James Potter y Lily Evans, segun V.W - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Sus ojos grises miraban a través de la ventana de la habitación que compartían los merodeadores, con un dejo de melancolía en su mirada, veía los blancos copos de nieve caer sobre los terrenos de Hogwarts, el Colegio de Magia y Hechicería al que asistía. Hacía cerca de cuatro meses que había dejado la casa de sus padres para vivir con su mejor amigo



- ¡Canuto!- irrumpió James Potter, con una voz jovial, era un joven de tes morena y cabello oscuro alborotado. Había aparecido en la habitación con una bolsa en una mano y una brillante sonrisa estampada en su rostro.


- ¿Qué traes allí Cornamenta?- preguntó inquisitivamente Sirius Black.


- La pelirroja Evans me tiene como loco, creo
que estoy enamorado- dijo haciendo oídos sordos a las palabras de su amigo.


Al instante entró un joven de cabello castaño y ojos fieros tan alto como el que lo había precedido acompañado de otro más pequeño en comparación a los demás y de aspecto de rata. El primero parecía furioso, dejó a un lado su bolsa de chascos de Zonco y se sentó en un sillón.


- Está furiosa James, ahora dime ¿qué te ha llevado a eso? Ella no es como las demás



- ¿Cómo las demás? Lo se Lunático



- Parece que no



- ¿Qué? ¿La quieres para ti? Te la dejo- no se habían gritado pero había una rabia evidente en cada una de sus palabras.


- Me gusta, si, pero no pondría en juego mi amistad por una chica, aunque esa chica fuese Lily Evans, además le gustas tu.


- Aguarden un momento- dijo con asombro Sirius mientras se recostaba en su cama- ¿Qué me he perdido? Cuenta todo hermanito, vamos Cornamenta, quiero saber cada detalle.- El de ojos grises parecía divertido.


James le dirigió una mirada a Lupin y se tiró a otro sillón. El ulular de la lechuza Fiks parecía un lamento en aquel incómodo silencio. Peter, el de cara de rata, echaba un vistazo emocionado, mostrando sus amarillos dientes de castor.


- ¡¿Qué miras Colagusano?! ¡Vete de aquí!- gritó con enfado Sirius mientras le arrojaba un almohadón al otro, quien se escabullía al exterior.- Esa rata me trae mala espina.


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- La amo- había dicho un tiempo después aquel a quien llamaban Cornamenta.- pero ella no quiere estar conmigo. La besé en la mejilla y ella me dio una bofetada.


- ¿Y tu la dejaste? Yo que tu le hubiera arrojado una m
-se detuvo había visto el cansancio en el rostro de su amigo- oye, mira, este sábado salimos con las gemelas McKensie, nos divertiremos y te olvidarás de Evans, esa pelirroja con esos aires
chiquilla mimada de mamá.


- A eso es a lo que me refería- exclamó Lupin a su vez que ojeaba un libro con cierta suficiencia.


- No quiero.


- ¿Qué no quieres? Esto debe de ser grave.


- La quiero a ella.


Sirius se detuvo a pensar un instante, le debía unas tantas a su amigo y vio que esta era su oportunidad.


- De acuerdo- dijo muy a su pesar- Te ayudaremos ¿no es así Remus?


El otro levantó su cabeza, asintió y agregó.


- Pero si la lastimas te las verás conmigo.


- No saldrás de la escuela sin Evans en tus brazos hermano, te lo aseguro- terminó Sirius.


Ya estaba anocheciendo. En el Gran Salón se hallaban todos cenando y Lily en un extremo de la larga mesa de Gryffindor parecía arrojarle disimuladas miradas a James que estaba a unos cuantos lugares de donde ella se hallaba. Cuando él le devolvía la mirada, ella se distraía observando el oscuro cielo con estrellas del castillo o hablando con su amiga Mary.


- ¿Qué miras Potter?- exclamó en cierta ocasión ella, irritada corriendo el cabello de sus hombros con elegancia.


James la miraba embobado.


-El ogro que esta a tus espaldas muñeca- exclamó Sirius por su amigo.- Cambia tu carácter preciosa, así no conseguirás novio.


- Oh! Eres un maldito engreído Black, ¿y qué? ¿Ahora tu amigo no puede hablar que tu tienes que decir estupideces por él? Ya, vamonos Mary



- ¡Mary! ¿Nos vemos este sábado linda?- la muchacha lo miró por el rabillo del ojo con el ceño fruncido mientras abandonaba el Gran Salón- ¡Yo sabía que me querías!


- ¿Así piensas conquistar a Lily?- dijo una vez en su habitación Lupin. James parecía preocupado mientras se colocaba su pijama.


- La tienes como loco amigo- exclamó a su vez Sirius mientras se entretenía en jugar con su varita arrojando chispas azules al techo.- A mi me cree un engreído y a ti un estúpido, creo que vamos por buen camino.


Esa noche James se durmió muy tarde, debía cambiar, la quería y no pensaba perderla. Faltaba poco para que terminara su 6º curso y no lo había conseguido, se estaba exasperando y por momentos pensaba rendirse pero luego recordaba sus bellos ojos verdes y se sentía capaz de todo, se sentía el hombre más valeroso, inteligente, el más atractivo y afortunado del mundo. Hubo un intento fallido de llamar su atención, una tarde junto al lago Sirius se había transformado en un hermoso perro negro, supuestamente su dueño era James pero todo fue un desastre porque cuando Lily se acerco a él y al moreno observó la corbata en el cuello del can y con algo de ironía en su voz dijo: No pensé que creyeras que soy una imbécil Potter, adiós, y se fue pisando fuerte rumbo al castillo.


Pese a esto su actitud los meses siguientes, fue cambiando, se había vuelto más estudioso y menos rebelde, aunque una travesura de vez en cuando no le hacía mal a nadie y en especial cuando el punto de sus bromas era Quejicus. Se pasaba gran parte del tiempo en la biblioteca esperando verla, había cambiado, se había vuelto más comprensivo y humilde. Lily lo había notado pero tenía miedo, temía que todo lo que ella veía fuera una mala jugada de sus sentidos. Terminó el año y cuando subían al expreso de Hogwarts para volver a sus hogares, James sintió en su garganta el amargo sabor de la derrota. Con la cabeza gacha subía los peldaños del tren cuando una dulce voz lo despertó de su letargo.


-¡Oye, James!- No podía creerlo, se detuvo en seco y vio allí, no muy lejos de él, iluminada por la luz de aquel sol de un día de primavera a Lily Evans, vestida con una camisa rosa, una pollera gris y un suéter de hilo, pero el mejor complemento que tenía según James era la bella sonrisa que le dirigía.


- Buena suerte amigo- dijo con alegría Sirius mientras subía a la locomotora.


- Trátala bien- exclamó Lupin siguiendo al otro al interior.


- ¿Qué hicieron?- preguntó Cornamenta.


- Solo le dimos el empujón que faltaba- respondió Remus.


James corrió en dirección a Lily.


