Una Triste Historia de Navidad... - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Siente un vacío, un gran vacío a lo largo y ancho del cuerpo. Y el pecho, siente sobre él una presión que se cierne cada vez con más fuerza. En la garganta hay algo que no se termina de definir como un nudo, y sin embargo está allí. Vacío, presión, y algo en la garganta, pero las malditas lágrimas no terminan de aparecer.

Siempre ha sido de lágrima fácil, aunque Sirius se contentaba llamándole simplemente "Marica". Esa vez cuando ganaron el primer partido bajo su liderazgo, lloró en brazos de todo el equipo, en especial con Canuto. La primera vez que vio en vivo y directo el cuerpo de Lunático después de que la luna llena volviese a hechizarlo, tuvo que apretar fuertemente la mandíbula para no deshacerse en lágrimas en el suelo. Cuando Lily le dijo que sí, no había hechizo ni manera de evitar que prorrumpiera en saltos y gritos entre lágrimas.

 

Era un jodido llorón. Sin más letras ni más palabras.

Y sin embargo, ahora con el fantasmal tacto de la mano de Lily sobre la suya, del fugaz apoyo de la mano de Sirius en su hombro, a sabiendas de que ellos y Remus y Peter estaban allí, junto a él
junto a Ellos dos
no podía llorar. NO-PODÍA.

Le cuesta creer lo que está ocurriendo, que quedasen reducidos a un par de lápidas de mármol. No podía creer que todo acabase así, tan repentinamente. Sus vidas no podían haberse extinguido de esa forma. ¡No ahora que Lily estaba con él!

-Cornamenta
--la voz vino desde lejos y sólo se percató de que Sirius estaba llamándole cuando sintió que el apretón de su hombro incrementaba la presión. Se giró cuando Sirius se aclaró la garganta--
Ya todo acabó.

Sí, de eso estaba seguro. Todo había acabado para él: las risas, los chistes, las travesuras
incluso Hogwarts. No se creía capaz de regresar a ese sitio. No sabiendo que Ellos no estarían en casa para recibirlos de vuelta, siempre con los brazos abiertos.

-James
--ahora es Lily quien aprieta su mano--Ya es hora de irnos.

Sus amigos ya habían empezado a caminar. Remus abrigado hasta las orejas, con esa bufanda desgastada que siempre le ha visto usar, tenía el brazo sobre los hombros de Peter, hablando en susurros que James no era capaz de entender. Sirius jamás se había visto tan melancólico. Parecía un ermitaño, con las manos en los bolsillos de sus jeans desgastados por el uso. Un cigarrillo en los labios y su chaqueta de cuero, era la viva imagen de esos cantantes muggles de rock que tanto solían escuchar.

No sabe cómo sus piernas han empezado a moverse, pero pronto sigue a sus amigos. Observa a Lily de reojo y el hecho de verla más hermosa que nunca, por primera vez, no le consuela. Muy al contrario, le hace sentir más acongojado. Sin maquillaje, el cabello rojo haciendo contraste con su piel nívea y un sencillo vestido negro bajo el abrigo del mismo color. Parece un ángel de Botticelli.

Antes de darse cuenta adónde le conducían, ya estaban todos frente a la casa de Ellos, que ahora era suya. Entonces se detuvo de inmediato, y Lily se detuvo con él casi al mismo tiempo.

-¿Qué ocurr
?

-N-n
--carraspeó sonoramente, al no poder encontrar su propia voz--N-no puedo, Lily
No ahora.

Ella asintió lentamente. Tenía que hacer algo por él. Era lo correcto. Y más importante aún, era lo que quería hacer más que nada en el mundo. Regresarle un poco de la paz que él le había dado.

 

-Chicos
-los tres Merodeadores frente a ellos se viraron. La vieron tomando la mano y el brazo de James, al igual que su varita y asintieron comprendiendo la situación.

-Sólo asegúrate de volver, hermano.

