La hija del Fenix - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Tiritaba de frío. Su fuego se apagaba y el pobre fenix, inmortal asesinado en busca de sus lágrimas, veía su fin. No se quejaba, pues había tenido una agradable existencia. Veía su huevo, su hijo aún sin nacer. Aguantaba por él, pues había pocos fenix en el mundo, desde el Jardín. Recordaba esa leyenda, pues había sido trasmitida y hasta los hombres la conocían.

"Según la leyenda, el Ave Fénix vivía en el Jardín del Paraiso y anidaba en un rosal." le narraba su padre " Cuando Adán y Eva fueron expulsados de allí, del ángel que les desterró surgió una chispa que prendió el nido del Fenix. Por ser el único animal que se había negado a comer la fruta prohibida se le concedió el don de la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus propias cenizas."

 

Desgraciadamente, el Fenix no podría ir a Egipto, donde van todos los fenix para morir. Siguió incubando su huevo, hasta que quedó frío y sin vida.

Entonces el huevo se quebró y de su interior salió un bebé, una niña, que miraba con aire desvalido a su alrededor y miraba el cuerpo frío de su padre.

Raziel caminaba bajo el Sol abrasador del Desierto. Se había perdido en medio del desierto, lo cual no era precisamente lo que se esperaba de él en la Cábala. Se había perdido buscando una extraña piedra que decían que era mágica, aunque a él no le importaba en absoluto.

Entonces escuchó un llanto en medio del Sol abrasasor. Al principio pensó que era fruto de la insolación, pero aún así decidió echar un vistazo. A la sombra de un árbol de mirra vio un bebé entre hojas del árbol. A su lado, un pájaro dorado y rojo estaba tumbado, quizás muerto. Se acercó y miró a la extraña niña. Su pelo era rojo como el más ardiente de los fuegos y sus ojos eran dorados como el Sol. Al tocarla, el ave abrió los ojos con una mirada de agradecimiento y su cuerpo se deshizo en un haz de luz que se fundió con la luz del Sol.

El pelo de la niña se apagó, tornándose negro como una noche sin Luna y sin estrellas. Sus ojos se oscurecieron hasta tomar el mismo color. Era como si un fuego se hubiese apagado para dar paso a la oscuridad.

Cogió a la niña entré sus brazos y Raziel notó una extraña conexión con la niña, que se durmió intanstáneamente en sus brazos. Y notó en ese instante, que esa niña sería grande, mucho más grande que cualquiera en su mundo.

La niña de ojos negros dormía tranquilamente en su cuna, mientras Raziel la miraba con sus ojos verdes con profunda ternura. La llamaría Adonathiel. Se dijo a si mismo que la Cábala jamás sabría de su existencia, pues temía que la considerase una amenaza y la matasen. Pero Adonathiel no podía ser una amenaza. Era un bebe hermoso y jamás podría ser una amenaza. Lo presentía.

Andonathiel creció como hija de Raziel, sin saber nunca como nació, pero siempre se percató de que era distinta, pero nunca le dio mucha importancia a ello.

-¡Nathy!-la llamó Raziel despertándola en su sueño.

-Mmmm...-gruñó Andonathiel arrebujándose aún más entre las sábanas.- Un poquito más, papá...

-Vamos, arriba.-dijo con voz grave y seria.

La niña se levantó entre gruñidos y se puso un vestido de lino blanco, a juego con su largo pelo negro. Entonces vio que todas sus cosas estaban fuera en un carro, listo para partir.

-¿Qué ocurre, papá?-preguntó con voz preocupada. Entonces vio a un hombre enorme, de piel morena y facciones duras y severas, de largo pelo negro enmarañado.-¿Quién es él?

 

-Tienes que marcharte, cariño...

-¿Por qué?-preguntó extrañada. Raziel la miró como si no supiese que responderle.

-Este hombre se llama Raphael, él te cuidará cuando yo no este. No le dés problemas.-le besó la cabeza y la subió al carro. Miró a Rafael y pareció que hablaban con solo una mirada.-Cuídala.

