tu padre

- No te preocupes por eso. Mi padre no muerde.
Sirius rió y, algo más tranquilo, volvió a besarla en la frente.
- Me encantará pasar las vacaciones contigo.
Juliette sonrió, radiante, y se alejó.

La noche del 21 de diciembre, Juliette decidió subir a preparar su maleta y se encontró a Lily sentada en su cama, debatiendo contra sí misma.
- Treinta Galleons a que estás pensando en James. - sonrió Juliette.
Lily no le hizo caso. Juliette puso su maleta sobre la cama, y comenzó a meter toda su ropa.
- ¿Cómo puede ser que haya madurado tanto? - saltó Lily de repente. - ¿Qué es lo que trama?
Juliette suspiró, y se sentó a los pies de la cama de su amiga.
- ¿El amor es un capricho o un sentimiento? - preguntó, con tono poético. Luego sonrió maliciosamente - ¿O un Potter?
Esquivó el almohadón que le fue lanzado y, muerta de risa, salió del dormitorio.
- Esta es mi casa - presentó Juliette cuando Sirius y ella se encontraron frente a una bonita casa blanca en los suburbios. Sirius la observó de arriba abajo: Aunque estaba oscuro, ya que era de noche, el chico pudo notar gran parte de los detalles. Tenía un jardín delantero con el pasto más verde y parejo que hubiera visto jamás. Pequeños árboles y arbustos con hojas de distintos colores (rojas, amarillas y distintos tonos de verde) habían crecido a su alrededor. Al lado del pasto había un ancho camino de asfalto que terminaba en la puerta de lo que parecía un gran garaje. Del final del camino salía otro, más angosto, algo curvo, que iba hacia la entrada de la casa, que estaba pegada al garaje. Tenía un pequeño pórtico, y el techo de ladrillo estaba sostenido por finas columnas blancas. Entre dos columnas estaba la puerta de casa, con el marco de madera y un vitral azul en el medio. Del lado derecho había una gran ventana, y bajo ella una pequeña mesita de vidrio con dos sillas. Desde el techo sobresalía el segundo piso, donde Sirius imaginó eran las habitaciones.
- ¡Juliette! - la puerta principal se abrió, y por ella salió corriendo Ayla Roxas, dispuesta a abrazar a su hija. Luego se giró hacia Sirius, y le sonrió. - ¿Cómo has estado, Siguius?
- Muy bien, sra. Roxas, muchas gracias.
- Entguen, entguen, que hace fguio.
Tomó el brazo de Sirius y tiró de él hacia el interior de la casa. Juliette los siguió sonriente. El chofer que los había llevado desde King’s Cross tomó las valijas y las llevó arriba, luego se despidió con una reverencia, chasqueó los dedos y desapareció. Apenas entraron, se oyó una voz desde la habitación de la derecha:
- ¿Es la nueva moda? ¿No saludar a tu padre?
Definitivamente, Juliette se parecía al sr. Roxas. Alto, flaco, con cabello castaño oscuro, bien lacio y algo cano. Padre e hija tenían la misma nariz recta y los mismos ojos alargados, excepto que el color de los del Sr. Roxas era castaño. Era la Sra. Roxas la que los tenía azul zafiro, como Juliette.
Apenas soltó a su hija, quién había ido a darle un beso, el Sr. Roxas miró a Sirius y estiró su mano. Sirius la estrechó. Había algo en la mirada de su suegro que al chico no le gustaba nada. Trató de sonreír.
- Ya nos habíamos conocido antes, pero
- El Sr. Roxas le devolvió la sonrisa, aunque en sus ojos continuaba la misma frialdad anterior. - Comencemos de nuevo. Daniel Roxas, padre de Juliette.
- Sirius Black. El
novio de Juliette.
El Sr. Roxas entornó sus ojos.
- Con que Black
Juliette, ¿por qué no le muestras dónde va a dormir?
Juliette asintió, tomó a su novio de la mano y le murmuró:
- Ven, que te muestro la casa.
El hogar entero estaba decorado con adornos navideños. En el salón, que era la primer gran puerta a la derecha en el pasillo de entrada, habían ubicado un enorme pino de Navidad, y las paredes estaban llenas de guirnaldas y muérdagos. En el comedor, primera puerta a la izquierda, y en la cocina, segunda puerta a la izquierda, volaban luciérnagas de distintos colores.
- Te mostraré las habitaciones - le dijo Juliette a Sirius, riéndose de su cara atónita.
Salieron de la cocina y subieron por las escaleras. Sirius observó las fotografías que había colgadas en la pared: Juliette y su familia, Juliette y su hermano, El Sr. Y la Sra. Roxas
Se sonrió al ver a su novia a los cuatro años. La niña de la fotografía jugaba súper divertida con una varita, que Sirius imaginó era de su padre. También se sorprendió al verse a sí mismo, junto con todos sus compañeros de Gryffindor. Reconoció la foto: había sido tomada en 1er año, al día siguiente de ser selectos para la casa Gryffindor. Continuó subiendo las escaleras y, al encontrarse con una pared, dio media vuelta y vio un pequeño y oscuro corredor, con cuatro puertas. Tres a la izquierda y una al fondo.
- Este - Juliette señaló la primera puerta - es el cuarto de mis padres. No es muy interesante
pero es el único que tiene balcón. Y esa - señaló la segunda puerta - es la habitación de Paul. Es dónde dormirás.
La abrió. Sirius nunca había visto una decoración tan azul. La puerta se encontraba del lado izquierdo de la habitación. A su derecha había un armario color madera y a su lado, pegada a la pared, la cama. El acolchado era de color azul, igual que el resto de la habitación, con el símbolo de Ravenclaw como estampado. Sobre ella, dibujada en plateado en la pared, había una enorme águila, que cuando abrieron la puerta gritó, y luego volvió a su posición. Al otro lado de la cama, había una pequeña mesita de luz, donde lo único que había era una lámpara azul y blanca. En la pared del fondo había un ventanal, con cortinas celestes, y pegado a la pared izquierda, un escritorio con un par de cuadernos y unas cuantas pancartas de Ravenclaw, incluido un hermoso dibujo de Rowena Ravenclaw.
- Lamento tanta decoración azul - se disculpó Juliette, entre risas, mientras Sirius observaba el dibujo del águila en la pared. - ¿Te molesta?
- Para nada - contestó él, sonriente - Si hubiera sido verde y plateada ya habría salido, pero el azul me gusta mucho. Aunque claro, nunca como el escarlata.
Juliette le devolvió la sonrisa, y lo llevó hasta la tercera puerta.
- Esta - presentó - es mi habitación.
Al dormitorio de Juliette se lo veía mucho más iluminado. En la pared del fondo, al igual que en el de Paul, había un ventanal, pero este estaba cubierto por unas cortinas de seda blanca transparentes, y la luz del sol (en ese momento no presente) debía iluminar la habitación. Los muebles estaban ordenados como los de Paul: el armario blanco a la derecha, junto a su cama, y una mesa de luz del otro lado de la cama. Pero las paredes estaban pintadas de rosa claro un metro y medio desde el piso, donde parecía que la pared se metía hacia adentro y el resto hacia arriba era blanco. El acolchado de la cama era rojo claro, con un enorme león dorado en él. En la pared izquierda, había una pequeña biblioteca, y a su lado un pequeño tocador con un espejo ovalado en el centro. Alrededor, no había tantas pancartas como en la habitación de Paul, pero Sirius pudo reconocer algunos: había dos de Gryffindor, hechos por ella y Lily para los partidos de Quidditch. Reconoció la prolija caligrafía de Remus en uno, mezclada con la de Juliette. Lily, que dibujaba bien, debía de haber hecho los leones y los chicos en escoba. Luego vio uno de Pamel, la cantante de Bewitched.
- ¿Te gusta? - preguntó Juliette.
Sirius no contestó, pero sonrió. Eso le bastó a su novia. Sirius se acercó a la mesa de luz que había al lado de la cama. Encima de ella había tres fotografías: una de Juliette y Lily, en el jardín de la casa, a los trece años; una de Paul, Remus y Juliette de pequeños, y la última de Sirius y James, muertos de risa. Debajo de ella, había un pequeño libro forrado en cuero. Juliette, al verlo interesado en el pequeño libro, se apresuró a tomar la foto de él y James y ponérsela bajo la nariz.
- ¿Me la firmas? - bromeó.
Sirius estalló en una carcajada, pero tomó su varita, y se la firmó.
- Valdrá millones de Galleons. Pagarán fortunas por tenerla - dijo.
Juliette rió.
- Sí, seguro

Sirius se sentó sobre la cama, pero inmediatamente se levantó al oír un rugido debajo de él.
- Ten cuidado - le advirtió Juliette - No te sientes en su rostro, porque no le gusta.
- ¿Cómo hicieron eso? - preguntó Sirius, intrigado.
- ¿Qué cosa?
- Ya sabes. El león
el águila que grita

- Ah, eso
- Juliette acarició la melena del león, que ronroneó agradecido - Los hizo mi madre. Es experta en este tipo de hechizos

Ambos se sentaron en la cama, con mucho cuidado de no volver a pisar al león. Se miraron fijamente durante un instante, hasta que Sirius no pudo más. Se abalanzó sobre ella y la besó. Ella se dejó guiar. Podía sentir como él le acariciaba el cabello con una mano, y la mejilla con la otra. Se sentó en sus rodillas, y lo tomó por el cuello. Pero entonces
la puerta se abrió bruscamente. Sirius y Juliette se separaron al instante, quedando uno a cada lado de la cama.
- Tuvieron suerte de que fuera yo - dijo una voz de hombre - porque si fuera papá habríamos tenido problemas.
Ambos se giraron. Paul estaba parado en el marco de la puerta, sonriente. El hermano de Juliette era la sra. Roxas en versión masculina. Buen mozo, alto, flaco, ojos claros, pero no tan profundos como los de su hermana. Sus ojos eran más una mezcla entre su padre y su madre. Su cabello era castaño, casi rubio, y algo despeinado. En ese momento llevaba puesta una capa de viaje color púrpura, lo que le hizo notar a Sirius que acababa de llegar.
- ¡Paul! - exclamó Juliette, sorprendida - ¡No sabía que vendrías!
Se apresuró a abrazar a su hermano con cariño. Sirius aprovechó el momento, y tomó el libro, escondiéndolo en el bolsillo de su túnica.
- Esta lista la cena - les dijo Paul - Bajen en cuanto puedan.
- Espera - Juliette lo tomó del brazo - Si tú estás aquí
¿Dónde va a dormir Sirius?
- En mi habitación - contestó Paul, como si nada - Yo dormiré en el escritorio de papá.
Sirius se sentía algo incómodo, y estaba a punto de protestar, pero Paul no se lo permitió:
- No te preocupes, Sirius. Siempre adoré dormir en el escritorio. Tiene el sofá-cama más cómodo del universo. Además
ella y yo no entraríamos en mi cama.
Guiñó un ojo, y salió del dormitorio. De repente, Sirius recordó algo.
- Nunca me contaste cómo terminó la historia de Paul
- le dijo a Juliette - Ya sabes, el problema de la novia muggle

Juliette sonrió.
- Se casan en noviembre próximo. ¿Contesta eso a tu pregunta?
Sirius sonrió, y asintió. Ambos se apresuraron a bajar a cenar. Abajo, se encontraron a la sra. Roxas charlando animadamente con una muchacha joven a la que no conocían. Como no entendía una palabra, Sirius supuso que era francés. La muchacha medía fácilmente un metro setenta y cinco. Llevaba el ondulado cabello castaño claro suelto, y en la blanca pero bronceada piel se le podían ver varias pecas. Apenas los vio entrar en el salón, sonrió, y Sirius pudo notar que tenía los dientes muy blancos.
- Ella es Priscilla - presentó Paul, tomándola por la cintura - Mi prometida. Habla poco inglés, así que
Sirius, parece que van a tener problemas para comunicarse.
- Pas de probleme - sonrió Sirius, y los demás rieron.
Todos se sentaron a la mesa. Sirius comprobó lo que Juliette le había dicho millones de veces: la sra. Roxas era la mejor cocinera que había conocido. Aquella noche preparó una deliciosa carne rellena con queso fundido, acompañado por arroz y ensaladas varias. Juliette estaba enfrascadísima en una charla con Priscilla, y ambas parecían muy divertidas, así que Sirius comenzó una conversación con Paul acerca del campeonato de Quidditch.
- Inglaterra tiene muchas probabilidades de ganar el próximo - le dijo Paul - Tiene un equipo muy bueno.
- Es verdad - afirmó Sirius - Pero España también. Y parece que este año se están entrenando el doble.
- Tonterías - Paul hizo un gesto con la mano - Yo confío en Inglaterra. Aunque no dudo que me pondría muy contento que Francia ganara alguna vez.
Después de cenar, todos subieron a sus respectivas habitaciones. Sirius le deseó las buenas noches a Juliette, y entró en la suya.
Sirius se recostó en la cama de Paul. No tenía sueño. Metió su mano en el bolsillo, y sacó el libro que había tomado del dormitorio de Juliette. Lo abrió y leyó la primera página. Decía:

1 de Septiembre de 1970

Nada más. Sirius pasó un dedo por la página, y de repente comenzó a ser succionado hacia adentro. Trató de zafar, pero no lo logró. Cerró los ojos. Cuando los abrió, se encontraba en King’s Cross.
- ¿Qué rayos hago aquí? - gritó, pero nadie le contestó. Estaba por volver a gritar, cuando oyó una voz aguda que gritaba:
- ¡CUIDADO!
Sirius miró hacia la izquierda, y vio a una niña con la túnica de Hogwarts, arrastrando su carrito, que se dirigía hacia él. Ya era muy tarde, lo iban a atropellar. Sirius cerró los ojos, pero la niña nunca llegó. En cambio, oyó un ruido de colisión. Miró hacia la derecha, y vio que la niña se había chocado contra el carrito de otra, y ambas habían caído. Cuando se pararon, con cierta melancolía, las reconoció: Eran Juliette y Lily, a los once años.
- Lo siento
- se disculpó la pequeña Juliette, frotándose la cabeza - Perdí el control del carrito.
- No hay problema - Lily sonrió - ¿Podrías explicarme a dónde tenemos que ir? Es que es mi primer año, y

- ¿Empiezas este año? ¡Yo también! - exclamó Juliette - ¿Cómo te llamas?
- Lily. Lily Evans. - Lily volvió a sonreír - No puedo creerlo
finalmente conozco a una niña bruja de verdad
¿y tú, como te llamas?
- Juliette Roxas - Juliette se sonrojó un poco, pero sonrió tímidamente. - ¿Por qué te sorprende tanto conocer una bruja?
- Porque
- Lily dudó - He vivido toda mi vida como una muggle. Soy hija de muggles. Nadie en mi familia es brujo. Fue toda una sorpresa
En realidad conozco un brujo. Pero es menor
empieza este año también en Hogwarts.
- Ya veo
- Parecía que Juliette estaba tan fascinada con Lily como viceversa. Tomó la mano de la pelirroja, y sonrió - Ven, déjame enseñarte.
Comenzaron a caminar por el andén.
- Ese - señaló a un muchacho bajito y algo enclenque - es Frank Longbottom. Es un año mayor que nosotras. Está en Gryffindor. Y esa - señaló a una muchacha alta y rubia, con cara de asco - es Narcisa Black. Es tres años mayor, y está en Slytherin.
- ¿Qué, tú los conoces a todos? - preguntó Lily con sorna.
- Más o menos
- contestó Juliette con sinceridad - He conocido a muchos magos en mi vida. Ser la hija de un sanador conocido no es fácil, pero te hace muchos sociales.
- ¿De un qué? - preguntó Lily, interesada.
- De un sanador. ¿No sabes lo que es? Ah, sí, es cierto que los muggles los llaman distinto
son
¿médicos, puede ser?
Lily estaba por contestar, cuando se chocó contra un muchacho.
- ¡Hey, ten cuidado por donde vas! - exclamó él, sacudiéndose la túnica. Sirius rió al notar que era su mejor amigo James. Lily frunció el entrecejo.
- ¡Las personas educadas piden disculpas!
- Sí, claro
- James se revolvió el cabello, y se alejó.
Todo se puso oscuro. De repente, Juliette estaba caminando por el corredor del tren. Se paró frente a un compartimento, y abrió la puerta.
- Hola, Remus - saludó con una sonrisa - Tanto tiempo.
Remus, quién se encontraba solo mirando por la ventana, le sonrió tristemente.
- De verdad hacía mucho tiempo
¿3, 4 años?
- Tres - dijo Juliette, y se acercó a él - ¿Me puedo sentar?
- Claro - contestó Remus.
Juliette se sentó frente a él. Abrió la boca para decir algo, pero la puerta del compartimento volvió a abrirse y por ella entraron James y, para sorpresa de Sirius, él mismo. Sintió nostalgia al verse tan pequeño.
- No hay más espacio en el tren - explicó James con aire altanero - ¿Podemos sentarnos?
No esperaron la respuesta, y se sentaron junto a ellos.
- ¡Hey! - dijo el Sirius pequeño, de repente, señalando a Juliette - ¿Tú no estabas en el mismo compartimento que Quejicus y la pelirroja insoportable?
- Sí, pero el amigo de Lily era insufrible
Me cayó pésimo, así que me vine aquí.
- Mucho mejor - James trató de imitar a Snape - ¡Yo estaré en Slytherin, porque en Slytherin están las serpientes feas y estúpidas como yo!
Ambos Sirius lanzaron una carcajada. Juliette rió nerviosamente, y Remus amagó una sonrisa.
- Bueno, ya, enserio - James se puso lo más serio que pudo - James Potter. Futuro Gryffindor.
Estiró su mano. Sonrojada, Juliette se la estrechó.
- Juliette Roxas.
James arqueó las cejas.
- ¿Futura
?
- Ravenclaw - contestó Juliette con seguridad. Los otros dos la miraron extrañados.
- Toda su familia paterna es de Ravenclaw - explicó Remus, de repente - Hasta el hermano. Irá a Ravenclaw, se los aseguro. Además, chica más inteligente no he conocido.
Juliette se puso roja como un tomate, pero sonrió.
- ¿Se conocen? - preguntó James.
Ambos asintieron.
- Nuestros padres son amigos - explicó Remus.
- ¿Y tú eres
?
- Remus Lupin - en ese momento volvió a mirar por la ventana. Comenzaba a oscurecer.
- Creo que solo falto yo - dijo el pequeño Sirius - Mi nombre es Sirius
Black.
Juliette, al oír el apellido Black, abrió bien grandes sus ojos azules, pero no dijo nada.
- Toda mi familia ha ido a Slytherin - continuó pequeño Sirius - Pero yo no quiero ir allí. No quiero juntarme con todos los futuros mortífagos.
James lo aplaudió. Luego se giró hacia Remus.
- ¿Y qué hay de ti?
- En realidad no lo sé. Mi padre fue a Gryffindor, pero no me veo lo suficientemente valiente como para

- Tonterías - James hizo un gesto con la mano - Así que tenemos tres Gryffindors y una Ravenclaw

El tren comenzó a aminorar la marcha.

