Cuando Percy aprendió a montar en bicicleta - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

CUANDOPERCY APRENDIÓ A MONTAR EN BICICLETA

DISCLAIMER: Prácticamente todo lo que ossuene de esta historia pertenece a JK Rowling, excepto su trama y, porsupuesto, la bicicleta.

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No me lo puedocreer. ¿De verdad que no sabes montar en bici?

Percy niega con lacabeza otra vez y Audrey comienza a reírse de nuevo. Percy no termina deentender qué es lo que encuentra ella tan gracioso en esa afirmación y laverdad es que no le interesa mucho. Sólo sabe que tanto cachondeo está empezandoa molestarle un poco y se cruza de brazos, ceñudo y a la espera de algunaexplicación.

No es que ignore porcompleto lo que es una bicicleta. Ha leído mucho sobre ellas y sabe que son unode los medios de transporte que utilizan los muggles para ir de un lado a otro.Tienen dos ruedas, un manillar y un par de pedales que hay que hacer girar paraque se ponga en movimiento. No es nada del otro mundo. Audrey tiene una de esasguardada en casa. Suele utilizarla para acudir al trabajo y es un auténtico engorrobajarla y subirla todos los días por las escaleras.

 

O sea, Percy. ¿Nosabes cómo
?

Ya te he dicho mediadocena de veces que no. No. Sé. Montar. En. Bici.

Ha debido sonarbastante mosqueado, porque Audrey lucha por contener la risa y lo observa analíticamentedurante un rato. A Percy le gustaría muchísimo saber en qué está pensandoexactamente, pero Audrey es una de esas personas de ideas extravagantes quenunca dejan de sorprenderte. Lo que sí sabe es que cuando su novia se muerdelos labios de esa manera es porque se le está ocurriendo alguna cosa que a élno le hará nada de gracia.

La conversaciónempezó un ratito antes, cuando Audrey sugirió que podrían pasar el día en HydePark aprovechando el sol y el calor de aquel inicio de verano. Y, por supuesto,utilizarían la bicicleta para poder desplazarse porque era mucho más ecológico,barato y saludable. Entonces Percy le había dicho que no sabía cómo subirse enun chisme de esos y Audrey lo había empezado a mirar de forma extraña, como sino terminara de creérselo.

¿Y te da miedoaprender?

Audrey habla desopetón y lo pilla desprevenido. Percy juraría que esa pregunta es aún másextraña que su actitud anterior y se pregunta si acaso es realmente raro que unmuggle no sepa montar en bicicleta.

¡Claro que no! Esque nunca lo he intentado.

Audrey entorna losojos y vuelve a morderse los labios. Mala señal. Percy sabe perfectamente loque va a decir antes de que ella hable. Y no es que tenga nada en contra de lasbicis, pero no está en absoluto interesado en subirse en una.

¡Vamos, Percy! ¡Teenseñaré!

El intenta escapar desus manos, pero Audrey acostumbra a hacer gala de una gran determinación y loarrastra escaleras abajo. El tener que cargar con su bici roja al mismo tiempono le supone ningún problema, y antes de que Percy pueda reaccionar ya están enun pequeño parque cercano. Él encima de ese maldito cacharro muggle.

Ya verás qué fáciles. Y además no se olvida nunca.

Audrey parece estaresperando a que haga algo. Percy supone que debe agarrarse con fuerza almanillar y poner los pies en los pedales, pero no está completamente convencidode que eso sea muy buena idea.

Realmente no es algoque quiera hacer, Audrey.

¡Venga, hombre! Noseas así. Seguramente te caíste de pequeño y estás traumatizado, pero teprometo que no te soltaré hasta que no estés listo.

 

Audrey, no

Si lo intentas,aunque sólo sea una vez, te compensaré. Mucho.

Audrey pone esamirada que lo vuelve loco y Percy llega a la conclusión de que no le pasaránada por intentarlo un poco. Las compensaciones de esa chica siempre han validola pena. Y a él siempre le ha gustado aprender cosas nuevas, así que no importaque los otros muggles que hay en el parque lo miren con curiosidad y algo deburla.

¿Estás listo?