-Descuida. Lo haré. Adios, Raziel...

Rafael azuzó a los caballos y Andonathiel no dejó de mirar a su padre, sabiendo que era la última vez que iba a verle.

Cuando el carro se marchó, Raziel se metió en su casa y sacó su vieja espada. Una sombra se movió a su espalda.

-Hola, Turil.

-¿Dónde está, Raziel?

-Nunca la encontrarás.-dijo mientras se giraba y plantaba cara a la sombra.

-Lamento profundamente tener que matarte.-dijo con sinceridad.

-No te lo pondré fácil.

-No lo esperaba.

Así, Turil desenvainó su espada, mirnado a Raziel con expresión de lástima. Habían sido amigos en el pasado, pero ahora las cosas habían cambiado. Sus lealtades eran distintas. Lucharon hasta caer rendidos, pero Raziel sabía que él moriría, pues jamás fue rival para Turil.

Andonathiel miró a Raphael con una mezcla de curiosidad y temor. El hombre miraba con seriedad el camino, sin hablar con ella, como si no estuviese allí.

-¿Te llamas Raphael?-dijo para llamar su atención. Él la miró y asintió con seriedad.-¿Por qué me tienes que cuidar tú? ¿Por qué no han mandado a una mujer?

-Porque no había ninguna que pudiese ocuparse de tí.

-¿Por qué?

-Porque tu padre no conocía a muchas mujeres.

-¿Por qué?

-Porque era honrado.

-¿Porqué?

-¡Acaso Raziel no te enseñó a callar!-bramó Raphael encolerizado. A pesar de ello, Andonathiel sonreía, lo que aplacó un poco al hombre.

-No.-respondió con sencillez y un ligero tono de burla.

Entonces, sin venir a cuento, Raphael se echó a reir a carcajadas. Andonathiel no pudo evitar reirse ella tambien hasta llegar a las lágrimas.

-Me llamo Raphael y conozco a tu padre desde hace siglos. Hacía mucho tiempo que no nos veiamos. Se fue lejos a vivir.-dijo con un tono de tristeza.-Su padre lo echó de casa. Aunque no sé porque.-cortó a la chica que veía que iba a abrir la boca.

-¿Me llevas con mi abuelo?

-Eso es imposible. Te llevaré a mi casa. Allí, mi hermana cuidará de tí. A mí apenas me verás. Viajo demasiado.-dijo con un exagerado gesto lastimero.-Pero es lo que hay.

-¿Por qué voy contigo?.-preguntó la chica. Esta vez Raphael entendió a la perfección a lo que se refería y se produjo un incómodo silencio.

-Tu padre tiene problemas con alguien. Tienes que alejarte de él porque no quiere que te pase nada, ¿comprendes?

La niña miró con tristeza el suelo a punto de echarse a llorar. Raphael, algo intimidado la abrazó para consolarla.

-No le volveré a ver...

Raphael no le mintió. Sabía que ella lo sabía y no tenía sentido mentirle para nada.

-No se me dan bien los niños.-dijo Raphael algo turbado.- ¿Sabes lo que es una estrella?.-dijo cambiando de tema.

 

La niña le miró intrigada, olvidando la tristeza de antes. En el camino, Raphael le hablaba del mundo y de todo lo que había en él, enseñándole y, sin saberlo, plantando una semilla que florecería en ella como ansia de saber, lo que le sería muy útil en un futuro. Así, Raphael se convirtió en su maestro.

Andonathiel se reía a carcajadas de un desgarbado muchacho que se había caido entre la paja. Un muchacho de cabello de color pajizo y de ojos del color del oro la miraban con una sonrisa en los labios.

-Eres un torpe, Yibrail.-dijo entre risas.

-Soy un torpe cuando me empujas.-repuso él, sonriendo. Nunca había conseguido enfadarse con ella. Nadie podía, pues su sonrisa podía desarmar un ejército.