- Hola- espetó él como si recién la acabara de conocer.


- Hola- dijo ella con timidez- ¿Quieres sentarte a mi lado? Quisiera hablar contigo.


- Claro Lily- era la primera vez que decía su nombre y se sentía muy bien. Entraron al compartimiento y estuvieron conversando un largo rato hasta llegar a la estación de King´s Cross. James hubiera deseado quedarse allí, junto a ella hasta comenzar el próximo año, detener aquel maravilloso tiempo. Pero sin embargo, ambos corazones sabían que aquello no terminaba allí, que eso solo era un comienzo.


Habían pasado unas cuantas semanas desde aquel fin de curso inolvidable, desde aquella despedida en la estación King´s Cross todo había cambiado. Es difícil decir quien de los dos fue quien dio el primer paso, el paso que los tendría juntos hasta su muerte, solo sucedió, James Potter y Lily Evans eran novios. Ambos se profesaban un amor mutuo, se querían y respetaban. En uno de esos días de vacaciones James había visitado a Lily. Fue bien recibido por sus padres, pero Petunia (la desagradable hermana de Lily) y Vernon, su pareja, lo habían ignorado y a cada instante le arrojaban miradas de odio y comentarios ofensivos por lo bajo.

Esa tarde se hallaban en el parque de la inmensa mansión Potter. Los padres de James, Charlus y Dorea Potter, adoraban a su joven nuera porque ella había encaminado al rebelde de su hijo. El sol pegaba de lleno en el rostro de la chica, su novio se entretenía en acariciar su hermoso cabello.

- Quisiera pedirte perdón Lily- espetó de repente James mientras se movía incómodo en el cálido césped.

- ¿Por qué James? Yo
ya me olvidé de todo, no quiero pensar en eso, solo en nuestro presente y futuro juntos- y besó los labios de su amor, con profunda ternura.

El 1º de septiembre había llegado con rapidez. James y Lily se hallaban en la estación tomados de la mano, él lucía en su pecho la bella insignia de PREMIO ANUAL al igual que ella. Sirius se encontraba no muy lejos de allí. Estaba más alto y mucho más apuesto (si eso era posible); su oscuro cabello caía sobre sus hombros y su mirada era de misterio. Se hallaba coqueteando con una muchacha de Ravenclaw, era su 5ª chica en menos de dos meses. Era bonita, algo que nadie podía negar, pero de pocas luces, según Lily. Remus recién había pisado el andén 9 ¾ con una pequeña maleta en su mano y una lechuza en la otra. Su aspecto era el de un hombre joven con algunas cicatrices, que había envejecido mucho en un corto tiempo.

- ¡Lily, James!- había gritado al verlos para luego correr hacia ellos cansinamente.

- ¡Remus!- dijo ella con alegría al darle un fuerte abrazo.

- ¡Lunático, amigo!- exclamó James a su vez que le daba un buen apretón de manos.

- ¿Cómo están?... por lo que veo muy bien- espetó enfatizando las dos últimas palabras y con una sonrisa cómplice. - ¿Y Canuto?

- Por allí, buscando algún hueso que roer.- Lily le propinó un codazo en señal de reprobación.

- ¡Qué bruto!- le dijo en un susurro- Está charlando con su nueva novia.

Ya el tren había comenzado a despedir aquel denso humo que indicaba la partida.

- Nuestro último año, el último año que nos subimos al expreso de Hogwarts
- había comenzado a decir Lily- ¿no estás emocionado James?- terminó por señalar mientras observaba nostálgica los ojos de su amado. El besó su mejilla, ya estaba todo dicho, James la tomó por un hombro y la ayudó a subir a la locomotora que los llevaría a aquella escuela de Magia y Hechicería por última vez.

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Los meses siguientes en Hogwarts habían pasado sin ningún sobresalto, eso sí, se estaba comentando que un gran peligro rondaba el mundo mágico, sin embargo no se había trascendido mucho más. James y Sirius no se hallaban muy preocupados pero Lily y Remus se hallaban notablemente interesados.

- Señorita Evans- dijo en cierta ocasión con su voz rubicunda el profesor de Pociones, Slughorn.

- Sí, profesor.

- La felicito sinceramente por aquella maravillosa poción, los gusarapos de corea desaparecerán de una vez, la profesora de herbología estará muy agradecida. Ah! Otra cosita
el director quiere verla en su despacho.

- ¿En su despacho? ¿Y qué hice ahora?

- No se - dijo mientras abandonaba la sala rozagante.

La joven se dirigió hacia la oficina del Director, Albus Dumbledore, con paso raudo y temeroso. Se detuvo ante la inmensa estatua:

- flores de caramelo- dijo la contraseña con voz clara y potente.

Una vez, frente a la puerta la golpeó con suavidad.

- Pase señorita Evans- espetó un hombre con delicadeza.

Lily entró y se encontró con Remus Lupin, de pie.

- Por favor tomen asiento- exclamó Dumbledore, el anciano de barba larga y de aspecto de típico hechicero.

- Quisiera hacerles una propuesta, como ustedes bien sabrán hay un mago que está atormentando el mundo mágico y porque no, también el de los mugles
¿quieren un poco de licuado de frutas?- dijo de repente a lo que los jóvenes respondieron negativamente con un seña de las manos.- Bien, siento que no puedo informarlos más sobre este asunto de lo que ya ustedes saben, sin embargo he tenido la intención de combatir con estas fuerzas oscuras, y por este motivo he creado una especie de grupo de rebeldes, que tienen ideales por los que vale la pena luchar, que representan a aquellos que no saben hacerse oír. En él están aquellos que se destacan en alguna habilidad mágica o física o que simplemente están interesados en el tema y no les interesa dar su propia vida por otros- los ojos del anciano se hallaban ligeramente brillosos tras aquellos anteojos de medialuna.- Su nombre es la ORDEN DEL FENIX.

Pese a que les había costado asimilar la cuestión en un principio, aceptaron aquella propuesta con sinceridad. Lily se hallaba muy involucrada en el tema, y aquello era notorio para James y Sirius. Ambos se sintieron algo excluidos del asunto por lo que los dos fueron a la semana siguiente a hablar con Dumbledore. El los aceptó con gusto, sabía que tarde o temprano ellos irían a verlo. A medida que pasaba el tiempo y se acercaba el fin de curso, James Potter se encontraba más participe de todo lo que incluía a Lord Voldemort, al igual que Sirius, el cual se veía más maduro, más responsable.

Aquel año, el 7º curso, llegó rápidamente a su fin. Lily más tarde hizo una breve parada en su hogar a ver a su madre enferma, se despidió de ella y de su padre, Harry, con un gran pesar en su corazón, y así se marchó hacia el lugar donde residía la Orden, lugar en el que James le tenía una gran sorpresa.

Lily había irrumpido en aquella gran sala que servía como punto de reunión de los miembros de la Orden. Allí, sentados se hallaban James y Sirius, bebiendo un poco de algo que parecía ser café y leyendo cada uno su ejemplar de El Profeta.





