Vida de locos - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Lunático: Esperando que la locura sea el camino a la locura... ¡Feliz cumple!


El deforme ser salió volando por los aires. La ágil y pálida mano del vampiro arrojó al licántropo en medio de su salto hacia el otro extremo de la oscura habitación. El gigantesco y deforme lobo se incorporó con gesto de caza, evaluó al ser erguido elegantemente frente a él y le arrojó una zarpa.

El vampiro la detuvo fácilmente, mas no frenó la otra zarpa que le golpeó el estómago

-¡Sólo zancudos gigantes!- gritaba un chico moreno a su compañero.

-Bueno enfermera acá tenemos el caso mas difícil de toda la clínica- un doctor hablaba con una joven y bella enfermera de cabello castaño y rizado-. Estos dos- refiriéndose a los dos jóvenes que peleaban eufóricamente y con una que otra palabrota acompañadas de insultos como "pulgoso" o "Rata alada"-, que no dejan de decir que son un vampiro- señaló al mas alto- y un hombre lobo- refiriéndose al moreno-. Hemos tratado con todo, pero no tienen remedio alguno, pero que no te dejen engañar, son buenos amigos aunque pelean como niños de kinder- la chica no quitaba los ojos de la divertida escena.

 

Los dos jóvenes, cansados de su pelea se dejaron caer en el suelo entre risas y más insultos. De vez en cuando el puño de uno buscaba el hombro del otro, provocando más palabrotas y risas.

El doctor le preguntó a la enfermera si quería conocerlos, mas abrió la celda sin siquiera esperar respuesta y les dijo: "chicos ella es María, se quedará con ustedes el día de hoy".

-María- dijo mirándola- ellos son F

-¡Lóliudir!- gritó el más alto con cara de amenaza y un dedo alzado en señal de advertencia-. No querrá convertirse en mi cena ¿verdad?

-No claro- aseguró el doctor con una sonrisa, luego miró a María, a la que se le notaba terror ante esas palabras-. Tranquila no son peligrosos- luego dijo más alto-. Y el es C

-¡Iker!- gritó el moreno- ¿Cuándo salimos?- preguntó más calmado.

-¿Puedo sacarlos?- preguntó María al doctor, pero este ya no estaba.

-Si nos deja con alguien es porque es hora de complacer a este perro- señaló el chico que se hacía llamar Lólidir golpeando a su amigo.

-Y no te hagas,- la acusó el supuesto Iker- sé que vienes con esos que nos llaman "loquitos",- dijo haciendo las comillas- pero aclaro: yo no estoy loco- dijo abriendo mucho los ojos.

Un tanto extrañada, e indignada con el médico a cargo de esos dos, María decidió confiar en los dos "loquitos" y se los llevó al patio, en donde el tal Iker empezó a correr por los zacatales a cuatro patas mientras el lunático que se creía vampiro hablaba con María en una banca.

-Y dime ¿que te gusta mas los vampiros o los lobos?-le pregunto mirándola seriamente.

-Me quedo con los humanos-dijo esta sonriéndole.

-Los humanos no viven tanto como nosotros-dijo con un obvio tono de superioridad-, yo he vivido más de dos mil años, recuerdo el funeral de ese tal Napoleón Buenaparte o como se llamara... fue trágico. Yo vi quien lo mató, pero no digas nada-la silencio con el dedo.

-¡Vampirucho ven acá!- lo llamaron otros pacientes, esos que lo creían más loco que ellos, pero a la vez no se sabía quien ganaba.

El chico alto se alejó, lo que actuó como llamado al "chico lobo", que corrió a cuatro patas (con cierta dificultad) hacia la banca en la que estaba María. Al llegar junto a ella se irguió y preguntó:

 

-¿También crees que tengo licantropía clínica?- María lo miró con desconcierto ¿Cómo sabía el nombre de su enfermedad?- Sé lo que piensas- le dijo el presunto Iker-: que sí, eso tengo porque es imposible ser un hombre lobo. Pero la verdad
- le hizo una seña para que se acercara. María se levantó un poco para oír lo que tenía que decirle- la verdad es que soy un licántropo real, pero les dejo creer que estoy loco. El que sí está loco es Lólidir- dijo más alto.

-¡¿Qué dijiste pulgoso?!- gritó Lólidir de más allá.

-¡Nada rata gigante!- le gritó haciendo un gesto para calmarlo.

El chico "Lólidir" le hizo el famoso gesto de "te vigilo" y volvió a su conversación con los otros locos, que lo retaban a dejar ese paraguas con el que siempre andaba por el sol.

-Y
¿sabías que los lobos protegemos a tu raza de zancudos como Lóli?- le preguntó a María.

-¿Eh?- dijo esta asustada.

-Olvídalo, mejor que se quede en secreto.

Lólidir se acerco a ellos.

-María apuesto a que este animal te está poniendo en mi contra- se acercó a ella- él cree que su raza los protege de la mía- la chica ya entendía porqué este par era el caso más difícil de la clínica.

