Que esperen - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Que esperen


Victoriacaminaba por los pasillos del castillo, con el corazón bombeándole con fuerzaen el pecho. Sabía que Christian estaba allí, lo sentía. Y eso le agradaba y le desagradaba al mismo tiempo. Noquería que él se pusiera en peligro por ella, como estaba haciendo, pero a lavez deseaba volver a verlo. Por eso había dejado a Jack durmiendo, sin decirlenada, y por eso recorría los oscuros pasillos siguiendo su instinto. Paraasegurarse de que estaba bien, pero sobre todo para encontrarse con él.

Sostuvo larespiración cuando vio una sombra al fondo del corredor, apoyada indolentementecontra la pared. Anduvo lentamente hacia él y se detuvo a varios metros.

 

-No deberíasestar aquí -dijo suavemente, y sin embargo se asustó del sonido de su propiavoz rebotando contra los muros de piedra.

Christian nocontestó enseguida. Se acercó a ella y Victoria pudo verlo mejor a la luz de laluna que entraba por las ventanas. En sus ojos azules percibió un brillo deemoción contenida.

-Lo sé. Sólo
quería verte por última vez, antes de marcharme de nuevo.

-¿Vuelves conGerde?

Christian asintiócasi imperceptiblemente. Victoria respiró hondo.

-¿Cuándo vamosa volver a vernos?

-No lo sé.Puede que pase bastante tiempo.

-Te
voy aechar de menos -replicó la chica tímidamente, y se acercó más a él.

Christiansonrió y le acarició la mejilla, como siempre hacía. La besó con ternura,abrazándola con fuerza. Victoria se entregó a aquel beso, feliz de volver aestar con él. Se sentía reconfortada, completa por primera vez en mucho tiempo.Christian se separó de ella y preguntó:

-¿Cómo estás?¿Y el niño?

-Todo estábien -sonrió ella.

-¿Y Jack?

-También. Yaha asumido que estoy embarazada.

-Le hacostado.

Victoria serió.

-No todossomos tan fríos como tú.

Christiansonrió de nuevo y desvió la vista.

-Debería irmeya. Se darán cuenta de que no estás en cualquier momento.

Victoriaasintió. El shek se separó de ella y caminó hacia la gran ventana abierta porla que podía salir volando. Se volvió una vez más hacia ella.

-Yo tambiénvoy a echarte de menos -dijo-. No sabes cuánto.

Se miraronfijamente a los ojos, luchando por despedirse definitivamente, sin conseguirlo.Victoria dio un paso hacia él, vacilante, pero no siguió avanzando. Christianparecía estar librando una batalla interior para transformarse en shek ymarcharse, pero no llegó a hacerlo. Se acercó a ella y buscó sus labios condesesperación, como si fuera la última vez que los besaba. Victoria jadeó y ledejó hacer, porque también ella necesitaba aquello. Hacía tanto tiempo que nocompartía un momento íntimo con Christian que casi se había olvidado de lo quesentía cuando él estaba cerca.

Tantearon lapared, perdidos en los labios del otro, hasta encontrar la puerta que daba auna habitación vacía. Se tendieron en la cama que había al fondo y ésta crujióbajo su peso. Christian volvió entonces a la realidad y miró a la chica a losojos.

-No deberíamosestar haciendo esto -susurró-. Nos están esperando a los dos.

Victoriarespiró hondo para recuperar la calma y replicó: Muestras gratis y regalos

-Que esperen.

Lo atrajo denuevo hacia sí y lo besó apasionadamente. Le desabotonó la camisa y acarició sufría piel, y él se estremeció de placer. Se despojaron de la ropa que lesmolestaba y se abandonaron a los besos, a las caricias y al roce con la pieldel otro. Christian no quiso pensar, no quiso controlar y se limitó a darrienda suelta a las sensaciones que la joven le despertaba. Por su parte, Victoriacerró los ojos y se dejó llevar, sintiéndose reconfortada, como si se hubieraencontrado con un oasis en medio del desierto.

No queríadormirse, porque sabía que cuando se despertara él ya no estaría a su lado. Poreso permaneció con los ojos abiertos, abrazada a él, escuchando los latidos desu corazón. Sin embargo, él se encontraba muy relajado y parecía estarposponiendo el momento de partir.

-¿Estásdormido? -susurró ella en la oscuridad.

-No -contestóél abriendo los ojos. Hizo una pausa y después agregó-: Me gustaría quedarmeaquí a dormir, contigo, pero no puedo.

-Entoncesdisfrutemos del tiempo que queda.

Se abrazaronmás fuerte, intentando protegerse del frío que hacía en la habitación. Victoriafue consciente de que aquel cuarto podía ser de alguien y que era posible queesa persona entrara en cualquier momento. No pudo evitar reírse de lo absurdode la situación.

-No me puedocreer que hayamos hecho esto -dijo.

Christian alzólas cejas y se rió también, hasta que oyeron un ruido y se callaron de golpe.Un guardia caminó por el pasillo y pasó de largo sin detenerse. Los dosrespiraron con alivio.

-Ahora sí queme voy -repuso Christian irguiéndose y recuperando su ropa-. No nos podemosarriesgar a que nos vean.

Victoria leacarició la espalda desnuda y depositó un beso en su cuello.

-Pero admiteque ha sido muy divertido.

Christiansonrió y se echó sobre ella hasta que sus rostros casi se rozaban.

-Ha sidoincreíble.

La besó conternura, y un instante después se separó de ella y se levantó, tan deprisa queVictoria se quedó sin respiración. Ella también se vistió rápidamente y los dossalieron al pasillo sin hacer ruido.

-No es unadespedida -la consoló Christian al ver que los ojos de ella estaban húmedos-.Sabes que volveré.

-Pero no puedesvolver. Sabes que aquí corres peligro.

Christian leapartó un mechón de pelo de la cara.

-Da igual. Túme importas más que todo lo que me pueda pasar.

-No deberíasdecir eso.

-Pero es laverdad. Cuando estoy contigo no me preocupo de nada más. Sé que es imprudente,pero no puedo evitarlo.

Victoriasonrió y lo abrazó, y él correspondió a su abrazo.

-Cuídate. Yvigila a Gerde. Dile que si te hace daño lo pagará.

Christian esbozóuna sonrisa.

-Ya lo sabe. Yaún me necesita, así que no me pondrá la mano encima.

-Más le vale.

-Cuida tú delniño
Y de Jack. Adiós, Victoria.

Se besaron denuevo y se separaron por fin. La chica vio cómo él se transformaba en shek ylevantaba el vuelo para salir por el ventanal. Su figura se perdió en elhorizonte y la joven sintió que una parte de ella se iba con él.

***

NIraye.

Basado en Memorias de Idhún, de Laura Gallego García

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Victoriacaminaba por los pasillos del castillo, con el corazón bombeándole con fuerzaen el pecho. Sabía que Christian estaba allí, lo sentía. Y eso le agr

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2023-02-27

 

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