Lucius Malfoy arrastraba a una maniatada y sucia jovenmientras atravesaba la puerta de su mansión. Agarraba sus revueltos rizos castañoscon una mano enguantada, mientras reía histéricamente a través de su máscara demortífago, haciendo trastabillar a la chica que lloraba y gritaba intentando zafarse de las manos delhombre.
Los gritos de la castaña resonaban con eco entre las paredesdela mansión, su voz subía por las escaleras, por donde apareció un joven vestidoelegantemente de negro. Aunque sus ropas eran ricas y de buen gusto, la caradel chico estaba demacrada y sus ojos habían perdido el brillo malicioso yvivaz que tenían años atrás.
Alertado por los gritos, Draco Malfoy había bajado de suhabitación, en la que se enclaustraba la mayor parte del tiempo. Prefería noestar a la vista de ningún otro mortífago que le pudiera mandar algún tipo demisión. No quería encontrar a nadie, no quería torturar a nadie, y por el amora Merlín, no quería matar a nadie. ¿Un cobarde? Quizás
Lucius irguió a la muchacha tirando de sus rizos paramostrarle la cara a su hijo, que no había terminado de bajar las escaleras y semantenía observando desde las alturas. Estaba acostumbrado a los presos quesolían terminar en las mazmorras de su casa. Pero esa vez el escalofrío quecruzó su espalda fue distinto a otras veces. Cuando un desconocido cruzaba esapuerta sentía impotencia, se le revolvía el estómago al ver en el estado en quealgunos llegaban, muchas veces le entraban arcadas que tenía que esconderrespirando hondo, la pena y algo en su interior le decía la injusticia que seestaba llevando a cabo en el mundo mágico. Pero en ese momento lo que sintió fuemiedo, se le dilataron las pupilas y le dio un vuelco el corazón al encontrar,tras un rostro sucio y húmedo por las lágrimas, a Hermione Granger.
-Malfoy
- susurró Hermione con un hilo de voz al ver a suantiguo compañero de escuela allí. Su voz atormentada y temerosa rogaba porayuda ¿pero qué podía hacer él?
-¿Qué te parece Draco? Sabes quién es ¿verdad? - le preguntóeufórico el hombre a su hijo agitando a la chica, que gritó de dolor pensandoque pronto arrancaría su pelo del cuero cabelludo. Draco no contestó, soloapretó sus puños para que no se le notara el temblor de sus manos. Apartó susojos de los implorantes de la cautiva para mirar a su padre -es la amiga dePotter ¡lo ves! - dijo más fuerte. Estaba que no cabía en sí de gozo - ¡es lasangre sucia! ¡se acabaron todos nuestros problemas con el señor tenebroso!
¿problemas? Prefería mil cruciatus a ver así a HermioneGranger.
Draco no dijo nada. Volvió a subir las escaleras hacia suhabitación cuando su padre arrastró de nuevo a Hermione a los calabozos, dondeseguramente la encerraría en una sucia, húmeda y fría celda hasta que Voldemortviniera a ver la mercancía. La preciada mercancía, lo que sería pronto,tratándose de quien era.
Esto era distinto. No era lo mismo ver arrastrándose por suspasillos a desconocidos que solo le producían lástima, que ver a una antiguacompañera de clase. Y justamente a Hermione Granger ¿Cómo se había dejadoatrapar, la muy estúpida?
Entró en su habitación y pateó una mesita antes de tirarsesobre su cama boca abajo. Podía imaginar a Hermione Granger, era capaz derevivir cada imagen en su cabeza, pues lo hacía a menudo, la imaginaba saltandoinquieta sobre su silla en clase de pociones mientras Snape la ignoraba, lo quehacía que ella se mordiera el labio mientras sus ojos chispeaban entre el deseode contestar y el odio y el coraje de que el profesor la ignorara. Podíaimaginar cómo sonreía con satisfacción cuando los demás profesores daban puntosa su casa. La imaginaba enfrentándole cada vez que la atacaba con insultos, sinnecesidad de que nadie saliera en su defensa, ella sola se había bastadosiempre. Hasta ahora. Las imágenes en su cabeza eran más nítidas ahora queacababa de verla después de tanto tiempo.
También podía escuchar su voz en su cabeza nombrarle."!Malfoy!" chillaba autoritaria cuando se saltaba alguna norma. "Malfoy
"susurraba entre dientes amenazante cuando la insultaba. "¡Malfoy..!" decíasobresaltada cuando se encontraban por casualidad a solas en algún pasillo.
"-Malfoy
" le había susurrado ahora aterrada, hace unosminutos, mirándole implorante e intensamente a los ojos, indefensa.
-¡mierda! - dijo dando un puñetazo al colchón, hundiendo enél su puño. Se levantó y la tomó a patadas con el mismo colchón - ¡mierda!¡mierda!