- ¿Nada nuevo?- Preguntó Lily mientras ocupaba un lugar junto a su novio.





- Parece que el Maldito se las está ingeniando- dijo Sirius mientras se ponía de pie, dejaba el periódico a un lado con furia y se alejaba de allí con su taza en una mano y murmurando por lo bajo.





- Esta muy involucrado en el tema, está más irritado que perro con rabia.- exclamó James mientras se revolvía su cabello y miraba los ojos color esmeralda de Lily- yo
y no quiero que te enojes por lo que voy a decirte
acepto que viajes casi siempre por una que otra misión que Dumbledore te designa porque yo también lo hago pero, siento que esto no puede seguir así. Me gustaría estar a tu lado para protegerte, es mi deber.





- Yo puedo cuidarme sola James, te lo agradezco.- espetó Lily a su vez que corría su rostro y desdoblaba el diario que había dejado Sirius hacia unos momentos.





No volvieron a hablarse durante toda aquella mañana.





- ¿Qué le ocurre a esa?- preguntó Emmeline Vance al ver a Lily sola en el jardín de aquel lugar. Hacía días que adoptaba la misma actitud, se perdía la mayoría de las reuniones de la Orden, y solo cruzaba algunas palabras con James.





- Cometiste una estupidez amigo.





- ¿Por qué?- exclamó James a Sirius una noche luego de cenar.





- Sabes como es la pelirroja y tú le pones límites






- Pero yo
la quiero proteger.





- Ella no lo ve así, es especial, que se yo, yo no podría soportarla ni medio día, es buena pero no es mi tipo.- decía mientras se balanceaba en la silla, con la mirada en el techo y los brazos cruzados detrás de su cabeza.- Además está contigo- dijo para rematar.





- ¿Qué debo hacer?- dijo desesperado luego de arrojarle en la cabeza a su amigo lo primero que tenía en mano.





- Cásate con ella.





- ¿Qué me case?





- Sí, a mi las bodas no me van, pero tu y ella
puede funcionar.- se dijo convencido.





- Lo pensé un par de veces Canuto, pero puede que diga que no.





- Va a decir que si, si
¿te conté que estoy saliendo con Anna Wenner?, la chica está un poco loca pero es bonita.





Aquella noche y la siguiente James no pudo conciliar el sueño, pensaba en las palabras de su amigo Cásate con ella, por algún motivo dudaba en pedirle matrimonio, la amaba y sabía que quería pasar el resto de su vida con ella, pero algo le daba mala espina. Una mañana el sol pegaba de lleno, hacía calor y las flores del pequeño jardín del cuartel se hallaban todas abiertas y despidiendo un fuerte aroma. Lily se hallaba allí como acostumbraba hacer, sola y practicando hechizos, aburrida contra un tronco.





- ¿Puedo acompañarte?- exclamó con suavidad James, ella sin inmutarse se movió un poco y lo dejó sentar a su lado.





- ¿Qué haces?- le preguntó al ver que incendiaba el tronco, que lo apagaba, que lo volvía azul, que le hacia crecer pelos, por un momento hasta creyó verle patas...





- Nada.- le respondió sin mirarlo.





- Lily
- había comenzado a decir James.





- ¿Sí?





- ¿Te quieres casar conmigo?





La joven se detuvo, dejó de maltratar al tronco, y no dijo ni una palabra por unos interminables segundos.





- ¿Y?- preguntó James algo confundido y ansioso. Por su rostro parecía que le diría que NO, lo sabía, no debía hacerle caso a Sirius, ¿desde cuando sabía de romanticismo?, bueno, seguiría con su vida y ella con la suya, tal vez ella se casaría con Quejicus, y tendrían pequeños niños todos iguales al padre; un pequeño ejército de mocosos de caras largas y cabello negro grasoso, una terrible imagen se le apareció en la cabeza a James, se estremeció. Ella volteó la cabeza hacia él, y aquel movimiento lo despertó de su horrible pesadilla. Sus ojos se hallaban bañados en lágrimas, nunca había visto a Lily así.





- Claro que acepto- dijo al momento en que se arrojaba a los brazos de su ahora prometido.





- Perdón- decía James- no debí desconfiar de ti, eres una gran hechicera, mejor que yo.





Ella lo vio enamorada.





- Sí tienes razón- exclamó con una sonrisa- pero te agradezco porque tú siempre estuviste, estás y estarás ahí para cuidarme, te amo.





A la mañana siguiente la noticia corrió con velocidad dentro del cuartel, Dumbledore se hallaba presente, incluidos Frank y Alice Longbottom, Remus, Pettigrew y Sirius, además de otros tantos miembros de la Orden. Aquello fue una fiesta que duró lo que un suspiro.





- Prepárate para la despedida de soltero- dijo Sirius burlonamente.





- El no irá- espetó Lily con rotundidad.





Mientras todos disfrutaban de aquella reunión, bebían, comían y conversaban alegremente, Colagusano que miraba toda aquella situación de reojo, emitió una especie de ronquido y se escabulló del lugar ligero.





- ¿y ahora que bicho le picó a esa rata?- exclamó Sirius.





La boda fue en un día lluvioso, habían ido solo algunos magos y hechiceras porque por el gran temporal estaba prohibido volar, y los que habían ido era porque se habían aparecido en el lugar. La familia de Lily se hallaba ausente, lo que había llenado de profunda tristeza a la joven. Su madre estaba enferma y su padre estaba día y noche velando por la salud de su mujer, por su parte, su hermana Petunia jamás se hubiese presentado en aquel sitio.





- ¿A qué no soy el padrino más atractivo?- exclamó Sirius con galantería a Lily antes de acompañarla a caminar hacia el altar. Estaba vestido con un esmoquin azul marino y tenía los primeros botones de su camisa desprendidos al igual que su chaqueta. Además llevaba el cabello más corto y se había afeitado.





- Estás muy bien Sirius.





- Gracias princesa, y tú estas hermosa, mi hermano se ha llevado un gran tesoro.





- Gracias
¿Vamos?- dijo tendiéndole un brazo.





- Vamos.





Así comenzó aquella inolvidable boda. James aguardaba de pie milagrosamente, porque parecía que le temblaban las piernas y que en cualquier momento se iba a desmayar. Lupin lo custodiaba desde atrás, cuidando que los nervios no le jugarán una mala pasada. Al verla entrar, James sintió latir su corazón con vehemencia, su pulso se había elevado a cifras inimaginables. Luego de tantos años de pelea y de odio, estaba allí, vestida como un ángel, para él, se amaban y eso nadie podría cambiarlo. Al cesar la lluvia, e iluminarse el cielo con chispas azules y rojas que despedían cientos de varitas, James y Lily eran marido y mujer.