- ¡Lily! - llamó Juliette, cuando se bajó del tren. Lily se dio la vuelta y sonrió.
- ¿Dónde estuviste?
- Me encontré con un viejo amigo. ¿Y dónde está Que
digo, Severus?
- Más adelante, dijo que me espera en el vestíbulo.
Sirius se sobresaltó al oír una voz grave, pero conocida, que gritaba:
- ¡Los de Primer Año! ¡Por aquí, los de Primer Año!
Lily y Juliette fueron hacia la voz, y Lily lanzó un pequeño grito.
- ¡Dios mío!
Juliette rió.
- Sé que tiene un aspecto terrorífico, pero mi hermano me contó de él. Dice que es más bueno que un cachorro. - La chica se acercó al hombre enorme que gritaba por los de Primer Año - ¿Tú eres Hagrid, verdad?
El semi-gigante sonrió, y asintió.
- Pueden subirse a este, chicas - tomó un bote, y ayudó a las dos niñas a subirse. Por detrás vinieron Remus y un muchacho pequeño y gordito, con ojos llorosos, al que Sirius reconoció como Peter.
- Es muy amable - reconoció Lily.
- Es el guardabosque. Es un semi-gigante. - explicó Juliette. Parecía encantada de poder explicarle tantas cosas a su amiga.
Al llegar al otro lado, Lily y Juliette subieron con el resto de los alumnos hacia el vestíbulo, donde los esperaba la profesora McGonagall, para dar el discurso de todos los años acerca del colegio.
- Ahora espérenme aquí - fue la última frase de la profesora, y entró al Gran Salón.
- Ojala estemos en Slytherin - le dijo Snape a Lily, que se había acercado a ella.
- Ella no estará en Slytherin - lo contradijo Juliette, un poco avergonzada - Aunque ninguno de nosotros será quién lo decida. Solo espero que estemos en la misma casa
sea cual sea.
Lily sonrió. Al parecer, no entendía la diferencia entre estar en Slytherin o en cualquier otra casa. Snape estaba por contestar, cuando apareció James por detrás.
- ¡Hola, Quejicus! - lo saludó, como quien trata a un niño pequeño - Lamento decirte que ella tiene razón
sólo las serpientes malvadas y asquerosas van a Slytherin.
- Ya basta - lo retó Lily, enojada.
- Hazle caso, pelirroja
- mini-Sirius se había acercado detrás de James - No te conviene estar en Slytherin.
Por suerte, en ese momento volvió a salir la profesora McGonagall, y los llevó hacia adentro. La fila de alumnos de primero caminó hacia adentro entre las mesas de Ravenclaw y Gryffindor. Paul, desde la mesa de Ravenclaw, le deseó suerte a su hermana. La profesora McGonagall explicó el procedimiento del sombrero, este cantó su canción, y la profesora estiró un rollo de pergamino.
- ¡Avery, Marcus! - llamó.
Juliette miró a Lily, y vio que temblaba.
- ¡Slytherin! - gritó el sombrero. La mesa de la izquierda estalló en aplausos. Juliette tomó la mano de Lily, y se miraron.
- ¡Aubrey, Betram!
- ¿Estás nerviosa? - le susurró Juliette a su amiga.
- ¡Hufflepuff! - la mesa de la derecha estalló en aplausos.
Lily asintió.
- ¡Belby, Damocles!
- No te preocupes - murmuró Juliette - Estés en la casa que estés, aunque sea Slytherin, vas a hacerlo bien. El sombrero nunca se equivoca. Y

- ¡Hufflepuff!
-
aunque no nos toque en la misma casa

- ¡Black, Sirius! - Sirius se sobresaltó. Volver a ver su propia selección
se sonrió. Tanto Juliette como Lily se pararon en seco. Mini-Sirius avanzó con aire altanero, aunque se le notaba algo nervioso, pero con una sonrisa en el rostro, y se puso el sombrero.
- ¡Gryffindor! - gritó este.
La sonrisa de mini-Sirius se pronunció aún más, mientras recibía un caluroso aplauso de la primera mesa a la derecha. Juliette bajó la mirada, pero luego aplaudió con los demás.
- ¿Qué me decías? - le preguntó Lily, mientras la profesora McGonagall llamaba a Bloomsbury, Laura. Juliette tomó aire.
- Que aunque nos toque en casas distintas, vamos a seguir siendo amigas. Quiero decir
yo
- se sonrojó. Lily sonrió, y le apretó la mano con fuerza. Después de un par de personas, la profesora McGonagall por fin llamó a:
- ¡Evans, Lily!
Lily, dura como una piedra, se aproximó al taburete y se puso el sombrero.
- ¡Gryffindor!
Juliette puso una expresión de tristeza, pero aplaudió con fuerza. Cuando Remus fue elegido para Gryffindor, se quedó un instante atónito en el taburete y luego fue a sentarse a la mesa correspondiente con una sonrisa de oreja a oreja. Y finalmente, la profesora McGonagall llegó a la P.
- ¡Pettigrew, Peter! - llamó.
Peter, al ir corriendo hacia el taburete, se tropezó con un escalón. Luego, entre las risas de todos, se puso el sombrero. Dudó un rato, hasta que finalmente dijo:
- ¡Sly
Gryffindor!
Nadie pareció haberse dado cuenta de la duda del sombrero. Sirius acababa de darse cuenta: era un detalle que nunca había notado. Se quedó pensativo. Pero el llamado a un nombre conocido lo sacó de su ensimismamiento.
- ¡Potter, James!
Al pasar al lado de Juliette, James le susurró:
- Suerte en Ravenclaw. Aunque tal vez

Juliette se sonrojó, y lo miró extrañada. El chico se acercó al taburete, y se puso el sombrero.
- ¡Gryffindor!
Juliette aplaudió con fuerza.
- Ella es la siguiente - pensó Sirius. Todo aquello le hacía sentir mucha nostalgia.
- ¡Roxas, Juliette!
Juliette se sobresaltó. Temblando de pies a cabeza, se acercó y se puso el sombrero. Este dudó un instante.
- ¡Gryffindor! - gritó finalmente.
Sirius conocía demasiado bien a su novia como para no darse cuenta de que la amplia sonrisa en su rostro era sincera. No solo la mesa de Gryffindor la aplaudía, si no también Paul y sus amigos. Lily se había parado, y cuando Juliette llegó se abrazaron con fuerza. Tanto Remus como mini-Sirius se habían quedado atónitos, pero James murmuró:
- Lo sabía.
Todo se puso oscuro y, de repente, Sirius volvió a encontrarse sentado en la cama, en el dormitorio de Paul.
- Ouau - fue el único sonido que salió de su boca. Volvió a abrir el libro, pero esta vez, en la primera página, decía:

1ro de Septiembre de 1970
Querido diario:
Hoy te estoy estrenando: fuiste el regalo de mi tía por haber entrado a Hogwarts. Quiero utilizarte como diario de experiencias. Quiero recordar cada momento de esta nueva vida, en el nuevo colegio, en Hogwarts. Fui seleccionada para la casa Gryffindor. ¿Qué dirá mi padre cuando se entere? Él tenía la esperanza de que yo fuera a Ravenclaw, como él. Sin embargo, yo estoy muy feliz de estar en Gryffindor. No sólo estoy con Remus, al que no veía hace muchísimo, mi mejor amigo de la infancia, lo que significa que mi relación con él se hará más estrecha, sino con Lily, una niña muy simpática (y muy bonita, por cierto) que conocí en King’s Cross, casi por accidente. Estoy segura de que llegaremos a ser muy buenas amigas. Me puso muy feliz estar junto a ella. También conocí a otros dos chicos: James Potter y Sirius Black. Parecen ser el dúo dinámico. También están en Gryffindor. Sí, lo sé, es extraño
¿un Black en Gryffindor? Sin embargo, cuando lo conocí, no parecía tenerle mucho aprecio a la tradición familiar. Parece ser distinto. Quiero conocerlo mejor. Ese chico es un misterio.
Cuando estaba en la fila, esperando a que me llamaran, yo quería estar en Gryffindor. Sentía culpa, sí, pero no podía evitarlo. Y cuando el sombrero seleccionador me mandó a Gryffindor, me sentí la niña más feliz del mundo. Tengo miedo de lo que pueda pasar
¿y si no le caigo bien a nadie? ¿y si la gente se burla de mí? ¿y si encima me va mal en el colegio? Como me gustaría ser más sociable, más
extrovertida. Pero voy a poner todo mi esfuerzo. Espero que todo salga bien.


- Veo que lograste leer el diario de mi hermana - dijo Paul desde el marco de la puerta. Sirius se asustó, y cerró el libro de golpe.
- Eh
yo

- No te preocupes, te vi quitárselo de su cuarto - Paul se sentó a los pies de la cama, y sonrió - No le diré nada.
Sirius suspiró aliviado.
- ¿Esto es
su diario? - preguntó.
Paul asintió con la cabeza.
- Es extraño, ¿no? No cualquiera puede leerlo. Mi hermana es muy buena con los hechizos, debió de haberlo embrujado con ayuda de alguno de los libros de mi madre
No sé bien quién puede y quién no, pero parece que tú pudiste.
Sirius lo miró con desconfianza.
- ¿Leíste el diario de tu hermana?
Paul se encogió de hombros.
- Tenía 17 años. Era muy tentador. Por suerte, nunca se enteró. Pero me entretuve muchísimo. Te recomiendo
- pasó las páginas, hasta llegar al 31 de octubre de 1973 -
este. Va a gustarte.
Paul se levantó y salió de la habitación. Sirius dudó, pero luego pasó el dedo índice por la página y cerró los ojos.
- ¿¡CASTIGADAS!?
Juliette y Lily miraban a la profesora McGonagall anonadadas. Ya estaban algo más grandes. Se encontraban en el despacho de la profesora McGonagall, junto a Sirius, Remus, Peter y Filch, el conserje.
- Sí, señoritas, castigadas - les contestó la profesora desde su escritorio - Nada, repito, nada, les da derecho a deambular por los pasillos del colegio por la noche.
- Pero, pero
- Lily trataba de explicar lo sucedido - Si sólo me dejara explicarle
esto no es

- No me diga lo que es o no es justo, señorita Evans - atajó la profesora - Y no me importa qué es lo que haya pasado. Ustedes seis fueron encontrados a medianoche paseando por el colegio. Ahora, si me disculpan, tengo que seguir trabajando, así que
Argus, llévalos a la cabaña de Hagrid, por favor.
- ¿¡QUE!? - gritó James - ¿¡El castigo será hoy!? ¡Pero son las dos de la tarde! ¡Y es Halloween! ¡Y tengo que entrenar! ¡Y
!
- Potter - la profesora se levantó de su asiento - Ustedes han cometido una infracción, y están siendo castigados. Cas-ti-ga-dos. Por lo tanto, tienen que asumir la responsabilidad de sus actos. Lo siento, pero es mi última palabra.
Cuando estaban saliendo, Lily comenzó a gritarle a James.
- ¡Todo esto es tu culpa! - gritaba, furiosa - ¡Estamos metidos en un lío, por culpa tuya y de tus amigos!
- ¡Si tú y tu amiga salieron a buscarnos, fue responsabilidad suya! - se defendió James.
- ¡Ya cállense! - gritó Filch, irritado. En los límites del bosque prohibido, que fue adónde llegaron, los estaba esperando Hagrid.
- ¿Todo bien, muchachos? - James y el pequeño Sirius asintieron. Juliette temblaba de pies a cabeza. Remus murmuraba cosas inentendibles. Lily estaba furiosa, y Peter miraba a James y al pequeño Sirius maravillado. Filch le hizo un gesto a Hagrid, y se fue riendo - Bien, déjenme explicarles. Vamos a entrar al bosque y

- ¿¡Qué!? - gritaron Lily y James a la vez, aunque en tonos muy distintos.
- No
no p-podemos e-entrar al bosque
- murmuró Lily - N-no estás hablando en serio

- ¡Genial! - exclamó James - Siempre tuve la esperanza de que esto pasara
¡Al fin ser castigado vale la pena!
Ambos Sirius lanzaron una carcajada, y Juliette rió por lo bajo. Hagrid sonrió.
- Sí, muchachos, vamos a entrar al bosque. Pero iremos también Fang y yo.
- Siempre me pregunté cuánto vive ese perro
- le preguntó mini-Sirius por lo bajo a Remus. Este no contestó - Remus, ¿todo bien?
- No le hables, Sirius - le advirtió James - Si abre la boca vomita. Aún no puede creer que haya sido castigado
siempre los que damos la cara somos tú y yo.
- Novatos - dijo mini-Sirius en un susurro alto, haciendo un gesto de impaciencia. James rió con fuerza.
- Bueno, como decía - continuó Hagrid. - Vamos a entrar al bosque, y nos vamos a separar en dos grupos. Van a buscar esto.
Sacó de su bolsillo una flor extraña, naranja y rosa, con los pétalos en punta.
- Si están en peligro, sólo tienen que lanzar chispas rojas con la varita. Sólo cuando encuentren algo podrán ir al banquete de esta noche. ¿De acuerdo? Nos encontraremos aquí.
Todos asintieron. Luego jugaron piedra, papel o tijera para armar los grupos, y quedaron James, mini-Sirius y Juliette por un lado, y Remus, Lily y Peter por el otro.
- Eres un tramposo, Potter - le espetó Lily, pero este no la escuchó: estaba absorto observando todo a su alrededor, entrando al bosque prohibido.
- Aquí nos separamos - dijo Hagrid, al llegar a una bifurcación.
- ¡Nosotros vamos contigo! - exclamaron Lily y Remus a la vez. James y mini-Sirius se apresuraron a ir por la izquierda.
- ¡Roxas, Fang, vamonos!
Juliette se despidió de Lily con un gesto con la mano, y los siguió. Sirius también fue por allí. No recordaba aquél castigo. ¿Cómo podía ser? Tal vez era que había sido castigado tantas veces que aquél era considerado como uno más. Caminaron en silencio más o menos unos cuarenta minutos, hasta que James dijo:
- ¿No sería genial tener un mapa de los terrenos de Hogwarts?
- ¡Que idea! - exclamó mini-Sirius - Uno que te muestre todo
¡Hasta los pasadizos secretos!
- Y
- James se calló al oír un ruido entre los árboles - ¿Qué fue eso?
- ¡No te acerques! - le gritó Juliette, abrazando a Fang por el cuello, pero James no le hizo caso.
- ¿Pero qué dices, Roxas? Sí
¡ARGHH! - James cayó hacia atrás al ver a un enorme centauro. Juliette gritó, y se aferró aún más al cuello de Fang
- ¡James! ¿Estás bien, amigo? - mini-Sirius corrió hacia él. El centauro se acercó a ellos, pero se dio la vuelta y se fue, murmurando: ¡Humanos!
Mini-Sirius le tendió una mano a si amigo para ayudarlo a levantarse. Sirius se quedó pensativo: ¿Cómo podía ser que no recordara aquél castigo? De hecho, no recordaba haber compartido ningún castigo con Juliette, y menos en el bosque prohibido. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta que los tres chicos habían empezado a pelear.
- Vamos, estamos bien, no hay ningún problema - decía James, algo alterado.
- ¿¡Bien!? ¿Tú crees que estamos bien? - Sirius nunca había visto a Juliette tan sacada de quicio. - A veces creo que Lily exagera, pero hoy tú, James Potter, ¡nos has metido a todos en este lío! ¡No me habían castigado nunca, y por tu culpa el primero es un paseo por el bosque prohibido! ¡Y ahora estamos perdidos! ¡Estoy perdida en el bosque prohibido con dos alborotadores y un perro!
- Gracias - dijo mini-Sirius con una sonrisa, pero retrocedió al notar la mirada asesina que le dirigía Juliette. La chica se soltó del cuello de Fang, y se levantó.
- Ahora - dijo, con aires de superioridad - Ustedes me siguen a mí.
Y se alejó, perdiéndose entre los árboles.
- Ouau - murmuró James - Parece que cuando se enoja, su personalidad cambia radicalmente
¿Dónde quedó nuestra Juliette Roxas, tímida y dulce?
- Se va a tropezar - profetizó mini-Sirius en voz baja, recibiendo una risa por parte de James - Se va a caer, se cae, se cae

¡PUM!
- Se cayó - afirmó mini-Sirius, mientras James reía a mandíbula batiente. Pero ambos dejaron de reír cuando oyeron un grito a lo lejos. Corrieron con Fang detrás, y encontraron a Juliette aferrándose con una mano del piso, ya que se había caído en un enorme agujero.
- ¡Ayúdenme! - exclamó, con voz temblorosa. Mini-Sirius se apresuró a tomarla de la mano, y tratar de subirla. James lo tomó por la cintura, y tiró.
- ¡Me resbalo! - gritó Juliette, aferrándose fuerte de la mano de mini-Sirius.
- ¡Hagan algo! - gritó Sirius, desesperado. En ese momento recordó. ¿Cómo había podido olvidarlo? ¡Fue aquél día cuando se dio cuenta de que tal vez sentía algo por Juliette! Pero, por alguna razón extraña, fue la única mujer a la que nunca se acercó. Quizá le dio pena, quizá le dio miedo
No lo supo realmente, en aquel momento, y no lo supo hasta aquél día en Hogsmeade, cuando todos los sentimientos juntados en su corazón salieron hacia fuera. Se sonrió.
- ¡Sostente fuerte! - gritó mini-Sirius. Tenía la cara sudada. - ¡James, ayúdame!
- Eh
- James miró hacia todos lados, seguramente en busca de una idea - ¡Ya sé! ¡Levicorpus! - exclamó, con la varita en alto, y Juliette comenzó a flotar en el aire. James bajó la varita, y Juliette cayó sobre mini-Sirius.
- ¡Au! - gritaron ambos.
- Lo siento - se disculpó James.
Sirius se levantó, y Juliette lo intentó, pero no pudo.
- ¡Au! - repitió, tomándose el tobillo con un gesto de dolor.
Mini-Sirius y James se miraron. Mini-Sirius se puso de espaldas a ella y se agachó.
- Sube - le indicó.
Juliette abrió bien grandes sus ojos azules.
- Pero
pero
- balbuceó.
- Vamos, sube, ¿o quieres quedarte aquí?
Juliette dudó, pero subió a la espalda del chico.
- Chicos, vengan
- los llamó James.
Mini-Sirius la llevó a Juliette hasta allí. James había encontrado, bajo la raíz de un árbol, varias flores extrañad como las que Hagrid les había mostrado. Eran realmente hermosas. James tomó un puñado y, con mucho cuidado, se lo metió en el bolsillo de la túnica. Sirius miró al cielo: comenzaba a oscurecer.

