Recuerdos de una vida pasada - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

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Una noche como otra cualquiera en la que pasarla delante de un ordenador hablando con las pocas personas que aún aguantaban lo suficiente como para estar a altas horas de la noche intercambiando frases sin sentido era la opción más tentadora que se podía esperar una joven, escuchando una simple canción, recuerda la añoranza de una vida pasada que con el nuevo renacer olvidó por completo, hasta el momento en que la dulce y melancólica melodía despertó todos aquellos sentimientos guardados en algún rincón oscuro y olvidado de su memoria.
Esta es la historia de una vida pasada en la que un amor pasado se marchito como los pétalos de una rosa que cae de una jarrón roto por la amargura de un ser al que le fue arrancado el privilegio de la muerte porque la muerte es el comienzo de su vida.


Todo comienza una noche en que un ser corroído por la venganza y la ira intenta desquitarse con la desafortunada muerte que le dio la vida que tan desgraciada suerte le había traído. Corría el siglo XVII y en una pequeña aldea en algún lugar del planeta este ser recorría las calles para encontrar a las presas que tenían que pagar por su desgracia.
Un joven de tez blanca como la luna y cabello moreno era su primera victima. Un solo beso de sus labios carnosos y rojos como la sangre y su destino estaría sellado al igual que lo estuvo el suyo propio años atrás.
Se acercó al joven y como muchas otras veces sus ojos verde esmeralda y su pelo rojo como las ascuas de un fuego marchito llamaron la atención de la pobre victima que sin darse cuenta sellaba su testamento y su nacimiento. Fue fácil, otras veces lo había echo y es que el genero masculino realmente era muy simple y los jóvenes aún más. Normalmente se dejaban llevar por sus impulsos y este no era una excepción. Como otras veces, atraerlo a un rincón oscuro con aires seductores y un solo beso, solo uno y todo su mundo se cernía sobre el como una pesada mano que lo arrastraría hasta lo más profundo de una pequeña parte de la oscuridad que ella misma sentía a todas horas y que el no tardaría en sentir una vez ella hubiese abandonado el lugar.
Habiendo conseguido su objetivo volvió tranquilamente dejando la escena del crimen que acababa de cometer para volver a su refugio. Una vieja casa en la que antiguamente había sido feliz y en la que ahora solo encontraba pequeños y confusos recuerdos de su vida anterior. Mientras caminaba por los oscuros pasillos de su pequeña mansión intentaba recordar, como siempre, algo más sobre su vida anterior que la reconfortara. Era como una pequeña vela a punto de extinguirse en medio de la oscuridad y que su calor apenas llegaba más allá de su corazón atormentado.
Y así como muchas otras noches se estiro en su cama sin poder conciliar el sueño ya que ese era un privilegio que a ella ya no le pertenecía y recordó el fatídico día en que toda su vida cambio por completo.
Ella, una joven de apenas dieciocho años, paseaba por la aldea a altas horas de la noche mientras en silenció lloraba por la soledad que sentía en su interior al tener la repentina certeza de que su existencia estaba destinada a ser solitaria. Una mujer de extraña belleza se le acerco y con la luna iluminando sus ojos tomo la cara de la joven entre sus manos y como si de un hechizo se tratara la besó, un simple roce de sus labios que robo toda la juventud que en su interior reinaba, apoderándose de la vida que a partir de ese momento ya no le pertenecía pues ese beso acababa de robárselo todo excepto una cosa: su soledad.
Así, tendida en el suelo, con los ojos ahora negros por el robo, vio marchar a su asesina. El robo de esta vida le concedió una inmortal, una vida en la que estaba condenada a ver marchar a todos los seres queridos sin poder remediarlo pues, quien sería capaz de desear la misma suerte a alguien querido?
Así, una y otra vez vio marchar a todas aquellas personas importantes y llego un momento en que quedo completamente sola. Día tras día lo único que aliviaba su dolor era ver su propia desgracia en ojos ajenos. Hasta que un día todo cambio. Como muchas otras noche la atormentada muchacha salió en busca de su próxima presa y encontró, vagando sin rumbo por las cercanías de sus terrenos abandonados, a un joven de ojos azules penetrantes, pelo negro como el azabache y, para su desgracia, inocentemente enamorado de la vida. Como por arte de magia el joven se acerco a la mujer atraído por el suave resplandor de las esmeraldas que tenía por ojos y presa de un romance fugaz ,el dulce roce de sus labios escarlatas sentenciaron el destino de una historia sin final.