Habían pasado 2 largos meses desde la boda de Lily y James, corría el año 1979. Durante aquel tiempo La Orden se había enfrentado a los mortífagos de Voldemort e inclusive habían llegado a luchar contra él en por los menos 2 ocasiones. Ahora James se recuperaba en el hospital San Mungo de magos, de una fuerte herida en su cabeza y brazo luego de haber caído de su escoba cuando uno de los mortífagos le había arrojado una maldición imperdonable que había pegado en su escoba y la había hecho casi añicos. Sirius voló hacía él con la velocidad de un rayo y desarmó al mortífago, quien parecía ser muy joven, Sirius lo había encontrado extrañamente familiar, para luego comentar que no le hubiera extrañado que el enmascarado fuese su hermano menor. El joven tomó a su amigo con mucho cuidado y voló hacía el hospital, James sangraba por su brazo y frente, Lily los había acompañado, sentía su corazón oprimido y lloró mucho aquella noche. Alice Longbottom estuvo junto a ella aquella vez, ambas se habían hecho muy amigas, eran jóvenes y se había casado casi al mismo tiempo, compartían y compartirían muchas cosas, más de las que se podían imaginar. A la mañana siguiente luego de hacerle una breve visita a James, Dumbledore partió casi de improviso hacia Cabeza de Puerco para entrevistar a una nueva profesora según Remus. Había llegado al lugar, el sitio parecía repugnante y aun cuando no había entrado se podía percibir un cierto olor a perro mojado, las ventanas se hallaban extremadamente sucias por lo que apenas llegaba al exterior una tenue luz de las velas que iluminaban el interior. Dumbledore entró cansinamente.



Mientras tanto Lily se hallaba en el lugar que servía de cuartel general a La Orden leyendo, aunque su cabeza no estaba en las líneas que sus ojos estaban repasando una y otra vez, no. Había algo más, Sirius entró a la sala algo molesto y a al ver a Lily se sobresaltó, estaba recostada en un sillón dándole la espalda y parecía que lloraba, no se había percatado de su presencia.



- Lily- espetó Sirius casi en un susurro.



La joven giró su cabeza perezosamente, tenía los ojos hinchados y brillosos.



- ¿Qué ocurre Sirius?- preguntó a la vez que tomaba asiento.



- ¿Estás bien?



- Sí
no, en realidad no.



- Cornamenta es fuerte va a salir de esta.



- Ya lo se, no es por eso.



- ¿Y entonces? ¿Qué te tiene mal muñeca?- Sirius no servía para consolar a una mujer pese a esto al verla débil en su lugar, él se aproximó y se sentó junto a ella.



- No se lo digas a James- dijo con aquella voz suya tan particular, que le hacía recordar al joven sus años en Hogwarts.



- Depende de lo que sea, sabes que James es como un hermano, es mi hermano, y no nos ocultamos nada entre nosotros- eso no era lo que Lily quería oír y algo ofendida se puso de pie dispuesta a marcharse.



- Ya lo suponía.



- No espera, está bien no le diré nada.



Lily regresó al escuchar estas palabras. Sirius la miró a los verdes ojos, se hallaban tristes y pese a esto parecían sonreírle.



- Estoy embarazada- exclamó rápidamente.



Sirius no supo como reaccionar de momento. ¿Su amigo, padre? Eso tendría que verlo.



- ¡Te felicito!- dijo mientras la abrazaba fuertemente, con una enorme sonrisa estampada en su rostro. Al concluir el abrazo el muchacho vio que la joven no estaba igual de alegre que él.



-¿No estás feliz?- preguntó Sirius.



- Oh
claro que lo estoy, pero
tengo miedo.



- Todo saldrá bien- exclamó él con su optimismo característico.



- No lo se
ya ves lo que le pasó a James además yo no quiero dejar de luchar
no se, no se.



- Pero tarde o temprano lo sabrá.



- Ya lo se, pero te pido que lo mantengas en secreto por una semana más, porque cuando el lo sepa no me dejará hacer nada, sabes como es.



- De acuerdo- exclamó como sin otro remedio.- ¿Y qué nombre le pondrás?



- Si es niña supongo que Becky o Louise.



- Uhhh...- y recordó una novia suya, Becky Winhouse, de cabello sucio y algo chiflada, todavía no podía creer que hubiese salido con ella.



- Y si es niño creo que Harry como mi padre.



- Harry Potter... suena bien; prométeme que seré su padrino...- decía con un brazo cruzando la espalda de Lily mientras abandonaban la sala.



- Claro Sirius. ¡Oye!... al final no resultaste ser tan engreído y tonto como yo pensaba- decía entre risas.



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Ya muy tarde Dumbledore regresó a Hogwarts algo preocupado y meditabundo. Se sentía como si un Billywig lo hubiese picado, se hallaba mareado y levitando en sus pensamientos.



Unos días después James abandonó el hospital San Mungo y Alice Longbottom supo que estaba embarazada. Una vez en el cuartel general supieron que los mortífagos con Voldemort a la cabeza estaban atacando el Callejón Diagon y La Orden salió a defender al mundo mágico. Fue la tercera vez que Lily y James se enfrentaron al Señor Oscuro, como solían llamarlo sus seguidores, y milagrosamente habían logrado escapar. Esto provocó en Dumbledore un leve estremecimiento, y si
no, no podía ser cierto. Aunque por unos días creyó que Alice y Frank Longbottom estaban en la mira de Voldemort y los protegió, ahora estaba preocupado por los Potter al enterarse que la joven también estaba esperando un hijo. La reacción de James fue de alegría como era de esperar aunque cuando su esposa le informó de su estado al instante, él se desmayó. Remus siempre andaba haciendo bromas con Sirius sobre el padre que James llegaría a ser en el caso de que Lily estuviese esperando una niña, aunque ambos sabían que su amigo sería un gran padre les gustaban verlo enojado y algo asustado.



Pasaron cuatro meses en el Cuartel de la Orden, Lily no pudo salir de allí, no la dejaban salir, en especial James temiendo que la joven cometiese alguna locura enfrentándose a alguna amenaza, solo lo hizo en una ocasión ante el fallecimiento de su padre. Su madre ya había muerto y sentía que ya nada le quedaba en ese mundo para seguir visitándolo, pues su hermana Petunia con su marido Vernon Dursley y un hijo en camino parecía detestar a su hermana menor y a James, y pese a que Lily la seguía queriendo evitaba hacer mención de ella o visitarla en su hogar para impedir cualquier discusión o conflicto familiar. Prefería que las cosas siguieran así, como de costumbre. Petunia sin embargo, le enviaba algunas cartas de vez en cuando y algunos obsequios, pequeños pero significativos, decía Lily con una sonrisa.



Ya corría el séptimo mes de embarazo, los Longbottom viajaron a visitar a la madre de Frank, y a buscar una casa para vivir. James sintió la necesidad también de visitar a su madre, Dorea, que se hallaba convaleciente en una cama del hospital, quería que viera a Lily embarazada y que por lo menos sintiera a su nieto también. Pero la mujer falleció una triste noche de primavera, Sirius y James, como dos hermanos viajaron a despedirla. A darle el último adiós.



De aquella fecha al nacimiento del bebé el tiempo pasó lento y duro.



