Navidad Esperanza - Fanfics de Harry Potter

 

 

 


Lanieve caía tras los cristales, cubriéndolo todo con sucaracterístico manto blanco, muerto y frío. A aquellas horas de lamadrugada, la ventisca era tal que apenas se vislumbraban loscontornos de los árboles al otro lado del seto, y, de los escasoscoches que pasaban a toda velocidad frente a la casa tan sólo sedistinguía el ruido de las ruedas resbalando en el asfalto y elresplandor desvaído de unos faros que en vano trataban de iluminarel camino. No había ni un alma en las aceras, nadie festejando lanochebuena, nadie que osara atreverse a salir de la cálida comodidadde sus refugios hogareños para enfrentarse al mundo, una vez más.


Peroentonces, una puerta se abrió. Nadie supo de dónde había salido,pues aquella casa no estaba allí unos segundos antes, y, en cuantola cerradura chasqueó de nuevo, la fachada volvió a desaparecerfantasmagóricamente, como si todo aquello no fuera real. Pero loera, porque aunque ya no hubiera ni rastro ni la puerta ni de lacasa, ahí quedaba la figura menuda, acurrucada bajo un abrigo queapenas parecía poder proporcionarle algo de calor. La sombra, casiimperceptible en la oscuridad, cruzó rápidamente la plazoleta y seperdió por las callejuelas del invierno londinense, preguntándose,como tantas otras veces, si estaba haciendo lo correcto, lo que ledictaba el corazón o, por el contrario, estaba cometiendo ungravísimo error.

 


Y,mientras tanto, en el salón de aquella casa tan extraña, unacortina se movió fugazmente y unos ojos se ocultaron tras losvisillos, seguros de que ya habían visto todo lo que tenían quever.


** *


Amanecía en la granciudad. Londres comenzaba a despertar de su letargo nocturno y losprimeros rayitos de sol bañaban tímidamente los tejados, sacandosuaves brillos coloridos en la nieve acumulada durante la tormenta.La tempestad había pasado, pero por doquier se veían árboles conlas ramas rotas, calles cortadas por su peligrosa circulación yotras tantas huellas del paso del ciclón.

Pero esto poco importaba lesimportaba a las dos personas que, en un tranquilo lugar cerca dePicadilly Circus, conversaban arropadas por una taza de chocolatecaliente. Llevaban allí varias horas, pero para ellas apenas habíansido unos pocos minutos. Al igual que todas las demás noches, notenían tema fijo sobre el que hablar, simplemente dejaban divagarsus pensamientos en voz alta, tratando de conocerse mutuamente, desaber, de comprender...


- No entiendo por qué estamos haciendo esto- dijo ella por enésima vez, mirando a su acompañante, inquisitiva. Él también la miró, pero no contestó.- Dime... ¿por qué?- insistió ella.


- No lo sé, Rosie, no lo sé. Todo esto es... una locura, ¿lo sabías?

- Sí... lo sé. Por eso mismo trato de entenderlo, Scorp. No es normal.


Scorpius Malfoy tomó lamano de Rose Weasley y se quedaron ambos en silencio, mirando por laventana, viendo como la ciudad se llenaba de vida por momentos,hechizados por la magia de las luces que los muggles colocaban sobrelas calles, inmóviles ante el maravilloso espectáculo.



Aún pasó un rato hastaque los adornos luminosos se apagaron rompiendo el encantamiento, yentonces Rosie recordó algo de pronto. ¡Tenía que llegar a casa!Se levantó a toda prisa, se puso el abrigo y salió a la calleperseguida por un Scorpius muy desconcertado.

 

- ¿A dónde vas?- preguntó él jadeando tras ella.


- A casa. Ya ha amanecido, mi familia no tardará en despertarse. No quiero ni imaginar lo que me hará mi padre cómo se entere de que no estuve en casa esta noche...


Continuaron atravesandorápidamente las callejuelas heladas en dirección a la otra punta dela ciudad, corriendo en silencio uno tras otro, cogidos de la manobajo finos copos de la nieve más pura. Entonces de repente Scorpiusse detuvo y tiró bruscamente de Rosie para que lo imitara.


- Pero... ¿qué pasa? ¿por qué te paras?- alcanzó a balbucear la muchacha antes de que el chico la atrajese hacia sí y la besase delicadamente durante unos segundos en los que ambos desearon que el frío del ambiente congelara el tiempo para siempre, para que no se tuvieran que separar nunca, jamás. Porque en ese momento, los dos eran uno, un único ser con dos corazones latiendo juntos, abrazados bajo la nieve que se reflejaba en la mañana de aquel Londres invernal.