¡Estúpido Lucius! Todo era su culpa.
Observó el colchón que había sacado a patadas de su sitio,mal colocado entre el suelo y su base. Tras él, la mesita que había pateadominutos antes al entrar. ¿Dónde había estado esa energía todo este tiempo?
En ese momento, después de tener a la chica a unos metros deél, después de escucharla nombrarle, se sentía con fuerza para cualquier cosa.Miró la puerta de su cuarto con determinación apretando con fuerza sus puños.Acababa de tomar una decisión.
Iba a sacar a Hermione de allí. Ella era una heroína, seríauna heroína de esa guerra, no una presa, y mucho menos una víctima. No si élpodía evitarlo.
Salió de nuevo de la habitación y bajó las escalerasapresuradamente, al tiempo que su padre cruzaba de nuevo hacía la puerta deentrada.
-¿y la chica? - preguntó firmemente, hacía mucho que noconseguía hablar sin que le temblara la voz, esta vez lo hizo.
-¿Qué te parece tu padre? - dijo el hombre mirando al rubiocon la mano en el pomo de la puerta principal y una gran sonrisa en su rostro,ya sin la máscara. El muchacho se ahorró decirle que pensaba de su padre. - hecogido un buen ejemplar ¿eh?
-¿Cómo lo conseguiste? - dijo intentando sonar interesado yno dejar ver la ira que intentaba colarse en sus ojos al estar ante el hombreque tenía la culpa de todas sus desdichas. Pensaba que no podría hundirlo más,pero una vez más, lo había hecho. Había atrapado su secreto y estaba dispuestoa destruirlo
-la muy estúpida se quedó atacándonos para que sus amigospudieran escapar. Mira de lo que sirve la amistad y la valentía. - se carcajeóel hombre- los otros dos se desaparecieron dejándola sola y salvando sustraseros. -dijo antes de salir y cerrar la puerta.
-esos imbéciles y cobardes, escondiéndose tras una mujer,serán
- murmuraba de camino a los sótanos. No había nadie más en casa. Su tíaandaría en alguna misión, y si su madre estaba, no saldría de sus aposentos.
Ya en la mazmorra, Draco recorrió los oscuros pasillos. Untemeroso elfo doméstico vigilaba una de las celdas, tapándose sus puntiagudasorejas atormentado, mientras una vocecilla le imploraba. Recetas de cocina tradicionales y comodas
El rubio llegó a él a grandes zancadas.
-¡desaparece! - le ordenó con desprecio.
La criatura, temerosa, desapareció con un PLOP a la orden desu amo. Draco sabía que más tarde le acusaría cuando su padre le pidieraexplicaciones, pero, por una vez, sentía que no le importaba lo que le pudierahacer su padre.
Se acercó a la oscura celda, donde pudo ver la inconfundiblesilueta de Hermione Granger alejarse. Silueta que había visto alejarse de élmás de un millón de veces.
-no me pegues de nuevo, por favor
- rogó ella, ya nada leimportaba más, solo quería que no la dañaran, de nada servía ahora su orgullo.
-no voy a
- sacó su varita y convocó un Lumos sin necesidadde hablar, viendo de nuevo a la chica, esta vez con sangre en la cara que notenía al llegar. Seguramente su padre se habría desahogado con ella. - no voy apegarte.
-¿Malfoy
? - susurró esta vez entre temerosa e interrogante.
-voy a sacarte de aquí - le dijo, y sintió ganas desonreírle cuando la luz regresó chispeante y esperanzada a sus ojos, pero no lohizo.
-¿Qué? - susurró levantándose torpemente y llegando hasta lapuerta de barrotes, sin llegar a tocarlos.
El rubio se alejó un poco de la puerta y, de nuevo sin decirpalabra, un hechizo salió de su varita abriendo la puerta de la mazmorra.
Hermione, en lugar de salir, se abrazó a si misma temerosa,seguramente pensando que sería un juego y le volverían a hacer daño. Quizápensando que Voldemort la esperaba para matarla ¿Por qué si no la iba a liberarDraco Malfoy?
-Granger - insistió suavemente el chico - por una vez en tuvida, y aunque no me lo merezca, confía en mí. Te sacaré de aquí - dijotendiéndole la mano que no sujetaba la varita.
Hermione dudó un momento mirando su blanca y limpia mano. Yano podía perder nada ¿Por qué no arriesgarse y confiar en él? Nunca consideró aDraco Malfoy capaz de dañarla de verdad en el colegio. Quizá no fuera distintoahora.
Posó su mano llena de tierra y heridas sobre la suya y unescalofrió la recorrió cuando él cerro sus dedos alrededor y tiró de ella denuevo escaleras arriba, hacia la luz.