Transcurría Julio y el hijo de James y Lily no se dignaba a nacer.



- Me parece que se quiere a quedar a vivir ahí, lo comprendo... pisar este mundo de porquería debe de ser molesto.- dijo Sirius en una ocasión mientras observaba el vientre de Lily



Un 30 de Julio nació el hijo de Alice y Frank, un niño, Neville. Dumbledore, Sirius, Remus y Lily con su inmensa barriga habían ido a conocerlo. James se había quedado en el cuartel, Pettigrew también estaba allí haciendo guardia junto con los hermanos Prewett y Emmeline Vance. James se hallaba pensando en lo que de ahí en más podría llegar a ocurrir si ellos seguían en La Orden con un hijo, querría verlo crecer, reír, querría enseñarle a volar con su escoba, a hablar con las chicas si era niño y si era niña a cuidarla de los chicos. Querría verlo disfrutar de su infancia y adolescencia, de sus años en Hogwarts, porque de seguro iría allí, en aquel lugar él pasó los mejores años de su vida y conoció a su único amor, verlo ya mayor, casado y con hijos. Pero tal vez no podría. Tenía tantas cosas que vivir y ver vivir




Sumergido en sus pensamientos, se quedó dormido. Creía que habían pasado solo unos minutos cuando la voz de Colagusano lo despertó de sus sueños.



- JAMESS, JAMESS




- ¿Qué quieres?- exclamó mientras se desperezaba.



- Lily.



- ¿Qué ocurrió con ella?- dijo de repente, el nombre de ella lo había despertado finalmente y había tomado fuertemente con ambas manos los pequeños hombros de Colagusano.



- Ella tuvo el bebé




James al escuchar estas palabras comenzó a saltar de alegría, saltaba en el sillón como un desaforado, y se arrojó a abrazar con firmeza a Pettigrew.



- Estoy feliz Peter, soy el hombre más feliz del mundo, ¡Soy padre! ¿Ella está bien? ¿Y el bebé? ¡Dios no puedo creerlo! ¡Soy padre!- y reía y cantaba y tomaba de un brazo a Pettigrew para que saltara con él- Vamos acompáñame a conocerlo.



- No puedo, iré después.



- Vamos Peter, un minuto y luego te vas. Quiero que todo el mundo conozca a mi hijo.



Casi toda la Orden estaba presente aquella mañana del 31 de Julio, el inmenso y de gran corazón, Hagrid, Black y Lupin a ambos lados de la cama en la que Lily descansaba, Dumbledore, Marlene Mckinnon y los Prewett. Al entrar en la habitación James se encontró con esta peculiar estampa, Hagrid corrió (correr es una manera de decir), y lo abrazo tan fuerte que lo levantó por el aire.



- Ya Hagriddd, pog favog...- decía casi sin aire.



- Te felicito amigo- decía el gran hombre entre hipos porque estaba llorando.



-Gracias Hagrid-dijo cuando pudo desprenderse de él.

Sirius se le aproximó le tendió una mano y le palmeó la espalda al igual que Lupin. Ambos tenían una gran sonrisa en ellos, hacía bastante tiempo que no reinaba alegría semejante. Luego de saludar a todos lo presentes pudo finalmente llegar a Lily, la cual parecía no haber dado a luz, estaba muy tranquila y más bella que nunca, según James. En sus brazos sostenía a una pequeña criatura cubierta de mantas blancas que apenas le dejaban ver su carita. James besó a Lily y vio a su hijo.



- Es




- Un niño- dijo Lily casi en un murmullo para no despertar al infante.- Harry James Potter.



- Me gusta ese nombre- dijo él con una media sonrisa.



- ¿Quieres cargarlo?



- No se
tengo mie
- pero antes de concluir esa palabra ya lo tenía contra su pecho. Los presentes abandonaron la habitación y los dejaron solos para que disfrutaran de su pequeño.



- Tiene tus ojos- había dicho James mientras hamacaba al niño en sus brazos.



Había pasado mes y medio del nacimiento del pequeño hijo de James y Lily: Harry. El niño era regordete y casi no tenía pelo, solo una pelusita oscura que le cubría su cabecita. Tenía unos grandes y bellos ojos verdes esmeraldas como los de su madre, la cual se hallaba con el en brazos a la sombra del alto árbol del jardín del cuartel. Estaba durmiendo mientras la joven Lily le observaba sus manitas con un dejo de melancolía en su rostro, amaba a su hijo con todo su ser y sabía que era capaz de todo por él. De repente irrumpió James seguido de Sirius, quien parecía que recién hubiese dejado la cama. Estaba barbudo y con su cabello oscuro un poco más largo, hacía unos días se había comprado la motocicleta de sus sueños, y hacía días también que estaba encerrado en el cuartel implicado en la investigación de una serie de desapariciones que se estaban sucediendo. Edgar Bones y su familia habían sido asesinados, al igual que los hermanos Prewett, ambos habían muerto en batalla. Los decesos se habían dado tan seguido que el valeroso y guapo de Sirius Black sentía algo de miedo y preocupación, estaba en alerta permanente ante cualquier novedad. Temía que el siguiente fuera él, o peor aún, alguno de sus amigos.




- Es igual a ti James pero tiene los ojos de Lily- había dicho mientras tomaba asiento en el tronco caído de aquella vez, con una voz áspera y profunda, mientras se rascaba la barbilla.




- Hocicos queremos que seas el padrino de Harry.- espetó de una vez James mientras cargaba a su hijo.




- Oh
yo no
me encantaría serlo, pero ultimamente...




- Por favor Sirius, los tiempos andan difíciles y queremos que te hagas cargo de Harry si a nosotros nos ocurre algo.- continuó Lily mientras se ponía de pie y se aproximaba a Sirius, el hombre se hallaba sorprendido ante la mirada de Lily, había miedo en sus ojos.




- De acuerdo. Esta bien, yo seré el padrino de Harry.




- Genial, gracias Canuto- decía Lily mientras le daba un fuerte abrazo.




- Gracias amigo- decía James mientras le tendía una mano al joven.




- Si





- ¿Quieres cargarlo?- le preguntó Lily.




- De acuerdo.




Una vez en sus brazos Sirius sintió algo en su corazón que no había sentido nunca antes. Sintió en él algo parecido al amor de un padre, un vínculo especial.




Esa misma noche la Orden se hallaba tan involucrada en los asuntos que atañían a Voldemort y a sus mortífagos que Lily y James no quisieron molestarlos. Con Sirius en el jardín, solo ellos cuatro, es decir con el pequeño Harry, le hicieron jurar protección eterna hasta el momento de su muerte hacia el niño. Black se había afeitado y se había cortado un poco su cabello, lo que lo hacía ver más guapo que nunca, se parecía mucho al joven de Hogwarts, pero algo había cambiado en él. Lily se aproximó con su cámara mágica y le tomó una foto con Harry en sus brazos.




Unos pocos días después Dumbledore citó a James y Lily, debía contarles algo muy importante por su rostro, nunca lo habían visto así.




