Una feliz Navidad para Argus - Fanfics de Harry Potter

 

 

 


Septiembre, que hermosa época se avecinaba para todos.Hogwarts abría sus puertas a millones de niños que entraban correteando con susestúpidas sonrisas y varitas agitándose. ¡Bah!, todo eso empalagaba al celador.Las mejillas sonrosadas y esos ojitos brillantes solo eran el camuflaje debestias depravadas y sin sentimientos.

Sí, así era como el solitario Argus Filch escondía sutristeza al mundo mágico, con odio. Todos lo miraban como un bicho raro, solopor no tener magia y nunca haber podido traspasar las puertas del colegio conuna estúpida sonrisa y su varita agitándose como todos esos mocosos, sino, paraocupar aquel empleo que justificaba su razón de existir. Así era, solitario,pero sumamente deliciosos eran los momentos en los que borraba la felicidad delos niños, solo para adquirir él un poco de aquel sentimiento empalagoso y codiciado.

 

Este año había comenzado de maravilla, ya había arruinado incontablestravesuras de niños pulgosos y colgado más de veinte alumnos por sus pulgares.Todo parecía marchar a la perfección, pero por mucho más que nuestro celadorintentase esconder su tristeza y soledad, el esfuerzo era en vano. Su mismorostro surcado por la vejez denotaba su sentir. Así era Argus, un espejo,siempre podrías adivinar lo que sucedía en su interior, aunque no fuesen muchoslos estados de ánimo que sobrellevaba.

Ese mismo día, Filch entró en el Gran Comedor como siempre,sintiendo como aquellas miradas, que si matasen ya varios alumnos habrían sidoreportados como homicidas, se clavaban en su figura. Cómo le gustaba aquellasensación de ser temido por el alumnado, le regalaba la felicidad necesariapara sobrellevar su tristeza.

"Oh si Argus, ningún otro esquib del mundo mágico podríahaber conseguido mejor empleo que el de celador de Hogwarts, eres afortunado",se decía con frecuencia, al ver a los atemorizados repugnantes niños bajar lavista al sentir su presencia, hasta los de Gryffindor eran aterrorizados por Filch, dejando de lado sutan ostentosa característica de valientes.

"¡Já!, solo son un par de mocosos, todos son iguales sinimportar a que maldita casa pertenezcan" se recordaba el hombre.

Ahora bien, volviendo a la entrada del celador al GranComedor, pudo ver a aquel grande e imponente árbol que se alzaba en un extremodel lugar, decorado con esferas del color de todas las casas que levitaban enel aire.

"Navidad" pensó Argus, "Dulce y hermosa navidad" se dijo consarcasmo.

Había olvidado en que día estaba viviendo. Su pasión por eltrabajo le había hecho dejar en el tintero que se encontraban en plena vísperade Navidad. Afortunadamente, Filch no tenía nadie a quien poderle regalar unregalo, lo que por cierto, no lo entristecía para nada, más bien lo alegraba.Nunca le había gustado la Navidad, le parecía absurdo hacerles creer a losniños malcriados que un barrigón vestido de rojo y blanco caería por suschimeneas y les dejaría miles de regalos.

La humanidad podía sobrevivir sin eso, pensándolo bien, elcelador nunca había tenido una Navidad en toda su vida, ni siquiera en suinfancia, lo cual, no le había resultado nada traumático, se sentía orgullosode que con tan solo tres años de edad no hubiese creído en duendes verdes que armaban regalos.

Pues entonces, las tarde continuó con normalidad, Argusencontró a un par de niños de Slytherin intentando esconder entre la comida de la Profesora Sprout unas pastillasvomitivas. Como castigo, Filch se encargó de dejarlos sin su salida aHogsmeade, lo cual aún, le pareció muy poco para semejante acción. Tes e infusiones

Al otro día, el celador amaneció con una mueca en su rostro.Los cánticos de Navidad lo habían despertado, y al ponerse su ropa, se encontróque algún gracioso le había jugado una broma, cuando el muérdago comenzó a brotar desde los bolsillosde sus pantalones, lo que generó ciertas burlas como, "Filch, el celador planta",o "Vamos todos a besarnos debajo de Filch".

Afortunadamente, las actividades de ese día finalizaron muytemprano, y los alumnos se dirigieron hacia sus casas luego de una ridículapelea de bolas de nieve, que termino llenando de copos los pantalones de Argus,luego la nieve se derritió y regó al muérdago que creció diez centímetros,antes de ser arrancado ferozmente por Filch.

Este año, el baile de Navidad, que organizaba McGonagall sehabía corrido para el 25, lo cual era un alivio para el hombre, dándole horasextras de sueño. El celador llegó hacia su cama y se durmió rápidamente,sabiendo con certeza, que a diferencia del resto, su lastimero pino navideñoaparecería vació cuando la luz del sol se filtrase por las ventanas.

Muy temprano, Argus abandonó su cama, se vistió, esta vezsin muérdago en sus pantalones, y al pasar por al lado de su pino el mundo separalizó. Allí lo vio, aquel objeto debajo de la planta, aquella caja envueltaen papel amarillo con una carta sobre él. Primero, pensó que era un espejismo,y frotó su ojos hasta enrojecerlos, luego creyó que podría ser una broma de algúnotro mocoso chistoso de Hogwarts, pero finalmente lo tomó, para encontrarse conaquello, que por muy raro que suene, le hizo derramar una lagrima. Filch sintiócomo su mejilla arrugada se mojaba, probó la lágrima y se reencontró con aquelpeculiar gusto salado.

Dentro de la caja, descansaba un animal, una bola de pelosrayada de pelaje marrón sucio y descolorido. El montón peludo se movió, yreveló al celador una cara con los ojos más bonitos que jamás creyó ver,grandes y puros. Argus dejó caer la caja no sin antes tomar a su regalo ycolocárselo en el hombro mientras le daba palmaditas en la cola. Sin darsecuenta comenzó a tararear un villancico mientras el animal ronroneabagustosamente. Por un momento abrió los ojos y vio la carta que aún descansabasobre la tapa de la caja. Rezaba:

EstimadoArgus:

En agradecimientopor todo lo que has hecho por nosotros. Cuida bien de ella, te será unacompañera muy leal si sabes cómo tratarla.

Feliz Navidad

Otra lágrima patinó por el rostro del celador, conteniendo todo suagradecimiento a aquella persona desconocida. Era su primer regalo, su primerNavidad feliz.

Tomo a la gata con sus dos manos y le susurró en su puntiagudaoreja:

-Ahora seremos tú y yo pequeña, solo Argus y la Señora Norris- ypor primera vez luego de mucho tiempo, Filch sonrió, teniendo pareja para losfuturos bailes de Navidad, y sin saber que aquella gata sería tan odiada comosu amo.

Nuevamente, otra lágrima bajó pos su rostro, pero esta vez solo defelicidad, y de gratitud tal vez, al haber tenido su primera feliz Navidad.

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Septiembre, que hermosa época se avecinaba para todos.Hogwarts abría sus puertas a millones de niños que entraban correteando con susestúpidas sonrisas y v

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2023-02-27

 

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