Cuando la joven abandonaba la escena de nuevo, algo la hizo girarse a mirar una vez más los ojos del joven y aunque se habían tornado negros por el hechizo el resplandor del azul anterior resurgía lentamente, señal de que su suerte se había decidido por la muerte eterna. Al ver esto corrió y corrió de vuelta a la mansión. Sabía lo que eso significaba, una vez volviera de la muerte la buscaría a ella, al artífice de su suerte. Debía procurar no ser encontrada.
Desgraciadamente pocos minutos después de que ella llegara a la mansión alguien llamo a la puerta y lentamente abrió la puerta. La encontró a medía escalera, parada, mirando el resultado de su venganza con el mundo.
-Que me hiciste?- pregunto él.
-Aléjate de esta mansión. Tu destino era una vida en la muerte y así será hasta que las estrellas dejen de brillar y hasta que el sol muera preso de la oscuridad.
-Tu me procuraste este destino y tu tienes la responsabilidad de arreglarlo.
-Mucho me temo que el hechizo que ahora vive en ti es irreversible al igual que lo es el mío y que me tiene ligada a este lugar desde hace ya más de cincuenta años.
-Como puede ser que hayan pasado cincuenta años desde que tu corriste la misma suerte que yo si tu rostro es el de una joven dama?
-Debes aprender que la suerte de este hechizo no te permite ni envejecer, ni dormir ,ni morir. Tu vida ahora es la muerte.
-Y debo vivirla a solas esta muerte?
-Que otra cosa queda sino?
-Viviré aquí contigo y tu me lo permitirás ya que tu fuiste la causa de mi soledad. No me arriesgare a sentir el dolor de la perdida puesto que a ti no te podré perder ya que eres igual que yo.
-Haz lo que te plazca.- Y así ella empezó a subir las escaleras para dirigirse a su cuarto. Algo dentro de ella despertó. Una sensación de repentina felicidad crecía dentro de ella porque ahora tendría lo que inconscientemente había estado buscando todas las noches, un compañero con quien no sentirse sola jamás. Así con este pensamiento cerro los ojos para no dormir.
Al día siguiente bajo para recoger las rosas que crecían por todas partes en el silvestre jardín y al pasar por la cocina ,ahora abandonada, encontró al joven sentado en una de las sillas que aún quedaban en pie. Pasó sin mirarlo siquiera y cuando ya ponía un pie en el primer escalón que daba al jardín el llamó su atención.
-Que se supone que debo hacer?
-Puedes probar de seguir viviendo la vida que llevabas antes hasta que ya no puedas más.
-Imposible. Todo aquello forma parte de mi pasado.
-Como quieras. Entonces dedícate a no hacer nada.- y siguió su camino hacía el jardín. Su vestido se enganchaba con las zarzas que inundaban el lugar pero sin darle mayor importancia seguía caminando mientras la fina tela se rompía con pequeños cortes producidos por las espinas. Todo el jardín estaba plagado de rosales de diferentes colores pero esa vez decidió recoger las mas hermosas que allí crecían, unas rosas rojas como la sangre y aterciopeladas. Había cientos de ellas por todas partes. Mientras las recogía el joven salió y se dirigió donde ella se encontraba y empezó a recoger él también.
-Cual es tu nombre?- pregunto él.
-Eva.
-El mío es Arthur.
Pasaron varias semanas en las que Eva no se molestaba en prestar un mínimo de atención por la otra persona que ahora convivía con ella hasta que un día Arthur decidió poner remedió.
-Es hora de salir de esta mansión. Cámbiate , te espero en cinco minutos en el hall.
-Crees que acatare tus ordenes así, simplemente?
-Lo harás si no quieres que te saque de esta casa a rastras.
-Tendrás que hacerlo entonces por que yo no pienso salir de aquí.- y corrió escaleras arriba para refugiarse en su alcoba. Entro corriendo y de un portazo cerro la puerta y se apoyo contra ella pues ya sentía los pasos del joven subir las escaleras y acercarse a su habitación. Una vez Arthur llegó Eva se apoyo aún más contra la puerta para evitar que entrase pero todos sus esfuerzos fueron en vano pues la fuerza de Eva no podía comparase a la de Arthur así que abrió la puerta y antes de que Eva pudiese correr hacía el otro extremo de la habitación Arthur la cogió por la muñeca y se la cargo al hombro como si de un saco de patatas se tratase para llevársela consigo.