- ¡Juliette! - exclamó Lily, al verla llegar sobre mini-Sirius, y se acercó a ella.
- Está bien, sólo se torció el tobillo - explicó Mini-Sirius. Lily suspiró aliviada. La profesora McGonagall los estaba esperando en la puerta de la cabaña de Hagrid. Ambos grupos habían encontrado la flor.
- Espero que hayan aprendido su lección - la profesora miró a James y luego a mini-Sirius - Para qué hacerme falsas esperanzas. El banquete empieza en diez minutos. Les recomiendo que vayan a ducharse y cambiarse, y luego vayan a comer con los demás.
- Yo llevaré a Roxas a la enfermería - le dijo mini-Sirius a Lily, y se encaminó hacia el castillo, seguido por Lily, James, Peter y Remus más atrás. James se acercó a Lily.
- Por favor, sin agresiones - le dijo antes de que ella pudiera abrir la boca - Vengo en son de paz.
- ¿Qué quieres, Potter? - preguntó Lily, irritada.
- Míralos - James señaló hacia delante, donde mini-Sirius hacía reír a Juliette - Se ven bien, ¿no?
- ¿De qué hablas?
- Vamos. Tú también lo sabes. Roxas es tu mejor amiga. Yo
- suspiró - yo creo, conociendo a mi mejor amigo como lo conozco, que Roxas será la chica que cambiará su vida.
- No digas tonterías - Lily subió la velocidad de su paso, y todo volvió a ponerse oscuro, para dejar a Sirius en la habitación. Volvió a abrir el diario, y leyó:

31 de Octubre de 1973
Querido diario:
Hoy fui castigada. Sí, lo sé, es la primera vez en mi vida. Al principio estaba muerta de miedo, pero luego me descargué con James y se me pasó. Además, no era la única: Para Lily y Remus también fue la primera vez. Todo comenzó anoche, cuando James y Sirius hicieron una salida nocturna (junto a Peter, no quisieron contarnos para qué). Remus los siguió, como siempre, y Lily terminó arrastrándome hacia ellos para convencerlos de que volvieran. Así, fuimos atrapados por Filch en la puerta de la biblioteca.
Cumplimos el castigo más extraño y cruel que alguna vez haya oído: tuvimos que dividirnos en dos grupos y recorrernos el bosque prohibido buscando una flor. A mi me tocó ir con James y con Sirius. Al principio, estaba muy enojada con ellos. Todo había sido por su culpa. Pero luego me di cuenta de que, a pesar de todo lo que alguna vez dije de ellos, a pesar de todo lo que hacen y dicen, son buenas personas. Me ayudaron cuando lo necesitaba, a pesar de que yo les había gritado y maltratado. Cuando me torcí el tobillo, Sirius se ofreció a llevarme encima. Y lo hizo. Luego me llevó a la enfermería. Hoy me di cuenta, mientras hablábamos, de cuan diferente es a su familia. Ya lo sabía, claro, pero nunca me había dedicado a fijarme bien en él, en su personalidad. Es un buen chico. Después de todo lo que me hablaron de la familia Black, me esperaba otra cosa
pero él es distinto. Es
bueno. Creo que
tal vez
no. Es lindo, muy lindo, pero tiene a medio colegio atrás. ¿Por qué saldría conmigo? Además, esto que siento hoy es sólo porque me ayudó, en un par de días se me habrá pasado, y para mis ojos volverá a ser el mismo Sirius Black de antes
¿verdad? Si Lily supiera que estoy escribiendo esto, me mata. De hecho, mejor apago la luz, porque Lily está comenzando a enfadarse, y mañana tenemos clases.


Sirius miró el reloj: era la una de la mañana. Dejó el diario en la mesita de luz, y se recostó en la cama. Así que ella también había comenzado a sentir algo por él aquella noche. Entonces
¿por qué había esperado tanto? Recordó la vez en que, para salvarse de un castigo, le dijo a la profesora McGonagall que estaba enamorado de ella. Juliette había sido la única que no había reído. Sumiso en sus pensamientos, se quedó dormido.
Un rayo de luz entró en la habitación. Las cortinas habían sido corridas, y las persianas levantadas. Sirius cerró fuertemente los ojos, y se escondió debajo de las mantas. La cama de Paul era muy cómoda. Sintió como alguien lo sacudía suavemente.
- ¡Despierta, Sirius! - oyó la voz de Juliette a su lado - ¡Levántate, es Navidad!
Sirius se incorporó rápidamente. Por el movimiento brusco, sintió el ruido de algunos paquetes cayendo al piso. En el borde de la cama, había un gran pilón de regalos. A pesar de haber alcanzado la mayoría de edad, ninguno de los dos muchachos había perdido el entusiasmo que ocasionaba un festejo como este. Juliette había traído sus paquetes, y se había sentado en la cama de Sirius. Él la besó y, aún medio dormido, le deseó una feliz Navidad. La sra. Roxas se asomó por la puerta.
- Buenos días - les deseó con una sonrisa - Feliz Navidad. Aquí les tgaigo el desayuno.
Un par de bandejas entraron flotando a la habitación, y se apoyaron sobre la cama.
Juliette miró a Sirius.
- Abre un regalo - dijo - Quiero ver.
Sirius sonrió, y tomó el primer paquete. Decía: Para Sirius, de James. Aunque me hayas dejado solo con mis padres, te perdono. Sirius lanzó una carcajada, y abrió el paquete. Contenía un libro titulado Grandes Perros de Gran Bretaña. Juliette, al verlo, sonrió.
- El regalo perfecto para ti
- murmuró - Aunque no supera el mío.
Sirius sonrió, preguntándose qué le habría regalado su novia.
- Te toca - dijo - Abre un regalo.
Después de diez minutos, el suelo estaba repleto de envolturas de todos los colores, y la cama de obsequios de todos los tipos.
- Oye, Juliette
- murmuró Sirius.
Juliette, quién estaba absorta mirando el reloj de plata que Lily le había regalado, no lo oyó.
- ¡Juliette
! - la chica levantó la mirada - Me falta un regalo

- ¿Ah, sí? - Juliette no pudo contener una sonrisa - ¿De quién?
- Tuyo.
Juliette se echó a reír. Sirius sonrió a modo de disculpa. La chica abrió el armario, tomó un pantalón y una camisa, y se lo tiró encima al joven.
- Vístete - le ordenó - y luego baja al salón.
Salió de la habitación. Sirius se puso la camisa, cambió su pantalón de pijama por el que Juliette le había lanzado, y salió detrás de ella, preguntándose qué tramaba. Ella lo esperaba abajo, ya vestida, y con una sonrisa de oreja a oreja.
- Ven - le dijo, y lo sacó afuera.
Estaba nevando. El jardín delantero, antes muy verde, se había pintado de blanco. Por medio de un encantamiento, el sendero hacia la casa estaba completamente limpio, al igual que la calle.
- Allí está tu regalo - Juliette señaló hacia la calle vacía. Sirius la miró extrañado. ¿De qué estaba hablando? ¿Le estaba regalando la calle? ¿La nieve? Se fue acercando. Bajó desde la acera hacia el asfalto. Caminó hacia delante

- ¡Au! - exclamó, al chocarse con algo duro. ¡Pero no había nada! Juliette continuaba sonriendo. Sirius fue tanteando el aire, hasta sentir como tocaba algo. Cerró su mano, y tiró de la capa invisible, encontrándose con lo único que jamás habría esperado. No tenía palabras.
- Ouau - fue lo único que logró hacer salir de su boca.
Era una moto. Una moto enorme, negra y brillante. Sirius la analizó a fondo: Tenía un motor 4 tiempos, arranque eléctrico y patada, freno delantero a disco y freno trasero a tambor. Tanque 4 litros y baulera portacasco. La llanta trasera era de 14 pulgadas. La velocidad iba de 0 a 300 km/h. Sirius se dio la vuelta. Quiso decir gracias, pero de su boca no salió ningún sonido. Juliette pareció comprenderlo, porque se acercó y lo abrazó. Ella sabía cuánto le gustaban a él las motos.
- Recuerdo que observabas fijamente a la profesora McConnor, y creo poder afirmar que fue la única clase para la que de verdad te esforzaste. James se burló de ti durante un mes.
Ambos rieron. Sirius volvió a abrazarla, y esta vez lo acompañó con un beso. Aún seguía sin palabras.
- Hablando de James
- murmuró Juliette, y sacó de su bolsillo el espejo de Sirius. El chico la miró extrañado, y se tocó los bolsillos. - Cuándo nos estábamos besando - atajó ella - Disimuladamente tomé el espejo
lo siento, Sirius.
Rió de la cara atónita del chico.
- ¡James! - llamó.
La cara de James apareció por el espejo.
- ¿Ya está hecho? - preguntó, con una sonrisa maliciosa en el rostro - ¿Ya le diste el regalo?
- Hecho. Aún la observa con la boca abierta. Por suerte es invierno, y las moscas se mueren

- Excelente - sonrió James - Entonces paso por mi capa invisible.
Se oyó un ¡Crack! y James se encontraba frente a ellos.
- Feliz Navidad - les deseó, con una sonrisa - ¿Dónde está mi capa?
- ¿Tú eras cómplice? - preguntó Sirius, sorprendido, pasándole la capa invisible. - ¿Tú lo sabías?
- Bueno, Juliette vino a hablar conmigo hace unas
tres semanas. Vino y me lo contó. Lo que ella necesitaba era mi capa invisible para la sorpresa, que no tuve problema en prestarle
pero también necesitaba, sabiendo que ahora mi casa es tu casa, que yo guardara la moto. Y después de convencer a mis padres, acepté.
James tomó la capa, se sentó sobre la moto y, con un gesto con la mano y un ¡Crack!, desapareció.
- ¡No pude montar en ella! - exclamó Sirius, decepcionado. Juliette rió.
- Estoy esperando

Sirius la miró extrañado.
- ¿Qué cosa?
Juliette suspiró fingidamente. Luego hizo un movimiento con la varita y apareció un enorme balde de agua, que cayó justo en la cabeza de Sirius.
- ¡Un gracias, idiota! - se burló Juliette, muerta de risa.


El Sr. Roxas observaba jugar a los dos muchachos desde la ventana de su habitación. Había decidido no salir al balcón, para que no notaran su presencia. No hizo caso al ruido de la puerta abriéndose.
- No sé pog qué no lo quiegues - comentó la Sra. Roxas, acercándose a su marido - Es un buen chico

- Es un Black, Ayla - le recordó el Sr. Roxas, aunque no se lo notaba muy convencido - Una Roxas y un Black
juntos

- ¿Qué impogta cuál es su apellido? - terció ella - Es un buen muchacho, ama a nuestga hija, y estoy seguga de que es capaz de todo pog pgotegegla
Y lo más impogtante

- Ella lo ama. Lo sé. Es sólo que
cuando nosotros ya no estemos, ¿cómo puedo estar seguro que cuidará bien a mi hija? ¿Cómo sé que no la lastimará, no la dejará sola? ¿Cómo se si
si
? - su voz se apagó.
- ¿Te das cuenta que te estás compogtando exactamente como los Black que tanto despguecias? - El sr. Roxas la miró sorprendido - Discguiminag a alguien sólo pog su apellido es un acto típico de la familia Black. Estás cambiando los roles. Aquí, es Siguius el que se compogta como es debido. - Ayla sonrió dulcemente, dándose cuenta de lo fuertes que pegaban sus palabras en el corazón de su marido - Entiendo lo que sientes. Pego debes entendeg que Siguius nunca sega un gueemplazo tuyo. Egues su padgue, jamás podgas seg gueemplazado, ni siquiega pog Siguius. Tienes que acostumbgagte a que Juliette ya sabe cuidagse sola. Ya no es la pequeña niña de papá. Daniel
este día tenía que llegag. Y tendgas que aceptaglo.
El Sr. Roxas suspiró.
- Supongo que será la nostalgia de
creo que
Aún recuerdo cuando era una niña pequeña - sonrió inconscientemente - Mi niña pequeña.
La Sra. Roxas lo besó suavemente.
- Ve a disculpagte con Siguius. No se meguece el tgato fguío que le has dado. Hazle sabeg que no cguees que sea un mal chico, que solo egues un padgue celoso.
Después de sus últimas palabras, salió de la habitación. El Sr. Roxas volvió a mirar hacia abajo, y vio a Juliette riendo, mientras Sirius se sacudía como si fuera un perro, y entonces se dio cuenta. Se dio cuenta de la verdad, y la verdad era, que por primera vez en su vida, podía asegurar que su hija era feliz. Y todo gracias a ese muchacho.

- Si me enfermo es tu culpa - le reprochó Sirius a Juliette, con una sonrisa, mientras entraban a la casa. Después de una dura guerra de nieve, lo único que querían era una ducha caliente. Juliette rió.
- La culpa es tuya, ni siquiera me creíste merecedora de un simple gracias.
Estaban subiendo las escaleras, cuando oyeron la voz del Sr. Roxas desde el salón:
- Sirius, ¿puedo hablar contigo un minuto?
Juliette lo miró extrañada. Sirius asintió, le dijo a su nova que lo esperara arriba, y entró al salón.
- ¿Sí
sr. Roxas?
- Siéntate, por favor.
Sirius pudo notar que el tono de su voz no era frío, si no triste. Estaba todo mojado, así que decidió quedarse parado. Sin embargo, parecía que el sr. Roxas iba a esperarlo para hablar, así que se sentó en el sillón que estaba frente a él.
- Escucha
- al sr. Roxas le costaba mucho hablar. Suspiró. - Lamento como te traté desde que te conocí. Sé que debió ser feo
pero trata de comprenderme. Soy el padre de una única hija mujer. Con Paul no me ocurre lo mismo, es un chico, sé que puede cuidarse sólo
Pero en el caso de Juliette, lo que yo siento, es que tú estás reemplazándome. Eres
eres la persona que está llevándose a mi pequeña niña. Cada vez que los veo juntos, que veo como ella se divierte, como te quiere
siento que ella cada vez te quiere más a ti que a mi. Y me doy cuenta que estoy tratando de interponerme en algo que es irrompible. Y, sin darme cuenta, estoy arriesgando su felicidad.
Sirius sonrió. Sabía cuanto le costaba al sr. Roxas decir esas palabras, sobre todo frente a él.
- Sr. Roxas - le dijo - Lo comprendo perfectamente. Es el padre. Tiene una sola hija mujer. Es
su pequeña niña. Y yo soy el ladrón que viene a asaltarlo.
El sr. Roxas rió. A Sirius le recordó muchísimo a Juliette. Hasta en la risa se parecían

- Pero le aseguro que mi intención nunca fue mala - continuó el joven - y estoy seguro de que, aunque yo haya aparecido, su hija lo va a seguir amando, queriendo igual que siempre. El amor hacia un padre no se pierde nunca, y nunca será comparable al amor hacia otro hombre. Y también puede estar seguro de que está en buenas manos, ya que yo a su hija la amo con todo mi corazón. Nunca había podido afirmarlo, pero esta vez si puedo, porque su hija hizo por mí lo que ninguna chica había hecho. Y siento por ella lo que nunca sentí por nadie. Espero que me perdone algún día por lo que le estoy diciendo, Sr. Roxas, pero estoy inspirado. Y en cuanto a usted, y su
ataque de celos, como podría ser llamado
a mí me habría gustado tener un padre como usted, que se preocupa por sus hijos, y que me considerara como usted lo hace con Paul y Juliette.
El sr. Roxas se quedó boquiabierto. Ahora entendía lo que Ayla quería decir con que él era diferente. Luego sonrió.
- ¿Cómo es que, teniendo una familia como la que tienes, hayas salido tan
distinto?
Sirius se encogió de hombros.
- ¿Por qué cree que me fugué?
El sr. Roxas miró por la ventana.
- Mi hija te adora
nunca creí que diría esto, pero de verdad me caes bien. Ayla tenía razón: si tengo que aceptar a alguien, me alegra que seas tú.
Sirius sonrió.
- Gracias, señor.
- Y otra cosa

- ¿Sí?
- Si vas a ser el hombre de su vida, debes ocupar bien mi puesto. Debes protegerla a costa de tu propia vida, y llegas a lastimarla, ¡Y te las verás duramente conmigo!
Sirius aumentó su sonrisa.
- No lo decepcionaré.
Estaba por salir del salón, y subir a darse una buena ducha, cuando el sr. Roxas pronunció su última frase:
- Que suerte que tuvo mi hija al encontrarte. Y que suerte que tuve yo.