Y con esas últimas palabras, se siente levemente en el centro de un torbellino. No, más bien como si él fuese el torbellino mismo, empezando en el centro de su ombligo. Y girando y girando, introduciéndose en el pensadero de su cabeza, reviviendo los últimos momentos con Ellos

Esa mañana, justo antes del día de Navidad, Duffy, la elfina doméstica que cuidaba a sus padres mientras él estaba en Hogwarts, apareció de repente en su cuarto y lo despertó delicadamente.

Últimamente no hacía falta mucho esfuerzo para despertarle. Su sueño, antes profundo como el de un niño, se había vuelto ligero e inquieto, haciéndolo despertar varias veces cada noche ante cualquier ruido. Había sido así desde que sus padres cayeron en cama por debilidad y empezaron a necesitar más y más pociones para poder mantenerse en pie.

-Ya es hora, amo James--dijo la elfina, con su voz chillona.

Se levantó rápidamente, tomando su varita y sus lentes, y, sin terminar de colocárselos correctamente, se apareció en la recámara de sus padres. Los vio allí acostados uno al lado del otro, más débiles y cansados de lo que jamás imaginó verlos, pero con esas sonrisas que siempre esbozaban para él.

-¿Qué ocurre?--preguntó, tratando de ocultar su angustia, pese a que ésta siempre encontraba la forma de colarse en su voz. Después de todo, era un chico inocente a quien no se le daba muy bien mentir u ocultar sus emociones.

-Acércate, Jamie--dijo su mamá, muy muy bajito, como si aquellas palabras le hubiesen costado mucho esfuerzo.

-¿Y Sirius?--preguntó el señor Charlus en un tono parecido al de su esposa, pero más grave.

-Duffy
--iba a responder, pero un sonoro ¡plop! le interrumpió. La elfina acababa de aparecerse junto a él.

-No ha habido forma de traerlo--dijo, acercándose más a la cama de los señores Potter.

James sonrió entonces, pensando en que Sirius no despertaría tan temprano en vacaciones ni aunque el fin del mundo y lo envidió por ello. Después se enteraría de que, de hecho, había despertado mucho antes que él e incluso estaba ya vestido, pero había decidido darle un tiempo a solas con Ellos. Cosas como esa le hacían preguntarse qué diferenciaba a Sirius de un hermano y no encontrar la respuesta.

-Hijo
Jamsie

-¡Que ya no le digas así, mujer!--le riñó con cariño el señor Potter--Tu pequeño Jamie es un hombre desde hace mucho y como le sigas diciendo así terminarás logrando que nuestro primer nieto no se llame como él.

-No te preocupes, papá. Mamá puede decirme como guste, incluso Jamsie-Pooh--sus padres le miraron enternecidos. James siempre le discutía a su madre por esos motes cariñosos. Pero desde que habían caído en cama, hasta cariño les había tomado. Era simple, no podía negarles nada y había decidido disfrutar de sus padres hasta el final, sin fijarse en pequeñeces--Además, ya he hecho un trato con Lily. Hasta donde sé, se va a llamar Harry James. Eso si Lily no vuelve a cambiar de idea.

 

-Harry James Potter--dijo Charlus con solemnidad--Es el nombre de un gran mago. Me gusta cómo se escucha.

Su madre asintió aún más enternecida, regalándole una sonrisa que duró apenas poco más de un instante.

-Hijo
--la voz de la mujer se quebró--Hijo, ya es hora

Los ojos de James se anegaron en lágrimas. Sabía lo que eso significaba. Ya al principio de las vacaciones de Navidad había discutido con Ellos por la última decisión que habían tomado: llegado el momento en que todas las fuerzas parecían venir sólo de las pociones que Duffy les preparaba, dejarían de tomarlas y se irían en paz.

-¡Pero
!

-Ya pasamos por esto, James--dijo su padre--Quizás no nos entiendas porque aún eres joven y tienes una vida por delante. Una larga vida, espero
No entiendes lo doloroso que es estar atado a esta cama, dependiendo de pociones para seguir respirando. ¿Crees que a esto se le puede llamar vida?