Habían pasado muchos años desde que Raphael la llevó a su casa y le presentó a su hermana Uriel y a su propio hijo, Yibrail, que tenía su misma edad. Desde el primer momento, Andonathiel se hizo gran amigo de Yibrail y se convirtieron en inseparables, como hermanos.

Ahora, tanto ella como él acababan de cumplir 17 años, él el 4 de Abril y ella el 11 de Junio(NA: Sí, es mi cumple). Pero seguían siendo igual que al principio, inseparables.

-¡Yibrail!¡Andonathiel!-le llamó una voz femenina desde el interior de la casa.

Una hermosa mujer salió del interior. Su cabello caía sobre su espalda como hilos de oro y sus ojos reflejaban la belleza del mar en calma. Su rostro siempre tenía un benévola sonrisa y todos la querían y la respetaban.

Ellos fueron corriendo hacia donde estaba la mujer, que les recibió con un abrazo afectuoso.

-Ha llegado un momento muy especial para tí, Yibrail, amado sobrino. Ya eres un adulto, y como tal debes de abandonar tu nombre de niño para convertirte en hombre...-cogió una jarra de agua se la bendijo con una oración. Derramó el agua sobre la cabeza del muchacho.- A partir de ahora ya no serás Yibrail, sino que serás conocido como Gabriel...

Gabriel estaba en silencio, con expresión seria. Entonces, Uriel miró a Andonathiel con expresión seria.

-En cuanto a tí, Andonathiel, este lugar ya no es un lugar seguro para tí. Deberás partir para encontrar tu camino. Gabriel, tú serás su guardián, aquel que la protegerá y la cuidará, mientras quede en tí un atisbo de vida.

Andonathiel suspiró desilusionada. Siempre supo que no podía quedarse allí eternamente, pero no pensaba que fuese tan pronto, ni que Yibrail la acompañaría.

Al caer la tarde partieron, y ambos sintieron que comenzaban algo nuevo y excitante. Sintieron que al fin comenzaba la aventura.

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Son las 0:10 del 11 de Junio, asi que me digo a mi misma, ¡Felicidades! Gracias por leer mi historia y recuerda, pásate por mis fics.

Bsos de la Chica Dragón

Andonathiel y Gabriel caminaban por un campo de trigo, oliendo el aroma del verano, sin hablar apenas desde que saleron de la casa de Uriel. Andonathiel sabía que a Gabriel no le había hecho "graciel" que Uriel le obligase a acompañarla, pero no podía negarse, porque Uriel la obligó a llevarle con ella. "¡Como si necesitase un guardián!"pensó mosqueada.

De repente, vieron un enorme griterio alrededor de la casa de campo. Fueron corriendo y vieron que una enfurecida multitud la rodeaba. Un hombre que parecía ser el líder de la multitud se encontraba frente a la puerta, hablando con un hombre, mientras que, tras el hombre, una mujer abrazaba entre sollozos a su hija, que parecía tener más o menos su edad.

 

-Sabes que tienes que entregarla, Logan.-dijo el líder de la muchedumbre.- ¡Si no lo haces, el duque Gorlaes lo pagará con nosotros!

-No pienso entregarle a mi hija a ese maldito bastardo pervierteniñas.

-Piénsalo, si va con él, vivirá como una reina y vosotros también. Gorlaes es muy rico.

-¡Me da igual!

Andonathiel se acercó al líder de la muchedumbre, ignorando para variar los consejos de Gabriel.

-Disculpe, pero, ¿qué ocurre?

-¿Quién es usted?

-Una viajera y esto ha despertado mi curiosidad. ¿Sería tan amable de contarme lo que ha ocurrido?

-El señor Gorlaes, dueño de estas tierras, ha elegido a la pequeña Lock como esposa.-explicó, señalando a la muchacha de cabello rojo como el fuego y ojos grises.-Pero su padre se niega a dársela, a pesar de que Gorlaes está dispuesto a pagarle muy bien por ella...