Draco se desvió por un pequeño túnel, algo más iluminado,que parecía llevar directamente hacia la débil luz de la noche. Sabía quepronto Voldemort llegaría con todo su sequitó, pues esa chica, no eracualquiera
Cuando se quiso dar cuanta, Hermione se encontraba mirandode nuevo cielo abierto. Notó frio en su mano cuando el rubio se la soltó,dejándola completamente en libertad.
-¿Por qué
? ¿Por qué me ayudas? - preguntó, mirándo al rubioa los ojos, sin comprender.
-tú tienes que acabar con esto. Sé que sin ti Potter estáperdido, Granger, y como todo el mundo, yo se que solo él puede acabar con
conVoldemort - se atrevió a decir. - si sigues por ahí, encontrarás un agujero enel muro. Es suficiente para que pases gateando. - le informó el, como siempreserio, impasible.
-gracias
Draco - le dijo la castaña sinceramente, mirandosus ojos, los cuales creía ver de verdad por primera vez en su vida. Se dio lavuelta y caminó dos pasos antes de girarse y llegar de nuevo hasta el chico queseguía allí, mirándola. - ven conmigo, Draco. - le pidió agarrando su brazo -ven
-no Granger, para mi
ya es tarde. - le dijo, y Hermione pudover la determinación en sus ojos, por lo que supo que no debería insistir.Tanto él como ella sabían que Harry nunca le dejaría acompañarlos. Nadieaceptaría a un Malfoy marcado con la marca tenebrosa.
Hermione se volvió buscando en la oscuridad un camino,cuando la misma mano que la había guiado minutos antes tiró de su brazohaciéndola voltear. Draco colocó la otra mano bajo el alborotado pelo de lachica, sobre su nuca, y soltando su brazo colocó esa mano en su cintura,acercándola a él para atrapar sus labios mientras apretaba sus ojosfuertemente. Se había decidido, en el último momento, a no perder la únicaoportunidad que podría existir de tenerla en sus brazos.
Hermione creyó que se desplomaría si él no la estuvierasujetando de esa forma. Sus suaves labios se movían contra los suyos con unsabor amargo y desesperado, su mano acariciaba su pelo sin importarle lo sucioque estaba o los nudos que pudieran encontrar sus dedos, como intentando sanarlos tirones que había recibido. Ella, con sus maltrechas manos acarició su caray su cuello mientras cerraba los ojos, acariciando su pelo, dejándose llevarirremediablemente ante los repentinos sentimientos que se acumulaban y arremolinaban en su interior. Descargaseléctricas la recorrían mientras él la apretaba firme, pero suave, a su cuerpo.
Draco dejó de besarla, y sin soltarla esperó a que ellaabriera los ojos pesadamente para enfocar su vista sobre él.
-prométeme que no dejaras que vuelvan a capturarte, quemirarás por ti antes que por cualquier otro. Prométeme que vivirás, Hermione. -le pidió.
-lo prometo - dijo la castaña sin poder negarse, dejando queuna lágrima silenciosa rodara por su mejilla, al descubrir los sentimientosescondidos en su interior por un chico al que debía dejar. El rubio la soltó,esta vez, dejándola marchar definitivamente. - Eres una buena persona, Draco
-le dijo antes de, con una última mirada, desaparecer en la penumbra.
Cuando Draco regresó al interior de la mansión, pudoescuchar como su padre se deshacía en explicaciones ante una veintena demortifagos, en el centro de los cuales se encontraba el mismísimo Voldemort.
-le juró señor, yo la traje, estaba encerrada, es imposible
Draco caminó firmemente hacia ellos hasta llegar al centro.Su padre lo vio y se volvió hacia él, con miedo de llegar a darle la espaldacompletamente a su amo.
-la chica, Draco ¿ha escapado?
El rubio no miró a su padre cuando contestó. Lo hizo mirandoa Voldemort directamente a los ojos.
-yo la liberé - y sonrió - y volvería a hacerlo cuantasveces fuera posible, porque la amo
- declaró.
Y observó, ensanchando su sonrisa, como Voldemort levantabasu varita hacía él.
-¿Cuándo aprenderéis que el amor no sirve para nada? - dijoVoldemort enfurecido.
En lugar de defenderse, cerró los ojos, rememorando losminutos pasados con ella instantes antes, sintiendo los labios de ella sobrelos suyos, sus caricias, su voz
, mientras Voldemort pronunciaba:
-avada kedavra.
yo ya estoy perdido - Fanfics de Harry Potter
Lucius Malfoy arrastraba a una maniatada y sucia jovenmientras atravesaba la puerta de su mansión. Agarraba sus revueltos rizos castañoscon una mano enguanta
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2025-04-02

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