James quería hablar, gritar, protestar
Era la cosa más injusta verlos allí, renunciando a seguir con él. Abandonándolo. Decidiendo simplemente dejar de luchar. Se sentía impotente. Y más allá de todo, se sentía egoísta por querer tener a sus padres con él a toda costa, a pesar de lo mucho que sufrían con cada bocanada de aire que tomaban.

-Lily los habría adorado
--dijo con la voz quebrada. No sería él quien luchara contra las decisiones de sus padres, no los ataría a este mundo cuando Ellos sólo querían descansar. Lo que menos deseaba es que sus padres regresaran como una sombra de lo que fueron en vida. Y se sintió de repente como un hombre, como si hubiesen transcurrido años en esa simple frase--Ella ama a todo el mundo, pero le habría encantado conocerlos
¿Y si
?

-¿Estás pensando que esa chica venga a conocerme luciendo así?--preguntó Dorea dulcemente, echando por tierra la última ocurrencia de James--Prométeme que no dejarás que nadie me vea así

James asintió, incapaz de negarle nada.

Esa noche cenaron todos en la gran cama de los señores Potter, Duffy incluida (aunque se le tuvo que dar una orden directa para que aceptara). Bebieron, rieron y hablaron de trivialidades. Sirius dijo un montón de chistes cuando James ya no tenía fuerzas para bromear.

Todos sabían que sería la última vez que Ellos estarían presentes, pero nadie dijo nada. En lugar de un abrazo de despedida, se desearon buenas noches entre besos y abrazos. Los dos chicos incluso se quedaron a dormir allí.

Lo que encontraron al día siguiente, es una imagen que los acompañaría para siempre. El significado de la palabra paz grabado en los rostros apacibles de Dorea y Charlus Potter.

-¿J-james
?

De repente aparece un lago y el rostro de Lily, cuando su delicada voz llega hasta sus oídos. La chica tiene un gesto de preocupación y James comprende que se ha adentrado en sus recuerdos durante mucho más tiempo del que les tomó la aparición conjunta. Armario escobero

-¿D-dónde estamos?--pregunta tras aclararse la garganta, en un tono ausente.

-En el Lago Grasmere
--la mirada de Lily denotaba un tenue brillo encantador. La mirada de él, apagada, decía a gritos que no conocía el lugar--En el Lake District
Mis padres me trajeron acá cuando tenía 4 años. Y solíamos regresar aquí en vacaciones
Tenía 11 años cuando dejamos de venir

 

Quiso decir "Dejamos de venir cuando Tuney decidió que no soportaría estar tan cerca de su pequeña hermana anormal", pero no pudo. Sus problemas con su hermana Petunia parecían tan diminutos en comparación con la pérdida que James acababa de sufrir, que decir algo así le parecía egoísta.

Y sin embargo, él lo entendió. El silencio tras esas palabras, la tristeza en los ojos de Lily y su mirada perdida en algún lugar y, al mismo tiempo, abarcando toda la grandeza del lago. Recordando, seguramente, todas aquellas anécdotas que había empezado a contarle y que él escuchaba embelesado.

Porque era Lily Anne Evans y había decidido compartir con él un trozo preciado de su alma que guardaba con recelo: los recuerdos de su infancia.

-
Por eso en cuanto aprendí a aparecerme, éste fue el primer lugar que visité. Y lo sigo haciendo, cada vez que necesito un lugar tranquilo para pensar. Es
Es como mi lugar especial. Por eso te he traído hasta acá
No sé si te guste. ¡Espero que te guste! Porque
Porque es todo lo que se me ha ocurrido.

Él asintió y se dejó tumbar por ella en la orilla del lago, donde Lily ya había conjurado una manta.

La chica lo miraba de reojo, sumidos como estaban en un silencio penetrante, pero al mismo tiempo íntimo, personal, profundo. No soportaba verlo así. Se angustiaba tan sólo con pensar que la luz acababa de apagarse dentro de él y que no volvería a brillar jamás.

-¿sabes?--atrajo su atención, rasgando el aire con su voz--Me encantaría tener esa Sala de los Menesteres que me mostraste en Halloween

James se sonroja levemente, recordando cómo había convencido a Lily de estar juntos en esa fecha, en algún lugar lejos del Baile de Halloween, lejos del Gran Salón y lejos de Hogwarts. Y cómo esa noche habían hecho magia juntos

-¿Y eso para qué?