-¿Tan feo es que tiene que pagar para que se casen con él?.-comentó Andonathiel con tono burlón.

-No es eso, es que es...

-Un pedófilo, ¿no? Dejádmelo a mí. Yo hablaré con Gorlaes para convencerle de que deje a la chica en paz.

-¿¡Tú!? ¿Qué va a conseguir una chica como tú?

-Creeme, puedo hacerlo. Si no os importa, llevadme hasta a él.

Todos se echaron hacia atrás, acobardados, excepto un chico de pelo oscuro y tristes ojos grises, de cuerpo delgado.

-Yo os llevaré.

-¡No lo hagas, Mike!-gritó la niña a su espalda.-¡Te matará!

-Llévanos, Mike.-dijo Andonathiel con seriedad. Se giró y miró a la niña.-¿Tú eres Lock? No te preocupes. No tendrás que casarte con Gorlaes y a Mike no le pasará nada, lo prometo.

Un hombre entrado en años comía como un cerdo una pata de cordero, de fuerte aroma a hierbas y apetitoso olor. Andonathiel entró con un portazo a la sala, haciendo que todas las miradas se clavaran en ella. Un serio Gabriel miraba con acerados ojos dorados a todos aquellos que había en la sala, desafiándoles a ponerse en su camino. Mike entró en la sala con una elegancia fría y distante, como si no perteneciese a este mundo.

Gorlaes dejó la pata de cordero y miró con expresión pervetida y divertida a Andonathiel, que sintió un profundo asco. Gorlaes estaba gordo, y ya no era el hombre fuerte y atlético del pasado. Pero su cabello, gris, era elegante, y sus ojos azules expresaban una eterna alegría interna. Por desgracia para Andonathiel, la gente que era feliz siempre le caía bien, así que sintió lástima por la decaida de Gorlaes.

-Saludos, Gorlaes.-dijo Andonathiel con una elegante reverencia.

-Saludos, extraña joven...-respondió con tono burlón.

-Mi nombre es Andonathiel, señor.

-¿Y a qué debo el honor de su visita?

-He venido para que deje en paz a Lock.

Gorlaes la miró una vez más, preguntándose si lo decía en serio, y al ver que esta no lo dementía, todos comenzaron a reirse.

-¡No puedes hablar en serio!-replicó Gorlaes entre risa.

 

-Le reto a un duelo.

De risas quedó todo en un silencio sepulcral. Gabriel y Mike miraron algo sorprendidos pero no dijeron nada. Andonathiel les había advertido que lo haría ella sola.

-Un duelo.-continuó Andonathiel al ver el efecto deseado.- Cuerpo a cuerpo, sin armas, usted y yo, el primero que caiga, pierde. Si gano, dejará a Lock en paz.

-¿Y si gano?

-No me interpondré en su camino. Además le serviré en las cocinas un año. ¿Suficiente?

Gorlaes la miró pensativo y no sabía que reponderle. Un caballero jamás atacaba a una mujer...

-Por lo visto, tenían razón.-dijo Andonathiel al ver que no respondía.- Es usted demasiado viejo hasta para pelear con una mujer.

Muchos se levantaron con intención de atacar a Andonathiel, pero Gorlaes les detuvo con un gesto de su mano. Se levantó y la miró una rabia contenida.

-¡Vamos!-gritó, enfadado.

Andonathiel se pusó en posición de ataque y se movía con elegancia y sigilo al juego de pies de Gorlaes, que no se imaginaba que una muchacha podría moverse así. Pero el hecho de haberse visto insultado podía aún más.

Lanzó un puñetazo, pero Nathiel lo esquivó como un rayo y con un rápido giró asestó una patada en toda la mandíbula que dejó a Gorlaes inconsciente en el suelo. Había ganado con un solo movimiento.