Percy mira los pedales,acomoda los pies en ellos y afirma con la cabeza. Audrey se coloca tras él yPercy no necesita saber mucho de bicis para darse cuenta de que es ella la quemantiene en equilibrio aquella cosa. Entonces recuerda que él no esprecisamente un as en eso de mantenerse erguido sobre cosas que se mueven yduda otra vez. Por desgracia, Audrey no le deja protestar y le empuja haciadelante.

Al principio, Percy yla bici se tambalean un poco, pero logra ganar un poco de estabilidad al tiempoque aumenta la velocidad. Audrey está junto a él, dándole ánimos y jaleándolede una manera un tanto escandalosa para su gusto. Y la verdad es que Percy nose siente seguro precisamente, pero poco a poco empieza a divertirse y nisiquiera se da cuenta de que Audrey le ha soltado hasta que no la escuchagritar a unos diez metros de distancia.

¡Muy bien, cariño!¡Lo has conseguido!

Sí. Lo ha conseguido.¡Y a la primera, por Merlín! Y no es que él lo dudara, pues siempre ha sido unhombre capaz de llevar a cabo todas sus metas, pero lo de montar en bici esalgo que ni siquiera se ha planteado hasta ese día y aprender tan deprisa lehace sentir bien y le divierte bastante.

El problema llegacuando ve cómo el parque termina ante sus ojos y se convierte en infernalescalera de diez peldaños. No sabe muy bien qué hacer, pero las instruccionesllegan a tiempo desde atrás.

¡Frena, Percy!

Audrey da lasórdenes, sí, pero se le ha olvidado explicarle cómo se hace eso de frenar.Percy sólo puede tragar aire y cerrar los ojos antes de que el suelodesaparezca bajo sus ruedas. Vuela durante un segundo eterno y cae sobre losúltimos escalones. De cabeza y sin protección.

Antes de sentir elduro impacto del suelo sobre su cuerpo, escucha el grito horrorizado de Audrey.

Después de eso, tardaunos segundos en reaccionar y tomar conciencia de que se acaba de dar eltortazo más grande de su vida. Y eso que ha tenido muchos, teniendo en cuentaque pasó su infancia con sus infernales hermanos gemelos. Lo primero que sientecuando su cabeza comienza a funcionar otra vez, es la sangre escurrirse por sucara y un punzante dolor en la nariz. Nada comparado con la descarga que vieneun instante después desde su pierna y que le hace temerse lo peor. Va aerguirse un poco para mirar cómo está todo por ahí abajo cuando Audrey apareceen su campo visual. Está sofocada y un poco pálida.

¡Oh! ¡Percy!¿Estás
?

Se interrumpe cuandole mira la cara y, sobre todo, cuando sus ojos se deslizan hasta su pierna. Yase ha arrodillado a su lado y ha sacado un montón de pañuelos de papel parataponarle la nariz.

Hay que llamar a unaambulancia. ¿Vale? -Dice, y suena tan calmada que Percy sabe que hay algo queestá muy mal. De hecho, lo primero que se le pasa por la cabeza esdesaparecerse e ir a San Mungo inmediatamente Creo que tienes la nariz rota.¿Te duele mucho?

 

La pierna, Audrey

Intenta mirarse otravez, pero la chica le pone una mano en el hombro y lo hace recostarse contralos malditos escalones asesinos. Percy ve cómo varias personas cogen susteléfonos móviles y alguien anuncia que la ambulancia está en camino. No legusta que le rodeen tantos curiosos, pero presume que están allí sólo paraayudar y se resigna a su presencia.

No te preocupes,cariño. La ayuda llegará enseguida. Te vas a poner bien.

Audrey. Mi piernaestá rota. ¿Verdad?

Ella aprieta losdientes y hace un seco gesto afirmativo. Percy sólo suspira y apoya la cabezaen el suelo.

No tiene buenapinta. Creo que eso que se te ve es el hueso.

Percy siente unasganas de vomitar tremendas, pero se contiene. Se siente bastante peor que unsegundo antes y agradece a Audrey que no le haya dejado verse la herida. Unonunca sabe cómo va a reaccionar cuando puede contemplar sus propios huesos.

Yo no mepreocuparía, chico -Dice uno de los curiosos, un tipo mayor y barrigudo -Yodiría que es una fractura bastante limpia.