Dedicado a mi querido padre. Ojalá que algún día lea esto! =P- Juliette, ve buscando un compartimento. Yo ya voy - le dijo Sirius. Juliette entró al tren, y tuvo la suerte de encontrar uno vacío. Luego salió a despedir a sus padres.
- Adiós, hija - su padre la besó en la frente - Nos vemos en el verano.
- Au revoir - le dijo su madre, con un abrazo, y rompió a llorar.
- ¡Mamá! - exclamó Juliette, confundida, y la abrazó fuertemente. - ¿Qué pasa?
- Es que no puede creer que sea tu última etapa como alumna de colegio - explicó el sr. Roxas, sonriente - Es increíble
¡Ya casi dos hijos adultos!
- Nos hace sentir viejos - sollozó la sra. Roxas, aunque con una sonrisa.
El silbato del tren comenzó a sonar. Juliette abrazó a su padre, abrazó a su madre dos veces, y subió al tren. Se instaló en el compartimento donde había dejado sus cosas, y despidió a sus padres desde la ventanilla, mientras el tren comenzaba a avanzar.
- ¡Adiós! - gritó, sacudiendo la mano - ¡Prometo escribirles!
Cuando el tren dobló en una curva, y sus padres desaparecieron de la vista, Juliette se volvió a sentar. La puerta del compartimento se abrió, y Lily y Remus entraron por ella.
- ¡Juliette! - exclamó Lily, abrazando a su amiga - ¿Qué tal tus vacaciones?
- A ver: vacaciones en mi casa, con mi familia y mi novio, ¿Qué piensas?
- Geniales. Yo tuve que soportar dos semanas en casa de los padres de Vernon. ¡Una pesadilla!
Remus se acercó sonriente.
- ¿Qué tal la sorpresa de Sirius? - preguntó.
- Excelente - sonrió Juliette - Le encantó. De hecho, ¿Dónde están ellos?
- ¿Sirius y James? Se encontraron en un compartimento al fondo del tren, y se quedaron allí. Yo voy ahora.
- Muy bien, nos vemos.
Remus salió del compartimento. Lily y Juliette se sentaron, y comenzaron a contarse los detalles de sus vacaciones.

El fin de las vacaciones de Navidad proclamó el comienzo de la última etapa de clases antes de los EXTASIS, y por lo tanto, el comienzo de la etapa No comer, no dormir, sólo estudiar. Los alumnos de séptimo competían entre ellos para ver quién tenía las ojeras más grandes.
- Mira, las mías miden tres centímetros - oyó Juliette a Allison, una noche a mediados de enero, quién las estaba comparando con las de Dalila. Lily no sólo estaba saturada con los deberes, y el estudio, si no que también debía cumplir sus deberes como Premio Anual. Por las noches, se turnaba con James para hacer la ronda vigilante por el castillo. Su relación con James no avanzaba: seguía echándole miradas asesinas cada vez que él le dirigía la palabra, pero tampoco es que tuviera mucho tiempo. Una noche, sin darse cuenta, lo llamó James, y al darse cuenta cerró su libro y, ofendida, subió a su habitación, dejando a James, Remus y Juliette con los deberes de transformaciones. Juliette suspiró.
- Qué tacaña
- murmuró, mientras James negaba decepcionado y subía a su habitación.
- No puedo creerlo
- murmuró Remus - ¿Lily no cederá jamás?
- Lily está muerta por James, no habla de otra cosa, no piensa en otra cosa
Pero no cederá jamás. Jamás admitirá que James ha cambiado.
Lanzó un resoplido, y cerró su libro. No podía concentrarse. Remus la imitó. Luego sonrió.
- Deberíamos hacer algo - dijo. Juliette lo miró extrañada.
- ¿Qué estás insinuando?
- ¿Yo? Nada

Juliette sonrió maliciosamente, miró hacia todos lados y susurró:
- Nos vemos mañana a las doce y media en el armario de escobas. Allí planearemos nuestra táctica - dicho esto, se levantó y subió a su habitación.

Al día siguiente, Remus buscó una excusa para alejarse de sus amigos, y se dirigió al armario de escobas. Juliette lo estaba esperando apoyada en la pared exterior, al lado de la puerta.
- Al fin llegas - le dijo, con una sonrisa.
- ¿Esperaste mucho?
- Un rato. Pero vamos, entra, que no tenemos mucho tiempo. Le dije a Lily que iba a la enfermería porque me dolía el estómago.
La chica lo empujó hacia adentro, y cerró la puerta. Remus pudo notar que Juliette había ampliado el lugar para que pareciera una habitación pequeña, y suspiró aliviado. Luego vio dos bancos, en el centro. Juliette se sentó en uno de ellos, y Remus en el otro.
- Bien, el objetivo de esta reunión es unir a Lily Evans y a James Potter en santa pareja
- comenzó Remus solemnemente. Luego sonrió - ¿Se te ocurre algo?
- ¿Y si los encerramos en una habitación hasta que hablen? - sugirió Juliette.
- No, muy arriesgado. Lily es capaz de matarlo.
- ¿Les organizamos una fiesta y los emborrachamos? Lily, la única vez que se emborrachó fue a principios de este verano, en la fiesta de compromiso de su hermana, y me contó todas sus verdades
excepto las románticas, porque justo vino un chico y la sacó a bailar.
- Eso sería genial
pero cuando vuelvan a estar normales su relación ya no sería la misma. Además estamos involucrando su salud.
- Tienes razón, lo siento.
- ¿Y si les damos Veritaserum?
- Mismo problema. Cuando se acabe el efecto, los habremos puesto en un aprieto. Además, ¿dónde quieres conseguirlo?
Se quedaron algo así como veinte minutos en silencio, pensando, hasta que Juliette preguntó:
- ¿Qué tienen en común?
- Nada - contestó Remus, encogiéndose de hombros - Al igual que tú y Sirius.
- Muy gracioso - ironizó Juliette - Me parece que lo único que tienen en común somos nosotros

- Es verdad
somos sus amigos, de los dos, después de to
- Remus se calló. Juliette abrió los ojos bien grandes, y miró a su amigo.
- Creo que se me acaba de ocurrir algo - murmuró, y sonrió maliciosamente.


- ¿No te parece que Sirius y Juliette traman algo? - le preguntó Sirius a James, una tarde, mientras este hacía sus deberes de Historia de la Magia.
- ¿La verdad? No - contestó James, sin levantar la vista de sus apuntes.
- Para mí sí. El otro día los vi hablando muy juntos, cerca de la chimenea, y cuando me acerqué ellos dejaron de hablar. Como si no quisieran que yo oyera

- Canuto, no seas paranoico. Así es como se pelearon la última vez, Juliette y tú.
Sirius se encogió de hombros, y volvió a su trabajo.

- Creo que encontré el libro - Lily se acercó a la mesa donde Juliette estaba estudiando junto con Dalila.
- ¿Qué libro, Lily? - preguntó Dalila.
- El que Liebely dijo que nos podía servir: Cien pesadillas con vampiros. Creo que es este

Apoyó un enorme volumen sobre la mesa.
- Aha. Y el hombre ese pretende que nos leamos eso en
¿Cuándo es la prueba? Ah, sí, en
¿una semana? - inquirió Juliette, en voz alta, haciendo que Madame Pince, la bibliotecaria, le chistara y la mirara con reproche desde detrás de su escritorio - Lo siento

- Pues sí, parece que sí - Lily se encogió de hombros - Yo mejor empiezo

Lily abrió el enorme libro y se puso a leer. Dalila se levantó y dijo que iba a buscar a Allison, quién tenía su libro de Pociones. Pero al pararse se chocó con alguien que, al parecer, trataba de pasar desapercibido.
- Lo siento, Da-Dalila - se disculpó una voz de muchacho, aunque suave, ya conocida. Juliette levantó la vista de sus apuntes de Transformaciones.
- No te preocupes, Remus - sonrió Dalila - Adiós, chicas.
Se alejó. Lily invitó a Remus a sentarse, pero el chico no la oyó, ya que estaba absorto mirando a la puerta. Juliette chasqueó los dedos, y Remus despertó.
- Lo siento
- murmuró.
- ¿Qué te pasa? - preguntó Lily, algo preocupada - ¿Te ocurre algo malo?
- ¿A mí? ¡Nada! - contestó el chico, con una voz falsamente despreocupada - Lo siento, chicas, pero no me puedo entretener. Vengo a buscar un libro para Sirius, que juró nunca entrar a la biblioteca si podía no hacerlo, y me voy. Permiso.
Al pasar por su lado, le dejó a Juliette un pequeño papelito en las rodillas. Procurando que Lily no lo leyera, lo abrió.
Nos vemos a las nueve de la noche en el armario de escobas
Juliette miró hacia las estanterías, dónde Remus se había perdido.
- ¿Qué le ocurrirá? - preguntó Lily, mientras su amiga se encogía de hombros.
A las ocho y media, Lily y Juliette se encontraban sentadas en el sillón de la sala común. Los chicos estaban en el dormitorio. Ya casi no había gente despierta. Lily se levantó, se acomodó la falda y dijo:
- Voy a hacer mi ronda nocturna.
Juliette se levantó con ella.
- Voy yo.
- Pero

- Soy prefecta, no van a decirme nada. Vete a dormir.
Lily parecía querer seguir discutiendo, pero asintió y subió al dormitorio. Juliette se enganchó su insignia, y salió. Paseó durante un rato, y se dirigió al armario de escobas.

- ¿Dónde está Lunático? - preguntó Sirius, tirado en su cama. James lo fulminó con la mirada.
- ¿Eso es preocupación por tu amigo o por tu novia?
- Ambos.
Peter estaba sentado en su cama leyendo (?). James pulía su escoba, y Sirius miraba el techo. En ese momento, se levantó y comenzó a hurgar su baúl.
- ¿Qué haces, Canuto? - le preguntó James. Sirius no le contestó. Sacó un pedazo de pergamino viejo, lo abrió y lo apuntó con su varita.
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
- ¡Por Merlín, Sirius! - exclamó james, dejando su escoba a un lado - ¡Juliette no te está engañando, y menos con Remus! ¿Qué clase de basura crees que son?
- De la peor
- murmuró Sirius, y le pasó el mapa a su amigo - Mira cerca del vestíbulo.
James miró hacia el mapa y los vio: dos pequeñas manchas de tinta verde, con las inscripciones Remus Lupin y Juliette Roxas se encontraban, juntas, en el armario de escobas.


- Entonces así quedamos - dijo Remus, levantándose de su banco.
- Si tenemos suerte, estarán ya juntos para el cumpleaños de Lily - sonrió Juliette.
Remus abrió la puerta del armario, miró a todos lados y la sostuvo para que la chica saliera. Estaba cerrándola cuando oyeron una voz detrás de ellos que preguntaba:
- ¿Qué hacían ustedes dos, ahí dentro, solos, a estas horas de la noche?
Sirius se quitó la capa invisible de James y los fulminó con la mirada.
- ¡Sirius! - exclamó Juliette, pálida. Sirius se acercó a ella.
- ¿Podrían explicarme qué está pasando aquí? - el tono de su voz no sonaba enojado, si no más bien dolido - ¿Qué me ocultan?
Juliette y Remus se miraron fijamente durante un instante, y Juliette asintió. Remus tomó a su amigo del brazo y lo llevó adentro del armario.
- ¡Hey! ¿Qué creen que
?
- Sólo calla y escucha - dijo Juliette, cortante, entrando detrás de ellos y cerrando la puerta. Sentaron a Sirius en uno de los bancos, y Juliette se sentó en el otro. Miró a su novio fijamente a los ojos, y luego sonrió.
- Di: Juliette, estoy celoso y te lo cuento todo.
- ¿Qué? ¡Yo no..:!
Juliette lo chistó, y le apoyó el dedo índice en los labios, en esos labios que tantas veces había besado.
- Sólo dilo.
Sirius la miró desafiante, y luego suspiró.
- De acuerdo, estoy celoso.
- ¿Celoso de quién? - Sirius fulminó a Remus con la mirada. Juliette comenzaba a divertirse.
- De Remus.
- ¿Celoso por quién?
- Por ti.
Juliette pronunció aun más su sonrisa.
- Ahora pregunta: Juliette, ¿me estabas engañando?
Sirius se quedó boquiabierto. Remus lanzó una carcajada.
- ¿De verdad piensas que
? - pero Juliette lo silenció con un gesto con la mano.
- Me dijiste que era sólo decir que estaba celoso - protestó Sirius.
- Dilo o no te cuento nada. No es difícil, vamos.
Sirius volvió a suspirar.
- Juliette, ¿Me estás engañando? - preguntó, con los dientes apretados. Juliette se echó a reír. A reír como nunca lo había hecho. Sirius y Remus se miraron. Cuando se calmó, la chica se enjugó los ojos y contestó:
- No, Sirius, no te estoy engañando. Y, de esta forma, llegamos a la explicación.
Hizo una pausa. Sirius arqueó las cejas.
- Lo que Remus y yo hemos estado tramando todos estos días es una forma de juntar a Lily y a James. Toda persona cuerda se da cuenta que están muertos el uno por el otro, pero Lily es
algo orgullosa. Por eso decidimos darles
un empujoncito. El plan lo hemos estado armando todos estos días, y finalmente hoy lo terminamos. Ambos vamos a llevarlos a Lily y a James a los jardines. Yo voy a hacer que me caigo al lago, no sin olvidarme de echarme un hechizo anti-frío, porque estamos a mitad del invierno, y voy a fingir que me ahogo justo cuando James está mirando. Los dos van a colaborar para salvarme, y a partir de allí van a llevarse bien. El plan es infalible. Es a prueba de errores. Lo haremos el

- Esperen, esperen - interrumpió Sirius - ¿Lo que ustedes estuvieron tramando todos estos días era una forma de unir a Lily y a James?
Juliette y Remus asintieron. Sirius puso cara de perrito mojado.
- ¿Y por qué no me contaron? ¡Yo podía haber ayudado!
- Es que
- Juliette dudó - Para serte sincera

- Creíamos que podía escapársete y contárselo a James - explicó Remus - Como es tu mejor amigo

- ¡No soy tan tonto! - replicó Sirius, ofendido - ¡Quiero tanto como ustedes que Lily y James estén juntos!
- De acuerdo, lo lamento - se disculpó Juliette - Ahora, ¿Vas a ayudarnos o no?
Sirius sonrió, y asintió.

- Lily, si no te apresuras, llegaremos tarde Pociones - le reprochó Juliette, parada en la puerta del dormitorio, con los brazos cruzados y tamborileando con el pie.
- ¡Ya va, ya va! - exclamó ella, mientras hurgaba en su baúl - ¡La encontré! Mi bufanda creo que camina

- No sería raro - sonrió Juliette - ¿No la hechizaste, verdad?
- Tal vez fue Mary, para hacerme una broma
Luego le pregunto, ahora vamos que llegaremos tarde. Mientras recorrían los largos pasillos y bajaban las anchas escaleras, yendo hacia la mazmorra, Juliette sintió un extraño cosquilleo en la nuca. Tenía la impresión de que pasaría algo malo. Siempre le cosquilleaba la nuca cuando iba a pasar algo malo. Trató de no hacerle caso, pero estaba tan absorta pensando en aquello que no se dio cuenta de que habían llegado. Lily abrió la puerta: llegaban cinco minutos tarde.
- Lo siento, profesor - se disculpó la pelirroja - Tuvimos un pequeño problema.
- No te preocupes, Lily, pero siéntense rápido, porque estamos en una prueba sorpresa. - contestó la morsa, perdón, el profesor Slughorn.
Juliette se giró hacia Sirius, quién estaba justo atrás del banco donde ella y Lily se habían sentado, y movió los labios articulando: ¿Prueba sorpresa?. Sirius asintió, y Juliette se sentó.
- Ahora entiendo el cosquilleo - pensó - Seguro es porque me va a ir mal.
No podía concentrarse. No sólo tenía ese molesto cosquilleo en la nuca, si no que también su mente se desviaba hacia aquella tarde, cuándo pondrían en práctica el plan. Sólo era cuestión de suerte. James seguro se tiraría a salvarla, por más frío que estuviera. Y Lily comprendería al fin cuánto había madurado. Se imaginó a Lily y a James juntos
se sonrió. Eran el uno para el otro. Sacudió la cabeza, y volvió a posar la mirada en su hoja, pero la puerta de la mazmorra se abrió y la profesora McGonagall entró por ella.
- Horace, necesito llevarme a la srta. Roxas - anunció. El profesor Slughorn frunció el ceño.
- ¿Es inevitable? Es que estamos en medio de una prueba y

- Lo siento, Horace, pero de verdad es muy importante.
Juliette cruzó una mirada de perplejidad con Lily. El profesor Slughorn bufó.
- De acuerdo
pero sólo porque es ella.
Juliette se levantó, y se acercó a la profesora McGonagall. Todas las miradas estaban puestas en ellas. La profesora le susurró algo, los ojos de Juliette enrojecieron, se llevó las manos a la boca y salió corriendo del aula. Lily y Sirius se levantaron bruscamente, pero la profesora McGonagall los miró enojada.
- El primero que sale del aula será castigado y le quitaré cincuenta puntos a su casa.
Dicho esto, salió de la mazmorra. Aún muy preocupados, Sirius y Lily se miraron y volvieron a sentarse.
No hubo noticias de Juliette en todo el día. No fue a almorzar, ni tampoco asistió a las clases de la tarde. Lily se quedó esperándola en la sala común hasta altas horas de la noche, pero su amiga no apareció.
- Ella está bien, Sirius - lo consoló James a la mañana siguiente, en el Gran Salón. Sirius tenía la cabeza apoyada sobre los brazos, y no probaba bocado - Ya volverá

Remus tampoco tocaba su comida.
- Me pregunto qué le habrá pasado

En ese momento, las puertas del Gran Salón se abrieron de par en par, y Lily entró por ella. Tenía los ojos completamente enrojecidos, y llevaba un ejemplar de El Profeta en la mano izquierda. Se acercó a ellos y lo tiró sobre la mesa, derramando la taza de café de Peter.
- ¡Hey! - exclamó él, pero ella no le hizo caso, y James le lanzó una mirada tan asesina que se vio obligado a callarse. Lily se sentó y se largó a llorar silenciosamente sobre el hombro de Remus, quién la abrazó suavemente, mientras James y Sirius tomaban el diario y leían la primera plana:



TRÁGICO FALLECIMIENTO DE DANIEL Y AYLA ROXAS

La muerte del conocido sanador Roxas, junto a su esposa Ayla, es algo que nos sorprende y conmociona a todos. Daniel Roxas fue, y será, una persona muy querida por todos. Salvó muchas vidas, pero lamentablemente nosotros no pudimos salvar la suya.
Dos noches atrás, se suponía que el señor Roxas debía ir al hospital San Mungo a tratar con un paciente. Pero nunca llegó. Para ser más exactos, nunca salió de su casa. El Innombrable llegó antes. Entró a la casa, y la destruyó completamente.
- Creemos que Daniel y Ayla formaban parte de un grupo que luchaba contra el Innombrable, pero no estamos seguros, nunca nos habló de ello nos confesó un sanador del hospital recién nombrado, compañero del señor Roxas, quién se negó a dar su nombre.
El matrimonio Roxas dejó a dos hijos, la menor aún cursando el último año en el colegio Hogwarts de magia y hechicería. Queremos decirles, por parte de toda la comunidad mágica, que les expresamos nuestras condolencias, sabemos que sus padres eran dos personas maravillosas, y todos lamentamos la muerte de Daniel y Ayla Roxas.
Lamentablemente, esta no es la primera, ni será la última muerte causada por el Innombrable. Les recomendamos que se cuiden, no salgan solos y presten mucha atención a su alrededor, pero sobre todo, que mantengan la calma.