-Esperad a que se despierte.-murmuró Mike.-No se lo va a creer

Andonathiel miraba la puesta de sol con expresión vacía. Gorlaes se acercó y le colocó la mano en el hombro, con comprensión. Había cambiado mucho desde que Andonathiel le venciese.

-¿En qué piensas, Nathiel? Recetas de cocteles

-¿Qué sabe de la alquimia, Gorlaes?.-dijo, sin dejar de mirar al cielo.- No disimule conmigo. He visto la marca de su brazo mientras peleaba con usted. Está hecha con alquimia.

Gorlaes se tocó el brazo izquierdo y sonrió.

-Eres muy astuta, niña. Es cierto. En su tiempo, yo fui alquimista. La alquimia es el cambio de cosas por algo de equivalente valor... Es algo más complejo, pero esa es la ley principal de la alquimia.

-¿Qué sabe de la Cábala?

El rostro de Gorlaes perdió el color y comenzó a balbucir frases inconexas. Andonathiel se giró y clavó sus ojos negros en el anciano, antes llenos de vida, pero ahora eran fríos.

-¿Qué sabe de la Cábala?.-repitió Andonathiel.

-Es algo a lo que no deberías acercarte. Antes era una organización científica, pero ahora están todos locos, perdidos en busca de la piedra filosofal. Por lo que sé, hace años enviaron a un alquimista en su búqueda al desierto pero jamás regreso. Se llamaba Raziel.

Andonathiel no dijo nada, recordando a su padre, como era y como hubiese sido si ella no estuviese en su vida.

-Mandaron a Turil en su busca. No creo que esté vivo ya.

-Está muerto. Era mi padre.

-Más motivo para que no recorras esa senda. La alquimia es peligrosa. A veces el precio llega a ser demasiado alto. Algunos hombres que llegan a dar su propia alma por ello.

-No voy a dar mi alma. Solo busco algo.

-¿El qué?

Andonathiel sonrió y volvió la vista al cielo, sintiendo como la acariciaba la suave brisa.

 

-El sentido de mi existencia.

-Sigo sin comprender que hacemos aquí.-gruñó Gabriel con expresión enfurruñada en sus ojos dorados.

Estaban en Francia, donde Gorlaes había indicado a Andonathiel donde encontrar al alquimista de la Piedra, Nícolas Flamel. Pero el súbito interés de Andonathiel por la alquimia era un misterio para Gabriel.

-Flamel está aquí.

-¿Por qué le buscas? Los alquimistas no traen más que problemas.

Andonathiel no dijo nada. Siguió caminando mientras Gabriel la seguía siguiendo su largo pelo negro entre la multitud. De repente, Andonathiel desapareció.

Flamel estaba en su estudio, musitando palabras de frustración. No lo conseguía. Cuanto más lo intentaba, más se daba cuenta de que estaba fuera de su alcance.

-Nunca lo conseguiré...

-No estés tan seguro, padre.

Una chica de rostro enfermizo y febriles ojos dorados se apollaba en la puerta con dificultad. La enfermedad le había quitado el color a sus cabellos, dejándolos blancos y estaban con un aspecto lamentable.

-Laura, no te muevas. Estás enferma...

-Padre, no sigáis. Esto ya no tiene cura. ¿Qué sentido tiene que me quede en la cama?

-No digas eso... Te curaré.

-Alguien pregunta por vos.

Una esbelta figura de ojos oscuros apareció tras la chica.

-Me llamo Andonathiel. Gorlaes me ha indicado donde encontraros.

Entonces Laura cayó al suelo, agotada. Pero Andonathiel la agarró con fuerza, evitando que chocara con el suelo. Entonces se produjo una destello rojizo.

Cuando este acabo, Laura estaba de pie, intacta, con un aspecto saludable, aunque su pelo seguía blanco, como el recuerdo de la enfermedad que había pasado por su cuerpo.

-Es un milagro...-musitó Flamel.- Gracias... Gracias... Os daré lo que sea por curar a mi hija, gracias...

-Enseñadme alquimia.

-Un pequeño precio. Así sea.