- James, Lily, Voldemort anda tras vosotros. - dijo velozmente.




- ¿A qué te refieres Dumbledore?- preguntó Lily mientras le llevaba un chupete a la boca de su hijo.




- Deben esconderse, sus vidas y la de vuestro hijo corre peligro.




- ¿Qué haremos Dumbledore?- inquirió James




- Debéis ser rápidos, yo conozco una serie de lugares que podíais habitar sin que os descubran.




- ¿Debemos dejar la Orden?- preguntó James algo desorientado.




- Solo por un tiempo hasta que pase el peligro.




- De acuerdo, haremos lo que nos digas Dumbledore, confiamos en ti por eso no debemos temer.- exclamó Lily con seguridad mirando con lágrimas en su mirada los ojos del Director de Hogwarts.




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Decidieron esconderse en el Valle de Godric, como ya muchos de ustedes saben, con ayuda de Dumbledore eligieron a Sirius como su Guardián Secreto, él estaría bajo el encantamiento Fidelius y solo podría decirles su secreto a quienes él confiara. Sin embargo Sirius se negó, no quería ser su guardián, tenía miedo de no ser muy confiable, que Voldemort utilizará algún hechizo para persuadirlo y al ser él muy débil de mente como creía serlo, traicionar a sus amigos. No, él no sería el Guardián Secreto de los Potter, por eso eligió a Pettigrew para que lo suplantara, ¿Quién sospecharía de Colagusano, el tonto, el de pocas luces de Pettigrew? Casi todos lo de la Orden creían que Sirius era el protector del secreto de James y Lily, lo que le daría un gran dolor de cabeza en el futuro.




Habían llegado al Valle de Godric, un lugar hermoso, si es que los hay, muchos árboles, un inmenso páramo, había algunas pequeñas casas, un bar, una iglesia, un cementerio
Llegaron en carreta allí liderada por James, los tres pasaron por una casa en cuya puerta se hallaba un viejecita de apariencia adorable y más allá el hogar que habitarían ya muy próxima al campo abierto. Era pequeña pero acogedora según Lily, con un cierto aire de apariencia familiar. Allí pasaron los mejores meses de su vida, su vecina, la anciana Bathilda Bagshot, era una mujer ya entrada en años, muy tierna y que parecía saber mucho de Dumbledore, siempre o casi siempre salía a visitar a los Potter, y al pequeño y dulce de Harry. El niño cada vez estaba más grande y ahora tenía un abundante cabello negro azabache como su padre, también le estaba saliendo su segundo diente cuando cumplió los 10 meses.




- ¿Quiere un poco de te señorita Bagshot?- preguntó en cierta ocasión Lily mientras ponía en la hornalla la pava.




- Gracias, querida.




- Y dígame, ¿Cual historia nos tiene hoy para contar?




-¡Ay! que hermoso que está este niño, precioso, precioso- decía algo distraída al ver a Harry entrar gateando a la cocina- ¿o no que eres lindo?- le dijo con esa típica voz melosa que hacen los adultos cuando ven un bebé.




- Sí ya está grande, pensar que en dos meses va a cumplir un año, esta grande, no puedo creer que el tiempo pase tan rápido





- Y si
los chicos crecen, ¿y James?




- Está recostado en el sillón, está cansado





- ¿Piensan tener más niños? Perdón por mi intromisión, es que este pequeño es tan lindo





- Oh- había dicho Lily seguido de algunas risitas- Claro que sí, me encantaría tener una niña y tal vez otro niño más.




El 31de Julio había llegado con rapidez, Lily le había hecho un gran y hermoso pastel de cumpleaños a Harry, solo había asistido Bathilda como invitada y un día más tarde Pettigrew les había hecho una breve visita, el hombre se hallaba algo desmejorado, y eso lo habían notado sus amigos.




- ¿Qué te ocurre Colagusano?- le preguntó Lily bastante preocupada.




- Es que
- había comenzado a decir con su típica voz- Marlene Mckinnon fue asesinada.




- Oh
por Dios, no puedo creerlo.- Había dicho James mientras buscaba una silla para sentarse y Lily rompía en llantos.




Harry seguía creciendo saludablemente, le encantaba jugar con la pequeña escoba que su padrino le había regalado, James adoraba verlo volar, quería que el fuese tan buen jugador como él, rompía muchas cosas en su camino, y el gato que habían adoptado corría frenético mientras el niño lo perseguía a las carcajadas, su padre se divertía mucho con él. Aquella misma tarde Lily le envió una carta a Sirius, la última





Olvidando por un momento los problemas que atañían el mundo mágico, Lily y James decidieron hacer una bella cena para ellos dos, hacia bastante que no tenían una cita romántica, eran marido y mujer pero con todo lo que había ocurrido desde el nacimiento de Harry no habían podido disfrutar de una velada juntos. Fijaron la fecha, el 31 de Octubre










Era una cálida tarde de octubre, todavía faltaba una semana para concluir el mes, James se hallaba podando el césped del jardín de su hogar, Lily se encontraba en una reposera con Harry en brazos. El niño jugaba con un pequeño auto rojo que Bathilda le había obsequiado. Bathilda era una especie de abuela para el chiquillo. Era una mujer sola que veía en Lily y James los hijos que nunca había llegado a tener y en Harry su adorable nieto.

- ¿Qué te preocupa James?

- Nada, es que estoy cansado, cansado
- y suspiró profundamente.

- Ya debe de faltar poco y podremos salir de aquí.

- ¿y si no?- espetó de mala manera el joven mientras se ponía de pie y dejaba las tijeras- ¿y si esta es nuestra morada para toda la vida? ¿Nuestra prisión? Yo no se Lily, no creo que pueda soportar mucho tiempo más aquí encerrado, quisiera que Harry conozca el mar, quisiera tantas cosas
y encima Dumbledore tiene mi capa.

Mientras tanto en el cuartel general de la Orden, Sirius había bajado de su hermosa motocicleta con un regalo en sus manos.

- Es para mi ahijado- dijo ante la pregunta de Remus.- Todavía no entiendo por que tu no eres su padrino.

- Ni yo- dijo con una sonrisa.- Todo bien Canuto, eres como el hermano de James, eres buena persona
es comprensible.

- Si
que se yo. Todavía nadie se repuso de la muerte de Benjy Fenwick
- dijo al ver las caras largas que había dentro del cuartel.

Había llegado la mañana del 31 de Octubre. Lily se había despertado con los primeros rayos de aquel sol entrando por su ventana. James ya estaba despierto.

- ¿Cómo estas amor?- preguntó Lily mientras besaba la mejilla del merodeador.

- Bien ¿y tu?- le dijo a su vez que besaba los labios de su esposa.

- ¡Hoy es la gran cena!- espetó con alegría Lily mientras corría las sábanas y se ponía de pie arriba del colchón.

- Estás loca Evans
- decía James mientras tiraba de ella hacia abajo y la volvía a besar- es por eso que te quiero tanto.