-Así que te pasas todos los días aquí metida. Podrías abrir de vez en cuando las ventanas, siempre estas a oscuras?
-Y a ti que te importa? Bájame ahora mismo.
-No. Es hora de cambiar tu estilo de vida. Eres inmortal, no intentes morir de pena, no resultara.
-A ti que te importa. Bájame!- ella empezó a patear y a golpear la espalda del joven. Ya se encontraban en el hall de nuevo cuando Eva cayo en la cuenta de que iba vestida con un vestido blanco, de escote prominente, lleno de encajes y piedrecitas brillantes por toda su longitud el cual hubiese sido perfecto para pasearse por más de un salón distinguido si no fuese por que el tiempo lo había desgastado.
-Vamos allá.
-Donde piensas llevarme? Deja que me cambie de ropa al menos, no puedo salir así a la calle.
-Oh ahora quieres salir? Lo siento pero tu oportunidad ya paso. Tendrás que salir tal y como estas, además ese vestido te queda divino aunque este desgastado- con esto Eva se ruborizo levemente puesto que antes ella había estado acostumbrada a cumplidos de este tipo constantemente pero los años pasaban y esa costumbre había desaparecido aunque el objeto de estos cumplidos se mantenía intacto.- lo único que...- la dejo en el primer escalón de la puerta de entrada a la casa.- Tu pelo- ella llevaba el pelo rojo sangre recogido en parte por un pequeño moño y lo demás suelto hasta la cintura- Que le ocurre a mi pelo?- Oh nada, nada pero creo que estaría mejor así- y mientras decía esto le quito las horquillas que sujetaban el recogido y dejo que su pelo cayera libre.- Así mejor- y le dedico una sonrisa encantadora- Vamos?
-Vamos- dijo ella aún sorprendida por el trato familiar que él le proporcionaba.
La mansión se encontraba algo apartada de la pequeña aldea y disfrutaba de una gran extensión de campo para cultivar que antiguamente había sido el orgullo de la aldea pero que ahora simplemente servía para asustar a los aldeanos y visitantes con historias sobre una bruja malvada que vivía en la alcoba situada más arriba de toda la mansión y que se dedicaba a embrujar a los valientes que se atreviesen a acercarse a sus dominios. Una vez que este rumor apareció Eva ya no encontró el valor para salir de la casa durante el día ya que lo aldeanos la miraban con desconfianza y a veces la trataban agresivamente.
Arthur caminaba con decisión alegremente por el estrecho sendero que llevaba de la mansión a la aldea. Eva, un poco más rezagadas lo miraba fijamente mientras pensaba en como este chico había empezado a cambiar su vida.
-No te quedes rezagada. Ven.- ella acelero un poco el paso mientras se recogía el vestido para no tropezar y a regañadientes y se puso a su lado.
-Que piensas hacer cuando te reconozcan en el pueblo? Les dirás que te rapté?
-Mmm...no lo había pensado. Tal vez digo eso, que me tienes retenido.- y mientras decía esto dejo escapar unas alegres carcajadas. Era como si toda la desgracia que le había caído encima no le afectara en absoluto. Al pensar esto Eva sintió un dejo de pena y tal vez...arrepentimiento. Mientras tanto habían llegado ya al limite de la aldea y se adentraban poco a poco. Paseaban tranquilamente y Arthur con una de sus mejores sonrisas saludaba a cualquiera que se les cruzase por la calle aunque estos con los ojos desorbitados al reconocer a su acompañante saliesen corriendo o desviasen la vista para acelerar el paso hacía sus moradas. Así caminando llegaron al centro de la aldea donde una pequeña fuente que representaba una ninfa sentada en una rama mirando la luna echaba pequeños chorros de agua al aire. Arthur decidió sentarse a descansar en el borde de la fuente. Una pequeña niña, rubia y de ojos marrones claros, se les acerco y parada delante de Eva dijo:
-Me conjuraras un sapo?- y alargando su inocente y pequeña mano le tendió un dulce.