-Me encantaría poder llevar algo así conmigo a cualquier lugar que vaya. Así, en momentos como éste, podría llevarte adónde tú quisieras ir--dijo lentamente, mirando el lago que se extendía majestuoso frente a ellos. Pero luego se viró para verlo, con una sonrisa en los labios--Pero imagino que ya encontrarás la forma de darme algo así para mi cumpleaños.

-No--dijo seriamente, sin rastros de ninguna emoción.

-¿No?--preguntó Lily sin comprender. Temerosa de sus miedos se estuviesen materializando ante sus ojos.

-No, Lily. De hecho, ruego por no estar nunca en la posición de tener que crear algo así para ti--dijo y colocó un mechón de su cabello pelirrojo tras su oreja, ya que la brisa comenzaba a despeinarla--En mi caso, y lo digo de verdad, preferiría ser ese lugar al cual siempre quieras recurrir, el que te llene de paz y logres que sonrías después de cualquier situación difícil. Quisiera ser tu Sala de los Menesteres o tu Lago Grasmere, Lily.

Era la verdad. No trataba de ser romántico con ella. En lugar de darle un montón de frases trilladas sobre el amor, él prefiere ofrecerle su honestidad. Y es esa sinceridad desarmante la que siempre termina haciendo llorar a Lily.

-Lo siento--susurra James en un abrazo preocupado, recuperando algo de emoción en la voz. Una ternura que sólo Lily es capaz de inspirar--¡Prometo darte ese tipo de magia para tu próximo cumpleaños, Lily! Por favor
No llores
Yo
ehr
Yo

 

-Es que
¡Soy una tonta, James!--le responde, mientras las lágrimas seguían cayendo--Claro que eres mi lugar especial, James. Desde hace mucho tiempo
Y por toda la vida
Lo eres

Y así, milagrosamente, entre los brazos temblorosos de su novia, entre sus lágrimas y su voz quebrada, James Potter volvió a sentir paz y lo vio todo con claridad. Volvió a vivir al escuchar esas palabras. Y por fin, recuperó la sonrisa que creyó haber perdido para siempre.

-Cásate conmigo, Lily--susurró en su oreja.

Un respingo. Una separación. Y unos ojos verdes abiertos de par en par, con restos de un llanto detenido. Olvidado tras el susurro de un "para siempre".

¿Q-qué has dicho, Ja-james?

-Sé que no ha sido romántico. Quizás te haya sonado más como una orden. Quizás hubieses preferido que te dijera "¿Querrías casaste conmigo, Lily Evans?". Sí, quizás lo considerarías más apropiado. O quizás simplemente prefirieses que no hubiese dicho nada--dijo seriamente, obligándola a mirarlo, puesto que Lily intentaba esquivarle la mirada--Pero no podría complacerte si quisieras esas cosas. Por primera vez, no podría complacerte porque no quiero hacerlo. Quiero que te cases conmigo, Lily. Más importante que eso, quiero yo casarme contigo.

Su seguridad, su pasión, su arrolladora confianza, son cosas a las que Lily jamás podrá acostumbrarse. Son cosas que siempre la harán sentirse de gelatina y empequeñecida por ese hombre de 17 años que se engrandece con sus sentimientos.

-Pero, James
¡No podemos casarnos ahora!--dijo nerviosa. Negarse a semejante proposición le costaba más que dejar de respirar, pero una parte de ella le decía que James sólo estaba tomando una decisión impulsiva por la muerte de sus padres, Sí, lo había visto millones de veces en la televisión. Y uno de los dos debía ser capaz de traer un poco de lógica a la situación--No ahora que tus padres
No así, James.

-¿Así cómo?--la miró extrañado, sabiendo dentro de sí que Lily lo rechazaba por las razones equivocadas.