Ambos fueron a ver a su niño abrir los ojos, el pequeño Harry tenía una habitación contigua a la de sus padres, y ya se hallaba despierto ante la sorpresa de la joven pareja, jugando en su cuna.

Fueron a la cocina a desayunar, Bathilda no tardó en llegar a la casa de los Potter, pero se marchó rápido esa mañana, sabía de la cena y no quería molestarlos.

- ¿Sabes que soy muy feliz, James?- decía Lily mientras cocinaba algo para el almuerzo.

- Caradoc Dearborn ha desaparecido- exclamaba él sin oír a su mujer, mientras dejaba a un lado su edición de El Profeta de unos días atrás. A ellos les llegaban las noticias algo atrasadas últimamente
James se había quedado con la mirada perdida. Luego desvió sus ojos cafés hacia su hijo que se hallaba próximo a él en una pequeña sillita. ¿Ellos serían los siguientes? No, no podían serlo, ellos estaban más que seguros en el Valle de Godric, Pettigrew nunca sería capaz de entregarlos
pensando en esto descubrió que su amigo hacia bastante que no los visitaba, y un leve estremecimiento recorrió todo su cuerpo.

- Acá está la comida para Harry, James.- dijo Lily mientras le tendía un plato a su marido con puré de calabaza.- Todavía está caliente así que ten cuidado.

- Sí


La tarde llegó, Lily acababa de bañar a Harry, y ahora ella había entrado a bañarse. Una vez lista, buscó algo que ponerse pero supo que poco era lo que tenía en su armario, y se colocó unos vaqueros y un suéter de hilo verde lima. James cocinaba, esto no era algo muy común en él, pero lo estaba disfrutando. Había colocado un mantel blanco reluciente en la pequeña mesa de su pequeño comedor, y una bella vajilla que le había obsequiado Alice y Frank Longbottom para su boda.

- ¿Cuándo saldrá tu madre del baño?- decía James ya sentado un breve rato después al despabilado Harry. Querían que estuviera dormido para ese entonces pero parecía que él no tenía los mismos planes.

- Aquí estoy James.- exclamó Lily aun con su cabello rojo profundo algo húmedo y un tanto agitada.- perdón, pero parece que Harry no quiere dormirse.

- Estas bella- espetó James mientras ayudaba a su esposa a sentarse corriendo hacia atrás la silla y besando su mejilla.- Y deja a Harry con nosotros, no tardará mucho en dormirse
mira, ya sus ojos comenzaron a cerrarse


Lily se aproximó a su hijo y lo quitó de la silla para hamacarlo entre sus brazos hasta que el sueño le llegase. James se hallaba a su lado, amaba a su esposa y a su hijo, y no le importaba una cena con tal de tenerlos a ambos junto a él.

- Es hermoso Lily.

- Si que lo es, es igual a ti.- Decía la joven mientras miraba enamorada a su también joven marido.

De repente la ventana de la cocina se abrió de par en par, y un gélido viento sopló hacía adentro.

- ¿Qué está ocurriendo
?- se preguntó James en un susurro mientras volvía a cerrar la ventana cuando se escuchó un fuerte sonido proveniente de la entrada.

- Quédate aquí Lily, por favor, ya vuelvo.- Había dicho James en un murmullo, mientras se encaminaba hacia el lugar del cual venía aquel alboroto. Pero parecía no conocer a Lily, porque la chica con el niño en brazos lo siguió a hurtadillas. La puerta se había abierto y el frío viento de aquella noche sin luna entraba a la sala. Allí de pie, vestido con una larga túnica negra con capucha que lograba cubrir parte de su cabeza, y con la varita en alto, estaba el ser más horrendo y malvado que jamás habían conocido en sus vidas: Lord Voldemort. Lily tenía a Harry contra su pecho, James había tomado su varita, listo para un contraataque o lo que fuera. Todo, de ahí en más, se sucedió tan rápido


- CORRE LILY, YO LO DISTRAERE, PROTEJE A HARRY- decía James con ingenuidad a su esposa a los gritos. La mujer comenzó a correr hacia la habitación del niño y aun de espaldas y ya a unos cuantos pasos pudo oír el gran estruendo que había provocado un hechizo. Con el corazón dolido, y temblando del horror entró a la pieza, la bestia se dirigía a ellos a zancadas, era enorme. ¿James había muerto? ¿Su amado James? No podía pensar en eso, seguro que le estaba jugando una broma y que se pondría de pie para atacar a Voldemort por la espalda, pero no lo oía


La bestia los siguió con sus ojos destilando toda clase de emociones, sus horrendos ojos rojos se encontraron con los bellos y bondadosos, color verde esmeralda de Lily.

- APARTATE, QUIERO AL NIñO.

- NO- dijo con rotundidad Lily mientras sujetaba aun más firmemente a su pequeño.

- APARTATE QUIERO AL NIñO, PUEDES VIVIR
- exclamó con fiereza la bestia

- JAMAS, MATAME A MI PERO NO A MI HIJO.

La respuesta al pedido de la joven no se hizo esperar. De la varita de la bestia surgió de improviso un haz de luz verde que pegó de lleno en el cuerpo de la bella joven, de aquella gran alumna de Hogwarts, de aquella gran esposa y excelente madre. Lo último que pudo sentir Lily fue la respiración de su pequeño en su rostro, y el recuerdo de aquella tarde en el jardín del Cuartel con su hijito recién nacido llegó a su mente. Lily Evans, Lily Potter había muerto.

Harry Potter estaba huérfano, solo en esa pequeña casa con aquel ser despreciable que había asesinado a sus padres, había comenzado a llorar a derramar grandes y frías lágrimas que rodaban por su mejilla y caían al suelo, como si supiera
La bestia quiso terminar rápidamente, ya nada podía interponerse en su camino.

- Tonta- dijo al ver a Lily allí, inmóvil, y con sus ojos cerrados, parecía que estaba durmiendo. Levantó en alto su varita y exclamó: AVADA KEDAVRA, hacia Harry. El niño lloraba, y pese a lo que Voldemort había provocado en Lily y James, en su hijo solo lo rozó, por decirlo vulgarmente y sin aviso previo el objetivo del hechizo se invirtió y pegó en el delgado cuerpo del malvado. Hubo una gran explosión y toda la casa pareció venirse abajo, cosa que hizo. Lord Voldemort había desparecido, sus cenizas volando muy lejos de allí. Ahora un pequeño niño lloraba entre los escombros de lo que había sido su hogar, con una inmensa cicatriz que sangraba en forma de rayo en su blanca frente.