¡Uhm! No sé -Otramujer interviene, echando un vistazo evaluativo al herido Quizá haga faltaponerle un montón de clavos. Recuerdo que mi tío abuelo sufrió una roturasemejante y tardó más de dos años en estar recuperado por completo. Le operaroncinco veces. Pobre hombre. Korean Beauty

¿No hubo unfutbolista que tuvo una lesión parecida en la última jornada de liga?

La voz de un hombrejoven colma la paciencia de Percy. No entiende por qué todos aquellos desconocidostienen que quedarse a ver su sufrimiento y mucho menos intentar diagnosticar sisu fractura de pierna es grave o no. Sólo les falta ponerse a apostar allímismo. ¡Por Merlín!

¿Por qué no secallan? ¡Oh! Su queridísima Audrey demostrando que ella también puede tenersentido común Están poniendo nervioso a Percy.

La gente guardasilencio un instante, pero las conversaciones no cesan. Tienen la decencia dealejarse un par de pasos y hablar en voz más baja. Percy lamenta que no sevayan de una vez para poder desaparecerse y buscar ayuda en San Mungo, entreprofesionales de verdad, pero la ambulancia no tarda en llegar y él ni siquieraes consciente del momento en que le suben en una camilla y lo llevan alhospital. Al hospital muggle, para ser más exactos.

Por fortuna, Audreyestá con él. Su bicicleta roja se ha quedado olvidada en el parque, pero a ellano le importa en absoluto. Sólo parece tener ojos para Percy. Le ayuda con lasangre de la cara y le sostiene la mano como si realmente estuviera muyenfermo. Y puede dolerle un montón, pero no se esta muriendo ni nada parecido.Aunque, claro, a saber lo que podría pasarle si finalmente intentan curarlo conla medicina no mágica.

Audrey -Mascullaentre dientes, la mandíbula agarrotada por el dolor No quiero ir al hospital.

No pasará nada,cariño. Todo saldrá bien.

No puede decirle queun mago jamás se curará en condiciones sin ayuda mágica. En ese momento lamentamás que nunca no haber tenido valor para contarle que es un brujo. Lo ha idoposponiendo durante tanto tiempo que ya llevan casi dos años juntos y cada vezse le hace más difícil sincerarse con ella. Tal vez porque la quiere un pocomás cada día y le asusta la posibilidad de que ella le rechace.

En cualquier caso,sincerándose o no, Percy sabe que tiene que aprovechar cualquier momento paraescapar de las garras de los doctores muggles. Y no es que tenga muchasoportunidades, puesto que durante la siguiente hora lo alejan de Audrey, leclavan agujas, le hacen radiografías, le colocan la nariz -y joder si duele yamenazan con operarle. ¡A él! ¡A un mago!

 

Percy casi grita dealegría cuando su médico cierra la puerta de la habitación donde lo estántratando y se va a hablar con Audrey. Escucha algo de avisar a la familia yfirmar permisos y cosas así y se desaparece. Así, sin más.

Cuando Audrey y elmédico regresan al box, encuentran una camilla vacía y un montón de trastosmédicos en el suelo. De Percy Weasley ni rastro.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Audrey está muypreocupada. Lleva tres días sin saber nada de Percy, desde que se escapó delhospital, y teme que le haya pasado algo grave. No quiere ni pensar en lo queha podido pasarle por andar por ahí con una pierna rota y cree que en cuanto lovuelva a ver le dará la paliza de su vida por ser un cobarde y por no haberlallamado en todo ese tiempo para decirle que está bien. A ella tampoco le hacegracia la idea de que la operaran, pero fugarse de aquella manera del hospitalera una cosa muy seria. No pensaba aceptar sus excusas, que quedara claro.

Sin embargo, cuandoalguien llama al timbre y ve por la mirilla a Percy, con su traje gris y sucorbata perfectamente planchada y anudada, el corazón le da un vuelco dealegría y Audrey no controla ni la sonrisa ni las ganas de abrazarlo. Escucha aPercy reír suavemente cuando se cuelga de su cuello y lo arrastra al interiordel apartamento sin ser consciente de que su novio goza de un estado físicoexcepcional.

Después, cuando seacuerda de lo preocupada y enfadada que está en realidad, se aleja de él y ponelos brazos en jarra, más dispuesta que nunca a ponerse como loca.