- No puede ser
- murmuró Sirius, mientras James leía una y otra vez el artículo, sin poder creerlo - Simplemente no me atrevo a creerlo

Lily continuaba llorando sobre el hombro de Remus. El chico tenía los ojos levemente enrojecidos, y no abría la boca. Sirius se levantó bruscamente.
- ¿Adónde
?
- A ver a McGonagall - atajó él, cortante. Cruzó el Gran Salón a zancadas, y salió por la puerta de roble. Sus amigos lo siguieron. Al estar frente a la puerta del despacho, tocó con fuerza. La profesora McGonagall abrió y, al verlos a los cinco parados frente a ella, suspiró.
- Sabía que vendrían. Vengan conmigo.
Salió fuera del despacho, y los hizo seguirla hasta la puerta de la enfermería. La abrió y, sentada en una cama, abrazando sus rodillas, se encontraba Juliette. Lily se llevó las manos a la boca.
- Ay, Ju
- murmuró, y corrió hacia ella. Sirius también fue hacia ella, y levantó suavemente el rostro de la chica: Tenía los ojos azules llenos de lágrimas, completamente enrojecidos, el rimel todo corrido, le temblaba el labio y las lágrimas caían por sus mejillas. Sirius la abrazó con fuerza, y ella apoyó la cabeza sobre su hombro. Lily lloraba abrazada a su amiga. James, quién se había adelantado pero no había querido interrumpir, vio a Paul apoyado sobre el alféizar de la ventana. Tenía el rostro ensombrecido, y llevaba en la mano lo que parecía un pergamino viejo.
- Ellos sabían donde se estaban metiendo - dijo, con voz ronca - Ellos sabían lo que estaban haciendo
pero se arriesgaron.
- ¿De qué hablas? - le preguntó Sirius, mientras sostenía en su hombro la cabeza de su novia. La profesora McGonagall le dirigió a Paul una mirada de advertencia.
- No creo que ellos deban saber aún - dijo con severidad.
- Al contrario, Minerva - se oyó una voz desde la puerta de la enfermería. Albus Dumbledore estaba allí parado, con su larga mata de pelo blanco y su túnica elegante - Yo creo que es el momento perfecto.
Todos estaban atentos a cada palabra. La profesora McGonagall suspiró resignada.
- Adelante, Albus.
El director pasó su mirada de James, quién estaba atento a cada palabra, a Remus, quién se había sentado a los pies de la cama de Juliette y le acariciaba la mano, a Peter, quién lo observaba con curiosidad.
- Daniel y Ayla formaban parte de una sociedad secreta que yo formé, hace unos años, de la cual también forman parte, por cierto, los padres de James y el padre de Remus.
- ¿Qué? - exclamó James, sorprendido - ¿Por qué nunca me dijeron nada?
Remus tenía los ojos bien abiertos. Al parecer, tampoco estaba enterado de nada.
- Justamente porque es una sociedad secreta - contestó Dumbledore con una sonrisa, sin alterarse - Y se supone que los menores de edad no deben saber nada. Pero, considerando la situación, me parece que la señorita Roxas merece enterarse el por qué de los hechos.
Juliette levantó un poco la cabeza, como si hubiera comprendido algo, pero su expresión no cambió.
- La Orden del Fénix
- murmuró. Todos se giraron hacia ella.
- Exactamente - contestó el director.
- ¿Cómo
? - comenzó Sirius.
- O-oí a mi p-padre hablando c-con mi m-madre este v-verano - explicó ella - C-claro, yo no e-entendí nada

Sirius asintió, y empujó suavemente la cabeza de Juliette para que ella volviera a apoyarla sobre su hombro.
- Daniel y Ayla sabían muy bien donde se metían cuando aceptaron formar parte de la Orden - continuó Dumbledore - Ellos estaban en contra de algo, y lucharon duramente por sus creencias.
Juliette asintió.
- Pero
¿Qué hace la Orden del Fénix? - inquirió James - ¿Por qué es tan secreta?
- Lucha contra Voldemort - Al oír ese nombre, Juliette, Lily y Peter se estremecieron. James lo miró sorprendido.
- ¿Una sociedad que lucha contra Voldemort? ¿Mis padres están metidos en ella? ¿Y qué hacen? ¿Qué deben hacer los miembros?
- Eso - dijo Dumbledore mientras James respiraba agitadamente - Es algo que solo los miembros de la Orden del Fénix pueden saber.
- ¡Yo quiero unirme! - saltó James - ¡Yo quiero luchar contra Voldemort!
- ¡También yo! - exclamó Sirius.
- Y yo - dijeron Lily y Remus a coro.
Juliette asintió. Al parecer, no se sentía capaz de decir ni una palabra más. Dumbledore sonrió. Paul se acercó a ellos.
- Sólo los mayores de edad
- comenzó.
- ¡Somos mayores de edad! - protestaron James y Sirius a la vez.
-
que hayan terminado el colegio - terminó la profesora McGonagall.
- Pero
- comenzó a protestar James.
- Ya basta - exclamó la profesora McGonagall cortantemente - Ya han visto a su amiga. Ahora, si son tan amables de salir

- ¡No voy a dejarla sola! - saltó Sirius.
- Señor Black, la señorita Roxas está a punto de irse al funeral de sus padres. Por favor

- ¡Entonces voy a acompañarla!
- No - la voz de la profesora McGonagall sonó bien firme - Los alumnos no pueden dejar el colegio porque sí. Necesitan un permiso muy especial. A la señorita Roxas se le acaban de morir los padres
- Juliette sollozó - y por lo tanto, creo que merece el permiso. En cambio, ustedes no tienen ninguna razón para salir.
- Pues si acompañar a tu novia cuando lo necesita no es una buena razón, no sé qué lo sea - dijo Sirius en un susurro alto. La profesora apretó los labios.
- Con todo respeto, profesora - dijo Lily - Creo que ahora es cuando Juliette más nos necesita. No me gustaría dejarla sola en un momento como este. Además, yo también conocía a Daniel y a Ayla, y me gustaría mucho poder asistir a su funeral.
- Creo que la señorita Evans tiene razón, Minerva - dijo el profesor Dumbledore dulcemente - Juliette necesita a sus amigos, ahora más que nunca.
La profesora McGonagall lanzó un resoplido.
- De acuerdo, pero sólo la señorita Evans puede ir - dijo, y al ver la expresión de Sirius, agregó: - Muy bien, muy bien, y el señor Black. Los otros tres a clase. ¡Ahora!
James y Remus parecían dispuestos a protestar, pero al ver a su profesora hecha una fiera, salieron de la enfermería maldiciendo, con Peter detrás. La profesora McGonagall hizo un movimiento con la varita, e hizo aparecer tres túnicas negras.
- Paul - le dijo al hermano de Juliette - Te los encargo. Ustedes
- se dirigió a los tres chicos, y luego suspiró - Sé que no se atreven a no comportarse en un evento así, y sobre todo en este. Lo único que les pido

- Profesora - la interrumpió Sirius - Usted me conoce mejor que nadie. Seré un alborotador en clase, pero no me atrevería jamás a faltarle el respeto a alguien fallecido, y menos a personas como los padres de Juliette.
- Lo sé, Black, lo sé
- Sirius habría jurado que la profesora McGonagall había tratado de sonreír. Sin embargo, volvió a su postura severa y negó con la cabeza.
- Cámbiense y pónganse estas túnicas - les dijo, enseñándoles las ropas que había hecho aparecer - Se irán por la chimenea del despacho de Madame Pomfrey. Paul los llevará hasta allí, y el profesor Dumbledore llegará más tarde y los traerá hasta aquí. No se muevan de allí, ¿comprendido?
Los tres asintieron. Lily cerró las cortinas de la cama para que ella y Juliette pudieran cambiarse, mientras Sirius usaba otra. Cuando estuvieron listos, entraron al despacho de la enfermera, y la profesora McGonagall les alcanzó una pequeña maceta con polvos flu.
- Sólo tienen que decir: ¡Lyla Valley! y estarán allí.
El primero en entrar fue Sirius. Luego, la profesora McGonagall le entregó la maceta a Juliette.
- ¡Ly-Lyla Valley! - exclamó Juliette, tartamudeando. Sintió como daba varias vueltas, cerró los ojos y cayó en un piso de mármol. Cuando abrió los ojos, se encontró con una mano que se extendía hacia ella: Sirius quería ayudarla a levantarse. Juliette la tomó y tiró de ella, mientras hacía fuerza con las piernas. Se encontró con el pecho de Sirius, y sintió unas fuertes ganas de abrazarlo. Sin embargo, se contuvo y se dio la vuelta, para ver llegar a Lily y a Paul.
- Vamos - Paul les indicó que lo siguieran, y salieron de la choza a la cual habían llegado. Caminaron por un pasto verde, bajo el día nublado, hasta llegar a una zona donde había varias personas vestidas de negro, charlando en voz baja. Cuando los vieron llegar, algunos se acercaron a darles sus condolencias. Mientras Juliette era abrazada por una mujer a la que Lily creyó reconocer como la madre de Allison Wellington, Sirius oyó que alguien gritaba su nombre. Se giró, y vio entre la gente a los padres de James.
- ¿Qué haces aquí, Sirius? - le preguntó Dorea, sorprendida.
- Me dieron el permiso para acompañar a Juliette - contestó el chico.
- Ya veo
- Dorea le puso la mano en el hombro - Es lamentable que tenga que ser aquí, en el funeral de Ayla y de Daniel
- tomó un pañuelo y comenzó a sollozar. Sirius trató de consolarla.
- Ya, Dorea, ya
es una pena, pero murieron luchando, que es lo más importante

- Sí, lo sé, es que
- guardó su pañuelo en el bolsillo, y se puso derecha - Lo mejor será que vaya a saludar a Juliette. Nos vemos luego.
La mujer se estaba alejando, cuando al muchacho se le ocurrió algo.
- ¡Eh, Dorea! - la mujer se giró. Sirius se acercó a ella - ¿Tú y Charlus forman parte de la Orden del Fénix?
La expresión de Dorea cambió radicalmente.
- ¿Qué
? ¿Cómo
?
- No importa cómo lo sé. James también lo sabe. Pero dime, ¿forman parte?
Dorea no tuvo tiempo de contestar, ya que Paul llamó la atención de todos, y Sirius se fue a sentar al lado de Juliette, mientras Dorea junto a su esposo.
La ceremonia fue bien corta. Paul dio un pequeño discurso sobre sus padres, y sobre Voldemort, de advertencia para todos los presentes. Sirius veía a su novia llorando en silencio a su lado, y le tomaba la mano con fuerza. Era completamente consciente de que tenía la mirada de Dorea clavada en la nuca. Luego enterraron los ataúdes, y poco a poco la gente se fue levantando. Juliette se paró y se puso delante de las tumbas de sus padres. Lily y Sirius la siguieron. Pero ella no miraba las tumbas, si no el bosque del fondo.
- Será mejor que vayamos yendo
- murmuró Lily, algo temerosa - el profesor Dumbledore nos espera en la choza

- Quiero dar un paseo - anunció Juliette.
- Voy contigo - dijo Sirius, pero la chica le puso una mano en el pecho.
- Quiero ir sola - explicó - Quiero pensar un poco.
Dicho esto, se alejó entre las pocas lápidas y se internó en el bosque. Comenzó a caminar, y a pensar. ¿Por qué a ella? ¿Por qué sus padres? Eran buenas personas, no merecían aquello. Aunque, pensándolo mejor, ninguna de las víctimas de Lord Voldemort lo merecía. ¿Por qué disfrutaba de matar? ¿Cuál era el gozo de asesinar gente inocente? ¿Qué ganaba con ello? Las lágrimas continuaban cayendo por su rostro. Se sentía tan triste, tan desdichada, tan
sola. ¿Qué pasaría con ella? ¿Qué pasaría con su casa? ¿Con sus pertenencias? No recordaba que sus padres hubieran mencionado alguna vez un testamento. Pero
en realidad, aquello era lo que menos importaba. Recordó que su madre siempre la besaba, y la abrazaba, y a ella le molestaba
. Cuánto daría en aquél momento por recibir un abrazo cariñoso de su madre. Su padre solía decirle que era la niña más bonita del mundo
cuánto daría porque se lo dijese una vez más. Cuánto daría por tenerlo allí a su lado, otra vez
una última vez. Pero era imposible. Sus padres habían muerto. Los habían asesinado. Quién sabe si no antes torturado. Apretó los puños. Ella haría lo que fuera por sus padres. Se juró a sí misma que, cuando saliera del colegio, se uniría a la Orden del Fénix, igual que ellos
lucharía contra el hombre que se los llevó.
Sintió un ruido a sus espaldas. Miró hacia los arbustos, pero no había nadie. Sintió otro ruido, esta vez a la izquierda.
- ¿Qu-quién es? ¿Quién está allí? - preguntó, temblorosa.
Otro ruido, cada vez más cerca. Se giró, y sintió como el alma se le caía a los pies.
- Me preocupa - le dijo Sirius a Lily, mirando hacia el bosque - Y mucho.
- También a mí, pero tenemos que darle su espacio - contestó ella - Necesitamos comprenderla.
Sirius no dijo nada. Continuó mirando fijamente al bosque.
- Aún no me atrevo a creerlo
- murmuró Lily - Daniel y Ayla, muertos
es simplemente increíble

Sirius abrió la boca para decir algo, cuando oyó un grito agudo que provenía del bosque. La reconocieron como la voz de Juliette. Ambos muchachos se miraron, y corrieron hacia allí. Sirius corría desesperadamente. ¿Y si le había pasado algo grave
? Si algo llegaba a pasarle, Sirius moriría. Por favor, que estuviera bien
entonces la vio. Juliette estaba tirada en el suelo, pero no parecía que le hubiera pasado nada grave. Sirius suspiró aliviado, y fue hacia ella.
- Au
- murmuró la chica, incorporándose y acariciando su cabeza.
- ¿Qué pasó? - le preguntó Sirius, tendiéndole una mano.
- Me caí
me tropecé - contestó ella.
Sirius la miró extrañado. ¿Había gritado de tal forma sólo por haberse caído? Sin embargo, sonrió y la ayudó a levantarse.
- Gracias - contestó ella - ¿Vamos?
Comenzó a caminar a zancadas, dirigiéndose hacia la choza. Sirius y Lily tenían que correr tras ella.
- ¡Juliette, espera! - gritó Lily. Juliette se giró con cara de enojada.
- ¡Vamos, que no tengo todo el día! - exclamó, y continuó caminando. Sirius y Lily se miraron extrañados. ¿Qué le ocurría?
- ¿Nos vamos? - preguntó el director Dumbledore, quién los estaba esperando en la choza. - ¿Están listos?
Los tres asintieron. El profesor Dumbledore los guió hacia adentro, y volvieron a viajar por la chimenea, apareciendo en el despacho de la profesora McGonagall.

