Y, sin embargo, sigue girando - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Notas de la autora:

Esto os puede revolver el estomago, lo advierto.

Fruto de un momento de desvario, la autora no se responsabiliza de lo absurdo de esto; ya soy consciente de la poca trama y la violencia gratuita. Simplemente, era esto o pegar a alguien (?)

Asi que, quien quiera seguir adelante, sea bienvenido. Quien no
no voy a reprocharle nada.

¡Besos!

Pd: Y, felicidades, por un año mas.

Y, sin embargo, sigue girando.

Aquel día, una vez más, los últimos matices de luz dotaron de increíbles gamas anaranjadas a las pétreas montañas, embelleciendo el paisaje. Destacaron las profundas grietas de las rocas, produciendo la sensación de que el más mínimo golpe podría destruirlas. Les concedían, así, un aspecto frágil que no hacía más que acentuar su belleza.

 

Bajo las montañas, como protegida por las mismas, se alzaba una aldea, cuyos habitantes caminaban por los caminos de tierra, indiferentes al espectáculo que el sol agonizante les concedía.

Mamá, tengo hambre. gimió un niño pequeño, alzando sus redondeados bracitos. Su madre sonrió con dulzura.

Tranquilo, Acacio. Tu padre llegará enseguida. Entra en casa. y señaló la choza, de paredes de barro y techo de paja, en la que vivían. El pequeño gimió, descontento, pero hizo caso a su progenitora.

Una vez su hijo estuvo dentro de la casa, Hurraca sonrió, y se palpó el vientre. Pronto, muy pronto, un nuevo niño se sumaría a los aldeanos, convirtiéndolos, ya, en una treintena.

Su marido no tardó mucho en llegar, llevando en la mano un cesto con distintos tipos de verduras. La abrazó, a modo de saludo, y revolvió el pelo a su hijo cuando estuvo dentro del hogar.

Hacía ya más de un siglo que los bisabuelos de Hurraca, junto a sus dos hijos, se habían asentado allí, huyendo, según le había contado su madre hacia mucho, de su amo, a quien habían robado algunas piezas de ganado y un magnifico amuleto, realizado con un material que desconocían, y que, ahora, Hurraca guardaba como su más valiosa pertenencia.

Todavía quedaba viva otra mujer descendiente de los fundadores de la aldea, su propia hermana. Pero la madre de Hurraca había decidido antes de morir que sería ella la que heredaría la reliquia familiar, y ninguna de las dos hermanas se había atrevido a contradecirla.

Ahora, Hurraca albergaba la esperanza de que el hijo que llevaba en su seno fuese otra niña. Una niña que pudiese heredar el amuleto. Había parido ya otras dos hembras, pero una nació muerta y la otra lo hizo a los pocos meses. Y ella ya era vieja; superaba los treinta años. Aquella era la última oportunidad de tener una hija y lo sabía.

¿Entonces, mañana conseguiremos carne? preguntó, llevándose un trozo de hortaliza a la boca.

Si, así es. Proceso a accedido a cambiarla por algunas verduras. El hombre sonrió, orgulloso. Se le daban bien ese tipo de transacciones. En la aldea, no tenían moneda. Se valían con un sencillo sistema de trueque.

*****

¿Llegaremos pronto? preguntó, montado a horcajadas en el caballo, que apenas resistía el peso del corpulento hombre.

No, falta poco, hermano. Le dijo el hombre de al lado, casi tan corpulento como él. Los otros dos afirmaron, corroborando las palabras de su compañero. El primero sonrió.

Me alegro. Tengo ganas de terminar con esas sabandijas.

Se dirigían a una pequeña aldea, asentada junto a las montañas. Sabían, según una vieja historia que les había contado su abuelo, que, hacia ya más de un siglo, uno de los esclavos bajo su poder había huido, llevando consigo una parte del ganado y un magnifico colgante de zafiro, que llevaba años pasando de generación en generación en la familia. Recetas de cocteles

Aunque todavía no habían nacido cuando ocurrió todo, los jóvenes sentían la misma rabia que hubieran experimentado si les hubiesen robado a ellos. Ahora, cuando, tras años buscando, había encontrado la aldea dos vivían los descendientes de los traidores, querían recuperar lo que era suyo.

Esa misma noche, cuando todos dormían, ellos penetraron en la aldea. Con un increíble sigilo, teniendo en cuenta su corpulencia, fueron penetrando en las chozas, cuyas puertas eran tan endebles que bastaba un empujón para abrirlas.

Fue Uro quien encontró el amuleto. Habían masacrado ya a una veintena de personas, cuando, el menor de los asaltantes, entró en una de las casitas más pequeñas. Allí, en un rincón, una endeble mujer abrazaba a su hijito, como si con ello pudiera salvar su vida. Un hombre de aspecto débil estaba de pie, junto a ellos, mirando a Uro con un temor incontenible.

¿Dónde está? Preguntó Uro con brusquedad.

No sabemos de que nos hablas. dijo el hombre, intentando aparentar valentía. Uro rió, obteniendo un sádico placer con el sufrimiento del hombre.

Dio un paso hacia él. El agricultor trató de defenderse, de proteger a su familia, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Con un movimiento de manos, Uro le rompió el cuello.

Lo dejo en el suelo, en una posición innatural, como si de un juguete roto se tratase. Hurraca apretó con más fuerza a su hijo, que gimió, sin comprender lo que sucedía.

Por favor, déjame. rogó. Voy a tener un hijo
Señor. Por favor
deje que nazca. Y el líquido que se extendía entre sus piernas y humedecía el suelo indicaba que el parto era inminente.

"¡Pobre ilusa!" pensó Uro. ¿Qué más daba que la dejase vivir lo suficiente como para dar a luz? La criatura seria eliminada de todas formas. Se acercó a Hurraca, con un brillo malicioso en la mirada.

Segundos después, su sangre regaba el suelo, y los ojos claros, que ya no veían, parecían reprocharse a sí misma el no haber puesto a su primer hijo a salvo.

Lo siento, pequeño. Susurró Uro, arrancando a Acacio de los brazos de su madre muerta. El niño, demasiado asustado como para moverse, no se resistió. Uro disfrutó el ruido de su cuello al romperse.

Una vez perpetrados los asesinatos, Uro registró la choza. Encontró el amuleto arrebujado entre las mantas que hacían de cama a la madre.

A unos pocos metros de las sabanas, el lívido cuerpo de Hurraca se movió espasmódicamente. Una criatura, una niña, muerta ya, asomaba la cabecita entre las piernas de su madre.

Los hombres se marcharon cuando el sol comenzó a asomar por entre las montañas, riendo, triunfantes, saciada su sed de venganza.

Así, el tibio amanecer se tiñóde venganza, la sangre cubrió la tierra, las hojas de los árboles se marchitaron, los ojos de los niños, amontonados junto a sus progenitores, miraban sin ver. El último aliento del amor y la vida, de lo que había sido una población, se desvanecía conforme el sol hacía su aparición.

Lejos, muy lejos, en las montañas, la belleza y la fragilidad volvían caminar de la mano, impasibles. Pues incluso las rocas, ahora teñidas de naranja, parecían a punto de quebrarse

Porque, a pesar de la desgracia, todo seguía igual. El mundo no dejaría de girar, no se detendría, por mucho que unas cuantas vidas lo hiciesen.

Y, sin embargo, sigue girando - Fanfics de Harry Potter

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Fruto de un momento de desvario, la autora no se responsabiliza de lo absurdo de esto; ya soy consciente de la poca trama y la violencia gratuita. Simplemente,

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2023-02-27

 

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