Andonathiel trabajaba con ahinco mezclando un par de sustancias en probetas intentando no dejarse el pelo en el intento. A su lado, Nícolas y Laura Flamel hacían los preparativos del gran día. El día en que completarían la piedra filosofal. Habían pasado tres largos años desde que Andonathiel entrara por primera vez en el laboratorio de Flamel y ahora era una de sus discípulas, junto a Laura.

Laura se había convertido en alguien muy familiar para Andonathiel. Entre ambas había una especie de conexión desde el día que le curó su enfermedad. Casi como si fuesen hermanas.

-Andonathiel, cuidado. Te vas a pasar con el azufre.-dijo Laura sin necesidad de girarse.

Andonathiel volvió a sí misma y se concentró aún más. Luego miró la ventana y se dio cuenta la hora que era.

-Tengo que irme. Gabriel me está esperando.

Nícolas accedió, demasiado concentrado para darse cuenta de lo que decía Jade. Laura le dirigió una sonrisa complice.

Andonathiel se sonrojó y se marchó fuera del bochornoso calor del laboratorio. Se sintió agradecida al sentir la brisa en su piel.

-Hola, Andonathiel.¿Está Laura?.-dijo una voz a su espalda.

Se giró y vio a James, el prometido de Laura. Era muy alto, de pelo corto y oscuro y hermosos ojos azules. Estaba completamente enamorado de Laura. Tanto que a veces resultaba realmente... Insoportables.

 

-Sí, pero ten cuidado si entras dentro. Puedes acabar chamuscado.-dijo en son de burla.

Se fue sin decir nada más, algo que se había vuelto algo normal en ella, las despedidas sin despedirse, algo dramáticas.

Gabriel esperaba en la plaza algo nervioso. Cuando Andonathiel llegó, se lanzó sobre ella como si le persiguieran.

-¿Qué ocurre?

-Tenemos problemas.

-¿Qué problemas?

-Uno de los materiales que comprasteis no era de buena calidad. Es muy explosivo y peligroso.

-No te preocupes. Flamel nos ha procurado túnicas ignífugas... ¡James!

Se fueron corriendo de vuelta al laboratorio pero ya era tarde. James había muerto quemado.

Laura deliraba entre grandes fiebres, pero en ese momento,solo su madre estaba para cuidarla.

La muerte de James la había afectado mucho. Su salud, ya delicada de por sí, se quebró y enfermó. Solo repetía una y otra vez el mismo nombre una y otra vez, lo que martirizaba a Andonathiel una y otra vez.

"Turil" recordó ese nombre y se sintió realmente idiota por no haberse dado cuenta. James era Turil. Pero Turil hacía tiempo que había dejado de trabajar en la Cábala, por lo que dejó de lado el nombre de Turil, impuesto por la Cábala, y regresó a su antiguo nombre, el que le diesen sus padres.

Pero ahora no le importaba James. James estaba muerto. Pero Laura estaba al borde de la muerte y solo algo podía curarla. La Panacea universal. La cura universal.

Abrió los ojos y sonrió con satisfacción. Entre las manos de Flamel se encontraba la Piedra Filosofal, que le había costado años y años de estudio y sacrificio. De la piedra filosofal se podía obtener la única cura para Laura.

No esperaron más y comenzaron a destilar la piedra. Tras horas de calor sofocante, un líquido dorado. El líquido de la eterna juventud y a la vez, panacea universal.

Corrimos todo lo que podimos hasta llegar a la cama de Laura, donde su padre vertió unas gotas sobre ell. Su rostro se volvió sonrosado y sano, pero no se movió de la cama. Abrió los ojos y nos miró con una sonrisa triste. Andonathiel se dio cuenta de una cosa. Laura se estaba dejando morir.

-Laura...-musitó Andonathiel, con voz ahogada.

-No, no lo haré. ¿De qué serviría vivir sin James?