Unos risueños internados se acercaron riendo a creído vampiro y le arrebataron el paraguas que lo ocultaba de los rasos solares.

-NOOOOOO me quemo, me quemo- decía mientras trataba de taparse- ayúdame Iker- le dijo a su compañero de habitación a pesar de no mostrar quemadura alguna.

El alucinante licántropo se le lanzó encima cubriendo su rostro con su torso (que no era de mucha ayuda). Intentando tapar cada trozo asomado de pálida piel de su amigo gritó a la enfermera con desesperación que le diera su abrigo.

Esta, asustada, le tendió su abrigo naranja al presunto Iker, quien velozmente cubrió a su amigo por la cabeza, lo levantó y lo llevó corriendo hacia adentro.

-Cuando sea luna llena van a morir- les gritó el moreno- ¡Aquí el único asesino de zancudotes soy yo!

-Gracias por tu estima- dijo con voz ahogada el más alto.

-Ya suéltame- le dijo cuando estaban bajo techo- no quiero que un sucio perro me toque- dijo viéndolo con asco.

-Tras de que te salvo la vida- bufó indignado-. Tras de vampiro, bipolar- María se acercó a ellos.

-Me dan mi abrigo-les pidió

Preocupada de tener que vigilarlos esa noche, María pasaba por su cuarto cada quince minutos para ver si no se estaban matando, pues después de la escena del abrigo empezaron a darse de golpes en el pasillo hasta que les dieron un sedante, tras lo cual sólo dijeron "te odio", "sabes que no" y quedaron dormidos.

Pasó por vigésima novena vez por su habitación y vio que no estaban en ella, siguió su camino por los pasillo revisando a los otros pacientes y
¡¿cómo que no estaban en su habitación?!

María se regresó apresurada a revisar otra vez, las luces tenues de los pasillos le daban una imagen terrorífica al lugar.

-Muy bonito con este lugar así y dos locos fuera ¿que mas puedo pedir?-dijo mientras doblaba en un pasillo, de repente una sombra salió tras de ella y la atrapó.

-No te muevas tanto o serás cazada por él- le dijo el tal Lólidir-. Yo podría morderte ahora mismo- María se asustó e inconcientemente llevó sus manos al cuello-, pero no lo haré por una razón me caes bien a pesar de ser un mortal inferior- la soltó y la pobre quiso correr pero este no la dejó.

 

El que seguía a cuatro patas, ahora fingiendo más fiereza ("¿es más feo verdad?" preguntó el llamado Lólidir) que antes les hizo señas como señalando un lugar tipo perro cazador. Salieron por esa puerta al techo del segundo piso. Estaba oscuro, así que, sacando una linterna, el chico alto dijo:

-Bien Iker, yo alumbro y tú saltas ¿de acuerdo?- dijo mirándolo como quien mira a su perro de caza.

El moreno hizo ruidos gurutales y otras cosas extrañas que María no entendió.

-¿Qué dijo?- preguntó intrigada.

-Dijo que si creo que está loco, que sabe que apagaré la linterna en medio salto- tradujo el muchacho.

María no dijo nada, sólo se mordió los labios en un gesto de frustración. Les preguntó si no querían comer algo, a lo que el moreno dijo:

-¡No le creas Lólidir! Ella es de esos que nos llaman loquitos.

El otro lo miró, erguido sobre sus pies, con los ojos abiertos y la boca abierta.

-¡¿Podías hablar en esa forma lobuna?!- preguntó viéndolo de arriba abajo (que no era mucho porque él era enano).

-¡Claro que no!- dijo el chico con una cara de obviedad.

-Se me olvida que entiendo tus gruñidos- dijo el otro más tranquilo, María los veía con preocupación y prefirió no decir que ella también entendía.

-Pero si yo también lo entiendo- dijo María para clamarlos.

-Si claro- hizo un ruido despectivo-. Claaaaro que me entiendes, María. Mírate la cara que te estás asustando de oír mis gruñidos.

-Será que ella tiene poderes-le dijo Lólidir a Iker- ¿eres bruja, o algo así?-le pregunto mientras la miraba amenazante.

-Mmm... Soy... telépata- dijo María bastante nerviosa.

-Entiendo, lee mi mente antes de que gruña- dijo el tal Iker evaluando a María y con una mano en su barbilla.

-Ahora que lo noto, no tienes frío-dijo Lólidir notando que su amigo no tenía pelaje-. Otra vez te han rasurado esos que nos creen locos- Iker solía pegarse el pelo que recolectaba de la peluquería en las noches de luna llena.

-¡Me quedo calvo!- gritó el moreno sujetándose el pelo.

-Sé por donde podemos escapar los tres de aquí- propuso María con una nueva idea.

Los otros dos la miraron intrigados, uno moviendo el trasero como si fuera la cola de un perro. Ella hizo un gesto y los volvió a meter al manicomio. Los guió por los pasillos hasta llegar a su habitación, en donde los quiso meter pero dijeron:

-¿Acaso nos crees estúpidos?- acusó el moreno.