¿Se puede saberdónde has estado? ¡Estaba muy preocupada, imbécil!

Audrey

¿Cómo se te ocurreirte así del hospital? ¿Estás tonto o qué?

Audrey

Pero no pienses quete vas a salir con la tuya. ¡No señor! Ahora mismo nos vamos para que te opereny

Audrey se quedacallada y lo mira de arriba abajo. Vale. Su pierna no tiene pinta de estarrota.

¿Qué
?

No acierta a expresarcon palabras lo turbada que se siente. Percy le sonríe con indulgencia y lalleva hasta el sofá. Hace que se siente y se acomoda a su lado. Tarda uninstante en cogerle las manos, como si se hubiera planteado la posibilidad deno hacerlo.

Siento no habertellamado. No quería que te preocuparas, pero necesitaba pensar.

¿Pensar? ¿En quéexactamente?

En cómo explicarteque no necesitaba ninguna operación para conseguir que mi pierna se curara.

Audrey entorna losojos. Es obvio que no entiende ni una palabra, pero no dice nada. Y Percy loagradece.

Verás, Audrey. Esposible que no haya sido totalmente sincero contigo en cuanto a lo que miorigen se refiere.

¿Ah, no?

Había pensado enalguna explicación larga y repleta de detalles, pero creo que lo mejor quepuedo hacer es ir al grano. ¿No te parece?

Pues no lo sé,Percy, porque estás ahí sentado diciendo tonterías y no sé dónde quieresllegar.

Vale Percy suspira,se frota la nariz y la mira fijamente a los ojos Soy un mago.

Obviamente, Audrey nole cree. Se queda muy seria, pensando en que aquello no tiene ninguna gracia.No es que Percy sea muy dado a gastar bromas, pero aquello se pasa de la raya.Ella sólo quiere saber dónde ha estado y por qué no tiene ni la pierna ni lanariz rotas.

Claro. Y yo soy lareina de Inglaterra -Ironiza, liberándose de sus manos y cruzándose de brazos¿Vas a decirme ahora porque te escapaste?

Te estoy hablandomuy en serio, Audrey. Me escapé porque un mago no necesita operarse para curaruna fractura. Hay hechizos que sirven para eso y son mucho menos dolorosos ymás rápidos.

No tiene gracia-Audrey se pone en pie y Percy no recuerda haberla visto tan enfadada nunca Heestado preocupada, pero si tú insistes en tomarme el pelo, será mejor que tevayas.

No te estoy tomandoel pelo.

¿No? ¿Cómo pretendesque me crea
?

Percy no le dejaterminar la frase. Saca su varita, apunta al periódico viejo que hay sobre lamesa y lo transforma en un ramo de margaritas. Las flores favoritas de Audrey.Ella se queda boquiabierta y luego lo mira como si se estuviera volviendo loca.

¿Cómo
? ¿Cómo hashecho?

Ya te lo he dicho,cariño. Soy un mago.

Audrey parpadea y muylentamente se acerca al ramo de flores. Parece absolutamente alucinada mientraslas toca para asegurarse de que son de verdad. Entonces, da un saltito y se leve un poco asustada.

No es posible.

Lo es, Audrey. Soyun mago. Sé que debí decírtelo antes, pero me asustaba tu reacción. Después delo que pasó el otro día no podía seguir callándome.

Percy quiere ir hastaella y abrazarla, pero sabe que Audrey necesita tiempo y espacio para asimilarla noticia. Y está asustado, por supuesto que sí, pero lo único que puede haceres confiar en el buen juicio de Audrey y rezar porque lo siga queriendo. Casise echa a reír cuando la chica coge con ambas manos las margaritas y lasolisquea. Tiene los ojos cerrados y tiembla un poco, pero Percy se arriesga yla abraza. Es genial comprobar que ella no le rechaza.

No te creo del todo.¿Sabes?

Vale. Entoncestendré que demostrarte que te estoy diciendo la verdad. Creo que ha llegado elmomento de que conozcas a mi madre.

Un segundo después,no hay nadie en el apartamento. Posiblemente Audrey se desmaye cuando abra losojos y se encuentre en mitad del campo, o cuando una horda de gente pelirrojase pasee ante sus ojos diciendo nombres e insultando a Percy. Pero eso es otrahistoria.

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2023-02-27

 

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