Sin decir nada más, cerró los ojos y siguió esperando la muerte. Andonathiel se fue, frustrada por su intento fallido. Salió a la calle, de noche, y miró a las estrellas.

-¿Por qué, señoras de la noche? ¿Por qué no puedo hacer nada? Aún tenemos el cuerpo de James dentro, en espera de que le demos sepultura... Mientras, Laura se muere. ¿¡Qué clase de Dios quiere esto!? ¿¡Acaso es demasiado pedir compasión por parte de un Dios!?.-chilló a la noche.

Una mano se apoyó en su hombro y vio que era Gabriel. Sus ojos dorados se encontraron con los suyos. La abrazó, intentando infundirle ánimo y calor en su cuerpo. Entonces, ella le besó, con suavidad, con sencillez, con calor. Con amor.

Entonces vieron un brillo purpúreo en el laboratorio y marcharon, corriendo, preguntándose que ocurriría.

 

Encontraron a Flamel, al lado de un círculo de transmutación, en cuyo centro estaba el cuerpo carbonizado de James y montón de cubos de agua y otras cosas.

Entonces la luz púrpura se fundió con una de color negro, y Andonathiel notó que algo malo ocurría y apartó a Flamel del círculo. Pero era tarde. Flamel chillaba de dolor. Le faltaba una pierna.


Se giró y se dio cuenta de que ya no estaba en el laboratorio. Todo era de un blanco cegador y como único elemento, una enorme puerta negra de aspecto tenebroso.

-Bienvenida, hija de un fénix.

Se giró y vio que era una sombra sin rostro y a la vez con todos los rostros habidos y por haber.

-¿Quién eres?

-Puede que solo sea una sombra. Puede que lo sea todo. Puede que no sea nada.

-¿Qué es esa puerta?

-Tras esa puerta, alquimista, es a donde te llevo. Tu amigo iba a ser quien debía venir, pero tu encontrarás más provecho en lo que verás. Es la Puerta de la Verdad.

De repente, la puerta se abrió y unas sombras la cogieron y la arrastraron dentro de la puerta. Dentro vio imágenes que pasaban sin cesar y correspondían a todas las cosas del mundo: Dentro se vertían toda la información como un río desbocado. Notaba como si el cerebro le fuese a estallar.

A lo lejos vio una luz dorada e intentó alcanzarla. Era los secretos de la transmutación humana. Pero no llegó hasta allí. Volvió fuera de la puerta, donde la sombra le esperaba.

-¡Déjame volver a entrar! Quiero ver esa luz dorada.

-No puedes. Se acabó el viaje. No te preocupes por el pago. Ya han pagado.

Andonathiel abrió los ojos y vio un horrible ser deforme que respiraba con dificultad, como si cada bocanada de aire le produjese un horrible dolor.

-Tú no eres James...-musitó con horror.- Eres un... homúnculo.

Unos brazos la recogieron y se la llevaron de allí. Pero nunca olvidaría el horror de esos ojos violeta del homúnculo, fruto de una transmutación humana fallida. Un error. Un terrible error.

-Laura...

Flamel sostenía entre sus callosas manos la delicada mano pálida y fría de su hija. Su única hija. Cierto que había tenido más hijos, pero Laura era su sol, la única que había continuado su legado alquímico. Habían pasado mucho tiempo juntos y así, ella, con su dulzura natural se había convertido en su hijo predilecto. Todos querían a Laura. Y ahora lloraban su muerte.

Andonathiel estaba en la puerta, demasiado afectada para entrar. Pero no mostraba sus sentimientos. La muerte de Laura la había endurecido. Miró a Nícolas, sin una pierna que había perdido en la creación del homúnculo. Homúnculo...

Los homúnculos son seres humanos artificiales, intentos de resucitar a un persona, pero nunca había funcionado. Una transmutación humana fallida. Un error. Los homúnculos son un error. Un error que siempre se vuelve contra su creador.