María no dijo nada, los creía locos, lunáticos, enfermizamente dementes, pero estúpidos jamás.

-No, no los creo estúpidos- se apresuró a decir.

El supuesto licántropo saltó hacia atrás con miedo y pegó contra la pared.

-¡No hagas eso!- gritó- ¡No leas mi mente sin mi permiso!

-No estoy leyendo tu mente, te oí decirlo- decía María un poco estresada

-Eres nueva en la telepatía, claro que no lo dijo en voz alta- los dos empezaron a discutir si lo había dicho o no. María empezaba a preguntarse si realmente ellos eran los locos o era ella misma la loca.

-Bien bien, leí su mente- dijo esta entre convencida y asustada luego de diez largos minutos de pelea.

 

-saben ya me dio sueño de tanto escapar- Lólidir camino a su cama y se acostó- buenas noches Iker, buenas noches Jane- se acostó tomo una inyección la cual se aplico y quedo completamente dormido.

-¿Por qué me llama Jane?- preguntó María.

-Así te llamas- le "recordó" Iker-. Luego dicen que el loco es uno, tú ni recuerdas tu propio nombre.

-¿Así me llamo?- preguntó desconcertada.

-Sí, la telépata Jane Grey- le recordó el llamado Iker-. Ahora bueno
- dijo bostezando- me voy a dormir- y entró en el cuarto rascándose una nalga.

Un tanto desconcertada, María se fue a acostar, olvidando por completo su trabajo de vigía con los demás pacientes. Caminó pensativa hasta la oficinita que le había regalado y se acostó en el sillón de psicólogo que tenía. Allí se quedó profundamente dormida hasta que

-¡María!- el grito del doctor la había sacado de su sueño- ¿Por qué no despiertas a la primera?- le preguntó.

¿María? ¿Quién era María? Ella se llamaba Jane, lo recordaba perfectamente, era una telépata (o algo así) que sólo le leía la cabeza a dos seres de la noche, un vampiro y un hombre lobo. Y si eso era verdad (de lo que estaba convencida la muchacha) ¿por qué la llamaba María? ¡Ni le gustaba ese nombre!

-Me llamo Jane- dijo la "enfermera" (¿o se creen que lo será después de esa incoherencia?)- ¿Dónde están Lólidir y Iker?

El doctor se sintió confuso después de eso. Creía que no, pero al parecer esos dos si eran algo peligrosos. Le pidió que la siguiera, esta obedeció, mirando a todos a los ojos y concentrándose como intentando leerles la mente.

-Sólo funciona con licántropos y vampiros- murmuró.

Ya en la habitación
corrijo.

Jane entró en un amplio bosque en el que se veían las ruinas de un gastado templo, quizá católico. En los escombros, dos criaturas a las que ella oía murmurar en su cabeza planeaban, cada una por su cuenta, una estrategia para matar a la otra.

El vampiro saltó por las columnas agrietadas de las ruinas. El licántropo la rompió de una embestida obligándolo a caer

Envuelto en las sábanas, el chico que se hacía llamar Lólidir tropezaba en la habitación.

Luego, con fuerza sobrehumana, el vampiro arrojó una gran piedra al animal arrojándolo sobre la pared del templo, rompiendo la pared, que le cayó encima.

El supuesto Iker se golpeó un dedo, tropezó con la cama y chocó con la pared, haciendo que le cayeran encima todos los libros que allí les daban para leer.

-¡Paren, paren, paren!- gritó M
Jane corriendo hacia ellos a todo lo que daban sus pies.

Recorrió la gran explanada (dando como cien vueltas a la alcoba) hasta llegar al centro del templo (el círculo dibujado en el piso de la habitación) y alzó ambas manos para impedir que los dos se siguieran lastimando (con quejas por los libros y por el trasero adolorido al caer al suelo).

-¡Dejen de hacerse daño
!- gritaba con lágrimas en los ojos.

Se quedaron acampando bajo las estrellas de esa noche en aquellas ruinas entre sábanas que habían encontrado. Hablaban del regreso de Jane, que hace mucho había ido a ayudar a solucionar aquellos conflictos. Jane parecía no entender nada.

En tres montacargas manuales, tres enfermeros llevaban a tres pacientes con camisa de fuerza a una habitación de máxima seguridad, ahora que eso era contagioso todos temían volverse hechiceros o quien sabe que cosas más podrían inventar esos.

-Y por cierto Jane, feliz cumpleaños- dijo Lólidir.

-¿Cómo sabes que es mi cumpleaños?- dijo una feliz y sorprendida Jane.

-Nos conocemos hace milenios Jane- le respondió este como si fuera lo más obvio.

-Lo cual me recuerda- dijo Iker mirándola-. Nunca nos dijiste tu fantasía sexual.

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El deforme ser salió volando por los aires. La ágil y pálida mano del vampiro arrojó al licántropo en medio de su salto hacia el otro extremo de la oscura

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2023-02-27

 

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