En el Cuartel de la Orden, Sirius se encontraba reunido con parte de la agrupación que todavía estaba viva, discutiendo quizás algún plan para frenar las terribles desapariciones y asesinatos que se estaban dando. Súbitamente la puerta de aquella mansión tan inmensa y derruida se abrió y Lupin entró, se hallaba totalmente histérico, no parecía el mismo. Sus ojos se hallaban desorbitados, sus ropas rasgadas, desaliñado. El hombre entró a la casona y se detuvo al ver a Sirius y a todos aquellos que lo miraban sorprendidos. Lupin para asombro de los que estaban presentes se arrojó hacia Sirius con el puño en alto, y tremenda golpiza fue la que le dio en su bello rostro. Sirius no tardó en reaccionar e inmovilizó a su amigo con sus brazos, aquella pelea jamás había sido vista desde sus tiempos en Hogwarts, y precisamente no era con Lunático con quien la tenía, él siempre trataba de mediar en todo conflicto. Pero esto era distinto.
- MALDITO, ERAN TUS AMIGOS- decía Remus mientras trataba de zafarse de Sirius.
- ¿A qué te refieres Lunático? ¿Qué te pasa?- preguntaba confundido Canuto.
- TU LOS MATASTE, TU LOS ENTREGASTE, ESTAN MUERTOS SIRIUS, ESTAN MUERTOS.
- ¿QUIENES?- gritó Sirius a la vez que Lupin decía: LILY Y JAMES.
Todos los que estaban allí se quedaron boquiabiertos, no sabían como reaccionar. ¿Sirius había entregado al mismísimo Lord Voldemort a sus mejores amigos? ¿A su hermano? No, no podían considerarlo cierto, pero ellos suponían que Sirius era el Guardián Secreto, y todo lo que Remus decía lo tenían que creer. El guapo merodeador, se puso pálido de repente y aflojó los brazos que sostenían con firmeza a Lupin. Levantó su mirada a la multitud que se hallaba presente, muchos habían comenzado a llorar, Emmeline Vance se abrazaba a Moody quien no le quitaba los ojos de encima a Sirius. Remus estaba colérico y comenzó a pegarle a su amigo de aventuras. Sirius no respondía, él había muerto con los Potter. Aun sangrando, Sirius despareció, se fue lejos de allí, no quería ver aquellos rostros que lo odiaban por algo que no había hecho, y además, ¿de qué servía ahora volver y explicarles la verdad si ya nada podía revertir lo que hiciera o no? Se apareció en una calle concurrida muy lejos de la Orden, muy lejos de todo lo que conocía. Recordaba aquel lugar, aquel había sido el sitio donde un día habían salido los Merodeadores a beber un poco de cerveza en un bar muggle. James y él se habían embriagado tanto que no podían mantenerse en pie, y habían comenzado a cantar, y a llorar. James
ahora él no existía, solo en su recuerdo.
Caminaba por las calles de aquella ciudad, sosteniéndose en las paredes. Las personas que allí estaban lo miraban con el ceño fruncido y de reojo. Parecía un vago. Estaba confundido, caminaba y se tomaba del brazo de gente que desconocía, lloraba, sí lloraba. Un hombre lo arrojó al piso: FUERA VAGO, le dijo. Y Sirius se quedó allí sobre el pavimento sucio pensando
Lily, la bella y joven Lily, qué mal la había tratado en sus años de escuela, y que buena persona había resultado ser, nunca había tenido la oportunidad de decírselo, y Harry, su pequeño ahijado
Tan inmiscuido estaba en sus recuerdos que se había olvidado de Pettigrew, aquella maldita rata del demonio, traidor. Sabía que no descansaría hasta matarlo, hasta matarlo con sus propias manos.
De repente vio una figura gordinflona y deforme salir de la taberna de la vereda de enfrente a la que él se hallaba. Había bebido, seguramente para ahogar aquello que había hecho, si sentía algo de remordimiento. Sirius se levanto con dificultad y tomó su varita con firmeza, no le importaba que lo vieran, que vieran como lo mataba. Comenzó a caminar fuera de sí. Colagusano giró su cabeza y lo vio venir hacia él. Algunas mujeres que habían salido de un lugar para comer lo miraban sorprendidas, Sirius no era una persona que se podía pasar de alto tan fácilmente. Tenía un gran porte, era alto, y muy apuesto, y su vestimenta no era muy común

La rata también sacó su varita.
- MALDITA RATA DEL DEMONIO- gritó Sirius y le pegó un buen puñetazo en su cabeza. Colagusano había comenzado a caminar muy rápidamente, a huir de él, cubriéndose su rubia cabeza con ambas manos.
- Yooo
no tenía otra opción SSSirius
- decía el traidor arrastrando las palabras.
- ERAN TUS AMIGOS, JAMES, LILY YO HUBIERA MUERTO POR ELLOS, AHORA ELLOS LO ESTAN, ERES UN MALDITO TRAIDOR, Y MERECES MORIR.
- Nooo- espetó con sorna plantándose frente al hombre y con una estúpida sonrisa en su rostro.- el Señor Oscuro será dueño de la vida y la muerte, él es único, y quien morirá solo, y sin nadie que lo quiera serás tú.
Sirius no esperó para responderle y le volvió a propinar otro golpe, mucho más fuerte que el anterior, tan fuerte fue que arrojo a la calzada al pequeño hombrecito. Este había comenzado a sangrar, Sirius también estaba sangrando mucho de uno de sus ojos por la tremenda paliza que le había dado Lupin.
- Jijiji- había comenzado a reírse Pettigrew desenfrenadamente mientras se alejaba de allí con lentitud, ya estaba a unos cuantos pasos de Sirius cuando este último no lo soportó más, no debía dejarlo escapar y levantó en alto su varita, pero no se percató que el otro también lo había hecho y que había sido más veloz que él. Las mujeres habían llamado a un policía que estaba allí, en una esquina para que frenara la pelea de aquellos dos extraños hombres, las madres con sus niños, familias enteras, vagos, todos quedaron bajo ese gran hechizo que había disparado una sola varita, la cual precisamente no había sido la de Black.
Hubo una gran humareda, había gritos y decenas de comercios habían sido destruidos. Sirius había caído por la onda expansiva de la explosión. Se refregó los ojos, buscando a su presa, todavía aquel denso humo no había desparecido, Sirius se apresuró a encontrar a Colagusano antes que entre la confusión le diera la posibilidad de poder huir. Comenzó a caminar, había unos cuantos cuerpos inmóviles en el pavimento, sin vida o agonizantes, Sirius no podía detenerse, miraba confundido hacia todos lados pero no estaba allí, bajó su mirada y cerca de su pie izquierdo vio aquello que parecía ser un pequeño y regordete dedo. Fue en ese momento que unos brazos tomaron con dureza los suyos y una voz dijo:
- Sirius Black, queda arrestado por el asesinato de Peter Pettigrew y por practicar magia en una calle muggle
- Sirius aun aturdido no pudo oír más a partir de entonces solo la palabra AZKABAN había llegado a él.


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James Potter y Lily Evans, segun V.W - Fanfics de Harry Potter

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Sus ojos grises miraban a través de la ventana de la habitación que compartían los merodeadores, con un dejo de melancolía en su mirada, veía los blancos

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2023-02-27

 

James Potter y Lily Evans, segun V.W - Fanfics de Harry Potter
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