Su creador... Escuchó unos pasos a su espalda. Era Gabriel. Y en sus brazos llevaba a su hija mayor. Habían pasado cinco años desde la muerte de James. Cinco años suministrándole a Laura el medicamento que le permitía vivir, pero ella había dejado de tomarlo. Los mellizos estaban en casa, con Lock. Habían vuelto al pueblo de Gorlaes. Mike y Lock se habían casado y ya tenían una hueste de niños a sus pies. Resultó que Mike era el hijo de Gorlaes. Una agradable sorpresa. Pero, en contra de los deseos de Gabriel, nunca se casó con él. A Andonathiel le parecía más romántico la idea de estar con alguien sin nada que les atase el uno al otro. Estar porque es lo que el corazón lo desea. Y tener hijos como muestra del amor que se tiene a la otra persona.

 

Pero había algo que había enturbiado años de felicidad: La búsqueda del homúnculo. Nícolas no estaría seguro hasta que el homúnculo fuese destruido. Desgraciadamente, la única oportunidad de matar a un homúnculo era llevar algo que hubiese pertenecido a la persona que se había intentado resucitar. Porque les recordaba que no eran de verdad. Que eran solo una copia. Los recuerdos eran su debilidad. Pero ya no quedaba cuerpo de James, usado en la transmutación, aunque consiguió un poco de su cabello. El suficiente para matarlo.

Andonathiel cogió un paquete y se lo entregó a Flamel. Una pierna de metal. Comenzaba un proceso doloroso. Le colocó la pierna de metal, que unos magos amigos de Flamel habían encantado para que obedeciera sus deseos. A Andonathiel no le gustaban los magos. Pero eran necesarios.

Andonathiel rozó la pierna de metal y la piel de Flamel comenzó a estirarse y recubrió la pierna de metal.

-Cuando tomes la poción de la eterna juventud te volverá a crecer la pierna, así que acuerdate de cortarte la pierna antes. No te preocupes, no te dolerá. Adios, Nick...

-¿Te marchas?

-Para siempre. No nos volveremos a ver, creo.

-Llévate tu parte de la piedra filosofal, Andonathiel.

-Quédatela. Custódiala, pues muchos vendrán en su busca. Vete con los magos. Con ellos estarás más seguro.

Entonces, una sombra apareció e intentó atacar a Flamel, pero Gabriel se interpuso, dispuesto a pelear. Era el homúnculo. Había tomado la forma de James, su rostro. Escepto sus ojos. Ya no destellaba vida, sino que estaban frío, gélidos e inhumanos. Con una sonrisa triste, en un veloz movimiento calvó una daga al cuerpo sorprendido de Gabriel.

-¡Gabriel!.-chilló Andonathiel. Se acercó y vio su cuerpo, moribundo. Pero no quedaba más Panacea Universal. Se iba a morir. Abrazó su cuerpo, deseperado, intentando vanamente que no escapara la vida del cuerpo de Gabriel, con los ojos abnegados de lágrimas.-Te quiero.

-Te quiero, Nathiel...-musitó Gabriel con una sonrisa. Y murió.

Andonathiel no podía creerlo. Su mente no podía procesar aquello. Se levantó con dificultad y miró al homúnculo con unos ojos fríos y vacíos, como si su vida hubiera escapado con la de Gabriel.

-Te mataré.

El homúnculo sonrió, pero cuando iba a atacarla, retrocedió horrorizado y huyó. Había visto el cuerpo de Laura. Había recordado, lo cual le hacía débil.

Andonathiel miró el cuerpo sin vida de Gabriel y se juró a si misma que un día encontraría a ese homúnculo, aunque fuese lo último que hiciese. Sus cabellos se volvieron rojos de la rabia y sus ojos se volvieron dorados. La hija del Fenix había regresado.

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Este no es el final, no... A Andonathiel aún le queda mucho camino... La segunda parte se llama Dragones y Alquimia(aunque estoy pensando en cambiarle el nombre, se aceptan sugerencias)

Bsos de la Chica Dragón

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2023-02-27

 

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