Los días que siguieron al funeral, Juliette estuvo muy rara. Sus amigos esperaban que estuviera triste, y cabizbaja, pero no. Su humor siguió como siempre. De hecho, como Mary bien dijo, su felicidad era algo exagerada.
- Seguro está consternada - explicaba Lily, aunque no se la veía muy convencida - Ya se le pasará.
Enero dio paso a febrero con un torrencial de nieve. Un día de la primera semana, Juliette se encontraba con la mirada perdida, sentada sobre las rodillas de Sirius, rodeada por los merodeadores, en la sala común.
- Juliette
¿Cómo te encuentras? ¿Bien? - le preguntó James con cara de preocupación. La muchacha lo miró, y se limitó a asentir con la cabeza. James suspiró - Juliette
por favor
queremos que confíes en nosotros.
- ¡Pero estoy bien! - exclamó ella, enojada. Sirius trató de besarla, pero ella lo esquivó y lo empujó. Luego se levantó y, ofendida, subió a su dormitorio.
Pero ese no fue el único acto raro de Juliette. En clase ya no participaba, ni siquiera parecía escuchar. Tomaba notas, pero cuando alguien se las pedía, las ocultaba. Casi no comía, y Lily notó que sus ojos habían perdido el brillo que normalmente tenían.
- Es por lo de sus padres - aseguraba, testarudamente - Ya se le pasará
aunque no niego que me preocupa.
Sin embargo, James tenía la impresión de que no sólo eran sus padres. Una tarde de lluvia leve y nubes grises, James se encontraba en el campo de Quidditch, después de un entrenamiento especialmente duro. Mientras todo el equipo entraba a los vestuarios, soñando con darse una ducha, tomar algo caliente y meterse en la cama, James se quedó bajo la lluvia, examinando el campo, y creando nuevas tácticas de juego. Deber de capitán. Estaba examinando el estado del pasto sintético, cuando la vio: Juliette se encontraba en los límites del bosque prohibido, bajo la lluvia, de espaldas a él, acompañada por un par de encapuchados. Parecía como si
ellos hablaban. Le explicaban algo. Ella se limitaba a asentir con la cabeza. James fue acercándose lentamente a ellos. Aún estaba muy lejos, no podría oír nada. Uno de los encapuchados le dio a Juliette un paquete, y luego ambos desaparecieron en los límites del bosque. Juliette se dio la vuelta y, con el paquete en brazos y aun con esa expresión de vacío en el rostro, se fue acercando a la entrada. James la siguió.
- Hola - saludó, cuando estuvo justo detrás de ella - ¿Qué tienes ahí?
Juliette se sobresaltó.
- Ah, hola, James
me asustaste.
- ¿Qué tienes ahí? - repitió James, mirando la caja con recelo.
- ¿Aquí? Un regalo para el profesor Dumbledore.
James la miró extrañado.
- ¿Un regalo?
Juliette asintió con la cabeza. Continuaron caminando hacia las grandes puertas de roble. James se sentía apenado por no poder ofrecerle algo que la cubriera de la lluvia, pero toda su ropa estaba mojada.
- ¿Quiénes eran los encapuchados?
- ¿Qué encapuchados? - Juliette lo miró sorprendida. James arqueó las cejas.
- Los que te dieron el paquete.
- ¡Ah! - Juliette pareció comprender - Ellos
esto
unos
amigos de mis padres. Querían agradecerle a Dumbledore por toda su ayuda, pero no pueden entrar al colegio.
- Ya veo
¿Me dejas verlo?
- ¡No! - Ya habían llegado dentro. James se sobresaltó al oír el grito de su amiga - Es decir
lo siento, pero los regalos es mejor mantenerlos cerrados, ¿no?
James se encogió de hombros, tomó su varita, y secó la ropa de Juliette. Continuaron caminando, hasta que Juliette dijo:
- Bueno, aquí nos separamos. Debo entregar esto.
James dudó. ¿De verdad debía dejarla sola, con ese paquete tan extraño? ¿Quiénes serían realmente los encapuchados? ¿Qué habría dentro de la caja? Estaba por decirle que mejor la acompañaba, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo: estaba desconfiando de Juliette, su amiga, por un capricho tonto. El comportamiento raro de Juliette no significaba nada: se le acababan de morir los padres. La caja perfectamente podía ser un regalo. Y los encapuchados
estaba lloviendo. Seguro se cubrían de la lluvia. Se sonrió al pensar lo estúpido que había sido, y asintió.
- Nos vemos en la sala común - le dijo, y dobló a la derecha.

- Remus, ¿Qué haces ahí solo? - le preguntó Lily, bajando las escaleras de caracol. Remus se encontraba sentado en un sillón de la sala común, mirando la chimenea. Al oír la voz de Lily, se sobresaltó.
- Ah, Lily
- murmuró, y volvió a concentrarse en las llamas que bailaban sobre la leña. Lily se sentó a su lado.
- ¿Qué te ocurre? - le preguntó. - Estás
extraño.
Remus no contestó. Lily le puso una mano en el hombro.
- ¿Quieres contarme?
Remus la miró con sus ojos brillosos. Luego suspiró.
- ¿Por qué? - preguntó, casi para sí mismo - ¿Por qué soy así?
Lily lo miró sorprendida. Ya sabía de qué hablaba, pero no podía creer que alguien tuviera tantos problemas con algo tan trivial como aquello. Remus ocultó el rostro entre sus manos.
- No puedo seguir así - balbuceó - No puedo, simplemente no puedo

- Remus, me estás asustando - El chico levantó la mirada. No había derramado ni una lágrima: sin embargo, Lily sabía que por dentro lloraba desconsoladamente.
- Soy un licántropo, Lily - dijo - Soy y seré un licántropo por el resto de mi vida, porque no hay cura para ello
y ni tú, ni James, ni Sirius, ni nadie comprenderá jamás la dicha, el dolor, lo desgraciado que me

- Lo sé - lo interrumpió Lily - Lo sé. Sé que jamás sabré lo que sientes, y lo lamento, de verdad lo siento. Pero quiero que me lo cuentes. Quiero que me lo digas. Que me hagas entenderlo, para poder ayudarte a superarlo.
Remus volvió a hundir el rostro entre sus manos.
- No lo merezco
No merezco todo lo que ustedes hacen por mí
Soy sólo un licántropo asqueroso y desdichado que se aprovecha de la bondad de las personas que lo rodean, y que tiene la estúpida esperanza de que algún día será alguien con una vida normal

- ¡Basta! - Lily se levantó enojada. Era suficiente. ¿Cómo podía hablar así de sí mismo? ¿Cómo podía odiarse tanto? No lo soportaba más. Remus era casi perfecto. Era amable, buena persona, lindo
pero esa inseguridad, ese odio hacia sí mismo hacían que Lily perdiera la calma. Lo quería mucho, pero esto era el colmo. Lo observó un instante, llena de furia, luego suspiró y se arrodilló frente a él. - Remus, escúchame bien. Quiero que prestes mucha atención a lo que voy a decirte.
Remus levantó el rostro, y la miró a los ojos.
- ¿Cuándo vas a entender que a nadie le importa que seas un hombre-lobo? Ni a Potter, ni a Black, ni a Pettigrew, ni a Juliette, ni a mí. Te queremos demasiado como para que esa
trivialidad influya en algo. Todos te queremos como eres, licántropo o no. ¿Por qué crees que tus amigos hacen todo lo que está a su alcance para apoyarte? Porque te quieren. ¿Acaso no es suficiente prueba que todas las noches de luna llena se transformen en animales para acompañarte? Nos importa cómo eres como persona, todo el resto del tiempo, no una vez al mes. Nos importa lo que eres aquí - apoyó su mano en el pecho de Remus - ¿Cuántas veces me has ayudado a estudiar? ¿Cuántas veces has apoyado a Juliette cuando se deprimía? ¿Cuántas veces has cubierto a Black y a Potter cuando los descubrían? ¿Cuántas veces has ayudado a Pettigrew a que su poción fuera azul marino y no fucsia? Remus: te lo agradezco.
Apoyó una mano en la rodilla del muchacho, a quién le temblaba el labio.
- Te lo agradezco de todo corazón. Te agradezco por ser tú, por estar siempre allí cuando alguien te necesita, por todo lo que haces por todos. Te agradezco de parte mía, de Potter, de Black, de Pettigrew y de Juliette. Te agradezco de parte de toda la cada Gryffindor. Te agradezco de parte de todo el colegio. Te debemos mucho, Remus, y jamás, jamás, cambies tu forma de ser. Sabe que jamás seríamos capaces de abandonarte por un pequeño problema peludo.
Hubo un ademán de sonrisa en el rostro de Remus. Lily lo abrazó con fuerza.
- Gracias, Lily
- balbuceó el chico - Eres la mejor

- Ahora - la pelirroja soltó a Remus y lo miró fijamente a los ojos - ¿Vas a decirme o no?
Remus sonrió débilmente.
- Me
me gusta una chica - confesó.
Lily lo miró sorprendida.
- ¿Una chica? ¿Quién?
Remus abrió la boca para contestar, pero justo Sirius bajó las escaleras rápidamente y se sentó junto a ellos.
- ¿Han visto a Juliette? - preguntó, y luego miró a Lily - ¿Qué te ocurre?
Lily lo observaba con tal expresión de odio que era intimidante. En ese momento, el retrato se abrió, dejando pasar a James, empapado y lleno de barro, que fue a sentarse junto a Lily.
- ¡Que asco, Potter! - exclamó ella, alejándose lo más posible - ¡Vete a bañar, no me toques!
James sonrió, y miró a sus amigos.
- Acabo de estar con Juliette - contó - Tiene una actitud muy extraña.
- No sé que le pasa últimamente - opinó Sirius - Está
muy extraña.
- Debe ser por lo de sus padres - contestó Lily - Hay que darle tiem

- Lo dudo - la interrumpió James - Esto es algo que no tiene nada que ver con la muerte de sus padres.
Los demás se miraron extrañados.
- ¿Entonces qué
?
- ¿Tendrá algo que ver con el grito que oímos en el funeral? - reflexionó Sirius. - Me pareció sospechoso

- ¿Qué grito? - preguntaron James y Remus a la vez.
- Cuando estábamos en el funeral, justo cuando terminó, Juliette nos dijo que quería estar sola un rato - contó Sirius - Así que se fue a pasear por el bosque, y yo me quedé con Evans. Pero entonces oímos un grito, y corrimos hacia allí. La encontramos tirada en el piso, y nos dijo que se había caído, pero

- ¿Gritar de tal forma porque se cayó? - se preguntó Remus - se me hace sospechoso

- Desde entonces actúa raro - terminó Sirius.
Entonces, James lo comprendió, y palideció. Se levantó bruscamente.
- ¿Adónde vas? - le preguntó Lily.
- Busquen a la profesora McGonagall - se limitó a contestar él - Díganle que vaya al despacho de Dumbledore. ¡Rápido!
James salió corriendo por el orificio del retrato. ¿Cómo había podido ser tan tonto
? ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Era más que obvio. Aumentó su velocidad. Tal vez, y sólo tal vez, llegaría a tiempo



- ¡Profesor! - el profesor Slughorn se dio la vuelta. Juliette Roxas corría hacia él, con un paquete en la mano.
- ¡Juliette! ¡Que alegría verte!
- Lo mismo digo, señor.
- Lamento mucho lo de tus padres
tu padre fue alumno mío. Era muy bueno en Pociones, y así terminó siendo el sanador que era

Juliette sonrió. El profesor la miró fijamente.
- ¿Podría hacerme un favor? - le preguntó ella con voz dulce.
- ¡Claro! Dime lo que quieras.
- Sé que usted está yendo a ver al director. ¿Podría entregarle
?
- ¡NO! ¡PROFESOR, NO LA TOQUE!
James Potter se acercaba corriendo hacia ellos. El profesor Slughorn lo miró extrañado.
- ¡James! ¿Qué
?
- ¡No
toque
caja
! - jadeó él - ¡Ella
está
maleficio
Imperius!
- ¿Qué
? - se extrañó el profesor. Juliette miro a James con odio, y levantó la varita, pero el muchacho fue más rápido.
- ¡Expelliarmus!
La caja se elevó en el aire y se abrió, dejando ver una hermosa piedra azulada, que al caer, rozó la piel de Juliette. La chica comenzó a retorcerse y a chillar, mientras su expresión mostraba dolor y angustia...
¿Nunca cometieron un acto estúpido, por impulsivos, cuando no tenían ni tiempo de pensarlo? Ese tipo de acciones, que uno comete por desesperación, por falta de tiempo, por sentir que estás apunto de perder algo que valoras
Bueno, eso fue lo que sintió James Potter cuando corrió y besó a Juliette Roxas, sintiendo el poder de la poderosa maldición de la piedra pasando por todo su cuerpo, su sangre, sus venas, en el preciso momento en que Sirius Black y Lily Evans llegaban corriendo junto a la profesora McGonagall , sin tener ni la menor idea de lo que estaban a punto de presenciar.
Que sueño tan extraño había tenido. Soñó que Juliette estaba bajo el maleficio Imperius, y que la había besado para salvarla. ¿Qué hora sería? ¿Sus amigos estarían despiertos ya? No quería levantarse. Ni siquiera el hecho de ver a Lily luego lo animaba a levantarse.
Oyó una puerta abriéndose, y el ruido de unos pasos de zapato de colegiala. ¿De colegiala? ¿Qué hacía una chica en su habitación? Las chicas no podían entrar. Bueno, se suponía que no debían entrar. Seguramente esa chica debía ir a verlo a él, ya que Sirius tenía novia.
- ¿Madame Pomfrey? - al oír la voz de Lily, su corazón dio un vuelco. ¿Qué hacía Lily Evans en su habitación? Y
¿Qué hacía llamando a Madame Pomfrey? Oyó otros pasos. Esta vez, la propietaria usaba tacos.
- Ah, eres tú - la voz de la enfermera no sonaba despectiva, si no más bien apenada.
- ¿Aún no han
?
- No, Evans
lo siento.
James pudo oír el suspiro de Lily. Entonces comprendió. No había sido un sueño. Todo había sido real. Juliette había sido víctima de un maleficio Imperius, él se había dado cuenta, algo tarde, y luego la había besado para salvarla de una muerte segura. En ese momento se encontraba acostado en una cama de la enfermería, y tanto Lily como Madame Pomfrey, no tenían ni idea de que estaba despierto. Los zapatos de colegiala, para su sorpresa, se acercaron a la cama dónde él estaba, y se sentaron a su lado. Decidió continuar haciéndose el dormido. No quería que su primera visión fueran los ojos verde esmeralda de Lily, ni sus labios de reina, sabiendo que jamás podría besarlos. Sintió la calidez de la mano de la pelirroja tomando la suya, y sintió como su pecho se oprimía.
- ¿Por qué no me dejas odiarte en paz, Potter? - la voz de Lily sonaba ronca, como si hubiera estado llorando mucho - ¿Por qué? Siempre fuiste un inmaduro, un irresponsable, un arrogante, un egocéntrico
sin embargo, sacrificaste tu propia vida para salvar a mi mejor amiga. ¿Por qué? Estás tan cambiado
- James sintió como una lágrima caía sobre su mano - ¿Por qué me importas tanto? ¿Por qué me pone tan mal que estés así? ¡Yo
yo te detesto! - suspiró - A quién quiero engañar
Sé que no me estás escuchando, y que es como hablarle a la pared, pero necesito decir esto, porque siento que voy a explotar - James agudizó el oído. Lily tomó aire - Yo
te quiero, James. Y mucho. Sé que después de la cantidad de veces que te he rechazado, y después de todo lo que te he dicho a lo largo de estos siete años pasados, vas a decirme que ya no quieres estar conmigo, que es muy tarde, y tendrás razón, toda la razón del mundo, pero
- Otra lágrima - Por favor, James, despierta
Te lo ruego
Sirius no está enojado contigo
No te niego que sintió bronca, verte besar a su novia
pero ya han pasado tres días, James
tres miserables días de llorar y llorar sobre tu cuerpo inconsciente, tres días de reflexión durante los cuales nos dimos cuenta de lo que había ocurrido, de por qué todo aquél desastre
James, el colegio te necesita. Tus amigos te necesitan
- Su voz se quebró, pero tomó aire - yo te necesito. Necesito tus bromas de todos los días. Necesito tus comentarios presumidos y arrogantes. Necesito verte allí, despierto, sonriente, revolviéndote el cabello como siempre lo haces, hablando de quidditch con tus amigos y llevándote al mundo por delante. Pero, lo más importante, necesito que estés allí para decirme: Evans, sal conmigo por milésima vez desde que nos conocimos - su voz se había convertido en un sollozo - Hazlo por Remus, que no ha abierto la boca desde el incidente, porque ha quedado traumado. Hazlo por Peter, que sin ti y sin Sirius no es capaz ni de respirar. Hazlo por Sirius, tu mejor amigo, que te ha perdonado, que te extraña, que te necesita para recuperar el brillo de sus ojos. Hazlo por Juliette, que aunque siga inconsciente, estoy segura de que no se perdonaría jamás que algo te pasara. Hazlo por tus fanáticos, que vienen todos los días a llorar a la puerta de la enfermería. Y
- James sintió la cabeza de Lily apoyándose sobre sus rodillas. No sabía como estaba haciendo para soportar todo aquello sin levantarse y darle un apasionado beso, o por lo menos como se estaba absteniendo de sonreír. - Hazlo por mi, Lily Evans, que sin ti jamás sería la persona que soy hoy. Te lo ruego por última vez, James
despierta.
Otra lágrima, esta vez sobre sus rodillas. Basta. James sujetó fuertemente la mano de Lily. La chica levantó la cabeza con los ojos llenos de lágrimas, sorprendida. James tosió, y se incorporó lentamente. Se miraron un instante, hasta que Lily murmuró:
- No puedo creerlo
- lanzó un sollozo y lo abrazó con fuerza. James pudo ver que Juliette se encontraba en una cama en la fila de enfrente, aunque uno a la derecha. Tenía los ojos cerrados, y se la veía muy pálida. Lily lo soltó finalmente, se levantó, y comenzó a gritar: - ¡Madame Pomfrey! ¡Madame Pomfrey! ¡Ha despertado! ¡Ha despertado!
La enfermera salió de su despacho y, al verlos a ambos, se llevó las manos a la boca.
- ¡Dios mío! - exclamó, tomando un frasco azul marino y corriendo hacia él - ¿Estás bien, Potter?
El chico asintió. La enfermera le hizo beber la poción que había traído, le puso la mano en la frente y le tomó el pulso. A James no le importó: él sólo tenía ojos para Lily. Tenía que decirle que la había oído. Aprovechó el momento en que Madame Pomfrey corrió a su despacho a buscar un remedio.
- Lily

- ¿Sí?
- Yo
- pero no pudo terminar. La puerta de la enfermería se abrió, y entró el profesor Dumbledore, seguido por dos hombres con bata verde lima y corbata. Ninguno de los tres pareció notar que había dos adolescentes dentro. Se acercaron a la cama de Juliette.
- ¿Es ella, Dumbledore? - preguntó uno de los hombres.
- Sí, Nicolas
- el director se acercó a ella y le quitó el flequillo de la cara. - ¿Cuál es el diagnostico?
El segundo hombre se acercó a la niña, y la observó detenidamente, desde analizarle los ojos hasta tomarle el pulso. Luego miró a su compañero, y negó con la cabeza.
- No voy a negarle que está grave, Albus
- dijo.
- Parece que vamos a tener que llevárnosla - terció el hombre llamado Nicolas.
- ¿Llevársela? - saltó Lily - ¿Adónde?
Los dos hombres la miraron. James pudo ver el escudo del hospital en el pecho de la bata.
- Señor Potter
- el profesor Dumbledore sonrió, y lo miró a través de sus anteojos de media luna - Me alegra que ya esté despierto.
- ¿Adónde se llevan a Juliette? - preguntó James, aunque ya conocía la respuesta.
- Al hospital - contestó Nicolas, y se acercó a la cama de James - Tuviste suerte, muchacho. Pudo haber sido mucho peor. Ella
no tuvo tanta suerte.
- ¿Va a
va
? - los ojos de Lily volvieron a llenarse de lágrimas. James comprendió lo que quería preguntar, y se le adelantó:
- Va a sobrevivir, ¿verdad?
Nicolas suspiró, y se encogió de hombros.
- Haremos todo lo posible.
Dicho esto, el segundo sanador hizo un movimiento con la varita e hizo aparecer una camilla con el logo de San Mungo. Con otro movimiento, pasó a Juliette a ella, y salieron de la enfermería. Lily se largó a llorar, y James la abrazó en forma de consuelo.