Una figura rojo fuegocorría por las callejuelas vacías, en dirección a una plazoleta nomuy lejana. Sus pasos apresurados repiqueteaban en los adoquines blancos de nieve y de vez en cuando algún charco salpicaba y laempapaba de pies a cabeza, pero ella parecía no darse cuenta.Jadeaba copiosamente y sus mejillas estaban teñidas de rubor, peroéste no era sólo provocado por la carrera. Él lo había hecho,la había besado, le había dado con ese gesto la respuesta másprecisa, justo la que necesitaba. Se sentía liviana, feliz,invencible. Tenía ganas de detenerse en medio de Oxford Street ygritarle al mundo su alegría, pero la vocecita aguda de suconciencia no se lo permitía. "Debes llegar a casa, y rápido.Como se entere tu padre de lo que has hecho... te mata"Así que ella corría, y corría, escuchaba la voz de su concienciaporque era lo más sensato que podía hacer dadas las circunstancias,y lo sabía. Ratones para gaming



Llegó por fin a GrimmauldPlace, aliviada porque parecía estar todo en calma y nadie hubieranotado su ausencia. Se dirigió rápidamente al diminuto hueco quequedaba entre las casas nº 11 y nº 13 y, en un abrir y cerrar deojos, su casa se materializó ante ella. Entró con cuidado,procurando no tropezar con el paragüero de pierna de trol,intentando no despertar a la anciana cascarrabias del cuadro frente alas escaleras. Subió a toda prisa hasta la habitación que compartíacon su prima Lily y justo cuando se disponía a cantar victoria,segura de que ya nadie la había visto, se fijó en una figuraconocida que agitaba en silencio la varita por toda su habitación.Lanzó un grito ahogado, y la mujer del cuarto se volvió hacia ella.

- ¡Mamá!- exclamó Rosie, mirando atónita a Hermione.


- Hola, Rose- saludó la señora Weasley como quien comenta el tiempo. La muchacha avanzó muda y se sentó junto a ella en la cama libre, contemplando a su prima que dormía en la otra como si fuera la cosa más interesante del mundo. - Sé donde has ido esta noche- anunció entonces Hermione, y su hija se volvió a mirarla.- Estuviste con él, ¿verdad? Hace tiempo que se de vosotros. Hugo me lo contó todo.- La pelirroja bajó la cabeza, avergonzada, prometiéndose que se la haría pagar al entrometido de su hermano en cuanto tuviera ocasión.

- Sólo trataba de saber, de entender, de comprender... qué es lo que siento y por qué es así. Mamá, por favor... yo...


Hermione asintió,comprensiva, y Rosie se sonrojó hasta la raíz del cabello.


- ¿ Y lo has averiguado ya, mi pequeña?

- Sí. Yo... le quiero, mamá. Y creo que él me quiere.

- Ya sabes lo que puede pasar si papá se entera de esto, ¿verdad?


Esta vez fue Rosie quien asintió.

- Bueno, en ese caso, creo que ya sabes lo que toca si quieres seguir adelante con esto. Porque quieres, ¿no?


De nuevo la joven cabeceóafirmativamente. No fue un movimiento amplio, pero su madre loentendió de inmediato. Asintió. Se puso en pie y, mientras su hijahacía lo mismo, le tendió la bolsa que había estado preparando.Luego la abrazó.


- Vete. Huye con él. Escondeos. Sed felices, los tres- y acarició el bulto casi imperceptible en el vientre de su hija.

- Pero... ¿por qué haces esto, mamá?- Rose estaba maravillada. No podía creer lo que le estaban diciendo y mucho menos, podía creer que su madre lo supiera. Nunca, ni en sus más remotos sueños, se le había ocurrido imaginar algo así.

- Pues porque te quiero, hija. Y quiero lo mejor para ti. Porque tu felicidad me importa, y mucho. Y porque, hace muchos muchos años, yo también deseé escapar con un rubio, pero no tuve el valor primero, para decirle lo que sentía y segundo, para demostrárselo. Pero tú, sí. Que sepas que estoy muy orgullosa de ti, hija. Y ahora vete. Márchate, y que tu padre no te vea marchar. Y, sobre todo, nunca olvides que te quiero. Jamás.


Y dicho esto, la mujerempujó a su hija hacia la salida y ambas bajaron en silencio las aúnsolitarias escaleras de su hogar. Una vez abajo, se volvieronabrazar y con simple "Te escribiré" como despedida, Rosie abrióla puerta de la calle y salió al exterior. No nevaba cuando cruzóla plaza y se volvió por última vez hacia su madre, que, desde el umbral de la casa le gritó un "Feliz Navidad", para luego entrarcerrando la puerta tras de si. Rosie contempló, sonriente, comodesaparecía la fachada encantada del nº 12 de Grimmauld Place ysólo entonces murmuró antes de darse la vuelta y desaparecer entrelas callejuelas:

- Feliz Navidad a ti también, madre. Y gracias por todo, de corazón.


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Lanieve caía tras los cristales, cubriéndolo todo con sucaracterístico manto blanco, muerto y frío. A aquellas horas de lamadrugada, la ventisca era tal qu

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2023-02-27

 

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