-Así tan de repente
Tan impulsivamente
¡No todo en la vida son decisiones rápidas, James! No puedes tomarte algo como el matrimonio tan a la ligera--balbuceaba rápidamente, exprimiendo hasta su última neurona para dar con el argumento que hiciera entrar en razón a James.

Pero el chico, calmado como nunca lo había estado en su vida, colocó un dedo suavemente sobre los carnosos labios de su novia.

-¿Quién dijo que nos casaríamos ya, Lily? Yo no sé mucho sobre estas cosas, ¿pero no debería conocer a tus padres primero? No es como si quisiera raptarte y hacerte mi esposa a la fuerza--había empezado a acariciar sus labios lentamente, notando cómo las preocupaciones de la chica habían desaparecido--Quiero que sea la boda de tus sueños, Lils. Quiero que la organices con tu mamá, que te tomes el tiempo que quieras para que sea perfecta.

Los ojos de la chica comenzaron a humedecerse conmovidos por el tono de feliz emoción que embargaba la voz de James.

-Quiero conocer a tus padres, Lily, en una cena a ser posible. Puede ser en tu casa. Yo llevaré vino. Lunático me dijo que era lo correcto.
Quiero estrechar la mano de tu papá y pedirle tu mano, como es debido. Y luego
Luego quiero arrodillarme allí y entregarte tu anillo. Prometo tratar de decir algo romántico, Lily. Algo romántico y sincero. Porque quiero que tus padres vean que estarás en buenas manos. Que te amaré, te respetaré y te adoraré hasta el día que muera. Que incluso regresaría como fantasma para seguir haciéndolo por toda la eternidad.

-¡Sí, James!--dijo Lily emocionada, sorprendiendo al muchacho con su reacción--Sí quiero, James. Todo eso que dijiste. Sí, quiero ser tu esposa. Quiero estar contigo hasta que la muerte no separe

-Lily, creo que no me has entendido--le dijo con suavidad, tomando sus dos manos--"Hasta que la muerte nos separe" no es suficiente para mí. No sabría cumplir esa promesa. No podría cumplirla
Porque sé que te amaría más allá de eso

-James
--su garganta parecía haberse quedado sin voz.

-Quiero que seamos como mis padres, Lily--su voz se quebró, pero se sintió diferente al nombrarlos--Que tengamos una larga vida plena aquí en la Tierra junto a Harry y que luego la continuemos en el más allá.

-¿Harry?--preguntó la chica, sin entenderle.

-Es el último nombre que escogiste para nuestro primer hijo. Harry James Potter
A mis padres les encantó y pensé que

-Sí, James--dijo Lily con tono serio, casi solemne--Acepto ser tu esposa y te acepto como mi esposo. En la salud y en la enfermedad. En la dicha plena y perpetua de tenerte a mi lado. En la riqueza de nuestro amor. Y en la crianza de Harry James Potter
Acepto todo eso y más, James, siempre que sea contigo. Y espero que aceptes lo mismo

-Siempre que sea contigo, Lily--completó el muchacho, jurándolo solemnemente.

Y juntos sellaron aquella promesa de amor con un beso. Un beso del cual se habrían escrito poemas épicos y prosas desgarradoras. Un beso mágico, fugaz pero eterno. Un beso hecho a la medida de esos dos jóvenes amantes.

Y bajo el halo naranjado de aquel atardecer, aquellos dos chicos se profesaron promesas que los atarían como ningún otro contrato mágico podría.

Lily Evans y James Potter
libros y más libros fueron escritos sobre su hijo, en pocos fueron mencionados ello, pero en ninguno se retrató aquel día de Navidad en el que, en medio de una pérdida lamentable y trágica, nació el amor por Harry James Potter, futuro salvador del mundo mágico. Aceptado y querido por sus abuelos antes incluso de nacer. Protegido por el amor de Lily y James antes incluso de haber sido concebido.

Todo esto ocurrió durante la magia navideña. Y ahora ustedes son testigos de esta historia oculta en los corazones de dos.

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Siente un vacío, un gran vacío a lo largo y ancho del cuerpo. Y el pecho, siente sobre él una presión que se cierne cada vez con más fuerza. En la gargant

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2023-02-27

 

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