-Lo...lo siento pequeña pero yo no puedo conjurarte un sapo.- Eva sorprendida por la petición de la niña se agacho y le cerro el puño que la niña le ofrecía - quédatelo.- y con una sonrisa volvió a sentarse junto a Arthur viendo como la niña se alejaba corriendo.
-Eso a sido francamente encantador. Antes siempre eras así?
-Oh, a ti que te importa! Hace mucho tiempo nada era como ahora.- dijo Eva mientras metía una mano debajo de uno de los chorros más cercanos y dejaba que las pequeñas gotitas que surgían al chocar el agua contra su palma le cayeran sobre el rostro blanquecino.
-Esta bien, esta bien. Que te parece si compramos algo bien dulce y volvemos?
-Perfecto- contesto ella con otra pequeña sonrisa. Se levantaron y decidieron ir al panadero el cual, según Arthur, hacía unos dulces deliciosos. Entraron al pequeño establecimiento y la mujer de detrás del mostrador al ver a Eva dejo escapar un pequeño chillido pero se mantuvo quieta esperando que ellos dijesen algo.
-Buenos días. Nos gustarían unos pocos de estos por favor- dijo Arthur señalando unos pequeños bollos con azúcar por encima.- Algo más?- dijo girándose para mirar a Eva que mantenía la mirada bien fija en la mujer. Una vez que percibió que la pregunta iba dirigida a ella se giro a mirarlo y con cara sorprendida negó con la cabeza.- Esta bien, si la señorita no desea nada más eso es todo.- La mujer cerro el paquete que contenía los dulces y se los entrego a él con manos temblorosas mientras que con la otra mano recogía el dinero que Arthur le ofrecía.
-Buenos días- consiguió articular la mujer.
-Buenos días- contesto Eva fríamente mientras se daba la vuelta sin siquiera mirar a la mujer. Una vez atravesaron la puerta pudieron ver que un pequeño grupo de personas los esperaban afuera. Una mujer, al verlos, se abalanzo sobre Arthur.
-Arthur!- se agarro al nombrado y empezó a llorar.
-Ma...mama! Ya tranquilízate mama.- dijo él mientras apartaba un poco a su madre para mirarla a los ojos.
-Hijo, hijo estas bien!
-Claro que si. No me ves?- y le dedico una de sus encantadoras sonrisas. En ese instante alguien grito- Cogedla, ella fue quien rapto al chico!- y de repente todos los que admiraban la escena se tiraron encima de Eva ferozmente.- Quieto todo el mundo, pero se puede saber que hacéis?- un hombre contesto- Ella es la bruja, ahora esta indefensa fuera de su mansión!- Arthur al ver que ya la tenían cogida y la arrastraban al centro de la multitud grito para todos- Ella no es ninguna bruja! Soltadla!- pero aún así nadie hizo caso de sus palabras y entre todos la arrastraron mientras ella gritaba su nombre.
-Tienen que parar esto- Arthur que ya se dirigía al centro de la multitud para buscar a Eva se vio impedido por su madre.- Mama se puede saber que haces? Apártate.
-No! Ella te rapto, debes dejarla marchar!
-Pero que dices? Ella no me rapto!- aparto a su madre y cuando ya corría hacía Eva su madre grito y tres hombres se le echaron encima para impedirle el paso. Lo último que vio fue a una multitud de hombres y mujeres arrastrando a Eva que con la cara bañada en lagrimas buscaba a Arthur entre la multitud que se había reunido para juzgarla.

