El eco de tu risa - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

¿Quién eres?

Te miro y no te reconozco.

Aunque pasas cada hora del día a mi lado, no sé quiéneres. Siempre pareces ausente, como si prefirieras estar en otro lugar. A veceste observo y me sorprendo al verte reproducir alguno de tus antiguos gestos. Laforma en la que cruzas las manos sobre tu regazo, esas manos de dedos finos yuñas perfectas -siempre te gustaron tus manos y ponías especial empeño encuidarlas-, o el modo en que asientes con la cabeza cuando me escuchas hablar.Reconozco esos pequeños gestos y por un momento mi corazón se acelera tanto queme golpea las cotillas con alegría. Pero no es más que una sensación pasajera.No me llamo a engaño, convivo con una extraña. Y cuando la sensación pasa, solodeja tras ella un vacío todavía peor.

 

Anochece. Enciendo una vela y bajo su tenue luz repasotus rasgos con la mirada.

Los conozco. Me los sé de memoria, con tanta exactitudque podría dibujarte con los ojos cerrados. Son los de mi amiga, mi amor, micompañera. La frente amplia. La larga melena cayendo sobre tus hombrosarremolinada en oscuros bucles. La exquisita línea de la cejas, con unacurvatura perfecta. Las pestañas largas y tupidas. Y por fin llega la parte quemás me asusta. Los ojos, negros y profundos.

Nunca he sido un cobarde, pero tus ojos me devuelven unamirada que a duras penas puedo soportar. No es que no me quieras. No es ese elproblema, lo sé. Pero tus ojos no pueden disimular la lástima que te inspiro ypor eso cada vez que los veo deseo morir.

Desvío la mirada y, como si no pasara nada, sigo observandotus rasgos, intentando pensar en otra cosa. ¡Cómo si pudiera!

Los pómulos marcados. La nariz recta y fina. Los labioscarnosos, el superior un poco más ancho que el inferior; no mucho, sololigeramente, la diferencia es tan mínima que resulta imperceptible a simplevista, ningún extraño lo notaría, pero yo te conozco demasiado bien. Labarbilla estrecha, con ese pequeño hoyuelo que yo adoraba y que tú, sinembargo, encontrabas horrible.

El cuello, la curva de tus hombros
todo en ti me resultafamiliar.

Sin duda tus rasgos son los suyos y sin embargo eres paramí una desconocida.

Debí adivinarlo la primera vez que te vi. Cuando por finlogré traerte de vuelta.

Después de meses y meses de trabajo, de noches enteras envela probando con toda clase de hechizos, muchos de ellos fruto de mi propiainvención, y que nunca funcionaban, después de cientos de intentosinfructuosos
Me parecía increíble que por fin lo hubiera logrado, pero allíestabas. Mi mirabas impasible y serena mientras a mí, que temblada de emoción ytenía las mejillas bañadas en lágrimas, me fallaban las piernas y caía sentadoy sin fuerzas.

Tú me sonreíste. En silencio y sin llegar a separar loslabios, curvando solamente un poco las comisuras. ¡Tan recatada, tan impropiode ti!

Debí intuirlo entonces. ¿Dónde estaba la risa explosiva yalegre que me atrajo desde la primera vez que la oí, cuando no éramos más queunos niños? La chica más alegre, mi compañera de juegos
En el fondo nuncadejaste de ser aquella niña. ¿Por qué ya no reías? Debí darme cuenta de queaunque pareciera lo contrario no era más que un nuevo fracaso. El fracasodefinitivo. Debí saber que por mucho que te parecieras a ella tú no erasaquella que estaba buscando, pero no quise verlo. Ahora, sin embargo, no puedonegarlo por mucho que me empeñe. Todo subre leds e iluminacion

¡Hay tantas cosas suyas que echo en falta!

Me falta su tacto. Me faltan sus besos. Me falta sucalor. Pero lo peor no es eso.

¡No!

¡¡No es eso!!

Lo peor es que me falta, sobre todo, su risa. El eco desu risa rebotando con fuerza en mis oídos y, al oírla, mi pecho inflado deamor, tan lleno que a veces me parecía que no podría resistirlo, que estaba apunto de estallar.

Ahora no es así. No es por falta de amor. Te amo con locura,aunque no seas ella, pero este amor me hace sentir vacío. Seco, viejo, muertopor dentro.

Te miro de nuevo a los ojos y por primera vez lo hago sintemor. Entonces pronuncio las palabras que llevas tiempo deseando escuchar y tepido que te vayas. Me miras con lástima, pero te dispones a partir. Y yo sufro,porque mi corazón sabe que eso es lo que más anhelas y que partes con alegría.Te duele alejarte de mí, pero en el fondo eres feliz al hacerlo. En el últimomomento te vuelves hacia mí por última vez. En tu mirada hay ternura y, sobretodo, una gran melancolía. Es como si ya hubieras empezado a olvidarme. Medices que es mejor así y me pides que siga con mi vida.

Te has ido. Me he quedado solo.

¿Qué siga con mi vida? ¿Cómo podría hacerlo cuando ya estoymuerto?

Me mató el silencio, que se metía en mis oídos hastavolverme loco. Agudizo el oído para comprobarlo. Me esfuerzo en escuchar eltañido de las campanas, pero no oigo nada. Miro el calendario, compruebo mireloj. Hoy es el día, justo a esta hora. Deberían estar tocando por nosotros,llamando a la gente a celebrar nuestra boda, gritándole al mundo que de formaoficial eres mía. Tan mía como yo soy tuyo. Pero solo hay silencio.

Tomo la piedra y la acaricio brevemente con las yemas delos dedos. Me costó tanto conseguir que funcionase
Posiblemente sea el objetomágico más valioso que existe, el logro más importante en toda la historia dela magia. Sin embargo no me siento orgulloso. Si mostrase al mundo lo que lapiedra puede hacer la gente me cubriría de riquezas y sería aclamado como elmayor hechicero de todos los tiempos. En otra época me habría seducido esaidea, ahora simplemente no me importa. No significa nada para mí. Lanzo lapiedra contra la pared con todas mis fuerzas, tan lejos de mí como me esposible.

Voy al granero en busca de una cuerda resistente. Cuandovuelvo a entrar en la casa me dirijo al salón y me siento en mi butacapreferida, la misma tras la que te escondías cuando jugábamos al escondite depequeños, la misma en la que estabas sentada cuando te pedí que te casarasconmigo.

Con absoluta calma, me tomo mi tiempo en lospreparativos. En lugar de usar magia prefiero hacer el nudo con mis propiasmanos.

Nadie echará de menos a Cadmus Peverell.

Cuando me encuentren dirán que ha sido un suicidio. Noserá cierto. No puedo matarme porque ya estoy muerto. Me mató el silencio. Laausencia de tu risa.

La nueva tú, nunca reía.

Y, por eso, yo ya estoy muerto.

El eco de tu risa - Potterfics, tu versión de la historia

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Aunque pasas cada hora del día a mi lado, no sé quiéneres. Siempre pareces ausente, como si prefirieras estar en otro lugar. A veceste observo y me sorprend

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2023-02-27

 

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