James no regresó a clase hasta cinco días después. Llegó en medio de una clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Apenas llegó, todas las miradas se volvieron hacia él, y entonces supo que el rumor había corrido por todo el colegio. No les hizo caso, y se acercó al profesor.
- Ah, señor Potter
- el profesor Kettleburn le echó una mirada a su lista - Bienvenido de vuelta. Póngase allí, con el señor Lupin, estamos trabajando con Threstals.
James se acercó a Remus.
- ¿Cómo estás? - le preguntó este. Desde que había despertado, Remus había ido a verlo a cada hora.
- Bien
creo.
- ¿Algún efecto secundario?
- Vomité un par de veces, y de vez en cuando me baja la presión, pero aparte todo normal.
Remus sonrió.
- No sabes cuanto me alegro
Ni llegas a imaginarte lo preocupados que hemos estado todos. La noche en que ocurrió, durante la cena, el director dio un discurso acerca del Innombrable. Explicó qué les había ocurrido, y dio consejos para que nos cuidemos. Somos perfectamente conscientes de lo que pudo haberles ocurrido
- bajó la mirada. James suspiró - Aún no entiendo
¿Cómo no nos dimos cuenta antes lo que le ocurría a Juliette?
James pudo notar que a Remus aún le dolía no haber estado allí. Sabía que él la quería mucho a Juliette, puesto que se conocían desde pequeños, y estaba sufriendo tanto como Sirius o Lily con aquello.
- No es fácil ver las cosas que están demasiado cerca - dijo con sensatez. Remus asintió - Y hablando de Juliette
¿Cómo está Canuto?
Remus lanzó una fugaz mirada hacia dónde Sirius trabajaba con Allison.
- Está
shockeado. Aún no cae. Todo
todo ocurrió muy rápido. Primero te vio besar a su novia. Luego los vio caer desmayados, y el profesor Dumbledore nos explicó que tú y ella habían sido malditos por una piedra, y que lo que habías hecho fue salvar a Juliette. Él ya no sabía qué pensar, qué sentir
Y, de un momento para el otro, su novia y su mejor amigo están en peligro de muerte. Y ahora, se la han llevado a Juliette al hospital
- el labio le tembló - Está
confundido. Ya no come, no habla, y casi no duerme. Parece como si creyera que todo esto es una pesadilla, un mal sueño, y que en cualquier momento despertará.
James volvió a mirar a Sirius. Se lo veía muy pálido, y algo desaliñado. Tenía unas grandes ojeras, y sus ojos grises se veían más fríos que nunca. El uniforme le quedaba grande: había adelgazado muy rápido. Sin embargo, estaba tan guapo como siempre. James suspiró.
- Hablaré con él - le aseguró a Remus - Tengo que hacerlo. Soy su mejor amigo, después de todo.
Remus asintió.
- Ah, por cierto, hay algo que debo contarte - James se acercó a Remus, y le contó todo lo que había oído en la enfermería el día en que se llevaron a Juliette.
- Ya veo
- dijo Remus, sin poder contener una sonrisa. - Así que Lily se te ha declarado
Bien, no creo que sea el mejor momento para hablar de eso con Lily. Ella ha
llorado mucho. Todo esto la ha afectado.
James miró hacia donde Lily trabajaba con Peter: Estaba hasta peor que Sirius. Además de todas las características nombradas para este, tenía todo el cabello enmarañado, y los ojos completamente enrojecidos. Parecía muy enferma.
- No puedo creerlo
simplemente no puedo creer que nos esté pasando esto - murmuró Remus.

Esa tarde, James encontró a Sirius sentado en la sala común, con la mirada perdida en la chimenea. Se sentó a su lado.
- Hola - saludó.
-
la - contestó él, con voz ronca.
- ¿Cómo estás?
Sirius se encogió de hombros. James lo observó un instante, y luego suspiró.
- Escucha, Sirius, yo
sabes que jamás habría besado a Juliette si no fuera por una situación de emergencia. Fue lo primero que pensé. Si no lo hubiera hecho ella estaría

- Lo sé - lo interrumpió Sirius - Lo sé, James.
Sirius se acomodó, de tal forma a quedar enfrentado a su amigo.
- Eres mi mejor amigo, James
confío en ti más que en nadie. No dudé de ti cuando lo hiciste, y no dudo de ti ahora. No puedes ni imaginarte el alivio que sentí cuando me enteré que habías despertado. Quise ir a verte, pero luego imaginé que necesitarías descansar, y tal vez no querías verme tanto como yo a ti, y lo habría entendido. Quiero que sepas que jamás, jamás, dudaría de ti, ni te acusaría de mentiroso o de traidor, ni me enojaría contigo sin una explicación. De hecho
- la voz de Sirius se apagó, pero tomó aire y continuó - de hecho
debo darte las gracias. Si no fuera por ti, James, Juliette habría muerto. Arriesgaste tu vida para salvar a mi novia. Y no sólo salvaste su vida esa tarde, James, si no también la mía.
Se abrazaron con fuerza, dejando en ese abrazo todos sus sentimientos de tristeza, amistad, pena, felicidad, alivio
todos los sentimientos juntos, mezclados, en un solo y cálido abrazo.
Remus tenía razón. James no pudo hablar con Lily en toda la semana. No podía hacerlo. No viéndola así.
Todo el día, se la veía con los ojos enrojecidos. Después de cada clase, se encerraba en el dormitorio de las chicas, o en el baño de prefectos. Casi no comía. De vez en cuando, James la miraba en clase, y veía una lágrima cayendo por su rostro. Estaba destruida.
- No puedo mencionar eso ahora - decía James cada vez que Remus le preguntaba - No es el momento.
Y lo que peor ponía a Lily, según James afirmaba, era no tener noticias de su amiga. Cada vez que le preguntaban a la profesora McGonagall, después de clases, o durante la comida, la mujer negaba con la cabeza.
- Lo siento - le dijo a Lily, cuando la chica fue a preguntarle por sexta vez en dos días si tenían noticias de Juliette, poniéndole una mano en el hombro - Sé cuanto te afecta esto, Evans. Lamento mucho no poder ayudarte más.
Cada vez que Sirius entraba a la sala común, Lily levantaba la cabeza, esperanzada, pero él negaba con la cabeza y ella subía a su dormitorio. Así, y viceversa. Sirius tampoco se encontraba en excelente estado. Pasaba el día entero deprimido, y perdía la concentración fácilmente. Si es que alguna vez la encontraba.
- No puedo verlo así - murmuró Remus, una tarde, mientras a lo lejos veían a Sirius tirando piedras al lago.
Las noticias de Juliette no llegaron hasta dos semanas más tarde. Estaban por entrar a una clase de Encantamientos, cuando se oyó la voz de la profesora McGonagall:
- ¡Señorita Evans! ¡Señor Black! Vengan conmigo.
Sirius y Lily se miraron extrañados.
- No se preocupen por su clase, voy a escribirle una nota al profesor Flitwick.
James y Remus se acercaron a ellos, sorprendidos, seguidos por Peter. La profesora McGonagall los miró de reojo.
- Potter
Lupin
- suspiró - De acuerdo, vengan también. Merecen saberlo. Pettigrew, tú adentro. No puedes permitirte el lujo de perderte una clase.
Peter puso cara de enojo.
- Pero

- ¡Pettigrew, he dicho adentro!
Algo intimidado, Peter entró al aula, despotricando contra la profesora McGonagall. Los otros cuatro siguieron a la mujer hasta su despacho. Lily se sentó frente al escritorio, y los tres muchachos se quedaron parados detrás. La profesora McGonagall se sentó del otro lado del escritorio.
- Tengo noticias para ustedes - dijo, con voz solemne. Sirius contuvo la respiración. A Lily comenzó a temblarle el labio. La profesora McGonagall suspiró.
- La señorita Roxas ha despertado esta mañana. Ella está bien.
Remus suspiró aliviado. James sonrió. Lily se echó a llorar, y Sirius lanzó un grito de júbilo. Su felicidad era tal que hasta contagió a la profesora McGonagall, que sonrió.
- Los sanadores han logrado quitarle todo rastro de la maldición. Aún está algo pálida, y algo débil, y no puede caminar, pero con ayuda de los sanadores estará en el colegio en un par de días.
James abrazó a Lily. Todo estaba bien, todo había pasado ya
Ya no había de qué preocuparse. El peligro había pasado.
Así pasó una semana. Una semana de impaciencias, desesperaciones, nervios
pero Juliette no regresaba. Cada mañana, al despertar, surgía un sentimiento de esperanza, mientras que por la noche, al acostarse, uno de decepción.
Una mañana, Sirius se despertó muy temprano. Extrañado, vio que hasta Remus continuaba durmiendo. Trató de volver a conciliar el sueño, pero no pudo. Se levantó, se puso el uniforme y bajó a desayunar. Al cabo de un rato, bajaron sus amigos.
- Sirius madrugador - James le revolvió el cabello - Buen día, ¿no?
Sirius se encogió de hombros, y volvió a alisar su cabello magistralmente. Parecía la publicidad de una marca de shampoo. James se sentó a su lado. Remus le puso una mano en el hombro.
- Ya llegará, Sirius
- trató de animarlo.
- No debes inquietarte - agregó James.
Peter asintió. Sirius sonrió.
- Lo sé
gracias, muchachos.
Lanzó una furtiva mirada hacia la mesa de los profesores, y durante un instante creyó ver una sonrisa en los labios de su profesora de Transformaciones. Pero la mujer corrió la mirada al instante, y continuó hablando con el profesor Flitwick.
Por la mañana tuvieron Cuidado de Criaturas Mágicas y Transformaciones. A la hora del almuerzo, Sirius declaró que no tenía hambre y que iba a sentarse a orillas del lago. Sus amigos lo siguieron.
- Sirius, no puedes dejar de comer - le reprochó Remus por milésima vez en las últimas semanas, sentándose sobre una piedra junto a él - No es sano.
- Y a Juliette no le gustaría - agregó Peter.
Sirius arqueó una ceja.
- ¡Vamos, Sirius! - exclamó James - ¡Por más increíble que parezca, Colagusano tiene razón!
- ¡Hey! - exclamó el más pequeño. Sirius sonrió débilmente.
- Es que
de verdad, no tengo hambre.
Remus bufó. La hora se les pasó tan rápido que no se dieron cuenta de que había sonado el timbre, hasta que James miró su reloj.
- ¡Hace cinco minutos que deberíamos estar en las mazmorras! - exclamó - ¡Vamos!
Se encaminaron hacia el castillo. Sirius sentía un extraño cosquilleo en la nuca, y estaba seguro que no era porque estaba llegando tarde. Estaba por pasar las enormes puertas de roble, cuando sintió un peso en la espalda, junto a un par de brazos que lo agarraban por el cuello.
- ¡Hey! ¿Qué
? - pero se interrumpió al sentir una enorme opresión en el pecho, al ver esos ojos azul profundo que lo miraban con tanto cariño - Juliette
- casi lloraba de la felicidad. La abrazó aún con más fuerza, y lanzó una risa nerviosa que se transformó en alivio. No estaba soñando. Lo estaba viviendo. Ella estaba allí, a su lado, abrazándolo con fuerza

- ¡Volví! - exclamaba, aferrada al cuello de su novio - ¡Volví
!
Sirius la observó un instante, y la besó. La besó como hacía mucho tiempo no lo hacía. La besó tan apasionadamente, tan profundamente, que reemplazó todo el cariño que no habían compartido en las últimas semanas.
- ¡Sirius! - se oyó la voz de Remus, a lo lejos, que se acercaba - ¿Qué
? ¡Juliette!
Juliette se separó de Sirius y abrazó a Remus, luego le dio un pequeño beso en la cabeza a Peter, y luego abrazó a James con tanta fuerza que casi le corta la respiración.
- Me alegro mucho que estés de vuelta - le dijo James cuando lo hubo soltado, sonriente - ¿Cómo viniste?
- Con dos sanadores. Cuando los vi me dijeron que viniera a saludar, que ellos irían a hablar con Dumbledore.
- Ya veo

- James
- a Juliette se le cayó una lágrima, que se apresuró a enjugar - Sólo quiero decir
gracias. Si no fuera por ti, yo

James le puso el dedo en los labios.
- Ni lo menciones - sonrió.
Juliette le devolvió la sonrisa. Sirius volvió a abrazarla. No la soltaría. No la soltaría jamás. Jamás volvería a dejarla ir. Jamás.
- Deberíamos ir a clase
- opinó el lobito responsable.
- Sí, es verdad - afirmó Juliette - Luego iré a ver a los sanadores para pedirles las indicaciones de cuidado.

- ¡Sí, pase! - dijo el profesor Slughorn. La puerta se abrió. Lily continuó concentrada en su poción, como si ni siquiera se hubiera enterado, y no levantó la vista.
- Perdón, profesor, estamos tarde
- se disculpó la voz de Sirius.
- Sí, me di cuenta.
- Es que nos encontramos a alguien

Los merodeadores entraron a clase, seguidos por Juliette. Antes de que nadie pudiera decir nada, la chica se llevó un dedo a los labios, se acercó a Lily por detrás y le tapó los ojos.
- ¡Potter, basta! - exclamó Lily. James hizo un puchero, Juliette rió, y le destapó los ojos.
- Mi apellido no es Potter, es Roxas. ¿Acaso pasó tanto tiempo que ya ni te acuerdas de mi apellido?
Lily se llevó las manos a la boca. Luego, con los ojos bañados en lágrimas, abrazó a su mejor amiga con fuerza.
- ¡No puedo creerlo, no puedo creer que estés aquí!
Juliette le devolvió el abrazo, y también dejó escapar algunas lágrimas. Dalila, Allison y Mary también se acercaron a abrazarla.
- Bienvenida de nuevo, Juliette - le dijo el profesor Slughorn. Juliette le dedicó una sonrisa.
- Gracias, profesor.


Esa noche, una fiesta de bienvenida fue organizada en la Sala Común de Gryffindor. Pancartas, música, comida
Todo para Juliette. Todos le pedían detalles, pero ella se limitaba a negar con la cabeza y señalar a James. Todos la pasaban muy bien: bailaban, comían, charlaban, reían
todos excepto Lily. Ella estaba sentada en el alféizar de la ventana, mirando la noche estrellada. Juliette trataba de acercarse a ella, pero sus compañeros la arrastraban a la fiesta. Después de un rato, Lily subió por las escaleras de los chicos, y James, al verla, se libró de las tres chicas que lo rodeaban y la siguió. Juliette le dirigió una mirada de complicidad a Remus, y supo que él también lo había visto. Tomó a Sirius por el brazo, quién estaba tomando tranquilamente una cerveza de manteca, y lo arrastró junto a ella, detrás de Remus.
- ¡Hey! ¿Qué
?
- Sólo calla y sígueme.