Se despertó aturdido, le dolía la cabeza. Empezaba a recordarlo todo. Justo cuando corría hacía Eva alguien lo golpeo en la cabeza y se desmayo. Pudo comprobar que aunque fuese inmortal sentía todo el dolor físico al igual que una persona mortal. Se levanto de la cama en la que se encontraba. Era su habitación. Bajo las escaleras esperando encontrar a su madre en la cocina como siempre y pedirle explicaciones pero en la casa no había nadie. Solamente él. Salió a la calle y no vio ni una sola alma por ningún lado aunque el rumor que traía el viento le indicaba que los aldeanos se encontraban cerca. Caminó siguiendo el sonido de la multitud y al girar una esquina pudo ver la razón de que toda la aldea estuviera reunida en un mismo lugar. En el centro de toda esa multitud estaba Eva atada a un poste enorme con la cabeza caída hacía adelante. A cada lado de Eva había dos hombres con látigos para castigar a la presa. Con cada latigazo Eva dejaba escapar un grito desgarrador. De su vestido apenas quedaban algunos jirones ensangrentados, sujetados al cuerpo de la chica por las cuerdas que la ataban al poste. Por la posición en la que la habían atado al poste, de espaldas a la gente con las manos, los pies y la cintura atados, su espalda completamente desnuda estaba toda ensangrentada por las heridas. Arthur intento avanzar rápidamente a través de la gente aunque no lo suficientemente como para evitar que le propinaran unos cuantos golpes más. Una exclamación por parte del público hizo que Arthur levantara la cabeza para volver a observar Eva y se parara por un instante. Los hombres que la castigaban habían dejado a un lado los látigos y los habían substituido por unos cubos de madera. Al darse cuenta de lo que pretendían hacer Arthur corrió aún más para intentar evitarlo. Demasiado tarde, él se encontraba a mitad de camino de donde estaba Eva cuando los gritos de dolor de Eva inundaron la plaza. El agua salada que tiraban sobre sus heridas hacía que el dolor se multiplicara. Arthur acabó de recorrer la distancia que los separaba y subió a la tarima que permitía que todos pudieran observar el castigo.
-No! Basta ya! Por que la castigáis?
-Ella es la bruja!- exclamo uno de los torturadores.
-Quien lo dice? Alguien a sido embrujado por ella?
-Lo dicen los muertos y su rostro!- volvió a contestar el mismo hombre.
-Su rostro?
-Ella no envejece. A echo un pacto con el diablo! También te a embrujado a ti.
-Ella no me a embrujado necio. Yo fui voluntariamente con ella.
-Nadie creerá eso. Ella controla tus palabras!
-Lo creerán pues no fui embrujado sino enamorado! Soltadla inmediatamente- al ver que nadie se movía el mismo cogió uno de los cuchillos que llevaban atados al cinturón los torturadores y cortó las cuerdas que la mantenían atada al poste. Eva, aún consciente, se dejó caer sobre Arthur. A causa de la maldición no podía perder el conocimiento así que tenía que aguantar conscientemente todo el dolor inflingido.
-Detente!
-No te atrevas a barrarme el paso.- Los ojos de Arthur no admitían replica. Con Eva cargada sobre sus brazos atravesó toda la plaza sin que nadie se atreviese a barrarle el paso. Así Arthur, con Eva entre sus brazos, emprendió el camino de vuelta a la mansión pero no sin antes añadir:
-Quien vuelva a tocar a esta mujer si tendrá que vérselas con el demonio. - y tras decir esto emprendió el camino de vuelta a casa.
-Por que? Por que lo has hecho?
-No me pareció justo, además, tarde o temprano también se darían cuenta de mi cambió. Ahora no hables.
Pasaron varios días hasta que Eva pudo volver a levantarse de su cama. Arthur se había ocupado día y noche de ella y no la había dejado por nada en ningún momento. Había curado sus heridas y tal vez había aminorado las que moraban en su corazón. Un día en el que Eva había decidido salir de una vez por todas de la cama, aunque aún no se había recuperado del todo, y recoger algunas de las rosas que se amontonaban en su jardín Arthur decidió que podía dejarla a solas y por primera vez en muchas semanas había tenido tiempo para él y sus pensamientos. Durante las semanas que había durado la recuperación de Eva habían hablado mucho sobre muchos temas distintos, siempre evitando tocar el tema del fatídico día de los hechos. No habían vuelto a hablar sobre la posibilidad de volver a visitar la aldea. Pasaban largas horas discutiendo, pues casi siempre tenían opiniones opuestas, acerca de temas filosóficos y así Arthur pudo descubrir que en realidad Eva era una mujer realmente instruida, con una opinión propia y una inteligencia asombrosa. En una de estas conversaciones Arthur le pregunto de donde había conseguido toda la sabiduría de los viejos filósofos y ella le revelo la existencia de la biblioteca que había en la parte de la mansión que nunca visitaba. Era, posiblemente, la única fuente de sabiduría que existía en muchos kilómetros a la redonda pues se encontraban totalmente alejados de cualquier ciudad más o menos grande en la que encontrar tales libros. Arthur, que había aprendido todo lo que sabía de un viajero que había conocido tiempo atrás el que le proporciono algunos libros con los que ilustrarse, aprendió muchas cosas de Eva. Decidió que aprovecharía aquel momento en el que había dejado sola a Eva para explorar aquella parte de la mansión desconocida y buscar la pequeña biblioteca donde encontrar algunos de los libros de los que Eva había citado algunas partes. Su interés por imponerse a Eva en sus constantes discusiones venía por el simple echo de que para él y estaba seguro de que para ella todo aquello suponía una especie de juego en el que superarse el uno al otro.
El otro lado de la mansión era aún más sombrío del que conocía. No había ni una sola vela que iluminase los pasillos. Se preguntaba cuanto tiempo debía haber pasado desde la última vez que Eva pasó por allí. Al llegar al fondo del pasillo dedujo que la última puerta debía ser la de la biblioteca pues las otras estaban todas abiertas y mostraban salones abandonados y alcobas empolvadas. Cuando la abrió todo un mundo se presento delante suyo. Cuantas más velas encendía más se sorprendía. En ningún caso esa biblioteca podía ser tachada de pequeña o insignificante. La estancia que él había imaginado no se asemejaba en absoluto a lo que en realidad era. Arthur pasó la vista por toda la extensión de la habitación y pudo comprobar que allí había por lo menos mil libros de diferentes temas y épocas. Decidió buscar los libros que Eva le había mencionado y volver rápidamente a encontrarla para preguntarle como había conseguido todos esos libros, muchos de los cuales eran libros que la iglesia había prohibido hacía siglos y que había sepultado en archivos secretos o quemado simplemente.
Encontró a Eva sentada en un banco de piedra en un rincón apartado del jardín rodeada de rosas rojas y contemplando el cielo.
-Eva.
-Mmm...si?- ella lo miro fijamente con sus grandes ojos verdes.
-He visto la biblioteca. Puedo preguntart...
-De donde han salido tantos libros? Suponía que lo preguntarías una vez la hubieses visto.- él asintió- Pues bien, muchos de esos libros, habrás visto los libros "prohibidos" verdad?- él volvió a asentir.- bien, muchos de esos libros salieron de un antiguo monasterio que había años atrás en el centro del bosque y que por un incendió tuvimos que evacuar, mi familia y yo junto con los monjes que allí vivían, la extensa biblioteca que allí tenían, incluso la biblioteca secreta que escondía todos esos volúmenes prohibidos. Los trajimos aquí pero al final no quedó nadie que los reclamase así que pasaron a formar parte de esta casa.
-Como es que nadie los reclamo?
-No hubo supervivientes de aquel incendió. En el momento de la propagación muchos de ellos estaban durmiendo y las llamas se propagaron demasiado rápido como para que pudieran salvar su vida y los libros. Murieron todos intentando salvar su pequeño tesoro. Mi padre también murió en ese incendió. Los libros eran su pasión siempre decía que sin ellos no seríamos más que simples animales. Así que ya ves. Puedes consultarla siempre que lo desees.
-Gracias. De echo ya he cogido algunos volúmenes de los que me recomendaste.

Así, entre discusiones pasaron de ser simples desconocidos en una misma casa a ser buenos amigos hasta que un día los dos se dieron cuenta de que la amistad había quedado relegada tiempo atrás para ser substituida por un amor sincero. Toda esta historia hubiese sido un amor legendario y eterno el cual muchos otros envidiarían y verían como una bendición si no fuese por que Eva, en su interior, guardaba una última pena de la que Arthur no la había podido liberar. La culpabilidad que sentía por haber condenado a la persona que más amaba en el mundo a la suerte más horrible de todas. Y es que esta historia es una historia de sentimientos encontrados, opuestos entre ellos, que nunca podrían dar como resultado felicidad.
Eva huyo de la mansión para desparecer por siempre pues la culpa que sentía al ver a Arthur cada día de su eternidad la mortificaba de tal manera que decidió el camino más fácil y a la vez el más doloroso, la completa y total soledad vagando por el mundo y el deseo de que Arthur pudiese olvidarla algún día. Esto, sin embargo, no acaba aquí sino que continuara por siempre mientras que Arthur siga buscando a su amante perdida. Estas líneas no son un final sino el principio de la aventura de ambos. Así pues, nos veremos en el final.







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2023-02-27

 

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