- Sabía que me seguirías.
James se posó en la baranda del balcón, junto a Lily. El balcón al final de las escaleras era un privilegio que las chicas no tenían, y la vista al lago, al bosque y al cielo estrellado era realmente hermosa. Sin embargo, al contrario de los chicos, las chicas podían subir sin ningún problema por las escaleras de los chicos, y de vez en cuándo usaban ese balcón.
- Lily, yo
hay algo que debo confesarte.
- Sé que me oíste en la enfermería - atajó Lily, aun sin apartar la vista de la luna menguante. - Sé que estabas despierto.
- ¿Cómo
?
- Te oí en la sala común, la primer semana después de tu recuperación, cuando le decías a Remus que no podías mencionarlo porque yo estaba demasiado deprimida.
James no contestó, y se puso de espaldas, apoyando los codos en la baranda.
- ¿Era verdad?
Esta vez fue Lily quién se quedó callada. Apoyó los codos en la baranda, y la pera sobre las manos, y continuó mirando hacia fuera.
- No lo sé - dijo finalmente - No lo sé. Aquél día estaba muy desesperada. Decía cosas que no quería decir. Sin embargo, ahora ya no sé qué pensar. Estoy confundida. Lo siento, Potter, pero yo

- Por favor - James la miró fijamente - Llámame por mi nombre. Odio que la chica de la cual estoy enamorado sea la única que aún me llama por mi apellido.
Lily lo miró a los ojos. Hacia esos ojos chocolate que le hacían sentir esa sensación tan extraña en el medio del pecho. No comprendía. No se comprendía a sí misma. ¿Qué le estaba ocurriendo? Suspiró.
- ¿Por qué? ¿Por qué me complicas tanto la vida? - preguntó - ¿Por qué no me dejas odiarte como siempre lo he hecho?
- Porque no quiero que me odies - James también la miraba a los ojos. A esos ojos verde esmeralda que siempre había deseado. ¿Qué estaba haciendo mal? ¿En qué se equivocaba? Quería que esos ojos hermosos fueran suyos. Pero no parecía estar lográndolo - No quiero que me odies, porque me gustas. Y mucho. Tal vez toda tu vida hayas pensado que era una broma, que yo sólo me burlaba de la situación. Pero no es así. Yo te amo, Lily Evans. Te amo como nunca amé a nadie. Pero
no quiero presionarte. No quiero hacerte sentir incómoda. Sólo te estoy pidiendo
una oportunidad. Una sola. Una salida a Hogsmeade. Ir al callejón Diagon a tomar un helado a lo de Fortescue. Lo que sea. No te estoy pidiendo que te cases conmigo, ni nada parecido
solo una salida. Una oportunidad. Si me dices que no, prometo que no te molesto nunca más en mi vida, y desaparezco de la tuya para siempre. Pero voy a tratar, voy a arriesgarme, porque no pienso quedarme sentado el resto de mi vida pensando en lo que podía haber hecho contigo si me hubieras dicho que sí. Empecemos de nuevo, haz como que nunca pasó nada. Lily Evans, ¿saldrías conmigo?
Lily lo observó un instante, y luego suspiró.
- Sí, James Potter. Saldré contigo.
James pegó un grito de júbilo, y saltó de alegría. Lily sonrió. James se puso una mano en el pecho, respirando agitadamente, y se apoyó en la baranda.
- No
no puedo
no puedo creerlo
- jadeó.
Lily sonrió, e hizo un ademán de acercarse, pero al parecer se arrepintió. Dudaba. Abrió la boca para decir algo, pero luego la cerró. Suspiró, miró a James a los ojos, apoyó su mano en el pecho de él, se puso en puntas de pie y lo besó. Fue el mejor momento de su vida. Un instante de sorpresa, y luego la mayor felicidad del mundo. James se quedó de piedra, pero luego la abrazó por la cintura y cerró los ojos. Ella se abrazó a su cuello, y

- ¡Sí!
Lily y James se separaron.
- ¡Shhh!
Lily y James se miraron, y sonrieron.
- Juliette, ya puedes salir - dijo Lily, sonriente. Juliette salió de atrás de la pared, algo avergonzada, y se acercó a ellos.
- Canuto, Lunático, sé que están ahí - dijo James.
- Juliette, voy a matarte - se oyó la voz de Sirius, y él y Remus se dejaron ver.
Juliette miró a James, luego a Lily, dio un grito y corrió a abrazar a sus amigas.
- ¡No saben que feliz estoy por ustedes! - exclamó, dándole un beso en la mejilla a Lily, mientras Sirius y Remus se acercaban a ellos sonrientes, y abrazaban a su amigo. Juliette no podía creerlo: Lily Evans finalmente había cedido. Tal vez, todos los problemas habían tenido su lado bueno.
Marzo, abril, mayo y junio. Juliette disfrutó sus últimos meses en Hogwarts, sus últimas salidas a Hogsmeade, y sus últimas vacaciones como nunca. Luego vinieron los EXTASIS. Todos tenían sus objetivos, por lo que se esforzaron al máximo. Y, finalmente, después de largas semanas que parecieron años, llegó el día de volverse a casa.
- Que triste, ¿verdad? - murmuró Juliette, mientras veía el colegio alejarse por la ventanilla del tren.
- Sí
- Sirius la abrazó por detrás. Todos tenían expresiones melancólicas.
- Pensar que estamos saliendo al mundo real asusta, ¿cierto? - Lily apoyó su cabeza en el hombro de James.
- No te preocupes, yo estoy aquí contigo - Lily sonrió, abrazó a su novio por el cuello y lo besó. Juliette sonrió.
- ¿Qué piensan hacer de su futuro? - preguntó Remus.
- Bueno, ni Juliette ni yo tenemos un hogar fijo por ahora - dijo Sirius - es decir que nos mudaremos juntos.
Sonrió. Juliette le devolvió una sonrisa cariñosa.
- ¿Adónde irán? - preguntó James.
- Supongo que nos mudaremos a la casa de mis padres - dijo la chica - ahora está vacía.
Suspiró con nostalgia, y volvió a mirar por la ventanilla.
- Quiero ser sanadora - declaró - como mi padre. Aunque quiero dedicarme más a las criaturas, no a los humanos.
- Eso es excelente - le dijo Lily.
- Sí. - afirmó James - Tener una ambición es genial. Yo quiero ser auror, pero no estoy seguro
quiero esperar a ver los resultados de mis EXTASIS.
Miró a Remus, quién suspiró.
- Yo no sé qué me gustaría hacer exactamente - dijo - Pero sé que no me será fácil. Recuerden que los hombres-lobo no son muy
queridos por la gente.
Miró al piso, apenado. Juliette lo abrazó en señal de apoyo.
- No te preocupes, Lunático, siempre tendrás nuestro apoyo - James apoyó una mano sobre su hombro - Siempre que nos necesites.
- Sabes que puedes contar con nosotros, amigo - afirmó Sirius.
Remus sonrió.
- Hablando de ti y de tu futuro
- Juliette sonrió pícaramente - ¿Qué tal tu relación con Dalila?
- ¡Eso, que al principio estabas muy triste porque no iba a aceptarte por tu pequeño problema peludo, y luego se los veía muy contentos detrás de la estatua del quinto piso! - sonrió Lily. Remus se sonrojó.
- ¿Le dijiste lo que eras? - preguntó Sirius.
- No - contestó Remus - Pero es que terminamos.
- ¿¡Terminaron!? - saltaron todos.
Remus asintió con la cabeza.
- Es que
ahora nuestras vidas se separan. Ella se va a ir a estudiar a los Estados Unidos, y yo me voy a quedar aquí, y bueno
nada, nos separamos. Pero les aseguro que fueron los mejores cuatro meses de mi vida.
Los demás sonrieron. Al oír una tos detrás de ella, Juliette se sobresaltó.
- ¡Peter! - exclamó - Estabas muy callado.
El muchacho se encogió de hombros.
- ¿Y tú, Peter, qué planeas hacer de tu vida? - preguntó Lily.
- Nada importante - contestó Peter de forma indiferente. Sirius arqueó las cejas.
- Más te vale que pienses rápido, Colagusano.
Peter tragó, y asintió. Juliette volvió a posar su mirada en el paisaje exterior, justo en el momento en el que el tren doblaba y el castillo se perdía de vista.



***********



31 de Octubre de 1981
Querido Lunático:
¿Desde cuándo que no hablamos? Hace ya mucho tiempo. Lamento no haber ido a verte el otro día. Tuve que dejar que fuera Sirius: Estoy realmente muy ocupada. Entre mi trabajo en San Mungo, la Orden y ella, no doy para más. Sobre todo el trabajo: la sanación no es nada fácil. Por eso estoy escribiéndote esto: porque te extraño. ¿Sirius estuvo amable contigo? Últimamente no me habla muy bien de ti. Lamento decirte que cree que
bueno, en realidad, cree que eres el traidor. Pero yo no creo eso. No serías capaz, eres demasiado bueno. Trata de convencerlo de lo contrario, ¿si?
Ahora dime: ¿Cómo está ella? Según Sirius, cuándo la dejó, se veía tan feliz como cuando fuimos al Mundial de Quidditch. Realmente te adora. Me pone muy feliz que te quiera tanto como yo. ¿Cómo estás tú? ¿Ya has conseguido empleo? Ojalá que sí. Te deseo la mejor de las suertes.
Yo estoy bien: extraño mucho a Lily y a James. Hace ya
seis meses que no los veo. Esto de que deban estar ocultos hace muy difícil llevar adelante nuestra amistad. Sin embargo, me arriesgo y les mando algunas cartas. Ellos también se arriesgan, por supuesto, y esas cartas siempre son kilométricas, porque como no vienen muy seguido, aprovechan y nos cuentan absolutamente todo. Siempre las mandan en código, claro. La última que Sirius y yo recibimos estaba dirigida a Canuto. Sin embargo, eso no quita que extrañe verlos
Quiero poder hablar tranquila con mi mejor amiga, quiero volver a los viejos tiempos, donde nuestra mayor preocupación era si aprobabamos o no los EXTASIS
Pero ahora, la vida continúa. Sólo quiero verlos a todos el día de mi boda. El Profesor Dumbledore me ha prometido que hará todo lo posible para que puedan estar todos allí. Hasta el pequeño Harry irá.
Espero que todo esté bien, envíame una carta contándome de ti. Cuando toque, trataré de ser yo quien vaya a visitarte.
Con amor
Juliette.


Juliette sonrió. Sí, le había quedado bien. No se había olvidado de nada. Dobló el pergamino, y lo metió dentro del sobre. Tomó un libro titulado La Sanación Moderna , pero se arrepintió y lo dejó sobre la mesa. No tenía muchas ganas de estudiar en ese momento. Decidió sentarse a esperar que Sirius llegara. Se miró el anillo dorado en su dedo anular: le traía muchos recuerdos. Habían pasado tres años desde que habían salido de Hogwarts. En esos tres años, habían pasado tantas cosas
volvió a sonreír.
Miró el reloj: ¿A qué hora llegaría Sirius? No debía tardarse. Se levantó, y comenzó a pasearse por la habitación. Y de repente, cayó al piso.

- ¿Ya estás preparado, Colagusano?
- Sí, mi señor.
- Que los Potter te hayan nombrado el guardián del secreto, Colagusano, nos ha beneficiado mucho. Esos Potter no tenían ni idea
Pronto, de acuerdo con la profecía, seré el hombre más poderoso del mundo.
- S-sí, mi señor.
- No temas por la traición, Colagusano
tú ya escogiste tu camino, y de esa forma, tu bando. Te elegiste a ti mismo por sobre tus amigos. Y eso, Colagusano, es lo que te hará grande. Ahora
es hora de irme.


Juliette se puso una mano en el pecho, respirando agitadamente. No
no podía ser

- ¡Lily, James
! - exclamó, se levantó y salió corriendo. Por favor, que todo hubiera sido un sueño
un mal sueño

Debía calmarse. Peter no era capaz de hacer algo así. Pero, en ese instante, recordó las palabras de Sirius: Creo que hay un traidor entre nosotros. Cerró los ojos, y cuando los abrió, se encontraba frente a la casa de Lily y James.
En ruinas. Completamente en ruinad. Destrozada.
- ¡No
! - Juliette entró a la casa. - ¡Lily! - comenzó a gritar, aunque sabía, por mucho que le doliera, que nadie contestaría - ¡James!
Gritaba sus nombres desesperadamente. Desaforadamente. Sin embargo, no había soltado ni una lágrima. No podía ser. Lily y James
muertos
no podía aceptarlo. No quería aceptarlo. Además, no había ningún indicio que dijera que no se habían escapado. Comenzó a buscar. A buscar por toda la casa destruida, hasta que pisó algo, que se rompió. Se agachó a recogerlo, y entonces, con una opresión en el pecho, tomó los anteojos de James. Y, en ese momento, se echó a llorar. A llorar desconsoladamente. Lily y James
muertos
su mejor amiga, la mujer que tanto la había ayudado, la chica que tanto la había apoyado, con la que había compartido tantas cosas
se arrodilló, y continuó llorando sobre los anteojos rotos de James. Después de todo, de todo
se oyó un llanto en el piso de arriba, y unos pasos bajando las escaleras, mientras el llanto se acercaba. Juliette se levantó con dificultad y, aunque tenía los ojos cubiertos de lágrimas, logró ver una gran figura borrosa.
- ¡Juliette! - oyó una voz conocida. La chica levantó la mirada.
- ¡Hagrid! - se echó sobre su pecho. El guardabosque llevaba en brazos al pequeño Harry.
- Vamos, Juliette
salgamos de aquí.
Hagrid tomó a Juliette del brazo y se la llevó a rastras afuera de la casa. Ella no tenía fuerzas. Sólo podía continuar llorando. Afuera, se oyó un ruido extraño. Juliette ni siquiera se molestó en mirar hacia allí.
- No puede ser
- oyó la voz ahogada de Sirius. Juliette levantó la vista, y se tiró a sus brazos. Sirius no tuvo ni siquiera la fuerza para sostenerla, y ambos casi caen al piso, pero luego Sirius la estrechó contra su cuerpo.
- ¡Fue él, Sirius! - lloraba Juliette - ¡Fue él
! ¡Fue
!
- Lo sé, Juliette, lo sé. Fue mi error. Fue mi culpa.
Sirius miró a Hagrid.
- Dame a Harry, Hagrid - dijo, con voz ahogada, aún más que cuando había hablado antes - Soy su padrino. Yo cuidaré de él.
Pero Hagrid negó con la cabeza.
- Tengo órdenes de Dumbledore - explicó - Debo llevarlo a salvo a Surrey.
- ¿Surrey? - saltó Juliette, aún llorosa y con la voz ronca - ¿No será a P-Privet Drive, verdad?
Hagrid la miró extrañado, y no contestó nada. Juliette miró a Sirius.
- ¡No
no podemos dejarlo! - sollozó - ¡Se lo dejará a P-Petunia! ¡Q-Quién sabe c-cómo lo tratará!
Los ojos de Sirius estaban enrojecidos. Juliette nunca lo había visto llorar.
- Por favor, Hagrid, nosotros

- No - la voz de Hagrid sonó cortante - No puedo desobedecer las órdenes de Dumbledore.
Sirius parecía querer seguir discutiendo, pero suspiró.
- Entonces llévate mi moto - señaló el vehículo que estaba detrás de él - Será más rápido.
Hagrid asintió, y con un último movimiento, subió a la moto y se fue.
- Iremos a buscarlo - aseguró Sirius - Lo prometo. Ahora vamos, hay un trasladador a tres calles que nos llevará hasta el ministerio. De ahí, iremos a casa de Peter, y le exigiremos explicaciones.
Juliette asintió, y miró al cielo. La marca tenebrosa acababa de aparecer. Los mortífagos comenzaban a llegar. Sirius tomó la mano de Juliette, y comenzaron a correr. Corrían, corrían
y sentían las maldiciones que los rozaban. Los mortífagos los perseguían. Pero Juliette sentía, sabía que no le importaba. Ya no le importaba morir. Ya nada le importaba. Corría sin fuerzas, casi sin ver, porque las lágrimas le cubrían los ojos. Si no fuera porque la mano de Sirius la arrastraba, habría caído allí donde estaba. Cuando casi llegaban, sintió algo pesado que caía de su bolsillo, pero tampoco le importó. Finalmente, sanos y salvos, llegaron al diario viejo que les haría de trasladador. Juliette se dio la vuelta, y lo vio: brillando en el suelo de asfalto, como un diamante, se encontraba su reloj. El reloj que Lily le había regalado para navidad, hacía tres años. El único recuerdo que le quedaba de su mejor amiga.
- ¡El reloj de Lily! - exclamó, soltando el diario y corriendo hacia él. Sirius levantó la mirada.
- ¡No, Juliette! ¡NO!
Y lo vio. Allí, la última mirada antes de desaparecer, la última visión antes de encontrarse en una calle desierta, y caer de rodillas, soltando sus lágrimas a más no poder.
Juliette se agachó, y tomó el reloj. Luego se levantó, se dio la vuelta, y miró a su novio a los ojos, antes de abrirlos bien grandes de la sorpresa, al recibir una poderosa maldición asesina en la espalda y caer lentamente al piso, perdiendo el último rayo de vida que le quedaba.



..............................



Los ojos de Sirius se humedecieron. Harry ocultó su rostro entre sus brazos, para no mostrar la pena que sentía. Sentía una opresión en el pecho, una tristeza inhumana, un sentimiento de melancolía relacionado con la muerte de sus padres y de la única chica a la que alguna vez podría haberle hablado de su madre. Nunca la había visto, y en ese momento entendía el por qué. Nunca le habían hablado de ella. Sin embargo, sentía como si el mundo se le hubiera caído a los pies.
- Lamento haberte contado esto - dijo Sirius con voz ronca - Creo que merecías saberlo.
Harry asintió. A pesar de toda su pena, estaba feliz de que su padrino hubiera compartido con él aquél recuerdo tan trágico. Sirius volvió a mirar la fotografía, y lanzó un suspiro. Harry se levantó, y salió lentamente de la habitación. Su padrino merecía quedarse solo con el recuerdo de la única mujer a la que realmente había amado.



oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO



Muchas gracias a todos los que siguieron esta historia hasta el final, lamento muchísimo a los que los hice llorar, a los que no también, pero este es el final. No se si recuerdan que en un capitulo del fic, mas precisamente "Adivinación: Futuro y Nostalgia", Juliette ve la escena de su muerte. Claro, que nadie imagina que se va a morir ahí. Es exactamente el momento en que Sirius grita: "¡No, Juliette! ¡NO!". Ahí ya les estaba dando una pista... La tercera parte, cuando Sirius habla con harry, es un final Alternativo, porque esta historia tiene continuación. En realidad, hay un capitulo más que termina abierto, pero como no se si voy a algun dia poner la continuacion, entonces por ahora lo dejo asi. Me dolió mucho matar a Juliette, pero este es el final, y...aunque me duela, así termina. Espero que, a pesar de todo, les haya gustado, y lo hayan disfrutado, y no se unan al club de merodeadoraa y pily_santy_brothers de MATEMOS A JUU_ROXAS!


De nuevo, muchisimas gracias, y aqui termina todo!

 

Un Pasado a lo Francés - Potterfics, tu versión de la historia

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TOC TOC. Alguien estaba tocando a la puerta. Sirius, que estaba absorto observando una vieja fotografía, no se dio cuenta. La persona que estaba del otro lado

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2023-02-27

 

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